Soy provida y te cuento tres falacias habituales sobre el aborto

Soy provida y te cuento tres falacias habituales sobre el aborto

 

El diario Clarín del día de ayer contaba de la preocupación, materializada en el Congreso de la Lengua, en Córdoba, de uno de los alfiles culturales que milita por el aborto. Nos referimos a Soledad Gallego Díaz, quien –según interpretación del periodista Ezequiel Viéitez– habría conjeturado en voz alta: “¿Qué se está diciendo cuando a un grupo se lo define como ‘provida’? (…) ¿Que quiénes están en la vereda de enfrente rechazan la vida?”. Y luego, citándola textualmente a Gallego-Díaz, concluye: “Hay una especie de guerra de las palabras, por eso las palabras son más importantes que nunca”.

 

 

Es muy relevante que desde un prestigioso congreso se baje esta línea, dando a entender a todos los oyentes cómo deben hablar. Se trata de la misma reunión en donde se deslizó como tema el “lenguaje inclusivo”. La conclusión emana fácilmente: cuidado con decir los provida somos “provida” (porque eso implicaría deslizar la gran verdad de que los pro-aborto desean la muerte, oh) pero no hay problema con darle a los términos chiques, todes el status suficiente como para discutirlo nada menos que en el Congreso de la Lengua.

El tema del aborto vuelve, por tanto, a recrudecer, y desde una esfera pretendidamente cultural. La confusión terminológica –efecto del llamado lenguaje inclusivo– es parte de la agenda feminista-abortista, está planificada, en sorprendente coincidencia con los manuales de lavado de cerebro soviéticos, donde se puede leer frases como: “Producir un máximo de caos en la cultura del enemigo es nuestro primer paso más importante”. Por eso, la tarea del escritor hoy en día –de aquel que no quiera ser ni un genuflexo ni un prostituto mental ante lo políticamente correcto– es afirmar la verdad y luchar contra el error, como decía Santo Tomás de Aquino en el comienzo de su Suma contra gentiles. De ahí que se vuelve perentorio rebatir las “razones” de los pañuelos verdes.

Una de las falacias más repetidas es: “en la Argentina tienen lugar 500.000 abortos por año”. Esta falacia es especialmente peligrosa por dos razones: primero, porque apela a la cantidad. Parece como si mientras más abortos tuviesen lugar, más cerca nos hallaríamos del deber de legalizarlo. Como si destruirle la cabeza a un bebé en el vientre de su madre fuese un poco más legítimo por un aborto más, uno menos. Oiga, se hicieron 50 abortos. “No, es poco”. Oiga, se hicieron 250 abortos. “Ah, bueno, vamos a considerar el tema”. Esto es lo que casi nunca se dice. Puede haber millones de aborto o uno sólo, pero siempre estamos ante un asesinato. Rebatir la cifra es importante sin embargo porque la extrema falsedad del número prueba que la mentira es arma habitual de la propaganda verde. Así, el año pasado, quedó en evidencia el Ministro de Salud de CAMBIEMOS –Adolfo Rubinstein– quien expresó tres cifras distintas, y muy dispares, respecto de la cantidad de abortos en la Argentina. Ya decía Bernard Nathanson que los impulsores de estas sangrientas políticas inflaban los números como técnica de manipulación de la opinión pública.

            El recurso tramposo a la violación constituye la falacia Nº 2. “Niñas, no madres” dicen los pañuelos verdes luego de haber estimulado la precocidad sexual en la infancia a través de sus programitas de “Educación Sexual”. ¿Raro, no? Durante décadas, promovieron el libertinaje sexual. No les molesta esas nenas en distintos programas de televisión como Lolitas ni que una preadolescente esté en una descontrolada matiné con sus amigas. No, todo eso está buenísimo. Los ‘conservadores’, los ‘tradicionalistas’, los ‘nostálgicos del pasado’, los que coartan la libertad, se oponen a estas cosas. Crearon o al menos alimentaron el problema y ahora los embarazos adolescentes les explotan en la cara. Y cuando todo falla, cuando van perdiendo los debates, sacan de la galera el tema de la violación. Pero es absurdo que la persona por nacer pague por este crimen ¡cuando ni siquiera existía en el momento en que tuvo lugar! “La pornografía es la teoría, la violación es la práctica”. Y nosotros seguimos alimentando, al amparo de la Sacrosanta Libertad de Expresión –principio sostenido por los pañuelos verdes–, la industria pornográfica: caldo de cultivo de los violadores, como lo prueban numerosos estudios psicológicos. Los pañuelos verdes estimulan los tempranos intercambios sexuales de preadolescentes y luego ponen el grito en el cielo –aunque el cielo no sea lugar de su agrado– cuando tienen lugares estos embarazos. Los pañuelos verdes aplauden la Libertad de Expresión, respaldo legal de la pornografía, y luego gimotean cuando un consumidor de porno quiere llevar a la práctica lo que vio en una película. Sin contar con que invocan “un caso” de violación cuando están a favor del aborto “en todos los casos”, haya o no violación: nueva muestra de su deshonestidad. El aborto no la solución, es parte del problema: colofón de este círculo infernal, que tiene a la Infancia como rehén.

