Monedero, Juan Carlos (h), Lenguaje, ideología y poder. La palabra como arma de persuasión ideológica: cultura y legislación. Ediciones Castilla (3ª ed) 198 págs. ISBN: 978-987-33-8863-7. Llamar a las cosas por su nombre es una misión divina para el ser humano. Este libro, Lenguaje, Ideología y Poder, ofrece una profunda investigación que revela cómo las ideologías distorsionan el lenguaje y, con ello, nuestra realidad. Con citas y reflexiones agudas, el autor analiza la influencia del lenguaje en la sociedad, denuncia manipulaciones y propone un retorno a la verdad y la virtud.
El libro presenta un análisis riguroso sobre la relación entre el lenguaje, la ideología y el poder. El autor aborda con valentía los problemas que surgen de la manipulación del lenguaje en los discursos contemporáneos, buscando esclarecer las causas profundas detrás de estas dinámicas sociales. Su objetivo es desenmascarar las distorsiones ideológicas y recuperar un uso más preciso del lenguaje para contribuir a la verdad y al bienestar social. Se distingue por una investigación minuciosa que recopila citas y referencias relevantes, proporcionando un marco teórico sólido para reflexionar sobre cómo las palabras no solo describen la realidad, sino que también la moldean.
El autor examina la influencia de las ideologías en el lenguaje y advierte sobre los peligros de esta manipulación, insistiendo en la necesidad de preservar un orden natural que subyace tanto en el pensamiento como en la expresión. Uno de los temas centrales del libro es la naturaleza del lenguaje y su vínculo con la realidad . El autor explora cómo el lenguaje refleja y construye el mundo, resaltando la importancia de utilizar las palabras de manera correcta para evitar caer en errores conceptuales y éticos. Este enfoque se complementa con un análisis de la relación entre la palabra y la metafísica, destacando cómo el lenguaje afecta nuestra comprensión de lo que las cosas son en esencia.
En el ámbito social, el libro examina temas como la discriminación y la justicia. Monedero distingue entre formas de discriminación injusta y aquellas necesarias para el orden social, ofreciendo herramientas conceptuales para discernir en medio de un contexto cada vez más confuso. Aborda la legitimación del aborto enmascarada bajo la bandera de la defensa de la mujer y cómo el lenguaje manipulado influye en estos debates. Denuncia sofismas que justifican prácticas contrarias a la vida y la dignidad humana, e insiste en la necesidad de preservar un orden natural en el pensamiento y la expresión.
Lenguaje, Ideología y Poder ofrece un análisis crucial del impacto del lenguaje en la sociedad actual, denunciando problemas y proponiendo soluciones para resistir la manipulación ideológica y defender la verdad en un mundo confuso y polarizado. Esta obra es una herramienta indispensable para aquellos que buscan entender cómo las ideologías influyen en el uso del lenguaje y cómo este, a su vez, moldea nuestra percepción de la realidad. Felicitamos al autor por su rigor y valentía, y recomendamos encarecidamente este libro a quienes deseen una reflexión profunda y bien articulada sobre los desafíos de nuestra era.
Fernando Ávila
Profesor de Filosofía egresado del Instituto San Miguel Arcángel
Estudiante de Licenciatura en Filosofía en la UCALP
Adquirí el primer libro del Lic. Juan Carlos Monedero: “LENGUAJE, IDEOLOGÍA Y PODER”, tomo I, con prólogos del R. P. Alfredo Sáenz y el Dr. Antonio Caponnetto. Ilustraciones: José Antonio Van Tooren.
PASO 2021: la pelea electoral eclipsa la realidad argentina
Lic. Juan Carlos Monedero
CON LA DEMOCRACIA SE COME…
Raúl Alfonsín decía que con la democracia se come, se educa y se cura. Sin embargo, la situación en la Argentina hoy es la siguiente: tenemos 52% de la población en condiciones de pobreza, inflación, políticos corruptos impunes, la justicia paralizada (las causas avanzan cuando los políticos denunciados pierden poder), jubilaciones insuficientes, hace un año o más que muchos alumnos no tienen clases de manera continua y completa, los programas educativos debieron mutilarse, miles de pymes quebradas, la decencia pública quedó por el suelo, los adolescentes son pervertidos en asignaturas tales como Educación Sexual Integral y, finalmente, son asesinadas miles de personas por la inseguridad, la droga, el narcotráfico y especialmente el aborto.
A lo largo de los años se ha convencido a millones de que la democracia es la única manera de participar políticamente para el ciudadano: votar cada 2 o cada 4 años. No obstante, los bancos, los comercios votan todos los días, Magnetto, Cristina, Massa, Macri, los mandatarios de la Administración Pública votan todos los días, es decir, toman decisiones diariamente. Y esas decisiones son las que producen un impacto.
