Paliza electoral para Milei: razones de la derrota

Paliza electoral para Milei: razones de la derrota

Por Juan Carlos Monedero (h)

La contundente derrota electoral del domingo 7 de septiembre muestra el fracaso de la estrategia de Karina Milei, la responsable del armado electoral que hoy fue derrotado:14 puntos de diferencia respecto de la coalición progresista-peronista, que tuvo en Axel Kicillof su alma mater. Razones mejores y peores se alternan a la hora de explicar la derrota. Enumeremos una lista de ellas, sin pretensión de exhaustividad. Sobre nuestra opinión sobre el Sistema Democrático Liberal, remitimos al interesado a otros artículos al respecto. Por ejemplo este.

  1. El escándalo de los audios de Spagnuolo, aludiendo a supuestas coimas de Karina Milei y de su mano derecha “Lule” Menem;
  2. Periodistas aliados (Jonathan Viale por ejemplo) comienzan a “curarse en salud”, distanciándose progresivamente de una alineación férrea respecto del gobierno;
  3. Se pelearon con un niño autista de 12 años, Ian Moche, y destrataron a su familia y también a él;
  4. Operaron a la vicepresidente Victoria Villarruel a través de expresiones agraviantes del propio Milei y de su militancia cibernética.
  5. Llevaron el salario real (bien medido) a 10 puntos abajo del 2023;
  6. El empleo en sectores como la construcción y la industria se cayó a pedazos;
  7. Expulsaron a sus propios amigos;
  8. El presidente se la pasó haciendo una cantidad hilarante de viajes al exterior;
  9. Ante la vista de todos, se pelearon entre ellos mismos por ofender gratuitamente a la gente (ver tuit del vocero oficioso del gobierno, el “Gordo Dan”, interpelado por Guillermo Francos, Jefe de Gabinete del gobierno) y desgastaron en peleas estúpidas (Lemoine vs Pagano, ambas diputadas que entraron por LLA);
  10. Llenaron las listas de personas de “la casta”;
  11. Perjudicaron gravemente a los jubilados;
  12. Perjudicaron gravemente a los discapacitados al mismo tiempo que, posiblemente, los estafaban;
  13. Despreciaron a los niños del Garrahan (aquí, aquí,
  14. Despreciaron a los médicos del Garrahan;
  15. Echaron como un perro a uno de los primeros de LLA, Ramiro Marra;
  16. Expulsaron a Diana Mondino del gobierno por no habe votado alineada a EE.UU.;
  17. Dejaron todo el armado en manos de punteros iguales que los kirchneristas;
  18. Dejó de lado a Santiago Caputo, el asesor que llevó a Milei a la victoria;
  19. Antagonizó más con el PRO que con peronismo;
  20. Su indiferencia frente a la cuestión provida, una de sus “banderas” electorales en la campaña presidencial. Una razón por la cual muchos (ingenuamente) habían votado LLA. Pero el mileísmo terminó metiendo aborteros en el partido y las listas (más detalles aquí), desligándose de la iniciativa de derogación de la propia diputada de LLA, Bonacci (“no es parte de la agenda del presidente”, hay temas muchísimo “más relevantes” y “más urgentes”), diciendo que derogar el aborto no fue una promesa de campaña, continuando con el financiamiento y entrega de píldoras potencialmente abortivas. Se pelearon con todos y usaron todas las estrategias posibles para aprobar determinadas medidas que querían, pero nada de eso hicieron con el tema aborto.

Como se puede observar, hay mucho de auto-demolicion en esto. Según las versiones que circulan, las expulsiones y despidos tienen un denominador común: no aceptaron arrodillarse ante Karina Milei, la hermana del Presidente y Secretaria General de la Presidencia de la Nación Argentina, a quien el propio Javier Milei llama “El Jefe”. Parece que la desocupación y la indignación de la Nación ante el conjunto de todos estos males (especialmente las versiones, cada vez más fuertes, de los sobornos por parte del oficialismo) dejaron sin respaldo a la gestión libertaria. Esto no significa que la propuesta política de Kicillof sea mejor ni menos mala que la de Milei. Nada más lejos de la opinión de quien escribe esto. Lo que significa es que, otra vez, la Argentina está siendo llevada las falsas disyuntivas ideológicas-políticas-económicas, rebotando como pelota de ping pong entre liberales y libertarios por un lado, y socialdemócratas progresistas populistas por el otro. Por eso mismo, urge un despertar global de la población que entienda que ambas propuestas (la derrotada hoy y la vencedora) son dos caras de la misma moneda. O, si el lector prefiere un lenguaje menos escolástico, el mismo excremento con diferente olor.

 

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Nueva Derecha: De la Contrarrevolución al Liberalismo

Nueva Derecha

De la Contrarrevolución al Liberalismo

El video cuenta con:

  1. Introducción y presentación del Dr. Antonio Caponnetto.
  2. Ponencia del Dr. Bruno Acosta Pastore.
  3. Ponencia del Lic. Juan Carlos Monedero (h)

DESGRABACIÓN DE LA PONENCIA DEL LIC. JUAN CARLOS MONEDERO (H)

La historia que les voy a contar explica cómo buenos padres de familia, buenos docentes y buenos católicos –cuyas bibliotecas contienen obras de Meinvielle, Castellani, Sacheri, Genta, el Cardenal Pie, León XIII, San Pío X y otros grandes papas– fueron manipulados.

La desesperación política no es buena consejera y, aunque comprensible desde la debilidad humana, no es justificable.

Décadas de progresismo rampante y desvergonzado… abandono cuando no apostasía de cierto clero frente a la descomposición de la sociedad… corrupción de nuestros hijos a través de la ESI y otras leyes inicuas… persecución y hostigamiento de las fuerzas católicas y patrióticas… Guerra Psicológica contra las Fuerzas Armadas por su lucha contra la subversión en los años 70’… Todo esto tuvo su impacto. Muchos creyeron que para frenar al monstruo gramsciano había que unirse con los liberales, con las derechas, con los conservadores, que al fin y al cabo no se tiñen el pelo de azul, no llevan un pañuelo verde abortero en las muñecas, no son comunistas. Que al fin y al cabo –si se nos permite un término poco académico– no son zurdos.

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Por eso, y si enfocamos especialmente en nuestro espacio (católico, tradicional, nacionalista, defensor del interés nacional, provida, profamilia) lo que estamos viviendo en estos momentos –un presidente anglófilo, apóstol de una ideología anticristiana como es el Liberalismo, que admite ser “un topo” que viene a destruir el Estado, entre otras muchas cosas– no es solamente el desenlace de una mera contienda electoral. No estamos negando que lo sea. Lo es. Pero hay algo más.

Lo que estamos viviendo en estos momentos es un lento proceso que se viene incubando al menos desde hace una década. Una paciente y sigilosa reconfiguración política que busca convertirse en metamorfosis cultural hasta lograr lo siguiente: el que tenga éxito económico debe obtener el derecho y la patente de humillar al que tiene menos. O dicho en otras palabras: Si cobras poco, por algo será. Si como empresa quebrás, es porque merecías quebrar, fracasado. Una suerte de Evolucionismo Darwinista aplicado al orden económico. Esta es una de sus primeras características.

De la Contrarrevolución Católica al Liberalismo. Se trató de un largo proceso. Observémoslo en cámara lenta, a fin de poder entenderlo. Mirémoslo especialmente desde las redes sociales: lo que empezó siendo un simple “reenvío un video debate sobre el aborto” terminó en Casa Rosada. Es importante entender porqué y cómo. La Nueva Derecha fue la que puso a Milei en la Rosada. ¿Cómo lo hizo? La Nueva Derecha –que es Liberal– practicó el viejo arte del entrismo. De “entrar”.

Samuel Ángel Ft. Agustín Laje y Nicolás Márquez - Desenmascarando la ideología de género - ANTI FAKE NEWS - Podcast en iVoox

¿Cómo hicieron esto los divulgadores neoderechistas? ¿En qué consiste este entrismo?

Los distintos divulgadores de la Nueva Derecha se posicionaron y comenzaron a existir en nuestros medios citando a nuestra gente, nuestros intelectuales, nuestros divulgadores. La metodología era simple, elemental: “todo lo que vaya contra la izquierda, se apoya”. Es la política de Hagamos bulto. Hay que hacer bulto.

Es una tentación.

Suena bien. Especialmente si estás desesperado.

Es un argumento cuantitativo, accesible a todos.

Hasta suena magnánimo: “dejemos de lado las pequeñas diferencias y vayamos contra el enemigo común: la izquierda”. O el marxismo cultural, el progresismo, el aborto, la ideología de género. Lo que toque en el momento.

No sólo fue la Nueva Derecha. También los liberales, paulatinamente –el proceso es paulatino– fueron entrando en nuestro ámbito citando personas que eran referentes calificados y respetados por nosotros. Y hay que reconocer que nuestra gente es muy verticalista. Eso nos hace predecibles y, hasta cierto punto, vulnerables. El respeto por la autoridad intelectual –muy cultivada en nuestro espacio católico contrarrevolucionario– puede volverse contra nosotros. Entonces, difundieron a NUESTROS autores desde páginas liberales y así los lectores incautos iban cayendo, uno tras otro.

BASTA!! Tu vida esta en juego y es hora de defenderse

Rápidamente quedó en evidencia, para el ojo crítico, que estos artículos que se difundían en páginas liberales tenían la función de servir como “escudos”. No era tan importante lo que decían. Importaba más quién lo firmaba y cómo aprovechar mediáticamente el nombre de los firmantes. ¿Se acuerdan de El Caballo de Troya?

Hubo sin dudas una capitalización política de nuestro arsenal cultural. Lo hicieron con muchos intelectuales y divulgadores. Lo hicieron o intentaron hacer por ejemplo con Antonio Caponnetto, a pesar de que él resistió abiertamente este intento de envolvimiento. Así, los sitios liberales divulgaban un lunes textos católicos y nacionalistas, un miércoles publicaban artículos conservadores y un viernes artículos de liberales y masones. Todo igual. Todo al mismo nivel. El mensaje estaba como encriptado en esta metodología del revoltijo; encriptado en el modus operandi mismo. Si la misma persona que con una mano organizaba el Rosario de Hombres en algunas ciudades, con la otra mano articulaba conferencias donde los oradores eran influencers liberales y capitalistas, el mensaje implícito era muy claro: se puede ser católico y liberal, se puede ser católico y procurar la máxima rentabilidad sobre las espaldas del interés del prójimo. No hay problema con eso. Son asociaciones simbólicas, al igual que ocurría con los artículos y videos.

