🗽MILEI y el AB0rt0, insumos TRANS, Cambio Climático y AGENDA 2030 ➕

🗽MILEI y el AB0rt0, insumos TRANS, Cambio Climático y AGENDA 2030 ➕

 

Nos hacen una pregunta sobre Milei en el marco de una conferencia dictada por transmisión virtual.

Ahí está nuestra respuesta:

Video completo de la charla, haciendo click aquí.

Fuentes utilizadas en la respuesta:

Entrevista de Andrés Oppenheimer a Diana Mondino (Gobernanza Mundial, Derechos Humanos, Cambio Climático)

Milei y la Agenda2030

Denuncia de El Disenso

OTRAS NOTAS RELACIONADAS

Milei Presidente: la derogación del aborto “no fue parte de las promesas de campaña”

Tucker Carlson y Javier Milei – La lucha contra el aborto, ¿con fundamentos libertarios?
Milei: adelantar partos para evitar abortos, “humanos de diseño”, traer hijos al mundo es irresponsable si los podés elegir científicamente – Una desconocida entrevista

Entrevista al Lic. Juan Carlos Monedero sobre el verdadero rostro de la nueva derecha liberal

 

El aberrante Milei – Por Juan Manuel de Prada

El aberrante Milei

Por Juan Manuel de Prada

Con ese tonito orate y baladrón que lo caracteriza, Milei ha afirmado durante su visita reciente a España que «la idea de la justicia social es de resentidos, envidiosos, algo aberrante, porque implica un trato desigual ante la ley, porque implica violencia, porque para hacer una política redistributiva se lo tienen que robar a otro». Son afirmaciones repugnantes que, al parecer, triunfan entre la derechita valiente. Pero la justicia social es un instrumento necesario para alcanzar el bien común, que es el fin y la razón de ser de la política verdadera. Y el bien común –que no debe confundirse, por supuesto, con el bien de la mayoría, ni con el «interés general»– exige la conservación de la armonía social; exige la búsqueda constante del bien de los demás como si fuese el bien propio.

Por ello, como señala Pío XI en su encíclica Quadragesimo Anno, es «necesario que la partición de los bienes creados se revoque y se ajuste a las normas del bien común o de la justicia social, pues cualquier persona sensata ve cuán gravísimo trastorno acarrea consigo esta enorme diferencia actual entre unos pocos cargados de fabulosas riquezas y la incontable multitud de los necesitados». Y, por supuesto, cuando se dan circunstancias de injusticia, el Estado tiene la obligación de intervenir allá donde el principio de subsidiariedad no alcance, para asegurar una justa distribución de los recursos que atienda a los méritos y necesidades de cada uno, incluida la recaudación de impuestos, que debe regirse por los criterios de solidaridad, racionalidad y equidad, así como por el rigor e integridad en la administración y en el destino de los mismos (algo que, desde luego, en regímenes políticos inicuos como el que padecemos no está garantizado).

Naturalmente, la justicia social no justifica el intervencionismo enfermo del Estado, que disminuye la iniciativa creadora y, aunque pueda parecer favorable a la masa, es a la postre contrario al bien común, por condenar a la ruina a las generaciones venideras. La justicia social deja de serlo cuando pretende extender la igualdad en aquello que los hombres son naturalmente desiguales; pues, además de desanimar la iniciativa privada, produce una mentalidad mezquina y perezosa entre sus beneficiarios.

La justicia social, a la postre, sólo la pueden llevar a cabo gobernantes que dan ejemplo de justicia en todas sus actuaciones; pues de lo contrario se llega a esa situación propia de nuestro inicuo régimen político, en donde todos reclaman justicia sin que nadie tenga la obligación de ser justo (exactamente la situación que favorece a los demagogos).

Nada favorece tanto el ascenso de los demagogos, sin embargo, como estas machadas aberrantes de la derechita valiente. «Estamos incomodando a los rojitos de todo el mundo», ha aseverado petulantemente Milei; no, pobre bocazas, lo que estáis haciendo es fabricarlos en serie, lo mismo que a resentidos y envidiosos, con vuestras machadas.

OTRAS NOTAS RELACIONADAS
Algunas razones para el rechazo del apoyo a Milei por parte de un cristiano iusnaturalista – Dr. Sergio Raúl Castaño
Tucker Carlson y Javier Milei – La lucha contra el aborto, ¿con fundamentos libertarios?
Nadie resiste un achivo – Cuando Milei dijo que Macri era desarrollista – 2016
Milei: adelantar partos para evitar abortos, “humanos de diseño”, traer hijos al mundo es irresponsable si los podés elegir científicamente – Una desconocida entrevista

Entrevista al Lic. Juan Carlos Monedero sobre el verdadero rostro de la nueva derecha liberal

Magisterio de Juan Pablo II contra la venta de órganos

Pecados Económicos. Por Juan Carlos Monedero

Santo Tomás de Aquino y los precios justos – Fragmentos de la Suma Teológica

“Universidad Pública para formar patriotas” – Unión de Círculos Nacionalistas

UNION DE CÍRCULOS NACIONALISTAS

COMUNICADO

“UNIVERSIDAD PÚBLICA PARA FORMAR PATRIOTAS”

Ante los recientes acontecimientos en torno a la marcha multitudinaria realizada en Capital Federal, ciudad de Córdoba y otros puntos del país, bajo el lema “Defendamos la Universidad Pública”, una buena parte del arco político y partidocrático se hizo presente, así como también muchos sectores que no tienen un interés real en la educación –oportunistas al fin y al cabo–; la UNION DE CÍRCULOS NACIONALISTAS ratifica la defensa de la política pública en materia de educación, según la cual se debe garantizar que todo argentino competente acceda a la enseñanza oficial, inicial, media y superior sin contraprestación alguna que le impida hacerlo.

El amor a la patria y a la verdad implica favorecer que los hombres y mujeres de esta Nación accedan a una sana cultura universitaria, sin poner el odioso requisito del dinero. “La Universidad no fue pensada para los pobres ni para los ricos sino para los capaces” decía Jordán Bruno Genta. Por tanto, el patrimonio económico no debería ser un obstáculo para el alumno capaz. La formación universitaria debe fortalecer el hábito de pensar, escribir y hablar en sintonía con la verdad de las cosas, sin la contaminación que supone el veneno gramsciano, omnipresente hoy día gracias a docentes y directivos que responden tanto a la izquierda marxista como al progresismo liberal. Ellos tomaron a la UBA como botín de guerra y bandera de lucha, en un proceso de infiltración que sufren las facultades, contaminando las ciencias sociales y ciencias biológicas con ideología.

En otro orden de cosas, el presupuesto de una universidad pública no puede resolverse desde la altanería pseudo mesiánica –como pretende hacerlo el Presidente Milei– parapetado en Twitter. Están saliendo a la luz informes respecto del abuso de los fondos presupuestarios que, desviados de su objetivo, terminaron engrosando los bolsillos de aquellos que ven en la universidad un comité político y no una casa de altos estudios. Deseamos que los fiscales actúen y que caiga todo el peso de la ley sobre los culpables.

Sin embargo, por mayor que sea nuestro repudio a estas prácticas, no podemos ser ingenuos y no queremos ser cómplices del desarme del estado. La desfinanciación de la UBA es una típica medida anarquista capitalista del Presidente que retrae fondos a la ciencia porque odia el estado, no porque quiera proteger a la verdad que está siendo pisoteada en esos claustros. No podemos apoyar soluciones facilistas. La “batalla cultural” contra la izquierda no puede incurrir en la payasada de un tuit donde un león libertario bebe “lágrimas de zurdos”. El anticomunismo es algo serio.

Conscientes de esta realidad y buscando proponer soluciones que no sean “remedios” peores que la enfermedad, los nacionalistas estamos determinados a luchar para que la universidad vuelva a ser oportunidad para aquellos capaces y comprometidos por la Patria. No para los “caídos del catre” que aprovechan para hacer política barata y de barricada contra de los principios rectores de nuestra nación, ni para los ideólogos que engañan a miles de alumnos respecto de la historia argentina, fomentan anticristianismo en nombre de ciencia o transforman los pasillos en muestras indecentes anticatólicas, como ocurrió en la Universidad de Cuyo (2023) o en la muestra “posporno” en la Facultad de Ciencias Sociales (2015).

Exhortamos a todo argentino de bien y especialmente a nuestros camaradas a luchar bajo estas banderas. No caigan en el sofisma libertario de que la Educación Pública es deficitaria y debería ser privatizada. Milei y los libertarios no desfinancian el gramscismo de la UBA, desfinancian el estado porque están en contra de su existencia misma. Por eso, también desmantelan el sector tecnológico y el nuclear, medidas que –si llegaran a completarse– nos harían retroceder décadas, consolidando el debilitamiento de nuestra soberanía. No sería extraño que este fuese el plan, habida cuenta la alineación de Milei con Israel y EE.UU. Después de todo, recordemos que la Argentina es el estado con mayor desarrollo científico y académico del continente, después de EE.UU.

Si queremos una Argentina Soberana, no podemos sumarnos a las ideologías que cuestionan a Milei desde el progresismo. Pero tampoco podemos suscribir las falacias libertarias: ellos no creen en una Argentina Grande sino en una Argentina que sea factoría y colonia, al servicio de intereses extranjeros. De nosotros depende que ni los marxistas ni los liberales contaminen a nuestros compatriotas. Sólo el Nacionalismo salvará la Patria. Por eso…

 

¡VIVA CRISTO REY!

¡VIVA LA PATRIA!

Raúl Garcia, Secretario General,

Unión de Círculos Nacionalistas

El debate católicos vs. liberales en la Argentina e Hispanoamérica

El debate católicos vs. liberales en la Argentina e Hispanoamérica

Autor: Licenciado Juan Carlos Monedero (h)

Fue publicado en Academia.edu

Para leerlo, haga la descarga con un click aquí

 

 

OTRAS NOTAS RELACIONADAS
Algunas razones para el rechazo del apoyo a Milei por parte de un cristiano iusnaturalista – Dr. Sergio Raúl Castaño
Tucker Carlson y Javier Milei – La lucha contra el aborto, ¿con fundamentos libertarios?
Nadie resiste un achivo – Cuando Milei dijo que Macri era desarrollista – 2016
Milei: adelantar partos para evitar abortos, “humanos de diseño”, traer hijos al mundo es irresponsable si los podés elegir científicamente – Una desconocida entrevista

Entrevista al Lic. Juan Carlos Monedero sobre el verdadero rostro de la nueva derecha liberal

Magisterio de Juan Pablo II contra la venta de órganos

Pecados Económicos. Por Juan Carlos Monedero

Santo Tomás de Aquino y los precios justos – Fragmentos de la Suma Teológica

100 días de Milei Presidente – Un análisis desde el Nacionalismo Católico

100 días de Milei Presidente

Un análisis desde el Nacionalismo Católico

 

Por Juan Carlos Monedero (h)

 

A quién perjudica

Luego de haber pasado una centena de días, aquí va una síntesis política-económica de la situación actual a la luz del Nacionalismo Católico. Lo primero que tenemos que decir es que las medidas llevadas a cabo por el gobierno de Milei están dañando al sector privado, paradójicamente aquel al que en teoría venía a salvar de las garras del Estado populista.

En efecto, en el Foro de Davos, el Presidente dijo que los empresarios eran héroes. Pero buena parte de estos “héroes” son perjudicados por las políticas de Milei. Muchas grandes empresas venden cada vez menos. Las pequeñas y medianas empresas también. Es sabido que cuando ya no les quede resto, los comercios empezarán a cerrar: primero los que tienen espalda más pequeña –los minoristas– y finalmente los mayoristas. ¿Por qué? Sencillamente porque no venden.

La desregulación económica que Milei está llevando adelante, conforme su filosofía libertaria y anti-estado, hizo posible una altísima inflación. La falta de control en los precios se ve reflejada en el índice inflacionario: una suba sostenida ya desde la mitad de diciembre 2023, cuando asumió Milei. Diciembre fue terrible: 25,5% de inflación. Enero 20,6%. Febrero 13,2%. Concluye marzo y los precios siguen subiendo. Sube descontroladamente el valor de los medicamentos y alimentos esenciales, la gente se concentra en sobrevivir y se ve forzada a pagarlos renunciando a otro tipo de consumo o vendiendo sus ahorros.

Como consecuencia, muchas empresas que no se dedican a vender alimentos básicos y medicamentos venden cada vez menos. Además de perjudicar a estas empresas, Milei también está dañando a la clase media y baja, la que “no se tocaba”: los que viven de su salario registrado, los que ganan en negro y los jubilados. Todos ellos están forzados a pagar productos esenciales a un altísimo precio, cuyo valor fue totalmente librado a la salvajada de “las leyes de la oferta y la demanda” darwinista.

Aumento de precios, caída del consumo y una indiscutible recesión: algo que antes no ocurría. La recesión es consecuencia del decrecimiento en la producción: como cada vez se vende menos, el fabricante ya no produce la misma cantidad (total, no la va a vender). Se fabrica menos porque se supone que la gente comprará menos. En consecuencia, las empresas no ganan lo necesario para sostenerse, los puestos de trabajo peligran y las olas de despidos están más cerca. Cierran fábricas y empresas[1]. Las empresas dejan de pagar impuestos o evaden para sobrevivir.

Como en cascada, la caída del consumo ya está trayendo otras consecuencias. Menor consumo, menos ventas, menos pago de impuestos. A Milei se le está cayendo la recaudación de impuestos, las empresas venden menos y por lo tanto tributan menos. Más déficit fiscal. Este escenario fomenta la evasión porque, encima que las empresas venden poco, tienen que pagar impuestos por lo poco que venden. Unido a los costos fijos, no hay negocio. No hay empresa sostenible si vende menos.

Milei y los liberales decían a coro que los gobiernos populistas y las intervenciones estatales ponían en crisis la rentabilidad de las empresas; protestaban y repetían que el estado le ponía “una pata encima al sector privado”. Decían que las empresas no podían soportar la alta carga tributaria e incluso llegaban al extremo anarquista de decir la misma existencia del Estado era el problema, “el Estado es el enemigo”, bla, bla, bla. Bueno, es evidente que –si comparamos los escenarios–, incluso en el pasado, con todos sus problemas, su corrupción y sus miserias, muchas empresas estaban mejor que ahora.

