Familia y Cultura frente a la manipulación del lenguaje

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Manipulación de los MMCC – ¿Cómo prevenirla?

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Segundo debate presidencial: estocadas, sangre y sudor

Segundo debate presidencial:

estocadas, sangre y sudor

 

Juan Carlos Monedero (h)                                                               Tomás González Pondal

Licenciado en Filosofía y escritor                                                     Abogado y escritor

 

TOMÁS: Grave error sería dejarse arrastrar por la oratoria a la hora de hacer un análisis profundo sobre la política. En este último campo, aquello que afirma el aforismo “del dicho al hecho hay un gran trecho”, cobra mucha relevancia. Palabras bonitas y bien pronunciadas pueden estrellarse contra la realidad de los hechos. Aunque también hay muchas palabras que de por sí ya son hechos.

JUAN CARLOS:

  • El debate está diseñado, está pensado para que los temas no se profundicen. Ese es el formato.
  • Es llamativo cómo los candidatos apelan al concepto de “verdad” una y otra vez, dicen repudiar la mentira mientras casi todos coexisten y fomentan el más craso relativismo.
  • A diferencia del debate de la semana pasada, se trató de un debate más complejo, por la proliferación de temas de discusión muy centrados en lo político-económico.
  • No podemos olvidar que –desde el punto de vista cultural– Macri es lo mismo que Alberto pero menos burdo. Ambos favorecen y han favorecido las prácticas abortistas, la ideología de género, ambos son anti patria.
  • ¿Se dará cuenta el precioso tiempo que pierde Nicolás Del Caño al pronunciar “trabajadores y trabajadoras”?

 

Nicolás Del Caño

 

JCM:

  • Sólo puede ser oposición; le habló en todo momento al electorado de la ultraizquierda.
  • Dio buenos golpes a Mauricio Macri, con datos preciso.
  • En todo momento, señaló al Presidente y a Alberto Fernández como oponentes políticos, unidos por intereses en común: por ejemplo, denunció el pacto secreto entre Chevron y el Estado, firmado durante el kirchnerismo y sostenido por el macrismo.
  • Con marcada necedad, sigue diciendo que la muerte de Maldonado fue responsabilidad de Gendarmería a pesar de que 50 peritos determinaron que se ahogó.
  • Sobre la inseguridad, planteó que se formara una Comisión “Independiente”, integrada por víctimas de la represión policial. O sea: quien tiene un familiar muerto por la policía estaría encargado de juzgar… policías. ¡Muy objetivo!
  • No tiene ninguna respuesta al tema de la inseguridad y no ve –o no quiere ver– el problema de que los delincuentes se sienten alentados a delinquir por culpa de un estado que se retira;
  • No tiene una visión global para los demás temas macro económico-políticos. Está apresado en un esquema ideológico estrecho y sesgado. No plantea soluciones para todas las partes involucradas, sólo propone conflictos.
  • En varias ocasiones cuestionó el acuerdo entre el Estado y el FMI, cuando precisamente la legalización del aborto es uno de los objetivos más importantes para el Fondo Monetario.

 

TGP: Del Caño, impresentable como siempre, siguió al dedillo el manual del marxista elemental. Festejó lo que denominó “rebelión popular” de Chile, siendo raro que no haya solicitado esta vez minutos de silencio. Pidió la legalización de la marihuana. Menos mal que no hay un tercer debate, si no capaz que proponía la entrega gratuita de Poxiran en quiscos y ferreterías. Reclamó “cupos para personas trans”. Y fue notable que cuestionara el eufemismo de llamar “incompatibilidad de intereses” al enriquecimiento del ex ministro Aranguren, mientras no tiene problema en llamar “interrupción voluntaria del embarazo” al acto sanguinario del aborto.

 

Mauricio Macri

TGP: Mauricio Macri se presentó esta vez con mayor lucidez, enrostrando a Alberto Fernández los engaños emanados de la era “K”. Tocante al narcotráfico señaló que en el referido período estaban “descuidadas las fronteras”, lo que es verdad. Sus primeras palabras fueron: “siempre he sido coherente con lo que pienso”. No es cierto. Sus declaraciones públicas en Tucumán –refiriéndose a su compromiso en defensa de la vida de los no nacidos– cayeron luego en saco roto, dando apertura, por iniciativa propia, a un disparatado e inhumano debate.

 

JCM:

  • Desde el punto de vista de las formas, muy sólido. Especialmente en el tema de la co-participación y el federalismo.
  • Fue mucho más duro que en el primer debate, y desde el principio, con Alberto Fernández, Cristina y el kirchnerismo.
  • Empezó muy enérgico contra Alberto Fernández, y esa primera victoria le dio tranquilidad el resto del debate.
  • El momento más vulnerable fue cuando habló del empleo, así como también cuando Alberto Fernández le enrostró el hambre y la pobreza.
  • Muy bien armado –como contraataque a las acusaciones de una política criminal excesiva– el concepto de que “el gatillo fácil el kirchnerismo se lo dio a los delincuentes”.

