Carta abierta de Mons. Viganó a Trump – Denuncia a Francisco y al NOM

https://rebelionenlagranja.com/noticias/nueva-carta-abierta-de-vigano-a-trump-20201101

CARTA ABIERTA
AL PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMERICA
DONALD J. TRUMP

Domingo, 25 de octubre, 2020
Solemnidad de Cristo el Rey.

“Señor Presidente,

Permítame dirigirme a usted en esta hora en la cual el destino del mundo entero está siendo amenazado por una conspiración global contra Dios y la humanidad. Le escribo como Arzobispo, como Sucesor de los Apóstoles, como el ex Nuncio Apostólico para los Estados Unidos de América. Le estoy escribiendo en medio del silencio de las autoridades tanto civiles como religiosas. Acepte mis palabras como la «voz del que llora en el desierto» (Jn 1:23).

Como dije cuando le escribí mi carta en junio, este momento histórico ve las fuerzas del Mal alineadas en una batalla sin cuartel contra las fuerzas del Bien; las fuerzas del Mal que aparecen poderosas y organizadas mientras se oponen a los niños de la Luz, quienes están desorientados y desorganizados, abandonados por sus líderes temporales y espirituales.

A diario sentimos multiplicarse los ataques de aquellos que quieren destruir la base misma de la sociedad: la familia natural, el respeto por la vida humana, el amor por el país, libertad de educación y negocio. Vemos a los líderes de naciones y líderes religiosos complacientes a este suicidio de la cultura Occidental y alma Cristiana, mientras los derechos fundamentales de los ciudadanos y creyentes son negados en el nombre de una emergencia de salud que se está revelando completamente más y más como instrumental al establecimiento de una tiranía inhumana sin rostro.

Un plan global llamado el Gran Reseteo está en marcha. Su arquitecto es una élite global que quiere dominar toda la humanidad, imponiendo medidas coercitivas con las cuales limitar drásticamente las libertades individuales y a aquellos en poblaciones enteras. En varias naciones este plan ya ha sido aprobado y financiado; en otras está aún en una etapa inicial. Detrás de los líderes mundiales quienes son cómplices y ejecutores de este proyecto infernal, hay caracteres inescrupulosos que financian el Foro Económico Mundial y el Evento 201, promoviendo su agenda.

El propósito del Gran Reseteo es la imposición de una dictadura sanitaria apuntando a la imposición de medidas liberticidas, ocultas detrás de promesas tentadoras de asegurar un ingreso universal y cancelando la deuda individual. El precio de esas concesiones del Fondo Monetario Internacional será la renuncia a la propiedad privada y la adherencia a un programa de vacunación Covid-19 y Covid-21 promovido por Bill Gates con la colaboración de los principales grupos farmacéuticos. Más allá de los enormes intereses económicos que motivan a los promotores del Gran Reseteo, la imposición de la vacunación será acompañada de un pasaporte de salud y un ID digital, con el consecuente rastreo de contacto de la población del mundo entero. Aquellos que no acepten esas medidas serán confinados en campos de detención o puestos bajo arresto domiciliario, y todos sus activos serán confiscados.

Sr. Presidente, me imagino que usted ya está consciente de que en algunos países, el Gran Reseteo será activado entre el final de este año y el primer trimestre del 2021. Para ese propósito se han planeado más encierros, los cuales serán oficialmente justificados por una supuesta segunda y tercera ola de pandemia. Usted está muy consciente de las intenciones que han sido desplegadas para sembrar el pánico y legitimizar las limitaciones draconianas a las libertades individuales, provocando ingeniosamente una crisis económica a nivel mundial. En las intenciones de sus arquitectos, esa crisis servirá para hacer irreversible el recurso de las naciones al Gran Reseteo, dando por lo tanto el golpe final a un mundo cuya propia memoria y existencia ellos quieren cancelar completamente. Pero este mundo, Sr. Presidente, incluye personas, afectos, instituciones, fe, cultura, tradiciones e ideales: personas y valores que no actúan como autómatas, quienes no obedecen como máquinas, porque están dotados de un alma y un corazón, que están enlazados por un vínculo espiritual que obtiene su fortaleza de arriba, de ese Dios que nuestros adversarios quieren retar, igual como hizo Lucifer al comienzo de nuestro tiempo con su «non serviam«.

Mucha gente – como bien sabemos – está fastidiada por esa referencia al choque entre el Bien y el Mal y el uso de términos «apocalípticos», los cuales de acuerdo a ellos exasperan los espíritus y agudizan las divisiones. No es sorprendente que el enemigo esté enojado al ser descubierto justo cuando cree que ha alcanzado la ciudad que piensa conquistar sin perturbaciones. Lo que es sorprendente, sin embargo, es que nadie hace sonar la alarma. La reacción del estado profundo a aquellos que denuncian su plan es rota e incoherente, pero comprensible. Justo cuando la complicidad de los Medios Masivos han tenido éxito en la transición al Nuevo Orden Mundial casi sin dolor e inadvertidos, están saliendo a la luz todo tipo de engaños, escándalos y crímenes.

