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Acá te compartimos unos bocaditos de esta excelente publicación. A continuación podés descargar cualquiera de los siguientes textos:

“Sobre la Acción”. Se detallan criterios y explicitan formas de actuar, católicamente, en el mundo secular. Especialmente se alerta contra la tentación de hacer algo rápido en vez de actuar considerando el plazo mediano y largo.

“Sobre la Revolución”. Brevísimo artículo que detalla los rasgos esenciales de la Revolución Mundial Anticristiana y señala sus eslabones con claridad: Renacimiento, Reforma Protestante, Revolución francesa, Comunismo.

“Hemos leído…”. Se comentan distintas noticias de la época (1962), entre ellas, la promoción de la anticoncepción por parte del gobierno británico de ese entonces. Interesante especialmente para quien quiera estudiar la mentalidad antivida desde sus inicios.

“Discurso de S. Emcia Rvma. Cardenal Alfredo Ottaviani” (1961). Desgrabación textual de la encendida prédica del destacado prelado tradicionalista. Las palabras del Cardenal Ottaviani fueron dichas con ocasión de la fundación de la Escuela de Ciudadanía Cristiana, cuya divisa era “Pro bono communi”.

“Campaña de 3.000 misas”. Información sobre las misas celebradas por el Reinado Social de Cristo en los años 60′ del siglo XX.

 

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Nueva Derecha: De la Contrarrevolución al Liberalismo

Nueva Derecha

De la Contrarrevolución al Liberalismo

El video cuenta con:

  1. Introducción y presentación del Dr. Antonio Caponnetto.
  2. Ponencia del Dr. Bruno Acosta Pastore.
  3. Ponencia del Lic. Juan Carlos Monedero (h)

DESGRABACIÓN DE LA PONENCIA DEL LIC. JUAN CARLOS MONEDERO (H)

La historia que les voy a contar explica cómo buenos padres de familia, buenos docentes y buenos católicos –cuyas bibliotecas contienen obras de Meinvielle, Castellani, Sacheri, Genta, el Cardenal Pie, León XIII, San Pío X y otros grandes papas– fueron manipulados.

La desesperación política no es buena consejera y, aunque comprensible desde la debilidad humana, no es justificable.

Décadas de progresismo rampante y desvergonzado… abandono cuando no apostasía de cierto clero frente a la descomposición de la sociedad… corrupción de nuestros hijos a través de la ESI y otras leyes inicuas… persecución y hostigamiento de las fuerzas católicas y patrióticas… Guerra Psicológica contra las Fuerzas Armadas por su lucha contra la subversión en los años 70’… Todo esto tuvo su impacto. Muchos creyeron que para frenar al monstruo gramsciano había que unirse con los liberales, con las derechas, con los conservadores, que al fin y al cabo no se tiñen el pelo de azul, no llevan un pañuelo verde abortero en las muñecas, no son comunistas. Que al fin y al cabo –si se nos permite un término poco académico– no son zurdos.

Te presentamos a Miklos Lukacs, director de Tecnopolitea y quién será el encargado de dictar el nuevo curso: Conservadurismo Político: origen, procesos y fundamentos. El curso se realizará los días 9 y

Por eso, y si enfocamos especialmente en nuestro espacio (católico, tradicional, nacionalista, defensor del interés nacional, provida, profamilia) lo que estamos viviendo en estos momentos –un presidente anglófilo, apóstol de una ideología anticristiana como es el Liberalismo, que admite ser “un topo” que viene a destruir el Estado, entre otras muchas cosas– no es solamente el desenlace de una mera contienda electoral. No estamos negando que lo sea. Lo es. Pero hay algo más.

Lo que estamos viviendo en estos momentos es un lento proceso que se viene incubando al menos desde hace una década. Una paciente y sigilosa reconfiguración política que busca convertirse en metamorfosis cultural hasta lograr lo siguiente: el que tenga éxito económico debe obtener el derecho y la patente de humillar al que tiene menos. O dicho en otras palabras: Si cobras poco, por algo será. Si como empresa quebrás, es porque merecías quebrar, fracasado. Una suerte de Evolucionismo Darwinista aplicado al orden económico. Esta es una de sus primeras características.

De la Contrarrevolución Católica al Liberalismo. Se trató de un largo proceso. Observémoslo en cámara lenta, a fin de poder entenderlo. Mirémoslo especialmente desde las redes sociales: lo que empezó siendo un simple “reenvío un video debate sobre el aborto” terminó en Casa Rosada. Es importante entender porqué y cómo. La Nueva Derecha fue la que puso a Milei en la Rosada. ¿Cómo lo hizo? La Nueva Derecha –que es Liberal– practicó el viejo arte del entrismo. De “entrar”.

Samuel Ángel Ft. Agustín Laje y Nicolás Márquez - Desenmascarando la ideología de género - ANTI FAKE NEWS - Podcast en iVoox

¿Cómo hicieron esto los divulgadores neoderechistas? ¿En qué consiste este entrismo?

Los distintos divulgadores de la Nueva Derecha se posicionaron y comenzaron a existir en nuestros medios citando a nuestra gente, nuestros intelectuales, nuestros divulgadores. La metodología era simple, elemental: “todo lo que vaya contra la izquierda, se apoya”. Es la política de Hagamos bulto. Hay que hacer bulto.

Es una tentación.

Suena bien. Especialmente si estás desesperado.

Es un argumento cuantitativo, accesible a todos.

Hasta suena magnánimo: “dejemos de lado las pequeñas diferencias y vayamos contra el enemigo común: la izquierda”. O el marxismo cultural, el progresismo, el aborto, la ideología de género. Lo que toque en el momento.

No sólo fue la Nueva Derecha. También los liberales, paulatinamente –el proceso es paulatino– fueron entrando en nuestro ámbito citando personas que eran referentes calificados y respetados por nosotros. Y hay que reconocer que nuestra gente es muy verticalista. Eso nos hace predecibles y, hasta cierto punto, vulnerables. El respeto por la autoridad intelectual –muy cultivada en nuestro espacio católico contrarrevolucionario– puede volverse contra nosotros. Entonces, difundieron a NUESTROS autores desde páginas liberales y así los lectores incautos iban cayendo, uno tras otro.

BASTA!! Tu vida esta en juego y es hora de defenderse

Rápidamente quedó en evidencia, para el ojo crítico, que estos artículos que se difundían en páginas liberales tenían la función de servir como “escudos”. No era tan importante lo que decían. Importaba más quién lo firmaba y cómo aprovechar mediáticamente el nombre de los firmantes. ¿Se acuerdan de El Caballo de Troya?

Hubo sin dudas una capitalización política de nuestro arsenal cultural. Lo hicieron con muchos intelectuales y divulgadores. Lo hicieron o intentaron hacer por ejemplo con Antonio Caponnetto, a pesar de que él resistió abiertamente este intento de envolvimiento. Así, los sitios liberales divulgaban un lunes textos católicos y nacionalistas, un miércoles publicaban artículos conservadores y un viernes artículos de liberales y masones. Todo igual. Todo al mismo nivel. El mensaje estaba como encriptado en esta metodología del revoltijo; encriptado en el modus operandi mismo. Si la misma persona que con una mano organizaba el Rosario de Hombres en algunas ciudades, con la otra mano articulaba conferencias donde los oradores eran influencers liberales y capitalistas, el mensaje implícito era muy claro: se puede ser católico y liberal, se puede ser católico y procurar la máxima rentabilidad sobre las espaldas del interés del prójimo. No hay problema con eso. Son asociaciones simbólicas, al igual que ocurría con los artículos y videos.

CRUZADA MUNDIAL DEL ROSARIO DE HOMBRES El sábado 8 de Octubre hombres de todo el mundo nos arrodillaremos ante nuestra madre para rezar el Rosario. Más de 30 países confirmados de todos

¿Qué es lo que terminaba ocurriendo? El lector u oyente promedio, sediento de algo que no sea la náusea lesbomarxista que lo venía tiranizando desde hace años, aplaudía incondicionalmente estos artículos. Eran las gotas de agua en el medio de un desierto femibolche. Estaban citados –junto con liberales y masones– sus autores de referencia. Y la conferencia de Milei el viernes tenía que ser buena porque los mismos que la organizaron promovían el Rosario de Hombres el miércoles. ¿Cómo no confiar?

Video: El nacionalismo católico NO puede ser peronista. Por Antonio Caponnetto - Prensa Republicana

Foto: Antonio Caponnetto. Fue uno de los intelectuales católicos argentinos que nunca se plegó al mileísmo y que denunció la propaganda pro liberal desde el comienzo.

Los que –con mayor sutileza– cuestionaban las ideas liberales de estos artículos comúnmente eran neutralizados bajo el argumento de “Ey, al menos le pegan a la izquierda”. También: “Ey, son liberales pero nos dan espacio”. “Sí, son liberales pero van contra el aborto”. Muchos se acostumbraron a soportar primero esto, a tolerarlo después y con el tiempo en muchos ambientes se naturalizó.

Milei-javier-olivera-ravasi-agustin-laje-nicolas-marquez

Como si ser liberal no fuera suscribir una ideología anticristiana sino preferir la playa como lugar de vacaciones en vez de la montaña.

Como si ser liberal no fuera aceptar que se pague sueldos miserables a jubilados, médicos y docentes con tal de no afectar un supuesto superávit fiscal.

Como si ser liberal no fuera poner la libertad antes que la Justicia, y la ley positiva antes que la ley natural.

Como si ser liberal no fuera procurar la rentabilidad máxima a costa de las espaldas (ya deterioradas) de los trabajadores.

Como si ser liberal fuera una opción lícita dentro de un abanico amplio.

Fue una obra de la propaganda política con calculados barnices psicológicos.

Una nueva ventana de Overton. Primero era impensable, luego se soportó, finalmente se volvió natural y ahora se promueve alegremente, ¡y hasta se festeja! En definitiva, si los liberales nos promueven algunos artículos, si nos citan en sus trabajos, “no pueden ser tan malos”. Se trata del fenómeno de la asociación simbólica: acostumbramiento psicológico y moral al liberalismo. Gotita a gota, nos fueron rodeando. Nos quisieron envolver. El goteo liberal. Una buena estrategia de marketing, debemos reconocer. Muchos cayeron en la trampa.

Lo cierto es que usaron los nombres de intelectuales católicos, patriotas y nacionalistas como COARTADA.

De a poco –por eso decimos que este proceso lleva al menos una década– los liberales fueron generando un cierto prestigio DENTRO de los espacios contrarrevolucionarios católicos. Fueron invitados, entrevistados, los intelectuales católicos les prologaban sus libros, los libreros los vendían… se fueron mimetizando.

MILEI LANZA SU CAMPAÑA EN EL PROGRAMA DE DANANN | Emmanuel Danann 🐍

Sin embargo, también lentamente, ciertos hombres lúcidos comenzaron a darse cuenta de que la Nueva Derecha –tan verborrágica– mantenía un llamativo silencio sepulcral. Tenía temas de los que no hablaba. Es importante considerar “Lo que no dicen”. No denunciaban la Masonería. No denunciaban la injerencia inglesa en el país. No denunciaban la usura. No denunciaban la dependencia económica respecto de potencias extranjeras o de corporaciones que se manejan al margen del Bien Común. No militan una mejor distribución del ingreso. No militan contra las desigualdades injustas. No condenaban el desguace económico del último gobierno militar. No hablaban de la Deuda Externa.

Un llamativo silencio, una resonante ausencia –por no decir agujero– caracterizaba sus discursos, sus videos, sus artículos.

Foto: Sergio Castaño. Otro intelectual católico argentino que, con fecha cercana a las elecciones presidenciales, llamó la atención sobre la penetración del liberalismo en filas católicas.

Lo más terrible de todo esto es que, en gran parte, fueron muchos católicos bienintencionados los que –apoyando a estas personas liberales por las cosas buenas (repito, por las cosas buenas) que tenían, y haciendo una reserva mental respecto de sus errores– terminaron encumbrándolos. Terminaron posicionándolos en la arena pública. Les allanaron el camino.

