Meditación a más de 200 años de la Independencia de la Argentina

Meditación a doscientos años de la Independencia de la Argentina

Prof. Andrea Greco de Álvarez

Con bombos y platillos se anuncian en la Argentina los festejos del Bicentenario. ¿Bicentenario de qué? De la Independencia.

Pero pocos saben exactamente qué significa tal cosa.

Vayan pues estas líneas para intentar poner algo de luz en una historia tan enrarecida por la ideología que no siempre deja ver las verdades perennes.

1ª Verdad: la Argentina no nació hace 200 ni 210 años

La Argentina nació de la mano del descubrimiento de América como el resto de los países americanos. Su acta de nacimiento, por lo tanto, está fechada en 12 de octubre de 1492. Si se quieren más precisiones ligadas a estas tierras australes de la América podemos mencionar el viaje de Solís en 1515-1516, la fundación de la Ciudad Barco el 29 de junio de 1550 que luego, en su tercer traslado, se convertirá en Santiago del Estero “madre de ciudades”, o el poema de Martín del Barco Centenera titulado La Argentina y publicado en 1602. Como quiera que sea, sin duda, hay que agregar en la cuenta de aniversarios 300 años de pertenencia al imperio español.

Si queremos fechar el acta de bautismo, dos son las fechas posibles: el 6 de enero de 1494, fiesta de Epifanía, cuando fray Bernardo Boil celebra la primera Misa en América o el 1º de abril de 1520, fiesta de Domingo de Ramos, cuando Pedro de Valderrama celebra por vez primera en el actual territorio argentino, en el puerto San Julián:

Pedro de Valderrama se reviste despacio

Se recuerda muy joven en su hogar ecijano,

El cíngulo lo aferra, la casulla lo inviste,

Se inclina con un beso sobre el misal romano.

Contritos, genuflexos, marinos o soldados,

Veteranos de hazañas contra el moro tenaz,

Contemplan la Hostia blanca, la contempla el nativo,

Forman arcos de olivo sobre esa patria agraz.

Algo que ahora llamamos lágrimas de alegría

Y que entonces fue estío mojando las acacias,

Retumbó en el desierto ante el primer Pan Vivo,

Al Ite missa est decían: Deo gratias[1].

 

2ª Verdad: las razones de la independencia no fueron ideológicas sino histórico-políticas

La historiografía liberal ha insistido mucho en las causas ideológicas de mayo (que la revolución francesa, que el anti-españolismo, que el liberalismo y la democracia, que el grito sagrado, que las rotas cadenas…); toda esa cháchara liberal con la que los masones, liberales y anti-españoles, que los hubo, se quisieron robar la revolución[2].

Saavedra, presidente de la Junta nacida en 1810, lo dice:

“A la ambición de Napoleón y a la de los ingleses de querer ser señores de esta América, se debe atribuir, la revolución de Mayo de 1810 (…). A ellos es que debemos radicalmente atribuir el origen de nuestra revolución, y no a algunos presumidos de sabios y doctores que en las reuniones de café y sobre la carpeta hablaban de ella, mas no se decidieron hasta que nos vieron (hablo de mis compañeros y de mí mismo) con las armas en la mano, resueltos ya a verificarla[3].

¿Y qué pasó después de ese primer momento de autonomía? Pasó lo que explica Juan Martín de Pueyrredón, Director Supremo y representante de San Luis en el Congreso de la Independencia,  al ministro francés Armando Manuel Du Plessis en Carta del 4 de abril de 1818:

“Antes de restituido el Sr. Don Fernando VII al Trono no hicimos otra cosa, que substraernos a las autoridades tumultuarias de la Península que usurparon su nombre y representación […] posteriormente este acto de suma lealtad ha sido considerado como un crimen, y no nos ha quedado otro refugio para escapar de una injusta venganza que el de no ponernos en las manos de los que han jurado nuestro exterminio”[4].

También lo explica así Tomás de Anchorena, Congresal por Buenos Aires, en carta a Juan Manuel de Rosas del 28 de mayo de 1846, al pedirle que no permita la impresión del sermón dado en el Te Deum del 25 de mayo por considerar que:

“no es más que un amontonamiento de mentiras y barbaridades contra el Gobierno español y los soberanos de España a quienes protestamos solemnemente obediencia y sumisión con la más firme lealtad en mayo del año diez, clasificando a la España de madre patria y ofreciendo auxiliarla en su defensa con nada blandas esperanzas y sacrificios […] el único modo de hablar con dignidad, decencia y honor del 25 de mayo de 1810, es hablar como habló Ud. en su última arenga que me parece que fue el 25 de mayo de 1836 y no fingir ni suponer crueldades, despotismo y arbitrariedades que no hemos experimentado”[5].

“el 25 de mayo de 1810, o por mejor decir el 24, se estableció por nosotros el primer gobierno patrio a nombre de Fernando VII y que bajo esta denominación reconociendo por nuestro rey al que lo era de España nos poníamos sin embargo en independencia de esta nación, que consideraba a todas las Américas como colonia suya; para preservarnos de que los españoles apurados por Na­poleón, negociasen con él su bienestar a costa nuestra, haciéndonos pavo de la boda. También le exigimos a fin de aprovechar la oportunidad de crear un nuevo título para don Fernando VII y sus legítimos sucesores con que po­der obtener nuestra emancipación de la España y que considerándosenos una nación distinta de ésta, aunque gobernada por un mismo rey, no se sacrificasen nuestros intereses a beneficio de la península española”[6].

El discurso del Brigadier General Juan Manuel de Rosas al que se refiere Anchorena es el pronunciado ante el cuerpo diplomático reunido en el fuerte del 25 de Mayo de 1836:

«¡Qué grande, señores, y qué plausible debe ser para todo argentino este día consagrado por la Nación para festejar el primer acto de soberanía popular, que ejerció este gran pueblo en mayo del célebre año mil ochocientos diez! ¡Y cuán glorioso es para los hijos de Buenos Aires haber sido los primeros en levantar la voz con un orden y una dignidad sin ejemplo! No para sublevarnos contra las autoridades legítimamente constituidas, sino para suplir la falta de las que, acéfala la Nación, habían caducado de hecho y de derecho. No para rebelarnos contra nuestro soberano, sino para conservarle la posesión de su autoridad, de que había sido despojado por un acto de perfidia. No para romper los vínculos que nos ligaban a los españoles, sino para fortalecerlos más por el amor y la gratitud poniéndonos en disposición de auxiliarlos con mejor éxito en su desgracia. No para introducir la anarquía, sino para preservarnos de ella, y no ser arrastrados al abismo de males en que se hallaba sumida España (…). ¡Quien lo hubiera creído!…Un acto tan heroico de generosidad y patriotismo, no menos que de lealtad y fidelidad a la Nación española y a su desgraciado Monarca: un acto que ejercido en otros pueblos de España con menos dignidad y nobleza, mereció los mayores elogios, fue interpretado en nosotros malignamente como una rebelión disfrazada, por los mismos que debieron haber agotado su admiración y gratitud para corresponderlo dignamente.

Y he aquí, señores, otra circunstancia que realza sobremanera la gloria del pueblo argentino, pues que ofendidos con tamaña ingratitud, hostigados y perseguidos de muerte por el gobierno español, perseveramos siete años en aquella noble resolución, hasta que cansados de sufrir males sobre males, sin esperanzas de ver el fin, y profundamente conmovidos del triste espectáculo que presentaba esta tierra de bendición anegada e nuestra sangre inocente con ferocidad indecible por quienes debían economizarla más que la suya propia, nos pusimos en manos de la Divina Providencia, y confiando en su infinita bondad y justicia tomamos el único partido que nos quedaba para salvarnos: nos declaramos libres e independientes de los Reyes de España, y de toda otra dominación extranjera”[7].