Hasta hace pocos meses, era fácil desprestigiar como «teóricos de conspiración» a aquellos que denunciaban esos planes terribles, los cuales ahora vemos se están llevando a cabo al más pequeño detalle. Nadie, hasta febrero pasado, habría pensado que, en todas nuestras ciudades, los ciudadanos serían arrestados por simplemente querer caminar por la calle, respirar, por querer mantener sus negocios abiertos, por querer ir a la iglesia el domingo. Sin embargo ahora está ocurriendo en todo el mundo, incluso en la pintoresca Italia que muchos estadounidenses consideran ser un pequeño país encantado, con sus antiguos monumentos, sus iglesias, sus ciudades encantadoras, sus características villas. Y mientras los políticos están  protegidos dentro de sus palacios promulgando decretos como sátrapas persas, los negocios están fallando, los talleres cerrando, y previenen que la gente viva, viaje, trabaje y ore. Las desastrosas consecuencias psicológicas de esta operación ya se están viendo, empezando con los suicidios de empresarios desesperados y de nuestros niños segregados de sus amigos, compañeros de clases, diciéndoles que sigan sus clases mientras se sientan solos en casa frente a un computador.

En la Sagrada Escritura, San Pablo nos habla de «el que se opone» a la manifestación del misterio de la iniquidad, el kathekon (2 Tesalonicenses 2:6-7). En la esfera religiosa, ese obstáculo al mal es la Iglesia, y en particular el Papado; en la esfera política, son aquellos que impiden el establecimiento del Nuevo Orden Mundial.

Como es claro ahora, el que ocupa la Silla de Pedro ha traicionado su papel desde el mismo inicio para poder  defender y promover  la ideología globalista, apoyando la agenda de la Iglesia profunda, que lo eligió de sus rangos.

Sr. Presidente, usted ha declarado claramente que quiere defender a la nación – Una nación bajo Dios, libertades fundamentales, y valores no negociables que hoy son negados y contra los que se lucha hoy. Es usted, querido Presidente, quien es «el que se opone» al estado profundo,  el asalto final a los niños de la obscuridad.

Por esa razón es necesario que todas las personas de bien sean persuadidas por la  importancia de época de las inminentes elecciones: no tanto por el destino de tal o cual programa político, sino debido a la inspiración general de su acción que encarna mejor – en este particular contexto histórico – ese mundo, nuestro mundo, el cual ellos quieren cancelar por todos los medios del encierro. Su adversario es también nuestro adversario: es el Enemigo de la raza humana, El quien es «un asesino desde el principio» (Jn 8:44).

A su alrededor se reúnen con fe y coraje aquellos que lo consideran la guarnición final contra la dictadura mundial. La alternativa es votar por una persona que está manipulada por el estado profundo, gravemente comprometida por escándalos y corrupción, que hará a los Estados Unidos lo que Jorge Mario Bergoglio está haciendo a la Iglesia, el Primer Ministro Conte a Italia, el Presidente Macron a Francia, el Primer Ministro Sanchez a España, y más. La naturaleza de chantaje de Joe Biden – al igual que la de los prelados del «círculo mágico» del Vaticano – lo expondrá para ser usado inescrupulosamente, permitiendo a poderes ilegítimos tanto en política doméstica así como también en balances internacionales. Es obvio que aquellos que lo manipulan ya tienen a alguien peor que él listo, con quien lo reemplazarán tan pronto como se presente la oportunidad.

Y aún así, en medio de esa desolada imagen, de ese aparentemente imparable avance del «Enemigo Invisible», emerge un elemento de esperanza. El adversario no sabe cómo amar, y no comprende que no es suficiente el asegurar un ingreso universal o cancelar las deudas de hipotecas para poder subyugar a las masas y convencerlos de ser marcados como ganado. Esa gente, que por mucho tiempo ha soportado los abusos de un poder tiránico y odioso, está redescubriendo que tiene un alma; está entendiendo que no está dispuesta a cambiar su libertad por la homogenización y cancelación de su identidad; está empezando a comprender el valor de los lazos familiares y sociales, de los lazos de fe y cultura que unen a la gente honesta. Ese Gran Reseteo está destinado a fallar porque aquellos que lo planearon no entienden que aún hay gente lista para tomar las calles y defender sus derechos, para proteger a sus seres queridos, para dar un futuro a sus hijos y nietos. La nivelación inhumana del proyecto globalista se destrozará miserablemente en el rostro de la oposición firme y con coraje de los hijos de la Luz. El enemigo tiene a Satán de su lado, El quién solo sabe cómo odiar. Pero de nuestro lado, tenemos al Señor Todopoderoso, el Dios de los ejércitos arreglados para la batalla, y la Más Santa Virgen, quien aplastará la cabeza de la antigua Serpiente. «Si Dios está con nosotros, ¿quién puede estar en contra nuestra?» (Rom 8:31).

Sr. Presidente, usted está muy consciente que, en esta hora crucial, los Estados Unidos de América son considerados el muro defensor contra el cual la guerra declarada por los defensores del globalismo ha sido desatada. Ponga su confianza en el Señor, reforzada por las palabras del Apóstol Pablo: «Puedo hacer todas la cosas en El, quien me fortalece» (Fil 4:13). El ser un instrumento de la Divina Providencia es una gran responsabilidad, por lo cual usted recibirá todas las gracias de estado que necesita, ya que están siendo fervientemente imploradas para usted, por mucha gente que lo apoya con sus oraciones.

