Corredención mariana – Textos de los sumos pontífices
(Recopilación del Padre Jorge Hidalgo)
Pío IX: “Así como Cristo, mediador de Dios y los hombres, asumida la naturaleza humana, borrando la escritura del decreto que nos era contrario, lo clavó triunfante en la cruz, así la Santísima Virgen, unida a Él con apretadísimo e indisoluble vínculo, ejercitando con Él y por Él sus sempiternas enemistades contra la venenosa serpiente y triunfando de la misma plenísimamente, aplastó su cabeza con el pie inmaculado.” (Bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854)
León XIII: “La Virgen, exenta de la mancha original, escogida para ser Madre de Dios y asociada por lo mismo, escogida para ser Madre de Dios y asociada por lo mismo a la obra de la salvación del género humano, goza cerca de su Hijo de un favor y de un poder tan grande que nunca han podido ni podrán obtenerlo igual ni los hombres ni los ángeles.” (Supremi Apostolatus, 1 de septiembre de 1883)
“La que había sido cooperadora en el sacramento de la redención del hombre, sería también cooperadora en la dispensación de las gracias derivadas de Él.” (AAS 28 [1895-1896], 130-131)
San Pío X: “La consecuencia de esta comunidad de sentimientos y sufrimientos entre María y Jesús es que María mereció ser reparadora dignísima del orbe perdido y, por tanto, la dispensadora de todos los tesoros que Jesús nos conquistó con su muerte y con su sangre.” (Ad diem illud, 2 de febrero de 1904)
Benedicto XV: “Los doctores de la Iglesia enseñan comúnmente que la Santísima Virgen María, que parecía ausente de la vida pública de Jesucristo, estuvo presente, sin embargo, a su lado cuando fue a la muerte y fue clavado en la cruz, y estuvo allí por divina disposición. En efecto, en comunión con su Hijo doliente y agonizante, soportó el dolor y casi la muerte; abdicó los derechos de madre sobre su Hijo para conseguir la salvación de los hombres; y, para apaciguar la justicia divina, en cuanto dependía de Ella, inmoló a su Hijo, de suerte que se puede afirmar, con razón, que redimió al linaje humano con Cristo. Y, por esta razón, toda suerte de gracias que sacamos del tesoro de la redención nos vienen, por decirlo así, de las manos de la Virgen dolorosa.” (Epist. Inter sodalicia, 22 de mayo de 1918)
Pío XI: “¡Oh Madre de piedad y de misericordia, que acompañabais a vuestro dulce Hijo, mientras llevaba a cabo en el altar de la cruz la redención del género humano, como corredentora nuestra asociada a sus dolores…!, conservad en nosotros y aumentad cada día, os lo pedimos, los preciosos frutos de la redención y de vuestra compasión.” (Radiomensaje, 28 de abril de 1935)
Pío XII: “Habiendo Dios querido que, en la realización de la redención humana, la Santísima Virgen María estuviese inseparablemente unida con Cristo, tanto que nuestra salvación es fruto de la caridad de Jesucristo y de sus padecimientos asociados íntimamente al amor y a los dolores de su Madre, es cosa enteramente razonable que el pueblo cristiano, que ha recibido de Jesús la vida divina por medio de María, después de los debidos homenajes al Sacratísimo Corazón de Jesús, demuestre también al Corazón amantísimo de la Madre celestial los correspondientes sentimientos de piedad, amor, acción de gracias y reparación.” (Haurietis Aquas, 15 de mayo de 1956)
Concilio Vaticano II: “Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en el templo, padeciendo con su Hijo cuando moría en la cruz, cooperó en forma enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra Madre en el orden de la gracia.” (Lumen Gentium, n. 61).
La confusión está clarísima: a propósito de Rigoberto, La Derecha Fest, Michalski, Tenembaum y Gravia
Comentario al video de Nahuel Michalski sobre la entrevista de Tenembaum
y Gravia al influencer Rigoberto Hidalgo
Hola Nahuel, con mucho respeto quiero hacer algunas observaciones.
Creo que hay que distinguir entre el valor de verdad de las frases de Rigoberto y la fundamentación (correcta o no, discutible o no) de lo que dice Rigoberto. El punto (o uno de los puntos neurálgicos, a mi modo de ver) es si la naturaleza es base de derechos.
Todos estamos de acuerdo (salvo algunos hiper progresistas) en que un varón es un varón y una mujer, mujer. El punto es si los derechos (el deber ser) se pueden inferir de lo que es (el ser). Es innegable que hay dos sexos. Tanto es así que el propio Tenembaum dice “Hay dos sexos” y lo tiene que reconocer (1:10:55) medio a regañadientes. Vos mismo Nahuel lo reconoces en 1:12:50. El punto es si, entonces, en qué medida se puede inferir o no derechos de la naturaleza, de la conducta biológica, etc. Y si es lícito, o no lo es, inventar derechos que igualen lo que es natural con lo que no lo es.
Dejame hacerte otras observaciones.
1-Tenebaum y Gravia no reciben, con toda probabilidad, ningún soborno. Simplemente hacen periodismo y le dan pantalla a aquello que está en la boca de la gente (o que ellos creen que lo está). Y dado que Milei es extremadamente popular, entienden que hay en cierto modo una transferencia de popularidad hacia Rigoberto.
2-La Biblia no dice que no existen los dinosaurios.
3-Me gustaría entender porqué planteas que el Diluvio no existió. En un momento deslizas que científicamente está demostrado que no existió. Me gustaría interactuar con esto.
4-Decir que “la bandera LGBT (55:00 y siguientes) es basura” no es censura, es una opinión. Censura la hace el que tiene poder. Censura sería que el Estado mande a arrestar a los activistas LGBT. Rigoberto no tiene poder.
5-En Canadá y en otros países se penaliza a quienes no hablan según la ideologia de género. El Estado te fuerza a que uses determinadas palabras para referirte a personas siguiendo sus supuestas autopercepciones.
6- 43:20 Ser católico no es equiparable a decir que se tiene un sexo que no se tiene. Al afirmar que se es católico se afirma adherir a una doctrina. Al afirmar que se posee un sexo que no se posee es algo completamente distinto.
7- El Estado Argentino no es católico. El art. 2 de la Constitución Nacional solamente establece una confesionalidad velada limitada a lo económico y a algunas cosas más. El Estado Confesional era una realidad pero hasta 1852.
8- Las leyes en la Argentina se apoyan, también, en el Derecho Natural. Nuestra ley no es totalmente positivista.
MAS INFORMACIÓN
Nahuel Michalski es un Licenciado en Filosofía de nacionalidad argentina, tiene un canal de Youtube.
Rigoberto Hidalgo es un influencer liberal libertario, protestante, que habló en “La Derecha Fest”, el evento organizado por los libertarios en la Argentina, con la participación del Presidente Javier Milei.