En muchos se toleró la coexistencia con la ideología anticristiana del liberalismo. Otros, con toda probabilidad, vieron en el auge de los neoderechistas la posibilidad de integrarse a ellos y así lograr mayor cantidad de visualizaciones en Youtube, beneficiando así sus propios proyectos. Y sabemos que a mayor mediatización, más dinero.

Cuánto paga YouTube por visualización? | Finetwork

Pero muchos otros católicos –digámoslo– no entendían siquiera qué era el Liberalismo. ¡Terrible! No es que lo toleraron. Es que no sabían o no tenían en claro que era una ideología condenada por el Magisterio de la Iglesia. Les hablamos también a ellos en especial. A los que fueron engañados.

A los que les vendieron que “ser liberal” es bajar impuestos injustos.

A los que les vendieron que “ser liberal” era frenar la corrupción de la obra pública.

A los que les vendieron que “votar liberales” era la manera de derogar el aborto… y después observaron con indignación reprimida cómo el oficialismo de Milei se aliaba con los liberales progresistas de Juntos por el Cambio (que votaron el aborto en 2020), sin los cuales la gobernabilidad hubiese sido imposible.

A los que les vendieron que el “mal menor” o “el bien posible” era un camino hacia algo mejor.

A los que engañaron –¡otra vez!– con el cuentito de que “hay que entrar en el sistema” porque “hay que hacer algo”.

Pablo Munoz Iturrieta على X: "Mañana @JMilei asume como presidente de la Argentina 🇦🇷. Coincidimos en dos conferencias durante el 2022, cuando nadie se imaginaba que sería Presidente, pero donde curiosamente @jeancarlopmag

En resumen.

Resultó entonces que infinidad de católicos calentaron la pava. Y los liberales fueron los que se terminaron tomando el mate.

En efecto, en 2023 una gran cantidad de gente apoyó en el ballotage a la opción electoral que prometía derogar el aborto. Imaginen sus sentimientos cuando, en febrero de 2024, el vocero del gobierno Manuel Adorni sostuvo públicamente: “la derogación del aborto no forma parte de la Agenda”. 

Imaginen sus sentimientos cuando el propio presidente dijo, entrevistado en mayo 2024, que “la derogación del aborto no fue parte de las promesas de campaña” (puedes escuchar el video en Twitter aquí). Para contener y evitar una sangría de los votantes provida, Agustín Laje se atajó y dijo que “con 8 años de Milei” seguramente se lograría conseguir el apoyo político para derogar el aborto… Es tremendo realizar estas especulaciones políticas mientras aquí, a 500 metros, a 1000 metros, se siguen matando niños por nacer al amparo de una ley inicua que la mayoría de senadores y diputados –al igual que un Viernes Santo, hace 2000 años– determinó por voluntad popular.

Es complicado, estimados amigos.

Es una maquinaria compleja de desarmar, de entender, en donde se cruza lo personal y lo político, lo doctrinario y lo prudencial, la humana desesperación y al mismo tiempo la fe en el Bien, que es Dios mismo, aún cuando terrenalmente uno no vea esperanzas.

Para ser justos, digamos que, en definitiva, enfrentamos a algo que es más grande que el propio Milei: el sistema político-económico-mediático-cultural que hace posible que grandes barbaridades y terribles crímenes adquieran legalidad con tal de que sean votados por mayoría de diputados, mayoría de senadores y luego aprobado por el Poder Ejecutivo.

Foto: Guillermo Rojas. Sus artículos también contribuyeron a levantar la guardia contra las derechas liberales y los globalismos de pro-sionistas.

Se trata de un sistema complejo, no homogéneo.

Un sistema que muestra sus dos caras: ora progresista izquierdosa, ora liberal economicista, pero que siempre conspira contra el bien común y el interés nacional, y que –con el corazón a la izquierda pero la billetera a la derecha– milita activamente por destruir lo que queda del Orden Social Cristiano.

Crítica a la "Nueva Derecha": La descristianización de la batalla cultural - YouTube

Foto: Dante Urbina. Sus trabajos también contribuyeron a alertar sobre el peligro del liberalismo conservador y su penetración en ambientes católicos.

Por eso es que es tan importante aprender de los errores. La situación que estamos viviendo sólo tiene sentido si se reconoce que se ha fallado, si quienes fueron ganados por la desesperación política –no habiendo sido prudentes– piden perdón y trabajan (junto a nosotros, esperamos) para rectificar el camino. Afortunadamente, Fernando Romero Moreno (principal intelectual católico que militó el voto a Milei en el ballotage, cuando la opción enfrente era Sergio Massa) acaba de hacerlo desde sus redes sociales. Acaba de reconocer que el kirchnerismo progresista y el mileismo son igual de indignos y repugnantes. Esperamos que otros divulgadores cercanos sigan su ejemplo. No basta el silencio. No es suficiente con la comodidad del silencio. Errar no nos descalifica. Pero no reconocer el error cuando el mismo es patente, sí.

Que todo esto haya servido para algo.

Debemos entender que el combate al progresismo no habilita cualquier tipo de alianza, sobre todo si tal grupo niega los principios más elementales del orden cristiano, como es el caso de los liberales y peor aún de los libertarios. Ya lo decía Castellani en San Agustín y Nosotros: liberalismo y marxismo “son dos herejías”.

Deseamos concluir con las siguientes afirmaciones:

  • Un sacerdote católico puede equivocarse cuando habla de política. Muchos apoyaron (dentro y fuera del país) estas opciones liberales y pro-sionistas a pesar de constantes y reiteradas advertencias. Ahora, cuando la genuflexión del Jefe de Estado para con Israel es patente, se hacen los distraídos y hablan de la Edad Media, el trivium. Pero en realidad, estos males ya se incubaban desde el principio y ellos no quisieron verlos.
  • Un Veterano de Guerra de Malvinas es admirable por su sacrificio, su entrega, su honor y su coraje pero esto no significa que sus opciones políticas sean infalibles. Su aptitud y conocimiento técnico-militar, su conocimiento y experiencia de 1982 los convierte en una autoridad a la hora de hablar de la Guerra y de la Gesta. Pero esto no quiere decir que su palabra sea santa si se decisiones políticas se trata.
  • Cuando católicos y liberales entablan alianza, o bien dirigen los católicos o bien dirigen los liberales. No hay otra posibilidad. Sólo está permitida –como dice Félix Sardá y Salvany– una alianza donde los católicos dirijan la acción y los liberales acompañen. Sólo en esta circunstancia concreta. Sin embargo, el propio sacerdote español no deja de decir que la misma ni es recomendable ni puede ser permanente en el tiempo. Hay que señalar que –en el caso concreto que analizamos– sucedió exactamente lo opuesto. Los católicos fueron a estructuras liberales, conducidas por liberales, financiaron candidatos liberales, militaron el voto para gobernantes que llevaron adelante políticas de gobierno liberales. En conclusión: los que “llevaron la voz cantante” fueron… los liberales. Políticamente fue un error inmenso. Moralmente, fue cooperación material.
  • El que se acostumbra a tolerar, ya está listo para permitir. Ocultar o disfrazar una ideología anticristiana como es el Liberalismo, teniendo en la mente la idea de así poder escalar y ser política o socialmente más influyente, es una praxis que debe ser seriamente estudiada, puesta sobre la mesa, blanqueada, para luego realizar un juicio moral sobre la misma. Desgraciadamente, creemos que se trata de una práctica muy habitual.
  • Hay un vacío muy grande en una gran cantidad de personas respecto de lo que debe ser, como ideal, una economía y una política católica. Seguramente los oyentes han asistido o escuchado en los últimos años 5, 10, 20, 50, 100 conferencias o videos sobre el aborto y sobre la ideología de género. Lo cual está muy bien. Sin embargo, ¿cuántas conferencias se organizaron para hablar de la Doctrina Social de la Iglesia? ¿Cuántas para hablar de un Orden Social Cristiano? ¿Cuántas veces escucharon ustedes propuestas de soluciones o iniciativas para intentar “restaurar todo en Cristo”, como dice San Pío X? Estamos seguros que por cada una de ellas, si es que hubo alguna, se enteraron de 1000 actividades vinculadas a la familia, la vida y la cultura. No estamos diciendo que eso esté mal. Nosotros mismos hemos fomentado todo eso. Pero hay un hueco. Hay un agujero, una cavidad. Hay una vulnerabilidad ahí, y por ahí se coló el Liberalismo, por ahí se coló la Nueva Derecha y la propaganda sionista, engañando a muchos. Por eso, debemos exterminar la imbecilidad gigante de “No soy liberal en lo moral pero sí en lo económico”. ¡Como si lo económico estuviese divorciado de lo moral, señores!
  • A fuerza de no pecar contra la justicia, queremos enfatizar este importante matiz: no todos los que se sumaron a la ola violeta liberal libertaria fueron cínicos o mercenarios. Estamos convencidos de que muchos fueron simplemente engañados. Sin embargo, el resultado fue el mismo: un terreno cedido y un enemigo instalado dentro de casa. Y con ayuda de católicos, lo cual es mucho peor.
  • Debemos enseñar y hacer incorporar a nuestros alumnos una verdad de puño: no todo el que dispara contra la izquierda es nuestro aliado. Hay que insistir y saber como el Padrenuestro que si ocultamos la doctrina católica sobre el liberalismo en nombre de “la urgencia”, lo que terminamos cambiando es la Verdad por “la eficacia”. Más tarde que temprano, nos vamos a terminar quedándonos sin una y sin la otra, como bien enseñó Chesterton.
  • No reduzcamos la política a lo cuantitativo. El buen gobierno, la buena política, la buena educación es, ante todo, un hecho CUALITATIVO. Por eso, el gran olvidado en estas “batallas culturales” no es el enemigo: es el propio tesoro doctrinal que dormita en nuestros estantes, sin ser estudiado, sin que se intente aplicar, sin que se articule una estrategia para persuadir y así convencer a los miles y miles de argentinos –y también hispanoamericanos– del deber de militar una reconquista del orden temporal con todos los medios lícitos y eficaces al alcance, sin caer ni en la desesperación ni en el activismo.

 

Con estas ideas en mente, resumimos.

Identificar bien la situación.

Hacer una lectura política compleja, sin reduccionismos.

Entender a los que fallaron con buena voluntad, abriendo la puerta a los que –con magnanimidad– reconozcan sus fallas.

Señalar a los enemigos y al sistema que los hace posible.

Llamar a la unidad en la verdad y en la militancia.

Humildemente y para terminar queremos respaldar la idea de constituir un movimiento –que figuras como el juez Alfredo López, el Mayor Hugo Abete, entre otros, vienen difundiendo– para procurar la victoria de nuestros principios y su aplicación práctica (si no a nivel nacional) al menos en el seno de cada uno de nuestros cuerpos intermedios, nuestras empresas, colegios, sociedades y familias.

Muchas gracias.

