Reseña – “El libro negro de la Nueva Izquierda” (Agustín Laje–Nicolás Márquez)

“El libro negro de la Nueva Izquierda”

(Laje–Márquez) – Reseña

Lic. Juan Carlos Monedero (h)

              Cuando estas líneas estén en poder del lector, sepa que primero han sido leídas por los autores del libro reseñado, esto es, los Sres. Agustín Laje y Nicolás Márquez, a quienes fueron remitidas en primer lugar. La intención es la de que este gesto, propio de quienes debemos mantener un trato de caballeros, precediese a todo análisis discursivo.

Se trata de un trabajo con notables virtudes, tanto en la parte escrita por Laje como en la de Márquez; virtudes y méritos que, en nuestra opinión, coexisten con lo que parecen ser errores graves de juicio y colisión directa con el Magisterio de la Iglesia, delicado punto que se aprecia en la posición favorable al liberalismo, admitida expresamente por los autores del libro.

Empecemos con la enumeración de las virtudes. En la línea de los trabajos del Dr. Enrique Díaz Araujo, es evidente que El libro negro de la Nueva Izquierda no sólo contiene interesantes argumentos que rebaten algunos de los pilares de la ideología del género, el feminismo y el marxismo; también describe el derrotero vivido por los principales ideólogos de estas corrientes. El denominador común de sus vidas es la enfermedad, la adicción, la locura y la muerte. Así, por ejemplo, quedan debidamente señalados los padecimientos, vicios y conductas de los conocidos Reich, Marcuse y otros; también se menciona la prematura muerte de Foucault, fallecido a los 58 años a causa del VIH. A pesar de las iniciales apariencias, este recurso no puede considerarse un mero argumento ad hominem. No constituye un desvío el hecho de sacar a la luz los “trapitos” de la vida íntima de estos ideólogos, dado que estas revelaciones permiten apreciar una gran verdad: personas trastornadas generaron filosofías enfermizas, con la misma naturalidad con que el modo de ser de los efectos es indicativo del modo de ser de la causa.

La segunda virtud del libro es hacer patente el vínculo entre ideología homosexualista y pedofilia, por lo general desconocido. En efecto, así como la revolución sexual de los 60’ –retratada en propuestas tales como “amor libre” y claramente ligada a la mentalidad anticonceptiva– fue sólo la punta de lanza del homosexualismo, parece que hoy en día, a caballo de la naturalización de la homosexualidad, la pedofilia no tardará en ingresar en el espectro público como objeto de discusión mediática. Los ideólogos citados por Agustín Laje y Nicolás Márquez no permiten engañarse: puesto que no existe ni puede existir una norma objetiva sobre la sexualidad, es evidente que no sólo las prácticas homosexuales son una opción válida. También lo son las relaciones carnales entre niños y adultos, como acertadamente documenta el libro. No será extraño que, en pocos años, panelistas televisivos hablen de ella siquiera como “posibilidad”. En Europa este tema ya está en discusión. Como se ve, esta cólera anti-tradición y, por lo mismo, anti-vida, mancilla la misma inocencia de los infantes. Y más aún: en el horizonte de estos ideólogos yacen –todavía ocultas al gran público– pretensiones de legitimar la zoofilia, el incesto y la necrofilia, y El libro negro de la Nueva Izquierda las destapa.

En tercer lugar, a lo largo de estas páginas queda desplegada con toda claridad la presente estrategia de estos movimientos. En la actualidad, el punto de ignición lo constituye, sin dudas, la sexualidad. Si en el pasado la dialéctica marxista tomó como blancos privilegiados la historia, la economía y la política, hoy es la sexualidad humana la repetidamente atacada por este sofístico ariete. Se martilla una y otra vez sobre ella, promoviendo la coexistencia de formas antinaturales con la práctica normal de la sexualidad: “Nos da risa cuando vemos el cabreo que se han pillado los fachos porque les hemos reventado hasta hacerlos trizas su significante tan querido ‘matrimonio’. Yo los comprendo. Tienen toda la razón. Si dos lesbianas se pueden casar lo mismo que el hijo de la marquesa con la hija del empresario entonces es que el matrimonio ha dejado de tener significado, ya no tiene ningún sentido para los que lo inventaron” sostiene el desdichado Paco Vidarte, homosexual español. Otras citas –también extraídas de las publicaciones de ideólogos y activistas– son muy explícitas y eximen de todo comentario. Su nivel de frontalidad es de tal magnitud que seguramente muchos se verán conmovidos: son una auténtica escritura pornográfica, claro indicio de lo que –a la luz de la fe– podemos considerar como una influencia propiamente demoníaca. Se observa cómo la pretensión de posicionar la homosexualidad y otras desviaciones en la agenda pública es una clara maniobra subversiva, dado que el orden natural reclama la heterosexualidad. Los autores dejan muy claro que la práctica homosexual es concebida por estos propagandistas como una herramienta ideológico-política.

En cuarto lugar, leyendo el libro se evidencia –y aquí arriesgamos una opinión propia, quizás no suscripta por sus autores– que la presente batalla cultural no es desplegada por intelectuales sinceros, cuyos principios estuviesen sostenidos honorablemente. ¿Cómo se llega a esta conclusión? Es evidente que una persona honesta estaría dispuesta a conceder a su adversario aquellos derechos y atribuciones que, en tanto persona, pretende para sí. Quienes arguyen con recta conciencia no sólo declaman respeto para sí mismos sino que, principalmente, lo brindan al prójimo. Asimismo, tienen cierto pudor por la contradicción y no habitan conscientemente en ella. Una vez más, todo lo contrario sucede con estos personajes: son auténticos saboteadores del sentido común, terroristas del alma, duros adjetivos ganados a fuerza de demostrar que no los detienen sus innumerables contradicciones e inconsistencias. Todo eso no tiene importancia alguna para ellos, que sólo tienen objetivos que cumplir. Su mensaje no pretende ni aspira al deleite de la mente, bañada por la luz de la verdad. Es pura praxis, y no logos.

Salvadas las virtudes de El libro negro de la Nueva Izquierda, ¿qué observaciones críticas se pueden realizar?

En primer lugar, una de las tesis de la obra es que el actual feminismo –difundido a través del lenguaje de género, propulsado por el uso del término femicidio y expandido gracias a consignas tales como Ni Una Menos– sería malo porque es de izquierda. El feminismo “de la primera ola”, valorado positivamente en este trabajo, se habría desvinculado de su fuente –el liberalismo, como lo explica Laje–, hallándose hoy en día bajo el secuestro del marxismo. De esta manera, el feminismo liberal es bueno mientras que el feminismo marxista es malo. La segunda observación no tiene menor importancia: puesto que las corrientes ideológicas criticadas duramente en el libro cuestionan el capitalismo liberal al mismo tiempo que arrojan dardos a la familia y al orden natural, los autores de la obra también rompen lanzas en su defensa. Entre otros argumentos, quedan enumeradas una serie de bondades propias de la tecnología, exhibidas como bondades del liberalismo.

El Magisterio de la Iglesia ha condenado, sin embargo, la ideología liberal; condena que pesa y se extiende no sólo respecto del liberalismo filosófico sino también del político, el moral y el económico. Muy conocida entre nosotros es la obra del gran Félix Sardá y Salvany, titulada El liberalismo es pecado. Más cerca en el tiempo, el querido Padre Horacio Bojorge ha escrito El Liberalismo es la iniquidad, la rebelión contra Dios Padre. El recientemente fallecido Alberto Caturelli publicó en la Revista Gladius varios artículos en donde critica duramente al Liberalismo y, en particular, al Liberalismo Católico. Y son innumerables las leyes, tanto en la Argentina como en el resto del mundo, provenientes de la matriz ideológica liberal; leyes que propiciaron la desacralización, la mentalidad naturalista e incluso actitudes anticristianas. De ahí que, como adelantásemos al inicio de esta reseña, los juicios favorables de los autores del libro con respecto a esta ideología no pueden menos que entrar en contradicción con la doctrina católica. Por la misma razón, está ausente en el libro uno de los puntos capitales de la filosofía de la historia, ilustrado novelescamente por Dostoievski y enseñado repetidas veces por el R.P. Alfredo Sáenz: liberalismo y socialismo son dos caras de la misma moneda, hijos de la misma Revolución del 89’, ambas tenazas de la Masonería.

En ese sentido, es entendible desde lo humano pero no doctrinariamente justificable una actitud acrítica respecto del libro, reconociendo las legítimas virtudes del mismo, salvando las buenas intenciones de sus autores –como, con justicia, hemos intentado hacer– pero sin señalar limitaciones de la obra o incluso ciertos errores. La actitud que nos mueve al hacer una cosa pero también la otra no proviene de ninguna “pose” de supremacía intelectual. Simplemente, en atención a la notable difusión –justificada, nos parece, en atención a su calidad– que ha tenido esta obra, se pretende puntualizar ambos aspectos, y hasta por la misma caridad con los autores, a quienes en primer lugar se ha dado conocimiento de esta reseña. En ese sentido, creemos que es posible bautizar los importantes datos y análisis vertidos en este libro, tanto por parte de Agustín Laje como de Nicolás Márquez, separando los valiosos elementos que nos aportan –a fin de continuar librando, con más fuerza aún, esta batalla cultural– respecto de ciertos juicios que se encuentran salpicados de una visión benévola respecto del liberalismo y del capitalismo.

