Acerca de la SÁBANA SANTA de Nuestro Señor Jesucristo: formación completa (no sólo el aspecto científico)
Compartimos con ustedes una serie de videos sobre la Sábana Santa. Hemos entrevistado al divulgador español EUGENIO REY HUERTA al respecto. Queremos que esto sirva a la reflexión seria sobre la Pasión de Nuestro Señor, especialmente en esta Semana Santa.
Son cuatro partes sobre el tema, incluyendo pero también desbordando su dimensión científica. Sugerimos escucharlas por separado dado que cada video dura al menos 2 hs:
¿Conocías la revista católica tradicionalista “Verbo”?
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Acá te compartimos unos bocaditos de esta excelente publicación. A continuación podés descargar cualquiera de los siguientes textos:
“Sobre la Acción”. Se detallan criterios y explicitan formas de actuar, católicamente, en el mundo secular. Especialmente se alerta contra la tentación de hacer algo rápido en vez de actuar considerando el plazo mediano y largo.
“Sobre la Revolución”. Brevísimo artículo que detalla los rasgos esenciales de la Revolución Mundial Anticristiana y señala sus eslabones con claridad: Renacimiento, Reforma Protestante, Revolución francesa, Comunismo.
“Hemos leído…”. Se comentan distintas noticias de la época (1962), entre ellas, la promoción de la anticoncepción por parte del gobierno británico de ese entonces. Interesante especialmente para quien quiera estudiar la mentalidad antivida desde sus inicios.
“Discurso de S. Emcia Rvma. Cardenal Alfredo Ottaviani” (1961). Desgrabación textual de la encendida prédica del destacado prelado tradicionalista. Las palabras del Cardenal Ottaviani fueron dichas con ocasión de la fundación de la Escuela de Ciudadanía Cristiana, cuya divisa era “Pro bono communi”.
“Campaña de 3.000 misas”. Información sobre las misas celebradas por el Reinado Social de Cristo en los años 60′ del siglo XX.
Adquirí el primer libro del Lic. Juan Carlos Monedero: “LENGUAJE, IDEOLOGÍA Y PODER”, tomo I, con prólogos del R. P. Alfredo Sáenz y el Dr. Antonio Caponnetto. Ilustraciones: José Antonio Van Tooren.
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Neodarwinismo y Cristianismo no es solamente un libro. Es una tesis de Licenciatura en Filosofía, defendida ante un tribunal en el año 2017, como puedes escuchar haciendo click aquí.
El Padre Javier Mercant Simó denuncia inequívocamente el atropello de Estados Unidos yapunta al petróleo. Desarrollo del Padre Mercant Simó aquí.
Mar Mounier rechaza la comparación del Padre Javier Olivera Ravasi entre Trump y los Reyes Católicos en su empresa de conquistar y evangelizar América.
Otras reacciones tradicionalistas católicas que rechazan la maniobra de Trump en Venezuela
Meditación a doscientos años de la Independencia de la Argentina
Prof. Andrea Greco de Álvarez
Con bombos y platillos se anuncian en la Argentina los festejos del Bicentenario. ¿Bicentenario de qué? De la Independencia.
Pero pocos saben exactamente qué significa tal cosa.
Vayan pues estas líneas para intentar poner algo de luz en una historia tan enrarecida por la ideología que no siempre deja ver las verdades perennes.
1ª Verdad: la Argentina no nació hace 200 ni 210 años
La Argentina nació de la mano del descubrimiento de América como el resto de los países americanos. Su acta de nacimiento, por lo tanto, está fechada en 12 de octubre de 1492. Si se quieren más precisiones ligadas a estas tierras australes de la América podemos mencionar el viaje de Solís en 1515-1516, la fundación de la Ciudad Barco el 29 de junio de 1550 que luego, en su tercer traslado, se convertirá en Santiago del Estero “madre de ciudades”, o el poema de Martín del Barco Centenera titulado La Argentina y publicado en 1602. Como quiera que sea, sin duda, hay que agregar en la cuenta de aniversarios 300 años de pertenencia al imperio español.
Si queremosfechar elacta de bautismo, dos son las fechas posibles: el 6 de enero de 1494, fiesta de Epifanía, cuando fray Bernardo Boil celebra la primera Misa en América o el 1º de abril de 1520, fiesta de Domingo de Ramos, cuando Pedro de Valderrama celebra por vez primera en el actual territorio argentino, en el puerto San Julián:
Pedro de Valderrama se reviste despacio
Se recuerda muy joven en su hogar ecijano,
El cíngulo lo aferra, la casulla lo inviste,
Se inclina con un beso sobre el misal romano.
Contritos, genuflexos, marinos o soldados,
Veteranos de hazañas contra el moro tenaz,
Contemplan la Hostia blanca, la contempla el nativo,
2ª Verdad: las razones de la independencia no fueron ideológicas sino histórico-políticas
La historiografía liberal ha insistido mucho en las causas ideológicas de mayo (que la revolución francesa, que el anti-españolismo, que el liberalismo y la democracia, que el grito sagrado, que las rotas cadenas…); toda esa cháchara liberal con la que los masones, liberales y anti-españoles, que los hubo, se quisieron robar la revolución[2].
