Acerca de la SÁBANA SANTA de Nuestro Señor Jesucristo: formación completa (no sólo el aspecto científico)
Compartimos con ustedes una serie de videos sobre la Sábana Santa. Hemos entrevistado al divulgador español EUGENIO REY HUERTA al respecto. Queremos que esto sirva a la reflexión seria sobre la Pasión de Nuestro Señor, especialmente en esta Semana Santa.
Son cuatro partes sobre el tema, incluyendo pero también desbordando su dimensión científica. Sugerimos escucharlas por separado dado que cada video dura al menos 2 hs:
Análisis del conocido fragmento 29 de la encíclica
Humani Generis de Pío XII
Se suele decir, escribir y repetir sin mucha precisión que la encíclica Humani Generis, de Pío XII, publicada en el año 1950 –cuyo subtítulo es “Sobre las falsas opiniones contra los fundamentos de la doctrina católica”–, abrió por primera vez las puertas a la teoría de la evolución por parte de la doctrina católica, aunque no ciertamente a la ideología evolucionista (que es materialista y antiteísta). Así, por ejemplo, el conocido intelectual católico Mariano Artigas –glosando las opiniones de Francisco Ayala, darwinista y ex sacerdote– comenta:
Ayala añade que la mayoría de los escritores cristianos admiten la teoría de la evolución biológica. Menciona que el Papa Pío XII, en un famoso documento de 1950 (se trata de la encíclica Humani generis), reconoció que la evolución es compatible con la fe cristiana…[1]
A su vez, en otra oportunidad, Artigas escribió:
en la medida en que la evolución exista, manifiesta de un modo peculiar el poder y la sabiduría de Dios. En efecto, las teorías evolucionistas deben suponer que las leyes fundamentales de la naturaleza son muy específicas y que, en muchas ocasiones a lo largo de enormes períodos de tiempo, se han dado las circunstancias que han permitido a la naturaleza llegar hasta su estado actual, en el que existe un grado sorprendente de organización.
El Papa Juan Pablo II ha afirmado esta compatibilidad en diferentes ocasiones, y ha recordado lo que, en la misma línea, ya había enseñado el Papa Pío XII muchos años antes…[2]
En idéntica dirección, otro intelectual de nombre Miguel de Asúa -Doctor en Medicina por la Universidad de Buenos Aires y Licenciado en Teología por la Universidad Católica Argentina- sostuvo por su lado:
El 12 de agosto de 1950 Pío XII (1939-1958) promulgó la encíclica Humani generis, el primer pronunciamiento importante del Vaticano sobre la teoría de la evolución. Respecto del evolucionismo, la encíclica lo considera parte de las ciencias positivas, aunque una parte toca cuestiones de la verdad cristiana[3].
Habida cuenta la confusión que pueden representar estas y otras citas de sentido semejante, y conociendo por experiencia que los que las leen son llevados a la conclusión de que la Iglesia Católica ha pactado con una ideología cientificista como la que inspira la evolución, deseamos aclarar por nuestra parte varias cosas. En efecto, los fragmentos reproducidos, junto con muchos más que se pudieran presentar, mueven a formularse varias preguntas, desde la más osada a la más sutil:
¿La Humani Generis admite la teoría de la evolución?
¿La Humani Generis sostiene la evolución del cuerpo del hombre?
¿La Humani Generis no condena la afirmación de que el cuerpo del hombre, no su alma, evoluciona?
¿La Humani Generis se pronuncia sobre la posibilidad de una evolución del cuerpo del hombre, guiada por Dios?
Para empezar a indagar, debemos remitirnos a la precitada Humani Generis en su párrafo 29. Vamos a hacer algo tan sencillo pero poco común cuando se habla del tema: ¡reproducir el texto para que la interpretación que hagamos sea lo más fiel posible y para que el lector tenga esa certeza!Allí, en Humani Generis 29, se lee:
El Magisterio de la Iglesia no prohíbe el que —según el estado actual de las ciencias y la teología— en las investigaciones y disputas, entre los hombres más competentes de entrambos campos, sea objeto de estudio la doctrina del evolucionismo, en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente —pero la fe católica manda defender que las almas son creadas inmediatamente por Dios[4].
Es importante señalar varias cosas. En primer lugar, las palabras del papa Pío XII según lo cual “no está prohibido” estudiar la doctrina del evolucionismo en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente se han escrito en una circunstancia muy puntual: según el estado actual de las ciencias y la teología.
El permiso para estudiar esta doctrina no se da en abstracto sino en una situación muy concreta. No se puede des-historizar el fragmento de Humani Generis. Este permiso guarda relación con la situación de las ciencias y de la teología en ese momento; es decir, el permiso no depende algo invariable sino de algo que está sujeto a cambios. El permiso está relacionado con el perfeccionamiento, con el avance en el conocimiento, tanto en el orden científico-experimental como teológico.
Las palabras “según el estado actual de las ciencias y la teología” se llaman modificador de modalidad: expresan el grado de adhesión de quien sostiene tal frase.
Dado que el conocimiento humano, por su misma naturaleza, está sujeto al progreso y a la profundización, esta “no prohibición” de Pío XII podría perder su vigencia. Ignorar el factor tiempo no sería sensato, ya que han pasado 75 años desde la publicación de esta encíclica.
Una lectura no tendenciosa –económica[5], en términos hermenéuticos– del documento permite advertir que el papa Pío XII estaba dejando abierta la puerta al estudio de aquella doctrina en un contexto determinado: está diciendo que quedan permitidas la reflexión y la investigación sobre un tema. Habida cuenta la confusión reinante, es absolutamente necesario subrayar que el Papa Pío XII no estaba afirmando algo sobre el punto en cuestión. Simplemente, lo que hizo fue dejar manos libres a la investigación, condicionada por los requisitos recién mencionados. Es claro que tal permisión estaba vinculada al grado de conocimiento propio de la época en que estas palabras fueron escritas: año 1950.
Sería desacertado, por tanto, considerar este permiso o habilitación como un pronunciamiento teórico con respecto al evolucionismo. Se trata de una decisión prudencial, no de un juicio teorético: conceptualmente, el Papa no está afirmando nada.
Sigamos leyendo la encíclica en el mismo punto 29:
Mas todo ello ha de hacerse de manera que las razones de una y otra opinión —es decir, la defensora y la contraria al evolucionismo— sean examinadas y juzgadas seria, moderada y templadamente; y con tal que todos se muestren dispuestos a someterse al juicio de la Iglesia, a quien Cristo confirió el encargo de interpretar auténticamente las Sagradas Escrituras y defender los dogmas de la fe.
Continúa el Papa Pío XII, en el mismo punto 29:
Pero algunos traspasan esta libertad de discusión, obrando como si el origen del cuerpo humano de una materia viva preexistente fuese ya absolutamente cierto y demostrado por los datos e indicios hasta el presente hallados y por los raciocinios en ellos fundados; y ello, como si nada hubiese en las fuentes de la revelación que exija la máxima moderación y cautela en esta materia.
Aquí termina el párrafo 29. La precisión de estas líneas es notable. El papa Pío XII advertía –ya en 1950– que muchos (al igual que hoy, nos permitimos agregar) hablaban del origen del cuerpo humano a partir de una materia viva preexistente como si tal punto estuviese perfectamente demostrado: así, estos muchos daban a entender que si la doctrina católica no se acomodaba al supuestamente irresistible progreso científico, estaría condenada al anacronismo.
Ahora bien, tal punto no estaba probado en 1950.
Más aún: ni siquiera en la actualidad se ha demostrado el origen del cuerpo humano a partir de un ser vivo anterior. En palabras de Kaempfert:
¿Dónde nos situamos frente al misterio de la vida? Nos encontramos ante un gran muro de granito al cual ni siquiera hemos hecho un rasguño. Virtualmente no sabemos nada del desarrollo de la vida[6].
Si no se sabe nada del desarrollo de la vida, forzosamente tampoco se sabe nada respecto al origen del cuerpo humano, y es altamente hipotético colocar su origen en una materia viva preexistente.
Es interesante al respecto tomar nota de la declaración de un prestigioso cuerpo de científicos que han asumido el compromiso de firmar públicamente un manifiesto titulado “A Scientifici Dissent from Darwinism” (Un disenso científico al Darwinismo), declaración que vio la luz en el mes de septiembre de 2005. El manifiesto –puede leerse en inglés[7] y en castellano[8]– arroja la nómina de no menos que 800 profesionales en todo el mundo[9], de las más diversas disciplinas, que han avalado la siguiente frase:
Somos escépticos acerca de las afirmaciones de que las mutaciones aleatorias y la selección natural puedan explicar la complejidad de la vida. Debe fomentarse un cuidadoso examen de la evidencia a favor de la teoría darwinista.
Tal como la página informa, quienes deseen suscribir este aserto deben contar con las siguientes condiciones: “Las personas que firman la disensión científica sobre el darwinismo deben tener un doctorado en un campo científico como la biología, la química, la matemática, la ingeniería, las ciencias computacionales, o una de las otras ciencias naturales, o deben ser médicos acreditados y desempeñarse como profesores de medicina”.
Pero el tema de Pío XII no ha terminado. Porque bien vale la pregunta que nos haremos a continuación.
¿Por qué no se condenó con una declaración dogmática
el evolucionismo en la Humani Generis?
No obstante todo lo que hemos dicho, entendidas y aceptadas incluso las explicaciones precedentes, alguien podría preguntarse con toda legitimidad: si lo anterior es así, ¿entonces por qué Pío XII no dijo claramente que tampoco el cuerpo del hombre podía surgir por evolución? ¿Por qué la Iglesia no condenó sin más el evolucionismo haciendo uso de su autoridad de definir? ¿Por qué solamente se ha otorgado un simple permiso para estudiar una teoría?
En nuestra opinión, una conciencia profunda de la naturaleza doctrinaria de la Iglesia —de su esencia, en tanto Madre y Maestra— es el camino para responder a esta pregunta.
Resulta evidente que la potestad de la Iglesia para pronunciarse sobre temas lindantes con la ciencia es distinta a la que tiene en cuestiones estrictamente teológicas o morales. Las realidades visibles son abordadas por métodos tales como la experimentación y la observación, mientras que el alma humana y la ley moral natural —por ser espirituales e intangibles— se encuentran más allá de la materia, por lo que su influencia y actividad sólo pueden registrarse de forma indirecta.
El investigador Rafael A. Martínez habla de “prudencia”[10] por parte de las autoridades de la Iglesia Católica en relación al evolucionismo. Esta prudencia encuentra justificación en una profunda conciencia de la extensión y límites de su autoridad doctrinaria. En efecto, el poder de la Iglesia tiene por objeto confirmar verdades de fe y de moral. Su misión es extender a todo el mundo el Mensaje de Cristo, la Buena Noticia. Para eso tiene poder: para procurar la Evangelización. En particular, nos referimos al poder de definir ciertas verdades al declararlas “dogmas” y, por tanto, volverlas vinculantes para los fieles.
