Segundo debate presidencial: estocadas, sangre y sudor

Segundo debate presidencial:

estocadas, sangre y sudor

 

Juan Carlos Monedero (h)                                                               Tomás González Pondal

Licenciado en Filosofía y escritor                                                     Abogado y escritor

 

TOMÁS: Grave error sería dejarse arrastrar por la oratoria a la hora de hacer un análisis profundo sobre la política. En este último campo, aquello que afirma el aforismo “del dicho al hecho hay un gran trecho”, cobra mucha relevancia. Palabras bonitas y bien pronunciadas pueden estrellarse contra la realidad de los hechos. Aunque también hay muchas palabras que de por sí ya son hechos.

JUAN CARLOS:

  • El debate está diseñado, está pensado para que los temas no se profundicen. Ese es el formato.
  • Es llamativo cómo los candidatos apelan al concepto de “verdad” una y otra vez, dicen repudiar la mentira mientras casi todos coexisten y fomentan el más craso relativismo.
  • A diferencia del debate de la semana pasada, se trató de un debate más complejo, por la proliferación de temas de discusión muy centrados en lo político-económico.
  • No podemos olvidar que –desde el punto de vista cultural– Macri es lo mismo que Alberto pero menos burdo. Ambos favorecen y han favorecido las prácticas abortistas, la ideología de género, ambos son anti patria.
  • ¿Se dará cuenta el precioso tiempo que pierde Nicolás Del Caño al pronunciar “trabajadores y trabajadoras”?

 

Nicolás Del Caño

 

JCM:

  • Sólo puede ser oposición; le habló en todo momento al electorado de la ultraizquierda.
  • Dio buenos golpes a Mauricio Macri, con datos preciso.
  • En todo momento, señaló al Presidente y a Alberto Fernández como oponentes políticos, unidos por intereses en común: por ejemplo, denunció el pacto secreto entre Chevron y el Estado, firmado durante el kirchnerismo y sostenido por el macrismo.
  • Con marcada necedad, sigue diciendo que la muerte de Maldonado fue responsabilidad de Gendarmería a pesar de que 50 peritos determinaron que se ahogó.
  • Sobre la inseguridad, planteó que se formara una Comisión “Independiente”, integrada por víctimas de la represión policial. O sea: quien tiene un familiar muerto por la policía estaría encargado de juzgar… policías. ¡Muy objetivo!
  • No tiene ninguna respuesta al tema de la inseguridad y no ve –o no quiere ver– el problema de que los delincuentes se sienten alentados a delinquir por culpa de un estado que se retira;
  • No tiene una visión global para los demás temas macro económico-políticos. Está apresado en un esquema ideológico estrecho y sesgado. No plantea soluciones para todas las partes involucradas, sólo propone conflictos.
  • En varias ocasiones cuestionó el acuerdo entre el Estado y el FMI, cuando precisamente la legalización del aborto es uno de los objetivos más importantes para el Fondo Monetario.

 

TGP: Del Caño, impresentable como siempre, siguió al dedillo el manual del marxista elemental. Festejó lo que denominó “rebelión popular” de Chile, siendo raro que no haya solicitado esta vez minutos de silencio. Pidió la legalización de la marihuana. Menos mal que no hay un tercer debate, si no capaz que proponía la entrega gratuita de Poxiran en quiscos y ferreterías. Reclamó “cupos para personas trans”. Y fue notable que cuestionara el eufemismo de llamar “incompatibilidad de intereses” al enriquecimiento del ex ministro Aranguren, mientras no tiene problema en llamar “interrupción voluntaria del embarazo” al acto sanguinario del aborto.

 

Mauricio Macri

TGP: Mauricio Macri se presentó esta vez con mayor lucidez, enrostrando a Alberto Fernández los engaños emanados de la era “K”. Tocante al narcotráfico señaló que en el referido período estaban “descuidadas las fronteras”, lo que es verdad. Sus primeras palabras fueron: “siempre he sido coherente con lo que pienso”. No es cierto. Sus declaraciones públicas en Tucumán –refiriéndose a su compromiso en defensa de la vida de los no nacidos– cayeron luego en saco roto, dando apertura, por iniciativa propia, a un disparatado e inhumano debate.