 

Publicado el 15 de enero de 2017 en

https://apologetica-argentina.blogspot.com/2017/01/el-libro-negro-de-la-nueva-izquierda.html

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Las causas de la legalización del aborto en la Argentina – Poder Mundial, Iglesia, Frente interno

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Fortísimo comunicado de Mons. Aguer contra el Papa Francisco: “Seguros en la fe, mal que le pese a Roma”

Seguros en la fe,

mal que le pese a Roma

Mons. Héctor Aguer

Arzobispo Emérito de La Plata

 

Es causa de asombro, desconcierto y preocupación de muchísimos fieles la persistencia del máximo exponente del magisterio eclesial en criticar -burlonamente a veces- a quienes están seguros de la identidad de la fe,  y se afirman en ella con alegría; agradecidos a Dios por hallarse enraizados en la gran Tradición de la Iglesia. Estos cristianos son vituperados como rigurosos fariseos. La insólita postura de la Santa Sede contradice la enseñanza de San Juan Pablo II y de Benedicto XVI; que tanto amaron y glorificaron el esplendor de la verdad. El moralismo relativista que actualmente profesa Roma, hunde la realidad de la fe y sus consecuencias éticas y espirituales en el ámbito kantiano de la Razón práctica. Peor aún: los “nuevos paradigmas” propuestos por el pontificado se someten a los dictados de un Nuevo Orden Mundial, manejado por la masonería y financiado por el imperialismo internacional del dinero. Desde hace tiempo se sabe que el Vaticano es una cueva de masones, que se ayudan a trepar a los cargos más influyentes, según los pactos secretos que desde sus orígenes caracterizan a la secta; los cuales han sido repetidas veces denunciados por los pontífices, que alertaron sobre el peligro que la tradicional enemiga de la Santa Iglesia implica para el orden social basado en la ley natural, y para el sostén y desarrollo de la fe en la vida de los pueblos. Soy consciente de la verdad y exactitud de lo que acabo de escribir, por eso no temo que mi libertad sea coartada por medidas que nadie se atreverá a tomar.

Los errores, y las herejías, pueden procesarse y difundirse ampliamente, ante el silencio cómplice de quienes deberían condenarlos, según fue hecho desde los tiempos apostólicos. El testimonio del Nuevo Testamento es por demás elocuente: “Conviene que haya herejías, para que se manifieste quiénes son fieles” (1 Cor 11, 19: hina kai hoi dokimoi phaneroi genōntai). El sínodo alemán, ante el silencio de Roma, distingue en ese pueblo germánico a los verdaderos creyentes de los atrapados por los errores, que deben hacer sonreír a Martín Lutero (allí donde se encuentre). En la misma carta que citamos, el Apóstol Pablo recuerda a los fieles el Evangelio que les ha predicado, el que ellos recibieron, en el cual estamos firmes (estēkate: 1 Cor 15, 1) por el cual son salvados, si permanecen firmes (ei katechete: 1 Cor 15, 2) porque de lo contrario han creído en vano (ektos ei mē eikē episteusate). Lo fundamental, que Pablo les recuerda, es lo que él les ha entregado. Resulta escandaloso que Roma descalifique la tradición. San Pedro, en su Segunda Carta, hace notar a sus lectores -¡y a nosotros!- que su propósito es asegurarlos, hacerlos más firmes, estērigmenous (2 Pe 1, 12); les advierte contra los maestros mentirosos (pseudodidáskaloi) que se introducen en la Iglesia, como los falsos profetas en el pueblo de Israel; por ellos es blasfemado el camino de la verdad (2 Pe 2, 2). Las epístolas pastorales del Apóstol Pablo describen una situación que se ha verificado periódicamente en la historia de la Iglesia: se precipitan “tiempos peligrosos” (kairoi chalepoi, 2 Tim. 3, 1) por la introducción de errores que debilitan la fe y la seguridad de los fieles, respecto de la tradición en la que se apoyan. Por eso anima a sus discípulos y colaboradores a resistir. Muchas veces he citado el pasaje de 2 Tim. 4, 1 ss: los pastores de la Iglesia deben predicar incansablemente la verdad, deben argüir e increpar (epitimēson: 2 Tim. 4, 2). El problema era, y es, el de los falsos maestros que halagan los oídos que buscan actualidad, procuran reubicarse en un mundo más amplio, de aquellos que se entregan a los mitos abandonando la verdad (apo men tēs alētheias…epi de tous mythous, ib 4, 4). Como los textos asumidos en estas citas se encuentran numerosos pasajes, en los que se expresa todo lo contrario de la orientación del actual pontificado. El contraste aparece en la simple comparación.

He señalado una causa en el predominio del moralismo, que despoja a la doctrina de la fe del dinamismo que la orienta hacia su dimensión mística. La fe es contemplativa; su aplicación al obrar depende de aquel reposo  fruitivo y seguro en la verdad que es su objeto: es theoria antes que praxis; y la segunda acierta con lo que hay que hacer, en cada circunstancia, porque es iluminada por esta lumbre superior que permite discernir con sabiduría. El moralismo es necesariamente pragmático y relativista. La crítica que dirijo a esta corriente hoy día oficial incluye la observación de que ya no se predica íntegramente la doctrina de la fe. San Juan Pablo II nos ha dejado en el Catecismo de la Iglesia Católica una síntesis actualizada de lo que hoy debemos creer y difundir. En ese corpus que abarca dogma, moral y espiritualidad se halla la identidad del catolicismo, en la cual los cristianos en este “tiempo peligroso” podemos asegurarnos, dirigiendo la mirada de nuestro espíritu al Señor que está con nosotros “todos los días” (pasas tas hēmeras, Mt. 28, 20).

Parece mentira -pero es una penosa realidad- que, después de más de medio siglo, se cumplan aquellas palabras de Pablo VI: “Por alguna rendija entró el humo de Satanás en la Casa de Dios”. El sedicente “espíritu del Concilio”, contra el cual reaccionó tan sabiamente Jaques Maritain en “El campesino de Garona”, asoma nuevamente, esta vez desde la mismísima Colina vaticana. Los discursos pontificios eluden expresamente las verdades que habría que recordar con claridad, con magnanimidad y paciencia; y se detienen exclusivamente en aquellos “nuevos paradigmas”, que golpean en vano a los verdaderamente fieles, que intentan vivir con fidelidad lo que han recibido. El cristiano es alguien que ha recibido lo que cree y que, merced a los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía, procura ordenar su vida de hombre nuevo según el ejemplo de Cristo.

No debe extrañarnos que en los programas pastorales que se alientan desde la usina de la sinodalidad, los sacramentos no tengan lugar. Sacramentum traduce el griego mysterion; el moralismo pragmático relativista es incapaz de percibir los misterios de la fe, y tiende espontáneamente a descartar la dimensión sobrenatural de una pastoral de los sacramentos, que asegura el don de la gracia ofrecido a todos: la liberación del pecado y expansión de la vida nueva de participación de la naturaleza divina. Somos participantes de la naturaleza divina, theias koinōnoi physeōs (2 Pe. 1, 4). Lo que constituye la vida de un cristiano es mantenerse en lo que ha recibido, en el “mandato viejo”, que dice San Juan en su Primera Carta, la entolēn palaiàn (1 Jn 2, 7) es decir la recepción de la luz que aleja la tiniebla: hē skotia paragetai (1 Jn 2, 8).

Un hecho histórico que permite apreciar hasta dónde se extiende el “peligro” de este tiempo oscuro, ha sido el silencio, o quizá el repudio, que ha merecido la presentación respetuosa de dudas sobre el alcance de la innovación semi-disimulada en la Exhortación Amoris Laetitia; obra de cuatro eminentes cardenales, Burke, Cafarra, Brandmüller y Meisner. La cuestión de la posibilidad de admitir a los sacramentos a las personas divorciadas que han pasado a una nueva unión, fue un globo de ensayo del moralismo relativista; para el cual ya no hay actos intrínsecamente malos. Es una estafa contra los mismos posibles beneficiarios de esa permisión el propósito de trazar un camino alternativo al que indica la Tradición; equívoco que no puede ser considerado un gesto de misericordia. La justicia -la justificación por la gracia- es la verdadera misericordia. No es algo menor la objetividad con que la praxis eucarística se inscribe en la vida cristiana contra el mero deseo subjetivo de comulgar; en este orden la Tradición católica, con el reconocimiento de la sana teología, es fiel a los orígenes, tal como inequívocamente aparece en el Nuevo Testamento. La seguridad que proporciona el abrazo a la verdad conocida y amada, no implica de ninguna manera desprecio de quienes vacilan o han sido ya ganados por el relativismo; al contrario, expresa la fraterna preocupación para hacerles participar de la alegría que brinda la integridad de la fe, recibida humildemente como un don inmerecido.

La inquietud que provoca la actual postura del magisterio se agrava al considerar el sistema de promociones al Episcopado, y a la dignidad cardenalicia, por su abundancia y su orientación. En efecto, ¿qué sentido tiene que una diócesis que carece de vocaciones y cuenta con un número insuficiente de sacerdotes para cubrir las necesidades pastorales, disponga de dos obispos auxiliares? Me refiero a lo que ocurre en la Argentina, aunque la misma actitud puede verificarse en otros países. No es un pecado de suspicacia pensar que existe el propósito expreso de reformar la Iglesia, y difundir el criterio moralista y relativista que, como ya he dicho, se ha convertido en una política oficial. Desearía liberarme de tal inquietud y estar equivocado en el juicio que hago de la orientación impuesta desde Roma. Como muchos otros que en el mundo entero comparten esta inquietud mía, sólo puedo reposar en la confianza y el amor de Cristo, Señor y Esposo de la Iglesia; y en la intercesión de la Virgen Santísima, a la que invoco de corazón. No deseo caer en la pretensión de tener la razón en la crítica que no puedo menos que hacer, aunque las declaraciones y los hechos reseñados crévent mes yeux  me producen un dolor amargo, que inducen a pensar y a juzgar. ¡Que el Señor tenga piedad de nosotros, y alivie la duración de este “tiempo peligroso” que vivimos! Insisto en lo que observo al comienzo de esta nota: asombro, desconcierto, preocupación: ¿qué otros sentimientos podría suscitar el extraño fenómeno de apalear a los verdaderos católicos, y acariciar a los herejes? Nuestra sencilla gente de campo diría: “cosa ´e mandinga”; el “humo de Satanás que por una rendija se ha metido en la Casa de Dios”, según confesaba un desengañado Pablo VI.

 

Buenos Aires, martes 3 de mayo de 2022.

Fiesta de los Santos Felipe y Santiago, apóstoles.-

 

Mons. Héctor Aguer es Arzobispo Emérito de la diócesis de La Plata. Fue nombrado Académico de Número de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, así como Académico de Número de la Academia de Ciencias y Artes de San Isidro, y finalmente Académico Honorario de la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino (Roma).

 

 

El progresismo eclesial hoy (respuesta a una amiga)

El progresismo eclesial hoy (respuesta a una amiga)

Por Juan Carlos Monedero (h)

La tarde de un sábado otoñal caía cuando una amiga preguntó qué significa ser progresista.