Por tanto, el poder de la Iglesia de Cristo (y en especial la Infalibilidad de la que ella goza cuando declara una verdad ex cathedra, dogmática) no es ni debe entenderse como una ventaja competitiva sobre otros campos del conocimiento —como si pudiese seguir “descubriendo” nuevas verdades, confirmándolas con sucesivas definiciones— sino como una autoridad para definir algo que ya se cree, algo que se cree hace años o siglos, algo que ya se está creyendo. Cuando la Iglesia Católica definió la Inmaculada Concepción, lo cierto es que el pueblo cristiano ya creía en la Inmaculada Concepción hace siglos. Lo mismo con la Asunción de María, por ejemplo.
Mostremos más casos. Del estudio de la historia se desprende que en situaciones tales como la propagación de graves errores (herejías), una verdad —ya creída por los fieles— es declarada en determinado momento por la Iglesia como perteneciente a la fe mediante una sentencia infalible (dogmática). En las sentencias infalibles, por tanto, la Iglesia no “agrega” ni “inventa” nada: señala explícitamente una verdad ya conocida –contenida en la Revelación, enseñada por la Tradición hace siglos, entre otras características—, cuya adhesión comienza a poseer carácter vinculante a partir del momento en que es expresamente definida. Así hizo con la Divinidad de Cristo, afirmada dogmáticamente en el año 325 D.C., en el marco del Concilio de Nicea, del que en este 2025 se cumplen 1700 años.
Ahora bien, ¿cómo aplicamos esto que sabemos respecto de la Humani Generis y de Pío XII? Vayamos despacio. Sumemos más piezas a este rompecabezas.
Hay otro elemento que aporta el precitado Martínez. A su juicio, la Iglesia habría querido evitar un nuevo “caso Galileo”[11]. Por esta razón, no habría hecho uso de su autoridad doctrinaria para definir dogmáticamente nada sobre el origen del cuerpo humano. Asimismo, agregamos nosotros, tampoco hizo uso de esta autoridad para condenar formal y explícitamente el evolucionismo, como sí hizo en cambio con la ideología comunista en Divini Redemptoris (1937) o con la ideología liberal en Libertas (1888).
En materia científica, como se ha dicho, la Iglesia no tiene la responsabilidad ni la facultad de enseñar, y mucho menos de definir. Cristo no le dio autoridad para consagrar ni rechazar paradigmas o conclusiones científicas sino para transmitir y comunicar “hasta los confines de la tierra” (Hechos 13, 47) las verdades que salvan.
Cuestiones éticas que van apareciendo como consecuencia del avance científico (fecundación in vitro, embriones congelados, vacunas realizadas en base a tejido fetal proveniente de abortos provocados, etc.) constituyen temas de naturaleza distinta a la puramente científica, por supuesto, y por lo tanto (al quedar comprometida la moral objetiva en ellos) sí compete a la Iglesia Católica formular un juicio y enseñar sobre estos puntos.
Atento a estas razones, se comprende que la Iglesia se haya limitado a enseñar que el alma humana es creada inmediatamente por Dios: su naturaleza es espiritual, no siendo producto de evolución alguna.
El ambiente equívoco y hostil que rodea a los fieles –destinatarios naturales de las enseñanzas de la Iglesia– puede también explicar esta cautela de las autoridades eclesiásticas. Ya en 1950, muchísima gente —experta o no— entendía por “evolucionismo” una serie de afirmaciones de orden científico entremezcladas con una toma de posición ideológica de neto corte cientificista y ateo. Por supuesto, ciencia e ideología son cosas diferentes, pero en la mente de muchas personas —es innegable— esta distinción no siempre resulta nítida.
Por supuesto, digamos ante todo que la causa de que esta diferenciación no sea nítida no es otra que la acción de innumerables divulgadores que entremezclan los datos científicos con sus posturas filosóficas. No es una novedad ni un gran descubrimiento mencionar que la doctrina católica y su teología –tanto en los años 50’ del siglo XX como hoy en día– son cuestionadas por todas partes en nombre de la ciencia. Rafael A. Martínez menciona dos libros que, hacia fines del siglo XIX, contribuyeron a abonar esta atmósfera: Historia del conflicto entre religión y ciencia, de John William Draper (1874) y Una historia de la guerra de la ciencia con la teología en la cristiandad, de Andrew Dickson White (1896)[12]. Se trata de dos publicaciones que, como comenta el precitado investigador, tuvieron una “amplia difusión” tanto en Estados Unidos como en otros países. Si a la acción del racionalismo antiteísta a fines del XIX le sumamos la poderosa influencia del cientificismo de la primera mitad del siglo XX, podremos aproximarnos al clima de la época en la que está escribiendo Pío XII.
De este modo, gracias a una sistemática propaganda, muchos fueron convencidos de que Darwin había efectivamente demostrado que el hombre procede del mono; rechazar esta conclusión implicaba ser etiquetado de oscurantista, supersticioso o fanático. No era nada sencillo el auditorio al que se dirigía el papa Pío XII.
Establecido lo anterior, es un hecho que, gustase o no gustase, por “evolución” y “evolucionismo” muchas personas en el mundo entendían una serie de hechos científicos, unidos –más o menos explícitamente– a una concepción atea y cientificista. Así, por ejemplo, el aumento de la resistencia de una bacteria frente a un insecticida sólo podía significar una sola cosa: evolución. Lo mismo se podría decir de las semejanzas entre los seres; todo eso sería evolución.
Teniendo presente: a) la naturaleza de la autoridad doctrinaria de la Iglesia, y b) este extendido estado de confusión entre el plano científico y el ideológico, se entiende que el Santo Padre evitase pronunciarse en torno a planos que se hallaban —y aún se hallan— confundidos.
El fragmento 29 de la Humani Generis presenta, pues, dos elementos. Se observa, por un lado, un juicio intelectual-teorético. Y por otro, una decisión prudencial ligada a ciertas condiciones.
El juicio intelectual-teorético se podría cristalizar de la siguiente forma: la fe católica manda defender que las almas son creadas inmediatamente por Dios. Pío XII no estaba diciendo que la “evolución” del cuerpo humano había tenido lugar. Entre otras cosas, porque en este fragmento no estaba diciendo nada en relación a la doctrina del evolucionismo.
La decisión prudencial fue permitir el estudio de una doctrina. Esta no prohibición es una decisión de la voluntad, y no un juicio conceptual-intelectual, aunque —por supuesto— tal decisión voluntaria tenga sus razones. Pero Pío XII no se pronuncia sobre la compatibilidad o no entre fe católica y “evolución del cuerpo humano”. No hay en el párrafo una afirmación relativa a la realidad sino una permisión ligada a ciertos requisitos:
1) que se entienda una permisión condicionada al estado “actual” de las disciplinas (ciencia y teología), es decir, a la situación del año 1950. Ello implica que esta misma “no prohibición” está lejos de ser absoluta. Se encuentra ligada a una primera condición;
2) que quede salvado que el alma humana es creada inmediatamente por Dios;
3) que se examinen ambas posturas —“la favorable y la contraria al evolucionismo”— de manera “seria, moderada y templada”. Y cuando dice “evolucionismo”, la HG entiende “la doctrina del evolucionismo, en cuanto busca el origen del cuerpo humanoen una materia viva preexistente”. Eso significa que el papa Pío XII estaba dejando abierta la investigación a este punto, y que no veía que examinar y estudiar este punto fuese ofensivo para con la fe. O que, aún viéndolo que fuese ofensivo, consideró prudente no definir al respecto, por todo lo que hemos dicho recientemente;
4) que todos se sometan —en cuanto a la interpretación auténtica de la fe— al juicio de la Iglesia;
5) que no se traspase la libertad señalada en los puntos a), b), c) y d) como si la evolución del cuerpo “ya estuviese demostrada”.
Recordemos las cuatro preguntas iniciales de este capítulo:
¿La Humani Generis admite la teoría de la evolución?
¿La Humani Generis sostiene la evolución del cuerpo del hombre?
¿La Humani Generis no condena la afirmación de que el cuerpo del hombre, no su alma, evoluciona?
¿La Humani Generis se pronuncia sobre la posibilidad de una evolución del cuerpo del hombre, guiada por Dios?
Respondamos a cada una de ellas.
En base a todo lo que venimos diciendo, cabe afirmar que la Humani Generis no puede leerse como: 1) una aceptación de la teoría de la evolución; 2) un sostenimiento de la postura de la evolución respecto del cuerpo humano.
En lo tocante al punto 3), es cierto que Pío XII no condena la afirmación de que “el cuerpo del hombre —no su alma— evoluciona”. No la condena, como no condena tantas otras afirmaciones.
Interpretando rectamente este documento, hay que decir que también sería equivocado tildar de hereje o heterodoxo a quienes afirmasen la evolución del cuerpo, lo cual es una afirmación no condenada que sin embargo podría ser –o no– perfectamente contradictoria con otras verdades (reveladas o racionales). Existen muchas corrientes filosóficas cuyos principios son contrarios a la verdad, pero que no han sido condenadas por la Iglesia[13].
Por último, situándonos en el punto 4), quien afirmase la evolución del cuerpo desde la HG 29 cometerían, como se ve, un grave error de interpretación. Si lo quieren afirmar, deben buscar otras bases.
Asimismo, conviene recordar que no es costumbre de la Iglesia condenar las doctrinas que no contradicen expresa e inmediatamente el dogma. De hecho, la Iglesia no condenó las tesis cartesianas aunque tantos grandes filósofos –como Blas Pascal, Josef Pieper o Etienne Gilson– les dirigieron enérgicas críticas.
La idea de una evolución del cuerpo humano no fue condenada, lo que lleva a puntualizar lo siguiente:
–no es lícito convertir el concepto de no condenado en el concepto de aceptado, ni tampoco en aceptable;
–no es lícito convertir el concepto de no condenado en el concepto de inaceptable.
Finalmente, el fragmento 29 de la Humani Generis no puede leerse como una afirmación de la evolución del cuerpo, supuestamente guiada por Dios. Pretenderlo comporta un sequitur inadmisible.
¿La Humani Generis se pronuncia sobre la posibilidad de una evolución del cuerpo del hombre, guiada por Dios? No, no se pronuncia.
La Humani Generis insta a examinar y a estudiar ambas posturas: la favorable y la contraria al evolucionismo. Y por evolucionismo se entiende aquella doctrina según la cual el cuerpo humano provino de una materia viva preexistente. Asimismo, se podría pensar que el papa Pío XII no aplicó la fe como “Norma Negativa” por lo que entendemos que es razonable pensar que no consideró “ofensivo ni incompatible con la fe” ninguna de las dos posturas o al menos consideró que no era prudente definir algo al respecto.