A decir verdad, Milei está destruyendo a casi todos. Pulverizó los salarios de la clase trabajadora, formal o informal, los ingresos de los jubilados y afectó a innumerables empresas. Este gobierno no sólo va contra los trabajadores y jubilados sino también contra la clase media y buena parte de la clase alta que dirige empresas, cuyos ingresos se están viendo mermados. Sus estructuras empresariales no son sostenibles con estos bajísimos niveles de consumo. Y eso significa que va a pasar lo que ya está pasando: el despido masivo de gente, la reducción de trabajo y la venta de alimentos por debajo de la rentabilidad, al costo, por debajo del costo o directamente regalar o tirar.

A quién beneficia

Hay varios sectores que se benefician con las políticas de Milei mientras el resto del país se empobrece o incluso vende sus ahorros en USD para pagar los gastos mensuales. Entre los sectores favorecidos, se hallan las empresas petroleras, beneficiadas desde que la nafta puede venderse en el mercado interno a un precio cercano al valor internacional.

Fueron tres las medidas determinantes en el resultado que hoy observamos: 1) la autorización para vender la nafta a un valor cercano al internacional; 2) la desregulación del mercado, que hizo posible la suba brutal de alimentos y medicamentos; 3) la devaluación en un 118%.

En efecto, se pasó de pagar 350 pesos por un dólar a pagar 850. Esta devaluación era importante para el sector exportador porque eso estimula que ellos pudiesen vender más unidades al exterior –para ganar más dinero por cada dólar que les ingresaba– y que así ingrese mayor cantidad de USD al país.

La combinación de estas tres medidas dañó seriamente a las clases populares, a la clase media y a buena parte de la clase empresarial del país salvo algunos sectores: petroleras, prepagas, laboratorios, sector farmacéutico, sector especulativo rentístico y el agro.

 

Desfiguración de la Justicia Social y el Bien Común por parte del kirchnerismo

El tema de los alimentos no debería quedar cerrado sin el siguiente comentario. Criticar las medidas de Milei sin decir nada sobre el país que recibió el gobierno libertario en diciembre 2023 podría ser injusto, mucho menos reivindicar la gestión de Alberto o del kirchnerismo. A la luz de la información disponible, todo indica que –según las auditorías realizadas por el gobierno de Milei– la entrega de comida a los pobres estuvo salpicada por grandes focos de corrupción: se entregaba alimentos a comedores que no estaban habilitados, se adjudicaban cantidades menores a las indicadas, salía dinero del estado para comprar alimentos que nunca llegaban a destino, había intermediarios que se quedaban con alimentos sin necesitarlo, se chantajeaba a los pobres para que asistan a los actos so pena de negarles la comida, etc.

Es decir, una ayuda solidaria –una medida justa para los más vulnerables– era tergiversada en manos del kirchnerismo; por lo menos, en época de la Presidencia de Alberto Fernández. Y todo indica que desde mucho antes.

Al comentar Milei esta auditoría en su discurso del 1° de marzo, fue aplaudido por la gente. Esto tiene varios análisis. Es paradójico que esta investigación, vitoreada por el público –y con razón– sea una medida precisamente intervencionista y no una medida particularmente liberal o de desregulación. No, el gobierno no desreguló, el gobierno reguló, intervino, investigó, completó su intervención subsidiaria y llegó a la conclusión que había “cajas negras”, micro-curros en torno a la comida y fue cortando eso. Es decir, en este acto puntual al menos, si el gobierno purgó la ayuda social de filtraciones, intervino en pro del bien Común. Hizo Justicia Social. Enhorabuena que el gobierno hizo eso. Porque hizo exactamente lo contrario de lo que estipula la ideología anarco libertaria del Presidente.

Las incongruencias de Milei

Es impresionante el nivel de contradicción del gobierno con sus propias premisas. Por un lado, los libertarios se la pasaron diciendo que no iban a intervenir en la economía porque cualquier intervención era estatismo, socialismo y rechinar de dientes, sin distinguir entre una intervención socialista, comunista, y una intervención sana, según los parámetros de la doctrina de la Iglesia Católica. Como si todo fuera lo mismo: para ellos el mundo es binario.

Sin embargo, hace un par de semanas trascendió que el ministro Caputo –reunido con dueños de las empresas de alimentos– dejó correr la idea de que sus aumentos fueron excesivos. Entonces, guste o no guste, vuelve el tema de que evidentemente no puede un precio de alimentos esenciales subir simplemente a voluntad del que lo produce. Guste o no guste, ese precio tiene que tener algún tipo de relación con los salarios. Y esto dicho no por un gobierno estatista o nacionalista sino reconocido en los hechos y en la conducta del ministro de Milei, lo cual prueba que la realidad se impone. Como los empresarios no se comprometieron con Caputo a no subir más los precios, según trascendió, el gobierno responde con una “jugada maestra”: decide abrir las importaciones de alimentos cuando somos un país capaz de producir comida para millones de personas.

Dios nos dio la pampa húmeda pero tomamos el camino más difícil sólo porque el gobierno es esclavo de una ideología que le ata las manos en nombre del dios Mercado, un dios frío, implacable y cruel, y de su pseudo dogma: la inviolabilidad de la propiedad privada.

Conversar los precios no tiene nada de malo. De hecho, discutir y acordar los precios es lo que hacen los gremios: las paritarias. Y tiene sentido que, si conversan los salarios, conversen también los precios. Por otro lado, nosotros desde el nacionalismo católico proponemos la armonía entre el capital y los trabajadores, entre las empresas y sus empleados. ¿Y eso qué significa? Que lejos de un planteo dialéctico de lucha de clases –donde se busca destruir a uno para que surja otro– lo que buscamos es que los dos estén bien y progresen, porque un país puede salir adelante cuando reina la armonía entre el capital y el trabajo. El trotskismo y el marxismo también están criticando a Milei activamente en las redes y en la calle, ciertamente. Incluso con argumentos en parte semejantes. Pero su cosmovisión es totalmente antagónica a la nuestra.

 

Propuestas y soluciones: lo que tenemos que hacer

Si queremos trabajar por recuperar a la Argentina, tenemos que volver a replantear un cúmulo de ideas sobre la economía, el estado, la sociedad, la política, y cómo se entrelazan virtuosamente todos estos aspectos.

El estado debe ser el garante del bien común. El bien común debe incluir a todos los habitantes, empezando por los más débiles –que son los niños por nacer–, siguiendo por los menesterosos, los mendigos y los pobres. Por eso la anulación de la ley del aborto no es negociable. No puede haber justicia social con genocidio abortista.

Imagen

El elemento ordenador en una sociedad debe ser la debilidad y no la competencia. Si la competencia se convierte en elemento ordenador, las consecuencias son las que estamos experimentando.

Tenemos que mostrar a la gente que esta situación actual no es consecuencia de una mala aplicación de los principios Milei defiende. Estamos viviendo la aplicación correcta de los principios liberal-libertarios. No olvidemos que el presidente es anarco-capitalista. Milei vive una enorme contradicción interna porque es el jefe de un Estado cuando ha dicho en innumerables entrevistas que “el Estado es el pedófilo en el jardín de infantes”. Vive una enorme contradicción interna porque ha dicho mil veces que “los impuestos son un robo” y ahora sus agentes del Estado están justamente recabando impuestos. Experimenta una enorme contradicción porque siendo Macri presidente– había destruido con sus comentarios a Caputo y ahora Caputo es su ministro de Economía. Pulverizó la imagen de Patricia Bullrich en las elecciones del año pasado (“montonera ponebombas en jardines de infantes”) y ella ahora es su ministra de Seguridad.

Es decir, es una persona que –aparte de lo ideológico– está muy mal, en su mente, en sus emociones, y nosotros tenemos que pensar cómo recuperar la Argentina. Porque no podemos permitir que él se la lleve por delante. Tampoco podemos quedarnos de brazos cruzados ante los avivados que lo rodean, que le aplauden todas las estupideces que hace, agazapados y esperando para aprovechar la situación. Tenemos que promover la Doctrina Social de la Iglesia, es decir, promover principios intangibles que ordenen la política, la economía y la sociedad.

Uno de estos principios fundamentales es el siguiente: los bienes esenciales no pueden quedar librados a los avatares del mercado. No es lo mismo el caviar que la leche, algunos cortes de carne esenciales, algunas verduras o el arroz. No es lo mismo que una mansión de 400 metros cuadrados, con pileta y solarium, que una vivienda común. Hay que buscar garantizar para la mayor parte del pueblo argentino los bienes esenciales y a partir de ahí, sí, una vez que todos tengan lo suficiente, a partir de ahí empieza la meritocracia: ahí sí empieza una carrera donde cada uno –en la medida de sus posibilidades, habilidad, trabajo, inteligencia y creatividad– puede ganar más o puede ganar menos. Pero a nadie le debe faltar lo necesario por una existencia digna. Esto es una sociedad cristiana donde se busca el bien común.

 

Qué se puede hacer

Para no quedarnos solamente en la crítica, conviene deslizar propuestas nacionalistas, propias del catolicismo, provenientes de Doctrina Social de la Iglesia. Se trata de medidas que defienden la nación y el interés nacional, que aspiran a la justicia en la distribución, procurando el bien común y no “la inviolabilidad de la propiedad privada”, una de las banderas de Milei (y uno de los puntos del Pacto de Mayo). Porque para el modelo libertario liberal, la propiedad privada es absoluta, mientras que para nosotros la propiedad privada, si bien es un derecho natural, es un derecho natural secundario.

Puesto que ningún derecho es absoluto, el orden natural no reconoce derecho –de ninguna propiedad o bien– que se pueda utilizar contra el bien común. La propiedad privada no es absoluta, no puede serlo. Entonces nosotros consideramos viables dos medidas fundamentales: bajar el precio de la energía y el precio de la nafta. En cuanto a la energía, se debe calcular los costos de su producción para determinar si es necesario, o no, subsidiarla. En cuanto a la nafta, lo mismo. Una buena parte de la energía proviene de los ríos (las represas) y el petróleo que se extrae sale del suelo argentino. Estos “insumos” son naturales, no se amortizan. Por tanto, es posible una discusión a fondo acerca del costo y del precio de la energía y la nafta. En ese sentido, no cabe duda que las empresas petroleras deben cubrir la demanda propia del mercado interno argentino a un precio mucho más bajo que el valor internacional, pudiendo vender el excedente en el extranjero a precio internacional.

El descenso del precio de la energía provocaría innumerables efectos multiplicadores positivos, porque todas las industrias se verían beneficiadas al tener sus costos fijos de energía mucho más bajos. Eso permitiría que los costos fijos de todas estas industrias, al ser más bajos, no se trasladen a precio. Como consecuencia, los precios bajarían.

Esta medida sumada a la venta de nafta a un valor más bajo –copiando a Rusia que, siendo la segunda industria petrolera del mundo, vende el litro de nafta 0,62 USD– sería muy beneficiosa porque toda la logística vinculada a las empresas y al traslado de mercadería se vería beneficiada. Por lo tanto, también bajarían los costos fijos de los precios de estos productos, especialmente alimentos, medicamentos y electrodomésticos.

Una vez que la gente tiene los alimentos y medicamentos baratos, se libera una gran cantidad de dinero que las familias –ya cubierta la supervivencia– pueden usar en aquellos bienes o servicios que ya no son absolutamente necesarios pero que también hacen a los negocios de otras personas. Ya cubierta la salud y el estómago, la gente va a la peluquería, al cine, compra libros, viaja, realiza algún regalo, asiste a clases de danza, inglés, ajedrez, va al gimnasio. Comenzaría así el círculo virtuoso de reactivación de todas esas actividades. Al consumirse más, se paga más tributos y por lo tanto se daría el efecto exactamente inverso al actual.

 

Conclusión

El bien común tiene tres patas. El bien común incluye el bienestar material, por otro lado la virtud, por otro lado la gracia. No se va a poder conseguir esto sin la conformación de un movimiento social, político y cultural, cuya principal tarea sea la de persuadir y convencer y difundir estos argumentos, especialmente entre los católicos. Somos un país de bautizados, quizás falte para decir que somos una nación católica –sin duda lo hemos sido– pero tenemos que empezar a reconquistar estas almas porque las cosas pueden cambiar solamente si nosotros cambiamos. En ese sentido, es fundamental difundir estos argumentos, estas propuestas y poder ir persuadiendo a quienes nos rodean de que esta doctrina, con estas soluciones técnicas, pueden hacer mucho bien a la Argentina en este momento.

 

——————-

[1] Cfr. https://www.perfil.com/noticias/economia/alertan-por-el-cierre-masivo-de-comercios-bonaerenses-a-raiz-de-la-suba-de-precios-y-la-caida-del-consumo.phtml . Perfil reproduce párrafos de un comunicado publicado por la Federación Económica de la provincia de Buenos Aires (FEBA), una organización que nuclea a 250 Cámaras Empresarias Bonaerenses.

 

OTRAS NOTAS RELACIONADAS
Algunas razones para el rechazo del apoyo a Milei por parte de un cristiano iusnaturalista – Dr. Sergio Raúl Castaño
Tucker Carlson y Javier Milei – La lucha contra el aborto, ¿con fundamentos libertarios?
Nadie resiste un achivo – Cuando Milei dijo que Macri era desarrollista – 2016
Milei: adelantar partos para evitar abortos, “humanos de diseño”, traer hijos al mundo es irresponsable si los podés elegir científicamente – Una desconocida entrevista

Entrevista al Lic. Juan Carlos Monedero sobre el verdadero rostro de la nueva derecha liberal

Magisterio de Juan Pablo II contra la venta de órganos

Pecados Económicos. Por Juan Carlos Monedero

Santo Tomás de Aquino y los precios justos – Fragmentos de la Suma Teológica

Castellani desnuda la falsedad ideológica y práctica de la libertad de prensa liberal

Castellani desnuda la falsedad ideológica y práctica de la libertad de prensa liberal

Haz click aquí para descargar el archivo

El documento se titula “RAMÓN DOLL Y LA LIBERTAD DE IMPRENTA”, fue publicado por el R. P. Leonardo Castellani SJ en 1943, en el diario Cabildo, y está incluido dentro del libro “Decíamos Ayer”, que es una compilación de numerosos artículos de Castellani.