 

Alberto Fernández

  • Empezó con el pié izquierdo: en el primer bloque recibió golpes muy duros de Espert, de Gómez Centurión y de Macri.
  • En cuanto al tema de la seguridad, sostuvo que la causa de la misma era “la desigualdad”; intentó compensar esta intranquilizante afirmación con otra, en el segundo minuto, según la cual “al que delinque hay que castigarlo”.
  • Tambaleó y dio respuestas vulnerables en cuanto al tema de la corrupción.
  • Abusó de algunos giros verbales como “seamos serios”, “hablemos de verdad”.
  • Se movió bien, al igual que en el primer debate, respecto de los datos numéricos negativos del gobierno de Macri. Sus mejores momentos fueron, sin dudas, cuando atacó. En una ocasión, martilló sus acusaciones a Macri con la fórmula “Quisiéramos saber…” logrando un buen efecto discursivo.
  • En todo momento manifestó su franca y directa oposición al Presidente.
  • Fue interpelado directamente por Espert y respondió correctamente.
  • También fue interpelado por Macri, y se vio obligado a responder.

 

TGP: Alberto Fernández hizo gala de su demagogia, su petulancia y soberbia. Dirigiéndose a Espert, aseguro que puede “darle clases de decencia”. ¿Hace falta que demos prueba de esa “decencia” de Alberto? Seguramente el lector tendrá a mano unos cuantos ejemplos, yo solo recordaré cuando Alberto sostuvo –ante el periodista Nelson Castro– que Cristina Kirchner ‘hizo dictar dos leyes para protegerse penalmente de dos delitos cometidos’, uno de ellos ‘el encubrimiento a Boudou, estatizando Ciccone’, y el segundo ‘el encubrimiento al haber hecho aprobar por ley el tratado con Irán, que es definitivamente un acto de encubrimiento’[1]. El periodista le preguntó de inmediato si de eso ‘no tiene dudas’, y Alberto Fernandez afirmó: ‘absolutamente’. La “decencia” de este candidato a presidente habilita para tener ahora de vicepresidente a una mujer a quien –por propia boca– se le atribuyen dos delitos.

También Alberto Fernández resaltó que allí, en el debate, él era el “único abogado”, y lanzó una crítica sobre quienes hablaron de penas más fuertes (“es fácil hablar de penas más fuertes”). Qué pena que era el único abogado, pues hubiera sido interesante que hubiera al menos uno más, para recordarle lo que él oculta como letrado: la ‘Convención sobre los Derechos del Niño’, en su artículo segundo (y con la reserva hecha por la Argentina), sostiene que: niño es todo ser humano desde la concepción. Hubiera sido interesante la presencia de un señor abogado que le recuerde el principio básico del derecho (y de la ética) que prohíbe darle muerte al inocente. Hubiera sido asaz interesante que un abogado le dijera que castigar con la muerte a una criatura humana indefensa es algo muy fuerte, tan fuerte que es monstruoso.

Quiso Fernández dar clases sobre federalismo, y en tal marco anheló “que el que nace pueda crecer”. Alberto defiende un extraño federalismo: que haya algunos que no nazcan a los fines de que no puedan sencillamente vivir. Y como si le hablase a los adoquines y no a ciudadanos, manifestó que se debe “terminar con los empresarios que corrompen”. Entendámoslo… Entre otros casos, ¿estaba refiriéndose a Hebe de Bonafini y Sueños Compartidos?

 

José Luis Espert

JCM:

  • Se le animó directamente a Alberto Fernández en varias ocasiones, como por ejemplo en el tema de la corrupción.
  • Señaló directamente a Grabois como emblema de los piqueteros y al ex juez Zaffaroni como símbolo del garantismo.
  • Fue durísimo con los piqueteros.

TGP: José Luis Espert reivindicó la potestad punitiva del Estado, punto positivo. Apuntó al jurista y ex miembro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Raúl Eugenio Zaffaroni (recontra “K”), al atacar a su ideología garantoabolicionista, la que, básicamente, pretende tornar irrisorias las penalidades impuestas por el Estado, y hasta pretende en su instancia más radical que la imposición misma de penas sería un mal. Sobre tal tema ha escrito mucho el jurista argentino Héctor Hernández, a quien se le debe la autoría de voluminosos libros donde se refuta profunda y claramente principalmente los engaños zafforonianos. Sugiero a los estudiosos del Derecho adquirir tales obras y estudiarlas.

En el ‘Debate Presidencial’, el candidato José Luis Espert también atribuyó a los últimos gobiernos haber “normalizado la anormalidad”. Desgraciadamente, él mismo contribuyó a este estado cuando sostuvo que ‘es de hombre de bien en algunos casos permitir el aborto’. Lo cierto es que la expresión dice muchísimo sobre los tiempos que nos tocan vivir, tiempos en donde poner las cosas patas para arriba resulta ser ahora lo normal.

 

Juan José Gómez Centurión

JCM:

  • Mejoró por momentos el manejo del tiempo de sus intervenciones.
  • Fue demoledor respecto del narcotráfico, con frases tales como “Hay que terminar con el negocio perverso del narcotráfico”; “Esta guerra hay que ganarla caiga quien caiga”
  • Tuvo frases más redondas que en el primer debate: cuestionó a Alberto en base a los 8 procesamientos de Cristina, y señaló que Pichetto –candidato a Vicepresidente de Juntos por el Cambio– fue quien mantuvo dos años los fueros de Cristina.
  • Aún tiene que mejorar la dicción.
  • Denunció con toda claridad la contaminación del Riachuelo, y en esa denuncia involucró no sólo a la dirigencia de Alberto Fernández sino también a la de Mauricio Macri.

 

TGP: A Gómez Centurión se lo ve honesto, y con políticas que propenden realmente al bien común de la nación. Aunque los tiempos del llamado debate son escasos, presentó un pantallazo general de las cosas que deberían cambiarse, a la vez que ha dado soluciones concretas para enfrentar esos males. De los candidatos que estaban en debate y que se atrevieron a decir ayer “feliz día de la madre”, Centurión ha sido el único cuyo saludo quedó circunscripto en la honradez y la sinceridad. Pues los demás que saludaron, al ser abortistas, en verdad no desean a las madres dicha verdadera: permitir que se mate a un hijo no es llevar felicidad sino una superlativa desgracia.

