Guerra Antisubversiva – Lo que se debía haber hecho y no se hizo (Enrique Díaz Araujo)

Guerra Antisubversiva – Lo que se debía haber hecho y no se hizo (Enrique Díaz Araujo)

Reproducimos a continuación el siguiente texto del Dr. Enrique Díaz Araujo (QEPD):

En varias ocasiones nos hemos referido al testimonio que nos diera el General Juan Antonio Buasso, acerca de la conversación mantenida por él con el entonces Comandante en Jefe del Ejército, General Jorge Rafael Videla. Lo recordamos ahora.
Buasso contaba que en marzo de 1976, estando él y el general Rodolfo Mujica prácticamente en disponibilidad, por su condición de nacionalistas frente al golpe liberal (situación corroborada por Rosendo Fraga, en “Ejército: del escarnio al poder (1973-1976)”, Buenos Aires, Sudamericana/Planeta, 1988), fueron citados, sucesivamente, por su superior. Como ellos ya estaban algo anoticiados de lo que se les iba a proponer, con su argumentación respectiva, acordaron entre sí, a fin de dar respuestas coincidentes.
El asunto que Videla comunicó a ambos generales, comenzando por el más antiguo, que era Rodolfo Mujica, su decisión de que se hicieran cargo de la Policía Federal Argentina. Aceptada la resolución por el subordinado, Videla los interrogó (siempre cada uno a su turno) acerca de si sabían cómo debían proceder en los casos más graves de los terroristas que fueran detenidos. Ambos militares nacionalistas respondieron que sí lo sabían; que para eso se había reformado el Código Penal, concordado con el Código de Justicia Militar. De otro modo, que se les instruiría juicio sumario castrense, y dictada la sentencia por el juez militar, en su caso, sentencia de muerte, se procedería a fusilar al convicto.

En ese estado de la cuestión fue cuando Videla les dijo que eso era un dislate.

Que el Dr. Henry Kissinger (puede leer más sobre Kissinger aquí) le había comentado una situación ejemplar con opciones diversas. Por un lado el General Francisco Franco, en España, al querer ejecutar la pena de muerte contra unos etarras condenados por los Tribunales Militares, se había visto enfrentado con la opinión adversa de todo el mundo, incluida la del Papa Paulo VI. En cambio, Idi Amín Dadá, tirano de Uganda, “se pasaba a la cacerola cinco mil tipos cada noche” (según expresión textual), y nadie decía nada. Luego, para Videla era obvio que el segundo camino, el aconsejado por Kissinger a los militares iberoamericanos que debían contener el ataque castrista, era el correcto.
Los generales nacionalistas convocados respondieron (siempre en su turno) que Franco, maguer la oposición internacional, había fusilado a los etarras, documentando el hecho en expedientes. Que acá no habría necesidad de fusilar a demasiados terroristas, por la calidad ejemplarizadora del fusilamiento público (de la que carecían los métodos clandestinos). Máxime, si como ellos lo pedían, el Ejército mostraba a la población que el castigo iba a comenzar por sus propios miembros traidores. Y señalaron el caso del Coronel Perlinger, quien se hallaba detenido en Campo de Mayo por haber intervenido en la fuga de los guerrilleros del aeropuerto de Trelew. El otro sendero, el de las “desapariciones”, concluyeron, era indigno del Ejército; añadiendo Buasso: “Esto lo vamos a pagar muy caro y largamente, mi General”.
De resultas de lo cual, cada uno de los generales nacionalistas fue pasado a retiro.

Aún resuenan en mis oídos las nobles palabras de don Ricardo Curuchet en el ágape de desagravio que los amigos le brindaron a don Rodolfo Mujica. Más largo eco ha tenido el debate sobre el alcance de las “desapariciones” que las Fuerzas Armadas practicaron para reprimir a los agresores castristas.
Videla hasta ahora había negado el hecho, había dado explicaciones ambiguas.
Empero, ante la requisitoria periodística de Ceferino Reato, en el libro “Disposición Final. La confesión de Videla sobre los desaparecidos” (Buenos Aires, Sudamericana, 2012), aunque sin mencionar las entrevistas que mentábamos, da una versión bastante coincidente con aquella que dieron en su momento nuestros generales amigos.
Así, ahora leemos estos párrafos en la obra de Reato:
“Videla se hace cargo de «todos esos hechos» y señala que los alentó de manera implícita, tácita.
“Frente a esas situaciones, había dos caminos para sancionar a los responsables (de las desapariciones) o alentar estas situaciones de manera tácita como una orden superior no escrita que creara la certeza en los mandos inferiores de que nadie sufriría ningún reproche. No había, no podía haber una Orden de Operaciones que lo dijera. Hubo una autorización tácita. Yo me hago cargo de todos esos hechos. Y agrega que, en el contexto de aquella época, fue «la mejor solución» que encontraron.

