Grupo de los 7 (G/7): ¿Genocidas promotores de la salud pública global?
Por el filósofo José Arturo Quarracino
Los líderes del llamado Grupo de los 7 parecen sufrir de una esquizofrenia atroz: parecen estar preocupados por la salud de la población mundial, pero subsidian con millones de dólares el genocidio prenatal (aborto). Pero por otro lado muestran que no les preocupa en absoluto el contagio pandémico: se reunieron a cara descubierta, sin bozal “sanitario” y sin distanciamiento social alguno.
Tal como informaron ampliamente los medios de comunicación de todo el mundo, desde el 13 al 16 de junio se reunieron en el condado de Cornualles, situado en el extremo sudoccidental de Inglaterra, los líderes de los países que componen el G7: Boris Johnson (Gran Bretaña), Emanuel Macron (Francia), Angela Merkel (Alemania), Joseph Biden (Estados Unidos), Justin Trudeau (Canadá), Mario Draghi (Italia) y Yoshihide Suga (Japón).
También estuvieron presentes Ursula von der Leyen (presidente de la Unión Europea) y Charles Michel (Presidente del Consejo Europeo). Y el cierre de ese encuentro contó con la presencia de la Reina de Inglaterra, Isabel II, y de su hijo el Príncipe Carlos.
El G7 es el agrupamiento de los mencionados países, cuyos orígenes se remontan a 1973, por iniciativa del entonces secretario del Tesoro estadounidense, George Schultz. Una vez constituido como organización, el G7 ha mantenido regularmente reuniones anuales, en localidades o ciudades pertenecientes a algunos de los miembros, a modo de Cumbres. En estas reuniones se analizan la política y las economías internacionales, para aunar posiciones en torno a las decisiones que se toman.
Actualmente, los países nucleados en este organismo representan el 58% de la riqueza neta mundial (unos 317 billones de dólares) y más del 46% del PBI mundial.
A) El motivo del encuentro -que desde hace unos años se lleva a cabo anualmente- fue para considerar los temas de los desafíos económicos y políticos que representan China y Rusia, la recuperación económica global, la protección del planeta y la aceleración de la producción de vacunas para afrontar la pandemia producida por el Covid19 (Sars-Cov2), para asegurar su acceso a los países más pobres.
Uno de los documentos divulgados al final de esta cumbre se refiere al tema de la pandemia y de la salud. Lleva como título G7 CARBIS BAY HEALTH DECLARATION [Declaración de Salud Carbis Bay-G7], y en él se establece que los líderes reunidos “se comprometen a trabajar expeditiva y colectivamente con el objetivo de poner fin a la pandemia del Covid-19”, aunque reconociendo también “que la próxima podría venir en cualquier momento”, razón por la cual manifiestan su compromiso de llevar a cabo acciones para “fortalecer nuestras defensas colectivas para prevenir mejor, detectar, responder a y recobrarse de futuras pandemias a través de la acción efectiva multilateral y un fortalecido sistema de salud global, con la Organización Mundial de la Salud como su centro” (n. 1).
Como se puede apreciar, los líderes del G7 parecen estar muy preocupados por la pandemia del Covid-19, quieren ponerle fin, por eso han tomado la decisión, entre otras, no sólo de acercar 1.000 millones de vacunas a la mayor parte de los países del mundo, sino que también han puesto a la Melinda French Gates (Fundación Bill&Melinda Gates) y a Patrick Vallance (consejero científico del gobierno británico) para que elaboren una estrategia global para afrontar futuras pandemias[1]. Con ello pretenden instaurar y fortalecer un sistema de salud mundial, bajo el control y dominio de la OMS.
Llamativamente, esta decisión está en línea con la propuesta presentada en abril del año pasado por sir Henry Kissinger: instituir una autoridad sanitaria global para afrontar la pandemia que había comenzado -y las próximas por venir-, porque ningún país podría resolver el problema en forma aislada[2].
A primera vista parece que los líderes del G7 están realmente preocupados por el virus de origen chino, por los desastres sanitarios y económicos que ha causado, etc. Están muy interesados que miles de millones de personas sean “vacunadas”. También parece que consideran que la OMS ha cumplido una labor descollante. Pero si esto es así, no se entiende por qué ellos mismos -que son personas que corren mucho riesgo de infectarse, contagiarse y morir, a causa de su edad- NO CUMPLEN ni con el uso del bozal sanitario ni con el distanciamiento social, como muestran las fotos del evento que se conocieron oportunamente.
Todos a escasos centímetros entre si, y el rostro totalmente descubierto, rodeando a una persona de 92 años, como si el virus pandémico no existiera.
Pero NO TODOS LOS PRESENTES estaban así de cómodos, sin respetar ninguno de los protocolos mundialmente impuestos para los encuentros sociales. Quienes estaban trabajando, administrando un servicio de comida, SÍ ESTABAN ENMASCARADOS, como corresponde en tiempos de “pandemia”.
Mensaje clarísimo: los Poderosos están por encima de toda ley y norma a la que sí están sometidos los mortales comunes. ¿O en realidad los Poderosos no tienen miedo de contagiarse, porque la pandemia covídica no es tan mortal como se dice? Porque en rigor de verdad, NO HAY UNA SOLA AUTOPSIA EN EL MUNDO QUE DEMUESTRE QUE LOS MUERTOS POR EL COVID LO HAN SIDO REALMENTE, o por lo menos en la cantidad que se dice, porque NO SE HAN REALIZADO NI SE EFECTÚAN AUTOPSIAS a los muertos por Covid. ¿POR QUÉ?
B) Lo que hace dudar de los nobles intenciones y preocupaciones sanitarias de estos líderes poderosos es que la mayoría de ellos, como gobernantes, subsidian todos los años a la siniestra organización abortista y genocida International Planned Parenthood Federation (IPPF)[3], la cual promueve acciones y políticas a nivel global que significan la muerte-asesinato, por año, de 73 millones de criaturas humanas, antes de que nazcan[4].
Los mismos que están “muy preocupados” por la salud de la población mundial, frente a 4.500.000 muertes en un año y medio, son los mismos que subsidian anualmente el asesinato de 73 millones de personas por nacer. O estos líderes son esquizofrénicos a la enésima potencia o su hipocresía es infinita.
¿Quién puede creer a esta altura que la vacunación masiva y universal que pretenden imponer sea para salvar vidas? ¿Con vacunas no aprobadas, fabricadas con fórmulas confidenciales y secretas y comercializadas con inmunidad jurídica?
[2] Henry Kissinger, “The Coronavirus Pandemic Will Forever Alter the World Order”, publicado en The Wall Street Journal, 4 de abril de 2020 (se lo puede consultar en https://www.voltairenet.org/article209639.html.
[3]Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia y Canadá. Solamente Italia no aporta.
[4] Alan Guttmacher Institute, Hoja Informativa “Embarazo no planeado y Aborto a nivel mundial”, Julio 2020.
Hace varios días, el Papa Francisco publicó un nuevo documento en donde restringe resueltamente la celebración de la Misa Tridentina, una de las joyas de tradición católica de Occidente.
Esta reciente medida viene generando una cascada de reacciones en todo el mundo. A las pocas horas de conocerse, el Arzobispo de San Francisco (EE.UU.) sostuvo que continuará celebrando la Misa Tridentina[1]. Unos días antes, se había filtrado que el Papa tenía pensado limitar este rito, y Mons. Schneider se anticipó diciendo que eso sería “un abuso de poder”[2]. Entrevistado por Diana Montagna, luego de haberse conocido la medida, Schneider afirmó que Francisco parece “un pastor que, en lugar de tener olor a sus ovejas, las golpea furiosamente con un palo”[3].
El Padre Francisco José Delgado (sacerdote diocesano licenciado en Filosofía y Teología, párroco en Lominchar y Palomeque, Toledo, España) escribió: “El Papa no puede cambiar la Tradición por decreto ni decir que la liturgia posterior al (Concilio) Vaticano II sea la única expresión de la lex orandi en el Rito Romano”. Además, agregaba el sacerdote: “Como eso es falso, la legislación que brota de ese principio es inválida y, de acuerdo con la moral católica no debe ser observada, lo cual no implica desobediencia”. El tuit fue retirado[4]. Sin embargo, su contenido puede leerse aquí[5].
Recientemente, cabe mencionar las declaraciones de Rob Mutsaerts, obispo auxiliar emérito de Hertogenbosch, Holanda:
“El Papa Francisco pretende ahora que su motu proprio corresponde a un desarrollo orgánico de la Iglesia, lo que contradice totalmente la realidad. Al hacer prácticamente imposible la Misa en latín, acaba rompiendo con la antigua tradición litúrgica de la Iglesia Católica Romana. La liturgia no es un juguete de los papas; es patrimonio de la Iglesia. La Misa Antigua no se trata de nostalgia o gusto. El Papa debe ser el guardián de la Tradición; el Papa es un jardinero, no un fabricante”[6].
Por qué el ataque a la Misa Tridentina
Muchos católicos consideran como asunto secundario la forma en que se celebra la Misa, y reducen el asunto a una cuestión de idioma o preferencias estéticas. Pero el tema es mucho más complejo. Como enseñan los teólogos, se reza lo que se cree: lex orandi, lex credendi. El rito que se profesa es una forma de lenguaje, al igual que los sonidos que emitimos con la garganta. Por otra parte, los textos de la Misa Tridentina contienen un formidable contenido teológico de enorme profundidad.
Se trata de una rúbrica confeccionada en el marco del Concilio de Trento, a los fines de unificar la pluralidad de ritos existentes y presentar un frente común a la herejía protestante, el principal desafío de la Iglesia Católica en esos momentos. Por ejemplo, en la ciudad de Toledo, España, se celebraba únicamente el rito mozárabe. San Pío V tomó entonces el rito que se celebraba en Roma –el dámaso gregoriano, que databa del siglo IV– y lo universalizó para toda la Iglesia. Sin embargo, mantuvo vigentes los ritos de más de 200 años de antigüedad, suprimiendo los de más reciente aparición.
Por este valor simbólico del rito tradicional (solemne declaración de principios, enérgica respuesta a la Reforma Protestante, pieza clave de la tradición católica durante siglos), a partir de los años 60’ y 70’ –época a la que se llama “el posconcilio” por venir luego del Vaticano II (1962-1965)– cardenales, obispos, párrocos y teólogos progresistas persiguieron y hostigaron no sólo a los sacerdotes que celebraban la misa tridentina sino también a los fieles que asistían a ella. Odiaban el rito tradicional porque impulsaban una pseudo teología católica que ya no se definía contra las herejías, y coquetearon tanto con el protestantismo como también con lo más nefasto de la filosofía contemporánea.
La presión de estos jerarcas tuvo lugar a través de la tortura psicológica y moral, forzando a los fieles a secundar órdenes infames bajo el ropaje de “virtud de la obediencia”. En este contexto, suprimir la Misa Tridentina era un objetivo fundamental del proyecto de los progresistas de cambiarle la cara a la Iglesia Católica: por estos motivos criminalizaron la misa surgida al calor de la Contrarreforma. Pocos sectores tradicionalistas conservaron este rito, y a la cabeza de ellos estuvieron los sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, fundada por Mons. Lefebvre el 1 de noviembre de 1970.
Todo esto ocurrió durante el pontificado de Pablo VI y la tendencia fue revertida lentamente con Juan Pablo II y, sobre todo, con Benedicto. Se llegó a tal nivel de persecución que la misa tridentina, al menos de facto, fue suprimida en la casi totalidad de las diócesis. Por estos motivos, en Summorum Pontificum, Benedicto XVI retoma lo que Juan Pablo II había dicho en su Quatuor abhinc annos –donde se permitía la misa tradicional–, además de relanzar las conclusiones de varios cardenales que en 1986 determinaron que el rito tridentino no había sido abolido nunca y que los obispos no pueden prohibir a los sacerdotes que lo celebren. Fue un importante avance que Juan Pablo II estableciera una comisión integrada por estos cardenales (Ratzinger entre ellos), dictaminando que el rito aprobado por San Pío V jamás había sido derogado y que tampoco podría serlo.