 

OTRAS NOTAS RELACIONADAS
Algunas razones para el rechazo del apoyo a Milei por parte de un cristiano iusnaturalista – Dr. Sergio Raúl Castaño
Tucker Carlson y Javier Milei – La lucha contra el aborto, ¿con fundamentos libertarios?
Nadie resiste un achivo – Cuando Milei dijo que Macri era desarrollista – 2016
Milei: adelantar partos para evitar abortos, “humanos de diseño”, traer hijos al mundo es irresponsable si los podés elegir científicamente – Una desconocida entrevista

Entrevista al Lic. Juan Carlos Monedero sobre el verdadero rostro de la nueva derecha liberal

Magisterio de Juan Pablo II contra la venta de órganos

Pecados Económicos. Por Juan Carlos Monedero

Santo Tomás de Aquino y los precios justos – Fragmentos de la Suma Teológica

ESENCIA DEL LIBERALISMO – Leonardo Castellani (¡descarga 100% gratis!)

ESENCIA DEL LIBERALISMO

R.P. Leonardo Castellani SJ

ESENCIA DEL LIBERALISMO – Padre Castellani (descargalo totalmente gratis aquí)

Otros trabajos relacionados:

JAVIER MILEI: PRECIOS NUEVOS, SALARIO VIEJO

Santo Tomás de Aquino y los precios justos – Fragmentos de la Suma Teológica

Pecados económicos

 

OTRAS NOTAS RELACIONADAS
Algunas razones para el rechazo del apoyo a Milei por parte de un cristiano iusnaturalista – Dr. Sergio Raúl Castaño
Tucker Carlson y Javier Milei – La lucha contra el aborto, ¿con fundamentos libertarios?
Nadie resiste un achivo – Cuando Milei dijo que Macri era desarrollista – 2016
Milei: adelantar partos para evitar abortos, “humanos de diseño”, traer hijos al mundo es irresponsable si los podés elegir científicamente – Una desconocida entrevista

Entrevista al Lic. Juan Carlos Monedero sobre el verdadero rostro de la nueva derecha liberal

Magisterio de Juan Pablo II contra la venta de órganos

 

 

Milei sí, Milei no – Debate con un medio peruano en torno a las medidas de gobierno

Milei sí, Milei no – Debate con un medio peruano en torno a las medidas de gobierno

 

Estimado Prof. Alfredo Ghersi

Mi nombre es Juan Carlos Monedero, soy argentino, licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino. He leído su artículo titulado “¿Cuba a la Milei?” y quisiera comentar sus párrafos, uno por uno.

Permítame comenzar.

Usted dice:

La izquierda latinoamericana ha arrancado el 2024 atacando con fuerza las medidas económicas de Javier Milei, tildándolas como antidemocráticas y pertenecientes a un sistema proveniente del capitalismo salvaje.

Milei es atacado también por muchos católicos puesto que él afirma que la Justicia Social, concepto propio de la Doctrina Social de la Iglesia, es una aberración. Tampoco ha caído bien la propuesta del divorcio exprés, los apoyos al acuerdo de París (cambio climático), por citar algunas medidas.

En la Argentina, también es cuestionado por el movimiento peronista, el cual (si bien no compartimos su trayectoria política) no está integrado exclusivamente por la izquierda, si bien hay sectores importantes de peronistas izquierdosos.

En la Argentina al menos, Milei también es atacado por un sector de nacionalismo católico, que es totalmente anti-izquierda. Ver aquí, aquí y aquí.

Finalmente, es atacado por liberales que lo acusan de infidelidad y traición a sus propios principios. Especialmente por liberales institucionalistas que le recriminan haber pedido 4 años de facultades extraordinarias, por el cual ya lo están llamando “Emperador Milei”.

Usted dice:

Una de las principales críticas de la izquierda ha sido la eliminación de los subsidios y las medidas de control de precio sobre ciertos productos de la canasta básica de alimentos que habían regido en Argentina desde hace muchos años.

Cabe recordar que el control de precios es uno de los pilares fundamentales de la planificación central de la economía propuesta por el socialismo marxista, que se basa en la teoría objetiva del valor trabajo. Bajo esta teoría se intenta explicar que el valor de los bienes en la economía es determinado por el costo de producción.

De esta manera, lo que se buscaría es que el Estado proteja los precios justos de los bienes que ellos catalogan como esenciales, tildando los precios de mercado como abusivos y perjudiciales para la sociedad.

Sin embargo, el problema radica en que los precios de mercado sirven como señales de información respecto a las necesidades de los individuos con relación a la oferta y la demanda.

Deseo enfatizar que la teoría objetiva del valor trabajo es sustentada por corrientes económicas no marxistas.

El marxismo plantea la dialéctica de la lucha de clases como motor de la historia, junto con el principio filosófico –falso, por cierto– de que el mundo carece de esencias objetivas, pudiendo por tanto el hombre moldearlo a su voluntad. Además, el marxismo ha planteado que la solidaridad entre los hombres no debe pasar por las naciones sino por las clases sociales. El gobierno de Milei no sólo recibe críticas de la izquierda o de los grupos marxistas. Muchos católicos y muchos católicos nacionalistas argentinos –que repudian el comunismo– repudian además las medidas de desregulación de Javier Milei, en línea con el capitalismo liberal, porque recuerdan que la ideología liberal ha sido condenada por el Magisterio de la Iglesia Católica.

En otro orden de cosas, todos los empresarios y comerciantes calculan los costos de producción sin ser marxistas por ello.

Por otra parte, parece a todas luces injusto que los precios de la canasta básica queden librados a la pura oferta y demanda, dado que son bienes esenciales para la vida. De esta suerte, quienes no contaran con el dinero para pagarlos, morirían sin remedio.

Los precios de aquellos productos que no son necesarios para vivir (el caviar, una limusina, una mansión, p.e.) pueden lícitamente quedar librados a la oferta y demanda. Pero una desregulación absoluta de aquellos productos, bienes y servicios esenciales (la canasta básica, cierto tipo de ropa, la salud, la vivienda) pone a una gran cantidad de personas en un riesgo mortal, o al menos en una situación social incompatible con la dignidad humana y cristiana.

En cuanto a los subsidios, son utilizados por EE.UU., varios países de Europa, América y Asia a fin de reforzar sus propias industrias. Reproducimos datos recabados por organismos oficiales de la Argentina. Leemos:

Según el relevamiento del FMI, Argentina en 2015 destinaba el 3.25% de sus ingresos totales a subsidiar el acceso a la energía. Este importante porcentaje es menor a que destinan otros países como Bulgaria (33.85%), Serbia (24.70%), China (20.13%), Venezuela (19.96%), Rusia (15.97%), Arabia Saudita (13.23%), India (12.34%), Polonia (9.13%), Bolivia (6.77%), Qatar (6.37%), Estados Unidos (3.82%) y Chile (3.32%).

Entre los países que destinan menos recursos (en proporción al PBI) que la Argentina a subsidios energéticos totales están: Luxemburgo (3.24%), Japón (3.22%), Grecia (2.61%), Canadá (2.46%), Brasil (2.35%), México (2.26%), Australia (1.96%), Paraguay (1.80%), España (1.70%), Alemania (1.42%), Reino Unido (1.37%), Francia (1.03%), Italia (0.62%), Uruguay (0.45%).

De esta manera, el informe revela que los subsidios energéticos medidos al año 2015 en nuestro país no sobresalen por encima de los subsidios de muchos países en términos de comparaciones internacionales ni superan la media internacional (3.25% del PBI)”[1].

En definitiva, no sólo es cierto que todos los países mencionados subsidian su propia energía. También sería cierto que muchos países cuya situación económica es mejor aún que la Argentina invierten más dinero en subsidios que los argentinos.

Usted dice:

“podemos hacer referencia a la teoría del marginalismo de Carl Menger, que explica como el valor de un bien disminuye mientras este se vuelve más abundante y por ende más preciado cuando este es más escaso. Por eso una Coca Cola en el desierto valdría más que una en un supermercado.

Mejor dicho, los precios no pueden ser determinados de manera objetiva sobre la base de su costo de producción, sino que estos se vinculan a las preferencias de los individuos que conforman lo que se cataloga como mercado. Si se necesita mucho de algo escaso, es natural que su precio sea elevado”.

 Si bien este principio de Menger es válido en muchos casos, y si bien esto es lo que normalmente sucede, conviene preguntarse si esto es justo o no. En efecto, las leyes de las sociedades no son leyes biológicas ante las cuales uno no puede sino adaptarse. Son más bien leyes sociales, donde interviene el libre arbitrio, el azar, hay avances y retrocesos, y no todo lo que pasa es –por el hecho de pasar– bueno. Pongamos algunos ejemplos: ¿puede lícitamente un cirujano de corazón tasar su capacidad de salvar vidas en un precio tan elevado que la gente tenga que vender su casa o morirse? ¿Es lícito cobrar por un bien o servicio que salve la vida algo que, para el caso concreto de la persona, implica la pérdida de todo su patrimonio?

 Como usted bien ha dicho párrafos atrás, para la teoría objetiva “el valor de los bienes en la economía es determinado por el costo de producción”. Sin embargo, el comerciante o empresario –para determinar el valor de venta de un producto ante su mercado– toma en cuenta efectivamente lo que costó producirlo. Por ejemplo, el dueño de un restaurante determina lo que va a cobrar por un café con leche –p.e.– en función del costo del café, de la leche, del sueldo que debe pagar al mozo, el edulcorante y el azúcar que ofrece en la mesa, el costo de la servilleta, la luz, el gas, la demanda del café y la oferta del mismo en las inmediaciones del restaurante tiene su papel, etc. Realmente no vemos nada de marxista en realizar estas estimaciones y cálculos que, por lo demás, todos los empresarios –desde las pequeñas a grandes empresas– realizan porque, lógicamente, estas operaciones matemáticas le permiten saber si está perdiendo o ganando dinero.

Usted dice:

Existen muchos precedentes históricos que demuestran cómo los controles de precio solo generan escasez, el incremento de mercados negros, pérdida de calidad y corrupción por parte de miembros del Estado.

Al analizar una medida, no solamente hay que evaluar las consecuencias negativas sino también las positivas. Además de los efectos que usted enumera, hay otros efectos tales como el acceso de un gran segmento de la población a esos bienes durante todo el tiempo que dure el control. Gracias al control de precios, muchas familias pueden comer lo básico todos los días. En sentido inverso, la falta de control vuelve extremadamente difícil que muchas familias se alimenten a diario. La falta de control y regulación también dificulta el pago de alquiler o las prepagas de salud.

En la experiencia de la Argentina, los mercados negros también funcionaron cuando no había política de control de precios porque los comerciantes evadían impuestos.

Por otro lado, creemos que la corrupción por parte de miembros del Estado no es un efecto del control de precios sino una posibilidad latente en toda estructura humana, falible.

En todo caso, creemos justo que un Estado que mantiene controles de precios habilite ciertas exenciones o facilidades impositivas para las empresas que prestan un servicio a la economía y al bien común, al ganar menos de lo que podrían ganar. De esa manera, el dinero que no ganan por un lado –no es que pierden, es que ganan menos– lo recuperan por otro.

Usted dice:

El fracaso de estas políticas puesto en escena con gran claridad hace unas semanas en una entrevista en vivo que los periodistas peronistas del Programa C5N estaban haciendo a un grupo de verduleros en un mercado de la ciudad de Buenos Aires para intentar demostrar como la eliminación de subsidios y políticas de control de precio implementadas por Milei era supuestamente perjudicial para la población.

Con gran ironía el hashtag del programa era #NoMeAlcanza y en él subtituló se podía leer “los precios fuera de control y salarios por el piso”.

Sin embargo, el verdulero al que entrevistaban desmontó por completo la falsa narrativa de la izquierda en un instante, revelando que la eliminación de este tipo de políticas había generado una caída de los precios a cerca de la mitad, incluyendo tomates, papas, cebolla, zanahoria, zapallos.

Más allá de lo que pudo decir el verdulero, la caída de los precios en los productos mencionados es consecuencia de factores estacionales: en la Argentina, estamos en pleno verano. Se produce mayor cantidad de frutas, verduras y, por el calor, se echan a perder más rápido. Se tiene que bajar los precios porque, si el stock no vende pronto, se pudre. Así, por ejemplo, el tomate siempre está muy barato en verano y muy caro en invierno. Por eso baja el precio. Esto prueba, además, que los empresarios y comerciantes miran los costos de producción para determinar el precio de mercado de sus productos. Y no lo hacen por ideología marxista sino por sentido común.

Por otro lado, la muestra que se ha elegido –tomates, papas, cebolla, zanahoria, zapallos– es muy pequeña: hay infinidad de productos en el mercado. Y es verdad que la mayoría de esos precios están fuera de control, como también que los salarios están en el piso. Lo hemos desarrollado aquí[2]. El índice oficial de inflación no permite engañarse: aumento del 25,5%[3].

Usted dice:

Como siempre, la falsa ideología de la izquierda se desmorona en la calle y cuando se eliminan este tipo de medidas intervencionistas el efecto positivo es inmediato y la sociedad sale ampliamente beneficiada.

Como parte de los efectos inmediatos de las medidas –y de las palabras de Milei– es notable sin duda una pérdida del poder adquisitivo del peso argentino aún mayor que la que producida durante las desastrosas administraciones anteriores. La situación era muy mala y ahora es peor. Los salarios han quedado pulverizados, lo mismo las jubilaciones y pensiones.

No negamos que pueda haber efectos positivos pero el único efecto positivo que el artículo enumeraba resultó ser, a nuestro modo de ver, consecuencia de una causa distinta. Conocemos, en cambio, los efectos negativos. A lo largo de este mes de gobierno de Milei, la caída del consumo ha sido, para muchas empresas, peor que los controles de precios. Por la falta de ventas, ahora hay algunas empresas en riesgo de quebrar. Asimismo, la posibilidad de que la Argentina abra sus puertas a industrias extranjeras –ingresando a competir sin regulaciones– pone en riesgo cientos de miles de puestos de trabajo dentro de la industria nacional, además del capital de los empresarios. Por lo demás, al caer el consumo, cae la recaudación de impuestos y el déficit fiscal se mantiene o incluso se ensancha. Son todos efectos negativos inmediatos.

Usted dice:

Lo peor de todo es que la misma izquierda reconoce las limitaciones de su propia teoría económica y cuando les conviene implementan a escondidas medidas que ellos mismos catalogan como explotadoras, salvajes e injustas. Podemos citar el caso de la dolarización de facto que impera en Venezuela desde el año 2019.