El voto del ciudadano no cambia nada, es un grano de arena en el medio de la playa. El núcleo de este engaño es una población sugestionada con participar democráticamente pero reacia a formas eficaces de participación política. Así, en innumerables casos, votar no pasa de una mera forma para ser socialmente aceptado: la gente se saca una foto metiendo un sobre en la urna, demostrando ser un buen ciudadano, “queda bien” y listo.
Lo cierto es, sin embargo, que elegimos dentro de un menú que el dueño del restaurant ha pensado y filtrado previamente, y no podemos elegir nada que esté fuera del menú.
Más aún: supuestamente en la democracia se gobierna según la opinión pública, y esta opinión se expresa a través de partidos políticos. Pero los mass-media son los artífices de esta opinión. Entonces, ¿quién modela la opinión pública? La modelan los dueños de los medios de comunicación. Por tanto, tiene lugar la consecuencia ya prevista por Rafael Gambra: “las técnicas de publicidad y de influencia subliminal gobiernan los pueblos”.
La democracia es un sistema que no representa al pueblo. La fuerza del ciudadano no está en la urna sino en otro lugar. Permítanme decirlo en voz alta: la representación democrática es una mentira cochina.
PARTIDOCRACIA CORRUPTA
Analicemos esto yendo al caso de Tucumán: los punteros de los políticos les prometieron un dinero a los votantes para que pongan un sobre para Manzur. Pero ahora los cabecillas no quieren pagar y el puntero está siendo “apretado” por los votantes que cumplieron y a quienes se les prometió un dinero que todavía no fue entregado[1].
Por otro lado, integrantes de los partidos de Biondini, Gómez Centurión y Moreno han asegurado que en muchas mesas las boletas de ambos no habían llegado: les robaron votos. ¿Puede quedar más al descubierto la corrupción y la mentira de la partidocracia? Los mismos que idolatran la voluntad popular son los que hacen trampa en las elecciones.
EL SISTEMA: ¿UNA MENTIRA?
Los datos oficiales[2] arrojan la cifra de un 67-68% de votos del padrón para las PASO 2021, lo cual significa que nada menos que el 33% del electorado no fue a votar. Así como hay millones que votan para quedar bien, por cuestiones circunstanciales o por voto ideológico, millones de personas ni siquiera se presentaron: desde 1983, es la votación en la que votó menor cantidad de gente. Si sumamos esto al 5% de votos blancos e impugnados, casi el 40% del padrón no votó a ninguna persona.
Estos datos muestran el cansancio del país respecto del sistema. El sistema no da para más, la población sabe que estamos ante una suerte de “ciclo suicida” de la política argentina, como ha dicho recientemente Pablo Muñoz Iturrieta.
Incluso, mucha gente aplicó el “voto bronca”: el voto castigo a Cristina, Alberto y a Macri. Millones de personas ya no votan porque estén de acuerdo con las plataformas del kirchnerismo o el macrismo, el voto termina siendo un acto de venganza contra estos líderes políticos.
DEMOCRACIA SHOW: ¿QUÉ OCULTA EL CIRCO ELECTORAL?
Todo ocurre como si los políticos y los dueños de los medios de comunicación conspiraran para frivolizar la realidad: Cintia Fernández baila cuasi desnuda frente al Congreso, Victoria Tolosa Paz habla del coito en el peronismo, Gabriel Levinas en Intratables polemiza con Manuela Castañeira sobre si puede comprar un Iphone militando contra el capitalismo. Todos nos desvían de los temas verdaderamente claves.
El show de la democracia no puede ser más patético: Cintia Fernández obtuvo casi 92 mil votos a partir de un spot que duró menos de 5 minutos –no entremos a calificar el asunto de sus glúteos– a pocos días de las votaciones; superó en cantidad de votos a Guillermo Moreno, el cual (se piense lo que se piense) paseó por innumerables canales de televisión, dictó charlas, conferencias, debates, polémicas, argumentos, cifras, etc.: y Moreno obtuvo 80 mil. ¿Alguien piensa que esto no es absurdo? Sin embargo, es el sistema que tenemos, es el veredicto de las urnas. Y la gente sigue pidiendo Democracia, como si fuesen focas amaestradas.
La distracción y el circo evitan que nos enfoquemos en las cosas importantes: pongamos un ejemplo de incuestionable actualidad. Nadie quiere reflexionar sobre esto: para lograr estabilidad económica, una de las medidas debería ser reducir los gastos superfluos del estado. Esto se lograría eliminando los planes sociales de los punteros políticos, erradicando la corrupción en la obra pública y promoviendo un desarrollo de los trenes en detrimento de los camiones.