Más aún, en su Mensaje a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos, 21 de septiembre de 2001, Juan Pablo II afirmó:
“En el Misal Romano, llamado ‘de S. Pío V’, como en varias liturgias orientales, hay hermosas plegarias con las cuales el sacerdote expresa el sentido más profundo de la humildad y la reverencia ante los misterios sagrados. Estas plegarias revelan la sustancia propia de cualquier liturgia”.
En el prefacio de un libro sobre liturgia, 2004, el entonces cardenal Ratzinger escribió:
“El Papa no es un monarca absoluto cuya voluntad es la ley; más bien, es el guardián de la Tradición auténtica (…) Su gobierno no es el de un poder arbitrario, sino el de la obediencia en la fe. Por eso, con respecto a la liturgia, tiene la tarea de un jardinero, no la de un técnico que construye nuevas máquinas y tira las viejas a la basura. (…) el rito es un don que se da a la Iglesia, una forma viva de parádosis, la transmisión de la Tradición”[7].
Con esta medida de Francisco, estamos ante una bofetada no sólo a Benedicto XVI y a Juan Pablo II sino a todos los fieles que lucharon esforzadamente por la misa tradicional durante décadas, como así también a los que asistimos a misa tradicional.
Si es verdad que rezamos lo que creemos, precisamente porque los progresistas no creían lo mismo que se creyó siempre, no querían rezar eso. Porque, además, la lex orandi determinaba la lex credendi y generaba una cierta lex vivendi: una forma de vivir según los ritmos de la liturgia, y todo esto iba conformando una psicología propia del católico tradicional. Además, como en el imaginario público la misa tridentina está asociada al tradicionalismo –calificado despectivamente de integrismo, reacción, fanatismo, etc.– ningún sacerdote progresista deseaba celebrarla: no sea que se “contaminen”.
Un odio que viene de lejos
Lo cierto es que –con este documento, denominado Traditionis Custodes– Francisco reaviva el odio de los progresistas contra la tradición católica, estableciendo “de derecho” un modus operandi que, en la práctica, ya estaba llevando a cabo en la Iglesia: la obstaculización de la Misa Tridentina.
Como cardenal de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio puso numerosas trabas a la aplicación del Sumorum Pontificum: mientras el cardenal –en los papeles– cumplía con el Papa entonces reinante, socavaba sus decisiones en el terreno de los hechos. Dispuso solamente dos parroquias para celebrar el rito tridentino: Nuestra Señora del Carmen, calle Rodríguez Peña esquina Av. Córdoba; y la cripta de la parroquia San Miguel Arcángel, calle Bartolomé Mitre esquina Suipacha, ambas de la Ciudad de Buenos Aires.
En el resto de la diócesis, los párrocos no habilitaron la misa tridentina. Así, por ejemplo, este rito fue prohibido en la parroquia San Pablo Apóstol (barrio de Colegiales), donde se celebró unas semanas.
Por otra parte, el sacerdote Ricardo Dotro –encargado de celebrar en la parroquia San Miguel Arcángel– mortificaba a las personas que comulgaban de rodillas, instaba a los asistentes a realizar los movimientos más rápido, molestaba su concentración, incorporaba al rito tridentino elementos del rito moderno, entre otras acciones. En entrevistas que le hicieron, afirmaba que la autorización dada servía para empujar a los “retrasados” en “el avance de la Iglesia”, y que celebraba la misa por “pura compasión”. Era habitual que se le acercara gente a felicitarlo por celebrar la misa tridentina, pero él les negaba el saludo. A un grupo de asistentes le dijo que lo hizo “por obediencia al cardenal” pero que era “una carga insoportable”. Dotro además forzaba a que los laicos leyesen las lecturas, cuando en el rito tridentino corresponde al sacerdote. De todo esto hay testimonios.
Ahora Bergoglio, desde la silla petrina, despliega ya sin disimulo y con ropaje jurídico una conducta que –en realidad– hace años llevaba aplicando.
Esta medida empuja a los fieles tradicionales a asistir al rito Novus Ordo Missae, que en la mayoría de casos –en la Argentina y en el mundo– viene acompañada de infinitos abusos litúrgicos y hasta sacrilegios; al limitarse las misas tridentinas los fieles serán llevados a asistir a las celebraciones en las condiciones en que se vienen realizando.
Se trata, por tanto, de un hostigamiento con olor a oveja, realizado por “el papa de la misericordia”: no son los pajarracos feministas, no son los comunistas de hoz y martillo, no es la izquierda con sus bombos, no son los jacobinos franceses con la guillotina. Es algo mucho peor: es la persecución de vestido blanco, la consumación de un plan trazado contra la liturgia católica que nos remonta cincuenta años en el pasado, manifestando un odio verdaderamente demoníaco.
Por este motivo, aunque el pontificado de Bergoglio sin dudas es anticristiano, el problema litúrgico no empezó en el 2013. Hace más de cinco décadas que se ha vuelto común la arbitrariedad de los jerarcas. Con honrosas excepciones que conocemos y valoramos, los párrocos y los obispos han sido cómplices por acción u omisión. Es un hecho que, por la fuerza, sin derecho y contra el derecho, se quiere suprimir la misa de la tradición católica. Grandes inteligencias, como el padre Leonardo Castellani, fustigaron este despotismo que pinta la idiotez del subordinado como una virtud, y que retrata la resistencia a las medidas injustas como acto de soberbia.
Prohibir la misa tridentina es un clarísimo mensaje –por si faltaba– que no hace falta explicitar, pero que no obstante conviene hacerlo: Francisco está desautorizando la lucha contra la herejía, está atacando lo mejor de Trento, arremetiendo contra la Tradición bajo pretexto de que limita un rito, empujando a los fieles a que asistan al triste, irreverente y patético cambalache en que se ha convertido –en infinidad de casos– la Misa Nueva.
Pachamama sí, Misa Tridentina no
Los grupos de fieles afectos a la liturgia tradicional son de los más vivos de la Iglesia hoy. Por el contrario, los grupos de bautizados progresistas atraviesan largos años de infertilidad. Sin embargo –y en paralelo con el cierre del seminario de San Rafael, Mendoza (Argentina), el más fecundo del país–, el Papa Francisco intenta pisarle la cabeza a los tradicionalistas. Otra vez. Pretende aplastar justamente al grupo que está creciendo. Mientras tanto, con los grupos más estériles de la Iglesia (que rechazan la fe y la tradición católica) se tiene una “paciencia” infinita.
Enfoquemos aquí: miles de sacerdotes y obispos vienen declarando públicamente barbaridades sin que ese comportamiento tenga consecuencias. Un integrante de la Pontificia Academia para la Vida rechaza la Humanae Vitae y la doctrina moral sobre la vida[8], y pretende “reevaluar” la calificación de las relaciones homosexuales[9]; el P. James Martin rechaza el catecismo[10] y es felicitado públicamente por Francisco[11]; los sacerdotes alemanes bendicen lo que Dios reprueba sin consecuencias[12], la mitad de los obispos norteamericanos da la comunión a los políticos abortistas[13].
Los luteranos comulgan en misas católicas[14], los políticos aborteros como Alberto Fernández pueden comulgar[15], pero los tradicionalistas no pueden asistir a la Misa Tridentina. Como si fuese poco, Bergoglio escribe –a modo de justificación– que quienes desean participar en la liturgia antigua crean divisiones. Bergoglio no quiere tradicionalismo en la Iglesia: cualquier otra cosa, sí.
La autoridad, el mando y la justa orden
Esta medida alimentará la confusión ya existente en torno al legítimo ejercicio de la autoridad. Los malos teólogos enseñan que el subordinado sólo debe rehusarse a obedecer órdenes manifiestamente injustas: “le ordeno que mate a ese inocente”; “le ordeno que le robe a tal persona tal cosa”. Sin embargo, una orden teóricamente legítima puede ser ilícita si sus efectos previsibles son nefastos, aunque el objeto de la medida no sea desordenado per se.
Por ejemplo, aunque el obispo tenga formalmente el derecho, puede constituir una medida deshonesta poner su mejor teólogo al frente de una parroquia donde apenas dos personas asisten a misa, en vez de permitirle predicar a cientos de feligreses en otro lugar más concurrido. Cosa que Bergoglio hizo cuando era cardenal, por ejemplo, con el padre Martín Poladian, eximio teólogo que terminó como párroco de una iglesia a la que asistían dos feligreses, luego de haber dado sermones ante varios centenares en la Basílica de San José de Flores, una de las más grandes y bellas de Buenos Aires.
Por parte del subordinado, no existe obligación de obedecer órdenes que estén fuera de la competencia de la autoridad: el mando que el jefe recibe le viene dado para cumplir con los fines de su misión y quien manda sólo tiene competencia para ordenar en cuanto al cumplimiento de esos fines. No puede impartir órdenes inmorales así como tampoco dictar normas por enemistad manifiesta (ya sea hacia personas en particular o hacia la Iglesia en general).
En este sentido, aunque la nueva normativa está dentro de la competencia del Papa, es importante preguntarnos si acaso la enemistad manifiesta de Francisco para con la Tradición Católica la volvería nula. En efecto, existen sobrados indicios de rechazo hacia los fieles y sacerdotes más tradicionales durante este pontificado. Por otro lado, es palmaria la carencia de argumentos sólidos para restringir la misa tridentina: se señala a los cristianos que prefieren la liturgia tradicional como responsables de las restricciones que Francisco aplica a la misa tridentina. Ahora son ellos, no el Papa Francisco, los responsables de las limitaciones del rito tradicional: habrían malversado el privilegio dado por Benedicto.
¿Desde cuándo se puede suprimir el uso de un rito porque quienes lo practican supuestamente sean de una forma u otra? ¿Qué tipo de criterio es éste? ¿No es evidente que estamos ante una típica falacia ad hominem?
Con Traditiones Custodes se da a entender que la finalidad de Benedicto XVI era únicamente atender a los deseos de algunos nostálgicos, como un gesto de mera “magnanimidad” para con ellos, como si se tratara de un privilegio sujeto a la condición de buen comportamiento. Así, el argumento de Bergoglio para limitar la misa tradicional es que quienes la frecuentan son mala gente.
Siguiendo este razonamiento, entre los que asisten al Novus Ordo hay egoístas, envidiosos, mentirosos, adúlteros, estafadores, explotadores de empleados, cobardes, trepadores, obsecuentes. ¿Habría que restringir el Novus Ordo por estos motivos?
¿Nos damos cuenta de que es un planteo sin sentido? Los motivos que explican esta limitación son ideológicos, no una defensa de la fe ni de la doctrina.
El documento de Francisco por el cual contradice a Benedicto XVI, imponiendo más restricciones a la Misa Tridentina, lleva el tramposo título de Traditionis Custodes. El nombre es exactamente lo contrario de lo que el documento significa, porque lejos de custodiar la tradición lo que en realidad hace es mancillarla: otro recurso de la Guerra Semántica.
Así, Francisco –poniéndose por encima de Benedicto y de la tradición– determina que el rito tradicional no forma parte de la liturgia de la Iglesia Católica, puesto que, según él, la lex orandi de la Iglesia sólo se expresa en el Nuevo Misal.
Para fundamentar esta decisión de establecer el Rito Nuevo como única expresión de la lex orandi, Francisco dice que San Pío V abrogó en el siglo XVI los ritos que no tuvieran más de doscientos años de antigüedad. Sin embargo, la misa tridentina posee al menos cinco siglos de antigüedad, y numerosos elementos de ella se remontan incluso más atrás en el tiempo. Es patente que Bergoglio concluye lo contrario a su propio argumento.
