Elecciones postergan legalización del aborto: “¡Por la vida de las pibas… Pero este año no, el año que viene”

Elecciones postergan legalización del aborto

“¡Por la vida de las pibas… Pero este año no, el año que viene”

 

Si su vida está en peligro, se supone que está en peligro ahora. Ya. Y que no se puede dar del lujo de esperar al año que viene, ¿no es así?

125 diputados y 38 senadores dijeron NO a la legalización el año pasado. Pero hubo 129 diputados y 31 senadores que dijeron Y este 28 de mayo se presentó por octava vez el proyecto para la legalización. Sin embargo, este año la mayor parte de los que fueron derrotados en su pretensión de legalizarlo no quieren discutirlo. Ni oficialistas ni oposición.
“La discusión se hará en el 2020”, se lee en las noticias.

Saquemos las conclusiones de esta jugarreta.
No quieren discutirlo porque pierden electoralmente.
Porque no les conviene a sus carreras políticas.
Porque evidentemente no existe un peligro real para la vida de las mujeres que abortan. De inmediato, surge la pregunta: ¿Se creen sus propias palabras? ¿Creen en los propios argumentos que vienen pronunciando?
No se discute este año porque la muerte de mujeres que abortan no es en efecto una emergencia social impostergable, dado que se posterga hasta el 2020.
Si yo fuese abortista (Dios me lo perdone) y creyese en ese discurso, estaría protestando y gritando para que el tema se debata cuanto antes… si es que realmente -como repitieron hasta la náusea- la vida de las mujeres que abortan están en peligro. ¿O no?
Quienes ayer presentaron el proyecto de ley tampoco están objetando públicamente a todos aquellos que no acompañaron el proyecto. ¿Dónde quedaron la vida de “las pibas que abortan”? ¿Pueden esperar esas vidas? ¿Mintieron antes o mintieron ahora? La población argentina tiene que ser conciente de la enorme manipulación de la que es objeto. Verdes por acomodo que este año no quieren discutirlo, porque no les conviene; verdes por ideología, odio y resentimiento, que este año consienten en no discutirlo para no dañar la imagen de sus futuros aliados políticos (a quienes no respetan pero usarán), que son a quienes en definitiva deberán visitar en el 2020 para intercambiar ayudas y favores mutuos. Unos y otros, por conveniencia política o ideológica, son convergentes en no discutirlo en el 2019. Aunque luego sostengan, con la cara dura como una piedra, que debe legalizarse “urgentemente” el aborto para salvar “la vida de las pibas”.

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Qué hay detrás de la condena al doctor Rodríguez Lastra

Qué hay detrás de la condena al doctor Rodríguez Lastra

El despotismo del fuerte sobre el débil

Veinticuatro horas después de enterarnos del veredicto del juez Álvaro Meynet contra el Dr. Leandro Rodríguez Lastra nos disponemos a escribir estas líneas, acaso para que cierta distancia con el momento nos permita un mejor balance de la situación. El destino quiso que el juicio del doctor coincidiera con otro juicio, el juicio a la Doctora y ex Presidente de la Nación. Nuestro médico pudo decir que volvería a actuar como actuó y que está convencido de su inocencia; no deja de recibir apoyo de mucha gente y esperamos que lo reciba especialmente este 25 de mayo, fecha en que se ha dispuesto una manifestación en las inmediaciones del Congreso, desde las 15 hs. También hay otro acto ya anunciado para el 8 de junio.

Nos referimos, por supuesto, al caso del médico que hoy estaría libre y sin problemas si hubiera terminado de matar al bebé.

Analizado el caso y el veredicto que encuentra a R. Lastra como responsable del delito de “incumplimiento de los deberes de funcionario público”, conviene que puntualicemos lo siguiente:

  1. Quien provocó esta situación no ha sido el Dr. Rodríguez Lastra, ha sido la propia mujer embarazada ingiriendo el misoprostol que le proporcionara una agrupación clandestina, agrupación cuyos integrantes no han sido expuestos en este juicio pero que son quienes –a través del fármaco– introducen una alteración en el curso normal de los acontecimientos. Que el embarazo sea producto de la violación no está probado. Pero aún si así fuera, quien desencadenó el tema habría sido el violador, a quien deberá caerle todo el peso de la ley, y no a Rodríguez Lastra ni mucho menos al bebé.
  2. La mujer, tomando el misoprostol, puso la condición sin la cual todos estos hechos (peligro de vida para sí misma, juicio al doctor) no se hubiesen producido. R. Lastra ayer fue declarado culpable en el contexto de una situación que no sólo no desencadenó sino que tampoco le había llegado a él en primer lugar, dado que se trataba de una derivación desde otro establecimiento.
  3. Quienes sí originaron el conflicto no dan la cara. La agrupación no se presenta a juicio, no sabemos los nombres de quienes la componen. La agrupación no tiene que dar explicaciones de por qué suministró un fármaco que puso en peligro la vida de la mujer, no es señalada como responsable de esta acción, de la cual no se habla ni se quiere hablar. La tentativa de asesinato a su hijo por parte de la madre tampoco está en el horizonte de consideración de ningún magistrado. Al contrario, el que está en el banquillo es únicamente el médico que le salvó la vida a una mujer que se expuso voluntariamente, junto con su bebé, que ya tiene 2 años, a quien el doctor también salvó de la muerte por misoprostol.
  4. La resolución 1184/2010 que sirve de respaldo a la ley 4796 de Río Negro, usada para acusar a R. Lastra, nunca fue firmada. Lo hemos desarrollado en otra parte, a la cual remitimos al interesado[1].
  5. Al igual que el fallo F.A.L., cuyas críticas no podemos desarrollar en este espacio[2], este veredicto suprime la discusión racional. Suprime la intelección básica de la realidad al pasar por alto que el aborto no es un acto médico (no cura nada) y que por tanto no puede ser “exigido” por nadie. Por lo mismo, tampoco puede ser una “obligación” de R. Lastra ni de ningún otro médico realizarlo. Además, el juez Meynet nunca considera que los médicos tienen dos pacientes al tratar con una mujer embazada. Ni una palabra del magistrado sobre el Juramento Hipocrático. No existe más el criterio médico: a partir de ahora, el doctor debe hacer sí o sí lo que el paciente pida, ¡de lo contrario “incumple sus deberes de funcionario público”!
  6. De esta forma, el juez –parapetado en una falsa ciencia jurídica, dócil a las ideologías dominantes– establece el despotismo de la voluntad del fuerte sobre el débil toda vez que nunca cuestiona el origen de todo este conflicto: la decisión de matar a un inocente, donde la madre puso la voluntad y la agrupación clandestina puso el instrumento. Las leyes, que se hicieron precisamente para proteger al débil de la injusticia del fuerte, hoy son instrumentalizadas en contra de ese noble fin. Y no sólo para con el bebé, afortunadamente ya nacido, sino también con el mismo Rodríguez Lastra, objeto de la cólera de los abortistas.
  7. En su veredicto, el juez tuerce y en definitiva pervierte el concepto de no punibilidad hasta igualarlo con el de autorización. Dice, en efecto, que: cuando el legislador despenalizó y en esa medida autorizó la práctica del aborto es el Estado como garante de la administración de la salud pública el que tiene la obligación, siempre que concurran las circunstancias que habilitan un aborto no punible, de poner a disposición de quien solicita la práctica las condiciones médicas necesarias para llevarlo adelante”. Dos gruesos errores sub-implicados en esta oración: a) Como ya dijimos, el aborto no es una práctica médica, por lo que no tiene relación con “la administración de la salud pública”. Más aún: es contrario a la salud pública. b) Despenalizar y autorizar son dos conceptos en todo diferentes. Si vamos al Código Penal, el artículo 34 establece una serie de acciones que tampoco serán penadas y que sería ridículo “autorizar”. Así, por ejemplo, el robo por parte de un menor de edad no es punible: no tiene pena. ¿Acaso el juez que condenó a R. Lastra está diciendo que el legislador “autoriza” los robos por parte de los menores de edad? Tampoco el homicidio cometido por un menor de edad es punible. ¿Está diciendo el juez que el legislador “autorizó” los asesinatos por parte de los menores de edad? En su inciso 2, el art. 34 dice que no será punible aquella persona que obrare “violentado por fuerza física irresistible o amenazas”. ¿Está diciendo el juez que obrar bajo amenazas (robar un banco, por ejemplo, para pagar el rescate de un ser querido secuestrado) está “autorizado”? Lo que está diciendo el legislador, obviamente, es que no será castigada la persona que obrare en esas condiciones, no que estos hechos sean legítimos.
  8. Es especialmente indignante que el magistrado, para condenar a R. Lastra, invoque un artículo (el 248 del Código Penal) que dispone la prisión para aquel funcionario “que dictara resoluciones u órdenes contrarias a las constituciones o leyes nacionales o provinciales”. Justamente, la ley argentina –a través del Código Penal– condena el aborto y esta ley federal es superior a la provincial; en principio, y para la inmensa mayoría de los casos, el aborto es un delito en nuestro país. Por otra parte, también la propia constitución provincial de Río Negro (art. 59) dispone: “El sistema de salud se basa en la universalidad de la cobertura, con acciones integrales de promoción, prevención, recuperación y rehabilitación. Incluye el control de los riesgos biológicos y socioambientales de todas las personas desde su concepción, para prevenir la posibilidad de enfermedad o muerte por causa que se pueda evitar”. Desde su concepción escribió el legislador, pero la abortista Milesi (la legisladora que impulsó la causa contra R. Lastra) mira para otro lado. Aplicando por tanto el art. 248 del Código, quien verdaderamente incumple con sus deberes de funcionario no es R. Lastra sino la propia Milesi, puesto que ella insiste en legitimar una práctica criminal, buscando condenar al médico que le salvó la vida a un bebé, y también a la propia madre.

 

Conclusiones

Los abortistas están que trinan, tienen bronca y odio, están furiosos de que el bebé viva, de que haya sido salvado, porque su imagen los desenmascara. Al mejor estilo mafioso, ahora quieren destruir al hombre que los puso en evidencia.

El objetivo de este veredicto es disciplinar. La condena del Dr. Rodríguez Lastra tiene que ser vista como un elemento más dentro de la gran tarea de alteración del sentido común de la sociedad; de la estupidización de la sociedad y de la provocación del absurdo en la mente de la gente. Todo está al revés, y no sólo en el tema de la vida: el policía no puede poner orden, pero el delincuente puede robar “con códigos”. Una persona se puede sentir Sergio hoy y Sergia mañana, una madre puede matar a su hijo si no lo quiere o puede “encargarlo” como si fuera una pizza, maternidad subrogada mediante. Una agrupación clandestina provoca que una mujer y su hijo estén al borde de la muerte, pero en el banquillo está el médico que les salvó la vida. Y así todo.