Saavedra, presidente de la Junta nacida en 1810, lo dice:
“A la ambición de Napoleón y a la de los ingleses de querer ser señores de esta América, se debe atribuir, la revolución de Mayo de 1810 (…). A ellos es que debemos radicalmente atribuir el origen de nuestra revolución, y no a algunos presumidos de sabios y doctores que en las reuniones de café y sobre la carpeta hablaban de ella, mas no se decidieron hasta que nos vieron (hablo de mis compañeros y de mí mismo) con las armas en la mano, resueltos ya a verificarla”[3].
¿Y qué pasó después de ese primer momento de autonomía? Pasó lo que explica Juan Martín de Pueyrredón, Director Supremo y representante de San Luis en el Congreso de la Independencia, al ministro francés Armando Manuel Du Plessis en Carta del 4 de abril de 1818:
“Antes de restituido el Sr. Don Fernando VII al Trono no hicimos otra cosa, que substraernos a las autoridades tumultuarias de la Península que usurparon su nombre y representación […] posteriormente este acto de suma lealtad ha sido considerado como un crimen, y no nos ha quedado otro refugio para escapar de una injusta venganza que el de no ponernos en las manos de los que han jurado nuestro exterminio”[4].
También lo explica así Tomás de Anchorena, Congresal por Buenos Aires, en carta a Juan Manuel de Rosas del 28 de mayo de 1846, al pedirle que no permita la impresión del sermón dado en el Te Deum del 25 de mayo por considerar que:
“no es más que un amontonamiento de mentiras y barbaridades contra el Gobierno español y los soberanos de España a quienes protestamos solemnemente obediencia y sumisión con la más firme lealtad en mayo del año diez, clasificando a la España de madre patria y ofreciendo auxiliarla en su defensa con nada blandas esperanzas y sacrificios […] el único modo de hablar con dignidad, decencia y honor del 25 de mayo de 1810, es hablar como habló Ud. en su última arenga que me parece que fue el 25 de mayo de 1836 y no fingir ni suponer crueldades, despotismo y arbitrariedades que no hemos experimentado”[5].
“el 25 de mayo de 1810, o por mejor decir el 24, se estableció por nosotros el primer gobierno patrio a nombre de Fernando VII y que bajo esta denominación reconociendo por nuestro rey al que lo era de España nos poníamos sin embargo en independencia de esta nación, que consideraba a todas las Américas como colonia suya; para preservarnos de que los españoles apurados por Napoleón, negociasen con él su bienestar a costa nuestra, haciéndonos pavo de la boda. También le exigimos a fin de aprovechar la oportunidad de crear un nuevo título para don Fernando VII y sus legítimos sucesores con que poder obtener nuestra emancipación de la España y que considerándosenos una nación distinta de ésta, aunque gobernada por un mismo rey, no se sacrificasen nuestros intereses a beneficio de la península española”[6].
El discurso del Brigadier General Juan Manuel de Rosas al que se refiere Anchorena es el pronunciado ante el cuerpo diplomático reunido en el fuerte del 25 de Mayo de 1836:
«¡Qué grande, señores, y qué plausible debe ser para todo argentino este día consagrado por la Nación para festejar el primer acto de soberanía popular, que ejerció este gran pueblo en mayo del célebre año mil ochocientos diez! ¡Y cuán glorioso es para los hijos de Buenos Aires haber sido los primeros en levantar la voz con un orden y una dignidad sin ejemplo! No para sublevarnos contra las autoridades legítimamente constituidas, sino para suplir la falta de las que, acéfala la Nación, habían caducado de hecho y de derecho.No para rebelarnos contra nuestro soberano, sino para conservarle la posesión de su autoridad, de que había sido despojado por un acto de perfidia. No para romper los vínculos que nos ligaban a los españoles, sino para fortalecerlos más por el amor y la gratitud poniéndonos en disposición de auxiliarlos con mejor éxito en su desgracia. No para introducir la anarquía, sino para preservarnos de ella, y no ser arrastrados al abismo de males en que se hallaba sumida España (…). ¡Quien lo hubiera creído!…Un acto tan heroico de generosidad y patriotismo, no menos que de lealtad y fidelidad a la Nación española y a su desgraciado Monarca: un acto que ejercido en otros pueblos de España con menos dignidad y nobleza, mereció los mayores elogios, fue interpretado en nosotros malignamente como una rebelión disfrazada, por los mismos que debieron haber agotado su admiración y gratitud para corresponderlo dignamente.
Y he aquí, señores, otra circunstancia que realza sobremanera la gloria del pueblo argentino, pues que ofendidos con tamaña ingratitud, hostigados y perseguidos de muerte por el gobierno español, perseveramos siete años en aquella noble resolución, hasta que cansados de sufrir males sobre males, sin esperanzas de ver el fin, y profundamente conmovidos del triste espectáculo que presentaba esta tierra de bendición anegada e nuestra sangre inocente con ferocidad indecible por quienes debían economizarla más que la suya propia, nos pusimos en manos de la Divina Providencia, y confiando en su infinita bondad y justicia tomamos el único partido que nos quedaba para salvarnos: nos declaramos libres e independientes de los Reyes de España, y de toda otra dominación extranjera”[7].