Con esa esperanza celestial y la seguridad de mis oraciones  por usted, por la Primera Dama, y por sus colaboradores, con todo mi corazón le envío mi bendición.

¡Dios bendiga a los Estados Unidos de América!”

+Carlo Maria Vigano
Título Arzobispo de Ulpiana
Ex Nuncio Apostólico para los Estados Unidos de América.

¿Unirnos bajo el término “derecha”?: Respuesta contrarrevolucionaria a Agustín Laje

¿Unirnos bajo el término “derecha”?: Respuesta contrarrevolucionaria a Agustín Laje

 

Por Juan Carlos Monedero (h)

Lic. en Filosofía UNSTA

 

         En una entrevista reciente, Agustín Laje propuso que todas las personas que seamos contrarias al progresismo –hoy dominante en los medios de comunicación, en las leyes, en las cátedras universitarias– nos unifiquemos bajo el término “derecha” para mejor librar el combate.

En efecto, desde un nuevo video[1] sostuvo ciertos conceptos y propuestas en torno al lenguaje que debe utilizarse en la batalla cultural. Por habernos ocupado de estos temas en “Lenguaje, Ideología y Poder. La palabra como arma de persuasión ideológica: cultura y legislación” (ediciones 2015, 2016 y 2019), tomamos el guante que nos ofrece.

         El objetivo de Laje es reunir a una mayor cantidad de personas contrarias al progresismo (o sea: aborto, ideología de género, eutanasia, legalización de la drogas, lobby gay, etc.) bajo el mote de “derecha”, y así poder plantear una mejor batalla a esas nefastas prácticas e ideas.

Respondemos que el fin buscado conspira contra el medio elegido, y por tanto no estamos de acuerdo con esta propuesta de Agustín Laje. Pasamos a detallar.

 

El planteo de Agustín Laje: unirnos en la categoría “derecha”

El punto de apoyo de esta propuesta es una descripción que Laje hace ya al principio del video. Él retrata los distintos grupos “anti progresistas” y explica el origen de sus diferencias de una forma un tanto odiosa y hasta injusta. Según él, se trata de diferencias que califica de “menores” porque a él le parecen menores, a fin de invitarnos luego a dejarlas de lado en aras de un “objetivo común”. ¿Por qué? Porque, según sus palabras, la política sería el arte de “acercar a los similares” y no a los idénticos.

Este es el punto de partida del análisis de Laje.

Así, parecería que tener principios innegociables y buscar asociarse con quienes los sostienen, sería una búsqueda cuasi sectaria “de los idénticos”. Parecería que estos grupos convierten causas opinables en absolutas, parecería que son ellos los grandes culpables de la falta de unidad. Parecería que somos los responsables, por no unirnos, de que el enemigo avance (¡!). Parecería que deberíamos dejarnos de jorobar con diferencias teóricas y allanarnos, unificándonos bajo el paraguas del término DERECHA.

 

¿Cantidad vs. Calidad?

Laje dice que “la política es el arte de acercar a los similares y no a los idénticos”. Pero la política no es esto, no es ni una cosa ni la otra. La política se define por la búsqueda del bien común. Así lo dijo Benedicto XVI: La justicia es el objeto y, por tanto, también la medida intrínseca de toda política. La política es más que una simple técnica para determinar los ordenamientos públicos: su origen y su meta están precisamente en la justicia, y ésta es de naturaleza ética”.

Es un concepto cualitativo, y no cuantitativo. Siendo este el punto de partida de Laje, todo el resto del planteo queda fuertemente afectado por el sesgo de la premisa inicial. El abordaje está herido, desde el vamos, por una análisis cuantitativo del asunto.

Él propone y reivindica la dicotomía “derecha-izquierda”; probablemente sea cierto que la suma de todas las personas anti progresistas bajo el término DERECHA desemboque en una cantidad mayor que esas mismas fuerzas por separado. Sí. ¿Y? La cantidad no es la que dirige el mundo. Adoptar esta dicotomía traería, además, otros problemas. La disyuntiva “derecha vs. izquierda” simplifica los complejos problemas sociales, económicos y políticos. Es un esquema reduccionista, maniqueo, el cual –independientemente de su nacimiento en la sangrienta y criminal Revolución Francesa–, hoy sirve a la causa de la confusión mental. En otras palabras: sería una ventaja desde el punto de vista de la cantidad pero un salvavidas de plomo desde la calidad.

 

¿Hacernos cargo de “la derecha”?

Por otro lado, si nos llevamos de la propuesta de Agustín Laje estaríamos “haciéndonos cargo” de todo el contenido del término Derecha, indiscriminadamente. La confusión sería aún mayor.