Hoy es R. Lastra, mañana será usted porque una injusticia dirigida a una persona es, en realidad, una promesa de amenaza para todos. Si el aborto no está mal, nada está mal, decía con impecable lógica la Madre Teresa de Calcuta. Y nosotros podemos agregar: si pueden condenar a R. Lastra por no haber ejecutado a una persona por nacer, luego de haber salvado la vida de una mujer que libremente se puso en riesgo, entonces NADIE, haga lo que haga, puede estar tranquilo. Esto nos lleva a dos y sólo dos caminos: o usted se queda en su casa amargado y temeroso, sentado y esperando que algún día lo ahorquen, o sale a librar la batalla, con lucidez y coraje, por la conquista del sentido común, la verdad y la justicia.

 

[1] https://jcmonedero.com

[2] Sobre el fallo F.A.L. de la CSJN, remitimos a los siguientes trabajos: “El fallo F.AL.: la Corte Suprema contra la Corte Suprema” en

https://apologetica-argentina.blogspot.com/2018/09/el-fallo-fal-la-corte-suprema-contra-la.html; y “El fallo F.A.L. y el aborto: Una hermenéutica jurídica contra la vida humana”, en colaboración con el Dr. Ángel J. Romero, en https://apologetica-argentina.blogspot.com/2018/06/el-fallo-fal-y-el-aborto-una.html

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Argumentos para defender al doctor Rodríguez Lastra, perseguido por las pandillas promuerte

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Los hechos y el objetivo del caso: escarmentar la defensa de la vida

 

La vida del médico ginecólogo Leandro Rodríguez Lastra cambió inesperadamente cuando –en el mes de abril de 2017, en la ciudad de Cipolletti, Río Negro– recibió a una joven embarazada de 5 meses que se había intentado practicar un aborto usando un fármaco que le había dado clandestinamente una persona perteneciente a una agrupación verde. Llegó al hospital con riesgo de morir, como relató el Dr. Rodríguez Lastra en una entrevista reciente que le hizo Eduardo Feinmann[1]. La joven peticiona el aborto, y la junta directiva del hospital decide que lo mejor para ella y para su bebé es continuar el embarazo. Hoy, tanto la mujer como el niño están sanos pero el Dr. Rodríguez Lastra será llevado a juicio oral a partir del 13 de mayo.

Ni la chica ni su familia sino la legisladora Marta Milesi impulsa la demanda contra Rodríguez Lastra, acusado de “incumplimiento de los deberes del funcionario público”, como si matar a un inocente pudiese ser un deber. “Lo volvería a hacer… sobre mí no pesa la muerte de ningún chico” fueron las palabras de este hombre en la entrevista.

Se trata de un caso que se pone en la palestra pública procurando seguramente escarmentar a todo aquel médico que quiera cumplir su juramento hipocrático. Están en juego muchas cosas, y tanto los medios como los activistas políticos necesitan de un castigo ejemplarizador. Necesitan condicionar a la gente, al mejor estilo Pavlov, para que a nadie se le ocurra salvar vidas. Meter miedo a uno para que todos los demás se vean aterrorizados: por eso cabe decir que vivimos tiempos de terrorismo.

 

Declaraciones de la Academia Nacional de Medicina

 

La Academia Nacional de Medicina ha repetido en numerosas ocasiones su posición contraria al crimen del aborto. Lo dijo ya en 1994, lo ratificó en el 2010 y el año pasado, ni bien comenzó el absurdo y criminal debate sobre si podemos matar a un inocente –y cómo lo haríamos–, sostuvo categóricamente que “destruir a un embrión humano significa impedir el nacimiento de un ser humano”[2]. Entre otras declaraciones, también cabe mencionar aquella sobre las prácticas que “deshumanizan” en Medicina, donde entre otras incluyó el aborto provocado[3].

 

La acusación contra Rodríguez Lastra

 

Pero el cuadro es aún más espinoso. Según informaron los medios, “Con su accionar, el médico habría incumplido con lo normado por la Ley Provincial 4796 y el decreto provincial 182/2016, entre otras normativas que regulan el derecho de las víctimas de abusos sexuales que resultaran embarazadas producto de la violación a acceder a la interrupción legal de su embarazo…” fueron las palabras de los fiscales Santiago Márquez Gauna, Rita Lucía y Anabella Camporessi ante el juez Julio Sueldo, según informó un medio de la propia ciudad de Cipolletti[4]. En efecto, la ley 4796 de la provincia de Río Negro sostiene en su art. 3:

Pero ¿y si la resolución no existiera? A veces, los mitos cobran la fuerza de las verdades de puño. Son muchos los que creen –tanto celestes como verdes– en la existencia de una resolución, emanada por el Ministerio de Salud de la Nación en el 2010, que daría vía libre a la práctica del aborto no punible en los hospitales. Se cree que Juan Luis Manzur activó en julio de ese año la Guía Técnica para la Atención Integral de los Abortos no punibles, cuando ejercía el cargo de Ministro de Salud, designado por el kirchnerismo. Es cierto que se realizaron todos los pasos administrativos previos a la creación de la resolución pero también lo es que la guía técnica para matar (colgada en internet) no tiene resolución ministerial. Esto significa que la resolución 1184/2010 del Ministerio de Salud no existe. No está y nunca estuvo en el boletín oficial.

Esto ya había sido dicho por el propio Manzur el 21 de julio del 2010, 24 horas después de que el protocolo para matar inocentes fuese colgado en la página de la cartera del Ministerio de Salud. La portada del sitio, informó Página/12, rezaba: “Los procedimientos previstos por esta Guía son de aplicación establecida por Resolución Ministerial N° 1184 del 12 de julio de 2010”. Pero desde el Ministerio se sostuvo públicamente que tal resolución no había sido firmada, que sólo se había “actualizado” una guía ya existente. Por lo tanto, la guía sigue vigente y la resolución no ha sido ni fue nunca firmada.

