MANIPULACIÓN DEL LENGUAJE Y ABORTO – Entrevista conjunta con el Prof. Lucas Carena

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Caso Tucumán: réplica al comunicado pro-aborto del Colegio de Abogados de San Isidro

Caso Tucumán: réplica al comunicado pro-aborto del Colegio de Abogados de San Isidro

 

Por Juan Carlos Monedero (h)

El documento emanado por el Colegio de Abogados de San Isidro este 1º de marzo del 2019[1] –con ocasión de la cesárea que le fuese hecha en Tucumán a una niña embarazada– está plagado de distorsiones y errores. Por ejemplo, se repudia “lo recientemente acontecido” en esa provincia, tildándolo de “burla a la ley” cuando es lisa y llanamente hablando una mentira que haya ley. No hay ley del aborto, el aborto en la Argentina no está legalizado, está penalizado (art. 85 del Código Penal). La resolución del Ministerio de Salud de la Nación que respaldaría supuestamente el protocolo ILE no existe (una artimaña cuya responsabilidad le cabe en primer lugar a Cristina Fernández de Kirchner y que, a partir de diciembre del 2015, continuó sostenida por Mauricio Macri). El protocolo no constituye más que un puro acto administrativo, carente de vigor para obligar a nada (desarrollado aquí[2]).

Es absurdo que el documento del Colegio de Abogados de San Isidro sostenga que se han vulnerado “derechos” de las mujeres: como todo abogado debería saber, puesto que el aborto está penalizado en nuestro país, no puede un comportamiento contrario al derecho ser “un derecho”. Es hipócrita, por otro lado, pretender que el acto de violación sobre la niña despoje al embrión de su carácter inviolable. ¿La injusticia del padre debe recaer en su hijo? No se quiere entender que, tan pronto una mujer queda embarazada, su cuerpo desencadena una serie de procesos fisiológicos que la Ciencia Jurídica está obligada a contemplar y a respetar. La Ciencia Jurídica no está por arriba de la realidad sino a su servicio, y los fallos judiciales –vengan de donde viniesen– no pueden hacer que lo blanco sea negro, ni lo negro blanco.

Por otro lado, los abogados de San Isidro invocan el fallo F.A.L. de la CSJN sin la necesaria crítica jurídica al respecto. Porque en F.A.L., los jueces de la Corte fallan en abstracto: en efecto, hacía dos años que el aborto en cuestión ya se había realizado. Más aún: con la misma composición de jueces, la Corte había establecido –caso Sánchez (2007)– la doble indemnización para la familia de Elvira Berta Sánchez, reconociendo no sólo la existencia de vida (y vida humana, sofistas) desde la concepción, sino afirmando que el derecho a la vida desde la concepción tenía rango constitucional. Exactamente lo contrario a F.A.L. ¿Estos son los apoyos de los abogados de San Isidro?

El discurso políticamente correcto que informa el comunicado de este Colegio de Abogados los mueve a decir que, como institución, abogan “por el cumplimiento real y efectivo de las leyes vigentes, como es el de la protección y garantía de los derechos de las personas y en particular de quienes son más vulnerables”. Poco les ha importado la vulnerabilidad de la persona humana en el vientre materno, como es evidente. Lo cierto es que no hay razón para creer en el interés por “los derechos de las mujeres” a nadie que no le interese el derecho de un bebé.

Con toda la tradición médica a cuestas, especialmente el Juramento Hipocrático, hay que decir, además, que el aborto –hábilmente denominado “interrupción”– no es un procedimiento médico, por lo que considerar “tortura” a su falta de realización no pasa de ser un artificio retórico de los firmantes del Colegio de Abogados de San Isidro, recurso impropio en quienes deberían trabajar por la vigencia de la justicia.

Por otro lado, escandalizarse ante la opinión pública porque en este caso particular de violación no se haya realizado el aborto cuando en realidad se persigue la liberación y legalización total del aborto por cualquier motivo –por eso apoyan el proyecto del año pasado– constituye un signo de clara deshonestidad.