 

JCM:

  • Desde el punto de vista de las formas, muy sólido. Especialmente en el tema de la co-participación y el federalismo.
  • Fue mucho más duro que en el primer debate, y desde el principio, con Alberto Fernández, Cristina y el kirchnerismo.
  • Empezó muy enérgico contra Alberto Fernández, y esa primera victoria le dio tranquilidad el resto del debate.
  • El momento más vulnerable fue cuando habló del empleo, así como también cuando Alberto Fernández le enrostró el hambre y la pobreza.
  • Muy bien armado –como contraataque a las acusaciones de una política criminal excesiva– el concepto de que “el gatillo fácil el kirchnerismo se lo dio a los delincuentes”.

 

Alberto Fernández

  • Empezó con el pié izquierdo: en el primer bloque recibió golpes muy duros de Espert, de Gómez Centurión y de Macri.
  • En cuanto al tema de la seguridad, sostuvo que la causa de la misma era “la desigualdad”; intentó compensar esta intranquilizante afirmación con otra, en el segundo minuto, según la cual “al que delinque hay que castigarlo”.
  • Tambaleó y dio respuestas vulnerables en cuanto al tema de la corrupción.
  • Abusó de algunos giros verbales como “seamos serios”, “hablemos de verdad”.
  • Se movió bien, al igual que en el primer debate, respecto de los datos numéricos negativos del gobierno de Macri. Sus mejores momentos fueron, sin dudas, cuando atacó. En una ocasión, martilló sus acusaciones a Macri con la fórmula “Quisiéramos saber…” logrando un buen efecto discursivo.
  • En todo momento manifestó su franca y directa oposición al Presidente.
  • Fue interpelado directamente por Espert y respondió correctamente.
  • También fue interpelado por Macri, y se vio obligado a responder.

 

TGP: Alberto Fernández hizo gala de su demagogia, su petulancia y soberbia. Dirigiéndose a Espert, aseguro que puede “darle clases de decencia”. ¿Hace falta que demos prueba de esa “decencia” de Alberto? Seguramente el lector tendrá a mano unos cuantos ejemplos, yo solo recordaré cuando Alberto sostuvo –ante el periodista Nelson Castro– que Cristina Kirchner ‘hizo dictar dos leyes para protegerse penalmente de dos delitos cometidos’, uno de ellos ‘el encubrimiento a Boudou, estatizando Ciccone’, y el segundo ‘el encubrimiento al haber hecho aprobar por ley el tratado con Irán, que es definitivamente un acto de encubrimiento’[1]. El periodista le preguntó de inmediato si de eso ‘no tiene dudas’, y Alberto Fernandez afirmó: ‘absolutamente’. La “decencia” de este candidato a presidente habilita para tener ahora de vicepresidente a una mujer a quien –por propia boca– se le atribuyen dos delitos.

También Alberto Fernández resaltó que allí, en el debate, él era el “único abogado”, y lanzó una crítica sobre quienes hablaron de penas más fuertes (“es fácil hablar de penas más fuertes”). Qué pena que era el único abogado, pues hubiera sido interesante que hubiera al menos uno más, para recordarle lo que él oculta como letrado: la ‘Convención sobre los Derechos del Niño’, en su artículo segundo (y con la reserva hecha por la Argentina), sostiene que: niño es todo ser humano desde la concepción. Hubiera sido interesante la presencia de un señor abogado que le recuerde el principio básico del derecho (y de la ética) que prohíbe darle muerte al inocente. Hubiera sido asaz interesante que un abogado le dijera que castigar con la muerte a una criatura humana indefensa es algo muy fuerte, tan fuerte que es monstruoso.

Quiso Fernández dar clases sobre federalismo, y en tal marco anheló “que el que nace pueda crecer”. Alberto defiende un extraño federalismo: que haya algunos que no nazcan a los fines de que no puedan sencillamente vivir. Y como si le hablase a los adoquines y no a ciudadanos, manifestó que se debe “terminar con los empresarios que corrompen”. Entendámoslo… Entre otros casos, ¿estaba refiriéndose a Hebe de Bonafini y Sueños Compartidos?