“Crítica Católica al Concepto Protestante de Sola Scriptura”, prólogo del Dr. Dante Urbina
Autor: Lic. Juan Carlos Monedero
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¿Por qué un libro sobre la doctrina protestante de “Sola Scriptura”?
He aquí la respuesta
El protestantismo es quizás uno de los desafíos más urgentes que enfrenta la Iglesia Católica. Donde más reclutan las distintas denominaciones evangélicas es entre la población de bautizados sin formación o católicos no practicantes.
La apariencia de legitimidad y la complejidad de la doctrina de “Sola Scriptura” constituye ciertamente un verdadero reto para el católico promedio quien casi nunca recibe en las parroquias la formación adecuada que le permita superar las objeciones del mundo protestante.
Este libro viene precisamente a ocupar ese lugar vacío. De la mano del prologuista Dr. Dante A. Urbina, brillante intelectual peruano, “Crítica Católica al Concepto Protestante de Sola Scriptura” no deja de tocar en profundidad, precisión y concisión temas tales como las autoridades infalibles, el canon bíblico, las supuestas citas de la Biblia sobre Sola Scriptura, las declaraciones de teólogos y divulgadores como Sproul, MacArthur, Núñez, la confesión calvinista de fe de Westminster, la II confesión bautista de Londres, el origen histórico de Sola Scriptura en Lutero, la necesidad de un intérprete infalible, la Iglesia y su relación con la Biblia, el Concilio de Jerusalén y la Sola Scriptura, entre muchos otros temas.
Sin duda los últimos dos años han sido prolíficos en intensos debates en las redes sociales en base a muchos temas: Sola Scriptura, Sola Fide, Purgatorio, Predestinación, Imágenes, Inmaculada Concepción, Primado de Pedro, etc. Figuras como Dante Urbina, José Plascencia, Santiago Alarcón, Max Roper Calvo, Hugo Ariza y Luis Lisboa, entre otros, han sido muy activos en las redes contrastando con divulgadores de la talla de Will Graham, Néstor Díaz, Jonathan Ramos y polemistas como Edgard Pacheco, Carlos Veloz, Salvador Barragán, Gabriel Assaf, entre otros.
Pero los cientos de horas de estos debates no habían quedado documentados en ningún lado. Todo era oral, todo estaba en Youtube, de forma desordenada, caótica, dispersa.
“Crítica Católica al Concepto Protestante de la Sola Scriptura”, escrito por el Lic. Juan Carlos Monedero, justamente, constituye el primer libro publicado que reúne y sintetiza estos debates de los últimos años en este asunto. El mérito de este libro aspira a ser el unificar la información y los argumentos dispersos para recopilarlos en un único volumen, ahorrando al lector infinidad de horas de estudio.
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CRÍTICA CATÓLICA AL CONCEPTO
PROTESTANTE DE SOLA SCRIPTURA
Lic. Juan Carlos Monedero
CRÍTICA CATÓLICA AL CONCEPTO
PROTESTANTE DE SOLA SCRIPTURA
Lic. Juan Carlos Monedero
ÍNDICE
Prólogo del Dr. Dante A. Urbina
Introducción
PRIMERA PARTE: EXPOSICIÓN DEL PRINCIPIO PROTESTANTE DE SOLA SCRIPTURA
El principio de Sola Scriptura según el Cardenal Newman
El principio de Sola Scriptura: la Biblia como única autoridad
La Biblia como última autoridad
Confesión de Fe de Westminster
Segunda Confesión Bautista de Fe de Londres
R. C. Sproul
Miguel Núñez
John MacArthur
Citas invocadas para sustentar la Sola Scriptura
El sentido final de la Sola Scriptura
La Sola Scriptura contra la Tradición Católica
Libre Interpretación de la Biblia
Confusionismo en torno a Sola Scriptura: ¿norma única o norma última?
Ambivalencia en los debates de Carlos Veloz
El péndulo de Robert Charles Sproul
La oscilación de Miguel Núñez
Fluctuación y balanceo en un trabajo de John MacArthur
La Sola Scriptura en un sermón de John MacArthur (2013). Contraste con Sproul
Comparación del sermón de MacArthur con fuentes anteriores
Contenido de la expresión Sola Scriptura en el sermón de MacArthur
La Sola Scriptura en un segundo trabajo de John MacArthur
Comentario sobre la Confesión de Fe de Westminster (capítulo I, punto VI)
Deducciones “no necesarias” (probables)
Deducciones “buenas y necesarias”
Conclusiones de la Primera Parte
CRÍTICA A LA DOCTRINA PROTESTANTE DE SOLA SCRIPTURA
Equivocidad en el concepto de Sola Scriptura
Las normas del Antiguo Testamento. Necesidad de una autoridad intérprete infalible
Volvamos al punto de la equivocidad de la Sola Scriptura
El principio de Sola Scriptura no está contenido en las Escrituras
El principio de Sola Scriptura contradice las Escrituras
La Iglesia es anterior al Nuevo Testamento
La Biblia identifica a Cristo con otras personas
La Biblia remite a otras autoridades no bíblicas
La Biblia indica que hay otras verdades que quedaron pendientes de ser escritas
La historia desacredita el principio de Sola Scriptura
La Sola Scriptura y la formación del canon bíblico
El Concilio de Jerusalén contra la Sola Scriptura
La dinámica de la lectura rebate la Sola Scriptura
Los propios protestantes, en realidad, no cumplen a rajatabla la Sola Scriptura
¿Y qué hay de la cita de Mc 7, 1-13 contra la tradición?
Si la doctrina de la Sola Scriptura es verdadera, entonces es falsa
La Sola Scriptura es una innovación teológica
La Sola Scriptura y la Tradición
¿Y qué hay de la otra tesis protestante de la Libre Interpretación de la Biblia o Libre Examen?
El principio de “libre interpretación” contradice las Escrituras
Cristo quiso una jerarquía, no una anarquía
El principio de libre interpretación resulta en la anarquía doctrinaria
La tesis de libre interpretación prohibida por los reformadores
CONCLUSIONES
CÁNONES DE TRENTO
Prólogo del Dr. Dante A. Urbina
Es un gran gusto para mí prologar este libro de mi buen amigo Juan Carlos Monedero. Y más aún considerando la gran relevancia del tema que está tratando: la Sola Scriptura. Según se ufanan varios teólogos protestantes de proclamar, la doctrina de Sola Scriptura es la “causa formal” de la Reforma Protestante. Por tanto, también puede decirse de la Sola Scriptura aquello que se dice de la doctrina protestante de la justificación, esto es, que es aquella doctrina en virtud de la cual la mal llamada “Reforma” se mantiene de pie o cae.