Cabe enfatizar, además, que las leyes o normas irracionales no son propiamente leyes: si se pretende hacer del ad hominem una ley, entonces se sanciona un prejuicio. Obedecer o dar nuestro consentimiento a esta medida significa –en palabras brillantes de Juan Manuel de Prada[16]– pedirnos que al entrar en la iglesia nos quitemos no sólo el sombrero sino también la cabeza.
Ni nuestra fe ni la virtud de la obediencia ni la caridad nos pueden exigir que nos quitemos la cabeza. Sin embargo, dice de Prada, “esto, exactamente esto, es lo que me acaba de pedir Bergoglio”. Y explica: “Soy católico y no puedo ser irracional. No puedo aceptar una cosa y la contraria; no puedo dividir en dos mi cabeza. No puedo obedecer indicaciones contradictorias, como si fuese un cadáver o un robot que responde a impulsos eléctricos”. Y por lo tanto:
“La obediencia no puede asentir a algo absurdo, no puede someterse a mandatos contradictorios por ahorrarse disgustos o complicaciones. El Dios en el que creo es Logos; y por lo tanto no puede pedirme que me quite la cabeza. El ‘motu proprio’ de Bergoglio me lo pide y no pienso hacerlo”.
Prudencia, obediencia y resistencia a la autoridad
La prudencia es la regla maestra. De ahí que sea posible dejar de obrar ciertas cosas buenas y esto porque –según las circunstancias– un acto bueno puede generar un mal. Ejemplo: devolver lo robado es algo bueno, pero si se robó un arma y su dueño ha perdido la razón, no debe devolverse. Lo mismo pasa aquí en torno a la autoridad: aunque obedecer sea bueno en general, en este caso particular sería nefasto. Este documento del Papa Francisco es una muestra de profunda enemistad hacia los fieles tradicionales y, por lo tanto, no obliga en conciencia.
Esperemos que sean muchos los sacerdotes y obispos que tengan la santa audacia de resistir esta medida. El deber de la jerarquía es guardar celosamente la verdad, custodiar la tradición, preservar la Palabra de Dios, y todas estas obligaciones se cumplen con la transmisión y la celebración de la Misa Tridentina. La misa de siempre es un excelente medio para cumplir los fines propios del sacerdocio. Esta medida del Papa, como muchas otras de idéntico espíritu anti tradicional, constituye el nervio de algo que no sólo podemos sino que debemos combatir.
Los sacerdotes y los fieles deben desobedecer a Francisco. El pecado no sería celebrar la misa tridentina. El pecado sería dejar de rezarla porque eso le da más poder al hombre que tiraniza la Iglesia desde el 2013: Jorge Mario Bergoglio. Es la hora de la santa desobediencia, la cual, en realidad, es la obediencia a un principio superior. El Papa no puede cambiar la Tradición por decreto, tanto como no puede limitar el rezo del Padrenuestro, el Avemaría o el Gloria. No es el monarca absoluto, debe ser el custodio de la tradición. La medida es abusiva, y una medida contra el bien común de la Iglesia es nula.
Esto nos lleva al punto de si un pontífice puede ser resistido legítimamente. Nos limitaremos a reproducir las afirmaciones de grandes teólogos:
“Pedro no necesita nuestra adulación. Aquellos que defienden ciega e indiscriminadamente cada decisión del Sumo Pontífice son los que menoscaban la autoridad de la Santa Sede: destruyen, en lugar de fortalecer sus cimientos” (Melchor Cano);
“si el Papa con sus órdenes y sus actos destruye la Iglesia, se le puede resistir e impedir la ejecución de sus mandatos” (Francisco de Vitoria);
“Si el Papa dictara una orden contraria a las buenas costumbres, no se le ha de obedecer; si tentara hacer algo manifiestamente opuesto a la justicia y al bien común, será lícito resistirle; si atacara por la fuerza, por la fuerza podrá ser repelido” (Francisco Suárez);
“Usted debe resistir de frente a un papa que abiertamente desgarra la Iglesia, por ejemplo, al rehusar conferir beneficios eclesiásticos, excepto por dinero o intercambio de servicios… caso de simonía, que aun cometido por el papa, debe ser denunciado” (Tomás Cardenal Cayetano);
“habiendo peligro próximo para la fe, los prelados deben ser argüidos, inclusive públicamente, por los súbditos. Así, San Pablo, que era súbdito de San Pedro, le arguyó públicamente” (Santo Tomás de Aquino);
“En respuesta a la pregunta: “¿Qué debe hacerse en casos en que el Papa destruya la Iglesia con sus malas acciones?: Ciertamente pecaría; tampoco se le debería permitir actuar de tal forma, ni debería ser obedecido, en lo que fuera malo, pero debiera ser resistido con cortés reprensión (.)… Él no tiene el poder para destruir; por lo tanto, si hay evidencia de que lo está haciendo, es lícito resistirlo. El resultado de todo esto es que si el Papa destruye la Iglesia con sus órdenes y sus actos, puede ser resistido y la ejecución de sus mandatos, prevenida. El derecho a la resistencia del abuso de autoridad de los prelados viene de la Ley Natural” (Sylvester Prieras, teólogo dominicano, respondió a las 95 tesis de Lutero);
“Así como es legal resistir al papa si asaltara la persona de un hombre, es lícito resistirlo si asalta las almas o perturba al estado o se esfuerza por destruir la Iglesia” (San Roberto Belarmino).
El conjunto de todas las medidas que el Papa Francisco viene aplicando desde el inicio de este pontificado habilita a los católicos a resistir sistemáticamente no sólo a “Traditionis Custodes” sino también a la persona del Papa, quien ha demostrado sobradamente ser un adversario de la catolicidad de la Iglesia. Por obediencia a Dios, preparémonos para desobedecer a Bergoglio.
[7] Prefacio a “El desarrollo orgánico de la liturgia. Los principios de la reforma litúrgica y su relación con el movimiento litúrgico del siglo XX antes del Concilio Vaticano II” por Dom Alcuin Reid, San Francisco 2004. Cfr. en Amazon, https://amzn.to/3i8Wumq
Clero rosa en Brasil: el primado utiliza la Santa Misa para cooperar con el lobby LGBT brasileño
El 21 de mayo del 2021, el cardenal Sérgio da Rocha –arzobispo de San Salvador de Bahía y primado de Brasil– celebró una misa “por las víctimas de la LGBTFobia”, así, con esas palabras. Estaban presentes activistas del llamado lobby gay, entre ellos un travesti. La celebración fue transmitida por redes sociales, y se inició con el saludo de este hombre disfrazado de mujer. Después de la comunión, el travesti cantó el Ave María.
ACIDIGITAL revela[1] que esta misa, en estos términos, se realizó a pedido “del Centro de Promoción y Defensa de los Derechos LGBT de Bahía”, así como también de una entidad estatal denominada “Agencia del Departamento de Justicia, Derechos Humanos y Desarrollo Social de Bahía”.
En notas posteriores a la celebración, el fundador de uno de estos grupos llamados progay, presente en la misa, sostuvo: “es la primera vez en la historia de Brasil que un cardenal, máxima autoridad de la Iglesia Católica, primado de Brasil, celebra una Misa en memoria del LGBT asesinado”. Si fuese una noble iniciativa, el cardenal hubiese simplemente recordado a las personas injustamente asesinadas, sin enfocar en este engañoso código lingüístico, y ya. Pero no: el cardenal colocó la sigla LGBT como Caballo de Troya. El objetivo que se busca es claro: naturalizar las conductas homosexuales y mover al público a la compasión, en detrimento del juicio crítico.
La presencia en la misa de activistas de género termina de acreditar (por si hubiera dudas) que tuvo lugar un verdadero sacrilegio, por la sencilla razón de que estos saboteadores del sentido común no respaldarían con su presencia un acto verdaderamente religioso.
El cardenal podría ser llamado un “colaboracionista de la agenda de género”, ya que ha puesto como pantalla a la Santa Misa, con lo que compromete nada menos que su autoridad como sucesor de los apóstoles. Es claro el mensaje tácito para el resto de su feligresía y sus subordinados: si el primado lo puede hacer, los párrocos también.
Esta burla al culto y al Sacramento es una puñalada para millones de católicos que, tanto en Brasil como en todas las naciones del mundo, luchan hace años contra la ideología de género. ¿Qué mensaje se le está dando a todos aquellos católicos que procuran establecer la verdad sobre el sexo, rebatir los errores sobre el tema y rescatar a las víctimas de esta ideología, cuya identidad sexual está en peligro?
Ofrecer bajo estos términos la misa constituye –por parte del cardenal Sérgio da Rocha– un escupitajo en la cara, un verdadero ultraje al Rostro de Nuestro Señor Jesucristo y, en segundo lugar, a los católicos. A los efectos de favorecer la ideología de género, el prelado no retrocede ni siquiera ante la majestad del Santo Sacrificio de la Misa: antes bien, la instrumentaliza para legitimar al código lingüístico del enemigo y, con él, propicia la aceptación de la ideología de género, ya que “¿cómo que son gente mala, cómo van a decir mentiras y falsedades, si el mismo cardenal los invita?”. Así razona una persona normal, y esto es lo que ya está pasando en Brasil.
Amparándose en las Escrituras, Santo Tomás de Aquino define el escándalo como dar ocasión de ruina a los demás con palabras o con acciones: inducir a los demás, arrastrando a los otros al pecado, incluso dando mal ejemplo (Suma Teológica II-II, q. 43, art. 1, corpus). Es exactamente lo que ocurre aquí: el cardenal induce a los católicos brasileños a ser complacientes con los enemigos del orden natural y sobrenatural. No es tanto que el cardenal esté promoviendo la conducta homosexual. Sobre todo, está arrastrando a los fieles de la Iglesia –con su mal ejemplo– a que pongan el culto como dócil herramienta de los agentes de la subversión cultural, como si no hubiese una batalla abierta en los colegios, escuelas, universidades, medios de comunicación, leyes. Como si estos agentes no recibiesen millones de dólares para promover la cultura de la muerte, según el buen decir de Juan Pablo II. El culto católico queda, así, al servicio de los activistas de género, quienes también son promotores de la pedofilia, la pornografía, la Educación Sexual Integral.
A pesar de todo lo que venimos relatando, en declaraciones posteriores, el cardenal Sérgio da Rocha no se avergonzó al afirmar que el equipo encargado de organizar la misa “no favoreció la difusión ni el uso ideológico de la celebración”. Pero las acciones no se pueden tapar con meras palabras. Aquel que niega con la boca lo que afirma con los hechos pierde toda credibilidad.
Como no podía ser de otra manera, el cardenal espera críticas: previendo denuncias por parte de católicos fieles, el eclesiástico dice, por un lado, que acepta “las críticas respetuosas, buscando superar los fracasos”. Por otro, “Respondo a las ofensas personales con silencio y oración”. Con esta clara diferencia, adelanta que se dará el lujo de no responder. Adelanta que, si no responde, es porque me ofendieron. El modus operandi detrás de esta aparente dignidad es fácil de decodificar: el cardenal mantendrá silencio respecto de aquellas críticas que no le convenga mencionar, y responderá sólo si le conviene; esto es, ante argumentos enclenques y/o reacciones tibias de quienes teman enfrentarse al primado de Brasil.
Lo más grave de todo es cómo se ha bastardeado las palabras amor y caridad, que se están convirtiendo en instrumentos para volver simpático el pecado y la ideología de género. Finalmente, ha pasado casi un mes y no, el cardenal no fue desautorizado públicamente. Algunos lectores se preguntarán si acaso la inacción del Papa vale como argumento. Al respecto, cabe recordar un principio de la Lógica –y consecuentemente del Derecho– que dice así: “Lo normal se presume, lo anormal se prueba”. Por otra parte, el propio Papa Francisco ha dicho en una ocasión: “Los que hicieron el derecho romano dicen que el silencio es una manera de hablar”. El refranero popular enseña que el que calla otorga. La falta de respuesta es una respuesta.