Ahora bien, si se reducen los planes sociales de estos punteros, los movimientos piqueteros ocupan la calle, toman de rehenes a la población, se prende fuego el país y así se pierde gobernabilidad. Si cuando el país está prendido fuego, la autoridad reprime y frena justamente el vandalismo, entonces los periodistas de los MMCC dirán a todas horas que “este gobierno es la dictadura”, y el periodismo mundial acusará al gobierno por violación de los derechos humanos.
Si los gobiernos erradican la corrupción en la obra pública, los políticos que se aprovechaban con ese dinero mal habido se lanzarán contra la autoridad que se los quitó, y armarán alguna operación política contra ellos (el famoso carpetazo).
Si el gobierno promueve un desarrollo de los trenes en detrimento de los camiones –aunque eso produzca una baja del precio final del producto (y por ende, una baja en la inflación)– se pone en contra del gremio de camioneros. En represalia, Hugo Moyano organiza un paro, los camioneros no trabajan y el país poco menos que se incendia. Si cuando prenden fuego el país, el estado cumple su deber y reprime, de nuevo: entonces los MMCC te dicen que sos la dictadura y los periodistas del mundo entero dirán que el gobierno viola los derechos humanos.
Estos son verdaderos dilemas: distraernos con temas tales como la actividad sexual de Tolosa Paz, el trasero de Cintia Fernández o el Iphone de Manuela Castañeira es perder el foco.
JUNTOS POR SOROS LE GANÓ AL FRENTE DE SOROS
Como en un péndulo, millones de personas oscilan entre los kirchneristas y Juntos por el Cambio. Aunque la tendencia va siendo cada vez menor, no baja de un 60% del padrón.
En efecto, el 48% de los votos válidos de la Capital Federal fueron a parar a Juntos por el Cambio (Vidal, López Murphy y el abortero Rubinstein). Casi un 25% votó por el kirchnerista Leandro Santoro. Es un hecho constatado que macristas y kirchneristas se han acusado de delitos e inmoralidades recíprocamente, pero a la hora de votar las leyes de género y de aborto, votan juntos y se abrazan en la contracultura. Kirchnerismo y macrismo: ambos antipatria, ambos anticristianos. Amarillo o celeste, son alternativas contrarias a la vida, a la familia, a la cultura, a la tradición y a la religión. Discuten detalles de política y economía, parados sobre sangrientos protocolos abortistas y convergiendo en el establecimiento de la cultura de la muerte.
EL IMPACTO DE LAS PASO 2021 EN EL KIRCHNERISMO
Es un hecho constatable que el kirchnerismo ha sido golpeado y castigado duramente: 4.800.000 de personas los votaron en 2019 y hoy no. Una parte significativa de los pobres no los votó (no hay otra explicación) a pesar de recibir subsidios del gobierno. Evidentemente, el kirchnerismo no va a ganar repartiendo documentos no binarios, hablando de la gestión menstrual, difundiendo penes de madera, o utilizando el mal llamado lenguaje inclusivo: todas estas medidas propias de la Agenda de Género no provocan que los vote más que en un sector ideologizado que afortunadamente no mueve la aguja. Pero como este gobierno está enfocado en la agenda globalista –y no en las necesidades de la nación–, han destinado como parte del presupuesto del año 2021 millones y millones de pesos a políticas públicas relacionadas con la llamada perspectiva de género.
Los kirchneristas sufrieron varios papelones: primero dijeron que ganaban, luego perdieron. Perdieron en 18 jurisdicciones. La cuarentena eterna, las restricciones absurdas y crueles, las PYMES quebradas, el Vacunatorio VIP, el Olivos Gate y tantas otras cosas mellaron el ánimo de su clientela política. El kirchnerismo tenía quórum y mayoría absoluta en el senado; de mantenerse esta tendencia en noviembre, perdería esto.
Para ver el panorama completo, agreguemos algunos puntos: existe un desgaste propio de la función de gobierno, el mismo que Juntos por el Cambio experimentó en la fuerte paliza electoral de las PASO 2019. Sería un error dar por muerto al perro tan rápido: Cristina gobernó 8 años con el poderoso multimedios Clarín en contra, Macri gobernó con ese mismo multimedios a favor y no pudo ser reelecto. A Cristina la dieron políticamente por muerta, pero resucitó.
