Genta: a 50 años de su martirio, recordemos su doctrina y luchemos contra su presentación descafeinada
Por el Lic. Juan Carlos Monedero (h)
Hace 50 años, un 27 de octubre de 1974, la guerrilla marxista tomaba la vida del profesor católico y nacionalista Jordán Bruno Genta.
Fueron a matar a Genta precisamente un 27 de octubre porque esta fecha era el día de la Fiesta de Cristo Rey según el antiguo calendario litúrgico. De hecho, es asesinado al salir de Misa. Los testigos indican que, al caer desplomado por las balas, el último gesto de Genta fue realizar la Señal de la Cruz.
Genta provenía de una familia atea y anticlerical. De hecho, su padre le puso ese nombre por Giordano Bruno. Sin embargo, leyendo a Platón y a Aristóteles, comenzó a desintoxicarse y finalmente terminó siendo un converso a Cristo.
Según la información que se pudo recopilar al respecto, Genta es asesinado a causa de la enorme influencia que tenía entre las filas de las FF.AA., especialmente en la Fuerza Aérea.
El concepto que Genta predicaba sobre las FF.AA. era el de unos profesionales al servicio de la idea de Patria y Nación pero no al servicio de cualquier camarilla política gobernante. En la mente de Genta, las FF.AA. debían tener un criterio político propio y no ser simplemente el instrumento de un gobierno de turno. Su vocación era defender los intereses permanentes de la sociedad argentina. No debían ser unos profesionales asépticos ni herramientas ciegas, dóciles a cualquier política de cualquier Presidente, por lesiva que fuera del interés nacional.
Como debe hacer todo católico, Jordán Bruno Genta –a lo largo de todas sus conferencias, clases y libros– proclamaba la doctrina de Cristo Rey, la cual –si la traducimos al orden político– implicaba un Orden Social Cristiano, que tuviera como eje el Bien Común. Este Bien Común tiene tres partes fundamentales: el bienestar material, la virtud y la gracia.
A través de su tarea de divulgador, escritor y conferencista, Genta siempre dirigió sus dardos contra los errores e ideologías que afectaban la Nación y a su sana convivencia, especialmente contra el capitalismo liberal y contra el comunismo marxista. A diferencia de la Nueva Derecha Liberal, tan en boga en las redes sociales, Genta no atacaba solamente al comunismo sino también al capitalismo liberal. Y así lo dejó estampado en todos sus libros.
Asimismo, Genta veía en el sistema político vigente –la democracia liberal relativista– un problema de fondo que iba más allá de las caras, de los nombres, de tal o cual acto de corrupción de este o de aquel partido gobernante. Para Genta, la democracia liberal relativista tenía un problema de base: la idea de una soberanía del pueblo, contraria a la soberanía de Dios.
La traducción de este concepto en la práctica es la votación en el Congreso (Senadores y Diputados) de leyes que versan sobre temas de Orden Natural. Por lo tanto, cualquier ley podía aprobarse si tenía mayoría numérica en ambas cámaras, más allá de si el contenido de la misma contrariaba los principios esenciales de la Nación, alguna verdad objetiva o alguna norma moral.
El tiempo le dio la razón ampliamente a Genta puesto que –a lo largo de los años– el Congreso de la Nación Argentina aprobó por mayoría numérica un conjunto de normas contra la vida, la familia y la patria: el aborto legal (2020), la ley de identidad de género (2012), el pseudo matrimonio igualitario (2010), el divorcio (1987) y tantas otras aberraciones que contaron con los votos mayoritarios en ambas cámaras.
En efecto, Genta denunció una lógica política donde lo que importa es cuántos senadores y diputados voten una ley y no el contenido objetivo de la ley. Esta denuncia fue una de las claves de su prédica.
A 50 años de su martirio, recordemos –especialmente hoy– la doctrina de este hombre singular, cuya sangre fue derramada por el terrorismo subversivo en los temibles años 70’ del siglo XX en la Argentina. No dejemos que caiga en el olvido. Y especialmente, tengamos cuidado con los que nos ofrecen un “Genta descafeinado”. Atención especial a quienes hoy divulgan la figura de Genta pero recortando su pensamiento porque han entablado alianzas espurias con los liberales o porque buscan insertarse en la partidocracia liberal, la misma que Genta condenó repetidas veces.
En las filas del catolicismo argentino militante, Genta es una figura de tanto prestigio que pocos se atreven a cuestionarlo. Sin embargo, la forma más sutil de boicotear su legado es mutilar su palabra. Mutilan su palabra cuando esconden las denuncias de Genta tanto contra el capitalismo liberal como contra el sistema democrático liberal. En efecto, así se construye un Genta que no existió para poder justificar sus alianzas en el presente con distintos personajes liberales en la política, en la cultura e incluso en las redes sociales.
El Genta verdadero, el real, el que existió, molesta. Incomoda. Es un estorbo para los que gustan coquetear con los católicos liberales. Sin embargo, como no lo pueden ocultar, hay que suavizarlo. Hay que aguarlo. Hay que rociar con unas gotitas de agua ese vino puro que fue y que es Jordán Bruno Genta. No permitamos que lo desfiguren. No dejemos que caiga en manos de inescrupulosos que lo usan para ganar visualizaciones en las redes sociales pero que después hacen exactamente lo contrario a lo que Genta predicaba. No dejemos que nos sirvan un Genta light. No queremos un Genta con soda. Ser fieles al maestro y a su sangre derramada nos impone la carga de conocerlo, leerlo, estudiarlo y difundir todas las verdades que dijo, sin acomodarlas al presente calamitoso que vivimos en el país. ¿Y para qué? Para procurar, en la medida de nuestras posibilidades, la restauración de un Orden Social Cristiano donde la miseria sea un viejo recuerdo, el bienestar material sea la norma, la virtud sea la regla y la promoción de la gracia nuestro objetivo.
DIARIO LA NACION
Carta lectores – 24 octubre 2024.
¿Denunciar no sirve de nada?
Por José D’Angelo
Hace ya casi cinco años denuncié en un juzgado federal de los tribunales de Comodoro Py que alguien había cobrado –y, por lo tanto, alguien había pagado– una indemnización fraudulenta que, actualizada por inflación, representa más de 100 millones de pesos por el asunto de los muertos y desaparecidos de los años 70.
Adjunté, como se verá, toda la prueba necesaria para avanzar en la represión del delito, y el juez, hasta ahora, no hizo nada.
El caso es sencillo: Atilio Santillán, dirigente sindical azucarero, fue asesinado en la CABA el 22 de marzo de 1976. A los pocos días, en la contratapa de la revista Estrella Roja Nº 74 del autodenominado “Ejército Revolucionario del Pueblo”, esta organización terrorista anunció, con lujo de detalles, que ellos lo habían matado “por traidor”.
Muchos años después, Arnol Kremer, quien desde julio de 1976 ocupó la jefatura de esa organización sediciosa tras la muerte de su anterior jefe, Mario Santucho, en una entrevista, afirmó: “Yo estaba presente cuando Santucho dio la orden de matar a Santillán. Un comando entró en el sindicato y lo bajó”.
Tenemos entonces que Santillán no está comprendido en los supuestos de la “ley reparatoria” Nº 24.411, que ordena indemnizar a los familiares de las “víctimas de la represión ilegal del Estado”, porque, claramente, no lo es.
Pues bien, en marzo de 2007, y por liquidación del Ministerio de Economía Nº 36.744, el gobierno de Néstor Kirchner pagó, y alguien cobró, cien millones de pesos como si a Santillán lo hubieran asesinado agentes estatales. Pero el asunto se agrava al comprobar que Atilio Santillán no figura registrado en la lista oficial que la Secretaría de Derechos Humanos elaboró con la nómina de las “víctimas de la represión ilegal del Estado” en 2006, ni tampoco en su actualización de 2015.
O sea, no lo mató el Estado, no está registrado en ningún lado como “víctima”, pero a alguien le pagaron como si lo hubiera sido. En mi denuncia le pregunto al juez: con este modus operandi, ¿a cuántos Juan Pérez que no conocemos, y a los que no les corresponde, se les pagó una indemnización sin registrarlos en ninguna parte? Han pasado varios años. No parece difícil de resolver el caso. ¿Denunciar no sirve de nada?
Guerra Antisubversiva – Lo que se debía haber hecho y no se hizo (Enrique Díaz Araujo)
Reproducimos a continuación el siguiente texto del Dr. Enrique Díaz Araujo (QEPD):
En varias ocasiones nos hemos referido al testimonio que nos diera el General Juan Antonio Buasso, acerca de la conversación mantenida por él con el entonces Comandante en Jefe del Ejército, General Jorge Rafael Videla. Lo recordamos ahora.
Buasso contaba que en marzo de 1976, estando él y el general Rodolfo Mujica prácticamente en disponibilidad, por su condición de nacionalistas frente al golpe liberal (situación corroborada por Rosendo Fraga, en “Ejército: del escarnio al poder (1973-1976)”, Buenos Aires, Sudamericana/Planeta, 1988), fueron citados, sucesivamente, por su superior. Como ellos ya estaban algo anoticiados de lo que se les iba a proponer, con su argumentación respectiva, acordaron entre sí, a fin de dar respuestas coincidentes. El asunto que Videla comunicó a ambos generales, comenzando por el más antiguo, que era Rodolfo Mujica, su decisión de que se hicieran cargo de la Policía Federal Argentina. Aceptada la resolución por el subordinado, Videla los interrogó (siempre cada uno a su turno) acerca de si sabían cómo debían proceder en los casos más graves de los terroristas que fueran detenidos.Ambos militares nacionalistas respondieron que sí lo sabían; que para eso se había reformado el Código Penal, concordado con el Código de Justicia Militar. De otro modo, que se les instruiría juicio sumario castrense, y dictada la sentencia por el juez militar, en su caso, sentencia de muerte, se procedería a fusilar al convicto.
En ese estado de la cuestión fue cuando Videla les dijo que eso era un dislate.
Que el Dr. Henry Kissinger (puede leer más sobre Kissinger aquí) le había comentado una situación ejemplar con opciones diversas. Por un lado el General Francisco Franco, en España, al querer ejecutar la pena de muerte contra unos etarras condenados por los Tribunales Militares, se había visto enfrentado con la opinión adversa de todo el mundo, incluida la del Papa Paulo VI. En cambio, Idi Amín Dadá, tirano de Uganda, “se pasaba a la cacerola cinco mil tipos cada noche” (según expresión textual), y nadie decía nada. Luego, para Videla era obvio que el segundo camino, el aconsejado por Kissinger a los militares iberoamericanos que debían contener el ataque castrista, era el correcto.
Los generales nacionalistas convocados respondieron (siempre en su turno) que Franco, maguer la oposición internacional, había fusilado a los etarras, documentando el hecho en expedientes. Que acá no habría necesidad de fusilar a demasiados terroristas, por la calidad ejemplarizadora del fusilamiento público (de la que carecían los métodos clandestinos). Máxime, si como ellos lo pedían, el Ejército mostraba a la población que el castigo iba a comenzar por sus propios miembros traidores. Y señalaron el caso del Coronel Perlinger, quien se hallaba detenido en Campo de Mayo por haber intervenido en la fuga de los guerrilleros del aeropuerto de Trelew. El otro sendero, el de las “desapariciones”, concluyeron, era indigno del Ejército; añadiendo Buasso: “Esto lo vamos a pagar muy caro y largamente, mi General”. De resultas de lo cual, cada uno de los generales nacionalistas fue pasado a retiro.