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¿Qué es lo que terminaba ocurriendo? El lector u oyente promedio, sediento de algo que no sea la náusea lesbomarxista que lo venía tiranizando desde hace años, aplaudía incondicionalmente estos artículos. Eran las gotas de agua en el medio de un desierto femibolche. Estaban citados –junto con liberales y masones– sus autores de referencia. Y la conferencia de Milei el viernes tenía que ser buena porque los mismos que la organizaron promovían el Rosario de Hombres el miércoles. ¿Cómo no confiar?

Video: El nacionalismo católico NO puede ser peronista. Por Antonio Caponnetto - Prensa Republicana

Foto: Antonio Caponnetto. Fue uno de los intelectuales católicos argentinos que nunca se plegó al mileísmo y que denunció la propaganda pro liberal desde el comienzo.

Los que –con mayor sutileza– cuestionaban las ideas liberales de estos artículos comúnmente eran neutralizados bajo el argumento de “Ey, al menos le pegan a la izquierda”. También: “Ey, son liberales pero nos dan espacio”. “Sí, son liberales pero van contra el aborto”. Muchos se acostumbraron a soportar primero esto, a tolerarlo después y con el tiempo en muchos ambientes se naturalizó.

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Como si ser liberal no fuera suscribir una ideología anticristiana sino preferir la playa como lugar de vacaciones en vez de la montaña.

Como si ser liberal no fuera aceptar que se pague sueldos miserables a jubilados, médicos y docentes con tal de no afectar un supuesto superávit fiscal.

Como si ser liberal no fuera poner la libertad antes que la Justicia, y la ley positiva antes que la ley natural.

Como si ser liberal no fuera procurar la rentabilidad máxima a costa de las espaldas (ya deterioradas) de los trabajadores.

Como si ser liberal fuera una opción lícita dentro de un abanico amplio.

Fue una obra de la propaganda política con calculados barnices psicológicos.

Una nueva ventana de Overton. Primero era impensable, luego se soportó, finalmente se volvió natural y ahora se promueve alegremente, ¡y hasta se festeja! En definitiva, si los liberales nos promueven algunos artículos, si nos citan en sus trabajos, “no pueden ser tan malos”. Se trata del fenómeno de la asociación simbólica: acostumbramiento psicológico y moral al liberalismo. Gotita a gota, nos fueron rodeando. Nos quisieron envolver. El goteo liberal. Una buena estrategia de marketing, debemos reconocer. Muchos cayeron en la trampa.

Lo cierto es que usaron los nombres de intelectuales católicos, patriotas y nacionalistas como COARTADA.

De a poco –por eso decimos que este proceso lleva al menos una década– los liberales fueron generando un cierto prestigio DENTRO de los espacios contrarrevolucionarios católicos. Fueron invitados, entrevistados, los intelectuales católicos les prologaban sus libros, los libreros los vendían… se fueron mimetizando.

MILEI LANZA SU CAMPAÑA EN EL PROGRAMA DE DANANN | Emmanuel Danann 🐍

Sin embargo, también lentamente, ciertos hombres lúcidos comenzaron a darse cuenta de que la Nueva Derecha –tan verborrágica– mantenía un llamativo silencio sepulcral. Tenía temas de los que no hablaba. Es importante considerar “Lo que no dicen”. No denunciaban la Masonería. No denunciaban la injerencia inglesa en el país. No denunciaban la usura. No denunciaban la dependencia económica respecto de potencias extranjeras o de corporaciones que se manejan al margen del Bien Común. No militan una mejor distribución del ingreso. No militan contra las desigualdades injustas. No condenaban el desguace económico del último gobierno militar. No hablaban de la Deuda Externa.

Un llamativo silencio, una resonante ausencia –por no decir agujero– caracterizaba sus discursos, sus videos, sus artículos.

Foto: Sergio Castaño. Otro intelectual católico argentino que, con fecha cercana a las elecciones presidenciales, llamó la atención sobre la penetración del liberalismo en filas católicas.

Lo más terrible de todo esto es que, en gran parte, fueron muchos católicos bienintencionados los que –apoyando a estas personas liberales por las cosas buenas (repito, por las cosas buenas) que tenían, y haciendo una reserva mental respecto de sus errores– terminaron encumbrándolos. Terminaron posicionándolos en la arena pública. Les allanaron el camino.

En muchos se toleró la coexistencia con la ideología anticristiana del liberalismo. Otros, con toda probabilidad, vieron en el auge de los neoderechistas la posibilidad de integrarse a ellos y así lograr mayor cantidad de visualizaciones en Youtube, beneficiando así sus propios proyectos. Y sabemos que a mayor mediatización, más dinero.

Cuánto paga YouTube por visualización? | Finetwork

Pero muchos otros católicos –digámoslo– no entendían siquiera qué era el Liberalismo. ¡Terrible! No es que lo toleraron. Es que no sabían o no tenían en claro que era una ideología condenada por el Magisterio de la Iglesia. Les hablamos también a ellos en especial. A los que fueron engañados.

A los que les vendieron que “ser liberal” es bajar impuestos injustos.

A los que les vendieron que “ser liberal” era frenar la corrupción de la obra pública.

A los que les vendieron que “votar liberales” era la manera de derogar el aborto… y después observaron con indignación reprimida cómo el oficialismo de Milei se aliaba con los liberales progresistas de Juntos por el Cambio (que votaron el aborto en 2020), sin los cuales la gobernabilidad hubiese sido imposible.

A los que les vendieron que el “mal menor” o “el bien posible” era un camino hacia algo mejor.

A los que engañaron –¡otra vez!– con el cuentito de que “hay que entrar en el sistema” porque “hay que hacer algo”.

Pablo Munoz Iturrieta على X: "Mañana @JMilei asume como presidente de la Argentina 🇦🇷. Coincidimos en dos conferencias durante el 2022, cuando nadie se imaginaba que sería Presidente, pero donde curiosamente @jeancarlopmag

En resumen.

Resultó entonces que infinidad de católicos calentaron la pava. Y los liberales fueron los que se terminaron tomando el mate.

En efecto, en 2023 una gran cantidad de gente apoyó en el ballotage a la opción electoral que prometía derogar el aborto. Imaginen sus sentimientos cuando, en febrero de 2024, el vocero del gobierno Manuel Adorni sostuvo públicamente: “la derogación del aborto no forma parte de la Agenda”. 

Imaginen sus sentimientos cuando el propio presidente dijo, entrevistado en mayo 2024, que “la derogación del aborto no fue parte de las promesas de campaña” (puedes escuchar el video en Twitter aquí). Para contener y evitar una sangría de los votantes provida, Agustín Laje se atajó y dijo que “con 8 años de Milei” seguramente se lograría conseguir el apoyo político para derogar el aborto… Es tremendo realizar estas especulaciones políticas mientras aquí, a 500 metros, a 1000 metros, se siguen matando niños por nacer al amparo de una ley inicua que la mayoría de senadores y diputados –al igual que un Viernes Santo, hace 2000 años– determinó por voluntad popular.

Es complicado, estimados amigos.

Es una maquinaria compleja de desarmar, de entender, en donde se cruza lo personal y lo político, lo doctrinario y lo prudencial, la humana desesperación y al mismo tiempo la fe en el Bien, que es Dios mismo, aún cuando terrenalmente uno no vea esperanzas.

Para ser justos, digamos que, en definitiva, enfrentamos a algo que es más grande que el propio Milei: el sistema político-económico-mediático-cultural que hace posible que grandes barbaridades y terribles crímenes adquieran legalidad con tal de que sean votados por mayoría de diputados, mayoría de senadores y luego aprobado por el Poder Ejecutivo.

Foto: Guillermo Rojas. Sus artículos también contribuyeron a levantar la guardia contra las derechas liberales y los globalismos de pro-sionistas.

Se trata de un sistema complejo, no homogéneo.

Un sistema que muestra sus dos caras: ora progresista izquierdosa, ora liberal economicista, pero que siempre conspira contra el bien común y el interés nacional, y que –con el corazón a la izquierda pero la billetera a la derecha– milita activamente por destruir lo que queda del Orden Social Cristiano.

Crítica a la "Nueva Derecha": La descristianización de la batalla cultural - YouTube

Foto: Dante Urbina. Sus trabajos también contribuyeron a alertar sobre el peligro del liberalismo conservador y su penetración en ambientes católicos.

Por eso es que es tan importante aprender de los errores. La situación que estamos viviendo sólo tiene sentido si se reconoce que se ha fallado, si quienes fueron ganados por la desesperación política –no habiendo sido prudentes– piden perdón y trabajan (junto a nosotros, esperamos) para rectificar el camino. Afortunadamente, Fernando Romero Moreno (principal intelectual católico que militó el voto a Milei en el ballotage, cuando la opción enfrente era Sergio Massa) acaba de hacerlo desde sus redes sociales. Acaba de reconocer que el kirchnerismo progresista y el mileismo son igual de indignos y repugnantes. Esperamos que otros divulgadores cercanos sigan su ejemplo. No basta el silencio. No es suficiente con la comodidad del silencio. Errar no nos descalifica. Pero no reconocer el error cuando el mismo es patente, sí.

Que todo esto haya servido para algo.

Debemos entender que el combate al progresismo no habilita cualquier tipo de alianza, sobre todo si tal grupo niega los principios más elementales del orden cristiano, como es el caso de los liberales y peor aún de los libertarios. Ya lo decía Castellani en San Agustín y Nosotros: liberalismo y marxismo “son dos herejías”.