 

Roberto Lavagna

JCM:

  • Estilo no confrontativo.
  • Por momentos, mejoró bastante y algunas de sus intervenciones estuvieron dotadas de mayor fuerza argumentativa.
  • Habló del “debido reconocimiento social a las fuerzas de seguridad” cuando actúan dentro de la ley.
  • Realizó por lo menos dos guiños al tema de género y mencionó concretamente la Agenda 2030, establecida por la ONU. Esta agenda para “el desarrollo sostenible” es una nueva estrategia del Gobierno Mundial para promocionar prácticas antihumanas.

 

TGP: Roberto Lavagna siguió girando en temáticas económicas expuestas con demasiados rodeos, pero –a diferencia del primer debate– aludió esta vez a “delitos de género” y “problemas de género” sin ahondar en ello. Parece que sigue las huellas de la ideología de igual terminación.

 

Estocadas, retruécanos y giros

  • Alberto Fernández: durante una semana muchos hablaron de “mi índice” y no de otros índices, “desocupación, pobreza, inflación”.
  • Juan José Gómez Centurión: no quieren bajar el gasto (público) porque ellos son el gasto.
  • Juan José Gómez Centurión: las organizaciones piqueteras con apoyo estatal son grupos de choques, vuelven la vida imposible del ciudadano que estudia… ¿esto es desarrollo social o es intercambiar extorsión por gobernabilidad?
  • Espert: es un sistema, yo voy a desenmascarar este sistema.
  • Lavagna: una mano justa, una mano firme y en casos extremos, incluso, el puño cerrado para defender a los nuestros.
  • Espert: Hay que desterrar el concepto de garantismo.
  • Juan José Gómez Centurión: Es una vergüenza que los sucesivos gobiernos naturalicen el corte de puentes, de rutas y de calles.
  • Del Caño: nuestras vidas y nuestro planeta valen mucho más que sus ganancias.
  • Espert (dirigiéndose a Macri y a Fernández): “muchachos, abrásense, tan diferentes no son”.

[1] Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=U_V_27Q_v9U

Guerra cultural provida en Suncho Corral (conferencia CIDEPROF) – PARTE 1

Fragmento de la conferencia titulada “Lenguaje, Ideología y Poder”, organizada por CIDEPROF el 24.08.2019 en Suncho Corral, Santiago del Estero.

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La sanción social: cómo los ideólogos moldean a las masas

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Durísima confesión en “Intratables”: el establishment progresista domina el 95% de la audiencia nacional

Durísima confesión en “Intratables”:

el establishment progresista domina

el 95% de la audiencia nacional

 

            Hace muy poco, desde la cuenta de Revolución Popular 2, YouTube alumbró un video titulado “Ceferino Reato destrozó a Clarín y se trenzó duro con Vilouta”[1], donde se exhiben algunos minutos de la discusión entre dos panelistas de Intratables: Ceferino Reato y Pablo Vilouta.

            Mientras discutían temas vinculados al periodismo y la política, Reato sostuvo que Marcelo Longobardi era un periodista “militante” –y no un periodista independiente, se entiende– porque nunca realizaba una crítica al Presidente Macri ni al macrismo en su programa de radio y sólo decía de los kirchneristas cosas negativas. Reato llegó incluso a espetarle a sus compañeros, además, su incapacidad para criticar a “ningún periodista importante” a causa del “miedo” como también de las posibles complicaciones laborales que les podría suponer esa crítica.

           Griterío, bullicio, pase de facturas mutuas, etc.

           La discusión en el video está abreviada (no tiene más de 5 minutos, editados) pero se puede escuchar con toda claridad cómo Vilouta –a fin de equilibrar lo dicho sobre Longobardi– enumera una cantidad de medios “ultrakirchneristas”: Página/12, Ámbito Financiero, Crónica, Bae (sic), Tiempo Argentino, Minuto Uno, Caras y Caretas, C5N, Radio del Plata, AM 750. A esto responde Reato hábilmente: “Son el 20% de la audiencia”. Para luego agregar que el grupo Clarín y La Nación tienen “el 75% de la audiencia nacional”.

           No sabemos, ni importa ahora, cómo siguió el resto del programa. Pero mastiquemos un poco estos datos: en términos generales, el 75% de la audiencia nacional escucha una campana antikirchnerista y el 20% restante de esta misma audiencia una campana antimacrista. Por lo tanto, el 95% de la audiencia en la Argentina está influenciada, irreductiblemente, por periodistas que discuten encarnizadamente por el partido político X o Z al calor de un mismo y nefasto horizonte cultural: el progresismo, el liberalismo de izquierda, la ideología de género, la cultura de la muerte, la Revolución Mundial Anticristiana. Llámelo como quiera, estimado lector, pero usted me entiende. La única diferencia apreciable sería el tono menos belicoso de algunos periodistas de La Nación, medio que igualmente no logra disimular su simpatía por las aberraciones modernas (cosa que se aprecia tanto en el espacio que les brinda como en la benévola cobertura que les suele dar). En definitiva, el diario de Mitre seduce con la sensación de que “al menos ahí” es posible disentir respecto de las ideas en boga. Pero en el fondo, lo que los asusta de la revolución cultural es su brusquedad.