 

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La confusión está clarísima: A propósito de Rigoberto, La Derecha Fest, Michalski, Tenembaum y Gravia

La confusión está clarísima: a propósito de Rigoberto, La Derecha Fest, Michalski, Tenembaum y Gravia

Comentario al video de Nahuel Michalski sobre la entrevista de Tenembaum
y Gravia al influencer Rigoberto Hidalgo

 

Hola Nahuel, con mucho respeto quiero hacer algunas observaciones.
Creo que hay que distinguir entre el valor de verdad de las frases de Rigoberto y la fundamentación (correcta o no, discutible o no) de lo que dice Rigoberto. El punto (o uno de los puntos neurálgicos, a mi modo de ver) es si la naturaleza es base de derechos.
Todos estamos de acuerdo (salvo algunos hiper progresistas) en que un varón es un varón y una mujer, mujer. El punto es si los derechos (el deber ser) se pueden inferir de lo que es (el ser). Es innegable que hay dos sexos. Tanto es así que el propio Tenembaum dice “Hay dos sexos” y lo tiene que reconocer (1:10:55) medio a regañadientes. Vos mismo Nahuel lo reconoces en 1:12:50. El punto es si, entonces, en qué medida se puede inferir o no derechos de la naturaleza, de la conducta biológica, etc. Y si es lícito, o no lo es, inventar derechos que igualen lo que es natural con lo que no lo es.
Dejame hacerte otras observaciones.
1-Tenebaum y Gravia no reciben, con toda probabilidad, ningún soborno. Simplemente hacen periodismo y le dan pantalla a aquello que está en la boca de la gente (o que ellos creen que lo está). Y dado que Milei es extremadamente popular, entienden que hay en cierto modo una transferencia de popularidad hacia Rigoberto.
2-La Biblia no dice que no existen los dinosaurios.
3-Me gustaría entender porqué planteas que el Diluvio no existió. En un momento deslizas que científicamente está demostrado que no existió. Me gustaría interactuar con esto.
4-Decir que “la bandera LGBT (55:00 y siguientes) es basura” no es censura, es una opinión. Censura la hace el que tiene poder. Censura sería que el Estado mande a arrestar a los activistas LGBT. Rigoberto no tiene poder.
5-En Canadá y en otros países se penaliza a quienes no hablan según la ideologia de género. El Estado te fuerza a que uses determinadas palabras para referirte a personas siguiendo sus supuestas autopercepciones.
6- 43:20 Ser católico no es equiparable a decir que se tiene un sexo que no se tiene. Al afirmar que se es católico se afirma adherir a una doctrina. Al afirmar que se posee un sexo que no se posee es algo completamente distinto.
7- El Estado Argentino no es católico. El art. 2 de la Constitución Nacional solamente establece una confesionalidad velada limitada a lo económico y a algunas cosas más. El Estado Confesional era una realidad pero hasta 1852.
MAS INFORMACIÓN
Nahuel Michalski es un Licenciado en Filosofía de nacionalidad argentina, tiene un canal de Youtube.
Rigoberto Hidalgo es un influencer liberal libertario, protestante, que habló en “La Derecha Fest”, el evento organizado por los libertarios en la Argentina, con la participación del Presidente Javier Milei.
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Meditación a más de 200 años de la Independencia de la Argentina

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Prof. Andrea Greco de Álvarez

Con bombos y platillos se anuncian en la Argentina los festejos del Bicentenario. ¿Bicentenario de qué? De la Independencia.

Pero pocos saben exactamente qué significa tal cosa.

Vayan pues estas líneas para intentar poner algo de luz en una historia tan enrarecida por la ideología que no siempre deja ver las verdades perennes.

1ª Verdad: la Argentina no nació hace 200 ni 210 años

La Argentina nació de la mano del descubrimiento de América como el resto de los países americanos. Su acta de nacimiento, por lo tanto, está fechada en 12 de octubre de 1492. Si se quieren más precisiones ligadas a estas tierras australes de la América podemos mencionar el viaje de Solís en 1515-1516, la fundación de la Ciudad Barco el 29 de junio de 1550 que luego, en su tercer traslado, se convertirá en Santiago del Estero “madre de ciudades”, o el poema de Martín del Barco Centenera titulado La Argentina y publicado en 1602. Como quiera que sea, sin duda, hay que agregar en la cuenta de aniversarios 300 años de pertenencia al imperio español.

Si queremos fechar el acta de bautismo, dos son las fechas posibles: el 6 de enero de 1494, fiesta de Epifanía, cuando fray Bernardo Boil celebra la primera Misa en América o el 1º de abril de 1520, fiesta de Domingo de Ramos, cuando Pedro de Valderrama celebra por vez primera en el actual territorio argentino, en el puerto San Julián:

Pedro de Valderrama se reviste despacio

Se recuerda muy joven en su hogar ecijano,

El cíngulo lo aferra, la casulla lo inviste,

Se inclina con un beso sobre el misal romano.

Contritos, genuflexos, marinos o soldados,

Veteranos de hazañas contra el moro tenaz,

Contemplan la Hostia blanca, la contempla el nativo,

Forman arcos de olivo sobre esa patria agraz.

Algo que ahora llamamos lágrimas de alegría

Y que entonces fue estío mojando las acacias,

Retumbó en el desierto ante el primer Pan Vivo,

Al Ite missa est decían: Deo gratias[1].

 

2ª Verdad: las razones de la independencia no fueron ideológicas sino histórico-políticas

La historiografía liberal ha insistido mucho en las causas ideológicas de mayo (que la revolución francesa, que el anti-españolismo, que el liberalismo y la democracia, que el grito sagrado, que las rotas cadenas…); toda esa cháchara liberal con la que los masones, liberales y anti-españoles, que los hubo, se quisieron robar la revolución[2].

Saavedra, presidente de la Junta nacida en 1810, lo dice:

“A la ambición de Napoleón y a la de los ingleses de querer ser señores de esta América, se debe atribuir, la revolución de Mayo de 1810 (…). A ellos es que debemos radicalmente atribuir el origen de nuestra revolución, y no a algunos presumidos de sabios y doctores que en las reuniones de café y sobre la carpeta hablaban de ella, mas no se decidieron hasta que nos vieron (hablo de mis compañeros y de mí mismo) con las armas en la mano, resueltos ya a verificarla[3].

¿Y qué pasó después de ese primer momento de autonomía? Pasó lo que explica Juan Martín de Pueyrredón, Director Supremo y representante de San Luis en el Congreso de la Independencia,  al ministro francés Armando Manuel Du Plessis en Carta del 4 de abril de 1818:

“Antes de restituido el Sr. Don Fernando VII al Trono no hicimos otra cosa, que substraernos a las autoridades tumultuarias de la Península que usurparon su nombre y representación […] posteriormente este acto de suma lealtad ha sido considerado como un crimen, y no nos ha quedado otro refugio para escapar de una injusta venganza que el de no ponernos en las manos de los que han jurado nuestro exterminio”[4].

También lo explica así Tomás de Anchorena, Congresal por Buenos Aires, en carta a Juan Manuel de Rosas del 28 de mayo de 1846, al pedirle que no permita la impresión del sermón dado en el Te Deum del 25 de mayo por considerar que:

“no es más que un amontonamiento de mentiras y barbaridades contra el Gobierno español y los soberanos de España a quienes protestamos solemnemente obediencia y sumisión con la más firme lealtad en mayo del año diez, clasificando a la España de madre patria y ofreciendo auxiliarla en su defensa con nada blandas esperanzas y sacrificios […] el único modo de hablar con dignidad, decencia y honor del 25 de mayo de 1810, es hablar como habló Ud. en su última arenga que me parece que fue el 25 de mayo de 1836 y no fingir ni suponer crueldades, despotismo y arbitrariedades que no hemos experimentado”[5].

“el 25 de mayo de 1810, o por mejor decir el 24, se estableció por nosotros el primer gobierno patrio a nombre de Fernando VII y que bajo esta denominación reconociendo por nuestro rey al que lo era de España nos poníamos sin embargo en independencia de esta nación, que consideraba a todas las Américas como colonia suya; para preservarnos de que los españoles apurados por Na­poleón, negociasen con él su bienestar a costa nuestra, haciéndonos pavo de la boda. También le exigimos a fin de aprovechar la oportunidad de crear un nuevo título para don Fernando VII y sus legítimos sucesores con que po­der obtener nuestra emancipación de la España y que considerándosenos una nación distinta de ésta, aunque gobernada por un mismo rey, no se sacrificasen nuestros intereses a beneficio de la península española”[6].

El discurso del Brigadier General Juan Manuel de Rosas al que se refiere Anchorena es el pronunciado ante el cuerpo diplomático reunido en el fuerte del 25 de Mayo de 1836:

«¡Qué grande, señores, y qué plausible debe ser para todo argentino este día consagrado por la Nación para festejar el primer acto de soberanía popular, que ejerció este gran pueblo en mayo del célebre año mil ochocientos diez! ¡Y cuán glorioso es para los hijos de Buenos Aires haber sido los primeros en levantar la voz con un orden y una dignidad sin ejemplo! No para sublevarnos contra las autoridades legítimamente constituidas, sino para suplir la falta de las que, acéfala la Nación, habían caducado de hecho y de derecho. No para rebelarnos contra nuestro soberano, sino para conservarle la posesión de su autoridad, de que había sido despojado por un acto de perfidia. No para romper los vínculos que nos ligaban a los españoles, sino para fortalecerlos más por el amor y la gratitud poniéndonos en disposición de auxiliarlos con mejor éxito en su desgracia. No para introducir la anarquía, sino para preservarnos de ella, y no ser arrastrados al abismo de males en que se hallaba sumida España (…). ¡Quien lo hubiera creído!…Un acto tan heroico de generosidad y patriotismo, no menos que de lealtad y fidelidad a la Nación española y a su desgraciado Monarca: un acto que ejercido en otros pueblos de España con menos dignidad y nobleza, mereció los mayores elogios, fue interpretado en nosotros malignamente como una rebelión disfrazada, por los mismos que debieron haber agotado su admiración y gratitud para corresponderlo dignamente.

Y he aquí, señores, otra circunstancia que realza sobremanera la gloria del pueblo argentino, pues que ofendidos con tamaña ingratitud, hostigados y perseguidos de muerte por el gobierno español, perseveramos siete años en aquella noble resolución, hasta que cansados de sufrir males sobre males, sin esperanzas de ver el fin, y profundamente conmovidos del triste espectáculo que presentaba esta tierra de bendición anegada e nuestra sangre inocente con ferocidad indecible por quienes debían economizarla más que la suya propia, nos pusimos en manos de la Divina Providencia, y confiando en su infinita bondad y justicia tomamos el único partido que nos quedaba para salvarnos: nos declaramos libres e independientes de los Reyes de España, y de toda otra dominación extranjera”[7].

Estas son pues las verdaderas causas de la independencia las que corresponden a los sucesos tal como se fueron sucediendo. Este discurso contiene una notable hermenéutica de la revolución argentina: enlaza los destinos del país independiente con las tradiciones del pasado hispánico. Al regresar Fernando VII al trono, se envió una misión a Europa. El fracaso de la Misión Belgrano – Rivadavia – Sarratea ante los Reyes de España no dejó otra alternativa. Es un tema largo intentar comprender las razones de ese fracaso, sólo mencionemos aquí que los enviados procuraban la instalación de una monarquía parte del Imperio. Al respecto escribe Anchorena:

“se dijo públicamente que habían ido a tratar con los reyes padres, es decir Carlos IV y su esposa María Luisa, sobre la coronación en estos países de uno de los príncipes de la familia bajo la forma constitucional, que se les propondría, y no me acuerdo haber oído reprochar esta idea como antipatriótica, porque entonces, aunque no dejaría de tener opositores, no era mirada como opuesta a los votos de los pueblos que habían integrado el Virreinato del Río de la Plata”[8].

Así se explica el hecho de la independencia con la lealtad imperial y monárquica de nuestro primer gobierno autónomo.

 

3ª Verdad: la idea era la de una Gran Nación Americana

El Acta de la Independencia Argentina menciona específicamente en su parte de Declaración: “Nos los representantes de las Provincias Unidas en Sud América”. No se habla de Provincias Unidas de Río de la Plata, ni de la Argentina, ni otra denominación, sino Provincias Unidas en Sud América. Esta es la idea de la Gran Nación Americana que compartían los tres “Libertadores” de América: Agustín de Iturbide, Simón Bolívar y José de San Martín. Idea que significaba valorar la herencia hispánica y construir la Nación Americana sobre la hermandad entre españoles y americanos. Así lo declara Don Agustín de Iturbide en el Plan de Iguala en México el 24 de febrero de 1821:

“Trescientos años hace que la América Septentrional está bajo la tutela de la nación más católica y piadosa, heroica y magnánima. La España la educó y engrandeció, formando esas ciudades opulentas, esos pueblos hermosos, esas provincias y reino dilatados, que en la historia del universo van a ocupar lugar muy distinguido […] ¡Españoles europeos, vuestra patria es la América, porque en ella vivís; en ella tenéis a vuestras amadas mujeres, a vuestros tiernos hijos, vuestras haciendas, comercio y bienes! ¿Americanos quién de vosotros puede decir que no desciende de español? Ved la cadena dulcísima que nos une: añadid los otros lazos de la amistad, de la dependencia de intereses, la educación e idioma, y la conformación de sentimientos, y veréis son tan estrechos y tan poderosos, que la felicidad común del Reino es necesario la hagan entre todos reunidos, en una sola opinión y en una sola voz. Es llegado el momento en que manifestéis la conformidad de sentimientos, y que nuestra unión sea la mano poderosa que emancipe a la América sin necesidad de auxilios extraños”[9].