 

José Luis Espert

JCM:

  • Se le animó directamente a Alberto Fernández en varias ocasiones, como por ejemplo en el tema de la corrupción.
  • Señaló directamente a Grabois como emblema de los piqueteros y al ex juez Zaffaroni como símbolo del garantismo.
  • Fue durísimo con los piqueteros.

TGP: José Luis Espert reivindicó la potestad punitiva del Estado, punto positivo. Apuntó al jurista y ex miembro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Raúl Eugenio Zaffaroni (recontra “K”), al atacar a su ideología garantoabolicionista, la que, básicamente, pretende tornar irrisorias las penalidades impuestas por el Estado, y hasta pretende en su instancia más radical que la imposición misma de penas sería un mal. Sobre tal tema ha escrito mucho el jurista argentino Héctor Hernández, a quien se le debe la autoría de voluminosos libros donde se refuta profunda y claramente principalmente los engaños zafforonianos. Sugiero a los estudiosos del Derecho adquirir tales obras y estudiarlas.

En el ‘Debate Presidencial’, el candidato José Luis Espert también atribuyó a los últimos gobiernos haber “normalizado la anormalidad”. Desgraciadamente, él mismo contribuyó a este estado cuando sostuvo que ‘es de hombre de bien en algunos casos permitir el aborto’. Lo cierto es que la expresión dice muchísimo sobre los tiempos que nos tocan vivir, tiempos en donde poner las cosas patas para arriba resulta ser ahora lo normal.

 

Juan José Gómez Centurión

JCM:

  • Mejoró por momentos el manejo del tiempo de sus intervenciones.
  • Fue demoledor respecto del narcotráfico, con frases tales como “Hay que terminar con el negocio perverso del narcotráfico”; “Esta guerra hay que ganarla caiga quien caiga”
  • Tuvo frases más redondas que en el primer debate: cuestionó a Alberto en base a los 8 procesamientos de Cristina, y señaló que Pichetto –candidato a Vicepresidente de Juntos por el Cambio– fue quien mantuvo dos años los fueros de Cristina.
  • Aún tiene que mejorar la dicción.
  • Denunció con toda claridad la contaminación del Riachuelo, y en esa denuncia involucró no sólo a la dirigencia de Alberto Fernández sino también a la de Mauricio Macri.

 

TGP: A Gómez Centurión se lo ve honesto, y con políticas que propenden realmente al bien común de la nación. Aunque los tiempos del llamado debate son escasos, presentó un pantallazo general de las cosas que deberían cambiarse, a la vez que ha dado soluciones concretas para enfrentar esos males. De los candidatos que estaban en debate y que se atrevieron a decir ayer “feliz día de la madre”, Centurión ha sido el único cuyo saludo quedó circunscripto en la honradez y la sinceridad. Pues los demás que saludaron, al ser abortistas, en verdad no desean a las madres dicha verdadera: permitir que se mate a un hijo no es llevar felicidad sino una superlativa desgracia.

 

Roberto Lavagna

JCM:

  • Estilo no confrontativo.
  • Por momentos, mejoró bastante y algunas de sus intervenciones estuvieron dotadas de mayor fuerza argumentativa.
  • Habló del “debido reconocimiento social a las fuerzas de seguridad” cuando actúan dentro de la ley.
  • Realizó por lo menos dos guiños al tema de género y mencionó concretamente la Agenda 2030, establecida por la ONU. Esta agenda para “el desarrollo sostenible” es una nueva estrategia del Gobierno Mundial para promocionar prácticas antihumanas.

 

TGP: Roberto Lavagna siguió girando en temáticas económicas expuestas con demasiados rodeos, pero –a diferencia del primer debate– aludió esta vez a “delitos de género” y “problemas de género” sin ahondar en ello. Parece que sigue las huellas de la ideología de igual terminación.