Estas son pues las verdaderas causas de la independencia las que corresponden a los sucesos tal como se fueron sucediendo. Este discurso contiene una notable hermenéutica de la revolución argentina: enlaza los destinos del país independiente con las tradiciones del pasado hispánico. Al regresar Fernando VII al trono, se envió una misión a Europa. El fracaso de la Misión Belgrano – Rivadavia – Sarratea ante los Reyes de España no dejó otra alternativa. Es un tema largo intentar comprender las razones de ese fracaso, sólo mencionemos aquí que los enviados procuraban la instalación de una monarquía parte del Imperio. Al respecto escribe Anchorena:

“se dijo públicamente que habían ido a tratar con los reyes padres, es decir Carlos IV y su esposa María Luisa, sobre la coronación en estos países de uno de los príncipes de la familia bajo la forma constitucional, que se les propondría, y no me acuerdo haber oído reprochar esta idea como antipatriótica, porque entonces, aunque no dejaría de tener opositores, no era mirada como opuesta a los votos de los pueblos que habían integrado el Virreinato del Río de la Plata”[8].

Así se explica el hecho de la independencia con la lealtad imperial y monárquica de nuestro primer gobierno autónomo.

 

3ª Verdad: la idea era la de una Gran Nación Americana

El Acta de la Independencia Argentina menciona específicamente en su parte de Declaración: “Nos los representantes de las Provincias Unidas en Sud América”. No se habla de Provincias Unidas de Río de la Plata, ni de la Argentina, ni otra denominación, sino Provincias Unidas en Sud América. Esta es la idea de la Gran Nación Americana que compartían los tres “Libertadores” de América: Agustín de Iturbide, Simón Bolívar y José de San Martín. Idea que significaba valorar la herencia hispánica y construir la Nación Americana sobre la hermandad entre españoles y americanos. Así lo declara Don Agustín de Iturbide en el Plan de Iguala en México el 24 de febrero de 1821:

“Trescientos años hace que la América Septentrional está bajo la tutela de la nación más católica y piadosa, heroica y magnánima. La España la educó y engrandeció, formando esas ciudades opulentas, esos pueblos hermosos, esas provincias y reino dilatados, que en la historia del universo van a ocupar lugar muy distinguido […] ¡Españoles europeos, vuestra patria es la América, porque en ella vivís; en ella tenéis a vuestras amadas mujeres, a vuestros tiernos hijos, vuestras haciendas, comercio y bienes! ¿Americanos quién de vosotros puede decir que no desciende de español? Ved la cadena dulcísima que nos une: añadid los otros lazos de la amistad, de la dependencia de intereses, la educación e idioma, y la conformación de sentimientos, y veréis son tan estrechos y tan poderosos, que la felicidad común del Reino es necesario la hagan entre todos reunidos, en una sola opinión y en una sola voz. Es llegado el momento en que manifestéis la conformidad de sentimientos, y que nuestra unión sea la mano poderosa que emancipe a la América sin necesidad de auxilios extraños”[9].

 

Este fue el sentido del encuentro de Guayaquil entre Bolívar y San Martín y la razón por la cual el último dejó su ejército a cargo del venezolano para terminar la guerra civil. Tampoco es obra de la “casualidad” que Agustín Jerónimo de Iturbide, hijo del mexicano, con 20 años de edad fuera edecán de Bolívar y como tal haya participado de la última Batalla de la guerra de la independencia en Ayacucho.

 

4ª Verdad: el trigo estuvo mezclado con la cizaña…

Sin embargo, reconocer las dos verdades anteriores no puede impedirnos ver cómo hubo tensiones que procuraban llevar los procesos históricos hacia otro destino: hacia el anti-hispanismo, hacia el liberalismo, hacia la anti-religión y el anti-clericalismo, hacia la tolerancia masónica etc.

Esto es lo que tempranamente denunciaba el Fraile Francisco Antonio de Paula Castañeda, testigo de aquellos años:

“(…) nos hemos ido ale­jando de la verdadera virtud castellana que era nuestra virtud nacional, y formaba nuestro verdadero, apreciable y celebrado carácter: nuestra revolución fue sin duda la más sensata la más honrada, la más noble, de cuantas revoluciones ha habido en este mundo, pues no se redujo más que a reformar nuestra administración corrompidísima, y a gobernarnos por nosotros mismos en el caso que, o Fernando volviese al trono, o no qui­siese acceder a nuestras justas reclamaciones.

La revolución así concebida no contenía en sus elemen­tos el menor odio contra los españoles, ni la menor aversión contra sus costumbres, que eran las nuestras, ni contra su li­teratura que era la nuestra ni contra sus virtudes que eran las nuestras, ni mucho menos contra su religión que era la nuestra.

Pero los demagogos, los aventureros, los psicofantas, los tinterillos, los Zoilos indecentes impregnándose en las máxi­mas revolucionarias de tantos libros jacobinos, cuantos abortó en el pasado y presente siglo la falsa filosofía, empezaron a revestir un carácter absolutamente antiespañol; ya vistiéndose de indios para no ser ni indios, ni españoles: ya aprehendien­do el francés para ser parisienses de la noche a la mañana; o el inglés para ser místeres recién desembarcaditos de Plimouth.

Estos despreciables entes avanzaban al teatro para des­de las tablas propinar al pueblo, ya el espíritu británico, ya el espíritu gálico, ya el espíritu britano-gálico, pero lo que resultó fue lo que no podía menos de resultar, esto es una tercera entidad, o el espíritu triple gaucho-britano-gálico; pero nunca el espíritu castellano, o el hispanoamericano, e iberocolombiano, que es todo nuestro honor, y forma nuestro carácter; pues por Castilla somos gentes, y Castilla ha sido nuestra gentilia domes[10].

El propio General San Martín, el hombre que más instaba por medio de sus cartas a los congresales para que se atrevieran a declarar la independencia, sin embargo, no era ciego a las dificultades que aparecían en el horizonte. Estas dificultades son las que confía al representante por Mendoza, Godoy Cruz, en carta del 24 de mayo de 1816. Las tres principales que menciona son: el establecimiento de “un sistema de gobierno puramente popular (…) [con] tendencia a destruir nuestra religión”; “el fermento horrendo de pasiones existentes, choque de partidos indestructibles, y mezquinas rivalidades no solamente provinciales sino de pueblo a pueblo”; “los medios violentos a que es preciso recurrir para salvarnos (…) contrastando el egoísmo de los pudientes”. Tales problemas son los que, doscientos años después, siguen aquejando a la Argentina y a las naciones americanas.

 

5ª Verdad: la independencia americana aún está por hacerse

Hay un texto por demás lúcido que salido de la pluma de don Tomás Manuel de Anchorena contiene tantas y tan jugosas apreciaciones que bastaría con estudiarlo a fondo para entender muchos aspectos de la realidad histórica americana desde hace doscientos años. Es una carta escrita el 12 de abril de 1842 a su primo Juan Manuel de Rosas, que en apariencia nunca fue enviada pero que consta en un cuaderno borrador de su propiedad de donde la tomó y publicó don Vicente Sierra[11].

Baste, por ahora, para no extendernos excesivamente con algunas de las líneas de Anchorena:

la independencia política de los americanos se ha convertido en una vergonzosa esclavitud a favor de todos los Estados de Europa y de la república norteamericana (…). Dice Vmd. y dice con razón, que hemos hecho inmensos sacrificios por una independencia pero han sido de nuestra independencia de la España; mas por nuestra independencia de los malos extranjeros de Europa hemos hecho todo lo contrario. Hemos hecho y hemos podido hacer para ponernos bajo una dependencia de ellos mucho mayor que la de España cuando estábamos bajo su dominación. Lo primero que empezamos a hacer fue aplaudir su religiosidad, manifestándonos descontentos con nuestra religión; abandonamos nuestros antiguos usos y costumbres para tomar los de los extranjeros, entregándonos a un extraordinario lujo en comer y en vestir, como en todo lo demás, y creamos una porción de necesidades ficticias para las que ellos exclusivamente debían ser los proveedores.  (…) mientras nosotros hemos estado ocupados en la guerra (…) los señores ingleses, norteamericanos, franceses y demás europeos, excepto los españoles nuestros padres, se han apoderado exclusivamente de todo el comercio exterior e interior del país, y de todos los ramos de industria, imponiéndonos la ley en todo, y aprovechándose de nuestros conflictos y necesidades.