Aún resuenan en mis oídos las nobles palabras de don Ricardo Curuchet en el ágape de desagravio que los amigos le brindaron a don Rodolfo Mujica. Más largo eco ha tenido el debate sobre el alcance de las “desapariciones” que las Fuerzas Armadas practicaron para reprimir a los agresores castristas.
Videla hasta ahora había negado el hecho, había dado explicaciones ambiguas.
Empero, ante la requisitoria periodística de Ceferino Reato, en el libro “Disposición Final. La confesión de Videla sobre los desaparecidos” (Buenos Aires, Sudamericana, 2012), aunque sin mencionar las entrevistas que mentábamos, da una versión bastante coincidente con aquella que dieron en su momento nuestros generales amigos.
Así, ahora leemos estos párrafos en la obra de Reato:
“Videla se hace cargo de «todos esos hechos» y señala que los alentó de manera implícita, tácita.
“Frente a esas situaciones, había dos caminos para sancionar a los responsables (de las desapariciones) o alentar estas situaciones de manera tácita como una orden superior no escrita que creara la certeza en los mandos inferiores de que nadie sufriría ningún reproche. No había, no podía haber una Orden de Operaciones que lo dijera. Hubo una autorización tácita. Yo me hago cargo de todos esos hechos. Y agrega que, en el contexto de aquella época, fue «la mejor solución» que encontraron.
“No había otra solución: estábamos de acuerdo en que era el precio a pagar para ganar la guerra, y necesitábamos que no fuera evidente para que la sociedad no se diera cuenta. Había que eliminar un conjunto grande de personas que no podían ser llevadas a la justicia ni tampoco fusiladas. El dilema era cómo hacerlo para que a la sociedad le pasara desapercibido. La solución fue sutil – la desaparición de personas” (op. cit., págs. 56-57).
Más adelante, Videla aclara un poco el punto. Porque de lo transcrito podría inferirse que él se limitó a tolerar la conducta ilícita de sus subordinados, bien que compartiéndola tácitamente.
En realidad, la cosa fue al revés. Los altos mandos liberales (Viola, Harguindeguy, Massera, “Pajarito” Suárez Mason, Agosti, Villarreal, etc.) fueron los que ordenaron ese tipo de represión, que sus subordinados, por obediencia debida, acataron. Precisamente, en ese otro pasaje del citado libro, el asunto queda más en claro:
“Más allá de cuántos fueron los desaparecidos, Videla afirma que no podía fusilar a «las personas que debían morir para ganar la guerra» por varios motivos. Uno de ellos era que en 1975 el dictador de España, el generalísimo Francisco Franco, había respaldado la decisión de un consejo de guerra que dispuso la ejecución de tres miembros de la ETA, pero no pudo hacerlo por las protestas de gobiernos europeos y latinoamericanos y hasta del papa Paulo VI.
“Pongamos que eran siete mil u ocho mil las personas que debían morir para ganar la guerra; no podíamos fusilarlas. ¿Cómo íbamos fusilar a toda esa gente?… porque iba a llegar un momento en que la gente diría: «¡Basta, esto no es Cuba!»” (op. cit., págs. 43-44).
“Se llegó a la decisión que esa gente desapareciera; cada desaparición puede ser entendida ciertamente como el enmascaramiento, el disimulo, de una muerte” (op. cit., pág. 51).
En suma, lo que confiesa Videla es un “crimen de guerra”; delito penal internacional. Homicidios calificados por premeditación. Asesinatos deliberados y ocultados. Aunque de pésima manera judicial, Videla y sus subordinados están pagando aquella negra decisión, tomada para su mal y el de la FF.AA. argentinas. Ante tantas “desapariciones”, la gente de haberlo sabido, les podría haber dicho: “¡Basta, esto no es Uganda!” Este país africano era el modelo que Videla, en 1976, esgrimió ante los dos firmes generales nacionalistas.
Bien. Aunque el propósito de un trío de lecturas no se concretó, al menos, de las dos leídas sacamos una breve y neta lección, a saber: que tan malas pueden ser las aberraciones liberales como las esclavitudes marxistas. Y que muchas veces, ambas ilicitudes se conectan entre sí y se retroalimentan. Una vez más: ¡tomemos debida nota de esta moraleja política y paradoja ideológica!
¿Quién fue Henry Kissinger? ¿Cuál es la importancia de su figura política?
Kissinger fue un enemigo del Orden Social Cristiano, una pieza clave dentro de la Revolución Mundial que -como bien han enseñado nuestros maestros- busca boicotear una civilización cuya centralidad se encuentra en Dios, sustituyéndola por otra civilización que tenga por centro al Hombre. Este Hombre ya no es la creatura salida de las manos de la Trinidad, ya no es el hombre como Imago Dei y Similitudo Dei. Es el ser humano como principio, fin y fundamento de la sociedad política, como absoluto, negada su condición de creatura, capaz de hacer y deshacerse a sí mismo. Es el Humanismo Antropocentrista con todas sus nefastas consecuencias.
Kissinger promovió esto activamente, tanto desde importantes posiciones en la política de los Estados Unidos como por fuera de los cargos públicos. Fue secretario de Estado durante tres presidencias: la primera de Nixon (1969-1973), la segunda de Nixon (1973-1974, que concluyó abruptamente por dimisión) y la tercera de Gerald Ford (1974-1977). Además, Kissinger se desempeñó como Consejero de Seguridad Nacional durante la administración Nixon. El famoso Informe Kissinger, del que hablaremos enseguida, data de estos años. Su figura y su trabajo no sólo están conectados con la política interna estadounidense sino con la política de muchos otros países. Entre ellos, la Argentina.
Kissinger se convirtió en el principal asesor en política exterior de Nixon y fue muy influyente durante la presidencia de Gerald Ford, ¿qué podemos decir al respecto de este diplomático?
Para empezar, diría que fue mucho más que un diplomático. Fue un estratega, un cerebro, un ideólogo pero no un dogmático. Poseía una mente oscura capaz de delinear las balas trazadoras que signan los perfiles de la acción política. Mientras una segunda línea ejecuta, él maquinaba. Su rol decisivo también explica que Kissinger permaneciera en su cargo a pesar de que tomara forma pública el escándalo “Watergate”.
Este asunto se destapa cuando el FBI conecta dinero negro –utilizado para la campaña de reelección de Nixon– con cinco detenidos que habían ingresado furtivamente en la sede del Partido Demócrata. La administración Nixon intenta encubrirlos, el Congreso inicia una averiguación pero el gobierno se niega a cooperar. A medida que avanzan las investigaciones federales, se descubre que la pandilla de Nixon acosaba a opositores políticos, funcionarios considerados sospechosos y activistas, valiéndose de la policía, el FBI y la CIA. El Senado llega a la conclusión de que el propio Nixon guardaba en sus oficinas un sistema de cintas de grabación, y el Presidente debe entregarlas bajo coacción de la Corte Suprema de EE.UU. La prensa agitó el tema como nunca y una fuente anónima –denominada Garganta Profunda– terminó por confirmar los hechos. El proceso de destitución era inminente y entonces Nixon renuncia en agosto de 1974.
A pesar del ambiente sumamente caldeado, la posterior limpieza de funcionarios no alcanzó a Kissinger. Si bien deja su cargo en 1977, cuando asume Jimmy Carter como nuevo presidente, su influencia continuó durante mucho tiempo.
Siendo integrante del Partido Republicano, Kissinger llegó a ser una de las principales figuras de la política de EE.UU., ¿qué nos puedes decir del Informe Kissinger?
Así es, era parte de la derecha estadounidense. El caso Kissinger ilustra perfectamente que se puede ser muy anticomunista y comportarse como un hijo del demonio. En efecto, él velaba “por los intereses de Estados Unidos” a costa de las demás naciones. Así lo grafica el famoso Informe Kissinger, donde –con pelos y señales– despliega un conjunto de estrategias destinadas a provocar la caída de la población en países en vías de desarrollo. Leamos este párrafo del Informe:
«La economía de los EE.UU. requerirá grandes y crecientes cantidades de minerales del extranjero, especialmente de los PMD[1]s. Este hecho hace que los EE.UU. tenga un gran interés en la estabilidad política, social y económica de los países suministrantes. Donde quiera que una disminución de las presiones demográficas, por medio de una disminución en los índices de la natalidad, pueda aumentar las posibilidades de dicha estabilidad, la política demográfica se hace relevante para los suministros de recursos y para los intereses económicos de los EE.UU.»
El propio Kissinger reconocerá que, en cierta medida Estados Unidos (a pesar de ser un país totalmente industrializado) depende de aquellas naciones cuyo grado de industrialización y desarrollo económico son menores pero cuya posesión de recursos es mayor. EE.UU. necesita que aquellos países le vendan mercadería, materia prima. Leemos:
«La ubicación de conocidas reservas de metales de más alto grado de la mayoría de los minerales favorece la creciente dependencia de todas las regiones industrializadas en las importaciones de los países menos desarrollados (PMD)”.
Traducción: los recursos naturales son limitados y EE.UU. necesita que las naciones que los poseen se los puedan vender a ellos. Si, en cambio, las naciones consumen esos recursos o logran mayores grados de industrialización, Kissinger estima que no quedarán suficientes para Estados Unidos. Luego, hay que hacer disminuir la población de esos países para que no se los acaben.
En definitiva, en la mente de Kissinger, Estados Unidos se cree con DERECHO a esos recursos. ¡Un derecho por encima de los pueblos que naturalmente los recibieron! Es como si dijera: el mundo me pertenece, es mío, y voy a hacer lo que sea para quedarme con esos recursos.
Estos párrafos del InformeK. recogen varios conceptos. Como vimos, en uno de ellos, se afirma el interés de EE.UU. en que los países que suministran esos recursos tengan situaciones estables (“Este hecho hace que los EE.UU. tenga un gran interés en la estabilidad política, social y económica de los países suministrantes”). Notemos que las naciones son vistas desde un enfoque meramente utilitarista: reservorio de materia prima. No son, como diríamos nosotros, comunidades unidas por una tradición, historia, lengua, cultura, religión y geografía. Son meros canteros de cosas útiles para aprovechar de ellos.
Luego Kissinger ata dos cosas: el índice de natalidad y las presiones demográficas. Si baja la natalidad, baja la “presión demográfica” y entonces se consigue la tan deseada “estabilidad” política, social y económica.
La estrategia se cierra aquí: para “proteger los intereses de Estados Unidos”, haremos caer la natalidad en los países “suministrantes”. Y lo hicieron.
Según el propio informe de Kissinger, ¿de qué manera se procura el descenso de la natalidad en las naciones?
El informe describe multiplicidad de tácticas. La primera de ellas consiste en motivar a las sociedades a que tengan familias de menos integrantes. Según esta mente malévola, los programas generales de cooperación -que lleva adelante Estados Unidos- deben establecer prioridades. En sus propias y elocuentes palabras:
«Se le debe dar prioridad, en el programa general de ayuda, a ciertas políticas de desarrollo de aquellos sectores que ofrecen la mayor esperanza de una creciente motivación en tener familias más pequeñas».
Incluso Kissinger se hace la pregunta, como quien piensa en voz alta, de si la estrategia de recortar los alimentos es viable. Leemos en el Informe Kissinger:
«¿Podrían considerarse los alimentos un instrumento de poder nacional? ¿Nos veremos forzados a elegir a quién razonablemente podemos ayudar, y en tal caso, deben ser los esfuerzos demográficos un criterio para dicha ayuda? ¿Están los EE.UU. preparados para aceptar el racionamiento de los alimentos para poder ayudar a los pueblos que no pueden o no quieren controlar el crecimiento de su población?».