En Brasil está el efecto, en Roma está la causa. Es allí donde debe mirar la militancia católica: hacia el Papa.
El enemigo no tiene piedad, es cínico – La necesaria respuesta
Por Juan Carlos Monedero (h)
Hace siglos está en marcha la Revolución Mundial Anticristiana. Sus agentes en todo el mundo actual, y sobre todo en Hispanoamérica, están atravesados por un odio implacable. Ese furor los lleva a alentar todo tipo de prácticas inhumanas, desde la pedofilia hasta el aborto, desde la naturalización de las drogas hasta la eutanasia, pasando por la manipulación de embriones: una Ciencia sin conciencia que, lejos de ser aliada del hombre, se ha vuelto contra el ser humano, una propaganda mundial en donde prevalece la desinformación, la distorsión, las verdades a medias, las mentiras grotescas y los engaños masivos. En una palabra, el progresismo cultural.
Sin embargo, mucha gente que no comulga con estas nefastas ideas y prácticas todavía no sabe que estos agentes odian de manera irreconciliable. Muchos creen aún que todos o al menos “la gran mayoría” de los periodistas, políticos, asesores, intelectuales, etc. del bando progresista son personas de buena voluntad “pero equivocadas”. Mucha gente salva, o intenta salvar, la honorabilidad de estas personas, y no pueden detectar el enorme cinismo de quienes –ya las cataloguemos como marxistas, progresistas o globalistas– se dedican sistemáticamente a boicotear las rudas certezas de un Orden Social Cristiano y, en los últimos años, hasta del mismo sentido común.
Hagamos un diagnóstico descarnado, para luego estar en condiciones de formular una respuesta. ¿Quiénes son estos agentes? ¿Qué piensan? ¿Cómo actúan?
(MIGUEL AYUSO) el designio constituyente de la revolución es aniquilar la Cristiandad o la civilización cristiana.
(PIERRE TROTIGNON) Rechazamos el mundo. Ya ni siquiera somos ‘traidores’, porque eso implicaría una afinidad con lo que estamos traicionando. Somos los vietcongs del pensamiento.
(PIERRE TROTIGNON) La filosofía del mañana será terrorista, no una filosofía del terrorismo, sino una filosofía terrorista aliada a una política activa de terrorismo.
(HELLO, ERNEST) Satán es aquél que no ama, decía Santa Teresa; y Santa Brígida oyó salir de la boca del maldito esta confesión terrible. Satán, hablando a Jesucristo, le dijo estas palabras: Oh Juez, soy la frialdad misma.
Frente a un enemigo implacable, que tiene por objetivo la destrucción de la Cristiandad, un enemigo que no ama nada –pues participa del odio satánico–, una resistencia de mínima, como “para cumplir”, es pura ingenuidad.
La mentalidad de estos alfiles de la Revolución Anticristiana, cuya meta no es otra que un Nuevo Orden Mundial, es la misma que la de los inescrupulosos marxistas: no hay límites morales para obtener sus objetivos.
(OUSSET) El verdadero marxista es un hombre que no cree en la verdad de nada, pero a quien le interesan únicamente la fuerza, la transformación, la puesta en acción de todo.
(OUSSET) Hay que haber oído la risa de los verdaderos marxistas, cuando se pretende que alguien ha “rebatido” el marxismo. “Puede ser, pero no nos conmueve”, contestó Cogniot.
(OUSSET) Si toda la verdad y todo el bien residen en el futuro, se justifican los peores horrores del presente.
(CAMUS) No siendo nada verdadero ni falso, bueno o malo, la regla será mostrarse como el más eficaz, es decir como el más fuerte.
(WEBER, J.) Llamamos “bien” a aquello que ha triunfado.
(WEBER, J.) El éxito, siempre que sea implacable y despiadado, siempre que el vencido sea totalmente vencido, destruido, abolido sin esperanzas, el éxito justifica todo.
(OUSSET) Si no hay verdad, si el verbo “ser” no tiene realmente sentido, nada puede obligarme a nada pues es materialmente imposible saber si hay un orden verdadero y, en consecuencia, un ordenador justo. Ninguna persona tiene, pues, el derecho de mandarme.
Se trata de nociones letales para la convivencia humana y social, ideas que se difunden casi inadvertidamente a través de programas de internet, de emisiones radiales, televisión, películas, revistas, proyectos políticos, etc. Se va erosionando el respeto debido a las cosas, a las personas, a las circunstancias. Y el resultado es un mundo desencantado.
(OUSSET) Universo que ya no es visto, pensado, juzgado en nociones de SER, en función de verdades por conocer, respetar o servir, sino un universo visto, pensado, juzgado en valores de FUERZA, valores de ACCIÓN, valores de EFICACIA, valores de MOVIMIENTO, sin referencia a verdad alguna.
(OUSSET) No hay verdades, sino fuerzas.
(OUSSET) el marxista ve contradicciones por todas partes y hasta busca hacerlas estallar donde no se manifiestan.
(BRECHT, BERTOLD) El que combate por el comunismo debe saber combatir y no combatir; decir la verdad y no decirla; hacer un favor y no hacerlo; mantener una promesa y no mantenerla; exponerse al peligro y evitarlo; hacerse reconocer y esconderse. El que combate por el comunismo, de todas las virtudes no posee sino una: la de combatir por el comunismo.
(BERIA, LAVRENTI) Debemos ser como la enredadera sobre el árbol. Usaremos al árbol para trepar y después, estrangulándolo, utilizaremos su savia para nutrirnos y crecer.
(BERIA, LAVRENTI) Estamos luchando en América desde principios de siglo para que desaparezca la influencia cristiana y ya lo estamos consiguiendo.
Las distintas escaramuzas de los últimos años (ley de aborto, eutanasia, “matrimonio homosexual”, Educación Sexual, Ley de Identidad de Género, etc.) no son batallas independientes. Son parte de una misma y gran estrategia:
(VEUILLOT) Siempre quieren (los enemigos) el abandono total de la verdad, aún en los momentos en que su política no ataca sino a una parte de ella.
(P. EZCURRA) Es una guerra disfrazada: total y permanente, pero no declarada. No respeta ninguna especie de pactos, convenios, leyes de guerra o reglas de juego, conforme a la moral marxista, para la que todos los medios son aceptables, supuesto que conduzcan al fin.
(P. EZCURRA) Es una guerra permanente (Marx dice: ‘revolución permanente’, ‘estrategia sin tiempo’). Con avances y retrocesos tácticos, sólo se detiene al llenar plenamente sus objetivos estratégicos, sin importar el tiempo de duración, ni de pérdidas materiales y humanas.
(MAO TSÉ TUNG) Algunos ironizan por nuestra cuenta tratándonos de partidarios de la omnipotencia de la guerra. Pues bien, sí. Nosotros estamos por la omnipotencia de la guerra revolucionaria.
El epicentro de la batalla es la cultura, y esto en todo sentido: religioso, intelectual, político e incluso psicológico. Comúnmente el adversario ataca a la Iglesia, a la Historia Patria o a alguna institución natural, pero por lo general hace algo mucho más inteligente: nos rodea, ocupa silenciosamente lugares y puestos de poder, esperando el momento indicado. Son fríos.
(LENIN) Dentro de cincuenta años los ejércitos no tendrán mucho sentido, pues nosotros habremos podrido lo suficientemente a nuestros enemigos antes de que estalle el conflicto, como para que el aparato militar de que disponen no pueda ser utilizado a la hora de la necesidad.
(FERNANDO GONZALO ELIZONDO) El éxito que hasta aquí han alcanzado esos conspiradores, y particularmente la masonería, se debe no sólo al hecho de que poseyeran una capacidad incontestable de articularse y conspirar, sino también a su lúcido conocimiento de lo que sea la esencia profunda de la Revolución, y de cómo utilizar las leyes naturales –hablamos de las de la política, de la sociología, de la psicología, del arte, de la economía, etc.– para hacer progresar la realización de sus planes. En este sentido los agentes del caos y la subversión hacen como el científico que, en vez de actuar por sí solo, estudia y pone en acción las fuerzas, mil veces más poderosas, de la naturaleza.
La clave de bóveda de esta guerra cultural, ideológica –que ya es total e indisimulada– está en el intelecto; en la inteligencia humana, que es (en palabras de Santo Tomás de Aquino) “aquello que Dios más ama en el hombre”. Por eso hay que barrer las clasificaciones, demonizar toda discriminación, abolir las diferencias. Quien prenda la luz es un enemigo:
(FERNANDO GONZALO ELIZONDO) Todo aquello que distingue, que define, que establece o recuerda deberes, que reivindica los derechos de una Verdad absoluta, he ahí en realidad el enemigo contra el cual se torna militante y feroz…
(CHESTERTON) Hay gente que ha derribado la farola porque quería instalar luz eléctrica; otros porque prefieren las viejas, de hierro; otros porque desean que reine la oscuridad y poder, de ese modo, obrar mal.
En última instancia, el objetivo final de los titulares del Nuevo Orden Mundial no puede llevarse a cabo si la población –la de todos los continentes– se despierta, y sólo puede despertarse si un mensaje poderoso toca su inteligencia y su corazón. Aquellos que ya sienten en sus entrañas este fuego sagrado no pueden –no podemos– darnos el lujo de reacciones “conservadoras”, de defensas incompletas, de batallas a medias, de discursos pacifistas. La magnitud del ataque exige una respuesta del mismo calibre. Reaccionar menos de lo que se debería es, finalmente, ser parte del problema y no de la solución. Dios nos asista.
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Adquirí el primer libro del Lic. Juan Carlos Monedero: “LENGUAJE, IDEOLOGÍA Y PODER”, tomo I, con prólogos del R. P. Alfredo Sáenz y el Dr. Antonio Caponnetto. Ilustraciones: José Antonio Van Tooren.
“No hay un absoluto… pero el embrión no es un ser humano”. Y esto es absolutamente cierto.
Réplica al Dr. Alberto Kornblihtt (CONICET – UBA)
Lic. Juan Carlos Monedero
Vamos a darle una respuesta a las palabras de Alberto Kornblihtt, quien expuso en el Congreso manifestándose a favor del proyecto abortista el 31 de mayo de 2018[1]. Su ponencia se sigue difundiendo como una justificación del aborto, cuyo debate continúa a pesar de la reciente legalización de esta práctica en la Argentina. Kornblihtt es Doctor en Ciencias Químicas, Biólogo, Investigador Superior del CONICET y Profesor Titular Plenario de la UBA. Sus planteos son virales en las redes sociales, dando cierta artillería a los apologistas del aborto. Hoy en día, Kornblihtt se perfila como uno de los alfiles de la causa.
PRIMER ROUND: Vamos aclarando el panorama.
Suenan las campanas. Desde el inicio de su ponencia, el investigador plantea que presentará los últimos datos científicos que supuestamente confirmarían que un embrión no es lo mismo que un ser humano. Pero pronto se aprecian contradicciones. En efecto, dice Kornblihtt: “Los humanos somos mamíferos placentarios. Somos mamíferos por tener pelos y producir leche. Y placentarios porque el desarrollo solamente puede completarse dentro del útero”. Pues bien, si los humanossomos mamíferos placentarios, entonces un embrión –que crece dentro de la placenta– gestado por una mujer de la especie humana debería ser tan humano como nosotros. ¿O no?
Sigamos. Poco después, el especialista no teme en calificar al embrión llamándolo “casi un órgano de la madre” lo que, obviamente, suena muy científico a ojos vista. Pero pasemos por alto este desliz (al fin de cuentas, el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra). Continúa Kornblihtt diciendo: “la madre –ya veremos lo que podemos decir de esta palabrita– no sólo aporta, a través del intercambio placentario, el oxígeno y los alimentos necesarios para que el embrión progrese”; comunica también “los anticuerpos, fabricados por ella, que protegen al embrión de posibles infecciones. Además, las sustancias de deshecho y el anhídrido carbónico pasan de su sangre (se refiere al feto) a la de la madre a través de la placenta”. Y concluye: “sin ese intercambio placentario, el feto no podría progresar porque se intoxicaría”. No se puede pasar por alto –como observa agudamente nuestro amigo Tomás González Pondal[2]– que si el embrión fuese “casi un órgano de la madre” (y no distinto de su progenitora), entonces tales anticuerpos defenderían solamente al propio individuo que los produce. A propósito: ¿advierte Kornblihtt que no puede haber MADRE sin haber un HIJO?