 

Estocadas, retruécanos y giros

  • Alberto Fernández: durante una semana muchos hablaron de “mi índice” y no de otros índices, “desocupación, pobreza, inflación”.
  • Juan José Gómez Centurión: no quieren bajar el gasto (público) porque ellos son el gasto.
  • Juan José Gómez Centurión: las organizaciones piqueteras con apoyo estatal son grupos de choques, vuelven la vida imposible del ciudadano que estudia… ¿esto es desarrollo social o es intercambiar extorsión por gobernabilidad?
  • Espert: es un sistema, yo voy a desenmascarar este sistema.
  • Lavagna: una mano justa, una mano firme y en casos extremos, incluso, el puño cerrado para defender a los nuestros.
  • Espert: Hay que desterrar el concepto de garantismo.
  • Juan José Gómez Centurión: Es una vergüenza que los sucesivos gobiernos naturalicen el corte de puentes, de rutas y de calles.
  • Del Caño: nuestras vidas y nuestro planeta valen mucho más que sus ganancias.
  • Espert (dirigiéndose a Macri y a Fernández): “muchachos, abrásense, tan diferentes no son”.

[1] Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=U_V_27Q_v9U

Balance sobre el primer debate presidencial – Juan Carlos Monedero y Tomás González Pondal

Balance sobre el primer debate presidencial

 

Juan Carlos Monedero (h)                                                               Tomás González Pondal

Licenciado en Filosofía y escritor                                                     Abogado y escritor

 

Es sabido que un buen polemista no es el equivalente a un buen jefe de estado, sin embargo, escuchar a los candidatos y observar su lenguaje no verbal dice mucho de ellos.

Mientras la moderadora María Laura Santillán no sabía si los candidatos tenían 30 segundos o 30 minutos para hablar en cada bloque, Nicolás del Caño pedía “un minuto de silencio” cuando le faltaban 45 segundos para terminar su intervención. Algo raro estaba pasando con la percepción del tiempo en el recinto de este debate; los expertos en cambio climático están estudiando si la temperatura de Santa Fe ha tenido algún tipo de influencia al respecto.

Uno por uno, el balance de los candidatos, desde una óptica conceptual y técnica:

 

Mauricio Macri

Juan Carlos Monedero: a pesar de jugarse la Presidencia y de la derrota en las PASO, se mostró muy sólido desde las formas, jamás perdió el control y manejó muy bien los tiempos en general. Confrontó directamente con Alberto Fernández en varias ocasiones, se dirigió permanentemente a la gestión kirchnerista y describió los avances de su propia administración. Hizo hincapié en la lucha contra el narcotráfico, dejada de lado por la gestión de Cristina. Eludió olímpicamente hablar del aborto. Metió buenos golpes al kirchnerismo, a veces efectistas, y chicaneó a Kicillof cuando preguntó si acaso él propondría una narcocapacitación en las escuelas, en alusión a las recientes expresiones de Kicillof según las cuales “hay gente que vende droga porque se quedó sin laburo”.

Tomás González Pondal: Tal como quedo dicho, eludió tocar el tema ‘aborto’. No obstante ello, cuidado: hizo clara referencia a la “política exterior de Canadá”. Aunque parezca un tópico, conocemos su relación y simpatía con el perverso de Trudeau y sus ideologías; cuando se hizo el G20, Macri expresó su plan para inocular aún más en la Argentina el veneno de la ideología de género (lo que trae de la mano a la maniobra asesina del aborto). En la línea con lo políticamente correcto, no faltaron expresiones tales como hacer “eje en la diversidad”, respeto a “la pluralidad de ideas”, “terminar los femicidios” y “lo más importante es la libertad”. Son todos giros utilizados en el pasado por el Presidente para referirse a la apertura que hizo del aborto; se trata de justificaciones retóricas para apoyar prácticas asesinas en los llamados casos de “embarazos no deseados”. Anoche no se privó de decir “siempre defendí los derechos de todos”. Muchos, los más indefensos, los que que no nacieron, no sólo no fueron defendidos sino que son atacados por el propio aparato del Estado desde la administración de Macri. Es interesante observar que mientras el Presidente pidió no ser neutro en relación a Venezuela, alegando que la neutralidad (atribuida a Alberto) sería “avalar la dictadura”, desde las filas macristas se aplaude la “neutralidad” del Presidente en relación al aborto, cristalizada en la apertura del debate.