Precisamente en este libro, con la agudeza de razonamiento filosófico propia de su formación, Juan Carlos Monedero destruye esta base epistémica de la Reforma. Las primeras páginas del libro muestran el concepto de Sola Scriptura y sus variaciones mientras que, hacia la mitad del mismo, el objetivo es hacer notar al lector la equivocidad de la definición de Sola Scriptura. Como ya se sabe, en infinidad de cuestiones el protestantismo es –en última instancia– “tierra de nadie” hasta el punto que ni siquiera en su concepto epistémico más fundamental (el de Sola Scriptura) pueden los protestantes ponerse de acuerdo. En efecto, hay múltiples enfoques y definiciones sobre Sola Scriptura. Es difícil que la Reforma pretenda ser un edificio sólido sobre bases tan volubles.
Asimismo, Juan Carlos Monedero refuta las supuestas bases bíblicas de la Sola Scriptura. En este trabajo, analiza los pasajes a los que más suelen apelar los protestantes para intentar argumentar y defender esta doctrina desde la Biblia, como por ejemplo: II Timoteo 3, 13-17, II Pedro 1, 19-21 y Apocalipsis 22, 18-19. Monedero dedica varias páginas a demostrar que los divulgadores y apologetas protestantes, en lugar de hacer propiamente una exégesis, más bien están llevando adelante una eiségesis de estos versículos. De esta forma, presentan a estos fragmentos como diciendo cosas que en realidad no dicen.
En adición a ello, además de otros argumentos, el autor presenta evidencia bíblica contra la Sola Scriptura, con lo que queda por demás sepultada esta doctrina.
Este libro, pues, constituye un aporte valioso a la literatura apologética que no se debe soslayar.
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Fernando Casanova, converso católico ex protestante, ha conmocionado a buena parte del mundo católico al anunciar que abandona –según sus palabras– “la Iglesia Católica Romana”.
Casanova, de origen portorriqueño y nacido en 1964, se desempeñó como pastor en el Pentecostalismo hasta 2002 para luego ingresar en la Iglesia Católica, lo que tuvo lugar en el año 2003. Durante más de 20 años, la figura de Casanova creció mucho dentro de las filas católicas hasta el punto que llegó a tener un lugar destacado en EWTN donde –a través de un programa titulado Estoy en casa– difundía contenidos apologéticos que hicieron mucho bien a miles y miles de personas.
A continuación, resumamos los argumentos de su reciente video[1] los cuales fueron presentados, a nuestro juicio, de manera bastante desordenada:
Casanova afirma que se va de la Iglesia Católica Romana pero no “la Iglesia Católica” a secas. Por eso, se sigue autodenominando católico. De esta forma, da a entender que existiría una Iglesia Católica no Romana. Con esto ya podemos avizorar lo confuso del asunto.
Por otro lado, hay fuertes rumores y circulan fotos de Casanova asistiendo a oficios religiosos en una iglesia luterana. Él confirma que ha visitado otras comunidades y explica que, aunque no es seguro, podría comenzar en 2025 un proceso de catequesis. Casanova se estaría dirigiendo hacia alguna de las innumerables denominaciones luteranas donde, literalmente, “hay de todo”, en especial de todo lo malo que en los últimos años él mismo cuestionaba (y con razón) dentro de las filas de la Iglesia Católica.
Su alegato concluye con una conocida frase de Lutero, lo que refuerza la presunción de que Casanova se va hacia alguna rama del luteranismo. Esto nos hace preguntarnos: cualquier denominación luterana, ¿realmente tiene MENOS problemas y MENOS objeciones, para Casanova, que la Iglesia Católica?
Fernando Casanova se sigue autodenominando católico pero al mismo tiempo estaría por ingresar en el mundo luterano.
Sostiene que no tiene pensado ser pastor a causa de su vejez (“estoy viejo para meterme otra vez en un seminario”) y además reconoce que para ninguna iglesia “es conveniente ordenar a un advenedizo y neófito que carece de experiencia con la tradición eclesial en cuestión” (¡!).
Dice que abandona la Iglesia Católica Romana “por coherencia”. No pretende fundar ninguna otra iglesia. ¿Por qué estaría en juego su coherencia? Estaría en juego a causa de la razón “más importante” que tiene para abandonar la Iglesia. La desarrollamos a continuación.
Para ser católico romano, se debe creer “con fe divina” –dice Casanova, interpretando el canon 750 del Código de Derecho Canónico– todo lo que se propone de parte del Magisterio. Esto incluye los dogmas y (agrega él) los usos o costumbresque la Iglesia Católica Romana enseña y que –según Casanova– no formarían parte de la Revelación de Cristo o que, incluso, contradicen la doctrina de las Sagradas Escrituras, los Padres de la Iglesia o las enseñanzas de los siete concilios ecuménicos. Nótese que Casanova cree que el fiel debe asentir “con fe divina” no sólo a los dogmas sino también a algún uso o costumbre.
Quedarse en la Iglesia Católica Romana es, para Casanova, “un riesgo espiritual”. Según él, “creer todo lo que la Iglesia ha establecido y enseñado” implica además “un suicidio intelectual”. En efecto, afirma haber descubierto, “por la historia como ciencia”, que muchas creencias de la Iglesia Católica Romana no estarían basadas en los datos objetivos de la historia sino que la Iglesia, para sustentar estas creencias, añade “elucubraciones filosóficas”, “literatura apócrifa, gnóstica o herética”. Cabe apuntar que, en su video, Fernando Casanova no presentó ni una sola prueba de esto. Por eso, bien le podemos aplicar a esta declaración el principio polemista que dice: “Lo que sin pruebas se afirma, sin pruebas se puede desestimar”.
En definitiva, todo esto tendría por objetivo la creación de un “Papado Monárquico y Jurisdiccional” que “nada tiene que ver” con el Papado de San Pedro, el Papado que Cristo –según Casanova– habría querido. De ahí que cuestione los títulos del Papa como Vicario de Cristo y Sumo Pontífice. Casanova habla de sofismas y expone una argumentación que atribuye a los católicos pero no da nombres, no cita libros o publicaciones o conferencias de ningún teólogo católico.
Casanova sostiene que no se puede demostrar que Pedro tuvo un sucesor inmediato. Además, afirma que las listas de sucesores de Pedro son contradictorias entre sí.
Afirma que conceptos católicos tales como “el primado y las llaves del reino sobre Pedro” no resistirían el menor rigor exegético y hermenéutica. El ex pentecostal y ahora ex católico portorriqueño cuestiona la interpretación habitual de Mt 16,13-19. Según él, en este versículo no se habla de Pedro sino de la identidad de Cristo, confesada por Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. La roca fundacional no sería Pedro sino la confesión de Pedro. Esta sutileza le permite a Casanova defender una interpretación no católica según la cual Pedro “representa” a los Apóstoles pero no es “el jefe” de ellos. Sin embargo, hay exégetas muy destacados, y de origen protestante, que validan la exégesis católica. Así lo explica el apologista Hugo Delgado en un reciente video[2].