            Noventa y cinco por ciento: número que no fue cuestionado por ningún periodista de todo el panel, y revelado en uno de los programas de mayor rating del país.

            La cultura y el pensamiento están, por tanto, secuestrados por un nutrido ejército de sofistas. Poco importa si son sofistas M o K. Lo decisivo es su adhesión –salvo honrosas y limitadísimas excepciones– al sistemático programa gramsciano de sabotear el sentido común. ¿Cómo? Mediante la promoción indiscriminada del aborto, la anticoncepción, el consumo de drogas, el homosexualismo, la eutanasia y, ahora también, la pedofilia y el veganismo.

            Cualquier análisis de cómo se viene induciendo a la opinión pública a aceptar estas prácticas no puede descuidar estos datos objetivos e incontrovertibles. Ya es evidente que no tienen más razón sino sólo más poder: la aparente uniformidad de tantas cabezas progresistas es, simplemente, el resultado de la presión psicológica que se ejerce sobre oyentes y televidentes; ese “todos piensan así”, tan repetido, no es más que el resultado de debates tendenciosos y livianos, donde todo está preparado para que la ideología y la confusión prevalezcan; no hay casi descripción de hechos sino que –básicamente– el espectador está ante un teatro. Lo estamos viendo, por ejemplo, en el tratamiento mediático de los gauchos que, a rebencazo limpio, hicieron correr a quienes pretendieron boicotear su acto: la gente común, sencilla, espontáneamente aplaude esta acción gauchesca mientras la KGB progresista llora, se rasga las vestiduras y aprovecha para bajar línea.

             La homogeneidad en cierta clase intelectual, periodística y cultural no es, de ninguna manera, el fruto de un convencimiento auténtico. Antes bien, es la condición para el éxito, la fama y la notoriedad pública: un gigante con pies de barro, que se desmoronaría ante el interrogatorio riguroso de los auténticos guerreros de la palabra.

            Esta íntima convicción de la extrema debilidad intelectual del establishment nos debe dar fuerzas para seguir sosteniendo, en este mundo tan enfermo, que 2 + 2 siguen siendo 4. Ser cristiano hoy en día es creer que, a pesar de todo esto, la Verdad terminará por triunfar ante el poder de la Mentira. Dios y la Virgen nos asistan.

 

[1] Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=jJlPYzEBuR8

 

***

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Lavado de cerebro en IPC (Introducción al Pensamiento Científico, U.B.A.)

Lavado de cerebro en IPC (Introducción al Pensamiento Científico, U.B.A.)

 

IPC es la sigla de “Introducción al Pensamiento Científico”, parte del Ciclo Básico Común (CBC), extendido a todas las carreras ofrecidas por la Universidad de Buenos Aires, en el marco del programa UBA XXI.

No es ninguna novedad que la UBA está en manos non sanctas, pero en esta ocasión –y gracias a que un alumno despierto y sagaz, que está soportando estos contenidos, se tomó la molestia e invirtió su tiempo– podemos detallar con precisión cómo –en el espacio titulado IPC y bajo la responsabilidad de las autoridades de la Universidad de Buenos Aires– se va deformando la mente de los jóvenes que se acercan a esta alta casa de Estudios. Así pueden matar sin dejar rastros, porque siempre pueden invocar que se trata de meros ejemplos didácticos.

Los manuales están bien pensados, la mayoría de las cosas no son malas: “La práctica argumentativa es un elemento central de la práctica científica” dice el archivo 2 de IPC. Estamos de acuerdo. Y más abajo, escribe con toda razón: “Ser crítico respecto de los otros –pero también de nosotros mismos– nos puede conducir a revisar nuestras creencias: es altamente factible que nos encontremos con que nuestra posición es insostenible a la luz de nueva información o de mejores razones”. Ahora bien, ¿serán capaces los autores de revisarse a sí mismos o pretenderán dejar la gloria de esta hermosa tarea sólo a los demás? Ya lo veremos. Mientras tanto, estimado lector, le comento que la refutación a los errores, distorsiones e imprecisiones que se irán comentando están ubicadas al final de este artículo. Primero veremos cómo se meten en la mente de los chicos.

Página 5 del módulo 3:

 

La UBA pretende ilustrarnos sobre la historia y así, como si nada, se desliza que los cristianos mataron brutalmente a una mujer a causa de que ella enseñaba ciencia y filosofía pagana. La ecuación cierra perfectamente: los cristianos odian la ciencia, odian la razón, odian el conocimiento y la filosofía… y encima, ¡son “femicidas”!

En la página 6 del mismo módulo, se desliza otro ejemplo completamente inocente:

El módulo 4 contiene algunas sorpresas sobre el tema del aborto. Página 3:

Al final del artículo, como dijimos arriba, explicamos por qué esto es incorrecto. Pero nótese, como nos advirtió el alumno que destapó esta manipulación, como meten siempre el tema del aborto para ejemplificar de modo de que estas expresiones se vayan naturalizando, volviéndose comunes, habituales, acostumbradas. Lo que no pudieron lograr en el Congreso y en los medios de comunicación lo quieren hacer en la cabeza de los chicos. Como si fuera poco, en la página 5 del mismo módulo podemos leer:

En la página 7 del módulo 5, los autores del IPC introducen con hipocresía otro ejemplo:

 

En efecto, los abortistas ya se dieron cuenta de que la mortalidad materna en la Argentina viene bajando hace años. Pero el aborto no está legalizado, ni siquiera despenalizado. Y entonces, tienen que volver a revalidar el argumento desde lo puramente formal y deductivo (dado que la realidad les es francamente contraria). ¿Y dónde van a experimentar con esas armas de destrucción masiva? En la cabeza de los jóvenes.