Traducción: no descartamos reducir los alimentos en los PMD. Forzarlos a comer menos desalienta nuevos nacimientos y es un método que EE.UU. podría aplicar en aquellas sociedades que no sean capaces o se nieguen a bajar su población.
Motivar a la mujer a trabajar fuera de la casa es otra herramienta. Está comprobado que esta circunstancia no favorece que tenga muchos hijos:
«La condición y la utilización de las mujeres en las sociedades de los países subdesarrollados son de extrema importancia en la reducción del tamaño de la familia. Para las mujeres, el empleo fuera del hogar ofrece una alternativa para el matrimonio y embarazo precoz, e incentiva a la mujer a tener menos hijos después del matrimonio… Las investigaciones muestran que la reducción de la fertilidad está relacionada con el trabajo de la mujer fuera del hogar…».
Notemos lo escrito por el infame. Kissinger ha dicho “utilización” de las mujeres. Las usan. Son cosas. Traduzcamos de nuevo al castizo: diseñemos sociedades donde vivir con el único sueldo de papá sea imposible. Y entonces, que mamá tenga que salir a trabajar -para traer el pan a la mesa, lógicamente- y así continuar sembrando obstáculos para que sea IMPOSIBLE tener muchos hijos.
Tampoco se descartan medios de persuasión educativos:
«La gran necesidad es convencer al grueso de la población que es para su beneficio individual y nacional tener, en media, sólo tres o incluso sólo dos hijos».
Notemos que aquí se confiesa descaradamente que se necesita meter en la cabeza de la sociedad la falsa idea de que, al fin y al cabo, esta reducción de la familia es ¡en beneficio de esa sociedad! En otras palabras, hay que presentar una política útil a los intereses de Estados Unidos como si en realidad fuera buena para el hombre de a pie. Esta idea de trabajar en convencer se repite en otras partes del documento. Leemos:
«Es muy necesario convencer a las grandes masas de que es de su interés individual y nacional el tener, como promedio, solamente tres y quizás sólo dos hijos… el foco obvio y creciente de la atención debe ser cambiar las actitudes de la próxima generación».
Por supuesto que, en este sentido, los programas de Educación Sexual tienen mucho que decir. Pero también todo tipo de series, entretenimientos, músicos, artistas o personas conocidas que presenten a los hijos como una carga insoportable, que se burlen del matrimonio, etc.
Pongamos foco en las escuelas y colegios. Leemos en el Informe:
«[Debemos tener] niveles mínimos de educación, especialmente para las mujeres, así como la educación y el adoctrinamiento de la actual generación de niños, con respecto a la conveniencia de que las familias sean más pequeñas».
No hay medio que no se haya probado para afectar países cuya población debe ser inmolada en aras del bienestar de EE.UU. La consigna es clara: no podemos permitir que estas naciones agoten los recursos naturales que necesitamos. Kissinger nos habla aquí de la vasectomía:
«En la India [se llevaron a cabo] algunos experimentos controversiales pero extraordinariamente exitosos, en los cuales los incentivos económicos, junto con otros mecanismos de motivación, se utilizaron para lograr que un gran número de hombres aceptaran las vasectomías».
Como se ve, toda esta estrategia está pensada al detalle.
No sólo se trata de interferir a través de la mente y la educación sino también a través de la POLÍTICA. ¿Qué nos puedes decir de eso? Imagino que Kissinger no dejó afuera de su estrategia a la política propiamente dicha.
Por supuesto. También va a intervenir Kissinger en la legislación, y valiéndose del enorme poder estadounidense. Seguramente no es casualidad el auge de leyes abortistas a partir de los años 70’ del siglo XX. En el Informe, leemos:
«Ciertos hechos sobre el aborto precisan ser entendidos: ningún país ha reducido el crecimiento de su población sin recurrir al aborto» (“No country has reduced its population growth without resorting to abortion”).
Hay otra forma de leer el documento. Si quieres, una forma “psicológica”. En cierto sentido, todo el Informe Kissinger parece estar atravesado por el temor a que los PMD se desarrollen. Es constante la preocupación acerca de naciones que pueden llegar a incrementar su población, desarrollar nuevas tecnologías, añadir valor agregado a sus productos, volverse económicamente más soberanas y competir en algún momento con Estados Unidos. Por lo tanto, pisarles la cabeza se convierte en imperativo no negociable. Creo que algo de esto puede verse sobre todo en este párrafo:
«Es vital que el esfuerzo por desarrollar y fortalecer el compromiso por parte de los líderes de los PMDs no sea visto por ellos como una política de un país industrializado para mantener reducido su vigor o para preservar recursos que serán usados por los países ‘ricos’».
En varios pasajes del Informe, Kissinger piensa en varias jugadas adelante. Por eso escribió:
«Los EE.UU. pueden ayudar a minimizar las acusaciones de tener un movimiento imperialista detrás de su apoyo a favor de las actividades demográficas, afirmando repetidamente que dicho apoyo se deriva de una preocupación por: (a) el derecho del individuo a determinar libre y responsablemente el número y el espaciamiento de sus hijos… y (b) el desarrollo fundamental, social y económico, de los países pobres».
Es decir, estamos ante una maniobra gigantesca de engaño que -so pretexto de buscar un bien para las sociedades- procura en realidad eliminar al ser humano. Por la manera que sea. Se desalientan los nacimientos, se impiden las concepciones, se produce la muerte por hambre de la gente o directamente se promueven leyes que destruyen personas humanas en estado fetal. Se legaliza el aborto, la anticoncepción, la Educación Sexual Integral, el matrimonio igualitario y nosotros –como cándidas ovejas– creemos que estamos ante una cuestión ideológica. No es solamente ideológica. Es una cuestión de poder que se recubre de ideología. A Kissinger no le interesa tu supuesta libertad sexual, tus supuestos derechos sexuales, la libertad de tu cuerpo, las comunidades gays “reprimidas” y toda esa cantinela. ¡Le interesa que no dejes descendencia! Esto hay que entenderlo.
Al comienzo de esta entrevista dijiste que Kissinger intervino específicamente en la política argentina. Te pido que nos desarrolles.
Con gusto. En los años 70’, la sociedad argentina fue objeto de varios tipos de agresiones. Los dos grandes bloques, el comunista y el capitalista, nos atacaron, cada uno a su modo. Por un lado, el terrorismo físico, tangible, representado por las bandas de homicidas marxistas. Por otro lado, el terrorismo económico representado por el avance de corporaciones transnacionales sin escrúpulos, constituyendo un verdadero abuso del capital. En el medio, los argentinos honestos, que sufrieron tales ataques, tironeados por ambas fuerzas que parecían luchar entre sí pero que –al ir tirando de la cuerda– eran manejadas por las mismas manos.
En 1975, el gobierno argentino designa a las Fuerzas Armadas al frente de una operación militar para acabar con el terrorismo. Los atentados y crímenes eran moneda corriente, el desorden político era enorme y la inflación galopaba, acicateada por el famoso “Rodrigazo”. A finales de 1975 y comienzos de 1976, la sociedad –empezando por la clase partidocrática– pedían a gritos que los militares derrocaran al gobierno, asumieran la conducción política y exterminaran a los guerrilleros que todos los santos días hacían explotar una bomba, secuestraban y pedían rescate, asesinaban policías y militares, etc.
En el seno de las FF.AA. se distinguían dos líneas: la católica nacionalista y la liberal. Los nacionalistas impulsaban la idea de que los asesinos debían ser juzgados en un juicio rápido, dadas las circunstancias (“juicio sumario”) y, si correspondía, ser fusilados públicamente. La línea liberal, en cambio, sostenía que las FF.AA. no podían como Estado hacerse cargo de ejecuciones públicas porque –de hacerlo– encontrarían gran oposición en los medios de comunicación, los organismos de DDHH y hasta la misma Iglesia, lo que pondría en riesgo la gobernabilidad y por ende la victoria contra el terrorismo.
Por lo demás, el asesinato en manos de los terroristas –en 1974– de uno de los jueces que mandó a la cárcel a los guerrilleros no constituía un antecedente alentador. Prácticamente no había magistrados dispuestos a condenar a estos homicidas.
Lamentablemente, el gobierno militar –surgido a partir del 24 de marzo de 1976– suscribió la posición liberal. Se llevó adelante una guerra mixta contra el terrorismo, que conjugó acciones perfectamente nítidas con métodos clandestinos e irregulares, produciendo cerca de 7000 desaparecidos en la Argentina, cuya enorme mayoría eran integrantes de organizaciones terroristas. Pues bien, el gobierno militar hizo todo esto siguiendo las instrucciones de Henry Kissinger, quien recomendó destruir la guerrilla con métodos experimentados en otros países. Además, el Ministro de Economía de los militares liberales llevó adelante medidas en detrimento de la industria nacional y otras políticas lesivas de la soberanía argentina.
En conclusión: nuestra Guerra Justa contra el terrorismo apátrida fue oscurecida por el uso de métodos irregulares, siempre condenables moralmente, y Kissinger fue uno de los que empujó a los militares argentinos a esta decisión.
Tengo entendido que Kissinger integró la “Trilateral Commission” o Comisión Trilateral. ¿Qué es eso? ¿Por qué es importante conocerlo?
Sí, Kissinger integró la famosa Trilateral Commission.
Los personajes más influyentes del mundo se juntaron en una organización y la denominaron “Comisión Trilateral”, creándola en 1973. Parece que fue iniciativa nada menos que de David Rockefeller, el Grupo Bilderberg y el Council on Foreign Relations (CFR). Asisten ex presidentes, políticos en actividad, mega empresarios, politólogos, docentes de importantes universidades y otras personas influyentes de los cinco continentes. Como siempre, los nombres son engañosos dado que este grupo se autodenomina “International Commission of Peace and Prosperity” (“Comisión Internacional para la Paz y la Prosperidad”). Se reunieron por primera vez en Japón, en el mes de octubre de 1973.
Ya en 1980 hubo denuncias. La Revista Cabildo, de orientación nacionalista católica –en aquel momento, la revista específicamente política de mayor tiraje y mayor cantidad de lectores– supo decir que los integrantes de esta comisión “persiguen la conquista de los indefensos y expuestos mercados mundiales (…) lo que a la postre se traduce en la frígida, simple y llama búsqueda de ganancias enormes para el orden privado y extraestatal que representan”. En efecto, “las sigilosas e inculpadas multinacionales, al servicio de quienes gozan de la mayor capacidad consumista en prioridad despiadada, conforman una red cada vez más extensa y cerrada que abraza al planeta todo con presión incontenible”. Por eso, “la Comisión Trilateral no es nada menos, pero en todo caso nada más, que una simple conformación estructural al servicio de una élite…”. Dato más que relevante: esta comisión “está financiada en primera línea por las fundaciones que no pagan impuestos como: la Ford Foundation, Lilly Endowment, Rockefeller Brothers Fund y la Kattering Foundation”.
Además, Cabildo nos cuenta que el director de esta comisión fue nada menos que el polaco Zbigniew Brzezinski, asesor del presidente Carter.
No esconden sus metas. En efecto, “sus objetivos son (…) la realización del ‘nuevo orden mundial’ dentro de una sociedad planificada, subdividida en grandes federaciones regionales, dirigidas centralmente a través de multinacionales y corporaciones científicas. Según Brzezinski: ‘Debemos sustituir el sistema internacional por un sistema global… Será un mundo en el que los ámbitos de supremacía nacional desaparezcan’” [2].