Pero Anchorena, a pesar de reconocer lo extremadamente angustioso que le resulta abordar estos temas (“cuando pienso en esto, me enfermo, o pongo de muy mal temple, y necesito prepararme interiormente con mil reflexiones políticas, y cristianamente, para reconocer con alguna serenidad lo que nos ha sucedido y sucederá a este respecto”), con la mejor inteligencia cristiana para entender estos sucesos también nos proporciona sus reflexiones acerca de la solución posible:

“el único camino que nos queda para aliviar nuestra desgraciada situación es trabajar con el sincero esmero en restablecer la unión entre nosotros bajo unos mismos principios, un mismo dogma político y un mismo sistema, que debe ser el de la federación (…). Es preciso respetar la religión y a sus sacerdotes, aun en el caso mismo de castigarlos por crímenes que hayan cometido. Es preciso respetar las leyes de la Iglesia, los templos y pórticos. Es preciso respetar los derechos naturales del hombre y respetar proporcionalmente a cada uno en particular según su clase, edad, estado, condiciones y sexo, porque donde no hay respeto, todo es despreciable, no se conoce verdadera unión social, moralidad ni virtud alguna (…). En una palabra es preciso dictar buenas leyes, es decir justas y acomodadas a las circunstancias del país y observarlas con escrupulosidad”.

No sería extemporáneo procurar hoy poner en práctica estos sabios consejos. Lamentablemente, los gobiernos americanos parecen estar empeñados en el camino contrario. Los buenos cristianos y buenos patriotas no podemos caer en el engaño, antes bien, al menos levantemos las banderas que indican que la forma de revertir la malograda independencia ha de ser la vuelta a la unidad, a la Verdadera Fe, a la Verdadera Iglesia, al respeto del derecho natural, a las buenas leyes y a su obediencia.

Mientras sigamos negando la verdad del pasado, seguiremos traicionando las obligaciones del presente, en orden al futuro, porque

 

El ancho río de la patria viene cantando de una fuente dolorosa.

Pero este mar que lo recibe recuerda el gusto de las lágrimas remotas.

(…)

La patria duerme como un niño, con la cabeza en el regazo de la historia.

Su sueño es dulce y reposado como el que sigue a la virtud y a la victoria.

La patria vive dulcemente de las raíces enterradas en el tiempo.

Somos un ser indisoluble con el pasado, como el alma con el cuerpo.

Como la flor con el perfume, como las llamas y la luz con el incendio.

Como la madre con el hijo que tiene en brazos, como el grito con el eco.

Mucho dolor fue necesario para sembrar lo que cantando recogemos.

Nuestra nobleza está fundada con la firmeza del amor en todo aquello.

Como la roca en la montaña, como la dicha de la casa en los cimientos.

Como la piel en nuestra carne, como la carne dolorosa en nuestros huesos.

Seres borrados por los siglos están velando por nosotros desde lejos.

Cuando florecen los linares, sus ojos claros nos contemplan en silencio[12].

Prof. Andrea Greco de Álvarez


[1] Caponnetto, Antonio. El bicentenario en el aula, Buenos Aires, Santiago Apóstol, 2010, p. 30.

[2] Esto ha sido estudiado con detenimiento y minuciosidad por nuestro maestro Enrique Díaz Araujo en su obra Mayo Revisado.

[3] Saavedra, Cornelio. Memoria autógrafa, Buenos Aires, 1 de enero de 1829, en Biblioteca de Mayo, Buenos Aires, Senado de la Nación, 1960: vol. II.

[4] Díaz Araujo, Enrique. Mayo revisado, Buenos Aires, Santiago Apóstol, 2005, p. 187-188.

[5] Irazusta, Julio. Tomás M. de Anchorena o la emancipación americana a la luz de la circunstancia histórica, 1949, en: De la epopeya emancipadora a la pequeña Argentina. Buenos Aires, Dictio, 1979, p. 226.

[6] Carta escrita poco antes de morir (+ 9 de abril 1847) cit. en Irazusta, J., Tomás M de Anchorena…, p. 221.

[7] “Crónica de las fiestas mayas”, en: Gaceta Mercantil, Buenos Aires, 27 de mayo 1836, n. 3893, p. 2 y 3. Zinny, Antonio, La Gaceta Mercantil de Buenos Aires 1823-1852, Resumen de su contenido con relación a la parte americana y con especialidad a la Historia de la República Argentina, Buenos Aires, Talleres Gráficos de la Penitenciaría Nacional, 1912, t. II, p. 290. Cfr. Irazusta, Julio, Vida política de Juan Manuel de Rosas a través de su correspondencia, Buenos Aires, Llopis, 1975, vol III, p. 82-83.

[8] Carta escrita poco antes de morir (+ 9 de abril 1847) cit. en Irazusta, J. Tomás M de Anchorena…, p. 225.

[9] De la Torre Villar, Ernesto y otros. Historia documental de México. UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas. Tomo II. Cit. En:  http://educacion.jalisco.gob.mx/dependen/Cedetec/

Softwareeduc/sfthistoria/apendice/iguala.html

[10] “El Teatro de Buenos Aires”, en: El Desengañador gauchi-político…, n. 2, Buenos Aires, [s/f, 1821], p. 27-28.

[11] Vicente Sierra introduce el texto con esta aclaración previa: “El autor de dicha carta era miembro del Cabildo de Buenos Aires en 1810. Cuando la Junta de Mayo deportó a los cabildantes por haber reconocido secretamente al Consejo de Regencia, el único al que se sometió a proceso fue a Anchorena, porque su patriotismo y su adhesión a la Junta eran incuestionables. Cuando Belgrano lo llamó al Alto Perú, abandonó sus negocios y actuó como secretario del prócer y asesor jurídico, pues era abogado y doctor en cánones. Luchó en aquella campaña como antes había ayudado a Belgrano con préstamos para la campaña de Tucumán y Salta. Fue diputado por Buenos Aires en el Congreso de Tucumán, y como tal firmó el acta de declaración de la Independencia, en 1816. Cuantas veces fue candidato a miembro de la Legislatura contó con el voto de Buenos Aires. Fue ministro en el gobierno del general Viamonte. Federal neto, fue consejero de su pariente Rosas, a quien, criticó con el mismo amor a lo que creía verdad. Son éstos algunos antecedentes que el lector debe tener en cuenta para valorar el contenido de la referida carta”. Sierra, Vicente, Historia de la Argentina, Buenos Aires, Ed. Científica Argentina, t. IX,  p. 57.

[12] Bernárdez, Francisco Luis, “La Patria”, en: De poemas elementales, 1942.

Genta y la Derecha – Carta abierta del Dr. Antonio Caponnetto al Padre Javier Olivera Ravasi

Genta y la Derecha

Carta abierta del Dr. Antonio Caponnetto

al Padre Javier Olivera Ravasi

Querido padre Javier:

Andan circulando unas líneas tuyas; y teniéndolas por ciertas cuanto por lícitas, deseo hacerte llegar los siguientes comentarios:

  1. Que quieras definir tu condición de derechista, amparándote en un texto de Genta, me parece muy bien. Nos aclara cuál es tu posición. Y quedas comprometido públicamente con ella. Enbuenahora.

2) Que no se exprese taxativamente que esa definición gentiana nada tiene que ver con “la derecha fest” del próximo 5 de octubre a la cual has sido invitado y aceptaste, no me parece nada bien. Mezcla, omite, confunde, oscurece. Porque si yo no entiendo torcido, el precitado festival octubrino se presenta sin ambages como la iniciativa de operadores del oficialismo.