Más explícito aún: “Descubrí que no existe el papado según la visión católico romana y que por lo tanto no es de institución divina ni existe la sucesión papal desde Pedro ni la Infalibilidad del Papa ni tampoco la Sucesión Apostólica tal como la establece la Iglesia Católica Romana”. Aquí Casanova parece no advertir la diferencia entre sostener que no existe una sucesión apostólica (lo que dice ahora) y sostener que las listas de sucesores son contradictorias (la que dijo antes). Además, rechaza frontalmente la doctrina de la infalibilidad, enseñada por el Concilio Vaticano I.
Casanova explica que las razones de su abandono “no son las deficiencias pastorales” de los jerarcas de la Iglesia sino que “las deficiencias pastorales son las consecuencias del imperio jerárquico inventado por la institución eclesiástica”. A su vez, “ese imperio jerárquico es consecuencia de haberse apartado del Evangelio”.
Según Casanova, una de las consecuencias de aquellas malas doctrinas sería la comunión en una única especie y no en las dos especies. “Les privan la Copa de la Eucaristía a los fieles”. Casanova se pregunta porqué ocurre esto y declara de manera categórica: esto pasa “por comodidad de los clérigos”.
El ex apologista católico va más allá y rechaza el dogma de la Asunción de la Virgen. Además, Casanova sostiene que, por ser la Escritura la autoridad “definitiva”, jamás se pueden aceptar cosas que cambien o contradigan las Sagradas Escrituras. El dogma de la Asunción de la Virgen se sostuvo mediante “textos bíblicos forzados”, “leyendas”, “tradiciones apócrifas”, “lenguaje sentimental, sin rigor teológico”. Dijo que, como católico romano, él había aceptado ese dogma “Porque sí, porque fue definido ex cathedra, porque es mi deber” dando a entender que ya no continuaría haciéndolo.
Concluye su alegato con una conocida frase de Martín Lutero: “Mi conciencia está cautiva de la Palabra de Dios. No puedo ni quiero retractarme, puesto que no es prudente ni recto obrar contra la conciencia. No puedo proceder de otra manera, aquí estoy, ¡que Dios me ayude!”.
Algunas observaciones
Parece interesante notar que el Fernando Casanova del pasado es capaz de refutar los argumentos del Casanova actual:
Por otro lado, la gran seguridad con la que Casanova habla contrasta con su propia declaración sobre sí mismo: “no es conveniente ordenar a un advenedizo y neófito que carece de experiencia con la tradición eclesial en cuestión”, lo que en el contexto no puede referirse a otra persona que no sea él mismo.
Los poderes que Cristo deja a los Apóstoles, especialmente a Pedro, no se dejan a la persona de ellos “y a nadie más”. Esto es evidente porque ellos murieron. Estos poderes se dejan a ellos y a sus descendientes. A quienes los continúan jurídicamente, por eso la Iglesia Católica es una persona jurídica de 2000 años. Puesto que Cristo prometió a la Iglesia su acompañamiento hasta el fin del mundo: “y mirad que yo estoy con vosotros todos los días hasta la consumación del siglo” (Mt 28, 20). Ese vosotros no podía significar solamente las personas que escuchaban dado que ninguno de ellos viviría más allá de 50 o 60 años.
En efecto, la duración de la Iglesia supone que estos poderes de Cristo se comunican de generación en generación. Por eso en Pedroestán contenidos también sus sucesores: Lino, Cleto, Clemente… La idea de que las “llaves del reino” las tiene Pedro –y por ende sus sucesores– es consistente con Mt 23, 13. Cristo se lamenta de los escribas y fariseos y les echa en cara lo siguiente: “¡Mas ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! que cerráis el reino de los cielos delante de los hombres. Pues ni vosotros entráis ni a los que entrarían dejáis entrar”. Aparece la idea de cerrar y abrir. El poder que Yahveh Dios le dio a los escribas y fariseos en el Antiguo Testamento, Cristo se los revoca y se lo reasigna a Pedro en el Nuevo Testamento. Escribas y fariseos daban falsa doctrina y ahora Pedro debería dar sana doctrina. Las llaves del reino que Dios les dio en el Antiguo Testamento, Cristo se las quita y se las da a Pedro en el Nuevo Testamento.
Finalmente, digamos algo muy importante: el art. 750 del Código de Derecho Canónico solamenteestipula que se debe creer “con fe divina” lo infaliblemente definido. Además, y sobre todo, los “usos y costumbres” no pueden –por definición– ser objeto de definición dogmática.
Estas son algunas de las cosas que tenemos para decir sobre la declaración de apostasía de Fernando Casanova.
Un ex evangélico pregunta: “¿Por qué sos católico?” (Juan Carlos Monedero y Santiago Alarcón)
Hacia 2021, Santiago Alarcón (@rinconapologetico) –por ese entonces, evangélico- me entrevistó con el fin de preguntarme por las razones para ser católico. Puesto que la fe no surgió en mi caso como el fruto de un silogismo frío sino como resultado de una combinación de experiencias, tradición, razonamientos, etc. preferí responder contando cómo es que llegué a tener esta fe.
Espero que este testimonio pueda servir a quienes nos escuchen. La fe es una gracia; la catolicidad es algo que recibimos de Dios, no un mérito propio, ya que por nuestra parte no hay otra cosa que pecados y miserias. Pero la fe y la gracia, que vienen de Dios, nos ayudan para ser mejores y con ellas esperamos alcanzar la vida eterna.
Todo trabajo contrarrevolucionario necesita de un 𝘀𝘂𝘀𝘁𝗲𝗻𝘁𝗼. Por eso, 𝘀𝗶 𝗾𝘂𝗲𝗿𝗲́𝘀 𝗰𝗼𝗹𝗮𝗯𝗼𝗿𝗮𝗿 ($2000, $ 4000, $8000, $ 15.000…), podés hacerlo con los siguientes datos. 𝘓𝘰𝘴 𝘢𝘱𝘰𝘺𝘰𝘴 𝘦𝘤𝘰𝘯𝘰́𝘮𝘪𝘤𝘰𝘴 𝘴𝘰𝘯 𝘥𝘦 𝘮𝘶𝘤𝘩𝘢 𝘢𝘺𝘶𝘥𝘢, 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘦𝘯 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘪𝘨𝘢 𝘰𝘧𝘳𝘦𝘤𝘪𝘦𝘯𝘥𝘰 𝘮𝘢𝘵𝘦𝘳𝘪𝘢𝘭 𝘥𝘦 𝘤𝘢𝘭𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘨𝘳𝘢𝘵𝘶𝘪𝘵𝘰 𝘺 𝘴𝘦 𝘢𝘨𝘳𝘢𝘥𝘦𝘤𝘦𝘯 𝘮𝘶𝘤𝘩𝘰, especialmente porque YouTube no sólo no apoya estos contenidos sino que los obstaculiza.