El sentido del término no es tan sencillo como puede parecer a primera vista. Lo primero que nos vino a la mente es que “progresismo” puede querer decir distintas cosas, según se utilice en el campo de la Iglesia Católica o en terreno de la cultura y el periodismo en general. Puesto que nuestra amiga buscaba conocer el significado en el primer caso, le dimos la siguiente respuesta que compartimos aquí con el lector.

Pablo VI fue uno de los primeros en usar el término progresismo[1], caracterizándolo como una amenaza presente en las entrañas mismas de la Iglesia. Por tanto, se refería a un mal que sin dudas estaba relacionado con la esfera eclesiástica. O como dicen hoy algunos, eclesial.

Dado que los progresistas son más bien huidizos en sus afirmaciones, mejor que una definición vale una caracterización: sus ideas no se dejan atrapar en conceptos claros y definidos. Son el resultado de prácticas que se incorporan mas bien por costumbre y por imitación.

El progresismo es la continuación de la herejía modernista, condenada por San Pío X a comienzos del siglo XX en su famoso documento llamado Pascendi. Y al igual que en aquellos días, existen en la actualidad victimarios y víctimas. En efecto, abundan personas formadas o deformadas por años de conductas de marcado talante antropocéntrico que les han impuesto desde arriba, como pasaremos a detallar enseguida.

Entre los victimarios, las reglas no escritas constituyen consignas claras e innegociables, transmitidas en las parroquias y en los seminarios de generación en generación: rendición incondicional para la Tradición Católica.

Los progresistas, a quienes también llamaremos “progres”, se caracterizan por combatir la sotana. No incentivan el rezo del Rosario, ni el estudio del Catecismo, ni las devociones. Rechazan el órgano de tubos en la liturgia –el instrumento propio del culto cristiano en Occidente[2]– mientras imponen despóticamente la guitarra, la pandereta, entre otros instrumentos profanos. Odian el latín y buscan expulsarlo de la liturgia, así como fomentan los aplausos en Misa (desconociendo la clarísima advertencia del entonces Cardenal Ratzinger al respecto).

Propician un falso ecumenismo, que no procura la conversión. No distinguen entre un espacio sacro y un espacio profano. Reniegan de todo contenido bélico en la doctrina católica: no hay enemigos, sólo personas de buena intención equivocadas. Intentan mitigar la resistencia frente a las leyes anticristianas.  Otorgan poca importancia a la misa individual y diaria, y tienen una preferencia por lo comunitario. Por lo general, desprecian agriamente y con marcada aversión las formas tradicionales.

CruxSancta: Sobre los aplausos en la liturgia

En los años 60’, los progres combatían el pensamiento aristotélico tomista, dando preferencia a la pseudo teología de Teilhard de Chardin[3]. Los progresistas odian a los fieles que se apegan a la ortodoxia católica. En aquellas décadas, el teólogo progre promedio oponía dialécticamente la Patrística con la Escolástica. En la actualidad son más astutos: repiten la letra de Santo Tomás de Aquino pero distorsionan su espíritu.

Los progres inflan las excepciones para hacer caer las reglas, pretenden disolver las afirmaciones absolutas invocando ejemplos extremos y retorcidos. Celebran la liturgia como si no hubiese instrumentos propiamente sagrados. Convierten la misa en un carnaval, sin seriedad. Los catequistas progres hablan de Cristo como “el flaco”, “uno más, como cualquiera”, “uno como nosotros”. Hablan sin expresar la reverencia debida y son reacios a enfatizar Su Divinidad. El mismo trato recibe la Virgen María. Las imágenes que un progresista prefiere para las estampitas son melifluas: hay que desdramatizar –dicen– la fe católica, por eso pretenden remover del alma del fiel cualquier vestigio de marcialidad. Se alimenta una psicología religiosa infantil en los adultos.

Cuando tiene autoridad, el progre presiona psicológicamente a los fieles para no rezar en latín, para no comulgar de rodillas, forzando la comunión en la mano; detesta las oraciones que habla del Triunfo de Cristo sobre el mundo. Este tipo de oraciones que consagran la Victoria Final de Nuestro Señor son tildadas con el mote de ‘triunfalismo’, y las desprecia profundamente.

El progre resta importancia a la contemplación, prefiere la acción. A veces, invoca la oración pero sólo para desmovilizar acciones contundentes de sus hermanos católicos, a los que no teme en calificar de “integristas” y con los cuales practica una intolerancia digna de mejor causa. Es abierto, paciente y componedor con cualquier idea anticristiana pero amargo, duro y hasta cruel con los católicos (a los que él llama) tradicionalistas. Distorsiona la pastoral hasta hacerle decir lo contrario a la doctrina: sin cuestionarla abiertamente, la socava con conductas. Invoca la caridad siempre, pero no actúa como si amara la verdad. Es mucho peor que un enemigo declarado.

El progre es obsecuente con la jerarquía, aunque evita seguir sus pasos cuando las autoridades eclesiásticas proponen, indican o mandan algo en línea con la ortodoxia católica. No le gusta actuar abiertamente, se esconde detrás de pretextos o dilaciones porque en el fondo tiene conciencia del mal que está haciendo: atenúa la doctrina “para que la gente no se vaya de la Iglesia”, suaviza los conceptos “para que no choque” y evita calificar el aborto como asesinato “para no ser negativo y que la gente deje de escucharnos”.

Los progresistas no hablan del Infierno y en los casos más extremos lo minimizan o incluso algunos de sus “teólogos” lo niegan, al igual que la existencia del demonio. Los milagros de Cristo no son milagros, el progre por lo general es racionalista y –en ambientes donde no teme ser cuestionado– reconoce que pretende desmitificar el Evangelio de supuestos añadidos legendarios.

Los progres forjan sin escrúpulos alianzas con izquierdistas y, en los últimos años, con abiertos promotores de la ideología de género (por ejemplo, el Padre James Martin SJ); los menos comprometidos les manifiestan una tímida simpatía pero nunca fallan en obstaculizar a los católicos que se oponen a las agendas anticristianas. Los más cómodos simplemente hacen de cuenta que estas ideologías no existen, favoreciendo su avance. En los años 70’, Carlos Alberto Sacheri denunció –a través del libro “La Iglesia Clandestina”– los elementos progresistas dentro del clero, con nombre y apellido. Muchos estudiosos creen que Sacheri fue asesinado por el terrorismo marxista a causa de este libro.

En una palabra, el resultado de la pastoral progresista está a la vista: bautizados de inteligencias extraviadas y sensibilidades sin quicio.

Sin embargo, la descripción del progresista no se agota aquí puesto que el progresismo no es una doctrina nítidamente definida y compacta. Hay progres que tienen algunas y no otras características, a veces en franca contradicción. Hay progres abiertamente provida pero engañados por décadas de manipulación de los sentimientos. Conocemos sacerdotes progres que, paradójicamente, son devotos de la Virgen María. Sin embargo, en general, suelen ser anti marianos. Y tampoco son simpatizantes de las imágenes: en los años 60’ las destruían sin titubear. Hoy promueven iconos dulzones, aptos para hombres y mujeres light.

San Miguel Arcangel | San miguel arcángel, Figuras religiosas, Arcangel miguel

El Padre Castellani decía que se podía reconocer al progresista porque éste nunca hablaba del Fin del Mundo o del Juicio Final de Cristo: como si fueran asuntos respecto de los cuales nada tiene para decir. Finalmente, el Padre Meinvielle –en su libro “El progresismo cristiano”– amplía esta descripción de manera notable, y señala el error fundamental del Progresismo: rechazar el concepto de Ciudad Católica. Al hacerlo, se ven obligados a aceptar la ciudad laicista, liberal, socialista o comunista de la Modernidad, a la que intentan volver aceptable rociándola con agua bendita.

 

[1] “las riquezas de las tradiciones religiosas se hallan amenazadas de disminución y de ruina, amenazadas no sólo del exterior sino también del interior; en la conciencia del pueblo se modifica y se disuelve la sana mentalidad religiosa y la tradicional fidelidad a la Iglesia… La fe de San Ambrosio, la herencia de San Carlos, el esfuerzo apostólico de los últimos Arzobispos, aparecen comprometidos, no tanto por la usura natural del tiempo, cuanto por algún cambio radical e irresistible que sustituye a la concepción de la vida de nuestro pueblo, otra concepción que no se puede definir, sino con el término ambiguo de progresista; ella no es ya ni cristiana ni católica”. Mensaje a los católicos de Milán, 15 de agosto de 1963.

[2] Cfr. https://bit.ly/3u40TwF

[3] Para una crítica de Teilhard, recomendamos el comentario del Padre Olivera Ravasi al trabajo del Padre Julio Meinvielle. Cfr. https://bit.ly/3uUMNwK

El Papa Francisco y su visión de la guerra – Por Mario Caponnetto

El Papa Francisco y su visión de la guerra

Por Mario Caponnetto

 

Desde que se inició el conflicto entre Rusia y Ucrania el Papa Francisco viene desarrollando una intensa actividad en pro de la paz. En principio, tal esfuerzo no puede sino merecer el elogio de quienes aspiramos a que la paz vuelva a reinar en esa tierra hoy arrasada por la guerra, el dolor y la muerte. No obstante, no podemos dejar de señalar la perplejidad que nos producen ciertas declaraciones del Santo Padre que revelan, a nuestro juicio, una visión de la guerra (nos referimos a la guerra en general, no a esta guerra en particular) que se aleja visiblemente de la visión católica de este singular fenómeno que acompaña al hombre desde su caída.

En efecto, Francisco ha insistido en varias ocasiones en sostener que toda guerra es injusta y que se trata de un hecho siempre repudiable y condenable. A decir verdad, no es el primero en afirmar esta tesis; como se recordará, Juan Pablo II también, en su momento, habló de “el fenómeno siempre injusto de la guerra”. No obstante, el Catecismo de la Iglesia Católica, aprobado por el propio Juan Pablo II, reconoce y reafirma la doctrina tradicional de la guerra justa en todo de acuerdo con lo que han enseñado siempre los grandes Doctores de la Iglesia (Catecismo de la Iglesia Católica, número 2309).