Imagen

3) El texto de Genta traído a colación tiene un contexto, sin el cual, su comprensión y su real significado disminuyen notoriamente. El profesor está hablando de “la táctica comunista impuesta en el mundo entero”, a partir de 1944, y según la cual, “la revolución comunista avanza detrás de la cruz y de las banderas nacionales. No hay enemigos a la izquierda. Después de 1945 los únicos enemigos somos los que estamos a la derecha”. (cfr. El asalto terrorista al poder, Buenos Aires, Buen Combate, 2014, p. 269-270). Es decir que “la derecha” no es una opción per se sino per accidens; esto es, dadas las circunstancias y no procurando definir la substancia.

4) El mismo Genta lo aclara a renglón seguido: “Esto de estar a la derecha lo digo así simplemente por contrariedad, para considerar términos contrarios; no hablo de la derecha en el sentido de la plutocracia, de la oligarquía, que nunca fueron de derecha en ninguna parte del mundo” (Ibidem, p. 270). En sus clases solía ampliar este concepto, y era común que se remitiera a dos textos españoles. De un discurso de José Antonio Primo de Rivera, el uno: “Ni izquierdas ni derechas, España entera” (Sevilla, 22 de diciembre de 1935). Y de Ortega y Gasset el otro, estampado en La rebelión de las masas:

“Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral”.

5) La definición gentiana de “derecha” que, en el texto que has traído legítimamente al ruedo, explicita y asume como propia, no es otra que la que durante toda su vida dio del Nacionalismo Católico, con tácitas pero visibles referencias a la Doctrina Social de la Iglesia. La misma Doctrina que, como de sobras lo sabes, ha condenado rotundamente al liberalismo.

6) Finalmente debo decir que el pensamiento de Genta es reacio a manifestarse con las categorías “derecha-izquierda”, pues siempre predicó sobre ellas que eran funcionales a la semántica ideológica instalada con los salvajes episodios de 1789. Por eso prefería definir la pugna entre Revolución y Contrarrevolución. Contrapunto y antítesis a los que les dedicó no sólo un libro clásico de su autoría (posiblemente el más conocido), sino otros muchos escritos.

7) Genta, pues, no fue derechista; ni paleo ni neoderechista. No solía hablar de “batallas culturales” sino del buen combate paulino (2 Tim.4,7-8). Tampoco era dado a las fiestas sino a las trincheras; y denunció a la par que repudió enérgica y virilmente a la conjura judeomasónica. Conjura a la que sin elipsis ni efugios adhiere el actual gobierno. De todo lo cual te sé perfectamente anoticiado.

Mi abrazo

En Cristo y en la Patria

Antonio Caponnetto

 

REBOTES EN TWITTER

Las medias verdades son los peores engaños

Genta textual: “el comunismo está instrumentado por el poder financiero internacional…”

Imagen del libro citado en el tuit anterior

 

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“Yo conozco mucho sobre la masonería por infinidad de amigos que participan de ese club…”

“No hay un solo dato de esos supuestos cultos satánicos (atribuidos a la Masonería), por lo demás, hay muchos curas masones en el Vaticano, muchos Presidentes argentinos fueron masones, es bastante ficcionario (sic) el relato católico en torno a esto”

“La masonería es un club social que se dedica a promover los principios de la revolución francesa, no es ni más ni menos que eso, asignarle connotación diabólica es un error (…) es un club al que jamás pertenecería pero no es más que…”

 

 

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Gentileza INFOCATOLICA (Javier Navascués)

 

  1. ¿Quién fue Henry Kissinger? ¿Cuál es la importancia de su figura política?

 

Kissinger fue un enemigo del Orden Social Cristiano, una pieza clave dentro de la Revolución Mundial que -como bien han enseñado nuestros maestros- busca boicotear una civilización cuya centralidad se encuentra en Dios, sustituyéndola por otra civilización que tenga por centro al Hombre. Este Hombre ya no es la creatura salida de las manos de la Trinidad, ya no es el hombre como Imago Dei y Similitudo Dei. Es el ser humano como principio, fin y fundamento de la sociedad política, como absoluto, negada su condición de creatura, capaz de hacer y deshacerse a sí mismo. Es el Humanismo Antropocentrista con todas sus nefastas consecuencias.

Kissinger promovió esto activamente, tanto desde importantes posiciones en la política de los Estados Unidos como por fuera de los cargos públicos. Fue secretario de Estado durante tres presidencias: la primera de Nixon (1969-1973), la segunda de Nixon (1973-1974, que concluyó abruptamente por dimisión) y la tercera de Gerald Ford (1974-1977). Además, Kissinger se desempeñó como Consejero de Seguridad Nacional durante la administración Nixon. El famoso Informe Kissinger, del que hablaremos enseguida, data de estos años. Su figura y su trabajo no sólo están conectados con la política interna estadounidense sino con la política de muchos otros países. Entre ellos, la Argentina.

 

  1. Kissinger se convirtió en el principal asesor en política exterior de Nixon y fue muy influyente durante la presidencia de Gerald Ford, ¿qué podemos decir al respecto de este diplomático?

 

Para empezar, diría que fue mucho más que un diplomático. Fue un estratega, un cerebro, un ideólogo pero no un dogmático. Poseía una mente oscura capaz de delinear las balas trazadoras que signan los perfiles de la acción política. Mientras una segunda línea ejecuta, él maquinaba. Su rol decisivo también explica que Kissinger permaneciera en su cargo a pesar de que tomara forma pública el escándalo “Watergate”.

Este asunto se destapa cuando el FBI conecta dinero negro –utilizado para la campaña de reelección de Nixon– con cinco detenidos que habían ingresado furtivamente en la sede del Partido Demócrata. La administración Nixon intenta encubrirlos, el Congreso inicia una averiguación pero el gobierno se niega a cooperar. A medida que avanzan las investigaciones federales, se descubre que la pandilla de Nixon acosaba a opositores políticos, funcionarios considerados sospechosos y activistas, valiéndose de la policía, el FBI y la CIA. El Senado llega a la conclusión de que el propio Nixon guardaba en sus oficinas un sistema de cintas de grabación, y el Presidente debe entregarlas bajo coacción de la Corte Suprema de EE.UU. La prensa agitó el tema como nunca y una fuente anónima –denominada Garganta Profunda– terminó por confirmar los hechos. El proceso de destitución era inminente y entonces Nixon renuncia en agosto de 1974.

A pesar del ambiente sumamente caldeado, la posterior limpieza de funcionarios no alcanzó a Kissinger. Si bien deja su cargo en 1977, cuando asume Jimmy Carter como nuevo presidente, su influencia continuó durante mucho tiempo.

 

  1. Siendo integrante del Partido Republicano, Kissinger llegó a ser una de las principales figuras de la política de EE.UU., ¿qué nos puedes decir del Informe Kissinger?

 

Así es, era parte de la derecha estadounidense. El caso Kissinger ilustra perfectamente que se puede ser muy anticomunista y comportarse como un hijo del demonio. En efecto, él velaba “por los intereses de Estados Unidos” a costa de las demás naciones. Así lo grafica el famoso Informe Kissinger, donde –con pelos y señales– despliega un conjunto de estrategias destinadas a provocar la caída de la población en países en vías de desarrollo. Leamos este párrafo del Informe:

 

«La economía de los EE.UU. requerirá grandes y crecientes cantidades de minerales del extranjero, especialmente de los PMD[1]s. Este hecho hace que los EE.UU. tenga un gran interés en la estabilidad política, social y económica de los países suministrantes. Donde quiera que una disminución de las presiones demográficas, por medio de una disminución en los índices de la natalidad, pueda aumentar las posibilidades de dicha estabilidad, la política demográfica se hace relevante para los suministros de recursos y para los intereses económicos de los EE.UU.»