𝗗𝗼𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀
– En pesos argentinos (desde cualquier banco o billetera virtual): alias ansia.bidon.beben.mp
– En moneda extranjera (vía PayPal): juancarlosm_82@hotmail.com
Milei y la Virginidad de María – El disparate teológico y la blasfemia del ahora Presidente
Hace varios años (diciembre 2019), ya siendo muy famoso, el entonces economista, panelista, influencer libertario -hoy Presidente de la Nación Argentina- sostuvo estas palabras:
“Yo soy católico. No tengo buen feeling con la institución, con la Iglesia como institución, porque, digamos, cuando la Iglesia se convirtió en la religión oficial, se pasó del lado del enemigo. ¿No? Pero, sí, yo, digo, yo creo en Dios… Separación entre la Iglesia Protestante y la Iglesia Católica. Por ejemplo, por el tema de la Virginidad de la Virgen María. Esas discusiones no tienen sentido. Hoy una mujer puede ser madre sin tener relaciones. O sea que una virgen puede podría ser madre.
-Sí, tranquilamente.
-Porque la tecnología lo permite. Si vos consideras que Dios es omnipresente, omnipotente y omnipotente (sic), puede tomar la tecnología de hoy, que la conoce, y llevarla al año cero y, digamos, fecundar a María y que nazca Jesucristo de una madre virgen.
-Exactamente. ¿No? Sí, sí. Bien, había una pregunta…
-Digo, ¿te das cuenta? Mucha parte del problema son los propios religiosos que son tremendamente conservadores y no abren las puertas a interpretaciones más amplias de Dios. Entonces, hacen una lectura de Dios limitados a su intelectualidad.
-Creo que en ese momento no era ni siquiera… era imposible pensar de que iba a existir fecundación in vitro, montones de cosas…
-Eso en mis charlas de singularidad lo cuento. Empeza a contarle a una persona del año cero todas las cosas que vivís hoy vos.
-¡Te matan!
– ¡Terminas crucificado!
– Te leen una parábola y te explica él el significado…
-¿Vos te imaginas que al libertario le impongan una lectura? Yo hago la lectura que a mí me parece correcta. Es decir… Cuando yo digo… Para mí… yo tengo la peor de las opiniones del Papa Francisco. Me parece el representante del Maligno en la Tierra, ubicado en el Trono de la Casa de Dios. ¿Y por qué decís eso? Y, porque Dios es libertario.
Hace unos días, he sido atacado y cuestionado públicamente –tomando mi nombre, apellido y foto– por dos personas que manejan redes sociales de cierto alcance, quienes me han desafiado públicamente a debates, con ocasión de una entrevista que me hizo el señor Santiago Alarcón (Rincón Apologético) en la que me pedía razones de *por qué soy católico*. Estas personas son Eduardo Gutiérrez y Carlos Veloz.
Se trata de una pieza de casi dos horas en la que predomina la descalificación personal, la falta de una mínima comprensión auditiva de mis argumentos, una enorme arrogancia personal unida a una gran ignorancia respecto de la historia. El estilo de ambos “comunicadores” es latoso, denso, repetitivo y desde el punto de vista doctrinario muy poco riguroso. Como botón de muestra del lenguaje frívolo y poco serio de estos personajes, me limito a comentar que el supuesto ‘pastor’ Eduardo Gutiérrez se despide enviando “siete y ocho trillones de bendiciones” a quienes lo seguirían por las redes sociales.
Ofrecer una réplica puntillosa de cada dislate que se ha dicho a lo largo de una hora y 47 minutos implicaría darle a estas torpezas una entidad que no tienen. Sin embargo, tratándose de un video con una cantidad no despreciable de vistas, y porque el tema lo amerita, hago uso de mi derecho a réplica dado que también está en juego el nombre de la Iglesia Católica, de la que soy integrante, hijo y no más que bautizado. En relación a eso, respondo a lo que –en el medio de tanta desinteligencia– pude desentrañar como “argumentos”:
NÚMERO 1:“Lo jurídico que vemos hoy en la Iglesia católica comienza en el siglo IV cuando se mezcla lo que era el cristianismo occidental de aquella época, es decir, el cristianismo romano sobre todo que estaba más apegado al Imperio Romano y el Imperio de Roma (…) Esta monarquía religiosa no la fundó Jesucristo” (minutos 4,30 y ss.); “La Iglesia Católica surge en el siglo IV” (minuto 27 y ss.).
FALSO.
Hay una gran confusión histórica y conceptual en torno a la Iglesia Católica y su aspecto jurídico, que habría nacido –según estos “pastores”– a partir del siglo IV.
La Iglesia fue fundada por Jesucristo en el siglo I, hacia el año 33, según los versículos de Mateo 16, 18: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella”. Poco después de la Resurrección, tiene lugar un primer eslabón jurídico: el Primer Concilio de Jerusalén, que por su importancia luego volveré a mencionar.
Por otro lado, en el siglo IV, lo que ocurre es que el emperador Constantino dicta el Edicto de Milán (año 313), en el cual proclama oficialmente la tolerancia del Imperio hacia los cristianos, dando fin a las persecuciones. El documento fue firmado también por Licinio, máxima autoridad del Imperio Romano de Oriente. Constantino, por su parte, era el emperador de Occidente.
Fragmento del edicto: “Habiendo advertido hace ya mucho tiempo que no debe ser cohibida la libertad de religión, sino que ha de permitirse al arbitrio y libertad de cada cual se ejercite en las cosas divinas conforme al parecer de su alma, hemos sancionado que, tanto todos los demás, cuanto los cristianos, conserven la fe y observancia de su secta y religión… que a los cristianos y a todos los demás se conceda libre facultad de seguir la religión que a bien tengan; a fin de que quienquiera que fuere el numen divino y celestial pueda ser propicio a nosotros y a todos los que viven bajo nuestro imperio. Así, pues, hemos promulgado con saludable y rectísimo criterio esta nuestra voluntad, para que a ninguno se niegue en absoluto la licencia de seguir o elegir la observancia y religión cristiana. Antes bien sea lícito a cada uno dedicar su alma a aquella religión que estimare convenirle”.