Deseamos concluir con las siguientes afirmaciones:

  • Un sacerdote católico puede equivocarse cuando habla de política. Muchos apoyaron (dentro y fuera del país) estas opciones liberales y pro-sionistas a pesar de constantes y reiteradas advertencias. Ahora, cuando la genuflexión del Jefe de Estado para con Israel es patente, se hacen los distraídos y hablan de la Edad Media, el trivium. Pero en realidad, estos males ya se incubaban desde el principio y ellos no quisieron verlos.
  • Un Veterano de Guerra de Malvinas es admirable por su sacrificio, su entrega, su honor y su coraje pero esto no significa que sus opciones políticas sean infalibles. Su aptitud y conocimiento técnico-militar, su conocimiento y experiencia de 1982 los convierte en una autoridad a la hora de hablar de la Guerra y de la Gesta. Pero esto no quiere decir que su palabra sea santa si se decisiones políticas se trata.
  • Cuando católicos y liberales entablan alianza, o bien dirigen los católicos o bien dirigen los liberales. No hay otra posibilidad. Sólo está permitida –como dice Félix Sardá y Salvany– una alianza donde los católicos dirijan la acción y los liberales acompañen. Sólo en esta circunstancia concreta. Sin embargo, el propio sacerdote español no deja de decir que la misma ni es recomendable ni puede ser permanente en el tiempo. Hay que señalar que –en el caso concreto que analizamos– sucedió exactamente lo opuesto. Los católicos fueron a estructuras liberales, conducidas por liberales, financiaron candidatos liberales, militaron el voto para gobernantes que llevaron adelante políticas de gobierno liberales. En conclusión: los que “llevaron la voz cantante” fueron… los liberales. Políticamente fue un error inmenso. Moralmente, fue cooperación material.
  • El que se acostumbra a tolerar, ya está listo para permitir. Ocultar o disfrazar una ideología anticristiana como es el Liberalismo, teniendo en la mente la idea de así poder escalar y ser política o socialmente más influyente, es una praxis que debe ser seriamente estudiada, puesta sobre la mesa, blanqueada, para luego realizar un juicio moral sobre la misma. Desgraciadamente, creemos que se trata de una práctica muy habitual.
  • Hay un vacío muy grande en una gran cantidad de personas respecto de lo que debe ser, como ideal, una economía y una política católica. Seguramente los oyentes han asistido o escuchado en los últimos años 5, 10, 20, 50, 100 conferencias o videos sobre el aborto y sobre la ideología de género. Lo cual está muy bien. Sin embargo, ¿cuántas conferencias se organizaron para hablar de la Doctrina Social de la Iglesia? ¿Cuántas para hablar de un Orden Social Cristiano? ¿Cuántas veces escucharon ustedes propuestas de soluciones o iniciativas para intentar “restaurar todo en Cristo”, como dice San Pío X? Estamos seguros que por cada una de ellas, si es que hubo alguna, se enteraron de 1000 actividades vinculadas a la familia, la vida y la cultura. No estamos diciendo que eso esté mal. Nosotros mismos hemos fomentado todo eso. Pero hay un hueco. Hay un agujero, una cavidad. Hay una vulnerabilidad ahí, y por ahí se coló el Liberalismo, por ahí se coló la Nueva Derecha y la propaganda sionista, engañando a muchos. Por eso, debemos exterminar la imbecilidad gigante de “No soy liberal en lo moral pero sí en lo económico”. ¡Como si lo económico estuviese divorciado de lo moral, señores!
  • A fuerza de no pecar contra la justicia, queremos enfatizar este importante matiz: no todos los que se sumaron a la ola violeta liberal libertaria fueron cínicos o mercenarios. Estamos convencidos de que muchos fueron simplemente engañados. Sin embargo, el resultado fue el mismo: un terreno cedido y un enemigo instalado dentro de casa. Y con ayuda de católicos, lo cual es mucho peor.
  • Debemos enseñar y hacer incorporar a nuestros alumnos una verdad de puño: no todo el que dispara contra la izquierda es nuestro aliado. Hay que insistir y saber como el Padrenuestro que si ocultamos la doctrina católica sobre el liberalismo en nombre de “la urgencia”, lo que terminamos cambiando es la Verdad por “la eficacia”. Más tarde que temprano, nos vamos a terminar quedándonos sin una y sin la otra, como bien enseñó Chesterton.
  • No reduzcamos la política a lo cuantitativo. El buen gobierno, la buena política, la buena educación es, ante todo, un hecho CUALITATIVO. Por eso, el gran olvidado en estas “batallas culturales” no es el enemigo: es el propio tesoro doctrinal que dormita en nuestros estantes, sin ser estudiado, sin que se intente aplicar, sin que se articule una estrategia para persuadir y así convencer a los miles y miles de argentinos –y también hispanoamericanos– del deber de militar una reconquista del orden temporal con todos los medios lícitos y eficaces al alcance, sin caer ni en la desesperación ni en el activismo.

 

Con estas ideas en mente, resumimos.

Identificar bien la situación.

Hacer una lectura política compleja, sin reduccionismos.

Entender a los que fallaron con buena voluntad, abriendo la puerta a los que –con magnanimidad– reconozcan sus fallas.

Señalar a los enemigos y al sistema que los hace posible.

Llamar a la unidad en la verdad y en la militancia.

Humildemente y para terminar queremos respaldar la idea de constituir un movimiento –que figuras como el juez Alfredo López, el Mayor Hugo Abete, entre otros, vienen difundiendo– para procurar la victoria de nuestros principios y su aplicación práctica (si no a nivel nacional) al menos en el seno de cada uno de nuestros cuerpos intermedios, nuestras empresas, colegios, sociedades y familias.

Muchas gracias.

 

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¡Léalo aquí!

Hacia una economía centrada en la familia – Allan C. Carlson

Hacia una economía centrada en la familia

Allan C. Carlson*

(New Oxford Review, diciembre de 1997, vol. LXIV, nº 10)

Comencemos con lo que algunos aún llaman la paradoja de una era de abundancia y riqueza que es también una era de degradación moral y declinación familiar. El industrialismo del siglo XX produjo una abundancia creciente de bienes materiales, ingresos promedios cada vez más altos y mayores expectativas de vida. Sin embargo, el vigésimo siglo cristiano ha sido también testigo de un nivel sin precedentes de rupturas familiares. Defino a la familia natural como la dada entre un hombre y una mujer comprometidos en una alianza socialmente aprobada llamada matrimonio, con los propósitos de propagación de la especie, comunión sexual, amor y protección mutua, la construcción de una pequeña economía hogareña y la preservación de las costumbres de generación en generación. Mientras culminamos el segundo milenio cristiano, esta familia natural está desapareciendo en la mayor parte del mundo occidental como una presencia culturalmente significativa. Tasas decrecientes de matrimonios primerizos, extensión de divorcios, bajos niveles de nacimientos dentro del matrimonio, ilegitimidad creciente, promiscuidad rampante, cohabitación y aborto, y la sexualización de la cultura popular: estos desarrollos se han dado especialmente pronunciados en las mismas naciones donde el triunfo de la industria ha sido más completa. Surgen preguntas críticas: ¿Están ambos desarrollos relacionados? ¿El crecimiento de la industria causa la ruptura familiar? Y si así es, ¿es posible encontrar una forma tanto de abundancia material como de virtud familiar? ¿Podemos generar una economía virtuosa?

Con respecto a la primera pregunta, la obvia pero aún así más olvidada, la respuesta es “sí”: La producción industrial moderna tiende, por su misma naturaleza, a minar los fundamentos materiales y psicológicos de la familia.

Para entender por qué, necesitamos volvernos sobre la misma esencia de la industria moderna y de lo que ella ha reemplazado. La economía pre-industrial —el entorno para la mayor parte del tiempo de la humanidad sobre la tierra— estaba centrada en el hogar, donde cada familia era mayormente autosuficiente, en la producción y preservación de la comida básica, en el refugio, en la ropa y en la educación principalmente moral y práctica. Esta autosuficiencia trae a la familia una cierta forma de independencia económica. Los maridos, las mujeres, los hijos y otros miembros del hogar se especializan en algún grado en las tareas, una natural división del trabajo que genera ganancias materiales. El hogar familiar natural sirve como unidad de producción tanto como de consumo, unidad construida sobre el altruismo y el amor, donde el principio del compartir desinteresado realmente funciona. Usando el lenguaje corrupto de fines del siglo XX, el hogar familiar no es una entidad ―capitalista”; es más cercano al ideal socialista de un compartir desinteresado, donde el egoísmo y el individualismo están balanceados con las necesidades y requerimientos de la familia y la comunidad próxima, y este hogar se conserva mejor en un medio no industrial. Esto explica por qué la familia natural encuentra su escenario favorable en la granja de subsistencia, entre los campesinos libres o minifundistas. El pequeño taller artesanal, también organizado alrededor del hogar familiar, sirvió (y sirve) como la contraparte pueblerina (o urbana) de este minifundio rural.

En su esencia, el proceso de industrialización significó romper estos hogares productivos de pequeña escala y distribuir sus partes humanas en fábricas: en fábricas materiales como molinos, enlatados, plantas automotrices y oficinas, y en fábricas sociales y educativas como escuelas estatales masivas para niños y geriátricos para ancianos. A través de la producción industrial de bienes físicos, la riqueza crece (es cierto) con ganancias extras que provienen de esta exagerada división del trabajo. Pero estas ganancias materiales exigen, a la vez, una pérdida de solidaridad e independencia de la familia. Por eso es que es justo decir que tanto las modernas corporaciones industriales como los modernos Estados tienen un cierto interés en la desintegración familiar. Visto en términos de eficiencia, la unidad familiar independiente representa una carga sobre el Producto Nacional Bruto. Los vínculos familiares interfieren con la distribución eficiente del trabajo humano y la producción casera limita la visibilidad en una economía de base monetaria. En verdad, lo que llamamos “crecimiento económico” se apoya, en una parte significativa, sobre la constante transferencia de funciones productivas del hogar, donde tales trabajos no son traducidos en dinero y por lo tanto no son contabilizados, hacia entidades industriales organizadas, tanto corporativas como estatales. A mediados del siglo XIX, estas funciones transferidas incluían la hilandería, la teneduría, la zapatería y la educación. Para comienzos del siglo XX, incluyeron además la producción y conservación de alimentos, el transporte y el cuidado de niños.