 

El propio Kissinger reconocerá que, en cierta medida Estados Unidos (a pesar de ser un país totalmente industrializado) depende de aquellas naciones cuyo grado de industrialización y desarrollo económico son menores pero cuya posesión de recursos es mayor. EE.UU. necesita que aquellos países le vendan mercadería, materia prima. Leemos:

 

«La ubicación de conocidas reservas de metales de más alto grado de la mayoría de los minerales favorece la creciente dependencia de todas las regiones industrializadas en las importaciones de los países menos desarrollados (PMD)”.

 

Traducción: los recursos naturales son limitados y EE.UU. necesita que las naciones que los poseen se los puedan vender a ellos. Si, en cambio, las naciones consumen esos recursos o logran mayores grados de industrialización, Kissinger estima que no quedarán suficientes para Estados Unidos. Luego, hay que hacer disminuir la población de esos países para que no se los acaben.

En definitiva, en la mente de Kissinger, Estados Unidos se cree con DERECHO a esos recursos. ¡Un derecho por encima de los pueblos que naturalmente los recibieron! Es como si dijera: el mundo me pertenece, es mío, y voy a hacer lo que sea para quedarme con esos recursos.

 Estos párrafos del Informe K. recogen varios conceptos. Como vimos, en uno de ellos, se afirma el interés de EE.UU. en que los países que suministran esos recursos tengan situaciones estables (“Este hecho hace que los EE.UU. tenga un gran interés en la estabilidad política, social y económica de los países suministrantes”). Notemos que las naciones son vistas desde un enfoque meramente utilitarista: reservorio de materia prima. No son, como diríamos nosotros, comunidades unidas por una tradición, historia, lengua, cultura, religión y geografía. Son meros canteros de cosas útiles para aprovechar de ellos.

Luego Kissinger ata dos cosas: el índice de natalidad y las presiones demográficas. Si baja la natalidad, baja la “presión demográfica” y entonces se consigue la tan deseada “estabilidad” política, social y económica.

La estrategia se cierra aquí: para “proteger los intereses de Estados Unidos”, haremos caer la natalidad en los países “suministrantes”. Y lo hicieron.

 

  1. Según el propio informe de Kissinger, ¿de qué manera se procura el descenso de la natalidad en las naciones?

El informe describe multiplicidad de tácticas. La primera de ellas consiste en motivar a las sociedades a que tengan familias de menos integrantes. Según esta mente malévola, los programas generales de cooperación -que lleva adelante Estados Unidos- deben establecer prioridades. En sus propias y elocuentes palabras:

«Se le debe dar prioridad, en el programa general de ayuda, a ciertas políticas de desarrollo de aquellos sectores que ofrecen la mayor esperanza de una creciente motivación en tener familias más pequeñas».

Incluso Kissinger se hace la pregunta, como quien piensa en voz alta, de si la estrategia de recortar los alimentos es viable. Leemos en el Informe Kissinger:

 «¿Podrían considerarse los alimentos un instrumento de poder nacional? ¿Nos veremos forzados a elegir a quién razonablemente podemos ayudar, y en tal caso, deben ser los esfuerzos demográficos un criterio para dicha ayuda? ¿Están los EE.UU. preparados para aceptar el racionamiento de los alimentos para poder ayudar a los pueblos que no pueden o no quieren controlar el crecimiento de su población?».

Traducción: no descartamos reducir los alimentos en los PMD. Forzarlos a comer menos desalienta nuevos nacimientos y es un método que EE.UU. podría aplicar en aquellas sociedades que no sean capaces o se nieguen a bajar su población.

Motivar a la mujer a trabajar fuera de la casa es otra herramienta. Está comprobado que esta circunstancia no favorece que tenga muchos hijos:

«La condición y la utilización de las mujeres en las sociedades de los países subdesarrollados son de extrema importancia en la reducción del tamaño de la familia. Para las mujeres, el empleo fuera del hogar ofrece una alternativa para el matrimonio y embarazo precoz, e incentiva a la mujer a tener menos hijos después del matrimonio… Las investigaciones muestran que la reducción de la fertilidad está relacionada con el trabajo de la mujer fuera del hogar…».

Notemos lo escrito por el infame. Kissinger ha dicho “utilización” de las mujeres. Las usan. Son cosas. Traduzcamos de nuevo al castizo: diseñemos sociedades donde vivir con el único sueldo de papá sea imposible. Y entonces, que mamá tenga que salir a trabajar -para traer el pan a la mesa, lógicamente- y así continuar sembrando obstáculos para que sea IMPOSIBLE tener muchos hijos.

Tampoco se descartan medios de persuasión educativos:

 

«La gran necesidad es convencer al grueso de la población que es para su beneficio individual y nacional tener, en media, sólo tres o incluso sólo dos hijos».

Notemos que aquí se confiesa descaradamente que se necesita meter en la cabeza de la sociedad la falsa idea de que, al fin y al cabo, esta reducción de la familia es ¡en beneficio de esa sociedad! En otras palabras, hay que presentar una política útil a los intereses de Estados Unidos como si en realidad fuera buena para el hombre de a pie. Esta idea de trabajar en convencer se repite en otras partes del documento. Leemos:

«Es muy necesario convencer a las grandes masas de que es de su interés individual y nacional el tener, como promedio, solamente tres y quizás sólo dos hijos… el foco obvio y creciente de la atención debe ser cambiar las actitudes de la próxima generación».

Por supuesto que, en este sentido, los programas de Educación Sexual tienen mucho que decir. Pero también todo tipo de series, entretenimientos, músicos, artistas o personas conocidas que presenten a los hijos como una carga insoportable, que se burlen del matrimonio, etc.

Pongamos foco en las escuelas y colegios. Leemos en el Informe:

«[Debemos tener] niveles mínimos de educación, especialmente para las mujeres, así como la educación y el adoctrinamiento de la actual generación de niños, con respecto a la conveniencia de que las familias sean más pequeñas».

No hay medio que no se haya probado para afectar países cuya población debe ser inmolada en aras del bienestar de EE.UU. La consigna es clara: no podemos permitir que estas naciones agoten los recursos naturales que necesitamos. Kissinger nos habla aquí de la vasectomía:

«En la India [se llevaron a cabo] algunos experimentos controversiales pero extraordinariamente exitosos, en los cuales los incentivos económicos, junto con otros mecanismos de motivación, se utilizaron para lograr que un gran número de hombres aceptaran las vasectomías».

Como se ve, toda esta estrategia está pensada al detalle.

 

  1. No sólo se trata de interferir a través de la mente y la educación sino también a través de la POLÍTICA. ¿Qué nos puedes decir de eso? Imagino que Kissinger no dejó afuera de su estrategia a la política propiamente dicha.

 

Por supuesto. También va a intervenir Kissinger en la legislación, y valiéndose del enorme poder estadounidense. Seguramente no es casualidad el auge de leyes abortistas a partir de los años 70’ del siglo XX. En el Informe, leemos:

 

«Ciertos hechos sobre el aborto precisan ser entendidos: ningún país ha reducido el crecimiento de su población sin recurrir al aborto» (“No country has reduced its population growth without resorting to abortion”).

 

Hay otra forma de leer el documento. Si quieres, una forma “psicológica”. En cierto sentido, todo el Informe Kissinger parece estar atravesado por el temor a que los PMD se desarrollen. Es constante la preocupación acerca de naciones que pueden llegar a incrementar su población, desarrollar nuevas tecnologías, añadir valor agregado a sus productos, volverse económicamente más soberanas y competir en algún momento con Estados Unidos. Por lo tanto, pisarles la cabeza se convierte en imperativo no negociable. Creo que algo de esto puede verse sobre todo en este párrafo:

 

«Es vital que el esfuerzo por desarrollar y fortalecer el compromiso por parte de los líderes de los PMDs no sea visto por ellos como una política de un país industrializado para mantener reducido su vigor o para preservar recursos que serán usados por los países ‘ricos’».

