La teoría evolucionista y la creación del hombre – La Humani Generis y el evolucionismo

La teoría evolucionista y la creación del hombre

Análisis del conocido fragmento 29 de la encíclica

 Humani Generis de Pío XII

 

Se suele decir, escribir y repetir sin mucha precisión que la encíclica Humani Generis, de Pío XII, publicada en el año 1950 –cuyo subtítulo es “Sobre las falsas opiniones contra los fundamentos de la doctrina católica”–, abrió por primera vez las puertas a la teoría de la evolución por parte de la doctrina católica, aunque no ciertamente a la ideología evolucionista (que es materialista y antiteísta). Así, por ejemplo, el conocido intelectual católico Mariano Artigas –glosando las opiniones de Francisco Ayala, darwinista y ex sacerdote– comenta:

Ayala añade que la mayoría de los escritores cristianos admiten la teoría de la evolución biológica. Menciona que el Papa Pío XII, en un famoso documento de 1950 (se trata de la encíclica Humani generis), reconoció que la evolución es compatible con la fe cristiana…[1]

 

A su vez, en otra oportunidad, Artigas escribió:

en la medida en que la evolución exista, manifiesta de un modo peculiar el poder y la sabiduría de Dios. En efecto, las teorías evolucionistas deben suponer que las leyes fundamentales de la naturaleza son muy específicas y que, en muchas ocasiones a lo largo de enormes períodos de tiempo, se han dado las circunstancias que han permitido a la naturaleza llegar hasta su estado actual, en el que existe un grado sorprendente de organización.

El Papa Juan Pablo II ha afirmado esta compatibilidad en diferentes ocasiones, y ha recordado lo que, en la misma línea, ya había enseñado el Papa Pío XII muchos años antes…[2]

 

En idéntica dirección, otro intelectual de nombre Miguel de Asúa -Doctor en Medicina por la Universidad de Buenos Aires y Licenciado en Teología por la Universidad Católica Argentina- sostuvo por su lado:

El 12 de agosto de 1950 Pío XII (1939-1958) promulgó la encíclica Humani generis, el primer pronunciamiento importante del Vaticano sobre la teoría de la evolución. Respecto del evolucionismo, la encíclica lo considera parte de las ciencias positivas, aunque una parte toca cuestiones de la verdad cristiana[3].

Habida cuenta la confusión que pueden representar estas y otras citas de sentido semejante, y conociendo por experiencia que los que las leen son llevados a la conclusión de que la Iglesia Católica ha pactado con una ideología cientificista como la que inspira la evolución, deseamos aclarar por nuestra parte varias cosas. En efecto, los fragmentos reproducidos, junto con muchos más que se pudieran presentar,  mueven a formularse varias preguntas, desde la más osada a la más sutil:

  • ¿La Humani Generis admite la teoría de la evolución?
  • ¿La Humani Generis sostiene la evolución del cuerpo del hombre?
  • ¿La Humani Generis no condena la afirmación de que el cuerpo del hombre, no su alma, evoluciona?
  • ¿La Humani Generis se pronuncia sobre la posibilidad de una evolución del cuerpo del hombre, guiada por Dios?

Para empezar a indagar, debemos remitirnos a la precitada Humani Generis en su párrafo 29. Vamos a hacer algo tan sencillo pero poco común cuando se habla del tema: ¡reproducir el texto para que la interpretación que hagamos sea lo más fiel posible y para que el lector tenga esa certeza! Allí, en Humani Generis 29, se lee:

El Magisterio de la Iglesia no prohíbe el que —según el estado actual de las ciencias y la teología— en las investigaciones y disputas, entre los hombres más competentes de entrambos campos, sea objeto de estudio la doctrina del evolucionismo, en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente —pero la fe católica manda defender que las almas son creadas inmediatamente por Dios[4].

Es importante señalar varias cosas. En primer lugar, las palabras del papa Pío XII según lo cual “no está prohibido” estudiar la doctrina del evolucionismo en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente se han escrito en una circunstancia muy puntual: según el estado actual de las ciencias y la teología.

El permiso para estudiar esta doctrina no se da en abstracto sino en una situación muy concreta. No se puede des-historizar el fragmento de Humani Generis. Este permiso guarda relación con la situación de las ciencias y de la teología en ese momento; es decir, el permiso no depende algo invariable sino de algo que está sujeto a cambios. El permiso está relacionado con el perfeccionamiento, con el avance en el conocimiento, tanto en el orden científico-experimental como teológico.

Las palabras “según el estado actual de las ciencias y la teología” se llaman modificador de modalidad: expresan el grado de adhesión de quien sostiene tal frase.

Dado que el conocimiento humano, por su misma naturaleza, está sujeto al progreso y a la profundización, esta “no prohibición” de Pío XII podría perder su vigencia. Ignorar el factor tiempo no sería sensato, ya que han pasado 75 años desde la publicación de esta encíclica.

Una lectura no tendenciosa –económica[5], en términos hermenéuticos– del documento permite advertir que el papa Pío XII estaba dejando abierta la puerta al estudio de aquella doctrina en un contexto determinado: está diciendo que quedan permitidas la reflexión y la investigación sobre un tema. Habida cuenta la confusión reinante, es absolutamente necesario subrayar que el Papa Pío XII no estaba afirmando algo sobre el punto en cuestión. Simplemente, lo que hizo fue dejar manos libres a la investigación, condicionada por los requisitos recién mencionados. Es claro que tal permisión estaba vinculada al grado de conocimiento propio de la época en que estas palabras fueron escritas: año 1950.