Con “hacernos cargo” no nos referimos al contenido que el periodismo progremarxista le asigna a la palabra “derecha”. No: nos referimos al contenido que los propios derechistas reivindican. ¿Por qué tenemos que asumir como propias decisiones del Gobierno de los Estados Unidos respecto de las Guerras en el Medio Oriente? ¿Por qué tendríamos los argentinos que incorporar a Ronald Reagan o a la cínica Margaret Thatcher, a quien no le tembló el pulso para hundir al Crucero General Belgrano, aquel 2 de mayo de 1982, donde perdieron la vida 323 tripulantes argentinos? ¿Por qué debemos hacernos cargo de las decisiones de la Administración Bush y el apoyo norteamericano a Israel? ¿Por qué tenemos que hacernos cargo de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, o la masacre de las ciudades alemanas de Hamburgo y Dresde, donde murieron decenas de civiles en una noche? ¿Por qué debemos entregarnos maniatados a la tiranía de un término en nombre del cual el Gobierno Militar, en la Argentina de 1976-1983, desfinanció las empresas nacionales, hostigó publicaciones verdaderamente patriotas como Cabildo, y entregó el capital nacional a empresas extranjeras?

¿Tenemos que hacer este “harakiri mental”, pasando por alto todo esto, porque el progresismo hoy prevalece en los medios de comunicación? Más que una propuesta, parece un chantaje: suena a como estamos perdiendo y estamos de rodillas, no les queda otra que aceptar lo que sin duda no aceptarían si estuvieran de pie.

Es un hecho que los que somos adversarios del progresismo estamos desunidos y dispersos; es un hecho que tenemos enemigos comunes, rechazos en común y pocos principios positivos compartidos. Pero el remedio no puede ser peor que la enfermedad.

Si borramos todas las denominaciones y nos quedamos con “Somos de Derecha, ¿y qué? ¿Qué problema tenés?” nos estaríamos haciendo cargo de muchas injusticias (presentes y actuales) y de muchas ideas equivocadas. No sólo personajes y hechos históricos.

Así, por ejemplo, estaríamos asumiendo (implícita o explícitamente) que la intervención del Estado es siempre nefasta, que el mercado no puede jamás ser regulado sin injusticia moral –por mencionar algunas– y asumir esto sería contrario a la Doctrina Social de la Iglesia. En la Argentina, concretamente, consideramos que sería un suicidio intelectual asumir como propias las críticas (menores, accidentales o circunstanciales) del “gorilismo de derecha” al peronismo, por ejemplo.

No se puede enfrentar el error del progresismo lesbomarxista abortero desde el error de la derecha liberal pro-norteamericana. En otras palabras, unirnos para mejor luchar contra un enemigo común pero abandonando otras verdades no es honorable. Y a la larga, ni siquiera será práctico.

 

Hablarle “al taxista”

 Laje sostiene que no podemos usar –o que, al menos, sería tonto hacerlo– un lenguaje más elevado, y que “tenemos que hablarle al taxista”; o sea, al hombre común. Esta suposición que él desliza no está comprobada: ¿de dónde saca que “la causa” de que el hombre común, el taxista como él le dice, no se suma a la lucha contra el progresismo por culpa del lenguaje con que se le habla del tema? ¿No puede haber acaso otros motivos? ¿No puede existir un conjunto de motivos? ¿Cómo saberlo? ¿Por qué dar por sentado que el problema es ese? ¿A título de qué?

Al ser una presuposición gratuita, puede ser gratuitamente rechazada.

En este punto, esta idea de bajar el lenguaje para hablarle “al taxista” hace acordar precisamente al planteo católico-progresista de los años 60’: “bajemos el lenguaje para que la gente nos entienda y retorne a la Iglesia”. Lo hicieron: bajaron el nivel del lenguaje pero la gente se siguió yendo de los templos.

Ahora bien, primero tenemos que deshacer el equívoco. ¿A qué se refiere Laje cuando dice “su lenguaje”? Si por “el lenguaje del taxista” nos referimos al sentido común, estamos de acuerdo. Pero si en cambio nos referimos a las palabras desgastadas y engañosas de los medios de comunicación, mil veces no. Esto no queda claro en la entrevista.

Ahora bien, en última instancia lo que tenemos que hacer, en realidad, no es hablarle “al taxista” en su lenguaje sino elevar al hombre. Darle la oportunidad. Darle la oportunidad de descubrir por sí mismo todas las grandes mentiras del mundo moderno, confiando en que la inteligencia del taxista ES CAPAZ de comprender; confiando que en última instancia lo mejor de ese taxista está secreta pero indudablemente hermanado con la verdad de las cosas.

No podemos subestimar al taxista. Al contrario: tenemos que elevarlo, y considerar que SÍ ESTÁ capacitado para entender cuestiones complejas, propias de las Humanidades, y que si no las conoce será por falta de tiempo pero no por falta de capacidad. Tenemos que elevar al taxista, no achatar el discurso.

 

Más problemas del término “la derecha”

En recta filosofía, el pensamiento humano se define por su relación con la verdad, no por una posición locativa.

El discernimiento político se vuelve imposible con las palabras derecha e izquierda: en efecto, es fácil cuando hablamos de Stalin y Franco. Claro: Franco está a la derecha y Stalin a la izquierda. Pero el que no es tan marxista como Stalin, está a la derecha de Stalin, aunque siga siendo marxista. ¡Esto históricamente ocurrió, señores! El que es menos derechista que Franco, está a la izquierda de Franco, aunque sea de derecha. ¡También tuvo lugar! ¿Nos damos cuenta? Son categorías que no resuelven ni aclaran, al contrario. Confunden.

