El “nazi” del mes: ¿qué esconde la polémica en torno al Dr. Ramón Carrillo?

El “nazi” del mes: ¿qué esconde la polémica en torno al Dr. Ramón Carrillo?

 

Por Juan Carlos Monedero (h)

 

Round 1: la palabra “nazi” les estalló en la cara

 

¡Qué tiro por la culata del kirchnerismo! Un dolor de muelas para Alberto y sus albertos, para Cristina y sus cristinas. Porque desde que asumió Néstor Kirchner en el 2003, la batalla discursiva –que en el fondo no es otra cosa que una lucha por definir qué sería el bien y qué sería el mal– siempre supuso para los kirchneristas que los nazis eran “los otros”. El kirchnerismo supo hacer uso y abuso del término, ya desde 2003, cuando el Néstor llegó al poder.

Nazis eran los militares que habían luchado contra la subversión, legal o ilegalmente (daba lo mismo para ellos). Nazis eran los católicos que cuestionaron a la candidata Carmen Argibay, ya manifiestamente pro aborto, más tarde confirmada como Jueza de la Corte Suprema. Nazis fueron también los católicos que defendieron a Monseñor Basseotto, que apuntó contra Ginés González Genocida, alfil del abortismo. Nazis fueron las jornadas del Círculo de Formación San Bernardo de Claraval (al menos así lo dijo Página/12, vocero oficioso del gobierno), y por eso el Gobierno apretó a Gendarmería, y el jefe de las bandas musicales –que tocó en las jornadas– terminó despedido y otros tres gendarmes fueron sancionados[1]. Nazis eran también los asistentes a las misas en Luján realizadas por el Círculo de Formación San Bernardo, celebradas por Basseotto en el año 2006[2].

“Nazi” fue, a no dudarlo, la palabra talismán desde la cual se dividían las aguas. De un lado estaban los buenos (es decir, ellos). Del otro, los nazis.

Y ahora se dio vuelta la tortilla, y los nazis son ellos por proponer a Ramón Carrillo para los billetes de 5000 pesos.

Leamos el tuit del embajador del Reino Unido, Mark Kent: “El nazismo fue el mayor mal del siglo XX. Condujo al Holocausto. La muerte de millones de inocentes. No debemos conmemorar a nadie que participó en este terrible episodio”, sostuvo Kent, en relación a Ramón Carrillo.

La embajadora de Israel, Galit Ronen, tuiteó: Cuando decimos ´Nunca más’ refiriendo al Holocausto, no hace sentido conmemorar alguien que, por lo menos, fue un simpatizante con este ideología“. Todos indignadísimos.

Y parece que el pobre Carrillo no dejaba de darle indicios. Como tantos simpatizantes del Eje, apoyó la neutralidad argentina en la Segunda Guerra Mundial. Posición compartida por toda persona patriota, ya simpatizara o no con el Eje, dado que la neutralidad parecía lo más conveniente, como lo había sido en la I Guerra Mundial. El problema es que para cierto tipo de mentalidad antinazi, un indicio es interpretado como elemento probatorio decisivo, que no admite prueba contraria. Hay gente que se maneja así.

También emitió un enérgico comunicado el Centro Simón Wiesenthal para América Latina. Entre este domingo y el lunes, los señores Gelblung y Shimon Samuels salieron a decir: “Rechazamos enfáticamente la elección de un personaje así, que mancillará a Argentina con su imagen en su billete de mayor denominación”[3].

Claudio Avruj también salió a pegarle a Carrillo –y por extensión al gobierno– bajo el cargo de haber procurado en 1947 la entrada en la Argentina de un médico nazi llamado Carl Vaernet. Pero Avruj no es él sólo, dado que es dueño de la agencia de noticias Vis-a-vis. Guillermo Yanco –pareja de Patricia Bullrich– también es dueño de esta agencia. Probablemente, “el caso Carrillo” llega así al sector del PRO, y el poderoso aparato de multimedios macrista empezó a trabajar. ¿Cómo trabajan? Es sencillo: se agita la palabrita nazi, por lo que todo el mundo –como sabemos– comienza a perder la cabeza. En definitiva –como diría el inolvidable Aníbal D’Angelo Rodríguez–, en el mundo actual está permitido todo. Drogarse, prostituirse, matar enfermos, inocentes, mentir, blasfemar. Salvo ser nazi. Y quién es nazi y quién no, lo dicen ellos. Pero esta vez, ¡había dos sectores poderosos disputando quién definía! Y nosotros nos compramos pochoclos para ver cómo se desarrollaba el asunto.

 

Round 2: Contraofensiva kirchnerista: Carrillo no es más nazi que Churchill

 

Era muy grave la acusación.

Y eran muchos los factores de poder que estaban martillando contra el oficialismo. Repasemos: embajada de Israel, embajada de Gran Bretaña, Centro Simón W., el multimedios macrista… Y entonces, los kirchneristas salieron a responder. Se vieron obligados, emplazados.

Fueron acusados mil veces de incluir entre sus cooperadores y colaboradores a los autores materiales e intelectuales de incontables asesinatos, perpetrados por estructuras guerrilleras en los años 70’. Ante eso no respondieron nunca, aquí sí.

De esta manera, Página/12 –expresión oficiosa del kirchnerista– invocó la autoridad del historiador judío Raanan Rein (buena carta, muchachos), quien explicó: “Por su brillante carrera académica, la UBA otorgó a Carrillo una beca de dos años para perfeccionar sus conocimientos en neurocirugía en Europa. Recorrió instituciones médicas en Ámsterdam, París y Berlín. Es probable que en Alemania haya presenciado un mitin con Hitler, como cuenta en sus trabajos la historiadora Karina Ramacciotti”[4].

O sea, Carrillo compartió un mitin con Hitler.

Rein, con pudor casi, sostiene que esto “es probable”. Pero no vemos razón para desconfiar de Ramacciotti.

Luego Página/12 no se priva de hacer jueguitos para la tribuna. Y relata –para tranquilizar al lector zurdoide– que en 1935, hasta el propio Winston Churchill escribió: “Es en este misterio del futuro que la Historia declarará a Hitler como un monstruo o como un héroe”. Básicamente, el hilo invisible del razonamiento sería algo como esto: si Churchill no puede ser llamado nazi por decir estas palabras, tampoco Carrillo. ¿Hasta aquí ha llegado Página/12 para defender las medidas del oficialismo? Increíble. Ramón Carrillo compartió un mitin con Hitler, pero no es nazi. Pero los miles de católicos que asistieron a misa de Basseotto sí lo son.

Diario Perfil –que en este caso actúa como vocero oficioso del gobierno– ya aclaró en su edición del 20 de mayo del 2020: “El Gobierno prefirió no contestarle (a la embajadora judía) de modo oficial”[5] (copete). Aunque en el cuerpo del artículo, los amigos K suavizarían diciendo que el Gobierno “por ahora prefiere no responderle (a la embajada de Israel), al menos, de modo oficial”. Una pieza importante del kirchnerismo, Juan Grabois, parece que no se pudo contener y respondió, aunque a título personal.

Acota Perfil, también en el cuerpo del artículo: “De momento, el Gobierno no planea hacerlo de manera oficial. Alegan que los tuits no son explícitos en su referencia y prefieren evitar entrar en una polémica tuitera por un proyecto que, por ahora, el propio presidente Alberto Fernández ya descartó. Tampoco buscan alimentar un entredicho mayor con Israel o el Reino Unido”.

 

Round 3: cuando a los zurdos los corren por izquierda

 

Pero Página/12 está evidentemente muy molesta con los judíos, y salió a decir cositas que no suele decir. Ahora que están enojados se animan a decir cosas, porque a ellos (y no a los demás) los están matando en las redes sociales con la acusación de nazis. Y en el fondo, sienten todo el malestar por haber servido en bandeja otro argumento a la oposición. A partir de ahora, no faltará el opositor –serio o no– que pueda decir que el gobierno de Alberto “reivindicó a un médico nazi para los billetes de 5000 pesos”.

Detalle de un amigo: en los últimos años del período kirchnerista 2011-2015, se había conformado una agrupación que se denominó ‘La Ramón Carrillo’. ¿Qué estarán diciendo ahora?

 

Round 4: también nos hicimos lectores de Clarín

 

Dice el matutino clarinete: “en la colectividad había mucho enojo con el Centro Wiesenthal por acusaciones que consideraron ‘infundadas’. Llegaron a decir que el Wiesenthal en esta región basa su existencia en unas autorizaciones periódicas que precisa y que por ello, para tener financiamiento, precisa producir hechos y noticias permanentemente”[6]. Se comenta solo, ¿verdad?

Sigamos:

 

 “Clarín intentó este lunes por la noche comunicarse con Ariel Gelblung, su director, para entender (¡!) la fuente. Pero hasta este martes no había respondido. El problema es que un miembro de la familia dijo haber hablado con el Centro Wiesenthal y que este le dijo que se habían ‘basado en una película’”.

