¿Trump, presidente provida? ¿Fue una convicción personal y profunda de Donald Trump la que lo llevó a encabezar la lucha contra el aborto en la nación del Norte? ¿Su combate contra el aborto fue una táctica oportunista en un momento determinado? Lo cierto es que el actual Presidente de EEUU acaba de solicitar «flexibilidad» a sus propios legisladores republicanos sobre la Enmienda Hyde, durante una reunión celebrada en el Kennedy Center. ¿Qué significado tiene este pedido?
Para entender la magnitud de esta petición, hay que saber en qué consiste esta enmienda, sus alcances y consecuencias.
Desde 1976, la Enmienda Hyde ha sido el escudo de millones de contribuyentes estadounidenses que se niegan a que su dinero financie la práctica criminal del aborto. En efecto, la Enmienda Hyde es una disposición legislativa que prohíbe el uso de fondos federales para pagar abortos en EEUU, excepto para casos muy puntuales como embarazos que pongan en peligro la vida de la mujer y embarazos producto de incesto o violación. Antes de que la Enmienda Hyde entrara en vigor en 1980, se estimaba que se realizaban anualmente 300.000 abortos con fondos federales. Es importante recordar que el grueso de los abortos realizados no responden a tales características (aunque siguen siendo gravemente inmorales, por supuesto).
Esta extraña, repentina y sorpresiva solicitud de Trump tiene lugar a menos de 20 días de realizarse la conocida Marcha Nacional por la Vida en Estados Unidos. Concretamente, en la ciudad de Washington. Si se flexibilizara la Enmienda Hyle, la consecuencia sería catastrófica: abortos a demanda financiados con fondos públicos.
Los líderes provida, que no son alcahuetes de un Presidente sino abanderados de una causa, no tardaron en reaccionar. Lo cómodo hubiese sido quedarse callados o dejar que otro diga la verdad incómoda: “El Rey está desnudo”. En efecto, no es fácil cuestionar al hombre más poderosos del mundo. Especialmente ahora que, con la captura de Maduro, Trump acaba de ofrecer una innegable demostración de fuerza. Sin embargo, ahí los tienen: líderes provida estadounidenses (siguiendo quizás el espíritu de San Juan Bautista, quien no temió enfrentar al mismo Herodes) rechazaron abiertamente la petición de Trump y públicamente cuestionaron sus palabras.
Michael New consagró toda su vida a estudiar las cifras vinculadas al tema del aborto en Estados Unidos. Integra el Instituto Charlotte Lozier. Recientemente ha declarado: «Son 2,6 millones de vidas salvadas. Cuarenta y nueve años de frutos que ahora vemos amenazados por un giro táctico». (Sobre las vidas salvadas como consecuencia de la aplicación de esta enmienda, puedes leer aquí)
Lila Rose, otra activista provida, sostuvo desde las redes sociales: «Sin excepciones. Sin ceder ni un centímetro. Si sacrificas Hyde, sacrificas a niños inocentes». Rose pertenece a la organización Live Action.
Randal Terry comparó la solicitud de Trump con la esclavitud y fue más allá, como adivinando lo que podría ocurrir: «Me preocupa mucho que los grupos providaquieran tomarse fotos con el presidente más que mostrar fotos de las víctimas de este genocidio». Por si queda alguna duda de la traducción, en inglés dijo: “I’ve been very concerned about pro-life groups wanting their pictures taken with the president more than they want to show pictures of the victims of this genocide” como se puede leer en International Family News.
Marjorie Dannenfelser, presidenta de SBA Pro-Life America, dijo con toda claridad: «Es un abandono de un compromiso de décadas». Además, agregó: «la oposición a la financiación del aborto con fondos públicos y el apoyo a la Enmienda Hyde han sido un principio fundamental e inquebrantable y una norma mínima en el Partido Republicano». Claro: Dannenfelser no está pensando en cuántos votos sacar. No cuantifica la realidad. Está pensando en cuántas personas inocentes van a morir si se acepta flexibilizar esta enmienda.
Analicemos esto más en detalle. Muchas veces, las personas que mantienen los principios son acusadas de “romper la unidad” dentro del mundo provida. Pues bien, en este caso ha sido Donald Trump quien fracturó -para usar los términos del columnista de InfoCatólica- “un bloque que parecía de granito”.
A primera vista, parece inaudito que el presidente más «provida» de la historia de EE. UU. -título que bien le calzaba por acciones como investigar a IPPF, recortarle fondos públicos, indultar activistas anti abortistas, o designar jueces provida en la Corte Suprema- haya realizado esta petición. Pero si entendemos el mecanismo interno de las democracias liberales occidentales, así como la lógica del poder dentro de este sistema democrático, el estupor desaparece y surge claridad.
En efecto, la petición de Trum dispara en muchos la pregunta de si las posturas provida que viene encabezando fueron convicciones de hierro o maniobras tácticas para ganar las elecciones, habida cuenta que el público al cual él se dirigía y pedía el voto (el mundo republicano) era y es mayoritariamente contrario al crimen del aborto. Nosotros también nos hacemos esta pregunta. Y creemos que muchos también se la están haciendo en estos momentos.
Pero todo se ilumina si consideramos (en palabras de Kelsen) la esencia de la democracia. En noviembre 2026 tienen lugar las elecciones de medio término en EEUU. ¿Acaso Trump busca ampliar su base electoral? Con esta maniobra, ¿juega a seducir el voto de algunos que no lo votaron nunca confiando en no perder el voto de los que lo han votado? En su matemática democrática electoralista, donde lo que cuenta es la mitad más auno, ¿cree que gana más de lo que pierde? ¿Qué cálculos hizo?
Es más que probable que asesores políticos trumpistas recomienden pragmatismo y discursos blandos para ir a la conquista de los votos moderados (que son siempre y en todo lugar millones de personas) en las próximas elecciones. El pequeño detalle es que la vida humana inocente no se negocia y que las bases provida estadounidenses observan, y con razón, que aquí tiene lugar una traición no sólo a ellos sino a los más vulnerables: los niños por nacer.
Sin duda que la infinidad de estadounidenses provida, tanto católicos como protestantes, no entienden la política como un mercado de regateos. Ahora bien, el problema es que la premisa del sistema democrático liberal no es la de ellos. Ya es hora de que el mundo provida (especialmente el mundo provida) entienda esta verdad dura y cruel. La premisa del sistema es la legitimidad del número. Gobierna el que más votos obtenga. El pueblo gobierna a través de sus representantes. Es la soberanía popular. El que obtiene más votos (como sea), gobierna. Fin de la discusión.
No sabemos lo que ocurrirá en el futuro inmediato. Quizás el experimentado y respetado mundo provida de EEUU inicie ahora una amplia campaña mediática que fuerce a que el mismo Trump revise sus cartas, le doble el brazo y retire su petición (sin que se note demasiado) para que todo siga como antes. Quizás Trump salga a decir que se lo malinterpretó, que no quiso decir eso, que dijo otra cosa y los medios lo tergiversaron. Pero incluso si Trump retrocede y da marcha atrás, el presidente ya ha mostrado la hilacha. Incluso si ahora decide que esta «flexibilidad» no vale tanto como romper con una base leal de providas, su fidelidad será la consecuencia de una decisión utilitaria… en el marco de un sistema que se mueve por la cantidad, el interés y la utilidad.
Como sea, se tratará de un asunto que dividirá las aguas. Veremos quién es quién.
Introducción y presentación del Dr. Antonio Caponnetto.
Ponencia del Dr. Bruno Acosta Pastore.