Estas son pues las verdaderas causas de la independencia las que corresponden a los sucesos tal como se fueron sucediendo. Este discurso contiene una notable hermenéutica de la revolución argentina: enlaza los destinos del país independiente con las tradiciones del pasado hispánico. Al regresar Fernando VII al trono, se envió una misión a Europa. El fracaso de la Misión Belgrano – Rivadavia – Sarratea ante los Reyes de España no dejó otra alternativa. Es un tema largo intentar comprender las razones de ese fracaso, sólo mencionemos aquí que los enviados procuraban la instalación de una monarquía parte del Imperio. Al respecto escribe Anchorena:
“se dijo públicamente que habían ido a tratar con los reyes padres, es decir Carlos IV y su esposa María Luisa, sobre la coronación en estos países de uno de los príncipes de la familia bajo la forma constitucional, que se les propondría, y no me acuerdo haber oído reprochar esta idea como antipatriótica, porque entonces, aunque no dejaría de tener opositores, no era mirada como opuesta a los votos de los pueblos que habían integrado el Virreinato del Río de la Plata”[8].
Así se explica el hecho de la independencia con la lealtad imperial y monárquica de nuestro primer gobierno autónomo.
3ª Verdad: la idea era la de una Gran Nación Americana
El Acta de la Independencia Argentina menciona específicamente en su parte de Declaración: “Nos los representantes de las Provincias Unidas en Sud América”. No se habla de Provincias Unidas de Río de la Plata, ni de la Argentina, ni otra denominación, sino Provincias Unidas en Sud América. Esta es la idea de la Gran Nación Americana que compartían los tres “Libertadores” de América: Agustín de Iturbide, Simón Bolívar y José de San Martín. Idea que significaba valorar la herencia hispánica y construir la Nación Americana sobre la hermandad entre españoles y americanos. Así lo declara Don Agustín de Iturbide en el Plan de Iguala en México el 24 de febrero de 1821:
“Trescientos años hace que la América Septentrional está bajo la tutela de la nación más católica y piadosa, heroica y magnánima. La España la educó y engrandeció, formando esas ciudades opulentas, esos pueblos hermosos, esas provincias y reino dilatados, que en la historia del universo van a ocupar lugar muy distinguido […] ¡Españoles europeos, vuestra patria es la América, porque en ella vivís; en ella tenéis a vuestras amadas mujeres, a vuestros tiernos hijos, vuestras haciendas, comercio y bienes!¿Americanos quién de vosotros puede decir que no desciende de español? Ved la cadena dulcísima que nos une: añadid los otros lazos de la amistad, de la dependencia de intereses, la educación e idioma, y la conformación de sentimientos, y veréis son tan estrechos y tan poderosos, que la felicidad común del Reino es necesario la hagan entre todos reunidos, en una sola opinión y en una sola voz. Es llegado el momento en que manifestéis la conformidad de sentimientos, y que nuestra unión sea la mano poderosa que emancipe a la América sin necesidad de auxilios extraños”[9].
Este fue el sentido del encuentro de Guayaquil entre Bolívar y San Martín y la razón por la cual el último dejó su ejército a cargo del venezolano para terminar la guerra civil. Tampoco es obra de la “casualidad” que Agustín Jerónimo de Iturbide, hijo del mexicano, con 20 años de edad fuera edecán de Bolívar y como tal haya participado de la última Batalla de la guerra de la independencia en Ayacucho.
4ª Verdad: el trigo estuvo mezclado con la cizaña…
Sin embargo, reconocer las dos verdades anteriores no puede impedirnos ver cómo hubo tensiones que procuraban llevar los procesos históricos hacia otro destino: hacia el anti-hispanismo, hacia el liberalismo, hacia la anti-religión y el anti-clericalismo, hacia la tolerancia masónica etc.
Esto es lo que tempranamente denunciaba el Fraile Francisco Antonio de Paula Castañeda, testigo de aquellos años:
“(…) nos hemos ido alejando de la verdadera virtud castellana que era nuestra virtud nacional, y formaba nuestro verdadero, apreciable y celebrado carácter: nuestra revolución fue sin duda la más sensata la más honrada, la más noble, de cuantas revoluciones ha habido en este mundo, pues no se redujo más que a reformar nuestra administración corrompidísima, y a gobernarnos por nosotros mismos en el caso que, o Fernando volviese al trono, o no quisiese acceder a nuestras justas reclamaciones.
La revolución así concebida no contenía en sus elementos el menor odio contra los españoles, ni la menor aversión contra sus costumbres, que eran las nuestras, ni contra su literatura que era la nuestra ni contra sus virtudes que eran las nuestras, ni mucho menos contra su religión que era la nuestra.
Pero los demagogos, los aventureros, los psicofantas, los tinterillos, los Zoilos indecentes impregnándose en las máximas revolucionarias de tantos libros jacobinos, cuantos abortó en el pasado y presente siglo la falsa filosofía, empezaron a revestir un carácter absolutamente antiespañol; ya vistiéndose de indios para no ser ni indios, ni españoles: ya aprehendiendo el francés para ser parisienses de la noche a la mañana; o el inglés para ser místeres recién desembarcaditos de Plimouth.
Estos despreciables entes avanzaban al teatro para desde las tablas propinar al pueblo, ya el espíritu británico, ya el espíritu gálico, ya el espíritu britano-gálico, pero lo que resultó fue lo que no podía menos de resultar, esto es una tercera entidad, o el espíritu triple gaucho-britano-gálico; pero nunca el espíritu castellano, o el hispanoamericano, e iberocolombiano, que es todo nuestro honor, y forma nuestro carácter; pues por Castilla somos gentes, y Castilla ha sido nuestra gentilia domes”[10].