En la página 11 del módulo 6, ilustran “casualmente” un argumento débil… Y adivine qué: la conclusión sostenida en el argumento débil ¡es una conclusión provida! Miren:

En fin, esto es lo que nosotros estamos pagando con nuestros impuestos. Pagaríamos contentos y felices si los docentes fuesen hombres del talento de Sócrates, Platón, Aristóteles, San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Blas Pascal, Etienne Gilson, Josef Pieper, el Padre Leonardo Castellani o el Padre Julio Meinvielle. También pagaríamos gustoso esos tributos si los profesores fuesen talentosos discípulos de esos colosos del pensamiento, docentes a quien no mencionaré porque –dado que están vivos– podría ultrajar en su modestia. Pero sin dudas, tributar para que estos SOFISTAS le laven el cerebro a nuestra juventud es una indignidad que clama al cielo.

 

REFUTACIONES

 

Caso 1. Sobre Hipatia de Alejandría

Según los registros, Hipatia de Alejandría fue asesinada hacia el año 415-416 d. C. Se sabe que murió en Alejandría y los historiadores mantienen la opinión, en común, de que fue asesinada por los cristianos. El tema es por qué: ¿por qué motivo tomaron la vida de Hipatia? ¿Fue, realmente, porque ella enseñaba ciencia y filosofía pagana? ¿La misma ciencia y filosofía que San Agustín (354-430), contemporáneo a Hipatia, alababa en Platón? ¿Y por qué no tomaron la vida de San Agustín?

Si el cristianismo fuese incapaz de ver elementos positivos en la ciencia y filosofía pagana, ¿cómo Santo Tomás de Aquino –ya en el siglo XIII– bautizó el pensamiento de Aristóteles?

Lo cierto es que Hipatia contaba con cristianos entre sus alumnos, como dice acertadamente el historiador Antonio Caponnetto[1], de quien tomamos todos los datos que a continuación exhibimos. Entre estos alumnos, se contaba el obispo Sinesio de Irene, el sacerdote Teotecno y los prestigiosos Olimpio, Herculiano e Isión. El precitado historiador también nos informa que Hipatia mantenía buenas relaciones con el curial Amonio y el Patriarca Teófilo. También están acreditados los nombres de otros cristianos, contemporáneos con los sucesos, que defendieron a Hipatia: Timoteo, en su Historia Eclesiástica, y Sócrates Escolástico, en su Historia Eclesiástica (VII, 15), datos traídos por José María Martínez Blázquez, de su libro “Sinesio de Cirene, intelectual”.

San Cirilo de Alejandría suele ser acusado como autor intelectual del crimen pero Bryan J. Whittield sostiene que el origen de esta mentira está en Damascio, último escolarca de la Academia de Atenas. Lo ha escrito en su libro “The Beauty of Reasoning: A Reexamination of Hypatia of Alexandra” (La Belleza del Razonamiento: un reexamen de Hipatia de Alejandría). Habría sido Damascio quien le atribuyó a Cirilo la muerte de Hipatia. Y de ahí la toma acríticamente la Universidad de Buenos Aires (ellos recomiendan que nosotros seamos críticos con lo que pensamos pero ellos son dogmáticos con lo propio, claro está).

Contra Damascio y su acusación a San Cirilo, hay elementos. Está el juicio de Filostorgio, arriano. Está también Juan de Éfeso, el sirio. Se oponen los jansenistas Le Nain de Tillemont y Claude Pierre Goujet. Tampoco está de acuerdo Christopher Haas, quien escribió Alexandria in Late Antiquity: Topography and Social Conflict (2006). Thomas Lewis discrepa también con Damascio; en 1721, Lewis impugnó el cargo, en defensa de San Cirilo. Tampoco coincide Miguel Ángel García Olmo.

El mismo Gonzalo Fernández, quien escribió en 1985 La muerte de Hypatia, a pesar de calificar de “tiránico” al ministerio de San Cirilo, afirma que “ninguna de las fuentes sobre el linchamiento de Hipatia alude a la presencia de parabolani entre sus asesinos”. Los parabolani eran miembros de una hermandad de monjes que respondía de manera incondicional a San Cirilo. San Cirilo, por su parte, en su homilía pascual del año 419, reprobó el asesinato de Hipatia. Esos populachos también dieron muerte a dos obispos cristianos, Jorge y Proterio, en el año 361 y 457 respectivamente.

Pero hay otra hipótesis: una noche, pocos días antes del asesinato de Hipatia, los judíos habían asesinado a un buen número de cristianos. Como respuesta a esta masacre, el obispo Cirilo expulsó a la población hebrea de la ciudad. La economía local se resintió, y surgió una enemistad entre el gobernador y el obispo. Según algunos historiadores, unos cristianos de Alejandría atribuían a Hipatia una influencia anticristiana sobre el gobernador y por eso tomaron su vida. Fue asesinada por cristianos, pero no porque ella enseñase ciencia y filosofía pagana. Los autores de IPC no pueden ignorar que están conectando hechos en virtud de coincidencias, pero las coincidencias no prueban una causalidad. Sócrates fue sentenciado a muerte por los griegos, a Julio César lo mataron los propios romanos. Juana de Arco fue ultimada por los franceses, Tomás Moro por los ingleses. Los mismos cristianos, antes y después de Hipatia, fueron asesinados en grandes cantidades. La UBA lo que hace es tomar y enseñar como “historia” el prejuicio cientificista: Hipatia sería la “prueba” de que los cristianos estamos contra la ciencia y contra la filosofía.