La Iglesia existió antes del Edicto de Milán, antes que Constantino, incluso antes de que se escribiese un sólo libro del Nuevo Testamento: precisamente fueron sus integrantes quienes escribieron todos los libros del Nuevo Testamento. La transmisión de la Palabra de Cristo fue primero y fundamentalmente de forma oral: Cristo no escribió ni mandó a escribir. Los apóstoles predicaban primero con su palabra. Más tarde, surgen las distintas cartas apostólicas, los Evangelios y finalmente el Apocalipsis: ¡escrito unos 60 años después de la crucifixión!
Incluso más. Cuando San Pablo redacta su II carta a Timoteo, escribe: “desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Ti 3, 15). ¿De qué Sagradas Escrituras hablaba San Pablo? Sin duda, no de la Biblia tal como la poseemos hoy en día. Algunas cartas apostólicas no se habían enviado todavía. San Pablo se refería, efectivamente, al Antiguo Testamento.
Según San Agustín, en el conocimiento y la predicación primero estuvieron los que siguieron a Cristo presente en la tierra, lo escucharon cuando enseñaba, lo vieron obrar sus milagros y recibieron de su misma boca el mandato de predicar. Al poner por escrito el Evangelio, explica el santo, Cristo eligió a dos de los discípulos elegidos antes de su Pasión: Mateo y San Juan.
Marcos y Lucas no eran de este primer grupo pero habían seguido a Cristo que hablaba por boca de los otros dos: ubicados en el medio de los Cuatro Evangelios, serían defendidos en su autenticidad por Mateo –de un lado– y por Juan –del otro–.
También el conocido apologista católico Fernando Casanova (ex evangélico) populariza estos conceptos: la Iglesia no surgió porque hubo gente que creyera en la Biblia. Al contrario, primero se dio la predicación y la tradición de esa predicación, el apego a esa tradición, primero existió un colegio apostólico de esas personas que recibieron la misión del Señor para definir y establecer esa verdad. Después de eso surgió la Escritura.
Si la Escritura es necesaria, y no la Iglesia –como dicen los evangélicos–, entonces, ¿cómo tenemos a las Escrituras como producto de la Iglesia? Porque la Biblia, sobre todo el Nuevo Testamento, fue escrita en la Iglesia, por hijos de la Iglesia. La escritura transmite y demuestra la fe y el culto de la Iglesia en la cual se escribió esa escritura.
Fue la Biblia la que salió de la Iglesia y no la Iglesia de la Biblia: primeros cristianos siguieron el mandato de “Id, pues, y enseñad a todas las gentes…”. Luego comenzaron a poner por escrito “la tradición” que recibieron, es decir, lo que se iba predicando. En efecto, la variedad de las comunidades, la necesidad de la comunicación y de un texto o textos comunes, etc., fueron exigiendo esta puesta al escrito. Además, los testigos oculares se iban muriendo y convenía redactar recuerdos y esquemas de predicación.
Si la capacidad de leer fuese condición para la salvación, muchos se hubiesen perdido en la historia de la humanidad. Nuestro Señor no mandó a sus discípulos a escribir, les mandó a predicar la Buena Nueva con la palabra (Mt 28,20).
En otro orden de cosas, ¿qué hay de las palabras “Iglesia Católica”? La Iglesia que aparece fundada por Cristo en Mt. 16,18, ¿es la misma Iglesia que en la actualidad se autodenomina “católica”?
“Católico”, en efecto, es palabra castellana que proviene del griego, y su significado es ‘universal’. La Iglesia es Católica porque tiene vocación universal, porque está llamada a predicar a todas las naciones, hasta el término de los tiempos y hasta los confines de la tierra. La Iglesia, por tanto, era Católica ya en Pentecostés; nace Católica del Corazón de Cristo porque la catolicidad es un adjetivo, no un nombre propio.
Mucho antes del edicto de Milán, distintos pontífices (pontífice = puente, puente entre el Cielo y la Tierra) habían gobernado la Iglesia. Esta es la continuidad jurídica. El primero fue San Pedro (mártir hacia 64 o 67) y luego los papas Lino, Cleto, Clemente, Evaristo, Alejandro I, Sixto, etc., llegando hasta Melquíades, quien gobernó la Iglesia entre los años 311-314. Es un hecho histórico indubitable que, antes del edicto de Constantino, más de treinta papas gobernaron la Iglesia Católica. La Iglesia fundada por Cristo está constituida por los apóstoles, quienes fueron transmitiendo el ministerio a otros para perpetuar los oficios sagrados hasta que Cristo vuelva. Así, los obispos actuales son descendientes de los apóstoles.
Los presbíteros y obispos son instituidos en línea directa hasta los apóstoles: nadie se nombraba a sí mismo presbítero, contrariamente a como sucede en muchas iglesias evangélicas. Otra práctica que tampoco está en la Biblia.
La continuidad –no sólo jurídica sino doctrinaria– se refuerza con las cartas de San Ignacio de Antioquía, martirizado en el año 107. San Ignacio, discípulo de San Juan Evangelista, escribió unas cartas mientras era llevado a Roma para ser ultimado. Algunos fragmentos:
“7. Se apartan de la Eucaristía y de la oración, pues no confiesan que la Eucaristía es la carne de nuestro Salvador Jesucristo con la que padeció por nuestros pecados, la cual resucitó el Padre en Su bondad. Así pues, los que contradicen al don de Dios, perecen en sus disquisiciones. Mejor les fuera tener amor, para que pudieran compartir la resurrección. Por tanto, es conveniente apartarse de tales y no hablar de ellos ni en privado ni en público, prestando en cambio atención a los profetas y particularmente al Evangelio, en el cual se nos hace patente su Pasión y vemos cumplida su Resurrección. Huid de toda división como de origen de males.
Seguid todos al obispo, como Jesucristo al Padre, y al colegio de ancianos (presbíteros) como a los Apóstoles. En cuanto a los diáconos, reverenciadlos como al mandamiento de Dios. Que nadie sin el obispo haga nada de lo que atañe a la Iglesia. Sólo aquella Eucaristía ha de ser tenida por válida que se hace por el obispo o por quien tiene autorización de él. Dondequiera que aparece el obispo, acuda allí el pueblo, así como dondequiera que esté Jesucristo, allí está la Iglesia Católica. No es lícito celebrar el bautismo o la eucaristía sin el obispo, pero lo que él aprobare, eso es también lo agradable a Dios, a fin de que todo cuanto hagáis sea firme y válido”[1].
Por tanto, ya en el año 107, un discípulo directo de los apóstoles como lo era San Ignacio de Antioquía utilizaba la expresión “Iglesia Católica”, al igual que los católicos hoy en día.
ERROR NÚMERO 2: Se ha dicho que los católicos creemos en “un hombre llamándose un semi dios, infalible, paseándose en un papamóvil en el Vaticano” (minuto 29 y ss.)
FALSO.
La doctrina católica no considera al Papa un semi dios. No existen semi dioses, existe un Único Dios Verdadero.