En nuestro tiempo, estas transferencias de la familia a la industria incluyen además la preparación de comida, el paseo de niños y el cuidado de los ancianos. De hecho, mucho de lo que medimos como crecimiento económico desde los ’60 ha sido simplemente la transferencia de las tareas caseras remanentes que comienzan a ser contabilizadas en términos monetarios —cocina casera, cuidado de niños, cuidado de ancianos— al pasar a entidades externas como Burger King, guarderías privadas o geriátricos estatales. La pequeña economía productiva hogareña queda así despojada de sus tareas económicas.

El trato de la mujer bajo el régimen industrial ofrece un verdadero caso de estudio. En el mercado de trabajo no regulado de comienzos del capitalismo industrial, lo mismo que en el programa formal del socialismo industrial, la mujer —particularmente la mujer joven— era especialmente deseada como trabajadora, por sus pequeños dedos, por su comportamiento obediente y, fundamentalmente, por sus efectos económicos colaterales: sumándola al mercado laboral el nivel general de salarios permanece bajo. En la Europa y los Estados Unidos del siglo XIX, las nuevas fábricas contrataban esposas, madres e hijas para mantener a raya a los artesanos especializados: los maridos y padres de estas mismas mujeres. Sólo con la larga y dificultosa organización del trabajo, enfocada en esos años a un grado sorprendente de restauración familiar, se reconstruyeron los límites de la decencia alrededor del hogar y se limitó la intrusión industrial en el hogar. Bajo los sistemas de ―salario vital” o ―salario familiar” del trabajo organizado a fines del siglo XIX y comienzos del XX, la fábrica solo podía requerir que un único miembro de la familia —normalmente el padre— fuese el que cobrara un salario suficiente para mantener su familia en la decencia. La mujer pudo, entonces, regresar al hogar para llevar, alzar, proteger y educar a su descendencia. Los niños también se vieron protegidos del ingreso prematuro al medioambiente industrial.

Incluso algunos industrialistas llegaron a percibir la sabiduría moral de este ―salario familiar” y la virtud de preservar algún nivel de autonomía familiar dentro del sistema fabril. En los EE.UU., Henry Ford deslumbró a los observadores en 1914 al duplicar inmediatamente los salarios de los trabajadores casados, arguyendo que el trabajador “no es tan solo un individuo… Es miembro de un hogar… El hombre realiza su trabajo en la empresa, pero su mujer hace el trabajo en la casa. Por lo tanto, la empresa debe pagarle a ambos”. La alternativa, enfatizaba Ford, era “el horrendo espectáculo de niños pequeños y sus madres viéndose forzados a salir a trabajar”.

En Francia, mientras tanto, sacerdotes católicos organizaron a los industrialistas de sus parroquias en círculos de estudio sobre la enseñanza social de la Iglesia (lea más del tema aquí, aquí, y aquí). Estos patrones llegaron a diseñar un vasto y voluntario sistema de protección familiar que suplementaba los salarios pagados a las cabezas de familia con adicionales según el número de hijos. Para mediados de los ’20, este sistema voluntario también proveyó niñeras, enfermeras y adicionales por nacimiento y maternidad a las familias involucradas.

Sin embargo, la respuesta más común, y (admitámoslo) más lógica desde el punto de vista económico, fue una constante campaña para despedazar la familia en sus partes constitutivas. Desde su fundación a mediados del siglo XIX, la Asociación Nacional de Fabricantes (National Association of Manufacturers) de los Estados Unidos consistentemente batalló para desmantelar el sistema de “salario familiar” y lograr acceso de nuevo al mercado laboral para las mujeres casadas y los niños.

Secretamente, según los rumores de la época, la organización de los empleadotes fundó en los ’20 el Partido Nacional de las Mujeres (National Women’s Party), el grupo feminista radical que fue autor de la propuesta de la Enmienda sobre Igualdad de Derechos en la Constitución de los Estados Unidos. La Asociación Nacional de Fabricantes, del brazo con las feministas, abiertamente luchó por poner fin a las protecciones legales especiales que existían para las mujeres y los niños.

En los ’60, las mismas fuerzas festejaron juntas cuando el Título VII de la Ley de Derechos Civiles de 1964 fue transformado desde una herramienta de justicia económica racial en un espolón de guerra contra el sistema de “salario familiar” estadounidense. La mayoría de las corporaciones se apresuraron a salir al vasto mercado laboral de mujeres, bajando el salario industrial promedio una vez más. Para 1990, las mujeres jóvenes se habían convertido en el grupo más ―proletarizado” o asalariado en los Estados Unidos; más miembros de la familia trabajaban largas horas; y las tasas de matrimonios y nacimientos maritales se precipitaron al fondo.

El crecimiento de la educación estatal masiva ofrece otro caso de estudio de los efectos del industrialismo sobre la familia. Las investigaciones actuales sobre fertilidad demuestran que los padres reducen el tamaño familiar desde un promedio natural de siete hijos por hogar sólo cuando existe una disrupción en las relaciones económicas dentro de la familia. El demógrafo John Caldwell argumenta que, de hecho, es la educación masiva de los jóvenes la que conduce al cambio en las preferencias desde una familia grande a una pequeña, y así se promueve el deterioro de la familia como institución. La tesis de Caldwell —que la industrialización de la educación por parte del Estado causa el declive familiar— soluciona el misterio que tanto ha intrigado a los historiadores estadounidenses: ¿Cómo explicar la constante caída en la fertilidad en los EE.UU. entre 1850 y 1900?

A través de todo este periodo los EE.UU. eran un país predominantemente rural, y absorbía las masas de jóvenes inmigrantes, y los inmigrantes y granjeros suelen tener muchos hijos. Pero los datos desde 1871 hasta 1900 demuestran una muy marcada relación negativa entre la fertilidad femenina y la expansión de la escuela pública. La caída en la tasa de nacimientos está correlacionada con particular fuerza al tiempo promedio con que los niños existentes acuden a la escuela estatal en un año dado: Cada mes adicional en el ciclo lectivo de una escuela pública reduce el tamaño de la familia en ese distrito en un 0,23 por hijo.

De esta manera, vemos cómo remover la educación de los niños del escenario familiar y organizar escuelas según el modelo industrial casi literalmente “consume” a los hijos y debilitaba la familia. Antes de la educación estatal masiva, los padres realizaban toda una variedad de arreglos para la educación de sus hijos, incluyendo la educación en el hogar.

Uno podría pensar que si la madre podía ahora enviar a sus hijos a escuelas públicas gratuitas, se sentiría más libre para tener más hijos. Pero no funciona de esa forma. El proceso de educación industrializada debilita las conexiones de los miembros de la familia y el compromiso de la madre hacia sus hijos y familia. Usualmente, en vez de tener más hijos, la madre con más tiempo libre sale a buscar trabajo.

Un poeta de Kentucky, Wendell Berry, delinea la misma imagen que nosotros en su libro “¿Para qué es la gente?” (What Are People For?): ―Si no existe una economía hogareña o comunitaria, entonces los miembros de la familia y sus vecinos ya no son útiles entre sí. Cuando la gente no es más útil para otros, entonces la fuerza centrípeta de la familia y la comunidad decae y la gente cae en la dependencia de economías y organizaciones externas…” Cuando la familia se debilita como economía pequeña, los hijos son menos bienvenidos, la lógica de entrar en un matrimonio se hace más difusa, crece el desorden sexual y el aprendizaje declina.

Han existido variadas respuestas frente a esta situación. El gran desastre económico del comunismo puede verse como un intento de aplicar el principio altruista o familiar —“de cada uno según su habilidad, a cada cual según su necesidad”— a lo ancho de toda la sociedad. Pero nuestro siglo ha demostrado que éste fue un enorme y trágico error: El principio no puede imponerse centralmente. Cuando nos movemos más allá del hogar, el clan, la comunidad religiosa o el pueblo —donde todos conocen el carácter y las fortalezas y debilidades de los otros, y donde reglas heredadas imponen una disciplina tolerable— una vez que nos movemos más allá de estas pequeñas comunidades, esta forma de altruismo falla.

Una segunda respuesta frente al pedido de ayuda de la familia en el entorno industrial fue la búsqueda de una “Tercera Vía”, el camino de la democracia social que supuestamente llevaría a un punto intermedio entre el capitalismo industrial y el comunismo industrial. La frase proviene del título de un libro escrito por Marquis Childs en 1938, que celebraba el modelo de desarrollo de Suecia. Él y otros entusiastas decían que los efectos disruptivos del industrialismo podían ser balanceados a través de una pesada regulación estatal del sistema fabril y por la construcción de un Estado de bienestar centrado en la familia, donde los costos de criar hijos fuesen soportados por el gobierno.

Por cerca de tres décadas, entre 1940 y 1970, Suecia sí pareció un modelo atractivo. Pero el sistema sucumbió de allí en más por sus contradicciones internas, todas demostrablemente ligadas al problema familiar: – Pensiones estatales de vejez que de la familia transfieren al Estado la antigua tarea de cuidar de los ancianos en la adversidad, provocando el corte de los vínculos naturales de seguridad entre las generaciones y desalentando el nacimiento de hijos en número suficiente como para mantener el sistema. – Políticas de bienestar estatal que protegen a la gente de las inevitables consecuencias de sus elecciones inmorales, creando así incentivos que hacen más fácil —o, en realidad, promueven— el divorcio, la cohabitación y la ilegitimidad como sustitutos del matrimonio. – Ingresos gubernamentales por hijo que, en realidad, debilitan los vínculos padre-hijo, a medida que las madres ganan preponderancia que mina el rol del padre como perceptor y distribuidor del ingreso. – Y la visión altruista de un Estado de bienestar racional que, supuestamente inspirado en la familia, necesariamente da vía libre a penalidades basadas en el altruismo y se apoya en la irracionalidad.