Por otro lado, el votante del kirchnerismo es en la inmensa mayoría de los casos un militante del kirchnerismo y lo defiende en el colegio, en la universidad, en el club, en la Administración Pública, en el sindicato, en un asado con amigos, en los medios de comunicación, en su familia. El votante promedio de Juntos por el Cambio es muy inferior en capacidad argumentativa, entrega y militancia. Muchos de ellos dejan un voto cada 2 años, y nada más. El modelo de la militancia kirchnerista obedece al modelo soviético-alemán, como bien lo ha descripto el Dr. Ramón Carrillo en “La Guerra Psicológica”[3], y este tipo de militante es cien veces superior al votante promedio macrista.
En ese sentido, hagamos otro cumplido al kirchnerismo. En el fondo, ni ellos mismos se creen la inmaculada concepción de la mayoría. Lo demostró Fito Páez allá por el 2011, al decir que le daba “asco” la mitad de Buenos Aires que había elegido al macrismo. Lo demostró recientemente Úrsula Vargués: “Un asco de Capital, aguantadero de Cambiemos. Por suerte vivo en Provincia”[4]. Y lo demuestran los K en Tucumán pagando y/o robando votos.
Finalmente, la crisis interna al Frente de Todos (Alberto vs. Cristina) no hace otra que ilustrar una profunda verdad evangélica: “un reino dividido no podrá subsistir”. En ese sentido, 7 ministros pusieron su renuncia a disposición del Presidente. La crisis en el seno del gobierno es muy grave, y esto porque se aliaron para ganar las elecciones, porque les interesaba el poder, pero la tarea de gobernar no se puede llevar adelante con el enemigo en casa. Convendrá recordar, sin embargo, que estas luchas intestinas son peleas por aquella porción pequeña de poder que los organismos globalistas –que están por encima no sólo de los K sino también de Juntos por el Cambio– le permiten tener a ambos. Porque a la hora de votar la Agenda 2030, van a estar de acuerdo. Ahí no hay grieta.
EL FENÓMENO MILEI
Sus formas payasescas atrapan a muchos, quizás más que el contenido. Cabe reconocer que Milei está diciendo cosas coherentes a nivel ideológico. Ha logrado correr el eje de algunos debates. Prioriza hablar de los temas económicos porque son los que mejor maneja: concentra la artillería donde es más bueno.
Aún con sus graves errores (el liberalismo es pecado), está diciendo cosas que la partidocracia no se puede tragar: por ejemplo, plantea abiertamente que los políticos deben bajarse el sueldo a sí mismos. Muchos piensan si, a pesar de esto, Javier Milei constituye un elemento dentro de la llamada “Disidencia controlada”, siendo funcional a la partidocracia perversa. ¿Por qué? Porque Milei sería una voz canalizadora que descomprime la presión y eso al sistema le ayuda: gatopardismo, cambiar algo para que no cambie nada. El tiempo lo dirá.
Lo que no cabe dudas es que Milei es parte de un think tank con peso específico propio, cuyas afirmaciones no pueden ser ignoradas. Lo pueden criticar, objetar, rechazar, pero no pueden hacer de cuenta que no existe. Cabe subrayar también que, en su fama y en el alcance logrado, pesan sus conexiones y para quien trabaja: Milei está bien relacionado con célebres liberales, masones y sionistas. El poder de estos hace posible, en gran parte, su presencia mediática.
En cuanto a los votantes, y esto a partir de una conversación con nuestra amiga Lucía Ezcurra, entre los motivos que explican el éxito de Milei podemos mencionar:
– Un sector conservador cansado del progresismo de JxC, que –sin analizar ni conocer demasiado– lo votó a Milei porque se presenta como provida y porque se presentó junto a Victoria Villarruel, quien es conocida por hablar en los medios de comunicación de lo que nadie quiere hablar en la Argentina: las víctimas del terrorismo subversivo en los años 70’.
– Un sector que económicamente ve que el país se hunde igual con JxC o con los K, y apuesta al liberalismo, pero ve hipocresías en Espert.
– Jóvenes sin formación que ven en el liberalismo de Milei una alternativa al progresismo. En su mayoría desconocen que Milei está a favor de la eutanasia, del consumo de droga (“Si vos te querés suicidar, yo no tengo ningún problema. Drogarte es suicidarte en cuotas”), del laicismo, que integra el Foro Económico Mundial y que fue Asesor del G-20 en el diseño de políticas económicas.
En cuanto a Milei y su entorno, aunque es fácil indicar estos elementos con los resultados en la mano, su éxito se explica por la combinación de estos factores:
– Coherencia con el personaje que interpreta. Directo en las formas de decir las cosas.
– Grupos de poder poniendo mucho dinero para difundir su candidatura y lograr sus apariciones en TV.
– Red de trolls pagos en redes sociales.