Esto muestra la íntima unidad entre los temibles supercapitalistas y el globalismo. Ahora bien, personalmente me llama la atención la abundancia en las redes sociales de supuestos “luchadores antiprogresistas” que despotrican contra el globalismo mientras apoyan a influencers abiertamente procapitalistas, apoyan el liberalismo, el capitalismo o incluso posturas libertarias.
La verdad, al enemigo le conviene que estos influencers desvíen la atención del público. Le muestran a la gente una parte de la verdad (el antiprogresismo) pero le mutilan otra porción, que es decisiva. ¿Casualidad? ¿Disidencia Controlada? Sabe Dios. Habría que investigarlo, buscar pruebas. Pero lo cierto es que esta Comisión ve en los países con recursos naturales –como la Argentina– una mera oportunidad para extraer ganancias.
En otras palabras, ya sea por el motivo de “proteger los intereses de EE.UU.”, sea para crear un mundo global, Kissinger se anotó en todas las instancias que impulsaban el Nuevo Orden Mundial. Y temía la reacción. Por eso escribió en su Informe:
«Existe también el peligro de que algunos líderes de los PMDs vean las presiones de los países desarrollados a favor de la planificación familiar como una forma de imperialismo económico y racial; esto podría crear un retroceso bastante serio».
A Kissinger le preocupa particularmente que alguien lleve el debate hacia estos dos hechos:
«debemos reconocer que aquellos que argumentan en conformidad con sus posturas ideológicas han hecho mucho ruido con el hecho de que la contribución de los EE.UU. a los programas para el desarrollo y a los programas de salud ha disminuido ininterrumpidamente, mientras que sus fondos para los programas de población han aumentado a un ritmo constante”.
Por tanto, la credibilidad de EE.UU. quedaría seriamente afectada si enfocásemos en estos dos datos objetivos:
1) EE.UU. invierte cada vez menos en los programas para el desarrollo y la salud;
2) EE.UU. invierte cada vez más en programas para hacer caer la población.
Y Kissinger lo sabía y, como buen coach, se anticipa al movimiento del adversario. En definitiva, es difícil no ver aquí una mano negra al leer esto:
“En estas relaciones sensibles, sin embargo, es importante tanto en estilo como en sustancia evitar el aspecto de coacción”.
¿Qué es lo último que nos puedes decir de Kissinger? ¿Cómo lo definirías?
Parece acertado sostener que Kissinger no fue un ideólogo sino más bien un pragmático con ideología. Formados en filosofía, ciencias políticas y humanidades, tendemos a pensar que el resto del mundo lleva las ideas a la práctica de la misma forma categórica en que esas ideas cabalgan en el plano abstracto. Pero esto no es así, y el caso de Kissinger lo ilustra claramente. ¿Cómo entender si no su apoyo a la China Comunista? Como autoridad política, favoreció vínculos con los chinos en detrimento de los soviéticos. Y usted me dirá: “¿Cómo es posible si ambas potencias eran comunistas y él era republicano?”. Sí. Pero Kissinger no tenía doctrina, tenía intereses. En ese momento, él necesitaba crear una división entre estas potencias y se acercó a una para marginar a la otra.
En su último libro, “El Orden Mundial”, Kissinger se refiere al caso del Cardenal Richelieu, a quien destaca como figura maquiavélica. En efecto, si como católico y eclesiástico, este cardenal debía apoyar a las naciones católicas en Europa, sin embargo –invocando “razones de estado”– Richelieu respaldó a los protestantes. El habilísimo prelado, nos cuenta Kissinger, consideraba que si las potencias católicas lograban unificarse y triunfar, pondrían sus propios intereses por encima de Francia. Y por eso él, siendo católico, colaboró y apoyó a los herejes. Kissinger reproduce las palabras del lord Palmerston, estadista británico del siglo XIX: “No tenemos aliados eternos, pero tampoco enemigos perpetuos. Sólo nuestros intereses son eternos y perpetuos, y es nuestro deber ser fieles a esos intereses”.
No nos equivoquemos: Kissinger no se entiende desde los apuntes de filosofía política. No podemos hacer un análisis esencialista de este hombre. Como él mismo lo dice, “la realidad inalienable” es que “los elementos de poder –aún cuando sean objetivos– están en cambio constante”. Por lo tanto, lo que pudo ser útil en un momento, tranquilamente puede no serlo en otro.
Nosotros, formados en la cosmovisión occidental y cristiana, no sólo tenemos sanos escrúpulos respecto de esta lógica carnívora. También nos cuesta, quizás por una limitación de nuestra propia formación, comprenderla. Los agentes del comunismo respondían (¿o responden?) a la misma mentalidad. Por eso supo decir Bertolt Brecht: “El que combate por el comunismo debe saber combatir y no combatir; decir la verdad y no decirla; hacer un favor y no hacerlo; mantener una promesa y no mantenerla; exponerse al peligro y evitarlo; hacerse reconocer y esconderse. El que combate por el comunismo, de todas las virtudes no posee sino una: la de combatir por el comunismo”. Kissinger era igual. Primero el poder. Primero la fuerza. Luego, acomodamos el discurso para que el discurso termine justificando lo que estoy por hacer… o lo que ya hice.
Kissinger relata una anécdota personal al comienzo del libro. En 1961, al visitar al ex presidente Harry Salomón Truman en la ciudad de Kansas City, le preguntó por aquello que más orgullo le producía de su mandato. Respuesta literal:
“Que derrotamos por completo a nuestros enemigos y luego los trajimos de vuelta a la comunidad de las naciones”.
Es difícil siquiera pensar una frase menos cínica. Truman ordenó abrir fuego a civiles alemanes y japoneses. Las ciudades de Dresden y Hamburgo fueron destruidas en el marco de una acciones militares que –y fíjate la arrogancia– se llamaron Operación Gomorra, porque arrojaron fuego del cielo en alusión a Génesis 19. Truman dio la orden para las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. Cientos de miles de víctimas masacradas por este demonio.
Además, la administración Truman dejó manos libres a las tropas soviéticas para que entraran en Alemania y violaran sistemáticamente a miles de mujeres y hasta niñas[3]. Tropas estadounidenses invadieron Italia y violaron a miles de italianas. Truman consintió el avance de los comunistas que ocuparon la mitad de Polonia, la mitad de Alemania, buena parte de Europa, China; dejaron que la URSS se consolide cuando tenían el poder para limitarla o incluso exterminarla de la faz de la tierra. ¿Y luego este mismo Truman nos habla de la comunidad de las naciones? Kissinger fue capaz de escribir esto sin sonrojarse y buena parte de su libro detalla la importancia del Tratado de Westfalia para lograr la paz en Europa. ¿Paz? Calificar a este escenario de “disonancia cognitiva” sería casi hacerle un favor a los protagonistas.
Tenemos que aborrecer el mal, la falsedad y la mentira con todas nuestras fuerzas. Este hombre acaba de morir y Dios ya lo ha juzgado. Pero su obra sigue viva, el Nuevo Orden Mundial por el que trabajó incansablemente está en nuestras narices. ¡Qué buen vasallo si hubiese tenido un buen señor! Hubiera sido magnífico que un hombre tan brillante como Kissinger estuviese de nuestro lado. Lo único que podemos hacer es comprometernos a trabajar tanto como él, pero en reconstruir el Orden Social Cristiano. Su ejemplo debe inspirarnos y hacernos decir: si los malos trabajan de sol a sol, ¿puedo yo como cristiano estar inactivo? Esto es lo que puedo decirte, estimado amigo. Muchas gracias.
[2]Revista Cabildo, Edición Especial, Cuaderno N° 1: “La Comisión Trilateral y el Poder Internacional del Dinero”, diciembre 1980. Extraído de https://revistacabildodigital.wordpress.com/revista-cabildo-segunda-epoca/
Prontuario de una enemiga de Cristo y de la Patria
Por Juan Carlos Monedero (h)
Murió Hebe de Bonafini el pasado 20 de noviembre de 2022, fecha en que los católicos celebramos la Soberanía de Cristo Rey del Universo según el presente calendario litúrgico.
La propaganda estatal de la República Argentina, junto con las cancerosas usinas derechohumanistas de todo Occidente y hasta el propio Vaticano, siguen propagando una imagen absolutamente distorsionada de esta mujer. El resultado es el engaño tanto de argentinos como de extranjeros que no tienen por qué conocerla. Atento a eso, y para contrarrestar tanta manipulación, ayúdenos a difundir este modesto artículo escrito por un argentino sobre una argentina.
Presentemos aquí una síntesis no exhaustiva de Hebe de Bonafini:
Sin respeto por nadie, ni siquiera por los niños
Respecto a los Veteranos de Guerra de Malvinas que combatieron contra Inglaterra en 1982, Bonafini sostuvo: “no tendría que haber vuelto ninguno”[1].
En el 2019, cuando el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires evaluaba la posibilidad de utilizar pistolas Taser para enfrentar la delincuencia, Bonafini sostuvo públicamente con la impunidad desde la que hablaba: “Ustedes vieron esta cosa de las pistolas que van a usar, que no matan. Yo, como no matan, quiero que las prueben con la hija de Macri, los hijos de la Vidal y los hijos, nietos y parientes de la Bullrich.Que los pongan ahí y que les tiren, a ver si no matan. Es la única manera que les voy a creer”[2]. La hija de Macri teníaen ese momento 8 años.
Mentirosa consuetudinaria
Como pieza del comunismo internacional, Bonafini llevó adelante la estrategia de enlodar al gobierno militar argentino que derrotó al terrorismo marxista, difundiendo durante años –y en todo el globo– la mentira de los 30 mil desaparecidos, bajo la máscara preferida de las izquierdas: los derechos humanos.
La falsedad de esta cifra es ampliamente conocida. Como hemos desarrollado en otra ocasión[3], hasta un periodista argentino como Jorge Lanata –de relevancia internacional y con abultada cobertura en los medios afines al Nuevo Orden Mundial– ha admitido: “A ver, yo he dicho toda la vida que hubo acá treinta mil desaparecidos sabiendo que no hubo treinta mil. ¿Por qué? Porque era una consigna. Y como consigna soy libre de decir lo que tenga ganas”[4]. No es menor este reconocimiento, puesto que Lanata militó muchos años junto a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, tal como él mismo lo ha relatado.
También Graciela Fernández Meijide –madre de un hijo desaparecido– sostuvo en uno de sus libros que, en rigor de verdad, no hubo tal cantidad de desaparecidos. Así se puede leer en una de sus entrevistas, donde se reproduce esta frase suya: “el número de 30.000 desaparecidos fue una convención utilizada para comunicar y movilizar a la opinión pública internacional sobre la tragedia que se vivía en Argentina”[5].
Apologista del terrorismo
Mientras las FFAA de la Nación Argentina luchaban contra la subversión, la izquierda internacional relanzó una nueva propaganda de guerra psicológica. En 1977, Bonafini se presentó en sociedad aduciendo ser madre de dos hijos desaparecidos y desplegó una campaña en pro de “los derechos humanos” de quienes –real o presuntamente– habían sufrido el mismo destino en manos del Estado. La idea era conmover a la opinión pública pero sin reivindicar, todavía, la ideología de los guerrilleros que asolaron la Argentina en aquellos años.
Sin embargo, a medida que fue ganando espacio e influencias, Bonafini comenzó a animarse más, y gradualmente empezó a mostrar su simpatía por organizaciones que emplean el terror como método. En 1994, Hebe todavía estaba templada[6] y podía escuchar en silencio una descripción del conflicto armado entre guerrilleros y FFAA que era contraria a su militancia política. Pero años después, se descontroló completamente ante una mayoría de medios de comunicación que callaban ante sus exabruptos o los calificaban de manera muy benévola. Fue mostrando sus fauces poco a poco.