[5] En este contexto, una lectura económica significa que no se pretenderá extraer más conclusiones que las estricta y necesariamente deducibles, procurando especialmente no forzar el texto.
[6] Kaempfert, W. El gran misterio de todo: el secreto de la vida…, citado por Alejandro Villareal (24 de septiembre de 2010). Citas de hombres de ciencia sobre la teoría de la evolución de Darwin. [Archivo de video]. [Dos partes]. Recuperado de <https://www.youtube.com/watch?v=pCTZ2b7-cZ0>.
[8] Cfr. <http://www.dissentfromdarwin.org/about/esp/>. La misma página web se encarga de aclarar: “Las personas que firman la disensión científica sobre el darwinismo deben tener un doctorado en un campo científico como la biología, la química, la matemática, la ingeniería, las ciencias computacionales, o una de las otras ciencias naturales, o deben ser médicos acreditados y desempeñarse como profesores de medicina”.
[10] Martínez 2007. No estamos de acuerdo con Martínez con la totalidad de lo que afirma en su trabajo, pero utilizamos los datos que él trae a colación, aunque interpretándolos de manera diversa.
El escarabajo bombardero (o la refutación de la teoría de la evolución)
Réplica al gradualismo de Darwin
Si se pudiese demostrar que existió un órgano complejoque no pudo haber sido formado por modificaciones pequeñas, numerosas y sucesivas, mi teoría se destruiría por completo; pero no puedo encontrar ningún caso de esta clase.
Charles Darwin.
El origen de las especies.
Por Juan Carlos Monedero (h)
ÍNDICE
–Introducción
–La teoría de la evolución: el gradualismo
–La realidad: la maravilla del escarabajo bombardero
–El contraste entre la realidad y la teoría
–Conclusión
Introducción
No sería justo comenzar este artículo sin un expreso agradecimiento al Padre Carlos Baliña por habernos enseñado sobre este simpático insecto: el escarabajo bombardero.
La difusión de la película Dios no ha muerto hizo renacer en algunos círculos el debate sobre la enseñanza de la ciencia, el origen del hombre y el papel de la religión en torno a estos temas tan pero tan discutidos. Hablaremos en este artículo, pues, de los seres vivos, de los insectos, de la ciencia de la Biología y de la teoría de la evolución. Como introducción al tema, cabe explicar ciertos conceptos fundamentales.
Se trata de ideas clave que hacen posible entender de qué estamos hablando y dónde estamos parados.
Toda teoría o formulación científica es, en primer lugar, una explicación; en segundo lugar, una explicación de ciertos hechos. Se conocen ciertos hechosy luego se elaboran argumentaciones a fin de explicarlos. Explicarlos no es otra cosa que “darles razón de ser”. En el campo de la ciencia experimental, las teorías pueden pasar por distintas etapas. Una vez formulada, la teoría puede ser:
–Confirmada: lo que se observa en la realidad corresponde de manera positiva con lo que se afirma en la teoría;
–No confirmada: lo que se observa en la realidad no corresponde con la teoría;
–No refutada: lo que se observa en la realidad no contradice lo que la teoría estipula;
–Refutada: lo que se observa en la realidad contradice lo que la teoría dice que debería pasar;
Una misma teoría puede ubicarse en estas etapas durante momentos distintos[1]. Una teoría puede estar confirmada, al principio, respecto de algunos sucesos y, al mismo tiempo, puede ser categóricamente refutada en relación con otros. Y ahí se impone reformular la teoría o, sencillamente, abandonarla. A su vez, una teoría puede no estar corroborada y, al mismo tiempo, no haber sido refutada.
La idea del artículo es contrastar uno de los elementos principales de la teoría de la evolución con la realidad; veremos si este elemento capital se encuentra confirmado, no confirmado, no refutado o refutado.
Pues bien, este elemento capital de la teoría evolutiva es el gradualismo. Pasaremos a demostrar que así es.
La teoría de la evolución: el gradualismo
A continuación, explicaremos que tanto Charles Darwin como sus continuadores y objetores entienden por “evolución” un proceso extremadamente gradual. La idea de un proceso evolutivo de tales características fue denominada “gradualismo”. Este gradualismo es la piedra angularde la teoría.
Se llama “gradualismo” a la idea de que el proceso evolutivo ocurre de manera extremadamente lenta. La evolución es concebida como un proceso que acumula millones de cambios a lo largo de millones de años; modificaciones tan pequeñas que no podrían ser registradas si estuviésemos frente a ellas. Cambios imperceptibles. Un proceso extremadamente lento que se atribuye a la “selección natural”. Dice Darwin:
Admitimos por completo que la selección natural obra generalmente con lentitud extrema, y que puede funcionar solamente cuando existen lugares en la economía natural de un distrito que pueden ser mejor ocupados por la modificación de algunos de sus habitantes existentes, y cuya existencia depende con frecuencia de cambios físicos que por lo general se verifican de un modo muy lento, siendo imposible la inmigración de formas mejor adaptadas.
Continúa nuestro autor:
Como algunos pocos de los habitantes antiguos se modifiquen, las relaciones mutuas de los otros se perturbarán, creando así lugares aptos para ser ocupados por formas mejor adaptadas, lo cual, sin embargo, se irá verificando muy lentamente.
Por lo tanto, las diferencias entre los seres vivos no siempre han sido de inmediata captación a diferencia de lo que sí ocurre ahora:
Aunque todos los individuos de la misma especie se diferenciasen entre sí en algún pequeño grado, pasaría mucho tiempo antes de que pudiesen ocurrir diferencias ventajosas en varias partes de la organización.
Concluye el párrafo Darwin:
la selección natural obrará generalmente con mucha lentitud, sólo por grandes intervalos de tiempo y en pocos habitantes de la misma región, así como no dudamos que estos resultados lentos e intermitentes concuerdan muy bien con lo que la geología nos dice de la manera y velocidad con que han cambiado los habitantes del mundo[2].
El capítulo VI del libro “El origen de las especies” está titulado Dificultades de la teoría. Allí, Charles Darwin vuelve a subrayar el carácter gradual del proceso evolutivo. Dice, al comienzo:
Con la teoría de la selección natural podemos entender claramente el sentido completo de aquel antiguo canon de historia natural: “Natura non facit saltum”, el cual no es estrictamente exacto si miramos sólo a los actuales habitantes del mundo; pero si incluimos a todos los de los tiempos pasados conocidos y por conocer, dentro de nuestra teoría debe ser perfectamente verdadero.
Natura non facit saltum significa “La naturaleza no da saltos”. Ausencia de saltos es una manera de decir, con otras palabras, GRADUALISMO.
Por estas razones, no hay científico evolucionista que no sostenga que la tierra y el universo tienen millones de años de edad. Estos millones de años empalman perfectamente con la idea de un proceso extremadamente lento. Pues bien, esto es lo que deseábamos demostrar: no hay evolución sin gradualismo. No sólo Darwin[3] sino los neodarwinistas actuales defienden la teoría de la evolución como un proceso causado por una enorme sucesión de micromutaciones, cada una de las cuales produce un pequeño cambio por vez. Las mutaciones genéticas aleatorias (que son un hecho indiscutible, observable) son identificadas por los neodarwinistas como el mecanismo que impulsa la evolución de las especies (lo cual ya es una inferencia en base a esos hechos). Esta identificación es clave para la teoría evolutiva en la actualidad.
Uno de los neodarwinistas más famosos es el conocido militante ateo Richard Dawkins, quien sostiene que la evolución:
debe ser gradual cuando está siendo usada para explicar la venida a la existencia de objetos complicados y aparentemente diseñados, como los ojos. Porque si no es gradual en estos casos, ella deja de tener todo poder explicativo.Sin gradualidad en esos casos, estamos de vuelta en el milagro, lo cual es simplemente un sinónimo de la total ausencia de explicación[4].
No sólo Darwin y los más conocidos evolucionistas actuales son gradualistas. También es relevante hacer notar que quienes han criticado con mayor rigor el evolucionismo reconocen que la teoría tiene –en su núcleo esencial– un elemento gradualista. Pongamos el ejemplo del notable intelectual Phillip E. Johnson, para quien evolución y gradualismo están inseparablemente unidos:
Darwin se sentía particularmente ansioso por evitar la necesidad de ningún «salto» –por el cual aparece un nuevo tipo de organismo en una sola generación. La mayoría de los científicos creen que los saltos (…) son teóricamente imposibles, y ello por buenas razones. Los seres vivos son conjuntos extremadamente intrincados de partes interrelacionadas, y las partes mismas son también complejas. Es imposible imaginar cómo las partes cambiarían al unísono como resultado de una mutación al azar.
En una palabra (y es palabra de Darwin), un salto es equivalente a un milagro[5].
Agrega Johnson:
Darwin rechazó de forma enfática toda teoría evolucionista de este tipo, escribiendo a Charles Lyell que “Si yo llegase a quedar convencido de que necesitaba tales adiciones a la teoría de la selección natural, las rechazaría como basura… No daría un céntimo por la teoría de la selección natural, si se precisa de adiciones milagrosas en cualquier etapa de descendencia”[6].
En el capítulo III, Johnson cita a Darwin sobre este punto:
La selección natural puede actuar sólo mediante la preservación y acumulación de modificaciones infinitésimas que se heredan, cada una de ellas provechosa para el ser que se preserva…[7].
Por lo tanto, no hay duda de que -para Darwin, para importantes neodarwinistas y para los críticos- el gradualismo era un elemento capital y no accidental de la teoría de la evolución. Clarificado y expuesto el presente punto, ya podemos dejar el plano del pensamiento e ir directamente a la biología.
La realidad: lamaravilla del escarabajo bombardero
Hablaremos ahora, concretamente, de las ciencias naturales. Descendamos en la escala biológica y vayamos a los insectos. Veamos el escarabajo bombardero.
Conozcamos a este pequeño escarabajo, verdadero “pionero” de la utilización del armamento químico. Es un insecto que habita la región del sur de Inglaterra, cuyo nombre guarda relación con la particular forma de defenderse: cuando se acercan sus depredadores, el bombardero les rocía en forma sorpresiva un líquido a más de 100° C. Su defensa requiere de cuatro sustancias químicas.
Veamos en detalle su mecanismo, descubierto en 1961 por un químico alemán llamado Hermann Schlidnecht. Este hombre descubrió la intimidad del insecto: advirtió que el escarabajo bombardero tiene dos glándulas que producen una mezcla líquida, dos cámaras de almacenamiento conectadas, dos cámaras de combustión y dos tubos externos que pueden ser dirigidos como armas flexibles en la cola del insecto. Al analizar el líquido almacenado, Schlidnecht encontró que contenía 10% de hidroquinona y 23% de peróxido de hidrógeno (agua oxigenada). La mezcla de estas dos sustancias produce una reacción explosiva, que rápidamente supera los 100 grados centígrados.