Específicamente, el sistema sobrevivió financieramente sólo mientras los ciudadanos restringieron sus requerimientos, como en los tiempos en que las familias preferían cuidar a sus miembros ancianos en casa antes que enviarlos a centros geriátricos estatales. Pero la misma lógica de este sistema de derechos penaliza financieramente la elección altruista. Hoy, los estados clásicos de la ―Tercera Vía” como Suecia y Dinamarca están en crisis, enfrentando tanto la bancarrota financiera como la espiritual. En síntesis, demostraron la inexistencia de una ―Tercera Vía” real.

Sin embargo, han existido también en nuestro siglo intuiciones de una ―Tercera Vía” de organización económica que puede representar un camino mejor. El común denominador de éstas es el reconocimiento y la defensa de una economía centrada en la familia. Estas aproximaciones al problema directamente ponen coto a la naturaleza no mudable de la verdadera familia y buscan construir barreras que protejan la económica hogareña altruista de los efectos corrosivos del individualismo y el consumismo. Puesto de otra forma, promueven la “refuncionalización” de las familias trayendo a la industria de vuelta hacia el terreno casero.

Los defensores mejor conocidos de esta Tercera Vía eran los ensayistas católicos ingleses Gilbert Keith Chesterton y Hilaire Belloc.

Chesterton argumentaba en forma abierta y con fuerza en pos de la reconstrucción en Inglaterra de una ―sociedad de campesinos”, basada en pequeños terrenos y negocios. Belloc, por su parte, escribió que ―la familia es idealmente libre cuando controla totalmente todos los medios necesarios para la producción de la riqueza que necesita consumir para una vida normal”. Para esta reconstrucción de una sociedad de familias propietarias libres, urgía al uso creativo de los impuestos y de la regulación estatal para limitar a las grandes sociedades anónimas y promover las pequeñas empresas familiares.

Una teoría más sistemática de una economía centrada en la familia vino de la pluma de un mártir económico Alexander Vaselevich Chayanov. Antes de su arresto y ejecución por parte de los comunistas soviéticos, este economista ruso había refutado la visión, sostenida tanto por los teóricos del laissez faire como por los marxistas, de que los campesinos y las granjas familiares son irracionales e ineficientes y deben ser eliminadas. En su obra maestra de 1925, “La organización de granjas campesinas”, Chayanov persuasivamente demostraba que las pequeñas granjas familiares —que combinan la producción vegetal y animal de subsistencia con las industrias caseras, la producción hogareña y el empleo externo variable— son en realidad una forma de organización económica lógica o, incluso, superior. El silencio a que se sometió el trabajo de Chayanov ha significado, en palabras de un historiador, que las políticas de agricultura y desarrollo global hayan estado ―recorriendo el camino equivocado” durante 70 años, en forma intencional subvirtiendo una más natural, versátil y sostenible agricultura centrada en la familia para transformarla a la explotación industrial de las granjas.

Otro economista activo en ese tiempo, Ralph Borsodi, enfatizaba la “producción familiar” como el programa “para la gente que apunta a la virtud y la felicidad, y para quienes la buena vida está representada por el hogar y el corazón, por los amigos y los hijos, por el césped y las flores”. Éste dio especial atención a la contribución económica de la madre en el hogar. Mientras que las teorías tanto de los economistas marxistas como de los liberales clásicos desprecian la producción casera como económicamente irrelevante o, incluso, un parásito, Borsodi delinea el verdadero valor económico de la jardinería, la producción de manteca y la cría de aves de corral; de la cocina, la repostería y el servir la mesa; de las conservas; de la limpieza y el lavado; de la costura; de la alimentación y cuidado de bebes; y de proteger y enseñar a los niños.

Estos modelos de una Tercera Vía económica, repito, comparten el enfoque sobre el bienestar familiar. La renovación familiar vendría sólo a medida que ciertas tareas y funciones sean protegidas de su inmersión en la industria, es decir, sean desindustrializadas y regresadas al hogar. En estos modelos, la medida del éxito económico no será el “crecimiento” monetario de la economía estadística oficial, ya que, como hemos visto, mucho de lo que es llamado crecimiento en realidad es la contrapartida de la declinación de la familia. En vez de esto, el éxito será medido por un diferente tipo de riqueza: la formación de matrimonios, el nacimiento de hijos y la solidaridad del grupo familiar. Esto regresará el análisis económico a sus auténticas raíces, a la oeconomia, la  “administración del hogar”. Por eso, en lugar de usar una etiqueta desinformada como “Tercera Vía”, deberíamos usar una como “Vía Familiar” como nombre de este camino hacia una economía virtuosa.

Al mismo tiempo que se niega a delinear cualquier tipo de plan de economía distintivamente cristiana, la Iglesia Católica ha sí explicado principios frente a los cuales deben ser juzgados los sistemas económicos. Estos principios incluyen las conocidas apelaciones a la dignidad humana y a la libertad de la Iglesia para hacer su trabajo. Pero, de no menor importancia, es el llamado a considerar la salud de la familia.

En un importante discurso de 1951, el papa Pío XII identificaba como ―uno de los errores fundamentales del materialismo”, tanto laissez-faire como marxista, la negación de ―la vida de la familia” como fuente de ―vida, salud, energía y actividad de toda la sociedad”, incluyendo, por supuesto, su vida económica.

Se podrían citar otras afirmaciones de la Vía Familiar. Refiriéndose únicamente a las granjas familiares, por ejemplo, Pío XII declaró: ―Hoy puede decirse que el destino de toda la humanidad está en juego. ¿Tendrán los hombres éxito al balancear esta influencia [del industrialismo] en forma tal que se preserve la vida espiritual, social y económica que es el carácter específico del mundo rural?”

Pío XII señaló, también, cómo la ―propiedad privada” asegura ―para el padre de familia esa sana libertad, de la que tiene necesidad, de poder cumplir las obligaciones a él asignadas por el Creador, respecto al bienestar físico, espiritual y religioso de la familia”. En otro sermón dijo: ―Solo la estabilidad que está enraizada en la propiedad hace de la familia la célula vital y más perfecta y fecunda de la sociedad, uniendo de una manera brillante en cohesión progresiva las generaciones presentes y futuras”.

Con respecto a los empleadores, el trabajo y la familia, Pío XI decía en la encíclica Quadragesimo Anno (1931) que, “debe hacerse todo esfuerzo [para asegurar] que los padres de familia reciban un salario suficientemente grande como para cubrir las necesidades familiares ordinarias en forma adecuada”.

La encíclica de 1981 Laborem Exercens reforzó este vínculo entre trabajo y formación familiar. Afirmando que la fundación de una familia es un “un derecho natural”, Juan Pablo II definió el salario justo de un adulto como aquél “que es suficiente para el establecimiento y mantenimiento de una familia y para proveer seguridad para su futuro”. De cualquier forma que se implemente, enfatizaba el Papa, la existencia de un salario familiar sirve como “medio concreto de verificar la justicia de todo el sistema socio económico”.

Tenemos aquí una prueba específica de la justicia económica: ¿Existe un salario familiar? Más aún, dijo el pontífice: “Redundará en beneficio de la sociedad hacer posible para una madre… dedicarse en el cuidado de sus hijos y en educarlos de acuerdo con sus necesidades, las cuales varían con la edad. Tener que abandonar estas tareas para tomar un trabajo asalariado fuera del hogar es erróneo…”

Respecto a la importancia de la economía doméstica —del trabajo en el hogar no pago y centrado en la familia— el entonces pontífice declaró: “El trabajo doméstico es una parte esencial del buen orden de la sociedad y tiene una enorme influencia sobre la colectividad; contribuye a producir ingresos y riquezas, bienestar y valor económico… Tiene una influencia directa sobre el buen desarrollo de la familia.”

En referencia a la familia, al Estado y a la economía, Juan Pablo II estableció: “Estamos todos llamados a promover un medioambiente favorable a la familia, y, por lo tanto, a la maternidad y a la paternidad, un medioambiente donde, en forma creciente, puedan encontrarse las condiciones óptimas para hacer posible que la familia pueda desarrollar sus riquezas: fidelidad, fecundidad e intimidad enriquecida con la apertura a los otros.

Estas referencias no constituyen una teoría económica. Pero sí, creo, animan a todos los cristianos a volver a pensar el trabajo teórico en pos de una Vía Familiar y a ayudar a construir ambientes amigables para la vida hogareña, el lugar de la fidelidad, la fecundidad y la intimidad. Y la Vía Familiar es mucho más que una teoría. Existen ejemplos modernos de naciones que, usualmente por accidente, han tropezado con políticas temporales que han dado nuevos bríos a la familia, mediante la desindustrialización de algunos aspectos de la producción y la restauración de estas funciones en el hogar. En consecuencia, encontramos también en estos lugares visibles signos de una renovación familiar: matrimonios más fuertes con más hijos.

México, para poner un ejemplo cercano, dividió vastos terrenos organizados industrialmente en los años alrededor de 1940 y distribuyó más de 10 millones de hectáreas a campesinos sin tierras. Estos cambios convirtieron a los trabajadores de las plantaciones en campesinos libres dueños de pequeñas propiedades, y restauraron el lugar de la familia como unidad de producción y consumo. Las anteriores ganancias espectaculares logradas mediante una mayor productividad en la producción de alimentos resultaron igualadas por un crecimiento equivalente en manufacturas y otras formas de producción en pequeña escala. Las empresas urbanas también se apoyaron en las relaciones familiares. Con la propiedad productiva de vuelta en manos de las familias, los matrimonios se hicieron más tempranos y los hijos arribaron en grandes números: las riquezas familiares de las que Juan Pablo II hablaría décadas después.

Una economía centrada en la familia no está destinada a ser una economía estancada en términos estadísticos. La tasa de crecimiento oficial de la economía mexicana en el periodo 1945-1965, en realidad, excedió a las tasas de crecimiento de los Estados Unidos y Canadá para ese mismo período. Por desgracia, este experimento de restauración familiar llegó a su fin alrededor de 1970, cuando las autoridades de los EE.UU. y de las Naciones Unidas, especializadas en ―control poblacional”, intencionalmente se dispusieron a destruir la economía de base familiar de México, con el fin de reducir el tamaño familiar promedio y convertir a dicha nación nuevamente al modelo industrial (Comentario del Blog: el Secretario de Estado de EE.UU. en los años 70′ se llamó Henry Kissinger. Para leer sobre Kissinger, sugerimos este artícuōlo).