Pese a ello, Francisco insiste, una y otra vez, en condenar no una guerra sino toda guerra. De hecho, en su conversación con el Patriarca de Moscú, Kiril, afirmó taxativamente: “En el pasado se hablaba también en nuestras Iglesias de guerra santa o de guerra justa. Hoy no se puede hablar así. Se ha desarrollado la conciencia cristiana de la importancia de la paz” (cf. Vatican News, conversación por videollamada, el 16 de marzo de 2022, entre el Papa Francisco y el Patriarca Kiril).

Al igual que lo que hizo con el tema de la pena de muerte (a la que tildó de “anti evangélica”) el Papa parece querer ahora hacer lo mismo con la noción de guerra justa. Pero se trata de un problema moral; por tanto no depende ni de la época ni de una supuesta “conciencia cristiana” hodierna que, según se desprendería de lo dicho, sería más sensible a la paz que la de los cristianos de otro tiempo. Adviértase la gravedad de este razonamiento: si las cuestiones morales dependieran de la conciencia de cada época, entonces todo fundamento moral objetivo caería eo ipso; henos aquí conducidos al terreno del más craso relativismo moral.

Va de suyo que una cosa es sostener que en la actualidad ninguna de las guerras a las que nos enfrentamos cumple con los requisitos morales de una guerra justa (cosa que, de todos modos, habría que examinar cuidadosamente, caso por caso) y otra muy distinta es suprimir, de un plumazo, una noción moral que ha sido sostenida invariablemente a lo largo de los siglos por la Iglesia. Una vez más asoma el espíritu pretendidamente reformador, en el fondo rupturista, de Francisco para confusión de los fieles y debilitamiento doctrinal del catolicismo.

Pero las cosas han ido todavía más lejos. Al término de la oración del Angelus del pasado domingo 27 de marzo, el Papa volvió a cargar sobre el tema. Reproducimos textualmente sus palabras conforme a la versión oficial de la página web de la Santa Sede. Dijo Francisco: “La guerra no puede ser algo inevitable: ¡no debemos acostumbrarnos a la guerra! Más bien debemos convertir la indignación de hoy en el compromiso de mañana. Porque, si de esta situación salimos como antes, de alguna manera todos seremos culpables. Frente al peligro de autodestruirse, la humanidad comprenda que ha llegado el momento de abolir la guerra, de cancelarla de la historia del hombre antes de que sea ella quien cancele al hombre de la historia” (el destacado es nuestro).

Hemos de confesar que estas palabras nos han azorado. ¿Ha llegado el tiempo en que la guerra ha de ser abolida? ¿Cómo puede ser esto? Al leer estas curiosas declaraciones del Papa nos vino a la memoria el célebre texto de Isaías, capítulo 2, versículo 4, donde el Profeta advierte que llegará un tiempo en que los hombres no se adiestrarán más para la guerra y harán de su espadas arados y de sus lanzas podaderas, esto es, instrumentos de labranza y de agricultura imagen perfecta de la verdadera paz. Si nos atenemos a la Escritura podemos pensar que el Santo Padre está anunciando la inminente llegada de ese tiempo venturoso. Pero, por desgracia, no es así.

Veamos el pasaje de Isaías en el contexto de los versículos que lo preceden: He aquí lo que vio Isaías, hijo de Amos, acerca de Judá y Jerusalén: Acontecerá en los últimos tiempos que el monte de la Casa de Yahvé será establecido en la cumbre de los montes, y se elevará sobre los collados; y acudirán a él todas las naciones. Y llegarán muchos pueblos y dirán: “¡Venid, subamos al monte de Yahvé, a la Casa del Dios de Jacob! Él nos enseñará sus caminos, e iremos por sus sendas”; pues de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Yahvé. El será árbitro entre las naciones, y juzgará a muchos pueblos; y de sus espadas forjarán rejas de arado, y de sus lanzas hoces. No alzará ya espada pueblo contra pueblo, ni aprenderán más la guerra (Isaías, 2, 1-4; citamos según la versión española de Monseñor Straubinger).

Está claro que el Profeta anuncia un tiempo de paz duradera. Pero la pregunta que debemos hacernos es ¿cuál es ese tiempo? No presumimos ni de biblistas ni de exégetas. ¡Nos libre Dios de tamaña pretensión! Apenas si nos acompaña el sensus fidei de cualquier bautizado de a pie. Por eso acudimos, humildemente, a los que saben, a los doctos. En primer lugar, las notas que al pie de este texto trae la misma versión de Straubinger. Leemos allí: “En los últimos tiempos, o, en los días postrimeros (Bover-Cantera). Cf. Miqueas 4, 1-3; I Corintios 10, 11 y nota. En el lenguaje de los profetas se refiere este término a los tiempos mesiánicos y escatológicos en que el monte de la Casa del Señor, el Sión, resplandecerá con nueva luz. «La elevación aquí predicha, figura la gloria futura de Sión en los últimos tiempos, cuando el Dios allí adorado, fuere reconocido como Dios de toda la tierra» (Crampón). De Sión saldrá la Ley: Cf. la palabra de Jesucristo: la salvación procede de los judíos (Juan 4, 22)”.

Más abajo continúa: “No se han cumplido todavía estos vaticinios sobre la paz perfecta. «La realización completa no tendrá lugar, sino en la consumación de los tiempos, porque en esta tierra, donde el mal subsistirá siempre al lado del bien, no se puede buscar un cumplimiento perfecto» (Fillion). Cf. Mateo 13, 24-43. Entretanto tenemos que esperar hasta que se cumpla el deseo del salmista: «Dispersa, oh Dios, a los pueblos que se gozan en las guerras» (Salmo 67, 31). La actual búsqueda excesiva de la paz entre las naciones y los continuos pactos de seguridad son una señal de que no hay paz, pues la tan deseada paz mundial no podrá realizarse sin la sumisión y obediencia a la ley divina”.

Estas dos notas esclarecen el texto sagrado. Pero nos ha parecido oportuno consultar al Doctor Angélico. En su comentario del Libro de Isaías, dice el Aquinate que lo que el Profeta ha oído de Dios es que se trata  de los días novísimos, esto es, del tiempo de gracia que se llama el tiempo de los novísimos o tiempos postreros (cf. Super Isaiam, caput II, v 1-4). Más adelante distingue entre los efectos de la paz, el signo de la paz  y el fruto de la paz. Los efectos corresponden al juicio del Rey que juzgará a muchos pueblos a los que dará su ley corrigiendo los pecados. El signo de la paz viene representado en la conversión de los instrumentos de la guerra en los instrumentos del cultivo del agro. Finalmente, el fruto de la paz es la remoción o abolición de las guerras, allí donde dice: No alzará ya espada pueblo contra pueblo, ni aprenderán más la guerra (cf. ibídem). El Santo Doctor pone todavía una objeción, a saber, que después de este anuncio hubo muchas guerras; a lo que responde con estas palabras sencillas y cargadas de enorme significado: “se ha de decir que se refiere a la paz hecha por Cristo que se cumplirá en el tiempo futuro” (cf. ibídem).

No resulta difícil advertir que no es este tiempo nuestro el que anuncia el Profeta ni, menos aún el que parece estar en la mente del Papa. No hay en sus palabras ni el menor atisbo de un sentido mesiánico ni escatológico, ni un llamado a la conversión, ni una urgente convocatoria a reconocer a Cristo como el Rey de las naciones. Por el contrario, el Papa se vuelve a los responsables políticos a los que llama a detener las armas.

Pero, ¿pueden, acaso, estos responsables políticos en su inmensa mayoría apartados de Dios cuando no expresamente enemigos de Cristo, lograr la paz sin siquiera el menor asomo de una conversión? Es a esta conversión, a este retorno a Cristo, y no a una paz utópica, a lo que debiera dirigirse con toda su fuerza la palabra del Vicario de Cristo. Su voz tiene que ser la voz de Cristo, firme, clara, sí, sí, no, no. De lo contrario no será otra cosa que una voz más en el concierto de la vacua vocinglería del mundo.

La muerte está aquí – Los pagos de seguro de vida en EEUU se incrementaron a partir de la vacunación

La muerte está aquí

Los pagos del seguro de vida se disparan un 258 %

a medida que las muertes posteriores a la vacuna

se aceleran rápidamente

 

Artículo original en inglés aquí y aquí

(Natural News) En una historia poco conocida de Reuters que casi no atrajo la atención de los medios corporativos; la aseguradora holandesa Aegon reveló que los pagos de seguros de vida del tercer trimestre de 2021 se dispararon un 258% en comparación con los pagos del tercer trimestre de 2020. La diferencia, por supuesto, la encontramos en las vacunas covid. En 2020, las vacunas aún no estaban disponibles, por lo que los pagos de Aegon sólo alcanzaron los 31 millones de dólares. Pero después de tres cuartas partes de vacunas agresivas a lo largo de 2021, los pagos de beneficios por muerte alcanzaron los $ 111 millones, un aumento del 258%.

La aseguradora holandesa Aegon, que realiza dos tercios de su negocio en los Estados Unidos, dijo que sus reclamos en las Américas en el tercer trimestre fueron de $ 111 millones, frente a los $ 31 millones del año anterior. Las aseguradoras estadounidenses MetLife y Prudential Financial también dijeron que aumentó la cantidad de los reclamos de seguros de vida. Old Mutual de Sudáfrica utilizó una mayor parte de sus provisiones pandémicas para pagar siniestros y la reaseguradora Munich Re elevó de 400 millones a 600 millones de euros su estimación para 2021 de siniestros de vida y salud por COVID-19.

Las compañías de seguros se están dando cuenta lentamente de la verdad sobre las vacunas covid, incluso cuando la corriente principal –cómplice y asesina– intenta encubrir una tasa de muerte cada vez mayor. Las señales de muerte que ahora emergen en las finanzas de las compañías de seguros no pueden simplemente barrerse debajo de la alfombra, y dado que se registró un aumento del 258 % para el tercer trimestre de 2021, surge la pregunta obvia: ¿cuánto peor será esto para el cuarto trimestre del 2021? ¿O el primer trimestre de 2022?