El propio General San Martín, el hombre que más instaba por medio de sus cartas a los congresales para que se atrevieran a declarar la independencia, sin embargo, no era ciego a las dificultades que aparecían en el horizonte. Estas dificultades son las que confía al representante por Mendoza, Godoy Cruz, en carta del 24 de mayo de 1816. Las tres principales que menciona son: el establecimiento de “un sistema de gobierno puramente popular (…) [con] tendencia a destruir nuestra religión”; “el fermento horrendo de pasiones existentes, choque de partidos indestructibles, y mezquinas rivalidades no solamente provinciales sino de pueblo a pueblo”; “los medios violentos a que es preciso recurrir para salvarnos (…) contrastando el egoísmo de los pudientes”. Tales problemas son los que, doscientos años después, siguen aquejando a la Argentina y a las naciones americanas.
5ª Verdad: la independencia americana aún está por hacerse
Hay un texto por demás lúcido que salido de la pluma de don Tomás Manuel de Anchorena contiene tantas y tan jugosas apreciaciones que bastaría con estudiarlo a fondo para entender muchos aspectos de la realidad histórica americana desde hace doscientos años. Es una carta escrita el 12 de abril de 1842 a su primo Juan Manuel de Rosas, que en apariencia nunca fue enviada pero que consta en un cuaderno borrador de su propiedad de donde la tomó y publicó don Vicente Sierra[11].
Baste, por ahora, para no extendernos excesivamente con algunas de las líneas de Anchorena:
“la independencia política de los americanos se ha convertido en una vergonzosa esclavitud a favor de todos los Estados de Europa y de la república norteamericana (…). Dice Vmd. y dice con razón, que hemos hecho inmensos sacrificios por una independencia pero han sido de nuestra independencia de la España; mas por nuestra independencia de los malos extranjeros de Europa hemos hecho todo lo contrario. Hemos hecho y hemos podido hacer para ponernos bajo una dependencia de ellos mucho mayor que la de España cuando estábamos bajo su dominación. Lo primeroque empezamos a hacer fue aplaudir su religiosidad, manifestándonos descontentos con nuestra religión; abandonamos nuestros antiguos usos y costumbres para tomar los de los extranjeros, entregándonos a un extraordinario lujo en comer y en vestir, como en todo lo demás, y creamos una porción de necesidades ficticias para las que ellos exclusivamente debían ser los proveedores. (…) mientras nosotros hemos estado ocupados en la guerra (…)los señores ingleses, norteamericanos, franceses y demás europeos, excepto los españoles nuestros padres, se han apoderado exclusivamente de todo el comercio exterior e interior del país, y de todos los ramos de industria, imponiéndonos la ley en todo, y aprovechándose de nuestros conflictos y necesidades”.
Pero Anchorena, a pesar de reconocer lo extremadamente angustioso que le resulta abordar estos temas (“cuando pienso en esto, me enfermo, o pongo de muy mal temple, y necesito prepararme interiormente con mil reflexiones políticas, y cristianamente, para reconocer con alguna serenidad lo que nos ha sucedido y sucederá a este respecto”), con la mejor inteligencia cristiana para entender estos sucesos también nos proporciona sus reflexiones acerca de la solución posible:
“el único camino que nos queda para aliviar nuestra desgraciada situación es trabajar con el sincero esmero en restablecer la unión entre nosotros bajo unos mismos principios, un mismo dogma político y un mismo sistema, que debe ser el de la federación (…). Es preciso respetar la religión y a sus sacerdotes, aun en el caso mismo de castigarlos por crímenes que hayan cometido. Es preciso respetar las leyes de la Iglesia, los templos y pórticos. Es preciso respetar los derechos naturales del hombre y respetar proporcionalmente a cada uno en particular según su clase, edad, estado, condiciones y sexo, porque donde no hay respeto, todo es despreciable, no se conoce verdadera unión social, moralidad ni virtud alguna (…). En una palabra es preciso dictar buenas leyes, es decir justas y acomodadas a las circunstancias del país y observarlas con escrupulosidad”.
No sería extemporáneo procurar hoy poner en práctica estos sabios consejos. Lamentablemente, los gobiernos americanos parecen estar empeñados en el camino contrario. Los buenos cristianos y buenos patriotas no podemos caer en el engaño, antes bien, al menos levantemos las banderas que indican que la forma de revertir la malograda independencia ha de ser la vuelta a la unidad, a la Verdadera Fe, a la Verdadera Iglesia, al respeto del derecho natural, a las buenas leyes y a su obediencia.
Mientras sigamos negando la verdad del pasado, seguiremos traicionando las obligaciones del presente, en orden al futuro, porque
El ancho río de la patria viene cantando de una fuente dolorosa.
Pero este mar que lo recibe recuerda el gusto de las lágrimas remotas.
(…)
La patria duerme como un niño, con la cabeza en el regazo de la historia.
Su sueño es dulce y reposado como el que sigue a la virtud y a la victoria.
La patria vive dulcemente de las raíces enterradas en el tiempo.
Somos un ser indisoluble con el pasado, como el alma con el cuerpo.
Como la flor con el perfume, como las llamas y la luz con el incendio.
Como la madre con el hijo que tiene en brazos, como el grito con el eco.
Mucho dolor fue necesario para sembrar lo que cantando recogemos.
Nuestra nobleza está fundada con la firmeza del amor en todo aquello.
Como la roca en la montaña, como la dicha de la casa en los cimientos.