El 31 de julio de ese mismo año, Página/12 visibilizó otro reclamo de las verdes, que exigían la firma de la resolución por parte del ministro a fin de obtener el respaldo definitivo:

Sin embargo, Manzur fue denunciado penalmente bajo la acusación de “apología del delito, incumplimiento de los deberes de funcionario público e instigación a cometer delitos”[5], dado que el protocolo instiga a que los profesionales de la salud cometan delitos.

Hasta tal punto subsiste el equívoco (algunos creen que deliberado[6]) en gran parte de la opinión pública –tanto celeste como verde– que la misma ley 4796 de la provincia de Río Negro adhiere a esta guía alegando en su art. 3 la vigencia de una resolución que nunca se firmó, como vimos al comienzo. Ahora bien, la ciudad de Cipolletti está en Río Negro. ¿Se puede creer que es la misma provincia donde el médico Leandro Rodríguez Lastra está siendo procesado por no haber ejecutado a un bebé mediante un aborto?

Rodríguez Lastra será llevado a juicio oral en una semana… por no haber realizado una práctica que el sentido común reprueba como asesinato, que la Academia Nacional de Medicina condena como anti médica, que la ley Argentina castiga como delito, en el marco de una situación que no provocó él sino la propia mujer, cuando intentó abortar… ¡Acusado de violentar una ley provincial cuyo art. 3 invoca una resolución que jamás fue firmada!

[1] https://www.youtube.com/watch?v=2SWrlwdKgsI

[2] https://anm.edu.ar/wp-content/uploads/2018/07/1.pdf

[3] https://anm.edu.ar/wp-content/uploads/2018/07/Deshumanizaci%C3%B3n-en-la-medicina.pdf

[4] https://www.lmcipolletti.com/fiscalia-pide-mano-dura-medico-y-quiere-juzgarlo-n609745

[5] https://www.cij.gov.ar/nota-4559-Denuncian-al-ministro-de-Salud-por-apolog-a-del-delito.html

[6] https://www.lapoliticaonline.com/nota/nota-66895/

 

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Murió Dante Gullo y el miserable periodismo calla cualquier referencia de los crímenes de Montoneros

Murió Dante Gullo y el miserable periodismo calla cualquier referencia de los crímenes de Montoneros

Como informaron los principales medios de comunicación, ayer murió Dante “Canca” Gullo. Todos las reseñas, con mayor o menor énfasis, mencionan que Dante Gullo formó parte de Montoneros.
Guillermo Moreno en su velorio, la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner dejando una corona para el fallecido, La Cámpora cantando frente a su ataúd.

Vayamos a lo que no mencionan.

Montoneros hace su primera aparición pública el 1º de junio de 1970, tomando la vida del ex presidente militar Pedro Eugenio Aramburu. Entre otras acciones famosas, Montoneros asesinó al dirigente gremial José Ignacio Rucci (1973) y secuestró a los hermanos Born (1975), pidiendo como recompensa la cifra más elevada en la historia de los secuestros. Otro caso de notoriedad fue la bomba colocada por este grupo el 1° de agosto de 1978, sobre la calle Pacheco de Melo, que le quitó la vida a Paula Lambruschini (15 años), hija menor del vicealmirante Armando Lambruschini.

Por todo eso, Montoneros se considera como una de las organizaciones terroristas que, en los años 70’, asoló la Argentina ejecutando constantes actos de robos, secuestros, asesinatos. Impulsados por el ex presidente Juan Domingo Perón, Montoneros trabajaba muy cerca de otras agrupaciones tales como Juventud Peronista, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (P.R.T.) y el Ejército Revolucionario del Pueblo (E.R.P., brazo armado del P.R.T.), esta última también responsable directamente de innumerables asesinatos.

Muere Dante Gullo y todos lloran.
No hay lágrimas para Paula.
No hay lágrimas para José Ignacio.
No hay lágrimas para Pedro Eugenio.
No hay repudio para el secuestro de los Born.
Nada, sólo lágrimas para Gullo.

Los infames periodistas callan cobardemente toda referencia a la actuación de Montoneros.

¿Abjuró Dante Gullo de Montoneros?
¿Pidió perdón por haber formado parte de una estructura terrorista y criminal?
De todo corazón, deseamos que Dios le haya perdonado todos sus graves pecados.

No cede la resistencia a la beatificación de Mons. Angelelli: Corrientes y Chaco plantan bandera

No cede la resistencia a la beatificación: Corrientes y Chaco plantan bandera

 

Por Juan Carlos Monedero (h)

La resistencia a la beatificación de Mons. Enrique Angelelli –que tuvo lugar este pasado 27 de abril, bajo responsabilidad del Papa Francisco y la Santa Sede– está aún en plena ebullición, y han rebrotado cientos de artículos de información al respecto. Téngase presente que hasta el mismísimo Monseñor Antonio Juan Baseotto (C. Ss. R., quien fuera Obispo Castrense de la Argentina) ha cuestionado públicamente esta beatificación[1].

El extinto Mons. Angelelli era de nacionalidad argentina y es en este país donde literalmente han llovido cataratas de denuncias, protestas, rechazos, lo que ha suscitado una gran controversia en el seno mismo de los fieles. El cuestionamiento proviene, fundamentalmente, por el hecho de que la beatificación pretende presentar a Angelelli como una víctima asesinada por odio a la fe (lo que constituye el martirio), cuando en realidad falleció en un accidente automovilístico. Asimismo, hay una ingente base documental que probaría que la vida de Angelelli no fue digna de encomio por parte de un cristiano.