Aún un segundo experimento masivo no intencional en cuanto a la restauración de la familia comenzó a fines de esa década, y aún continua, en el lugar menos probable: la República Popular de China. Los campesinos chinos —colectivizados en granjas industriales por Mao Tse-Tung después de la revolución de 1949— sufrieron terriblemente durante un cuarto de siglo, debido a que los comunistas buscaban (en palabras textuales de un documento) eliminar a las familias como “unidad fundamental de habitación y producción”. Pero la muerte de Mao en 1976 trajo un cambio en esa política, llevando dos años después a la introducción del apropiadamente llamado “sistema de responsabilidad familiar”. Mientras que el estado aún técnicamente es dueño de la tierra, las colectividades industriales se dividieron y las familias obtuvieron el uso de la tierra según su tamaño: cuanto más grande una familia, más tierra recibía en uso. Luego de cumplir una cuota asignada, el producto restante de la granja se convierte en propiedad de la familia para su consumo o venta. El nuevo sistema también permitió a las familias de campesinos encargarse de ocupaciones colaterales tales como manufacturas e industria casera.

Los resultados entre 1978 y 1990, sólo recientemente documentados, fueron espectaculares. La producción de las granjas subió rápidamente, como lo hizo la salud de las familias rurales y su bienestar. Liberando esa energía emprendedora, nacieron un estimado de diez millones de empresas rurales —en su mayoría familiares—. Más importante aún, reaparecieron los moldes matrimoniales tradicionales luego de décadas de suprimidos, lo mismo que la preferencia de los chinos por tener muchos hijos. En las partes más rurales de China, tres cuartos de las mujeres ahora quieren tener cuatro o más hijos. En los hechos, este “sistema de responsabilidad familiar” subvirtió en el campo la otra innovación de los líderes de la época post-Mao: la política poblacional de “un hijo por familia”. Puesto en términos simples, una economía en la Vía Familiar quiere y da la bienvenida a los hijos.

En ambos caos, los ejemplos mexicano y chino, gobiernos supuestamente laicistas o ateos se volvieron hacia políticas que permiten el renacimiento y el éxito de una economía familiar natural. Al mismo tiempo que estas economías no resisten la prueba de libertad para que la Iglesia “ejercite su ministerio” como dice el Magisterio, creo que sí aprueban la prueba en cuanto a promover la familia.

A un nivel más modesto, en los EE.UU. y Canadá también podemos encontrar un cambio económico —definido en términos burdos— que ha fortalecido a la familia: el llamado “movimiento por la educación hogareña” (homeschooling). Debemos recordar que la educación en el hogar en los niveles elemental (primario) y secundario representa la desindustrialización de los niños involucrados. Significa un retorno desde una educación diseñada sobre principios industriales a una educación enfocada en la familia. Cerca de 1,5 millones de niños en los EE.UU. y Canadá son educados ahora en sus casas. Existe también una correlación positiva entre la educación familiar y una mayor fertilidad y familias más grandes. Un estudio encontró que el número promedio de niños en familias que realizan educación en el hogar es de 3,43, el doble del promedio de niños de todas las familias de parejas casadas en los Estados Unidos.

Entre las familias canadienses que educan en el hogar, la cifra es aún mayor: 3,46. Una vez más, éstos son signos auténticos de integridad y salud familiar. Sí, es cierto que quienes realizan educación hogareña, especialmente aquellos que son católicos, tienden a tener familias más grandes. Pero la educación en el hogar funciona ella misma a favor de la tendencia a tener más hijos, ya que la psicología de la familia frecuentemente cambia cuando tiene lugar la educación familiar: La casa comienza a girar alrededor del niño (y de manera saludable), las conexiones entre los miembros de la familia se fortalecen y la familia es refuncionalizada.

En síntesis, una economía de Vía Familiar es más que una teoría abstracta. Hay ejemplos en el terreno que nos muestran cómo podemos construir un orden mejor, más virtuoso, uno más cercano a pasar los exámenes de justicia familiar y dignidad humana tal como los ha articulado la Iglesia Católica. ¿Qué puede significar esto para las familias cristianas?

Permítaseme cerrar con varios ejemplos —todos a la mano de una familia o de una parroquia— sobre lo que se puede hacer para avanzar en el camino de una economía de Vía Familiar.

Primero, el clero y los líderes laicos pueden copiar el ejemplo de la Francia de comienzos del siglo XX y organizar a los líderes de negocios en sus parroquias para estudiar los principios de la enseñanza social de la Iglesia, especialmente aquéllos referidos a la dignidad del trabajo, la santidad de la familia, la justicia del salario familiar y la responsabilidad moral personal para proveer ese salario a sus empleados.

En segundo lugar, las familias cristianas pueden usar su poder de compra, su “soberanía de consumidor”, para sostener las manufacturas y negocios locales y familiares.

En tercer lugar, las parroquias pueden promover pequeñas empresas familiares a través de la provisión de un pequeño pero suficiente capital inicial.

En cuarto lugar, el clero y los líderes laicos pueden promover la educación familiar. Las parroquias tradicionales pueden ser parcialmente reformadas para servir a los educadores del hogar como centros de recursos, como lugares de clases comunes y como sitios para mejorar las habilidades de enseñanza de los padres.

En quinto lugar, las parroquias pueden crear cooperativas de alimentos. Esto puede parecer más fácil en pequeños pueblos y regiones rurales, pero es posible también en las grandes ciudades. En las “megaciudades” del mundo en vías de desarrollo, el 75% del alimento es aún producido en jardines hogareños y pequeñas granjas localizadas en esas mismas ciudades. Los jardines familiares como empresa familiar común pueden también tener éxito en ciudades del mundo desarrollado. Las parroquias cristianas podrían también vincular “familias granjeras” y “familias urbanas” para la venta directa de productos frescos y otros del campo, lo cual beneficiaría a ambas.

En sexto lugar, los sacerdotes, ministros y laicos pueden dedicarse a ministerios rurales específicos y a la restauración de la vida rural tradicional. Bajo el liderazgo inspirado del P. Luigi Ligutti, la Conferencia Católica Nacional de Vida Rural (National Catholic Rural Life Conference) de los EE.UU. tuvo un papel vital en esta área. Creo que existe una nueva necesidad entre los laicos cristianos, particularmente entre los jóvenes adultos, de una guía espiritual y práctica en este asunto.

Y, por último, podemos ayudar a revivir la Regla de San Benito en nuestro tiempo. Podemos, en palabras de Mons. M. Francis Mannion en un artículo publicado en Communio, “crear comunidades de existencia cristiana ejemplar” que “nos enseñen cómo vivir en forma auténtica”. La renovación del modelo monástico tradicional — comunidades de hermanos o hermanas— es parte de esto, pero creo que nuestro tiempo llama también aplicaciones modificadas de la regla monástica para pequeñas comunidades de familias: una vida de residencia, trabajo, caridad, educación y adoración compartidas, apoyados en votos de obediencia, pobreza y matrimonio. Hay un verdadero hambre de todo esto actualmente en los Estados Unidos. Recientemente, muchas comunidades católicas de esta clase han tomado forma, al mismo tiempo que una enorme comunidad protestante de este tipo está ya trabajando en el Estado de Massachussets. Medidas concretas como éstas, donde se vincula la familia y la economía, podrían contribuir poderosamente a la gran tarea de construir lo que Juan Pablo II llamó la Civilización del Amor.

El discurso de Milei en Davos (2025): una maraña de confusión al servicio del Capitalismo Liberal Anglo-Sionista

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“Los demonios mezclan habitualmente

o verdadero con lo falso”

Beda el Venerable

 

Junto al escribano uruguayo BRUNO ACOSTA PASTORE, analizamos en detalle las piezas del discurso del Presidente argentino Javier Milei, en el Foro de Davos (2025). Nuestro objetivo fue realizar un examen político económico cultural, que no peque de obsecuencia para con la figura del Presidente (algo tristemente habitual hoy día) pero donde no falten los reconocimientos legítimos a lo bueno y verdadero que se haya dicho.

Esperamos contar con vuestra presencia del otro lado de la computadora. Exhortamos también a que difunda este material entre los interesados. Muchas gracias.

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Habiendo pasado un año desde las elecciones en las que resultó vencedor Javier Milei por sobre Sergio Massa en el marco de un reñido ballotaje, Santiago Alarcón ( @rinconapologetico ) me entrevista para hablar del primer año de gestión del Presidente libertario.

Se comparó las ideas y políticas de Milei con los conceptos de la Doctrina Social de la Iglesia, se explicó en detalle la recesión económica a la que Milei está llevando al país con sus políticas y se discutieron otros temas vinculados.

 

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Puedes seguir a “El Contrarrevolucionario” en Instagram: @Elcontrarrevolucionario

Te invito a escuchar el análisis aquí:

 

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“Universidad Pública para formar patriotas” – Unión de Círculos Nacionalistas

UNION DE CÍRCULOS NACIONALISTAS

COMUNICADO

“UNIVERSIDAD PÚBLICA PARA FORMAR PATRIOTAS”

Ante los recientes acontecimientos en torno a la marcha multitudinaria realizada en Capital Federal, ciudad de Córdoba y otros puntos del país, bajo el lema “Defendamos la Universidad Pública”, una buena parte del arco político y partidocrático se hizo presente, así como también muchos sectores que no tienen un interés real en la educación –oportunistas al fin y al cabo–; la UNION DE CÍRCULOS NACIONALISTAS ratifica la defensa de la política pública en materia de educación, según la cual se debe garantizar que todo argentino competente acceda a la enseñanza oficial, inicial, media y superior sin contraprestación alguna que le impida hacerlo.