En cualquier día “normal” (pre-covid) en Estados Unidos mueren unas 7.700 personas. Si esas muertes aumentan en un 100%, eso significa que cada día mueren 7.700 personas más. Multiplique eso durante un año, y son 2.8 millones de muertes adicionales. Tenga en cuenta que esto es sólo para un aumento del 100% en las muertes.

Aegon informa un aumento del 258 % en los pagos de las pólizas de seguro de vida. Aunque Aegon no asegura a todo el país, obviamente, este botón de muestra debería generar alarmas entre aquellas personas que prestan atención. Si comenzamos a ver constantemente algo así como un aumento del 200 % en la mortalidad por todas las causas, eso significaría que más de 15.000 personas adicionales están muriendo cada día en Estados Unidos. Es un holocausto de vacunas en tiempo real.

A decir verdad, probablemente estemos en ese punto ahora mismo. Los conjuntos de datos aún no se han puesto al día con la realidad de lo que está sucediendo en febrero de 2022. Es casi seguro que las tasas de mortalidad por cáncer se han duplicado en 2021 y se encaminan a cifras aún más altas en 2022, pero la industria del cáncer –dominada por intereses farmacéuticos, por supuesto– ocultará los números el mayor tiempo posible para evitar que alguien haga preguntas sobre por qué tanta gente está muriendo de cáncer de repente.

La respuesta es obvia: son las vacunas de ARNm.

El holocausto de las vacunas es real y se está acelerando… MILLONES morirán en Estados Unidos

Entonces, no solo tenemos un holocausto de vacunas real en Estados Unidos en este momento sino que tenemos un encubrimiento del holocausto por parte de todas las partes cómplices y asesinas, incluidas las Big Pharma, Big Tech, Big Media y Big Government. Están todos en ello. Todos son asesinos en masa, y todos están trabajando para encubrir esto el mayor tiempo posible para que puedan obligar a más personas a cometer suicidio por vacunación antes de que el recuento de cadáveres sea innegable.

Ese es el nivel de maldad con el que estamos lidiando en la sociedad en este momento, y todo se maneja bajo el lema de la “ciencia”.

Bajo este peligroso culto a la muerte por parte de la “ciencia”,  todo el mundo finge que las vacunas covid están deteniendo la transmisión infecciosa y las hospitalizaciones, todo mientras se mira hacia otro lado respecto de tantas personas vacunadas mueren prematuramente. Israel, con una tasa de vacunación del 96,2% en toda la población, ahora lidera el mundo en casos de covid per cápita. Esto prueba que la vacuna tiene el efecto contrario al que nos prometieron en nombre de la “ciencia”. De hecho, cuanto más vacuna un país a su gente, más casos de covid aumentan.

Eso es porque, por supuesto, la vacuna es la pandemia. El covid ya habría terminado si no fuera por las vacunas que continúan, inyectando a las personas armas biológicas de proteínas desarrolladas recientemente, que causan fallas en los órganos y la muerte. No es una coincidencia que los síntomas de lesiones por vacunas sean categorizados como “covid” por el establecimiento médico corrupto y asesino que recibe sobornos financieros del gobierno por matar personas con ventiladores y remdesivir (nombre de medicamento).

La compañía Hershey apuesta por Satanás, rechaza a los empleados de fe

Mientras tanto, la compañía Hershey está despidiendo a todos sus empleados no vacunados, lo que confirma que es una corporación malvada que niega las exenciones basadas en la fe de las vacunas mortales. Como informa La Gran Época: “Realmente pensé que estaría bien”, dijo Kim Durham –analista de pagos y comprador de abastecimiento– a The Epoch Times. “Pensé, no puedes cuestionar mi fe. Nadie puede cuestionar eso”.

Durham pidió un amparo religioso en agosto y asumió que lo conseguiría.

“Pensé que esto había quedado atrás hasta septiembre, cuando me reuní con un representante de recursos humanos. Fue un interrogatorio sobre sus creencias religiosas. Tergiversaron tus palabras y trataron de poner palabras en tu boca. Fue terrible. Me hicieron preguntas tan personales que no tenían nada que ver con la religión”.

Se sorprendió cuando, en noviembre, recibió la noticia de que su solicitud de adaptación religiosa había sido denegada.

Todos los entrevistados mencionaron estar preocupados por preguntas similares durante las reuniones, generalmente realizadas con un supervisor inmediato y alguien de Recursos Humanos, tales como: ¿Alguna vez ha sido vacunado? ¿Tus hijos están vacunados? ¿Cómo te proteges cuando sales de tu casa? ¿Con qué frecuencia vas a la iglesia? ¿Tomas Tylenol, Ibuprofeno, Tums o Midol?

Entonces, la compañía Hershey –que vende barras de caramelo rellenas de azúcar procesadas de bajo grado que promueven la diabetes y la obesidad– está interrogando a los empleados sobre si toman Tums. Y si toman Tums, ¿no se les permite oponerse a las inyecciones de ARNm de proteína?

Algo me dice que la compañía Hershey ahora está dirigida por demonios que odian a Dios, al igual que la mayoría de las otras grandes corporaciones en Estados Unidos y en todo el mundo.

Vea más noticias sobre el surgimiento del demonismo y el satanismo en DemonicTimes.com

Obtenga la historia completa sobre Hershey, Apple y otras entidades corporativas demoníacas en el impactante podcast Situation Update del día de hoy: https://bit.ly/3tmdWcq

Entrevista al Fiscal Carlos Insaurralde – Por Verónica Ressia (desgrabación textual)

ENTREVISTA AL FISCAL CARLOS INSAURRALDE

VERÓNICA RESSIA

(Desgrabación del audio de casi 37 minutos)

Fecha: 18/01/2022

Link para escucharlo en original:

 

PERIODISTA: estamos hablando con el fiscal Carlos Insaurralde. Queremos preguntarle qué pasó con esto de la ANMAT y las notas. Cuéntenos como si fuese una historia lo que sucedió de acuerdo a su versión.

FISCAL: se hicieron varios pedidos de informes, tanto a la ANMAT como al Ministerio de Salud (MS). La ANMAT es un organismo satélite del Ministerio y a veces se entrecruzan las informaciones y es difícil que se pongan de acuerdo quien contesta cada requerimiento, cada punto. Desde que comenzó la investigación en el mes de abril del fallecimiento de una mujer, inmediatamente después de recibir la vacuna Astrazeneca, se enviaron pedidos de informes al ANMAT y al Ministerio. Los informes se recibían parcializados, no se contestaban todos los puntos y finalmente se hicieron dos preguntas claves a la ANMAT y al Ministerio. Una, sobre la existencia de grafeno y otra sobre el magnetismo. Sobre esto último, ninguno de los dos contestaron. No contestaron acerca de la cantidad de personas fallecidas por vacunas, no contestaron sobre la cantidad de efectos adversos. Todo un sistema muy burocrático en cuanto a las respuestas. En relación al grafeno, se informó el 13 de diciembre que las vacunas contenían grafeno.

P: Ese es el primer informe y viene de ANMAT firmado por la Dra. Patricia Inés Aprea.

F: Exacto. Esta doctora afirma que existe grafeno en la vacuna Astrazeneca. Yo me refiero a esta vacuna porque es la que se utilizó para inocular a esta víctima, no a otras vacunas. Yo no sé si las vacunas contienen o no. Yo sólo pregunté por la Astrazeneca.

Posteriormente, se la citó a la Dra. Aprea para ratificar o rectificar esta información que envió, y nos hizo saber que concurriría a la fiscalía. Lo hizo y se retractó en cuanto a la existencia de grafeno. Dijo que no contenían y que fue un error tipográfico.

P: Ella, cuando se retracta, ¿lo hace en la fiscalía? ¿Ustedes la llaman para que rectifique o ratifique esto y ella se retracta en la fiscalía?

F: Exacto. Eso fue en el mismo mes de enero, un lunes 11 o 12. Al otro día se recibe una información proveniente del Ministerio de Salud de la Nación en la que se hace saber efectivamente que la Astrazeneca contiene grafeno.

P: Resumiendo:

El 13 de diciembre la Dra. Aprea (jefe de dirección de evaluación y control de biólogos y radiofármacos del ANMAT) contesta el pedido de informe de la fiscalía del Dr. Insaurralde, afirmando que la Astrazeneca contiene grafeno.

El 11 de enero ella se retracta en la fiscalía. Al día siguiente, llega un nuevo informe, esta vez de Ministerio de Salud de la Nación, afirmando la existencia de grafeno.

F: La ANMAT es un órgano satélite del Ministerio por lo cual a veces se entrecruza la información. Se requiere la información al Ministerio, y termina contestando la ANMAT, porque ellos se dividen la información según las áreas y según la materia.

Posteriormente, hay una retractación pública en la que se informa que hubo “un error de tipeo”. O sea que hubo cuatro intervenciones; el informe de Aprea, su retractación testimonial, el informe de Ministerio y la retractación publica de ANMAT.

P: La retractación ultima de ANMAT, ¿está firmada por alguien o es un comunicado institucional?

F: Sólo es un comunicado de ANMAT.

P: Yo tengo una de estas notas (la del 11 de enero), no la nombra a la Dra. Aprea pero sí tiene la firma digital de Gaspar Uriel Tizio, quien es el Director de la Dirección de Asuntos Judiciales del Ministerio de Salud. Con esta firma digital y este informe también tenemos que hablar de una nota del 12 de enero del 2022, firmada por Uriel Tizio, donde ratifica que hay grafeno: “En cuanto a la composición de la vacuna en cuestión conforme se ha declarado, el grafeno se encuentra dentro de los componentes de la misma y se sugiere acompañar rótulos y prospectos autorizados en los cuales se pueda advertir los componentes de la vacuna”. Este informe firmado por Tizio, ¿qué rol juega en todas estas notas y la justicia?

F: Uno debe tener presente lo último que informa esta ……….publica, que es posterior al 12 de enero. Pero lo que se puede advertir es una permanente confusión y parcialización de datos y falta de información. Yo seguí esperando hasta último momento los informes que se pidieron y no los contestaron, ni ANMAT ni el Ministerio. Yo intervine hasta ahí porque yo me excusé de la intervención en la causa –no fui apartado, esto lo quiero aclarar- porque recibí la presión de Fiscalía General para no hacerme cargo de ninguna investigación que tenga que ver con vacunas y con pase sanitario.