Hemos dicho que eran cuatro las sustancias y sólo hemos mencionado dos. A esta mezcla, el escarabajo bombardero agrega otra sustancia que se denomina inhibidor. Esta sustancia tiene la función de impedir la explosión dentro del cuerpo del propio escarabajo. Y por último, una cuarta sustancia denominada anti inhibidor. Como su nombre lo indica, neutraliza la acción de la anterior y permite que se desencadene la reacción química –ya fuera del cuerpo del escarabajo– impactando al enemigo con este líquido hirviendo.
Cuando el depredador se acerca al escarabajo, se activa el siguiente circuito:
1) se genera la mezcla –es decir, la reacción química– al mismo tiempo que el inhibidor se pone en funcionamiento, impidiendo la explosión dentro del escarabajo;
2) luego, la mezcla circula por los dos tubos de combustión;
3) finalmente, entra en juego sólo en el momento preciso –aquel instante en que se siente más vulnerable– el anti inhibidor. De esta manera, el escarabajo se protege de sus depredadores pudiendo disparar hasta 50 chorros sucesivos, con un alcance de 5 cm, distancia cuatro veces mayor que su propia longitud.
Un video sobre este insecto se puede ver aquí:
El contraste entre la realidad y la teoría
Veamos ahora si el elemento clave de la teoría de la evolución –el gradualismo– es confirmado, corroborado o refutado por la realidad. En este caso, por una realidad representada por el mecanismo de defensa del escarabajo bombardero.
Para determinar si la teoría se ajusta a la realidad, supongamos verdadera la teoría. Es decir, supongamos que los hechos ocurrieron tal como la teoría de la evolución dice que pasaron. Viajemos con nuestra imaginación varios millones de años y pensemos en el escarabajo bombardero. Imaginémoslo en pleno proceso evolutivo: imaginemos su mecanismo de defensa evolucionando.
¿Podría semejante mecanismo maravilloso y complejo evolucionar gradualmentea través de millones de años? El evolucionista tiene que responder “sí”.
Pues bien. Nos hacemos esta pregunta: ¿qué pasaría si este insecto produjese el peróxido de hidrógeno y la hidroquinona, mezclándonos en la cámara, pero sin producir todavía el inhibidor, por hallarse en trance evolutivo? Forzosamente, en algún momento el escarabajo debió hallarse en ese trance sumamente lento, imperceptible, extremadamente gradual.
Si así fuera, estamos forzados a admitir una consecuencia. Si no genera el inhibidor antes, el escarabajo estallaría. Se destruiría a sí mismo. No podría sobrevivir.
La pregunta que se impone es: ¿cómo se llegó al inhibidor? Dice el Dr. Scott M. Huse: “No hay ninguna necesidad de desarrollar un inhibidor a menos que ya se tengan los dos químicos que se están intentando inhibir”. Como el mismo nombre lo indica, el inhibidor inhibe. Inhibe algo. ¿Qué cosa inhibe? Inhibe la mezcla de los químicos. Por lo tanto, el inhibidor guarda una relación con esa mezcla.
En otras palabras, si ya se tienen los dos químicos sin el inhibidor ya es demasiado tarde porque se ha volado a sí mismo en pedazos.
Pensemos una segunda posibilidad: ¿y si fuese al revés? Imaginemos al escarabajo produciendo el inhibidor pero sin, todavía, producir el anti inhibidor. ¿Qué pasaría? Nos los dice el mencionado autor:
La solución resultante no ofrecería ningún beneficio en absoluto al escarabajo, porque simplemente residiría en él como una mezcolanza inofensiva. Para que tenga algún valor para el escarabajo, el anti inhibidor debe agregarse a la solución[8].
Si el orden en que el mecanismo del escarabajo evolucionó fue éste, no pudo haber reacción química ni dentro ni fuera del insecto. En ese caso, arrojaría simplemente un líquido frío e inofensivo a sus depredadores. No los lastimaría, no se podría defender. Acabaría muerto.
Debemos considerar algo más; algo que, de entenderlo, podría hacernos caer de rodillas. Nos referimos nada más ni nada menos que al factor tiempo.El escarabajo opera con una precisión fabulosa: los dos instantes más comprometedores para él son aquéllos en que agrega el inhibidor y el anti–inhibidor.
Una demora siquiera de un segundo sería fatal.
¡Un segundo! Si por una millonésima de segundo la reacción química tuviese lugar dentro del cuerpo del escarabajo antes de que actuara el inhibidor, el escarabajo ya no podría controlarla. Nuestro insecto explotaría si demora en aplicar el inhibidor, incluso aunque lo produjese. Por la misma razón, si por un pequeñísimo instante demorase en reaccionar ante los depredadores, podría experimentar una consecuencia letal. Hay producción de la sustancia pero también coordinación y articulación de la misma.
Sin embargo, sucede exactamente lo contrario.
Ni demora el escarabajo en reaccionar ni se explota a sí mismo.
Se impone una conclusión: el mecanismo de defensa tiene sentido como un todo, sin que pueda faltar ninguna parte. Todas deben estar presentes desde el comienzo. El escarabajo bombardero es una obra maestra de la coordinación. No hay orquesta de ópera que se le pueda comparar.
Si el escarabajo no puede existir ni medio segundo sin contener la reacción química (ni puede sobrevivir en su medio sin ser capaz de desactivarla), entonces se impone –a nuestro juicio– la siguiente conclusión: el origen del escarabajo bombardero no puede ser pensado en términos gradualistas.
Muchos órganos exigen una intrincada combinación de partes complejas para llevar a cabo sus funciones. El ojo y el ala son las ilustraciones más conocidas, pero sería engañoso dar la impresión de que se trata de casos especiales; el cuerpo humano y los de los animales están literalmente cargados de maravillas similares. (…) El primer paso hacia una nueva función (…) no daría necesariamente ninguna ventaja a no ser que las otras partes precisas para la función apareciesen simultáneamente[9].
Postular un proceso evolutivo para todos los seres existentes implica desconocer y pasar por alto no sólo a este insecto sino a todos aquellos sistemas poseedores de este mismo tipo complejidad. Tendríamos que creer que “durante miles de generaciones estos pobres escarabajos mezclaron y guardaron estos químicos sin ninguna razón en particular o ventaja”[10]. Es decir, tendríamos que admitir que este insecto guardaba elementos letales para su propia existencia.
Por lo tanto, nos sentimos autorizados a desacreditaro al menos a considerar sumamente debilitada la idea de que el escarabajo bombardero surgió según la supuesta ley del gradualismo evolucionista.
Conclusión
Ahora debemos determinar qué consecuencias extraemos de haber contrastado la realidad y la teoría de la evolución. ¿Cómo queda esta teoría? ¿Queda no confirmada? ¿Refutada? Tal vez ahora cobre mayor sentido la cita que encabeza este artículo:
Si se pudiese demostrar que existió un órgano complejo que no pudo haber sido formado por modificaciones pequeñas, numerosas y sucesivas, mi teoría se destruiría por completo; pero no puedo encontrar ningún caso de esta clase[11].
Las hipótesis y teorías científicas tienen “predicciones”. Una predicción, en ciencia, es una afirmación que la teoría hace en base a sus supuestos. En este caso, en base al gradualismo, se pueden extraer ciertas predicciones atribuibles a la teoría de la evolución.
Quedó demostrado que el escarabajo bombardero no pudo jamás haber surgido por un mecanismo gradual: su mecanismo de defensa es esencial para su conservación y no puede surgir “en diferentes pasos”.
Sin embargo, según el neodarwinismo, los seres evolucionan por un proceso lento y gradual; que todos los seres evolucionan por un proceso gradual. Por lo tanto, esta teoría queda refutada o, como mínimo, gravemente debilitada.
Podría intentarse “salvar” la teoría aduciendo que el escarabajo sería el único ser vivo sobre la tierra que no ha evolucionado. El escarabajo no “pero el resto de los seres, SÍ”.
Pero este salvataje implicaría paradójicamente “hundir” a la teoría de la evolución, puesto que la teoría postula que todos –absolutamente todos– los seres existentes están sometidos a las leyes de la evolución. No algunos seres sino la totalidad de los que existen.
Queda demostrado lo que el mismo Charles Darwin reconocía ya en su libro: existen órganos complejos que no pueden ser formados mediante numerosas modificaciones, sucesivas y leves.
Por lo tanto, citando a Darwin, puede pensarse –con todo derecho– que la teoría está destruida por completo.
Publicado el 6 de enero de 2015. Epifanía del Señor
[1] Cfr. El origen de las especies, capítulo IV: La selección natural o la supervivencia de los más aptos. Darwin dirá –en el Cap. VI (Dificultades de la teoría)– lo siguiente: “Primero: creemos que las especies llegan a ser muy definidas, y que en ningún momento presentan caos intrincado de lazos variables e intermedios, porque las nuevas variedades se forman muy lentamente, pues la variación es un procedimiento lento, y la selección natural nada puede hacer hasta que ocurran diferencias o variaciones favorables individuales, y hasta tanto pueda ser mejor ocupado un lugar en la economía natural del país, por alguno o algunos de sus habitantes modificados. Estos nuevos lugares dependerán de lentos cambios de clima o de la inmigración accidental de nuevos habitantes, y probablemente en un grado todavía más importante, de que alguno de los habitantes antiguos se modifique poco a poco con las nuevas formas de este modo producidas y las antiguas, obrando por acción y reacción las unas sobre las otras, de modo que en cualquier región y en cualquier tiempo debemos solamente ver unas pocas especies que presenten pequeñas modificaciones de estructura en algún grado permanentes, y esto es lo que vemos. La selección natural puede actuar sólo mediante la preservación y acumulación de modificaciones infinitésimas que se heredan, cada una de ellas provechosa para el ser que se preserva…” (la negrita es nuestra).
[2] Los cambios rápidos fueron, por el contrario, descartados ya desde el comienzo por el mismo Darwin. En el mencionado cap. VII de El origen de las especies, explica las razones por las que considera que los cambios bruscos y repentinos no pueden ser causa del origen de las especies. Admite que tienen lugar en la realidad pero afirma que su puesto es ínfimo y que, por tanto, no pueden generar otras especies.
[7] Extractos del libro El colapso de la evolución, de Scott M. Huse, citados en un artículo que circula por Internet en diferentes formatos, titulado: El pequeño bicho que a los evolucionistas les gustaría olvidar. Lamentablemente, el link en el cual lo leímos ya no existe.
[8] Phillip E. Johnson… ídem, cap. III: Mutaciones grandes y pequeñas.