Sería desacertado, por tanto, considerar este permiso o habilitación como un pronunciamiento teórico con respecto al evolucionismo. Se trata de una decisión prudencial, no de un juicio teorético: conceptualmente, el Papa no está afirmando nada.

Sigamos leyendo la encíclica en el mismo punto 29:

Mas todo ello ha de hacerse de manera que las razones de una y otra opinión —es decir, la defensora y la contraria al evolucionismo— sean examinadas y juzgadas seria, moderada y templadamente; y con tal que todos se muestren dispuestos a someterse al juicio de la Iglesia, a quien Cristo confirió el encargo de interpretar auténticamente las Sagradas Escrituras y defender los dogmas de la fe.

Continúa el Papa Pío XII, en el mismo punto 29:

Pero algunos traspasan esta libertad de discusión, obrando como si el origen del cuerpo humano de una materia viva preexistente fuese ya absolutamente cierto y demostrado por los datos e indicios hasta el presente hallados y por los raciocinios en ellos fundados; y ello, como si nada hubiese en las fuentes de la revelación que exija la máxima moderación y cautela en esta materia.

Aquí termina el párrafo 29. La precisión de estas líneas es notable. El papa Pío XII advertía –ya en 1950– que muchos (al igual que hoy, nos permitimos agregar) hablaban del origen del cuerpo humano a partir de una materia viva preexistente como si tal punto estuviese perfectamente demostrado: así, estos muchos daban a entender que si la doctrina católica no se acomodaba al supuestamente irresistible progreso científico, estaría condenada al anacronismo.

Ahora bien, tal punto no estaba probado en 1950.

Más aún: ni siquiera en la actualidad se ha demostrado el origen del cuerpo humano a partir de un ser vivo anterior. En palabras de Kaempfert:

¿Dónde nos situamos frente al misterio de la vida? Nos encontramos ante un gran muro de granito al cual ni siquiera hemos hecho un rasguño. Virtualmente no sabemos nada del desarrollo de la vida[6].

Si no se sabe nada del desarrollo de la vida, forzosamente tampoco se sabe nada respecto al origen del cuerpo humano, y es altamente hipotético colocar su origen en una materia viva preexistente.

Habiendo transcurrido 75 años de esta encíclica, la teoría evolutiva enfrenta nuevas objeciones, a la par que las ya existentes se ven reforzadas. Remitimos al lector a otros trabajos sobre el tema: aquí, aquí, aquí, aquí, aquí (debate), aquí, aquí, aquí, aquí (ponencia del Dr. Juan Manuel Torres) y finalmente aquí.

Es interesante al respecto tomar nota de la declaración de un prestigioso cuerpo de científicos que han asumido el compromiso de firmar públicamente un manifiesto titulado “A Scientifici Dissent from Darwinism” (Un disenso científico al Darwinismo), declaración que vio la luz en el mes de septiembre de 2005. El manifiesto –puede leerse en inglés[7] y en castellano[8]– arroja la nómina de no menos que 800 profesionales en todo el mundo[9], de las más diversas disciplinas, que han avalado la siguiente frase:

Somos escépticos acerca de las afirmaciones de que las mutaciones aleatorias y la selección natural puedan explicar la complejidad de la vida. Debe fomentarse un cuidadoso examen de la evidencia a favor de la teoría darwinista.

Tal como la página informa, quienes deseen suscribir este aserto deben contar con las siguientes condiciones: Las personas que firman la disensión científica sobre el darwinismo deben tener un doctorado en un campo científico como la biología, la química, la matemática, la ingeniería, las ciencias computacionales, o una de las otras ciencias naturales, o deben ser médicos acreditados y desempeñarse como profesores de medicina”.

Pero el tema de Pío XII no ha terminado. Porque bien vale la pregunta que nos haremos a continuación.

¿Por qué no se condenó con una declaración dogmática

el evolucionismo en la Humani Generis?

No obstante todo lo que hemos dicho, entendidas y aceptadas incluso las explicaciones precedentes, alguien podría preguntarse con toda legitimidad: si lo anterior es así, ¿entonces por qué Pío XII no dijo claramente que tampoco el cuerpo del hombre podía surgir por evolución? ¿Por qué la Iglesia no condenó sin más el evolucionismo haciendo uso de su autoridad de definir? ¿Por qué solamente se ha otorgado un simple permiso para estudiar una teoría?

En nuestra opinión, una conciencia profunda de la naturaleza doctrinaria de la Iglesia —de su esencia, en tanto Madre y Maestra— es el camino para responder a esta pregunta.

Resulta evidente que la potestad de la Iglesia para pronunciarse sobre temas lindantes con la ciencia es distinta a la que tiene en cuestiones estrictamente teológicas o morales. Las realidades visibles son abordadas por métodos tales como la experimentación y la observación, mientras que el alma humana y la ley moral natural —por ser espirituales e intangibles— se encuentran más allá de la materia, por lo que su influencia y actividad sólo pueden registrarse de forma indirecta.