 

Este fue el sentido del encuentro de Guayaquil entre Bolívar y San Martín y la razón por la cual el último dejó su ejército a cargo del venezolano para terminar la guerra civil. Tampoco es obra de la “casualidad” que Agustín Jerónimo de Iturbide, hijo del mexicano, con 20 años de edad fuera edecán de Bolívar y como tal haya participado de la última Batalla de la guerra de la independencia en Ayacucho.

 

4ª Verdad: el trigo estuvo mezclado con la cizaña…

Sin embargo, reconocer las dos verdades anteriores no puede impedirnos ver cómo hubo tensiones que procuraban llevar los procesos históricos hacia otro destino: hacia el anti-hispanismo, hacia el liberalismo, hacia la anti-religión y el anti-clericalismo, hacia la tolerancia masónica etc.

Esto es lo que tempranamente denunciaba el Fraile Francisco Antonio de Paula Castañeda, testigo de aquellos años:

“(…) nos hemos ido ale­jando de la verdadera virtud castellana que era nuestra virtud nacional, y formaba nuestro verdadero, apreciable y celebrado carácter: nuestra revolución fue sin duda la más sensata la más honrada, la más noble, de cuantas revoluciones ha habido en este mundo, pues no se redujo más que a reformar nuestra administración corrompidísima, y a gobernarnos por nosotros mismos en el caso que, o Fernando volviese al trono, o no qui­siese acceder a nuestras justas reclamaciones.

La revolución así concebida no contenía en sus elemen­tos el menor odio contra los españoles, ni la menor aversión contra sus costumbres, que eran las nuestras, ni contra su li­teratura que era la nuestra ni contra sus virtudes que eran las nuestras, ni mucho menos contra su religión que era la nuestra.

Pero los demagogos, los aventureros, los psicofantas, los tinterillos, los Zoilos indecentes impregnándose en las máxi­mas revolucionarias de tantos libros jacobinos, cuantos abortó en el pasado y presente siglo la falsa filosofía, empezaron a revestir un carácter absolutamente antiespañol; ya vistiéndose de indios para no ser ni indios, ni españoles: ya aprehendien­do el francés para ser parisienses de la noche a la mañana; o el inglés para ser místeres recién desembarcaditos de Plimouth.

Estos despreciables entes avanzaban al teatro para des­de las tablas propinar al pueblo, ya el espíritu británico, ya el espíritu gálico, ya el espíritu britano-gálico, pero lo que resultó fue lo que no podía menos de resultar, esto es una tercera entidad, o el espíritu triple gaucho-britano-gálico; pero nunca el espíritu castellano, o el hispanoamericano, e iberocolombiano, que es todo nuestro honor, y forma nuestro carácter; pues por Castilla somos gentes, y Castilla ha sido nuestra gentilia domes[10].

El propio General San Martín, el hombre que más instaba por medio de sus cartas a los congresales para que se atrevieran a declarar la independencia, sin embargo, no era ciego a las dificultades que aparecían en el horizonte. Estas dificultades son las que confía al representante por Mendoza, Godoy Cruz, en carta del 24 de mayo de 1816. Las tres principales que menciona son: el establecimiento de “un sistema de gobierno puramente popular (…) [con] tendencia a destruir nuestra religión”; “el fermento horrendo de pasiones existentes, choque de partidos indestructibles, y mezquinas rivalidades no solamente provinciales sino de pueblo a pueblo”; “los medios violentos a que es preciso recurrir para salvarnos (…) contrastando el egoísmo de los pudientes”. Tales problemas son los que, doscientos años después, siguen aquejando a la Argentina y a las naciones americanas.

 

5ª Verdad: la independencia americana aún está por hacerse

Hay un texto por demás lúcido que salido de la pluma de don Tomás Manuel de Anchorena contiene tantas y tan jugosas apreciaciones que bastaría con estudiarlo a fondo para entender muchos aspectos de la realidad histórica americana desde hace doscientos años. Es una carta escrita el 12 de abril de 1842 a su primo Juan Manuel de Rosas, que en apariencia nunca fue enviada pero que consta en un cuaderno borrador de su propiedad de donde la tomó y publicó don Vicente Sierra[11].

Baste, por ahora, para no extendernos excesivamente con algunas de las líneas de Anchorena:

la independencia política de los americanos se ha convertido en una vergonzosa esclavitud a favor de todos los Estados de Europa y de la república norteamericana (…). Dice Vmd. y dice con razón, que hemos hecho inmensos sacrificios por una independencia pero han sido de nuestra independencia de la España; mas por nuestra independencia de los malos extranjeros de Europa hemos hecho todo lo contrario. Hemos hecho y hemos podido hacer para ponernos bajo una dependencia de ellos mucho mayor que la de España cuando estábamos bajo su dominación. Lo primero que empezamos a hacer fue aplaudir su religiosidad, manifestándonos descontentos con nuestra religión; abandonamos nuestros antiguos usos y costumbres para tomar los de los extranjeros, entregándonos a un extraordinario lujo en comer y en vestir, como en todo lo demás, y creamos una porción de necesidades ficticias para las que ellos exclusivamente debían ser los proveedores.  (…) mientras nosotros hemos estado ocupados en la guerra (…) los señores ingleses, norteamericanos, franceses y demás europeos, excepto los españoles nuestros padres, se han apoderado exclusivamente de todo el comercio exterior e interior del país, y de todos los ramos de industria, imponiéndonos la ley en todo, y aprovechándose de nuestros conflictos y necesidades.

Pero Anchorena, a pesar de reconocer lo extremadamente angustioso que le resulta abordar estos temas (“cuando pienso en esto, me enfermo, o pongo de muy mal temple, y necesito prepararme interiormente con mil reflexiones políticas, y cristianamente, para reconocer con alguna serenidad lo que nos ha sucedido y sucederá a este respecto”), con la mejor inteligencia cristiana para entender estos sucesos también nos proporciona sus reflexiones acerca de la solución posible:

“el único camino que nos queda para aliviar nuestra desgraciada situación es trabajar con el sincero esmero en restablecer la unión entre nosotros bajo unos mismos principios, un mismo dogma político y un mismo sistema, que debe ser el de la federación (…). Es preciso respetar la religión y a sus sacerdotes, aun en el caso mismo de castigarlos por crímenes que hayan cometido. Es preciso respetar las leyes de la Iglesia, los templos y pórticos. Es preciso respetar los derechos naturales del hombre y respetar proporcionalmente a cada uno en particular según su clase, edad, estado, condiciones y sexo, porque donde no hay respeto, todo es despreciable, no se conoce verdadera unión social, moralidad ni virtud alguna (…). En una palabra es preciso dictar buenas leyes, es decir justas y acomodadas a las circunstancias del país y observarlas con escrupulosidad”.

No sería extemporáneo procurar hoy poner en práctica estos sabios consejos. Lamentablemente, los gobiernos americanos parecen estar empeñados en el camino contrario. Los buenos cristianos y buenos patriotas no podemos caer en el engaño, antes bien, al menos levantemos las banderas que indican que la forma de revertir la malograda independencia ha de ser la vuelta a la unidad, a la Verdadera Fe, a la Verdadera Iglesia, al respeto del derecho natural, a las buenas leyes y a su obediencia.

Mientras sigamos negando la verdad del pasado, seguiremos traicionando las obligaciones del presente, en orden al futuro, porque

 

El ancho río de la patria viene cantando de una fuente dolorosa.

Pero este mar que lo recibe recuerda el gusto de las lágrimas remotas.

(…)

La patria duerme como un niño, con la cabeza en el regazo de la historia.

Su sueño es dulce y reposado como el que sigue a la virtud y a la victoria.

La patria vive dulcemente de las raíces enterradas en el tiempo.

Somos un ser indisoluble con el pasado, como el alma con el cuerpo.

Como la flor con el perfume, como las llamas y la luz con el incendio.

Como la madre con el hijo que tiene en brazos, como el grito con el eco.

Mucho dolor fue necesario para sembrar lo que cantando recogemos.

Nuestra nobleza está fundada con la firmeza del amor en todo aquello.

Como la roca en la montaña, como la dicha de la casa en los cimientos.

Como la piel en nuestra carne, como la carne dolorosa en nuestros huesos.

Seres borrados por los siglos están velando por nosotros desde lejos.

Cuando florecen los linares, sus ojos claros nos contemplan en silencio[12].

Prof. Andrea Greco de Álvarez


[1] Caponnetto, Antonio. El bicentenario en el aula, Buenos Aires, Santiago Apóstol, 2010, p. 30.

[2] Esto ha sido estudiado con detenimiento y minuciosidad por nuestro maestro Enrique Díaz Araujo en su obra Mayo Revisado.

[3] Saavedra, Cornelio. Memoria autógrafa, Buenos Aires, 1 de enero de 1829, en Biblioteca de Mayo, Buenos Aires, Senado de la Nación, 1960: vol. II.

[4] Díaz Araujo, Enrique. Mayo revisado, Buenos Aires, Santiago Apóstol, 2005, p. 187-188.

[5] Irazusta, Julio. Tomás M. de Anchorena o la emancipación americana a la luz de la circunstancia histórica, 1949, en: De la epopeya emancipadora a la pequeña Argentina. Buenos Aires, Dictio, 1979, p. 226.

[6] Carta escrita poco antes de morir (+ 9 de abril 1847) cit. en Irazusta, J., Tomás M de Anchorena…, p. 221.

[7] “Crónica de las fiestas mayas”, en: Gaceta Mercantil, Buenos Aires, 27 de mayo 1836, n. 3893, p. 2 y 3. Zinny, Antonio, La Gaceta Mercantil de Buenos Aires 1823-1852, Resumen de su contenido con relación a la parte americana y con especialidad a la Historia de la República Argentina, Buenos Aires, Talleres Gráficos de la Penitenciaría Nacional, 1912, t. II, p. 290. Cfr. Irazusta, Julio, Vida política de Juan Manuel de Rosas a través de su correspondencia, Buenos Aires, Llopis, 1975, vol III, p. 82-83.

[8] Carta escrita poco antes de morir (+ 9 de abril 1847) cit. en Irazusta, J. Tomás M de Anchorena…, p. 225.

[9] De la Torre Villar, Ernesto y otros. Historia documental de México. UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas. Tomo II. Cit. En:  http://educacion.jalisco.gob.mx/dependen/Cedetec/

Softwareeduc/sfthistoria/apendice/iguala.html

[10] “El Teatro de Buenos Aires”, en: El Desengañador gauchi-político…, n. 2, Buenos Aires, [s/f, 1821], p. 27-28.

[11] Vicente Sierra introduce el texto con esta aclaración previa: “El autor de dicha carta era miembro del Cabildo de Buenos Aires en 1810. Cuando la Junta de Mayo deportó a los cabildantes por haber reconocido secretamente al Consejo de Regencia, el único al que se sometió a proceso fue a Anchorena, porque su patriotismo y su adhesión a la Junta eran incuestionables. Cuando Belgrano lo llamó al Alto Perú, abandonó sus negocios y actuó como secretario del prócer y asesor jurídico, pues era abogado y doctor en cánones. Luchó en aquella campaña como antes había ayudado a Belgrano con préstamos para la campaña de Tucumán y Salta. Fue diputado por Buenos Aires en el Congreso de Tucumán, y como tal firmó el acta de declaración de la Independencia, en 1816. Cuantas veces fue candidato a miembro de la Legislatura contó con el voto de Buenos Aires. Fue ministro en el gobierno del general Viamonte. Federal neto, fue consejero de su pariente Rosas, a quien, criticó con el mismo amor a lo que creía verdad. Son éstos algunos antecedentes que el lector debe tener en cuenta para valorar el contenido de la referida carta”. Sierra, Vicente, Historia de la Argentina, Buenos Aires, Ed. Científica Argentina, t. IX,  p. 57.

[12] Bernárdez, Francisco Luis, “La Patria”, en: De poemas elementales, 1942.