Nos permitimos insistir en que el antagonista de Milei no es solamente la izquierda sino –concretamente en la Argentina– muchos católicos, los peronistas en general –sean o no de izquierda–, muchos católicos nacionalistas y algunos liberales principistas.

Usted dice:

No cabe duda de que Milei tiene un largo y difícil camino por delante, sin embargo, el efecto positivo de sus medidas ya se está empezando a sentir en la sociedad argentina, lo que debe servir como un ejemplo de inspiración para toda la región de que las cosas se pueden hacer bien.

Los efectos de las medidas se empiezan a sentir, sin dudas. Sin negar que pueda haber efectos positivos –sería arrogante hacerlo–, lo cierto es que la destrucción aún más pronunciada de los salarios, las jubilaciones y las pensiones (entre otras consecuencias ya mencionados) deben ser considerados a la hora de evaluar el gobierno de Javier Milei en la Argentina.

 

[1] Datos publicados en el año 2018. Cfr. https://defensoria.org.ar/archivo_noticias/cuanto-destinan-los-paises-a-subsidiar-el-consumo-de-energia/ . La negrita es nuestra.

[2] Cfr. https://jcmonedero.com/milei-precios-nuevos-salario-viejo/

[3] Cfr. https://www.perfil.com/noticias/economia/la-inflacion-de-diciembre-fue-de-255-y-el-ipc-aumento-2114-en-2023.phtml

 

OTRAS NOTAS RELACIONADAS
Algunas razones para el rechazo del apoyo a Milei por parte de un cristiano iusnaturalista – Dr. Sergio Raúl Castaño
Tucker Carlson y Javier Milei – La lucha contra el aborto, ¿con fundamentos libertarios?
Nadie resiste un achivo – Cuando Milei dijo que Macri era desarrollista – 2016
Milei: adelantar partos para evitar abortos, “humanos de diseño”, traer hijos al mundo es irresponsable si los podés elegir científicamente – Una desconocida entrevista

Entrevista al Lic. Juan Carlos Monedero sobre el verdadero rostro de la nueva derecha liberal

Magisterio de Juan Pablo II contra la venta de órganos

Pecados Económicos. Por Juan Carlos Monedero

Santo Tomás de Aquino y los precios justos – Fragmentos de la Suma Teológica

 

MURIÓ HENRY KISSINGER: un enemigo del Orden Social Cristiano y pieza clave de la masonería (publicado en diciembre 2023)

MURIÓ HENRY KISSINGER: un enemigo del Orden Social Cristiano y pieza clave de la masonería (publicado en diciembre 2023)

Gentileza INFOCATOLICA (Javier Navascués)

 

  1. ¿Quién fue Henry Kissinger? ¿Cuál es la importancia de su figura política?

 

Kissinger fue un enemigo del Orden Social Cristiano, una pieza clave dentro de la Revolución Mundial que -como bien han enseñado nuestros maestros- busca boicotear una civilización cuya centralidad se encuentra en Dios, sustituyéndola por otra civilización que tenga por centro al Hombre. Este Hombre ya no es la creatura salida de las manos de la Trinidad, ya no es el hombre como Imago Dei y Similitudo Dei. Es el ser humano como principio, fin y fundamento de la sociedad política, como absoluto, negada su condición de creatura, capaz de hacer y deshacerse a sí mismo. Es el Humanismo Antropocentrista con todas sus nefastas consecuencias.

Kissinger promovió esto activamente, tanto desde importantes posiciones en la política de los Estados Unidos como por fuera de los cargos públicos. Fue secretario de Estado durante tres presidencias: la primera de Nixon (1969-1973), la segunda de Nixon (1973-1974, que concluyó abruptamente por dimisión) y la tercera de Gerald Ford (1974-1977). Además, Kissinger se desempeñó como Consejero de Seguridad Nacional durante la administración Nixon. El famoso Informe Kissinger, del que hablaremos enseguida, data de estos años. Su figura y su trabajo no sólo están conectados con la política interna estadounidense sino con la política de muchos otros países. Entre ellos, la Argentina.

 

  1. Kissinger se convirtió en el principal asesor en política exterior de Nixon y fue muy influyente durante la presidencia de Gerald Ford, ¿qué podemos decir al respecto de este diplomático?

 

Para empezar, diría que fue mucho más que un diplomático. Fue un estratega, un cerebro, un ideólogo pero no un dogmático. Poseía una mente oscura capaz de delinear las balas trazadoras que signan los perfiles de la acción política. Mientras una segunda línea ejecuta, él maquinaba. Su rol decisivo también explica que Kissinger permaneciera en su cargo a pesar de que tomara forma pública el escándalo “Watergate”.

Este asunto se destapa cuando el FBI conecta dinero negro –utilizado para la campaña de reelección de Nixon– con cinco detenidos que habían ingresado furtivamente en la sede del Partido Demócrata. La administración Nixon intenta encubrirlos, el Congreso inicia una averiguación pero el gobierno se niega a cooperar. A medida que avanzan las investigaciones federales, se descubre que la pandilla de Nixon acosaba a opositores políticos, funcionarios considerados sospechosos y activistas, valiéndose de la policía, el FBI y la CIA. El Senado llega a la conclusión de que el propio Nixon guardaba en sus oficinas un sistema de cintas de grabación, y el Presidente debe entregarlas bajo coacción de la Corte Suprema de EE.UU. La prensa agitó el tema como nunca y una fuente anónima –denominada Garganta Profunda– terminó por confirmar los hechos. El proceso de destitución era inminente y entonces Nixon renuncia en agosto de 1974.

A pesar del ambiente sumamente caldeado, la posterior limpieza de funcionarios no alcanzó a Kissinger. Si bien deja su cargo en 1977, cuando asume Jimmy Carter como nuevo presidente, su influencia continuó durante mucho tiempo.

 

  1. Siendo integrante del Partido Republicano, Kissinger llegó a ser una de las principales figuras de la política de EE.UU., ¿qué nos puedes decir del Informe Kissinger?

 

Así es, era parte de la derecha estadounidense. El caso Kissinger ilustra perfectamente que se puede ser muy anticomunista y comportarse como un hijo del demonio. En efecto, él velaba “por los intereses de Estados Unidos” a costa de las demás naciones. Así lo grafica el famoso Informe Kissinger, donde –con pelos y señales– despliega un conjunto de estrategias destinadas a provocar la caída de la población en países en vías de desarrollo. Leamos este párrafo del Informe:

 

«La economía de los EE.UU. requerirá grandes y crecientes cantidades de minerales del extranjero, especialmente de los PMD[1]s. Este hecho hace que los EE.UU. tenga un gran interés en la estabilidad política, social y económica de los países suministrantes. Donde quiera que una disminución de las presiones demográficas, por medio de una disminución en los índices de la natalidad, pueda aumentar las posibilidades de dicha estabilidad, la política demográfica se hace relevante para los suministros de recursos y para los intereses económicos de los EE.UU.»

 

El propio Kissinger reconocerá que, en cierta medida Estados Unidos (a pesar de ser un país totalmente industrializado) depende de aquellas naciones cuyo grado de industrialización y desarrollo económico son menores pero cuya posesión de recursos es mayor. EE.UU. necesita que aquellos países le vendan mercadería, materia prima. Leemos:

 

«La ubicación de conocidas reservas de metales de más alto grado de la mayoría de los minerales favorece la creciente dependencia de todas las regiones industrializadas en las importaciones de los países menos desarrollados (PMD)”.

 

Traducción: los recursos naturales son limitados y EE.UU. necesita que las naciones que los poseen se los puedan vender a ellos. Si, en cambio, las naciones consumen esos recursos o logran mayores grados de industrialización, Kissinger estima que no quedarán suficientes para Estados Unidos. Luego, hay que hacer disminuir la población de esos países para que no se los acaben.

En definitiva, en la mente de Kissinger, Estados Unidos se cree con DERECHO a esos recursos. ¡Un derecho por encima de los pueblos que naturalmente los recibieron! Es como si dijera: el mundo me pertenece, es mío, y voy a hacer lo que sea para quedarme con esos recursos.

 Estos párrafos del Informe K. recogen varios conceptos. Como vimos, en uno de ellos, se afirma el interés de EE.UU. en que los países que suministran esos recursos tengan situaciones estables (“Este hecho hace que los EE.UU. tenga un gran interés en la estabilidad política, social y económica de los países suministrantes”). Notemos que las naciones son vistas desde un enfoque meramente utilitarista: reservorio de materia prima. No son, como diríamos nosotros, comunidades unidas por una tradición, historia, lengua, cultura, religión y geografía. Son meros canteros de cosas útiles para aprovechar de ellos.

Luego Kissinger ata dos cosas: el índice de natalidad y las presiones demográficas. Si baja la natalidad, baja la “presión demográfica” y entonces se consigue la tan deseada “estabilidad” política, social y económica.

La estrategia se cierra aquí: para “proteger los intereses de Estados Unidos”, haremos caer la natalidad en los países “suministrantes”. Y lo hicieron.

 

  1. Según el propio informe de Kissinger, ¿de qué manera se procura el descenso de la natalidad en las naciones?

El informe describe multiplicidad de tácticas. La primera de ellas consiste en motivar a las sociedades a que tengan familias de menos integrantes. Según esta mente malévola, los programas generales de cooperación -que lleva adelante Estados Unidos- deben establecer prioridades. En sus propias y elocuentes palabras:

«Se le debe dar prioridad, en el programa general de ayuda, a ciertas políticas de desarrollo de aquellos sectores que ofrecen la mayor esperanza de una creciente motivación en tener familias más pequeñas».

Incluso Kissinger se hace la pregunta, como quien piensa en voz alta, de si la estrategia de recortar los alimentos es viable. Leemos en el Informe Kissinger:

 «¿Podrían considerarse los alimentos un instrumento de poder nacional? ¿Nos veremos forzados a elegir a quién razonablemente podemos ayudar, y en tal caso, deben ser los esfuerzos demográficos un criterio para dicha ayuda? ¿Están los EE.UU. preparados para aceptar el racionamiento de los alimentos para poder ayudar a los pueblos que no pueden o no quieren controlar el crecimiento de su población?».

Traducción: no descartamos reducir los alimentos en los PMD. Forzarlos a comer menos desalienta nuevos nacimientos y es un método que EE.UU. podría aplicar en aquellas sociedades que no sean capaces o se nieguen a bajar su población.

Motivar a la mujer a trabajar fuera de la casa es otra herramienta. Está comprobado que esta circunstancia no favorece que tenga muchos hijos:

«La condición y la utilización de las mujeres en las sociedades de los países subdesarrollados son de extrema importancia en la reducción del tamaño de la familia. Para las mujeres, el empleo fuera del hogar ofrece una alternativa para el matrimonio y embarazo precoz, e incentiva a la mujer a tener menos hijos después del matrimonio… Las investigaciones muestran que la reducción de la fertilidad está relacionada con el trabajo de la mujer fuera del hogar…».

Notemos lo escrito por el infame. Kissinger ha dicho “utilización” de las mujeres. Las usan. Son cosas. Traduzcamos de nuevo al castizo: diseñemos sociedades donde vivir con el único sueldo de papá sea imposible. Y entonces, que mamá tenga que salir a trabajar -para traer el pan a la mesa, lógicamente- y así continuar sembrando obstáculos para que sea IMPOSIBLE tener muchos hijos.

Tampoco se descartan medios de persuasión educativos:

 

«La gran necesidad es convencer al grueso de la población que es para su beneficio individual y nacional tener, en media, sólo tres o incluso sólo dos hijos».

Notemos que aquí se confiesa descaradamente que se necesita meter en la cabeza de la sociedad la falsa idea de que, al fin y al cabo, esta reducción de la familia es ¡en beneficio de esa sociedad! En otras palabras, hay que presentar una política útil a los intereses de Estados Unidos como si en realidad fuera buena para el hombre de a pie. Esta idea de trabajar en convencer se repite en otras partes del documento. Leemos:

«Es muy necesario convencer a las grandes masas de que es de su interés individual y nacional el tener, como promedio, solamente tres y quizás sólo dos hijos… el foco obvio y creciente de la atención debe ser cambiar las actitudes de la próxima generación».

Por supuesto que, en este sentido, los programas de Educación Sexual tienen mucho que decir. Pero también todo tipo de series, entretenimientos, músicos, artistas o personas conocidas que presenten a los hijos como una carga insoportable, que se burlen del matrimonio, etc.

Pongamos foco en las escuelas y colegios. Leemos en el Informe:

«[Debemos tener] niveles mínimos de educación, especialmente para las mujeres, así como la educación y el adoctrinamiento de la actual generación de niños, con respecto a la conveniencia de que las familias sean más pequeñas».

No hay medio que no se haya probado para afectar países cuya población debe ser inmolada en aras del bienestar de EE.UU. La consigna es clara: no podemos permitir que estas naciones agoten los recursos naturales que necesitamos. Kissinger nos habla aquí de la vasectomía:

«En la India [se llevaron a cabo] algunos experimentos controversiales pero extraordinariamente exitosos, en los cuales los incentivos económicos, junto con otros mecanismos de motivación, se utilizaron para lograr que un gran número de hombres aceptaran las vasectomías».

Como se ve, toda esta estrategia está pensada al detalle.

 

  1. No sólo se trata de interferir a través de la mente y la educación sino también a través de la POLÍTICA. ¿Qué nos puedes decir de eso? Imagino que Kissinger no dejó afuera de su estrategia a la política propiamente dicha.

 

Por supuesto. También va a intervenir Kissinger en la legislación, y valiéndose del enorme poder estadounidense. Seguramente no es casualidad el auge de leyes abortistas a partir de los años 70’ del siglo XX. En el Informe, leemos:

 

«Ciertos hechos sobre el aborto precisan ser entendidos: ningún país ha reducido el crecimiento de su población sin recurrir al aborto» (“No country has reduced its population growth without resorting to abortion”).

 

Hay otra forma de leer el documento. Si quieres, una forma “psicológica”. En cierto sentido, todo el Informe Kissinger parece estar atravesado por el temor a que los PMD se desarrollen. Es constante la preocupación acerca de naciones que pueden llegar a incrementar su población, desarrollar nuevas tecnologías, añadir valor agregado a sus productos, volverse económicamente más soberanas y competir en algún momento con Estados Unidos. Por lo tanto, pisarles la cabeza se convierte en imperativo no negociable. Creo que algo de esto puede verse sobre todo en este párrafo:

 

«Es vital que el esfuerzo por desarrollar y fortalecer el compromiso por parte de los líderes de los PMDs no sea visto por ellos como una política de un país industrializado para mantener reducido su vigor o para preservar recursos que serán usados por los países ‘ricos’».