La mayoría de estas denuncias (no todas) habían sido a través de las redes sociales pero fue una sorpresa que, en la última semana, tanto la provincia de Corrientes como Chaco fuesen objeto de acciones de otro tipo. En efecto, afiches titulados “La beatificación de Angelelli es una traición a Cristo, a la Iglesia y a la Patria” fueron estampados en las inmediaciones de la Iglesia Catedral de Corrientes, llamada Nuestra Señora del Rosario, en la capital de la provincia. También en las parroquias Santuario Santísima Cruz de los Milagros, Santa Rita, Santa Rosa de Lima, San Benito, Nuestra Señora de Pompeya, Nuestra Señora de Itatí y Sagrado Corazón de Jesús. Los afiches, firmados por “Vanguardia Nacionalista”, aparecieron próximos también a las iglesias San Francisco Solano, Nuestra Señora de La Merced y del monasterio de las Hermanas Clarisas.

En Chaco, la propaganda contra el acto de beatificación de Mons. Enrique Angelelli se concentró en la ciudad de Resistencia. Los transeúntes que pasaron por la catedral, llamada San Fernando Rey, seguramente habrán visto estos afiches. Otro tanto quienes caminaron las cuadras próximas a las parroquias San Javier, Nuestra Señora de Itatí, Nuestra Señora de la Asunción, San Juan Bautista, San Roque, Santa Teresita y María Auxiliadora.

Mons. Enrique Angelelli fue una de las piezas claves de la “Teología de la Liberación” en la Argentina. Esta corriente es considerada por los católicos como una infiltración marxista de la fe, dado que invoca algunos conceptos bíblicos –como la lucha contra la injusticia, en favor de los oprimidos– pero reinterpretándolos en clave marxista, a fin de llevar agua al molino de esta ideología. Asimismo, circuló especialmente en las últimas semanas una foto donde Mons. Angelelli aparecía celebrando una misa, y atrás suyo una bandera de la agrupación Montoneros.

Montoneros fue una de las organizaciones terroristas que, en los años 70’, asoló la Argentina ejecutando constantes actos de robos, secuestros, asesinatos. Este grupo había sido impulsado por el ex presidente Juan Domingo Perón y trabajaba muy cerca de otras agrupaciones tales como Juventud Peronista, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (P.R.T.) y el Ejército Revolucionario del Pueblo (E.R.P., brazo armado del P.R.T.), esta última también responsable directamente de innumerables asesinatos. Montoneros hace su aparición pública el 1º de junio de 1970, tomando la vida del ex presidente militar Pedro Eugenio Aramburu. Entre otros asesinatos y secuestros famosos, Montoneros ultimó al dirigente gremial José Ignacio Rucci (1973) y secuestró a los hermanos Born (1975), pidiendo como recompensa la cifra más elevada en la historia de los secuestros.

Mons. Enrique Angelelli murió en un accidente automovilístico el 4 de agosto de 1976, en la provincia de La Rioja, cuando el auto manejado por otro sacerdote, Arturo Aldo Pinto, volcó fatalmente.

 

[1] http://www.infocatolica.com/blog/notelacuenten.php/1810190909-mons-baseotto-en-contra-de-la

Lavado de cerebro en IPC (Introducción al Pensamiento Científico, U.B.A.)

Lavado de cerebro en IPC (Introducción al Pensamiento Científico, U.B.A.)

 

IPC es la sigla de “Introducción al Pensamiento Científico”, parte del Ciclo Básico Común (CBC), extendido a todas las carreras ofrecidas por la Universidad de Buenos Aires, en el marco del programa UBA XXI.

No es ninguna novedad que la UBA está en manos non sanctas, pero en esta ocasión –y gracias a que un alumno despierto y sagaz, que está soportando estos contenidos, se tomó la molestia e invirtió su tiempo– podemos detallar con precisión cómo –en el espacio titulado IPC y bajo la responsabilidad de las autoridades de la Universidad de Buenos Aires– se va deformando la mente de los jóvenes que se acercan a esta alta casa de Estudios. Así pueden matar sin dejar rastros, porque siempre pueden invocar que se trata de meros ejemplos didácticos.

Los manuales están bien pensados, la mayoría de las cosas no son malas: “La práctica argumentativa es un elemento central de la práctica científica” dice el archivo 2 de IPC. Estamos de acuerdo. Y más abajo, escribe con toda razón: “Ser crítico respecto de los otros –pero también de nosotros mismos– nos puede conducir a revisar nuestras creencias: es altamente factible que nos encontremos con que nuestra posición es insostenible a la luz de nueva información o de mejores razones”. Ahora bien, ¿serán capaces los autores de revisarse a sí mismos o pretenderán dejar la gloria de esta hermosa tarea sólo a los demás? Ya lo veremos. Mientras tanto, estimado lector, le comento que la refutación a los errores, distorsiones e imprecisiones que se irán comentando están ubicadas al final de este artículo. Primero veremos cómo se meten en la mente de los chicos.

Página 5 del módulo 3:

 

La UBA pretende ilustrarnos sobre la historia y así, como si nada, se desliza que los cristianos mataron brutalmente a una mujer a causa de que ella enseñaba ciencia y filosofía pagana. La ecuación cierra perfectamente: los cristianos odian la ciencia, odian la razón, odian el conocimiento y la filosofía… y encima, ¡son “femicidas”!