En ese sentido, ¿cómo no recordar aquella frase joseantoniana, según la cual la izquierda es nefasta porque quiere cambiarlo todo, incluso lo bueno, pero la derecha tampoco es una opción válida, porque quiere dejar todo como está, incluso lo malo?

 

No queremos ser “la derecha”, queremos ser fieles a la verdad

El criterio cuantitativo que Laje propone para la formación y unificación de los sectores anti progresistas es contrario no sólo a la mentalidad metafísica –que juzga las cosas según el paradigma de verdad vs. falsedad, bien vs. mal– sino contraria… ¡al mismo Laje!

En efecto, en TODOS los debates que Laje ha librado –generalmente acompañado por Nicolás Márquez– él apela a una mentalidad muy diferente a la del video que comentamos. En este video que habla de la organización del sector antiprogresista, Laje sostiene criterios utilitaristas. Pero en sus debates invoca argumentos propios de una visión metafísica de la realidad:

  • cuestiona a la ideología de género por anticientífica;
  • cuestiona el aborto como algo inmoral;
  • señala el feminismo como una falsedad,
  • critica el lobby gay como sostenedores de mentiras, etc.

 

En suma, utiliza palabras propias de la mentalidad metafísica.

Inexplicablemente, a la hora de procurar estrategias de asociación y unificación entre quienes resistimos el progresismo, Agustín Laje muta de criterio y abraza opciones utilitaristas.

Si es verdad, como lo es, que tenemos que luchar por imponer una categoría en los debates –o al menos popularizarla–, debemos restaurar el binomio verdad-falsedad, bien-mal.

Esto es auténticamente CONTRARREVOLUCIONARIO.

Son estos los términos que deben primar en toda conversación o discusión pública: restaurar las categorías propias del hombre metafísico. Recomponer estas categorías es la tarea que debemos hacer. Por eso, el gran ideólogo marxista Mao Tsé Tung –en su ensayo Sobre la contradicción– escribió:

“Es tarea de los comunistas denunciar esta falacia de los reaccionarios y de la metafísica, divulgar la dialéctica inherente a las cosas y acelerar la transformación de las cosas, a fin de alcanzar los objetivos de la revolución”.

 

También lo dijo uno de los intelectuales y referentes del abortismo, Darío Sztajnszrajber, al defender en el 2018 la práctica infame del aborto:

“Política, no metafísica”.

 

Agustín Laje, lamentablemente, en este punto al menos está diciendo lo mismo. Sólo que Darío es un zurdo desarreglado y Agustín es un hombre higiénico de derecha. Pero veamos lo que dice Darío: según él, no sirve discutir metafísica “ya que nunca nos vamos a poner de acuerdo”. Otra: “Saquemos a la verdad de la cuestión pública, pongámosla entre paréntesis”. Pero Laje también plantea este agnosticismo al menos en el nivel de organización del movimiento para combatir la progresía; por eso nos urge a que todos los anti progresistas nos unifiquemos –dejando de lado las diferencias teóricas y de principios– por un motivo de fuerza mayor: “enfrente tenemos al marxismo, al lobby gay, al feminismo, al abortismo”, o sea, a los orcos de Tolkien.

No dudamos de que enfrente estén esos orcos repugnantes, pero preferiríamos que nos urja a procurar conocer la verdad sobre los principios y sobre los temas que generan discusión, para librar así el buen combate. No a dejar de lado los principios en pos de la unidad. Se trata de algo parecido a lo que les decían los embajadores de Estados Unidos a los países no comunistas durante la Guerra Fría: “somos diferentes pero tenemos un enemigo en común: los soviéticos. Dejemos de lado las diferencias menores frente al enemigo mayor”. ¿Recordamos cómo terminó esa historia?

Y entonces, para Laje, “hay que unirse” porque eso es lo más práctico; estar discutiendo para llegar a la verdad sería como debatir el sexo de los ángeles mientras el Titanic se hunde. Esto es lo que parece decirnos en el video.

Pero no es así. Primero, porque debatir si vamos o no aceptar todas las injusticias históricas realizadas por personajes reivindicados por la derecha –y las ideas erróneas de la derecha– no es “debatir el sexo de los ángeles”. Es ser coherentes, es procurar la verdad y la justicia.

Y en segundo lugar, tengamos presente las palabras de Gilbert K. Chesterton: lo más práctico y útil es empezar discutiendo los principios, lo más operativo es empezar por los principios. Porque las preguntas mal contestadas no se esfuman. Porque lo que se patea para adelante, termina apareciendo después y es peor. Y porque, como dejó escrito Sun Tzú, el primer factor para valorar en una guerra es “la doctrina”[2].

Por tanto, aunque la actitud contestataria de Agustín Laje –cristalizada en “Soy de Derecha, no tengo miedo a que me lo digan, me la banco”– nos guste, y nos parezca necesaria como correctivo del complejo de inferioridad frente al progresismo, lo cierto es que tenemos que reunirnos en la Verdad. No en la Derecha.

Tenemos que sentir el orgullo de poder auto-afirmarnos como hijos y fieles custodios de la verdad, y no como derechistas.