Como la piel en nuestra carne, como la carne dolorosa en nuestros huesos.
Seres borrados por los siglos están velando por nosotros desde lejos.
Cuando florecen los linares, sus ojos claros nos contemplan en silencio[12].
Prof. Andrea Greco de Álvarez
[1] Caponnetto, Antonio. El bicentenario en el aula, Buenos Aires, Santiago Apóstol, 2010, p. 30.
[2] Esto ha sido estudiado con detenimiento y minuciosidad por nuestro maestro Enrique Díaz Araujo en su obra Mayo Revisado.
[3] Saavedra, Cornelio. Memoria autógrafa, Buenos Aires, 1 de enero de 1829, en Biblioteca de Mayo, Buenos Aires, Senado de la Nación, 1960: vol. II.
[4] Díaz Araujo, Enrique. Mayo revisado, Buenos Aires, Santiago Apóstol, 2005, p. 187-188.
[5] Irazusta, Julio. Tomás M. de Anchorena o la emancipación americana a la luz de la circunstancia histórica, 1949, en: De la epopeya emancipadora a la pequeña Argentina. Buenos Aires, Dictio, 1979, p. 226.
[6] Carta escrita poco antes de morir (+ 9 de abril 1847) cit. en Irazusta, J., Tomás M de Anchorena…, p. 221.
[7] “Crónica de las fiestas mayas”, en: Gaceta Mercantil, Buenos Aires, 27 de mayo 1836, n. 3893, p. 2 y 3. Zinny, Antonio, La Gaceta Mercantil de Buenos Aires 1823-1852, Resumen de su contenido con relación a la parte americana y con especialidad a la Historia de la República Argentina, Buenos Aires, Talleres Gráficos de la Penitenciaría Nacional, 1912, t. II, p. 290. Cfr. Irazusta, Julio, Vida política de Juan Manuel de Rosas a través de su correspondencia, Buenos Aires, Llopis, 1975, vol III, p. 82-83.
[8] Carta escrita poco antes de morir (+ 9 de abril 1847) cit. en Irazusta, J. Tomás M de Anchorena…, p. 225.
[10] “El Teatro de Buenos Aires”, en: El Desengañador gauchi-político…, n. 2, Buenos Aires, [s/f, 1821], p. 27-28.
[11] Vicente Sierra introduce el texto con esta aclaración previa: “El autor de dicha carta era miembro del Cabildo de Buenos Aires en 1810. Cuando la Junta de Mayo deportó a los cabildantes por haber reconocido secretamente al Consejo de Regencia, el único al que se sometió a proceso fue a Anchorena, porque su patriotismo y su adhesión a la Junta eran incuestionables. Cuando Belgrano lo llamó al Alto Perú, abandonó sus negocios y actuó como secretario del prócer y asesor jurídico, pues era abogado y doctor en cánones. Luchó en aquella campaña como antes había ayudado a Belgrano con préstamos para la campaña de Tucumán y Salta. Fue diputado por Buenos Aires en el Congreso de Tucumán, y como tal firmó el acta de declaración de la Independencia, en 1816. Cuantas veces fue candidato a miembro de la Legislatura contó con el voto de Buenos Aires. Fue ministro en el gobierno del general Viamonte. Federal neto, fue consejero de su pariente Rosas, a quien, criticó con el mismo amor a lo que creía verdad. Son éstos algunos antecedentes que el lector debe tener en cuenta para valorar el contenido de la referida carta”. Sierra, Vicente, Historia de la Argentina, Buenos Aires, Ed. Científica Argentina, t. IX, p. 57.
[12] Bernárdez, Francisco Luis, “La Patria”, en: De poemas elementales, 1942.
(Publicado por la Revista Cabildo, noviembre de 1973)
Un breve pero sustancioso artículo donde FEDERICO IBARGUREN explica la historia para una mente católica tradicional, señala la distinción marxista de pueblos desarrollados y subdesarrollados, desmiente la acusación de “imperialista” lanzada por las izquierdas sobre la Corona de España, cita a un investigador protestante que afirma que el capitalismo se vio obstaculizado por el espíritu católico de los españoles y explica el origen de este catolicismo militante: España se había forjado en la lucha contra el Islam durante siglos. En ella predominó un ideal caballeresco y religioso, sintetizado en la figura del Quijote.
CASEROS, EL FIN DE LA ARGENTINA HISPANO CRIOLLA – LA GRAN DERROTA NACIONAL:
“Y sucedió lo que sucedería el día que el Señor nos dejara de su mano, que Dios no fuera criollo, que se nos diera vuelta por el soberano capricho de mostrarnos cómo trota, con qué sístole y diástole se mueve el corazón perdido en la derrota. como un árbol sin fruto la noche era más noche y el llanto era más llanto recamado de luto. Las estrellas federales morían silenciosas y las altas estrellas preguntaban por ellas. Preguntaban por qué ya no lucían su gracia y su frescura como en las claras horas de la Dictadura. Los ángeles del cielo quebraban sus espadas porque era pasado el tiempo de las grandes patriadas: La de meterse haciendo remolinos y eses entre los unitarios y entre los franceses. Tocada, por escarnio, de poncho y galera, la facción mostraba su cara brasilera. Y la calandria patria se acogía en su nido, porque ya la calandria no tenía sentido. Ni tenían sentido las risas y las rosas porque había caído Don Juan Manuel de Rosas. Ni tampoco los anchos contornos de la pampa, porque era la hora de Luis el Guardachanchos. En rudos cuajarones de sangre se nos iban los varones Atropellándose en la muerte, como antiguos patriarcas que eligieran sus pingos funerarios con sus pelos y sus marcas. Allí quedó la Patria, tendida sobre el campo, con los ojos abiertos para ver en el cielo el desatado lampo de sangre y de vergüenza que cruzaba como una cachetada la historia de la Patria arrebatada. Allí quedó la Patria, tendida y palpitante, asesinada de hambre y muerte a cada instante. ¡Señor!, Tú que todo lo puedes, restáurala en su honor. Y de paso, Señor, Tú que todo lo puedes, entre tantos dolores, piedad, Señor, te pido para los vencedores”.