En la página 6 del mismo módulo, se desliza otro ejemplo completamente inocente:

El módulo 4 contiene algunas sorpresas sobre el tema del aborto. Página 3:

Al final del artículo, como dijimos arriba, explicamos por qué esto es incorrecto. Pero nótese, como nos advirtió el alumno que destapó esta manipulación, como meten siempre el tema del aborto para ejemplificar de modo de que estas expresiones se vayan naturalizando, volviéndose comunes, habituales, acostumbradas. Lo que no pudieron lograr en el Congreso y en los medios de comunicación lo quieren hacer en la cabeza de los chicos. Como si fuera poco, en la página 5 del mismo módulo podemos leer:

En la página 7 del módulo 5, los autores del IPC introducen con hipocresía otro ejemplo:

 

En efecto, los abortistas ya se dieron cuenta de que la mortalidad materna en la Argentina viene bajando hace años. Pero el aborto no está legalizado, ni siquiera despenalizado. Y entonces, tienen que volver a revalidar el argumento desde lo puramente formal y deductivo (dado que la realidad les es francamente contraria). ¿Y dónde van a experimentar con esas armas de destrucción masiva? En la cabeza de los jóvenes.

En la página 11 del módulo 6, ilustran “casualmente” un argumento débil… Y adivine qué: la conclusión sostenida en el argumento débil ¡es una conclusión provida! Miren:

En fin, esto es lo que nosotros estamos pagando con nuestros impuestos. Pagaríamos contentos y felices si los docentes fuesen hombres del talento de Sócrates, Platón, Aristóteles, San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Blas Pascal, Etienne Gilson, Josef Pieper, el Padre Leonardo Castellani o el Padre Julio Meinvielle. También pagaríamos gustoso esos tributos si los profesores fuesen talentosos discípulos de esos colosos del pensamiento, docentes a quien no mencionaré porque –dado que están vivos– podría ultrajar en su modestia. Pero sin dudas, tributar para que estos SOFISTAS le laven el cerebro a nuestra juventud es una indignidad que clama al cielo.

 

REFUTACIONES

 

Caso 1. Sobre Hipatia de Alejandría

Según los registros, Hipatia de Alejandría fue asesinada hacia el año 415-416 d. C. Se sabe que murió en Alejandría y los historiadores mantienen la opinión, en común, de que fue asesinada por los cristianos. El tema es por qué: ¿por qué motivo tomaron la vida de Hipatia? ¿Fue, realmente, porque ella enseñaba ciencia y filosofía pagana? ¿La misma ciencia y filosofía que San Agustín (354-430), contemporáneo a Hipatia, alababa en Platón? ¿Y por qué no tomaron la vida de San Agustín?

Si el cristianismo fuese incapaz de ver elementos positivos en la ciencia y filosofía pagana, ¿cómo Santo Tomás de Aquino –ya en el siglo XIII– bautizó el pensamiento de Aristóteles?

Lo cierto es que Hipatia contaba con cristianos entre sus alumnos, como dice acertadamente el historiador Antonio Caponnetto[1], de quien tomamos todos los datos que a continuación exhibimos. Entre estos alumnos, se contaba el obispo Sinesio de Irene, el sacerdote Teotecno y los prestigiosos Olimpio, Herculiano e Isión. El precitado historiador también nos informa que Hipatia mantenía buenas relaciones con el curial Amonio y el Patriarca Teófilo. También están acreditados los nombres de otros cristianos, contemporáneos con los sucesos, que defendieron a Hipatia: Timoteo, en su Historia Eclesiástica, y Sócrates Escolástico, en su Historia Eclesiástica (VII, 15), datos traídos por José María Martínez Blázquez, de su libro “Sinesio de Cirene, intelectual”.

San Cirilo de Alejandría suele ser acusado como autor intelectual del crimen pero Bryan J. Whittield sostiene que el origen de esta mentira está en Damascio, último escolarca de la Academia de Atenas. Lo ha escrito en su libro “The Beauty of Reasoning: A Reexamination of Hypatia of Alexandra” (La Belleza del Razonamiento: un reexamen de Hipatia de Alejandría). Habría sido Damascio quien le atribuyó a Cirilo la muerte de Hipatia. Y de ahí la toma acríticamente la Universidad de Buenos Aires (ellos recomiendan que nosotros seamos críticos con lo que pensamos pero ellos son dogmáticos con lo propio, claro está).

Contra Damascio y su acusación a San Cirilo, hay elementos. Está el juicio de Filostorgio, arriano. Está también Juan de Éfeso, el sirio. Se oponen los jansenistas Le Nain de Tillemont y Claude Pierre Goujet. Tampoco está de acuerdo Christopher Haas, quien escribió Alexandria in Late Antiquity: Topography and Social Conflict (2006). Thomas Lewis discrepa también con Damascio; en 1721, Lewis impugnó el cargo, en defensa de San Cirilo. Tampoco coincide Miguel Ángel García Olmo.

El mismo Gonzalo Fernández, quien escribió en 1985 La muerte de Hypatia, a pesar de calificar de “tiránico” al ministerio de San Cirilo, afirma que “ninguna de las fuentes sobre el linchamiento de Hipatia alude a la presencia de parabolani entre sus asesinos”. Los parabolani eran miembros de una hermandad de monjes que respondía de manera incondicional a San Cirilo. San Cirilo, por su parte, en su homilía pascual del año 419, reprobó el asesinato de Hipatia. Esos populachos también dieron muerte a dos obispos cristianos, Jorge y Proterio, en el año 361 y 457 respectivamente.