Tenemos que salir de la dialéctica izquierda-derecha, no formar parte activa y gustosa de uno de sus elementos.

 

Objeciones al planteo contrarrevolucionario

Se podrá objetar a nuestra contra-propuesta –que quiere ser contrarrevolucionaria– que luchar por hacer prevalecer la disyuntiva “verdad vs. falsedad” y “bien vs. mal” es cándida e inconducente.

Se podrá objetar también que “es muy fácil decir: nos reunimos en la Verdad”, pero puesto que la Verdad no está tan clara en todos los temas, las discusiones seguirán indefinidamente.

Respondemos diciendo que esta contra-propuesta no es más cándida que la propuesta de Agustín Laje. Pero tiene esta diferencia esencial: no es utilitarista. Está basada en una posición, si se quiere, idealista, pero que intenta ser fiel a las esencias y a todas (no algunas) de las verdades en juego. En ese sentido es superadora porque no pretende ignorar las consecuencias injustas que, en la actividad económica, acarrea la primacía del capital por sobre la dignidad humana. Es superadora porque pretende salir de la dialéctica “liberalismo vs. colectivismo”, “derecha vs. izquierda”, y resolver las injusticias que el predominio del dinero ha traído al mundo. No resolverlas con una injusticia de signo contrario –como hace el marxismo– sino con la justicia propia que debe reinar en la política, cuyo objetivo es el bien común completo.

Y en su favor, esta propuesta se encuentra también apoyada por la experiencia histórica de los fracasos que fueron producto de dejar de lado la doctrina para concentrarse en la pura cantidad. Cuando los hombres dejaron de lado la teoría para unificarse, terminaron perdiendo no sólo la teoría sino también la unidad:

 

  • Así ocurrió en 1891, cuando León XIII decidió habilitar la formación de partidos políticos de católicos. Fracturó la resistencia a la democracia masónica y laicista. ¿Logró la unidad entre los católicos? No.
  • Así también pasó con algunos documentos del Vaticano II (1962-1965), que fueron redactados en forma deliberadamente ambigua (lo reconoce el cardenal Walter Kasper[3]), buscando soluciones de compromiso verbales, porque el deseo de Pablo VI era no presentar ante el mundo a una Iglesia dividida[4]. Los textos se aprobaron así, y luego los católicos se sacaron los ojos los unos a los otros, intentado determinar el significado de esos textos. Una batalla campal que dura hasta el día de hoy. Se prefirió la unidad a las definiciones doctrinales, y se terminaron perdiendo las dos.
  • Así ocurrió también en la Argentina con el peronismo a comienzos de los 70’. La derecha peronista, el peronismo de izquierda y el peronismo sindical se unificaron en el FREJULI. Sí, ganaron las elecciones de 1973 con el 63% de los votos. Sí, ganaron con la mayor ventaja numérica de la historia argentina. Pero el gobierno fue un caos, un caos político, social y económico. La etiqueta del peronismo los había unificado pero eso dejó de servir un minuto después de ganar las elecciones presidenciales.

 

Conclusiones

 La propuesta de Agustín Laje, más allá de sus intenciones, responde a un esquema pensado en términos de poder y eficacia. Entendámonos: no está mal buscar la eficacia. Es un deber pretender ser eficaces. No está mal tener o buscar poder. Está bien buscar poder para hacer el bien, y es un deber hacer un buen uso del poder que se tiene.

Pero no a cualquier precio. No al precio de sepultar la teoría para alcanzar la unidad. Porque vamos a perder la teoría y, tarde o temprano, perderemos también la unidad. De ahí que sea un deber para todos los contrarrevolucionarios procurar la unidad en la Verdad, y no sólo hacer la cómoda: plantear reparos al planteo derechista de Agustín Laje.

Porque Laje señala algo que indudablemente es cierto: el fraccionamiento de los grupos anti progresistas. Si los que somos partidarios de la contrarrevolución no nos unimos ACTIVA Y ORGANIZADAMENTE en los ideales contrarrevolucionarios, tarde o temprano los antiprogresistas van a confluir (de buena o mala gana) hacia la derecha. Y no los podremos culpar, máxime cuando el enemigo rabiosamente progresista no deja de crecer. Será inevitable que eso pase, será lógico que eso pase y en un sentido será culpa nuestra, por la falta de unidad en el campo contrarrevolucionario. El momento de actuar es hoy.

 

Más para leer sobre el tema:

Entrevista a Juan Carlos Monedero sobre el verdadero rostro de la nueva derecha liberal. Por Carlos Quequesana

 

NOTAS AL PIÉ DE PÁGINA

[1] Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=AxOTz08hW_4

[2] Cfr. https://www.biblioteca.org.ar/libros/656228.pdf

[3] Cfr. https://infovaticana.com/blogs/info-caotica/conversion-de-kasper-al-filo-lefebvrismo/

[4] Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=1-oYVgTnRvs (minutos 4 y ss.)

 

 

 

 

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Todo lo que no se puede decir: terraplanistas, antivacunas, antijudíos, antibergoglianos y otras yerbas

 

Es muy útil cacarear en un lado para que no se sepa lo que realmente ocurre en el otro.