“No había otra solución: estábamos de acuerdo en que era el precio a pagar para ganar la guerra, y necesitábamos que no fuera evidente para que la sociedad no se diera cuenta. Había que eliminar un conjunto grande de personas que no podían ser llevadas a la justicia ni tampoco fusiladas. El dilema era cómo hacerlo para que a la sociedad le pasara desapercibido. La solución fue sutil – la desaparición de personas” (op. cit., págs. 56-57).
Más adelante, Videla aclara un poco el punto. Porque de lo transcrito podría inferirse que él se limitó a tolerar la conducta ilícita de sus subordinados, bien que compartiéndola tácitamente.
En realidad, la cosa fue al revés. Los altos mandos liberales (Viola, Harguindeguy, Massera, “Pajarito” Suárez Mason, Agosti, Villarreal, etc.) fueron los que ordenaron ese tipo de represión, que sus subordinados, por obediencia debida, acataron. Precisamente, en ese otro pasaje del citado libro, el asunto queda más en claro:

“Más allá de cuántos fueron los desaparecidos, Videla afirma que no podía fusilar a «las personas que debían morir para ganar la guerra» por varios motivos. Uno de ellos era que en 1975 el dictador de España, el generalísimo Francisco Franco, había respaldado la decisión de un consejo de guerra que dispuso la ejecución de tres miembros de la ETA, pero no pudo hacerlo por las protestas de gobiernos europeos y latinoamericanos y hasta del papa Paulo VI.

“Pongamos que eran siete mil u ocho mil las personas que debían morir para ganar la guerra; no podíamos fusilarlas. ¿Cómo íbamos fusilar a toda esa gente?… porque iba a llegar un momento en que la gente diría: «¡Basta, esto no es Cuba!»” (op. cit., págs. 43-44).

“Se llegó a la decisión que esa gente desapareciera; cada desaparición puede ser entendida ciertamente como el enmascaramiento, el disimulo, de una muerte” (op. cit., pág. 51).

En suma, lo que confiesa Videla es un “crimen de guerra”; delito penal internacional. Homicidios calificados por premeditación. Asesinatos deliberados y ocultados. Aunque de pésima manera judicial, Videla y sus subordinados están pagando aquella negra decisión, tomada para su mal y el de la FF.AA. argentinas. Ante tantas “desapariciones”, la gente de haberlo sabido, les podría haber dicho: “¡Basta, esto no es Uganda!” Este país africano era el modelo que Videla, en 1976, esgrimió ante los dos firmes generales nacionalistas.
Bien. Aunque el propósito de un trío de lecturas no se concretó, al menos, de las dos leídas sacamos una breve y neta lección, a saber: que tan malas pueden ser las aberraciones liberales como las esclavitudes marxistas. Y que muchas veces, ambas ilicitudes se conectan entre sí y se retroalimentan. Una vez más: ¡tomemos debida nota de esta moraleja política y paradoja ideológica!

Enrique Díaz Araujo

 

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¿Qué hay detrás del episodio en el Colegio Nacional Buenos Aires con los Veteranos de Malvinas?

¿Qué hay detrás del episodio en el Colegio Nacional Buenos Aires con los Veteranos de Malvinas?

No puede pasar desapercibido lo de los veteranos de Malvinas en el Colegio Nacional Buenos Aires (CNBA). Tomemos como válida –por una vez– la versión de Página/12[1], según la cual: primero, los veteranos fueron a hablar a los alumnos de su desempeño en Malvinas; segundo, se pasó un video de 20 minutos, que mostraba cómo los pilotos se entrenaron, las operaciones militares en que intervinieron, los caídos en la guerra, respaldado por música épica, cerrando con el Ave María; tercero, los VGM proponen la metodología de la pregunta-respuesta; cuarto, un alumno los interpela. Según el diario kirchnerista, un alumno “se paró”  y preguntó qué opinaban los veteranos sobre dos temas puntuales. No es casual que esos temas fuesen “los colimbas y los 30 mil desaparecidos”. En una palabra, el alumno fue a meter el dedo en el ventilador. Fue a provocar.