El investigador Rafael A. Martínez habla de “prudencia”[10] por parte de las autoridades de la Iglesia Católica en relación al evolucionismo. Esta prudencia encuentra justificación en una profunda conciencia de la extensión y límites de su autoridad doctrinaria. En efecto, el poder de la Iglesia tiene por objeto confirmar verdades de fe y de moral. Su misión es extender a todo el mundo el Mensaje de Cristo, la Buena Noticia. Para eso tiene poder: para procurar la Evangelización. En particular, nos referimos al poder de definir ciertas verdades al declararlas “dogmas” y, por tanto, volverlas vinculantes para los fieles.

Por tanto, el poder de la Iglesia de Cristo (y en especial la Infalibilidad de la que ella goza cuando declara una verdad ex cathedra, dogmática) no es ni debe entenderse como una ventaja competitiva sobre otros campos del conocimiento —como si pudiese seguir “descubriendo” nuevas verdades, confirmándolas con sucesivas definiciones— sino como una autoridad para definir algo que ya se cree, algo que se cree hace años o siglos, algo que ya se está creyendo. Cuando la Iglesia Católica definió la Inmaculada Concepción, lo cierto es que el pueblo cristiano ya creía en la Inmaculada Concepción hace siglos. Lo mismo con la Asunción de María, por ejemplo.

Mostremos más casos. Del estudio de la historia se desprende que en situaciones tales como la propagación de graves errores (herejías), una verdad —ya creída por los fieles— es declarada en determinado momento por la Iglesia como perteneciente a la fe mediante una sentencia infalible (dogmática). En las sentencias infalibles, por tanto, la Iglesia no “agrega” ni “inventa” nada: señala explícitamente una verdad ya conocida –contenida en la Revelación, enseñada por la Tradición hace siglos, entre otras características—, cuya adhesión comienza a poseer carácter vinculante a partir del momento en que es expresamente definida. Así hizo con la Divinidad de Cristo, afirmada dogmáticamente en el año 325 D.C., en el marco del Concilio de Nicea, del que en este 2025 se cumplen 1700 años.

Ahora bien, ¿cómo aplicamos esto que sabemos respecto de la Humani Generis y de Pío XII? Vayamos despacio. Sumemos más piezas a este rompecabezas.

Hay otro elemento que aporta el precitado Martínez. A su juicio, la Iglesia habría querido evitar un nuevo “caso Galileo”[11]. Por esta razón, no habría hecho uso de su autoridad doctrinaria para definir dogmáticamente nada sobre el origen del cuerpo humano. Asimismo, agregamos nosotros, tampoco hizo uso de esta autoridad para condenar formal y explícitamente el evolucionismo, como sí hizo en cambio con la ideología comunista en Divini Redemptoris (1937) o con la ideología liberal en Libertas (1888).

En materia científica, como se ha dicho, la Iglesia no tiene la responsabilidad ni la facultad de enseñar, y mucho menos de definir. Cristo no le dio autoridad para consagrar ni rechazar paradigmas o conclusiones científicas sino para transmitir y comunicar “hasta los confines de la tierra” (Hechos 13, 47) las verdades que salvan.

Cuestiones éticas que van apareciendo como consecuencia del avance científico (fecundación in vitro, embriones congelados, vacunas realizadas en base a tejido fetal proveniente de abortos provocados, etc.) constituyen temas de naturaleza distinta a la puramente científica, por supuesto, y por lo tanto (al quedar comprometida la moral objetiva en ellos) sí compete a la Iglesia Católica formular un juicio y enseñar sobre estos puntos.

Atento a estas razones, se comprende que la Iglesia se haya limitado a enseñar que el alma humana es creada inmediatamente por Dios: su naturaleza es espiritual, no siendo producto de evolución alguna.

El ambiente equívoco y hostil que rodea a los fieles –destinatarios naturales de las enseñanzas de la Iglesia– puede también explicar esta cautela de las autoridades eclesiásticas. Ya en 1950, muchísima gente —experta o no— entendía por “evolucionismo” una serie de afirmaciones de orden científico entremezcladas con una toma de posición ideológica de neto corte cientificista y ateo. Por supuesto, ciencia e ideología son cosas diferentes, pero en la mente de muchas personas —es innegable— esta distinción no siempre resulta nítida.

Por supuesto, digamos ante todo que la causa de que esta diferenciación no sea nítida no es otra que la acción de innumerables divulgadores que entremezclan los datos científicos con sus posturas filosóficas. No es una novedad ni un gran descubrimiento mencionar que la doctrina católica y su teología –tanto en los años 50’ del siglo XX como hoy en día– son cuestionadas por todas partes en nombre de la ciencia. Rafael A. Martínez menciona dos libros que, hacia fines del siglo XIX, contribuyeron a abonar esta atmósfera: Historia del conflicto entre religión y ciencia, de John William Draper (1874) y Una historia de la guerra de la ciencia con la teología en la cristiandad, de Andrew Dickson White (1896)[12]. Se trata de dos publicaciones que, como comenta el precitado investigador, tuvieron una “amplia difusión” tanto en Estados Unidos como en otros países. Si a la acción del racionalismo antiteísta a fines del XIX le sumamos la poderosa influencia del cientificismo de la primera mitad del siglo XX, podremos aproximarnos al clima de la época en la que está escribiendo Pío XII.