Ponencia del Lic. Juan Carlos Monedero (h)
DESGRABACIÓN DE LA PONENCIA DEL LIC. JUAN CARLOS MONEDERO (H)
La historia que les voy a contar explica cómo buenos padres de familia, buenos docentes y buenos católicos –cuyas bibliotecas contienen obras de Meinvielle, Castellani, Sacheri, Genta, el Cardenal Pie, León XIII, San Pío X y otros grandes papas– fueron manipulados.
La desesperación política no es buena consejera y, aunque comprensible desde la debilidad humana, no es justificable.
Décadas de progresismo rampante y desvergonzado… abandono cuando no apostasía de cierto clero frente a la descomposición de la sociedad… corrupción de nuestros hijos a través de la ESI y otras leyes inicuas… persecución y hostigamiento de las fuerzas católicas y patrióticas… Guerra Psicológica contra las Fuerzas Armadas por su lucha contra la subversión en los años 70’… Todo esto tuvo su impacto. Muchos creyeron que para frenar al monstruo gramsciano había que unirse con los liberales, con las derechas, con los conservadores, que al fin y al cabo no se tiñen el pelo de azul, no llevan un pañuelo verde abortero en las muñecas, no son comunistas. Que al fin y al cabo –si se nos permite un término poco académico– no son zurdos.
Por eso, y si enfocamos especialmente en nuestro espacio (católico, tradicional, nacionalista, defensor del interés nacional, provida, profamilia) lo que estamos viviendo en estos momentos –un presidente anglófilo, apóstol de una ideología anticristiana como es el Liberalismo, que admite ser “un topo” que viene a destruir el Estado, entre otras muchas cosas– no es solamente el desenlace de una mera contienda electoral. No estamos negando que lo sea. Lo es. Pero hay algo más.
Lo que estamos viviendo en estos momentos es un lento proceso que se viene incubando al menos desde hace una década. Una paciente y sigilosa reconfiguración política que busca convertirse en metamorfosis cultural hasta lograr lo siguiente: el que tenga éxito económico debe obtener el derecho y la patente de humillar al que tiene menos. O dicho en otras palabras: Si cobras poco, por algo será. Si como empresa quebrás, es porque merecías quebrar, fracasado. Una suerte de Evolucionismo Darwinista aplicado al orden económico. Esta es una de sus primeras características.
De la Contrarrevolución Católica al Liberalismo. Se trató de un largo proceso. Observémoslo en cámara lenta, a fin de poder entenderlo. Mirémoslo especialmente desde las redes sociales: lo que empezó siendo un simple “reenvío un video debate sobre el aborto” terminó en Casa Rosada. Es importante entender porqué y cómo. La Nueva Derecha fue la que puso a Milei en la Rosada. ¿Cómo lo hizo? La Nueva Derecha –que es Liberal– practicó el viejo arte del entrismo. De “entrar”.
¿Cómo hicieron esto los divulgadores neoderechistas? ¿En qué consiste este entrismo?
Los distintos divulgadores de la Nueva Derecha se posicionaron y comenzaron a existir en nuestros medios citando a nuestra gente, nuestros intelectuales, nuestros divulgadores. La metodología era simple, elemental: “todo lo que vaya contra la izquierda, se apoya”. Es la política de Hagamos bulto. Hay que hacer bulto.
Es una tentación.
Suena bien. Especialmente si estás desesperado.
Es un argumento cuantitativo, accesible a todos.
Hasta suena magnánimo: “dejemos de lado las pequeñas diferencias y vayamos contra el enemigo común: la izquierda”. O el marxismo cultural, el progresismo, el aborto, la ideología de género. Lo que toque en el momento.
No sólo fue la Nueva Derecha. También los liberales, paulatinamente –el proceso es paulatino– fueron entrando en nuestro ámbito citando personas que eran referentes calificados y respetados por nosotros. Y hay que reconocer que nuestra gente es muy verticalista. Eso nos hace predecibles y, hasta cierto punto, vulnerables. El respeto por la autoridad intelectual –muy cultivada en nuestro espacio católico contrarrevolucionario– puede volverse contra nosotros. Entonces, difundieron a NUESTROS autores desde páginas liberales y así los lectores incautos iban cayendo, uno tras otro.
Rápidamente quedó en evidencia, para el ojo crítico, que estos artículos que se difundían en páginas liberales tenían la función de servir como “escudos”. No era tan importante lo que decían. Importaba más quién lo firmaba y cómo aprovechar mediáticamente el nombre de los firmantes. ¿Se acuerdan de El Caballo de Troya?
Hubo sin dudas una capitalización política de nuestro arsenal cultural. Lo hicieron con muchos intelectuales y divulgadores. Lo hicieron o intentaron hacer por ejemplo con Antonio Caponnetto, a pesar de que él resistió abiertamente este intento de envolvimiento. Así, los sitios liberales divulgaban un lunes textos católicos y nacionalistas, un miércoles publicaban artículos conservadores y un viernes artículos de liberales y masones. Todo igual. Todo al mismo nivel. El mensaje estaba como encriptado en esta metodología del revoltijo; encriptado en el modus operandi mismo. Si la misma persona que con una mano organizaba el Rosario de Hombres en algunas ciudades, con la otra mano articulaba conferencias donde los oradores eran influencers liberales y capitalistas, el mensaje implícito era muy claro: se puede ser católico y liberal, se puede ser católico y procurar la máxima rentabilidad sobre las espaldas del interés del prójimo. No hay problema con eso. Son asociaciones simbólicas, al igual que ocurría con los artículos y videos.
¿Qué es lo que terminaba ocurriendo? El lector u oyente promedio, sediento de algo que no sea la náusea lesbomarxista que lo venía tiranizando desde hace años, aplaudía incondicionalmente estos artículos. Eran las gotas de agua en el medio de un desierto femibolche. Estaban citados –junto con liberales y masones– sus autores de referencia. Y la conferencia de Milei el viernes tenía que ser buena porque los mismos que la organizaron promovían el Rosario de Hombres el miércoles. ¿Cómo no confiar?
Foto: Antonio Caponnetto. Fue uno de los intelectuales católicos argentinos que nunca se plegó al mileísmo y que denunció la propaganda pro liberal desde el comienzo.
Los que –con mayor sutileza– cuestionaban las ideas liberales de estos artículos comúnmente eran neutralizados bajo el argumento de “Ey, al menos le pegan a la izquierda”. También: “Ey, son liberales pero nos dan espacio”. “Sí, son liberales pero van contra el aborto”. Muchos se acostumbraron a soportar primero esto, a tolerarlo después y con el tiempo en muchos ambientes se naturalizó.
Como si ser liberal no fuera suscribir una ideología anticristiana sino preferir la playa como lugar de vacaciones en vez de la montaña.
Como si ser liberal no fuera aceptar que se pague sueldos miserables a jubilados, médicos y docentes con tal de no afectar un supuesto superávit fiscal.
Como si ser liberal no fuera poner la libertad antes que la Justicia, y la ley positiva antes que la ley natural.
Como si ser liberal no fuera procurar la rentabilidad máxima a costa de las espaldas (ya deterioradas) de los trabajadores.
Como si ser liberal fuera una opción lícita dentro de un abanico amplio.
Fue una obra de la propaganda política con calculados barnices psicológicos.
Una nueva ventana de Overton. Primero era impensable, luego se soportó, finalmente se volvió natural y ahora se promueve alegremente, ¡y hasta se festeja! En definitiva, si los liberales nos promueven algunos artículos, si nos citan en sus trabajos, “no pueden ser tan malos”. Se trata del fenómeno de la asociación simbólica: acostumbramiento psicológico y moral al liberalismo. Gotita a gota, nos fueron rodeando. Nos quisieron envolver. El goteo liberal. Una buena estrategia de marketing, debemos reconocer. Muchos cayeron en la trampa.
Lo cierto es que usaron los nombres de intelectuales católicos, patriotas y nacionalistas como COARTADA.