En varios pasajes del Informe, Kissinger piensa en varias jugadas adelante. Por eso escribió:

 «Los EE.UU. pueden ayudar a minimizar las acusaciones de tener un movimiento imperialista detrás de su apoyo a favor de las actividades demográficas, afirmando repetidamente que dicho apoyo se deriva de una preocupación por: (a) el derecho del individuo a determinar libre y responsablemente el número y el espaciamiento de sus hijos… y (b) el desarrollo fundamental, social y económico, de los países pobres».

Es decir, estamos ante una maniobra gigantesca de engaño que -so pretexto de buscar un bien para las sociedades- procura en realidad eliminar al ser humano. Por la manera que sea. Se desalientan los nacimientos, se impiden las concepciones, se produce la muerte por hambre de la gente o directamente se promueven leyes que destruyen personas humanas en estado fetal. Se legaliza el aborto, la anticoncepción, la Educación Sexual Integral, el matrimonio igualitario y nosotros –como cándidas ovejas– creemos que estamos ante una cuestión ideológica. No es solamente ideológica. Es una cuestión de poder que se recubre de ideología. A Kissinger no le interesa tu supuesta libertad sexual, tus supuestos derechos sexuales, la libertad de tu cuerpo, las comunidades gays “reprimidas” y toda esa cantinela. ¡Le interesa que no dejes descendencia! Esto hay que entenderlo.

 

  1. Al comienzo de esta entrevista dijiste que Kissinger intervino específicamente en la política argentina. Te pido que nos desarrolles.

 

Con gusto. En los años 70’, la sociedad argentina fue objeto de varios tipos de agresiones. Los dos grandes bloques, el comunista y el capitalista, nos atacaron, cada uno a su modo. Por un lado, el terrorismo físico, tangible, representado por las bandas de homicidas marxistas. Por otro lado, el terrorismo económico representado por el avance de corporaciones transnacionales sin escrúpulos, constituyendo un verdadero abuso del capital. En el medio, los argentinos honestos, que sufrieron tales ataques, tironeados por ambas fuerzas que parecían luchar entre sí pero que –al ir tirando de la cuerda– eran manejadas por las mismas manos.

En 1975, el gobierno argentino designa a las Fuerzas Armadas al frente de una operación militar para acabar con el terrorismo. Los atentados y crímenes eran moneda corriente, el desorden político era enorme y la inflación galopaba, acicateada por el famoso “Rodrigazo”. A finales de 1975 y comienzos de 1976, la sociedad –empezando por la clase partidocrática– pedían a gritos que los militares derrocaran al gobierno, asumieran la conducción política y exterminaran a los guerrilleros que todos los santos días hacían explotar una bomba, secuestraban y pedían rescate, asesinaban policías y militares, etc.

En el seno de las FF.AA. se distinguían dos líneas: la católica nacionalista y la liberal. Los nacionalistas impulsaban la idea de que los asesinos debían ser juzgados en un juicio rápido, dadas las circunstancias (“juicio sumario”) y, si correspondía, ser fusilados públicamente. La línea liberal, en cambio, sostenía que las FF.AA. no podían como Estado hacerse cargo de ejecuciones públicas porque –de hacerlo– encontrarían gran oposición en los medios de comunicación, los organismos de DDHH y hasta la misma Iglesia, lo que pondría en riesgo la gobernabilidad y por ende la victoria contra el terrorismo.

Por lo demás, el asesinato en manos de los terroristas –en 1974– de uno de los jueces que mandó a la cárcel a los guerrilleros no constituía un antecedente alentador. Prácticamente no había magistrados dispuestos a condenar a estos homicidas.

Lamentablemente, el gobierno militar –surgido a partir del 24 de marzo de 1976– suscribió la posición liberal. Se llevó adelante una guerra mixta contra el terrorismo, que conjugó acciones perfectamente nítidas con métodos clandestinos e irregulares, produciendo cerca de 7000 desaparecidos en la Argentina, cuya enorme mayoría eran integrantes de organizaciones terroristas. Pues bien, el gobierno militar hizo todo esto siguiendo las instrucciones de Henry Kissinger, quien recomendó destruir la guerrilla con métodos experimentados en otros países. Además, el Ministro de Economía de los militares liberales llevó adelante medidas en detrimento de la industria nacional y otras políticas lesivas de la soberanía argentina.

En conclusión: nuestra Guerra Justa contra el terrorismo apátrida fue oscurecida por el uso de métodos irregulares, siempre condenables moralmente, y Kissinger fue uno de los que empujó a los militares argentinos a esta decisión.

 

  1. Tengo entendido que Kissinger integró la “Trilateral Commission” o Comisión Trilateral. ¿Qué es eso? ¿Por qué es importante conocerlo?

 

Sí, Kissinger integró la famosa Trilateral Commission.

Los personajes más influyentes del mundo se juntaron en una organización y la denominaron “Comisión Trilateral”, creándola en 1973. Parece que fue iniciativa nada menos que de David Rockefeller, el Grupo Bilderberg y el Council on Foreign Relations (CFR). Asisten ex presidentes, políticos en actividad, mega empresarios, politólogos, docentes de importantes universidades y otras personas influyentes de los cinco continentes. Como siempre, los nombres son engañosos dado que este grupo se autodenomina “International Commission of Peace and Prosperity” (“Comisión Internacional para la Paz y la Prosperidad”). Se reunieron por primera vez en Japón, en el mes de octubre de 1973.

Ya en 1980 hubo denuncias. La Revista Cabildo, de orientación nacionalista católica –en aquel momento, la revista específicamente política de mayor tiraje y mayor cantidad de lectores– supo decir que los integrantes de esta comisión “persiguen la conquista de los indefensos y expuestos mercados mundiales (…) lo que a la postre se traduce en la frígida, simple y llama búsqueda de ganancias enormes para el orden privado y extraestatal que representan”. En efecto, “las sigilosas e inculpadas multinacionales, al servicio de quienes gozan de la mayor capacidad consumista en prioridad despiadada, conforman una red cada vez más extensa y cerrada que abraza al planeta todo con presión incontenible”. Por eso, “la Comisión Trilateral no es nada menos, pero en todo caso nada más, que una simple conformación estructural al servicio de una élite…”. Dato más que relevante: esta comisión “está financiada en primera línea por las fundaciones que no pagan impuestos como: la Ford Foundation, Lilly Endowment, Rockefeller Brothers Fund y la Kattering Foundation”.

Además, Cabildo nos cuenta que el director de esta comisión fue nada menos que el polaco Zbigniew Brzezinski, asesor del presidente Carter.

No esconden sus metas. En efecto, “sus objetivos son (…) la realización del ‘nuevo orden mundial’ dentro de una sociedad planificada, subdividida en grandes federaciones regionales, dirigidas centralmente a través de multinacionales y corporaciones científicas. Según Brzezinski: ‘Debemos sustituir el sistema internacional por un sistema global… Será un mundo en el que los ámbitos de supremacía nacional desaparezcan’” [2].

 

Esto muestra la íntima unidad entre los temibles supercapitalistas y el globalismo. Ahora bien, personalmente me llama la atención la abundancia en las redes sociales de supuestos “luchadores antiprogresistas” que despotrican contra el globalismo mientras apoyan a influencers abiertamente procapitalistas, apoyan el liberalismo, el capitalismo o incluso posturas libertarias.

La verdad, al enemigo le conviene que estos influencers desvíen la atención del público. Le muestran a la gente una parte de la verdad (el antiprogresismo) pero le mutilan otra porción, que es decisiva. ¿Casualidad? ¿Disidencia Controlada? Sabe Dios. Habría que investigarlo, buscar pruebas. Pero lo cierto es que esta Comisión ve en los países con recursos naturales –como la Argentina– una mera oportunidad para extraer ganancias.

En otras palabras, ya sea por el motivo de “proteger los intereses de EE.UU.”, sea para crear un mundo global, Kissinger se anotó en todas las instancias que impulsaban el Nuevo Orden Mundial. Y temía la reacción. Por eso escribió en su Informe:

 

«Existe también el peligro de que algunos líderes de los PMDs vean las presiones de los países desarrollados a favor de la planificación familiar como una forma de imperialismo económico y racial; esto podría crear un retroceso bastante serio».

 

A Kissinger le preocupa particularmente que alguien lleve el debate hacia estos dos hechos:

 

«debemos reconocer que aquellos que argumentan en conformidad con sus posturas ideológicas han hecho mucho ruido con el hecho de que la contribución de los EE.UU. a los programas para el desarrollo y a los programas de salud ha disminuido ininterrumpidamente, mientras que sus fondos para los programas de población han aumentado a un ritmo constante”.

 

Por tanto, la credibilidad de EE.UU. quedaría seriamente afectada si enfocásemos en estos dos datos objetivos:

 

1) EE.UU. invierte cada vez menos en los programas para el desarrollo y la salud;

2) EE.UU. invierte cada vez más en programas para hacer caer la población.

 

Y Kissinger lo sabía y, como buen coach, se anticipa al movimiento del adversario. En definitiva, es difícil no ver aquí una mano negra al leer esto:

 

“En estas relaciones sensibles, sin embargo, es importante tanto en estilo como en sustancia evitar el aspecto de coacción”.

 

  1. ¿Qué es lo último que nos puedes decir de Kissinger? ¿Cómo lo definirías?

 

Parece acertado sostener que Kissinger no fue un ideólogo sino más bien un pragmático con ideología. Formados en filosofía, ciencias políticas y humanidades, tendemos a pensar que el resto del mundo lleva las ideas a la práctica de la misma forma categórica en que esas ideas cabalgan en el plano abstracto. Pero esto no es así, y el caso de Kissinger lo ilustra claramente. ¿Cómo entender si no su apoyo a la China Comunista? Como autoridad política, favoreció vínculos con los chinos en detrimento de los soviéticos. Y usted me dirá: “¿Cómo es posible si ambas potencias eran comunistas y él era republicano?”. Sí. Pero Kissinger no tenía doctrina, tenía intereses. En ese momento, él necesitaba crear una división entre estas potencias y se acercó a una para marginar a la otra.

En su último libro, “El Orden Mundial”, Kissinger se refiere al caso del Cardenal Richelieu, a quien destaca como figura maquiavélica. En efecto, si como católico y eclesiástico, este cardenal debía apoyar a las naciones católicas en Europa, sin embargo –invocando “razones de estado”– Richelieu respaldó a los protestantes. El habilísimo prelado, nos cuenta Kissinger, consideraba que si las potencias católicas lograban unificarse y triunfar, pondrían sus propios intereses por encima de Francia. Y por eso él, siendo católico, colaboró y apoyó a los herejes. Kissinger reproduce las palabras del lord Palmerston, estadista británico del siglo XIX: “No tenemos aliados eternos, pero tampoco enemigos perpetuos. Sólo nuestros intereses son eternos y perpetuos, y es nuestro deber ser fieles a esos intereses”.

No nos equivoquemos: Kissinger no se entiende desde los apuntes de filosofía política. No podemos hacer un análisis esencialista de este hombre. Como él mismo lo dice, “la realidad inalienable” es que “los elementos de poder –aún cuando sean objetivos– están en cambio constante”. Por lo tanto, lo que pudo ser útil en un momento, tranquilamente puede no serlo en otro.

Nosotros, formados en la cosmovisión occidental y cristiana, no sólo tenemos sanos escrúpulos respecto de esta lógica carnívora. También nos cuesta, quizás por una limitación de nuestra propia formación, comprenderla. Los agentes del comunismo respondían (¿o responden?) a la misma mentalidad. Por eso supo decir Bertolt Brecht: El que combate por el comunismo debe saber combatir y no combatir; decir la verdad y no decirla; hacer un favor y no hacerlo; mantener una promesa y no mantenerla; exponerse al peligro y evitarlo; hacerse reconocer y esconderse. El que combate por el comunismo, de todas las virtudes no posee sino una: la de combatir por el comunismo”. Kissinger era igual. Primero el poder. Primero la fuerza. Luego, acomodamos el discurso para que el discurso termine justificando lo que estoy por hacer… o lo que ya hice.

Kissinger relata una anécdota personal al comienzo del libro. En 1961, al visitar al ex presidente Harry Salomón Truman en la ciudad de Kansas City, le preguntó por aquello que más orgullo le producía de su mandato. Respuesta literal:

 

“Que derrotamos por completo a nuestros enemigos y luego los trajimos de vuelta a la comunidad de las naciones”.

 

Es difícil siquiera pensar una frase menos cínica. Truman ordenó abrir fuego a civiles alemanes y japoneses. Las ciudades de Dresden y Hamburgo fueron destruidas en el marco de una acciones militares que –y fíjate la arrogancia– se llamaron Operación Gomorra, porque arrojaron fuego del cielo en alusión a Génesis 19. Truman dio la orden para las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. Cientos de miles de víctimas masacradas por este demonio.

Además, la administración Truman dejó manos libres a las tropas soviéticas para que entraran en Alemania y violaran sistemáticamente a miles de mujeres y hasta niñas[3]. Tropas estadounidenses invadieron Italia y violaron a miles de italianas. Truman consintió el avance de los comunistas que ocuparon la mitad de Polonia, la mitad de Alemania, buena parte de Europa, China; dejaron que la URSS se consolide cuando tenían el poder para limitarla o incluso exterminarla de la faz de la tierra. ¿Y luego este mismo Truman nos habla de la comunidad de las naciones? Kissinger fue capaz de escribir esto sin sonrojarse y buena parte de su libro detalla la importancia del Tratado de Westfalia para lograr la paz en Europa. ¿Paz? Calificar a este escenario de “disonancia cognitiva” sería casi hacerle un favor a los protagonistas.