De este modo, gracias a una sistemática propaganda, muchos fueron convencidos de que Darwin había efectivamente demostrado que el hombre procede del mono; rechazar esta conclusión implicaba ser etiquetado de oscurantista, supersticioso o fanático. No era nada sencillo el auditorio al que se dirigía el papa Pío XII.

Establecido lo anterior, es un hecho que, gustase o no gustase, por “evolución” y “evolucionismo” muchas personas en el mundo entendían una serie de hechos científicos, unidos –más o menos explícitamente– a una concepción atea y cientificista. Así, por ejemplo, el aumento de la resistencia de una bacteria frente a un insecticida sólo podía significar una sola cosa: evolución. Lo mismo se podría decir de las semejanzas entre los seres; todo eso sería evolución.

Teniendo presente: a) la naturaleza de la autoridad doctrinaria de la Iglesia, y b) este extendido estado de confusión entre el plano científico y el ideológico, se entiende que el Santo Padre evitase pronunciarse en torno a planos que se hallaban —y aún se hallan— confundidos.

El fragmento 29 de la Humani Generis presenta, pues, dos elementos. Se observa, por un lado, un juicio intelectual-teorético. Y por otro, una decisión prudencial ligada a ciertas condiciones.

El juicio intelectual-teorético se podría cristalizar de la siguiente forma: la fe católica manda defender que las almas son creadas inmediatamente por Dios. Pío XII no estaba diciendo que la “evolución” del cuerpo humano había tenido lugar. Entre otras cosas, porque en este fragmento no estaba diciendo nada en relación a la doctrina del evolucionismo.

La decisión prudencial fue permitir el estudio de una doctrina. Esta no prohibición es una decisión de la voluntad, y no un juicio conceptual-intelectual, aunque —por supuesto— tal decisión voluntaria tenga sus razones. Pero Pío XII no se pronuncia sobre la compatibilidad o no entre fe católica y “evolución del cuerpo humano”. No hay en el párrafo una afirmación relativa a la realidad sino una permisión ligada a ciertos requisitos:

1) que se entienda una permisión condicionada al estado “actual” de las disciplinas (ciencia y teología), es decir, a la situación del año 1950. Ello implica que esta misma “no prohibición” está lejos de ser absoluta. Se encuentra ligada a una primera condición;

2) que quede salvado que el alma humana es creada inmediatamente por Dios;

3) que se examinen ambas posturas —“la favorable y la contraria al evolucionismo”— de manera “seria, moderada y templada”. Y cuando dice “evolucionismo”, la HG entiende “la doctrina del evolucionismo, en cuanto busca el origen del cuerpo humanoen una materia viva preexistente”. Eso significa que el papa Pío XII estaba dejando abierta la investigación a este punto, y que no veía que examinar y estudiar este punto fuese ofensivo para con la fe. O que, aún viéndolo que fuese ofensivo, consideró prudente no definir al respecto, por todo lo que hemos dicho recientemente;

4) que todos se sometan —en cuanto a la interpretación auténtica de la fe— al juicio de la Iglesia;

5) que no se traspase la libertad señalada en los puntos a), b), c) y d) como si la evolución del cuerpo “ya estuviese demostrada”.

 

Recordemos las cuatro preguntas iniciales de este capítulo:

  • ¿La Humani Generis admite la teoría de la evolución?
  • ¿La Humani Generis sostiene la evolución del cuerpo del hombre?
  • ¿La Humani Generis no condena la afirmación de que el cuerpo del hombre, no su alma, evoluciona?
  • ¿La Humani Generis se pronuncia sobre la posibilidad de una evolución del cuerpo del hombre, guiada por Dios?

Respondamos a cada una de ellas.

En base a todo lo que venimos diciendo, cabe afirmar que la Humani Generis no puede leerse como: 1) una aceptación de la teoría de la evolución; 2) un sostenimiento de la postura de la evolución respecto del cuerpo humano.

En lo tocante al punto 3), es cierto que Pío XII no condena la afirmación de que “el cuerpo del hombre —no su alma— evoluciona”. No la condena, como no condena tantas otras afirmaciones.

Interpretando rectamente este documento, hay que decir que también sería equivocado tildar de hereje o heterodoxo a quienes afirmasen la evolución del cuerpo, lo cual es una afirmación no condenada que sin embargo podría ser –o no– perfectamente contradictoria con otras verdades (reveladas o racionales). Existen muchas corrientes filosóficas cuyos principios son contrarios a la verdad, pero que no han sido condenadas por la Iglesia[13].

Por último, situándonos en el punto 4), quien afirmase la evolución del cuerpo desde la HG 29 cometerían, como se ve, un grave error de interpretación. Si lo quieren afirmar, deben buscar otras bases.

Asimismo, conviene recordar que no es costumbre de la Iglesia condenar las doctrinas que no contradicen expresa e inmediatamente el dogma. De hecho, la Iglesia no condenó las tesis cartesianas aunque tantos grandes filósofos –como Blas Pascal, Josef Pieper o Etienne Gilson– les dirigieron enérgicas críticas.

La idea de una evolución del cuerpo humano no fue condenada, lo que lleva a puntualizar lo siguiente:

–no es lícito convertir el concepto de no condenado en el concepto de aceptado, ni tampoco en aceptable;

no es lícito convertir el concepto de no condenado en el concepto de inaceptable.