P: ¿A qué se refiere con que recibió presión de Giscalía General para no hacerse cargo?

F: El Giscal General me convocó a una entrevista, fui a hablar con él y me dijo que había escuchado un audio mío donde yo me identificaba como fiscal y llamaba a la gente a denunciar. Quiero que se entienda una cosa: yo soy fiscal, vivo haciendo denuncias y vivo diciéndole a la gente que si fueron víctimas de un hecho, denúncienlo. Trabajo y vivo de eso. Pero para el Fiscal General, esto sería una causal de sumario administrativo: por haberme identificado como fiscal y exhortado a un grupo limitado (de WhatsApp) que denunciara estos hechos (que constituyen delito)… Este audio fue escuchado en todo el país. El Fiscal General entendió que yo no podía hacer eso. Pero reitero, fue hecho en un ámbito cerrado de un grupo de WhatsApp. Acto seguido y atento a lo dicho por el Fiscal General, el Dr. Marcelo Lapargo, yo me excusé de seguir interviniendo en esta causa referente a las vacunas, que fue la originaria, y se inició en abril de 2021.

P: ¿qué se había llegado a conocer respecto de esta causa por averiguaciones de muerte? ¿A qué conclusión llegó con la poca información que recibió?

F: se hizo una autopsia de la mujer fallecida y la misma no arrojó ningún dato claro. El médico legista que la realizo dijo que “en principio la muerte sería natural” y digo en principio porque la autopsia tiene dos partes para sacar una conclusión. Una es la apertura del cadáver, examinando los órganos, a ver si hay algún signo que dé idea al médico legista sobre la causa de la muerte. Y la segunda parte es la de la Anatomía Patológica, la cual consiste en extraer muestras de órganos y enviarlos a laboratorio donde se hace un examen más exhaustivo con microscopio que es mucho más preciso. Una vez obtenido ese segundo informe con microscopia, el médico legista hace un informe final. El estudio de Anátomopatología no se llegó a hacer, entonces no tenemos en claro todavía la causa de muerte de esta persona. Pero en esa ocasión el médico legista lo que sostuvo es que la Astrazeneca fue prohibida en nueve países en Europa (para esa época) por causar trombosis. Y lo que se buscó en caso de la Astrazeneca, según el médico legista, es trombosis cerebral. En la misma se forman coágulos o micro coágulos y esto produce efectos dañinos, se tapan los vasos y produce la muerte.

P: Y ustedes lo que estaban investigando es si en el caso de esta mujer había sucedido esto.

F: Exactamente. Tal es así que el médico legista dijo que en el caso de la Astrazeneca se sitúan trombosis a nivel cerebral, motivo por el cual se envió el cerebro al gabinete de Anatomopatología para que se examine a nivel microscópico.

P: Cuando la Dra. Aprea va a aclarar a fiscalía que el vial no tiene grafeno, ¿qué dice? ¿Que fue un error de tipeo también?

F: La declaración la hizo por zoom y dijo que fue un error de tipeo.

P: ¿Y usted qué piensa de todo esto?

F: Yo no puedo opinar, yo ya estoy fuera de la causa. El motivo por el que hablo es porque quiero llevar verdad a la gente, y lo que yo puede obtener es eso: datos parcializados, escases de datos, no informaban a tiempo, tal es así que yo los apercibí de que lo hagan en 10 días, pero la falta de colaboración de estos organismos es llamativa. No se examinaron las vacunas. Lo que hacía la doctora era examinar la documentación remitida en la que figuraba que había un control de calidad sobre las muestras hechas en Corea del Sur. Pero ella no examinaba las muestras en sí.

P: Es decir que nunca se analizó ningún vial acá en Argentina.

F: No tengo conocimiento de que se haga hecho. Y cuando se preguntó a ANMAT o Ministerio ,no obtuve respuesta certera sobre qué sucedía con los análisis.  Todo era muy dificultoso, tanto para que respondieran a tiempo y en forma concreta todos los oficios que se le mandaban.

P: ¿Existe tecnología en nuestro país para analizar este tipo de vacunas?

F: Lo que sé es que se requiere tecnología de avanzada. No sé si en Argentina contamos con ésta. Nosotros recibimos muchísimos informes del exterior. Entre ellos recibí el informe “Campra”. Este informe habla de la toxicidad del grafeno y del hallazgo del mismo en diversas vacunas. Cuando se le hizo saber a ANMAT y al Ministerio de Salud, sobre el magnetismo, alertado por lo que estaba sucediendo (hubieron muchas denuncias al respecto). Cuando yo les pregunté por esto, no me respondieron nunca. Se enviaban los requerimientos y ellos dividían las partes que contestaría cada uno.

Y voy a aclararte una cosa: este tipo de causa nos interesa a todos, más allá del hecho concreto. Hay una persona fallecida. Hay cientos y miles de personas que están falleciendo tal vez por causa de la vacuna. Esto es lo que nos interesa a todos. Yo tengo hijos y nieta, y todos en algún momento podemos pasar por la exigencia del pase sanitario y nuestros hijos pueden ser candidatos a una vacuna cuyo contenido no conocemos. Por ese motivo yo me salgo del protocolo del investigador judicial y atiendo muchos llamados y doy información porque no puedo reservármela cuando tal vez se está muriendo gente y no se le da información, ni los médicos ni la autoridad sanitaria. Por eso yo y mi carrera estamos en riesgo permanente, tal es así que evalué la posibilidad de pedir una custodia, porque esta situación molesta a muchos, perjudica muchos intereses económicos, pero yo necesito llevar la verdad a la gente. Mucha gente está muriendo y posiblemente por efecto de la vacuna, y digo posiblemente porque no cuento con más datos para asegurarlo.

P: En el punto “C” dice que el grafeno es parte de los componentes de la vacuna. Luego dice que “se sugiere acompañar rótulos o prospectos autorizados en los cuales se pueda advertir los componentes de la vacuna”. ¿A qué se refiere?

F: Se refiere a que otro sector es el que puede acompañar esos prospectos y esos rótulos. Y de ahí surgen los componentes. Pero la sospecha es: ¿están informados todos los componentes que están en el prospecto? Según el informe Campra no, ya que está el grafeno que es altamente tóxico. Reitero: ¿están declarados todos los componentes en los prospectos? Ésa es mi preocupación. Yo soy directamente afectado. Yo esto lo hice saber en mi excusación: no tengo pase sanitario, no lo voy a tener nunca, no tengo intención de vacunarme, y no se me permite ingresar al banco. Yo hice una denuncia por esta circunstancia que tramitó en una fiscalía de San Martín y la causa fue desestimada. Yo también soy víctima de esta situación. Le exijo a la autoridad sanitaria que responda con certeza y en forma completa lo que se le pide y si es preciso que analicen las vacunas. Hay muchas personas en este momento que están sufriendo las consecuencias de la vacunación. Es lo que ellas dicen y cuentan. Y tengo personas cercanas en mi entorno que están sufriendo las consecuencias. Reitero: me salgo del protocolo porque necesito transmitirle la verdad a las personas. Esto me está costando dolores de cabeza, presiones, aprietes de alguna forma. Pero yo no puedo ver que la gente esté sufriendo por la falta de información y preocupados, muchos de ellos papás de nenes que van a empezar la escuela el año que viene con la posibilidad que la vacuna sea obligatoria. Y ahí están todos los funcionarios, todos los políticos en esa situación. ¿Qué vamos a hacer?

P: ¿Alguna vez le pasó que el Fiscal General lo llame por alguna investigación que esté llevando adelante?

F: Sí, lo ha hecho en otras ocasiones. No siempre tenemos la libertad que queremos para investigar. No puedo profundizar más. Pero se impone la conciencia de cada uno. Y a veces existe esa crisis de preguntarse: me exigen esto, pero mi conciencia me dice otra cosa.

P: Usted sabe que hay organismos a nivel internacional que si se quiere podría considerárselos como “los más oficiales”. La mismísima OMS no recomienda la vacunación para niños y adolescentes. Esta semana pasada el titular de la Comisión Europea de Salud dijo que tampoco recomendaban las dosis tan cercanas porque empezaban a notar un debilitamiento en el sistema inmunológico. Hoy mismo el Reino Unido anunció que empezaba a sacar todo lo que sea protocolo COVID a partir de mañana, pero también hay otros países donde comienzan a hablar científicos muy prestigiosos como Luc Montagnier donde dijeron que esta vacuna es un peligro, que es algo que puede cambiar nuestra civilización por completo y que van a ser los no vacunados los que salven a la civilización. Con todos estos titulares que dan cuenta al menos de una sospecha de que algo no funciona, ¿usted cree que la Justicia en algún momento va a empezar a destrabar estas denuncias que existen pero que parecen estar encajonadas?

F: No sé si el termino es “encajonadas”, lo que digo es que finalmente esto se va investigar. Siempre pasó esto en la historia argentina, siempre se investiga. La pregunta es, ¿qué pasa mientras tanto con nuestros chicos? Seguro que se va a investigar. Estoy convencido de que va a ser así. Estamos todos conmovidos por esto que viene pasando. Estamos shockeados, en todos los aspectos de las instituciones públicas, los poderes. Creo que en algún momento vamos a despertar y a darnos cuenta que hay que ver qué está sucediendo con nuestra gente que está enfermando.

P: El nivel de angustia en la sociedad es grande.

F: Sí, así es. Todos somos parte de esto.

P: ¿Usted seguirá al frente de la fiscalía?

F: No sé mi futuro. Pero si en algo ayudó al esclarecimiento o por lo menos a que el ANMAT y el Ministerio de Salud se den cuenta de que deben responder lo que se les pide, creo que valió la pena.

P: ¿Quedó alguna pregunta por responder?

F: Hay muchas preguntas que nos hacemos todos. El tema es quién las responde. Y yo insisto, soy un ciudadano más y sufro las consecuencias del pase sanitario y el peligro que inoculen a mis seres queridos con alguna sustancia que no se sabe qué contiene. Hay muchas preguntas, pero es cosa de los científicos, aquellos que manejan estas cuestiones mejor que nosotros. Pero yo me pregunto qué pasa con la reacción que tienen que tener los responsables y las autoridades. ¿Por qué no se ponen de acuerdo y empiezan a investigar todo esto? Me preocupa muchísimo. Temo perder familiares. Tengo gente amada que empezó a tener manifestaciones de trombosis.