Tenemos que aborrecer el mal, la falsedad y la mentira con todas nuestras fuerzas. Este hombre acaba de morir y Dios ya lo ha juzgado. Pero su obra sigue viva, el Nuevo Orden Mundial por el que trabajó incansablemente está en nuestras narices. ¡Qué buen vasallo si hubiese tenido un buen señor! Hubiera sido magnífico que un hombre tan brillante como Kissinger estuviese de nuestro lado. Lo único que podemos hacer es comprometernos a trabajar tanto como él, pero en reconstruir el Orden Social Cristiano. Su ejemplo debe inspirarnos y hacernos decir: si los malos trabajan de sol a sol, ¿puedo yo como cristiano estar inactivo? Esto es lo que puedo decirte, estimado amigo. Muchas gracias.

[1] PMD: países menos desarrollados.

[2] Revista Cabildo, Edición Especial, Cuaderno N° 1: “La Comisión Trilateral y el Poder Internacional del Dinero”, diciembre 1980. Extraído de https://revistacabildodigital.wordpress.com/revista-cabildo-segunda-epoca/

[3] Cfr. https://www.abc.es/cultura/20150302/abci-segunda-guerra-mundial-violaciones-201503021049_amp.html

Alexander Solzhenitsyn – Discurso ante las autoridades de la Universidad Harvard (8 de junio de 1978)

Alexander Solzhenitsyn – Discurso ante las autoridades de la Universidad Harvard

(8 de junio de 1978)

Estoy sinceramente complacido de estar con ustedes con en esta ocasión del 327° año lectivo en esta antigua e ilustre universidad. Vayan mis felicitaciones y mis mejores deseos para todos aquellos que hoy se gradúan.

 

El lema de Harvard es “Veritas”. Muchos de ustedes ya han aprendido y otros lo aprenderán a lo largo de sus vidas que la verdad nos elude si no nos esforzamos plenamente en seguirla. E incluso mientras nos elude, la ilusión por conocerla todavía persiste y nos lleva a algunos desaciertos. Además, la verdad raramente es grata; casi siempre es amarga. También hay algunas amarguras en mi discurso de hoy. Pero deseo suscitar esa ansiedad no como un adversario sino como un amigo.

 

Hace tres años en Estados Unidos, dije ciertas cosas que parecían inaceptables. Hoy, sin embargo, mucha gente coincide con lo que yo he dicho…

 

La división del mundo de hoy es perceptible incluso contemplado superficialmente. Cualquiera de nuestros contemporáneos rápidamente identificaría dos potencias mundiales, cada una de ellas capaz de destruir enteramente a la otra. Sin embargo, la comprensión de esta división a menudo está limitada a la concepción política, a la ilusión de que el peligro puede ser conjurado mediante negociaciones diplomáticas exitosas o por un cuidadoso equilibrio de fuerzas armadas. La verdad es que esta división es mucho más profunda y más alienante; la ruptura es mayor de lo que puede parecer a primera vista. Esta profunda y múltiple ruptura conlleva el peligro de múltiples desastres para todos nosotros, según la antigua verdad de que un Reino — en este caso, nuestra Tierra — divido contra sí mismo no puede subsistir.

 

Ahí está el concepto del Tercer Mundo: así pues, ya tenemos tres mundos. Indudablemente, sin embargo, el número es incluso mayor, sólo que estamos demasiado lejos para verlo. Algunas antiguas culturas autónomas están arraigadas profundamente, especialmente si se han extendido sobre la mayor parte de la Tierra, constituyendo un mundo autónomo, llenas de acertijos y sorpresas para el pensamiento Occidental. Como mínimo, debemos incluir en esa categoría a China, la India, el mundo musulmán y África, si efectivamente aceptamos la aproximación de mirar las dos últimas como unidades compactas. Durante mil años Rusia ha pertenecido a tal categoría, aunque el pensamiento Occidental sistemáticamente cometa el error de negarle su carácter autónomo, y por ello nunca la entendió, del mismo modo que hoy Occidente no comprende a Rusia en la cautividad comunista. Puede ser que en años pasados Japón ha sido cada vez más como una parte distante de Occidente, no quiero opinar sobre eso aquí; pero, Israel, por ejemplo, pienso que permanece separado del mundo Occidental aunque sólo sea porque su sistema estatal permanece ligado a la religión.

“El lema de Harvard es “Veritas“. Muchos de ustedes ya han aprendido y otros lo aprenderán a lo largo de sus vidas que la verdad nos elude si no nos esforzamos plenamente en seguirla”.

Hace relativamente poco tiempo el pequeño mundo de la Europa moderna fácilmente incautaba colonias por todo el globo, no sólo sin ninguna resistencia, sino también, por lo general, con desprecio de los posibles valores de los pueblos conquistados hacia la vida. En este sentido, tuvo un éxito abrumador, no hubo fronteras geográficas para ello. La sociedad Occidental se expandió como un triunfo de humana independencia y poder. Y de repente, en el siglo XX, se descubre su fragilidad e inconsistencia. Ahora vemos que las conquistas probaron ser de corta y precaria vida, y este giro señala los defectos en la visión del mundo con que Occidente contemplaba dichas conquistas. Las relaciones con el antiguo mundo colonial ahora se han tornado en su contra y el mundo Occidental a menudo llega a extremos de obsequiosidad, pero aún es difícil estimar la factura total que los antiguos países coloniales presentarán a Occidente; es difícil predecir si la entrega no sólo de las últimas colonias, sino de todo lo que posee será suficiente para que saldar esa cuenta.

 

Con todo, la ceguera de la superioridad continúa con molestia para todos y sostiene la creencia de que, por todas partes, vastas regiones de nuestro planeta deberían desarrollarse y madurar hasta alcanzar el nivel actual del sistema político occidental, que en teoría es el mejor y en la práctica el más atractivo. Existe la creencia de que todos aquellos otros mundos están sólo siendo temporalmente impedidos por débiles gobiernos, o por fuertes crisis, o por su propia barbarie o incomprensión para tomar la vía de las democracias pluralista Occidentales y adoptar su forma de vida. Los países son evaluados y juzgados según el incremento de su progreso en esta dirección. Sin embargo, esta concepción es el fruto de la incomprensión occidental de la esencia de los otros mundos; es un resultado de medirlos equivocadamente a todos con el mismo criterio occidental. La imagen real del desarrollo de nuestro planeta es completamente diferente.

 

La angustia provocada por un mundo dividido hizo nacer la teoría de la convergencia entre los principales países Occidentales y la Unión Soviética. Es una teoría tranquilizadora que pasa por alto el hecho que esos mundos no se están evolucionando similarmente; ni tampoco uno puede ser transformado en otro sin el uso de la violencia. Además, la convergencia inevitablemente implica la aceptación de los defectos de la otra parte, y esto es difícilmente deseable.

 

Si yo estuviera hoy hablando en un auditorio en mi país, examinando el diseño general de la ruptura del mundo me habría concentrado en las calamidades del Este. Pero dado mi forzado exilio en el Oeste desde hace cuatro años, y ya que mi audiencia es occidental, pienso que puede ser de mayor interés concentrarme en ciertos aspectos del Occidente en nuestros días, tal como los veo.

 

La merma de coraje puede ser la característica más sobresaliente que un observador imparcial nota en Occidente en nuestros días. El mundo Occidental ha perdido en su vida civil el coraje, tanto global como individualmente, en cada país, en cada gobierno, cada partido político y por supuesto en las Naciones Unidas. Tal descenso de la valentía se nota particularmente en las élites gobernantes e intelectuales y causa una impresión de cobardía en toda la sociedad. Desde luego, existen muchos individuos valientes pero no tienen suficiente influencia en la vida pública. Burócratas, políticos e intelectuales muestran esta depresión, esta pasividad y esta perplejidad en sus acciones, en sus declaraciones y más aún en sus autojustificaciones tendientes a demostrar cuán realista, razonable, inteligente y hasta moralmente justificable resulta fundamentar políticas de Estado sobre la debilidad y la cobardía. Y este declive de la valentía es acentuado irónicamente por las explosiones ocasionales de cólera e inflexibilidad de parte de los mismos funcionarios cuando tienen que tratar con gobiernos débiles, con países que carecen de respaldo, o con corrientes desacreditadas, claramente incapaces de ofrecer resistencia alguna. Pero quedan mudos y paralizados cuando tienen que vérselas con gobiernos poderosos y fuerzas amenazadoras, con agresores y con terroristas internacionales.

“La merma de coraje puede ser la característica más sobresaliente en Occidente… Tal descenso de la valentía se nota en las élites gobernantes e intelectuales…  acentuado irónicamente por las explosiones ocasionales de cólera e inflexibilidad de parte de los mismos funcionarios cuando tratan con gobiernos débiles… Pero quedan mudos y paralizados cuando tienen que vérselas con gobiernos poderosos…”

¿Habrá que señalar que, desde la más remota antigüedad, la pérdida de coraje ha sido considerada siempre como el principio del fin?

 

Cuando se formaron los Estados occidentales modernos, se proclamó como principio fundamental que los gobiernos están para servir al hombre y que éste vive para ser libre y alcanzar la felicidad. (Véase, por ejemplo, la Declaración de Independencia norteamericana). Ahora, por fin, durante las últimas décadas, el progreso tecnológico y social ha permitido la realización de esas aspiraciones: el Estado de Bienestar. Cada ciudadano tiene garantizada la deseada libertad y los bienes materiales en tal cantidad y calidad como para garantizar en teoría el alcance de la felicidad, en el sentido moralmente inferior en que ha sido entendida durante estas últimas décadas. En el proceso, sin embargo, ha sido pasado por alto un detalle psicológico: el constante deseo de poseer cada vez más cosas y un nivel de vida cada vez más alto, con la obsesión que esto implica, ha impreso en muchos rostros occidentales rasgos de ansiedad y hasta de depresión, aunque sea habitual ocultar cuidadosamente estos sentimientos.

 

Esta tensa y activa competencia ha venido a dominar todo el pensamiento humano y no abre, en lo más mínimo, el camino hacia el libre desarrollo espiritual. Se ha garantizado la independencia del individuo a muchos tipos de presión estatal; la mayoría de las personas gozan del bienestar en una medida que sus padres y abuelos no hubieran siquiera soñado con obtener; ha sido posible educar a los jóvenes de acuerdo con estos ideales, conduciéndolos hacia el esplendor físico, felicidad, posesión de bienes materiales, dinero y tiempo libre, hasta una casi ilimitada libertad de placeres. De este modo ¿quién renunciaría ahora a todo esto? ¿Por qué y en beneficio de qué habría uno de arriesgar su preciosa vida en la defensa del bien común, especialmente en el nebuloso caso que la seguridad de la propia nación tuviera que ser defendida en algún lejano país?

 

Incluso la biología nos dice que la seguridad y el bienestar extremo habitual no resultan ventajosos para un organismo vivo. Hoy, el bienestar en la vida de la sociedad Occidental ha comenzado a revelar su máscara perniciosa.

 

La sociedad occidental ha elegido para sí misma la organización más adecuada a sus fines, basados, diría, en la letra de la ley. Los límites de lo correcto y de los derechos humanos se encuentran determinados por un sistema de leyes, cuyos límites son muy amplios. La gente en Occidente ha adquirido una considerable capacidad para usar, interpretar y manipular la ley (aun cuando estas leyes tienden a ser tan complicadas que la persona promedio no puede ni comprenderlas sin la ayuda de un experto). Todo conflicto se resuelve de acuerdo a la letra de la ley y este procedimiento está considerado como una solución perfecta. Si uno está a cubierto desde el punto de vista legal, ya nada más es requerido. Nadie mencionaría que, a pesar de ello, uno podría seguir sin tener razón. Exigir una autolimitación o una renuncia a estos derechos, convocar al sacrificio y a asumir riesgos con abnegación, sonaría a algo simplemente absurdo. El autocontrol voluntario es algo casi desconocido: todo el mundo se afana por lograr la máxima expansión posible del límite extremo impuesto por los marcos legales. (Una compañía petrolera es legalmente libre de culpa cuando compra la patente de un nuevo tipo de energía para prevenir su uso. Un fabricante de un producto alimenticio es legalmente libre de culpa cuando envenena su producto para darle más larga vida: después de todo, la gente es libre no comprarlo.)

“La sociedad occidental ha elegido para sí misma la organización más adecuada a sus fines, basados en la letra de la ley… Todo conflicto se resuelve de acuerdo a la letra de la ley… Si uno está a cubierto desde el punto de vista legal, ya nada más es requerido… Un fabricante de un producto alimenticio es legalmente libre de culpa cuando envenena su producto para darle más larga vida: después de todo, la gente es libre no comprarlo”.

He pasado toda mi vida bajo un régimen comunista y les diré que una sociedad carente de un marco legal objetivo es algo terrible, en efecto. Pero una sociedad sin otra escala que la legal tampoco es completamente digna del hombre. Pero una sociedad basada sobre los códigos de la ley, y que nunca llega a algo más elevado, pierde la oportunidad de aprovechar a pleno todo el rango completo de las posibilidades humanas. Un código legal es algo demasiado frío y formal como para poder tener una influencia beneficiosa sobre la sociedad. Siempre que el fino tejido de la vida se teje de relaciones juridicistas, se crea una atmósfera de mediocridad moral, que paraliza los impulsos más nobles del hombre.

 

Y será simplemente imposible enfrentar los conflictos de este amenazante siglo con tan sólo el respaldo de una estructura legalista.

 

La sociedad occidental actual nos ha hecho ver la diferencia que hay entre una libertad para las buenas acciones y la libertad para las malas. Un estadista que quiera lograr algo importante y altamente constructivo para su país está obligado a moverse con mucha cautela y hasta con timidez. Miles de apresurados (e irresponsables) críticos estarán pendiente de él. Constantemente será desairado por el parlamento y por la prensa. Tendrá que demostrar que cada uno de sus pasos está bien fundamentado y es absolutamente impecable. El resultado final es que una gran persona, auténticamente extraordinaria, no tiene ninguna posibilidad de imponerse. Se le pondrán docenas de trampas desde el mismo inicio. Y de esta manera la mediocridad.

 

En todas partes es posible, y hasta fácil, socavar el poder administrativo. De hecho, este poder ha sido drásticamente debilitado en todos los países occidentales. La defensa de los derechos individuales ha alcanzado tales extremos que deja a la sociedad totalmente indefensa contra ciertos individuos. Es hora, en Occidente, de defender no tanto los derechos humanos sino las obligaciones humanas.