 

Finalmente, el fragmento 29 de la Humani Generis no puede leerse como una afirmación de la evolución del cuerpo, supuestamente guiada por Dios. Pretenderlo comporta un sequitur inadmisible.

¿La Humani Generis se pronuncia sobre la posibilidad de una evolución del cuerpo del hombre, guiada por Dios? No, no se pronuncia.

La Humani Generis insta a examinar y a estudiar ambas posturas: la favorable y la contraria al evolucionismo. Y por evolucionismo se entiende aquella doctrina según la cual el cuerpo humano provino de una materia viva preexistente. Asimismo, se podría pensar que el papa Pío XII no aplicó la fe como “Norma Negativa” por lo que entendemos que es razonable pensar que no consideró “ofensivo ni incompatible con la fe” ninguna de las dos posturas o al menos consideró que no era prudente definir algo al respecto.

 

[1] Cfr. https://www.unav.edu/web/ciencia-razon-y-fe/evolucionismo-y-cristianismo
[2] Cfr. https://www.unav.edu/web/ciencia-razon-y-fe/evolucionismo-y-fe-cristiana
[3] Cfr. Miguel de Asúa. La evolución de la vida en la tierra. Buenos Aires, Logos, 2015, pág. 251. La negrita es nuestra.
[4] Versión extraída de los textos oficiales publicados por el Vaticano en su página web. Recuperado de <http://w2.vatican.va/content/pius-xii/es/encyclicals/documents/hf_p-xii_enc_12081950_humani-generis.html>. Las cursivas son del texto.
[5] En este contexto, una lectura económica significa que no se pretenderá extraer más conclusiones que las estricta y necesariamente deducibles, procurando especialmente no forzar el texto.
[6] Kaempfert, W. El gran misterio de todo: el secreto de la vida…, citado por Alejandro Villareal (24 de septiembre de 2010). Citas de hombres de ciencia sobre la teoría de la evolución de Darwin. [Archivo de video]. [Dos partes]. Recuperado de <https://www.youtube.com/watch?v=pCTZ2b7-cZ0>.
[7] Cfr. <http://www.dissentfromdarwin.org/>.
[8] Cfr. <http://www.dissentfromdarwin.org/about/esp/>. La misma página web se encarga de aclarar: “Las personas que firman la disensión científica sobre el darwinismo deben tener un doctorado en un campo científico como la biología, la química, la matemática, la ingeniería, las ciencias computacionales, o una de las otras ciencias naturales, o deben ser médicos acreditados y desempeñarse como profesores de medicina”.
[9] A Scientific Dissent From Darwinism. (noviembre 2016). Recuperado de <http://www.discovery.org/scripts/viewDB/filesDB-download.php?command=download&id=660>.
[10] Martínez 2007. No estamos de acuerdo con Martínez con la totalidad de lo que afirma en su trabajo, pero utilizamos los datos que él trae a colación, aunque interpretándolos de manera diversa.
[11] Valga la aclaración de que la Iglesia acusó a Galileo en alguna de sus instancias de autoridad, pero no en la máxima. Cfr. El caso Galileo, por el Dr. Raúl Leguizamón en http://elblogdecabildo.blogspot.com.ar/2008/07/cientficas.html
[12] Martínez 2007: nº 2.
[13] Por ejemplo, el idealismo hegeliano. El famoso principio de inmanencia: no hay ser fuera del pensamiento.

 

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El título original del artículo es: “La filosofía económica del P. Julio Meinvielle”

Publicado en Revista Gladius N° 37, diciembre 1996

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Anoche terminé de ver la película Sound of Freedom con mi esposa. El novedoso filme es cargado informalmente a Youtube y es dado de baja[1] por los que manejan la plataforma con la misma velocidad. Aún así, antes de que sea retirado, se aprecian decenas de miles de vistas. Esto significa que el sistema de difusión está aceitado en un nivel no despreciable. No es para menos, considerando la sinergia provocada por el tridente profamilia (Mel Gibson, Jim Caviezel y Eduardo Verástegui). Y si esto lo advertimos nosotros, también el enemigo se da cuenta. A lo largo de estos días, casi 10 veces nos ha llegado una u otra versión de la película, algunas subtituladas. Lo esencial es la historia. Ni siquiera la actuación, que tiende a la sobriedad, incluso de manera casi como buscada por los productores del filme.

En efecto, lo central aquí es contar la historia real de un valiente y brillante policía estadounidense que se infiltra en las redes de pedófilos y consumidores de pornografía infantil, les sustrae información, organiza redadas, arresta a los criminales y libera a las víctimas. Por eso, las escenas de acción no son el centro de la película; apenas notifican a la audiencia de los peligros que los protagonistas vivieron. Otros fragmentos sugieren los abusos y prácticas sexuales sin vulnerar la dignidad de los actores ni atropellar los ojos de los espectadores. Se ha logrado un equilibrio.

La muerte de la infancia –por vía del secuestro y compraventa– ilustra de manera innegable la presencia de Satán en el mundo. Desnuda asimismo un laberinto de complicidades y omisiones sin el cual esta organización sería imposible: en todos los niveles y estamentos de la sociedad hay degenerados que, armados del poder y de sus resortes, compran niños de 3, 6, 10, 12 y hasta 15 años, para desfogar sus oscuros deseos sexuales en “fiestas privadas”. Está todavía fresco el recuerdo de Jeffrey E. Epstein, co-fundador de la Fundación Clinton: un multimillonario condenado por pederasta y por haber armado una red de tráfico de menores, integrada por personajes poderosos a los que el propio Epstein luego chantajeaba, a través de cámaras ocultas.