No hay una sola línea de repudio al acto del violador en este comunicado, que es el verdadero y auténtico causante del drama que esta niña estuvo recorriendo. Pero esta omisión está calculada: hablar del violador enfurece al potencial lector que, naturalmente, es movido a pensar en las víctimas (la niña embarazada y su hijo), descargando su ira en el agresor.

Por último, la defensa de la vida de los inocentes no es un “supuesto imperativo moral” –como odiosamente la retrata el documento de los abogados de San Isidro–, es una exigencia evidente y contundente del carácter sagrado y único de la vida. Es evidente que quienes no tienen problema en matar no valoran ni pueden valorar lo bello que es vivir.

 

[1] http://www.casi.com.ar/content/otro-peligroso-antecedente-una-burla-la-ley

[2] https://jcmonedero.com/mitos-y-verdades-en-torno-al-debate-del-aborto-la-resolucion-inexistente/

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Lenguaje, Ideología y Poder. Psicopolítica y Guerra Semántica

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Teísmo, Deísmo y Ateísmo. ¿La ciencia es contraria a la fe?

El punto en cuestión es la existencia de Dios.

El teísta responde que sí, el ateo responde que no.

El deísta responde afirmativamente pero ese Dios al que reconoce no es “Alguien” sino “Algo”. Una fuerza, impersonal, un impulso, una energía, que ha generado todas las cosas.

Y por otro lado, está la ciencia.

Y la fe.

Las contradicciones nunca son entre “ciencia y fe” sino entre los científicos y los creyentes. Entre algunos científicos, debo decir. Pues hay científicos que no sólo no vieron contradicción ni incompatibilidad entre la ciencia y la existencia de Dios –una verdad capital de la fe– sino que, más aún, esa aceptación de la divinidad los impulsaba a investigar más y más. Antonio Fernández-Rañada, catedrático de la facultad de Física de la Universidad Complutense de Madrid y físico, sostiene: “Para una parte de la opinión pública y del mundo intelectual la Ciencia se opone necesariamente a la fe en Dios y los científicos son todos necesariamente ateos. Pero hay quien lo ve de otra manera, asegurando que la Ciencia puede acercar al hombre a Dios pues le permite comprender mejor su obra, del mismo modo que quienes tienen educación musical aprecian mejor un cuarteto de Beethoven”.

Max Planck, padre de la Teoría Cuántica y Premio Nobel de Física en 1918, sostuvo: “a partir de lo que la Ciencia nos enseña, en la naturaleza hay un orden independiente de la existencia del hombre, un fin al que la naturaleza y el hombre están subordinados. Tanto la religión como la Ciencia requieren la fe en Dios. Para los creyentes, Dios está al principio y para los científicos al final… Entre Dios y la Ciencia no encontramos jamás una contradicción”.

Por otra parte, la dificultad principal para el ateo –quien afirma que Dios no existe– es precisamente que, al afirmarlo, está diciendo que SABE que Dios no existe. ¿Cómo puede saberlo? Es mucho más lógico sostener que ignora su existencia.

El deísta no está en mejor posición porque –si bien admite la divinidad– incurre en una contradicción con el principio de causalidad. En efecto, en la visión deísta, el universo es producido por algo. Sin embargo, dentro de este universo, hay personas. Nosotros. Hay alguien, no solamente existen “cosas”. No sólo hay objetos, hay personas. Hay un yo–tú. ¿Cómo podría un proceso impersonal generar seres personales?

El teísta, finalmente, al inferir la existencia de una Mente Inteligente a partir de la inteligencia que observa en la realidad –la naturaleza, en efecto, está inteligentemente diseñada–, infiere asimismo que esta Mente es una Persona. Y resuelve el dilema del deísta: porque no es contradictorio que un ser personal genere seres personales.

Las certezas racionales del teísta son perfectamente congruentes con las verdades de la fe, la cual –rectamente entendida– no humilla la razón del hombre ni compromete en nada la actividad de la inteligencia, que (en esencia) sigue siendo la contemplación desinteresada de la verdad de las cosas, la admiración por el ser, el deleite por saborear la racionalidad ínsita en el universo. Antes bien, la fe –que llega a la persona por el oído– purifica y eleva la razón natural del hombre.