La Tradición Hispanocatólica peligra – Por Federico Ibarguren

La Tradición Hispanocatólica peligra

Por Federico Ibarguren

(Publicado por la Revista Cabildo, noviembre de 1973)

Un breve pero sustancioso artículo donde FEDERICO IBARGUREN explica la historia para una mente católica tradicional, señala la distinción marxista de pueblos desarrollados y subdesarrollados, desmiente la acusación de “imperialista” lanzada por las izquierdas sobre la Corona de España, cita a un investigador protestante que afirma que el capitalismo se vio obstaculizado por el espíritu católico de los españoles y explica el origen de este catolicismo militante: España se había forjado en la lucha contra el Islam durante siglos. En ella predominó un ideal caballeresco y religioso, sintetizado en la figura del Quijote.

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Los peligros de la Belleza – E. Michael Jones (prefacio)

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Fragmentos elegidos

Les comparto fragmentos del Prefacio del traductor, Luis Álvarez Primo. La obra contiene 486 páginas y más de 200 ilustraciones a todo color.

 

        “Es este un libro de estética y una originalísima historia filosófico-política del arte que –como toda la obra de Jones– está hecho en función de la salud de las almas de sus lectores y de la elevación de sus inteligencias de cara a las guerras culturales de nuestro tiempo; es decir, el maestro E. M. J. saliendo al rescate de la belleza, nos ayuda a descubrir una vez más, en un campo específico (la pintura, la música, la escultura, la poesía y la arquitectura) el Logos, discerniéndolo del Anti-logos…”

 

“Desde las doctrinas de Pitágoras sobre la proporción y el número, al tratamiento de la forma y la música en Platón, desde la doctrina de la mímesis en Aristóteles a la arquitectura de Vitruvio, Jones nos enseña a ver y apreciar la claridad, la integridad y la proporción, la unidad en la multiplicidad, la emoción recogida en el sosiego, que nos conmueve en la obra bella dándonos placer“.

 

“nos guía (E. Michael Jones) mediante la metafísica de la belleza de Boecio, san Agustín, y santo Tomás de Aquino o el cardenal Federico Borromeo o Chesterton, y la crítica literaria de T. S. Eliot y Ezra Pound, entre muchos, en contraste, por ejemplo, con la crítica literaria marxista del profesor oxoniense Terry Eagleton o el deconstructivismo modernista revolucionario y subversivo“.

“El capítulo dedicado a La Pintura en Italia (Parte I) es una maravillosa contemplación de grandes obras y de grandes pintores como Giotto, Tiziano, Rubens o más próximos a nosotros, como Pietro Annigoni o el impactante Giovanni Gasparro, hasta llegar a la judaización de la pintura con la distorsión cubista de Picasso y el expresionismo abstracto de Pollock o la fotografía homosexualista de Robert Mapplethorpe…”.

 

“En La música en Alemania (Parte II), luego de ocuparse de la música sacra (el canto gregoriano, Palestrina), Jones nos introduce a los grandes maestros de la tonalidad clásica en el barroco o el romanticismo, en las historias conmovedoras de Bach, Händel, Mozart y Beethoven, cuyas obras analiza en contraste con el revolucionario Richard Wagner, o el dodecafonismo atonal puro y duro de Schönberg, o un Leonard Bernstein y su misa blasfema“.

 

“El renacimiento de La poesía en Inglaterra (Parte III), que comenzó con Coleridge y Wordsworth continuó hasta derramarse en la pluma de novelistas realistas como Jane Austen y, luego, en pensadores refinados y profundos como el líder del Movimiento de Oxford, John Henry Newman”.

 

“en la Parte IV del libro, La modernidad judía… nuestro autor se ocupa, entre otros muchos temas fascinantes, de la arquitectura posmoderna –judía y homosexualista–, y de sus máximos exponentes”.

 

“El genio de Jones sabe unir todos los puntos sin dejar cabos sueltos en el análisis de los edificios construidos por ellos, mostrando una vez más cómo el odio al logos, reflejo de una vida moral desordenada en rebeldía contra el Creador, se manifiesta en obras “tan feas como el pecado”, y, a contrario sensu, el amor al logos, en obras genuinamente bellas”.

 

Luis Alvarez Primo

Bella Vista, Provincia de Buenos Aires, Argentina

7 de octubre de 2024

Fiesta de Nuestra Señora del Rosario

 

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ANÍBAL D’ÁNGELO RODRÍGUEZ – A 10 años de su muerte (Por Antonio Caponnetto)

ANÍBAL D’ ÁNGELO RODRÍGUEZ

A 10 años de su muerte

“Dichoso aquél que muere por su casa y su tierra. Dichoso aquel que muere para que siga indemne la vida de un niñito, la gloria de un país. Dichoso aquel que muere por la Cosa Perenne, por un Santo Sepulcro, Dulcinea, Beatriz” . Charles Péguy

Por Antonio Caponnetto

El 21 de febrero de 2015 se nos murió Aníbal D’Ángelo Rodríguez. Una década ya, y sin un Tito Livio para narrarla.

Aníbal estuvo ligado activamente a Cabildo desde sus ya lejanísimos comienzos, hace cinco décadas, bajo la dirección del inolvidable Ricardo Curutchet; y no sería desproporcionado afirmar que acaso fuera mejor escribir que Cabildo estuvo ligado a él, en tanto nuestra revista procuró siempre la compañía de los mejores camaradas, maestros y amigos.

Hay muchos modos de recordarlo y de darle las gracias por su vida fecunda. Se nos permitirá elegir de esos modos, los cuatro que más nítidamente nos resultaron admirables.

Aníbal se desempeñaba como bibliotecario del legendario colegio Don Jaime. Era un puesto a su medida, para quien podría haber hecho suyas las palabras del ciego aquel que gritó sin reproches: “yo que me imaginaba el paraíso bajo la especie de una biblioteca”. En esa inmensa anaquelería escolar él resolvía todos los problemas humanos y divinos, visibles e invisibles. Desde el lápiz olvidado por un chiquillo hasta la bibliografía especializada que requería algún docente. Desde el crayón o la tiza para el ocupante olvidadizo de un pupitre, hasta los libros sapienciales que formaban los entendimientos.

Conocía a cada uno por su nombre (algo se ha dicho al respecto en el Evangelio); y todos lo conocían a él, casi universalmente apodado Papi. Cuando tuve que escribir un pequeño libro para uso interno de los chicos del Don Jaime –Venimos desde el ayer fue su título- Aníbal se convirtió en el personaje obligado que protagonizaba diálogos y tertulias. Tomó con benevolencia ese tránsito de la realidad a las letras. Y con la afabilidad de siempre siguió ejerciendo su mester diario. Incluso hubo una versión mexicana de este librillo, adaptada por la Profesora Sofía Villavicencio Márquez, y editada por la Universidad Autónoma de Guadalajara, en 1998. Aníbal seguía allí de protagonista omnisciente, dibujado como un anciano sapiente y enojoso cada vez que correspondía. Cuando le mostré la “prueba” de su fama en la entrañable comunidad jalisciense sonrió con expresiva complacencia. La legítima travesura pedagógica había traspasado las fronteras.

Hubo en Aníbal un segundo oficio y era el de humorista. No era cómico, ni gracioso; tal vez ni siquiera divertido. Y al final de los años conoció momentos de depresión y de tristeza, como es humanamente comprensible. En una de las cartas que de vez en vez supo mandarme, me habló de esa angustia que los psicólogos llaman existencial y que, él, sin rodeos, prefería llamar “cosas de viejo”. Pero tenía por naturaleza ingenio y gracia, y sabía tocar todas las cuerdas de la ironía, todos los matices del sarcasmo, todas las honduras de la broma. Por lo mismo que era circunspecto y formal, podía ser eutrapélico. Y entonces, las prosas y las glosas dangelianas alcanzaban genuinas cumbres de risa franca y contagiosa.

El lector regular de Cabildo puede dar testimonio de cuanto decimos. Y todavía hoy, los más antiguos, recordarán su participación en aquella chanza formidable que se pergeñó desde las páginas cabildeñas en los años setenta, cuando el genio de Luis María Bandieri decidió “probar” que Borges no existía. Recuerdo que Curutchet, Falcionelli y Aragón, entre otros, reían a dos carrillos ante los desopilantes argumentos sobre la inexistencia de Georgie. Bandieri ha sabido recordar no hace tanto este episodio, fruto de su pluma festiva, de su talento inmenso y de su erudición apabullante. Era un juego servido en bandeja para que “Papi” participara. Y lo hizo. Marcó un hito en la historia bien nutrida del humorismo nacionalista. No nos olvidemos tampoco de sus imitaciones al Sancho de Castellani, que en nada se diferenciaban del original. Yo intenté algo parecido, tanto a modo de tributo a Aníbal como al mismísimo cura loco. Nos hubiéramos reído un largo rato intercambiando esos plagios cantados. Eso creo.

Hubo un tercer Aníbal, que podríamos llamar el intelectual estudioso y combativo. Quizás y mejor, el apologeta, hablando un poco a la antigua usanza. Nos dejó varios libros notables y un sinfín de escritos, que han hecho un bien inmenso en ordenar, recopilar y editar sus descendientes. Sobre todo,gracias al inteligente fervor juvenil del padre Martín Villagrán. Dios le pague. Ojalá se puedan incluir en esos preciados volúmenes lo que se encuentre de su anunciado libro sobre el siglo XX; y unos cuentos que, ya cerca del final, me comentó que le mandaba a Gabriela Cura y a Hugo Esteva. No conozco ninguno, pero deduzco que –por lo que llegó a decirme-tenían a sus nietos más pequeños como destinatarios.

Aníbal poseía el hábito (en otra carta me lo dice), de levantarse una y otra vez del asiento en pos de alguno de sus infinitos libros, para consultar sobre lo que andaba elaborando. Cuando la artrosis le hizo doloroso ese ir y venir por los estantes, decidió escribir algo que no lo obligara a pasar continuamente de una postura a la otra. Entonces encontró como solución redactar cuentos. Para lo cual no necesitaba respaldo bibliográfico. Bendita artrosis que engendró un Aníbal cuentero. La mía, apenas si me suscita improperios. Por favor, si alguno de los mentados conserva esos relatos literarios de Aníbal, que sea tan amable de compartirlos.

Su capacidad de lectura era apabullante. Su facilidad para conocer el estado actual de la cuestión –cualquiera fuera ella- sorprendía hasta a los especialistas. Su modo grato de comunicar lo difícil, era proverbial entre sus dones. Todo esfuerzo le parecía poco para defender a Dios y a la Patria; a las glorias de la Iglesia y de la Civilización Cristiana. Ahora, con internet, cualquier cacatúa sueña con la pinta de Menéndez y Pelayo. Pero Aníbal estaba al corriente de todo lo édito, sin distinguir entre la tecla “enter” y la “control”, como corresponde a todo varón decente.

Jorge Bohdziewicz –entrañable amigo y maestro- Fundador del Instituto Bibliográfico Antonio Zinny, le publicó un par de obras preñadas de lucidez en defensa del Nacionalismo, y desenmascarando a la vez a dos de sus torvos detractores: Fernando Devoto y Cristian Buchrucker. Vale la pena leerlas y estudiarlas a fondo. Es grande el provecho que se sigue. Máxime cuando no faltan hoy apatridistas –que así se llaman a sí mismos:¡extraña honra!- que hacen del Nacionalismo su principal enemigo, ignorándolo todo acerca de él.

A veces diferíamos en algunos juicios prudenciales,lo que me llenaba de intranquilidad. Pero las diferencias eran insignificantes y él sabía dirimirlas con una caridad y un sentido práctico pocas veces visto. En carta del 15 de noviembre de 2006 –a propósito de una de esas distinciones- estampó algo que hoy suena a clarividente vaticinio: “Mi posición es “no hay enemigos a la derecha” con la PRIMERA y SUSTANCIAL (las mayúsculas son de Aníbal) aclaración de lo erróneo y equívoco de la palabra derecha y mi certeza de que la autodenominada derecha liberal no es derecha”. Podrían tomar debida nota los abanderados del neoderechismo mileista, cuya , al final se supo, no era más que un recurso de tahúres para tener una alcancía posmoderna cargada de criptomonedas.