En tercer lugar, se dice que “nadie” cree en la Argentina que el aborto deba ser penalizado, y como prueba se muestra el bajo índice de prisiones efectivas al respecto. Pero todos los delitos –en todos los países– tienen un bajo índice de prisión. ¿Cuántos celulares se roban por día en la Capital Federal? Sin embargo, sólo hay prisión efectiva si 1) se atrapa a la persona; 2) se prueba que esa persona lo robó; 3) si el juez se ve persuadido de su culpabilidad; 4) si el acusado no apela a una instancia superior. Por otra parte, algunos abortos suceden sin que nos enteremos y obviamente no son siquiera denunciados. En ciertas etapas del embarazo, el aborto químico es indistinguible del aborto espontáneo. La baja tasa de condenas sobre el aborto no prueba que las personas ya nacidas no lo consideren un crimen, como tampoco prueba algo la baja tasa de condenas sobre el resto de delitos del código penal –robo, estafa, violación– que tienen condena efectiva en la Argentina en menos del 1% de los casos. El bien jurídico a proteger es la vida de la persona y el Derecho Penal protege esta vida con la persecución de esta práctica. Desproteger a uno sentaría las bases para desproteger a todos.

En su novela El hombre que fue jueves, Gilbert K. Chesterton pone en boca de uno de sus personajes la descripción del policía filósofo. Dos personajes se encuentran en un muelle y uno le revela el gran secreto que motiva todas sus acciones: “nuestra civilización está amenazada por una conspiración de orden puramente intelectual… el mundo científico y el mundo artístico conspiran, sordamente, contra la Familia y El Estado”. El protagonista, Gabriel Syme, escucha atónito a este integrante de la fuerza del orden, quien le explica su diferencia respecto del policía convencional: mientras el policía común investiga los crímenes pasados, el policía filósofo –haciendo uso de sus razonamientos e inferencias– adivina los crímenes futuros.

El conjunto de pretextos, recursos y mentiras abortistas no son simplemente “una postura”, no son “opiniones” a favor del aborto. Son el caldo de cultivo de futuros crímenes e incluso de genocidios. Tenemos el deber, y usted también estimado lector, de oponernos firmemente a este discurso, a estas políticas y a estos personajes, por el bien de la familia, de la patria, de la Argentina en pleno.

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Caso Tucumán: réplica al comunicado pro-aborto del Colegio de Abogados de San Isidro

Caso Tucumán: réplica al comunicado pro-aborto del Colegio de Abogados de San Isidro

 

Por Juan Carlos Monedero (h)

El documento emanado por el Colegio de Abogados de San Isidro este 1º de marzo del 2019[1] –con ocasión de la cesárea que le fuese hecha en Tucumán a una niña embarazada– está plagado de distorsiones y errores. Por ejemplo, se repudia “lo recientemente acontecido” en esa provincia, tildándolo de “burla a la ley” cuando es lisa y llanamente hablando una mentira que haya ley. No hay ley del aborto, el aborto en la Argentina no está legalizado, está penalizado (art. 85 del Código Penal). La resolución del Ministerio de Salud de la Nación que respaldaría supuestamente el protocolo ILE no existe (una artimaña cuya responsabilidad le cabe en primer lugar a Cristina Fernández de Kirchner y que, a partir de diciembre del 2015, continuó sostenida por Mauricio Macri). El protocolo no constituye más que un puro acto administrativo, carente de vigor para obligar a nada (desarrollado aquí[2]).

Es absurdo que el documento del Colegio de Abogados de San Isidro sostenga que se han vulnerado “derechos” de las mujeres: como todo abogado debería saber, puesto que el aborto está penalizado en nuestro país, no puede un comportamiento contrario al derecho ser “un derecho”. Es hipócrita, por otro lado, pretender que el acto de violación sobre la niña despoje al embrión de su carácter inviolable. ¿La injusticia del padre debe recaer en su hijo? No se quiere entender que, tan pronto una mujer queda embarazada, su cuerpo desencadena una serie de procesos fisiológicos que la Ciencia Jurídica está obligada a contemplar y a respetar. La Ciencia Jurídica no está por arriba de la realidad sino a su servicio, y los fallos judiciales –vengan de donde viniesen– no pueden hacer que lo blanco sea negro, ni lo negro blanco.

Por otro lado, los abogados de San Isidro invocan el fallo F.A.L. de la CSJN sin la necesaria crítica jurídica al respecto. Porque en F.A.L., los jueces de la Corte fallan en abstracto: en efecto, hacía dos años que el aborto en cuestión ya se había realizado. Más aún: con la misma composición de jueces, la Corte había establecido –caso Sánchez (2007)– la doble indemnización para la familia de Elvira Berta Sánchez, reconociendo no sólo la existencia de vida (y vida humana, sofistas) desde la concepción, sino afirmando que el derecho a la vida desde la concepción tenía rango constitucional. Exactamente lo contrario a F.A.L. ¿Estos son los apoyos de los abogados de San Isidro?