De a poco –por eso decimos que este proceso lleva al menos una década– los liberales fueron generando un cierto prestigio DENTRO de los espacios contrarrevolucionarios católicos. Fueron invitados, entrevistados, los intelectuales católicos les prologaban sus libros, los libreros los vendían… se fueron mimetizando.
Sin embargo, también lentamente, ciertos hombres lúcidos comenzaron a darse cuenta de que la Nueva Derecha –tan verborrágica– mantenía un llamativo silencio sepulcral. Tenía temas de los que no hablaba. Es importante considerar “Lo que no dicen”. No denunciaban la Masonería. No denunciaban la injerencia inglesa en el país. No denunciaban la usura. No denunciaban la dependencia económica respecto de potencias extranjeras o de corporaciones que se manejan al margen del Bien Común. No militan una mejor distribución del ingreso. No militan contra las desigualdades injustas. No condenaban el desguace económico del último gobierno militar. No hablaban de la Deuda Externa.
Un llamativo silencio, una resonante ausencia –por no decir agujero– caracterizaba sus discursos, sus videos, sus artículos.
Foto: Sergio Castaño. Otro intelectual católico argentino que, con fecha cercana a las elecciones presidenciales, llamó la atención sobre la penetración del liberalismo en filas católicas.
Lo más terrible de todo esto es que, en gran parte, fueron muchos católicos bienintencionados los que –apoyando a estas personas liberales por las cosas buenas (repito, por las cosas buenas) que tenían, y haciendo una reserva mental respecto de sus errores– terminaron encumbrándolos. Terminaron posicionándolos en la arena pública. Les allanaron el camino.
En muchos se toleró la coexistencia con la ideología anticristiana del liberalismo. Otros, con toda probabilidad, vieron en el auge de los neoderechistas la posibilidad de integrarse a ellos y así lograr mayor cantidad de visualizaciones en Youtube, beneficiando así sus propios proyectos. Y sabemos que a mayor mediatización, más dinero.
Pero muchos otros católicos –digámoslo– no entendían siquiera qué era el Liberalismo. ¡Terrible! No es que lo toleraron. Es que no sabían o no tenían en claro que era una ideología condenada por el Magisterio de la Iglesia. Les hablamos también a ellos en especial. A los que fueron engañados.
A los que les vendieron que “ser liberal” es bajar impuestos injustos.
A los que les vendieron que “ser liberal” era frenar la corrupción de la obra pública.
A los que les vendieron que “votar liberales” era la manera de derogar el aborto… y después observaron con indignación reprimida cómo el oficialismo de Milei se aliaba con los liberales progresistas de Juntos por el Cambio (que votaron el aborto en 2020), sin los cuales la gobernabilidad hubiese sido imposible.
A los que les vendieron que el “mal menor” o “el bien posible” era un camino hacia algo mejor.
A los que engañaron –¡otra vez!– con el cuentito de que “hay que entrar en el sistema” porque “hay que hacer algo”.
En resumen.
Resultó entonces que infinidad de católicos calentaron la pava. Y los liberales fueron los que se terminaron tomando el mate.
En efecto, en 2023 una gran cantidad de gente apoyó en el ballotage a la opción electoral que prometía derogar el aborto. Imaginen sus sentimientos cuando, en febrero de 2024, el vocero del gobierno Manuel Adorni sostuvo públicamente: “la derogación del aborto no forma parte de la Agenda”.
Imaginen sus sentimientos cuando el propio presidente dijo, entrevistado en mayo 2024, que “la derogación del aborto no fue parte de las promesas de campaña” (puedes escuchar el video en Twitter aquí). Para contener y evitar una sangría de los votantes provida, Agustín Laje se atajó y dijo que “con 8 años de Milei” seguramente se lograría conseguir el apoyo político para derogar el aborto… Es tremendo realizar estas especulaciones políticas mientras aquí, a 500 metros, a 1000 metros, se siguen matando niños por nacer al amparo de una ley inicua que la mayoría de senadores y diputados –al igual que un Viernes Santo, hace 2000 años– determinó por voluntad popular.
Es complicado, estimados amigos.
Es una maquinaria compleja de desarmar, de entender, en donde se cruza lo personal y lo político, lo doctrinario y lo prudencial, la humana desesperación y al mismo tiempo la fe en el Bien, que es Dios mismo, aún cuando terrenalmente uno no vea esperanzas.
Para ser justos, digamos que, en definitiva, enfrentamos a algo que es más grande que el propio Milei: el sistema político-económico-mediático-cultural que hace posible que grandes barbaridades y terribles crímenes adquieran legalidad con tal de que sean votados por mayoría de diputados, mayoría de senadores y luego aprobado por el Poder Ejecutivo.
Foto: Guillermo Rojas. Sus artículos también contribuyeron a levantar la guardia contra las derechas liberales y los globalismos de pro-sionistas.
Se trata de un sistema complejo, no homogéneo.
Un sistema que muestra sus dos caras: ora progresista izquierdosa, ora liberal economicista, pero que siempre conspira contra el bien común y el interés nacional, y que –con el corazón a la izquierda pero la billetera a la derecha– milita activamente por destruir lo que queda del Orden Social Cristiano.
Foto: Dante Urbina. Sus trabajos también contribuyeron a alertar sobre el peligro del liberalismo conservador y su penetración en ambientes católicos.
Por eso es que es tan importante aprender de los errores. La situación que estamos viviendo sólo tiene sentido si se reconoce que se ha fallado, si quienes fueron ganados por la desesperación política –no habiendo sido prudentes– piden perdón y trabajan (junto a nosotros, esperamos) para rectificar el camino. Afortunadamente, Fernando Romero Moreno (principal intelectual católico que militó el voto a Milei en el ballotage, cuando la opción enfrente era Sergio Massa) acaba de hacerlo desde sus redes sociales. Acaba de reconocer que el kirchnerismo progresista y el mileismo son igual de indignos y repugnantes. Esperamos que otros divulgadores cercanos sigan su ejemplo. No basta el silencio. No es suficiente con la comodidad del silencio. Errar no nos descalifica. Pero no reconocer el error cuando el mismo es patente, sí.
Que todo esto haya servido para algo.
Debemos entender que el combate al progresismo no habilita cualquier tipo de alianza, sobre todo si tal grupo niega los principios más elementales del orden cristiano, como es el caso de los liberales y peor aún de los libertarios. Ya lo decía Castellani en San Agustín y Nosotros: liberalismo y marxismo “son dos herejías”.
Deseamos concluir con las siguientes afirmaciones:
Un sacerdote católico puede equivocarse cuando habla de política. Muchos apoyaron (dentro y fuera del país) estas opciones liberales y pro-sionistas a pesar de constantes y reiteradas advertencias. Ahora, cuando la genuflexión del Jefe de Estado para con Israel es patente, se hacen los distraídos y hablan de la Edad Media, el trivium. Pero en realidad, estos males ya se incubaban desde el principio y ellos no quisieron verlos.
Un Veterano de Guerra de Malvinas es admirable por su sacrificio, su entrega, su honor y su coraje pero esto no significa que sus opciones políticas sean infalibles. Su aptitud y conocimiento técnico-militar, su conocimiento y experiencia de 1982 los convierte en una autoridad a la hora de hablar de la Guerra y de la Gesta. Pero esto no quiere decir que su palabra sea santa si se decisiones políticas se trata.