 

Los signos de exclamación son nuestros. Querido lector, el periodista de Clarín no entendía… y quería entender, ¿lo comprenden? Cuesta entender cuando no hay nada para inteligir, parece.

En Crónica TV, la noche del 19 de mayo, el nieto de Ramón Carrillo –homónimo de su abuelo– confirmó, ante la pregunta directa del periodista, la versión de que el origen de la acusación provenía de una película.

 

Round 5: Embajada de Israel y Gran Bretaña: ¿exageración? ¿Mentira?

 

Sopesemos las versiones y tratemos de entender qué se ha probado y qué es lo que no quedó acreditado.

El embajador británico acusa a Carrillo de haber “participado” en el Holocausto. El embajador judío acusa a Carrillo de haber sido “por lo menos” (o sea, que podría ser más) un simpatizante del nazismo. Ahora bien, ¿qué es lo que realmente se ha aceptado por parte del sector K?

Tomemos lo máximo que reconoce Página/12: que Ramón Carrillo colaboró para traer a la Argentina a un médico que había trabajado en un campo de concentración. Que Ramón Carrillo estudió en Berlín y que habría compartido un mitin con Hitler. Y digamos ahora algo increíble: nosotros le creemos a Página/12. Creemos en que en este caso no ocultan nada, porque nos parece inverosímil que se arriesguen a mentir en una polémica con (nada menos) la embajada de Israel y Gran Bretaña.

Ahora bien, ¿cómo valorar –en términos de responsabilidad ética y pública– las afirmaciones de las embajadas? ¿Cómo puede un embajador, que se supone que es La Palabra oficial de su país en territorio ajeno, manejarse con tanta ligereza (por decir lo menos)?

Y la pregunta del millón: si han exagerado, o mentido, tan alevosamente aquí. ¿Será la primera vez? Si no hubiesen cuestionado a un multimedios tan poderoso como el kirchnerista, ¿nos hubiésemos enterado?

Ah, por cierto, Ramón Carrillo estaba en contra del aborto.

 

Acto 6: La DAIA cruza al Centro Simón W., y baja el tono. Acá no pasó nada

 

Sostuvo Jorge Knoblovits, presidente de la DAIA: “Durante 48 horas estuvimos buscando antecedentes que acrediten la falsa denuncia sobre Ramón Carrillo. Para la DAIA la polémica está cerrada hasta que se demuestre otra cosa. Es importante tener la información adecuada, con pruebas adecuadas, para formar una opinión adecuada”[7]. Parece que dos embajadas y el Centro Simón W. primero salieron a indignarse, y después algún tipo más lógico e inteligente –con la cabeza fría y las bolas llenas– les habrá sugerido mesura. Nótese que el Presidente de la DAIA declina seguir la pelea, pero deja abierta la puerta a que aparezca nueva evidencia.

Entre los elementos que salvarían la memoria de Ramón Carrillo, se destaca: “Hay una placa entregada por el Estado de Israel en 1949 a Ramón Carrillo, creo que eso desmiente algunas cosas”, como dijo el presidente de la DAIA. Y llega a decir: “La información del Centro Wiesenthal no siempre está fundada. Hay muchos miembros del consejo directivo que hoy estaban on fire con este tema, y yo no desconfío de ellos, yo digo que estudiemos esto y que si tenemos que salir salimos”. Y agregó: “Yo no tengo ningún problema en salir a condenarlo, pero queremos ser serios. En Argentina necesitamos seriedad en la información porque si no perdemos capital todas las instituciones”.

También: “Pedimos prudencia para salir a condenar en un momento de pandemia, donde hay una parte manifiesta de Ramón Carrillo, que tiene más de 200 hospitales a su nombre en el país, que fue un hombre que trabajó contra las viruelas, contra la peste bubónica, que fue un excelente sanitarista, que ayudó a aumentar la expectativa de vida de los argentinos. No se puede salir a condenarlo sin tener la verdad de la investigación histórica. Yo no he visto que esté acreditado que era nazi”.

La moraleja es clara: primero investiguen, estudien, comparen, aprendan, sean responsables. Y si después tienen que decir algo, adelante. Pero los que se mueven con impunidad suelen hacer las cosas al revés.

Pregunta final: ¿es la primera vez que las embajadas y el Centro Simón W. acusan por deporte?  Dejamos esa inquietud en el lector.

 

 

 

[1] Cfr. https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/1-23338-2006-08-23.html

[2] Cfr. https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/71750-23281-2006-08-20.html

[3] Cfr. https://www.facebook.com/CSWLA/photos/a.310889052278661/3228083810559156/?type=3

[4] Cfr. https://www.pagina12.com.ar/266788-el-insolito-debate-sobre-ramon-carrillo-nazi

[5] Cfr. https://www.perfil.com/noticias/actualidad/ramon-carrillo-billete-gobierno-no-responde-embajadora-israel-gilat-ronen.phtml

[6] Cfr. https://www.clarin.com/politica/daia-reunio-nieto-ramon-carrillo-dio-terminada-polemica-torno-ex-ministro-juan-peron_0_J95N8czP9.html

[7] Cfr. https://www.diarioregistrado.com/sociedad/el-presidente-de-la-daia-desmintio-al-centro-simon-wiesenthal-que-acuso-a-ramon-carrillo-de-nazi_a5ec3e2bdaadfa72abcaf8c6e

Delincuentes afuera, decentes adentro

Delincuentes afuera, decentes adentro

No podemos dejar pasar el audio filtrado de una importante pieza del garantismo, Roberto Cipriano García, secretario de la Comisión Provincial por la Memoria, prov. de Buenos Aires. Se le escapó. No quería que se supiera. Pero se supo, y lo que se supo fue revelador.
Primer dardo: el objetivo es “trabajar por la liberación de la mayor cantidad de personas detenidas posibles”. Empezó así, directo, implacable. No importa que hayan sido detenidos justa o injustamente. Si Zaffaroni dice que los castigos son violaciones a los derechos humanos de los delincuentes, la premisa es que todo castigo –a priori, a posteriori y a fortiori– es malo, y que por eso hay que aprovechar cualquier oportunidad (por ejemplo, la cuarentena) para liberar detenidos.
Segundo dardo: presentan todos los días entre 120 y 150 pedidos de morigeraciones, es decir, atenuaciones.
Imagínese, lector. Todos los días 120 pedidos, todos los días, es una presión sostenida. Presentaron también escritos en casación. Reclaman para los detenidos la habilitación de los celulares: una medida que si bien este hombre considera “menor”, en el contexto evidentemente significa borronear los límites entre el detenido y el hombre libre de condena. Que es a donde ellos apuntan: disipar las diferencias entre el inocente y el culpable, entre el que cumple la ley y el que la quebranta, entre lo bueno y lo malo.
Tercer dardo: este proceso “no es fácil” porque –sic– tenemos un poder judicial “muy conservador”. Como dotado de un poder de narración asombroso y perverso, Roberto Cipriano García pinta la justicia de las medidas reduciéndolas a una disputa de “conservadores”: donde nosotros vemos una restricción de libertad, en orden al bien común, paralizando los movimientos de quien ha hecho daño a otra persona, este hombre ve a un juez “conservador” que se niega a dar el brazo a torcer por el sólo motivo de que “siempre se ha hecho así”.
Este es el veneno que meten en la cabeza de nuestros hijos, en la inmensa mayoría de las cátedras de Derecho Penal de las facultades estatales. Y en algunas privadas. No es otra cosa que el derecho penal al servicio de su ideología derecho-humanista. Y por supuesto de sus bolsillos.
Fuente del audio: https://www.infobae.com/politica/2020/04/25/la-estrategia-de-la-comision-provincial-por-la-memoria-sobre-los-presos-hay-que-lograr-la-liberacion-de-la-mayor-cantidad-de-personas-detenidas-posibles/

Youtube anuncia que censurará contenidos contrarios a la OMS

Youtube anuncia que censurará

contenidos contrarios a la OMS

 

Por Juan Carlos Monedero (h)

            A través del canal “Resistencia Provida Córdoba”, nos ha llegado un fragmento de la entrevista que la CNN le realizó a una CEO de Youtube[1], llamada Susan Wojcicki. Como se sabe, la OMS es una entidad que depende de la Organización de las Naciones Unidas.

Invocando la defensa de la ciencia, ahora Youtube reconoce que va a eliminar y remover de su plataforma “cualquier cosa” que sea contraria a la Organización Mundial de la Salud; de forma tal que, desde ahora, quienes denuncien por ejemplo que la OMS promueve la reducción de la natalidad a través del aborto, la anticoncepción, desalienta las familias numerosas o cualquier otro método de control de la natalidad, serán formalmente y abiertamente censurados, siendo sus publicaciones removidas, por lo que dejarán de circular libremente.