 

Por el otro lado, a la libertad destructiva e irresponsable se le ha concedido un espacio ilimitado. La sociedad ha demostrado tener escasas defensas contra el abismo de la decadencia humana; por ejemplo, contra el abuso de la libertad que conduce a la violencia moral contra los jóvenes bajo la forma de películas repletas de pornografía, crimen y horror. Todo esto es considerado como parte integrante de la libertad, y se asume que está teóricamente equilibrado por el derecho de los jóvenes a no mirar y a no aceptar. De este modo, la vida organizada en forma legalista demuestra su incapacidad para defenderse de la corrosión de lo perverso.

 

¿Y qué podemos decir de los oscuros ámbitos de la criminalidad? Los límites legales (especialmente en los Estados Unidos) son lo suficientemente amplios como para alentar no sólo la libertad individual sino también el abuso de esta libertad. El culpable puede terminar sin castigo, o bien obtener una compasión inmerecida, todo ello con el apoyo de miles de defensores en la sociedad. Cuando un gobierno seriamente se pone a erradicar la subversión, la opinión pública inmediatamente lo acusa de violar los derechos civiles de los terroristas. Hay una buena cantidad de estos casos.

 

El sesgo de la libertad hacia el mal se ha producido en forma gradual, pero evidentemente emana de un concepto humanista y benevolente según el cual el ser humano — el rey de la creación — no es portador de ningún mal intrínseco y todos los defectos de la vida resultan causados por sistemas sociales descarriados que, por consiguiente, deben ser corregidos. Sin embargo y extrañamente, a pesar de que las mejores condiciones sociales han sido logradas en Occidente, sigue subsistiendo una buena cantidad de crímenes; incluso hay considerablemente más criminalidad en Occidente que en la pauperizada y legalmente arbitraria sociedad soviética. (Es cierto que hay una multitud de prisioneros en nuestros campos de concentración acusados de ser criminales, pero la mayoría de ellos jamás cometió crimen alguno. Simplemente trataron de defenderse de un Estado ilegal que recurría al terror fuera de un marco jurídico).

 

La prensa, por supuesto, goza de la más amplia libertad. (Voy a usar el término «prensa» para referirme a todos los medios de difusión masiva.) Pero ¿cómo utiliza esta libertad?

 

Aquí, otra vez, la suprema preocupación es no infringir el marco legal. No existe una auténtica responsabilidad moral por la distorsión o la desproporción. ¿Qué clase de responsabilidad tiene el periodista de un diario frente a sus lectores o frente a la historia? Cuando se ha llevado a la opinión pública hacia carriles equivocados mediante información inexacta o conclusiones erradas ¿conocemos algún caso en que el mismo periodista o el mismo diario lo hayan reconocido pidiendo disculpas públicamente? No. Eso perjudicaría las ventas. Una nación podrá sufrir las peores consecuencias por un error semejante, pero el periodista siempre saldrá impune. Lo más probable es que, con renovado aplomo, sólo empezará a escribir exactamente lo contrario de lo que dijo antes.

“Cuando se ha llevado a la opinión pública hacia carriles equivocados… ¿conocemos algún caso en que el mismo periodista o el mismo diario lo hayan reconocido pidiendo disculpas públicamente? No. Eso perjudicaría las ventas”.

Dado que se exige una información instantánea y creíble, se hace necesario recurrir a presunciones, rumores y suposiciones para rellenar los huecos; y ninguno de ellos será desmentido. Quedarán asentados en la memoria del lector. ¿Cuántos juicios apresurados, inmaduros, superficiales y engañosos se expresan todos los días, primero confundiendo a los lectores y luego dejándolos colgados? La prensa puede, o bien asumir el papel de la opinión pública, o bien puede pervertirla. De este modo podemos tener a terroristas glorificados como héroes; o bien ver cómo asuntos secretos pertenecientes a la defensa nacional resultan públicamente revelados; o podemos ser testigos de la desvergonzada violación de la privacidad de personas famosas bajo el eslogan de «todo el mundo tiene derecho a saberlo todo». (Aunque éste es el falso eslogan de una falsa era. De un valor muy superior es el desacreditado derecho de las personas a no saber; que no se abarroten sus divinas almas con chismes, estupideces y habladurías vanas. Una persona que trabaja y que lleva una vida plena de sentido, no tiene ninguna necesidad de este excesivo y sofocante flujo de información.)

 

Precipitación y superficialidad son la enfermedad psíquica del vigésimo siglo y más que en cualquier otro lugar esta enfermedad se refleja en la prensa. El análisis profundo de un problema es anatema para la prensa. Se queda en fórmulas sensacionalistas.

 

Sin embargo, así como está dispuesta, la prensa se ha convertido en el mayor poder dentro de los países occidentales, excediendo el de las legislaturas, los ejecutivos y los judiciales Entonces, uno quisiera preguntar: ¿en virtud de qué norma ha sido elegida y ante quién es responsable? En el Este comunista, a un periodista abiertamente se lo designa como funcionario del Estado. Pero ¿quién ha elegido a los periodistas occidentales que ocupan esta posición de poder, y por cuanto tiempo, y con qué prerrogativas?

 

Existe todavía otra sorpresa para alguien que viene del Este totalitario con su prensa rigurosamente unificada. Uno descubre una común tendencia de preferencias dentro de la generalidad de la prensa occidental (el espíritu de la época), modelos de juicio generalmente aceptados, y quizás hasta intereses corporativos comunes, con lo que el efecto resultante no es el de la competencia sino el de la unificación. Existe una libertad irrestricta para la prensa, pero no para los lectores, porque los diarios transmiten mayormente, de un modo forzado y sistemático, aquellas opiniones que no se contradicen en forma demasiado abierta con su propia opinión y con la tendencia general mencionada.

“Existe una libertad irrestricta para la prensa, pero no para los lectores… los diarios transmiten mayormente, de un modo forzado y sistemático, aquellas opiniones que no se contradicen en forma demasiado abierta con su propia opinión y con la tendencia general mencionada”.

Sin ninguna censura en Occidente, las tendencias de moda en el pensamiento y en las ideas resultan fastidiosamente separadas de aquellas que no están de moda y estas últimas, sin llegar a ser jamás prohibidas, tienen muy escasas posibilidades de verse reflejadas en periódicos y libros, o de ser escuchadas en universidades. Vuestros académicos son libres en un sentido legal, pero están acorralados por la moda del capricho predominante. No existe la violencia explícita del Este; pero una selección impuesta por la moda y por la necesidad de acomodarse a las normas masivas, frecuentemente impide que las personas con mayor independencia de criterio contribuyan a la vida pública. Hay una peligrosa tendencia a formar una manada, apagando las iniciativas exitosas. En los Estados Unidos he recibido cartas de personas altamente inteligentes — como, por ejemplo, el maestro de un pequeño colegio lejano- que hubiera podido hacer mucho por la renovación y salvación de su país, pero su país no pudo escucharlo porque los medios no le ofrecían un foro adecuado. Esto da lugar a fuertes prejuicios masivos, a una ceguera que es peligrosa en nuestra dinámica era. Un ejemplo de ello es la interpretación autocomplaciente del estado de cosas en el mundo contemporáneo que funciona como una especie de armadura puesta alrededor de la mente de las personas, a punto tal que las voces humanas de diecisiete países de Europa Oriental y del Lejano Oriente asiático no pueden perforarla. Sólo se terminará rompiendo por la inexorable palanca de los acontecimientos.

 

He mencionado algunos pocos rasgos de la vida occidental que sorprenden y asombran a un recién llegado a este mundo. El propósito y los alcances de esta disertación me impiden continuar con este examen, particularmente en lo relacionado con el impacto que estas características tienen sobre importantes aspectos de la vida de una nación, tales como la educación, tanto la elemental como la avanzada en artes y humanidades.

 

Está casi universalmente aceptado que Occidente le muestra al resto del mundo el camino hacia el desarrollo económico exitoso, aún cuando en los últimos años ha sido perturbado fuertemente por una caótica inflación. Con todo, muchas personas que viven en Occidente están insatisfechas con su propia sociedad. La desprecian o la acusan de no estar ya al nivel de lo que requiere la madurez de la humanidad. Y esto empuja a muchos a inclinarse por el socialismo, lo cual es una falsa y peligrosa tendencia.

 

Espero que ninguno de los presentes sospechará que expreso mi crítica parcial al sistema occidental a fin de sugerir al socialismo como una alternativa. No. Con la experiencia que tengo de un país en dónde el socialismo ha sido instituido, no hablaré de una alternativa así. El matemático Igor Shafarevich, miembro de la Academia Soviética de Ciencias, ha escrito un libro brillantemente argumentado titulado «Socialismo», en el cual efectúa un penetrante análisis histórico y demuestra que el socialismo, de cualquier tipo o matiz, conduce a la destrucción total del espíritu humano y a la nivelación de la humanidad en la muerte. El libro de Shafarevich fue publicado en Francia hace ya casi dos años y hasta el presente no se ha encontrado a nadie capaz de refutarlo. Dentro de poco, se publicará en inglés en los Estados Unidos.

 

Pero si alguien me preguntara, en cambio, si yo propondría a Occidente, tal como es en la actualidad, como modelo para mi país, francamente respondería en forma negativa. No. No recomendaría vuestra sociedad como un ideal para la transformación de la nuestra. A través de profundos sufrimientos, las personas en nuestro país han tenido un desarrollo espiritual de tal intensidad que el sistema occidental, en su presente estado de agotamiento, ya no aparece como atractivo. Incluso las características de vuestra vida que acabo de enumerar resultan extremadamente entristecedoras.

“Espero que ninguno de los presentes sospechará que expreso mi crítica parcial al sistema occidental a fin de sugerir al socialismo. No… Pero si alguien me preguntara, en cambio, si yo propondría a Occidente, tal como es en la actualidad, como modelo para mi país, francamente respondería en forma negativa”.

 

Un hecho que no puede ser cuestionado es el debilitamiento de la personalidad humana en Occidente mientras que en el Este esa personalidad se ha vuelto más firme y más fuerte. Seis décadas para nuestra gente y tres décadas para la de Europa Oriental; durante todo este tiempo hemos pasado por un entrenamiento espiritual que aventaja, de lejos, a lo experimentado por Occidente. La compleja y mortal presión de la vida cotidiana ha producido personalidades más fuertes, más profundas y más interesantes que las generadas por el bienestar estandardizado de Occidente. Por lo tanto, si nuestra sociedad hubiese de ser transformada en la vuestra, ello significaría una mejora en determinados aspectos, pero también un empeoramiento en algunos puntos particularmente significativos. Por supuesto, una sociedad no puede permanecer indefinidamente en un abismo de arbitrariedad legal como es el caso en nuestro país. Pero también le resultará denigrante elegir la automática suavidad legalista, como es vuestro caso. Después de décadas de sufrimiento, violencia y opresión, el alma humana anhela cosas más altas, más cálidas y más puras que las ofrecidas por los hábitos de convivencia masiva introducidos por la invasión repugnante de la publicidad, el aturdimiento televisivo y la música insoportable.

 

Todo esto es visible para numerosos observadores de todos los mundos de nuestro planeta. Resulta cada vez menos probable que el estilo de vida occidental se convierta en el modelo a seguir.

 

Hay advertencias significativas de la historia para una sociedad amenazada de muerte. Tal es, por ejemplo, la decadencia del arte, o la carencia de grandes estadistas. Hay otras advertencias abiertas y evidentes, también. El centro de su democracia y de su cultura se lesiona tan sólo por la ausencia de energía eléctrica por algunas horas, pues repentinamente muchedumbres de ciudadanos americanos comienzan a saquear y a causar estrago. La capa superficial de protección debe ser muy delgada, lo que indica que el sistema social resulta inestable y malsano.

 

Pero la lucha por nuestro planeta, en lo físico y en lo espiritual, esa lucha de proporciones cósmicas no es una vaga cuestión del futuro. Ya ha comenzado. Las fuerzas del mal ya han lanzado su ofensiva decisiva. Podríais sentir su presión pero vuestros monitores y vuestras publicaciones todavía están llenas de las obligatorias sonrisas y de los brindis con los vasos en alto. ¿A qué viene tanta alegría?

 

Algunos representantes muy bien conocidos de su sociedad, tales como George Kennan, dicen: “no podemos aplicar criterios morales a la política”. Así mezclamos el bien y el mal, lo derecho y lo torcido y damos oportunidad para el triunfo absoluto del Mal en el mundo. Por el contrario, sólo los criterios morales pueden ayudar a Occidente contra la estrategia bien prevista del mundo del comunismo. No hay otros criterios. Las consideraciones prácticas u ocasionales de cualquier clase serán barridas inevitablemente por la estrategia comunista. Después que se ha alcanzado un cierto nivel del problema, el pensamiento legalista induce a la parálisis; evita que uno vea el tamaño y significado de los acontecimientos reales.

A pesar de la abundancia de información, o quizá debido a ella, Occidente tiene dificultades para entender la realidad tal como es. Ha habido predicciones ingenuas por algunos expertos americanos que creyeron que Angola se convirtió en el Vietnam de la Unión Soviética o que la expedición cubana en África sería detenida por la especial atención de Estados Unidos a Cuba.­ El consejo de Kennan a su propio país -comenzar el desarme unilateral- pertenece a la misma categoría. ¡Si usted supiera cómo se ríen de sus magos políticos los funcionarios del Moscow Old Square[1]! En cuanto a Fidel Castro, él francamente desprecia a Estados Unidos, enviando a sus tropas a aventuras distantes estando su país junto al de ustedes.

 

Sin embargo, el error más cruel ocurrió con la incomprensión de la guerra de Vietnam. Algunos querían sinceramente que todas las guerras se detuvieran cuanto antes; otros creyeron que debería haber lugar para la autodeterminación en Vietnam, o en Camboya, como vemos hoy con claridad particular. Pero los miembros del movimiento pacifista de Estados Unidos participaron en la traición de lejanas naciones del Este, en un genocidio, y en el sufrimiento impuesto hoy a 30 millones de personas de aquellos países. ¿Esos pacifistas convencidos oyen los gemidos que vienen de allá? ¿Entienden su responsabilidad hoy? ¿O prefieren no oír? La CIA americana perdió su nervio y como consecuencia el peligro se ha acercado mucho más a los Estados Unidos.

Pero no hay conocimiento de esto. La miopía de los políticos que firmaron una precipitada capitulación en Vietnam aparentemente dio a América un respiro de despreocupación; sin embargo, un Vietnam multiplicado por cien asoma ahora sobre ustedes. Ese Vietnam pequeño había sido una advertencia y una ocasión para movilizar el valor de la nación. Pero si una América completamente apertrechada sufrió una verdadera derrota por un pequeño país comunista, ¿cómo puede Occidente esperar permanecer firme en el futuro?