Milei y la Virginidad de María – El disparate teológico y la blasfemia del ahora Presidente
Hace varios años (diciembre 2019), ya siendo muy famoso, el entonces economista, panelista, influencer libertario -hoy Presidente de la Nación Argentina- sostuvo estas palabras:
“Yo soy católico. No tengo buen feeling con la institución, con la Iglesia como institución, porque, digamos, cuando la Iglesia se convirtió en la religión oficial, se pasó del lado del enemigo. ¿No? Pero, sí, yo, digo, yo creo en Dios… Separación entre la Iglesia Protestante y la Iglesia Católica. Por ejemplo, por el tema de la Virginidad de la Virgen María. Esas discusiones no tienen sentido. Hoy una mujer puede ser madre sin tener relaciones. O sea que una virgen puede podría ser madre.
-Sí, tranquilamente.
-Porque la tecnología lo permite. Si vos consideras que Dios es omnipresente, omnipotente y omnipotente (sic), puede tomar la tecnología de hoy, que la conoce, y llevarla al año cero y, digamos, fecundar a María y que nazca Jesucristo de una madre virgen.
-Exactamente. ¿No? Sí, sí. Bien, había una pregunta…
-Digo, ¿te das cuenta? Mucha parte del problema son los propios religiosos que son tremendamente conservadores y no abren las puertas a interpretaciones más amplias de Dios. Entonces, hacen una lectura de Dios limitados a su intelectualidad.
-Creo que en ese momento no era ni siquiera… era imposible pensar de que iba a existir fecundación in vitro, montones de cosas…
-Eso en mis charlas de singularidad lo cuento. Empeza a contarle a una persona del año cero todas las cosas que vivís hoy vos.
-¡Te matan!
– ¡Terminas crucificado!
– Te leen una parábola y te explica él el significado…
-¿Vos te imaginas que al libertario le impongan una lectura? Yo hago la lectura que a mí me parece correcta. Es decir… Cuando yo digo… Para mí… yo tengo la peor de las opiniones del Papa Francisco. Me parece el representante del Maligno en la Tierra, ubicado en el Trono de la Casa de Dios. ¿Y por qué decís eso? Y, porque Dios es libertario.
¿Tienes ya tu fragmento en PDF de Neodarwinismo y Cristianismo, totalmente gratis, para descargar de inmediato?
Te lo regalamos por haber accedido a este enlance, en este momento.
Neodarwinismo y Cristianismo no es solamente un libro. Es una tesis de Licenciatura en Filosofía, defendida ante un tribunal en el año 2017, como puedes escuchar haciendo click aquí.
Bien: puedes obtener ya, totalmente gratis, este fragmento de Neodarwinismo y Cristianismo, y complementarlo para entenderlo mejor con otros videos y artículos relativos al tema:
Y también aquí:
Y también en este otro artículo, con reseña a cargo del Dr. Carlos Andrés Gomez Rodas (Colombia).
También puedes escuchar y recibir mensajes diarios a través de las RR.SS. del Lic. Juan Carlos Monedero (h), donde usted y Juan Carlos pueden mantener un contacto más fluido prácticamente día a día a fin de que tú puedas extraer los máximos beneficios de su trabajo intelectual.
Haciendo click aquí, tendrás acceso a un material introductorio que te permitirá comprender los lineamientos básicos de la polémica. Estoy convencido de que, a medida que profundices en los orígenes del mundo, del hombre, en que penetres en la racionalidad intangible que habita en cada diseño de la naturaleza, podrás admirar más a ese Diseñador que está detrás del Universo, que no es otra cosa que Dios mismo, el Verbo, el Logos del Padre.
“Robot es un imbécil atorado de fichas, hijo de un padre zurdo y una madre sin rosas”
Leopoldo Marechal
-Lo primero que necesitan los pueblos, decía Genta, es Teología y Metafísica. Cuando a esta sapiencialidad substancial se la reemplaza por la habilidad y la crematística, los pueblos se corrompen, empezando por sus cabezas rectoras. O casi a la inversa: el enseñoreamiento en los dirigentes de la mentalidad anti teológica y anti metafísica, es el camino seguro para la degradación de las sociedades. el arquetipo ya no será el sabio sino el exitoso; el dechado humano no será el hombre contemplativo sino el hombre económico. La única ciencia tenida por válida será la empiriométrica. El experimento y el cálculo se convertirán en los factores legitimadores de todo saber.
-Viene a cuento lo antedicho porque trascendió en estos días que el psicópata Milei dio a conocer el nombre de quien dirigiría el Conicet, en el caso de que la ruleta sufragista de las masas lo ungiera presidente. Se trata de Daniel Salamone[1], un veterinario que ha consagrado su profesión a violentar el Orden Natural de modos escalofriantes, circunscribiéndose por ahora al terreno de la zoología. La ingeniería genética, la transferencia de embriones, la clonación de especies, la mixtura de animales, el <constructo> artificial de novedosas variantes bestiales, la mutación del sexo, de la configuración y reconfiguración de órganos, se han convertido en su frankensteiana y lucrativa especialidad. “Una vaca podría anidar un embrión de gaur o una chancha podría llevar un embrión de jabalí. Incluso la oveja podría ser la madre sustituta de un muflón, con el que tiene antepasado común”; mientras “la generación de cerdos transgénicos podrían proveer de órganos para ser transplantados a seres humanos”[2]. Tal una primera carta de presentación de la <Scienza Nuova> anarco liberal.
-No es su única declaración de principios, agreguemos. Salamone ha sido interrogado cientos de veces –por periodistas morbosos, es cierto- acerca de las posibilidades de clonar seres humanos. Ha respondido con cautela, diciendo que, por el momento, no lo cree técnicamente posible ni seguro; y que es consciente de que la cuestión tiene sus connotaciones éticas que reconoce no manejar. Por lo tanto, no sería necesario pensar ahora en clonar humanos, pero es solo “una moratoria” que impone la evolución científica. “Yo creo que el trabajo y los desarrollos hay que pensarlos en animales y no en humanos. Y la moratoria de trabajar en humanos es necesaria. El proceso es extremadamente ineficiente y médicamente es inseguro. Todavía sigue siendo inseguro, pero ciertos logros como los de los superembriones de clonación, juntando varios, salen mucho más sanos y con menos problemas […]La tecnología va progresando. Todo individuo tiene derecho a tener su propio genómano, entonces es muy controvertido sin tener la decisión de que nazca una persona y que no tenga derecho a tener su propio genómano, que no haya sido por el azar sino que alguien haya decidido a que sea idéntico a otra persona[…]hay cuestiones éticas, que yo no manejo”[3].
-En la concepción tenebrosa de Salamone, la clonación es un derecho humano, aunque él decide también que lo sea de las bestias, pues seguido se ufana de haber convertido un toro en una vaca, una oveja en un símil o reproducido coactivamente un yaguareté huidizo y poco anarcoide. La commedia è finita, sin embargo (como baja el telón Pagliacci) cuando nuestro clonador serial y futuro Taita Magno de la Ciencia Mileista, se expide sobre el diseño de los futuros niños: “Si el inconveniente es no poder concebir un hijo, en un futuro no tan lejano, es probable que se puedan obtener gametos en el laboratorio a través de la tecnología que recién empieza a utilizarse en animales”[4].
-Ya tenemos localizada la fuente en la que abreva Milei su singular providismo. Niños que no nazcan del modo natural, embriones que puedan diseñarse, embarazos en seis cuotas de treinta días, eutanasia dolarizada, matrimonios a la carta, poliamor a piacere, perros considerados hijos –literaliter– e hijos que pueden nacer de una probeta o de un robot. Abortos plebiscitados y permitidos directamente en caso de que entren en colisión las glandulas del locatario y la locadora, antiguamente llamada madre. Y coronando tan derechista y ultraconservadora cosmovisión, el derecho universal al coito pluriorificial (incluyendo los <períodos de discernimiento> previstos en Amoris laetitia), que tanto respeta y promueve nuestro Santo Padre. El programa transhumanista, en suma, soñado por el judío sodomita Yuval Noah Harari. Eso sí, a la argento. Así que no se sorprenda si usted encarga el diseño de una Marilyn Monroe y le devuelven una Gorda Matosas.
-Lo primero que necesita un pueblo es Teología y Metafísica. Su ausencia –aún o principalmente en quienes debieran ser sus custodios- explica tristísimamente el porqué un personaje espeluznante como Milei puede ser el candidato de los llamados “Pro-Vida”, de católicos ilustrados, de conjeturales tradicionalistas, de blogueristas dados a <la batalla cultural>, del vasto y pintoresco mundo bienpensante, señorogordista, pañuelocelestista y afines. He aquí adónde nos condujo ese vitalismo cuasi jainista, que aceptó someter a la tiranía del número el V Mandamiento.
-Sí; sin teología y metafísica, y reducida estultamente la vida política a la inserción democrática, se comprende porqué todo ese vasto mundo aludido ya no le pide virtudes al gobernante, ni se preocupa por la proyección pública de los vicios privados de los que se gloría, ni descarta la hipótesis del mal menor ante tamaña flagrancia de iniquidad mayor, ni aplica los principios básicos como que el bien se debe hacer bien; el bien es por íntegra causa, el mal por cualquier defecto; una causa buena mal defendida puede constituir ella misma una mala causa; o que sin el acatamiento a la Causa Incausada que es Dios, toda causa termina fatalmente en una claudicación. Algunos incluso, según nos dicen, han llegado a pedirles a los católicos el voto a Milei, so pena de convertirlos en responsables de los futuros abortos. Es preocupante que se pueda argüir que alguien, excepto Dios, está investido de tamaña autoridad como para emitir sobre nosotros juicios futuribles de condenación o de salvación. Y aún sin teología ni metafísica, es preocupante que el ámbito de la criminalística invierta los roles del victimario y de la víctima.
Como lo habíamos previsto, tras nuestro artículo anterior sobre este obseso, junto a las adhesiones no faltaron aquellos que nos reprocharon atacarlo a Milei y no a los otros candidatos. Vamos a ser sutiles, pues sabemos que la inteligencia de los objetores lo permite. Primero; si de nosotros dependiera, absolutamente todos los candidatos deberían ser ahorcados en la Plaza Mayor. Segundo; si de nosotros dependiera, el sistema democrático debería ser borrado de la faz de la tierra. Avisamos que íbamos a ser sutiles.
Milei no es peor que los otros. Pero es el único peor al que apoyan y quieren que apoyemos los miembros de la supuesta <propia tropa>. De donde se sigue que nunca fue tal sino tropilla confundida y errante. Y al final convergente con el terreno enemigo, para seguir con el lenguaje castrense.