El tráfico de niños –con todos los crímenes que trae aparejado: secuestro, violación, abuso sexual de menores, trabajo infantil– constituye, junto con la aberración del aborto, el último coletazo del demonio. Ya no se puede caer más bajo. No hay persona de bien que no sienta horror ante este negocio cuya expansión ya es mundial, convirtiendo a los niños en mercancía que se vende por varios miles de dólares.

Doblemos la apuesta y digamos claramente que existen instancias preparatorias que vuelven menos brusco el salto a la esclavitud sexual infantil. Las Agencias de Modelos para adolescentes y preadolescentes, por ejemplo, pueden llegar a ser peligrosas. También los espacios pseudo pedagógicos como la ESI (Educación Sexual Integral). En efecto, la hipersexualización de la infancia naturaliza conductas indeseables en los pequeños. Para ser justo, no sólo el Estado ha fomentado esto con sus programas de ESI. Desde la industria del entretenimiento y la farándula, el sector privado no se ha quedado atrás. En la Argentina, por ejemplo, Cris Morena y sus producciones (Verano del 98, Rebelde Way, Casi ángeles, Chiquititas, etc.), Marcelo Tinelli y su Bailando por un sueño Kids son una buena prueba de ello. Sólo hay que observar las coreografías promiscuas de niños de 9 y 10 años, o escuchar a Tinelli preguntando a una nena si tiene novio[2], para entender la magnitud del asunto.

Marcelo Tinelli, Bailando por un Sueño Kids, 2009

Netflix no se queda atrás: ha puesto su vasta estructura al servicio de Cuties, una película cuyas protagonistas son niñas que “trabajan” como strippers. Cuties, se ha dicho, abre el apetito de los pedófilos. Se trata de la misma plataforma que no permite proyectar Sound of Freedom.

Un capítulo aparte lo constituye la industria de la música. “Artistas” de escala internacional como Karol G, Bad Bunny, Becky G, Christina Aguilera, Annita, generan millones de dólares mientras erotizan menores de edad. En efecto, el pansexualismo impacta en la infancia por la falta de filtros donde letras vulgares y pervertidoras son distribuidas a nivel global, exaltando antivalores que los niños repiten e incorporan a sus vidas.

Prestemos atención porque en la Argentina y en el mundo civilizado se vienen diciendo cosas al respecto que no pueden dejarse de lado:

  • A finales del 2015, el periodista Ernesto Tenembaum preguntó inocentemente al aire durante un programa de radio “¿Cuál es el problema de tener pornografía infantil?”, justificando su pregunta con el comentario: “Es una fantasía, es una fantasía espantosa, pero el tipo no cometió ningún delito, no le hace mal a nadie”[3].
  • El 7 de julio del 2019, desde la cuenta de Twitter del Senado de la Nación, unas manos anónimas escribieron: “Hay pedófilos que tienen conciencia moral y buenos frenos y saben que llevar adelante su deseo genera un daño en otros, los abusadores son quienes carecen de frenos: esas personas no se recuperan porque no tienen intención de recuperarse”[4]. Se hacía referencia a un tal doctor Grossman, entrevistado por Radio Nacional AM870. El tuit fue retirado a los pocos días a causa del escándalo mediático que provocó.
  • En junio del 2022, Javier Milei, diputado y firme candidato a Presidente, sostuvo en entrevistas que la venta de infantes era un tema “muy abstracto”, una discusión “muy alejada de la realidad de los argentinos”, “una discusión filosófica”, “yo creo que no es una discusión hoy para debatir en la Argentina”, un tema a debatir “quizás de acá a doscientos años, ponele, qué se yo, no sé”[5]. Se trata del mismo político e influencer que alaba permanentemente al ideólogo Murray Rothbard, quien defendió explícitamente un mercado libre de infantes.
  • En septiembre del 2022, Irene Montero ­-titular del Ministerio de Igualdad en España- sostuvo: “… para hablar de Educación Sexual, por ejemplo, que es un derecho de los niños y las niñas, independientemente de quiénes sean sus familias, porque todos los niños, las niñas, les niñes (sic) de este país tienen derecho, tienen derecho, a conocer su propio cuerpo, (tienen derecho) a saber que ningún adulto puede tocar su cuerpo si ellos no quieren, si ellos no quieren, y que eso es una forma de violencia. Tienen derecho a conocer que pueden amar o tener relaciones sexuales con quien les dé la gana, basadas -eso sí- en el consentimiento. Y esos son derechos que tienen reconocidos”[6].

 

La falta de reacción al mal es casi peor que el mal mismo. Son millones en el mundo los que podrían hacer algo contra estas barbaridades. Pero no hacen nada. Por eso, esta película necesita del apoyo global de todos nosotros. Un apoyo económico, de difusión entre amigos y conocidos, y una férrea defensa en las RR.SS. No podemos permitir que este filme y sus difusores, especialmente el tridente profamilia, sean cancelados. Gibson fue muy atacado por La Pasión de Cristo (2004) y Caviezel recibió uno de los castigos más hipócritas que el enemigo aplica: la conspiración del silencio. Hollywood dejó de tenerlo en cuenta para películas, le hizo el vacío; en una gran medida hizo de cuenta que el actor no existía.