Así, durante el gobierno del extinto Presidente Néstor Kirchner (2003-2007), Bonafini ya estaba desatada y no trepidó en avalar el terrorismo: “Qué pena que no estén los FAL: las armas con las que nuestros hijos quisieron hacer la Revolución. Si el museo no va a mostrar cómo fue esa organización revolucionaria, las luchas que se libraron, los hechos que se realizaron, no sirve”[7].
Esos “hijos” de Bonafini a los que ella glorificó abiertamente son los grupos que, en el país, asesinaron durante la década del 70’ a unos 1094 argentinos[8], secuestraron a 756 personas, hirieron a 2368 y detonaron 4380 bombas.
Bonafini festejó en 2001 la caída de la Torres Gemelas en Nueva York, aquel fatídico 11 de septiembre: “Por primera vez le pasaron la boleta a Estados Unidos. Yo estaba con mi hija en Cuba y me alegré mucho cuando escuché la noticia. No voy a ser hipócrita con este tema: no me dolió para nada el atentado”.
También realizaba declaraciones sobre los grupos terroristas en otros países: “Estamos con los compañeros de las FARC, estamos con Chávez, estamos con nuestro presidente Néstor”[9].
Sobre los terroristas etarras, condenados en España, parece que Bonafini llegó a afirmar: “Son para el mundo un ejemplo de dignidad y de resistencia”. El precitado Lanata comentó –luego de su fallecimiento– que ella aplaudía a estos terroristas de la ETA, los mismos “que ponían bombas en supermercados”[10]. El apoyo de Bonafini a los etarras estaría prácticamente confirmado si tenemos en cuenta que la Universidad de Madres de Plaza de Mayo –a cargo de esta mujer– invitó como docente a Walter Wendelin[11], quien –conocido como “el apóstol del separatismo”– es considerado un integrante de Askapena, una banda afiliada al grupo terrorista ETA. Más sobre Wendelin, aquí[12].
Promotora de figuras y tiranías comunistas
A través de numerosas acciones públicas, Bonafini siempre apoyó la tiranía de Fidel Castro. Algunas de sus frases: “Mis hijos me hablaron mucho de Fidel. Pienso que ellos también soñaron alguna vez con verlo frente a frente y abrazarlo”. Como hemos visto, también ha apoyado el gobierno de Nicolás Maduro: “Podrán destruir todo lo que quieran pero nunca podrán con un pueblo que supo conocer a Hugo Chávez, que sabe de dónde viene y dónde está”[13]. Más aún: Maduro envió sus condolencias por su muerte[14]. En otra ocasión, también expresó su admiración por Hugo Chávez[15], Evo Morales[16] y por el asesino Ernesto “Che” Guevara[17], a quien le dedicó una plegaria blasfema, parodiando el Padre Nuestro, al cumplirse 30 años de su muerte, en 1997:
“Padre Nuestro que estás en el tiempo, sangre que corre por los ríos de América, guerrillero intacto que invoca los Andes, sueños y esperanzas que inunda el corazón de los indios y corre por sus venas. Santificado sea tu nombre que comparte su luz con el sol y esparce su oscuridad de infierno sobre la serpiente del siglo XX (…) Cárganos pues en tus brazos, querido Che, esos brazos de acero y haz que venga a nos tu reino…”.
Aliada de gobiernos corruptos y anticristianos
Desde el minuto cero, Bonafini sostuvo al gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007) y de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015). Se trata de la misma conducción política que saqueó el país durante esos años, generó una estructura populista y promovió especialmente el aborto, la ideología de género, el feminismo, así como también la violación de las garantías procesales para los militares que derrotaron en el terreno de las armas a la subversión marxista en los años 70’[18]. Además, este gobierno legalizó el pseudo matrimonio igualitario en el 2010.
La relación de esta mujer con el poder político de la Argentina, en aquella época, era muy estrecha. Néstor Kirchner la recibió en Casa Rosada a los pocos días de asumir la Presidencia y se mostraron juntos en innumerables actos y declaraciones públicas. Además, la organización Madres de Plaza de Mayo –con Bonafini a la cabeza– recibió más dinero por parte del gobierno en estos períodos. Así, llegaron a obtener una radio, un diario y una universidad. Sobre Kirchner, Bonafini sostuvo que “nos devolvió la Patria”[19].
Hace pocos meses, en torno a los procesos judiciales que tienen por imputada a Cristina Kirchner, esta mujer afirmó: “No podemos permitir que Cristina sea condenada ni llevada presa, hay que hacer una pueblada (…) Hay que defenderla con todo”[20]. El comunicado de su grupo va en la misma línea[21].
Sacrílega
En una manifestación en la que participó en 2008, Bonafini tomó por asalto la Catedral de la Ciudad y, posteriormente, reconoció ante los medios que con toda impunidad los integrantes de su grupo de delincuentes improvisaron un baño detrás del altar[22].
Propulsora del odio anticristiano
En los últimos días de Juan Pablo II, 2005, y conociéndose por las noticias el estado de salud del pontífice, vomitó su odio: “Nosotras deseamos que se queme vivo en el infierno. Es un cerdo. Aunque un sacerdote me dijo que el cerdo se come, y este Papa es incomible”.
Conclusiones
La Argentina contabiliza –con Bonafini– tres personas muy significativas que han muerto la misma fecha de Cristo Rey. Las otras dos son diametralmente opuestas. Son argentinos y se llamaban Jordán Bruno Genta y Carlos Alberto Sacheri.
Genta y Sacheri fueron asesinados por el terrorismo marxista –el mismo que Hebe aplaudía y alentaba– en la Fiesta de Cristo Rey, ultimados ambos en 1974, según el antiguo y el presente calendario litúrgico.
La historia tiene sus paradojas y símbolos: este pasado 20 de noviembre, Nuestro Señor Dios se llevó el alma de esta despreciable mujer. Ojalá se haya arrepentido de sus innumerables pecados. Como dejó escrito un sacerdote, sin lugar a dudas, ahora Hebe de Bonafini está glorificando aCristo: “quedará eternamente sometida: sea haciendo brillar su misericordia, sea haciendo brillar su justicia”. A nosotros nos queda el camino de seguir peleando por decir la verdad, oportuna e inoportunamente.
[10] Cfr. https://bit.ly/3V4s85x. La investigación realizada a través de las redes no deja claro si las frases en cuestión fueron pronunciadas, y existe una declaración atribuida a Bonafini y reproducida por Página/12 (diario izquierdista) donde ella niega haber apoyado a la ETA. Cfr. https://www.pagina12.com.ar/2000/00-10/00-10-28/pag13b.htm. Sin embargo, puesto que el resto de los actores políticos reaccionó a esas versiones dándolas por válidas, las hemos incluido en el artículo. Por ejemplo, https://bit.ly/3TWncyh
[18] Para quien desee profundizar en torno a la historia argentina de los años 70’, remito a este artículo: “Sobre el 24 de marzo de 1976: ¿qué es lo más verdadero y menos sesgado que podemos decir?”. Cfr. en https://bit.ly/3XupBTS
A propósito del proyecto en la ciudad de La Plata “contra el negacionismo del terrorismo de Estado”
– Por Juan Carlos Monedero (h)
Está todavía fresca la noticia de que el Frente de Todos ha presentado en el Concejo Deliberante de ciudad de La Plata un proyecto de ordenanza[1]. El objetivo es que nadie pueda negar lo que ellos llaman “terrorismo de estado”. A este proyecto le han puesto el rimbombante nombre de “Plan Municipal de Promoción de Políticas contra el Negacionismo del Terrorismo de Estado”. Y todo esto surgió porque en algunos locales, el símbolo de las Madres de Plaza de Mayo está tachado. Sería la primera ordenanza del país.
Detrás de todo este palabrerío vano e históricamente inconsistente, lo que se busca es amedrentar aún más a cualquier persona que se atreva a disentir respecto de la Historia Oficial que los progresistas, la izquierda y los organismos de Derechos Humanos quieren imponer sin razón y contra la verdad de los hechos.
Quieren que no se pueda recordar a las víctimas que murieron en los atentados de ERP y Montoneros. Quieren que, si los nombrás, se te aplique la palabra mágica: negacionista, y tus argumentos (junto a tu persona) queden cancelados a los ojos de los demás.
Quieren que no puedas decir algo que hasta Jorge Lanata, Graciela Fernández Meijide y otros ya afirman abiertamente: no fueron 30 mil desaparecidos.
Quieren que no puedas mencionar que hubo atentados antes, durante y después de los gobiernos democráticos.
No quieren que digas que los montoneros y erpianos eran terroristas.
No quieren que digas que eran asesinos.
Si quisieras explicar que la represión de las Fuerzas Armadas fue la respuesta al terrorismo guerrillero, vas a caer dentro de lo que el proyecto prevé y serás sancionado.
Si deseas defender el deber que todo Estado tiene de responder a las agresiones, se usará el poder del Estado para amordazar tu palabra.
Si te animás a recordar que hubo muchos soldados y oficiales que lucharon valientemente contra la subversión, sin incurrir en ninguna guerra sucia, serás acusado de “negacionista”.
Si pretendés contextualizar la historia y señalar que tanto la Argentina como otros países fueron objeto de la Revolución Mundial Comunista, se te aplicará “el protocolo de acción” previsto por la ordenanza.
Si decís la verdad histórica, serás penalizado. La verdad tiene que ser un “crimen”. Explicar lo que realmente pasó será tildado como “discurso de odio”.
Por supuesto, pocos recuerdan que hace varios años los “padres” del Frente de Todos promovieron el Día del Guerrillero.
La solución a todo esto es seguir diciendo la verdad, pase lo que pase, cueste lo que cueste y caiga quien caiga.
PASO 2021: la pelea electoral eclipsa la realidad argentina
Lic. Juan Carlos Monedero
CON LA DEMOCRACIA SE COME…
Raúl Alfonsín decía que con la democracia se come, se educa y se cura. Sin embargo, la situación en la Argentina hoy es la siguiente: tenemos 52% de la población en condiciones de pobreza, inflación, políticos corruptos impunes, la justicia paralizada (las causas avanzan cuando los políticos denunciados pierden poder), jubilaciones insuficientes, hace un año o más que muchos alumnos no tienen clases de manera continua y completa, los programas educativos debieron mutilarse, miles de pymes quebradas, la decencia pública quedó por el suelo, los adolescentes son pervertidos en asignaturas tales como Educación Sexual Integral y, finalmente, son asesinadas miles de personas por la inseguridad, la droga, el narcotráfico y especialmente el aborto.
A lo largo de los años se ha convencido a millones de que la democracia es la única manera de participar políticamente para el ciudadano: votar cada 2 o cada 4 años. No obstante, los bancos, los comercios votan todos los días, Magnetto, Cristina, Massa, Macri, los mandatarios de la Administración Pública votan todos los días, es decir, toman decisiones diariamente. Y esas decisiones son las que producen un impacto.
El voto del ciudadano no cambia nada, es un grano de arena en el medio de la playa. El núcleo de este engaño es una población sugestionada con participar democráticamente pero reacia a formas eficaces de participación política. Así, en innumerables casos, votar no pasa de una mera forma para ser socialmente aceptado: la gente se saca una foto metiendo un sobre en la urna, demostrando ser un buen ciudadano, “queda bien” y listo.
Lo cierto es, sin embargo, que elegimos dentro de un menú que el dueño del restaurant ha pensado y filtrado previamente, y no podemos elegir nada que esté fuera del menú.