EL VOTO CATÓLICO Y EL VOTO PROVIDA: DIVISIONES
Analicemos ahora el voto de los sectores católicos y provida. Gómez Centurión obtuvo casi 80 mil votos. Puesto que su entrada en la política partidaria como candidato estuvo determinada por Cynthia Hotton, esta vez –sin la ayuda de Hotton y sin el apoyo del mundo evangélico– Centurión no pudo sacar más del 1,50% en las PASO, quedando fuera de la posibilidad de presentarse en noviembre para Provincia de Buenos Aires. Sin embargo, en el interior del país, Centurión consolidó una estructura y en varias provincias puede presentarse electoralmente en noviembre 2021.
A pesar de tener propuestas económicas, Centurión hizo hincapié en temas propios de la batalla cultural, en la lucha contra el globalismo y contra la vacunación COVID obligatoria –fue uno de los pocos, si no el único, de los políticos argentinos que habló contra ella–, en el aborto y en la ideología de género. Su pacto con liberales no cayó bien en sectores católicos nacionalistas. Por otro lado, no aplicó estrategias estridentes de comunicación, como sí lo hizo Milei; probablemente no tenga ni el estilo ni las ganas de hacer esas morisquetas.
En cuanto al campo provida, en muchas personas cundía una suerte de resignación: “el aborto ya salió”. Por tanto, votar al NOS no era útil. En efecto, en 2019, Centurión capitalizó un voto reaccionario a las propuestas de legalización del aborto que recrudecieron en el 2018. Es posible que al diluirse el tema, por la nefasta legalización del crimen, se fuera diluyendo también el voto por el NOS.
Los liberales progresistas ganaron mayor popularidad mientras los potenciales votantes de Gómez Centurión se encontraron con un panorama fragmentado: aparecieron otros partidos provida y los votos se dividieron. Así se dio una marcada división del votante católico como también del votante provida, aquellos a los que Centurión podía apelar. Veamos los números en Provincia de Bs. As.:
Hotton 1,45%
Guillermo Moreno 0,96%
Juan José G. Centurión: 0,95%
Alejandro Biondini: 0,60%
Partido Celeste 0,53%
Santiago Cúneo 0,41%
Todos los partidos con principios teóricos perdieron. Todos se eliminaron mutuamente. Lo que nos lleva al siguiente punto.
¿MOVIMIENTO O PARTIDO?
Hagamos un análisis de los partidos que sacaron menos de 1,5% y quedaron fuera de las PASO. Esta vez, el análisis será por cantidad de votantes, a partir de los datos oficiales[5]:
Cynthia Hotton: 120.690 personas
Guillermo Moreno: 80.006 personas
Juan José G. Centurión: 79.423 personas
Alejandro Biondini: 50.395 personas
Raúl Magnasco (Partido Celeste): 43.993 personas
Santiago Cúneo: 34.422 personas
¿Por qué nos enfocamos ahora en la cantidad de personas y no en los porcentajes? Porque quizás aquí está la resolución a nuestro problema. El problema no es sacar pocos votos, el problema es que le demos importancia a los votos y no a la militancia. El problema está en enfocarse en ganar elecciones cuando sería –a nuestro humilde modo de entender– mucho más provechoso enfocarse en la formación de militantes: ¿se imaginan lo que podrían lograr 30 mil personas organizadas? ¿ ¿50 mil personas actuando coordinadamente en las redes sociales, en la calle? ¿60 mil personas colaborando económicamente para la difusión de un periódico? ¿75 mil personas presionando en un hospital, denunciando un aborto? ¿100 mil personas llamando por teléfono al jefe de una empresa que obliga a sus empleados a vacunarse? ¿120 mil personas organizadas militando contra las clases de Educación Sexual? ¡Esto es participación! Miles de personas organizadas podrían impedir un aborto, bloquear los ataques feministas a las catedrales, presionar en los colegios para echar a los profesores que ideologizan, volver inútil el uso del barbijo; miles de familias organizadas podría generar un sistema educativo donde sus hijos fueran bien educados, o una cooperativa de alimentos… La fuerza no está en el voto, la fuerza está la acción inteligentemente coordinada.
Indudablemente, nuestros principios impactan mucho más fuera del sistema que dentro de él.
Por eso, es impostergable la conformación de una militancia que esté dirigida a formar un movimiento, dispuesta a realizar un trabajo público en la calle y redes sociales, bajo la consigna dogmática de “decir la verdad”, sin complejos de inferioridad, en el marco de un trabajo organizado y no anárquico. Debemos forjar un militante que acepte cumplir y formar parte de un sistema de trabajo, sin temor a ser llamado extremista, sin liberalismo apátrida y antinacional, que esté interesado en aprender, argumentar y contraatacar, que no se resigne a una mera resistencia pasiva, que no invoque el Apocalipsis como excusa para no hacer nada. El Padre Castellani decía que no debemos “poner los ojos en el Poder a corto plazo” sino ponerlos “en la Verdad a largo alcance”.