100 padres (es decir, 50 alumnos) son los que fueron llevando adelante distintas acciones mediáticas de quejas y protestas, arrogándose una representatividad que no tienen. Cientos de alumnos presentes, en cambio, no apoyaron la crítica a los VGM. Miles de ex alumnos del CNBA tampoco están de acuerdo ni con las forma ni con el planteo de fondo.

Arriesguemos un análisis psicológico, todo lo discutible que se quiera. Pero muy verosímil. ¿Por qué el alumno intenta cambiar de tema? ¿Por qué la pregunta del alumno? ¿Por qué no le interesa la preparación de los luchadores argentinos, los patriotas, los episodios de heroicidad, el sacrificio, reconocidos por los mismos británicos? ¿Por qué no profundiza en eso y profundiza en lo otro? ¿Por qué todo su esfuerzo va dirigido a procurar que la atención se desvíe de las anécdotas y hazañas en la batalla contra los ingleses?

En primer lugar, digamos ante todo que es mentira que en la Argentina  hubo 30 mil desaparecidos. Quien nos ataque por decir lo hace desde el prejuicio y no desde la racionalidad. Si un desaparecido, uno sólo, es un hecho deplorable, entonces se supone que no es necesario exagerar la cifra, ¿o no? Bien, entonces, que no nos corran con eso. Siempre se supo –y hace décadas– que la cifra era falsa; lo novedoso es que en los últimos años hay gente desde la izquierda –como el ex montonero Labraña– que lo ha admitido, o el mismo Jorge Lanata, al que hoy podemos categorizar más bien como liberal de izquierda. Lo mismo ha tenido que reconocer la propia Graciela Fernández Meijide, son tres testimonios clave que rápidamente se pueden encontrar en internet. Si se van a enojar, busquen a quienes vienen mintiendo hace 40 años.

Entonces, volviendo, ¿por qué el alumno intenta desenfocar? Evidentemente, porque NO PUEDE aceptar que haya heroicidad en Malvinas. No puede, se le atraganta. No quiere hacer foco en lo bueno, quiere seguir poniendo la nariz sobre lo malo, sobre el estiércol, exagerado o no, distorsionado o no. Este alumno está siendo víctima de un discurso –que él no armó– que necesita que el pasado sea visto como espantoso para justificar o al menos disculpar a este presente de latrocinio, de coima, de corrupción, de alianzas infames, de partidocracia maloliente. Malvinas, como esa perla preciosa que resplandece, les duele a los corruptos, a la partidocracia, a la izquierda y también al liberalismo.

No les gusta Malvinas. No lo dicen siempre, porque saben que existen muchos malvineros dispuestos a repudiarlos (y al repudio social no lo pueden manejar; como buenos cobardes, le tienen terror), pero no les gusta. No les gusta una historia donde haya militares buenos. No les gusta que los militares tengan el ideal de Dios, la Virgen y la Patria. No. No lo pueden soportar, son como el diablo con el agua bendita. Y entonces, ese alumno realiza una pregunta que no está animada por el deseo de obtener más conocimiento sino con la pretensión de descolocar y que NO SE OLVIDE NADIE que los militares son patatín y patatán.

Es que esta gente no busca la justicia sino la venganza. Hace décadas que por lo menos el 85% de los MMCC se arrodilla ante estas versiones; décadas, y todavía cualquier resquicio, cualquier versión ligeramente distinta a lo “políticamente correcto” los pone nerviosos. ¿Tienen acaso menos control de la opinión pública de lo que nosotros creemos? ¿Es tal la fuerza de la verdad, es tan grande la fuerza de la verdad (Dios mismo) que al puñadito de alumnos ideologizados del CNBA les espanta, actuando como murciélagos dispersados por la luz?

Dejamos estos interrogantes planteados. El tiempo dará sus respuestas.

[1] Cfr. https://www.pagina12.com.ar/206338-malvinas-escandalo-en-el-nacional-buenos-aires