El amor a la patria y a la verdad implica favorecer que los hombres y mujeres de esta Nación accedan a una sana cultura universitaria, sin poner el odioso requisito del dinero. “La Universidad no fue pensada para los pobres ni para los ricos sino para los capaces” decía Jordán Bruno Genta. Por tanto, el patrimonio económico no debería ser un obstáculo para el alumno capaz. La formación universitaria debe fortalecer el hábito de pensar, escribir y hablar en sintonía con la verdad de las cosas, sin la contaminación que supone el veneno gramsciano, omnipresente hoy día gracias a docentes y directivos que responden tanto a la izquierda marxista como al progresismo liberal. Ellos tomaron a la UBA como botín de guerra y bandera de lucha, en un proceso de infiltración que sufren las facultades, contaminando las ciencias sociales y ciencias biológicas con ideología.

En otro orden de cosas, el presupuesto de una universidad pública no puede resolverse desde la altanería pseudo mesiánica –como pretende hacerlo el Presidente Milei– parapetado en Twitter. Están saliendo a la luz informes respecto del abuso de los fondos presupuestarios que, desviados de su objetivo, terminaron engrosando los bolsillos de aquellos que ven en la universidad un comité político y no una casa de altos estudios. Deseamos que los fiscales actúen y que caiga todo el peso de la ley sobre los culpables.

Sin embargo, por mayor que sea nuestro repudio a estas prácticas, no podemos ser ingenuos y no queremos ser cómplices del desarme del estado. La desfinanciación de la UBA es una típica medida anarquista capitalista del Presidente que retrae fondos a la ciencia porque odia el estado, no porque quiera proteger a la verdad que está siendo pisoteada en esos claustros. No podemos apoyar soluciones facilistas. La “batalla cultural” contra la izquierda no puede incurrir en la payasada de un tuit donde un león libertario bebe “lágrimas de zurdos”. El anticomunismo es algo serio.

Conscientes de esta realidad y buscando proponer soluciones que no sean “remedios” peores que la enfermedad, los nacionalistas estamos determinados a luchar para que la universidad vuelva a ser oportunidad para aquellos capaces y comprometidos por la Patria. No para los “caídos del catre” que aprovechan para hacer política barata y de barricada contra de los principios rectores de nuestra nación, ni para los ideólogos que engañan a miles de alumnos respecto de la historia argentina, fomentan anticristianismo en nombre de ciencia o transforman los pasillos en muestras indecentes anticatólicas, como ocurrió en la Universidad de Cuyo (2023) o en la muestra “posporno” en la Facultad de Ciencias Sociales (2015).

Exhortamos a todo argentino de bien y especialmente a nuestros camaradas a luchar bajo estas banderas. No caigan en el sofisma libertario de que la Educación Pública es deficitaria y debería ser privatizada. Milei y los libertarios no desfinancian el gramscismo de la UBA, desfinancian el estado porque están en contra de su existencia misma. Por eso, también desmantelan el sector tecnológico y el nuclear, medidas que –si llegaran a completarse– nos harían retroceder décadas, consolidando el debilitamiento de nuestra soberanía. No sería extraño que este fuese el plan, habida cuenta la alineación de Milei con Israel y EE.UU. Después de todo, recordemos que la Argentina es el estado con mayor desarrollo científico y académico del continente, después de EE.UU.

Si queremos una Argentina Soberana, no podemos sumarnos a las ideologías que cuestionan a Milei desde el progresismo. Pero tampoco podemos suscribir las falacias libertarias: ellos no creen en una Argentina Grande sino en una Argentina que sea factoría y colonia, al servicio de intereses extranjeros. De nosotros depende que ni los marxistas ni los liberales contaminen a nuestros compatriotas. Sólo el Nacionalismo salvará la Patria. Por eso…

 

¡VIVA CRISTO REY!

¡VIVA LA PATRIA!

Raúl Garcia, Secretario General,

Unión de Círculos Nacionalistas

El debate católicos vs. liberales en la Argentina e Hispanoamérica

El debate católicos vs. liberales en la Argentina e Hispanoamérica

Autor: Licenciado Juan Carlos Monedero (h)

Fue publicado en Academia.edu

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Por Juan Carlos Monedero (h)

 

A quién perjudica

Luego de haber pasado una centena de días, aquí va una síntesis política-económica de la situación actual a la luz del Nacionalismo Católico. Lo primero que tenemos que decir es que las medidas llevadas a cabo por el gobierno de Milei están dañando al sector privado, paradójicamente aquel al que en teoría venía a salvar de las garras del Estado populista.

En efecto, en el Foro de Davos, el Presidente dijo que los empresarios eran héroes. Pero buena parte de estos “héroes” son perjudicados por las políticas de Milei. Muchas grandes empresas venden cada vez menos. Las pequeñas y medianas empresas también. Es sabido que cuando ya no les quede resto, los comercios empezarán a cerrar: primero los que tienen espalda más pequeña –los minoristas– y finalmente los mayoristas. ¿Por qué? Sencillamente porque no venden.

La desregulación económica que Milei está llevando adelante, conforme su filosofía libertaria y anti-estado, hizo posible una altísima inflación. La falta de control en los precios se ve reflejada en el índice inflacionario: una suba sostenida ya desde la mitad de diciembre 2023, cuando asumió Milei. Diciembre fue terrible: 25,5% de inflación. Enero 20,6%. Febrero 13,2%. Concluye marzo y los precios siguen subiendo. Sube descontroladamente el valor de los medicamentos y alimentos esenciales, la gente se concentra en sobrevivir y se ve forzada a pagarlos renunciando a otro tipo de consumo o vendiendo sus ahorros.

Como consecuencia, muchas empresas que no se dedican a vender alimentos básicos y medicamentos venden cada vez menos. Además de perjudicar a estas empresas, Milei también está dañando a la clase media y baja, la que “no se tocaba”: los que viven de su salario registrado, los que ganan en negro y los jubilados. Todos ellos están forzados a pagar productos esenciales a un altísimo precio, cuyo valor fue totalmente librado a la salvajada de “las leyes de la oferta y la demanda” darwinista.

Aumento de precios, caída del consumo y una indiscutible recesión: algo que antes no ocurría. La recesión es consecuencia del decrecimiento en la producción: como cada vez se vende menos, el fabricante ya no produce la misma cantidad (total, no la va a vender). Se fabrica menos porque se supone que la gente comprará menos. En consecuencia, las empresas no ganan lo necesario para sostenerse, los puestos de trabajo peligran y las olas de despidos están más cerca. Cierran fábricas y empresas[1]. Las empresas dejan de pagar impuestos o evaden para sobrevivir.

Como en cascada, la caída del consumo ya está trayendo otras consecuencias. Menor consumo, menos ventas, menos pago de impuestos. A Milei se le está cayendo la recaudación de impuestos, las empresas venden menos y por lo tanto tributan menos. Más déficit fiscal. Este escenario fomenta la evasión porque, encima que las empresas venden poco, tienen que pagar impuestos por lo poco que venden. Unido a los costos fijos, no hay negocio. No hay empresa sostenible si vende menos.

Milei y los liberales decían a coro que los gobiernos populistas y las intervenciones estatales ponían en crisis la rentabilidad de las empresas; protestaban y repetían que el estado le ponía “una pata encima al sector privado”. Decían que las empresas no podían soportar la alta carga tributaria e incluso llegaban al extremo anarquista de decir la misma existencia del Estado era el problema, “el Estado es el enemigo”, bla, bla, bla. Bueno, es evidente que –si comparamos los escenarios–, incluso en el pasado, con todos sus problemas, su corrupción y sus miserias, muchas empresas estaban mejor que ahora.

A decir verdad, Milei está destruyendo a casi todos. Pulverizó los salarios de la clase trabajadora, formal o informal, los ingresos de los jubilados y afectó a innumerables empresas. Este gobierno no sólo va contra los trabajadores y jubilados sino también contra la clase media y buena parte de la clase alta que dirige empresas, cuyos ingresos se están viendo mermados. Sus estructuras empresariales no son sostenibles con estos bajísimos niveles de consumo. Y eso significa que va a pasar lo que ya está pasando: el despido masivo de gente, la reducción de trabajo y la venta de alimentos por debajo de la rentabilidad, al costo, por debajo del costo o directamente regalar o tirar.

A quién beneficia

Hay varios sectores que se benefician con las políticas de Milei mientras el resto del país se empobrece o incluso vende sus ahorros en USD para pagar los gastos mensuales. Entre los sectores favorecidos, se hallan las empresas petroleras, beneficiadas desde que la nafta puede venderse en el mercado interno a un precio cercano al valor internacional.

Fueron tres las medidas determinantes en el resultado que hoy observamos: 1) la autorización para vender la nafta a un valor cercano al internacional; 2) la desregulación del mercado, que hizo posible la suba brutal de alimentos y medicamentos; 3) la devaluación en un 118%.

En efecto, se pasó de pagar 350 pesos por un dólar a pagar 850. Esta devaluación era importante para el sector exportador porque eso estimula que ellos pudiesen vender más unidades al exterior –para ganar más dinero por cada dólar que les ingresaba– y que así ingrese mayor cantidad de USD al país.

La combinación de estas tres medidas dañó seriamente a las clases populares, a la clase media y a buena parte de la clase empresarial del país salvo algunos sectores: petroleras, prepagas, laboratorios, sector farmacéutico, sector especulativo rentístico y el agro.

 

Desfiguración de la Justicia Social y el Bien Común por parte del kirchnerismo

El tema de los alimentos no debería quedar cerrado sin el siguiente comentario. Criticar las medidas de Milei sin decir nada sobre el país que recibió el gobierno libertario en diciembre 2023 podría ser injusto, mucho menos reivindicar la gestión de Alberto o del kirchnerismo. A la luz de la información disponible, todo indica que –según las auditorías realizadas por el gobierno de Milei– la entrega de comida a los pobres estuvo salpicada por grandes focos de corrupción: se entregaba alimentos a comedores que no estaban habilitados, se adjudicaban cantidades menores a las indicadas, salía dinero del estado para comprar alimentos que nunca llegaban a destino, había intermediarios que se quedaban con alimentos sin necesitarlo, se chantajeaba a los pobres para que asistan a los actos so pena de negarles la comida, etc.

Es decir, una ayuda solidaria –una medida justa para los más vulnerables– era tergiversada en manos del kirchnerismo; por lo menos, en época de la Presidencia de Alberto Fernández. Y todo indica que desde mucho antes.