Más aún: supuestamente en la democracia se gobierna según la opinión pública, y esta opinión se expresa a través de partidos políticos. Pero los mass-media son los artífices de esta opinión. Entonces, ¿quién modela la opinión pública? La modelan los dueños de los medios de comunicación. Por tanto, tiene lugar la consecuencia ya prevista por Rafael Gambra: “las técnicas de publicidad y de influencia subliminal gobiernan los pueblos”.
La democracia es un sistema que no representa al pueblo. La fuerza del ciudadano no está en la urna sino en otro lugar. Permítanme decirlo en voz alta: la representación democrática es una mentira cochina.
PARTIDOCRACIA CORRUPTA
Analicemos esto yendo al caso de Tucumán: los punteros de los políticos les prometieron un dinero a los votantes para que pongan un sobre para Manzur. Pero ahora los cabecillas no quieren pagar y el puntero está siendo “apretado” por los votantes que cumplieron y a quienes se les prometió un dinero que todavía no fue entregado[1].
Por otro lado, integrantes de los partidos de Biondini, Gómez Centurión y Moreno han asegurado que en muchas mesas las boletas de ambos no habían llegado: les robaron votos. ¿Puede quedar más al descubierto la corrupción y la mentira de la partidocracia? Los mismos que idolatran la voluntad popular son los que hacen trampa en las elecciones.
EL SISTEMA: ¿UNA MENTIRA?
Los datos oficiales[2] arrojan la cifra de un 67-68% de votos del padrón para las PASO 2021, lo cual significa que nada menos que el 33% del electorado no fue a votar. Así como hay millones que votan para quedar bien, por cuestiones circunstanciales o por voto ideológico, millones de personas ni siquiera se presentaron: desde 1983, es la votación en la que votó menor cantidad de gente. Si sumamos esto al 5% de votos blancos e impugnados, casi el 40% del padrón no votó a ninguna persona.
Estos datos muestran el cansancio del país respecto del sistema. El sistema no da para más, la población sabe que estamos ante una suerte de “ciclo suicida” de la política argentina, como ha dicho recientemente Pablo Muñoz Iturrieta.
Incluso, mucha gente aplicó el “voto bronca”: el voto castigo a Cristina, Alberto y a Macri. Millones de personas ya no votan porque estén de acuerdo con las plataformas del kirchnerismo o el macrismo, el voto termina siendo un acto de venganza contra estos líderes políticos.
DEMOCRACIA SHOW: ¿QUÉ OCULTA EL CIRCO ELECTORAL?
Todo ocurre como si los políticos y los dueños de los medios de comunicación conspiraran para frivolizar la realidad: Cintia Fernández baila cuasi desnuda frente al Congreso, Victoria Tolosa Paz habla del coito en el peronismo, Gabriel Levinas en Intratables polemiza con Manuela Castañeira sobre si puede comprar un Iphone militando contra el capitalismo. Todos nos desvían de los temas verdaderamente claves.
El show de la democracia no puede ser más patético: Cintia Fernández obtuvo casi 92 mil votos a partir de un spot que duró menos de 5 minutos –no entremos a calificar el asunto de sus glúteos– a pocos días de las votaciones; superó en cantidad de votos a Guillermo Moreno, el cual (se piense lo que se piense) paseó por innumerables canales de televisión, dictó charlas, conferencias, debates, polémicas, argumentos, cifras, etc.: y Moreno obtuvo 80 mil. ¿Alguien piensa que esto no es absurdo? Sin embargo, es el sistema que tenemos, es el veredicto de las urnas. Y la gente sigue pidiendo Democracia, como si fuesen focas amaestradas.
La distracción y el circo evitan que nos enfoquemos en las cosas importantes: pongamos un ejemplo de incuestionable actualidad. Nadie quiere reflexionar sobre esto: para lograr estabilidad económica, una de las medidas debería ser reducir los gastos superfluos del estado. Esto se lograría eliminando los planes sociales de los punteros políticos, erradicando la corrupción en la obra pública y promoviendo un desarrollo de los trenes en detrimento de los camiones.
Ahora bien, si se reducen los planes sociales de estos punteros, los movimientos piqueteros ocupan la calle, toman de rehenes a la población, se prende fuego el país y así se pierde gobernabilidad. Si cuando el país está prendido fuego, la autoridad reprime y frena justamente el vandalismo, entonces los periodistas de los MMCC dirán a todas horas que “este gobierno es la dictadura”, y el periodismo mundial acusará al gobierno por violación de los derechos humanos.
Si los gobiernos erradican la corrupción en la obra pública, los políticos que se aprovechaban con ese dinero mal habido se lanzarán contra la autoridad que se los quitó, y armarán alguna operación política contra ellos (el famoso carpetazo).
Si el gobierno promueve un desarrollo de los trenes en detrimento de los camiones –aunque eso produzca una baja del precio final del producto (y por ende, una baja en la inflación)– se pone en contra del gremio de camioneros. En represalia, Hugo Moyano organiza un paro, los camioneros no trabajan y el país poco menos que se incendia. Si cuando prenden fuego el país, el estado cumple su deber y reprime, de nuevo: entonces los MMCC te dicen que sos la dictadura y los periodistas del mundo entero dirán que el gobierno viola los derechos humanos.
Estos son verdaderos dilemas: distraernos con temas tales como la actividad sexual de Tolosa Paz, el trasero de Cintia Fernández o el Iphone de Manuela Castañeira es perder el foco.
JUNTOS POR SOROS LE GANÓ AL FRENTE DE SOROS
Como en un péndulo, millones de personas oscilan entre los kirchneristas y Juntos por el Cambio. Aunque la tendencia va siendo cada vez menor, no baja de un 60% del padrón.
En efecto, el 48% de los votos válidos de la Capital Federal fueron a parar a Juntos por el Cambio (Vidal, López Murphy y el abortero Rubinstein). Casi un 25% votó por el kirchnerista Leandro Santoro. Es un hecho constatado que macristas y kirchneristas se han acusado de delitos e inmoralidades recíprocamente, pero a la hora de votar las leyes de género y de aborto, votan juntos y se abrazan en la contracultura. Kirchnerismo y macrismo: ambos antipatria, ambos anticristianos. Amarillo o celeste, son alternativas contrarias a la vida, a la familia, a la cultura, a la tradición y a la religión. Discuten detalles de política y economía, parados sobre sangrientos protocolos abortistas y convergiendo en el establecimiento de la cultura de la muerte.
EL IMPACTO DE LAS PASO 2021 EN EL KIRCHNERISMO
Es un hecho constatable que el kirchnerismo ha sido golpeado y castigado duramente: 4.800.000 de personas los votaron en 2019 y hoy no. Una parte significativa de los pobres no los votó (no hay otra explicación) a pesar de recibir subsidios del gobierno. Evidentemente, el kirchnerismo no va a ganar repartiendo documentos no binarios, hablando de la gestión menstrual, difundiendo penes de madera, o utilizando el mal llamado lenguaje inclusivo: todas estas medidas propias de la Agenda de Género no provocan que los vote más que en un sector ideologizado que afortunadamente no mueve la aguja. Pero como este gobierno está enfocado en la agenda globalista –y no en las necesidades de la nación–, han destinado como parte del presupuesto del año 2021 millones y millones de pesos a políticas públicas relacionadas con la llamada perspectiva de género.
Los kirchneristas sufrieron varios papelones: primero dijeron que ganaban, luego perdieron. Perdieron en 18 jurisdicciones. La cuarentena eterna, las restricciones absurdas y crueles, las PYMES quebradas, el Vacunatorio VIP, el Olivos Gate y tantas otras cosas mellaron el ánimo de su clientela política. El kirchnerismo tenía quórum y mayoría absoluta en el senado; de mantenerse esta tendencia en noviembre, perdería esto.
Para ver el panorama completo, agreguemos algunos puntos: existe un desgaste propio de la función de gobierno, el mismo que Juntos por el Cambio experimentó en la fuerte paliza electoral de las PASO 2019. Sería un error dar por muerto al perro tan rápido: Cristina gobernó 8 años con el poderoso multimedios Clarín en contra, Macri gobernó con ese mismo multimedios a favor y no pudo ser reelecto. A Cristina la dieron políticamente por muerta, pero resucitó.
Por otro lado, el votante del kirchnerismo es en la inmensa mayoría de los casos un militante del kirchnerismo y lo defiende en el colegio, en la universidad, en el club, en la Administración Pública, en el sindicato, en un asado con amigos, en los medios de comunicación, en su familia. El votante promedio de Juntos por el Cambio es muy inferior en capacidad argumentativa, entrega y militancia. Muchos de ellos dejan un voto cada 2 años, y nada más. El modelo de la militancia kirchnerista obedece al modelo soviético-alemán, como bien lo ha descripto el Dr. Ramón Carrillo en “La Guerra Psicológica”[3], y este tipo de militante es cien veces superior al votante promedio macrista.
En ese sentido, hagamos otro cumplido al kirchnerismo. En el fondo, ni ellos mismos se creen la inmaculada concepción de la mayoría. Lo demostró Fito Páez allá por el 2011, al decir que le daba “asco” la mitad de Buenos Aires que había elegido al macrismo. Lo demostró recientemente Úrsula Vargués: “Un asco de Capital, aguantadero de Cambiemos. Por suerte vivo en Provincia”[4]. Y lo demuestran los K en Tucumán pagando y/o robando votos.
Finalmente, la crisis interna al Frente de Todos (Alberto vs. Cristina) no hace otra que ilustrar una profunda verdad evangélica: “un reino dividido no podrá subsistir”. En ese sentido, 7 ministros pusieron su renuncia a disposición del Presidente. La crisis en el seno del gobierno es muy grave, y esto porque se aliaron para ganar las elecciones, porque les interesaba el poder, pero la tarea de gobernar no se puede llevar adelante con el enemigo en casa. Convendrá recordar, sin embargo, que estas luchas intestinas son peleas por aquella porción pequeña de poder que los organismos globalistas –que están por encima no sólo de los K sino también de Juntos por el Cambio– le permiten tener a ambos. Porque a la hora de votar la Agenda 2030, van a estar de acuerdo. Ahí no hay grieta.
EL FENÓMENO MILEI
Sus formas payasescas atrapan a muchos, quizás más que el contenido. Cabe reconocer que Milei está diciendo cosas coherentes a nivel ideológico. Ha logrado correr el eje de algunos debates. Prioriza hablar de los temas económicos porque son los que mejor maneja: concentra la artillería donde es más bueno.
Aún con sus graves errores (el liberalismo es pecado), está diciendo cosas que la partidocracia no se puede tragar: por ejemplo, plantea abiertamente que los políticos deben bajarse el sueldo a sí mismos. Muchos piensan si, a pesar de esto, Javier Milei constituye un elemento dentro de la llamada “Disidencia controlada”, siendo funcional a la partidocracia perversa. ¿Por qué? Porque Milei sería una voz canalizadora que descomprime la presión y eso al sistema le ayuda: gatopardismo, cambiar algo para que no cambie nada. El tiempo lo dirá.
Lo que no cabe dudas es que Milei es parte de un think tank con peso específico propio, cuyas afirmaciones no pueden ser ignoradas. Lo pueden criticar, objetar, rechazar, pero no pueden hacer de cuenta que no existe. Cabe subrayar también que, en su fama y en el alcance logrado, pesan sus conexiones y para quien trabaja: Milei está bien relacionado con célebres liberales, masones y sionistas. El poder de estos hace posible, en gran parte, su presencia mediática.