El discurso políticamente correcto que informa el comunicado de este Colegio de Abogados los mueve a decir que, como institución, abogan “por el cumplimiento real y efectivo de las leyes vigentes, como es el de la protección y garantía de los derechos de las personas y en particular de quienes son más vulnerables”. Poco les ha importado la vulnerabilidad de la persona humana en el vientre materno, como es evidente. Lo cierto es que no hay razón para creer en el interés por “los derechos de las mujeres” a nadie que no le interese el derecho de un bebé.

Con toda la tradición médica a cuestas, especialmente el Juramento Hipocrático, hay que decir, además, que el aborto –hábilmente denominado “interrupción”– no es un procedimiento médico, por lo que considerar “tortura” a su falta de realización no pasa de ser un artificio retórico de los firmantes del Colegio de Abogados de San Isidro, recurso impropio en quienes deberían trabajar por la vigencia de la justicia.

Por otro lado, escandalizarse ante la opinión pública porque en este caso particular de violación no se haya realizado el aborto cuando en realidad se persigue la liberación y legalización total del aborto por cualquier motivo –por eso apoyan el proyecto del año pasado– constituye un signo de clara deshonestidad.

No hay una sola línea de repudio al acto del violador en este comunicado, que es el verdadero y auténtico causante del drama que esta niña estuvo recorriendo. Pero esta omisión está calculada: hablar del violador enfurece al potencial lector que, naturalmente, es movido a pensar en las víctimas (la niña embarazada y su hijo), descargando su ira en el agresor.

Por último, la defensa de la vida de los inocentes no es un “supuesto imperativo moral” –como odiosamente la retrata el documento de los abogados de San Isidro–, es una exigencia evidente y contundente del carácter sagrado y único de la vida. Es evidente que quienes no tienen problema en matar no valoran ni pueden valorar lo bello que es vivir.

 

[1] http://www.casi.com.ar/content/otro-peligroso-antecedente-una-burla-la-ley

[2] https://jcmonedero.com/mitos-y-verdades-en-torno-al-debate-del-aborto-la-resolucion-inexistente/

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Las palabras en la Argentina

Las palabras en la Argentina

 

Vamos a ver qué pasa con las palabras en la Argentina: ciertas cosas que se llamaban de una manera, hace tiempo algunos han comenzado a llamarla de otra.

 

  • Desde hace tiempo, dejar en libertad a ladrones y asesinos es considerado por ciertos abogadosun acto de respeto por las garantías judiciales.
  • La comisión de un delito con perjuicio de cientos de miles de personas –un piquete en Panamericana, por ejemplo–, es designada por algunos periodistas en sus noticieros como unamanifestación social.

 

En el primer caso, el delincuente termina siendo, en tanto delincuente, objeto de respeto. En el segundo caso, el delito, en tanto delito, acaba siendo considerado una manifestación. Abatir a un malviviente, en cambio, de movida nos parece algo chocante: algunos periodistas –antes de averiguar si la Policía cometió exceso o no– llamarán a este abatimiento un caso de gatillo fácil. Los delincuentes son “inocentes” y las fuerzas de seguridad son “represoras”. Respiramos y vivimos esa atmósfera.

Un alumno –quizá nuestro sobrino, el hijo de un amigo, un conocido, el que sea– se lleva una materia o reprueba un examen. ¿Y qué piensa espontáneamente mucha gente? Sin conocer nada del caso, sentencian: el profesor abusó de su poder. Sólo después de varios filtros, a alguno se le ocurre que, quizás, Pedrito no estudió lo suficiente. Pero, ¿cuál es la primera reacción? Para muchos, considerar al docente una suerte de represor. He aquí la palabra mágica. Ponemos esa etiqueta y ya está: serruchamos una infinidad de posibilidades bajo la tiranía de un único caso.

En la Argentina de hoy y desde hace un par de años, todo lo que signifique limitar o tan siquiera demorar un aborto –es decir, el asesinato de un niño en el vientre de su madre– es astutamente denominado por los grupos feministas como violencia de género. Salvar una vida en estado prenatal es señalado por algunos como “violencia contra una mujer”.

Y la cosa sigue. Fijémonos:

 

  • Si amo a mis hijos y por eso los corrijo cuando se equivocan… soyautoritario.
  • Si admito el consumo de marihuana y, por supuesto, todas sus consecuencias sobre la conducta…soy abierto.
  • Si acepto que drogarse es un derecho… soy un tipo de menteamplia.
  • Si no quiero que se promocione la homosexualidad a mis hijos… soyintolerante.
  • Si creo íntimamente que la sexualidad no es una construcción social… soyhomofóbico.

 

Muchas de las cosas que nos pasan tienen lugar porque estamos fuera de la realidad. Y estamos fuera de la realidad porque pronunciamos palabras tramposas. Se trata de una cárcel pero no una cárcel física sino mental.

Nadie quiere respirar el aire carcelario ni formar parte de los destinados a prisión. Pero para poder respirar otro aire, no queda otro camino que decir las cosas como son. La pregunta es: ¿qué queremos? ¿Queremos ser libres? ¿O queremos seguir hablando mal y ser colonizados mentalmente? He aquí una decisión cuya responsabilidad no podemos eludir.

 

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