Bien resume el compatriota Eduardo Peralta, de San Juan, que la OMS “lejos de ser una entidad de ‘pura salud’ y con exclusivos fines médicos y sanitarios”, ha “promocionado, favorecido e impulsado políticas de control de la población, antinatalidad y aborto a nivel global dirigidas por la misma ONU”[2], develando que dicha entidad tiene mucho más que ver con propósitos de naturaleza geoestratégica internacional que con cuestiones reales la salud, que funcionan como pantalla.

Si todo el contenido que la OMS difundiese a través de sus portales y declaraciones fuesen falsedades y mentiras; y si la totalidad de sus conductas fuesen notoriamente inmorales, esta entidad no podría subsistir en el tiempo. Es fácil advertir, en cambio, que mejor estrategia es imitar a los mafiosos: un poco de crimen organizado por allí, un poco de beneficencia por allá. Presentar el error y la verdad, actuar bien y actuar mal, promover por allá la salud de la población y por acá el aborto, promover el bienestar por un lado y procurar la reducción poblacional por otro. Pues, como dijo el gran escritor francés Ernest Hello, la mezcla de la verdad y el error produce efectos desastrosos: Da a la verdad apariencia de error y al error apariencia de verdad. En la confusión, termina ganando la falsedad.

Por otro lado, el precitado Peralta también desliza otro dato de capital importancia: “Bill Gates y su fundación es el contribuyente privado más grande de la OMS (ha contribuido con más de 2.500 millones de dólares)” y la fuente de esta información está aquí[3]. Agrega el sanjuanino:

 

“luego de que Donald Trump ordenara retirar los fondos de los Estados Unidos dirigidos a la OMS, fue la Fundación Bill y Melinda Gates quien salió heroicamente llenar el agujero de dinero producido comprometiendo unos US$ 530 millones de dólares, casi el 10% en efectivo”[4].

 

¿Pero acaso la OMS no tiene un criterio independiente? ¿Son médicos quienes deben subordinarse al dictamen de los donantes? A estas preguntas nos responde el propio Jack Chow, ex subdirector de la OMS, quien afirma “son los donantes quienes establecen la agenda que debe seguir la OMS, en lugar de que esta obedezca a su criterio profesional”[5] (entrevista a BBC Mundo).

Mucha gente conoce quién es Bill Gates y qué piensa, pero no vendrá de más recordar su famosa charla TED[6], en la cual él mismo plantea y reconoce expresamente el objetivo de reducir la población, planteando –entre los instrumentos necesarios para este fin– las nuevas vacunas, los programas de “salud reproductiva” (eufemismo de aborto, como dijera Mons. Sanahuja).

En resumen:

  • Bill Gates quiere reducir la población mundial;
  • Bill Gates reconoce que los programas de “salud reproductiva” (aborto) y las nuevas vacunas son herramientas adecuadas para reducirla;
  • Bill Gates es el principal contribuyente privado de la OMS;
  • El ex director de la OMS admite que los donantes establecen la agenda de la OMS;
  • La OMS promueve la reducción poblacional a través del aborto y la anticoncepción;
  • Youtube censurará a quienes objeten la OMS.

 

Finalmente, no puede sorprender realmente a nadie medianamente informado el carácter criminal y engañoso de la OMS, cuyo nacimiento fue bastardo: fundada en 1948 como parte del sistema de la Organización de Naciones Unidas, vio la luz de la mano de las grandes potencias vencedoras de la II Guerra Mundial, quienes habían cometido graves crímenes de guerra contra Japón, Alemania e Italia, tales como: destrucción de la población civil (Hiroshima, Nagasaki, Hamburgo, Dresde) y violación de mujeres en masa (ingleses y estadounidenses dejaron manos libres a la URSS, y los soldados comunistas entraron en Alemania e Italia, violando miles de mujeres). Youtube, como fiel aliado del Poder Mundial, anuncia que ocultará y silenciará a quienes denuncian la verdad. Tomemos nota y preparemos la contraofensiva.

 

 

[1] Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=flDanA3QBEg&feature=youtu.be

[2] Cfr. https://eduardoperaltablog.wordpress.com/2020/05/10/la-otra-pandemia/

[3] Cfr. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52304822

[4] La fuente de esta afirmación es, otra vez, el siguiente link: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52304822

[5] Cfr. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52304822

[6] Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=drUo-oOBC-E

Balance sobre el primer debate presidencial – Juan Carlos Monedero y Tomás González Pondal

Balance sobre el primer debate presidencial

 

Juan Carlos Monedero (h)                                                               Tomás González Pondal

Licenciado en Filosofía y escritor                                                     Abogado y escritor

 

Es sabido que un buen polemista no es el equivalente a un buen jefe de estado, sin embargo, escuchar a los candidatos y observar su lenguaje no verbal dice mucho de ellos.

Mientras la moderadora María Laura Santillán no sabía si los candidatos tenían 30 segundos o 30 minutos para hablar en cada bloque, Nicolás del Caño pedía “un minuto de silencio” cuando le faltaban 45 segundos para terminar su intervención. Algo raro estaba pasando con la percepción del tiempo en el recinto de este debate; los expertos en cambio climático están estudiando si la temperatura de Santa Fe ha tenido algún tipo de influencia al respecto.

Uno por uno, el balance de los candidatos, desde una óptica conceptual y técnica:

 

Mauricio Macri

Juan Carlos Monedero: a pesar de jugarse la Presidencia y de la derrota en las PASO, se mostró muy sólido desde las formas, jamás perdió el control y manejó muy bien los tiempos en general. Confrontó directamente con Alberto Fernández en varias ocasiones, se dirigió permanentemente a la gestión kirchnerista y describió los avances de su propia administración. Hizo hincapié en la lucha contra el narcotráfico, dejada de lado por la gestión de Cristina. Eludió olímpicamente hablar del aborto. Metió buenos golpes al kirchnerismo, a veces efectistas, y chicaneó a Kicillof cuando preguntó si acaso él propondría una narcocapacitación en las escuelas, en alusión a las recientes expresiones de Kicillof según las cuales “hay gente que vende droga porque se quedó sin laburo”.

Tomás González Pondal: Tal como quedo dicho, eludió tocar el tema ‘aborto’. No obstante ello, cuidado: hizo clara referencia a la “política exterior de Canadá”. Aunque parezca un tópico, conocemos su relación y simpatía con el perverso de Trudeau y sus ideologías; cuando se hizo el G20, Macri expresó su plan para inocular aún más en la Argentina el veneno de la ideología de género (lo que trae de la mano a la maniobra asesina del aborto). En la línea con lo políticamente correcto, no faltaron expresiones tales como hacer “eje en la diversidad”, respeto a “la pluralidad de ideas”, “terminar los femicidios” y “lo más importante es la libertad”. Son todos giros utilizados en el pasado por el Presidente para referirse a la apertura que hizo del aborto; se trata de justificaciones retóricas para apoyar prácticas asesinas en los llamados casos de “embarazos no deseados”. Anoche no se privó de decir “siempre defendí los derechos de todos”. Muchos, los más indefensos, los que que no nacieron, no sólo no fueron defendidos sino que son atacados por el propio aparato del Estado desde la administración de Macri. Es interesante observar que mientras el Presidente pidió no ser neutro en relación a Venezuela, alegando que la neutralidad (atribuida a Alberto) sería “avalar la dictadura”, desde las filas macristas se aplaude la “neutralidad” del Presidente en relación al aborto, cristalizada en la apertura del debate.

 

Alberto Fernández

TGP: quien descolló en el debate presidencial luciendo mitomanía y una descarada defensa del aborto ha sido Alberto Fernández. Ha dicho que no quiere caer en hipocresía, que hay que “tender a la legalización”. Hipocresía es pasar por alto con total obstinación que desde la concepción hay vida humana. Hipocresía es decir que se apoya el “colectivo feminista” mientras este “colectivo” –al mismo tiempo en que se pronunciaban estas palabras– destrozaba las inmediaciones de la Catedral de La Plata y confrontaba directamente con la policía femenina. Hipocresía es decir que “hay que cambiar las leyes”; claro, no quiere que las normativas le enrostren sus crímenes. Hipocresía es defender la subversión setentista diciendo “parece que hay quienes creen que el genocidio no existió”, al tiempo que no sólo tapa los crímenes de los terroristas sino que él mismo apoya ahora –como buen subversivo– el asesinato de quienes, aún no nacidos, no pueden defenderse.

JCM: premio al chicanero del debate (apeló demasiadas veces a giros tales como “el presidente no sabe que…”), en constante tira-afloje con Macri, como es lógico, acusándolo ya desde el principio de mentir. No parecía el candidato que va ganando: no exhibió la tranquilidad de la que supuestamente gozan los que llevan ventaja. Se lo vio menos sólido que en las innumerables entrevistas del último semestre. Cada vez que pudo, deslizó datos que desmentían las palabras vertidas por Macri segundos o minutos antes. El manejo de las cifras y porcentajes fue el punto más fuerte de la estrategia de Fernández. Los tópicos más difíciles para él –tema Venezuela y el aborto– fueron resueltos apelando a un “Todo el mundo sabe lo que pienso…”, lo que le permitía despachar el tema rápidamente y utilizar el poco tiempo disponible para hablar de otras cosas. Fue el candidato que más alusiones directas e indirectas recibió, dado que todos los demás cuestionaron de una forma u otra al kirchnerismo. Acusó a Macri de haber llevado el riesgo país a 2000 cuando ese riesgo estaba en 800 antes de su victoria en las PASO. Manejó muy bien los tiempos de intervenciones. Luego de que Nicolás del Caño se definiese a favor del aborto, él también lo hizo.