Sigue el biólogo: “Las células y órganos del embrión y más tarde del feto sufren cambios epigenéticos durante el embarazo, que son consecuencia de la íntima relación con la madre y sin los cuales el nacido no progresaría”. Es decir: esos cambios que le ocurren al embrión y más tarde al feto son necesarios para que el nacido progrese. O sea: el embrión, el feto y el nacido son el mismo ser. Precisamente por eso –porque se trata del mismo ser–, no progresaría en su crecimiento la persona ya nacida de no haber experimentado esos cambios epigenéticos en el pasado, dentro del útero. Salvo el perverso deseo de pretender establecer el aborto a cualquier precio, no hay fundamento para decir otra cosa.
“El embrión y el feto no son seres independientes de la madre”, concluye triunfalmente Kornblihtt luego de explicar y describir cómo la placenta materna es necesaria para el desarrollo del niño. ¿Alguien alguna vez había objetado ésto? ¡Objetores de placentas, marchen presos! Nosotros no vimos ninguno. El científico no ha demostrado el carácter no-humano del embrión –como prometió ante el Senado– sino simplemente su condición placentaria.
Asimismo, es llamativo que el especialista olvide que los seres humanos siempre somos seres dependientes; lo es el embrión, el feto, pero también lo es un niño recién nacido, un pequeño de 5 años, un anciano o cualquier persona que, desafortunadamente, se encuentre en coma. Es claro que la dependencia con la madre guarda relación con la viabilidad del feto o del embrión; tan claro como que ser viable es una cosa, no ser humano es otra.
En definitiva, Kornblihtt presenta datos que –interpretados rectamente– brindan más firmeza a las posiciones provida. Lo expuesto hasta acá permite establecer el carácter absolutamente necesariode la madre para la preservación de la vida de su hijo. Miren cuánto nos parecemos: el feto necesita oxígeno, alimentos, anticuerpos, deshecha sustancias, posee sangre, puede intoxicarse. Lejos de demostrar que un embrión no es un ser humano, los datos presentados nos conducen precisamente a la conclusión inversa.
SEGUNDO ROUND: sí pero no.
Luego, Kornblihtt se mete en el tema de las legislaciones. Y dice que incluso para los sistemas legales donde está penalizado el aborto “la persona humana comienza con el nacimiento con vida”, para luego decir que esto tiene lugar “cuando el bebé se separa completamente de la madre”. Si analizamos estas palabras, advertimos dos cosas: 1) el adverbio completamente implica que el bebé –antes del nacimiento– ya estaba separado de la madre, pero no del todo; y 2) más importante aún: el bebé es bebé antes de ser separado completamente de la madre. Es el sentido común que brota por los poros del lenguaje, aunque al especialista del CONICET–UBA no le guste.
Es cierto –como dice el precitado Kornblihtt– que en la Argentina la ley civil reconoce “derechos suspensivos al embrión”, derechos que se harían efectivos al nacer con vida. Es cierto. Como también lo es que la ley penal de este país condenaba el delito de aborto (art. 85 del Código) en el momento en que Kornblihtt realizaba esta defensa. Pero no debería extrañar a ningún lector avisado que un abortista invoque sesgadamente la ley: es su modus operandi, no una excepción. Por otra parte, Kornblihtt no ve que concederle al embrión esos derechos suspensivos sólo tiene sentido si la persona por nacer y el embrión son lo mismo. Esta continuidad no dice nada al Investigador del CONICET pero debería llamar la atención a todo aquél que conserve un poco de racionalidad. Tampoco le resulta notorio a Kornblihtt que la ley condene por homicidio simple en concurso real con aborto (y no homicidio simple) a quien quitare la vida a una mujer cuyo embarazo le constare. Pero, ¿cómo podría significar algo para este hombre, víctima y victimario de esta hermenéutica jurídica contra la vida?
Hay más. Sigamos con este pugilato discursivo.
Kornblihtt dice que “La Biología no define vida humana, define vida”. Se trata del mismo especialista que, minutos antes, sostuvo queun embrión no es un ser humano. Explíquenos algo, doctor: ¿Por qué la Biología no puede definir vida humana pero sí definir que el embrión no es un ser humano? Los datos científicos –dice el académico del CONICET– no permiten concluir que el embrión es un ser humano… pero sí permiten concluir que no lo es. ¡Miren ustedes! ¿Por qué misterioso destino los conocimientos científicos son insuficientes para afirmar la humanidad del feto pero son suficientes para negarla?
Minuto 4,00 y siguientes: “Cabe preguntarse por qué para algunos es aceptable concebir que después de la muerte legal de una persona, definida en función del cese de la actividad cerebral o del latido del corazón, se admite que sus células sigan vivas por un tiempo y resulta, para esas mismas personas, difícil concebir que un embrión humano (¡!) está formado por células vivas pero todavía no es un ser humano”. No sabemos de las dificultades que ciertas personas puedan tener para concebir eso. Lo que parece evidente es la dificultad de concebir que un embrión humano no posea una vida humana, ¿no? Lo que nos lleva a la siguiente pregunta, de profunda raigambre epistemológica: ¿Por qué como biólogos no podemos afirmar la vida humana (sí, humana) del embrión pero podemos afirmar la vida humana de Kornblihtt?
TERCER ROUND: proyectos de humanos.
Hacia la mitad de su exposición, Kornblihtt dice que “un embrión humano (¡!) está formado por células vivas pero todavía no es un ser humano”. Y se atreve a decir: “Para la Biología, un embrión es un embrión, no es un ser humano. En todo caso, es un proyecto de ser humano”. ¿Alguien puede explicar por qué un embrión humano no es un ser humano? ¿Por qué no es entonces un proyecto de elefante o de ardilla? ¿Por qué diríamos “de ser humano” si no hubiese una humanidad presente? Todavía no es un ser humano: o sea que, según la lógica abortista, próximamente lo será. Pero, ¿acaso matar al que va a ser un hombre no es matar al hombre que ya es? De nuevo, la verdad se cuela por los bordes del discurso.
Kornblihtt vuelve al ataque, y sostiene: “El concepto de vida humana es una convención arbitraria que responde a acuerdos sociales, jurídicos o religiosos pero que escapa al rigor del conocimiento científico. Esta divergencia de criterios lleva a la dificultad de ponerse de acuerdo sobre el status del embrión. Pero deberíamos ponernos de acuerdo en que no es un ser humano y que, por lo tanto, no sería un crimen interrumpir el embarazo prematuramente”. Tomemos nota de lo peligrosamente cercanos que estamos a la mentalidad eugenésica o racista: si el concepto de vida humana es una convención arbitraria, entonces lo que está en juego es la vida en todas sus formas y etapas. No se ve qué impide, en esta lógica tan peculiar, que pueda acabarse con un hombre blanco, un hombre negro, uno al que le falte una pierna o que padezca el síndrome de down.
Si el concepto de vida humana escapa rigor del conocimiento científico, ¿qué valor tiene que un científico nos hable de algo que escapa al rigor del conocimiento científico? ¿Qué valor tienen todos los títulos de Kornblihtt? ¡Él mismo se está declarando incapaz! Y más aún: si escapa rigor del conocimiento científico, tampoco se puede establecer científicamente la no-humanidad del embrión. ¿Por qué deberíamos ponernos de acuerdo en que el embrión no es un ser humano si no hay acuerdo sobre el status del embrión?
CUARTO ROUND: vuelve el jurista.
Luego, de nuevo, Kornblihtt vuelve a meterse en el Derecho (¿los datos científicos no eran suficientes?). Pretende mostrar que el embrión no es una persona, a diferencia del ya nacido, diciendo: “la pena por practicar un aborto es mucho menor que la pena por matar a una persona…”. El especialista invoca, asimismo, “el hecho de que esté permitido (¡!) abortar en casos de violación o de peligro de la vida de la madre”. Son dos los puntos que deben abordarse: las penas, por un lado, y la supuesta permisión para el aborto, ligada al momento en que tuvo lugar esta ponencia (mayo 2018).
En primer lugar, como ya dijimos, el aborto estaba y -en algunos casos- está penado. Y está penado precisamente porque el embrión es una persona: de hecho, el artículo 85 del Código Penal contempla el delito del aborto en el marco de Delitos contra las personas/Delitos contra la vida.
En segundo lugar, puntualicemos que, en la Argentina, hacia mayo 2018, el aborto no estaba “permitido” sino que en algunos casos se consideraba “no punible”. Una acción antijurídica se declara no punible cuando la ley, por algún motivo, decide no perseguirla y por tanto no castigarla. Por ejemplo, el robo es una acción antijurídica pero realizado por un menor de edad no es punible. Aún demostrada su culpabilidad, el joven no será castigado. Hacer trabajar a un menor también es antijurídico pero no es punible siempre y cuando sean los padres, tutores o guardadores del niño los que lo hagan trabajar. Con todo y sin embargo, estas prácticas siguen siendo acciones antijurídicas y, por tanto, contrarias a la justicia.
Por último, cuando una ley declara no punibles ciertos homicidios –el aborto en caso de violación de mujer idiota o demente, por ejemplo– no está afirmando la inexistencia de la persona muerta. De hecho,la ley considera no punible el homicidio en el caso de la legítima defensa. ¿Y acaso el atacante abatido en esta circunstancia no es persona? Sí: tanto como el embrión.
QUINTO ROUND: Mejor ni lo hubieses abierto
Algún espíritu maléfico –quizás el genio cartesiano– indujo a Kornblihtt a abrir el diccionario para probar que el aborto no era un homicidio. Otra explicación no hay, porque nuestro prestigioso científico leyó que en “la sexta edición de un diccionario de genética de King y Stanfield (2002)” se proponen dos acepciones de la palabra aborto, definido como:
a) “la expulsión de un feto humano del útero por causas naturales antes de que sea capaz de sobrevivir independientemente”.
b) “la terminación deliberada de un embarazo humano muy a menudo realizada durante las primeras 28 semanas de embarazo”.
Kornblihtt cierra triunfalmente su diccionario y concluye con festividad digna de mejores nupcias: “Como se ve, en ninguna de las dos acepciones se menciona la vida humana, ni la palabra matar u homicidio”. Entendido: el mundo entero le clavó el visto. Está llegando la corona para el campeón. Lipovetzky, Rubinstein, Cristina Kirchner y Mauricio Macri están corriendo para llevársela… cuando de repente aparecemos nosotros, interrumpimos la orgía y clamamos voz en cuello: ¡Es un diccionario de genética, no de derecho y leyes! ¿Se dan cuenta? Además, el diccionario no dice homicidio pero habla de feto humano y de embarazo humano. Como dice el precitado González Pondal, el gran descubrimiento de Kornblihtt es haber encontrado un diccionario de genética que no utiliza una terminología jurídica.
Lo cierto es que el catedrático del CONICET ha cortado la rama que a él mismo lo sostiene. Su propia fuente no habla de un órgano ni de un casi-órgano-de-la-madre. Por lo visto, el autor del diccionario tampoco sintió escrúpulo alguno en llamar feto humano o embarazo humano al embrión humano, al contrario de este Doctor en Ciencias Químicas que no podría ver a un elefante en un zoológico vacío.¿No es increíble que sea el mismo Kornblihtt el que trae a colación el diccionario?Por eso pensamos que en realidad, algún perverso genio ha de haberse metido en su cerebro y le ha obligado a invocar este salvavidas de plomo. Sin contar que el especialista habla del aborto como “la terminación deliberada” de un embarazo humano muy a menudo durante las primeras 28 semanas, sin tener en cuenta que hoy en día los médicos salvan a bebés prematuros de 25 semanas de gestación. El progreso científico no cesa de incrementar las posibilidades para los mismos que Kornblihtt no hubiese tenido vergüenza en eliminar.