 

Artículos y/o videos relacionados:
  • La fe católica, el ateísmo y la teoría del Big Bang
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·        La teoría evolucionista y la creación del hombre – Análisis del conocido fragmento 29 de la encíclica Humani Generis de Pío XII
https://apologetica-argentina.blogspot.com/2016/05/la-teoria-evolucionista-y-la-creacion.html
  • Ciencia, Filosofía y Fe

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El debate ideológico y político, un tablero de Ajedrez. Verdad y Poder

Los debates y controversias ideológicas nunca son ideológicas. Quienes nos aproximamos a la filosofía, quienes nos animamos a filosofar, sabemos de la mano de Santo Tomás de Aquino que la razón nunca actúa sola, que los sentidos, las pasiones, los impulsos e inclusos los instintos no son autónomos, y que todo en el hombre es “humano”. Esto quiere decir, ni más ni menos, que el mismo aprendizaje -que tiene su centro en la inteligencia, que es inmaterial- es un suceso emocional. Aprendemos más fácilmente cuando tenemos la disposición emocional de aprender (todos recordamos a esas señoritas encantadoras de la Primaria que nos hacían sentir como coches de Fórmula Uno). Los debates y controversias también participan de este carácter humano: no son dos fríos intelectos los que discuten ni son dos puras animalidades las que entran en pugna. Son dos hombres, con su inteligencia, su razón pero también sus emociones, sus pasiones y hasta sus miedos.

Como en el Ajedrez.

En el juego-ciencia, la práctica, la habilidad, la inteligencia aplicada, el manejo de las estrategias es determinante. Pero no es lo único. Porque uno juega al Ajedrez y ahí refleja quién es; primero por el Ajedrez mismo, pero también porque en todos los juegos de alguna manera nos revelamos. En los juegos nos mostramos como somos, y es quizás el Ajedrez uno de los que nos permita entender mejor la compleja realidad social y política en nuestro país. Porque la Argentina está atravesada por varios discursos, por complejas ideologías y por robustas doctrinas. Todas ellas tienen un elemento teórico, sincero o no, realista o no, pero al ser encarnadas por personas de carne y hueso, cada uno de ellos le imprime a estas ideas la marca especial de su propia individualidad. Al igual que cuando movemos los peones. De la misma manera que cuando adelantamos un alfil blanco para amenazar el campo de las negras. ¡Cuántas veces, envalentonados por una buena jugada, nos confiamos, nos desbocamos en el ataque y terminamos perdiendo una buena posición o fichas clave! Como dice mi santa madre, menos es más.

También pasa lo mismo en la política y en las controversias ideológicas. No son robots los que discuten, los que tejen alianzas partidarias, los que se asocian para lograr sus propios fines. Son personas, somos personas que al tomar una decisión involucramos elementos tanto conscientes como ocultos. Como dice Jürgen Klaric, especialista mundial en ventas, la acción de vender debe apuntar a cubrir -para ser eficaz- “la necesidad antropológica inconsciente” de una persona. ¿Y no es verdad que nosotros “compramos” una idea, una ideología, un discurso?

Hasta aquí, creo que todos podemos estar de acuerdo en el 100% de lo anterior. Pero trascendamos el plano psicológico. Porque la salud de la persona no se define por la alineación de sus actos con sus ideas, lo cual es condición necesaria pero no suficiente. Porque esas ideas deben estar alineadas con la verdad de las cosas, con la veritas rerum, como dice la tradición filosófica realista. Porque digamos algo con todas las letras, aunque pueda sonar antipático para los oídos píos de cierta gente. Antonio Machado podrá ser muy eufónico con su “Caminante, no hay camino”, podemos sentirnos gigantes escuchando a Serrat interpretando estos versos, pero estos versos no nos inspiran a ser mejores. Si se sabe ver, nos transmiten desesperación, indiferencia doctrinal; nos transmiten un espíritu resabiado de relativismo, con dosis calculadas de escepticismo. Porque si no hay un camino mejor que otro, un camino preferible a otro, un camino objetivamente bueno, no hay verdad. Y estaríamos en el Reino de la Opinión donde las ideas y posiciones no valen en función de su correspondencia con la realidad sino en virtud del poder que me den. Pero eso, ¿no establece el despotismo más abyecto? Amparados en el puro ejercicio poder, sin norte ni brújulas éticas objetivas, ¿qué lugar queda para la Justicia?