P: Cuando el Fiscal General habló con usted, y usted le expuso sus argumentos, ¿sintió que algo de lo que le contaba era importante?

F: No sé qué pasa en el interior de cada persona. Yo tengo que aguardar la decisión que se tome. No sé qué va a resolver el Fiscal General. Pero sí te voy a expresar algo que también lo puse en un comunicado que voy a sacar: mi intención fue llevar la verdad, requiriendo informes a las autoridades sanitarias, y obtuve informes parciales, confusos y sin ninguna certeza. Del futuro laboral mío no sé qué se va a resolver. Me llama la atención que no se me haya preguntado cuál es mi opinión sobre esto, cuál es mi documentación que me lleva a sospechar sobre la posible presencia de tóxicos en la vacuna. No se me preguntó. Se me sugirió que no tomara más intervención en causas relacionadas a vacunas ni pase sanitario.

P: En el caso de esta mujer fallecida, ¿fueron los familiares los que sospechaban que podría ser la vacuna quienes denunciaron?

F: Lo que les llamó la atención es que era una persona sin enfermedades crónicas preexistentes. Tenía aproximada 60 años. Falleció al poco tiempo de aplicarse la vacuna, éso es la sospecha del familiar que denunció y por lo cual comencé la investigación. Mi primer compromiso es con la Verdad y con la Humanidad.

POR QUÉ NO USO BARBIJO NI ME VOY A VACUNAR

POR QUÉ NO USO BARBIJO

NI ME VOY A VACUNAR

 

Por el Lic. Juan Carlos Monedero (h)

Egresado por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino

 

                Barbijo sí, barbijo no, usá tapabocas, cuidémonos todos, ¿te vas a vacunar?, no quiero usar barbijo, me estoy ahogando con esta basura, es obligatorio, es por vos, es por todos… El mundo entero ha sido testigo de discusiones realmente inéditas a partir de marzo 2020. Antes de que la OMS declarase la pandemia, por supuesto que se discutía todo, desde la religión a la política, desde la economía al fútbol. Pero por lo general la salud era intocable, no se discutía salud de forma ideológica, los temas de salud no eran parte habitualmente de esos tipos de discusión. Existían cosas obvias que todos dábamos espontáneamente por válidas, como que caminar en un parque es sano, tomar agua, correr, nadar, dormir bien, cuidarse en las comidas, evitar el exceso en el alcohol, el tabaco, las drogas. La llegada intempestiva y sorpresiva de la “pandemia” gatilló, por el contrario, una cantidad de debates –muchos de ellos, absurdos– sobre la salud física y el orbe entero se vio agitado como nunca y por motivos que, apenas unos meses antes, hubiesen resultado absolutamente inverosímiles.

En el medio de este caos, quiero decir exactamente por qué no uso barbijo en la calle, por qué no incentivo a que los demás lo hagan (antes bien, lo desaliento siempre que puedo) y especialmente por qué mi familia, mi esposa y mis dos hijos (uno en camino) no tenemos pensado recibir ninguna inyección relacionada –supuesta o realmente– con el coronavirus. Se me perdonará el uso de la primera persona singular. Aclarado eso, cabalguemos.

No uso barbijo porque Ginés González García dijo que el barbijo “tiene un efecto de disciplina social: uno lo cumple y ve cuando los demás no lo hacen”, lo que me lleva a pensar, por tanto, que los motivos tienen que ver con la Dominación Psicológica y no con el cuidado de la salud de los ciudadanos. No uso barbijo porque el mismo Pedro Cahn, de los predilectos de este gobierno kirchnerista, dijo ya al principio del 2020 que usar el barbijo tanto tiempo era “contraproducente” y que después de unas dos horas “ya no servía para nada”. No uso el barbijo porque la emergencia sanitaria (la llamada pandemia) no ha sido demostrada. No lo uso porque el COVID ha sido sobrediagnosticado: a través de la resolución 326/2020, el Estado Argentino les paga extra a los hospitales si califican un malestar o síntoma como “efecto del covid” y no como consecuencia de otra afección respiratoria. No uso el barbijo porque sé que la gripe, la neumonía, la pulmonía y demás están siendo etiquetadas como covid, y que esta maniobra incrementa ficticiamente el número de casos. No uso barbijo porque es evidente que, si inflan las estadísticas, entonces el virus está mucho menos difundido de lo que se dice. Nadie miente por nada, el que miente lo hace para producir un efecto. ¿Cuál es el efecto de magnificar el covid? Sencillamente, introducir el terror en la gente.

No uso barbijo porque me doy cuenta que inflan el covid para meter miedo en la población, y meten miedo en la población para que la misma población consienta que el Estado avance sobre nuestras legítimas libertades bajo excusas sanitarias.

No uso barbijo porque los test PCR, en base a los cuales se determina la magnitud del covid, no son específicos dado que rastrillan toda afección respiratoria, sea o no covid.

No uso barbijo porque advierto que han “fabricado” una emergencia extraordinaria para permitirse medidas extraordinarias, y es claro como el agua que se empieza por “Todos usemos barbijo” y se termina por “Todos usemos el chip”, lo que ya se está debatiendo en la Argentina.

Por todo esto no uso barbijo. Porque usar barbijo es decirles a ellos “Les creo”. Y yo no les creo nada. Mi incredulidad no tiene que ver con el voluntarismo sino con que ellos mismos me han probado hasta el hartazgo una verdad simple, pura y dura, rotunda: ellos tampoco creen. Nuestro Presidente de la Nación violentó sistemáticamente todas las normas pseudo sanitarias que impuso coactivamente a través de la policía (tema aparte es la cooperación formal de los integrantes de la policía con esta locura), de la Gendarmería (ídem) y de las FF.AA. (ídem). Los policías van por la calle sin barbijo. La gente sale de un comercio y se lo saca. Cristina Kirchner misma no usaba el barbijo. La famosa foto de Alberto con Fabiola: ninguno con barbijo. Nos dijeron que usar barbijo y respetar las normas sanitarias era cuestión de vida o muerte, pero ellos siguen vivos.

No uso barbijo porque su uso NO TIENE SENTIDO: al mismo gobierno y gobiernos (de los otros países) a los que les viene importando un bledo mi salud no les va a importar espontáneamente mi salud. No uso barbijo porque –si se me permite la metáfora– no creo que el Lobo se convierta de repente en Caperucita, por eso no acepto racionalmente (no es una cuestión de fe) que los mandatarios políticos –que han demostrado infinidad de veces su desprecio olímpico por la gente común– sean, ellos, desde marzo 2020, los firmes ejecutores de un plan sanitario para salvar a la población. La población no les importó nunca y tampoco les importa ahora. Por eso es que el sentido común me dice, hace rato, que esto es una cuestión POLÍTICA y no sanitaria.

No uso barbijo porque me ahogo, no me quiero tragar mi propio Dióxido de Carbono. No me digan que los cirujanos lo usan igual porque comparar el uso prolongado de horas y horas con el uso durante un rato es una tontería, y no resiste el menor análisis.

No uso barbijo porque la mascarilla visibiliza de forma inequívoca mi adhesión al discurso dominante en los medios de comunicación.

No uso barbijo porque el tapabocas oculta expresiones faciales que hacen a la comunicación humana, y creo que su uso prologando (sobre todo en los niños, que recién están aprendiendo la gestualidad) conspira contra el aprendizaje de esta misma gestualidad. No me pongo tapabocas porque no soy un esclavo y porque, en el peor de los casos, si por la fuerza fuese obligado a ser esclavo, aspiraría a ser libre.

No uso barbijo porque me doy cuenta que su uso se impone a caballo de “lo sanitariamente correcto”, así como también advierto que muchos lo usan justamente en función del qué dirán. Para muchos, el uso del barbijo es una forma de buscar aceptación, de demostrar que “se es buen ciudadano”, dócil a los mandatos irracionales, y todo eso conspira contra la soberanía intelectual y emocional. Por eso no uso barbijo.

Los motivos por los cuales no iré a inyectarme son, en parte, semejantes. No se ha demostrado una emergencia sanitaria. Pero se ha demostrado infinitas contradicciones en quienes proclaman esa supuesta emergencia, OMS para abajo. Las estadísticas son falsas, cualquiera afección respiratoria se presume covid, y es obvio que la sobreestimación del virus genera la falsa necesidad de una vacuna. Típico procedimiento del marketing: crear una falsa necesidad y luego ofrecer una solución innecesaria. Sin embargo, aún cuando tomemos por válidas las estadísticas oficiales, los números no cierran: el grueso de los que mueren por covid o con covid o después del covid tienen más de 70 años, co-morbilidades, etc. Yo tengo 36. Que este dato tan palmario –que me exime de mayor demostración– sea completamente ignorado por tanta gente es realmente sintomático (perdón por la palabra). En definitiva, el asunto de la vacuna contra el COVID se podría eventualmente y con mucha buena voluntad empezar a hablar recién para esa franja etaria, y –todavía– habría que ignorar que existen tratamientos alternativos menos invasivos, amén de la Inmunidad del Rebaño.

No me voy a vacunar porque las contradicciones del discurso oficial sobre la supuesta inmunidad que producen las inyecciones son incontables: primero dijeron que los vacunados no contagian, ahora sabemos que contagian. Después dijeron que los vacunados no tenían un cuadro grave, ahora sabemos que sí pueden sufrir un cuadro grave. Dijeron que los vacunados no tendrían que ir al hospital, y ahora vemos los hospitales llenos de vacunados. Dijeron que con 2 dosis estábamos completamente inmunizados, y nos enteramos ahora que los que tienen 2 dosis pueden enfermarse y hasta morir.

No me voy a inyectar la vacuna porque, ante todo, no es propiamente una “vacuna” sino una terapia experimental, cosa que fue reconocida hace pocos días por el Hospital Alemán. Parece que corrió la voz, las autoridades del Hospital se atemorizaron y dieron marcha atrás, retirando esa verdad que a la pasada decían. Pero mucha gente llegó a leer que el propio Hospital calificó a “la vacuna contra el covid” como un experimento.