COLOFÓN
Termina diciendo Kornblihtt, siguiendo a los sofistas de la Antigüedad: “No hay un absoluto y los legisladores deben legislar para todos”. Como siempre, como lo sabemos ya desde Sócrates, Platón y Aristóteles, nada es absoluto… salvo las ideas de ellos. No hay un absoluto… pero el embrión no es un ser humano. Y esto es absolutamente cierto.“¡Todo adoctrinamiento es malo…!” Salvo el adoctrinamiento abortista en el Nacional Buenos Aires o en el Carlos Pellegrini. “¡Todas las posiciones son válidas!” Salvo la defensa de la vida del inocente en el vientre materno. “¡Toda violencia es censurable…!” Salvo la agresión contra los templos católicos en el marco de Autoconvocadas. Está bien que refutemos, que rebatamos las posturas abortistas. Pero desenmascararlas es mejor. Vamos a ello con una adivinanza.
¿Adivinen quién dijo el 28 de febrero del 2018, entrevistado por radio?:
“Vida humana en el sentido de la organísmica, del organismo, como dije antes, es un proceso continuo que comienza con la fecundación en el seno materno o también podría comenzar con una fecundación in vitro…”.
¿Quién lo dijo? Lo dijo el mismísimo Alberto Kornblihtt, en conversación con María O´Donnel, Tarde para Nada, Radio Con Vos[3].
¿Cómo es, Profesor? ¿No era que el concepto de vida humana era “una convención arbitraria que respondía a acuerdos sociales, jurídicos o religiosos y blablabla?
No, Kornblihtt. No conteste. Vaya, haga penitencia, conviértase y crea en el Evangelio. No queremos estar en su pellejo. Nunca, pero especialmente no quisiéramos estar el Día en que el Dios Vengador de Inocentes lo llame a dar cuentas por la sangre derramada que Usted, con sus palabras, colaboró a verter.
Nosotros, por el contrario, sigamos peleando por el Triunfo Definitivo de la Verdad y la Justicia. Peleemos como si nosotros mismos fuésemos esos embriones cuya vida, en este momento, está en peligro. ¿No nos gustaría acaso que los ya nacidos nos defendieran con toda la fuerza que tengan? Muy bien: Hagámoslo entonces nosotros.
[3] El video estaba aquí pero unos meses después de este artículo, ya no puede verse. El link original era: https://www.youtube.com/watch?v=-mUOHYkWFyw. Sin embargo, la grabación pudo ser rescatada y se puede observar aquí:
Y también aquí:
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La maniobra abortista de la Corte Constitucional de Ecuador. La reacción del presidente católico Lasso. ¿Durán Barba detrás de la Presidencia?
Por el Lic. Juan Carlos Monedero (h)
Buenos Aires, Argentina
Este 28 de abril, la Corte Suprema de Ecuador –en un fallo de 7 contra 2– dictó una sentencia[1] sobre la inconstitucionalidad de los artículos 149 y 150 del Código Penal[2] ecuatoriano, y esto a partir de que un grupo de organizaciones feministas-aborteras solicitara a la Corte constitucional que se expida al respecto. El 149 dice:
Artículo 149.- Aborto consentido.- La persona que haga abortar a una mujer que ha consentido en ello, será sancionada con pena privativa de libertad de uno a tres años. La mujer que cause su aborto o permita que otro se lo cause, será sancionada con pena privativa de libertad de seis meses a dos años.
La ley ecuatoriana considera no punible el aborto en caso de violación sólo si se trata de una mujer que tuviera una discapacidad mental (art. 150 del Código Penal):
Artículo 150.- Aborto no punible.- El aborto practicado por un médico u otro profesional de la salud capacitado, que cuente con el consentimiento de la mujer o de su cónyuge, pareja, familiares íntimos o su representante legal, cuando ella no se encuentre en posibilidad de prestarlo, no será punible en los siguientes casos:
Si se ha practicado para evitar un peligro para la vida o salud de la mujer embarazada y si este peligro no puede ser evitado por otros medios.
Si el embarazo es consecuencia de una violación en una mujer que padezca de discapacidad mental.
La Corte deja intacto el art. 149 y hace caer el inciso 2 del art. 150 del Código Penal, ampliando el margen de la no punibilidad. ¿Cómo lo hicieron caer? Por medio de un recurso previsto en la Constitución de Ecuador: la “declaración de inconstitucional” para este inciso 2. De este modo, todos los casos de abortos en mujeres violadas –sean discapacitadas mentales o no– entrarían en el campo de la no punibilidad. No recibirían pena.
No conforme con esto, la misma Corte exhortó a que el Defensor del Pueblo, la sociedad civil y los organismos estatales preparen “un proyecto de ley” que regule el aborto –denominado eufemísticamente como “interrupción voluntaria del embarazo”– para los casos de violación.
Asimismo, los jueces de la Corte Constitucional disponen que la Asamblea de Ecuador dé trámite a este proyecto en un lapso de 6 meses, advirtiéndole que trimestralmente deben informar sobre los avances al respecto.
El conflicto jurídico -por no hablar del moral- es inminente, dadas las lagunas legales que produce esta declaración de inconstitucionalidad. Por ejemplo, ¿cómo determinar que una mujer fue realmente violada? ¿Con una declaración jurada o con una pericia técnica? Esto no lo dijo la Corte.
Por otro lado, para evitar eventuales confusiones, debe aclararse que Ecuador no ha “legalizado” el aborto. En efecto, cuando la Corte Constitucional dice que el aborto en caso de embarazo de mujeres violadas quedará sin pena no está diciendo que este asesinato sea un hecho “legal”. Está diciendo que, a pesar de ser una conducta antijurídica, no lo castigará.
Existen muchas conductas antijurídicas que la ley no castiga, en Ecuador y en otros países. Por ejemplo, el robo por parte de los menores de edad. A los menores de edad no se los castiga si roban pero ese robo sigue siendo una conducta antijurídica, por supuesto; el robo entre dos hermanos, por ejemplo, si viven en la misma casa, tampoco es punible. Pero esto obviamenteno significa que la ley esté dando autorización. Cuando los padres hacen trabajar a sus hijos menores de edad, realizan una conducta antijurídica pero la ley no los castiga.
Por lo tanto, la Corte no está “legalizando” el aborto –no puede hacerlo–, el aborto no es considerado un “derecho” en Ecuador. Lo que ha ocurrido es que se ha ampliado en abstracto el margen de no punibilidad de una conducta antijurídica: el aborto.
Esta sentencia de la Corte en principio es vinculante para los tribunales inferiores, aunque un juez puede apartarse del criterio de la Corte mediante una sentencia muy elaborada. Sin embargo, este fallo constituye un poderoso antecedente nada alentador para la causa provida en Hispanoamérica dado que la Corte Constitucional es –como en tantos países– el órgano de interpretación máxima de la Constitución de Ecuador.
En el 2012, un fallo muy semejante al que venimos comentando tuvo lugar en la Argentina: el famoso fallo F.A.L., el cual también amplió el margen de no punibilidad de los abortos para caso de violación a secas. Produjo una incontable cantidad de falsas declaraciones juradas donde las mujeres aseguraban haber sido víctimas de violación para poder abortar. Esto mismo se espera que ocurra en Ecuador, y el movimiento provida de este país debe estar atento.
La sentencia de la Corte es una victoria para el sector feminista-abortero, que enérgicamente la está festejando a través de las redes sociales. También los dueños de las principales cadenas de medios de comunicación salieron a aprobar la medida. Por ejemplo, la BBC: “Aborto: la Corte Constitucional de Ecuador lo despenaliza para casos de violación”[3].
Human Rights Watch celebró la decisión. “Es un hito de la democracia ecuatoriana”, escribió José Miguel Vivanco, director para las Américas de HRW, añadiendo que la Corte “ha dictado una sentencia fundamental para proteger los DDHH”.
Con estos antecedentes, cualquier persona provida ya sabe qué conclusiones sacar al respecto.
En otro orden de cosas, cabe analizar el comunicado sobre el tema del recientemente elegido presidente, Guillermo Lasso, quien asume el cargo el 24 de mayo de este año. Guillermo Lasso se presenta como católico, es integrante del Opus Dei y ha trabajado como banquero. Parece que fue asesorado por Durán Barba[4], el mismo “cerebro” detrás de la victoria de Mauricio Macri en el 2015 en la Argentina. Pues bien, el Presidente electo de Ecuador acaba de sostener en un comunicado público –fechado el 28 de abril– lo siguiente:
quiero manifestar mi total respeto a lo resuelto por la Corte y anticipo que será respetado también por todos los funcionarios de mi futuro gobierno.
Las palabras de Lasso contrastan con las de su propia esposa, María de Lourdes Alcívar, quien anteayer apenas desde su cuenta de Twitter dijo lo siguiente:
Oremos al DIOS para que no sea aprobado el aborto en nuestro país. Es un asesinato. Que nos duela el corazón sólo el decirlo. Todos tenemos derecho a la Vida. Madres, padres, eduquen en Valores a sus hijos desde pequeñitos, a sus hijas, desde que nacen para que sepan RESPETAR #LaVida”.
El análisis de los argumentos de Lasso ilustrará el problema conceptual de muchos católicos en todo el mundo. Vayamos a su comunicado[5]:
Soy un hombre católico. Como tal, siempre he procurado actuar de acuerdo a los valores que dicta mi fe en todo lo que concierne a mi vida, mi familia, y mi acción privada. Sin embargo, como Presidente electo mantengo también un inquebrantable respeto a los valores democráticos y republicanos.
Creo especialmente en principios como la laicidad del Estado y la separación de poderes. Creo que el camino a un mejor país se construye con una democracia que dé cabida no sólo a quienes compartan mi visión, sino también a quienes sostengan creencias distintas. Por ello, hoy quiero manifestar mi total respeto a lo resuelto por la Corte Constitucional de nuestro país.
Si analizamos lo que está diciendo Lasso, él está “respetando totalmente” en el campo público algo que su fe católica le dice que es un crimen: el aborto. Está colocando la laicidad del Estado y la separación de poderes por encima de la justicia objetiva y de la fidelidad al Evangelio, al que llama “mi visión”. Señor Lasso, no es su visión. Es una verdad revelada por Dios, con consecuencias prácticas y políticas. Señor Lasso, los abortistas no tienen “creencias distintas”, son apologistas del crimen, del genocidio, del asesinato, como lo dijo su propia esposa.
Sigamos comentando el comunicado:
Aprovecho la ocasión para manifestar a la ciudadanía que en nuestro país es esencial la construcción de una democracia plenamente republicana. Esto no es un tema banal. Debemos aprender cada día a vivir en democracia. Para ello, la independencia de poderes y la laicidad del Estado son principios innegociables. No se vale que sean invocados solamente cuando nos convienen. Al contrario: deben ser respetados sobre todo cuanto las autoridades, en su independencia, toman decisiones con las que uno no está de acuerdo.
Para Lasso, la independencia de poderes y la laicidad del Estado son principios innegociables. Pero, ¿acaso la vida del niño por nacer no es innegociable? ¿Acaso la lucha contra el aborto no es innegociable? Se cae en la esquizofrenia de alabar en público aquello con lo que “no está de acuerdo”, expresión por demás insulsa.
El verdadero corazón de un demócrata se conoce en momentos como éste, cuando es capaz de respetar a la autoridad incluso cuando no está de acuerdo con ella.