 

Alberto Fernández

TGP: quien descolló en el debate presidencial luciendo mitomanía y una descarada defensa del aborto ha sido Alberto Fernández. Ha dicho que no quiere caer en hipocresía, que hay que “tender a la legalización”. Hipocresía es pasar por alto con total obstinación que desde la concepción hay vida humana. Hipocresía es decir que se apoya el “colectivo feminista” mientras este “colectivo” –al mismo tiempo en que se pronunciaban estas palabras– destrozaba las inmediaciones de la Catedral de La Plata y confrontaba directamente con la policía femenina. Hipocresía es decir que “hay que cambiar las leyes”; claro, no quiere que las normativas le enrostren sus crímenes. Hipocresía es defender la subversión setentista diciendo “parece que hay quienes creen que el genocidio no existió”, al tiempo que no sólo tapa los crímenes de los terroristas sino que él mismo apoya ahora –como buen subversivo– el asesinato de quienes, aún no nacidos, no pueden defenderse.

JCM: premio al chicanero del debate (apeló demasiadas veces a giros tales como “el presidente no sabe que…”), en constante tira-afloje con Macri, como es lógico, acusándolo ya desde el principio de mentir. No parecía el candidato que va ganando: no exhibió la tranquilidad de la que supuestamente gozan los que llevan ventaja. Se lo vio menos sólido que en las innumerables entrevistas del último semestre. Cada vez que pudo, deslizó datos que desmentían las palabras vertidas por Macri segundos o minutos antes. El manejo de las cifras y porcentajes fue el punto más fuerte de la estrategia de Fernández. Los tópicos más difíciles para él –tema Venezuela y el aborto– fueron resueltos apelando a un “Todo el mundo sabe lo que pienso…”, lo que le permitía despachar el tema rápidamente y utilizar el poco tiempo disponible para hablar de otras cosas. Fue el candidato que más alusiones directas e indirectas recibió, dado que todos los demás cuestionaron de una forma u otra al kirchnerismo. Acusó a Macri de haber llevado el riesgo país a 2000 cuando ese riesgo estaba en 800 antes de su victoria en las PASO. Manejó muy bien los tiempos de intervenciones. Luego de que Nicolás del Caño se definiese a favor del aborto, él también lo hizo.

 

José Luis Espert

JCM y TGP: desde el punto de vista técnico, el más sólido de todos. Equilibrado, administró muy bien el tiempo y utilizó varias frases sólidas, concretas y contundentes: “Basta de paros, Baradel”. También atacó directamente a Moyano y destruyó la partidocracia, acusándola de subir los tributos a la población para engordar sus propias rentas. Le pegó bastante a los sindicatos, especialmente en temas de remedios para jubilados. No se privó de hablar, directamente y en dos ocasiones, de “el curro de los Derechos Humanos”. Sorprendió peticionando directamente que volviesen los exámenes de ingreso en las facultades públicas y defendió con toda racionalidad estas medidas. Es el único candidato que no viene de la Política. Sin embargo, evitó cuidadosamente hablar del aborto (se había declarado a favor), probablemente por la enorme cantidad de críticas que desde las redes sociales recibió al respecto. Sobre Malvinas, dijo que son argentinas, contrariando sus posiciones públicas del pasado.

 

Juan José Gómez Centurión

JCM y TGP: sostuvo con toda claridad la defensa de la vida del niño por nacer, y se tomó unos segundos para recordar al doctor Rodríguez Lastra, condenado judicialmente por haber salvado dos vidas. Al principio del debate dejó establecida una fuerte acusación a la gestión de Cristina Kirchner: un acuerdo con la República China que comprometería seriamente nuestra soberanía nacional. A pesar de las varias oportunidades que Alberto Fernández tuvo para responder a este punto, jamás lo hizo. En el plano técnico, por momentos le faltó tiempo para redondear la formulación de algunas de sus ideas y en otros momentos le sobró. Criticó alternativamente al kirchnerismo y al macrismo. Una de sus mejores frases, redonda, fue la que dirigió al kirchnerismo: “nadie dice la verdad (…) Mienten los que dicen que van a luchar contra la corrupción y tienen una candidata a vicepresidente con ocho procesamientos”. Hizo también una defensa del Estado Argentino, según la cual la política migratoria de nuestro país debía imitar a la de otros países de la región y del mundo. Sostuvo con toda claridad que la educación pública debía dejar de sufrir los embates de los paros docentes y ser llevada a un calendario no menor a los 190 días. En dos ocasiones dijo con toda claridad que desde los hospitales públicos se estaba entregando misoprostol como si fuesen caramelos, así como también sostuvo que los protocolos eran “atajos legales” para propiciar el aborto, delito en la Argentina. También habló de “las víctimas de la subversión” en los 70’ y de los “delincuentes terroristas”, en clara alusión a Montoneros y al ERP. En referencia a la palabra “hipocresía”, con la que había martillado una y otra vez Alberto Fernández unos minutos antes, Centurión dijo con toda claridad que la verdadera hipocresía era plantear que una mujer tiene “derecho a decidir” sobre la vida de otra persona, en clara alusión al aborto.