Cuando católicos y liberales entablan alianza, o bien dirigen los católicos o bien dirigen los liberales. No hay otra posibilidad. Sólo está permitida –como dice Félix Sardá y Salvany– una alianza donde los católicos dirijan la acción y los liberales acompañen. Sólo en esta circunstancia concreta. Sin embargo, el propio sacerdote español no deja de decir que la misma ni es recomendable ni puede ser permanente en el tiempo. Hay que señalar que –en el caso concreto que analizamos– sucedió exactamente lo opuesto. Los católicos fueron a estructuras liberales, conducidas por liberales, financiaron candidatos liberales, militaron el voto para gobernantes que llevaron adelante políticas de gobierno liberales. En conclusión: los que “llevaron la voz cantante” fueron… los liberales. Políticamente fue un error inmenso. Moralmente, fue cooperación material.
El que se acostumbra a tolerar, ya está listo para permitir. Ocultar o disfrazar una ideología anticristiana como es el Liberalismo, teniendo en la mente la idea de así poder escalar y ser política o socialmente más influyente, es una praxis que debe ser seriamente estudiada, puesta sobre la mesa, blanqueada, para luego realizar un juicio moral sobre la misma. Desgraciadamente, creemos que se trata de una práctica muy habitual.
Hay un vacío muy grande en una gran cantidad de personas respecto de lo que debe ser, como ideal, una economía y una política católica. Seguramente los oyentes han asistido o escuchado en los últimos años 5, 10, 20, 50, 100 conferencias o videos sobre el aborto y sobre la ideología de género. Lo cual está muy bien. Sin embargo, ¿cuántas conferencias se organizaron para hablar de la Doctrina Social de la Iglesia? ¿Cuántas para hablar de un Orden Social Cristiano? ¿Cuántas veces escucharon ustedes propuestas de soluciones o iniciativas para intentar “restaurar todo en Cristo”, como dice San Pío X? Estamos seguros que por cada una de ellas, si es que hubo alguna, se enteraron de 1000 actividades vinculadas a la familia, la vida y la cultura. No estamos diciendo que eso esté mal. Nosotros mismos hemos fomentado todo eso. Pero hay un hueco. Hay un agujero, una cavidad. Hay una vulnerabilidad ahí, y por ahí se coló el Liberalismo, por ahí se coló la Nueva Derecha y la propaganda sionista, engañando a muchos. Por eso, debemos exterminar la imbecilidad gigante de “No soy liberal en lo moral pero sí en lo económico”. ¡Como si lo económico estuviese divorciado de lo moral, señores!
A fuerza de no pecar contra la justicia, queremos enfatizar este importante matiz: no todos los que se sumaron a la ola violeta liberal libertaria fueron cínicos o mercenarios. Estamos convencidos de que muchos fueron simplemente engañados. Sin embargo, el resultado fue el mismo: un terreno cedido y un enemigo instalado dentro de casa. Y con ayuda de católicos, lo cual es mucho peor.
Debemos enseñar y hacer incorporar a nuestros alumnos una verdad de puño: no todo el que dispara contra la izquierda es nuestro aliado. Hay que insistir y saber como el Padrenuestro que si ocultamos la doctrina católica sobre el liberalismo en nombre de “la urgencia”, lo que terminamos cambiando es la Verdad por “la eficacia”. Más tarde que temprano, nos vamos a terminar quedándonos sin una y sin la otra, como bien enseñó Chesterton.
No reduzcamos la política a lo cuantitativo. El buen gobierno, la buena política, la buena educación es, ante todo, un hecho CUALITATIVO. Por eso, el gran olvidado en estas “batallas culturales” no es el enemigo: es el propio tesoro doctrinal que dormita en nuestros estantes, sin ser estudiado, sin que se intente aplicar, sin que se articule una estrategia para persuadir y así convencer a los miles y miles de argentinos –y también hispanoamericanos– del deber de militar una reconquista del orden temporal con todos los medios lícitos y eficaces al alcance, sin caer ni en la desesperación ni en el activismo.
Con estas ideas en mente, resumimos.
Identificar bien la situación.
Hacer una lectura política compleja, sin reduccionismos.
Entender a los que fallaron con buena voluntad, abriendo la puerta a los que –con magnanimidad– reconozcan sus fallas.
Señalar a los enemigos y al sistema que los hace posible.
Llamar a la unidad en la verdad y en la militancia.
Humildemente y para terminar queremos respaldar la idea de constituir un movimiento –que figuras como el juez Alfredo López, el Mayor Hugo Abete, entre otros, vienen difundiendo– para procurar la victoria de nuestros principios y su aplicación práctica (si no a nivel nacional) al menos en el seno de cada uno de nuestros cuerpos intermedios, nuestras empresas, colegios, sociedades y familias.
El discurso de Milei en Davos (2025): una maraña de confusión al servicio del Capitalismo Liberal Anglo-Sionista
“Los demonios mezclan habitualmente
o verdadero con lo falso”
Beda el Venerable
Junto al escribano uruguayo BRUNO ACOSTA PASTORE, analizamos en detalle las piezas del discurso del Presidente argentino Javier Milei, en el Foro de Davos (2025). Nuestro objetivo fue realizar un examen político económico cultural, que no peque de obsecuencia para con la figura del Presidente (algo tristemente habitual hoy día) pero donde no falten los reconocimientos legítimos a lo bueno y verdadero que se haya dicho.
Esperamos contar con vuestra presencia del otro lado de la computadora. Exhortamos también a que difunda este material entre los interesados. Muchas gracias.
Monedero, Juan Carlos (h), Lenguaje, ideología y poder. La palabra como arma de persuasión ideológica: cultura y legislación. Ediciones Castilla (3ª ed) 198 págs. ISBN: 978-987-33-8863-7. Llamar a las cosas por su nombre es una misión divina para el ser humano. Este libro, Lenguaje, Ideología y Poder, ofrece una profunda investigación que revela cómo las ideologías distorsionan el lenguaje y, con ello, nuestra realidad. Con citas y reflexiones agudas, el autor analiza la influencia del lenguaje en la sociedad, denuncia manipulaciones y propone un retorno a la verdad y la virtud.
El libro presenta un análisis riguroso sobre la relación entre el lenguaje, la ideología y el poder. El autor aborda con valentía los problemas que surgen de la manipulación del lenguaje en los discursos contemporáneos, buscando esclarecer las causas profundas detrás de estas dinámicas sociales. Su objetivo es desenmascarar las distorsiones ideológicas y recuperar un uso más preciso del lenguaje para contribuir a la verdad y al bienestar social. Se distingue por una investigación minuciosa que recopila citas y referencias relevantes, proporcionando un marco teórico sólido para reflexionar sobre cómo las palabras no solo describen la realidad, sino que también la moldean.
El autor examina la influencia de las ideologías en el lenguaje y advierte sobre los peligros de esta manipulación, insistiendo en la necesidad de preservar un orden natural que subyace tanto en el pensamiento como en la expresión. Uno de los temas centrales del libro es la naturaleza del lenguaje y su vínculo con la realidad . El autor explora cómo el lenguaje refleja y construye el mundo, resaltando la importancia de utilizar las palabras de manera correcta para evitar caer en errores conceptuales y éticos. Este enfoque se complementa con un análisis de la relación entre la palabra y la metafísica, destacando cómo el lenguaje afecta nuestra comprensión de lo que las cosas son en esencia.
En el ámbito social, el libro examina temas como la discriminación y la justicia. Monedero distingue entre formas de discriminación injusta y aquellas necesarias para el orden social, ofreciendo herramientas conceptuales para discernir en medio de un contexto cada vez más confuso. Aborda la legitimación del aborto enmascarada bajo la bandera de la defensa de la mujer y cómo el lenguaje manipulado influye en estos debates. Denuncia sofismas que justifican prácticas contrarias a la vida y la dignidad humana, e insiste en la necesidad de preservar un orden natural en el pensamiento y la expresión.