Por último, hubo en Aníbal un militante nacionalista de la primerísima hora. De la hora de los pugilatos en las calles, de los testimonios viriles a plena luz del día, de los riesgos corridos con la exposición del propio pellejo en cada circunstancia crucial. Nacionalismo católico y argentino, nativo y propio de estas tierras nuestras. Pero jamás avergonzado por tener que defender a los nacionalistas de otras latitudes, ni a los grandes movimientos nacionales que batallaron en Europa, ni la verdad histórica conculcada por los aliados, ni a los grandes derrotados de Occidente tras la tragedia de 1945. Cuando las izquierdas le recordaban este pasado suyo para desprestigiarlo, él reconocía con honor su antigua y renovada militancia. Postura que incluso había abrevado en su propio entorno familiar. Aníbal era un bien criado y mejor aprendido. Cada vez que desde Página 12 lo acusaban de neonazi, él fingía una iracundia jocosa: “¿Cómo neo? Yo soy paleonazi en todo caso”. Era otra de sus ocurrencias.

Por eso al despedirlo, a la vera de su féretro, en su antigua casona bellavistense, con el telón de fondo de una legión de hijos y de nietos, de parientes y de amigos que se acercaban a acompañarlo, no pude evitar, junto al rezo silente, la musitación de aquella Marcha del Aliancista que lo acompañó desde los días de su lejana juventud:

Despierta camarada, que fresca de rocío

la voz de los clarines te llama a tu deber,

la media luz del alba ya alumbra los caminos

¡Despierta, camarada, llegó el amanecer!

 

Si en medio del combate cayeras, camarada,

con el azul y blanco tu cuerpo cubriré.

Besada por la luna de cerros y de pampas,

la tierra en que descanses florecerá en laurel.

 

Has despertado, camarada. Y desde tu vigilia perenne nos aguardas. Dios nos haga merecedores de encarnar la consigna teresiana, permaneciendo firmes y sin dormir, pues no hay paz sobre la tierra. Entonces, en esa vigilia nos encontraremos de nuevo, ya sin las fatigas ni las pesadumbres de la marcha terrena.

Camarada Aníbal D´Ángelo Rodríguez: ¡Presente!

Caseros, el fin de la Argentina Hispano Criolla – La gran derrota nacional (Por Ignacio Braulio Anzoátegui)

CASEROS, EL FIN DE LA ARGENTINA HISPANO CRIOLLA – LA GRAN DERROTA NACIONAL:

“Y sucedió lo que sucedería el día que el Señor nos dejara de su mano,
que Dios no fuera criollo,
que se nos diera vuelta por el soberano capricho de mostrarnos cómo trota,
con qué sístole y diástole se mueve el corazón perdido en la derrota.
como un árbol sin fruto la noche era más noche
y el llanto era más llanto recamado de luto.
Las estrellas federales morían silenciosas y las altas estrellas preguntaban por ellas.
Preguntaban por qué ya no lucían su gracia y su frescura
como en las claras horas de la Dictadura.
Los ángeles del cielo quebraban sus espadas
porque era pasado el tiempo de las grandes patriadas:
La de meterse haciendo remolinos y eses entre los unitarios y entre los franceses.
Tocada, por escarnio, de poncho y galera,
la facción mostraba su cara brasilera.
Y la calandria patria se acogía en su nido, porque ya la calandria no tenía sentido.
Ni tenían sentido las risas y las rosas porque había caído Don Juan Manuel de Rosas.
Ni tampoco los anchos contornos de la pampa,
porque era la hora de Luis el Guardachanchos.
En rudos cuajarones de sangre se nos iban los varones
Atropellándose en la muerte, como antiguos patriarcas
que eligieran sus pingos funerarios con sus pelos y sus marcas.
Allí quedó la Patria, tendida sobre el campo,
con los ojos abiertos para ver en el cielo el desatado lampo de sangre y de vergüenza
que cruzaba como una cachetada la historia de la Patria arrebatada.
Allí quedó la Patria, tendida y palpitante,
asesinada de hambre y muerte a cada instante.
¡Señor!, Tú que todo lo puedes, restáurala en su honor.
Y de paso, Señor, Tú que todo lo puedes, entre tantos dolores,
piedad, Señor, te pido para los vencedores”.

Ignacio Braulio Anzoátegui

Hacia una economía centrada en la familia – Allan C. Carlson

Hacia una economía centrada en la familia

Allan C. Carlson*

(New Oxford Review, diciembre de 1997, vol. LXIV, nº 10)

Comencemos con lo que algunos aún llaman la paradoja de una era de abundancia y riqueza que es también una era de degradación moral y declinación familiar. El industrialismo del siglo XX produjo una abundancia creciente de bienes materiales, ingresos promedios cada vez más altos y mayores expectativas de vida. Sin embargo, el vigésimo siglo cristiano ha sido también testigo de un nivel sin precedentes de rupturas familiares. Defino a la familia natural como la dada entre un hombre y una mujer comprometidos en una alianza socialmente aprobada llamada matrimonio, con los propósitos de propagación de la especie, comunión sexual, amor y protección mutua, la construcción de una pequeña economía hogareña y la preservación de las costumbres de generación en generación. Mientras culminamos el segundo milenio cristiano, esta familia natural está desapareciendo en la mayor parte del mundo occidental como una presencia culturalmente significativa. Tasas decrecientes de matrimonios primerizos, extensión de divorcios, bajos niveles de nacimientos dentro del matrimonio, ilegitimidad creciente, promiscuidad rampante, cohabitación y aborto, y la sexualización de la cultura popular: estos desarrollos se han dado especialmente pronunciados en las mismas naciones donde el triunfo de la industria ha sido más completa. Surgen preguntas críticas: ¿Están ambos desarrollos relacionados? ¿El crecimiento de la industria causa la ruptura familiar? Y si así es, ¿es posible encontrar una forma tanto de abundancia material como de virtud familiar? ¿Podemos generar una economía virtuosa?

Con respecto a la primera pregunta, la obvia pero aún así más olvidada, la respuesta es “sí”: La producción industrial moderna tiende, por su misma naturaleza, a minar los fundamentos materiales y psicológicos de la familia.

Para entender por qué, necesitamos volvernos sobre la misma esencia de la industria moderna y de lo que ella ha reemplazado. La economía pre-industrial —el entorno para la mayor parte del tiempo de la humanidad sobre la tierra— estaba centrada en el hogar, donde cada familia era mayormente autosuficiente, en la producción y preservación de la comida básica, en el refugio, en la ropa y en la educación principalmente moral y práctica. Esta autosuficiencia trae a la familia una cierta forma de independencia económica. Los maridos, las mujeres, los hijos y otros miembros del hogar se especializan en algún grado en las tareas, una natural división del trabajo que genera ganancias materiales. El hogar familiar natural sirve como unidad de producción tanto como de consumo, unidad construida sobre el altruismo y el amor, donde el principio del compartir desinteresado realmente funciona. Usando el lenguaje corrupto de fines del siglo XX, el hogar familiar no es una entidad ―capitalista”; es más cercano al ideal socialista de un compartir desinteresado, donde el egoísmo y el individualismo están balanceados con las necesidades y requerimientos de la familia y la comunidad próxima, y este hogar se conserva mejor en un medio no industrial. Esto explica por qué la familia natural encuentra su escenario favorable en la granja de subsistencia, entre los campesinos libres o minifundistas. El pequeño taller artesanal, también organizado alrededor del hogar familiar, sirvió (y sirve) como la contraparte pueblerina (o urbana) de este minifundio rural.

En su esencia, el proceso de industrialización significó romper estos hogares productivos de pequeña escala y distribuir sus partes humanas en fábricas: en fábricas materiales como molinos, enlatados, plantas automotrices y oficinas, y en fábricas sociales y educativas como escuelas estatales masivas para niños y geriátricos para ancianos. A través de la producción industrial de bienes físicos, la riqueza crece (es cierto) con ganancias extras que provienen de esta exagerada división del trabajo. Pero estas ganancias materiales exigen, a la vez, una pérdida de solidaridad e independencia de la familia. Por eso es que es justo decir que tanto las modernas corporaciones industriales como los modernos Estados tienen un cierto interés en la desintegración familiar. Visto en términos de eficiencia, la unidad familiar independiente representa una carga sobre el Producto Nacional Bruto. Los vínculos familiares interfieren con la distribución eficiente del trabajo humano y la producción casera limita la visibilidad en una economía de base monetaria. En verdad, lo que llamamos “crecimiento económico” se apoya, en una parte significativa, sobre la constante transferencia de funciones productivas del hogar, donde tales trabajos no son traducidos en dinero y por lo tanto no son contabilizados, hacia entidades industriales organizadas, tanto corporativas como estatales. A mediados del siglo XIX, estas funciones transferidas incluían la hilandería, la teneduría, la zapatería y la educación. Para comienzos del siglo XX, incluyeron además la producción y conservación de alimentos, el transporte y el cuidado de niños.

En nuestro tiempo, estas transferencias de la familia a la industria incluyen además la preparación de comida, el paseo de niños y el cuidado de los ancianos. De hecho, mucho de lo que medimos como crecimiento económico desde los ’60 ha sido simplemente la transferencia de las tareas caseras remanentes que comienzan a ser contabilizadas en términos monetarios —cocina casera, cuidado de niños, cuidado de ancianos— al pasar a entidades externas como Burger King, guarderías privadas o geriátricos estatales. La pequeña economía productiva hogareña queda así despojada de sus tareas económicas.

El trato de la mujer bajo el régimen industrial ofrece un verdadero caso de estudio. En el mercado de trabajo no regulado de comienzos del capitalismo industrial, lo mismo que en el programa formal del socialismo industrial, la mujer —particularmente la mujer joven— era especialmente deseada como trabajadora, por sus pequeños dedos, por su comportamiento obediente y, fundamentalmente, por sus efectos económicos colaterales: sumándola al mercado laboral el nivel general de salarios permanece bajo. En la Europa y los Estados Unidos del siglo XIX, las nuevas fábricas contrataban esposas, madres e hijas para mantener a raya a los artesanos especializados: los maridos y padres de estas mismas mujeres. Sólo con la larga y dificultosa organización del trabajo, enfocada en esos años a un grado sorprendente de restauración familiar, se reconstruyeron los límites de la decencia alrededor del hogar y se limitó la intrusión industrial en el hogar. Bajo los sistemas de ―salario vital” o ―salario familiar” del trabajo organizado a fines del siglo XIX y comienzos del XX, la fábrica solo podía requerir que un único miembro de la familia —normalmente el padre— fuese el que cobrara un salario suficiente para mantener su familia en la decencia. La mujer pudo, entonces, regresar al hogar para llevar, alzar, proteger y educar a su descendencia. Los niños también se vieron protegidos del ingreso prematuro al medioambiente industrial.

Incluso algunos industrialistas llegaron a percibir la sabiduría moral de este ―salario familiar” y la virtud de preservar algún nivel de autonomía familiar dentro del sistema fabril. En los EE.UU., Henry Ford deslumbró a los observadores en 1914 al duplicar inmediatamente los salarios de los trabajadores casados, arguyendo que el trabajador “no es tan solo un individuo… Es miembro de un hogar… El hombre realiza su trabajo en la empresa, pero su mujer hace el trabajo en la casa. Por lo tanto, la empresa debe pagarle a ambos”. La alternativa, enfatizaba Ford, era “el horrendo espectáculo de niños pequeños y sus madres viéndose forzados a salir a trabajar”.

En Francia, mientras tanto, sacerdotes católicos organizaron a los industrialistas de sus parroquias en círculos de estudio sobre la enseñanza social de la Iglesia (lea más del tema aquí, aquí, y aquí). Estos patrones llegaron a diseñar un vasto y voluntario sistema de protección familiar que suplementaba los salarios pagados a las cabezas de familia con adicionales según el número de hijos. Para mediados de los ’20, este sistema voluntario también proveyó niñeras, enfermeras y adicionales por nacimiento y maternidad a las familias involucradas.