 

José Luis Espert

JCM y TGP: desde el punto de vista técnico, el más sólido de todos. Equilibrado, administró muy bien el tiempo y utilizó varias frases sólidas, concretas y contundentes: “Basta de paros, Baradel”. También atacó directamente a Moyano y destruyó la partidocracia, acusándola de subir los tributos a la población para engordar sus propias rentas. Le pegó bastante a los sindicatos, especialmente en temas de remedios para jubilados. No se privó de hablar, directamente y en dos ocasiones, de “el curro de los Derechos Humanos”. Sorprendió peticionando directamente que volviesen los exámenes de ingreso en las facultades públicas y defendió con toda racionalidad estas medidas. Es el único candidato que no viene de la Política. Sin embargo, evitó cuidadosamente hablar del aborto (se había declarado a favor), probablemente por la enorme cantidad de críticas que desde las redes sociales recibió al respecto. Sobre Malvinas, dijo que son argentinas, contrariando sus posiciones públicas del pasado.

 

Juan José Gómez Centurión

JCM y TGP: sostuvo con toda claridad la defensa de la vida del niño por nacer, y se tomó unos segundos para recordar al doctor Rodríguez Lastra, condenado judicialmente por haber salvado dos vidas. Al principio del debate dejó establecida una fuerte acusación a la gestión de Cristina Kirchner: un acuerdo con la República China que comprometería seriamente nuestra soberanía nacional. A pesar de las varias oportunidades que Alberto Fernández tuvo para responder a este punto, jamás lo hizo. En el plano técnico, por momentos le faltó tiempo para redondear la formulación de algunas de sus ideas y en otros momentos le sobró. Criticó alternativamente al kirchnerismo y al macrismo. Una de sus mejores frases, redonda, fue la que dirigió al kirchnerismo: “nadie dice la verdad (…) Mienten los que dicen que van a luchar contra la corrupción y tienen una candidata a vicepresidente con ocho procesamientos”. Hizo también una defensa del Estado Argentino, según la cual la política migratoria de nuestro país debía imitar a la de otros países de la región y del mundo. Sostuvo con toda claridad que la educación pública debía dejar de sufrir los embates de los paros docentes y ser llevada a un calendario no menor a los 190 días. En dos ocasiones dijo con toda claridad que desde los hospitales públicos se estaba entregando misoprostol como si fuesen caramelos, así como también sostuvo que los protocolos eran “atajos legales” para propiciar el aborto, delito en la Argentina. También habló de “las víctimas de la subversión” en los 70’ y de los “delincuentes terroristas”, en clara alusión a Montoneros y al ERP. En referencia a la palabra “hipocresía”, con la que había martillado una y otra vez Alberto Fernández unos minutos antes, Centurión dijo con toda claridad que la verdadera hipocresía era plantear que una mujer tiene “derecho a decidir” sobre la vida de otra persona, en clara alusión al aborto.

 

Nicolás Del Caño

JCM: el primer bloque sobre el debate de la situación política-económica-social en la Argentina no dejó de hablar de los trabajadores en Ecuador. Se notó que fue a sacarle votos a su principal adversario, que por supuesto es Alberto Fernández. Fue el candidato más claro en la apología del aborto. Por momentos, completó los ataques de Macri al kirchnerismo sumando más elementos confirmatorios y, en ese sentido, terminó por ayudar al macrismo. Todo lo dijo desde el punto de vista de los trabajadores y sin intentar, ni por un momento, un análisis o balance que también incluyese el interés de los jefes: o sea, dialéctica marxista de enfrentamiento puro. Entre los golpes más contundentes que le dio a Alberto, se destaca la crítica de Del Caño al peronismo de izquierda (kirchnerismo) dado que –según él– sus aliados impidieron la legalización del aborto el año pasado.

TGP: El impresentable de Del Caño sin rodeos y muy ufano ha dicho estar “100% a favor del aborto”. Habló contra toda verdad de “derecho al aborto legal”, de “derecho elemental” y de que es algo de “salud elemental”. Llevaba en su mano izquierda un pañuelo verde atado. Personalmente, en otras publicaciones ya hemos refutado todos los engaños argumentativos deslizados anoche sobre el aborto. Aconsejaríamos a Del Caño que lea los avances científicos y que mire muchos abortos por internet, pero parece empresa inútil cuando el verde enceguece tanto. En una de sus intervenciones televisivas, lanzó el siguiente epíteto contra Macri: “Lame botas de Trump”. Estamos frente al caso de un zurdo que hace gala de su zurdaje y no sólo lame sino que chupa y acaricia a la mega internacional del aborto, la IPPF: un fariseo, ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Lo más lúcido por parte de este presidenciable fue cuando se llamó al silencio.

 

Roberto Lavagna

 JCM y TGP: de contenido interesante pero lento de respuestas, sin un completo dominio de los tiempos. Hizo hincapié en el tema del hambre. En todo momento evitó pelearse y entrar en la arena de la disputa ideológica. Premio al “pacifista” del debate. La dinámica del debate, que supone fuerte argumentación, dominio del lenguaje no verbal y algo de show, no le favoreció.

 

Murió Dante Gullo y el miserable periodismo calla cualquier referencia de los crímenes de Montoneros

Murió Dante Gullo y el miserable periodismo calla cualquier referencia de los crímenes de Montoneros

Como informaron los principales medios de comunicación, ayer murió Dante “Canca” Gullo. Todos las reseñas, con mayor o menor énfasis, mencionan que Dante Gullo formó parte de Montoneros.
Guillermo Moreno en su velorio, la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner dejando una corona para el fallecido, La Cámpora cantando frente a su ataúd.

Vayamos a lo que no mencionan.

Montoneros hace su primera aparición pública el 1º de junio de 1970, tomando la vida del ex presidente militar Pedro Eugenio Aramburu. Entre otras acciones famosas, Montoneros asesinó al dirigente gremial José Ignacio Rucci (1973) y secuestró a los hermanos Born (1975), pidiendo como recompensa la cifra más elevada en la historia de los secuestros. Otro caso de notoriedad fue la bomba colocada por este grupo el 1° de agosto de 1978, sobre la calle Pacheco de Melo, que le quitó la vida a Paula Lambruschini (15 años), hija menor del vicealmirante Armando Lambruschini.

Por todo eso, Montoneros se considera como una de las organizaciones terroristas que, en los años 70’, asoló la Argentina ejecutando constantes actos de robos, secuestros, asesinatos. Impulsados por el ex presidente Juan Domingo Perón, Montoneros trabajaba muy cerca de otras agrupaciones tales como Juventud Peronista, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (P.R.T.) y el Ejército Revolucionario del Pueblo (E.R.P., brazo armado del P.R.T.), esta última también responsable directamente de innumerables asesinatos.

Muere Dante Gullo y todos lloran.
No hay lágrimas para Paula.
No hay lágrimas para José Ignacio.
No hay lágrimas para Pedro Eugenio.
No hay repudio para el secuestro de los Born.
Nada, sólo lágrimas para Gullo.

Los infames periodistas callan cobardemente toda referencia a la actuación de Montoneros.

¿Abjuró Dante Gullo de Montoneros?
¿Pidió perdón por haber formado parte de una estructura terrorista y criminal?
De todo corazón, deseamos que Dios le haya perdonado todos sus graves pecados.

No cede la resistencia a la beatificación de Mons. Angelelli: Corrientes y Chaco plantan bandera

No cede la resistencia a la beatificación: Corrientes y Chaco plantan bandera

 

Por Juan Carlos Monedero (h)

La resistencia a la beatificación de Mons. Enrique Angelelli –que tuvo lugar este pasado 27 de abril, bajo responsabilidad del Papa Francisco y la Santa Sede– está aún en plena ebullición, y han rebrotado cientos de artículos de información al respecto. Téngase presente que hasta el mismísimo Monseñor Antonio Juan Baseotto (C. Ss. R., quien fuera Obispo Castrense de la Argentina) ha cuestionado públicamente esta beatificación[1].

El extinto Mons. Angelelli era de nacionalidad argentina y es en este país donde literalmente han llovido cataratas de denuncias, protestas, rechazos, lo que ha suscitado una gran controversia en el seno mismo de los fieles. El cuestionamiento proviene, fundamentalmente, por el hecho de que la beatificación pretende presentar a Angelelli como una víctima asesinada por odio a la fe (lo que constituye el martirio), cuando en realidad falleció en un accidente automovilístico. Asimismo, hay una ingente base documental que probaría que la vida de Angelelli no fue digna de encomio por parte de un cristiano.