Así como parece prácticamente imposible hacer política partidaria sin dinero y sin un sector productor de dinero -con intereses- que apoye, que abra puertas, que financie y dote de equipos necesarios, es totalmente factible organizar un movimiento no partidocrático que –trabajando coordinadamente– vaya cumpliendo objetivos.
FRENTE DE TROSKOS
La izquierda siempre se mantiene fija, con sus votantes fijos. En las redes sociales, predomina cierta burla al respecto, propia de liberalotes que nunca en su vida militaron (y que probablemente no militarán): se ríen de los troskos porque Bodart, Del Caño, Castañeira y Bregman sacaron 5% o menos.
Mofarse de los resultados electorales de la izquierda revela un frágil análisis político. Nosotros, católicos y nacionalistas, combatimos la ideología marxista, que es anticristiana y antipatria. Pero no pensemos que esa militancia (aborto legal, separación iglesia estado, feminismo, ideología de género, legalización de las drogas, eutanasia, etc.) no tiene impacto en la realidad: claro que lo tiene. Lo que pasa es que el liberalote ve sólo números, y para él la realidad política se cristaliza en guarismos. La izquierda (tanto la K como la no K e incluso la anti K) ve más lejos, y sabe que ese 5%, 4%, 3%, 2% o 1 % son decenas de miles de militantes, organizados, estructurados, dispuestos a defender sus posiciones ideológicas en la calle, en el colegio, en el centro de estudiantes, en el sindicato, en el trabajo, en el poder judicial. Del Caño fue votado por 432.923 personas (5,22%), de las cuales la enorme mayoría son militantes organizados y estructurados. Comparemos esto con el 4,87% de Espert: prácticamente la misma cantidad de votos, pero el votante promedio del candidato liberal no saldría a marchar, a pintar, no participaría en actos, no bancaría una discusión política en las redes o en la calle.
Son la militancia del mal, la militancia del marxismo leninismo que asesinó a millones de personas, de acuerdo… pero militan. Si me perdonan el argentinismo, laburan. Y como dice Jean Ousset en su libro “La Acción”: Dios no niega al impío el fruto de su trabajo. Así que en vez de reírnos porque Castañeira no alcanzó el 1,5%, en vez de tomarle el pelo a Del Caño por llegar al 5%, nos vendría bien aprender de estos adversarios que –aún al servicio de sombrías causas– llevan adelante una militancia sostenida en el tiempo, sin bajar los brazos e inaccesibles al desaliento.
LO QUE NO SE DICE
“Los diarios comen con lo que dicen y engordan con lo que no dicen”, decía mi abuelo. De las elecciones podemos decir algo parecido: es más importante lo que ocultan que lo muestran. ¿Qué es lo que ocultan? ¿Qué temas son los que quedan fuera de foco? El análisis electoral lo ocupa todo. Por eso, nos preguntamos, ¿cuáles son los hechos verdaderamente determinantes que al gran público se le ocultan?
Un bebé de 6 meses de gestación acaba de ser asesinado en Tartagal, Salta, por una médica abortera.
Los kirchneristas realizaron un homenaje a la banda terrorista Montoneros dentro de la Casa de Tucumán.
La población viene siendo sistemáticamente engañada en base a falsas cifras de contagiados y muertos atribuidos al COVID;
No se cuestionan las medidas absurdas sanitarias, que todavía siguen vigentes, tales como el uso de barbijos. En pleno domingo electoral, se organizaban filas afuera de los colegios “por el covid”. Sin embargo, al mismo tiempo los bares llenos, los gimnasios y cines abiertos, los vuelos de cabotaje llenos.
No se cuestiona la aplicación de las vacunas contra el COVID: Un empresario fuerza a sus empleados a vacunarse. Uno de ellos muere a causa de la vacuna. ¿Cuál sería la responsabilidad legal y jurídica de este empresario?
Nadie critica los procedimientos y fines de la democracia: nadie critica la idea de que confiemos el interés público a quienes jamás confiaríamos nuestros intereses privados;
Nadie cuestiona que se utilice a la mayoría como criterio de elección;
Nadie cuestiona el sistema bancario y la producción de dinero de la nada;
Nadie cuestiona que la economía financiera esté prevaleciendo por sobre la economía real;
No se cuestiona el sometimiento del a Argentina al Nuevo Orden Mundial.