Al comentar Milei esta auditoría en su discurso del 1° de marzo, fue aplaudido por la gente. Esto tiene varios análisis. Es paradójico que esta investigación, vitoreada por el público –y con razón– sea una medida precisamente intervencionista y no una medida particularmente liberal o de desregulación. No, el gobierno no desreguló, el gobierno reguló, intervino, investigó, completó su intervención subsidiaria y llegó a la conclusión que había “cajas negras”, micro-curros en torno a la comida y fue cortando eso. Es decir, en este acto puntual al menos, si el gobierno purgó la ayuda social de filtraciones, intervino en pro del bien Común. Hizo Justicia Social. Enhorabuena que el gobierno hizo eso. Porque hizo exactamente lo contrario de lo que estipula la ideología anarco libertaria del Presidente.

Las incongruencias de Milei

Es impresionante el nivel de contradicción del gobierno con sus propias premisas. Por un lado, los libertarios se la pasaron diciendo que no iban a intervenir en la economía porque cualquier intervención era estatismo, socialismo y rechinar de dientes, sin distinguir entre una intervención socialista, comunista, y una intervención sana, según los parámetros de la doctrina de la Iglesia Católica. Como si todo fuera lo mismo: para ellos el mundo es binario.

Sin embargo, hace un par de semanas trascendió que el ministro Caputo –reunido con dueños de las empresas de alimentos– dejó correr la idea de que sus aumentos fueron excesivos. Entonces, guste o no guste, vuelve el tema de que evidentemente no puede un precio de alimentos esenciales subir simplemente a voluntad del que lo produce. Guste o no guste, ese precio tiene que tener algún tipo de relación con los salarios. Y esto dicho no por un gobierno estatista o nacionalista sino reconocido en los hechos y en la conducta del ministro de Milei, lo cual prueba que la realidad se impone. Como los empresarios no se comprometieron con Caputo a no subir más los precios, según trascendió, el gobierno responde con una “jugada maestra”: decide abrir las importaciones de alimentos cuando somos un país capaz de producir comida para millones de personas.

Dios nos dio la pampa húmeda pero tomamos el camino más difícil sólo porque el gobierno es esclavo de una ideología que le ata las manos en nombre del dios Mercado, un dios frío, implacable y cruel, y de su pseudo dogma: la inviolabilidad de la propiedad privada.

Conversar los precios no tiene nada de malo. De hecho, discutir y acordar los precios es lo que hacen los gremios: las paritarias. Y tiene sentido que, si conversan los salarios, conversen también los precios. Por otro lado, nosotros desde el nacionalismo católico proponemos la armonía entre el capital y los trabajadores, entre las empresas y sus empleados. ¿Y eso qué significa? Que lejos de un planteo dialéctico de lucha de clases –donde se busca destruir a uno para que surja otro– lo que buscamos es que los dos estén bien y progresen, porque un país puede salir adelante cuando reina la armonía entre el capital y el trabajo. El trotskismo y el marxismo también están criticando a Milei activamente en las redes y en la calle, ciertamente. Incluso con argumentos en parte semejantes. Pero su cosmovisión es totalmente antagónica a la nuestra.

 

Propuestas y soluciones: lo que tenemos que hacer

Si queremos trabajar por recuperar a la Argentina, tenemos que volver a replantear un cúmulo de ideas sobre la economía, el estado, la sociedad, la política, y cómo se entrelazan virtuosamente todos estos aspectos.

El estado debe ser el garante del bien común. El bien común debe incluir a todos los habitantes, empezando por los más débiles –que son los niños por nacer–, siguiendo por los menesterosos, los mendigos y los pobres. Por eso la anulación de la ley del aborto no es negociable. No puede haber justicia social con genocidio abortista.

Imagen

El elemento ordenador en una sociedad debe ser la debilidad y no la competencia. Si la competencia se convierte en elemento ordenador, las consecuencias son las que estamos experimentando.

Tenemos que mostrar a la gente que esta situación actual no es consecuencia de una mala aplicación de los principios Milei defiende. Estamos viviendo la aplicación correcta de los principios liberal-libertarios. No olvidemos que el presidente es anarco-capitalista. Milei vive una enorme contradicción interna porque es el jefe de un Estado cuando ha dicho en innumerables entrevistas que “el Estado es el pedófilo en el jardín de infantes”. Vive una enorme contradicción interna porque ha dicho mil veces que “los impuestos son un robo” y ahora sus agentes del Estado están justamente recabando impuestos. Experimenta una enorme contradicción porque siendo Macri presidente– había destruido con sus comentarios a Caputo y ahora Caputo es su ministro de Economía. Pulverizó la imagen de Patricia Bullrich en las elecciones del año pasado (“montonera ponebombas en jardines de infantes”) y ella ahora es su ministra de Seguridad.

Es decir, es una persona que –aparte de lo ideológico– está muy mal, en su mente, en sus emociones, y nosotros tenemos que pensar cómo recuperar la Argentina. Porque no podemos permitir que él se la lleve por delante. Tampoco podemos quedarnos de brazos cruzados ante los avivados que lo rodean, que le aplauden todas las estupideces que hace, agazapados y esperando para aprovechar la situación. Tenemos que promover la Doctrina Social de la Iglesia, es decir, promover principios intangibles que ordenen la política, la economía y la sociedad.

Uno de estos principios fundamentales es el siguiente: los bienes esenciales no pueden quedar librados a los avatares del mercado. No es lo mismo el caviar que la leche, algunos cortes de carne esenciales, algunas verduras o el arroz. No es lo mismo que una mansión de 400 metros cuadrados, con pileta y solarium, que una vivienda común. Hay que buscar garantizar para la mayor parte del pueblo argentino los bienes esenciales y a partir de ahí, sí, una vez que todos tengan lo suficiente, a partir de ahí empieza la meritocracia: ahí sí empieza una carrera donde cada uno –en la medida de sus posibilidades, habilidad, trabajo, inteligencia y creatividad– puede ganar más o puede ganar menos. Pero a nadie le debe faltar lo necesario por una existencia digna. Esto es una sociedad cristiana donde se busca el bien común.

 

Qué se puede hacer

Para no quedarnos solamente en la crítica, conviene deslizar propuestas nacionalistas, propias del catolicismo, provenientes de Doctrina Social de la Iglesia. Se trata de medidas que defienden la nación y el interés nacional, que aspiran a la justicia en la distribución, procurando el bien común y no “la inviolabilidad de la propiedad privada”, una de las banderas de Milei (y uno de los puntos del Pacto de Mayo). Porque para el modelo libertario liberal, la propiedad privada es absoluta, mientras que para nosotros la propiedad privada, si bien es un derecho natural, es un derecho natural secundario.

Puesto que ningún derecho es absoluto, el orden natural no reconoce derecho –de ninguna propiedad o bien– que se pueda utilizar contra el bien común. La propiedad privada no es absoluta, no puede serlo. Entonces nosotros consideramos viables dos medidas fundamentales: bajar el precio de la energía y el precio de la nafta. En cuanto a la energía, se debe calcular los costos de su producción para determinar si es necesario, o no, subsidiarla. En cuanto a la nafta, lo mismo. Una buena parte de la energía proviene de los ríos (las represas) y el petróleo que se extrae sale del suelo argentino. Estos “insumos” son naturales, no se amortizan. Por tanto, es posible una discusión a fondo acerca del costo y del precio de la energía y la nafta. En ese sentido, no cabe duda que las empresas petroleras deben cubrir la demanda propia del mercado interno argentino a un precio mucho más bajo que el valor internacional, pudiendo vender el excedente en el extranjero a precio internacional.

El descenso del precio de la energía provocaría innumerables efectos multiplicadores positivos, porque todas las industrias se verían beneficiadas al tener sus costos fijos de energía mucho más bajos. Eso permitiría que los costos fijos de todas estas industrias, al ser más bajos, no se trasladen a precio. Como consecuencia, los precios bajarían.

Esta medida sumada a la venta de nafta a un valor más bajo –copiando a Rusia que, siendo la segunda industria petrolera del mundo, vende el litro de nafta 0,62 USD– sería muy beneficiosa porque toda la logística vinculada a las empresas y al traslado de mercadería se vería beneficiada. Por lo tanto, también bajarían los costos fijos de los precios de estos productos, especialmente alimentos, medicamentos y electrodomésticos.

Una vez que la gente tiene los alimentos y medicamentos baratos, se libera una gran cantidad de dinero que las familias –ya cubierta la supervivencia– pueden usar en aquellos bienes o servicios que ya no son absolutamente necesarios pero que también hacen a los negocios de otras personas. Ya cubierta la salud y el estómago, la gente va a la peluquería, al cine, compra libros, viaja, realiza algún regalo, asiste a clases de danza, inglés, ajedrez, va al gimnasio. Comenzaría así el círculo virtuoso de reactivación de todas esas actividades. Al consumirse más, se paga más tributos y por lo tanto se daría el efecto exactamente inverso al actual.

 

Conclusión

El bien común tiene tres patas. El bien común incluye el bienestar material, por otro lado la virtud, por otro lado la gracia. No se va a poder conseguir esto sin la conformación de un movimiento social, político y cultural, cuya principal tarea sea la de persuadir y convencer y difundir estos argumentos, especialmente entre los católicos. Somos un país de bautizados, quizás falte para decir que somos una nación católica –sin duda lo hemos sido– pero tenemos que empezar a reconquistar estas almas porque las cosas pueden cambiar solamente si nosotros cambiamos. En ese sentido, es fundamental difundir estos argumentos, estas propuestas y poder ir persuadiendo a quienes nos rodean de que esta doctrina, con estas soluciones técnicas, pueden hacer mucho bien a la Argentina en este momento.

 

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[1] Cfr. https://www.perfil.com/noticias/economia/alertan-por-el-cierre-masivo-de-comercios-bonaerenses-a-raiz-de-la-suba-de-precios-y-la-caida-del-consumo.phtml . Perfil reproduce párrafos de un comunicado publicado por la Federación Económica de la provincia de Buenos Aires (FEBA), una organización que nuclea a 250 Cámaras Empresarias Bonaerenses.

 

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