No me voy a poner la pseudo vacuna porque no soy un objeto, no soy una cosa que se puede tirar, no soy descartable, ni yo ni mi esposa ni mis hijos, y voy a trabajar muy duro todo lo que pueda para que estas razones lleguen a todos.

No me voy a vacunar, si me permiten la palabra, porque las investigaciones en torno a las anteriores vacunas han supuesto históricamente no menos de 8, 10, 15 o incluso 20 años para su producción. Las “vacunas contra el COVID” se hicieron en meses.

No me voy a vacunar porque el propio Bill Gates reconoció en el 2015 que las “nuevas vacunas” van a incidir en el decrecimiento poblacional, y esto sólo puede significar que estas inyecciones o bien producen la muerte o bien la esterilidad, la infecundidad o incluso la impotencia sexual.

No me voy a vacunar porque hay muchos testimonios (nacionales e internacionales) de cómo los vacunados experimentan todo tipo de dolores e incluso la muerte, y porque la hipótesis de que “las vacunas contra el covid” sean la causa de estos males no ha sido despejada por nadie. Ya existe normativa (en la Argentina, por ejemplo) que reconoce que puede haber nexo causal entre las vacunas y la muerte de una persona, y que incluso indemniza a la familia si se prueba aquel nexo.

No me voy a vacunar porque se ha prohibido en el mundo científico un debate abierto, honesto y franco sobre la necesidad y eficacia de las vacunas: a los profesionales que hacen demasiadas preguntas no los dejan debatir, restringen las discusiones al respecto, tanto en la esfera académica como en la mediática: se impone el relato de los medios de comunicación sin revisión por pares, sin debate científico a fondo.

No me voy a vacunar porque me doy cuenta que el objetivo de los políticos que llevan adelante las campañas de vacunación no es que la población viva mejor sino que la población obedezca sus órdenes y actúe en base a la hostilidad y el miedo: imponen la vacunación a sangre y fuego, presionando a la gente en su trabajo, amenazándolos con despedirlos, y luego cubriéndose las espaldas respecto a posibles demandas judiciales diciendo que la vacuna “no es obligatoria”. Este perverso zig-zag es la nota distintiva de las mentes brillantes y enfermas: sé reconocer los efectos de una inteligencia poderosa, y aquí evidentemente por un lado se acosa a la población mientras que por otro se mantiene la formalidad de que “no se obliga a nadie” porque la campaña de vacunación “es optativa”. Este doble estándar tan repudiable nos habla del psicópata que está del otro lado, craneando 24 horas al día cómo instrumentar y diagramar (hasta en sus detalles más específicos) nuestra esclavitud.

Con todos estos datos probados, creo que no necesito más razones. Cuando tuve todas las piezas del puzzle, brotó como un rayo la conclusión: lo único decente en estos tiempos es militar la Vieja Normalidad, porque no se puede respirar en un mundo lleno de mentiras.

“Neodarwinismo y Evolucionismo Cristiano. Fisuras e incongruencias”. Reseña del libro de Juan Carlos Monedero – Por el Dr. Carlos Andrés Gómez Rodas

Neodarwinismo y Evolucionismo Cristiano. Fisuras e incongruencias”.

Reseña al nuevo libro de Juan Carlos Monedero

Por el Dr. Carlos Andrés Gómez Rodas

 

Tras una larga espera, fue publicado por Ediciones Del Alcázar el libro titulado Neodarwinismo y Evolucionismo Cristiano. Fisuras e incongruencias (Ediciones Del Alcázar, 2021), que recoge la tesis de licenciatura en Filosofía de Juan Carlos Monedero tras varios años de investigación y está prologado por Juan Manuel Torres, Doctor en Filosofía y Profesor en la Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza, Argentina).

Este tema se debatió públicamente entre el Lic. Juan Carlos Monedero y el Dr. Oscar Beltrán en septiembre de2019, en el Aula Magna de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (U.N.S.T.A.), que es la casa de estudios donde se recibió el autor. Si bien el secretario académico de la institución, José María Tejedor, católico y evolucionista, se negó a entregar la grabación del debate durante dos años (tal como lo sostiene públicamente el autor del libro[1]), el debate fue rescatado por un anónimo y se encuentra presente en el canal de Youtube de Monedero[2].

El libro relata cómo, en la inmensa mayoría de los casos, la teoría se presenta como absolutamente corroborada.Es un dogma de fe, no se puede discutir y quien la cuestione es tenido por un cavernícola o, peor aún, condenado al silencio, como si no valiese la pena refutar sus argumentos. En cuanto al bienestar de la teoría, a lo sumo se reconoce a regañadientes que no hay consenso en torno a los mecanismos de la supuesta evolución, pero, rápidamente, se añade que, para el establishment científico, la evolución “es un hecho comprobado” y del cual sólo faltaría “explicar algunos detalles”.

El autor exhibe gran cantidad de elementos que ponen de manifiesto cómo plantear críticas racionales a la teoría evolutiva pone en riesgo la carrera académica, las posibilidades de ascenso laboral y la fama pública de los investigadores, de suerte que el tan mentado “consenso” en torno a la evolución sería el resultado de una silenciosa presión psicológica y moral, mas no el resultado de la fuerza de la evidencia. Ben Stein, el periodista judío estadounidense, documentó esta suerte de “Gulag Cientificista” en su famoso video Expelled: no inteligence allowed[3].

Juan Carlos Monedero explica que la férrea defensa de la teoría evolutiva como único marco posible contrasta llamativamente con una idea propia del paradigma científico actual, según la cual las explicaciones científicas siempre son provisorias, y esto porque el conocimiento científico está sujeto a permanente revisión. Esta postura, que ganó terreno a partir de la famosa obra de Tomas Kuhn a mediados del siglo XX, es hoy dominante y, sin embargo, coexiste inexplicablemente con una enfática afirmación del evolucionismo por parte de ateos militantes tales como Richard Dawkins, Daniel Dennet, entre otros.

Desde la mitad del siglo XIX hasta la actualidad, sin intervalos, la teoría de la evolución es presentada como arma de secularización, de forma tal que sus consecuencias provocan, o bien el ateísmo, o bien el deísmo. Monedero lo documenta de manera fehaciente y no hay mucho lugar a dudas después de leer al insigne evolucionista Jacques Monod o, incluso, al biólogo evolucionista Richard Lewontin, en una cita demoledora que el autor de Neodarwinismo y Evolucionismo Cristiano. Fisuras e incongruencias ha sabido recopilar. A la par de esto, el autor también toma nota de una tendencia que parece ganar adeptos en otros espacios del campo científico: sostener verbalmente la teoría de la evolución sin que, al mismo tiempo, se realicen declaraciones filosóficas o religiosas. El libro analiza esta corriente.

Para llevar a cabo este trabajo, Juan Carlos se ha basado fundamentalmente en los trabajos de Raúl Leguizamón (QEPD), el pre-citado Doctor Juan Manuel Torres, el sacerdote y físico Carlos Baliña, el intelectual Horacio Boló y, ya fuera de la Argentina, en el brillante y delicioso trabajo de Phillip E. Johnson, Michael Behe, William Demsbki, Giusseppe Sermonti, Roberto Fondi, así como también en científicos que –aunque adhieren a alguna forma de la evolución– cuestionan la idea de un origen gradual de los seres vivos. En este grupoel autor ha recopilado citas de Richard Goldschmidt, Stephen Jay Gould, Niles Eldredge, Máximo Sandín, entre otros.

Pero el sector en donde el autor ha puesto verdaderamente la lupa es el de las autoridades eclesiásticas e intelectuales cristianos evolucionistas, católicos y no católicos. Desde Pío XII hasta el Papa Francisco, pasando por Juan Pablo II y Benedicto XVI, e incluyendo a Mariano Artigas, Miguel de Asúa, el padre Guillermo Jorge Cambiasso, el padre Santiago Collado González, Nicolás Jouve de la Barreda, y el propio Oscar Beltrán –que fue docente de Monedero en la UNSTA–, todos están comentados y sus argumentos reciben una fuerte réplica que no participa del estilo muchas veces sinuoso que caracteriza al mundo académico. También están abundantemente citados los aportes de Daniel Iglesias Grézes, intelectual uruguayo y bloggero de InfoCatólica, quien –a pesar de sostener la compatibilidad entre evolución no darwinista y fe cristiana– ha escrito distintos artículos que Juan Carlos Monedero supo consultar para escribir su investigación, tal como lo documenta al final del mismo.

La tesis final de la Licenciatura de Monedero es original: no afirma la falsedad del Evolucionismo Cristiano y mucho menos la verdad del mismo. Para el autor del libro, el planteo de compatibilidad entre evolución y creación (o teísmo) está atravesado por numerosas dificultades y debe ser descartado “por falta de mérito”, para usar un lenguaje judicial. En ese sentido, Collin Patterson –citado por Monedero– afirma que el evolucionismo es una suerte de “anti conocimiento”, una “anti teoría” porque sus afirmaciones constituyen “un vacío” que, aunque tienen la función de conocimiento, en realidad no comunican ninguno. Por eso Patterson ha preguntado en público a sus colegas evolucionistas qué saben realmente de la Evolución, y la respuesta fue el silencio.

No se puede abordar este libro sin alguna noción básica de Epistemología y Lógica, e incluso de Retórica y Persuasión. En efecto, Monedero explica cómo, cada vez que la teoría está a punto de colisionar con la evidencia, es reformulada para evitar su refutación. A pesar de esta resignificación, la teoría se sigue presentando con la misma supuesta “certeza absoluta” de siempre, y el autor muestra cómo esto ocurrió una y otra vez. En esta línea argumentativa, el autor incorpora los aportes epistemológicos de Popper, Lakatos y Kuhn.

Hagamos una breve enumeración de los argumentos contrarios a la teoría neodarwinista: ausencia de eslabones intermedios, estasis, apariciones, desapariciones repentinas, “complejidad irreductible”, violación del principio de la uniformidad de la naturaleza, sesgo de confirmación, falacia de petición de principio, argumento circular, etc. Esto lleva al Lic. Monedero a concluir que el motor de la teoría evolutiva es ideológico:“no se trata de ver que ocurrió sino de querer que haya ocurrido”.

[1]Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=t5sf0z29JsY

[2]Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=7BBtxlCRgTg

[3] Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=V5EPymcWp-g

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