Si nos preguntan qué es lo que hay que hacer entonces, diremos con la conciencia más que limpia, que ya lo hemos respondido hasta la minucia en infinidad de ocasiones. Pero por lo pronto, hay que salvar el honor de la Verdad y protagonizar acciones concretas y tenaces en pro del Bien Común Completo de la patria. Si en cambio nos preguntan cuándo nos rendiremos ante la democracia, nuestra respuesta está condensada en cinco letras: ¡NUNCA!
Neodarwinismo y Evolucionismo Cristiano. Fisuras e incongruencias”.
Reseña al nuevo libro de Juan Carlos Monedero
Por el Dr. Carlos Andrés Gómez Rodas
Tras una larga espera, fue publicado por Ediciones Del Alcázar el libro titulado Neodarwinismo y Evolucionismo Cristiano. Fisuras e incongruencias (Ediciones Del Alcázar, 2021), que recoge la tesis de licenciatura en Filosofía de Juan Carlos Monedero tras varios años de investigación y está prologado por Juan Manuel Torres, Doctor en Filosofía y Profesor en la Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza, Argentina).
Este tema se debatió públicamente entre el Lic. Juan Carlos Monedero y el Dr. Oscar Beltrán en septiembre de2019, en el Aula Magna de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (U.N.S.T.A.), que es la casa de estudios donde se recibió el autor. Si bien el secretario académico de la institución, José María Tejedor, católico y evolucionista, se negó a entregar la grabación del debate durante dos años (tal como lo sostiene públicamente el autor del libro[1]), el debate fue rescatado por un anónimo y se encuentra presente en el canal de Youtube de Monedero[2].
El libro relata cómo, en la inmensa mayoría de los casos, la teoría se presenta como absolutamente corroborada.Es un dogma de fe, no se puede discutir y quien la cuestione es tenido por un cavernícola o, peor aún, condenado al silencio, como si no valiese la pena refutar sus argumentos. En cuanto al bienestar de la teoría, a lo sumo se reconoce a regañadientes que no hay consenso en torno a los mecanismos de la supuesta evolución, pero, rápidamente, se añade que, para el establishment científico, la evolución “es un hecho comprobado” y del cual sólo faltaría “explicar algunos detalles”.
El autor exhibe gran cantidad de elementos que ponen de manifiesto cómo plantear críticas racionales a la teoría evolutiva pone en riesgo la carrera académica, las posibilidades de ascenso laboral y la fama pública de los investigadores, de suerte que el tan mentado “consenso” en torno a la evolución sería el resultado de una silenciosa presión psicológica y moral, mas no el resultado de la fuerza de la evidencia. Ben Stein, el periodista judío estadounidense, documentó esta suerte de “Gulag Cientificista” en su famoso video Expelled: no inteligence allowed[3].
Juan Carlos Monedero explica que la férrea defensa de la teoría evolutiva como único marco posible contrasta llamativamente con una idea propia del paradigma científico actual, según la cual las explicaciones científicas siempre son provisorias, y esto porque el conocimiento científico está sujeto a permanente revisión. Esta postura, que ganó terreno a partir de la famosa obra de Tomas Kuhn a mediados del siglo XX, es hoy dominante y, sin embargo, coexiste inexplicablemente con una enfática afirmación del evolucionismo por parte de ateos militantes tales como Richard Dawkins, Daniel Dennet, entre otros.
Desde la mitad del siglo XIX hasta la actualidad, sin intervalos, la teoría de la evolución es presentada como arma de secularización, de forma tal que sus consecuencias provocan, o bien el ateísmo, o bien el deísmo. Monedero lo documenta de manera fehaciente y no hay mucho lugar a dudas después de leer al insigne evolucionista Jacques Monod o, incluso, al biólogo evolucionista Richard Lewontin, en una cita demoledora que el autor de Neodarwinismo y Evolucionismo Cristiano. Fisuras e incongruencias ha sabido recopilar. A la par de esto, el autor también toma nota de una tendencia que parece ganar adeptos en otros espacios del campo científico: sostener verbalmente la teoría de la evolución sin que, al mismo tiempo, se realicen declaraciones filosóficas o religiosas. El libro analiza esta corriente.
Para llevar a cabo este trabajo, Juan Carlos se ha basado fundamentalmente en los trabajos de Raúl Leguizamón (QEPD), el pre-citado Doctor Juan Manuel Torres, el sacerdote y físico Carlos Baliña, el intelectual Horacio Boló y, ya fuera de la Argentina, en el brillante y delicioso trabajo de Phillip E. Johnson, Michael Behe, William Demsbki, Giusseppe Sermonti, Roberto Fondi, así como también en científicos que –aunque adhieren a alguna forma de la evolución– cuestionan la idea de un origen gradual de los seres vivos. En este grupoel autor ha recopilado citas de Richard Goldschmidt, Stephen Jay Gould, Niles Eldredge, Máximo Sandín, entre otros.
Pero el sector en donde el autor ha puesto verdaderamente la lupa es el de las autoridades eclesiásticas e intelectuales cristianos evolucionistas, católicos y no católicos. Desde Pío XII hasta el Papa Francisco, pasando por Juan Pablo II y Benedicto XVI, e incluyendo a Mariano Artigas, Miguel de Asúa, el padre Guillermo Jorge Cambiasso, el padre Santiago Collado González, Nicolás Jouve de la Barreda, y el propio Oscar Beltrán –que fue docente de Monedero en la UNSTA–, todos están comentados y sus argumentos reciben una fuerte réplica que no participa del estilo muchas veces sinuoso que caracteriza al mundo académico. También están abundantemente citados los aportes de Daniel Iglesias Grézes, intelectual uruguayo y bloggero de InfoCatólica, quien –a pesar de sostener la compatibilidad entre evolución no darwinista y fe cristiana– ha escrito distintos artículos que Juan Carlos Monedero supo consultar para escribir su investigación, tal como lo documenta al final del mismo.
La tesis final de la Licenciatura de Monedero es original: no afirma la falsedad del Evolucionismo Cristiano y mucho menos la verdad del mismo. Para el autor del libro, el planteo de compatibilidad entre evolución y creación (o teísmo) está atravesado por numerosas dificultades y debe ser descartado “por falta de mérito”, para usar un lenguaje judicial. En ese sentido, Collin Patterson –citado por Monedero– afirma que el evolucionismo es una suerte de “anti conocimiento”, una “anti teoría” porque sus afirmaciones constituyen “un vacío” que, aunque tienen la función de conocimiento, en realidad no comunican ninguno. Por eso Patterson ha preguntado en público a sus colegas evolucionistas qué saben realmente de la Evolución, y la respuesta fue el silencio.
No se puede abordar este libro sin alguna noción básica de Epistemología y Lógica, e incluso de Retórica y Persuasión. En efecto, Monedero explica cómo, cada vez que la teoría está a punto de colisionar con la evidencia, es reformulada para evitar su refutación. A pesar de esta resignificación, la teoría se sigue presentando con la misma supuesta “certeza absoluta” de siempre, y el autor muestra cómo esto ocurrió una y otra vez. En esta línea argumentativa, el autor incorpora los aportes epistemológicos de Popper, Lakatos y Kuhn.
Hagamos una breve enumeración de los argumentos contrarios a la teoría neodarwinista: ausencia de eslabones intermedios, estasis, apariciones, desapariciones repentinas, “complejidad irreductible”, violación del principio de la uniformidad de la naturaleza, sesgo de confirmación, falacia de petición de principio, argumento circular, etc. Esto lleva al Lic. Monedero a concluir que el motor de la teoría evolutiva es ideológico:“no se trata de ver que ocurrió sino de querer que haya ocurrido”.
“No hay un absoluto… pero el embrión no es un ser humano”. Y esto es absolutamente cierto.
Réplica al Dr. Alberto Kornblihtt (CONICET – UBA)
Lic. Juan Carlos Monedero
Vamos a darle una respuesta a las palabras de Alberto Kornblihtt, quien expuso en el Congreso manifestándose a favor del proyecto abortista el 31 de mayo de 2018[1]. Su ponencia se sigue difundiendo como una justificación del aborto, cuyo debate continúa a pesar de la reciente legalización de esta práctica en la Argentina. Kornblihtt es Doctor en Ciencias Químicas, Biólogo, Investigador Superior del CONICET y Profesor Titular Plenario de la UBA. Sus planteos son virales en las redes sociales, dando cierta artillería a los apologistas del aborto. Hoy en día, Kornblihtt se perfila como uno de los alfiles de la causa.
PRIMER ROUND: Vamos aclarando el panorama.
Suenan las campanas. Desde el inicio de su ponencia, el investigador plantea que presentará los últimos datos científicos que supuestamente confirmarían que un embrión no es lo mismo que un ser humano. Pero pronto se aprecian contradicciones. En efecto, dice Kornblihtt: “Los humanos somos mamíferos placentarios. Somos mamíferos por tener pelos y producir leche. Y placentarios porque el desarrollo solamente puede completarse dentro del útero”. Pues bien, si los humanossomos mamíferos placentarios, entonces un embrión –que crece dentro de la placenta– gestado por una mujer de la especie humana debería ser tan humano como nosotros. ¿O no?
Sigamos. Poco después, el especialista no teme en calificar al embrión llamándolo “casi un órgano de la madre” lo que, obviamente, suena muy científico a ojos vista. Pero pasemos por alto este desliz (al fin de cuentas, el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra). Continúa Kornblihtt diciendo: “la madre –ya veremos lo que podemos decir de esta palabrita– no sólo aporta, a través del intercambio placentario, el oxígeno y los alimentos necesarios para que el embrión progrese”; comunica también “los anticuerpos, fabricados por ella, que protegen al embrión de posibles infecciones. Además, las sustancias de deshecho y el anhídrido carbónico pasan de su sangre (se refiere al feto) a la de la madre a través de la placenta”. Y concluye: “sin ese intercambio placentario, el feto no podría progresar porque se intoxicaría”. No se puede pasar por alto –como observa agudamente nuestro amigo Tomás González Pondal[2]– que si el embrión fuese “casi un órgano de la madre” (y no distinto de su progenitora), entonces tales anticuerpos defenderían solamente al propio individuo que los produce. A propósito: ¿advierte Kornblihtt que no puede haber MADRE sin haber un HIJO?
Sigue el biólogo: “Las células y órganos del embrión y más tarde del feto sufren cambios epigenéticos durante el embarazo, que son consecuencia de la íntima relación con la madre y sin los cuales el nacido no progresaría”. Es decir: esos cambios que le ocurren al embrión y más tarde al feto son necesarios para que el nacido progrese. O sea: el embrión, el feto y el nacido son el mismo ser. Precisamente por eso –porque se trata del mismo ser–, no progresaría en su crecimiento la persona ya nacida de no haber experimentado esos cambios epigenéticos en el pasado, dentro del útero. Salvo el perverso deseo de pretender establecer el aborto a cualquier precio, no hay fundamento para decir otra cosa.