Lenguaje, Ideología y Poder ofrece un análisis crucial del impacto del lenguaje en la sociedad actual, denunciando problemas y proponiendo soluciones para resistir la manipulación ideológica y defender la verdad en un mundo confuso y polarizado. Esta obra es una herramienta indispensable para aquellos que buscan entender cómo las ideologías influyen en el uso del lenguaje y cómo este, a su vez, moldea nuestra percepción de la realidad. Felicitamos al autor por su rigor y valentía, y recomendamos encarecidamente este libro a quienes deseen una reflexión profunda y bien articulada sobre los desafíos de nuestra era.
Fernando Ávila
Profesor de Filosofía egresado del Instituto San Miguel Arcángel
Estudiante de Licenciatura en Filosofía en la UCALP
Adquirí el primer libro del Lic. Juan Carlos Monedero: “LENGUAJE, IDEOLOGÍA Y PODER”, tomo I, con prólogos del R. P. Alfredo Sáenz y el Dr. Antonio Caponnetto. Ilustraciones: José Antonio Van Tooren.
¿Hay algún tipo de interés particular en hablar de una forma y no de otra? ¿Qué esconde la forma de hablar a la que estamos acostumbrados? ¿Cómo deberíamos hablar de forma contrarrevolucionaria? Sobre estas y muchas preguntas similares conversamos con los jóvenes del Círculo San Esteban de Villa Elisa (La Plata).
Parte 1
Parte 2
Parte 3
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Adquirí el primer libro del Lic. Juan Carlos Monedero: “LENGUAJE, IDEOLOGÍA Y PODER”, tomo I, con prólogos del R. P. Alfredo Sáenz y el Dr. Antonio Caponnetto. Ilustraciones: José Antonio Van Tooren.
Milei Presidente: la derogación del aborto “no fue parte de las promesas de campaña”
En una reciente entrevista a la BBC Londrés, a cargo de una periodista no complaciente -inusual, la mayoría de periodistas que lo entrevistan al Presidente Milei no escarban tanto-, el presidente libertario sostiene que “la derogación del aborto” no fue parte “de la promesa de campaña”.
Fragmento de la entrevista:
Milei hablando del aborto durante la campaña presidencial (agosto 2023). Minuto 1:38 en adelante:
Con ocasión de la caída del fallo Roe vs Wade, en EEUU, Milei se compromete a terminar “con la aberración del aborto” si llega a la presidencia:
Tuit de Milei hablando de la derogación del aborto:
Antes de la votación para Presidente, el Padre Javier Olivera Ravasi presta su canal para que Agustín Laje y Nicolás Márquez realicen una apología absoluta de Milei, y usan el tema del aborto como argumento clave para justificar el voto al libertario:
El vocero del gobierno, Manuel Adorni, sostuvo que la derogación de la ley del aborto “no es parte de la agenda del presidente” dado que hay otros temas “muchísimo más urgentes” y “más relevantes”:
Declaraciones del diputado Alberto Benegas Lynch:
Francisco Sánchez, Secretario de Culto: “Quienes promueven el aborto están promoviendo el asesinato”
Alida Mónica Ferreyra, diputada por La Libertad Avanza, jura en el Congreso “por los niños que crecen en el vientre materno, y por aquellos que no han visto la luz por el aborto”:
Alida Mónica Ferreyra asumió como diputada y juró en el Congreso "por los niños que crecen en el vientre materno, y por aquellos que no han visto la luz por el aborto" pic.twitter.com/GuNnIutPWd
¿Quién fue Henry Kissinger? ¿Cuál es la importancia de su figura política?
Kissinger fue un enemigo del Orden Social Cristiano, una pieza clave dentro de la Revolución Mundial que -como bien han enseñado nuestros maestros- busca boicotear una civilización cuya centralidad se encuentra en Dios, sustituyéndola por otra civilización que tenga por centro al Hombre. Este Hombre ya no es la creatura salida de las manos de la Trinidad, ya no es el hombre como Imago Dei y Similitudo Dei. Es el ser humano como principio, fin y fundamento de la sociedad política, como absoluto, negada su condición de creatura, capaz de hacer y deshacerse a sí mismo. Es el Humanismo Antropocentrista con todas sus nefastas consecuencias.
Kissinger promovió esto activamente, tanto desde importantes posiciones en la política de los Estados Unidos como por fuera de los cargos públicos. Fue secretario de Estado durante tres presidencias: la primera de Nixon (1969-1973), la segunda de Nixon (1973-1974, que concluyó abruptamente por dimisión) y la tercera de Gerald Ford (1974-1977). Además, Kissinger se desempeñó como Consejero de Seguridad Nacional durante la administración Nixon. El famoso Informe Kissinger, del que hablaremos enseguida, data de estos años. Su figura y su trabajo no sólo están conectados con la política interna estadounidense sino con la política de muchos otros países. Entre ellos, la Argentina.
Kissinger se convirtió en el principal asesor en política exterior de Nixon y fue muy influyente durante la presidencia de Gerald Ford, ¿qué podemos decir al respecto de este diplomático?
Para empezar, diría que fue mucho más que un diplomático. Fue un estratega, un cerebro, un ideólogo pero no un dogmático. Poseía una mente oscura capaz de delinear las balas trazadoras que signan los perfiles de la acción política. Mientras una segunda línea ejecuta, él maquinaba. Su rol decisivo también explica que Kissinger permaneciera en su cargo a pesar de que tomara forma pública el escándalo “Watergate”.
Este asunto se destapa cuando el FBI conecta dinero negro –utilizado para la campaña de reelección de Nixon– con cinco detenidos que habían ingresado furtivamente en la sede del Partido Demócrata. La administración Nixon intenta encubrirlos, el Congreso inicia una averiguación pero el gobierno se niega a cooperar. A medida que avanzan las investigaciones federales, se descubre que la pandilla de Nixon acosaba a opositores políticos, funcionarios considerados sospechosos y activistas, valiéndose de la policía, el FBI y la CIA. El Senado llega a la conclusión de que el propio Nixon guardaba en sus oficinas un sistema de cintas de grabación, y el Presidente debe entregarlas bajo coacción de la Corte Suprema de EE.UU. La prensa agitó el tema como nunca y una fuente anónima –denominada Garganta Profunda– terminó por confirmar los hechos. El proceso de destitución era inminente y entonces Nixon renuncia en agosto de 1974.
A pesar del ambiente sumamente caldeado, la posterior limpieza de funcionarios no alcanzó a Kissinger. Si bien deja su cargo en 1977, cuando asume Jimmy Carter como nuevo presidente, su influencia continuó durante mucho tiempo.
Siendo integrante del Partido Republicano, Kissinger llegó a ser una de las principales figuras de la política de EE.UU., ¿qué nos puedes decir del Informe Kissinger?
Así es, era parte de la derecha estadounidense. El caso Kissinger ilustra perfectamente que se puede ser muy anticomunista y comportarse como un hijo del demonio. En efecto, él velaba “por los intereses de Estados Unidos” a costa de las demás naciones. Así lo grafica el famoso Informe Kissinger, donde –con pelos y señales– despliega un conjunto de estrategias destinadas a provocar la caída de la población en países en vías de desarrollo. Leamos este párrafo del Informe:
«La economía de los EE.UU. requerirá grandes y crecientes cantidades de minerales del extranjero, especialmente de los PMD[1]s. Este hecho hace que los EE.UU. tenga un gran interés en la estabilidad política, social y económica de los países suministrantes. Donde quiera que una disminución de las presiones demográficas, por medio de una disminución en los índices de la natalidad, pueda aumentar las posibilidades de dicha estabilidad, la política demográfica se hace relevante para los suministros de recursos y para los intereses económicos de los EE.UU.»