¿Dónde está más protegido el débil? ¿En la Ciudadela de la Verdad y la Justicia absolutas (así, con mayúscula) o en el Reinado de la Mayoría, donde predomina la Sacrosanta Cantidad?

Una posición cómoda para los libros pero impracticable en la realidad: ¿o acaso aceptaríamos que nuestro jefe no nos pague nuestro sueldo? Si nuestro empleador se negase a hacerlo, seguramente le diríamos que debe abonar los honorarios de nuestro trabajo “porque es lo que corresponde”. Ahora bien, lo que corresponde es lo justo. ¿Y si nuestro jefe nos escupe en la cara la perversa filosofía de Machado, según la cual no hay justicia verdadera sino puntos de vista? ¿Qué le impide decirnos “Lo que corresponde está sujeto a cambios y pautas culturales, válidas para ciertas épocas y ciertos lugares de la humanidad, y casualmente mi empresa no es uno de ellos”? ¿Por qué debería pagarnos si la verdad no existe, si la justicia es una convención, si no hay “un camino” éticamente bueno?

El debate sobre el aborto, impulsado por el oficialismo a principios del año pasado, es el escenario más descarnado de este Relativismo. El débil es el niño por nacer, el máximamente desprotegido, ni gritar puede. Los números deciden si es legal o no descuartizarlo: las cantidades. Las cifras. Diputados y senadores falibles por separado que, por arte de magia, se vuelven infalibles en conjunto, como agudamente señaló esa gran cabeza que fue Juan Donoso Cortés. Y los políticos, del otro lado, contando cuántos porotos les reditúa presentarse de tal o cual manera. Cristina Fernández de Kirchner “descubriendo” que estaba a favor del aborto; Juan Manuel Urtubey apostando al progresismo luego de varios años de administración conservadora; Sergio Massa tejiendo alianzas políticas donde las ideas, los conceptos, los principios se subordinan a la acumulación de capital político. Mauricio Macri habilitando -al mejor estilo Poncio Pilatos- debatir sobre si el bebé en el vientre materno puede ser asesinado (o no), luego de haber sostenido -durante el Congreso Eucarístico Nacional, en Tucumán, junio 2016- las siguientes palabras: “Defiendo la vida desde la concepción hasta la muerte”.

La Verdad, la Justicia y el Poder parecen ir por caminos distintos. La pregunta es qué camino va a tomar usted, lector. ¿Se va a convertir en parte de la solución o en cómplice del problema?

Acciones para librar la guerra ideológica contra el aborto y el despotismo de género

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Aborto, ideología de género y ESI. ¿Cómo hacerles frente?

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El lenguaje pro-aborto y la agenda de género como el nuevo «Caballo de Troya»

El lenguaje pro-aborto y la agenda de género como el nuevo «Caballo de Troya»

 

Según la literatura universal, cuando los griegos luchaban contra los troyanos en una guerra frontal y abierta, no podían vencerlos. Esta forma de guerrear no les daba los resultados deseados; no podían tomar Troya, por lo que apelaron a otro tipo de estratagema: construyeron un enorme caballo de madera e introdujeron a varios soldados dentro de él. Dejaron la estructura cerca de la ciudad de sus adversarios y se dedicaron a esperar. En el flanco izquierdo del «caballo» estaba grabada una frase en homenaje a la diosa Atena, lo que despistó a los troyanos, al punto que ellos mismos terminaron introduciéndolo a su propia fortaleza. Los soldados griegos escondidos salieron por la noche, abrieron desde dentro la puerta a sus compañeros que afuera los esperaban y así obtuvieron la victoria sobre sus enemigos.

