Dr. Máximo Sandín: una reflexión sobre los virus y la crisis planetaria en torno al COVID-19

Dr. Máximo Sandín: una reflexión sobre los virus y la crisis planetaria en torno al COVID-19

 

La columna del lunes

Por Juan Carlos Monedero (h)

 

            A nadie le sorprendería encontrar un libro y otro y otro más en una gran biblioteca: sería lo más normal del mundo, ¿no es así? Sin embargo, a causa de nuestro grave desconocimiento sobre el mundo microscópico de las bacterias, a la casi totalidad de la población nos sorprende darnos por enterado de un nuevo virus. Pero, ¿y si los virus fuesen una realidad mucho más consuetudinaria de lo que parece a primera vista?

             El Dr. Máximo Sandín es Doctor en Ciencias Biológicas y en Bioantropología, fue profesor titular en el Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid. Será él quien responda a esta pregunta a través de su artículo[1]. En efecto, “en aguas marinas superficiales (en las playas en las que nos bañamos) se han contado 10.000 millones de virus por litro”. Asimismo, distintos estudios en suelos “han dado cifras de hasta 5000 millones por gramo de tierra seca”.  Las investigaciones en el aire “en zonas libres de contaminación” arrojan “cifras que compiten con las anteriores”. En definitiva, comenta el especialista, “las bacterias y los virus no sólo son nuestros componentes esenciales, sino que vivimos literalmente inmersos en un mar de bacterias y virus”. De ahí que su blog se denomine www.somosbacteriasyvirus.com

            Pero Sandín va más allá, los virus “no sólo nos rodean, sino que se puede decir que trabajan para nosotros”.  Entre otras funciones, protegen el organismo de bacterias ajenas. Una cantidad impresionante de virus controlan el “microbioma intestinal” y, por tanto, la salud del organismo; colonias de bacterias controladas por virus están en nuestra piel “protegiéndola de bacterias del exterior”.

            Es entonces cuando viene la pregunta del millón: si los virus –como enseña Sandín– están en nosotros, protegen el equilibrio de nuestro organismo y son la mayor parte de nuestro genoma, “¿Cuál puede ser el motivo de que se hayan considerado nuestros peores enemigos?”.

            La respuesta debe buscarse en el marco conceptual, en la cosmovisión global, desde la cual se leen e interpretan los datos de la ciencia. ¿Y cuál es ese marco? Responde Sandín: ese marco no es otro que “la concepción competitiva de una Naturaleza poblada de enemigos que domina la biología desde hace 200 años”.

            Ahora bien, en este mismo artículo –realmente denso y que su comprensión desafía las posibilidades actuales de este servidor– hay varias perlas más que deben enfatizarse.

            Sandín afirma taxativamente que la barrera de especie reduce “la probabilidad de que un virus animal se hibride en la Naturaleza con su correspondiente humano (a pesar de su correspondiente y diferente receptor celular)” llevándola a un número que es “lo más próximo a cero que se puede concebir”. Los virus no saltan de especie a especie, nos dice Sandín. Si esto es así respecto de dos especies, a fortiori lo es si hablamos de tres: tal posibilidad “sería de cero elevado a infinito, es decir, todavía más próxima (a cero)”.

            En otro artículo, se pronuncia de forma más clara aún:

 

La aparición de una forma espontánea en la Naturaleza de un virus ‘híbrido’ de dos especies distintas es prácticamente imposible porque existe la llamada barrera de especie. Los virus considerados patógenos son específicos de cada especie. Pero la aparición espontánea de virus compuestos por partes de tres especies es absolutamente imposible y no comprendo cómo la mayoría de los virólogos expertos no lo ha denunciado, aunque algunos que se pueden considerar ‘independientes’ sí lo han hecho[2].

 

            Pero así como sabemos esto –lo que en términos matemáticos cierra razonablemente toda discusión–, también sabemos que “este tipo de manipulaciones (entre material genético de distintas especies, humanas y otras) se hace comúnmente en laboratorios de alta seguridad”. En efecto, tales investigaciones se realizan, presumiblemente, a los efectos de prever apariciones de nuevos virus e, incluso, para elaborar vacunas.

            En otras palabras, sentencia Sandín:

 

“así como está bastante claro que el paso de virus entre especies en la Naturaleza no es posible, por muchos animales que se hayan comido a lo largo de milenios, la producción de virus híbridos en laboratorio se puede hacer y se ha hecho”.

 

            Pero este especialista tiene aún muchas cosas más para decir. En efecto, Sandín nos cuenta que nada menos que Luc Montagnier, Premio Nobel por su descubrimiento del virus del SIDA, “tiene claro que es un virus de laboratorio”. Se trata de una información que, al menos en la Argentina, la Dra. Chinda Brandolino ya había revelado a comienzos del 2020, entrevistada por Nicole Neumann, en una entrevista que generó un gran revuelo mediático. Buen psicólogo, Sandín también ha observado en detalle cómo reaccionó el entorno a Montagnier:

 

Las sentencias descalificadoras fueron de un gran nivel, tales como “El parecido con el virus del sida es superficial” o “Todos en la comunidad científica están de acuerdo en que la COVID-19 es un coronavirus” o “Es una visión sobre una conspiración que no se relaciona con la ciencia real”. Pero la desacreditación definitiva fue que “El doctor Montagnier tiene un punto de vista crítico con las vacunas”. Una condición tan terrible que recibe los más graves insultos y descalificaciones por parte de científicos y divulgadores.

 

¿No es sorprendente que la comunidad científica internacional –que se supone versada en evitar la falacias– caiga tan de llano en la famosa falacia ad hominem? Sin embargo, esto ocurrió. Y sigue ocurriendo.

Comenta Sandín que el doctor Montagnier tiene más cosas para decirnos, entre ellas una que no trascendió ni siquiera dentro del amplio sector internacional que mira con sospecha y con recelo a la OMS. Según Sandín, “el buen doctor Montagnier nos deja un mensaje optimista: El SARS CoV-2 desaparecerá a no muy largo plazo”. ¿Cómo lo sabe?