En varios pasajes del Informe, Kissinger piensa en varias jugadas adelante. Por eso escribió:

 «Los EE.UU. pueden ayudar a minimizar las acusaciones de tener un movimiento imperialista detrás de su apoyo a favor de las actividades demográficas, afirmando repetidamente que dicho apoyo se deriva de una preocupación por: (a) el derecho del individuo a determinar libre y responsablemente el número y el espaciamiento de sus hijos… y (b) el desarrollo fundamental, social y económico, de los países pobres».

Es decir, estamos ante una maniobra gigantesca de engaño que -so pretexto de buscar un bien para las sociedades- procura en realidad eliminar al ser humano. Por la manera que sea. Se desalientan los nacimientos, se impiden las concepciones, se produce la muerte por hambre de la gente o directamente se promueven leyes que destruyen personas humanas en estado fetal. Se legaliza el aborto, la anticoncepción, la Educación Sexual Integral, el matrimonio igualitario y nosotros –como cándidas ovejas– creemos que estamos ante una cuestión ideológica. No es solamente ideológica. Es una cuestión de poder que se recubre de ideología. A Kissinger no le interesa tu supuesta libertad sexual, tus supuestos derechos sexuales, la libertad de tu cuerpo, las comunidades gays “reprimidas” y toda esa cantinela. ¡Le interesa que no dejes descendencia! Esto hay que entenderlo.

 

  1. Al comienzo de esta entrevista dijiste que Kissinger intervino específicamente en la política argentina. Te pido que nos desarrolles.

 

Con gusto. En los años 70’, la sociedad argentina fue objeto de varios tipos de agresiones. Los dos grandes bloques, el comunista y el capitalista, nos atacaron, cada uno a su modo. Por un lado, el terrorismo físico, tangible, representado por las bandas de homicidas marxistas. Por otro lado, el terrorismo económico representado por el avance de corporaciones transnacionales sin escrúpulos, constituyendo un verdadero abuso del capital. En el medio, los argentinos honestos, que sufrieron tales ataques, tironeados por ambas fuerzas que parecían luchar entre sí pero que –al ir tirando de la cuerda– eran manejadas por las mismas manos.

En 1975, el gobierno argentino designa a las Fuerzas Armadas al frente de una operación militar para acabar con el terrorismo. Los atentados y crímenes eran moneda corriente, el desorden político era enorme y la inflación galopaba, acicateada por el famoso “Rodrigazo”. A finales de 1975 y comienzos de 1976, la sociedad –empezando por la clase partidocrática– pedían a gritos que los militares derrocaran al gobierno, asumieran la conducción política y exterminaran a los guerrilleros que todos los santos días hacían explotar una bomba, secuestraban y pedían rescate, asesinaban policías y militares, etc.

En el seno de las FF.AA. se distinguían dos líneas: la católica nacionalista y la liberal. Los nacionalistas impulsaban la idea de que los asesinos debían ser juzgados en un juicio rápido, dadas las circunstancias (“juicio sumario”) y, si correspondía, ser fusilados públicamente. La línea liberal, en cambio, sostenía que las FF.AA. no podían como Estado hacerse cargo de ejecuciones públicas porque –de hacerlo– encontrarían gran oposición en los medios de comunicación, los organismos de DDHH y hasta la misma Iglesia, lo que pondría en riesgo la gobernabilidad y por ende la victoria contra el terrorismo.

Por lo demás, el asesinato en manos de los terroristas –en 1974– de uno de los jueces que mandó a la cárcel a los guerrilleros no constituía un antecedente alentador. Prácticamente no había magistrados dispuestos a condenar a estos homicidas.

Lamentablemente, el gobierno militar –surgido a partir del 24 de marzo de 1976– suscribió la posición liberal. Se llevó adelante una guerra mixta contra el terrorismo, que conjugó acciones perfectamente nítidas con métodos clandestinos e irregulares, produciendo cerca de 7000 desaparecidos en la Argentina, cuya enorme mayoría eran integrantes de organizaciones terroristas. Pues bien, el gobierno militar hizo todo esto siguiendo las instrucciones de Henry Kissinger, quien recomendó destruir la guerrilla con métodos experimentados en otros países. Además, el Ministro de Economía de los militares liberales llevó adelante medidas en detrimento de la industria nacional y otras políticas lesivas de la soberanía argentina.

En conclusión: nuestra Guerra Justa contra el terrorismo apátrida fue oscurecida por el uso de métodos irregulares, siempre condenables moralmente, y Kissinger fue uno de los que empujó a los militares argentinos a esta decisión.

 

  1. Tengo entendido que Kissinger integró la “Trilateral Commission” o Comisión Trilateral. ¿Qué es eso? ¿Por qué es importante conocerlo?

 

Sí, Kissinger integró la famosa Trilateral Commission.

Los personajes más influyentes del mundo se juntaron en una organización y la denominaron “Comisión Trilateral”, creándola en 1973. Parece que fue iniciativa nada menos que de David Rockefeller, el Grupo Bilderberg y el Council on Foreign Relations (CFR). Asisten ex presidentes, políticos en actividad, mega empresarios, politólogos, docentes de importantes universidades y otras personas influyentes de los cinco continentes. Como siempre, los nombres son engañosos dado que este grupo se autodenomina “International Commission of Peace and Prosperity” (“Comisión Internacional para la Paz y la Prosperidad”). Se reunieron por primera vez en Japón, en el mes de octubre de 1973.

Ya en 1980 hubo denuncias. La Revista Cabildo, de orientación nacionalista católica –en aquel momento, la revista específicamente política de mayor tiraje y mayor cantidad de lectores– supo decir que los integrantes de esta comisión “persiguen la conquista de los indefensos y expuestos mercados mundiales (…) lo que a la postre se traduce en la frígida, simple y llama búsqueda de ganancias enormes para el orden privado y extraestatal que representan”. En efecto, “las sigilosas e inculpadas multinacionales, al servicio de quienes gozan de la mayor capacidad consumista en prioridad despiadada, conforman una red cada vez más extensa y cerrada que abraza al planeta todo con presión incontenible”. Por eso, “la Comisión Trilateral no es nada menos, pero en todo caso nada más, que una simple conformación estructural al servicio de una élite…”. Dato más que relevante: esta comisión “está financiada en primera línea por las fundaciones que no pagan impuestos como: la Ford Foundation, Lilly Endowment, Rockefeller Brothers Fund y la Kattering Foundation”.

Además, Cabildo nos cuenta que el director de esta comisión fue nada menos que el polaco Zbigniew Brzezinski, asesor del presidente Carter.

No esconden sus metas. En efecto, “sus objetivos son (…) la realización del ‘nuevo orden mundial’ dentro de una sociedad planificada, subdividida en grandes federaciones regionales, dirigidas centralmente a través de multinacionales y corporaciones científicas. Según Brzezinski: ‘Debemos sustituir el sistema internacional por un sistema global… Será un mundo en el que los ámbitos de supremacía nacional desaparezcan’” [2].

 

Esto muestra la íntima unidad entre los temibles supercapitalistas y el globalismo. Ahora bien, personalmente me llama la atención la abundancia en las redes sociales de supuestos “luchadores antiprogresistas” que despotrican contra el globalismo mientras apoyan a influencers abiertamente procapitalistas, apoyan el liberalismo, el capitalismo o incluso posturas libertarias.

La verdad, al enemigo le conviene que estos influencers desvíen la atención del público. Le muestran a la gente una parte de la verdad (el antiprogresismo) pero le mutilan otra porción, que es decisiva. ¿Casualidad? ¿Disidencia Controlada? Sabe Dios. Habría que investigarlo, buscar pruebas. Pero lo cierto es que esta Comisión ve en los países con recursos naturales –como la Argentina– una mera oportunidad para extraer ganancias.