Sin embargo, la respuesta más común, y (admitámoslo) más lógica desde el punto de vista económico, fue una constante campaña para despedazar la familia en sus partes constitutivas. Desde su fundación a mediados del siglo XIX, la Asociación Nacional de Fabricantes (National Association of Manufacturers) de los Estados Unidos consistentemente batalló para desmantelar el sistema de “salario familiar” y lograr acceso de nuevo al mercado laboral para las mujeres casadas y los niños.

Secretamente, según los rumores de la época, la organización de los empleadotes fundó en los ’20 el Partido Nacional de las Mujeres (National Women’s Party), el grupo feminista radical que fue autor de la propuesta de la Enmienda sobre Igualdad de Derechos en la Constitución de los Estados Unidos. La Asociación Nacional de Fabricantes, del brazo con las feministas, abiertamente luchó por poner fin a las protecciones legales especiales que existían para las mujeres y los niños.

En los ’60, las mismas fuerzas festejaron juntas cuando el Título VII de la Ley de Derechos Civiles de 1964 fue transformado desde una herramienta de justicia económica racial en un espolón de guerra contra el sistema de “salario familiar” estadounidense. La mayoría de las corporaciones se apresuraron a salir al vasto mercado laboral de mujeres, bajando el salario industrial promedio una vez más. Para 1990, las mujeres jóvenes se habían convertido en el grupo más ―proletarizado” o asalariado en los Estados Unidos; más miembros de la familia trabajaban largas horas; y las tasas de matrimonios y nacimientos maritales se precipitaron al fondo.

El crecimiento de la educación estatal masiva ofrece otro caso de estudio de los efectos del industrialismo sobre la familia. Las investigaciones actuales sobre fertilidad demuestran que los padres reducen el tamaño familiar desde un promedio natural de siete hijos por hogar sólo cuando existe una disrupción en las relaciones económicas dentro de la familia. El demógrafo John Caldwell argumenta que, de hecho, es la educación masiva de los jóvenes la que conduce al cambio en las preferencias desde una familia grande a una pequeña, y así se promueve el deterioro de la familia como institución. La tesis de Caldwell —que la industrialización de la educación por parte del Estado causa el declive familiar— soluciona el misterio que tanto ha intrigado a los historiadores estadounidenses: ¿Cómo explicar la constante caída en la fertilidad en los EE.UU. entre 1850 y 1900?

A través de todo este periodo los EE.UU. eran un país predominantemente rural, y absorbía las masas de jóvenes inmigrantes, y los inmigrantes y granjeros suelen tener muchos hijos. Pero los datos desde 1871 hasta 1900 demuestran una muy marcada relación negativa entre la fertilidad femenina y la expansión de la escuela pública. La caída en la tasa de nacimientos está correlacionada con particular fuerza al tiempo promedio con que los niños existentes acuden a la escuela estatal en un año dado: Cada mes adicional en el ciclo lectivo de una escuela pública reduce el tamaño de la familia en ese distrito en un 0,23 por hijo.

De esta manera, vemos cómo remover la educación de los niños del escenario familiar y organizar escuelas según el modelo industrial casi literalmente “consume” a los hijos y debilitaba la familia. Antes de la educación estatal masiva, los padres realizaban toda una variedad de arreglos para la educación de sus hijos, incluyendo la educación en el hogar.

Uno podría pensar que si la madre podía ahora enviar a sus hijos a escuelas públicas gratuitas, se sentiría más libre para tener más hijos. Pero no funciona de esa forma. El proceso de educación industrializada debilita las conexiones de los miembros de la familia y el compromiso de la madre hacia sus hijos y familia. Usualmente, en vez de tener más hijos, la madre con más tiempo libre sale a buscar trabajo.

Un poeta de Kentucky, Wendell Berry, delinea la misma imagen que nosotros en su libro “¿Para qué es la gente?” (What Are People For?): ―Si no existe una economía hogareña o comunitaria, entonces los miembros de la familia y sus vecinos ya no son útiles entre sí. Cuando la gente no es más útil para otros, entonces la fuerza centrípeta de la familia y la comunidad decae y la gente cae en la dependencia de economías y organizaciones externas…” Cuando la familia se debilita como economía pequeña, los hijos son menos bienvenidos, la lógica de entrar en un matrimonio se hace más difusa, crece el desorden sexual y el aprendizaje declina.

Han existido variadas respuestas frente a esta situación. El gran desastre económico del comunismo puede verse como un intento de aplicar el principio altruista o familiar —“de cada uno según su habilidad, a cada cual según su necesidad”— a lo ancho de toda la sociedad. Pero nuestro siglo ha demostrado que éste fue un enorme y trágico error: El principio no puede imponerse centralmente. Cuando nos movemos más allá del hogar, el clan, la comunidad religiosa o el pueblo —donde todos conocen el carácter y las fortalezas y debilidades de los otros, y donde reglas heredadas imponen una disciplina tolerable— una vez que nos movemos más allá de estas pequeñas comunidades, esta forma de altruismo falla.

Una segunda respuesta frente al pedido de ayuda de la familia en el entorno industrial fue la búsqueda de una “Tercera Vía”, el camino de la democracia social que supuestamente llevaría a un punto intermedio entre el capitalismo industrial y el comunismo industrial. La frase proviene del título de un libro escrito por Marquis Childs en 1938, que celebraba el modelo de desarrollo de Suecia. Él y otros entusiastas decían que los efectos disruptivos del industrialismo podían ser balanceados a través de una pesada regulación estatal del sistema fabril y por la construcción de un Estado de bienestar centrado en la familia, donde los costos de criar hijos fuesen soportados por el gobierno.

Por cerca de tres décadas, entre 1940 y 1970, Suecia sí pareció un modelo atractivo. Pero el sistema sucumbió de allí en más por sus contradicciones internas, todas demostrablemente ligadas al problema familiar: – Pensiones estatales de vejez que de la familia transfieren al Estado la antigua tarea de cuidar de los ancianos en la adversidad, provocando el corte de los vínculos naturales de seguridad entre las generaciones y desalentando el nacimiento de hijos en número suficiente como para mantener el sistema. – Políticas de bienestar estatal que protegen a la gente de las inevitables consecuencias de sus elecciones inmorales, creando así incentivos que hacen más fácil —o, en realidad, promueven— el divorcio, la cohabitación y la ilegitimidad como sustitutos del matrimonio. – Ingresos gubernamentales por hijo que, en realidad, debilitan los vínculos padre-hijo, a medida que las madres ganan preponderancia que mina el rol del padre como perceptor y distribuidor del ingreso. – Y la visión altruista de un Estado de bienestar racional que, supuestamente inspirado en la familia, necesariamente da vía libre a penalidades basadas en el altruismo y se apoya en la irracionalidad.

Específicamente, el sistema sobrevivió financieramente sólo mientras los ciudadanos restringieron sus requerimientos, como en los tiempos en que las familias preferían cuidar a sus miembros ancianos en casa antes que enviarlos a centros geriátricos estatales. Pero la misma lógica de este sistema de derechos penaliza financieramente la elección altruista. Hoy, los estados clásicos de la ―Tercera Vía” como Suecia y Dinamarca están en crisis, enfrentando tanto la bancarrota financiera como la espiritual. En síntesis, demostraron la inexistencia de una ―Tercera Vía” real.

Sin embargo, han existido también en nuestro siglo intuiciones de una ―Tercera Vía” de organización económica que puede representar un camino mejor. El común denominador de éstas es el reconocimiento y la defensa de una economía centrada en la familia. Estas aproximaciones al problema directamente ponen coto a la naturaleza no mudable de la verdadera familia y buscan construir barreras que protejan la económica hogareña altruista de los efectos corrosivos del individualismo y el consumismo. Puesto de otra forma, promueven la “refuncionalización” de las familias trayendo a la industria de vuelta hacia el terreno casero.

Los defensores mejor conocidos de esta Tercera Vía eran los ensayistas católicos ingleses Gilbert Keith Chesterton y Hilaire Belloc.

Chesterton argumentaba en forma abierta y con fuerza en pos de la reconstrucción en Inglaterra de una ―sociedad de campesinos”, basada en pequeños terrenos y negocios. Belloc, por su parte, escribió que ―la familia es idealmente libre cuando controla totalmente todos los medios necesarios para la producción de la riqueza que necesita consumir para una vida normal”. Para esta reconstrucción de una sociedad de familias propietarias libres, urgía al uso creativo de los impuestos y de la regulación estatal para limitar a las grandes sociedades anónimas y promover las pequeñas empresas familiares.

Una teoría más sistemática de una economía centrada en la familia vino de la pluma de un mártir económico Alexander Vaselevich Chayanov. Antes de su arresto y ejecución por parte de los comunistas soviéticos, este economista ruso había refutado la visión, sostenida tanto por los teóricos del laissez faire como por los marxistas, de que los campesinos y las granjas familiares son irracionales e ineficientes y deben ser eliminadas. En su obra maestra de 1925, “La organización de granjas campesinas”, Chayanov persuasivamente demostraba que las pequeñas granjas familiares —que combinan la producción vegetal y animal de subsistencia con las industrias caseras, la producción hogareña y el empleo externo variable— son en realidad una forma de organización económica lógica o, incluso, superior. El silencio a que se sometió el trabajo de Chayanov ha significado, en palabras de un historiador, que las políticas de agricultura y desarrollo global hayan estado ―recorriendo el camino equivocado” durante 70 años, en forma intencional subvirtiendo una más natural, versátil y sostenible agricultura centrada en la familia para transformarla a la explotación industrial de las granjas.

Otro economista activo en ese tiempo, Ralph Borsodi, enfatizaba la “producción familiar” como el programa “para la gente que apunta a la virtud y la felicidad, y para quienes la buena vida está representada por el hogar y el corazón, por los amigos y los hijos, por el césped y las flores”. Éste dio especial atención a la contribución económica de la madre en el hogar. Mientras que las teorías tanto de los economistas marxistas como de los liberales clásicos desprecian la producción casera como económicamente irrelevante o, incluso, un parásito, Borsodi delinea el verdadero valor económico de la jardinería, la producción de manteca y la cría de aves de corral; de la cocina, la repostería y el servir la mesa; de las conservas; de la limpieza y el lavado; de la costura; de la alimentación y cuidado de bebes; y de proteger y enseñar a los niños.

Estos modelos de una Tercera Vía económica, repito, comparten el enfoque sobre el bienestar familiar. La renovación familiar vendría sólo a medida que ciertas tareas y funciones sean protegidas de su inmersión en la industria, es decir, sean desindustrializadas y regresadas al hogar. En estos modelos, la medida del éxito económico no será el “crecimiento” monetario de la economía estadística oficial, ya que, como hemos visto, mucho de lo que es llamado crecimiento en realidad es la contrapartida de la declinación de la familia. En vez de esto, el éxito será medido por un diferente tipo de riqueza: la formación de matrimonios, el nacimiento de hijos y la solidaridad del grupo familiar. Esto regresará el análisis económico a sus auténticas raíces, a la oeconomia, la  “administración del hogar”. Por eso, en lugar de usar una etiqueta desinformada como “Tercera Vía”, deberíamos usar una como “Vía Familiar” como nombre de este camino hacia una economía virtuosa.

Al mismo tiempo que se niega a delinear cualquier tipo de plan de economía distintivamente cristiana, la Iglesia Católica ha sí explicado principios frente a los cuales deben ser juzgados los sistemas económicos. Estos principios incluyen las conocidas apelaciones a la dignidad humana y a la libertad de la Iglesia para hacer su trabajo. Pero, de no menor importancia, es el llamado a considerar la salud de la familia.

En un importante discurso de 1951, el papa Pío XII identificaba como ―uno de los errores fundamentales del materialismo”, tanto laissez-faire como marxista, la negación de ―la vida de la familia” como fuente de ―vida, salud, energía y actividad de toda la sociedad”, incluyendo, por supuesto, su vida económica.

Se podrían citar otras afirmaciones de la Vía Familiar. Refiriéndose únicamente a las granjas familiares, por ejemplo, Pío XII declaró: ―Hoy puede decirse que el destino de toda la humanidad está en juego. ¿Tendrán los hombres éxito al balancear esta influencia [del industrialismo] en forma tal que se preserve la vida espiritual, social y económica que es el carácter específico del mundo rural?”