El propio Kissinger reconocerá que, en cierta medida Estados Unidos (a pesar de ser un país totalmente industrializado) depende de aquellas naciones cuyo grado de industrialización y desarrollo económico son menores pero cuya posesión de recursos es mayor. EE.UU. necesita que aquellos países le vendan mercadería, materia prima. Leemos:
«La ubicación de conocidas reservas de metales de más alto grado de la mayoría de los minerales favorece la creciente dependencia de todas las regiones industrializadas en las importaciones de los países menos desarrollados (PMD)”.
Traducción: los recursos naturales son limitados y EE.UU. necesita que las naciones que los poseen se los puedan vender a ellos. Si, en cambio, las naciones consumen esos recursos o logran mayores grados de industrialización, Kissinger estima que no quedarán suficientes para Estados Unidos. Luego, hay que hacer disminuir la población de esos países para que no se los acaben.
En definitiva, en la mente de Kissinger, Estados Unidos se cree con DERECHO a esos recursos. ¡Un derecho por encima de los pueblos que naturalmente los recibieron! Es como si dijera: el mundo me pertenece, es mío, y voy a hacer lo que sea para quedarme con esos recursos.
Estos párrafos del InformeK. recogen varios conceptos. Como vimos, en uno de ellos, se afirma el interés de EE.UU. en que los países que suministran esos recursos tengan situaciones estables (“Este hecho hace que los EE.UU. tenga un gran interés en la estabilidad política, social y económica de los países suministrantes”). Notemos que las naciones son vistas desde un enfoque meramente utilitarista: reservorio de materia prima. No son, como diríamos nosotros, comunidades unidas por una tradición, historia, lengua, cultura, religión y geografía. Son meros canteros de cosas útiles para aprovechar de ellos.
Luego Kissinger ata dos cosas: el índice de natalidad y las presiones demográficas. Si baja la natalidad, baja la “presión demográfica” y entonces se consigue la tan deseada “estabilidad” política, social y económica.
La estrategia se cierra aquí: para “proteger los intereses de Estados Unidos”, haremos caer la natalidad en los países “suministrantes”. Y lo hicieron.
Según el propio informe de Kissinger, ¿de qué manera se procura el descenso de la natalidad en las naciones?
El informe describe multiplicidad de tácticas. La primera de ellas consiste en motivar a las sociedades a que tengan familias de menos integrantes. Según esta mente malévola, los programas generales de cooperación -que lleva adelante Estados Unidos- deben establecer prioridades. En sus propias y elocuentes palabras:
«Se le debe dar prioridad, en el programa general de ayuda, a ciertas políticas de desarrollo de aquellos sectores que ofrecen la mayor esperanza de una creciente motivación en tener familias más pequeñas».
Incluso Kissinger se hace la pregunta, como quien piensa en voz alta, de si la estrategia de recortar los alimentos es viable. Leemos en el Informe Kissinger:
«¿Podrían considerarse los alimentos un instrumento de poder nacional? ¿Nos veremos forzados a elegir a quién razonablemente podemos ayudar, y en tal caso, deben ser los esfuerzos demográficos un criterio para dicha ayuda? ¿Están los EE.UU. preparados para aceptar el racionamiento de los alimentos para poder ayudar a los pueblos que no pueden o no quieren controlar el crecimiento de su población?».
Traducción: no descartamos reducir los alimentos en los PMD. Forzarlos a comer menos desalienta nuevos nacimientos y es un método que EE.UU. podría aplicar en aquellas sociedades que no sean capaces o se nieguen a bajar su población.
Motivar a la mujer a trabajar fuera de la casa es otra herramienta. Está comprobado que esta circunstancia no favorece que tenga muchos hijos:
«La condición y la utilización de las mujeres en las sociedades de los países subdesarrollados son de extrema importancia en la reducción del tamaño de la familia. Para las mujeres, el empleo fuera del hogar ofrece una alternativa para el matrimonio y embarazo precoz, e incentiva a la mujer a tener menos hijos después del matrimonio… Las investigaciones muestran que la reducción de la fertilidad está relacionada con el trabajo de la mujer fuera del hogar…».
Notemos lo escrito por el infame. Kissinger ha dicho “utilización” de las mujeres. Las usan. Son cosas. Traduzcamos de nuevo al castizo: diseñemos sociedades donde vivir con el único sueldo de papá sea imposible. Y entonces, que mamá tenga que salir a trabajar -para traer el pan a la mesa, lógicamente- y así continuar sembrando obstáculos para que sea IMPOSIBLE tener muchos hijos.
Tampoco se descartan medios de persuasión educativos:
«La gran necesidad es convencer al grueso de la población que es para su beneficio individual y nacional tener, en media, sólo tres o incluso sólo dos hijos».
Notemos que aquí se confiesa descaradamente que se necesita meter en la cabeza de la sociedad la falsa idea de que, al fin y al cabo, esta reducción de la familia es ¡en beneficio de esa sociedad! En otras palabras, hay que presentar una política útil a los intereses de Estados Unidos como si en realidad fuera buena para el hombre de a pie. Esta idea de trabajar en convencer se repite en otras partes del documento. Leemos:
«Es muy necesario convencer a las grandes masas de que es de su interés individual y nacional el tener, como promedio, solamente tres y quizás sólo dos hijos… el foco obvio y creciente de la atención debe ser cambiar las actitudes de la próxima generación».
Por supuesto que, en este sentido, los programas de Educación Sexual tienen mucho que decir. Pero también todo tipo de series, entretenimientos, músicos, artistas o personas conocidas que presenten a los hijos como una carga insoportable, que se burlen del matrimonio, etc.
Pongamos foco en las escuelas y colegios. Leemos en el Informe:
«[Debemos tener] niveles mínimos de educación, especialmente para las mujeres, así como la educación y el adoctrinamiento de la actual generación de niños, con respecto a la conveniencia de que las familias sean más pequeñas».
No hay medio que no se haya probado para afectar países cuya población debe ser inmolada en aras del bienestar de EE.UU. La consigna es clara: no podemos permitir que estas naciones agoten los recursos naturales que necesitamos. Kissinger nos habla aquí de la vasectomía:
«En la India [se llevaron a cabo] algunos experimentos controversiales pero extraordinariamente exitosos, en los cuales los incentivos económicos, junto con otros mecanismos de motivación, se utilizaron para lograr que un gran número de hombres aceptaran las vasectomías».
Como se ve, toda esta estrategia está pensada al detalle.
No sólo se trata de interferir a través de la mente y la educación sino también a través de la POLÍTICA. ¿Qué nos puedes decir de eso? Imagino que Kissinger no dejó afuera de su estrategia a la política propiamente dicha.
Por supuesto. También va a intervenir Kissinger en la legislación, y valiéndose del enorme poder estadounidense. Seguramente no es casualidad el auge de leyes abortistas a partir de los años 70’ del siglo XX. En el Informe, leemos:
«Ciertos hechos sobre el aborto precisan ser entendidos: ningún país ha reducido el crecimiento de su población sin recurrir al aborto» (“No country has reduced its population growth without resorting to abortion”).
Hay otra forma de leer el documento. Si quieres, una forma “psicológica”. En cierto sentido, todo el Informe Kissinger parece estar atravesado por el temor a que los PMD se desarrollen. Es constante la preocupación acerca de naciones que pueden llegar a incrementar su población, desarrollar nuevas tecnologías, añadir valor agregado a sus productos, volverse económicamente más soberanas y competir en algún momento con Estados Unidos. Por lo tanto, pisarles la cabeza se convierte en imperativo no negociable. Creo que algo de esto puede verse sobre todo en este párrafo:
«Es vital que el esfuerzo por desarrollar y fortalecer el compromiso por parte de los líderes de los PMDs no sea visto por ellos como una política de un país industrializado para mantener reducido su vigor o para preservar recursos que serán usados por los países ‘ricos’».