Lasso presenta la decisión de la Corte como una cuestión en la que simplemente hay un desacuerdo. No, señor Lasso. Abrirle la puerta al aborto no es un “desacuerdo”. Es cooperar con el movimiento internacional abortista, responsable del asesinato de más de cincuenta millones de personas por año. No es un desacuerdo. Es una maniobra que abre posibilidades a los mercenarios de Planned Parenthood. No es un desacuerdo, es un atentado a las leyes de Ecuador. No es un desacuerdo, Lasso. No lo presente como un simple desacuerdo. No estamos hablando de gustos de corbatas. Estamos hablando de la vida y de la muerte; el problema es que la formación liberal que usted ha recibido no lo deja ver que no puede ser católico y respetar al mismo tiempo decisiones injustas, aunque sean congruentes con “un sistema plenamente republicano y democrático”.
Finalmente, esperemos que Guillermo Lasso se saque de encima a Durán Barba, quien en su momento dijo:
Nosotros tenemos que entender a la gente. Si la gente cree que (el precandidato del Frente para la Victoria, Daniel) Scioli es un buen gobernador, el 65 por ciento lo piensa, pues Scioli es un buen gobernador. ¿Es maquiavélico? No, es acercarse a la gente. Si la gente cree que la Virgen de Guadalupe es una atorranta, pues lo será hasta que se demuestre lo contrario”, explicó.[6]
El PadreCristian Echeverry Sánchez (Colombia) promueve el sacerdocio para homosexuales
Por Carlos Andrés Gómez Rodas
Doctor en Filosofía
Licenciado en Filosofía y Letras
por la Universidad Pontificia Bolivariana
“La Iglesia, respetando profundamente a las personas
en cuestión, no puede admitir a seminario y órdenes sagradas
a aquellos que practican la homosexualidad,
tienen tendencias homosexuales profundamente arraigadas
o apoyan la llamada cultura gay””
Instrucción de la Congregación para la Educación Católica
sobre los criterios de discernimiento vocacional
con respecto a las personas con tendencias homosexuales
con vistas a su admisión en seminario y órdenes sagradas
Para nadie es un secreto que, desde tiempos inmemoriales, han existido personas que se sienten atraídas física y emocionalmente por individuos del mismo sexo. Esta inclinación patológica se conoce como atracción por el mismo sexo (AMS) o, en inglés, same sex attraction (SSA). Usar el término varón homosexual para alguien que experimenta esta atracción o que practica relaciones sexuales con personas de su mismo sexo ya es una derrota ideológica porque da pie a considerar las relaciones homosexuales como igualmente válidas que la conducta heterosexual; es decir, tiende a equiparar la atracción natural entre el varón y la mujer, una patología no culpable y una conducta patológica e inmoral.
Así, muchos, hoy en día, dicen ser homo o hetero como quien habla de su equipo de fútbol favorito o de su partido político. Ahora bien, el término “gay” ya implica un nivel más alto de carga ideológica y manipulación del lenguaje, pues sugiere que todos los homosexuales son felices y que el estilo de vida homosexual es algo feliz. La ideología “gay” transmite –como una especie de axioma irrefutable– que ninguna persona con atracción por el mismo sexo es infeliz o está insatisfecha con su condición. Según el profesor Livio Melina de la Universidad Lateranense, la palabra “gay” “está altamente politizada y no significa simplemente una persona de orientación homosexual, sino alguien que adopta públicamente un estilo de vida homosexual y trata que éste sea aceptado por la sociedad como completamente legítimo”[1].
Estas reflexiones son necesarias para introducir los hechos que siguen. El pasado martes 20 de abril, el Pbro. Cristian Echeverry Sánchez, reconocido sacerdote de la Arquidiócesis de Manizales (Colombia) que se desempeña como asesor de la renovación carismática católica, comunidad María Mediadora y Emaús –además de ser profesor de la Universidad Católica de Manizales y formador del Seminario Mayor de dicha ciudad– presentó ante la comunidad académica de la Universidad Pontificia Bolivariana (Medellín, Colombia) su proyecto de tesis doctoral en Teología, titulado “Razones teológicas que admiten o impiden la ordenación sacerdotal a varones homosexuales. Hacia la construcción de una nueva masculinidad en el clero”, y esto bajo la dirección del Pbro. Dr. Carlos Arboleda Mora. Sus palabras pueden oírse aquí[2].
En la descripción del problema de investigación, el P. Cristian señaló que en 1973 la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) decidió eliminar la homosexualidad del Manual de Diagnóstico de los Trastornos Mentales (DSM II). Este punto de partida omite decir que dicha eliminación tuvo lugar sin ningún fundamento científico ―básicamente, por presión del llamado lobby gay que, ya en la época, era bastante fuerte[3]― así como tampoco menciona que, hasta hoy, existen posturas adversas a esa decisión.
Al mencionado sacerdote doctorando en Teología no le bastó afirmar que la “teología queer” o “teología de género” es un lugar pastoral o locus theologicus. La expresión más polémica del P. Cristian durante su Lectio Coram –momento en que el estudiante presenta su proyecto de tesis– fue:
“Debe haber propuestas que ayuden al Magisterio al acceso y la reflexión sobre el acceso de los candidatos y al acompañamiento de aquellos ministros ya ordenados que se reconocen como homosexuales y, aquí, hay que dar pasos hacia la construcción de un nuevo masculino en el clero. Miren, no podemos obviar que, si estamos en un camino de reconstrucción sinodal en la Iglesia, el paradigma del clero masculino –o sea, cómo nos presentamos los clérigos ante el mundo, cómo somos vistos– sí exige una revisión. Si queremos hacer una reconciliación con el mundo laical y, sobre todo, también, con el mundo femenino. Lo que nos proponemos, en definitiva, es dar pistas en la construcción de un camino para el correcto ejercicio del ministerio que lleve a los sacerdotes a vivir plenamente su ministerio, aceptando, si es el caso, su condición homosexual. No es justo, no es cristiano, no es pastoral que un sacerdote se sienta, de alguna manera, avergonzado, si tiene su condición homosexual y si vive su sacerdocio en castidad, si vive su sacerdocio íntegramente”.
Palabras como estas hacen caso omiso de las enseñanzas de la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, cuyo punto de partida es que la atracción por personas del mismo sexo es intrínsecamente desordenada. Por otra parte, los actos sexuales entre personas del mismo sexo están condenados por el Catecismo de la Iglesia Católica:
“Los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados (CDF, decl. “Persona humana” 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso” (No. 2357).
Si bien en su exposición el P. Cristian mencionó la Instrucción de la Congregación para la Educación Católica sobre los criterios de discernimiento vocacional con respecto a las personas con tendencia homosexuales con vistas a su admisión en seminario y órdenes sagradas de la Congregación para la Educación Católica[4] y la Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la Atención Pastoral a las Personas Homosexuales[5] de la Congregación para la Doctrina de la Fe, no profundizó en su contenido ni en las prohibiciones explícitas que en estas aparecen.
Por el contrario, una inspiración y base teórica del Pbro. Echeverry Sánchez para este proyecto investigativo resulta ser –como él mismo lo dijo– el teólogo y confeso homosexual holandés Henri H. Nouwen. Además, el P. Cristian en la Lectio Coram dice que en su investigación él “debate” con autores como James B. Nelson, Xabier Picaza, Marciano Vidal, John J. McNeil, Juan Pablo Mantilla, Juan José Tamayo, Kevin Flaherty Duffy, Donald B. Cozzens, Geoffrey Robinson, André Manaranche, William César Castilho Pereira, Juan María Uriarte, Roberto Noriega, Stefano Guarinelli, Giovanni Cucci, Eugen Drewerman, James Martin, Krzystof Charamsa, Luis Correa Lima, James Alison, Adriano Oliva e Isidor Baumgartner, entre otros. La línea de estos autores es, esencialmente, favorable a la promoción de la llamada vida gay y, por lo tanto, a la ordenación sacerdotal de homosexuales.
Sólo aludió a tres autores de la línea contraria: Mons. Fernando Chomali, Amedeo Cencini y Alexandre Awi. Tampoco se refirió a grandes expertos en el tema de la atracción por el mismo sexo (AMS) como Joseph Nicolosi, Linda Ames Nicolosi, Aquilino Polaino, Tony Anatrella, Jokin de Irala y Richard Cohen. Esta es tan solo una evidencia más de la inclinación teórica del P. Cristian, lo cual –además de ser inadmisible académicamente porque revela un sesgo inicial en la investigación– deja mucho que desear en un sacerdote católico con tan graves responsabilidades como las que le han sido encomendadas.
La Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la Atención Pastoral a las Personas Homosexuales, ya referida, emite una directriz para este tipo de casos que la Conferencia Episcopal de Colombia, la Arquidiócesis de Manizales y, especialmente, el próximo arzobispo, deberían tener muy en cuenta, sobre todo, porque el P. Cristian adelantó que iba a solicitar al nuevo obispo el tiempo necesario para una pasantía académica que le permita terminar su tesis doctoral. En esta Carta a los obispos, leemos:
“Se deberá retirar todo apoyo a cualquier organización que busque subvertir la enseñanza de la Iglesia, que sea ambigua respecto a ella o que la descuide completamente. Un apoyo en este sentido, o aún su apariencia, puede dar origen a graves malentendidos” (No. 17).
No se trata sólo de la Lectio Coram del 20/04/2021. La trayectoria en general del P. Cristian sirve para entender el sentido último de sus palabras. En una homilía pronunciada el 11 de noviembre de 2019[6], el Padre tergiversó el Magisterio de la Iglesia respecto a las personas con atracción por el mismo sexo a fin de promover la tolerancia al lobby LGTBI, confundiendo dos realidades muy distintas, a saber: la de quien, teniendo dicha atracción, desea vivir según las directrices morales de la Iglesia Católica y la de un grupo ideológico que, continuamente, agrede a la Iglesia y reivindica de muchas maneras un modo de vivir intrínsecamente malo y desordenado, lo cual es signo de impenitencia y obcecación en el pecado. El P. Cristian, pues, incurrió en una típica falacia ad misericordiam, ya que –utilizando el sufrimiento de las personas que experimentan atracción por el mismo sexo– sugiere abrir las puertas de la Iglesia a un lobby que se declara su enemigo y que la agrede siempre que puede. Apelando a la emoción de los fieles y a una comprensión bastante amañada de la misericordia, intenta rebatir los principios morales de siempre y sembrar la confusión.
En la Arquidiócesis de Manizales ya hay antecedentes importantes sobre este tema. En 2007, el arzobispo de Manizales, Mons. Fabio Betancur Tirado, estuvo a punto de ir a la cárcel por negarse a ordenar un seminarista abiertamente homosexual que, a su vez, lo demandó. El obispo estuvo a punto de ir preso pero no declinó y, heroicamente, defendió la moral católica como era su deber. Hoy, a poco más de una década, un sacerdote de la misma arquidiócesis intenta llevar a cabo lo que bien se puede llamar un manifiesto que aboga por la ordenación de hombres homosexuales en la Iglesia Católica. Decepcionante, ¿no?
Si tú, que estás leyendo este artículo, amas de verdad a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, difunde este artículo todo lo que puedas, hazlo llegar a los católicos fieles que conozcas y, especialmente, a las personas que siguen a este sacerdote y lo consideran idóneo para los cargos que tiene asignados. Esto va, especialmente, para los fieles de la Arquidiócesis de Manizales, reconocida históricamente como un ejemplo de fidelidad a la recta doctrina, celo pastoral y amor a la verdad. Esta es la ocasión para sentar un precedente de resistencia activa a los intentos modernistas y revolucionarios que pretenden adulterar la fe de siempre y asestarle el golpe definitivo al ministerio sacerdotal.