 

Caso 2. El aborto en el Código Penal Argentino

Las palabras deben ser usadas con precisión. El Código Penal no “permite” el aborto en tal o cual caso. Al igual que otros hechos antijurídicos –antijurídicos, no derechos–, nuestro Código Penal simplemente estipula en qué casos dicho comportamiento no será punible.

“Punible” quiere decir “pasible de ser penado”. Lo cierto es que el Código Penal estipula –en su art. 34– distintos casos de no punibilidad. Así, por ejemplo, quien realizase un robo bajo amenaza de ser asesinado, obra violentado por “amenazas de sufrir un mal grave e inminente”, y tal acción no es punible. Tampoco son punibles el robo, el asesinato o la estafa realizada por menores de 18 años. Tampoco es punible el robo entre personas que viven en una misma casa.

La confusión entre “permitir” y “no perseguir una acción antijurídica” es simplemente inaceptable desde el punto de vista intelectual y abre la puerta a dos conclusiones: estos señores de la Universidad de Buenos Aires son deshonestos o no son idóneos. En ambos casos, que renuncien.

 

Caso 3. Sobre mortandad materna y aborto

Las declaraciones emanadas por el Plenario Académico de la Academia Nacional de Medicina, Sesión Privada, 28 de julio de 1994, revelan el carácter altamente cuestionable del argumento según el cual “la despenalización del aborto reducirá la muerte materna”. Dice la Academia: “También se utiliza para promover el aborto legalizado, la mayor morbimortalidad materna del aborto clandestino. Se debe puntualizar que, si bien la morbimortalidad materna es mayor en estos últimos, no es exclusivo de ellos, pues el daño también es inherente al procedimiento mismo por la interrupción intempestiva y artificial del embarazo[2].

El argumento, por tanto, también es vulnerable desde el punto de vista de la conexión entre medios y fin. En efecto, el fin no justifica los medios. No puede ser deseable legalizar el asesinato de una persona, y eso con independencia de las consecuencias de ese acto.

Por último, quienes invocan este argumento persiguen la legitimación social del aborto y no el bienestar de las mujeres: son muchísimas más las que mueren como consecuencia de la desnutrición, por ejemplo, que en la Argentina se cobra la vida de una mujer cada 10 horas[3]. Esas no les importan, claro, porque no mueren matando a sus hijos en el “altar” de la autonomía del cuerpo de la mujer.

 

Por Juan Carlos Monedero (h)

 

[1] Cfr. http://www.tsunamipolitico.com/aguinis908.htm

[2] https://www.acamedbai.org.ar/declaraciones/25.php

[3] https://www.infobae.com/2015/09/10/1754259-cada-10-horas-muere-una-persona-desnutricion-la-argentina/

 

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Arbitrariedad o verdades absolutas: ¿qué formación se imparte en las universidades y terciarios?

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“pues para mí no hay música más alta que la filosofía”

Sócrates

 

Hay un denominador común en todas las carreras: las materias de Humanidades. Se llamen Filosofía, Sociología, Conocimiento Científico, hay un docente que imparte estos contenidos. No diremos –cayendo en actitudes facilistas y demagógicas– que estas carreras no son importantes. Lo son, y mucho. Pero por lo general, al menos según la experiencia propia y ajena, no siempre están bien llevadas. Hay muchos motivos por los que pasa esto, desde pedagógicos hasta falencias propias del alumno, pero en este artículo deseamos hacer foco en lo preocupante que es alentar desde la cátedra la mentalidad relativista en cuanto a las normas éticas. Porque el relativismo no es otra cosa que la arbitrariedad, pero bajo un nombre distinto.

Expliquémonos.

Por lo general, el docente que dicta los contenidos de filosofía, sociología o pensamiento, puntualiza que no existen verdades absolutas (o al menos, que no se pueden conocer). Escucharemos frases como “a partir del siglo XX se ha descubierto que todo conocimiento científico es provisorio”, “los valores éticos van cambiando”, “cada sociedad interpreta lo ético a su manera”, “no hay una única visión de la justicia”, “la moralidad va cambiando”, “las verdades no se pueden conocer, sólo conocemos ideas de la verdad pero no la verdad en sí”, etc. Son las frases de rigor.

La mayoría de los alumnos escucha, copia alguna que otra expresión, estudia para el parcial, luego para el final, reproduce estas afirmaciones y listo.

Sin embargo, poco a poco e imperceptiblemente, conceptos como estos van mellando nuestra capacidad de discernimiento moral. Nos vamos acostumbrando a una lenta pero inflexible erosión de la conciencia, con resultados que están a la vista.

Lo cierto es que el ser humano, desde tiempos inmemoriales, ha procurado siembre la justicia. La verdad, la justicia y el honor son los grandes motores de sus acciones. Incluso los mismos ladrones le rinden un involuntario homenaje cuando se enfurecen porque uno de ellos rompió el acuerdo y pretende llevarse una parte mayor del botín. Todos respondemos a la justicia, especialmente cuando nos sentimos objeto de injusticias.

Ahora bien, la justicia es lo justo en concreto. Y determinamos eso justo, en concreto, a partir de la realidad. ¿Cómo vamos a determinarlo si no conocemos la verdad (no la miía o tuya) sobre esta realidad? Por lo tanto, como ha escrito el gran filósofo alemán Josef Pieper, la verdad es inseparable de la justicia. Sin justicia no hay sueldos “justos”, y no puedo determinar lo que es justo si no conozco la veritas rerum: la verdad de las cosas. Necesito de la verdad hasta para protestar cuando no me pagan lo que me deben.