En segundo lugar, es preciso aclarar el sentido del lenguaje. La palabra “infalible” significa que “no puede equivocarse”. El Papa, por otro lado, es un ser humano y puede equivocarse como cualquiera. Sin lugar a dudas, el Único infalible es Dios.
Por falta de estudio, ni Gutiérrez ni Veloz conocen (ni siquiera por arriba) la doctrina católica de la infalibilidad papal. Esta doctrina fue expresada ya en los primeros concilios de la historia de la Iglesia y ha sido explicitada (entre otros lugares) en el documento Pastor Aeternus, promulgado por el Concilio Vaticano I.
Según la doctrina oficial, el Papa participa (toma parte) de la infalibilidad de Dios cuando define (no cuando enseña, no cuando habla y no cuando responde preguntas en una entrevista) una verdad de orden dogmático o moral, con la finalidad de enseñar a la grey, para que ésta sea creída y recibida por el resto de la Iglesia.
Por tanto, la infalibilidad no es una cualidad de la persona del Papa; antes bien es un poder que reside en Dios y que Dios mismo participa a la máxima autoridad de la Iglesia, para que defina sobre algún punto de la fe. Leemos en el documento Pastor Aeternus, punto número 4:
“El Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, DEFINE una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, AQUELLA INFALIBILIDAD de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por esto, dichas definiciones del Romano Pontífice son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables”.
Lo que Gutiérrez y Veloz hacen es construir un espantapájaros que no resiste la menor confrontación con la auténtica doctrina de la Iglesia. El problema que plantean no existe.
CONSIDERACIONES
NÚMERO 1: la doctrina protestante no aparece ni en la Biblia ni en la Iglesia Primitiva
Ante todo, digamos algo muy concreto: no existe registro histórico de un cristiano con doctrina protestante en el siglo I en la historia.
Fueron las autoridades de la Iglesia Católica las que definieron qué libros eran inspirados y qué libros no, rechazando incorporar los evangelios apócrifos así como muchos escritos de gnósticos y herejes.
Los textos de San Clemente Romano, San Policarpo, San Ireneo de Lyon, San Justino, entre muchos otros, expresan muchos puntos que los católicos creemos en la actualidad. Ninguno de estos autores apoya la idea de la Sola Scriptura.
NÚMERO 2: anarquía doctrinaria en infinitas iglesias no católicas
En 1968, la Convención Bautista de América sostuvo que aborto debía ser un problema dependiente de una decisión personal. Abogó por una ley del aborto hasta las 12 semanas de embarazo, y peticionó para que sea permitido si la madre corría peligro de muerte, por causa de un defecto en el bebé, por violación e incesto.
Actualmente, la Iglesia Luterana ELCA (Evangelical Lutheran Church in America) acepta abiertamente el aborto mientras la Iglesia Luterana LCMS (Iglesia Luterana, Sínodo de Misuri) lo condena. Como dice el excelente apologista católico José Miguel Arraiz[2], “lo mismo ocurre entre muchas otras denominaciones evangélicas (metodistas, presbiterianas, valdenses, etc.) en donde algunas aceptan el aborto y otras no”. Afortunadamente, la mayoría de denominaciones cristianas no católicas lo rechaza todavía.
Sigamos: la Iglesia Episcopal (una rama del anglicanismo) fue la primera en tener un obispo abiertamente homosexual viviendo con su pareja. La Iglesia Anglicana ha aceptado el matrimonio homosexual. “Lo mismo ha ocurrido –cuenta Arraiz– con varias denominaciones evangélicas luteranas, como la Iglesia Luterana de Suecia que ya en el 2009 comenzó a celebrar matrimonios homosexuales”. En el mismo año, la Iglesia Evangélica Luterana de América aprobaba que los homosexuales pudieran ser pastores. En España se inauguró ese mismo 2009 la primera iglesia evangélica “gay”. Al año siguiente se aprobó que los pastores evangélicos homosexuales de Baviera pudieran convivir con sus parejas según un acuerdo por mayoría absoluta el sínodo de esa iglesia.
Finalmente, redondea Arraiz, en la actualidad “no sólo en países como Estados Unidos, Suecia, Noruega y Dinamarca el matrimonio y ordenación de homosexuales entre evangélicos es ya algo común, sino que también en Latinoamérica comienza a suceder. La Iglesia Evangélica Luterana Unida (IELU) de Argentina ha aceptado recientemente bendecir las relaciones homosexuales de parejas de hombres o de mujeres y ha propuesto a otras iglesias evangélicas de Uruguay hacer lo mismo”.
Retomemos a Fernando Casanova. En sus entrevistas, el ex pastor protestante relata el gran desorden radical de los grupos protestantes y evangélicos. En sus propias y elocuentes palabras:
Me di cuenta de que mi oferta religiosa era una oferta religiosa más, en disputa con otros muy buenos hermanos que se basaban en la misma Biblia, decían estar inspirados por el mismo Espíritu Santo que yo, pero que sin embargo estábamos irremediablemente divididos.
Me confronté con el relativismo religioso, creado por nosotros mismos. “Está bien pastor, me decían, esa es su versión de los textos bíblicos pero casualmente el otro pastor que se acaba de ir tiene una opinión distinta”. Otros decían: “Qué más da, da igual, no es importante, lo importante es que yo me porto bien”.
Entonces, me fui a las estadísticas y descubrí que en este país (Casanova nació en Puerto Rico) había en aquel momento poco más de 34 mil denominaciones cristianas. Una vez más: todas se basaban en la Biblia, todas decían estar inspiradas por el mismo Espíritu Santo. Pero eran poco más de 34.000.
Sin embargo, en el Nuevo Testamento se lee cómo Cristo ha establecido una sola y única Iglesia.
NUMERO 3: la necesidad de un magisterio que defina
No tenemos duda de que todos los que creen en la Biblia como Palabra de Dios quieren ser fieles.
El problema es que para ser fiel se necesita saber –y saber con exactitud– A QUÉ COSA brindarle nuestra fidelidad.
Por otro lado, es un hecho que los textos bíblicos siempre necesitaron de una interpretación. En efecto, ya en tiempos del Antiguo Testamento existía un cuerpo de estudiosos –los rabinos y maestros de Israel– cuyo ministerio sagrado consistía en interpretar las Sagradas Escrituras. Debían conocerlas, comparar fragmentos entre sí, razonar y deducir conclusiones, partiendo de la base de que (siendo Dios el Autor de las mismas) las contradicciones que pudieran detectar en ellas no pueden ser más que aparentes. Así, por medio de una rica tradición oral junto al texto, no sólo se ha podido conservar el texto bíblico sino también salvaguardar su correcta interpretación.