Más sobre el tema aquí:
Documental recomendado: «El deseo de los collados eternos», película-testimonio de Dan y Paul, dos hombres, y Rilene, una mujer, que dejaron la vida homosexual. Link: https://bit.ly/3tFHVtN
Libro recomendado: Comité TFP de Asuntos Americanos. (2004). En defensa de una Ley Superior. ¿Por qué debemos oponernos al pseudo “matrimonio” y al Movimiento homosexual? Santiago de Chile: Acción Familia. Link: https://bit.ly/3gy8gpK
Artículo recomendado: Revista de cultura católica Tesoros de la Fe / ¿Puede la psicoterapia procurar siempre el bien del alma? Link: https://bit.ly/32EaSu6
[1] Melina, Livio. (12 de marzo de 1997). Christian Anthropology and Homsexuality: Moral Criteria for evaluating Homosexuality. L’Osservatore Romano (weekly English edition), p. 5.
[3] “Ronald Bayer, investigador del Centro Hastings de Ética, en Nueva York, resume todo este proceso: ‘La Asociación de Psiquiatría ha caído víctima del desorden de la era tumultuosa, cuando tantos elementos disruptivos amenazaban con politizar todos y cada uno de los aspectos de la vida social americana. Un furioso igualitarismo… obligó a los psiquiatras e intelectuales a negociar el estatus patológico de la homosexualidad con los propios homosexuales’”. Nicolosi, Joseph y Nicolosi, Linda Ames. (2009). Cómo prevenir la homosexualidad. Los hijos y la confusión de género. Madrid: Palabra, p. 21.
Robert Leonard Spitzer, presidente de la APA por aquel entonces, mantuvo posiciones contradictorias sobre esta decisión a lo largo de su vida y lamentablemente desmintió sus propios estudios en los que defendía la efectividad de la terapia reparativa de la identidad sexual, actitud que delata la existencia de presiones sobre su persona por parte de organizaciones pro gay.
Otros libros que pueden revisarse sobre el tema de la homosexualidad son:
Anatrella, Tony. (2008). La diferencia prohibida. Madrid: Encuentro.
Cohen, Richard. (2004). Comprender y sanar la homosexualidad. Madrid: LibrosLibres.
Cohen, Richard. (2013). Abriendo las puertas del armario. Lo que no sabías sobre la homosexualidad. Madrid: LibrosLibres.
Mattson, Daniel. (2017). Why I don´t call myself gay. San Francisco: Ignatius Press.
Nicolosi, Joseph. (2009). Quiero dejar de ser homosexual. Casos reales de terapia reparativa. Madrid: Encuentro.
Polaino, Aquilino. (1998). Sexo y cultura. Análisis del comportamiento sexual. Madrid: RIALP.
Reilly, Robert R. (2015). Making Gay Okay. How Rationalizing Homosexual Behavior Is Changing Everything. San Francisco: Ignatius Press.
Schlatter, Francisco Javier; de Irala, Jokin y Escamilla Canales, Maria Inmaculada. (2005). Psicopatología asociada a la homosexualidad. Revista de Medicina de la Universidad de Navarra 49(3): 69-79. med y person.p65 (unav.edu)
Vacunas COVID: no saben por cuánto tiempo durará la protección. Lo dicen ellos
Por el Lic. Juan Carlos Monedero (h)
Un perspicaz amigo nos desliza un dato que, como una auténtica “confesión de parte”, habilita la consabida sentencia: “relevo de prueba”. Es decir, todos los que venimos descubriendo las distintas fisuras del discurso de la OMS en torno a la pandemia, los que constatamos los estragos producidos por la cuarentena en la Argentina y en todo el mundo, los que denunciamos la manipulación de las cifras de muertos y contagiados (y un largo etcétera que en atención a la brevedad omitiremos), obviamente no guardamos ningún tipo de confianza para con las vacunas contra el COVID. En efecto, nos parece que en base a las distorsiones mencionadas se ha creado la necesidad de una vacuna y ahora se vende la solución a esa falsa necesidad con las campañas masivas de vacunación.
No nos detendremos en lo embarazoso que resultó para Axel Kicillof anunciar en estas últimas horas la suspensión de la vacunación en La Plata bajo el poderoso argumento de que River tenía que jugar un partido de fútbol[1], para luego dar marcha atrás con la medida, una vez advertido el escándalo producido.
Nos referimos a algo más fino y que por el momento no ha tomado conocimiento público: en efecto, como en una película de terror que nunca se acaba, mientras más escarbamos en el tema de las vacunas más datos turbios surgen. Y esta vez, nuestro amigo D. nos acerca un dato verdaderamente “esencial” sobre tres vacunas: Sputnik, Sinopharm y Covishield.
La Vacuna Sputnik
El dato es terriblemente simple y sencillo: las autoridades científicas del gobierno argentino no saben durante cuánto tiempo protegen estas tres vacunas contra el COVID. En efecto, según el propio pdf emanado por la Dirección de Control de Enfermedades Inmunoprevenibles (dependiente del Ministerio de Salud de la Argentina), ellos mismos afirman en relación a la Vacuna Sputnik:
“Actualmente se desconoce el título de anticuerpos considerado protector y la duración de la protección” (pág. 11)[2].
La Vacuna Sinopharm
También desconocen por cuánto tiempo protege la Vacuna Sinopharm. En efecto, si hacemos click aquí[3] seremos dirigidos a una plataforma en la cual podremos descargar el pdf del manual del vacunador. Directo a la pág. 8:
“Actualmente se desconoce el título de anticuerpos considerado protector y la duración de la protección otorgada por dicha vacuna”.
En la pág. 18 se recalca que “Dado que existe información limitada en relación a la efectividad de la vacuna en la población; su capacidad para reducir la enfermedad, la gravedad o (fundamentalmente) la transmisión; y a cuánto tiempo dura la protección que confiere, las personas vacunadas deben seguir respetando todas las pautas actuales de cuidado, para protegerse a sí mismos y a los demás. Entre ellas se incluyen…” y luego enumera todas las medidas, barbijo y distanciamiento incluido. Comentemos el párrafo, poniendo la lupa en esta frase que ellos apenas dicen como a la pasada:
Existe información limitada en relación a la efectividad de la vacuna en la población;
Existe información limitada en relación a la capacidad de la vacuna para reducir la enfermedad;
existe información limitada en relación a la capacidad de la vacuna para reducir la gravedad;
existe información limitada en relación a la capacidad de la vacuna para reducir la transmisión.
Pero hay más, estimado lector. En la pág. 14 de este manual del vacunador Sinopharm leemos: “No se recomienda en ningún caso el dosaje de anticuerpos post-vacunación para evaluar la inmunidad contra la COVID-19 proporcionada por la vacuna”. ¿Qué significa esto? El dosaje de anticuerpos post-vacunación es un procedimiento que determina si la persona recién vacunada debe recibir un refuerzo o no. Es algo habitual, y se hace con otras vacunas. En el dosaje, se mide el sistema inmunológico de la persona para conocer si este sistema tiene la capacidad de defensa. Ahora bien, ¿cómo que el propio manual no lo recomienda? ¿Por qué se recomienda no conocer esto? ¿Acaso porque se teme el impacto que tendrá este dato en los vacunados?
La Vacuna Covishield
Vayamos por último a la Vacuna Covishield. En la página 15 del manual del vacunador (que puede consultarse aquí[4]) leemos, otra vez:
“Actualmente se desconoce el título de anticuerpos considerado protector y la duración de la protección otorgada por dicha vacuna”.
Asimismo, otra vez leemos: “No se recomienda en ningún caso el dosaje de anticuerpos post-vacunación para evaluar la inmunidad contra la COVID-19 proporcionada por la vacuna” (pág. 25).
Ahora bien, dejamos la pregunta para que responda el lector: ¿esta es la solución que tanto el gobierno como el periodismo adicto nos dibujan como si fuera la última Coca Cola del desierto?
[1] Cfr. https://bit.ly/3t3wfRi (noticia del 7 de abril del 2021).
[2] Cfr. https://bit.ly/3sXEwWR (pág. 11). Fecha de publicación: 10 de febrero del 2021.
[3] Cfr. https://bit.ly/3t263GN (pág. 8). Fecha de publicación: 28 de febrero del 2021.
[4] Cfr. https://bit.ly/3uxzK2E. Fecha de publicación: 18 de febrero del 2021.
Nuevo confinamiento: única manera de que políticamente les hagan caso
Por Juan Carlos Monedero (h)
Si el gobierno argentino manda algo respecto de temas económicos, la mitad del país se lo discute y cuestiona duramente.
Si el gobierno manda o designa un asunto en temas políticos, se discute y se cuestiona a fondo. Lo mismo si manda sobre jubilación, seguridad, temas sociales, impuestos, etc.
Pero si manda algo sobre COVID, mucha gente acata. Si impone confinamientos, una porción de gente -aterrorizada por los medios de comunicación- obedece.
¡Abramos los ojos!
Señores: el gobierno ejercita el mando en el tema COVID porque no tiene otro mejor. Para subsistir políticamente. En otro tema nadie les hace caso, o le hacen caso sólo los obsecuentes que tiene dentro. Ahora quieren encerrar a todo el mundo otra vez. No lo hacen por “la salud pública”. No lo hacen por tu salud. No te quieren cuidar. Es supervivencia política. Es conveniencia. Es interés. Y es la única manera de ejercitar su autoridad y de mantener dominada una población ya harta que, si estuviese organizada y enfervorizada, los sacaría a las patadas de la Casa Rosada.
No fue un hecho puntual ocurrido en nuestra querida provincia de Salta. También pasó en México en el día de ayer. Y viene pasando hace muchos años, siendo denunciado y resistido particularmente por los fieles de a pié. En efecto, este 8 de marzo un grupo de militantes feministas atacó la catedral de Salta. Justamente, en el llamado “Día de la Mujer”.
Con consignas abortistas, docena de mujeres –en un espectáculo vergonzoso y abominable– coparon la plaza 9 de Julio y atacaron el mayor templo de la ciudad. No es algo nuevo, el año pasado para la misma fecha habían marchado y se habían manifestado públicamente en las calles de la ciudad con sus consignas ideológicas.
Sin embargo, para entender lo que pasó ayer hay que verlo de una forma diferente a la que el común de la gente –incluso, el común de los comunicadores sociales– lo ve. En efecto, la mayoría de ellos lo ve como una “excepción”. Atacar el templo de Salta fue “un desborde”, una acción realizada “por una minoría” que por supuesto estaría lejos de empañar el espíritu del día en general. En realidad, es todo lo contrario.
Esto no fue un accidente: hace años que –desde talleres, textos universitarios, radios, medios de comunicación, etc.– a estas chicas se le machacan todo el día, todos los días, que la Iglesia Católica es “La Gran Culpable”. Lo dijo en su momento la infame Malena Pichot: la catedral es “el símbolo del mal”. Hace décadas que viene creciendo (con apoyo estatal, con apoyo internacional pero también con un trabajo propio) el sector feminista-lesbo-izquierdista-abortero.
El ataque a la Catedral de Salta no es más que la punta del iceberg de toda una campaña ideológica para desnaturalizar a la mujer y a la maternidad. Y, si lo analizamos, en esencia no es menos horroroso que la legalización del aborto que tuvo lugar a fin del año pasado. ¿Por qué no vandalizarían los templos quienes están dispuestos a descuartizar a los bebés? ¿Por qué no gritarían frente a una catedral quienes no tienen problema en sofocar los gritos de los niños en el vientre materno?
Las grabaciones de los hechos circularon en redes sociales: qué ridículo. Qué ridículo ver gente con barbijo “para cuidarse del COVID” mientras observan impávidos la destrucción del orden público en manos del feminismo-lesbo-abortero. Qué ridículo ver policías con barbijo, que deben cumplir mandamientos sanitarios ilógicos –inclusive, estúpidos– mientras las delincuentes feministas pueden incumplir todas las leyes, desde las humanas hasta las divinas. Es una doble vara: muy alta para unos, muy baja para otros. Pero ese mundo hemos venido aceptando hace años. La pregunta es: ¿hasta cuándo lo vamos a aceptar?