Por eso es que sin verdad estamos en el reino de la arbitrariedad. Que no es otra cosa que el despotismo del más fuerte. Si no hay verdad –porque no existe o no se puede conocer, da lo mismo–, no hay base para cumplir los contratos. No hay base para cumplir los pactos. No hay base para comprometerse. No hay “norma” desde el cual reprobar la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki. No hay “criterio ético” para felicitar a mi hijo cuando estudia. No hay base para encarcelar al violador que abusa de una nena de 11 años. No hay base para nada. Necesitamos de la verdad como el agua.

Pero está el problema de las opiniones. Es evidente que las personas piensan muy distinto y en todos los temas: religión, política, economía, historia, moral… hay quienes aprueban tal práctica, hay quienes la condenan. Algunos están a favor de tal o cual idea, otros de la contraria… Y a veces, ante tal jungla de concepciones, opiniones y posiciones doctrinarias, es fácil verse desorientado y resentirse. Pero Sócrates, en el diálogo de Platón llamado El Fedón, ya nos prevenía de este problema, al que denominó “odio al logos”: desprecio por los razonamientos.

Si analizamos bien esta multiplicidad de juicios, de discrepancias y discusiones, podemos descubrir aquel substrato en el cual están todos de acuerdo. Pero, ¿cómo? ¿Qué puede haber en común entre posiciones tan antagónicas como por ejemplo aquellos que rechazan la Educación Sexual y quienes la promueven? Y la respuesta es muy simple: tienen en común que ambos saben que ambas posiciones no pueden ser simultáneamente verdaderas. O la educación sexual es dañina para los niños o no lo es. No hay término medio. La filosofía clásica ha acuñado un término para este descubrimiento. A este principio fundamental de la realidad, según el cual una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto, lo llama Principio de No Contradicción. Y en eso están todos de acuerdo –implícita o explícitamente– porque, de lo contrario, no discutirían. Así lo explica Aristóteles en su Metafísica.

Se puede llegar a una verdad, llegamos a este principio. Quizás no sepamos cuál es la religión verdadera, pero sabemos que si un abanderado de la religión x proclama que “Todas las religiones, aunque digan cosas opuestas, son aceptables” esa, al menos, esa religión no puede ser correcta… porque no pueden ser aceptables las afirmaciones contradictorias. No pueden, es algo que repugna la inteligencia.

Sin verdad no hay justicia. Sin justicia no hay sueldos justos, pero tampoco acciones justas. No hay héroes ni traidores. No hay buenos ni malos, no hay villanos ni virtuosos. Esas son las consecuencias finales del relativismo: como no hay verdad, sólo queda el poder. ¿Hacia ese mundo queremos caminar? Tenemos que darnos cuenta de la importancia de las palabras que se pronuncian en clase, de las afirmaciones cuyos apuntes tomamos en clase.

Los profesores que suscriban este pensamiento –mejor dicho: anti-pensamiento, porque no puede estar estimulado para el pensamiento quien lo crea impotente para conocer– deben revisar sus decisiones intelectuales. No pueden matar la sed de conocer la realidad en sus alumnos. No deben ultimar el hambre de todo ser humano por la posesión de la verdad. Quiera Dios que unos y otros tomen conciencia de las implicancias suicidas del relativismo, y que –con valentía y decisión– los docentes escépticos procuren la restauración de la inteligencia de aquellos alumnos que siguen esperando y anhelando, en su ser más íntimo, una verdad absoluta por la que luchar y una justicia que defender.

 

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Soy provida y te cuento tres falacias habituales sobre el aborto

Soy provida y te cuento tres falacias habituales sobre el aborto

 

El diario Clarín del día de ayer contaba de la preocupación, materializada en el Congreso de la Lengua, en Córdoba, de uno de los alfiles culturales que milita por el aborto. Nos referimos a Soledad Gallego Díaz, quien –según interpretación del periodista Ezequiel Viéitez– habría conjeturado en voz alta: “¿Qué se está diciendo cuando a un grupo se lo define como ‘provida’? (…) ¿Que quiénes están en la vereda de enfrente rechazan la vida?”. Y luego, citándola textualmente a Gallego-Díaz, concluye: “Hay una especie de guerra de las palabras, por eso las palabras son más importantes que nunca”.

 

 

Es muy relevante que desde un prestigioso congreso se baje esta línea, dando a entender a todos los oyentes cómo deben hablar. Se trata de la misma reunión en donde se deslizó como tema el “lenguaje inclusivo”. La conclusión emana fácilmente: cuidado con decir los provida somos “provida” (porque eso implicaría deslizar la gran verdad de que los pro-aborto desean la muerte, oh) pero no hay problema con darle a los términos chiques, todes el status suficiente como para discutirlo nada menos que en el Congreso de la Lengua.

El tema del aborto vuelve, por tanto, a recrudecer, y desde una esfera pretendidamente cultural. La confusión terminológica –efecto del llamado lenguaje inclusivo– es parte de la agenda feminista-abortista, está planificada, en sorprendente coincidencia con los manuales de lavado de cerebro soviéticos, donde se puede leer frases como: “Producir un máximo de caos en la cultura del enemigo es nuestro primer paso más importante”. Por eso, la tarea del escritor hoy en día –de aquel que no quiera ser ni un genuflexo ni un prostituto mental ante lo políticamente correcto– es afirmar la verdad y luchar contra el error, como decía Santo Tomás de Aquino en el comienzo de su Suma contra gentiles. De ahí que se vuelve perentorio rebatir las “razones” de los pañuelos verdes.