Pero hay otra hipótesis: una noche, pocos días antes del asesinato de Hipatia, los judíos habían asesinado a un buen número de cristianos. Como respuesta a esta masacre, el obispo Cirilo expulsó a la población hebrea de la ciudad. La economía local se resintió, y surgió una enemistad entre el gobernador y el obispo. Según algunos historiadores, unos cristianos de Alejandría atribuían a Hipatia una influencia anticristiana sobre el gobernador y por eso tomaron su vida. Fue asesinada por cristianos, pero no porque ella enseñase ciencia y filosofía pagana. Los autores de IPC no pueden ignorar que están conectando hechos en virtud de coincidencias, pero las coincidencias no prueban una causalidad. Sócrates fue sentenciado a muerte por los griegos, a Julio César lo mataron los propios romanos. Juana de Arco fue ultimada por los franceses, Tomás Moro por los ingleses. Los mismos cristianos, antes y después de Hipatia, fueron asesinados en grandes cantidades. La UBA lo que hace es tomar y enseñar como “historia” el prejuicio cientificista: Hipatia sería la “prueba” de que los cristianos estamos contra la ciencia y contra la filosofía.

 

Caso 2. El aborto en el Código Penal Argentino

Las palabras deben ser usadas con precisión. El Código Penal no “permite” el aborto en tal o cual caso. Al igual que otros hechos antijurídicos –antijurídicos, no derechos–, nuestro Código Penal simplemente estipula en qué casos dicho comportamiento no será punible.

“Punible” quiere decir “pasible de ser penado”. Lo cierto es que el Código Penal estipula –en su art. 34– distintos casos de no punibilidad. Así, por ejemplo, quien realizase un robo bajo amenaza de ser asesinado, obra violentado por “amenazas de sufrir un mal grave e inminente”, y tal acción no es punible. Tampoco son punibles el robo, el asesinato o la estafa realizada por menores de 18 años. Tampoco es punible el robo entre personas que viven en una misma casa.

La confusión entre “permitir” y “no perseguir una acción antijurídica” es simplemente inaceptable desde el punto de vista intelectual y abre la puerta a dos conclusiones: estos señores de la Universidad de Buenos Aires son deshonestos o no son idóneos. En ambos casos, que renuncien.

 

Caso 3. Sobre mortandad materna y aborto

Las declaraciones emanadas por el Plenario Académico de la Academia Nacional de Medicina, Sesión Privada, 28 de julio de 1994, revelan el carácter altamente cuestionable del argumento según el cual “la despenalización del aborto reducirá la muerte materna”. Dice la Academia: “También se utiliza para promover el aborto legalizado, la mayor morbimortalidad materna del aborto clandestino. Se debe puntualizar que, si bien la morbimortalidad materna es mayor en estos últimos, no es exclusivo de ellos, pues el daño también es inherente al procedimiento mismo por la interrupción intempestiva y artificial del embarazo[2].

El argumento, por tanto, también es vulnerable desde el punto de vista de la conexión entre medios y fin. En efecto, el fin no justifica los medios. No puede ser deseable legalizar el asesinato de una persona, y eso con independencia de las consecuencias de ese acto.

Por último, quienes invocan este argumento persiguen la legitimación social del aborto y no el bienestar de las mujeres: son muchísimas más las que mueren como consecuencia de la desnutrición, por ejemplo, que en la Argentina se cobra la vida de una mujer cada 10 horas[3]. Esas no les importan, claro, porque no mueren matando a sus hijos en el “altar” de la autonomía del cuerpo de la mujer.

 

Por Juan Carlos Monedero (h)

 

[1] Cfr. http://www.tsunamipolitico.com/aguinis908.htm

[2] https://www.acamedbai.org.ar/declaraciones/25.php

[3] https://www.infobae.com/2015/09/10/1754259-cada-10-horas-muere-una-persona-desnutricion-la-argentina/

 

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Arbitrariedad o verdades absolutas: ¿qué formación se imparte en las universidades y terciarios?

Arbitrariedad o verdades absolutas: ¿qué formación se imparte en las universidades y terciarios?

 

“pues para mí no hay música más alta que la filosofía”

Sócrates

 

Hay un denominador común en todas las carreras: las materias de Humanidades. Se llamen Filosofía, Sociología, Conocimiento Científico, hay un docente que imparte estos contenidos. No diremos –cayendo en actitudes facilistas y demagógicas– que estas carreras no son importantes. Lo son, y mucho. Pero por lo general, al menos según la experiencia propia y ajena, no siempre están bien llevadas. Hay muchos motivos por los que pasa esto, desde pedagógicos hasta falencias propias del alumno, pero en este artículo deseamos hacer foco en lo preocupante que es alentar desde la cátedra la mentalidad relativista en cuanto a las normas éticas. Porque el relativismo no es otra cosa que la arbitrariedad, pero bajo un nombre distinto.

Expliquémonos.

Por lo general, el docente que dicta los contenidos de filosofía, sociología o pensamiento, puntualiza que no existen verdades absolutas (o al menos, que no se pueden conocer). Escucharemos frases como “a partir del siglo XX se ha descubierto que todo conocimiento científico es provisorio”, “los valores éticos van cambiando”, “cada sociedad interpreta lo ético a su manera”, “no hay una única visión de la justicia”, “la moralidad va cambiando”, “las verdades no se pueden conocer, sólo conocemos ideas de la verdad pero no la verdad en sí”, etc. Son las frases de rigor.

La mayoría de los alumnos escucha, copia alguna que otra expresión, estudia para el parcial, luego para el final, reproduce estas afirmaciones y listo.

Sin embargo, poco a poco e imperceptiblemente, conceptos como estos van mellando nuestra capacidad de discernimiento moral. Nos vamos acostumbrando a una lenta pero inflexible erosión de la conciencia, con resultados que están a la vista.