“El embrión y el feto no son seres independientes de la madre”, concluye triunfalmente Kornblihtt luego de explicar y describir cómo la placenta materna es necesaria para el desarrollo del niño. ¿Alguien alguna vez había objetado ésto? ¡Objetores de placentas, marchen presos! Nosotros no vimos ninguno. El científico no ha demostrado el carácter no-humano del embrión –como prometió ante el Senado– sino simplemente su condición placentaria.
Asimismo, es llamativo que el especialista olvide que los seres humanos siempre somos seres dependientes; lo es el embrión, el feto, pero también lo es un niño recién nacido, un pequeño de 5 años, un anciano o cualquier persona que, desafortunadamente, se encuentre en coma. Es claro que la dependencia con la madre guarda relación con la viabilidad del feto o del embrión; tan claro como que ser viable es una cosa, no ser humano es otra.
En definitiva, Kornblihtt presenta datos que –interpretados rectamente– brindan más firmeza a las posiciones provida. Lo expuesto hasta acá permite establecer el carácter absolutamente necesariode la madre para la preservación de la vida de su hijo. Miren cuánto nos parecemos: el feto necesita oxígeno, alimentos, anticuerpos, deshecha sustancias, posee sangre, puede intoxicarse. Lejos de demostrar que un embrión no es un ser humano, los datos presentados nos conducen precisamente a la conclusión inversa.
SEGUNDO ROUND: sí pero no.
Luego, Kornblihtt se mete en el tema de las legislaciones. Y dice que incluso para los sistemas legales donde está penalizado el aborto “la persona humana comienza con el nacimiento con vida”, para luego decir que esto tiene lugar “cuando el bebé se separa completamente de la madre”. Si analizamos estas palabras, advertimos dos cosas: 1) el adverbio completamente implica que el bebé –antes del nacimiento– ya estaba separado de la madre, pero no del todo; y 2) más importante aún: el bebé es bebé antes de ser separado completamente de la madre. Es el sentido común que brota por los poros del lenguaje, aunque al especialista del CONICET–UBA no le guste.
Es cierto –como dice el precitado Kornblihtt– que en la Argentina la ley civil reconoce “derechos suspensivos al embrión”, derechos que se harían efectivos al nacer con vida. Es cierto. Como también lo es que la ley penal de este país condenaba el delito de aborto (art. 85 del Código) en el momento en que Kornblihtt realizaba esta defensa. Pero no debería extrañar a ningún lector avisado que un abortista invoque sesgadamente la ley: es su modus operandi, no una excepción. Por otra parte, Kornblihtt no ve que concederle al embrión esos derechos suspensivos sólo tiene sentido si la persona por nacer y el embrión son lo mismo. Esta continuidad no dice nada al Investigador del CONICET pero debería llamar la atención a todo aquél que conserve un poco de racionalidad. Tampoco le resulta notorio a Kornblihtt que la ley condene por homicidio simple en concurso real con aborto (y no homicidio simple) a quien quitare la vida a una mujer cuyo embarazo le constare. Pero, ¿cómo podría significar algo para este hombre, víctima y victimario de esta hermenéutica jurídica contra la vida?
Hay más. Sigamos con este pugilato discursivo.
Kornblihtt dice que “La Biología no define vida humana, define vida”. Se trata del mismo especialista que, minutos antes, sostuvo queun embrión no es un ser humano. Explíquenos algo, doctor: ¿Por qué la Biología no puede definir vida humana pero sí definir que el embrión no es un ser humano? Los datos científicos –dice el académico del CONICET– no permiten concluir que el embrión es un ser humano… pero sí permiten concluir que no lo es. ¡Miren ustedes! ¿Por qué misterioso destino los conocimientos científicos son insuficientes para afirmar la humanidad del feto pero son suficientes para negarla?
Minuto 4,00 y siguientes: “Cabe preguntarse por qué para algunos es aceptable concebir que después de la muerte legal de una persona, definida en función del cese de la actividad cerebral o del latido del corazón, se admite que sus células sigan vivas por un tiempo y resulta, para esas mismas personas, difícil concebir que un embrión humano (¡!) está formado por células vivas pero todavía no es un ser humano”. No sabemos de las dificultades que ciertas personas puedan tener para concebir eso. Lo que parece evidente es la dificultad de concebir que un embrión humano no posea una vida humana, ¿no? Lo que nos lleva a la siguiente pregunta, de profunda raigambre epistemológica: ¿Por qué como biólogos no podemos afirmar la vida humana (sí, humana) del embrión pero podemos afirmar la vida humana de Kornblihtt?
TERCER ROUND: proyectos de humanos.
Hacia la mitad de su exposición, Kornblihtt dice que “un embrión humano (¡!) está formado por células vivas pero todavía no es un ser humano”. Y se atreve a decir: “Para la Biología, un embrión es un embrión, no es un ser humano. En todo caso, es un proyecto de ser humano”. ¿Alguien puede explicar por qué un embrión humano no es un ser humano? ¿Por qué no es entonces un proyecto de elefante o de ardilla? ¿Por qué diríamos “de ser humano” si no hubiese una humanidad presente? Todavía no es un ser humano: o sea que, según la lógica abortista, próximamente lo será. Pero, ¿acaso matar al que va a ser un hombre no es matar al hombre que ya es? De nuevo, la verdad se cuela por los bordes del discurso.
Kornblihtt vuelve al ataque, y sostiene: “El concepto de vida humana es una convención arbitraria que responde a acuerdos sociales, jurídicos o religiosos pero que escapa al rigor del conocimiento científico. Esta divergencia de criterios lleva a la dificultad de ponerse de acuerdo sobre el status del embrión. Pero deberíamos ponernos de acuerdo en que no es un ser humano y que, por lo tanto, no sería un crimen interrumpir el embarazo prematuramente”. Tomemos nota de lo peligrosamente cercanos que estamos a la mentalidad eugenésica o racista: si el concepto de vida humana es una convención arbitraria, entonces lo que está en juego es la vida en todas sus formas y etapas. No se ve qué impide, en esta lógica tan peculiar, que pueda acabarse con un hombre blanco, un hombre negro, uno al que le falte una pierna o que padezca el síndrome de down.
Si el concepto de vida humana escapa rigor del conocimiento científico, ¿qué valor tiene que un científico nos hable de algo que escapa al rigor del conocimiento científico? ¿Qué valor tienen todos los títulos de Kornblihtt? ¡Él mismo se está declarando incapaz! Y más aún: si escapa rigor del conocimiento científico, tampoco se puede establecer científicamente la no-humanidad del embrión. ¿Por qué deberíamos ponernos de acuerdo en que el embrión no es un ser humano si no hay acuerdo sobre el status del embrión?
CUARTO ROUND: vuelve el jurista.
Luego, de nuevo, Kornblihtt vuelve a meterse en el Derecho (¿los datos científicos no eran suficientes?). Pretende mostrar que el embrión no es una persona, a diferencia del ya nacido, diciendo: “la pena por practicar un aborto es mucho menor que la pena por matar a una persona…”. El especialista invoca, asimismo, “el hecho de que esté permitido (¡!) abortar en casos de violación o de peligro de la vida de la madre”. Son dos los puntos que deben abordarse: las penas, por un lado, y la supuesta permisión para el aborto, ligada al momento en que tuvo lugar esta ponencia (mayo 2018).
En primer lugar, como ya dijimos, el aborto estaba y -en algunos casos- está penado. Y está penado precisamente porque el embrión es una persona: de hecho, el artículo 85 del Código Penal contempla el delito del aborto en el marco de Delitos contra las personas/Delitos contra la vida.
En segundo lugar, puntualicemos que, en la Argentina, hacia mayo 2018, el aborto no estaba “permitido” sino que en algunos casos se consideraba “no punible”. Una acción antijurídica se declara no punible cuando la ley, por algún motivo, decide no perseguirla y por tanto no castigarla. Por ejemplo, el robo es una acción antijurídica pero realizado por un menor de edad no es punible. Aún demostrada su culpabilidad, el joven no será castigado. Hacer trabajar a un menor también es antijurídico pero no es punible siempre y cuando sean los padres, tutores o guardadores del niño los que lo hagan trabajar. Con todo y sin embargo, estas prácticas siguen siendo acciones antijurídicas y, por tanto, contrarias a la justicia.
Por último, cuando una ley declara no punibles ciertos homicidios –el aborto en caso de violación de mujer idiota o demente, por ejemplo– no está afirmando la inexistencia de la persona muerta. De hecho,la ley considera no punible el homicidio en el caso de la legítima defensa. ¿Y acaso el atacante abatido en esta circunstancia no es persona? Sí: tanto como el embrión.
QUINTO ROUND: Mejor ni lo hubieses abierto
Algún espíritu maléfico –quizás el genio cartesiano– indujo a Kornblihtt a abrir el diccionario para probar que el aborto no era un homicidio. Otra explicación no hay, porque nuestro prestigioso científico leyó que en “la sexta edición de un diccionario de genética de King y Stanfield (2002)” se proponen dos acepciones de la palabra aborto, definido como:
a) “la expulsión de un feto humano del útero por causas naturales antes de que sea capaz de sobrevivir independientemente”.
b) “la terminación deliberada de un embarazo humano muy a menudo realizada durante las primeras 28 semanas de embarazo”.
Kornblihtt cierra triunfalmente su diccionario y concluye con festividad digna de mejores nupcias: “Como se ve, en ninguna de las dos acepciones se menciona la vida humana, ni la palabra matar u homicidio”. Entendido: el mundo entero le clavó el visto. Está llegando la corona para el campeón. Lipovetzky, Rubinstein, Cristina Kirchner y Mauricio Macri están corriendo para llevársela… cuando de repente aparecemos nosotros, interrumpimos la orgía y clamamos voz en cuello: ¡Es un diccionario de genética, no de derecho y leyes! ¿Se dan cuenta? Además, el diccionario no dice homicidio pero habla de feto humano y de embarazo humano. Como dice el precitado González Pondal, el gran descubrimiento de Kornblihtt es haber encontrado un diccionario de genética que no utiliza una terminología jurídica.
Lo cierto es que el catedrático del CONICET ha cortado la rama que a él mismo lo sostiene. Su propia fuente no habla de un órgano ni de un casi-órgano-de-la-madre. Por lo visto, el autor del diccionario tampoco sintió escrúpulo alguno en llamar feto humano o embarazo humano al embrión humano, al contrario de este Doctor en Ciencias Químicas que no podría ver a un elefante en un zoológico vacío.¿No es increíble que sea el mismo Kornblihtt el que trae a colación el diccionario?Por eso pensamos que en realidad, algún perverso genio ha de haberse metido en su cerebro y le ha obligado a invocar este salvavidas de plomo. Sin contar que el especialista habla del aborto como “la terminación deliberada” de un embarazo humano muy a menudo durante las primeras 28 semanas, sin tener en cuenta que hoy en día los médicos salvan a bebés prematuros de 25 semanas de gestación. El progreso científico no cesa de incrementar las posibilidades para los mismos que Kornblihtt no hubiese tenido vergüenza en eliminar.