En varios pasajes del Informe, Kissinger piensa en varias jugadas adelante. Por eso escribió:
«Los EE.UU. pueden ayudar a minimizar las acusaciones de tener un movimiento imperialista detrás de su apoyo a favor de las actividades demográficas, afirmando repetidamente que dicho apoyo se deriva de una preocupación por: (a) el derecho del individuo a determinar libre y responsablemente el número y el espaciamiento de sus hijos… y (b) el desarrollo fundamental, social y económico, de los países pobres».
Es decir, estamos ante una maniobra gigantesca de engaño que -so pretexto de buscar un bien para las sociedades- procura en realidad eliminar al ser humano. Por la manera que sea. Se desalientan los nacimientos, se impiden las concepciones, se produce la muerte por hambre de la gente o directamente se promueven leyes que destruyen personas humanas en estado fetal. Se legaliza el aborto, la anticoncepción, la Educación Sexual Integral, el matrimonio igualitario y nosotros –como cándidas ovejas– creemos que estamos ante una cuestión ideológica. No es solamente ideológica. Es una cuestión de poder que se recubre de ideología. A Kissinger no le interesa tu supuesta libertad sexual, tus supuestos derechos sexuales, la libertad de tu cuerpo, las comunidades gays “reprimidas” y toda esa cantinela. ¡Le interesa que no dejes descendencia! Esto hay que entenderlo.
Al comienzo de esta entrevista dijiste que Kissinger intervino específicamente en la política argentina. Te pido que nos desarrolles.
Con gusto. En los años 70’, la sociedad argentina fue objeto de varios tipos de agresiones. Los dos grandes bloques, el comunista y el capitalista, nos atacaron, cada uno a su modo. Por un lado, el terrorismo físico, tangible, representado por las bandas de homicidas marxistas. Por otro lado, el terrorismo económico representado por el avance de corporaciones transnacionales sin escrúpulos, constituyendo un verdadero abuso del capital. En el medio, los argentinos honestos, que sufrieron tales ataques, tironeados por ambas fuerzas que parecían luchar entre sí pero que –al ir tirando de la cuerda– eran manejadas por las mismas manos.
En 1975, el gobierno argentino designa a las Fuerzas Armadas al frente de una operación militar para acabar con el terrorismo. Los atentados y crímenes eran moneda corriente, el desorden político era enorme y la inflación galopaba, acicateada por el famoso “Rodrigazo”. A finales de 1975 y comienzos de 1976, la sociedad –empezando por la clase partidocrática– pedían a gritos que los militares derrocaran al gobierno, asumieran la conducción política y exterminaran a los guerrilleros que todos los santos días hacían explotar una bomba, secuestraban y pedían rescate, asesinaban policías y militares, etc.
En el seno de las FF.AA. se distinguían dos líneas: la católica nacionalista y la liberal. Los nacionalistas impulsaban la idea de que los asesinos debían ser juzgados en un juicio rápido, dadas las circunstancias (“juicio sumario”) y, si correspondía, ser fusilados públicamente. La línea liberal, en cambio, sostenía que las FF.AA. no podían como Estado hacerse cargo de ejecuciones públicas porque –de hacerlo– encontrarían gran oposición en los medios de comunicación, los organismos de DDHH y hasta la misma Iglesia, lo que pondría en riesgo la gobernabilidad y por ende la victoria contra el terrorismo.
Por lo demás, el asesinato en manos de los terroristas –en 1974– de uno de los jueces que mandó a la cárcel a los guerrilleros no constituía un antecedente alentador. Prácticamente no había magistrados dispuestos a condenar a estos homicidas.
Lamentablemente, el gobierno militar –surgido a partir del 24 de marzo de 1976– suscribió la posición liberal. Se llevó adelante una guerra mixta contra el terrorismo, que conjugó acciones perfectamente nítidas con métodos clandestinos e irregulares, produciendo cerca de 7000 desaparecidos en la Argentina, cuya enorme mayoría eran integrantes de organizaciones terroristas. Pues bien, el gobierno militar hizo todo esto siguiendo las instrucciones de Henry Kissinger, quien recomendó destruir la guerrilla con métodos experimentados en otros países. Además, el Ministro de Economía de los militares liberales llevó adelante medidas en detrimento de la industria nacional y otras políticas lesivas de la soberanía argentina.
En conclusión: nuestra Guerra Justa contra el terrorismo apátrida fue oscurecida por el uso de métodos irregulares, siempre condenables moralmente, y Kissinger fue uno de los que empujó a los militares argentinos a esta decisión.
Tengo entendido que Kissinger integró la “Trilateral Commission” o Comisión Trilateral. ¿Qué es eso? ¿Por qué es importante conocerlo?
Sí, Kissinger integró la famosa Trilateral Commission.
Los personajes más influyentes del mundo se juntaron en una organización y la denominaron “Comisión Trilateral”, creándola en 1973. Parece que fue iniciativa nada menos que de David Rockefeller, el Grupo Bilderberg y el Council on Foreign Relations (CFR). Asisten ex presidentes, políticos en actividad, mega empresarios, politólogos, docentes de importantes universidades y otras personas influyentes de los cinco continentes. Como siempre, los nombres son engañosos dado que este grupo se autodenomina “International Commission of Peace and Prosperity” (“Comisión Internacional para la Paz y la Prosperidad”). Se reunieron por primera vez en Japón, en el mes de octubre de 1973.
Ya en 1980 hubo denuncias. La Revista Cabildo, de orientación nacionalista católica –en aquel momento, la revista específicamente política de mayor tiraje y mayor cantidad de lectores– supo decir que los integrantes de esta comisión “persiguen la conquista de los indefensos y expuestos mercados mundiales (…) lo que a la postre se traduce en la frígida, simple y llama búsqueda de ganancias enormes para el orden privado y extraestatal que representan”. En efecto, “las sigilosas e inculpadas multinacionales, al servicio de quienes gozan de la mayor capacidad consumista en prioridad despiadada, conforman una red cada vez más extensa y cerrada que abraza al planeta todo con presión incontenible”. Por eso, “la Comisión Trilateral no es nada menos, pero en todo caso nada más, que una simple conformación estructural al servicio de una élite…”. Dato más que relevante: esta comisión “está financiada en primera línea por las fundaciones que no pagan impuestos como: la Ford Foundation, Lilly Endowment, Rockefeller Brothers Fund y la Kattering Foundation”.
Además, Cabildo nos cuenta que el director de esta comisión fue nada menos que el polaco Zbigniew Brzezinski, asesor del presidente Carter.
No esconden sus metas. En efecto, “sus objetivos son (…) la realización del ‘nuevo orden mundial’ dentro de una sociedad planificada, subdividida en grandes federaciones regionales, dirigidas centralmente a través de multinacionales y corporaciones científicas. Según Brzezinski: ‘Debemos sustituir el sistema internacional por un sistema global… Será un mundo en el que los ámbitos de supremacía nacional desaparezcan’” [2].
Esto muestra la íntima unidad entre los temibles supercapitalistas y el globalismo. Ahora bien, personalmente me llama la atención la abundancia en las redes sociales de supuestos “luchadores antiprogresistas” que despotrican contra el globalismo mientras apoyan a influencers abiertamente procapitalistas, apoyan el liberalismo, el capitalismo o incluso posturas libertarias.
La verdad, al enemigo le conviene que estos influencers desvíen la atención del público. Le muestran a la gente una parte de la verdad (el antiprogresismo) pero le mutilan otra porción, que es decisiva. ¿Casualidad? ¿Disidencia Controlada? Sabe Dios. Habría que investigarlo, buscar pruebas. Pero lo cierto es que esta Comisión ve en los países con recursos naturales –como la Argentina– una mera oportunidad para extraer ganancias.