Les cuento que Infobae está muy enojado. O mejor dicho, un tal Nicolás Lucca: “una teoría estúpida” son las palabras que usó en su reciente artículo[1], donde empieza mofándose de los terraplanistas para luego dirigir sus dardos a lo que realmente le interesa. Que ya veremos qué es.

Decíamos que Lucca está muy, muy enojado. Está furioso con el canal TLV1, con la tarea historiográfica de Salvador Borrego (a quien le es más fácil descalificar que intentar rebatir intelectualmente), con el revisionismo histórico argentino… Repartió más tortazos que Sylvester Stallone en Rocky IV pero su agresividad tiene un límite y dentro de poco veremos cuál.

Empecemos por el título del artículo: “La tierra es plana, nacionalista y antisemita”. La estrategia es de cajón: vincular el terraplanismo a las denuncias del nacionalismo, condimentar con la palabra clave –antisemitismo– y así provocar miedo, susto. Pero, ¿a quiénes viene denunciando el nacionalismo?

Lucca–Infobae sabe de la mente, y por supuesto de los botones psicológicos que puede activar en los lectores: la gente tiene terror a quedar como “antisemita”. Estamos siendo condicionados para experimentar este miedo ante cualquier crítica (justa o no) de los judíos. Si usted quiere desprestigiar una idea, vincúlela al antisemitismo y listo. Son técnicas. Al igual que el título: desacreditar el nacionalismo asociándolo con la teoría fantástica de la Tierra Plana. En realidad, no interesa la Tierra Plana como tal. Interesa ensuciar la cancha.

La tierra plana es una teoría estúpida, dice Lucca–Infobae. ¿Qué les pasó a los prudentes, mesurados y dialogantes periodistas? ¿Qué pasó con los elogios reiterados a la libertad de expresión, de pensamiento, propios de este glorioso mundo moderno? “Vos si querés no abortes, pero deja que otros piensen lo que quieran”. ¿Cómo que es una teoría estúpida? ¿Por qué no podemos dejar que los terraplanistas piensen “lo que quieran”? Si eso le hace daño a alguien, no me lo han dicho.

Personalmente no tengo idea del debate sobre la Tierra Plana, de cuya existencia me notifiqué hace menos de un año. Pero creo que tengo algo de idea de los debates en general, así como de las técnicas con las que se suele suprimir los debates incómodos. Hay ciertas palabras cuidadosamente elegidas. Ya vimos el término “antisemita”, fijémonos ahora en la palabra “estupidez”.

Al hablar de la Tierra Plana, Lucca-Infobae escribe que se trata de “teorías tan estúpidas como las que sostienen los antivacunas, los que creen que el hombre no llegó nunca a la Luna, que un líder de masas murió de forma extraña y sobrenatural, que las Torres Gemelas fueron volteadas por los propios Estados Unidos, etcétera”. Así, todo junto. Todo da lo mismo. Yo no sé de todos los temas que se mencionan aquí, ni tengo por qué saber. Pero si el mismo Bill Gates reconoció que las nuevas vacunas forman parte de su plan para hacer descender la población[2], al menos me pondría a leer, en vez de pontificar desde la arrogancia, ¿no?

Los periodistas suelen mostrar los dientes en el final del artículo (cuando ya tienen el terreno abonado). Fíjense cómo Lucca pregunta retóricamente a su público si van a seguir ignorando a estos “conspiranoicos” (o si van a hacer algo contra ellos, se supone), rematando con lo siguiente: “En Brasil hicieron lo mismo –mirar para otro lado– y hoy tienen 87 diputados articulados para combatir las políticas que contradigan cualquier igualdad de derechos en razón de orientación sexual”. ¡Al fin! Esto es lo que le preocupa. Ahora sí entendemos: Lucca-Infobae-Hadad (agreguemos) son agentes de la ideología de género (Si lo dudas, entra en este video y míralo a Lucca hablando de la ESI: https://www.infobae.com/deportes/bcf26524-2065-4332-a9d1-9081d0acdf55_video.html). Ahora cierra todo. Por eso, como dice el artículo, acusar a Soros y a la Masonería es de “conspiranoicos”, hábilmente emparentados con “los estúpidos” que sostienen que la Tierra es plana.

Pero parece que Lucca se siente obligado a explicar algo, por lo que plantea “¿Y por qué se ponen nerviosos de tener que explicarlo (que la tierra no es plana)?”. Y se contesta: “La respuesta es bastante simple: porque nada enoja más que la estupidez voluntaria”. ¡Epa! Pero sigamos leyendo: “No hay forma de no enojarse cuando vemos a personas con todos los recursos al alcance de la mano –literalmente, si es que tienen 4G o WiFi en sus casas– utilizan esos mismos recursos para cuestionar lo obvio”. Oh, Luquitas. Te cuento algunas cositas. Tenemos todos los recursos a mano y seguimos diciendo que el embrión humano no es persona, seguimos diciendo que es un conjunto de células, seguimos diciendo que si es producto de una violación se lo puede matar, etcétera. Vos mismo, de hecho, has saludado el debate sobre el aborto a pesar de ecografías que te desmienten una y otra vez. Tenemos todos los recursos para saberlo, y muchos siguen porfiando con que el aborto es un derecho. Si te vas a indignar, por favor no lo hagas al calor de lo políticamente correcto.