La mayoría de estas denuncias (no todas) habían sido a través de las redes sociales pero fue una sorpresa que, en la última semana, tanto la provincia de Corrientes como Chaco fuesen objeto de acciones de otro tipo. En efecto, afiches titulados “La beatificación de Angelelli es una traición a Cristo, a la Iglesia y a la Patria” fueron estampados en las inmediaciones de la Iglesia Catedral de Corrientes, llamada Nuestra Señora del Rosario, en la capital de la provincia. También en las parroquias Santuario Santísima Cruz de los Milagros, Santa Rita, Santa Rosa de Lima, San Benito, Nuestra Señora de Pompeya, Nuestra Señora de Itatí y Sagrado Corazón de Jesús. Los afiches, firmados por “Vanguardia Nacionalista”, aparecieron próximos también a las iglesias San Francisco Solano, Nuestra Señora de La Merced y del monasterio de las Hermanas Clarisas.

En Chaco, la propaganda contra el acto de beatificación de Mons. Enrique Angelelli se concentró en la ciudad de Resistencia. Los transeúntes que pasaron por la catedral, llamada San Fernando Rey, seguramente habrán visto estos afiches. Otro tanto quienes caminaron las cuadras próximas a las parroquias San Javier, Nuestra Señora de Itatí, Nuestra Señora de la Asunción, San Juan Bautista, San Roque, Santa Teresita y María Auxiliadora.

Mons. Enrique Angelelli fue una de las piezas claves de la “Teología de la Liberación” en la Argentina. Esta corriente es considerada por los católicos como una infiltración marxista de la fe, dado que invoca algunos conceptos bíblicos –como la lucha contra la injusticia, en favor de los oprimidos– pero reinterpretándolos en clave marxista, a fin de llevar agua al molino de esta ideología. Asimismo, circuló especialmente en las últimas semanas una foto donde Mons. Angelelli aparecía celebrando una misa, y atrás suyo una bandera de la agrupación Montoneros.

Montoneros fue una de las organizaciones terroristas que, en los años 70’, asoló la Argentina ejecutando constantes actos de robos, secuestros, asesinatos. Este grupo había sido impulsado por el ex presidente Juan Domingo Perón y trabajaba muy cerca de otras agrupaciones tales como Juventud Peronista, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (P.R.T.) y el Ejército Revolucionario del Pueblo (E.R.P., brazo armado del P.R.T.), esta última también responsable directamente de innumerables asesinatos. Montoneros hace su aparición pública el 1º de junio de 1970, tomando la vida del ex presidente militar Pedro Eugenio Aramburu. Entre otros asesinatos y secuestros famosos, Montoneros ultimó al dirigente gremial José Ignacio Rucci (1973) y secuestró a los hermanos Born (1975), pidiendo como recompensa la cifra más elevada en la historia de los secuestros.

Mons. Enrique Angelelli murió en un accidente automovilístico el 4 de agosto de 1976, en la provincia de La Rioja, cuando el auto manejado por otro sacerdote, Arturo Aldo Pinto, volcó fatalmente.

 

[1] http://www.infocatolica.com/blog/notelacuenten.php/1810190909-mons-baseotto-en-contra-de-la

Sobre el 24 de marzo de 1976: ¿qué es lo más verdadero y menos sesgado que podemos decir?

Sobre el 24 de marzo de 1976: ¿qué es lo más verdadero y menos sesgado que podemos decir?

 

Es difícil condensar lo esencial en un apretado artículo.

Una parte importante de la población está condicionada para interpretar de manera torcida cualquier cosa sobre los años 70’ que se salga del guión de lo políticamente correcto. Es como si las versiones alternativas gatillasen en la mente de estas personas –quizás en la de vos mismo, que me estás leyendo, sí, ahora– una reacción (prefabricada) cristalizada en pensamientos tales como “si hablan de las bombas de los montoneros, justifican a los militares”. ¿O me vas a decir que no? Ey, los desaparecidos eran guerrilleros, leemos o escuchamos, y de inmediato algunos dirán “¡Estás queriendo legitimar la Dictadura!”.

Lo primero que tengo que pedirte es que entiendas que si vos llegás a estos pensamientos de manera espontánea –casi automática–, es porque te vienen manipulando. Como a los perros de Pavlov, te han acondicionado para ese reflejo. Porque en realidad, el tema es mucho más complejo.

 

Controla el pasado y controlarás el presente

 

No cabe duda de que una porción considerable de la población argentina suscribe un determinado relato en torno a los años 70’ que, prácticamente, no se distingue de la narración que el kirchnerismo –con todo el peso del poder del estado– impuso, bajando línea a sangre y fuego. Una cantidad significativa de argentinos ha aceptado esa visión sin pretender cotejarla con las otras partes involucradas. Acríticamente. No conocen las publicaciones de otro signo; no tienen un real interés en conocerlas (eso es peor) y son alarmantemente ignorantes de los puntos débiles de sus propias versiones.

La versión predominante –que ya existía desde los 80’ pero que con el kirchnerismo cobró patente oficial– va mucho más allá del simple repudio a los procedimientos inmorales en la guerra contra el terrorismo por parte de las Fuerzas Armadas. Según esta visión, directamente, “no hubo guerra” (aunque quienes fueron protagonistas afirman que la hubo). Las cosas se dan de tal manera en nuestro país que unos intelectuales ideologizados –10, 20, 30 y hasta 40 años después– pueden decir tranquilamente en todos los medios, revistas, libros, que lo que pasó “no fue una guerra”, cuando los montoneros y erpianos escribían en sus manifiestos “guerra popular revolucionaria”, “lucha armada”, etc.

El escenario de guerra como telón de fondo lo cambia todo, y muchos intereses corren peligro si los hechos históricos se interpretan así.

El segundo recorte lo constituye la calculada y sistemática omisión –por simple que fuese– de los nombres de las víctimas civiles, asesinadas en manos de la subversión. Durante décadas, no se los podía mencionar. ¿No tenían madres esas personas?

Las víctimas civiles de la subversión fueron confinadas al olvido, porque su memoria –¡su simple existencia!– era incómoda para la versión kirchnerista, que elevó a “verdad histórica oficial” la distorsión ya presente en la mente de los militantes de derechos humanos. Amparado en ese escudo de legitimidad moral que le daba enfrentar a “los militares genocidas” (y del que hicieron uso, abuso, y con el que también se enriquecieron), el oficialismo K hizo y deshizo. ¿Estás en contra? Sos un golpista. ¿No apoyás las medidas del gobierno que juzgó a los militares? Sos la derecha. ¿Querés que no le cobremos más impuestos al campo? Escondés tus planteos genocidas detrás de una cuestión económica. El discurso estaba armado para eso (una estructura muy bien pensada de falsas disyuntivas), y muchos cayeron en la trampa.

Mientras muchos temían ser tildados de golpistas, derecha y genocidas, las víctimas civiles cayeron en el olvido. Asesinadas dos veces. Olvidada quedó Paula Lambruschini, también la hija de tres años del Capitán Viola, David Kraiselburd (bebé de meses), María G. Cabrera Rojo (3 años), Juan Barrios (3 años), Guillermo Capogrossi (6 años), Claudio Yanotti (9 años), Gladys Medina (13 años), Laura Ferrari (18 años), y tantos otros desaparecidos de los discursos oficiales.

También fueron suprimidos los soldados argentinos –no meras “víctimas civiles” sino guerreros de la Patria– que cayeron en combate contra el terrorismo. Formosa (1975), Monte Chingolo (1975) y Tucumán (1975). No se podía hablar de ellos sin ser tildado de “sospechoso”. Se condicionó a la población, durante años y por todos los medios, para que toda acción militar contra la guerrilla marxista oliese mal a priori, con independencia de un balance histórico equilibrado. Así, operaciones militares en los montes tucumanos como el Operativo Independencia eran demonizadas. ¿Que hubo abatidos y no desaparecidos? No importa: “no podemos decir nada bueno del adversario y no podemos decir nada malo de nuestro propio bando”. Esta era la consigna implícita, hilo conductor en todos los ideólogos y militantes de la izquierda: como no podían festejar los asesinatos cometidos, señalaban –mintiendo, exagerando, diciendo la verdad, quién sabe– lo malo que habrían hecho sus adversarios, las Fuerzas Armadas.

En su mentalidad y en sus actos, “el delito del oponente extinguía el propio”. Es decir: yo maté, fui montonero o erpiano, yo puse una bomba, yo pasé información para que mataran al Coronel Tal. Yo le pegué un disparo a traición a un cabo de la Policía, yo metí un explosivo en un edificio. Pero como luego vinieron los milicos y me torturaron para que diga dónde estaba la bomba o para que denuncie a mis otros compañeros terroristas, listo. Como luego los milicos me hicieron desaparecer, ya está, yo automáticamente quedo blanqueado y soy un joven idealista.

