Los peligros de la Belleza – E. Michael Jones (prefacio)

Los peligros de la Belleza – E. Michael Jones (prefacio)

Fragmentos elegidos

Les comparto fragmentos del Prefacio del traductor, Luis Álvarez Primo. La obra contiene 486 páginas y más de 200 ilustraciones a todo color.

 

        “Es este un libro de estética y una originalísima historia filosófico-política del arte que –como toda la obra de Jones– está hecho en función de la salud de las almas de sus lectores y de la elevación de sus inteligencias de cara a las guerras culturales de nuestro tiempo; es decir, el maestro E. M. J. saliendo al rescate de la belleza, nos ayuda a descubrir una vez más, en un campo específico (la pintura, la música, la escultura, la poesía y la arquitectura) el Logos, discerniéndolo del Anti-logos…”

 

“Desde las doctrinas de Pitágoras sobre la proporción y el número, al tratamiento de la forma y la música en Platón, desde la doctrina de la mímesis en Aristóteles a la arquitectura de Vitruvio, Jones nos enseña a ver y apreciar la claridad, la integridad y la proporción, la unidad en la multiplicidad, la emoción recogida en el sosiego, que nos conmueve en la obra bella dándonos placer“.

 

“nos guía (E. Michael Jones) mediante la metafísica de la belleza de Boecio, san Agustín, y santo Tomás de Aquino o el cardenal Federico Borromeo o Chesterton, y la crítica literaria de T. S. Eliot y Ezra Pound, entre muchos, en contraste, por ejemplo, con la crítica literaria marxista del profesor oxoniense Terry Eagleton o el deconstructivismo modernista revolucionario y subversivo“.

“El capítulo dedicado a La Pintura en Italia (Parte I) es una maravillosa contemplación de grandes obras y de grandes pintores como Giotto, Tiziano, Rubens o más próximos a nosotros, como Pietro Annigoni o el impactante Giovanni Gasparro, hasta llegar a la judaización de la pintura con la distorsión cubista de Picasso y el expresionismo abstracto de Pollock o la fotografía homosexualista de Robert Mapplethorpe…”.

 

“En La música en Alemania (Parte II), luego de ocuparse de la música sacra (el canto gregoriano, Palestrina), Jones nos introduce a los grandes maestros de la tonalidad clásica en el barroco o el romanticismo, en las historias conmovedoras de Bach, Händel, Mozart y Beethoven, cuyas obras analiza en contraste con el revolucionario Richard Wagner, o el dodecafonismo atonal puro y duro de Schönberg, o un Leonard Bernstein y su misa blasfema“.

 

“El renacimiento de La poesía en Inglaterra (Parte III), que comenzó con Coleridge y Wordsworth continuó hasta derramarse en la pluma de novelistas realistas como Jane Austen y, luego, en pensadores refinados y profundos como el líder del Movimiento de Oxford, John Henry Newman”.

 

“en la Parte IV del libro, La modernidad judía… nuestro autor se ocupa, entre otros muchos temas fascinantes, de la arquitectura posmoderna –judía y homosexualista–, y de sus máximos exponentes”.

 

“El genio de Jones sabe unir todos los puntos sin dejar cabos sueltos en el análisis de los edificios construidos por ellos, mostrando una vez más cómo el odio al logos, reflejo de una vida moral desordenada en rebeldía contra el Creador, se manifiesta en obras “tan feas como el pecado”, y, a contrario sensu, el amor al logos, en obras genuinamente bellas”.

 

Luis Alvarez Primo

Bella Vista, Provincia de Buenos Aires, Argentina

7 de octubre de 2024

Fiesta de Nuestra Señora del Rosario

 

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OTROS LIBROS DE E. MICHAEL JONES

“LA EPIFANÍA DEL LOGOS. HISTORIA DE LA REALIDAD ÚLTIMA”.

“LIBIDO DOMINANDI. LIBERACIÓN SEXUAL Y CONTROL POLÍTICO”

EL ESPÍRITU REVOLUCIONARIO DE LOS JUDÍOS (TOMO 1 y TOMO 2)

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Asociación judía persigue a Juez Federal católico en Argentina por denunciar el genocidio en Gaza

 

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El Dr. Alfredo E. López nació en la ciudad de Buenos Aires. Abogado por la UBA, trabajó en el Poder Judicial de la provincia de Santa Cruz como secretario, defensor oficial y juez. Actualmente es Juez Federal en Mar del Plata. Ejerció la docencia en la Universidad Nacional de la Patagonia austral en la materia Derecho Privado.

¿Cómo se puede constatar que el gobierno de Milei, en su mayoría compuesto por judíos practicantes, ningunea al catolicismo en Argentina?

Se constata en el permanente desprecio oficial al catolicismo, a pesar que la propia Constitución Nacional prevé en su artículo 2 que el Estado sostiene el culto católico, que no es solamente desde el punto de vista económico, sino también moral. Sin embargo, tanto Milei como sus Ministros actúan como si fueran funcionarios del Estado de Israel, participando en actos, eventos y homenajes a Israel y a los judíos.

Fue muy notoria la irreverencia de usar figuras de santos católicos con el rostro de Milei…

Sí, sus seguidores en las redes sociales, llamados libertarios, difunden imágenes católicas alterándolas, poniendo la cara de Milei en íconos de Dios, los santos y los ángeles. Además de la irreverencia de que su programa partidario se llame La Misa por ejemplo.

Mile(i)narismo: el proyecto mesiánico de Javier Milei | DIVERSA Blog

🚨 AGUSTÍN LAJE EN LA MISA 🚨 Con el Gordo Dan, Gordo Pablo, @BreakPointMP, Tonio y Piro

 

Usted es un conocido juez que destaca por su coherencia católica y no se ha callado y por eso ha estado siempre en el punto de mira…

Así es, cuando cuestioné el uso de la iconografía católica para endiosar a Milei con fines propagandísticos, recibí un ataque en masa de sus adeptos en las redes sociales, pero para sorpresa de ellos la adhesión a mi crítica fue abrumadora.

Tanto es así que la organización judía DAIA le ha denunciado acusándole de antisemitismo por publicar en su cuenta de Twitter noticias sobre las acusaciones que hace la comunidad internacional a Netanyahu…

Exacto, a partir de que difundí lo resuelto por la Corte Penal Internacional, cuya acusación fiscal cuenta con un asesor experto de origen judío. La acusación consistió en delitos de lesa humanidad, genocidio, violación de los derechos humanos en la Franja de Gaza, contra la población civil Palestina, perpetrados por el Primer Ministro de Israel Netanyahu y su Ministro de Defensa y que llevó a que se emitieran las respectivas órdenes de captura internacionales. Recibí un ataque en masa en las redes sociales de parte de judíos y militantes libertarios pero, como ya había sucedido antes, el repudio que recibieron fue mayoritario.

La DAIA (delegación de asociaciones israelitas argentinas) procedió a denunciarme por antisemitismo ante el Consejo de la Magistratura, que es el órgano encargado de remover a los jueces. Ello generó la repulsa masiva de la ciudadanía por la pretensión de censura y el ataque a la libertad de expresión.

También exigen que le expulsen como juez. ¿Hasta que punto es un gravísimo atropello?

Lo es y constituye una gravedad institucional mayúscula, puesto que la DAIA en realidad no representa a los judíos sino al Estado de Israel, constituyendo una inadmisible injerencia en los asuntos internos de nuestro país, porque están a favor del genocidio que está perpetrando el gobierno israelí en la Franja de Gaza. Además de afectar el derecho a la libertad de expresión, hay una velada intención de censura de la información que expresa la verdad de los hechos y de castigar, sancionar y perseguir a quienes las dan a conocer.

¿Qué argumentos va a esgrimir en su defensa?

En primer lugar, los jueces no perdemos la condición de ciudadanos por ser magistrados; esto lo ha confirmado el Consejo de la Magistratura en diversas ocasiones, razón por la cual gozamos del derecho a la libertad de expresión, como cualquier otro ciudadano. Además lo expresado no es falso, muy por el contrario, está avalado por la realidad de los hechos; y la circunstancia de que se hayan sacado de contexto los extractos utilizados en la denuncia es prueba de la mala fe de los denunciantes.

¿Qué le impulsa a luchar por defender la verdad y la causa católica en la Argentina?

Es el deber de todo católico defender la Fe, ante los agravios, ofensas y desprecio cometidos recurrentemente por el gobierno de Milei en la Argentina y decir la verdad sobre las atrocidades que está cometiendo el Estado de Israel en la Franja de Gaza, lo cual es avalado por el oficialismo en complicidad con los medios de comunicación.

¿Se podría decir que la Argentina se ha convertido en un “satélite de Israel”?

Lamentablemente sí, afectando a la Soberanía Nacional y poniendo en riesgo la seguridad, ya que esta subordinación a las políticas de Israel y EE.UU., que ya tienen su antecedente durante el gobierno de Menem, nos ha costado los dos peores atentados criminales ocurridos en nuestro país tanto en la Embajada de Israel como en la AMIA, la mutual judía.

Por Javier Navascués

 

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ANÍBAL D’ÁNGELO RODRÍGUEZ – A 10 años de su muerte (Por Antonio Caponnetto)

ANÍBAL D’ ÁNGELO RODRÍGUEZ

A 10 años de su muerte

“Dichoso aquél que muere por su casa y su tierra. Dichoso aquel que muere para que siga indemne la vida de un niñito, la gloria de un país. Dichoso aquel que muere por la Cosa Perenne, por un Santo Sepulcro, Dulcinea, Beatriz” . Charles Péguy

Por Antonio Caponnetto

El 21 de febrero de 2015 se nos murió Aníbal D’Ángelo Rodríguez. Una década ya, y sin un Tito Livio para narrarla.

Aníbal estuvo ligado activamente a Cabildo desde sus ya lejanísimos comienzos, hace cinco décadas, bajo la dirección del inolvidable Ricardo Curutchet; y no sería desproporcionado afirmar que acaso fuera mejor escribir que Cabildo estuvo ligado a él, en tanto nuestra revista procuró siempre la compañía de los mejores camaradas, maestros y amigos.

Hay muchos modos de recordarlo y de darle las gracias por su vida fecunda. Se nos permitirá elegir de esos modos, los cuatro que más nítidamente nos resultaron admirables.

Aníbal se desempeñaba como bibliotecario del legendario colegio Don Jaime. Era un puesto a su medida, para quien podría haber hecho suyas las palabras del ciego aquel que gritó sin reproches: “yo que me imaginaba el paraíso bajo la especie de una biblioteca”. En esa inmensa anaquelería escolar él resolvía todos los problemas humanos y divinos, visibles e invisibles. Desde el lápiz olvidado por un chiquillo hasta la bibliografía especializada que requería algún docente. Desde el crayón o la tiza para el ocupante olvidadizo de un pupitre, hasta los libros sapienciales que formaban los entendimientos.

Conocía a cada uno por su nombre (algo se ha dicho al respecto en el Evangelio); y todos lo conocían a él, casi universalmente apodado Papi. Cuando tuve que escribir un pequeño libro para uso interno de los chicos del Don Jaime –Venimos desde el ayer fue su título- Aníbal se convirtió en el personaje obligado que protagonizaba diálogos y tertulias. Tomó con benevolencia ese tránsito de la realidad a las letras. Y con la afabilidad de siempre siguió ejerciendo su mester diario. Incluso hubo una versión mexicana de este librillo, adaptada por la Profesora Sofía Villavicencio Márquez, y editada por la Universidad Autónoma de Guadalajara, en 1998. Aníbal seguía allí de protagonista omnisciente, dibujado como un anciano sapiente y enojoso cada vez que correspondía. Cuando le mostré la “prueba” de su fama en la entrañable comunidad jalisciense sonrió con expresiva complacencia. La legítima travesura pedagógica había traspasado las fronteras.

Hubo en Aníbal un segundo oficio y era el de humorista. No era cómico, ni gracioso; tal vez ni siquiera divertido. Y al final de los años conoció momentos de depresión y de tristeza, como es humanamente comprensible. En una de las cartas que de vez en vez supo mandarme, me habló de esa angustia que los psicólogos llaman existencial y que, él, sin rodeos, prefería llamar “cosas de viejo”. Pero tenía por naturaleza ingenio y gracia, y sabía tocar todas las cuerdas de la ironía, todos los matices del sarcasmo, todas las honduras de la broma. Por lo mismo que era circunspecto y formal, podía ser eutrapélico. Y entonces, las prosas y las glosas dangelianas alcanzaban genuinas cumbres de risa franca y contagiosa.

El lector regular de Cabildo puede dar testimonio de cuanto decimos. Y todavía hoy, los más antiguos, recordarán su participación en aquella chanza formidable que se pergeñó desde las páginas cabildeñas en los años setenta, cuando el genio de Luis María Bandieri decidió “probar” que Borges no existía. Recuerdo que Curutchet, Falcionelli y Aragón, entre otros, reían a dos carrillos ante los desopilantes argumentos sobre la inexistencia de Georgie. Bandieri ha sabido recordar no hace tanto este episodio, fruto de su pluma festiva, de su talento inmenso y de su erudición apabullante. Era un juego servido en bandeja para que “Papi” participara. Y lo hizo. Marcó un hito en la historia bien nutrida del humorismo nacionalista. No nos olvidemos tampoco de sus imitaciones al Sancho de Castellani, que en nada se diferenciaban del original. Yo intenté algo parecido, tanto a modo de tributo a Aníbal como al mismísimo cura loco. Nos hubiéramos reído un largo rato intercambiando esos plagios cantados. Eso creo.

Hubo un tercer Aníbal, que podríamos llamar el intelectual estudioso y combativo. Quizás y mejor, el apologeta, hablando un poco a la antigua usanza. Nos dejó varios libros notables y un sinfín de escritos, que han hecho un bien inmenso en ordenar, recopilar y editar sus descendientes. Sobre todo,gracias al inteligente fervor juvenil del padre Martín Villagrán. Dios le pague. Ojalá se puedan incluir en esos preciados volúmenes lo que se encuentre de su anunciado libro sobre el siglo XX; y unos cuentos que, ya cerca del final, me comentó que le mandaba a Gabriela Cura y a Hugo Esteva. No conozco ninguno, pero deduzco que –por lo que llegó a decirme-tenían a sus nietos más pequeños como destinatarios.

Aníbal poseía el hábito (en otra carta me lo dice), de levantarse una y otra vez del asiento en pos de alguno de sus infinitos libros, para consultar sobre lo que andaba elaborando. Cuando la artrosis le hizo doloroso ese ir y venir por los estantes, decidió escribir algo que no lo obligara a pasar continuamente de una postura a la otra. Entonces encontró como solución redactar cuentos. Para lo cual no necesitaba respaldo bibliográfico. Bendita artrosis que engendró un Aníbal cuentero. La mía, apenas si me suscita improperios. Por favor, si alguno de los mentados conserva esos relatos literarios de Aníbal, que sea tan amable de compartirlos.

Su capacidad de lectura era apabullante. Su facilidad para conocer el estado actual de la cuestión –cualquiera fuera ella- sorprendía hasta a los especialistas. Su modo grato de comunicar lo difícil, era proverbial entre sus dones. Todo esfuerzo le parecía poco para defender a Dios y a la Patria; a las glorias de la Iglesia y de la Civilización Cristiana. Ahora, con internet, cualquier cacatúa sueña con la pinta de Menéndez y Pelayo. Pero Aníbal estaba al corriente de todo lo édito, sin distinguir entre la tecla “enter” y la “control”, como corresponde a todo varón decente.

Jorge Bohdziewicz –entrañable amigo y maestro- Fundador del Instituto Bibliográfico Antonio Zinny, le publicó un par de obras preñadas de lucidez en defensa del Nacionalismo, y desenmascarando a la vez a dos de sus torvos detractores: Fernando Devoto y Cristian Buchrucker. Vale la pena leerlas y estudiarlas a fondo. Es grande el provecho que se sigue. Máxime cuando no faltan hoy apatridistas –que así se llaman a sí mismos:¡extraña honra!- que hacen del Nacionalismo su principal enemigo, ignorándolo todo acerca de él.

A veces diferíamos en algunos juicios prudenciales,lo que me llenaba de intranquilidad. Pero las diferencias eran insignificantes y él sabía dirimirlas con una caridad y un sentido práctico pocas veces visto. En carta del 15 de noviembre de 2006 –a propósito de una de esas distinciones- estampó algo que hoy suena a clarividente vaticinio: “Mi posición es “no hay enemigos a la derecha” con la PRIMERA y SUSTANCIAL (las mayúsculas son de Aníbal) aclaración de lo erróneo y equívoco de la palabra derecha y mi certeza de que la autodenominada derecha liberal no es derecha”. Podrían tomar debida nota los abanderados del neoderechismo mileista, cuya , al final se supo, no era más que un recurso de tahúres para tener una alcancía posmoderna cargada de criptomonedas.

Por último, hubo en Aníbal un militante nacionalista de la primerísima hora. De la hora de los pugilatos en las calles, de los testimonios viriles a plena luz del día, de los riesgos corridos con la exposición del propio pellejo en cada circunstancia crucial. Nacionalismo católico y argentino, nativo y propio de estas tierras nuestras. Pero jamás avergonzado por tener que defender a los nacionalistas de otras latitudes, ni a los grandes movimientos nacionales que batallaron en Europa, ni la verdad histórica conculcada por los aliados, ni a los grandes derrotados de Occidente tras la tragedia de 1945. Cuando las izquierdas le recordaban este pasado suyo para desprestigiarlo, él reconocía con honor su antigua y renovada militancia. Postura que incluso había abrevado en su propio entorno familiar. Aníbal era un bien criado y mejor aprendido. Cada vez que desde Página 12 lo acusaban de neonazi, él fingía una iracundia jocosa: “¿Cómo neo? Yo soy paleonazi en todo caso”. Era otra de sus ocurrencias.

Por eso al despedirlo, a la vera de su féretro, en su antigua casona bellavistense, con el telón de fondo de una legión de hijos y de nietos, de parientes y de amigos que se acercaban a acompañarlo, no pude evitar, junto al rezo silente, la musitación de aquella Marcha del Aliancista que lo acompañó desde los días de su lejana juventud:

Despierta camarada, que fresca de rocío

la voz de los clarines te llama a tu deber,

la media luz del alba ya alumbra los caminos

¡Despierta, camarada, llegó el amanecer!

 

Si en medio del combate cayeras, camarada,

con el azul y blanco tu cuerpo cubriré.

Besada por la luna de cerros y de pampas,

la tierra en que descanses florecerá en laurel.

 

Has despertado, camarada. Y desde tu vigilia perenne nos aguardas. Dios nos haga merecedores de encarnar la consigna teresiana, permaneciendo firmes y sin dormir, pues no hay paz sobre la tierra. Entonces, en esa vigilia nos encontraremos de nuevo, ya sin las fatigas ni las pesadumbres de la marcha terrena.

Camarada Aníbal D´Ángelo Rodríguez: ¡Presente!

Nuevo libro: CRÍTICA CATÓLICA AL CONCEPTO PROTESTANTE DE SOLA SCRIPTURA – Lic. Juan Carlos Monedero (con prólogo de Dante Urbina)

CRÍTICA CATÓLICA AL CONCEPTO
PROTESTANTE DE SOLA SCRIPTURA

Lic. Juan Carlos Monedero

CRÍTICA CATÓLICA AL CONCEPTO
PROTESTANTE DE SOLA SCRIPTURA

Lic. Juan Carlos Monedero

ÍNDICE

Prólogo del Dr. Dante A. Urbina
Introducción
PRIMERA PARTE: EXPOSICIÓN DEL PRINCIPIO PROTESTANTE DE SOLA SCRIPTURA
El principio de Sola Scriptura según el Cardenal Newman
El principio de Sola Scriptura: la Biblia como única autoridad
La Biblia como última autoridad
Confesión de Fe de Westminster
Segunda Confesión Bautista de Fe de Londres
R. C. Sproul
Miguel Núñez
John MacArthur
Citas invocadas para sustentar la Sola Scriptura
El sentido final de la Sola Scriptura
La Sola Scriptura contra la Tradición Católica
Libre Interpretación de la Biblia
Confusionismo en torno a Sola Scriptura: ¿norma única o norma última?

Ambivalencia en los debates de Carlos Veloz
El péndulo de Robert Charles Sproul
La oscilación de Miguel Núñez
Fluctuación y balanceo en un trabajo de John MacArthur
La Sola Scriptura en un sermón de John MacArthur (2013). Contraste con Sproul
Comparación del sermón de MacArthur con fuentes anteriores
Contenido de la expresión Sola Scriptura en el sermón de MacArthur
La Sola Scriptura en un segundo trabajo de John MacArthur
Comentario sobre la Confesión de Fe de Westminster (capítulo I, punto VI)
Deducciones “no necesarias” (probables)
Deducciones “buenas y necesarias”

Conclusiones de la Primera Parte
CRÍTICA A LA DOCTRINA PROTESTANTE DE SOLA SCRIPTURA
Equivocidad en el concepto de Sola Scriptura
Las normas del Antiguo Testamento. Necesidad de una autoridad intérprete infalible
Volvamos al punto de la equivocidad de la Sola Scriptura
El principio de Sola Scriptura no está contenido en las Escrituras
El principio de Sola Scriptura contradice las Escrituras
La Iglesia es anterior al Nuevo Testamento
La Biblia identifica a Cristo con otras personas
La Biblia remite a otras autoridades no bíblicas
La Biblia indica que hay otras verdades que quedaron pendientes de ser escritas
La historia desacredita el principio de Sola Scriptura
La Sola Scriptura y la formación del canon bíblico
El Concilio de Jerusalén contra la Sola Scriptura
La dinámica de la lectura rebate la Sola Scriptura
Los propios protestantes, en realidad, no cumplen a rajatabla la Sola Scriptura
¿Y qué hay de la cita de Mc 7, 1-13 contra la tradición?
Si la doctrina de la Sola Scriptura es verdadera, entonces es falsa
La Sola Scriptura es una innovación teológica
La Sola Scriptura y la Tradición
¿Y qué hay de la otra tesis protestante de la Libre Interpretación de la Biblia o Libre Examen?
El principio de “libre interpretación” contradice las Escrituras
Cristo quiso una jerarquía, no una anarquía
El principio de libre interpretación resulta en la anarquía doctrinaria
La tesis de libre interpretación prohibida por los reformadores
CONCLUSIONES
CÁNONES DE TRENTO

 

 

Prólogo del Dr. Dante A. Urbina

 Es un gran gusto para mí prologar este libro de mi buen amigo Juan Carlos Monedero. Y más aún considerando la gran relevancia del tema que está tratando: la Sola Scriptura. Según se ufanan varios teólogos protestantes de proclamar, la doctrina de Sola Scriptura es la “causa formal” de la Reforma Protestante. Por tanto, también puede decirse de la Sola Scriptura aquello que se dice de la doctrina protestante de la justificación, esto es, que es aquella doctrina en virtud de la cual la mal llamada “Reforma” se mantiene de pie o cae.

Precisamente en este libro, con la agudeza de razonamiento filosófico propia de su formación, Juan Carlos Monedero destruye esta base epistémica de la Reforma. Las primeras páginas del libro muestran el concepto de Sola Scriptura y sus variaciones mientras que, hacia la mitad del mismo, el objetivo es hacer notar al lector la equivocidad de la definición de Sola Scriptura. Como ya se sabe, en infinidad de cuestiones el protestantismo es –en última instancia– “tierra de nadie” hasta el punto que ni siquiera en su concepto epistémico más fundamental (el de Sola Scriptura) pueden los protestantes ponerse de acuerdo. En efecto, hay múltiples enfoques y definiciones sobre Sola Scriptura. Es difícil que la Reforma pretenda ser un edificio sólido sobre bases tan volubles.

Asimismo, Juan Carlos Monedero refuta las supuestas bases bíblicas de la Sola Scriptura. En este trabajo, analiza los pasajes a los que más suelen apelar los protestantes para intentar argumentar y defender esta doctrina desde la Biblia, como por ejemplo: II Timoteo 3, 13-17, II Pedro 1, 19-21 y Apocalipsis 22, 18-19. Monedero dedica varias páginas a demostrar que los divulgadores y apologetas protestantes, en lugar de hacer propiamente una exégesis, más bien están llevando adelante una eiségesis de estos versículos. De esta forma, presentan a estos fragmentos como diciendo cosas que en realidad no dicen.

En adición a ello, además de otros argumentos, el autor presenta evidencia bíblica contra la Sola Scriptura, con lo que queda por demás sepultada esta doctrina.

Este libro, pues, constituye un aporte valioso a la literatura apologética que no se debe soslayar.

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Caseros, el fin de la Argentina Hispano Criolla – La gran derrota nacional (Por Ignacio Braulio Anzoátegui)

CASEROS, EL FIN DE LA ARGENTINA HISPANO CRIOLLA – LA GRAN DERROTA NACIONAL:

“Y sucedió lo que sucedería el día que el Señor nos dejara de su mano,
que Dios no fuera criollo,
que se nos diera vuelta por el soberano capricho de mostrarnos cómo trota,
con qué sístole y diástole se mueve el corazón perdido en la derrota.
como un árbol sin fruto la noche era más noche
y el llanto era más llanto recamado de luto.
Las estrellas federales morían silenciosas y las altas estrellas preguntaban por ellas.
Preguntaban por qué ya no lucían su gracia y su frescura
como en las claras horas de la Dictadura.
Los ángeles del cielo quebraban sus espadas
porque era pasado el tiempo de las grandes patriadas:
La de meterse haciendo remolinos y eses entre los unitarios y entre los franceses.
Tocada, por escarnio, de poncho y galera,
la facción mostraba su cara brasilera.
Y la calandria patria se acogía en su nido, porque ya la calandria no tenía sentido.
Ni tenían sentido las risas y las rosas porque había caído Don Juan Manuel de Rosas.
Ni tampoco los anchos contornos de la pampa,
porque era la hora de Luis el Guardachanchos.
En rudos cuajarones de sangre se nos iban los varones
Atropellándose en la muerte, como antiguos patriarcas
que eligieran sus pingos funerarios con sus pelos y sus marcas.
Allí quedó la Patria, tendida sobre el campo,
con los ojos abiertos para ver en el cielo el desatado lampo de sangre y de vergüenza
que cruzaba como una cachetada la historia de la Patria arrebatada.
Allí quedó la Patria, tendida y palpitante,
asesinada de hambre y muerte a cada instante.
¡Señor!, Tú que todo lo puedes, restáurala en su honor.
Y de paso, Señor, Tú que todo lo puedes, entre tantos dolores,
piedad, Señor, te pido para los vencedores”.

Ignacio Braulio Anzoátegui

Hacia una economía centrada en la familia – Allan C. Carlson

Hacia una economía centrada en la familia

Allan C. Carlson*

(New Oxford Review, diciembre de 1997, vol. LXIV, nº 10)

Comencemos con lo que algunos aún llaman la paradoja de una era de abundancia y riqueza que es también una era de degradación moral y declinación familiar. El industrialismo del siglo XX produjo una abundancia creciente de bienes materiales, ingresos promedios cada vez más altos y mayores expectativas de vida. Sin embargo, el vigésimo siglo cristiano ha sido también testigo de un nivel sin precedentes de rupturas familiares. Defino a la familia natural como la dada entre un hombre y una mujer comprometidos en una alianza socialmente aprobada llamada matrimonio, con los propósitos de propagación de la especie, comunión sexual, amor y protección mutua, la construcción de una pequeña economía hogareña y la preservación de las costumbres de generación en generación. Mientras culminamos el segundo milenio cristiano, esta familia natural está desapareciendo en la mayor parte del mundo occidental como una presencia culturalmente significativa. Tasas decrecientes de matrimonios primerizos, extensión de divorcios, bajos niveles de nacimientos dentro del matrimonio, ilegitimidad creciente, promiscuidad rampante, cohabitación y aborto, y la sexualización de la cultura popular: estos desarrollos se han dado especialmente pronunciados en las mismas naciones donde el triunfo de la industria ha sido más completa. Surgen preguntas críticas: ¿Están ambos desarrollos relacionados? ¿El crecimiento de la industria causa la ruptura familiar? Y si así es, ¿es posible encontrar una forma tanto de abundancia material como de virtud familiar? ¿Podemos generar una economía virtuosa?

Con respecto a la primera pregunta, la obvia pero aún así más olvidada, la respuesta es “sí”: La producción industrial moderna tiende, por su misma naturaleza, a minar los fundamentos materiales y psicológicos de la familia.

Para entender por qué, necesitamos volvernos sobre la misma esencia de la industria moderna y de lo que ella ha reemplazado. La economía pre-industrial —el entorno para la mayor parte del tiempo de la humanidad sobre la tierra— estaba centrada en el hogar, donde cada familia era mayormente autosuficiente, en la producción y preservación de la comida básica, en el refugio, en la ropa y en la educación principalmente moral y práctica. Esta autosuficiencia trae a la familia una cierta forma de independencia económica. Los maridos, las mujeres, los hijos y otros miembros del hogar se especializan en algún grado en las tareas, una natural división del trabajo que genera ganancias materiales. El hogar familiar natural sirve como unidad de producción tanto como de consumo, unidad construida sobre el altruismo y el amor, donde el principio del compartir desinteresado realmente funciona. Usando el lenguaje corrupto de fines del siglo XX, el hogar familiar no es una entidad ―capitalista”; es más cercano al ideal socialista de un compartir desinteresado, donde el egoísmo y el individualismo están balanceados con las necesidades y requerimientos de la familia y la comunidad próxima, y este hogar se conserva mejor en un medio no industrial. Esto explica por qué la familia natural encuentra su escenario favorable en la granja de subsistencia, entre los campesinos libres o minifundistas. El pequeño taller artesanal, también organizado alrededor del hogar familiar, sirvió (y sirve) como la contraparte pueblerina (o urbana) de este minifundio rural.

En su esencia, el proceso de industrialización significó romper estos hogares productivos de pequeña escala y distribuir sus partes humanas en fábricas: en fábricas materiales como molinos, enlatados, plantas automotrices y oficinas, y en fábricas sociales y educativas como escuelas estatales masivas para niños y geriátricos para ancianos. A través de la producción industrial de bienes físicos, la riqueza crece (es cierto) con ganancias extras que provienen de esta exagerada división del trabajo. Pero estas ganancias materiales exigen, a la vez, una pérdida de solidaridad e independencia de la familia. Por eso es que es justo decir que tanto las modernas corporaciones industriales como los modernos Estados tienen un cierto interés en la desintegración familiar. Visto en términos de eficiencia, la unidad familiar independiente representa una carga sobre el Producto Nacional Bruto. Los vínculos familiares interfieren con la distribución eficiente del trabajo humano y la producción casera limita la visibilidad en una economía de base monetaria. En verdad, lo que llamamos “crecimiento económico” se apoya, en una parte significativa, sobre la constante transferencia de funciones productivas del hogar, donde tales trabajos no son traducidos en dinero y por lo tanto no son contabilizados, hacia entidades industriales organizadas, tanto corporativas como estatales. A mediados del siglo XIX, estas funciones transferidas incluían la hilandería, la teneduría, la zapatería y la educación. Para comienzos del siglo XX, incluyeron además la producción y conservación de alimentos, el transporte y el cuidado de niños.

En nuestro tiempo, estas transferencias de la familia a la industria incluyen además la preparación de comida, el paseo de niños y el cuidado de los ancianos. De hecho, mucho de lo que medimos como crecimiento económico desde los ’60 ha sido simplemente la transferencia de las tareas caseras remanentes que comienzan a ser contabilizadas en términos monetarios —cocina casera, cuidado de niños, cuidado de ancianos— al pasar a entidades externas como Burger King, guarderías privadas o geriátricos estatales. La pequeña economía productiva hogareña queda así despojada de sus tareas económicas.

El trato de la mujer bajo el régimen industrial ofrece un verdadero caso de estudio. En el mercado de trabajo no regulado de comienzos del capitalismo industrial, lo mismo que en el programa formal del socialismo industrial, la mujer —particularmente la mujer joven— era especialmente deseada como trabajadora, por sus pequeños dedos, por su comportamiento obediente y, fundamentalmente, por sus efectos económicos colaterales: sumándola al mercado laboral el nivel general de salarios permanece bajo. En la Europa y los Estados Unidos del siglo XIX, las nuevas fábricas contrataban esposas, madres e hijas para mantener a raya a los artesanos especializados: los maridos y padres de estas mismas mujeres. Sólo con la larga y dificultosa organización del trabajo, enfocada en esos años a un grado sorprendente de restauración familiar, se reconstruyeron los límites de la decencia alrededor del hogar y se limitó la intrusión industrial en el hogar. Bajo los sistemas de ―salario vital” o ―salario familiar” del trabajo organizado a fines del siglo XIX y comienzos del XX, la fábrica solo podía requerir que un único miembro de la familia —normalmente el padre— fuese el que cobrara un salario suficiente para mantener su familia en la decencia. La mujer pudo, entonces, regresar al hogar para llevar, alzar, proteger y educar a su descendencia. Los niños también se vieron protegidos del ingreso prematuro al medioambiente industrial.

Incluso algunos industrialistas llegaron a percibir la sabiduría moral de este ―salario familiar” y la virtud de preservar algún nivel de autonomía familiar dentro del sistema fabril. En los EE.UU., Henry Ford deslumbró a los observadores en 1914 al duplicar inmediatamente los salarios de los trabajadores casados, arguyendo que el trabajador “no es tan solo un individuo… Es miembro de un hogar… El hombre realiza su trabajo en la empresa, pero su mujer hace el trabajo en la casa. Por lo tanto, la empresa debe pagarle a ambos”. La alternativa, enfatizaba Ford, era “el horrendo espectáculo de niños pequeños y sus madres viéndose forzados a salir a trabajar”.

En Francia, mientras tanto, sacerdotes católicos organizaron a los industrialistas de sus parroquias en círculos de estudio sobre la enseñanza social de la Iglesia (lea más del tema aquí, aquí, y aquí). Estos patrones llegaron a diseñar un vasto y voluntario sistema de protección familiar que suplementaba los salarios pagados a las cabezas de familia con adicionales según el número de hijos. Para mediados de los ’20, este sistema voluntario también proveyó niñeras, enfermeras y adicionales por nacimiento y maternidad a las familias involucradas.

Sin embargo, la respuesta más común, y (admitámoslo) más lógica desde el punto de vista económico, fue una constante campaña para despedazar la familia en sus partes constitutivas. Desde su fundación a mediados del siglo XIX, la Asociación Nacional de Fabricantes (National Association of Manufacturers) de los Estados Unidos consistentemente batalló para desmantelar el sistema de “salario familiar” y lograr acceso de nuevo al mercado laboral para las mujeres casadas y los niños.

Secretamente, según los rumores de la época, la organización de los empleadotes fundó en los ’20 el Partido Nacional de las Mujeres (National Women’s Party), el grupo feminista radical que fue autor de la propuesta de la Enmienda sobre Igualdad de Derechos en la Constitución de los Estados Unidos. La Asociación Nacional de Fabricantes, del brazo con las feministas, abiertamente luchó por poner fin a las protecciones legales especiales que existían para las mujeres y los niños.

En los ’60, las mismas fuerzas festejaron juntas cuando el Título VII de la Ley de Derechos Civiles de 1964 fue transformado desde una herramienta de justicia económica racial en un espolón de guerra contra el sistema de “salario familiar” estadounidense. La mayoría de las corporaciones se apresuraron a salir al vasto mercado laboral de mujeres, bajando el salario industrial promedio una vez más. Para 1990, las mujeres jóvenes se habían convertido en el grupo más ―proletarizado” o asalariado en los Estados Unidos; más miembros de la familia trabajaban largas horas; y las tasas de matrimonios y nacimientos maritales se precipitaron al fondo.

El crecimiento de la educación estatal masiva ofrece otro caso de estudio de los efectos del industrialismo sobre la familia. Las investigaciones actuales sobre fertilidad demuestran que los padres reducen el tamaño familiar desde un promedio natural de siete hijos por hogar sólo cuando existe una disrupción en las relaciones económicas dentro de la familia. El demógrafo John Caldwell argumenta que, de hecho, es la educación masiva de los jóvenes la que conduce al cambio en las preferencias desde una familia grande a una pequeña, y así se promueve el deterioro de la familia como institución. La tesis de Caldwell —que la industrialización de la educación por parte del Estado causa el declive familiar— soluciona el misterio que tanto ha intrigado a los historiadores estadounidenses: ¿Cómo explicar la constante caída en la fertilidad en los EE.UU. entre 1850 y 1900?

A través de todo este periodo los EE.UU. eran un país predominantemente rural, y absorbía las masas de jóvenes inmigrantes, y los inmigrantes y granjeros suelen tener muchos hijos. Pero los datos desde 1871 hasta 1900 demuestran una muy marcada relación negativa entre la fertilidad femenina y la expansión de la escuela pública. La caída en la tasa de nacimientos está correlacionada con particular fuerza al tiempo promedio con que los niños existentes acuden a la escuela estatal en un año dado: Cada mes adicional en el ciclo lectivo de una escuela pública reduce el tamaño de la familia en ese distrito en un 0,23 por hijo.

De esta manera, vemos cómo remover la educación de los niños del escenario familiar y organizar escuelas según el modelo industrial casi literalmente “consume” a los hijos y debilitaba la familia. Antes de la educación estatal masiva, los padres realizaban toda una variedad de arreglos para la educación de sus hijos, incluyendo la educación en el hogar.

Uno podría pensar que si la madre podía ahora enviar a sus hijos a escuelas públicas gratuitas, se sentiría más libre para tener más hijos. Pero no funciona de esa forma. El proceso de educación industrializada debilita las conexiones de los miembros de la familia y el compromiso de la madre hacia sus hijos y familia. Usualmente, en vez de tener más hijos, la madre con más tiempo libre sale a buscar trabajo.

Un poeta de Kentucky, Wendell Berry, delinea la misma imagen que nosotros en su libro “¿Para qué es la gente?” (What Are People For?): ―Si no existe una economía hogareña o comunitaria, entonces los miembros de la familia y sus vecinos ya no son útiles entre sí. Cuando la gente no es más útil para otros, entonces la fuerza centrípeta de la familia y la comunidad decae y la gente cae en la dependencia de economías y organizaciones externas…” Cuando la familia se debilita como economía pequeña, los hijos son menos bienvenidos, la lógica de entrar en un matrimonio se hace más difusa, crece el desorden sexual y el aprendizaje declina.

Han existido variadas respuestas frente a esta situación. El gran desastre económico del comunismo puede verse como un intento de aplicar el principio altruista o familiar —“de cada uno según su habilidad, a cada cual según su necesidad”— a lo ancho de toda la sociedad. Pero nuestro siglo ha demostrado que éste fue un enorme y trágico error: El principio no puede imponerse centralmente. Cuando nos movemos más allá del hogar, el clan, la comunidad religiosa o el pueblo —donde todos conocen el carácter y las fortalezas y debilidades de los otros, y donde reglas heredadas imponen una disciplina tolerable— una vez que nos movemos más allá de estas pequeñas comunidades, esta forma de altruismo falla.

Una segunda respuesta frente al pedido de ayuda de la familia en el entorno industrial fue la búsqueda de una “Tercera Vía”, el camino de la democracia social que supuestamente llevaría a un punto intermedio entre el capitalismo industrial y el comunismo industrial. La frase proviene del título de un libro escrito por Marquis Childs en 1938, que celebraba el modelo de desarrollo de Suecia. Él y otros entusiastas decían que los efectos disruptivos del industrialismo podían ser balanceados a través de una pesada regulación estatal del sistema fabril y por la construcción de un Estado de bienestar centrado en la familia, donde los costos de criar hijos fuesen soportados por el gobierno.

Por cerca de tres décadas, entre 1940 y 1970, Suecia sí pareció un modelo atractivo. Pero el sistema sucumbió de allí en más por sus contradicciones internas, todas demostrablemente ligadas al problema familiar: – Pensiones estatales de vejez que de la familia transfieren al Estado la antigua tarea de cuidar de los ancianos en la adversidad, provocando el corte de los vínculos naturales de seguridad entre las generaciones y desalentando el nacimiento de hijos en número suficiente como para mantener el sistema. – Políticas de bienestar estatal que protegen a la gente de las inevitables consecuencias de sus elecciones inmorales, creando así incentivos que hacen más fácil —o, en realidad, promueven— el divorcio, la cohabitación y la ilegitimidad como sustitutos del matrimonio. – Ingresos gubernamentales por hijo que, en realidad, debilitan los vínculos padre-hijo, a medida que las madres ganan preponderancia que mina el rol del padre como perceptor y distribuidor del ingreso. – Y la visión altruista de un Estado de bienestar racional que, supuestamente inspirado en la familia, necesariamente da vía libre a penalidades basadas en el altruismo y se apoya en la irracionalidad.

Específicamente, el sistema sobrevivió financieramente sólo mientras los ciudadanos restringieron sus requerimientos, como en los tiempos en que las familias preferían cuidar a sus miembros ancianos en casa antes que enviarlos a centros geriátricos estatales. Pero la misma lógica de este sistema de derechos penaliza financieramente la elección altruista. Hoy, los estados clásicos de la ―Tercera Vía” como Suecia y Dinamarca están en crisis, enfrentando tanto la bancarrota financiera como la espiritual. En síntesis, demostraron la inexistencia de una ―Tercera Vía” real.

Sin embargo, han existido también en nuestro siglo intuiciones de una ―Tercera Vía” de organización económica que puede representar un camino mejor. El común denominador de éstas es el reconocimiento y la defensa de una economía centrada en la familia. Estas aproximaciones al problema directamente ponen coto a la naturaleza no mudable de la verdadera familia y buscan construir barreras que protejan la económica hogareña altruista de los efectos corrosivos del individualismo y el consumismo. Puesto de otra forma, promueven la “refuncionalización” de las familias trayendo a la industria de vuelta hacia el terreno casero.

Los defensores mejor conocidos de esta Tercera Vía eran los ensayistas católicos ingleses Gilbert Keith Chesterton y Hilaire Belloc.

Chesterton argumentaba en forma abierta y con fuerza en pos de la reconstrucción en Inglaterra de una ―sociedad de campesinos”, basada en pequeños terrenos y negocios. Belloc, por su parte, escribió que ―la familia es idealmente libre cuando controla totalmente todos los medios necesarios para la producción de la riqueza que necesita consumir para una vida normal”. Para esta reconstrucción de una sociedad de familias propietarias libres, urgía al uso creativo de los impuestos y de la regulación estatal para limitar a las grandes sociedades anónimas y promover las pequeñas empresas familiares.

Una teoría más sistemática de una economía centrada en la familia vino de la pluma de un mártir económico Alexander Vaselevich Chayanov. Antes de su arresto y ejecución por parte de los comunistas soviéticos, este economista ruso había refutado la visión, sostenida tanto por los teóricos del laissez faire como por los marxistas, de que los campesinos y las granjas familiares son irracionales e ineficientes y deben ser eliminadas. En su obra maestra de 1925, “La organización de granjas campesinas”, Chayanov persuasivamente demostraba que las pequeñas granjas familiares —que combinan la producción vegetal y animal de subsistencia con las industrias caseras, la producción hogareña y el empleo externo variable— son en realidad una forma de organización económica lógica o, incluso, superior. El silencio a que se sometió el trabajo de Chayanov ha significado, en palabras de un historiador, que las políticas de agricultura y desarrollo global hayan estado ―recorriendo el camino equivocado” durante 70 años, en forma intencional subvirtiendo una más natural, versátil y sostenible agricultura centrada en la familia para transformarla a la explotación industrial de las granjas.

Otro economista activo en ese tiempo, Ralph Borsodi, enfatizaba la “producción familiar” como el programa “para la gente que apunta a la virtud y la felicidad, y para quienes la buena vida está representada por el hogar y el corazón, por los amigos y los hijos, por el césped y las flores”. Éste dio especial atención a la contribución económica de la madre en el hogar. Mientras que las teorías tanto de los economistas marxistas como de los liberales clásicos desprecian la producción casera como económicamente irrelevante o, incluso, un parásito, Borsodi delinea el verdadero valor económico de la jardinería, la producción de manteca y la cría de aves de corral; de la cocina, la repostería y el servir la mesa; de las conservas; de la limpieza y el lavado; de la costura; de la alimentación y cuidado de bebes; y de proteger y enseñar a los niños.

Estos modelos de una Tercera Vía económica, repito, comparten el enfoque sobre el bienestar familiar. La renovación familiar vendría sólo a medida que ciertas tareas y funciones sean protegidas de su inmersión en la industria, es decir, sean desindustrializadas y regresadas al hogar. En estos modelos, la medida del éxito económico no será el “crecimiento” monetario de la economía estadística oficial, ya que, como hemos visto, mucho de lo que es llamado crecimiento en realidad es la contrapartida de la declinación de la familia. En vez de esto, el éxito será medido por un diferente tipo de riqueza: la formación de matrimonios, el nacimiento de hijos y la solidaridad del grupo familiar. Esto regresará el análisis económico a sus auténticas raíces, a la oeconomia, la  “administración del hogar”. Por eso, en lugar de usar una etiqueta desinformada como “Tercera Vía”, deberíamos usar una como “Vía Familiar” como nombre de este camino hacia una economía virtuosa.

Al mismo tiempo que se niega a delinear cualquier tipo de plan de economía distintivamente cristiana, la Iglesia Católica ha sí explicado principios frente a los cuales deben ser juzgados los sistemas económicos. Estos principios incluyen las conocidas apelaciones a la dignidad humana y a la libertad de la Iglesia para hacer su trabajo. Pero, de no menor importancia, es el llamado a considerar la salud de la familia.

En un importante discurso de 1951, el papa Pío XII identificaba como ―uno de los errores fundamentales del materialismo”, tanto laissez-faire como marxista, la negación de ―la vida de la familia” como fuente de ―vida, salud, energía y actividad de toda la sociedad”, incluyendo, por supuesto, su vida económica.

Se podrían citar otras afirmaciones de la Vía Familiar. Refiriéndose únicamente a las granjas familiares, por ejemplo, Pío XII declaró: ―Hoy puede decirse que el destino de toda la humanidad está en juego. ¿Tendrán los hombres éxito al balancear esta influencia [del industrialismo] en forma tal que se preserve la vida espiritual, social y económica que es el carácter específico del mundo rural?”

Pío XII señaló, también, cómo la ―propiedad privada” asegura ―para el padre de familia esa sana libertad, de la que tiene necesidad, de poder cumplir las obligaciones a él asignadas por el Creador, respecto al bienestar físico, espiritual y religioso de la familia”. En otro sermón dijo: ―Solo la estabilidad que está enraizada en la propiedad hace de la familia la célula vital y más perfecta y fecunda de la sociedad, uniendo de una manera brillante en cohesión progresiva las generaciones presentes y futuras”.

Con respecto a los empleadores, el trabajo y la familia, Pío XI decía en la encíclica Quadragesimo Anno (1931) que, “debe hacerse todo esfuerzo [para asegurar] que los padres de familia reciban un salario suficientemente grande como para cubrir las necesidades familiares ordinarias en forma adecuada”.

La encíclica de 1981 Laborem Exercens reforzó este vínculo entre trabajo y formación familiar. Afirmando que la fundación de una familia es un “un derecho natural”, Juan Pablo II definió el salario justo de un adulto como aquél “que es suficiente para el establecimiento y mantenimiento de una familia y para proveer seguridad para su futuro”. De cualquier forma que se implemente, enfatizaba el Papa, la existencia de un salario familiar sirve como “medio concreto de verificar la justicia de todo el sistema socio económico”.

Tenemos aquí una prueba específica de la justicia económica: ¿Existe un salario familiar? Más aún, dijo el pontífice: “Redundará en beneficio de la sociedad hacer posible para una madre… dedicarse en el cuidado de sus hijos y en educarlos de acuerdo con sus necesidades, las cuales varían con la edad. Tener que abandonar estas tareas para tomar un trabajo asalariado fuera del hogar es erróneo…”

Respecto a la importancia de la economía doméstica —del trabajo en el hogar no pago y centrado en la familia— el entonces pontífice declaró: “El trabajo doméstico es una parte esencial del buen orden de la sociedad y tiene una enorme influencia sobre la colectividad; contribuye a producir ingresos y riquezas, bienestar y valor económico… Tiene una influencia directa sobre el buen desarrollo de la familia.”

En referencia a la familia, al Estado y a la economía, Juan Pablo II estableció: “Estamos todos llamados a promover un medioambiente favorable a la familia, y, por lo tanto, a la maternidad y a la paternidad, un medioambiente donde, en forma creciente, puedan encontrarse las condiciones óptimas para hacer posible que la familia pueda desarrollar sus riquezas: fidelidad, fecundidad e intimidad enriquecida con la apertura a los otros.

Estas referencias no constituyen una teoría económica. Pero sí, creo, animan a todos los cristianos a volver a pensar el trabajo teórico en pos de una Vía Familiar y a ayudar a construir ambientes amigables para la vida hogareña, el lugar de la fidelidad, la fecundidad y la intimidad. Y la Vía Familiar es mucho más que una teoría. Existen ejemplos modernos de naciones que, usualmente por accidente, han tropezado con políticas temporales que han dado nuevos bríos a la familia, mediante la desindustrialización de algunos aspectos de la producción y la restauración de estas funciones en el hogar. En consecuencia, encontramos también en estos lugares visibles signos de una renovación familiar: matrimonios más fuertes con más hijos.

México, para poner un ejemplo cercano, dividió vastos terrenos organizados industrialmente en los años alrededor de 1940 y distribuyó más de 10 millones de hectáreas a campesinos sin tierras. Estos cambios convirtieron a los trabajadores de las plantaciones en campesinos libres dueños de pequeñas propiedades, y restauraron el lugar de la familia como unidad de producción y consumo. Las anteriores ganancias espectaculares logradas mediante una mayor productividad en la producción de alimentos resultaron igualadas por un crecimiento equivalente en manufacturas y otras formas de producción en pequeña escala. Las empresas urbanas también se apoyaron en las relaciones familiares. Con la propiedad productiva de vuelta en manos de las familias, los matrimonios se hicieron más tempranos y los hijos arribaron en grandes números: las riquezas familiares de las que Juan Pablo II hablaría décadas después.

Una economía centrada en la familia no está destinada a ser una economía estancada en términos estadísticos. La tasa de crecimiento oficial de la economía mexicana en el periodo 1945-1965, en realidad, excedió a las tasas de crecimiento de los Estados Unidos y Canadá para ese mismo período. Por desgracia, este experimento de restauración familiar llegó a su fin alrededor de 1970, cuando las autoridades de los EE.UU. y de las Naciones Unidas, especializadas en ―control poblacional”, intencionalmente se dispusieron a destruir la economía de base familiar de México, con el fin de reducir el tamaño familiar promedio y convertir a dicha nación nuevamente al modelo industrial (Comentario del Blog: el Secretario de Estado de EE.UU. en los años 70′ se llamó Henry Kissinger. Para leer sobre Kissinger, sugerimos este artícuōlo).

Aún un segundo experimento masivo no intencional en cuanto a la restauración de la familia comenzó a fines de esa década, y aún continua, en el lugar menos probable: la República Popular de China. Los campesinos chinos —colectivizados en granjas industriales por Mao Tse-Tung después de la revolución de 1949— sufrieron terriblemente durante un cuarto de siglo, debido a que los comunistas buscaban (en palabras textuales de un documento) eliminar a las familias como “unidad fundamental de habitación y producción”. Pero la muerte de Mao en 1976 trajo un cambio en esa política, llevando dos años después a la introducción del apropiadamente llamado “sistema de responsabilidad familiar”. Mientras que el estado aún técnicamente es dueño de la tierra, las colectividades industriales se dividieron y las familias obtuvieron el uso de la tierra según su tamaño: cuanto más grande una familia, más tierra recibía en uso. Luego de cumplir una cuota asignada, el producto restante de la granja se convierte en propiedad de la familia para su consumo o venta. El nuevo sistema también permitió a las familias de campesinos encargarse de ocupaciones colaterales tales como manufacturas e industria casera.

Los resultados entre 1978 y 1990, sólo recientemente documentados, fueron espectaculares. La producción de las granjas subió rápidamente, como lo hizo la salud de las familias rurales y su bienestar. Liberando esa energía emprendedora, nacieron un estimado de diez millones de empresas rurales —en su mayoría familiares—. Más importante aún, reaparecieron los moldes matrimoniales tradicionales luego de décadas de suprimidos, lo mismo que la preferencia de los chinos por tener muchos hijos. En las partes más rurales de China, tres cuartos de las mujeres ahora quieren tener cuatro o más hijos. En los hechos, este “sistema de responsabilidad familiar” subvirtió en el campo la otra innovación de los líderes de la época post-Mao: la política poblacional de “un hijo por familia”. Puesto en términos simples, una economía en la Vía Familiar quiere y da la bienvenida a los hijos.

En ambos caos, los ejemplos mexicano y chino, gobiernos supuestamente laicistas o ateos se volvieron hacia políticas que permiten el renacimiento y el éxito de una economía familiar natural. Al mismo tiempo que estas economías no resisten la prueba de libertad para que la Iglesia “ejercite su ministerio” como dice el Magisterio, creo que sí aprueban la prueba en cuanto a promover la familia.

A un nivel más modesto, en los EE.UU. y Canadá también podemos encontrar un cambio económico —definido en términos burdos— que ha fortalecido a la familia: el llamado “movimiento por la educación hogareña” (homeschooling). Debemos recordar que la educación en el hogar en los niveles elemental (primario) y secundario representa la desindustrialización de los niños involucrados. Significa un retorno desde una educación diseñada sobre principios industriales a una educación enfocada en la familia. Cerca de 1,5 millones de niños en los EE.UU. y Canadá son educados ahora en sus casas. Existe también una correlación positiva entre la educación familiar y una mayor fertilidad y familias más grandes. Un estudio encontró que el número promedio de niños en familias que realizan educación en el hogar es de 3,43, el doble del promedio de niños de todas las familias de parejas casadas en los Estados Unidos.

Entre las familias canadienses que educan en el hogar, la cifra es aún mayor: 3,46. Una vez más, éstos son signos auténticos de integridad y salud familiar. Sí, es cierto que quienes realizan educación hogareña, especialmente aquellos que son católicos, tienden a tener familias más grandes. Pero la educación en el hogar funciona ella misma a favor de la tendencia a tener más hijos, ya que la psicología de la familia frecuentemente cambia cuando tiene lugar la educación familiar: La casa comienza a girar alrededor del niño (y de manera saludable), las conexiones entre los miembros de la familia se fortalecen y la familia es refuncionalizada.

En síntesis, una economía de Vía Familiar es más que una teoría abstracta. Hay ejemplos en el terreno que nos muestran cómo podemos construir un orden mejor, más virtuoso, uno más cercano a pasar los exámenes de justicia familiar y dignidad humana tal como los ha articulado la Iglesia Católica. ¿Qué puede significar esto para las familias cristianas?

Permítaseme cerrar con varios ejemplos —todos a la mano de una familia o de una parroquia— sobre lo que se puede hacer para avanzar en el camino de una economía de Vía Familiar.

Primero, el clero y los líderes laicos pueden copiar el ejemplo de la Francia de comienzos del siglo XX y organizar a los líderes de negocios en sus parroquias para estudiar los principios de la enseñanza social de la Iglesia, especialmente aquéllos referidos a la dignidad del trabajo, la santidad de la familia, la justicia del salario familiar y la responsabilidad moral personal para proveer ese salario a sus empleados.

En segundo lugar, las familias cristianas pueden usar su poder de compra, su “soberanía de consumidor”, para sostener las manufacturas y negocios locales y familiares.

En tercer lugar, las parroquias pueden promover pequeñas empresas familiares a través de la provisión de un pequeño pero suficiente capital inicial.

En cuarto lugar, el clero y los líderes laicos pueden promover la educación familiar. Las parroquias tradicionales pueden ser parcialmente reformadas para servir a los educadores del hogar como centros de recursos, como lugares de clases comunes y como sitios para mejorar las habilidades de enseñanza de los padres.

En quinto lugar, las parroquias pueden crear cooperativas de alimentos. Esto puede parecer más fácil en pequeños pueblos y regiones rurales, pero es posible también en las grandes ciudades. En las “megaciudades” del mundo en vías de desarrollo, el 75% del alimento es aún producido en jardines hogareños y pequeñas granjas localizadas en esas mismas ciudades. Los jardines familiares como empresa familiar común pueden también tener éxito en ciudades del mundo desarrollado. Las parroquias cristianas podrían también vincular “familias granjeras” y “familias urbanas” para la venta directa de productos frescos y otros del campo, lo cual beneficiaría a ambas.

En sexto lugar, los sacerdotes, ministros y laicos pueden dedicarse a ministerios rurales específicos y a la restauración de la vida rural tradicional. Bajo el liderazgo inspirado del P. Luigi Ligutti, la Conferencia Católica Nacional de Vida Rural (National Catholic Rural Life Conference) de los EE.UU. tuvo un papel vital en esta área. Creo que existe una nueva necesidad entre los laicos cristianos, particularmente entre los jóvenes adultos, de una guía espiritual y práctica en este asunto.

Y, por último, podemos ayudar a revivir la Regla de San Benito en nuestro tiempo. Podemos, en palabras de Mons. M. Francis Mannion en un artículo publicado en Communio, “crear comunidades de existencia cristiana ejemplar” que “nos enseñen cómo vivir en forma auténtica”. La renovación del modelo monástico tradicional — comunidades de hermanos o hermanas— es parte de esto, pero creo que nuestro tiempo llama también aplicaciones modificadas de la regla monástica para pequeñas comunidades de familias: una vida de residencia, trabajo, caridad, educación y adoración compartidas, apoyados en votos de obediencia, pobreza y matrimonio. Hay un verdadero hambre de todo esto actualmente en los Estados Unidos. Recientemente, muchas comunidades católicas de esta clase han tomado forma, al mismo tiempo que una enorme comunidad protestante de este tipo está ya trabajando en el Estado de Massachussets. Medidas concretas como éstas, donde se vincula la familia y la economía, podrían contribuir poderosamente a la gran tarea de construir lo que Juan Pablo II llamó la Civilización del Amor.

El discurso de Milei en Davos (2025): una maraña de confusión al servicio del Capitalismo Liberal Anglo-Sionista

El discurso de Milei en Davos (2025): una maraña de confusión al servicio del Capitalismo Liberal Anglo-Sionista

“Los demonios mezclan habitualmente

o verdadero con lo falso”

Beda el Venerable

 

Junto al escribano uruguayo BRUNO ACOSTA PASTORE, analizamos en detalle las piezas del discurso del Presidente argentino Javier Milei, en el Foro de Davos (2025). Nuestro objetivo fue realizar un examen político económico cultural, que no peque de obsecuencia para con la figura del Presidente (algo tristemente habitual hoy día) pero donde no falten los reconocimientos legítimos a lo bueno y verdadero que se haya dicho.

Esperamos contar con vuestra presencia del otro lado de la computadora. Exhortamos también a que difunda este material entre los interesados. Muchas gracias.

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La teoría evolucionista y la creación del hombre – La Humani Generis y el evolucionismo

La teoría evolucionista y la creación del hombre

Análisis del conocido fragmento 29 de la encíclica

 Humani Generis de Pío XII

 

Se suele decir, escribir y repetir sin mucha precisión que la encíclica Humani Generis, de Pío XII, publicada en el año 1950 –cuyo subtítulo es “Sobre las falsas opiniones contra los fundamentos de la doctrina católica”–, abrió por primera vez las puertas a la teoría de la evolución por parte de la doctrina católica, aunque no ciertamente a la ideología evolucionista (que es materialista y antiteísta). Así, por ejemplo, el conocido intelectual católico Mariano Artigas –glosando las opiniones de Francisco Ayala, darwinista y ex sacerdote– comenta:

Ayala añade que la mayoría de los escritores cristianos admiten la teoría de la evolución biológica. Menciona que el Papa Pío XII, en un famoso documento de 1950 (se trata de la encíclica Humani generis), reconoció que la evolución es compatible con la fe cristiana…[1]

 

A su vez, en otra oportunidad, Artigas escribió:

en la medida en que la evolución exista, manifiesta de un modo peculiar el poder y la sabiduría de Dios. En efecto, las teorías evolucionistas deben suponer que las leyes fundamentales de la naturaleza son muy específicas y que, en muchas ocasiones a lo largo de enormes períodos de tiempo, se han dado las circunstancias que han permitido a la naturaleza llegar hasta su estado actual, en el que existe un grado sorprendente de organización.

El Papa Juan Pablo II ha afirmado esta compatibilidad en diferentes ocasiones, y ha recordado lo que, en la misma línea, ya había enseñado el Papa Pío XII muchos años antes…[2]

 

En idéntica dirección, otro intelectual de nombre Miguel de Asúa -Doctor en Medicina por la Universidad de Buenos Aires y Licenciado en Teología por la Universidad Católica Argentina- sostuvo por su lado:

El 12 de agosto de 1950 Pío XII (1939-1958) promulgó la encíclica Humani generis, el primer pronunciamiento importante del Vaticano sobre la teoría de la evolución. Respecto del evolucionismo, la encíclica lo considera parte de las ciencias positivas, aunque una parte toca cuestiones de la verdad cristiana[3].

Habida cuenta la confusión que pueden representar estas y otras citas de sentido semejante, y conociendo por experiencia que los que las leen son llevados a la conclusión de que la Iglesia Católica ha pactado con una ideología cientificista como la que inspira la evolución, deseamos aclarar por nuestra parte varias cosas. En efecto, los fragmentos reproducidos, junto con muchos más que se pudieran presentar,  mueven a formularse varias preguntas, desde la más osada a la más sutil:

  • ¿La Humani Generis admite la teoría de la evolución?
  • ¿La Humani Generis sostiene la evolución del cuerpo del hombre?
  • ¿La Humani Generis no condena la afirmación de que el cuerpo del hombre, no su alma, evoluciona?
  • ¿La Humani Generis se pronuncia sobre la posibilidad de una evolución del cuerpo del hombre, guiada por Dios?

Para empezar a indagar, debemos remitirnos a la precitada Humani Generis en su párrafo 29. Vamos a hacer algo tan sencillo pero poco común cuando se habla del tema: ¡reproducir el texto para que la interpretación que hagamos sea lo más fiel posible y para que el lector tenga esa certeza! Allí, en Humani Generis 29, se lee:

El Magisterio de la Iglesia no prohíbe el que —según el estado actual de las ciencias y la teología— en las investigaciones y disputas, entre los hombres más competentes de entrambos campos, sea objeto de estudio la doctrina del evolucionismo, en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente —pero la fe católica manda defender que las almas son creadas inmediatamente por Dios[4].

Es importante señalar varias cosas. En primer lugar, las palabras del papa Pío XII según lo cual “no está prohibido” estudiar la doctrina del evolucionismo en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente se han escrito en una circunstancia muy puntual: según el estado actual de las ciencias y la teología.

El permiso para estudiar esta doctrina no se da en abstracto sino en una situación muy concreta. No se puede des-historizar el fragmento de Humani Generis. Este permiso guarda relación con la situación de las ciencias y de la teología en ese momento; es decir, el permiso no depende algo invariable sino de algo que está sujeto a cambios. El permiso está relacionado con el perfeccionamiento, con el avance en el conocimiento, tanto en el orden científico-experimental como teológico.

Las palabras “según el estado actual de las ciencias y la teología” se llaman modificador de modalidad: expresan el grado de adhesión de quien sostiene tal frase.

Dado que el conocimiento humano, por su misma naturaleza, está sujeto al progreso y a la profundización, esta “no prohibición” de Pío XII podría perder su vigencia. Ignorar el factor tiempo no sería sensato, ya que han pasado 75 años desde la publicación de esta encíclica.

Una lectura no tendenciosa –económica[5], en términos hermenéuticos– del documento permite advertir que el papa Pío XII estaba dejando abierta la puerta al estudio de aquella doctrina en un contexto determinado: está diciendo que quedan permitidas la reflexión y la investigación sobre un tema. Habida cuenta la confusión reinante, es absolutamente necesario subrayar que el Papa Pío XII no estaba afirmando algo sobre el punto en cuestión. Simplemente, lo que hizo fue dejar manos libres a la investigación, condicionada por los requisitos recién mencionados. Es claro que tal permisión estaba vinculada al grado de conocimiento propio de la época en que estas palabras fueron escritas: año 1950.

Sería desacertado, por tanto, considerar este permiso o habilitación como un pronunciamiento teórico con respecto al evolucionismo. Se trata de una decisión prudencial, no de un juicio teorético: conceptualmente, el Papa no está afirmando nada.

Sigamos leyendo la encíclica en el mismo punto 29:

Mas todo ello ha de hacerse de manera que las razones de una y otra opinión —es decir, la defensora y la contraria al evolucionismo— sean examinadas y juzgadas seria, moderada y templadamente; y con tal que todos se muestren dispuestos a someterse al juicio de la Iglesia, a quien Cristo confirió el encargo de interpretar auténticamente las Sagradas Escrituras y defender los dogmas de la fe.

Continúa el Papa Pío XII, en el mismo punto 29:

Pero algunos traspasan esta libertad de discusión, obrando como si el origen del cuerpo humano de una materia viva preexistente fuese ya absolutamente cierto y demostrado por los datos e indicios hasta el presente hallados y por los raciocinios en ellos fundados; y ello, como si nada hubiese en las fuentes de la revelación que exija la máxima moderación y cautela en esta materia.

Aquí termina el párrafo 29. La precisión de estas líneas es notable. El papa Pío XII advertía –ya en 1950– que muchos (al igual que hoy, nos permitimos agregar) hablaban del origen del cuerpo humano a partir de una materia viva preexistente como si tal punto estuviese perfectamente demostrado: así, estos muchos daban a entender que si la doctrina católica no se acomodaba al supuestamente irresistible progreso científico, estaría condenada al anacronismo.

Ahora bien, tal punto no estaba probado en 1950.

Más aún: ni siquiera en la actualidad se ha demostrado el origen del cuerpo humano a partir de un ser vivo anterior. En palabras de Kaempfert:

¿Dónde nos situamos frente al misterio de la vida? Nos encontramos ante un gran muro de granito al cual ni siquiera hemos hecho un rasguño. Virtualmente no sabemos nada del desarrollo de la vida[6].

Si no se sabe nada del desarrollo de la vida, forzosamente tampoco se sabe nada respecto al origen del cuerpo humano, y es altamente hipotético colocar su origen en una materia viva preexistente.

Habiendo transcurrido 75 años de esta encíclica, la teoría evolutiva enfrenta nuevas objeciones, a la par que las ya existentes se ven reforzadas. Remitimos al lector a otros trabajos sobre el tema: aquí, aquí, aquí, aquí, aquí (debate), aquí, aquí, aquí, aquí (ponencia del Dr. Juan Manuel Torres) y finalmente aquí.

Es interesante al respecto tomar nota de la declaración de un prestigioso cuerpo de científicos que han asumido el compromiso de firmar públicamente un manifiesto titulado “A Scientifici Dissent from Darwinism” (Un disenso científico al Darwinismo), declaración que vio la luz en el mes de septiembre de 2005. El manifiesto –puede leerse en inglés[7] y en castellano[8]– arroja la nómina de no menos que 800 profesionales en todo el mundo[9], de las más diversas disciplinas, que han avalado la siguiente frase:

Somos escépticos acerca de las afirmaciones de que las mutaciones aleatorias y la selección natural puedan explicar la complejidad de la vida. Debe fomentarse un cuidadoso examen de la evidencia a favor de la teoría darwinista.

Tal como la página informa, quienes deseen suscribir este aserto deben contar con las siguientes condiciones: Las personas que firman la disensión científica sobre el darwinismo deben tener un doctorado en un campo científico como la biología, la química, la matemática, la ingeniería, las ciencias computacionales, o una de las otras ciencias naturales, o deben ser médicos acreditados y desempeñarse como profesores de medicina”.

Pero el tema de Pío XII no ha terminado. Porque bien vale la pregunta que nos haremos a continuación.

¿Por qué no se condenó con una declaración dogmática

el evolucionismo en la Humani Generis?

No obstante todo lo que hemos dicho, entendidas y aceptadas incluso las explicaciones precedentes, alguien podría preguntarse con toda legitimidad: si lo anterior es así, ¿entonces por qué Pío XII no dijo claramente que tampoco el cuerpo del hombre podía surgir por evolución? ¿Por qué la Iglesia no condenó sin más el evolucionismo haciendo uso de su autoridad de definir? ¿Por qué solamente se ha otorgado un simple permiso para estudiar una teoría?

En nuestra opinión, una conciencia profunda de la naturaleza doctrinaria de la Iglesia —de su esencia, en tanto Madre y Maestra— es el camino para responder a esta pregunta.

Resulta evidente que la potestad de la Iglesia para pronunciarse sobre temas lindantes con la ciencia es distinta a la que tiene en cuestiones estrictamente teológicas o morales. Las realidades visibles son abordadas por métodos tales como la experimentación y la observación, mientras que el alma humana y la ley moral natural —por ser espirituales e intangibles— se encuentran más allá de la materia, por lo que su influencia y actividad sólo pueden registrarse de forma indirecta.

El investigador Rafael A. Martínez habla de “prudencia”[10] por parte de las autoridades de la Iglesia Católica en relación al evolucionismo. Esta prudencia encuentra justificación en una profunda conciencia de la extensión y límites de su autoridad doctrinaria. En efecto, el poder de la Iglesia tiene por objeto confirmar verdades de fe y de moral. Su misión es extender a todo el mundo el Mensaje de Cristo, la Buena Noticia. Para eso tiene poder: para procurar la Evangelización. En particular, nos referimos al poder de definir ciertas verdades al declararlas “dogmas” y, por tanto, volverlas vinculantes para los fieles.

Por tanto, el poder de la Iglesia de Cristo (y en especial la Infalibilidad de la que ella goza cuando declara una verdad ex cathedra, dogmática) no es ni debe entenderse como una ventaja competitiva sobre otros campos del conocimiento —como si pudiese seguir “descubriendo” nuevas verdades, confirmándolas con sucesivas definiciones— sino como una autoridad para definir algo que ya se cree, algo que se cree hace años o siglos, algo que ya se está creyendo. Cuando la Iglesia Católica definió la Inmaculada Concepción, lo cierto es que el pueblo cristiano ya creía en la Inmaculada Concepción hace siglos. Lo mismo con la Asunción de María, por ejemplo.

Mostremos más casos. Del estudio de la historia se desprende que en situaciones tales como la propagación de graves errores (herejías), una verdad —ya creída por los fieles— es declarada en determinado momento por la Iglesia como perteneciente a la fe mediante una sentencia infalible (dogmática). En las sentencias infalibles, por tanto, la Iglesia no “agrega” ni “inventa” nada: señala explícitamente una verdad ya conocida –contenida en la Revelación, enseñada por la Tradición hace siglos, entre otras características—, cuya adhesión comienza a poseer carácter vinculante a partir del momento en que es expresamente definida. Así hizo con la Divinidad de Cristo, afirmada dogmáticamente en el año 325 D.C., en el marco del Concilio de Nicea, del que en este 2025 se cumplen 1700 años.

Ahora bien, ¿cómo aplicamos esto que sabemos respecto de la Humani Generis y de Pío XII? Vayamos despacio. Sumemos más piezas a este rompecabezas.

Hay otro elemento que aporta el precitado Martínez. A su juicio, la Iglesia habría querido evitar un nuevo “caso Galileo”[11]. Por esta razón, no habría hecho uso de su autoridad doctrinaria para definir dogmáticamente nada sobre el origen del cuerpo humano. Asimismo, agregamos nosotros, tampoco hizo uso de esta autoridad para condenar formal y explícitamente el evolucionismo, como sí hizo en cambio con la ideología comunista en Divini Redemptoris (1937) o con la ideología liberal en Libertas (1888).

En materia científica, como se ha dicho, la Iglesia no tiene la responsabilidad ni la facultad de enseñar, y mucho menos de definir. Cristo no le dio autoridad para consagrar ni rechazar paradigmas o conclusiones científicas sino para transmitir y comunicar “hasta los confines de la tierra” (Hechos 13, 47) las verdades que salvan.

Cuestiones éticas que van apareciendo como consecuencia del avance científico (fecundación in vitro, embriones congelados, vacunas realizadas en base a tejido fetal proveniente de abortos provocados, etc.) constituyen temas de naturaleza distinta a la puramente científica, por supuesto, y por lo tanto (al quedar comprometida la moral objetiva en ellos) sí compete a la Iglesia Católica formular un juicio y enseñar sobre estos puntos.

Atento a estas razones, se comprende que la Iglesia se haya limitado a enseñar que el alma humana es creada inmediatamente por Dios: su naturaleza es espiritual, no siendo producto de evolución alguna.

El ambiente equívoco y hostil que rodea a los fieles –destinatarios naturales de las enseñanzas de la Iglesia– puede también explicar esta cautela de las autoridades eclesiásticas. Ya en 1950, muchísima gente —experta o no— entendía por “evolucionismo” una serie de afirmaciones de orden científico entremezcladas con una toma de posición ideológica de neto corte cientificista y ateo. Por supuesto, ciencia e ideología son cosas diferentes, pero en la mente de muchas personas —es innegable— esta distinción no siempre resulta nítida.

Por supuesto, digamos ante todo que la causa de que esta diferenciación no sea nítida no es otra que la acción de innumerables divulgadores que entremezclan los datos científicos con sus posturas filosóficas. No es una novedad ni un gran descubrimiento mencionar que la doctrina católica y su teología –tanto en los años 50’ del siglo XX como hoy en día– son cuestionadas por todas partes en nombre de la ciencia. Rafael A. Martínez menciona dos libros que, hacia fines del siglo XIX, contribuyeron a abonar esta atmósfera: Historia del conflicto entre religión y ciencia, de John William Draper (1874) y Una historia de la guerra de la ciencia con la teología en la cristiandad, de Andrew Dickson White (1896)[12]. Se trata de dos publicaciones que, como comenta el precitado investigador, tuvieron una “amplia difusión” tanto en Estados Unidos como en otros países. Si a la acción del racionalismo antiteísta a fines del XIX le sumamos la poderosa influencia del cientificismo de la primera mitad del siglo XX, podremos aproximarnos al clima de la época en la que está escribiendo Pío XII.

De este modo, gracias a una sistemática propaganda, muchos fueron convencidos de que Darwin había efectivamente demostrado que el hombre procede del mono; rechazar esta conclusión implicaba ser etiquetado de oscurantista, supersticioso o fanático. No era nada sencillo el auditorio al que se dirigía el papa Pío XII.

Establecido lo anterior, es un hecho que, gustase o no gustase, por “evolución” y “evolucionismo” muchas personas en el mundo entendían una serie de hechos científicos, unidos –más o menos explícitamente– a una concepción atea y cientificista. Así, por ejemplo, el aumento de la resistencia de una bacteria frente a un insecticida sólo podía significar una sola cosa: evolución. Lo mismo se podría decir de las semejanzas entre los seres; todo eso sería evolución.

Teniendo presente: a) la naturaleza de la autoridad doctrinaria de la Iglesia, y b) este extendido estado de confusión entre el plano científico y el ideológico, se entiende que el Santo Padre evitase pronunciarse en torno a planos que se hallaban —y aún se hallan— confundidos.

El fragmento 29 de la Humani Generis presenta, pues, dos elementos. Se observa, por un lado, un juicio intelectual-teorético. Y por otro, una decisión prudencial ligada a ciertas condiciones.

El juicio intelectual-teorético se podría cristalizar de la siguiente forma: la fe católica manda defender que las almas son creadas inmediatamente por Dios. Pío XII no estaba diciendo que la “evolución” del cuerpo humano había tenido lugar. Entre otras cosas, porque en este fragmento no estaba diciendo nada en relación a la doctrina del evolucionismo.

La decisión prudencial fue permitir el estudio de una doctrina. Esta no prohibición es una decisión de la voluntad, y no un juicio conceptual-intelectual, aunque —por supuesto— tal decisión voluntaria tenga sus razones. Pero Pío XII no se pronuncia sobre la compatibilidad o no entre fe católica y “evolución del cuerpo humano”. No hay en el párrafo una afirmación relativa a la realidad sino una permisión ligada a ciertos requisitos:

1) que se entienda una permisión condicionada al estado “actual” de las disciplinas (ciencia y teología), es decir, a la situación del año 1950. Ello implica que esta misma “no prohibición” está lejos de ser absoluta. Se encuentra ligada a una primera condición;

2) que quede salvado que el alma humana es creada inmediatamente por Dios;

3) que se examinen ambas posturas —“la favorable y la contraria al evolucionismo”— de manera “seria, moderada y templada”. Y cuando dice “evolucionismo”, la HG entiende “la doctrina del evolucionismo, en cuanto busca el origen del cuerpo humanoen una materia viva preexistente”. Eso significa que el papa Pío XII estaba dejando abierta la investigación a este punto, y que no veía que examinar y estudiar este punto fuese ofensivo para con la fe. O que, aún viéndolo que fuese ofensivo, consideró prudente no definir al respecto, por todo lo que hemos dicho recientemente;

4) que todos se sometan —en cuanto a la interpretación auténtica de la fe— al juicio de la Iglesia;

5) que no se traspase la libertad señalada en los puntos a), b), c) y d) como si la evolución del cuerpo “ya estuviese demostrada”.

 

Recordemos las cuatro preguntas iniciales de este capítulo:

  • ¿La Humani Generis admite la teoría de la evolución?
  • ¿La Humani Generis sostiene la evolución del cuerpo del hombre?
  • ¿La Humani Generis no condena la afirmación de que el cuerpo del hombre, no su alma, evoluciona?
  • ¿La Humani Generis se pronuncia sobre la posibilidad de una evolución del cuerpo del hombre, guiada por Dios?

Respondamos a cada una de ellas.

En base a todo lo que venimos diciendo, cabe afirmar que la Humani Generis no puede leerse como: 1) una aceptación de la teoría de la evolución; 2) un sostenimiento de la postura de la evolución respecto del cuerpo humano.

En lo tocante al punto 3), es cierto que Pío XII no condena la afirmación de que “el cuerpo del hombre —no su alma— evoluciona”. No la condena, como no condena tantas otras afirmaciones.

Interpretando rectamente este documento, hay que decir que también sería equivocado tildar de hereje o heterodoxo a quienes afirmasen la evolución del cuerpo, lo cual es una afirmación no condenada que sin embargo podría ser –o no– perfectamente contradictoria con otras verdades (reveladas o racionales). Existen muchas corrientes filosóficas cuyos principios son contrarios a la verdad, pero que no han sido condenadas por la Iglesia[13].

Por último, situándonos en el punto 4), quien afirmase la evolución del cuerpo desde la HG 29 cometerían, como se ve, un grave error de interpretación. Si lo quieren afirmar, deben buscar otras bases.

Asimismo, conviene recordar que no es costumbre de la Iglesia condenar las doctrinas que no contradicen expresa e inmediatamente el dogma. De hecho, la Iglesia no condenó las tesis cartesianas aunque tantos grandes filósofos –como Blas Pascal, Josef Pieper o Etienne Gilson– les dirigieron enérgicas críticas.

La idea de una evolución del cuerpo humano no fue condenada, lo que lleva a puntualizar lo siguiente:

–no es lícito convertir el concepto de no condenado en el concepto de aceptado, ni tampoco en aceptable;

no es lícito convertir el concepto de no condenado en el concepto de inaceptable.

 

Finalmente, el fragmento 29 de la Humani Generis no puede leerse como una afirmación de la evolución del cuerpo, supuestamente guiada por Dios. Pretenderlo comporta un sequitur inadmisible.

¿La Humani Generis se pronuncia sobre la posibilidad de una evolución del cuerpo del hombre, guiada por Dios? No, no se pronuncia.

La Humani Generis insta a examinar y a estudiar ambas posturas: la favorable y la contraria al evolucionismo. Y por evolucionismo se entiende aquella doctrina según la cual el cuerpo humano provino de una materia viva preexistente. Asimismo, se podría pensar que el papa Pío XII no aplicó la fe como “Norma Negativa” por lo que entendemos que es razonable pensar que no consideró “ofensivo ni incompatible con la fe” ninguna de las dos posturas o al menos consideró que no era prudente definir algo al respecto.

 

[1] Cfr. https://www.unav.edu/web/ciencia-razon-y-fe/evolucionismo-y-cristianismo
[2] Cfr. https://www.unav.edu/web/ciencia-razon-y-fe/evolucionismo-y-fe-cristiana
[3] Cfr. Miguel de Asúa. La evolución de la vida en la tierra. Buenos Aires, Logos, 2015, pág. 251. La negrita es nuestra.
[4] Versión extraída de los textos oficiales publicados por el Vaticano en su página web. Recuperado de <http://w2.vatican.va/content/pius-xii/es/encyclicals/documents/hf_p-xii_enc_12081950_humani-generis.html>. Las cursivas son del texto.
[5] En este contexto, una lectura económica significa que no se pretenderá extraer más conclusiones que las estricta y necesariamente deducibles, procurando especialmente no forzar el texto.
[6] Kaempfert, W. El gran misterio de todo: el secreto de la vida…, citado por Alejandro Villareal (24 de septiembre de 2010). Citas de hombres de ciencia sobre la teoría de la evolución de Darwin. [Archivo de video]. [Dos partes]. Recuperado de <https://www.youtube.com/watch?v=pCTZ2b7-cZ0>.
[7] Cfr. <http://www.dissentfromdarwin.org/>.
[8] Cfr. <http://www.dissentfromdarwin.org/about/esp/>. La misma página web se encarga de aclarar: “Las personas que firman la disensión científica sobre el darwinismo deben tener un doctorado en un campo científico como la biología, la química, la matemática, la ingeniería, las ciencias computacionales, o una de las otras ciencias naturales, o deben ser médicos acreditados y desempeñarse como profesores de medicina”.
[9] A Scientific Dissent From Darwinism. (noviembre 2016). Recuperado de <http://www.discovery.org/scripts/viewDB/filesDB-download.php?command=download&id=660>.
[10] Martínez 2007. No estamos de acuerdo con Martínez con la totalidad de lo que afirma en su trabajo, pero utilizamos los datos que él trae a colación, aunque interpretándolos de manera diversa.
[11] Valga la aclaración de que la Iglesia acusó a Galileo en alguna de sus instancias de autoridad, pero no en la máxima. Cfr. El caso Galileo, por el Dr. Raúl Leguizamón en http://elblogdecabildo.blogspot.com.ar/2008/07/cientficas.html
[12] Martínez 2007: nº 2.
[13] Por ejemplo, el idealismo hegeliano. El famoso principio de inmanencia: no hay ser fuera del pensamiento.

 

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Sí, sí, no, no – A propósito de la negativa del gobierno británico al ingreso de la imagen de la Virgen de Luján en Malvinas

Por el Prof. Jorge Martín Flores

 

La Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas partió el pasado miércoles 4 de diciembre, desde el aeropuerto de Ezeiza hacia nuestras Islas, a visitar y rendir el debido homenaje a nuestros héroes. Al mismo tiempo, llevaron consigo la imágen de la Santísima Virgen de Luján, que había acompañado las jornadas heroicas de nuestros guerreros en 1982, para entronizarla en el Cementerio de Darwin, al lado de nuestros caídos en combate. Las autoridades de respectivos gobiernos estaban notificadas y habían aprobado la gestión.

Sin embargo, antes de partir del aeropuerto de Ezeiza, se recibió una orden de las autoridades británicas impidiendo el paso de la Virgen, que lleva en su manto los colores de la bandera nacional, porque entronizarla sería considerado un acto de reafirmación de nuestra soberanía en el Atlántico Sur.

Cabe destacar que el termino “soberanía” es una palabra prohibida en cualquiera tipo de diálogo y negociación con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, por los acuerdos bilaterales de Madrid I y II y Londres, firmados entre 1989 y 1990, y es reemplazada por un paraguas que nada resuelve, dejando abierto el conflicto como una herida que continúa sangrando, pues “la hermanita perdida” continua en manos de los viles usurpadores y por lo tanto la Patria sigue incompleta corporal y espiritualmente.

Estamos completamente convencidos, y lo hemos manifestado en varias ocasiones, que detrás de todo acto político anida una cuestión teológica, siguiendo el apotegma de Juan Donoso Cortes. Por ello, no le demos tanta vuelta al asunto: Los ingleses además de piratas y ladrones, son herejes y como tales, odian y le temen a la Verdadera Reina de las Islas Malvinas: la Santísima Virgen María, a quien fueron consagradas y bajo cuyo manto se ha cobijado nuestra legítima gesta de restauración.

Ya lo dijo un historiador británico Nick Van Der Bijl, en su obra Nueve batallas por Malvinas  (prologada ni más ni menos que por el Veterano de Guerra de Malvinas británico Brigadier Julian Thomson, quien se desempeñó en 1982 como jefe de los paracaidistas británicos y  tras la guerra escribió un libro titulado “No Picnic”, destacando las dificultades con que se enfrentaron los británicos, ponderando el coraje y la bravura de nuestros combatientes y sentenciando que ésto no fue un picnic). Afirma Van Der Bijl que el pueblo argentino en armas durante el conflicto del Atlántico Sur de 1982, luchó “para proteger -no sólo sus fronteras- sino también su forma de vida cultural, espiritual, política y nacional, el corazón y el alma de la Nación”. (VAN DER BIJL, Nick. Nueve batallas por Malvinas, Buenos Aires, editado por Alejandro José Amandolara Bourdette, 2016. p. 65). Eso es lo que está en juego con la Cuestión Malvinas: ni más ni menos que el ser nacional. Por ende, el problema de fondo es espiritual, es metafísico, es teológico.

En tiempos de confusión, de entrega, de hipocresías, de enfriamiento de la caridad y de apostasía flagrante, y ante el presente silencio de autoridades políticas y religiosas, este humilde laico propone algo que tal vez sea políticamente incorrecto, pero como decían los santos apóstoles: “Es deber obedecer a Dios y no a los hombres”.

Propongo un acto de reparación al respecto.

En primer lugar, por respeto y amor a nuestra Señora la Santísima Virgen, ya que al ofender la dignidad de la Augusta Madre de Dios (máxime en tiempos de Adviento y en el mes de María) se ofende necesariamente al Hijo, es decir, a Nuestro Señor Jesucristo.

En segundo lugar, por respeto y amor a la memoria y el legado de nuestros caídos en combate por defensa de la dignidad de nuestra Patria.

Y en tercer lugar por respeto y amor de los familiares de caídos en combate y a todas aquellas personas que los acompañanan en la honrosa tarea e inclaudicable lucha de mantener en alto el ejemplo y nombre de sus hijos, hermanos, esposos, padres, amigos, y que abhelaban con todo su corazón que la Virgen Veterana, que Virgen Malvinera se quedara con ellos para siempre.

¿En qué consiste este acto de reparación? Simplemente en volver a repetir cada uno desde el templo de sus corazones, hogares o iglesias, la oración de consagración realizada por el padre Roque Manuel Puyelli, un 11 de abril de 1982 en las Islas Malvinas recién recuperadas; al mismo tiempo que ponemos bajo sus pies, la renovación de nuestra misión y apostolado de malvinizar cada rincón de la Patria, con la convicción de que al final, su Inmaculado Corazón, triunfará.

 

ACTO DE REPARACIÓN Y CONSAGRACIÓN A LA SANTISIMA VIRGEN MARÍA, REINA Y SEÑORA DE MALVINAS:

“Omnipotente Señor de las batallas que con su poder y providencia eres el Rey de Reyes de los cielos, la tierra y el mar: porque nos ordenaste honrar al padre y a la madre en el cobijo de la Patria terrena. Porque nos enseñaste a dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Porque nos aseguraste que no estar contigo es estar contra Ti. Porque nos aconsejaste buscar primero el reino de Dios y su justicia. Porque caíste en la tierra como semilla para morir y dar con ello abundante fruto. Porque nos diste una Patria Grande que va desde la Quiaca a la Antártida y desde la Cordillera al Atlántico, donde nuestras son las islas que hoy huellan con orgullo nuestros pies de argentinos bien nacidos. Y porque nuestras madres nos parieron varones y valientes, por eso estamos aquí, porque no amamos tanto la vida que temamos a la muerte y porque si morimos en tu gracia resucitaremos contigo para la vida eterna.

Es por eso que […] nos consagramos al Corazón Inmaculado de tu Madre la Virgen María bajo la advocación de Virgen del Rosario, en cuyo nombre fuera designado este operativo y en recordación de la otra gesta heroica de Liniers y la victoriosa batalla de Lepanto.

Reina y Madre de la Nación Argentina: De hoy en más depositamos en tus manos nuestros cuerpos y nuestras almas nuestra juventud y nuestra garra criolla, nuestra vida y nuestra muerte, para que dispongas de ellas lo que mejor convenga. Te consagramos también desde hoy estas Islas Malvinas argentinas pidiéndote que alejes para siempre todo signo de pecado, de error y de herejía aquí existente. Queremos que –como en el continente– seas honrada con la devoción que más te agrada: el Santo Rosario, porque solamente así mostraremos al mundo que somos una nación invencible. Finalmente, a partir de este momento te reconocemos como Comandante en Jefe Espiritual de nuestros hombres en tierra, mar y aire, y desde lo profundo de nuestro corazón de argentinos damos respuesta a la voz que nos dice:

A la Virgen del Rosario ¡¡Subordinación y Valor!! ¡¡Para servir a Dios y la Patria!!”.

 

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Habiendo pasado un año desde las elecciones en las que resultó vencedor Javier Milei por sobre Sergio Massa en el marco de un reñido ballotaje, Santiago Alarcón ( @rinconapologetico ) me entrevista para hablar del primer año de gestión del Presidente libertario.

Se comparó las ideas y políticas de Milei con los conceptos de la Doctrina Social de la Iglesia, se explicó en detalle la recesión económica a la que Milei está llevando al país con sus políticas y se discutieron otros temas vinculados.

 

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