Parece que, como todo virus de laboratorio, estos virus construidos artificialmente son inestables: “en los procesos de replicación van perdiendo las secuencias introducidas hasta quedar inactivados”.  El contraste entre estas predicciones de Montagnier y la palabra de ‘los sabios oficiales’ -que repiten “el coronavirus ha venido para quedarse”, anunciando nuevos rebrotes- es manifiesto.

Sandín conserva aún una reflexión sobre las palabras de Montagnier:

 

El Doctor Montagnier opina que el virus artificial pudo escapar de un laboratorio por error. Con el debido respeto, yo le preguntaría ¿y el SARS CoV? ¿y el MERS CoV? ¿y el Ébola? ¿y el H1N1? ¿Todos estos virus de origen artificial se han podido “escapar por error” de los laboratorios en que se han elaborado mediante técnicas muy complejas? ¿No son demasiados “errores” en laboratorios de alta seguridad?

 

            Finalmente, Máximo Sandín nos abre el corazón y dice con resolución: “En definitiva, estamos ante unos hechos que hay que afrontar honestamente, valientemente, si queremos que exista una posibilidad de terminar con estas pesadillas”. Pero “resulta más cómodo entrar en la corriente general de ‘la guerra contra este terrible enemigo’”, esto es, sumarse a la corriente general y al discurso oficial respecto del coronavirus.

            Reproduciremos algunos juicios de Sandín que, por lo ilustrativo, nos eximen de todo comentario:

 

  • “las personas que pueden manejar los virus, tanto en el sentido técnico, como en el mensaje que se emite sobre ellos a la sociedad, disponen de una herramienta extraordinariamente poderosa para el control social. Claro que cuentan con apoyos muy poderosas. Incluso Hollywood contribuye periódicamente (frecuentemente, coincidiendo con alguna campaña de vacunación) a la ‘docencia’ con terribles historias sobre tremendas pandemias. Una muy ‘didáctica’, porque se ajusta plenamente a las explicaciones científicas es la película ‘Contagio’, en la que un murciélago defeca sobre un cerdo que un cocinero chino trocea para cocinarlo, seguramente con salsa agridulce, que es comido por una ejecutiva norteamericana moderadamente promiscua que extiende un virus mortal a la vuelta a su país”.

 

  • “tengo que mencionar la importante aportación a la confusión de los ‘periodistas científicos’ o de los ‘científicos periodistas’ más prestigiosos que atacan con inusitada ferocidad (incluso mintiendo en sus argumentos) a los científicos honestos que denuncian estas atrocidades o a las personas brillantes y de honradas intenciones que intentan aportar algo a la sociedad o, simplemente, sacan los pies del tiesto. Sin embargo, son muy comprensivos, incluso lisonjeros, con organizaciones tan entrañables como la gran industria farmacéutica o de los transgénicos o con los ‘negocietes’ de ciertos científicos. Y con la denominación de ‘conspiranoico’ descalifican a cualquiera que aporte alguna información que ponga en riesgo sus creencias o sus intereses. (En este contexto, tengo que decir que no espero, precisamente, aplausos). Es cierto que circulan por la red teorías un tanto ‘imaginativas’, posiblemente, alguna alimentada por los creadores de confusión, pero esto es utilizado para inducir a los lectores a rechazar cualquier información ‘alternativa’ sin molestarse en reflexionar sobre sus fundamentos”.

 

  • “Se ha creado, en cierto modo, un ambiente ‘orwelliano’: Existen policías del pensamiento, una especie de ministerio de la verdad que controla que es lo cierto y que no, y los esclavos atacan a quienes quieren defenderles… En fin, quizás esto último sea una exageración”.

 

  • “A partir de aquí, todo lo que pueda aportar lo encontrará el lector en informaciones, algunas muy bien documentadas, que circulan por la red. (…) La más terrible de estas informaciones es la existencia de una agenda para la reducción de la población mundial. Supongo que hay que ser un poco malvado para pensar que esto es una intención real, porque las personas bondadosas no parecen querer ni pensar en ello. De lo que nos informan es de que existen personas muy poderosas (pueden encontrar sus nombres en la red) que, ante el imparable aumento de la población y la pobreza mundial no piensan en la posibilidad de cambiar este modelo económico depredador, que sería la solución obvia, sino reducir drásticamente la población mundial”.

 

  • “Lo cierto es que hay datos absolutamente fiables, porque se descubrió y se analizaron las vacunas de esterilización mediante vacunas de mujeres en Filipinas y en indígenas mejicanas. También se puede encontrar información sobre el origen del Ébola en campañas de vacunación en África (al parecer, la epidemia del Ébola en África occidental se originó en las instalaciones de NBS-4 de Estados Unidos localizada en Sierra Leona)”.

 

  • “se puede encontrar en la red sin dificultad un grupo de científicos queridos y prestigiosos que, a pesar de su brillantez, no han pensado en cambiar el modelo económico pero sí la reducción de población para mantenerlo. Agrupados en la organización ‘Optimunpopulation’, ahora denominada ‘PopulationMatters’, propugnan una población mundial ‘óptima’ de entre 2.700 a 5.100 millones de habitantes. Por eso, a las personas malvadas nos da mucho miedo cuando un famoso psicópata, perteneciente al grupo de los poderosos que propugnan la agenda de reducción de población, disfrazado de, y aclamado por los medios de comunicación como filántropo, y que, al parecer, ha conseguido el control de la OMS, anuncia la necesidad (o la imposición) de una vacunación universal. Una vacuna que, según nos dicen, probablemente ya esté dispuesta, y que es esperada con ansiedad en todo el mundo”.

 

  • “Otro factor implicado parece ser el económico. Los enormes beneficios para las compañías farmacéuticas de campañas de vacunaciones masivas son obvios”.

 

  • “En cuanto a la economía, disciplina de la que me declaro no sólo ajeno, sino objetor, parece que el sistema económico ha entrado en crisis y le solución sería dejarlo hundirse y comenzar de nuevo (una especie de ‘reseteo’). De paso, se aprovecharía la situación para llevar a cabo una especie de ‘ingeniería social’”.

 

  • “La angustia y el miedo a que está sometida la población propicia la legitimación de medidas que atenten contra derechos y libertades y para profundizar en la doctrina económica ultraliberal”.

 

  • “Una sociedad en la que estén prohibidas las reuniones y en la que los ciudadanos estén recluidos en sus casas conectados a internet o a la televisión y que sólo salgan para realizar su trabajo con la menor comunicación humana directa posible sería el sueño húmedo de cualquier tirano ultracapitalista” (aquí Sandín cita a Naomi Klein).

 

  • “no ha existido en la historia de la Humanidad una ‘uniformación’ (que sería uniformidad forzada) de pensamiento como el que se ha producido con esta crisis”.

 

  • “Parece claro que no es necesario ser un experto para pronosticar que el daño psicológico producido por esta situación va a ser tremendo. Nada será igual en las relaciones humanas cuando acabe ‘la lucha contra este virus asesino’”.

 

  • “Finalmente, otro aspecto del que habla Naomi Klein y que me ha resultado interesante y espero que al lector también es que, según afirma, ‘la puerta para suprimir el papel moneda y legitimar herramientas de geolocalización y seguimiento de los ciudadanos está abierta. Algunos de esos aspectos que ciertos sectores hemos estado criticando como la pérdida de privacidad, el control por parte de las herramientas informáticas, el efecto en las capacidades cognitivas y en la salud por el abuso de los dispositivos electrónicos, pueden verse acentuados o normalizados tras este escenario de epidemia global’”.

 

 

[1] Cfr. http://somosbacteriasyvirus.com/estrategiascoronavirus.pdf

[2] Cfr. http://www.somosbacteriasyvirus.com/virusquimera.pdf

Danann: un elemento de confusión y blasfemia en el movimiento provida hispanoamericano

DANANN: UN ELEMENTO DE CONFUSIÓN Y BLASFEMIA

EN EL MOVIMIENTO PROVIDA HISPANOAMERICANO

 

A propósito del reciente debate

entre Lucía Ezcurra y Emanuel Danann

 

 

Por Juan Carlos Monedero (h)

 

SI ALGO HA DEMOSTRADO el reciente debate entre Lucía Ezcurra y Manuel Jorge Gorostiaga (alias ‘Danann’) es la enorme confusión que puede traer al mundo provida las personas influyentes pero con insuficiente o directamente mala formación, más allá de sus méritos o cualidades, que –personalmente– deseamos se pongan al servicio del testimonio de la verdad completa.

Cuando el criterio de “lo sigo porque es famoso y porque tiene más likes” termina prevaleciendo por sobre el criterio doctrinario-militante, no hay restauración posible de la Argentina. Lucía Ezcurra tiene en su canal de Youtube 1170 suscriptores, Danann tiene casi un millón. Ahora bien, estimado lector, lo invito a leer los argumentos de uno y otro. Lo invito a escuchar el debate completo; evalúe usted mismo si la mayor influencia mediática tiene correlación con la mayor potencia argumentativa. Esta tensión entre calidad vs. calidad se vio ayer, clarísimamente, en el debate. El análisis más equilibrado del mismo coloca –en nuestra opinión– los argumentos de Ezcurra en una situación de clara superioridad por sobre los de Danann.

¿Qué planteó Ezcurra? Que todos los agentes aborteros están a favor de la despenalización del aborto, como por ejemplo el propio Presidente Alberto Fernández, quien sostuvo que mandaría una ley “para terminar con la penalización”, consigna que en boca de todos los abortistas, de todos los pañuelos verde. Por tanto, planteó que Danann –quien está a favor de la despenalización– secunda los planes de los abortistas. Ese fue uno de los puntos de Lucía: es contradictorio estar en contra del aborto, como lo está Danann, y expresarse a favor de la despenalización.

¿Qué más planteó Ezcurra? Que la penalización tiene una función pedagógica, dado que el castigo enseña a los demás que el aborto es malo. Si despenalizamos, le restamos gravedad al asesinato del no nacido. A esto, Danann respondía que la pena llega cuando el aborto ya ocurrió, y que él quiere evitar que ocurra proponiendo desviar los fondos que se asignan a la persecución del crimen del aborto y destinarlos a fortalecer la educación, para que la gente no aborte. Danann, en definitiva, proponía disuadir el aborto desde la educación; pero Ezcurra le respondió que la pena “es parte” de esta disuasión. Y que, si se le quita la pena, “la gente pensará que no es tan grave como robar, que sí tiene pena”. Claro que es cierto que “se debe educar para prevenir el aborto”, como dice Danann. Ahora bien, contraargumentó Ezcurra, “¿qué haces con los abortos ya cometidos? ¿Los castigas o no?”. Y remató diciendo que no castigarlos es incoherente con la enseñanza de que el aborto es malo, a semejanza de un padre que –luego de haber enseñado al hijo una norma– no imparte un límite cuando éste la ha quebrantado. En definitiva, en palabras de la propia Ezcurra, “si vos querés que la gente entienda que el aborto es un delito grave, la penalización es una herramienta”. Danann sostiene que la pena “llega tarde, porque llega cuando el aborto ya ocurrió” pero lo cierto es que la pena llega tarde en el mismo sentido en que la educación llega tarde.

En efecto, cualquier pena respecto de cualquier acción antijurídica tiene dos efectos: Uno, respecto del aborto ya cometido (provocarle un mal físico a quien provocó un mal moral). Otro efecto, respecto del aborto por cometer, en cuanto disuade a otros para que –a la vista del daño sufrido por el delincuente– se abstengan de realizar ese acto en el futuro. Por tanto, la penalización evita abortos, desalienta que se mate a los bebés aún no nacidos.

Ezcurra también planteó que la despenalización dejaría impune también a los médicos asesinos, los cuales –sin el temor de ir a prisión– verían facilitados sus planes de seguir matando y cobrando por eso.

Danann argumentaba que la promoción del aborto era un asunto cultural, en el sentido de ser una práctica que –a diferencia de otros homicidios, del robo, etc.– se legitima desde la cátedra, desde los medios de comunicación, desde las universidades, los colegios, etc. Y que, por tanto, era allí –en lo que genéricamente llamamos “cultura”– donde debía ser combatida la mentalidad pro aborto. Allí y no con el Derecho Penal, decía Danann. Sin mengua de este combate cultural, que Ezcurra también lleva a cabo, no hay duda de que (siendo verdad que el aborto se estimula desde la cultura) la penalización también es una cuestión cultural. Amén de eso, conviene tener presente el trabajo del Dr. Héctor Hernández al respecto, titulado “Salvar vidas con el Derecho Penal”. En este libro el autor narra, entre otras cosas, las secuencias prejudiciales, judiciales y postjudiciales de una denuncia por aborto que él mismo presentó cuando se desempañaba como Defensor Público Oficial, que afortunadamente acabó en la salvación de varias vidas humanas. En efecto, “nunca sabemos cuántas personas no cometen ciertos delitos al saber que se amenaza el castigo porque lo temen, y esto refuerza la conciencia de lo que está mal. Ahí aparecen la función disuasoria del derecho penal y la función pedagógica del mismo”. Palabras textuales de Hernández, doctor en Filosofía y en Derecho.

Ezcurra mostró también datos estadísticos de España, en donde el aborto no se legalizó –al menos desde el comienzo– sino que se despenalizó (ya en los 80’). Y, en efecto, mostró que el índice de abortos aumentó después de la despenalización.

También presentó datos estadísticos de Chile, donde se logró bajar la tasa de abortos sin despenalizar. A ambas estadísticas, en cuanto tales, nada rebatió Danann sino que intentó cuestionar la interpretación que se hacía de los datos duros presentados por Ezcurra. Su argumento fue que esos países no habían hecho lo que él proponía (despenalizar y educar) sino solamente despenalizar, y remató con la frase: “Mi propuesta nunca ha sido puesto en práctica”. Sin embargo, consideramos que este argumento no es concluyente, dado que Ezcurra plantea hechos que sí ocurrieron y Danann plantea hechos que podrían ocurrir. Como lo fáctico siempre prevalece por sobre lo hipotético, nosotros consideramos que el que se equivoca es Danann. Y que la licitud de la propuesta de educar no salva la ilicitud de la propuesta de despenalizar.

Ezcurra explicó también que el índice de abortos, en la propia Argentina, está relacionado con una suerte de “despenalización de hecho”, producto de fiscales que ya no persiguen los abortos, producto del fallo FAL de la Corte Suprema –el cual exhorta a que las 24 jurisdicciones implementen protocolos para abortos no punibles–, etc. En suma, mientras que Danann hipotetiza que “la despenalización, unida a una política educativa, bajaría el índice de abortos”, se observa en la Argentina que la vigente despenalización de facto guarda correlación con el aumento de abortos. Por otro lado, en todos los países donde se ha despenalizado, el Estado nunca desvió los fondos hacia una educación que desalentara el aborto. Antes bien, la despenalización fue un elemento dentro de la propaganda cultural “pro choice” y una victoria –en el terreno penal– de los movimientos abortistas.

En ese sentido, redonda fue la intervención de Ezcurra al sostener: “Cuando está penado, menos abortos. Cuando se despenaliza, más abortos”.

En todo momento, apreciamos en Danann una suerte de visión utópica de la educación, como si ella pudiera –en el mejor de los casos– eliminar o frustrar la realización del aborto. Tal cosa no ha ocurrido nunca, en ninguna parte del mundo, en ninguna época, donde –por más elevada que sea la calidad educativa– jamás las personas dejaron de cometer algún tipo de delitos o injusticias. Desde ya que una buena educación ordena la persona así como frena, restringe y desalienta el mal. Pero también es cierto que hay personas que sólo pueden ser detenidas con amenazas, y otros a los que sólo los frena la fuerza. El utopismo de Emanuel Danann contrasta con el sobrio realismo de Lucía Ezcurra. Su imposibilidad para superar la falsa dialéctica entre “Educación y Penalización” es realmente llamativa. Asimismo, la calidad educativa no mejora “desviando fondos” asignados a la penalización sino, sencillamente, con mejores docentes, con honorarios decentes, no sobrecargados y con una estructura colegial y familiar que los apoye. No es un problema de más dinero sino de mejor educación.

Pero luego hubo otro debate. O, si ustedes quieren, otra dimensión del debate, que estuvo cargada de manifestaciones y alusiones directamente personales, en la que se dejó entrever –por parte de Danann– cuál es “su juego”, quiénes son “sus aliados”. En efecto, una de las cosas que primero llamó la atención fue que –apenas al principio– sostuviera que él, “junto con Agustín Laje y Nicolás Márquez” fueron los primeros en salir a la palestra contra el aborto. ¿Qué tenía que ver esto con la despenalización SÍ, despenalización NO? Parece como si Danann hubiese querido meterse a los seguidores de Laje y Márquez en el bolsillo, los cuales con toda probabilidad fueron espectadores del debate, y así predisponerlos favorablemente a su propia postura.

Si la afirmación fuese verdadera podríamos discutir si es prudente o modesto decirla o no, pero resulta que es falsa. En efecto, los propios Laje y Márquez reconocen –en el inicio de su libro conjunto, El libro negro de La Nueva Izquierda– a las personas que les han brindado información sobre los temas de batalla y guerra cultural. Entre otros mencionan a Jorge Scala, Roberto Castellano, Gerardo Palacios Hardy, Cristian Rodrigo Iturralde, etc. Asimismo, también se cita nuestro trabajo “Lenguaje, Ideología y Poder” (2016), en apoyo de ciertos conceptos relativos a la guerra semántica. Danann dice que “Laje, Márquez” y él mismo fueron “los primeros” en luchar públicamente contra el aborto, pero los propios Laje y Márquez remiten a otros referentes anteriores a ellos mismos. En ese sentido, hizo bien Ezcurra en recordar a otros referentes provida, como Mónica del Río, quien viene trabajando públicamente por la causa desde mucho antes que Danann. No fue el único derrape de este hombre; otro fue asumir una defensa tácita de Gloria Álvarez, furibunda defensora del aborto, cuyo única cualidad rescatable no responde al orden espiritual precisamente.

Ad Hominem. Danann aduce haber salido a cuestionar el aborto mientras no teme sostener que, cuando él sale, “Lucía estaba escondida debajo de las baldosas”. ¿En qué Tribunal cree Danann que está actuando como juez? ¿Qué importancia tiene, a los efectos de la despenalización, si Danann o Ezcurra estaban escondidos? La prueba fulminante de la enorme cobardía de su adversaria sería la fecha del primer video del canal de Ezcurra, situado en mayo del 2019. Creemos que es aquí donde Danann cae en su propia trampa, creyéndose su propia mentira: el alcance en los medios de comunicación. ¿Tener fama es ser mejor? ¿Tener más likes es más militancia? ¿Dice la verdad porque lo escucha mucha gente? ¿Estar en muchos medios es la señal? Son preguntas que quedan en el aire, pero que Danann parece responder de forma rotundamente afirmativa.

Una tercera dimensión del debate fue la cantidad exorbitante de insultos, descalificaciones y guarangadas emitidas por Manuel Jorge Gorostiaga, quien –entendemos– considera “canchero” y “descontracturado” decir –entre otras cosas– delante de dos mujeres, y al aire, que va a echarse un polvo y vuelve. Dejamos a consideración del lector el grado de educación y buen gusto de Gorostiaga. Antes de educar mujeres para que no aborten, habría que educarlo a él.

El penúltimo punto a considerar es el vínculo entre Danann y la Masonería, otro de los temas que generó enormes fricciones en el debate, que empezó por la despenalización y que luego se precipitó en asuntos personales. En los días anteriores, Ezcurra había sostenido públicamente que Danann era abortista y masón, en base a ciertas placas y capturas de imagen, que –entre enérgicas protestas e insultos de su oponente– ella fue desplegando. Danann acusó a Ezcurra de haberle acusado a su vez de “satanismo”. Hemos revisado los tuits y nos hemos comunicado con Lucía Ezcurra, y ella misma nos ha confirmado que nunca le dijo “satanista” a Danann.

El calificativo de “abortista”, en palabras de Ezcurra, lo infiere ella del hecho de que Danann está a favor de la despenalización.

Por otro lado, Ezcurra le adjudica a Danann difundir información falsa sobre la Masonería, puesto que él le había restado poder e influencia en algunos de sus videos. Es ahí cuando Ezcurra despliega una gran cantidad de imágenes que prueban la vigencia de la Masonería en la actualidad. Finalmente, aunque Ezcurra alteró la adjetivación que hizo de Danann –a quien primero llamó “masón” y, luego de las explicaciones que él dio de sus placas, corrigió su rótulo y lo llamó “servil a la Masonería”–, no se entiende la indignación de Danann. En efecto, si la Masonería “no es hoy como era antes” (Danann sic), ¿a qué viene tanta irritación de su parte? ¿Por qué lo ofendería a Danann ser tildado de “masón” si la Masonería no es algo malo?

Finalmente, Ezcurra calificó ciertas publicaciones de Danann como “blasfemias”, en alusión a una captura de imagen que muestra dos manos sosteniendo una hostia, con el sello de “Misa Danann”. El nombre de fantasía elegido también es llamativo, dado que Emanuel significa –como todos saben– “Dios con nosotros”. Llamativo en una persona que dice ser deísta. Ezcurra pudo haber agregado imágenes subidas a la red por el propio Danann, disfrazado como Jesucristo (pelo largo y corona de espinas). O también su video “Yo soy Cristo”, en donde ridiculiza a Nuestro Señor y al mensaje evangélico. ¿Qué respondió Danann a Ezcurra, quien lo confrontó con esta evidencia? Sencillamente invocó “la libertad de expresión”, la cual –en línea con el estilo León Ferrari– se menciona cada vez que alguien desea ofender a Cristo, burlarse del cristianismo o provocar a los católicos.

En definitiva, anoche Danann confirmó que es un blasfemo, y que además es impenitente, porque lejos de importarle ofender o incomodar, prefiere regodearse en provocaciones a los cristianos. Además, está claro que desinforma sobre la Masonería. Por la vía de la fama, del humor o de la influencia mediática, ha ganado un espacio desde el cual no sólo refuta las contradicciones más groseras del progresismo (lo cual bienvenido sea) sino también difunde peligrosas confusiones: no sólo la idea de despenalizar el aborto sino también, como lo dijo anoche, las drogas.

¿Unirnos bajo el término “derecha”?: Respuesta contrarrevolucionaria a Agustín Laje

¿Unirnos bajo el término “derecha”?: Respuesta contrarrevolucionaria a Agustín Laje

 

Por Juan Carlos Monedero (h)

Lic. en Filosofía UNSTA

 

         En una entrevista reciente, Agustín Laje propuso que todas las personas que seamos contrarias al progresismo –hoy dominante en los medios de comunicación, en las leyes, en las cátedras universitarias– nos unifiquemos bajo el término “derecha” para mejor librar el combate.

En efecto, desde un nuevo video[1] sostuvo ciertos conceptos y propuestas en torno al lenguaje que debe utilizarse en la batalla cultural. Por habernos ocupado de estos temas en “Lenguaje, Ideología y Poder. La palabra como arma de persuasión ideológica: cultura y legislación” (ediciones 2015, 2016 y 2019), tomamos el guante que nos ofrece.

         El objetivo de Laje es reunir a una mayor cantidad de personas contrarias al progresismo (o sea: aborto, ideología de género, eutanasia, legalización de la drogas, lobby gay, etc.) bajo el mote de “derecha”, y así poder plantear una mejor batalla a esas nefastas prácticas e ideas.

Respondemos que el fin buscado conspira contra el medio elegido, y por tanto no estamos de acuerdo con esta propuesta de Agustín Laje. Pasamos a detallar.

 

El planteo de Agustín Laje: unirnos en la categoría “derecha”

El punto de apoyo de esta propuesta es una descripción que Laje hace ya al principio del video. Él retrata los distintos grupos “anti progresistas” y explica el origen de sus diferencias de una forma un tanto odiosa y hasta injusta. Según él, se trata de diferencias que califica de “menores” porque a él le parecen menores, a fin de invitarnos luego a dejarlas de lado en aras de un “objetivo común”. ¿Por qué? Porque, según sus palabras, la política sería el arte de “acercar a los similares” y no a los idénticos.

Este es el punto de partida del análisis de Laje.

Así, parecería que tener principios innegociables y buscar asociarse con quienes los sostienen, sería una búsqueda cuasi sectaria “de los idénticos”. Parecería que estos grupos convierten causas opinables en absolutas, parecería que son ellos los grandes culpables de la falta de unidad. Parecería que somos los responsables, por no unirnos, de que el enemigo avance (¡!). Parecería que deberíamos dejarnos de jorobar con diferencias teóricas y allanarnos, unificándonos bajo el paraguas del término DERECHA.

 

¿Cantidad vs. Calidad?

Laje dice que “la política es el arte de acercar a los similares y no a los idénticos”. Pero la política no es esto, no es ni una cosa ni la otra. La política se define por la búsqueda del bien común. Así lo dijo Benedicto XVI: La justicia es el objeto y, por tanto, también la medida intrínseca de toda política. La política es más que una simple técnica para determinar los ordenamientos públicos: su origen y su meta están precisamente en la justicia, y ésta es de naturaleza ética”.

Es un concepto cualitativo, y no cuantitativo. Siendo este el punto de partida de Laje, todo el resto del planteo queda fuertemente afectado por el sesgo de la premisa inicial. El abordaje está herido, desde el vamos, por una análisis cuantitativo del asunto.

Él propone y reivindica la dicotomía “derecha-izquierda”; probablemente sea cierto que la suma de todas las personas anti progresistas bajo el término DERECHA desemboque en una cantidad mayor que esas mismas fuerzas por separado. Sí. ¿Y? La cantidad no es la que dirige el mundo. Adoptar esta dicotomía traería, además, otros problemas. La disyuntiva “derecha vs. izquierda” simplifica los complejos problemas sociales, económicos y políticos. Es un esquema reduccionista, maniqueo, el cual –independientemente de su nacimiento en la sangrienta y criminal Revolución Francesa–, hoy sirve a la causa de la confusión mental. En otras palabras: sería una ventaja desde el punto de vista de la cantidad pero un salvavidas de plomo desde la calidad.

 

¿Hacernos cargo de “la derecha”?

Por otro lado, si nos llevamos de la propuesta de Agustín Laje estaríamos “haciéndonos cargo” de todo el contenido del término Derecha, indiscriminadamente. La confusión sería aún mayor.

Con “hacernos cargo” no nos referimos al contenido que el periodismo progremarxista le asigna a la palabra “derecha”. No: nos referimos al contenido que los propios derechistas reivindican. ¿Por qué tenemos que asumir como propias decisiones del Gobierno de los Estados Unidos respecto de las Guerras en el Medio Oriente? ¿Por qué tendríamos los argentinos que incorporar a Ronald Reagan o a la cínica Margaret Thatcher, a quien no le tembló el pulso para hundir al Crucero General Belgrano, aquel 2 de mayo de 1982, donde perdieron la vida 323 tripulantes argentinos? ¿Por qué debemos hacernos cargo de las decisiones de la Administración Bush y el apoyo norteamericano a Israel? ¿Por qué tenemos que hacernos cargo de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, o la masacre de las ciudades alemanas de Hamburgo y Dresde, donde murieron decenas de civiles en una noche? ¿Por qué debemos entregarnos maniatados a la tiranía de un término en nombre del cual el Gobierno Militar, en la Argentina de 1976-1983, desfinanció las empresas nacionales, hostigó publicaciones verdaderamente patriotas como Cabildo, y entregó el capital nacional a empresas extranjeras?

¿Tenemos que hacer este “harakiri mental”, pasando por alto todo esto, porque el progresismo hoy prevalece en los medios de comunicación? Más que una propuesta, parece un chantaje: suena a como estamos perdiendo y estamos de rodillas, no les queda otra que aceptar lo que sin duda no aceptarían si estuvieran de pie.

Es un hecho que los que somos adversarios del progresismo estamos desunidos y dispersos; es un hecho que tenemos enemigos comunes, rechazos en común y pocos principios positivos compartidos. Pero el remedio no puede ser peor que la enfermedad.

Si borramos todas las denominaciones y nos quedamos con “Somos de Derecha, ¿y qué? ¿Qué problema tenés?” nos estaríamos haciendo cargo de muchas injusticias (presentes y actuales) y de muchas ideas equivocadas. No sólo personajes y hechos históricos.

Así, por ejemplo, estaríamos asumiendo (implícita o explícitamente) que la intervención del Estado es siempre nefasta, que el mercado no puede jamás ser regulado sin injusticia moral –por mencionar algunas– y asumir esto sería contrario a la Doctrina Social de la Iglesia. En la Argentina, concretamente, consideramos que sería un suicidio intelectual asumir como propias las críticas (menores, accidentales o circunstanciales) del “gorilismo de derecha” al peronismo, por ejemplo.

No se puede enfrentar el error del progresismo lesbomarxista abortero desde el error de la derecha liberal pro-norteamericana. En otras palabras, unirnos para mejor luchar contra un enemigo común pero abandonando otras verdades no es honorable. Y a la larga, ni siquiera será práctico.

 

Hablarle “al taxista”

 Laje sostiene que no podemos usar –o que, al menos, sería tonto hacerlo– un lenguaje más elevado, y que “tenemos que hablarle al taxista”; o sea, al hombre común. Esta suposición que él desliza no está comprobada: ¿de dónde saca que “la causa” de que el hombre común, el taxista como él le dice, no se suma a la lucha contra el progresismo por culpa del lenguaje con que se le habla del tema? ¿No puede haber acaso otros motivos? ¿No puede existir un conjunto de motivos? ¿Cómo saberlo? ¿Por qué dar por sentado que el problema es ese? ¿A título de qué?

Al ser una presuposición gratuita, puede ser gratuitamente rechazada.

En este punto, esta idea de bajar el lenguaje para hablarle “al taxista” hace acordar precisamente al planteo católico-progresista de los años 60’: “bajemos el lenguaje para que la gente nos entienda y retorne a la Iglesia”. Lo hicieron: bajaron el nivel del lenguaje pero la gente se siguió yendo de los templos.

Ahora bien, primero tenemos que deshacer el equívoco. ¿A qué se refiere Laje cuando dice “su lenguaje”? Si por “el lenguaje del taxista” nos referimos al sentido común, estamos de acuerdo. Pero si en cambio nos referimos a las palabras desgastadas y engañosas de los medios de comunicación, mil veces no. Esto no queda claro en la entrevista.

Ahora bien, en última instancia lo que tenemos que hacer, en realidad, no es hablarle “al taxista” en su lenguaje sino elevar al hombre. Darle la oportunidad. Darle la oportunidad de descubrir por sí mismo todas las grandes mentiras del mundo moderno, confiando en que la inteligencia del taxista ES CAPAZ de comprender; confiando que en última instancia lo mejor de ese taxista está secreta pero indudablemente hermanado con la verdad de las cosas.

No podemos subestimar al taxista. Al contrario: tenemos que elevarlo, y considerar que SÍ ESTÁ capacitado para entender cuestiones complejas, propias de las Humanidades, y que si no las conoce será por falta de tiempo pero no por falta de capacidad. Tenemos que elevar al taxista, no achatar el discurso.

 

Más problemas del término “la derecha”

En recta filosofía, el pensamiento humano se define por su relación con la verdad, no por una posición locativa.

El discernimiento político se vuelve imposible con las palabras derecha e izquierda: en efecto, es fácil cuando hablamos de Stalin y Franco. Claro: Franco está a la derecha y Stalin a la izquierda. Pero el que no es tan marxista como Stalin, está a la derecha de Stalin, aunque siga siendo marxista. ¡Esto históricamente ocurrió, señores! El que es menos derechista que Franco, está a la izquierda de Franco, aunque sea de derecha. ¡También tuvo lugar! ¿Nos damos cuenta? Son categorías que no resuelven ni aclaran, al contrario. Confunden.

En ese sentido, ¿cómo no recordar aquella frase joseantoniana, según la cual la izquierda es nefasta porque quiere cambiarlo todo, incluso lo bueno, pero la derecha tampoco es una opción válida, porque quiere dejar todo como está, incluso lo malo?

 

No queremos ser “la derecha”, queremos ser fieles a la verdad

El criterio cuantitativo que Laje propone para la formación y unificación de los sectores anti progresistas es contrario no sólo a la mentalidad metafísica –que juzga las cosas según el paradigma de verdad vs. falsedad, bien vs. mal– sino contraria… ¡al mismo Laje!

En efecto, en TODOS los debates que Laje ha librado –generalmente acompañado por Nicolás Márquez– él apela a una mentalidad muy diferente a la del video que comentamos. En este video que habla de la organización del sector antiprogresista, Laje sostiene criterios utilitaristas. Pero en sus debates invoca argumentos propios de una visión metafísica de la realidad:

  • cuestiona a la ideología de género por anticientífica;
  • cuestiona el aborto como algo inmoral;
  • señala el feminismo como una falsedad,
  • critica el lobby gay como sostenedores de mentiras, etc.

 

En suma, utiliza palabras propias de la mentalidad metafísica.

Inexplicablemente, a la hora de procurar estrategias de asociación y unificación entre quienes resistimos el progresismo, Agustín Laje muta de criterio y abraza opciones utilitaristas.

Si es verdad, como lo es, que tenemos que luchar por imponer una categoría en los debates –o al menos popularizarla–, debemos restaurar el binomio verdad-falsedad, bien-mal.

Esto es auténticamente CONTRARREVOLUCIONARIO.

Son estos los términos que deben primar en toda conversación o discusión pública: restaurar las categorías propias del hombre metafísico. Recomponer estas categorías es la tarea que debemos hacer. Por eso, el gran ideólogo marxista Mao Tsé Tung –en su ensayo Sobre la contradicción– escribió:

“Es tarea de los comunistas denunciar esta falacia de los reaccionarios y de la metafísica, divulgar la dialéctica inherente a las cosas y acelerar la transformación de las cosas, a fin de alcanzar los objetivos de la revolución”.

 

También lo dijo uno de los intelectuales y referentes del abortismo, Darío Sztajnszrajber, al defender en el 2018 la práctica infame del aborto:

“Política, no metafísica”.

 

Agustín Laje, lamentablemente, en este punto al menos está diciendo lo mismo. Sólo que Darío es un zurdo desarreglado y Agustín es un hombre higiénico de derecha. Pero veamos lo que dice Darío: según él, no sirve discutir metafísica “ya que nunca nos vamos a poner de acuerdo”. Otra: “Saquemos a la verdad de la cuestión pública, pongámosla entre paréntesis”. Pero Laje también plantea este agnosticismo al menos en el nivel de organización del movimiento para combatir la progresía; por eso nos urge a que todos los anti progresistas nos unifiquemos –dejando de lado las diferencias teóricas y de principios– por un motivo de fuerza mayor: “enfrente tenemos al marxismo, al lobby gay, al feminismo, al abortismo”, o sea, a los orcos de Tolkien.

No dudamos de que enfrente estén esos orcos repugnantes, pero preferiríamos que nos urja a procurar conocer la verdad sobre los principios y sobre los temas que generan discusión, para librar así el buen combate. No a dejar de lado los principios en pos de la unidad. Se trata de algo parecido a lo que les decían los embajadores de Estados Unidos a los países no comunistas durante la Guerra Fría: “somos diferentes pero tenemos un enemigo en común: los soviéticos. Dejemos de lado las diferencias menores frente al enemigo mayor”. ¿Recordamos cómo terminó esa historia?

Y entonces, para Laje, “hay que unirse” porque eso es lo más práctico; estar discutiendo para llegar a la verdad sería como debatir el sexo de los ángeles mientras el Titanic se hunde. Esto es lo que parece decirnos en el video.

Pero no es así. Primero, porque debatir si vamos o no aceptar todas las injusticias históricas realizadas por personajes reivindicados por la derecha –y las ideas erróneas de la derecha– no es “debatir el sexo de los ángeles”. Es ser coherentes, es procurar la verdad y la justicia.

Y en segundo lugar, tengamos presente las palabras de Gilbert K. Chesterton: lo más práctico y útil es empezar discutiendo los principios, lo más operativo es empezar por los principios. Porque las preguntas mal contestadas no se esfuman. Porque lo que se patea para adelante, termina apareciendo después y es peor. Y porque, como dejó escrito Sun Tzú, el primer factor para valorar en una guerra es “la doctrina”[2].

Por tanto, aunque la actitud contestataria de Agustín Laje –cristalizada en “Soy de Derecha, no tengo miedo a que me lo digan, me la banco”– nos guste, y nos parezca necesaria como correctivo del complejo de inferioridad frente al progresismo, lo cierto es que tenemos que reunirnos en la Verdad. No en la Derecha.

Tenemos que sentir el orgullo de poder auto-afirmarnos como hijos y fieles custodios de la verdad, y no como derechistas.

Tenemos que salir de la dialéctica izquierda-derecha, no formar parte activa y gustosa de uno de sus elementos.

 

Objeciones al planteo contrarrevolucionario

Se podrá objetar a nuestra contra-propuesta –que quiere ser contrarrevolucionaria– que luchar por hacer prevalecer la disyuntiva “verdad vs. falsedad” y “bien vs. mal” es cándida e inconducente.

Se podrá objetar también que “es muy fácil decir: nos reunimos en la Verdad”, pero puesto que la Verdad no está tan clara en todos los temas, las discusiones seguirán indefinidamente.

Respondemos diciendo que esta contra-propuesta no es más cándida que la propuesta de Agustín Laje. Pero tiene esta diferencia esencial: no es utilitarista. Está basada en una posición, si se quiere, idealista, pero que intenta ser fiel a las esencias y a todas (no algunas) de las verdades en juego. En ese sentido es superadora porque no pretende ignorar las consecuencias injustas que, en la actividad económica, acarrea la primacía del capital por sobre la dignidad humana. Es superadora porque pretende salir de la dialéctica “liberalismo vs. colectivismo”, “derecha vs. izquierda”, y resolver las injusticias que el predominio del dinero ha traído al mundo. No resolverlas con una injusticia de signo contrario –como hace el marxismo– sino con la justicia propia que debe reinar en la política, cuyo objetivo es el bien común completo.

Y en su favor, esta propuesta se encuentra también apoyada por la experiencia histórica de los fracasos que fueron producto de dejar de lado la doctrina para concentrarse en la pura cantidad. Cuando los hombres dejaron de lado la teoría para unificarse, terminaron perdiendo no sólo la teoría sino también la unidad:

 

  • Así ocurrió en 1891, cuando León XIII decidió habilitar la formación de partidos políticos de católicos. Fracturó la resistencia a la democracia masónica y laicista. ¿Logró la unidad entre los católicos? No.
  • Así también pasó con algunos documentos del Vaticano II (1962-1965), que fueron redactados en forma deliberadamente ambigua (lo reconoce el cardenal Walter Kasper[3]), buscando soluciones de compromiso verbales, porque el deseo de Pablo VI era no presentar ante el mundo a una Iglesia dividida[4]. Los textos se aprobaron así, y luego los católicos se sacaron los ojos los unos a los otros, intentado determinar el significado de esos textos. Una batalla campal que dura hasta el día de hoy. Se prefirió la unidad a las definiciones doctrinales, y se terminaron perdiendo las dos.
  • Así ocurrió también en la Argentina con el peronismo a comienzos de los 70’. La derecha peronista, el peronismo de izquierda y el peronismo sindical se unificaron en el FREJULI. Sí, ganaron las elecciones de 1973 con el 63% de los votos. Sí, ganaron con la mayor ventaja numérica de la historia argentina. Pero el gobierno fue un caos, un caos político, social y económico. La etiqueta del peronismo los había unificado pero eso dejó de servir un minuto después de ganar las elecciones presidenciales.

 

Conclusiones

 La propuesta de Agustín Laje, más allá de sus intenciones, responde a un esquema pensado en términos de poder y eficacia. Entendámonos: no está mal buscar la eficacia. Es un deber pretender ser eficaces. No está mal tener o buscar poder. Está bien buscar poder para hacer el bien, y es un deber hacer un buen uso del poder que se tiene.

Pero no a cualquier precio. No al precio de sepultar la teoría para alcanzar la unidad. Porque vamos a perder la teoría y, tarde o temprano, perderemos también la unidad. De ahí que sea un deber para todos los contrarrevolucionarios procurar la unidad en la Verdad, y no sólo hacer la cómoda: plantear reparos al planteo derechista de Agustín Laje.

Porque Laje señala algo que indudablemente es cierto: el fraccionamiento de los grupos anti progresistas. Si los que somos partidarios de la contrarrevolución no nos unimos ACTIVA Y ORGANIZADAMENTE en los ideales contrarrevolucionarios, tarde o temprano los antiprogresistas van a confluir (de buena o mala gana) hacia la derecha. Y no los podremos culpar, máxime cuando el enemigo rabiosamente progresista no deja de crecer. Será inevitable que eso pase, será lógico que eso pase y en un sentido será culpa nuestra, por la falta de unidad en el campo contrarrevolucionario. El momento de actuar es hoy.

 

Más para leer sobre el tema:

Entrevista a Juan Carlos Monedero sobre el verdadero rostro de la nueva derecha liberal. Por Carlos Quequesana

 

NOTAS AL PIÉ DE PÁGINA

[1] Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=AxOTz08hW_4

[2] Cfr. https://www.biblioteca.org.ar/libros/656228.pdf

[3] Cfr. https://infovaticana.com/blogs/info-caotica/conversion-de-kasper-al-filo-lefebvrismo/

[4] Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=1-oYVgTnRvs (minutos 4 y ss.)