Pero Infobae–Hadad trae más cosas, y ya al final del artículo leemos: “La pregunta que más se escucha entre los conspiranoicos científicos es: ‘¿Por qué no se puede cuestionar que la Tierra es redonda?’. Por una sencilla razón: la ciencia y la humanidad ha avanzado sobre consensos alcanzados de manera empírica. Si hay que detenerse a revisar miles de años de historia científica para explicarle a cada vago con trastornos emocionales, la humanidad no estaría en este momento explorando Marte”. Es uno de los pocos momentos en que el artículo acaricia cierta racionalidad, por lo que emociona. Fue un buen intento, pero ineficaz.

En primer lugar, “la ciencia y la humanidad” son una generalización absolutamente gratuita. No existen. Existen los científicos y los seres humanos. Por otro lado –como explica acertadamente Thomas Kuhn en su libro La estructura de las revoluciones científicas–, los consensos de los científicos duran hasta que nuevos hechos provocan el quiebre del paradigma dominante. La ciencia –esta vez sí– avanza a caballo de una armoniosa síntesis de estabilidad y crítica, de verdades perennes e hipótesis que se suceden unas tras otras, y el consenso científico (muchas veces provocado y artificial) no pasa de ser un indicador.

En otro orden de cosas, la descalificación que Lucca utiliza llama la atención: “vago con trastornos emocionales”. ¿Por qué alguien usaría esta forma despreciativa? Muy científico, ¿no?

Pero el tema de la Tierra Plana, en sí, no parece interesarle mucho a Lucca-Infobae-Hadad: su único argumento es que si tenes 4G y WiFi, lo podes ver vos mismo. Pero entonces ¿a dónde apuntan en realidad sus dardos? “Lo que realmente ha vuelto preocupante el asunto es un hilo conductor que envuelve a casi todos los conspiranoicos, y ese es una exaltación nacionalista estupidizante”. Eureka. Esto es. A Infobae le preocupa que las personas estén dando un crédito cada vez mayor al discurso nacionalista. Por eso construye muñecos de paja para sus adversarios: argumentos ridículos o mal construidos, que nadie dice pero que son fáciles de voltear. Esta operación de discurso –realizada desde un medio tan poderoso como Infobae– constituye un auténtico lavado de cerebro.

Ahora bien, parece que a estos señores le preocupa en particular el nacionalismo católico, dado que hacia el final de su artículo comenta que todas estas personas (terraplanistas, nacionalistas, críticos del sionismo y del judaísmo)“se dicen defensores de la Fe católica, pero corren atrás de los evangelistas para llenar las calles porque Bergoglio les resulta un comunista, a pesar de que la defensa de la Fe católica incluye la creencia en el dogma de la infalibilidad del Papa”. Mala teología amigo, porque debo advertirle cortésmente que no existe el dogma católico de la infalibilidad del Papa (una persona humana). Si existiera, los católicos estaríamos creyendo en lo absurdo (no en el misterio). No es la persona del Papa la infalible sino la definición solemne que, en contadas ocasiones, el Sumo Pontífice ha realizado. ¿Es mucho pedir que Hadad se asesore bien? Parece que sí. Si no se me ofenden, los invito a leer el documento Pastor Aeternus (1870), art. 4, donde se explican las condiciones de la infalibilidad. Digo, para que no sigan diciendo sandeces.

Concluyo. El problema de fondo es que estos periodistas forman opinión, nos guste o no, y el mensaje –subliminal, subterráneo– que comunican es el siguiente: ellos y sólo ellos son quienes deciden qué “puede” discutirse o no. Son ellos los que deciden el margen de “lo razonable”, quién está dentro y quién fuera. Porque no se trata aquí de “la verdad”. Se trata del status de discusión. ¿Vale la pena discutirlo o no? Ya no lo decidirán las pruebas, lo decidirá el termómetro de lo políticamente correcto, unidad de medida respecto de la cual periodistas serviles hincarán entusiasmados las rodillas. Así, estará dentro de lo políticamente correcto discutir si un bebé debe ser asesinado por el simple hecho de estar dentro del cuerpo de la madre. Estará dentro del margen de razonabilidad discutir el consumo de drogas, la legitimidad de la eutanasia, si Carlos y Rodolfo pueden ser una “familia” y adoptar niños. Sí, todo eso sí. Está “dentro”. Ahora bien… ¿Tierra plana? ¡Afuera! ¿Algunas vacunas pueden quizás ser lesivas para la salud? ¡Afuera! ¿Qué el sionismo y la Masoner…? ¡Fuera! Eh, pero mire que hay evidencia que… NO ME IMPORTA.

Y después, los nazis éramos nosotros.

Se dio vuelta la tortilla.

La única pregunta es si usted, estimado lector –usted que ve esto con claridad–, va a actuar dignamente o va a arrastrarse, colocándose como el tapete de estos déspotas de la palabra. O si va a empuñar la espada, saliendo a pelear por la Realidad.

 

[1] https://www.infobae.com/opinion/2019/03/06/la-tierra-es-plana-nacionalista-y-antisemita/

[2] https://www.youtube.com/watch?v=y0PcT1hPVcE (ver minutos 3,20 a 4,55).

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