Una de las falacias más repetidas es: “en la Argentina tienen lugar 500.000 abortos por año”. Esta falacia es especialmente peligrosa por dos razones: primero, porque apela a la cantidad. Parece como si mientras más abortos tuviesen lugar, más cerca nos hallaríamos del deber de legalizarlo. Como si destruirle la cabeza a un bebé en el vientre de su madre fuese un poco más legítimo por un aborto más, uno menos. Oiga, se hicieron 50 abortos. “No, es poco”. Oiga, se hicieron 250 abortos. “Ah, bueno, vamos a considerar el tema”. Esto es lo que casi nunca se dice. Puede haber millones de aborto o uno sólo, pero siempre estamos ante un asesinato. Rebatir la cifra es importante sin embargo porque la extrema falsedad del número prueba que la mentira es arma habitual de la propaganda verde. Así, el año pasado, quedó en evidencia el Ministro de Salud de CAMBIEMOS –Adolfo Rubinstein– quien expresó tres cifras distintas, y muy dispares, respecto de la cantidad de abortos en la Argentina. Ya decía Bernard Nathanson que los impulsores de estas sangrientas políticas inflaban los números como técnica de manipulación de la opinión pública.

            El recurso tramposo a la violación constituye la falacia Nº 2. “Niñas, no madres” dicen los pañuelos verdes luego de haber estimulado la precocidad sexual en la infancia a través de sus programitas de “Educación Sexual”. ¿Raro, no? Durante décadas, promovieron el libertinaje sexual. No les molesta esas nenas en distintos programas de televisión como Lolitas ni que una preadolescente esté en una descontrolada matiné con sus amigas. No, todo eso está buenísimo. Los ‘conservadores’, los ‘tradicionalistas’, los ‘nostálgicos del pasado’, los que coartan la libertad, se oponen a estas cosas. Crearon o al menos alimentaron el problema y ahora los embarazos adolescentes les explotan en la cara. Y cuando todo falla, cuando van perdiendo los debates, sacan de la galera el tema de la violación. Pero es absurdo que la persona por nacer pague por este crimen ¡cuando ni siquiera existía en el momento en que tuvo lugar! “La pornografía es la teoría, la violación es la práctica”. Y nosotros seguimos alimentando, al amparo de la Sacrosanta Libertad de Expresión –principio sostenido por los pañuelos verdes–, la industria pornográfica: caldo de cultivo de los violadores, como lo prueban numerosos estudios psicológicos. Los pañuelos verdes estimulan los tempranos intercambios sexuales de preadolescentes y luego ponen el grito en el cielo –aunque el cielo no sea lugar de su agrado– cuando tienen lugares estos embarazos. Los pañuelos verdes aplauden la Libertad de Expresión, respaldo legal de la pornografía, y luego gimotean cuando un consumidor de porno quiere llevar a la práctica lo que vio en una película. Sin contar con que invocan “un caso” de violación cuando están a favor del aborto “en todos los casos”, haya o no violación: nueva muestra de su deshonestidad. El aborto no la solución, es parte del problema: colofón de este círculo infernal, que tiene a la Infancia como rehén.

En tercer lugar, se dice que “nadie” cree en la Argentina que el aborto deba ser penalizado, y como prueba se muestra el bajo índice de prisiones efectivas al respecto. Pero todos los delitos –en todos los países– tienen un bajo índice de prisión. ¿Cuántos celulares se roban por día en la Capital Federal? Sin embargo, sólo hay prisión efectiva si 1) se atrapa a la persona; 2) se prueba que esa persona lo robó; 3) si el juez se ve persuadido de su culpabilidad; 4) si el acusado no apela a una instancia superior. Por otra parte, algunos abortos suceden sin que nos enteremos y obviamente no son siquiera denunciados. En ciertas etapas del embarazo, el aborto químico es indistinguible del aborto espontáneo. La baja tasa de condenas sobre el aborto no prueba que las personas ya nacidas no lo consideren un crimen, como tampoco prueba algo la baja tasa de condenas sobre el resto de delitos del código penal –robo, estafa, violación– que tienen condena efectiva en la Argentina en menos del 1% de los casos. El bien jurídico a proteger es la vida de la persona y el Derecho Penal protege esta vida con la persecución de esta práctica. Desproteger a uno sentaría las bases para desproteger a todos.

En su novela El hombre que fue jueves, Gilbert K. Chesterton pone en boca de uno de sus personajes la descripción del policía filósofo. Dos personajes se encuentran en un muelle y uno le revela el gran secreto que motiva todas sus acciones: “nuestra civilización está amenazada por una conspiración de orden puramente intelectual… el mundo científico y el mundo artístico conspiran, sordamente, contra la Familia y El Estado”. El protagonista, Gabriel Syme, escucha atónito a este integrante de la fuerza del orden, quien le explica su diferencia respecto del policía convencional: mientras el policía común investiga los crímenes pasados, el policía filósofo –haciendo uso de sus razonamientos e inferencias– adivina los crímenes futuros.

El conjunto de pretextos, recursos y mentiras abortistas no son simplemente “una postura”, no son “opiniones” a favor del aborto. Son el caldo de cultivo de futuros crímenes e incluso de genocidios. Tenemos el deber, y usted también estimado lector, de oponernos firmemente a este discurso, a estas políticas y a estos personajes, por el bien de la familia, de la patria, de la Argentina en pleno.

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