COLOFÓN
Termina diciendo Kornblihtt, siguiendo a los sofistas de la Antigüedad: “No hay un absoluto y los legisladores deben legislar para todos”. Como siempre, como lo sabemos ya desde Sócrates, Platón y Aristóteles, nada es absoluto… salvo las ideas de ellos. No hay un absoluto… pero el embrión no es un ser humano. Y esto es absolutamente cierto.“¡Todo adoctrinamiento es malo…!” Salvo el adoctrinamiento abortista en el Nacional Buenos Aires o en el Carlos Pellegrini. “¡Todas las posiciones son válidas!” Salvo la defensa de la vida del inocente en el vientre materno. “¡Toda violencia es censurable…!” Salvo la agresión contra los templos católicos en el marco de Autoconvocadas. Está bien que refutemos, que rebatamos las posturas abortistas. Pero desenmascararlas es mejor. Vamos a ello con una adivinanza.
¿Adivinen quién dijo el 28 de febrero del 2018, entrevistado por radio?:
“Vida humana en el sentido de la organísmica, del organismo, como dije antes, es un proceso continuo que comienza con la fecundación en el seno materno o también podría comenzar con una fecundación in vitro…”.
¿Quién lo dijo? Lo dijo el mismísimo Alberto Kornblihtt, en conversación con María O´Donnel, Tarde para Nada, Radio Con Vos[3].
¿Cómo es, Profesor? ¿No era que el concepto de vida humana era “una convención arbitraria que respondía a acuerdos sociales, jurídicos o religiosos y blablabla?
No, Kornblihtt. No conteste. Vaya, haga penitencia, conviértase y crea en el Evangelio. No queremos estar en su pellejo. Nunca, pero especialmente no quisiéramos estar el Día en que el Dios Vengador de Inocentes lo llame a dar cuentas por la sangre derramada que Usted, con sus palabras, colaboró a verter.
Nosotros, por el contrario, sigamos peleando por el Triunfo Definitivo de la Verdad y la Justicia. Peleemos como si nosotros mismos fuésemos esos embriones cuya vida, en este momento, está en peligro. ¿No nos gustaría acaso que los ya nacidos nos defendieran con toda la fuerza que tengan? Muy bien: Hagámoslo entonces nosotros.
[3] El video estaba aquí pero unos meses después de este artículo, ya no puede verse. El link original era: https://www.youtube.com/watch?v=-mUOHYkWFyw. Sin embargo, la grabación pudo ser rescatada y se puede observar aquí:
Y también aquí:
***
Adquirí el primer libro del Lic. Juan Carlos Monedero: “LENGUAJE, IDEOLOGÍA Y PODER”, tomo I, con prólogos del R. P. Alfredo Sáenz y el Dr. Antonio Caponnetto. Ilustraciones: José Antonio Van Tooren.
El Seminario de San Rafael y el Día de los Muertos
Por Fray Mikel Armarria (seudónimo)
Quien escribe es sacerdote de la Iglesia Católica Apostólica y Romana (Nota aclaratoria)
Me mueve a escribir este artículo el último párrafo del reciente Decreto de la Penitenciaría Apostólica[1] sobre las Indulgencias Plenarias para los Fieles Difuntos.
En su último párrafo se dice: “se invita encarecidamente a todos los sacerdotes a celebrar tres veces la Santa Misa el día de la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos”. Y se menciona la Constitución Apostólica “Incruentum Altaris” (ver texto italiano aquí[2] y texto latino aquí[3]) del Papa Benedicto XV.
El mencionado Decreto (del 22 de octubre de este pandémico año 2020) no establece nada nuevo, salvo la mayor facilidad que ofrece para ganar las indulgencias en este año, atendiendo las restricciones de las cuarentenas (como lo reporta, por ejemplo, esta nota[4]).
Quizá para muchos sí parecerá novedosa la exhortación que se hace a los sacerdotes a celebrar tres misas el día 2 de noviembre. La Bula o Constitución de Benedicto XV (año 1915) rememora el origen histórico de esta práctica, orgullo de la piedad de los reinos cristianos de Aragón.
La guía para las celebraciones litúrgicas, que actualmente se denomina Calendario Litúrgico, pero todavía se la llama ordo en el lenguaje cotidiano de las comunidades, que cada año publica la Santa Sede, encomendando la responsabilidad de su edición a cada Conferencia Episcopal indica, a su vez, cada año, invariablemente, lo mismo: que ese día todo sacerdote puede celebrar tres misas sin tener que pedir autorización. Porque habitualmente el sacerdote podría celebrar una sola misa, según lo dispone el Derecho Canónico (canon 905), como recuerda este breve artículo[5] escrito con ocasión de la pandemia.
Así como el reciente decreto vaticano se contextualiza “en la actual situación de pandemia”, también estas reflexiones pueden contextualizarse igual, y, además, “en la actual situación de opresión” que padece la diócesis de San Rafael y su Seminario por parte del Obispo Monseñor Taussig.
* * *
Para los seminaristas del Seminario Diocesano de San Rafael (y lo mismo ocurre en el Seminario de los religiosos del Instituto del Verbo Encarnado), cada 2 de noviembre era una experiencia habitual que quien iba espontáneamente a la capilla a rezar era muy probable que se encontrase con alguno de los sacerdotes celebrando “fuera de horario”. Ya se sabía que ese día las misas se multiplicaban.
Esta piedad sacerdotal observada, y compartida, cuando discretamente un seminarista se quedaba a participar de esas misas “extras” también es parte de la formación, que los prepara para el futuro ministerio, cuando muchas veces debe apelarse a la “libertad de espíritu” de tener que celebrar varias misas, sobre todo los días de precepto, con el consentimiento tácito del obispo propio, en atención a la necesidad de los fieles. Varios de los egresados del Seminario “Santa María Madre de Dios” que ejercen su ministerio en lugares en donde les toca estar a cargo de parroquias con decenas de capillas lo hacen. Lo mismo sucede con los sacerdotes del IVE.
Y –adelantémonos a suspicacias y malevolencias– las misas se multiplican no por afán de lucho, para lograr un estipendio que muchas veces –siendo comunidades muy pobres– es muchas veces exiguo e incluso nulo, sino sólo para cumplir lo que dice san Pablo: que su orgullo y recompensa es predicar gratuitamente el Evangelio (1 Cor 9, 18).
Por cierto, que este criterio y esta práctica no es exclusividad de este Seminario y de la diócesis de San Rafael. Al contrario, como se ha dicho, son prácticas que se han haciendo costumbre de toda la Iglesia. Pero, así como la sotana, las preferencias pastorales (misiones populares, ejercicios ignacianos), literarias (devoción por los escritos de los santos), etc. llegan a configurar en su conjunto un estilo. Por eso, Mons. León Kruk, ante quienes objetaban precisamente este estilo sacerdotal, solía repetir: “no somos los mejores… pero tampoco somos los peores”.
La situación de abundancia de clero de que comenzó a gozar la diócesis de San Rafael con la fundación de su Seminario hacía que desde las parroquias no hubiese necesidad de recurrir a la ayuda de los formadores. Más aún: incluso parroquias pequeñas contaban con dos o más sacerdotes. Que en una parroquia hubiese un solo sacerdote era una excepción.
Esto mismo permitía atender con facilidad los requerimientos de la religiosidad popular, que en el culto a los difuntos siempre encontró un estímulo para su piedad, hoy bastante decaída, como lo recuerda el colorido relato del humorista conocido como el “Gato” Peters (para escuchar la narración “Íbamos al cementerio”, aquí[6]). De forma que incluso proveyendo a las misas parroquiales de horario y a las que se disponían en los cementerios, todavía algunos sacerdotes podían celebrar sin horario.
No era raro que algún sacerdote, precisamente por no tener compromisos de horario, celebrase las tres misas seguidas, sin pausa. Para los criticones, esto sería un vestigio del “sacramentalismo”, una de las tantas acusaciones que se ha hecho a la formación sacerdotal de San Rafael.
Siempre puede haber excesos o distorsiones en lo bueno que hacemos: es el lastre de la naturaleza humana caída… Pero lo sustancial es excelente: es la identificación plena con las enseñanzas perennes de la Doctrina Cristiana (los paradigmas de la conciencia eclesial, que podríamos decir en lenguaje modernoso): la tendencia a la Vida Eterna, dogma que sella la profesión de fe del Credo, el recuerdo de los Novísimos (muerte, juicio, infierno, gloria) que sigue mencionando el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (apéndice), las enseñanzas de los santos (“laudato si por la hermana muerte corporal” nos dice san Francisco de Asís en su Cántico de las creaturas[7], añadiendo “ay de los que mueran en pecado mortal”), la verdadera sabiduría cristiana popular: “la ciencia más acaba / es que el hombre bien acabe: / que al final de la jornada / aquel que se salva, sabe, / y el que no, no sabe nada”.
* * *
Esto es verdadera obediencia, es decir, sintonía con lo que la Iglesia, como Cuerpo Místico, vive y siente. El “sentir con la Iglesia” de san Ignacio de Loyola. El cumplir con las disposiciones particulares de la legítima autoridad también forma parte, por cierto, de la obediencia. Pero, para ser virtuosa, ella debe ser criteriosa: debe haber el “discernimiento”, del cual tanto se habla hoy. Ponderar si lo que manda el que manda no se opone al querer de Dios, lo cual si ocurriese, hay que responder como san Pedro a los miembros del Sanedrín: “Juzguen ustedes mismos si está bien a los ojos el Señor que les obedezcamos a ustedes antes que a Dios” (Hechos 4, 19).
En el Seminario de San Rafael se nos ha enseñado a tener siempre una actitud verdaderamente filial ante los superiores, y por este hábito en que se nos formó nos ha resultado estimulante el recibir las enseñanzas y consignas del Papa y sus colaboradores, inmediatos (curia romana) y en cada diócesis, toda vez que hemos visto que se confirmaba la fe que la Iglesia ha profesado siempre (Lc 22, 32). Y podemos decir verdaderamente que “nos adelantamos a sus deseos”, cuando esos deseos (en este caso, el sufragar por las benditas almas) son los de Cristo y lo que enseña la Iglesia.
Este es un pequeño “botón de muestra” de lo que se aprende y se vive en el Seminario Diocesano “Santa María Madre de Dios”, de San Rafael. Este es su legado. Pedimos a Dios que, superada esta tormenta, pueda seguir cultivándolo.