 

Nicolás Del Caño

JCM: el primer bloque sobre el debate de la situación política-económica-social en la Argentina no dejó de hablar de los trabajadores en Ecuador. Se notó que fue a sacarle votos a su principal adversario, que por supuesto es Alberto Fernández. Fue el candidato más claro en la apología del aborto. Por momentos, completó los ataques de Macri al kirchnerismo sumando más elementos confirmatorios y, en ese sentido, terminó por ayudar al macrismo. Todo lo dijo desde el punto de vista de los trabajadores y sin intentar, ni por un momento, un análisis o balance que también incluyese el interés de los jefes: o sea, dialéctica marxista de enfrentamiento puro. Entre los golpes más contundentes que le dio a Alberto, se destaca la crítica de Del Caño al peronismo de izquierda (kirchnerismo) dado que –según él– sus aliados impidieron la legalización del aborto el año pasado.

TGP: El impresentable de Del Caño sin rodeos y muy ufano ha dicho estar “100% a favor del aborto”. Habló contra toda verdad de “derecho al aborto legal”, de “derecho elemental” y de que es algo de “salud elemental”. Llevaba en su mano izquierda un pañuelo verde atado. Personalmente, en otras publicaciones ya hemos refutado todos los engaños argumentativos deslizados anoche sobre el aborto. Aconsejaríamos a Del Caño que lea los avances científicos y que mire muchos abortos por internet, pero parece empresa inútil cuando el verde enceguece tanto. En una de sus intervenciones televisivas, lanzó el siguiente epíteto contra Macri: “Lame botas de Trump”. Estamos frente al caso de un zurdo que hace gala de su zurdaje y no sólo lame sino que chupa y acaricia a la mega internacional del aborto, la IPPF: un fariseo, ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Lo más lúcido por parte de este presidenciable fue cuando se llamó al silencio.

 

Roberto Lavagna

 JCM y TGP: de contenido interesante pero lento de respuestas, sin un completo dominio de los tiempos. Hizo hincapié en el tema del hambre. En todo momento evitó pelearse y entrar en la arena de la disputa ideológica. Premio al “pacifista” del debate. La dinámica del debate, que supone fuerte argumentación, dominio del lenguaje no verbal y algo de show, no le favoreció.

 

Cristina Kirchner ya es “Alberto” pero Mauricio sigue siendo “Macri” – Análisis político y el dilema de la ola celeste

Cristina Kirchner ya es “Alberto” pero Mauricio sigue siendo “Macri”

Análisis político y el dilema de la ola celeste

 

Empecemos por lo importante.

Alberto es Aborto.

Pero al menos te lo dice.

Macri celebra un Congreso Eucarístico, se viste de niño de Primera Comunión, y luego te la clava por la espalda. Porque “promueve el debate” pero Alberto Fernández está “decidido” a legalizarlo. La Conferencia Episcopal Argentina aún no ha pronunciado palabra.

 

El triunfo de F-F parece el resultado de la combinación de la crisis económica y de las alianzas entre Cristina, Alberto Fernández, Sergio Massa, Pino Solanas y Victoria Donda, entre otros. Al poner a sus principales críticos al lado, mejor cerca que enfrente, Cristina restó fundamento a los temerosos del kirchnerismo puro y duro, capitalizando a los votantes de esos frentes. La recesión, la inflación, la suba del dólar y el cierre de pymes hicieron el resto. Al Presidente se lo llama por su apellido y el retador tiene nombre de pila: Alberto.