 

Ya he tenido ocasión de decir que en el siglo XX la democracia no ha ganado ninguna guerra importante sin la ayuda y protección de un aliado continental cuya filosofía e ideología no preguntó. En la Segunda Guerra Mundial contra Hitler, en vez de ganar esa guerra con sus propias fuerzas, que habrían sido ciertamente suficientes, la democracia occidental cultivó a otro enemigo con más poder todavía, pues Hitler nunca tuvo tantos recursos y tanta gente, ni ofreció ideas atractivas, ni tuvo una gran cantidad de partidarios en el oeste — una quinta columna potencial — como la Unión Soviética. Actualmente, algunas voces occidentales han hablado ya de obtener la protección de un tercer poder contra la agresión en el próximo conflicto mundial, si lo hay; en este caso el protector sería China. Pero no le desearía tal protector a ningún país en el mundo. Primero de todo, es otra vez una alianza con el Mal; además, concedería a Estados Unidos un plazo, pero cuando a última hora China con sus mil millones personas se volteara armada con las armas americanas, América misma caería presa de un genocidio similar al que se está perpetrado en Camboya en nuestros días.

“En la Segunda Guerra Mundial contra Hitler, en vez de ganar esa guerra con sus propias fuerzas, que habrían sido ciertamente suficientes, la democracia occidental cultivó a otro enemigo con más poder todavía… Hitler nunca tuvo tantos recursos y tanta gente, ni ofreció ideas atractivas… como la Unión Soviética”.

 

Pero ningún arma, no importa cuál sea su poder, pueden ayudar a Occidente mientras no supere la pérdida de su fuerza de voluntad. En un estado de la debilidad psicológica, las armas se convierten en una carga para el lado de quienes capitulan. Para defenderse, uno debe también estar preparado para morir; esta preparación escasea en una sociedad educada en el culto del bienestar material. Nada queda entonces, solamente las concesiones, intentos de ganar tiempo y la traición. Así, en la vergonzosa conferencia de Belgrado los diplomáticos del Occidente libre entregaron en su debilidad la frontera donde los miembros de los Grupos Vigilantes de Helsinki están sacrificando sus vidas.

 

El pensamiento occidental ha llegado a ser conservador: la situación del mundo debe permanecer como está a cualquier coste, allí no debe ser ningún cambio. Este sueño debilitante de un status quo irreformable es el síntoma de una sociedad que ha llegado al final de su desarrollo. Uno debe ser ciego para no ver que los océanos ya no pertenecen a Occidente, mientras que la tierra bajo su dominio sigue disminuyendo. Las dos llamadas guerras mundiales (en realidad todavía estaban lejos de tener esa escala mundial) han significado la autodestrucción interna del pequeño y progresivo Occidente que ha preparado así su propio final. La siguiente guerra (que no tiene que ser atómica y no creo que lo sea) puede quemar la civilización occidental para siempre.

“El pensamiento occidental ha llegado a ser conservador: la situación del mundo debe permanecer como está a cualquier coste, allí no debe ser ningún cambio. Este sueño debilitante de un status quo irreformable es el síntoma de una sociedad que ha llegado al final de su desarrollo”.

Enfrentando tales peligros, con tantos valores históricos en su pasado, con tan alto nivel de realización de la libertad y de devoción a la libertad, ¿cómo es posible perder en tal grado la voluntad para defenderse?

 

¿Cómo es que se ha producido esta adversa relación de fuerzas? ¿Cómo es que Occidente ha caído de su marcha triunfal hasta su debilidad presente? ¿Acaso han existido desvíos fatales y pérdidas de orientación en su desarrollo? No parece ser así. Occidente se mantuvo avanzando en forma constante de acuerdo a sus proclamadas intenciones sociales, a la par de su asombroso progreso tecnológico. Y súbitamente se ha encontrado en su posición actual de debilidad.

 

Esto significa que el error debe estar en la raíz, en la misma base del pensamiento humano de los últimos siglos. Me refiero a la visión occidental que prevalece en el mundo de hoy, que nace del Renacimiento y encuentra su expresión política a partir de la Ilustración. Esta visión se convirtió en la base de todas las doctrinas políticas o sociales y podríamos llamarla humanismo racionalista o autarquía humanística. Es la autoproclamada y practicada autonomía del ser humano de cualquier fuerza superior. También podría ser llamado antropocentrismo, con el ser humano visto como ocupando el centro de todo lo que existe.

“el error debe estar en la raíz, en la misma base del pensamiento humano de los últimos siglos. Me refiero a la visión occidental que prevalece en el mundo de hoy, que nace del Renacimiento y encuentra su expresión política a partir de la Ilustración…  la base de todas las doctrinas políticas o sociales… humanismo racionalista o autarquía humanística. Es la autoproclamada y practicada autonomía del ser humano de cualquier fuerza superior… antropocentrismo… el ser humano visto como ocupando el centro de todo lo que existe”.

 

El punto de inflexión provocado por el Renacimiento probablemente fue inevitable desde el punto de vista histórico. La Edad Media había llegado a su término natural por agotamiento, convirtiéndose en una represión despótica intolerable de la naturaleza física del ser humano a favor de su naturaleza espiritual. Pero, después, nos retiramos de lo espiritual y fuimos abrazando todo lo que es material de un modo excesivo e ilimitado. La nueva forma humanística el pensamiento, que había sido proclamada nuestra guía, no admitía la existencia de una maldad intrínseca en el ser humano, ni entreveía una misión más elevada que el logro de la felicidad terrenal. Dio inicio a la civilización occidental con una peligrosa tendencia a idolatrar al hombre y a sus necesidades materiales. Todo lo que estaba más allá del bienestar físico y de la acumulación de bienes materiales; todas las demás necesidades y características humanas de una naturaleza superior y más sutil, quedaron fuera del área de atención de los sistemas sociales y estatales, como si la vida humana no tuviese un significado superior. Eso proporcionó su acceso al Mal, que en nuestros días fluye libre y constante. La simple libertad per se no resuelve en lo más mínimo todos los problemas de la vida humana y hasta agrega una buena cantidad de problemas nuevos.

 

Y aún así, en las primeras democracias, como en la democracia norteamericana por la época de su nacimiento, todos los derechos humanos fueron conferidos sobre la base de que el ser humano es una criatura de Dios. Esto es: la libertad le fue conferida al individuo en forma condicional, en la presunción de su constante responsabilidad religiosa. Esa era la tradición de los mil años precedentes. Hace doscientos y hasta hace cincuenta años atrás, hubiera sido casi inimaginable en los Estados Unidos que se le concediese la libertad ilimitada a un individuo simplemente para la satisfacción de sus caprichos personales.

 

Después, sin embargo, todas estas limitaciones resultaron erosionadas en la totalidad de Occidente. Se produjo una emancipación absoluta de la herencia moral de los siglos cristianos con sus grandes reservas de misericordia y sacrificio. Los sistemas estatales se volvieron aun más materialistas. Finalmente, Occidente conquistó los derechos humanos, incluso en exceso, pero el sentido de responsabilidad del ser humano ante Dios y ante la sociedad se ha vuelto cada vez más débil. Durante las últimas décadas, el egoísmo legalista de la cosmovisión occidental ha llegado a su apogeo y el mundo se encuentra en una aguda crisis espiritual y en una transición política. Todos los celebrados logros tecnológicos del progreso, incluyendo la conquista del espacio exterior, no alcanzan para redimir la pobreza moral del Siglo XX, una pobreza que nadie hubiera imaginado incluso todavía hacia fines del Siglo XIX.

“Todos los celebrados logros tecnológicos del progreso, incluyendo la conquista del espacio exterior, no alcanzan para redimir la pobreza moral del Siglo XX…”.

En la medida en que el humanismo en su desarrollo se fue volviendo más y más materialista, progresivamente permitió conceptos que resultaron utilizados por el socialismo primero y por el comunismo después. De este modo, Carlos Marx pudo decir, en 1844, que el «comunismo es humanismo naturalizado».

 

Esta afirmación no es enteramente irracional. Uno puede detectar las mismas piedras fundamentales de un humanismo erosionado en cualquier tipo de socialismo: materialismo ilimitado; liberación de la religión y de la responsabilidad religiosa (algo que en los regímenes comunistas llega al estadio de la dictadura antirreligiosa); concentración de las estructuras sociales bajo un criterio supuestamente científico. (Esto último es típico tanto de la Ilustración como del marxismo). No es ninguna casualidad que las grandes promesas retóricas del comunismo giren alrededor del Hombre (con «H» mayúscula) y su felicidad terrenal. A primera vista parece un feo paralelismo: ¿Tendencias comunes en el pensamiento y en el estilo de vida del Occidente y del Este actuales? Pero ésa es la lógica del desarrollo materialista.

 

Más aún, la interrelación es tal que la corriente materialista que está más hacia la izquierda, siendo que de este modo es la más consistente, siempre demuestra ser la más fuerte, la más atractiva y victoriosa. El humanismo ha perdido su herencia cristiana y no puede prevalecer en esta competencia. De esta forma, durante los siglos pasados, y especialmente durante las décadas recientes, a medida en que el proceso se fue volviendo más agudo, el alineamiento de las fuerzas fue como sigue: el liberalismo resultó inevitablemente desplazado por el extremismo; el extremismo tuvo que rendirse ante el socialismo y el socialismo no pudo resistirse al comunismo.

 

El régimen comunista en el Este ha podido perdurar y crecer gracias al entusiasta apoyo de un enorme número de intelectuales occidentales quienes (¡sintiendo el parentesco!) se negaron a ver los crímenes de los comunistas y, cuando ya no pudieron seguir negándolos, intentaron justificarlos. El problema persiste: en nuestros Estados del Este el comunismo ha sufrido una derrota ideológica total; su prestigio es cero y aun menos que cero. Y a pesar de eso los intelectuales occidentales todavía lo miran con considerable interés y afinidad, siendo que es precisamente esto lo que le hace tan inmensamente difícil a Occidente el resistirse ante el Este.

“El régimen comunista en el Este ha podido perdurar y crecer gracias al entusiasta apoyo de un enorme número de intelectuales occidentales quienes (¡sintiendo el parentesco!) se negaron a ver los crímenes de los comunistas y, cuando ya no pudieron seguir negándolos, intentaron justificarlos”.

No voy a examinar el caso de un desastre producido por una guerra mundial y los cambios que produciría en la sociedad. Mientras nos despertemos todas las mañanas bajo un pacífico sol, tendremos que llevar una vida cotidiana. Pero hay un desastre que ya está muy entre nosotros. Estoy refiriéndome a la calamidad de una conciencia desespiritualizada y de un humanismo irreligioso.

 

Este criterio ha hecho del hombre la medida de todas las cosas que existen sobre la tierra; ese mismo ser humano imperfecto que nunca está libre de jactancia, egoísmo, envidia, vanidad y toda una docena de otros defectos. Estamos ahora pagando por los errores que no fueron apropiadamente evaluados al inicio de la jornada. Por el camino del Renacimiento hasta nuestros días hemos enriquecido nuestra experiencia pero hemos perdido el concepto de una Entidad Suprema Completa que solía limitar nuestras pasiones y nuestra irresponsabilidad.

 

Hemos puesto demasiadas esperanzas en la política y en las reformas sociales, sólo para descubrir que terminamos despojados de nuestra posesión más preciada: nuestra vida espiritual, que está siendo pisoteada por la jauría partidaria en el Este y por la jauría comercial en Occidente. Esta es la esencia de la crisis: la escisión del mundo es menos aterradora que la similitud de la enfermedad que ataca a sus miembros principales.

Si, como pretende el humanismo, el ser humano naciese solamente para ser feliz, no nacería para morir. Desde el momento en que su cuerpo está condenado a muerte, su misión sobre la tierra evidentemente debe ser más espiritual y no sólo disfrutar incontrolablemente de la vida diaria; no la búsqueda de las mejores formas de obtener bienes materiales y su despreocupado consumo. Tiene que ser el cumplimiento de un serio y permanente deber, de modo tal que el paso de uno por la vida se convierta, por sobre todo, en una experiencia de crecimiento moral. Para dejar la vida siendo un ser humano mejor que el que entró en ella.

Es imperativo reconsiderar la escala de los valores humanos usuales; su presente tergiversación es pasmosa. No es posible que la evaluación del desempeño de un Presidente se reduzca a la cuestión de cuanta plata uno gana o a la disponibilidad de gasolina. Solamente alimentando voluntariamente en nosotros mismos un autocontrol sereno y libremente aceptado puede la humanidad erguirse por sobre la tendencia mundial al materialismo.

Hoy sería retrógrado aferrarnos a las petrificadas fórmulas de la Ilustración. Un dogmatismo social de esa especie nos deja inermes frente a los desafíos de nuestros tiempos.

Aún si nos libramos de la destrucción por la guerra, la vida tendrá que cambiar bajo pena de perecer por sí misma. No podemos evitar una reevaluación de las definiciones fundamentales de la vida y de la sociedad. ¿Es cierto que el ser humano está por encima de todas las cosas? ¿No hay un Espíritu Superior por encima de él? ¿Está bien que la vida de una persona y las actividades de una sociedad estén guiadas sobre todo por una expansión material? ¿Es permisible promover esa expansión a costa de la integridad de nuestra vida espiritual?

Si el mundo no se ha acercado a su fin, al menos ha arribado a una importante divisoria de aguas en la Historia, igual en importancia al paso de la Edad Media al Renacimiento. Demandará de nosotros un fuego espiritual. Tendremos que alzarnos a la altura de una nueva visión, un nuevo nivel de vida, dónde nuestra naturaleza física no será anatematizada como en la Edad Media, pero, más centralmente aún, nuestro ser espiritual no será pisoteado como en la Edad Moderna.

La ascensión es similar a un escalamiento hacia la próxima etapa antropológica. Nadie, en todo el mundo, tiene más salida que hacia un solo lado: hacia arriba.

 

NOTAS AL PIÉ

[1] La Old Square en Moscú (Staraya Ploshchad) es la plaza donde reside el cuartel general del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (CPSU); este es el verdadero nombre de lo que en Occidente es conocido como «El Kremlin».