Probablemente harán lo mismo con Sound of Freedom, al menos al principio, y cuando no puedan seguir fingiendo, comenzarán a atacar o a desviar la atención hacia puntos totalmente secundarios: cuánto dinero ganó Caviezel, cuánto recaudó la productora de Verástegui… Nosotros no podemos permitir que esta película sea confinada al olvido, no podemos aceptar que pase sin pena ni gloria. Es el momento de aprovechar este impulso mediático notable y poner este material en la nariz de todo padre de familia que ame a sus hijos. Porque hay miserables en todos lados y están, como el león, merodeando para ver a quién devorar. Levantemos una muralla celeste en nuestros hogares cuyo lema sea “Con los hijos de Dios no te metas”.

[1] Más sobre el tema de los contenidos de Youtube, aquí: https://n9.cl/f9lxk

[2] Como botón de muestra, señalamos el programa emitido por Canal 13 el día 7 del mayo de 2009: https://n9.cl/os7vax (minutos 45:40 hasta el final). Ver especialmente la pareja de niños que baila entre 01:09:10 y siguientes.

[3] Cfr. https://n9.cl/03v7w. Las palabras de Tenembaum recibieron, entre otros, el repudio de Hernán Navarro, presidente y fundador de la ONG “Grooming Argentina”. Ver aquí: https://n9.cl/oaqapv

[4] Cfr. https://n9.cl/pi35w

[5] Cfr. https://n9.cl/w8n67 (minutos 32:55 a 37:50)

[6] Cfr. https://n9.cl/u9sza

Aportes económicos

Estimado lector:

Desde hace muchos años, junto con muchos amigos y colaboradores, y siguiendo las enseñanzas de los excelentes maestros que tuve, vengo realizando una militancia en pro de los ideales de la Verdad, el Bien y la Belleza, procurando salvaguardar los principios de Dios, Patria y Familia, bajo el signo del Reinado Social de Jesucristo, tanto en las redes sociales y medios de comunicación como en el ámbito académico y en la calle.

Esta actividad requiere de un estudio permanente a fin poder dar una opinión fundamentada sobre distintos temas, lo cual lleva mucho tiempo y esfuerzo. Los artículos y ensayos -publicados en periódicos y en las redes sociales-, así como las conferencias y los libros son el resultado de esto.

Así, por ejemplo, en el año 2018 -y para tener alguna dimensión numérica de este despliegue- fui entrevistado 19 veces, dicté 10 conferencias y varias charlas, publiqué 34 videos en mi canal de Youtube y 27 artículos en esta página web (www.jcmonedero.com). Además, participé de un debate público contra la militante feminista y marxista Daiana Asquini, y fui el responsable de un curso sobre Lógica y Argumentación.

En enero de 2019, viajé a la provincia de Salta para dictar una capacitación y una conferencia en la provincia de Salta. En febrero, viajé a Chubut (Esquel y Trevelin) para dos conferencias. El 11 de marzo de ese año, en La Plata, junto al Dr. Pablo Muñoz Iturrieta, dictamos otra conferencia; y en abril participé en el homenaje que la agrupación “Muralla Celeste” hizo a los tripulantes del submarino ARA San Juan.

Mucha de esta actividad se debió gracias a la invaluable colaboración de quienes saben que esta batalla no puede posponerse. Se valora enormemente el haber puesto sus recursos (intelectuales y económicos) al servicio de nuestra noble causa.

No trabajo solo: trabajo con mis colaboradores, a quienes intento pagarles acorde al buen servicio que prestan (por ejemplo, videos e imágenes más atractivas), en atención a que toda persona debe contar con el sustento suficiente para su bienestar mínimo: esto incluye no sólo la alimentación y el vestido sino también los recursos para poder disponer de un hábitat.

Por esto, si valorás mi trabajo, dejo a continuación unos enlaces para una donación única o mensual. Las donaciones se aprecian mucho, no sólo porque permiten realizar los gastos necesarios y cotidianos propios de un padre de familia sino además porque servirán para mantener toda esta actividad y crear recursos nuevos, desde libros (algunos que en estos momentos estoy escribiendo) hasta conferencias.

Muchas gracias.

Lic. Juan Carlos Monedero (h)

 

Para aportes en dólares, vía PayPal:

juancarlosm_82@hotmail.com

Para aportes en pesos argentinos, vía transferencia bancaria:
Alias: TRETA.LLANO.FAROLA (Banco Patagonia)

Para donaciones por Western Union, consultar mediante mensaje por las redes sociales.

 

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Relativismo: conversación entre alumna y profesor

Relativismo: conversación entre alumna y profesor

 

Alumna–––Buen día, Juan Carlos. Estuve leyendo y deseo hacerte esta pregunta, en base a lo visto en clase: ¿Por qué afirmarla finitud del conocimiento humano no implica adoptar la postura del relativismo?

 

RESPUESTA: Primero que nada, hay que definir qué es el relativismo.