En cuanto a los votantes, y esto a partir de una conversación con nuestra amiga Lucía Ezcurra, entre los motivos que explican el éxito de Milei podemos mencionar:
– Un sector conservador cansado del progresismo de JxC, que –sin analizar ni conocer demasiado– lo votó a Milei porque se presenta como provida y porque se presentó junto a Victoria Villarruel, quien es conocida por hablar en los medios de comunicación de lo que nadie quiere hablar en la Argentina: las víctimas del terrorismo subversivo en los años 70’.
– Un sector que económicamente ve que el país se hunde igual con JxC o con los K, y apuesta al liberalismo, pero ve hipocresías en Espert.
– Jóvenes sin formación que ven en el liberalismo de Milei una alternativa al progresismo. En su mayoría desconocen que Milei está a favor de la eutanasia, del consumo de droga (“Si vos te querés suicidar, yo no tengo ningún problema. Drogarte es suicidarte en cuotas”), del laicismo, que integra el Foro Económico Mundial y que fue Asesor del G-20 en el diseño de políticas económicas.
En cuanto a Milei y su entorno, aunque es fácil indicar estos elementos con los resultados en la mano, su éxito se explica por la combinación de estos factores:
– Coherencia con el personaje que interpreta. Directo en las formas de decir las cosas.
– Grupos de poder poniendo mucho dinero para difundir su candidatura y lograr sus apariciones en TV.
– Red de trolls pagos en redes sociales.
EL VOTO CATÓLICO Y EL VOTO PROVIDA: DIVISIONES
Analicemos ahora el voto de los sectores católicos y provida. Gómez Centurión obtuvo casi 80 mil votos. Puesto que su entrada en la política partidaria como candidato estuvo determinada por Cynthia Hotton, esta vez –sin la ayuda de Hotton y sin el apoyo del mundo evangélico– Centurión no pudo sacar más del 1,50% en las PASO, quedando fuera de la posibilidad de presentarse en noviembre para Provincia de Buenos Aires. Sin embargo, en el interior del país, Centurión consolidó una estructura y en varias provincias puede presentarse electoralmente en noviembre 2021.
A pesar de tener propuestas económicas, Centurión hizo hincapié en temas propios de la batalla cultural, en la lucha contra el globalismo y contra la vacunación COVID obligatoria –fue uno de los pocos, si no el único, de los políticos argentinos que habló contra ella–, en el aborto y en la ideología de género. Su pacto con liberales no cayó bien en sectores católicos nacionalistas. Por otro lado, no aplicó estrategias estridentes de comunicación, como sí lo hizo Milei; probablemente no tenga ni el estilo ni las ganas de hacer esas morisquetas.
En cuanto al campo provida, en muchas personas cundía una suerte de resignación: “el aborto ya salió”. Por tanto, votar al NOS no era útil. En efecto, en 2019, Centurión capitalizó un voto reaccionario a las propuestas de legalización del aborto que recrudecieron en el 2018. Es posible que al diluirse el tema, por la nefasta legalización del crimen, se fuera diluyendo también el voto por el NOS.
Los liberales progresistas ganaron mayor popularidad mientras los potenciales votantes de Gómez Centurión se encontraron con un panorama fragmentado: aparecieron otros partidos provida y los votos se dividieron. Así se dio una marcada división del votante católico como también del votante provida, aquellos a los que Centurión podía apelar. Veamos los números en Provincia de Bs. As.:
Hotton 1,45%
Guillermo Moreno 0,96%
Juan José G. Centurión: 0,95%
Alejandro Biondini: 0,60%
Partido Celeste 0,53%
Santiago Cúneo 0,41%
Todos los partidos con principios teóricos perdieron. Todos se eliminaron mutuamente. Lo que nos lleva al siguiente punto.
¿MOVIMIENTO O PARTIDO?
Hagamos un análisis de los partidos que sacaron menos de 1,5% y quedaron fuera de las PASO. Esta vez, el análisis será por cantidad de votantes, a partir de los datos oficiales[5]:
Cynthia Hotton: 120.690 personas
Guillermo Moreno: 80.006 personas
Juan José G. Centurión: 79.423 personas
Alejandro Biondini: 50.395 personas
Raúl Magnasco (Partido Celeste): 43.993 personas
Santiago Cúneo: 34.422 personas
¿Por qué nos enfocamos ahora en la cantidad de personas y no en los porcentajes? Porque quizás aquí está la resolución a nuestro problema. El problema no es sacar pocos votos, el problema es que le demos importancia a los votos y no a la militancia. El problema está en enfocarse en ganar elecciones cuando sería –a nuestro humilde modo de entender– mucho más provechoso enfocarse en la formación de militantes: ¿se imaginan lo que podrían lograr 30 mil personas organizadas? ¿ ¿50 mil personas actuando coordinadamente en las redes sociales, en la calle? ¿60 mil personas colaborando económicamente para la difusión de un periódico? ¿75 mil personas presionando en un hospital, denunciando un aborto? ¿100 mil personas llamando por teléfono al jefe de una empresa que obliga a sus empleados a vacunarse? ¿120 mil personas organizadas militando contra las clases de Educación Sexual? ¡Esto es participación! Miles de personas organizadas podrían impedir un aborto, bloquear los ataques feministas a las catedrales, presionar en los colegios para echar a los profesores que ideologizan, volver inútil el uso del barbijo; miles de familias organizadas podría generar un sistema educativo donde sus hijos fueran bien educados, o una cooperativa de alimentos… La fuerza no está en el voto, la fuerza está la acción inteligentemente coordinada.
Indudablemente, nuestros principios impactan mucho más fuera del sistema que dentro de él.
Por eso, es impostergable la conformación de una militancia que esté dirigida a formar un movimiento, dispuesta a realizar un trabajo público en la calle y redes sociales, bajo la consigna dogmática de “decir la verdad”, sin complejos de inferioridad, en el marco de un trabajo organizado y no anárquico. Debemos forjar un militante que acepte cumplir y formar parte de un sistema de trabajo, sin temor a ser llamado extremista, sin liberalismo apátrida y antinacional, que esté interesado en aprender, argumentar y contraatacar, que no se resigne a una mera resistencia pasiva, que no invoque el Apocalipsis como excusa para no hacer nada. El Padre Castellani decía que no debemos “poner los ojos en el Poder a corto plazo” sino ponerlos “en la Verdad a largo alcance”.
Así como parece prácticamente imposible hacer política partidaria sin dinero y sin un sector productor de dinero -con intereses- que apoye, que abra puertas, que financie y dote de equipos necesarios, es totalmente factible organizar un movimiento no partidocrático que –trabajando coordinadamente– vaya cumpliendo objetivos.
FRENTE DE TROSKOS
La izquierda siempre se mantiene fija, con sus votantes fijos. En las redes sociales, predomina cierta burla al respecto, propia de liberalotes que nunca en su vida militaron (y que probablemente no militarán): se ríen de los troskos porque Bodart, Del Caño, Castañeira y Bregman sacaron 5% o menos.
Mofarse de los resultados electorales de la izquierda revela un frágil análisis político. Nosotros, católicos y nacionalistas, combatimos la ideología marxista, que es anticristiana y antipatria. Pero no pensemos que esa militancia (aborto legal, separación iglesia estado, feminismo, ideología de género, legalización de las drogas, eutanasia, etc.) no tiene impacto en la realidad: claro que lo tiene. Lo que pasa es que el liberalote ve sólo números, y para él la realidad política se cristaliza en guarismos. La izquierda (tanto la K como la no K e incluso la anti K) ve más lejos, y sabe que ese 5%, 4%, 3%, 2% o 1 % son decenas de miles de militantes, organizados, estructurados, dispuestos a defender sus posiciones ideológicas en la calle, en el colegio, en el centro de estudiantes, en el sindicato, en el trabajo, en el poder judicial. Del Caño fue votado por 432.923 personas (5,22%), de las cuales la enorme mayoría son militantes organizados y estructurados. Comparemos esto con el 4,87% de Espert: prácticamente la misma cantidad de votos, pero el votante promedio del candidato liberal no saldría a marchar, a pintar, no participaría en actos, no bancaría una discusión política en las redes o en la calle.
Son la militancia del mal, la militancia del marxismo leninismo que asesinó a millones de personas, de acuerdo… pero militan. Si me perdonan el argentinismo, laburan. Y como dice Jean Ousset en su libro “La Acción”: Dios no niega al impío el fruto de su trabajo. Así que en vez de reírnos porque Castañeira no alcanzó el 1,5%, en vez de tomarle el pelo a Del Caño por llegar al 5%, nos vendría bien aprender de estos adversarios que –aún al servicio de sombrías causas– llevan adelante una militancia sostenida en el tiempo, sin bajar los brazos e inaccesibles al desaliento.
LO QUE NO SE DICE
“Los diarios comen con lo que dicen y engordan con lo que no dicen”, decía mi abuelo. De las elecciones podemos decir algo parecido: es más importante lo que ocultan que lo muestran. ¿Qué es lo que ocultan? ¿Qué temas son los que quedan fuera de foco? El análisis electoral lo ocupa todo. Por eso, nos preguntamos, ¿cuáles son los hechos verdaderamente determinantes que al gran público se le ocultan?
Un bebé de 6 meses de gestación acaba de ser asesinado en Tartagal, Salta, por una médica abortera.
Los kirchneristas realizaron un homenaje a la banda terrorista Montoneros dentro de la Casa de Tucumán.
La población viene siendo sistemáticamente engañada en base a falsas cifras de contagiados y muertos atribuidos al COVID;
No se cuestionan las medidas absurdas sanitarias, que todavía siguen vigentes, tales como el uso de barbijos. En pleno domingo electoral, se organizaban filas afuera de los colegios “por el covid”. Sin embargo, al mismo tiempo los bares llenos, los gimnasios y cines abiertos, los vuelos de cabotaje llenos.
No se cuestiona la aplicación de las vacunas contra el COVID: Un empresario fuerza a sus empleados a vacunarse. Uno de ellos muere a causa de la vacuna. ¿Cuál sería la responsabilidad legal y jurídica de este empresario?
Nadie critica los procedimientos y fines de la democracia: nadie critica la idea de que confiemos el interés público a quienes jamás confiaríamos nuestros intereses privados;
Nadie cuestiona que se utilice a la mayoría como criterio de elección;
Nadie cuestiona el sistema bancario y la producción de dinero de la nada;
Nadie cuestiona que la economía financiera esté prevaleciendo por sobre la economía real;
No se cuestiona el sometimiento del a Argentina al Nuevo Orden Mundial.
Como conclusión, es imperativo formar un movimiento que tenga como consigna decir la verdad. Si sólo unas pocas personas perdieran el temor a decir la verdad, el programa de intimidación cultural se volvería inútil en ese mismo instante. Digamos la Verdad, porque sólo Ella nos hará libres, y todo lo demás se dará por añadidura.
Licenciado en Filosofía y escritor Abogado y escritor
Es sabido que un buen polemista no es el equivalente a un buen jefe de estado, sin embargo, escuchar a los candidatos y observar su lenguaje no verbal dice mucho de ellos.
Mientras la moderadora María Laura Santillán no sabía si los candidatos tenían 30 segundos o 30 minutos para hablar en cada bloque, Nicolás del Caño pedía “un minuto de silencio” cuando le faltaban 45 segundos para terminar su intervención. Algo raro estaba pasando con la percepción del tiempo en el recinto de este debate; los expertos en cambio climático están estudiando si la temperatura de Santa Fe ha tenido algún tipo de influencia al respecto.