Como conclusión, es imperativo formar un movimiento que tenga como consigna decir la verdad. Si sólo unas pocas personas perdieran el temor a decir la verdad, el programa de intimidación cultural se volvería inútil en ese mismo instante. Digamos la Verdad, porque sólo Ella nos hará libres, y todo lo demás se dará por añadidura.
Deploramos al murmurador, al que habla mal de otro a sus espaldas, al que difunde versiones no confirmadas, al que revela lo privado sin necesidad pública. Pero hay otro cáncer de la sociedad que es el profesor, el periodista, el abogado, el docente cuando hablan desde un lenguaje contaminado e intoxicado por la ideología. Incluso el médico.
La pragmática es aquella rama de la lingüística que estudia el significado de las palabras, los textos, discursos y argumentaciones, en un contexto determinado, considerando sobre todo cómo los elementos extralingüísticos y “las situaciones comunicativas” determinan o influyen notoriamente sobre la interpretación de esas palabras.
Así, por ejemplo, desde la pragmática se puede analizar el efecto que –dado determinado contexto– los vocablos tienen en las personas.
Ese efecto puede ser en la mente (moviendo a quien lee o escucha a incorporar determinada afirmación) o en la conducta, moviendo al otro a realizar una acción.
Pongamos el caso de lo que pasa con la locución Muerte Digna. El impacto que tenga estas palabras en nuestros oídos será muy distinto según el contexto: si tenemos un familiar postrado muy probablemente no sentiremos ni entenderemos las mismas cosas. Por supuesto, a pesar de todo, “muerte digna” suena mejor que “eutanasia”, y escuchar la primera opción de boca de un médico –nada menos– es más tranquilizante para la pobre familia que hace meses, quizá años, tiene postrado a un ser querido, amigo o pariente.
“Creo en la calidad de vida y no en la extensión” puede decir el doctor, y no yerra al pronunciar esas palabras. No al menos si se las toma literalmente. En efecto, hay que tener mucha maldad para desear a alguien una muerte sin dignidad. Pero lo cierto es que, en la actualidad, hay que tener cuidado con estos “buenos deseos”, hay que filtrarlos, hacerlos pasar por un examen. Porque de lo que se trata no es sólo “de las palabras” en su comprensión literal e inmediata sino de aquello a lo que estas remiten; de lo que se trata sobre todo es de aquellas acciones a donde –por poner un ejemplo– quien pronuncia “muerte digna” nos quiere llevar.
El indicio más claro de que algo huele mal con “muerte digna” es que médicos y abogados no explican casi nunca las cosas con claridad, y apelan a frases o giros que, cual anestesias morales, simplemente consuelan a la familia –ya de por sí vulnerable ante una situación extrema– de que así será mejor para que la persona “no sufra más”. Por eso al toro hay que tomarlo por las astas mucho antes, cuando no estamos todavía en esa situación dramática, e informarnos debidamente.
Vayamos a eso, y el lector mismo podrá comparar este artículo con lo que haya oído por parte de los médicos o del abogado que le contó que hoy, por fortuna, en la Argentina existe “la muerte digna”.
Empecemos definiendo con claridad las palabras.
Provocar la muerte de una persona inocente es un asesinato, y los dolores extremos que pueda estar sufriendo –dolores que no le deseamos a nadie– no cambian esta verdad, dura como la piedra. Ahora bien, tampoco negaremos que vivir postrados por una enfermedad durante meses es algo espantoso para la persona y, sobre todo, para la familia y sus amigos. Cuando las perspectivas de recuperación son tan escasas, cuando el tiempo de internación no deja de extenderse, cuando el desgaste del cuerpo de nuestro ser querido y el impacto de la enfermedad o malestar lo resiente tanto, por la cabeza de cualquiera puede pasar el pensamiento de que Dios se lo lleve en paz y cuanto antes.
Pero por otro lado está el valor de la vida, no somos los dueños de ella, ni de la propia ni de la ajena. No podemos matar, mucho menos el médico quien expresamente juró abstenerse de utilizar su ciencia para provocar la muerte: acabar con su sufrimiento acabando con la persona no es una alternativa, dado que un fin bueno no justifica el uso de medios criminales.
Estos casos límite, sin embargo, pueden ser resueltos a la luz de otro principio –propio de la ética y, concretamente, de la ética médica– que permite vislumbrar la salida a este atolladero: el principio de la proporcionalidad. En efecto, si para alargarle la vida apenas unas semanas a mi abuelo, que ya tiene varios meses de internación, debo consentir que se le realice un tratamiento que lo hará sufrir indescriptiblemente y que arrojará una pequeña extensión de la vida, ¿no estaremos acaso fallando con los medios? El medio es muy cruento y el fin que se obtendrá es, con toda probabilidad, magro. En circunstancias así, desde la ética médica se considera lícito no procurar el sostenimiento de la vida más allá de sus posibilidades naturales que el propio cuerpo pueda ofrecer. Como consecuencia, no es obligatorio procurar el mantenimiento de la vida más allá de sostener las funciones vitales.