Sí, sí, no, no – A propósito de la negativa del gobierno británico al ingreso de la imagen de la Virgen de Luján en Malvinas
Por el Prof. Jorge Martín Flores
La Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas partió el pasado miércoles 4 de diciembre, desde el aeropuerto de Ezeiza hacia nuestras Islas, a visitar y rendir el debido homenaje a nuestros héroes. Al mismo tiempo, llevaron consigo la imágen de la Santísima Virgen de Luján, que había acompañado las jornadas heroicas de nuestros guerreros en 1982, para entronizarla en el Cementerio de Darwin, al lado de nuestros caídos en combate.Las autoridades de respectivos gobiernos estaban notificadas y habían aprobado la gestión.
Sin embargo, antes de partir del aeropuerto de Ezeiza, se recibió una orden de las autoridades británicas impidiendo el paso de la Virgen, que lleva en su manto los colores de la bandera nacional, porque entronizarla sería considerado un acto de reafirmación de nuestra soberanía en el Atlántico Sur.
Cabe destacar que el termino “soberanía” es una palabra prohibida en cualquiera tipo de diálogo y negociación con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, por los acuerdos bilaterales de Madrid I y II y Londres, firmados entre 1989 y 1990, y es reemplazada por un paraguas que nada resuelve, dejando abierto el conflicto como una herida que continúa sangrando, pues “la hermanita perdida” continua en manos de los viles usurpadores y por lo tanto la Patria sigue incompleta corporal y espiritualmente.
Estamos completamente convencidos, y lo hemos manifestado en varias ocasiones, que detrás de todo acto político anida una cuestión teológica, siguiendo el apotegma de Juan Donoso Cortes. Por ello, no le demos tanta vuelta al asunto: Los ingleses además de piratas y ladrones, son herejes y como tales, odian y le temen a la Verdadera Reina de las Islas Malvinas: la Santísima Virgen María, a quien fueron consagradas y bajo cuyo manto se ha cobijado nuestra legítima gesta de restauración.
Ya lo dijo un historiador británico Nick Van Der Bijl, en su obra Nueve batallas por Malvinas (prologada ni más ni menos que por el Veterano de Guerra de Malvinas británico Brigadier Julian Thomson, quien se desempeñó en 1982 como jefe de los paracaidistas británicos y tras la guerra escribió un libro titulado “No Picnic”, destacando las dificultades con que se enfrentaron los británicos, ponderando el coraje y la bravura de nuestros combatientes y sentenciando que ésto no fue un picnic). Afirma Van Der Bijl que el pueblo argentino en armas durante el conflicto del Atlántico Sur de 1982, luchó “para proteger -no sólo sus fronteras- sino también su forma de vida cultural, espiritual, política y nacional, el corazón y el alma de la Nación”. (VAN DER BIJL, Nick. Nueve batallas por Malvinas, Buenos Aires, editado por Alejandro José Amandolara Bourdette, 2016. p. 65). Eso es lo que está en juego con la Cuestión Malvinas: ni más ni menos que el ser nacional. Por ende, el problema de fondo es espiritual, es metafísico, es teológico.
En tiempos de confusión, de entrega, de hipocresías, de enfriamiento de la caridad y de apostasía flagrante, y ante el presente silencio de autoridades políticas y religiosas, este humilde laico propone algo que tal vez sea políticamente incorrecto, pero como decían los santos apóstoles: “Es deber obedecer a Dios y no a los hombres”.
Propongo un acto de reparación al respecto.
En primer lugar, por respeto y amor a nuestra Señora la Santísima Virgen, ya que al ofender la dignidad de la Augusta Madre de Dios (máxime en tiempos de Adviento y en el mes de María) se ofende necesariamente al Hijo, es decir, a Nuestro Señor Jesucristo.
En segundo lugar, por respeto y amor a la memoria y el legado de nuestros caídos en combate por defensa de la dignidad de nuestra Patria.
Y en tercer lugar por respeto y amor de los familiares de caídos en combate y a todas aquellas personas que los acompañanan en la honrosa tarea e inclaudicable lucha de mantener en alto el ejemplo y nombre de sus hijos, hermanos, esposos, padres, amigos, y que abhelaban con todo su corazón que la Virgen Veterana, que Virgen Malvinera se quedara con ellos para siempre.
¿En qué consiste este acto de reparación? Simplemente en volver a repetir cada uno desde el templo de sus corazones, hogares o iglesias, la oración de consagración realizada por el padre Roque Manuel Puyelli, un 11 de abril de 1982 en las Islas Malvinas recién recuperadas; al mismo tiempo que ponemos bajo sus pies, la renovación de nuestra misión y apostolado de malvinizar cada rincón de la Patria, con la convicción de que al final, su Inmaculado Corazón, triunfará.