En otras palabras, ya sea por el motivo de “proteger los intereses de EE.UU.”, sea para crear un mundo global, Kissinger se anotó en todas las instancias que impulsaban el Nuevo Orden Mundial. Y temía la reacción. Por eso escribió en su Informe:
«Existe también el peligro de que algunos líderes de los PMDs vean las presiones de los países desarrollados a favor de la planificación familiar como una forma de imperialismo económico y racial; esto podría crear un retroceso bastante serio».
A Kissinger le preocupa particularmente que alguien lleve el debate hacia estos dos hechos:
«debemos reconocer que aquellos que argumentan en conformidad con sus posturas ideológicas han hecho mucho ruido con el hecho de que la contribución de los EE.UU. a los programas para el desarrollo y a los programas de salud ha disminuido ininterrumpidamente, mientras que sus fondos para los programas de población han aumentado a un ritmo constante”.
Por tanto, la credibilidad de EE.UU. quedaría seriamente afectada si enfocásemos en estos dos datos objetivos:
1) EE.UU. invierte cada vez menos en los programas para el desarrollo y la salud;
2) EE.UU. invierte cada vez más en programas para hacer caer la población.
Y Kissinger lo sabía y, como buen coach, se anticipa al movimiento del adversario. En definitiva, es difícil no ver aquí una mano negra al leer esto:
“En estas relaciones sensibles, sin embargo, es importante tanto en estilo como en sustancia evitar el aspecto de coacción”.
¿Qué es lo último que nos puedes decir de Kissinger? ¿Cómo lo definirías?
Parece acertado sostener que Kissinger no fue un ideólogo sino más bien un pragmático con ideología. Formados en filosofía, ciencias políticas y humanidades, tendemos a pensar que el resto del mundo lleva las ideas a la práctica de la misma forma categórica en que esas ideas cabalgan en el plano abstracto. Pero esto no es así, y el caso de Kissinger lo ilustra claramente. ¿Cómo entender si no su apoyo a la China Comunista? Como autoridad política, favoreció vínculos con los chinos en detrimento de los soviéticos. Y usted me dirá: “¿Cómo es posible si ambas potencias eran comunistas y él era republicano?”. Sí. Pero Kissinger no tenía doctrina, tenía intereses. En ese momento, él necesitaba crear una división entre estas potencias y se acercó a una para marginar a la otra.
En su último libro, “El Orden Mundial”, Kissinger se refiere al caso del Cardenal Richelieu, a quien destaca como figura maquiavélica. En efecto, si como católico y eclesiástico, este cardenal debía apoyar a las naciones católicas en Europa, sin embargo –invocando “razones de estado”– Richelieu respaldó a los protestantes. El habilísimo prelado, nos cuenta Kissinger, consideraba que si las potencias católicas lograban unificarse y triunfar, pondrían sus propios intereses por encima de Francia. Y por eso él, siendo católico, colaboró y apoyó a los herejes. Kissinger reproduce las palabras del lord Palmerston, estadista británico del siglo XIX: “No tenemos aliados eternos, pero tampoco enemigos perpetuos. Sólo nuestros intereses son eternos y perpetuos, y es nuestro deber ser fieles a esos intereses”.
No nos equivoquemos: Kissinger no se entiende desde los apuntes de filosofía política. No podemos hacer un análisis esencialista de este hombre. Como él mismo lo dice, “la realidad inalienable” es que “los elementos de poder –aún cuando sean objetivos– están en cambio constante”. Por lo tanto, lo que pudo ser útil en un momento, tranquilamente puede no serlo en otro.
Nosotros, formados en la cosmovisión occidental y cristiana, no sólo tenemos sanos escrúpulos respecto de esta lógica carnívora. También nos cuesta, quizás por una limitación de nuestra propia formación, comprenderla. Los agentes del comunismo respondían (¿o responden?) a la misma mentalidad. Por eso supo decir Bertolt Brecht: “El que combate por el comunismo debe saber combatir y no combatir; decir la verdad y no decirla; hacer un favor y no hacerlo; mantener una promesa y no mantenerla; exponerse al peligro y evitarlo; hacerse reconocer y esconderse. El que combate por el comunismo, de todas las virtudes no posee sino una: la de combatir por el comunismo”. Kissinger era igual. Primero el poder. Primero la fuerza. Luego, acomodamos el discurso para que el discurso termine justificando lo que estoy por hacer… o lo que ya hice.
Kissinger relata una anécdota personal al comienzo del libro. En 1961, al visitar al ex presidente Harry Salomón Truman en la ciudad de Kansas City, le preguntó por aquello que más orgullo le producía de su mandato. Respuesta literal:
“Que derrotamos por completo a nuestros enemigos y luego los trajimos de vuelta a la comunidad de las naciones”.
Es difícil siquiera pensar una frase menos cínica. Truman ordenó abrir fuego a civiles alemanes y japoneses. Las ciudades de Dresden y Hamburgo fueron destruidas en el marco de una acciones militares que –y fíjate la arrogancia– se llamaron Operación Gomorra, porque arrojaron fuego del cielo en alusión a Génesis 19. Truman dio la orden para las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. Cientos de miles de víctimas masacradas por este demonio.
Además, la administración Truman dejó manos libres a las tropas soviéticas para que entraran en Alemania y violaran sistemáticamente a miles de mujeres y hasta niñas[3]. Tropas estadounidenses invadieron Italia y violaron a miles de italianas. Truman consintió el avance de los comunistas que ocuparon la mitad de Polonia, la mitad de Alemania, buena parte de Europa, China; dejaron que la URSS se consolide cuando tenían el poder para limitarla o incluso exterminarla de la faz de la tierra. ¿Y luego este mismo Truman nos habla de la comunidad de las naciones? Kissinger fue capaz de escribir esto sin sonrojarse y buena parte de su libro detalla la importancia del Tratado de Westfalia para lograr la paz en Europa. ¿Paz? Calificar a este escenario de “disonancia cognitiva” sería casi hacerle un favor a los protagonistas.
Tenemos que aborrecer el mal, la falsedad y la mentira con todas nuestras fuerzas. Este hombre acaba de morir y Dios ya lo ha juzgado. Pero su obra sigue viva, el Nuevo Orden Mundial por el que trabajó incansablemente está en nuestras narices. ¡Qué buen vasallo si hubiese tenido un buen señor! Hubiera sido magnífico que un hombre tan brillante como Kissinger estuviese de nuestro lado. Lo único que podemos hacer es comprometernos a trabajar tanto como él, pero en reconstruir el Orden Social Cristiano. Su ejemplo debe inspirarnos y hacernos decir: si los malos trabajan de sol a sol, ¿puedo yo como cristiano estar inactivo? Esto es lo que puedo decirte, estimado amigo. Muchas gracias.
[2]Revista Cabildo, Edición Especial, Cuaderno N° 1: “La Comisión Trilateral y el Poder Internacional del Dinero”, diciembre 1980. Extraído de https://revistacabildodigital.wordpress.com/revista-cabildo-segunda-epoca/
El 13 de noviembre de 2023, a pocos días del balotaje, Victoria Villarruel dijo al periodista Diego Sehinkman -ante la pregunta de si, de ganas las elecciones, La Libertad Avanza derogaría el aborto, lo siguiente: “creo que este un tema que no tiene una urgencia inminente”, que “la ley en la Argentina desgraciadamente se termina estirando hasta el infinito, hoy encontras mujeres que están abortando chicos a término, me parece que no corresponde” y que “el espíritu de la ley del aborto” no era “que una mujer pudiera alegar problemas de tipo psicológico para que le autoricen el aborto”.La entrevista completa aquí.
El fragmento sobre el tema lo pueden escuchar a continuación: