Milei sí, Milei no – Debate con un medio peruano en torno a las medidas de gobierno

Milei sí, Milei no – Debate con un medio peruano en torno a las medidas de gobierno

 

Estimado Prof. Alfredo Ghersi

Mi nombre es Juan Carlos Monedero, soy argentino, licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino. He leído su artículo titulado “¿Cuba a la Milei?” y quisiera comentar sus párrafos, uno por uno.

Permítame comenzar.

Usted dice:

La izquierda latinoamericana ha arrancado el 2024 atacando con fuerza las medidas económicas de Javier Milei, tildándolas como antidemocráticas y pertenecientes a un sistema proveniente del capitalismo salvaje.

Milei es atacado también por muchos católicos puesto que él afirma que la Justicia Social, concepto propio de la Doctrina Social de la Iglesia, es una aberración. Tampoco ha caído bien la propuesta del divorcio exprés, los apoyos al acuerdo de París (cambio climático), por citar algunas medidas.

En la Argentina, también es cuestionado por el movimiento peronista, el cual (si bien no compartimos su trayectoria política) no está integrado exclusivamente por la izquierda, si bien hay sectores importantes de peronistas izquierdosos.

En la Argentina al menos, Milei también es atacado por un sector de nacionalismo católico, que es totalmente anti-izquierda. Ver aquí, aquí y aquí.

Finalmente, es atacado por liberales que lo acusan de infidelidad y traición a sus propios principios. Especialmente por liberales institucionalistas que le recriminan haber pedido 4 años de facultades extraordinarias, por el cual ya lo están llamando “Emperador Milei”.

Usted dice:

Una de las principales críticas de la izquierda ha sido la eliminación de los subsidios y las medidas de control de precio sobre ciertos productos de la canasta básica de alimentos que habían regido en Argentina desde hace muchos años.

Cabe recordar que el control de precios es uno de los pilares fundamentales de la planificación central de la economía propuesta por el socialismo marxista, que se basa en la teoría objetiva del valor trabajo. Bajo esta teoría se intenta explicar que el valor de los bienes en la economía es determinado por el costo de producción.

De esta manera, lo que se buscaría es que el Estado proteja los precios justos de los bienes que ellos catalogan como esenciales, tildando los precios de mercado como abusivos y perjudiciales para la sociedad.

Sin embargo, el problema radica en que los precios de mercado sirven como señales de información respecto a las necesidades de los individuos con relación a la oferta y la demanda.

Deseo enfatizar que la teoría objetiva del valor trabajo es sustentada por corrientes económicas no marxistas.

El marxismo plantea la dialéctica de la lucha de clases como motor de la historia, junto con el principio filosófico –falso, por cierto– de que el mundo carece de esencias objetivas, pudiendo por tanto el hombre moldearlo a su voluntad. Además, el marxismo ha planteado que la solidaridad entre los hombres no debe pasar por las naciones sino por las clases sociales. El gobierno de Milei no sólo recibe críticas de la izquierda o de los grupos marxistas. Muchos católicos y muchos católicos nacionalistas argentinos –que repudian el comunismo– repudian además las medidas de desregulación de Javier Milei, en línea con el capitalismo liberal, porque recuerdan que la ideología liberal ha sido condenada por el Magisterio de la Iglesia Católica.

En otro orden de cosas, todos los empresarios y comerciantes calculan los costos de producción sin ser marxistas por ello.

Por otra parte, parece a todas luces injusto que los precios de la canasta básica queden librados a la pura oferta y demanda, dado que son bienes esenciales para la vida. De esta suerte, quienes no contaran con el dinero para pagarlos, morirían sin remedio.

Los precios de aquellos productos que no son necesarios para vivir (el caviar, una limusina, una mansión, p.e.) pueden lícitamente quedar librados a la oferta y demanda. Pero una desregulación absoluta de aquellos productos, bienes y servicios esenciales (la canasta básica, cierto tipo de ropa, la salud, la vivienda) pone a una gran cantidad de personas en un riesgo mortal, o al menos en una situación social incompatible con la dignidad humana y cristiana.

En cuanto a los subsidios, son utilizados por EE.UU., varios países de Europa, América y Asia a fin de reforzar sus propias industrias. Reproducimos datos recabados por organismos oficiales de la Argentina. Leemos:

Según el relevamiento del FMI, Argentina en 2015 destinaba el 3.25% de sus ingresos totales a subsidiar el acceso a la energía. Este importante porcentaje es menor a que destinan otros países como Bulgaria (33.85%), Serbia (24.70%), China (20.13%), Venezuela (19.96%), Rusia (15.97%), Arabia Saudita (13.23%), India (12.34%), Polonia (9.13%), Bolivia (6.77%), Qatar (6.37%), Estados Unidos (3.82%) y Chile (3.32%).

Entre los países que destinan menos recursos (en proporción al PBI) que la Argentina a subsidios energéticos totales están: Luxemburgo (3.24%), Japón (3.22%), Grecia (2.61%), Canadá (2.46%), Brasil (2.35%), México (2.26%), Australia (1.96%), Paraguay (1.80%), España (1.70%), Alemania (1.42%), Reino Unido (1.37%), Francia (1.03%), Italia (0.62%), Uruguay (0.45%).

De esta manera, el informe revela que los subsidios energéticos medidos al año 2015 en nuestro país no sobresalen por encima de los subsidios de muchos países en términos de comparaciones internacionales ni superan la media internacional (3.25% del PBI)”[1].

En definitiva, no sólo es cierto que todos los países mencionados subsidian su propia energía. También sería cierto que muchos países cuya situación económica es mejor aún que la Argentina invierten más dinero en subsidios que los argentinos.

Usted dice:

“podemos hacer referencia a la teoría del marginalismo de Carl Menger, que explica como el valor de un bien disminuye mientras este se vuelve más abundante y por ende más preciado cuando este es más escaso. Por eso una Coca Cola en el desierto valdría más que una en un supermercado.

Mejor dicho, los precios no pueden ser determinados de manera objetiva sobre la base de su costo de producción, sino que estos se vinculan a las preferencias de los individuos que conforman lo que se cataloga como mercado. Si se necesita mucho de algo escaso, es natural que su precio sea elevado”.

 Si bien este principio de Menger es válido en muchos casos, y si bien esto es lo que normalmente sucede, conviene preguntarse si esto es justo o no. En efecto, las leyes de las sociedades no son leyes biológicas ante las cuales uno no puede sino adaptarse. Son más bien leyes sociales, donde interviene el libre arbitrio, el azar, hay avances y retrocesos, y no todo lo que pasa es –por el hecho de pasar– bueno. Pongamos algunos ejemplos: ¿puede lícitamente un cirujano de corazón tasar su capacidad de salvar vidas en un precio tan elevado que la gente tenga que vender su casa o morirse? ¿Es lícito cobrar por un bien o servicio que salve la vida algo que, para el caso concreto de la persona, implica la pérdida de todo su patrimonio?

 Como usted bien ha dicho párrafos atrás, para la teoría objetiva “el valor de los bienes en la economía es determinado por el costo de producción”. Sin embargo, el comerciante o empresario –para determinar el valor de venta de un producto ante su mercado– toma en cuenta efectivamente lo que costó producirlo. Por ejemplo, el dueño de un restaurante determina lo que va a cobrar por un café con leche –p.e.– en función del costo del café, de la leche, del sueldo que debe pagar al mozo, el edulcorante y el azúcar que ofrece en la mesa, el costo de la servilleta, la luz, el gas, la demanda del café y la oferta del mismo en las inmediaciones del restaurante tiene su papel, etc. Realmente no vemos nada de marxista en realizar estas estimaciones y cálculos que, por lo demás, todos los empresarios –desde las pequeñas a grandes empresas– realizan porque, lógicamente, estas operaciones matemáticas le permiten saber si está perdiendo o ganando dinero.

Usted dice:

Existen muchos precedentes históricos que demuestran cómo los controles de precio solo generan escasez, el incremento de mercados negros, pérdida de calidad y corrupción por parte de miembros del Estado.

Al analizar una medida, no solamente hay que evaluar las consecuencias negativas sino también las positivas. Además de los efectos que usted enumera, hay otros efectos tales como el acceso de un gran segmento de la población a esos bienes durante todo el tiempo que dure el control. Gracias al control de precios, muchas familias pueden comer lo básico todos los días. En sentido inverso, la falta de control vuelve extremadamente difícil que muchas familias se alimenten a diario. La falta de control y regulación también dificulta el pago de alquiler o las prepagas de salud.

En la experiencia de la Argentina, los mercados negros también funcionaron cuando no había política de control de precios porque los comerciantes evadían impuestos.

Por otro lado, creemos que la corrupción por parte de miembros del Estado no es un efecto del control de precios sino una posibilidad latente en toda estructura humana, falible.

En todo caso, creemos justo que un Estado que mantiene controles de precios habilite ciertas exenciones o facilidades impositivas para las empresas que prestan un servicio a la economía y al bien común, al ganar menos de lo que podrían ganar. De esa manera, el dinero que no ganan por un lado –no es que pierden, es que ganan menos– lo recuperan por otro.

Usted dice:

El fracaso de estas políticas puesto en escena con gran claridad hace unas semanas en una entrevista en vivo que los periodistas peronistas del Programa C5N estaban haciendo a un grupo de verduleros en un mercado de la ciudad de Buenos Aires para intentar demostrar como la eliminación de subsidios y políticas de control de precio implementadas por Milei era supuestamente perjudicial para la población.

Con gran ironía el hashtag del programa era #NoMeAlcanza y en él subtituló se podía leer “los precios fuera de control y salarios por el piso”.

Sin embargo, el verdulero al que entrevistaban desmontó por completo la falsa narrativa de la izquierda en un instante, revelando que la eliminación de este tipo de políticas había generado una caída de los precios a cerca de la mitad, incluyendo tomates, papas, cebolla, zanahoria, zapallos.

Más allá de lo que pudo decir el verdulero, la caída de los precios en los productos mencionados es consecuencia de factores estacionales: en la Argentina, estamos en pleno verano. Se produce mayor cantidad de frutas, verduras y, por el calor, se echan a perder más rápido. Se tiene que bajar los precios porque, si el stock no vende pronto, se pudre. Así, por ejemplo, el tomate siempre está muy barato en verano y muy caro en invierno. Por eso baja el precio. Esto prueba, además, que los empresarios y comerciantes miran los costos de producción para determinar el precio de mercado de sus productos. Y no lo hacen por ideología marxista sino por sentido común.

Por otro lado, la muestra que se ha elegido –tomates, papas, cebolla, zanahoria, zapallos– es muy pequeña: hay infinidad de productos en el mercado. Y es verdad que la mayoría de esos precios están fuera de control, como también que los salarios están en el piso. Lo hemos desarrollado aquí[2]. El índice oficial de inflación no permite engañarse: aumento del 25,5%[3].

Usted dice:

Como siempre, la falsa ideología de la izquierda se desmorona en la calle y cuando se eliminan este tipo de medidas intervencionistas el efecto positivo es inmediato y la sociedad sale ampliamente beneficiada.

Como parte de los efectos inmediatos de las medidas –y de las palabras de Milei– es notable sin duda una pérdida del poder adquisitivo del peso argentino aún mayor que la que producida durante las desastrosas administraciones anteriores. La situación era muy mala y ahora es peor. Los salarios han quedado pulverizados, lo mismo las jubilaciones y pensiones.

No negamos que pueda haber efectos positivos pero el único efecto positivo que el artículo enumeraba resultó ser, a nuestro modo de ver, consecuencia de una causa distinta. Conocemos, en cambio, los efectos negativos. A lo largo de este mes de gobierno de Milei, la caída del consumo ha sido, para muchas empresas, peor que los controles de precios. Por la falta de ventas, ahora hay algunas empresas en riesgo de quebrar. Asimismo, la posibilidad de que la Argentina abra sus puertas a industrias extranjeras –ingresando a competir sin regulaciones– pone en riesgo cientos de miles de puestos de trabajo dentro de la industria nacional, además del capital de los empresarios. Por lo demás, al caer el consumo, cae la recaudación de impuestos y el déficit fiscal se mantiene o incluso se ensancha. Son todos efectos negativos inmediatos.

Usted dice:

Lo peor de todo es que la misma izquierda reconoce las limitaciones de su propia teoría económica y cuando les conviene implementan a escondidas medidas que ellos mismos catalogan como explotadoras, salvajes e injustas. Podemos citar el caso de la dolarización de facto que impera en Venezuela desde el año 2019.

Nos permitimos insistir en que el antagonista de Milei no es solamente la izquierda sino –concretamente en la Argentina– muchos católicos, los peronistas en general –sean o no de izquierda–, muchos católicos nacionalistas y algunos liberales principistas.

Usted dice:

No cabe duda de que Milei tiene un largo y difícil camino por delante, sin embargo, el efecto positivo de sus medidas ya se está empezando a sentir en la sociedad argentina, lo que debe servir como un ejemplo de inspiración para toda la región de que las cosas se pueden hacer bien.

Los efectos de las medidas se empiezan a sentir, sin dudas. Sin negar que pueda haber efectos positivos –sería arrogante hacerlo–, lo cierto es que la destrucción aún más pronunciada de los salarios, las jubilaciones y las pensiones (entre otras consecuencias ya mencionados) deben ser considerados a la hora de evaluar el gobierno de Javier Milei en la Argentina.

 

[1] Datos publicados en el año 2018. Cfr. https://defensoria.org.ar/archivo_noticias/cuanto-destinan-los-paises-a-subsidiar-el-consumo-de-energia/ . La negrita es nuestra.

[2] Cfr. https://jcmonedero.com/milei-precios-nuevos-salario-viejo/

[3] Cfr. https://www.perfil.com/noticias/economia/la-inflacion-de-diciembre-fue-de-255-y-el-ipc-aumento-2114-en-2023.phtml

 

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El fragmento sobre el tema lo pueden escuchar a continuación:

JAVIER MILEI: PRECIOS NUEVOS, SALARIO VIEJO

JAVIER MILEI:

PRECIOS NUEVOS,

SALARIO VIEJO

Por el Lic. Juan Carlos Monedero (h)

La desregulación de la economía argentina que impulsa el gobierno de Milei, cuya punta de lanza es el D.N.U. N° 70 del 27 de diciembre de 2023, está produciendo consecuencias muy graves. En primer lugar, de nada sirve que se nos prometa el oro y el moro “dentro de quince años” si nos empobrece más en el ahora. Estas medidas sólo agravan una situación que ya era de por sí caótica, producto de las administraciones anteriores. Aumentó el agua, la carne, el aceite, la leche, la fruta, los alimentos básicos. Aumentó el precio de la ropa. El valor de los alquileres se disparó. También las prepagas. Los medicamentos aumentaron. La nafta aumentó a pesar de que somos un país productor de petróleo. ¿Cómo hace una familia? ¿Y cómo llega a fin de mes papá, mamá con tres, cuatro o más hijos? ¿Acaso no se advierte que estamos inmolando la sociedad argentina en el altar del falso dogma de “sincerar la economía”? ¿De qué sirve este sinceramiento si los ingresos de la sociedad argentina quedan pulverizados? ¿Y por qué no sinceramos LA POLÍTICA, si tanto les gusta la sinceridad, y blanqueamos los intereses que persiguen estas reformas así como los nombres y apellidos de a quienes benefician?

“Una Argentina distinta es imposible con los mismos de siempre”. Y ahora nos gobiernan los mismos de siempre. Macri, Caputo, Sturzenegger, Bullrich. También están operantes las recetas de siempre: reducción de los subsidios en beneficio de una exportación que se desentiende del abastecimiento del mercado interno del país –nuestra Argentina– donde se origina ese producto con la consecuente destrucción de la industria nacional (a pesar de que Europa, EE.UU. y Japón subsidian sus empresas), abandono del rol del Estado en la protección de los derechos laborales, un dólar excesivamente alto para favorecer a los exportadores y al Estado que percibe impuestos de lo que se exporta (retenciones) mientras aquellos productos que guardan algún tipo de relación con el dólar se encarecen, por mencionar algunas medidas. Y esto sin contar que la soja se exporta prácticamente en su totalidad dado que no forma parte de la dieta de los argentinos pero sí de China y, por lo tanto, en su enorme mayoría se vende al mercado externo: a precio internacional.

Hay un ajuste y, en efecto, la decisión de Milei es que la variable de ajuste sean los salarios de la gente (y no los negocios de la casta). Entendamos que este gobierno toma decisiones mirando el Excel. En esta matemática cruel, en esta economía sin corazón y sin dignidad, la variable de ajuste son los salarios y las jubilaciones. Llevamos casi un mes de aumentos sin que se incremente los ingresos de trabajadores, jubilados y pensionados, más allá de un bono de $ 55.000 para aquellos jubilados que cobran la mínima. Es claro que hasta la ideología capitalista liberal tuvo que capitular: cuando el kirchnerismo aplicaba estos bonos la medida se cuestionaba y, sin embargo, ahora el gobierno de Milei se dio cuenta de que este enorme grupo de jubilados no pueden vivir. Y entonces, sin sonrojarse ni dar explicaciones, realizan una medida que antes criticaban.

A las recetas de siempre y al uso de los métodos que juraron no utilizar, se le suman las incongruencias propias. El Presidente que había dicho que “los impuestos son un robo” y que había asegurado que “se cortaría un brazo antes de subir los impuestos” (tal como dijo en campaña) aumentó los impuestos.

“¡El ajuste no lo paga la gente, lo paga la casta, lo paga la política!” repetía ante Fantino como un energúmeno. Parece que después de haber ganado las elecciones, la gente común se dio cuenta de que la casta… eran ellos. Porque LA CLASE MEDIA Y LA CLASE BAJA está sufriendo principalmente todas estas medidas. En efecto, el D.N.U. es una barbaridad salida de un laboratorio ideológico. Sus autores aplican una receta a la realidad, y si la realidad no encaja, ¡peor para ella! Pero la receta se aplica sí o sí. Eso no se negocia, aunque el pueblo gimotee y esté retorcido de dolor por la pérdida de su poder adquisitivo.

Todas estas consecuencias provienen de la filosofía política de Javier Milei: anarquismo capitalista liberal. Pero también surge, a no dudarlo, de poderosos empresarios y políticos a quienes les importa nada la teoría y mucho los intereses en juego. Desde Elsztain a Macri, desde corporaciones trasnacionales hasta Elon Musk, muchas piezas se han articulado para procurar la primarización de la economía nacional. Con cinismo, Caputo comentó hace unos días: “Feliz Navidad, gracias por el sacrificio”. Esto confirma que nos están sacrificando.

Finalmente, la sociedad que modela el D.N.U. ya no es una comunidad política, con lazos nacionales, con industrias propias, con una población que necesita que su autoridad la encamine al Bien Común. No, no vivíamos una situación ideal. Son décadas de ininterrumpida caída. No obstante, subsisten muchas leyes que, al menos desde lo conceptual, son positivas. Y Milei justo va contra lo poco que queda de bueno. Por eso, en la mente de este gobierno la sociedad ya no es una comunidad unificada por los lazos de religión, tradición, lengua, costumbres e instituciones. No. La sociedad es otra cosa: no es más que un “mercado” en que cualquier individuo –para obtener beneficios sin límite– está habilitado para pisarle la cabeza a otro. ¡Viva la ley de la selva! Es la teoría darwinista, de supervivencia del más apto, trasladada a la esfera económica. Y el estado argentino “ausente”, testigo inmóvil de las injusticias, que se queda bien quieto a fin de salvaguardar el pseudo derecho de los poderosos contra los débiles.

 

Por todas estas razones, le decimos NO AL D.N.U. DE JAVIER MILEI y te convocamos a que difundas todos estos argumentos.

 

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