 

De manera semejante a Perón –que en el 46 ganó con los diarios en contra y en el 55 fue derrocado con los diarios a favor–, CAMBIEMOS es vencido mientras medios oficialistas o por lo menos anti-K copan el 75% de la audiencia nacional. El kirchnerismo roza el 50% de los votos positivos (no del padrón) con un monopolio potente pero que representa el 20% de esta audiencia. No tenían tan buenas cartas pero las jugaron mejor.

 

Los últimos dos meses, el kirchnerismo golpeó una y otra vez sobre la economía, siguiendo el principio táctico de martillar al adversario por su flanco más débil. Y acudieron a la virtud cristiana de la templanza: metieron a la posesa de Bonafini en el loquero, la amordazaron, taparon la boca a La Camorra y superaron todas las pretéritas contradicciones (Alberto vs. Cristina, Cristina vs. Massa, Massa vs. Kicillof, Pino Solanas vs. Cristina, Donda vs. Cristina) diciendo “es tan grave lo que está haciendo Macri, que hasta nosotros nos unimos”. Trabajaron en las redes sociales con una disciplina militar, con una voracidad política digna de mejor causa.

 

Alberto 47, Macri 32. Sumados son 79. Si a este 79 le sumamos los 8 puntos de Lavagna y los 4 de Del Caño, tenemos 91 %. Esto significa que 9 de cada 10 votos positivos (otra vez: no 9 del padrón) apostaron por agendas progresistas; o sea –lo sepan o no– anticristianas y antiargentinas. Si los votaron a causa o a pesar de la agenda, es otro tema.

 

El 25% del padrón no se presentó a las elecciones. No es un número despreciable aunque los analistas políticos eviten cuidadosamente hablar de él (no quieren darle aire a quienes están hartos de este sistema político). Tampoco se hacen cargo del descrédito de la democracia, y entonces ignoran el dato de que casi 8 millones y medio de personas se ausentaron. A estos 8 millones –descontando a quienes no votaron porque están fuera del país, muchos ancianos, dementes e inhabilitados– el sistema no le merece credibilidad. Sigue siendo verdadera aquella frase según la cual “el poder que ellos tienen es el poder que nosotros le damos”.

 

Alberto Fernández arrasó en Santiago del Estero con el 75% y ganó por una gran mayoría en Formosa, con casi el 66%. CAMBIEMOS sólo ganó en Córdoba con el 48% y en Capital Federal con casi el 45%.

 

8 de cada 10 votos positivos votaron ya a CAMBIEMOS, ya kirchnerismo con sacarina: esto es, partidos políticos encabezados por multiprocesados. El 80% de los votos positivos sigue atrapado en esta ecuación binaria, que restringe el pensamiento a dos formas distorsionadas de ver la realidad.

 

El gobierno recién ahora abre los ojos pero lo cierto es que tuvo la realidad todo el tiempo en la nariz y no quiso, no pudo o no supo. Al igual que un militante verde frente a una ecografía, la cerrazón gubernamental sólo será erosionada por el dolor.

 

¿Y los provida? Las marchas celestes llegaban al número de millones en las csalles. Aún descontando a los menores de 16, es un hecho que muchos no votaron a los dos partidos celestes: Centurión y Biondini. La constatación de que la causa provida es más fuerte y más dinamizadora de la sociedad fuera que dentro de las urnas debería decirnos algo. La democracia nos volvió raquíticos. Adelgazó nuestro capital numérico y suele algodonizar, quieras que no, nuestro discurso. Si es verdad que somos más poderosos fuera de las urnas que dentro de ellas, ¿por qué no sentar las bases de un movimiento político provida?

 

En el medio de un engañoso triunfalismo K y del catastrofismo amarillo, no olvidemos las palabras de Rudyard Kipling: «Al éxito y al fracasoesos dos impostores, trátalos siempre con la misma indiferencia». Y tengamos presente la sentencia de Charles Maurras: en política, la desesperación es una estupidez.