En otras palabras, ya sea por el motivo de “proteger los intereses de EE.UU.”, sea para crear un mundo global, Kissinger se anotó en todas las instancias que impulsaban el Nuevo Orden Mundial. Y temía la reacción. Por eso escribió en su Informe:

 

«Existe también el peligro de que algunos líderes de los PMDs vean las presiones de los países desarrollados a favor de la planificación familiar como una forma de imperialismo económico y racial; esto podría crear un retroceso bastante serio».

 

A Kissinger le preocupa particularmente que alguien lleve el debate hacia estos dos hechos:

 

«debemos reconocer que aquellos que argumentan en conformidad con sus posturas ideológicas han hecho mucho ruido con el hecho de que la contribución de los EE.UU. a los programas para el desarrollo y a los programas de salud ha disminuido ininterrumpidamente, mientras que sus fondos para los programas de población han aumentado a un ritmo constante”.

 

Por tanto, la credibilidad de EE.UU. quedaría seriamente afectada si enfocásemos en estos dos datos objetivos:

 

1) EE.UU. invierte cada vez menos en los programas para el desarrollo y la salud;

2) EE.UU. invierte cada vez más en programas para hacer caer la población.

 

Y Kissinger lo sabía y, como buen coach, se anticipa al movimiento del adversario. En definitiva, es difícil no ver aquí una mano negra al leer esto:

 

“En estas relaciones sensibles, sin embargo, es importante tanto en estilo como en sustancia evitar el aspecto de coacción”.

 

  1. ¿Qué es lo último que nos puedes decir de Kissinger? ¿Cómo lo definirías?

 

Parece acertado sostener que Kissinger no fue un ideólogo sino más bien un pragmático con ideología. Formados en filosofía, ciencias políticas y humanidades, tendemos a pensar que el resto del mundo lleva las ideas a la práctica de la misma forma categórica en que esas ideas cabalgan en el plano abstracto. Pero esto no es así, y el caso de Kissinger lo ilustra claramente. ¿Cómo entender si no su apoyo a la China Comunista? Como autoridad política, favoreció vínculos con los chinos en detrimento de los soviéticos. Y usted me dirá: “¿Cómo es posible si ambas potencias eran comunistas y él era republicano?”. Sí. Pero Kissinger no tenía doctrina, tenía intereses. En ese momento, él necesitaba crear una división entre estas potencias y se acercó a una para marginar a la otra.

En su último libro, “El Orden Mundial”, Kissinger se refiere al caso del Cardenal Richelieu, a quien destaca como figura maquiavélica. En efecto, si como católico y eclesiástico, este cardenal debía apoyar a las naciones católicas en Europa, sin embargo –invocando “razones de estado”– Richelieu respaldó a los protestantes. El habilísimo prelado, nos cuenta Kissinger, consideraba que si las potencias católicas lograban unificarse y triunfar, pondrían sus propios intereses por encima de Francia. Y por eso él, siendo católico, colaboró y apoyó a los herejes. Kissinger reproduce las palabras del lord Palmerston, estadista británico del siglo XIX: “No tenemos aliados eternos, pero tampoco enemigos perpetuos. Sólo nuestros intereses son eternos y perpetuos, y es nuestro deber ser fieles a esos intereses”.

No nos equivoquemos: Kissinger no se entiende desde los apuntes de filosofía política. No podemos hacer un análisis esencialista de este hombre. Como él mismo lo dice, “la realidad inalienable” es que “los elementos de poder –aún cuando sean objetivos– están en cambio constante”. Por lo tanto, lo que pudo ser útil en un momento, tranquilamente puede no serlo en otro.

Nosotros, formados en la cosmovisión occidental y cristiana, no sólo tenemos sanos escrúpulos respecto de esta lógica carnívora. También nos cuesta, quizás por una limitación de nuestra propia formación, comprenderla. Los agentes del comunismo respondían (¿o responden?) a la misma mentalidad. Por eso supo decir Bertolt Brecht: El que combate por el comunismo debe saber combatir y no combatir; decir la verdad y no decirla; hacer un favor y no hacerlo; mantener una promesa y no mantenerla; exponerse al peligro y evitarlo; hacerse reconocer y esconderse. El que combate por el comunismo, de todas las virtudes no posee sino una: la de combatir por el comunismo”. Kissinger era igual. Primero el poder. Primero la fuerza. Luego, acomodamos el discurso para que el discurso termine justificando lo que estoy por hacer… o lo que ya hice.

Kissinger relata una anécdota personal al comienzo del libro. En 1961, al visitar al ex presidente Harry Salomón Truman en la ciudad de Kansas City, le preguntó por aquello que más orgullo le producía de su mandato. Respuesta literal:

 

“Que derrotamos por completo a nuestros enemigos y luego los trajimos de vuelta a la comunidad de las naciones”.

 

Es difícil siquiera pensar una frase menos cínica. Truman ordenó abrir fuego a civiles alemanes y japoneses. Las ciudades de Dresden y Hamburgo fueron destruidas en el marco de una acciones militares que –y fíjate la arrogancia– se llamaron Operación Gomorra, porque arrojaron fuego del cielo en alusión a Génesis 19. Truman dio la orden para las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. Cientos de miles de víctimas masacradas por este demonio.

Además, la administración Truman dejó manos libres a las tropas soviéticas para que entraran en Alemania y violaran sistemáticamente a miles de mujeres y hasta niñas[3]. Tropas estadounidenses invadieron Italia y violaron a miles de italianas. Truman consintió el avance de los comunistas que ocuparon la mitad de Polonia, la mitad de Alemania, buena parte de Europa, China; dejaron que la URSS se consolide cuando tenían el poder para limitarla o incluso exterminarla de la faz de la tierra. ¿Y luego este mismo Truman nos habla de la comunidad de las naciones? Kissinger fue capaz de escribir esto sin sonrojarse y buena parte de su libro detalla la importancia del Tratado de Westfalia para lograr la paz en Europa. ¿Paz? Calificar a este escenario de “disonancia cognitiva” sería casi hacerle un favor a los protagonistas.

Tenemos que aborrecer el mal, la falsedad y la mentira con todas nuestras fuerzas. Este hombre acaba de morir y Dios ya lo ha juzgado. Pero su obra sigue viva, el Nuevo Orden Mundial por el que trabajó incansablemente está en nuestras narices. ¡Qué buen vasallo si hubiese tenido un buen señor! Hubiera sido magnífico que un hombre tan brillante como Kissinger estuviese de nuestro lado. Lo único que podemos hacer es comprometernos a trabajar tanto como él, pero en reconstruir el Orden Social Cristiano. Su ejemplo debe inspirarnos y hacernos decir: si los malos trabajan de sol a sol, ¿puedo yo como cristiano estar inactivo? Esto es lo que puedo decirte, estimado amigo. Muchas gracias.

[1] PMD: países menos desarrollados.

[2] Revista Cabildo, Edición Especial, Cuaderno N° 1: “La Comisión Trilateral y el Poder Internacional del Dinero”, diciembre 1980. Extraído de https://revistacabildodigital.wordpress.com/revista-cabildo-segunda-epoca/

[3] Cfr. https://www.abc.es/cultura/20150302/abci-segunda-guerra-mundial-violaciones-201503021049_amp.html

Sobre la publicación de Cristian Rodrigo Iturralde en mi contra – Por el Lic. Juan Carlos Monedero (h)

Estimados amigos y lectores:

Recientemente, el autor Cristian Rodrigo Iturralde me ha difamado e insultado en las redes sociales a través de una publicación denominada “LA ESTUPIDEZ AL SERVICIO DEL PROGRESISMO (Respuesta a los dichos de Juan Carlos Monedero [h] sobre Nicolás Márquez y Agustín Laje)”. El hecho no merecería ningún comentario si no se tratara de una persona que ha publicado varios libros en defensa de la Hispanidad, que es conocido dentro y fuera del país, y que intenta dirimir una disputa polìtica-doctrinaria de importancia, aunque con métodos que están lejos de ser cristalinos.