Pío XII señaló, también, cómo la ―propiedad privada” asegura ―para el padre de familia esa sana libertad, de la que tiene necesidad, de poder cumplir las obligaciones a él asignadas por el Creador, respecto al bienestar físico, espiritual y religioso de la familia”. En otro sermón dijo: ―Solo la estabilidad que está enraizada en la propiedad hace de la familia la célula vital y más perfecta y fecunda de la sociedad, uniendo de una manera brillante en cohesión progresiva las generaciones presentes y futuras”.

Con respecto a los empleadores, el trabajo y la familia, Pío XI decía en la encíclica Quadragesimo Anno (1931) que, “debe hacerse todo esfuerzo [para asegurar] que los padres de familia reciban un salario suficientemente grande como para cubrir las necesidades familiares ordinarias en forma adecuada”.

La encíclica de 1981 Laborem Exercens reforzó este vínculo entre trabajo y formación familiar. Afirmando que la fundación de una familia es un “un derecho natural”, Juan Pablo II definió el salario justo de un adulto como aquél “que es suficiente para el establecimiento y mantenimiento de una familia y para proveer seguridad para su futuro”. De cualquier forma que se implemente, enfatizaba el Papa, la existencia de un salario familiar sirve como “medio concreto de verificar la justicia de todo el sistema socio económico”.

Tenemos aquí una prueba específica de la justicia económica: ¿Existe un salario familiar? Más aún, dijo el pontífice: “Redundará en beneficio de la sociedad hacer posible para una madre… dedicarse en el cuidado de sus hijos y en educarlos de acuerdo con sus necesidades, las cuales varían con la edad. Tener que abandonar estas tareas para tomar un trabajo asalariado fuera del hogar es erróneo…”

Respecto a la importancia de la economía doméstica —del trabajo en el hogar no pago y centrado en la familia— el entonces pontífice declaró: “El trabajo doméstico es una parte esencial del buen orden de la sociedad y tiene una enorme influencia sobre la colectividad; contribuye a producir ingresos y riquezas, bienestar y valor económico… Tiene una influencia directa sobre el buen desarrollo de la familia.”

En referencia a la familia, al Estado y a la economía, Juan Pablo II estableció: “Estamos todos llamados a promover un medioambiente favorable a la familia, y, por lo tanto, a la maternidad y a la paternidad, un medioambiente donde, en forma creciente, puedan encontrarse las condiciones óptimas para hacer posible que la familia pueda desarrollar sus riquezas: fidelidad, fecundidad e intimidad enriquecida con la apertura a los otros.

Estas referencias no constituyen una teoría económica. Pero sí, creo, animan a todos los cristianos a volver a pensar el trabajo teórico en pos de una Vía Familiar y a ayudar a construir ambientes amigables para la vida hogareña, el lugar de la fidelidad, la fecundidad y la intimidad. Y la Vía Familiar es mucho más que una teoría. Existen ejemplos modernos de naciones que, usualmente por accidente, han tropezado con políticas temporales que han dado nuevos bríos a la familia, mediante la desindustrialización de algunos aspectos de la producción y la restauración de estas funciones en el hogar. En consecuencia, encontramos también en estos lugares visibles signos de una renovación familiar: matrimonios más fuertes con más hijos.

México, para poner un ejemplo cercano, dividió vastos terrenos organizados industrialmente en los años alrededor de 1940 y distribuyó más de 10 millones de hectáreas a campesinos sin tierras. Estos cambios convirtieron a los trabajadores de las plantaciones en campesinos libres dueños de pequeñas propiedades, y restauraron el lugar de la familia como unidad de producción y consumo. Las anteriores ganancias espectaculares logradas mediante una mayor productividad en la producción de alimentos resultaron igualadas por un crecimiento equivalente en manufacturas y otras formas de producción en pequeña escala. Las empresas urbanas también se apoyaron en las relaciones familiares. Con la propiedad productiva de vuelta en manos de las familias, los matrimonios se hicieron más tempranos y los hijos arribaron en grandes números: las riquezas familiares de las que Juan Pablo II hablaría décadas después.

Una economía centrada en la familia no está destinada a ser una economía estancada en términos estadísticos. La tasa de crecimiento oficial de la economía mexicana en el periodo 1945-1965, en realidad, excedió a las tasas de crecimiento de los Estados Unidos y Canadá para ese mismo período. Por desgracia, este experimento de restauración familiar llegó a su fin alrededor de 1970, cuando las autoridades de los EE.UU. y de las Naciones Unidas, especializadas en ―control poblacional”, intencionalmente se dispusieron a destruir la economía de base familiar de México, con el fin de reducir el tamaño familiar promedio y convertir a dicha nación nuevamente al modelo industrial (Comentario del Blog: el Secretario de Estado de EE.UU. en los años 70′ se llamó Henry Kissinger. Para leer sobre Kissinger, sugerimos este artícuōlo).

Aún un segundo experimento masivo no intencional en cuanto a la restauración de la familia comenzó a fines de esa década, y aún continua, en el lugar menos probable: la República Popular de China. Los campesinos chinos —colectivizados en granjas industriales por Mao Tse-Tung después de la revolución de 1949— sufrieron terriblemente durante un cuarto de siglo, debido a que los comunistas buscaban (en palabras textuales de un documento) eliminar a las familias como “unidad fundamental de habitación y producción”. Pero la muerte de Mao en 1976 trajo un cambio en esa política, llevando dos años después a la introducción del apropiadamente llamado “sistema de responsabilidad familiar”. Mientras que el estado aún técnicamente es dueño de la tierra, las colectividades industriales se dividieron y las familias obtuvieron el uso de la tierra según su tamaño: cuanto más grande una familia, más tierra recibía en uso. Luego de cumplir una cuota asignada, el producto restante de la granja se convierte en propiedad de la familia para su consumo o venta. El nuevo sistema también permitió a las familias de campesinos encargarse de ocupaciones colaterales tales como manufacturas e industria casera.

Los resultados entre 1978 y 1990, sólo recientemente documentados, fueron espectaculares. La producción de las granjas subió rápidamente, como lo hizo la salud de las familias rurales y su bienestar. Liberando esa energía emprendedora, nacieron un estimado de diez millones de empresas rurales —en su mayoría familiares—. Más importante aún, reaparecieron los moldes matrimoniales tradicionales luego de décadas de suprimidos, lo mismo que la preferencia de los chinos por tener muchos hijos. En las partes más rurales de China, tres cuartos de las mujeres ahora quieren tener cuatro o más hijos. En los hechos, este “sistema de responsabilidad familiar” subvirtió en el campo la otra innovación de los líderes de la época post-Mao: la política poblacional de “un hijo por familia”. Puesto en términos simples, una economía en la Vía Familiar quiere y da la bienvenida a los hijos.

En ambos caos, los ejemplos mexicano y chino, gobiernos supuestamente laicistas o ateos se volvieron hacia políticas que permiten el renacimiento y el éxito de una economía familiar natural. Al mismo tiempo que estas economías no resisten la prueba de libertad para que la Iglesia “ejercite su ministerio” como dice el Magisterio, creo que sí aprueban la prueba en cuanto a promover la familia.

A un nivel más modesto, en los EE.UU. y Canadá también podemos encontrar un cambio económico —definido en términos burdos— que ha fortalecido a la familia: el llamado “movimiento por la educación hogareña” (homeschooling). Debemos recordar que la educación en el hogar en los niveles elemental (primario) y secundario representa la desindustrialización de los niños involucrados. Significa un retorno desde una educación diseñada sobre principios industriales a una educación enfocada en la familia. Cerca de 1,5 millones de niños en los EE.UU. y Canadá son educados ahora en sus casas. Existe también una correlación positiva entre la educación familiar y una mayor fertilidad y familias más grandes. Un estudio encontró que el número promedio de niños en familias que realizan educación en el hogar es de 3,43, el doble del promedio de niños de todas las familias de parejas casadas en los Estados Unidos.

Entre las familias canadienses que educan en el hogar, la cifra es aún mayor: 3,46. Una vez más, éstos son signos auténticos de integridad y salud familiar. Sí, es cierto que quienes realizan educación hogareña, especialmente aquellos que son católicos, tienden a tener familias más grandes. Pero la educación en el hogar funciona ella misma a favor de la tendencia a tener más hijos, ya que la psicología de la familia frecuentemente cambia cuando tiene lugar la educación familiar: La casa comienza a girar alrededor del niño (y de manera saludable), las conexiones entre los miembros de la familia se fortalecen y la familia es refuncionalizada.

En síntesis, una economía de Vía Familiar es más que una teoría abstracta. Hay ejemplos en el terreno que nos muestran cómo podemos construir un orden mejor, más virtuoso, uno más cercano a pasar los exámenes de justicia familiar y dignidad humana tal como los ha articulado la Iglesia Católica. ¿Qué puede significar esto para las familias cristianas?

Permítaseme cerrar con varios ejemplos —todos a la mano de una familia o de una parroquia— sobre lo que se puede hacer para avanzar en el camino de una economía de Vía Familiar.

Primero, el clero y los líderes laicos pueden copiar el ejemplo de la Francia de comienzos del siglo XX y organizar a los líderes de negocios en sus parroquias para estudiar los principios de la enseñanza social de la Iglesia, especialmente aquéllos referidos a la dignidad del trabajo, la santidad de la familia, la justicia del salario familiar y la responsabilidad moral personal para proveer ese salario a sus empleados.

En segundo lugar, las familias cristianas pueden usar su poder de compra, su “soberanía de consumidor”, para sostener las manufacturas y negocios locales y familiares.

En tercer lugar, las parroquias pueden promover pequeñas empresas familiares a través de la provisión de un pequeño pero suficiente capital inicial.

En cuarto lugar, el clero y los líderes laicos pueden promover la educación familiar. Las parroquias tradicionales pueden ser parcialmente reformadas para servir a los educadores del hogar como centros de recursos, como lugares de clases comunes y como sitios para mejorar las habilidades de enseñanza de los padres.

En quinto lugar, las parroquias pueden crear cooperativas de alimentos. Esto puede parecer más fácil en pequeños pueblos y regiones rurales, pero es posible también en las grandes ciudades. En las “megaciudades” del mundo en vías de desarrollo, el 75% del alimento es aún producido en jardines hogareños y pequeñas granjas localizadas en esas mismas ciudades. Los jardines familiares como empresa familiar común pueden también tener éxito en ciudades del mundo desarrollado. Las parroquias cristianas podrían también vincular “familias granjeras” y “familias urbanas” para la venta directa de productos frescos y otros del campo, lo cual beneficiaría a ambas.

En sexto lugar, los sacerdotes, ministros y laicos pueden dedicarse a ministerios rurales específicos y a la restauración de la vida rural tradicional. Bajo el liderazgo inspirado del P. Luigi Ligutti, la Conferencia Católica Nacional de Vida Rural (National Catholic Rural Life Conference) de los EE.UU. tuvo un papel vital en esta área. Creo que existe una nueva necesidad entre los laicos cristianos, particularmente entre los jóvenes adultos, de una guía espiritual y práctica en este asunto.

Y, por último, podemos ayudar a revivir la Regla de San Benito en nuestro tiempo. Podemos, en palabras de Mons. M. Francis Mannion en un artículo publicado en Communio, “crear comunidades de existencia cristiana ejemplar” que “nos enseñen cómo vivir en forma auténtica”. La renovación del modelo monástico tradicional — comunidades de hermanos o hermanas— es parte de esto, pero creo que nuestro tiempo llama también aplicaciones modificadas de la regla monástica para pequeñas comunidades de familias: una vida de residencia, trabajo, caridad, educación y adoración compartidas, apoyados en votos de obediencia, pobreza y matrimonio. Hay un verdadero hambre de todo esto actualmente en los Estados Unidos. Recientemente, muchas comunidades católicas de esta clase han tomado forma, al mismo tiempo que una enorme comunidad protestante de este tipo está ya trabajando en el Estado de Massachussets. Medidas concretas como éstas, donde se vincula la familia y la economía, podrían contribuir poderosamente a la gran tarea de construir lo que Juan Pablo II llamó la Civilización del Amor.