Uno por uno, el balance de los candidatos, desde una óptica conceptual y técnica:
Mauricio Macri
Juan Carlos Monedero: a pesar de jugarse la Presidencia y de la derrota en las PASO, se mostró muy sólido desde las formas, jamás perdió el control y manejó muy bien los tiempos en general. Confrontó directamente con Alberto Fernández en varias ocasiones, se dirigió permanentemente a la gestión kirchnerista y describió los avances de su propia administración. Hizo hincapié en la lucha contra el narcotráfico, dejada de lado por la gestión de Cristina. Eludió olímpicamente hablar del aborto. Metió buenos golpes al kirchnerismo, a veces efectistas, y chicaneó a Kicillof cuando preguntó si acaso él propondría una narcocapacitación en las escuelas, en alusión a las recientes expresiones de Kicillof según las cuales “hay gente que vende droga porque se quedó sin laburo”.
Tomás González Pondal: Tal como quedo dicho, eludió tocar el tema ‘aborto’. No obstante ello, cuidado: hizo clara referencia a la “política exterior de Canadá”. Aunque parezca un tópico, conocemos su relación y simpatía con el perverso de Trudeau y sus ideologías; cuando se hizo el G20, Macri expresó su plan para inocular aún más en la Argentina el veneno de la ideología de género (lo que trae de la mano a la maniobra asesina del aborto). En la línea con lo políticamente correcto, no faltaron expresiones tales como hacer “eje en la diversidad”, respeto a “la pluralidad de ideas”, “terminar los femicidios” y “lo más importante es la libertad”. Son todos giros utilizados en el pasado por el Presidente para referirse a la apertura que hizo del aborto; se trata de justificaciones retóricas para apoyar prácticas asesinas en los llamados casos de “embarazos no deseados”. Anoche no se privó de decir “siempre defendí los derechos de todos”. Muchos, los más indefensos, los que que no nacieron, no sólo no fueron defendidos sino que son atacados por el propio aparato del Estado desde la administración de Macri. Es interesante observar que mientras el Presidente pidió no ser neutro en relación a Venezuela, alegando que la neutralidad (atribuida a Alberto) sería “avalar la dictadura”, desde las filas macristas se aplaude la “neutralidad” del Presidente en relación al aborto, cristalizada en la apertura del debate.
Alberto Fernández
TGP: quien descolló en el debate presidencial luciendo mitomanía y una descarada defensa del aborto ha sido Alberto Fernández. Ha dicho que no quiere caer en hipocresía, que hay que “tender a la legalización”. Hipocresía es pasar por alto con total obstinación que desde la concepción hay vida humana. Hipocresía es decir que se apoya el “colectivo feminista” mientras este “colectivo” –al mismo tiempo en que se pronunciaban estas palabras– destrozaba las inmediaciones de la Catedral de La Plata y confrontaba directamente con la policía femenina. Hipocresía es decir que “hay que cambiar las leyes”; claro, no quiere que las normativas le enrostren sus crímenes. Hipocresía es defender la subversión setentista diciendo “parece que hay quienes creen que el genocidio no existió”, al tiempo que no sólo tapa los crímenes de los terroristas sino que él mismo apoya ahora –como buen subversivo– el asesinato de quienes, aún no nacidos, no pueden defenderse.
JCM: premio al chicanero del debate (apeló demasiadas veces a giros tales como “el presidente no sabe que…”), en constante tira-afloje con Macri, como es lógico, acusándolo ya desde el principio de mentir. No parecía el candidato que va ganando: no exhibió la tranquilidad de la que supuestamente gozan los que llevan ventaja. Se lo vio menos sólido que en las innumerables entrevistas del último semestre. Cada vez que pudo, deslizó datos que desmentían las palabras vertidas por Macri segundos o minutos antes. El manejo de las cifras y porcentajes fue el punto más fuerte de la estrategia de Fernández. Los tópicos más difíciles para él –tema Venezuela y el aborto– fueron resueltos apelando a un “Todo el mundo sabe lo que pienso…”, lo que le permitía despachar el tema rápidamente y utilizar el poco tiempo disponible para hablar de otras cosas. Fue el candidato que más alusiones directas e indirectas recibió, dado que todos los demás cuestionaron de una forma u otra al kirchnerismo. Acusó a Macri de haber llevado el riesgo país a 2000 cuando ese riesgo estaba en 800 antes de su victoria en las PASO. Manejó muy bien los tiempos de intervenciones. Luego de que Nicolás del Caño se definiese a favor del aborto, él también lo hizo.
José Luis Espert
JCM y TGP: desde el punto de vista técnico, el más sólido de todos. Equilibrado, administró muy bien el tiempo y utilizó varias frases sólidas, concretas y contundentes: “Basta de paros, Baradel”. También atacó directamente a Moyano y destruyó la partidocracia, acusándola de subir los tributos a la población para engordar sus propias rentas. Le pegó bastante a los sindicatos, especialmente en temas de remedios para jubilados. No se privó de hablar, directamente y en dos ocasiones, de “el curro de los Derechos Humanos”. Sorprendió peticionando directamente que volviesen los exámenes de ingreso en las facultades públicas y defendió con toda racionalidad estas medidas. Es el único candidato que no viene de la Política. Sin embargo, evitó cuidadosamente hablar del aborto (se había declarado a favor), probablemente por la enorme cantidad de críticas que desde las redes sociales recibió al respecto. Sobre Malvinas, dijo que son argentinas, contrariando sus posiciones públicas del pasado.
Juan José Gómez Centurión
JCM y TGP: sostuvo con toda claridad la defensa de la vida del niño por nacer, y se tomó unos segundos para recordar al doctor Rodríguez Lastra, condenado judicialmente por haber salvado dos vidas. Al principio del debate dejó establecida una fuerte acusación a la gestión de Cristina Kirchner: un acuerdo con la República China que comprometería seriamente nuestra soberanía nacional. A pesar de las varias oportunidades que Alberto Fernández tuvo para responder a este punto, jamás lo hizo. En el plano técnico, por momentos le faltó tiempo para redondear la formulación de algunas de sus ideas y en otros momentos le sobró. Criticó alternativamente al kirchnerismo y al macrismo. Una de sus mejores frases, redonda, fue la que dirigió al kirchnerismo: “nadie dice la verdad (…) Mienten los que dicen que van a luchar contra la corrupción y tienen una candidata a vicepresidente con ocho procesamientos”. Hizo también una defensa del Estado Argentino, según la cual la política migratoria de nuestro país debía imitar a la de otros países de la región y del mundo. Sostuvo con toda claridad que la educación pública debía dejar de sufrir los embates de los paros docentes y ser llevada a un calendario no menor a los 190 días. En dos ocasiones dijo con toda claridad que desde los hospitales públicos se estaba entregando misoprostol como si fuesen caramelos, así como también sostuvo que los protocolos eran “atajos legales” para propiciar el aborto, delito en la Argentina. También habló de “las víctimas de la subversión” en los 70’ y de los “delincuentes terroristas”, en clara alusión a Montoneros y al ERP. En referencia a la palabra “hipocresía”, con la que había martillado una y otra vez Alberto Fernández unos minutos antes, Centurión dijo con toda claridad que la verdadera hipocresía era plantear que una mujer tiene “derecho a decidir” sobre la vida de otra persona, en clara alusión al aborto.
Nicolás Del Caño
JCM: el primer bloque sobre el debate de la situación política-económica-social en la Argentina no dejó de hablar de los trabajadores en Ecuador. Se notó que fue a sacarle votos a su principal adversario, que por supuesto es Alberto Fernández. Fue el candidato más claro en la apología del aborto. Por momentos, completó los ataques de Macri al kirchnerismo sumando más elementos confirmatorios y, en ese sentido, terminó por ayudar al macrismo. Todo lo dijo desde el punto de vista de los trabajadores y sin intentar, ni por un momento, un análisis o balance que también incluyese el interés de los jefes: o sea, dialéctica marxista de enfrentamiento puro. Entre los golpes más contundentes que le dio a Alberto, se destaca la crítica de Del Caño al peronismo de izquierda (kirchnerismo) dado que –según él– sus aliados impidieron la legalización del aborto el año pasado.
TGP: El impresentable de Del Caño sin rodeos y muy ufano ha dicho estar “100% a favor del aborto”. Habló contra toda verdad de “derecho al aborto legal”, de “derecho elemental” y de que es algo de “salud elemental”. Llevaba en su mano izquierda un pañuelo verde atado. Personalmente, en otras publicaciones ya hemos refutado todos los engaños argumentativos deslizados anoche sobre el aborto. Aconsejaríamos a Del Caño que lea los avances científicos y que mire muchos abortos por internet, pero parece empresa inútil cuando el verde enceguece tanto. En una de sus intervenciones televisivas, lanzó el siguiente epíteto contra Macri: “Lame botas de Trump”. Estamos frente al caso de un zurdo que hace gala de su zurdaje y no sólo lame sino que chupa y acaricia a la mega internacional del aborto, la IPPF: un fariseo, ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Lo más lúcido por parte de este presidenciable fue cuando se llamó al silencio.
Roberto Lavagna
JCM y TGP: de contenido interesante pero lento de respuestas, sin un completo dominio de los tiempos. Hizo hincapié en el tema del hambre. En todo momento evitó pelearse y entrar en la arena de la disputa ideológica. Premio al “pacifista” del debate. La dinámica del debate, que supone fuerte argumentación, dominio del lenguaje no verbal y algo de show, no le favoreció.
Murió Dante Gullo y el miserable periodismo calla cualquier referencia de los crímenes de Montoneros
Como informaron los principales medios de comunicación, ayer murió Dante “Canca” Gullo. Todos las reseñas, con mayor o menor énfasis, mencionan que Dante Gullo formó parte de Montoneros.
Guillermo Moreno en su velorio, la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner dejando una corona para el fallecido, La Cámpora cantando frente a su ataúd.
Vayamos a lo que no mencionan.
Montoneros hace su primera aparición pública el 1º de junio de 1970, tomando la vida del ex presidente militar Pedro Eugenio Aramburu. Entre otras acciones famosas, Montoneros asesinó al dirigente gremial José Ignacio Rucci (1973) y secuestró a los hermanos Born (1975), pidiendo como recompensa la cifra más elevada en la historia de los secuestros. Otro caso de notoriedad fue la bomba colocada por este grupo el 1° de agosto de 1978, sobre la calle Pacheco de Melo, que le quitó la vida a Paula Lambruschini (15 años), hija menor del vicealmirante Armando Lambruschini.
Por todo eso, Montoneros se considera como una de las organizaciones terroristas que, en los años 70’, asoló la Argentina ejecutando constantes actos de robos, secuestros, asesinatos. Impulsados por el ex presidente Juan Domingo Perón, Montoneros trabajaba muy cerca de otras agrupaciones tales como Juventud Peronista, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (P.R.T.) y el Ejército Revolucionario del Pueblo (E.R.P., brazo armado del P.R.T.), esta última también responsable directamente de innumerables asesinatos.
Muere Dante Gullo y todos lloran. No hay lágrimas para Paula. No hay lágrimas para José Ignacio. No hay lágrimas para Pedro Eugenio. No hay repudio para el secuestro de los Born. Nada, sólo lágrimas para Gullo.
Los infames periodistas callan cobardemente toda referencia a la actuación de Montoneros.
¿Abjuró Dante Gullo de Montoneros?
¿Pidió perdón por haber formado parte de una estructura terrorista y criminal?
De todo corazón, deseamos que Dios le haya perdonado todos sus graves pecados.