ACTO DE REPARACIÓN Y CONSAGRACIÓN A LA SANTISIMA VIRGEN MARÍA, REINA Y SEÑORA DE MALVINAS:
“Omnipotente Señor de las batallas que con su poder y providencia eres el Rey de Reyes de los cielos, la tierra y el mar: porque nos ordenaste honrar al padre y a la madre en el cobijo de la Patria terrena. Porque nos enseñaste a dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Porque nos aseguraste que no estar contigo es estar contra Ti. Porque nos aconsejaste buscar primero el reino de Dios y su justicia. Porque caíste en la tierra como semilla para morir y dar con ello abundante fruto. Porque nos diste una Patria Grande que va desde la Quiaca a la Antártida y desde la Cordillera al Atlántico, donde nuestras son las islas que hoy huellan con orgullo nuestros pies de argentinos bien nacidos. Y porque nuestras madres nos parieron varones y valientes, por eso estamos aquí, porque no amamos tanto la vida que temamos a la muerte y porque si morimos en tu gracia resucitaremos contigo para la vida eterna.
Es por eso que […] nos consagramos al Corazón Inmaculado de tu Madre la Virgen María bajo la advocación de Virgen del Rosario, en cuyo nombre fuera designado este operativo y en recordación de la otra gesta heroica de Liniers y la victoriosa batalla de Lepanto.
Reina y Madre de la Nación Argentina: De hoy en más depositamos en tus manos nuestros cuerpos y nuestras almas nuestra juventud y nuestra garra criolla, nuestra vida y nuestra muerte, para que dispongas de ellas lo que mejor convenga. Te consagramos también desde hoy estas Islas Malvinas argentinas pidiéndote que alejes para siempre todo signo de pecado, de error y de herejía aquí existente. Queremos que –como en el continente– seas honrada con la devoción que más te agrada: el Santo Rosario, porque solamente así mostraremos al mundo que somos una nación invencible.Finalmente, a partir de este momento te reconocemos como Comandante en Jefe Espiritual de nuestros hombres en tierra, mar y aire, y desde lo profundo de nuestro corazón de argentinos damos respuesta a la voz que nos dice:
A la Virgen del Rosario ¡¡Subordinación y Valor!! ¡¡Para servir a Dios y la Patria!!”.
Genta: a 50 años de su martirio, recordemos su doctrina y luchemos contra su presentación descafeinada
Por el Lic. Juan Carlos Monedero (h)
Hace 50 años, un 27 de octubre de 1974, la guerrilla marxista tomaba la vida del profesor católico y nacionalista Jordán Bruno Genta.
Fueron a matar a Genta precisamente un 27 de octubre porque esta fecha era el día de la Fiesta de Cristo Rey según el antiguo calendario litúrgico. De hecho, es asesinado al salir de Misa. Los testigos indican que, al caer desplomado por las balas, el último gesto de Genta fue realizar la Señal de la Cruz.
Genta provenía de una familia atea y anticlerical. De hecho, su padre le puso ese nombre por Giordano Bruno. Sin embargo, leyendo a Platón y a Aristóteles, comenzó a desintoxicarse y finalmente terminó siendo un converso a Cristo.
Según la información que se pudo recopilar al respecto, Genta es asesinado a causa de la enorme influencia que tenía entre las filas de las FF.AA., especialmente en la Fuerza Aérea.
El concepto que Genta predicaba sobre las FF.AA. era el de unos profesionales al servicio de la idea de Patria y Nación pero no al servicio de cualquier camarilla política gobernante. En la mente de Genta, las FF.AA. debían tener un criterio político propio y no ser simplemente el instrumento de un gobierno de turno. Su vocación era defender los intereses permanentes de la sociedad argentina. No debían ser unos profesionales asépticos ni herramientas ciegas, dóciles a cualquier política de cualquier Presidente, por lesiva que fuera del interés nacional.
Como debe hacer todo católico, Jordán Bruno Genta –a lo largo de todas sus conferencias, clases y libros– proclamaba la doctrina de Cristo Rey, la cual –si la traducimos al orden político– implicaba un Orden Social Cristiano, que tuviera como eje el Bien Común. Este Bien Común tiene tres partes fundamentales: el bienestar material, la virtud y la gracia.
A través de su tarea de divulgador, escritor y conferencista, Genta siempre dirigió sus dardos contra los errores e ideologías que afectaban la Nación y a su sana convivencia, especialmente contra el capitalismo liberal y contra el comunismo marxista. A diferencia de la Nueva Derecha Liberal, tan en boga en las redes sociales, Genta no atacaba solamente al comunismo sino también al capitalismo liberal. Y así lo dejó estampado en todos sus libros.
Asimismo, Genta veía en el sistema político vigente –la democracia liberal relativista– un problema de fondo que iba más allá de las caras, de los nombres, de tal o cual acto de corrupción de este o de aquel partido gobernante. Para Genta, la democracia liberal relativista tenía un problema de base: la idea de una soberanía del pueblo, contraria a la soberanía de Dios.
La traducción de este concepto en la práctica es la votación en el Congreso (Senadores y Diputados) de leyes que versan sobre temas de Orden Natural. Por lo tanto, cualquier ley podía aprobarse si tenía mayoría numérica en ambas cámaras, más allá de si el contenido de la misma contrariaba los principios esenciales de la Nación, alguna verdad objetiva o alguna norma moral.
El tiempo le dio la razón ampliamente a Genta puesto que –a lo largo de los años– el Congreso de la Nación Argentina aprobó por mayoría numérica un conjunto de normas contra la vida, la familia y la patria: el aborto legal (2020), la ley de identidad de género (2012), el pseudo matrimonio igualitario (2010), el divorcio (1987) y tantas otras aberraciones que contaron con los votos mayoritarios en ambas cámaras.
En efecto, Genta denunció una lógica política donde lo que importa es cuántos senadores y diputados voten una ley y no el contenido objetivo de la ley. Esta denuncia fue una de las claves de su prédica.
A 50 años de su martirio, recordemos –especialmente hoy– la doctrina de este hombre singular, cuya sangre fue derramada por el terrorismo subversivo en los temibles años 70’ del siglo XX en la Argentina. No dejemos que caiga en el olvido. Y especialmente, tengamos cuidado con los que nos ofrecen un “Genta descafeinado”. Atención especial a quienes hoy divulgan la figura de Genta pero recortando su pensamiento porque han entablado alianzas espurias con los liberales o porque buscan insertarse en la partidocracia liberal, la misma que Genta condenó repetidas veces.
En las filas del catolicismo argentino militante, Genta es una figura de tanto prestigio que pocos se atreven a cuestionarlo. Sin embargo, la forma más sutil de boicotear su legado es mutilar su palabra. Mutilan su palabra cuando esconden las denuncias de Genta tanto contra el capitalismo liberal como contra el sistema democrático liberal. En efecto, así se construye un Genta que no existió para poder justificar sus alianzas en el presente con distintos personajes liberales en la política, en la cultura e incluso en las redes sociales.
El Genta verdadero, el real, el que existió, molesta. Incomoda. Es un estorbo para los que gustan coquetear con los católicos liberales. Sin embargo, como no lo pueden ocultar, hay que suavizarlo. Hay que aguarlo. Hay que rociar con unas gotitas de agua ese vino puro que fue y que es Jordán Bruno Genta. No permitamos que lo desfiguren. No dejemos que caiga en manos de inescrupulosos que lo usan para ganar visualizaciones en las redes sociales pero que después hacen exactamente lo contrario a lo que Genta predicaba. No dejemos que nos sirvan un Genta light. No queremos un Genta con soda. Ser fieles al maestro y a su sangre derramada nos impone la carga de conocerlo, leerlo, estudiarlo y difundir todas las verdades que dijo, sin acomodarlas al presente calamitoso que vivimos en el país. ¿Y para qué? Para procurar, en la medida de nuestras posibilidades, la restauración de un Orden Social Cristiano donde la miseria sea un viejo recuerdo, el bienestar material sea la norma, la virtud sea la regla y la promoción de la gracia nuestro objetivo.
DIARIO LA NACION
Carta lectores – 24 octubre 2024.
¿Denunciar no sirve de nada?
Por José D’Angelo
Hace ya casi cinco años denuncié en un juzgado federal de los tribunales de Comodoro Py que alguien había cobrado –y, por lo tanto, alguien había pagado– una indemnización fraudulenta que, actualizada por inflación, representa más de 100 millones de pesos por el asunto de los muertos y desaparecidos de los años 70.
Adjunté, como se verá, toda la prueba necesaria para avanzar en la represión del delito, y el juez, hasta ahora, no hizo nada.
El caso es sencillo: Atilio Santillán, dirigente sindical azucarero, fue asesinado en la CABA el 22 de marzo de 1976. A los pocos días, en la contratapa de la revista Estrella Roja Nº 74 del autodenominado “Ejército Revolucionario del Pueblo”, esta organización terrorista anunció, con lujo de detalles, que ellos lo habían matado “por traidor”.
Muchos años después, Arnol Kremer, quien desde julio de 1976 ocupó la jefatura de esa organización sediciosa tras la muerte de su anterior jefe, Mario Santucho, en una entrevista, afirmó: “Yo estaba presente cuando Santucho dio la orden de matar a Santillán. Un comando entró en el sindicato y lo bajó”.
Tenemos entonces que Santillán no está comprendido en los supuestos de la “ley reparatoria” Nº 24.411, que ordena indemnizar a los familiares de las “víctimas de la represión ilegal del Estado”, porque, claramente, no lo es.
Pues bien, en marzo de 2007, y por liquidación del Ministerio de Economía Nº 36.744, el gobierno de Néstor Kirchner pagó, y alguien cobró, cien millones de pesos como si a Santillán lo hubieran asesinado agentes estatales. Pero el asunto se agrava al comprobar que Atilio Santillán no figura registrado en la lista oficial que la Secretaría de Derechos Humanos elaboró con la nómina de las “víctimas de la represión ilegal del Estado” en 2006, ni tampoco en su actualización de 2015.
O sea, no lo mató el Estado, no está registrado en ningún lado como “víctima”, pero a alguien le pagaron como si lo hubiera sido. En mi denuncia le pregunto al juez: con este modus operandi, ¿a cuántos Juan Pérez que no conocemos, y a los que no les corresponde, se les pagó una indemnización sin registrarlos en ninguna parte? Han pasado varios años. No parece difícil de resolver el caso. ¿Denunciar no sirve de nada?