Agradezco a los amigos y conocidos que me han hecho llegar su solidaridad al respecto.

Dado que Iturralde incurre en tales inconductas, juzgando temerariamente mis intenciones, considero que la publicación no cumple con el estándar mínimo de respeto, por lo que me niego a entrar en cualquier tipo de polémica en estos términos. El tema de fondo versa sobre el catolicismo, su incompatibilidad con el liberalismo, la representatividad de este sistema político y si el apoyo a Milei es sensato o no.

Por cierto,  golpes por debajo del cinturón como estos son esperables y hasta pueden ser un buen indicador que -del otro lado- no hay bases teóricas suficientemente sólidas.

En la esperanza cristiana y la fe que me une con Iturralde, quedo a la espera de una disculpa pública que permita zanjar la cuestión y, en todo caso, si Cristian desea controvertir conmigo, hacerlo en un marco de respeto mutuo.

A los interesados en estudiar los temas que Iturralde refiere en su artículo, los remito con mucho gusto a esta misma página y al resto de mis redes. En especial, puesto que se cuestiona livianamente la calidad de mi trabajo intelectual, remito a este link: https://jcmonedero.com/nicolas-marquez-agustin-laje-desinformacion-cristian-iturralde/

Asimismo, deseo compartirles mi artículo sobre la película recién estrenada en la Argentina “Sound of Freedom”, protagonizada por Jim Caviezel, con un papel secundario de E. Verástegui, bajo el patrocinio y promoción de Mel Gibson. Link:  https://jcmonedero.com/sound-of-freedom/

Hace poco he publicado un fragmento de mi libro “2020: Argentina y el mundo bajo cuarentena”, también disponible en la red. Link: https://jcmonedero.com/pandemia-dinero-superintendencia-salud-argentina/

Muchas gracias a todos,

Lic. Juan Carlos Monedero (h)

 

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Qué decía San Maximiliano Kolbe sobre la Masonería y el judaísmo

Qué decía San Maximiliano Kolbe sobre la Masonería y el judaísmo

 

“¡POBRECILLOS!”

(fragmento del artículo)

 

El hombre ha sido redimido. Cristo ha fundado su Iglesia sobre la roca. Una parte del pueblo hebreo reconoció en Él al Mesías; los otros, sobre todo los fariseos soberbios, no quisieron reconocerlo, persiguieron a sus seguidores y dieron curso a un gran número de leyes que obligaban a los hebreos a perseguir a los cristianos. Estas leyes, junto a narraciones y a apéndices, hacia el año 500, formaron un libro sagrado, el «Talmud». En este libro, los cristianos son llamados: idólatras, peores que los turcos, homicidas, libertinos impuros, estiércol, animales de forma humana, peores que los animales, hijos del diablo, etc. Los sacerdotes son llamados adivinos y cabezas peladas (…) a la Iglesia se la llama casa de estulticia y suciedad. Las imágenes sagradas, las medallas, los rosarios, son llamados ídolos. En el «Talmud», los domingos y las fiestas son considerados días de perdición. En este libro se enseña, entre otras cosas, que a un hebreo le está permitido engañar y robar a un cristiano, pues todos los bienes de los cristianos – está escrito – «son como el desierto: el primero que los toma se hace dueño». Esta obra que recoge doce volúmenes y que respira odio contra Cristo y los cristianos, es considerada por estos fariseos un libro sagrado, más importante que la Sagrada Escritura».

 

Link del Talmud (traducido al español) aquí.

Artículo publicado con ocasión del Congreso Internacional de los masones, celebrado en Bucarest en 1926:

 

«Estos señores (es decir, los masones) creen que son ellos quienes han de gobernar: escuchemos, entonces lo que escriben los «Protocolos de los Sabios de Sión», documento que el Padre Kolbe llamaba: «el verdadero libro fundamental de la Masonería».

 

«El protocolo número 11 afirma: «Crearemos y pondremos en vigencia las leyes y los gobiernos (…) y, en el momento oportuno, (…) bajo la forma de una revuelta nacional, (…) Es necesario que las poblaciones, desconcertadas por la revuelta, puestas todavía bajo la influencia del terror y de la incertidumbre, comprendan que somos de tal modo intocables, de tal modo llenos de poder que en ningún caso tendremos en cuenta sus opiniones y sus deseos sino, antes bien, que estamos en grado de aplastar sus manifestaciones en cualquier momento y en cualquier lugar (…) Entonces, por temor, cerrarán los ojos y permanecerán a la espera de las consecuencias (…) ¿Con qué objeto hemos ideado e impuesto a los masones toda esta política, sin darles a ellos la posibilidad de examinar el contenido? Esto ha servido de fundamento para nuestra organización masónica secreta (…) cuya existencia ni siquiera sospechan estas bestias engatusadas por nosotros en las logias masónicas».

 

«¿Habéis oído, señores masones? Los que os han organizado y secretamente os dirigen, los hebreos, os consideran bestias, reclutadas en las logias masónicas para fines que vosotros ni siquiera sospecháis (…) Pero ¿sabéis, señores masones, qué es lo que os espera el día en que os venga a la mente comenzar a pensar por vosotros solos? He aquí, escuchad el mismo protocolo: «La muerte es inevitable conclusión de toda vida (…) Ajusticiaremos a los masones de tal manera que ninguno (…) podrá sospechar, ni siquiera las mismas víctimas: morirán todos en el momento que sea necesario, aparentemente a causa de enfermedades comunes (…)».

 

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«Señores masones, vosotros que, recientemente, durante el Congreso de Bucarest, os habéis alegrado del hecho de que la Masonería se está fortaleciendo por doquier, reflexionad y decid sinceramente: ¿no es mejor servir al Creador en la paz interior (…), antes que obedecer las órdenes de quien os odia?».

 

«Y a vosotros, pequeño escuadrón de hebreos, ‘Sabios de Sión’, que habéis provocado ya conscientemente tantas desgracias y todavía seguís preparando otras, a vosotros me dirijo con la pregunta: ¿qué ventaja obtenéis? (…) Gran cúmulo de oro, de placeres, de diversiones, de poder: nada de todo esto vuelve feliz al hombre. Y si aún esto diera la felicidad, ¿cuánto podría durar? tal vez una decena de años, quizás veinte (…) Y vosotros, jefes hebreos, que os habéis dejado seducir por Satanás, el enemigo de la humanidad, ¿no sería mejor si también vosotros os volviereis sinceramente a Dios?».

 

Artículo de 1926: 

«Ellos (cita siempre los Protocolos de los Sabios de Sión) dicen de sí mismos: «¿Quién o qué cosa está en grado de asestar una fuerza invisible? Nuestra fuerza es, precisamente, de esta clase. La Masonería externa sólo sirve para esconder sus objetivos, pero el plano de acción de esta fuerza será siempre desconocido para la gente».

 

«Nosotros (se refiere a los católicos) somos un ejército, cuyo ‘Comandante’ os conoce uno a uno, ha observado y observa cada una de sus acciones escucha cada una de sus palabras, más aún… ni siquiera uno de vuestros pensamientos escapa a su atención. decid vosotros mismos: en tales condiciones, ¿se puede hablar de secreto en los planes, de clandestinidad y de invisibilidad?».

 

«es (nuestro Comandante) la Inmaculada, el refugio de los pecadores, pero también la debeladora de la serpiente infernal. ¡Ella aplastará su cabeza!».

 

Estos fragmentos, correspondientes a la tarea periodística y evangélica de San Maximiliano Kolbe, fueron extraídos de un artículo publicado por la revista Cabildo en el mes de septiembre de 2009.

En 1917, Maximiliano Kolbe funda la «Milicia de la Inmaculada». Como podemos ver, en más de una ocasión el Padre Kolbe se dirigía a sus enemigos puesto que la razón de ser de su combate era ­–a la par de resistir las acciones inicuas del enemigo- llamarlo a la conversión y procurar su eterna salvación.