El relativismo es una postura filosófica que sostiene que no es posible llegar a la verdad objetiva, absoluta; no es posible arribar a lo que las cosas son en sí; ¿Por qué? Porque (según esta postura) la mente humana no puede superar ni colocarse por encima de sí misma e ir al objeto tal como es en sí. Siempre que la mente vaya al objeto, dice el relativismo, lo hace determinada por el modo de ser del sujeto observador. Por poner un ejemplo, vos, Magdalena, no podés jamás saber lo que es la verdad en sí de nada porque siempre vas a estar viendo lo que es “para vos”, “en relación a vos”, lo que es “relativo a vos” pero nunca lo que es en sí mismo, lo que la cosa substancialmente es.

El relativismo es una vieja postura que ya estaba presente en los sofistas de la Antigüedad; Protágoras y Gorgias, por ejemplo. Y fue parejamente combatida por los más grandes filósofos de la Grecia Clásica: Sócrates, Platón y Aristóteles. Obvio que podemos ver esos argumentos en detalle más adelante, si te interesa.

Tras una apariencia de astucia y de prudencia, el relativismo implica clausurar toda ética y toda moral. Porque toda moral se fundamenta en el ser: de acuerdo a lo que las cosas son, según lo que las cosas son, es como yo debo actuar. Pero si no puedo conocer cómo son las cosas, ¿cómo debo actuar? ¿Qué es lo correcto y lo incorrecto si estoy atrapado en una cárcel donde todo está oscuro y no puedo palpar nada? Asimismo, si no hay una verdad objetiva y un bien objetivo, ¿qué es la belleza? ¿Existe algo que no sea bello y algo que lo sea?

Hay una suerte de triple unidad entre verdad-bien-belleza. Si afirmás la posibilidad de conocer la verdad, la lógica te lleva a aceptar un bien y una belleza. Pero si negás que la verdad sea cognoscible, entonces tampoco podés hablar de un obrar correcto o incorrecto. También se volvería resbaladizo el terreno del arte y de la belleza.

Si hasta acá se entiende, avisame y seguimos.

 

Alumna–Sí, entendí muy bien lo del relativismo. ¡Podemos seguir!

 

RESPUESTA: Bien, volviendo al punto: ¿Por qué afirmar la finitud del conocimiento humano no implica adoptarla postura del relativismo? Porque afirmar el carácter ‘finito’ (o limitado) del conocimiento humano no es negar que el hombre alcanza verdades. El hombre puede alcanzar verdades. Sí, puede. Pero no puede agotar completamente todas las verdades posibles del universo, no puede comprenderlo todo. Puede llegar a verdades absolutas pero no puede conocer todo lo que existe, no puede acabar ni esfumar ni hacer desaparecer el misterio de la realidad aunque sí puede beber algo de esa fuente… Dice bellamente San Agustín:

 

‘Es la Verdad sin cambio ninguno. La Verdad es Pan; da sustento a lasalmas, sin menguarse; renueva al que lo come; ella no sufre transformación’.

 

Alumna–Muchas gracias. Sólo me queda esta duda; si no es posible (según el relativismo) alcanzar la verdad absoluta, la verdad absoluta para un relativista no debería existir. No tiene sentido mantener que existe la verdad en sí pero que no se puede conocer, dado que cada uno tiene su propia versión de ella. ¿No?

 

RESPUESTAExacto. No tiene sentido mantener que la verdad “existe” pero “no se puede conocer”. De hecho hay algunos que dan un paso más allá y dicen eso mismo. Uno de los sofistas antiguos, Gorgias de Leontino, decía “la verdad no existe. Si existe, no se puede conocer. Si se puede conocer, no se puede comunicar”.

Existen relativistas absolutos: “Nada existe”. Y existen relativistas moderados: “Algo existe, existe la verdad, pero no se puede conocer”. En la práctica, relativistas ‘absolutos’ y ‘moderados’ acaban en lo mismo.

El tema es que el relativista moderado tiene una fuerte contradicción, que si te interesa la charlamos. ¡El otro está en contradicción las 24 hs. del día!

 

Alumna– Perfecto, entendido. Y una última duda –así ya no molesto más–; entiendo que se necesite el diálogo para que la verdad humana progrese, pero “la colaboración”, ¿qué función tiene en todo esto? Es que en la última parte del texto se habla del “diálogo y colaboración”. Y dice: “sin diálogo y sin colaboración no podrá crecer ni progresar la verdad humana”. Yo no logro entender mucho qué tiene que ver la colaboración en esto, ni de qué ni quién.

 

RESPUESTA: Por la misma razón que es fructífero el diálogo entre dos personas, poniendo en común las verdades que ambos conozcan, es fructífera también la colaboración que se da como consecuencia del diálogo. Es decir, en la conversación entre dos o más seres humanos se busca un fin común (la verdad de las cosas), meta a la que no se puede llegar en soledad.

Se entiende “colaboración” en sentido amplio: cuando vos tomás un libro de un autor al que ni siquiera conocés y lo lees, él está colaborando con tu mente, justamente, para que vos descubras la verdad. Es decir, el diálogo NO ES un fin en sí mismo sino que es UN MEDIO para llegar a la verdad de las cosas. El diálogo es en sí mismo una colaboración.

“Diálogo” tiene dentro el término logos, un término muy importante en la Filosofía. No hay diálogo sin logos. Hoy en día, muchos se llenan la boca de la palabra “diálogo” pero en realidad traicionan ese término, dado que no se ejercitan en la búsqueda de la verdad (del logos) y por lo tanto su acción oculta –y no revela– esas verdades.

 

Espero haberte ayudado. Saludo atento.