Pero atención: esto no es eutanasia. Porque eutanasia es matar, y matar es una acción positiva contra la vida de un individuo, es hacer algo para que muera. Ahora bien, no procurar el mantenimiento de la vida con instrumentos excesivos es una cosa; realizar una acción positiva contra la vida es otra. La primera es un “no hacer”, la segunda es un “hacer”. Cuando el médico deja a Dios ser Dios, entonces simplemente procura sostener las funciones vitales de la persona, sin lo cual moriría irremediablemente. Quitar lo vital es el equivalente a matar (porque el nexo es necesario), pero no procurar aquello que sobrepasa lo vital no es matar aunque se pueda prever un desenlace fatal que, sin ser buscado, es tolerado en atención a las circunstancias extraordinarias. Pero tampoco es eutanasia, no es un asesinato. Es dejar que la naturaleza siga su curso, luego –por supuesto– de que se hayan agotado todos los medios lícitos y proporcionadamente eficaces.
Pero a los guerrilleros del lenguaje no les importa esto.
No les importa entenderlo, ni explicarlo, ni traer a las familias la paz de la verdad en la justicia.
Actúan, y se nota, como simples repartidores de anestesias: venga, pase, y le doy gratuitamente un comprimido de retórica vacía sobre muerte digna, para que yo pueda matar a su familiar, usar la cama para otra persona y usted se vaya tranquilo a su casa creyendo que es bueno.
Cuando no explican claramente, atención, porque es muy posible que estén engañando.
El complejo drama moral que acabamos de describir es barrido de un plumazo por el uso sistemático y a-lógico de la palabra “muerte digna”. Queremos que los pacientes no sufran, queremos que mueran dignamente. Nobles palabras que pueden esconder una oscura intención: la de convertir al médico en un dios, con potestad suficiente para decidir sobre cuánto debe vivir esa madre, ese abuelo, ese joven. Con el Poder sobre la Vida y la Muerte, sustrayendo –una vez más– el fruto del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal.
Así, deificados ya el médico asesino y el abogado sofista, uno puede aplicar la eutanasia y quitarle la vida a una persona en estado terminal, indefensa. El abogado, por su lado, invoca el nuevo Código Civil y Comercial, etiqueta esta acción con el molde de “muerte digna” en vez de “eutanasia” para –conocedor de la pragmática– suprimir las dudas de conciencia y que no suene mal. Las películas o series de Netflix hacen el resto, y entonces tenemos un asesinato que se realiza en nombre de la misericordia. Se ha manipulado la culpa de esa hija doliente, de ese hermano que sufría por ver a su hermano en coma, y se la ha asestado el golpe mortal al enfermo. Se ha adelantado la muerte de un inocente, y las perversas racionalizaciones están a la orden del día.
Ese es el poder de la palabra cuando obedece al Reino de las Tinieblas.
Afortunadamente, la Iglesia misma definió –con autoridad infalible– que la eutanasia es un pecado mortal, y basta. Así consta en el documento Evangelium Vitae, de Juan Pablo II, n° 57 y, especialmente, en el n° 65: “de acuerdo con el Magisterio de mis Predecesores y en comunión con los Obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana”. Los fieles ya tienen la respuesta por adelantado, por fe en Dios –el único Infalible– pero luego deben ejercitar su razón, estudiar, para llegar a la misma conclusión pero por el laborioso camino del raciocinio. Porque lo que Dios revela a través del Magisterio de la Iglesia nunca contradice –no puede contradecir– aquellas verdades racionales.
La realidad del dolor, consecuencia del pecado, por momentos desafía ciertamente nuestra razón porque la inteligencia humana tiene por objeto el bien, el ser. Pero el pecado, el mal y en cierta medida también el dolor son un no-ser, reacios a la captación intelectual directa. Sin embargo, Nuestro Señor con su Dolor le da sentido al dolor humano. Esta es la salida a las encrucijadas en las que la falsa ciencia médica o jurídica nos ha colocado: aceptar el dolor como voluntad de Dios, y entender que éste no tiene la última palabra.
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Adquirí el primer libro del Lic. Juan Carlos Monedero: “LENGUAJE, IDEOLOGÍA Y PODER”, tomo I, con prólogos del R. P. Alfredo Sáenz y el Dr. Antonio Caponnetto. Ilustraciones: José Antonio Van Tooren.