Sin lugar a dudas estamos ante una situación muy semejante en la actualidad, por lo menos en lo que respecta a la comunicación –y especialmente la comunicación política– en la Argentina. Los ideólogos y militantes por el aborto legal (a decir verdad, ni es seguro ni es gratuito) son incapaces de lograr la legitimación social de esta práctica si vienen de frente. No pueden mostrar una ecografía y decirnos que no estamos viendo un bebé. No pueden decir la palabra “hijo” o “niño” –léase las propias recomendaciones de CASA FUSA para la cobertura periodística sobre el aborto[1]–, no pueden confesar abiertamente sus vínculos con los poderosos organismos internacionales que les dispensan toneladas de dólares. No pueden mostrar en primer plano cómo se realiza un aborto –cosa que pasó en el Senado el año pasado, para escándalo de los presentes– porque tales imágenes tal terror que el tiro les terminaría saliendo “por la culata”. No pueden decir ni una palabra sobre el uso de los órganos de los bebés abortados en el proyecto de ley porque ahí aparece la sigla I.P.P.F. y todo el mundo pierde la cabeza.

Así las cosas, iniciando este 2019, parece ser que los griegos no pueden derrotar a los troyanos sin recurrir a las artes del engaño y la simulación; por eso los pañuelos verdes prefieren decir “interrupción” en vez de destrucción del embarazo. Por eso prefieren llamar “producto de la concepción” a la persona por nacer. Por eso mienten con las cifras de cantidad de abortos por año (el mismo Rubinstein pasó de medio millón a 400.000, para terminar diciendo 47 mil, ¿no eran sostenibles los 500.000 por año?). Por eso llaman “práctica médica” al abuso de la medicina. ¿Nos damos cuenta de que la comunicación social y política está atravesada por estas palabras-talismán?

La defensa de la familia no es otra cosa que la defensa de la Argentina, y para llevarla a cabo lúcida y eficazmente debemos estar con los ojos bien abiertos. No podemos dejar que nos contrabandeen criminales legitimaciones bajo el ropaje de estas palabras.

Por el mismo motivo, tampoco podemos ver como fenómenos separados la promoción del aborto y la agenda de género. Son parte de la misma maniobra. Porque la agenda de género no procura el respeto por las personas homosexuales: eso es la pantalla. Quienes están detrás de esta agenda aspiran a trastocar el sentido común de los argentinos a través de maniobras periodísticas y políticas, cuyo centro es el manejo de la palabra, la imagen y la provocación de conflictos. Porque la agenda de género no busca otra cosa que instalar y volver aceptable la famosa ideología de género.

La familia, los instintos y tendencias naturales –como la maternidad y la paternidad–, la voluntad de los padres de sacrificarse por sus hijos, son los adversarios de estos militantes de la muerte. Por eso reaccionaron enérgicamente contra el editorial del diario La Nación de este 1° de febrero[2], que resaltaba a esas adolescentes que –contra la opinión de sus propias madres– llevaban adelante sus embarazos. El stablishment no perdonó y –desde UNICEF hasta Amnistía Internacional, pasando por la Asesora General de la ciudad de Buenos Aires– realizaron su inapelable condena social. No le perdonan que recuerde que esas madres siquiera existen, que hay chicas de 14 años que no abortan; no quieren reconocer –como dice el editorial– que la actitud de aquellas valientes chicas “despedaza el pañuelo verde”.

En los últimos meses, los esfuerzos comunicacionales de quienes promueven el pseudoderecho al aborto están concentrados en la palabra “vida”. Se dieron cuenta un poco tarde que si quienes se oponen a este crimen se autodenominan “provida”, por consecuencia lógica quienes propicien la práctica serán relacionados con la muerte. No lo pueden permitir. Por eso, esta batalla por la vida de los indefensos es inseparable de una controversia comunicacional, periodística, lingüística. Y la arena de combate, la mente, el alma, nuestra voluntad. Que no nos metan el Caballo de Troya a través de las palabras.

 

[1] Cfr. http://grupofusa.org/abortoyperiodismo/ Agradecemos al boletín NOTIVIDA, quien hizo circular esta información, de quien la hemos recogido.

[2] Cfr. https://www.lanacion.com.ar/2216199-ninas-madres-con-mayusculas

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