Esta técnica de lavado de cerebro se describe como la habilidad de esconder una verdad detrás de otra. Escondieron los asesinatos y operaciones terroristas detrás de la desaparición de personas. En el discurso de la izquierda y los organismos de derechos humanos primero, y en el kirchnerismo después, los integrantes del ERP y Montoneros fueron reducidos discursivamente a la condición de simples desaparecidos. Pero, ¿de dónde saca este articulista semejante cosa? ¿Cómo va a decir que los desaparecidos eran parte de estructuras terroristas?, puede pensar algún lector. Pues bien: lo saco del propio Mario Firmenich, cabecilla de Montoneros: “Habrá alguno que otro desaparecido que no tenía nada que ver, pero la inmensa mayoría eran militantes y la inmensa mayoría eran montoneros (…) A mí me hubiera molestado muchísimo que mi muerte fuera utilizada en el sentido de que un pobrecito dirigente fue llevado a la muerte”[1] (1991).

Pero, podría algún lector dudar y preguntarnos: ¿es cierto que los organismos de derechos humanos primero y el oficialismo después, tanto durante el período de Néstor como el de Cristina Kirchner, fueron mucho más allá de la condena de la desaparición de personas? ¡Porque yo no estoy a favor de la guerrilla pero tampoco de que hubiese desaparecidos! Respondo con hechos: el gobierno contaba entre sus aliados a piqueteros como Luis D’ Elia, quien justificó –en el programa de Jorge Lanata[2]– el asesinato del ex presidente Aramburu, diciendo que su familia “brindó” con “asado y con vino” cuando lo mataron. Por la responsabilidad de Aramburu en los fusilamientos de José León Suárez, todo el peronismo (no sólo el peronismo de izquierda) odiaba a Aramburu y una parte sustancial de él pensaba que debía ser castigado. Otra de sus aliadas fundamentales fue Hebe de Bonafini, quien siempre alentó la ejecución de actos subversión –antes, durante y después del apoyo que recibió del kirchnerismo–, promoviendo que se tomen las armas y fomentando la lucha armada y la guerrilla[3].

Más datos: hasta julio del 2012, una placa colocada al frente del edificio de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional en Buenos Aires, recordaba el nombre del juez Jorge Quiroga, quien había condenado a guerrilleros, siendo más tarde asesinado por el ERP el 28 de abril de 1974. En julio de 2012, esta placa fue retirada por orden del camarista Gustavo Bruzzone. ¿Qué tenía que ver el juez Quiroga con la desaparición de personas? ¿Por qué removieron su placa? El oficialismo kirchnerista aplaudió la medida, como así también los organismos de derechos humanos. Si te mató una bomba montonera o si fuiste abatido por una bala erpiana, no podés ser recordado en este país.

Este tema presenta, sin dudas, graves dificultades. La historiografía de los años 70’ está signada por muchas, y entre ellas puntualizaré como primordial el hecho de que la mayor parte de lo que circula a través de los MMCC manifiesta única y exclusivamente lo que dicen los críticos de la acción de las Fuerzas Armadas. Pero la credibilidad de estos críticos está muy desgastada a causa de sus habituales mentiras en torno a la cifra de los desaparecidos (ya todo el mundo sabe que no fueron 30.000) y un observador imparcial no puede aceptar su visión interesada de los hechos.

Se olvida asimismo una distinción clave. La distinción entre “subversión” y “terrorismo”. En los años 70’, en efecto, grupos guerrilleros desencadenaron en nuestro país el fenómeno terrorista. Varias siglas y nombres circularon en su momento, pero los más representativos fueron sin dudas las organizaciones denominadas ERP y Montoneros.

En nuestro país, la mayoría de las personas solamente advierten –y con horror– el terrorismo: bombas, asesinatos, secuestros, extorsiones, torturas, despliegues armados, etc., pero ignoran lo que se conoce como “subversión”. La subversión no pertenece al orden físico sino al campo de la inteligencia y la psique: el terrorista que jala el gatillo o coloca el explosivo en la casa de un general es el último eslabón de la gran cadena revolucionaria. Pero hay muchos otros eslabones anteriores que cooperaron con ese acto, desde el vendedor de diarios que informaba los horarios en que generales y coroneles salían de sus hogares hasta el docente universitario que fomentaba resentimiento clasista en sus alumnos y era integrante de células guerrilleras, como Silvio Frondizi. Desde los dueños de departamentos en donde estaban guardadas las armas hasta los periodistas que escribían benévolas coberturas de los atentados. Como ocurrió en Argelia con el FLN, miles de personas colaboraban con la guerrilla en tareas de superficie. Todas estas acciones (incruentas) formaban de la subversión y no propiamente del terrorismo, siendo apoyadas y financiadas –entre otros– por el Estado Cubano.

Tampoco se entienden los años 70’ sin una dramática y criminal contradicción: por un lado, las fuerzas del orden reaccionan contra el terrorismo (muchos guerrilleros eran apresados o abatidos) y por otro, desde otras esferas oficiales, se alentaba y establecía una complicidad con el terrorismo. Sólo esta ecuación explica que –habiendo ganado las elecciones el FREJULI– el primer día del entonces presidente de la nación, Héctor Cámpora, el Congreso de la Nación aprobase una amplia amnistía liberando a todos los “presos políticos”, lo que sucedió el 25 de mayo de 1973 (El Devotazo). 276 detenidos, procesados o condenados por acciones terroristas fueron puestos en libertad: en un abrir y cerrar de ojos, las fuerzas de seguridad y los jueces vieron desvanecerse sus esfuerzos.

Con la amnistía, la carcajada guerrillera volvió a resonar y, por supuesto, los primeros que tenían que temer eran los mismos policías y jueces que los habían mandado a la cárcel. Asimismo, la puja entre la izquierda y la derecha peronista llegaba a su clímax el 20 de junio del 73’, con la Masacre de Ezeiza. Violencia política, derramamiento de sangre, contexto que explica frases como: “Rucci, traidor, a vos te va a pasar lo mismo que a Vandor” (amenaza materializada el 25 de septiembre del mismo año). El asesinato de José Ignacio Rucci –referido como alfil del peronismo de derecha– es otro botón de muestra de esta lógica de violencia inaudita pero también de cinismo: tomando la propaganda de unas famosas galletitas, con sus “23 agujeritos”, se denominó Operación Traviata a la maniobra guerrillera que tuvo por objeto su asesinato, dado que el sindicalista había recibido 23 tiros. Según algunos, precisamente en el entierro de Rucci habría tenido lugar la petición del ya presidente Perón de acabar con la guerrilla usando todos los medios (“Somatén”), y algunos piensan que es aquí donde surgen los grupos para-policiales que, por izquierda, salen a “ajusticiar” a los subversivos. Como ya lo había hecho años anteriores, Perón ponía varios huevos en distintas canastas.

El 28 de abril de 1974 es asesinado el precitado juez Quiroga, que había impuesto la prisión para algunos terroristas. Su sangre rubrica una certeza que la sociedad argentina percibió de inmediato: su propio estado de indefensión.

El 1° de mayo del 74’ tenía lugar el célebre discurso de Perón, ese famoso y repetido discurso donde llama “imberbes” a los Montoneros, probablemente en respuesta a unos cánticos críticos. El 11 de mayo es asesinado el padre Carlos Mugica, sacerdote que formó parte del MSTM (Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo), quien había influido notoriamente en Montoneros, muerte cuya responsabilidad es discutida hasta el día de hoy. El padre Mugica encabezaba un importante sector, dentro del peronismo de izquierda, que había decidido no seguir promoviendo la “lucha armada” (o sea, el asesinato) dado que el gobierno militar (1966-1973) había llegado a su fin. Había ganado Perón con el 62% de los votos y, por tanto, “ya no había razón” para oponerse. Pero los peronistas de izquierda más revolucionarios no pensaban lo mismo, actitud que se cristalizaba en acciones políticas, declaraciones públicas y hasta en cánticos que seguían repitiendo como “FAR, FAP y Montoneros son nuestros compañeros” o también “Duro, duro, duro, vivan los Montoneros que mataron a Aramburu”.

El 1º de junio, las exportaciones argentinas a los países de la órbita socialista se incrementaron de 60 a 475 millones de dólares. El 8 de junio asume como diputado suplente Rodolfo Ortega Peña, famoso intelectual de Montoneros. El 12 de junio, último acto peronista con Perón presente, una multitud se convocó en Plaza de Mayo y estaba presente los Montoneros. Todo esto, luego del cortocircuito donde “los echó de la plaza”. Apoyos, gestos y guiños para la izquierda, convalidación tácita de los atentados. Y muchos pensaban: si el mismo presidente Perón, si el mismo poder político recibe y está aliado con los guerrilleros, ¿quién nos va a proteger? Los montoneros también estuvieron presentes en su despedida final, ante el féretro.

Muerto Perón el 1° de julio de 1974 –quien primero alentó la guerrilla y luego intentó frenarla– y gobernando “Isabelita”, era evidente que la victoria contra el terrorismo no estaba cerca: moría gente todos los días, la policía estaba sobrepasada, los terroristas se mimetizaban entre la población, la sensación de “desgobierno” era total, y las bandas para-policiales seguían “ajusticiando” supuestos o reales agentes del marxismo. Así, el 27 de septiembre de 1974, es asesinado Silvio Frondizi, ideólogo del PRT-ERP, en una acción realizada por lo que se conoce como “Triple A” (Acción Anticomunista Argentina). Más tarde, el 27 de octubre y el 22 de diciembre respectivamente, los erpianos toman la vida de dos profesores católicos y nacionalistas de enorme influencia: Jordán Bruno Genta (de indudable influjo en las Fuerzas Armadas, especialmente en Fuerza Aérea) y Carlos Alberto Sacheri.

El país entero seguía bajo el permanente hostigamiento de células guerrilleras. Los mismos líderes de los partidos políticos reconocían puertas adentro su impotencia: el Estado de Derecho era impotente, había fracasado. Y uno de los responsables de este caos era, sin dudas, el propio Perón, que había fomentado a la guerrilla desde España, pensando que podía controlarla una vez que se hiciera del poder en las elecciones. Muchos piensan que Montoneros ya había advertido la traición de “El General”, cristalizada en el mencionado Somatén. En efecto, no parecía el mismo Perón que, enterado de la muerte del Che Guevara, había escrito el 24 de octubre de 1967: “Hoy ha caído en esa lucha, como un héroe, la figura joven más extraordinaria que ha dado la revolución en Latinoamérica: ha muerto el Comandante Ernesto Che Guevara. (…) El peronismo, consecuente con su tradición y con su lucha, como Movimiento Nacional, Popular y Revolucionario, rinde su homenaje emocionado al idealista, al revolucionario, al Comandante Ernesto “Che” Guevara, guerrillero argentino muerto en acción empuñando las armas en pos del triunfo de las revoluciones nacionales en Latinoamérica”.

Los testimonios de quienes vivieron esa época –personas de distintas posiciones políticas– confluyen en una sola cosa: la situación del país era un caos total. En los 70’, el cuadro era el siguiente:

 

–una Argentina debilitada económicamente;

–una insurgencia revolucionaria–terrorista, dispuesta a derrocar el malhadado orden democrático vigente;

–una contrainsurgencia que, desde el campo policial y militar, luchaba contra el terrorismo (pero que no veía la acción psicológica de la subversión, o que al menos la subestimaba).

 

Como parte de su enfrentamiento con la URSS, Estados Unidos fogoneó los golpes militares cuidándose muy bien de apoyar a los sectores nacionalistas en las Fuerzas Armadas. ¿Por qué motivo? Los nacionalistas rechazaban toda injerencia extranjera en nuestro país, no sólo la soviética sino también la representada por los imperialismos financieros. Resultado: los militares de perfil profesionalista, generalmente cercanos a cierta derecha liberal, fueron los que efectivamente recibieron el apoyo norteamericano para conducir la nación en 1976, continuando –con todo el poder del estado– la guerra contra el terrorismo marxista.

La formación liberal de las Fuerzas Armadas a lo largo de generaciones dificultó que fuesen plenamente conscientes del sometimiento económico–político de la Argentina. Atrapados, como lo estaban, dentro del esquema de la Guerra Fría, muchos creían que para salvar a la Patria del Comunismo había que pactar con los Estados Unidos, y que volviera “la Santa Democracia”.

La suma de todas estas circunstancias explica que, a mediados de los 70’, la sociedad argentina entera haya pedido a gritos “Que vuelvan los militares y hagan algo”. Los días de 1975 y principios del 76’ fueron muy intensos, recrudecieron los operativos guerrilleros y era prácticamente cuestión de tiempo para que las Fuerzas Armadas se hicieran del gobierno. Son meses de enérgicas discusiones en los que los militares debatían los pasos a seguir, una vez que se tomara el poder político. Isabel Perón es derrocada sin resistencia alguna y el Gobierno Militar que viese la luz el 24 de marzo de 1976 es recibido con entusiasmo. Radicales y hasta los mismos peronistas –volteados– prestaron numerosos intendentes, ya desde el inicio del golpe: 310 y 192 respectivamente. El mismo 24 a la mañana los rumores corrían por todas partes y mucha gente susurraba “hoy no salgas, los militares van al tomar el poder”.

La mayor parte de la población repudiaba el terrorismo y festejó el golpe de estado. Los mismos diarios saludaron a las nuevas autoridades[4]. Otra porción, sin duda menor, repudiaba el accionar terrorista pero no desconocía ni la importancia de los temas económicos ni lo que hemos ya caracterizado como subversión. Una inmensa mayoría, sin embargo, advertía solamente la acción terrorista pero subestimaba o sencillamente desconocía la enorme influencia del imperialismo norteamericano en nuestro país. Estimaban suficiente que el Proceso Militar acabase con los guerrilleros, “llamaran a elecciones democráticas y ya está”. Carecían por completo de sensibilidad alguna por cualquier ideal de justicia social.

No es cierto (pero te lo quieren hacer creer) que la totalidad de las voces fueran complacientes con el Proceso. Muy por el contrario, tanto sus políticas económicas anti-argentinas –la toma de deuda externa, por ejemplo– como sus métodos para combatir la subversión fueron duramente criticados y denunciados en el mismo momento en que ocurrían. El tiempo reveló lo desastroso de sus consecuencias: se cerraron fábricas, se endeudó aún más el país, regalándose la soberanía económica. La Revista Cabildo, pero también otras voces nacionalistas, no dejaron de criticar las políticas del Proceso Militar. Mientras tanto, otros actores políticos que tampoco eran de izquierda aplaudían y celebraban que las FFAA hubieran tomado el poder para así librar, de manera más eficaz, el combate contra el terrorismo erpiano–montonero, sin entender, sin apreciar o peor aún convalidando que el gobierno militar estuviese debilitando –en el plano económico– al país cuando el efecto de estas medidas empezó a hacerse sentir.

La guerra antisubversiva fue la respuesta a la guerra revolucionaria. El apoyo del imperialismo norteamericano no cambia esto: el hecho de que Estados Unidos apoyase el Proceso Militar no extingue nuestro derecho a defendernos del terrorismo. Más allá de esta influencia, está fuera de toda discusión que estas fuerzas tenían el deber de defender a la Nación. Ahora bien, en honor a la verdad, pocos hombres de guerra advirtieron que el peligro no sólo estaba en La Habana o en Moscú sino también en Washington.

La observación y el análisis de este contexto arrojan varios resultados. En efecto, no cabe duda de que el discurso atravesado por los vocablos “terrorismo de estado”, “genocidio”, “dictadura”, “plan sistemático”, simplifica de manera arbitraria e irracional un conjunto de hechos históricos que –de conocerse en su totalidad– resisten cualquier reducción. Es, por otro lado, absolutamente inaceptable reducir la legítima defensa de la nación respecto de la guerrilla a las acciones injustas que los militares hayan cometido contra los subversivos.

Ningún argentino de bien, que realmente ame la verdad histórica y la justicia, justifica procedimientos inmorales en la lucha contra el terrorismo. Y así como no lo justifica, precisamente porque quiere la justicia –que es inseparable de la verdad– tampoco acepta la novela rosa de los desaparecidos. Un relato que, por otra parte, fue resistido por Martín Caparrós y Eduardo Anguita, dos integrantes de relieve de ERP y Montoneros.

Develar la verdad sobre este tema no lava las políticas liberales del Proceso, ni blanquea el procedimiento de desaparición de personas. Destapar la verdad, por el contrario, desenmascara las mentiras que se vienen diciendo. Lo cierto, lo dramáticamente cierto, es que fue una guerra.

Fue una guerra. Ahora bien, ¿es necesario decir que, sobre todo durante una guerra, no vale todo? ¿Es necesario decir que no existe luz verde para cualquier acción en épocas de guerra? La moral de los guerrilleros, la moral marxista, obedece a este principio: “Todo su ser tiene que estar dominado por una meta, un pensamiento, una pasión: la revolución… Debe romper, con cuerpo y alma, de palabra y por el acto, toda relación con el orden existente, e incluso con el mundo civilizado y sus leyes, sus buenos modales, sus convenciones y su moral. Es su enemigo despiadado y vive en él con el único fin de destruirlo. Odia y desprecia la moral social de su época. Todo lo que favorezca la revolución es moral…, todo lo que la impida, es inmoral”[5]. El Che Guevara lo dijo bien claro: “El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría  máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así[6]. Es, por el contrario, la moral católica la que enseña que el fin no justifica los medios.

Quienes no quieren hacer las necesarias precisiones son sospechosos de arbitrariedad y parcialidad ideológica. En el Evangelio de San Juan leemos que Cristo dijo: “la verdad os hará libres”. Abracemos definidamente la Verdad y todo lo demás se dará por añadidura.

 

 

[1] Cfr. Página/12, 17 de marzo de 1991, entrevista a Mario Firmenich por parte del periodista Jesús Quinteros.

[2] Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=fX6yrg0DX_k (minutos 8 y ss.).

[3] Como botón de muestra, ver: Discurso de Hebe de Bonafini, en el acto por los 49 años del asalto al Cuartel Moncada (Cuba), realizado en la Facultad de Medicina, el 26 de Julio de 2002. Link: http://www.madres.org/navegar/nav.php?idsitio=5&idcat=96&idindex=173

[4] Cfr. http://www.infobae.com/2009/03/24/438267-que-decian-los-diarios-del-24-marzo-1976/

[5] Cfr. Catecismo del revolucionario, Bakunin.

[6] Mensaje a la Tricontinental. Bolivia, mayo de 1967.

Por qué sí importa discutir la cifra

Por qué sí importa discutir la cifra

 

“A ver, yo he dicho toda la vida que hubo acá 30 mil desaparecidos sabiendo que no hubo 30 mil.

¿Por qué? Porque era una consigna. Y como consigna soy libre de decir lo que tenga ganas.

A mí lo que me parece con ésto es que hacer una ley que obligue a la gente

a decir eso –y si no lo dice que la sancionen– es impedirle pensar en libertad”.

Jorge Lanata. PPT, 28-08-2016

 

 

Importa discutir la cifra. Sí, importa mucho. “No, no discutamos la cifra, estemos en paz, busquemos la reconciliación de la Argentina, la reconciliación entre los hermanos enemistados”. A ver, hablemos claro. No puede haber reconciliación donde no hubo nunca acuerdo. ¿Qué conciliación cabe entre quienes derramaron sangre inocente y quienes fueron injustas víctimas? ¿Qué conciliación cabe entre quienes reivindican y siguen reivindicando el accionar terrorista –denominado, diplomáticamente, lucha armada– y quienes lo combatieron, en el marco de la legítima defensa, más aún, en el marco de una guerra justa?

Importa discutir la cifra. Importa discutirla porque a esta cifra la sostuvo la credibilidad de muchos: hubo personas a las que les creímos cuando juraban que hubo 30.000 desaparecidos. Les creímos cuando afirmaban, vehementemente, que esa era la cantidad. Pero esas personas –ligadas a los organismos titulados de “Derechos Humanos”– no sólo afirmaban una cifra sino que también afirmaban otras cosas. Con no menor ímpetu, aseveraron cosas en base a las cuales los argentinos hemos “reconstruido” la historia. Multitud de juicios, opiniones, veredictos, sentencias, resoluciones, etc., se desprenden de personas que sostienen la cifra de “Los Treinta Mil”.

¿Y si es una mentira?: “yo he dicho toda la vida que hubo acá 30 mil desaparecidos sabiendo que no hubo 30 mil”. Entonces, forzosamente queda en jaque también la credibilidad de estos sujetos. Salvo aquellos hechos que pueden ser probados de forma independiente, necesariamente toda la reconstrucción de los años 70′ se halla bajo fuego. Se desplomó esta credibilidad y, con ella, una parte sustancial de la pseudo historia que –desde Alfonsín a Macri– predomina en las cátedras y en los medios de comunicación. Si cae la cifra, cae una pata de la mesa de esta historia distorsionada. Si cae la cifra, cae todo.

A eso le tienen miedo muchos. Exactamente por este motivo, nadie en el país desea discutir a fondo -y con todas sus consecuencias- la cifra de los desaparecidos.

Todo lo demás se puede discutir.

Se puede debatir el aborto en el Carlos Pellegrini. El número de los desaparecidos, no.

Se puede discutir si la defensa del médico fue –o no– excesiva. El número de los desaparecidos, no.

Puede haber una controversia respecto de si un hombre vestido de mujer puede competir en el Hockey con las mujeres o con los varones. Sobre el número de los desaparecidos, no, no puede haber controversia alguna.

Puede debatirse –y darse alternativamente espacio a unos y a otros– si el consumo de drogas puede ser despenalizado.

Todo, absolutamente todo se puede discutir; sobre infinidad de temas puede haber puntos de vistas distintos. Sobre el número de los desaparecidos, no.

¿Y qué hay de la inesperada confesión de Jorge Lanata? Es paradójico si no patético que se presente como un periodista preocupado porque la gente “piense en libertad”. Aceptar una cifra falsa, ¿no impide acaso “pensar en libertad”? Mentir descaradamente, ¿no impide “pensar en libertad”? Aceptar como verdadero algo que es falso, Lanata, ¿no impide “pensar en libertad”? Este cinismo se ha enquistado hasta tal punto que no hubo una sola persona del público que, poniéndose de pié, le espete al fundador de Página/12:

 

“Si Usted ha mentido descaradamente sobre la cifra de los 30 mil,

¿cómo podríamos creerle en otros temas?”.

 

En efecto, ¿por qué no pensar que al menos una parte de sus diatribas contra el kirchnerismo son, también, meras “consignas” que no tienen por qué estar sujetas a la realidad? ¿Por qué no pensar también que quienes han repetido la mentira de los treinta mil son “libres” de decir “lo que tengan ganas” en lo que a los resultados de sus investigaciones se refiere, en vez de presentar lo que rigurosa y concretamente ocurrió? ¿Qué credibilidad queda en un periodista cuando confiesa –y muy suelto de cuerpo– frente a una de las audiencias más importantes del país, que ha mentido políticamente?

Voltaire –ese espíritu desdichado que fuese tan bien retratado por el ilustre Hugo Wast– también usó la mentira como arma de combate ideológico. El “Mentid, mentid, que algo queda” es autoría suya. Pues bien, Voltaire hizo escuela y llegó a la Argentina.

Hay que extraer todas las consecuencias de esta auténtica “confesión de parte”. Porque no sólo fue Lanata. Hasta la misma Graciela Fernández Meijide sostuvo que la cifra de los 30 mil desaparecidos “es simbólica”[1], una “mentira” [2]. Y también Luis Labraña, que perteneció a la agrupación terrorista Montoneros, cuestionó la cifra en el marco del programa de Mauro Viale[3]:

 

Mauro Viale–¿Usted dijo que habían 30 mil desaparecidos y era mentira?

Luis Labraña–Sí. Recién decía “La leyenda de los 30 mil desaparecidos”. No fue una leyenda, fue una necesidad (…) Hacíamos lo imposible para apoyar a una resistencia que estaba en la Argentina contra el Proceso Militar y tratar de ayudar a las Madres de Plaza de Mayo (…) Una mentira política, si usted quiere.

 

¿Y entonces? Todo tiene que caer, todo tiene que ser revisado. Hay que replantearse la idea de que la autoridad se convierte en mala en la medida que se asemeje a los militares, esto es, en la medida en que “reprima”… Debe caer el mito de los jóvenes idealistas, “perseguidos” porque “luchaban por un boleto estudiantil”. Los mismos que nos decían aquéllo, nos mintieron sin vergüenza sobre la cifra. ¿Les vamos a creer en una cosa y en otra no?

¿Nos damos cuenta hasta qué punto nos vemos obligados a una crítica despiadada sobre los lugares comunes de muchos argentinos? ¿Podemos seguir creyéndonos que hubo “Terrorismo de Estado”, aceptando mansamente las “consignas políticas” de los mentirosos que nos dicen en la cara que son mentirosos? Ya es momento de hablar, apropiadamente, de una legítima defensa por parte del estado frente a la subversión homicida. Y distinguir entre cuán legítima fue esta defensa, apartándose claramente de sus excesos.

Nada sólido puede construirse en base a una mentira. Corresponde sacar todas las consecuencias de estas confesiones y volver a reconstruir o, mejor dicho, a redescubrir la historia. Afortunadamente, no estamos solos y tampoco necesitábamos de estos testimonios para saber de esta falsedad. Son muchos los que, antes y desde hace mucho, se han animado a cuestionar no sólo la falsedad de la cifra sino la totalidad del relato (un relato de los años de plomo que el kirchnerismo utilizó como escudo moral para justificar el sistemático saqueo de la Argentina). Son muchos los que han puntualizado, distinguido y explicado –tema por tema– la catarata de mentiras, engaños y falsedades presentes en la Historia Oficial. Bienvenido sea, sin embargo, esta confesión de parte, que nos permita renovar las fuerzas para el combate por la Verdad Histórica, la verdad de nuestra Patria, dado que sólo la Verdad nos hará libres.

 

Publicado el lunes 19 de septiembre del año 2016

 

[1] http://www.perfil.com/politica/graciela-fernandez-mejide-la-cifra-de-los-30-mil-desaparecidos-es-simbolica-0208-0128.phtml

[2] http://archivo.losandes.com.ar/notas/2009/8/3/un-438521.asp

[3] https://www.youtube.com/watch?v=hAJXoAdIlYY