Mientras que el texto es de naturaleza material, la interpretación del texto es de naturaleza teórica. El texto puede ser percibido por los sentidos; la interpretación, en cambio, sólo es accesible a los ojos de la inteligencia.
No es lógico pero tampoco es bíblico el modelo donde el creyente define por sí mismo cada doctrina en base a su interpretación subjetiva de la Biblia. Los señores Gutiérrez y Veloz han reemplazado el magisterio de la Iglesia Católica por el Magisterio de Gutiérrez y Veloz. Por otro lado, la Sola Scriptura tiene un solo problema: no está en la Escritura.
Debe sostenerse, en cambio, que cualquier afirmación que contradiga una verdad expresada por las Sagradas Escrituras no puede ser verdadera. Pero esto nos vuelve a remitir al asunto de la interpretación, dado que tenemos que estar seguros que el parámetro con el que juzgamos es realmente correcto. ¿Cómo saberlo? ¿Cómo saber si aquello que nosotros creemos ser una doctrina bíblica lo es realmente? Lo sabemos –dicen– porque “Dios nos inspira al leer las Escrituras”. Pues bien, todos la interpretan de formas contrarias: a algunos, Dios les inspira aceptar el bautismo de niños, a otros no. A algunos Dios los inspira a aceptar el uso de la fuerza, a otros no. A algunos Dios los inspira a valorar la Patria, a otros les dice que la bandera nacional es una “idolatría”. A algunos, Dios los inspira a aceptar que Cristo es Dios, a otros no. Unos aceptan el diezmo, otros no. Unos aceptan la Maternidad Divina de María, otros no. Las contradicciones son infinitas.
Si adoptamos el principio de la Sola Scriptura –que, como sabemos, no está en la Escritura–, llegamos a un callejón sin salida. Es necesaria una instancia que dirima la cuestión o los debates no terminarán jamás.
¡El modo de proceder de esta instancia está en la Biblia! Nada en la Biblia respalda la idea de que cada creyente define la doctrina por cuenta propia, aislado del cuerpo de la autoridad; antes bien, son las autoridades legítimas las que resuelven los asuntos difíciles, apelando por cierto a argumentos y razones teóricas.
Ya en la Biblia, se relatan discusiones sobre puntos teóricos: los mismos se discutieron, hubo deliberación, pero finalmente fueron resueltos por una acción propia de la autoridad que se inclinaba hacia determinado argumento. Así, en Hechos de los Apóstoles, capítulo 15, los fieles discutían en torno a la circuncisión, punto definido en el Primer Concilio, el de Jerusalén. La necesidad de definir doctrinas es una necesidad evidente, ante las naturales discusiones que surgen entre los creyentes. Así, en Jerusalén se definió que la circuncisión ya no era necesaria para los cristianos.
En el Concilio de Nicea (año 325) se hizo lo mismo que hicieron los Apóstoles en el siglo I, en Jerusalén: Definir. Aunque a los cristianos nos parezca clarísimo que Cristo es Dios, el obispo Arrio enseñaba lo contrario y dio comienzo a la herejía arriana, de enorme influencia.
Así, la pretensión de ser fieles a Cristo es inseparable de la necesidad de una clarificación del sentido e interpretación auténtica de las enseñanzas de Cristo.
La necesidad de un magisterio, de una autoridad, es evidente. La historia lo prueba. La razón lo reclama. La Biblia lo retrata; dice San Pablo “El mismo dió a unos el ser apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelizadores; a otros, pastores y maestros, para el recto ordenamiento de los santos en orden a las funciones del ministerio, para edificación del Cuerpo de Cristo” (Efesios 4,11-12). Y a ese magisterio ejercido por los mandatarios de la Iglesia lo llamamos ‘Magisterio de la Iglesia’.
NÚMERO 4: sobre lo que no está escrito en la Biblia. La Iglesia Católica desarrolla doctrina legítimamente.
En el Evangelio de San Juan, Nuestro Señor les dice a los apóstoles: “Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir.” (Juan 16,12-13). También este versículo: “Otros muchos milagros hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritos en este libro. Mas éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios: y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20, 30-31). Otro: “Este es aquel discípulo, que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas: y sabemos que su testimonio es verdadero. Otras muchas cosas hay, también, que hizo Jesús: y que si se escribiesen una por una, me parece que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir” (Juan 21,24-25).
Hay más verdades por enseñar que las que Cristo enseñó, y el Espíritu Santo se encargará de guiar a los apóstoles hacia ellas. Y hay una Tradición Oral, que también figura en las Escrituras:
“Toma como norma las saludables lecciones de fe y de amor a Cristo Jesús que has escuchado de mí. Conserva lo que se te ha confiado, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros” (II Carta a Timoteo 1,13–14).
“Lo que oíste de mí y está corroborado por numerosos testigos, confíalo a hombres responsables que sean capaces de enseñar a otros” (II Carta a Timoteo 2,2).
“Por lo tanto, hermanos, manténganse firmes y conserven fielmente las tradiciones que aprendieron de nosotros, sea oralmente o por carta” (II Carta a los Tesalonicenses 2,15).
Los protestantes y/o evangélicos que rechacen cualquier desarrollo de la doctrina cristiana (implícito o explícitamente contenido en la Biblia), deberían tener en cuenta que sin darse cuenta también lo hacen. Así, por ejemplo, pasa con la doctrina de la Santísima Trinidad. Sin embargo, la palabra “Trinidad” no está en la Biblia. La definición de este misterio aparece en el Credo Niceno Constantinopolitano, promulgado por el Concilio de Nicea en el año 325. A pesar de eso, los cristianos trinitarios no la rechazan. Así, la Iglesia extrae una conclusión teológica a partir del dato revelado. En esto consiste el desarrollo de la doctrina. Este es el auténtico desarrollo en la doctrina cristiana, que debe ser homogéneo y siempre en el mismo sentido. Por supuesto, este desarrollo no equivale a ningún tipo de “evolución transformista” cambiando el significado de los misterios.
Gran parte de la doctrina católica ha surgido de conclusiones teológicas de lo que la Iglesia interpreta de la Escritura y la Tradición. Un dogma, por tanto, es la definición de manera explícita de una verdad de fe.
CONCLUSIÓN
En definitiva, se observa con toda claridad que los señores Eduardo Gutiérrez y Carlos Veloz han sustituido al Magisterio de la Iglesia Católica por… el Magisterio de Eduardo Gutiérrez y Carlos Veloz.
Ellos son los pontífices de sus propios credos.
Ellos son los papas de sus propias religiones.
Ellos son los árbitros de sus propias creencias.
De todo corazón, deseo que ambos coloquen sus armas a los pies de la Virgen María para librar el buen combate contra el mundo, el demonio y la carne, plenamente insertados en la Iglesia Católica, Columna y Fundamento de Verdad.
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