Lo cierto es que el ser humano, desde tiempos inmemoriales, ha procurado siembre la justicia. La verdad, la justicia y el honor son los grandes motores de sus acciones. Incluso los mismos ladrones le rinden un involuntario homenaje cuando se enfurecen porque uno de ellos rompió el acuerdo y pretende llevarse una parte mayor del botín. Todos respondemos a la justicia, especialmente cuando nos sentimos objeto de injusticias.

Ahora bien, la justicia es lo justo en concreto. Y determinamos eso justo, en concreto, a partir de la realidad. ¿Cómo vamos a determinarlo si no conocemos la verdad (no la miía o tuya) sobre esta realidad? Por lo tanto, como ha escrito el gran filósofo alemán Josef Pieper, la verdad es inseparable de la justicia. Sin justicia no hay sueldos “justos”, y no puedo determinar lo que es justo si no conozco la veritas rerum: la verdad de las cosas. Necesito de la verdad hasta para protestar cuando no me pagan lo que me deben.

Por eso es que sin verdad estamos en el reino de la arbitrariedad. Que no es otra cosa que el despotismo del más fuerte. Si no hay verdad –porque no existe o no se puede conocer, da lo mismo–, no hay base para cumplir los contratos. No hay base para cumplir los pactos. No hay base para comprometerse. No hay “norma” desde el cual reprobar la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki. No hay “criterio ético” para felicitar a mi hijo cuando estudia. No hay base para encarcelar al violador que abusa de una nena de 11 años. No hay base para nada. Necesitamos de la verdad como el agua.

Pero está el problema de las opiniones. Es evidente que las personas piensan muy distinto y en todos los temas: religión, política, economía, historia, moral… hay quienes aprueban tal práctica, hay quienes la condenan. Algunos están a favor de tal o cual idea, otros de la contraria… Y a veces, ante tal jungla de concepciones, opiniones y posiciones doctrinarias, es fácil verse desorientado y resentirse. Pero Sócrates, en el diálogo de Platón llamado El Fedón, ya nos prevenía de este problema, al que denominó “odio al logos”: desprecio por los razonamientos.

Si analizamos bien esta multiplicidad de juicios, de discrepancias y discusiones, podemos descubrir aquel substrato en el cual están todos de acuerdo. Pero, ¿cómo? ¿Qué puede haber en común entre posiciones tan antagónicas como por ejemplo aquellos que rechazan la Educación Sexual y quienes la promueven? Y la respuesta es muy simple: tienen en común que ambos saben que ambas posiciones no pueden ser simultáneamente verdaderas. O la educación sexual es dañina para los niños o no lo es. No hay término medio. La filosofía clásica ha acuñado un término para este descubrimiento. A este principio fundamental de la realidad, según el cual una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto, lo llama Principio de No Contradicción. Y en eso están todos de acuerdo –implícita o explícitamente– porque, de lo contrario, no discutirían. Así lo explica Aristóteles en su Metafísica.

Se puede llegar a una verdad, llegamos a este principio. Quizás no sepamos cuál es la religión verdadera, pero sabemos que si un abanderado de la religión x proclama que “Todas las religiones, aunque digan cosas opuestas, son aceptables” esa, al menos, esa religión no puede ser correcta… porque no pueden ser aceptables las afirmaciones contradictorias. No pueden, es algo que repugna la inteligencia.

Sin verdad no hay justicia. Sin justicia no hay sueldos justos, pero tampoco acciones justas. No hay héroes ni traidores. No hay buenos ni malos, no hay villanos ni virtuosos. Esas son las consecuencias finales del relativismo: como no hay verdad, sólo queda el poder. ¿Hacia ese mundo queremos caminar? Tenemos que darnos cuenta de la importancia de las palabras que se pronuncian en clase, de las afirmaciones cuyos apuntes tomamos en clase.

Los profesores que suscriban este pensamiento –mejor dicho: anti-pensamiento, porque no puede estar estimulado para el pensamiento quien lo crea impotente para conocer– deben revisar sus decisiones intelectuales. No pueden matar la sed de conocer la realidad en sus alumnos. No deben ultimar el hambre de todo ser humano por la posesión de la verdad. Quiera Dios que unos y otros tomen conciencia de las implicancias suicidas del relativismo, y que –con valentía y decisión– los docentes escépticos procuren la restauración de la inteligencia de aquellos alumnos que siguen esperando y anhelando, en su ser más íntimo, una verdad absoluta por la que luchar y una justicia que defender.

 

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Soy provida y te cuento tres falacias habituales sobre el aborto

Soy provida y te cuento tres falacias habituales sobre el aborto

 

El diario Clarín del día de ayer contaba de la preocupación, materializada en el Congreso de la Lengua, en Córdoba, de uno de los alfiles culturales que milita por el aborto. Nos referimos a Soledad Gallego Díaz, quien –según interpretación del periodista Ezequiel Viéitez– habría conjeturado en voz alta: “¿Qué se está diciendo cuando a un grupo se lo define como ‘provida’? (…) ¿Que quiénes están en la vereda de enfrente rechazan la vida?”. Y luego, citándola textualmente a Gallego-Díaz, concluye: “Hay una especie de guerra de las palabras, por eso las palabras son más importantes que nunca”.

 

 

Es muy relevante que desde un prestigioso congreso se baje esta línea, dando a entender a todos los oyentes cómo deben hablar. Se trata de la misma reunión en donde se deslizó como tema el “lenguaje inclusivo”. La conclusión emana fácilmente: cuidado con decir los provida somos “provida” (porque eso implicaría deslizar la gran verdad de que los pro-aborto desean la muerte, oh) pero no hay problema con darle a los términos chiques, todes el status suficiente como para discutirlo nada menos que en el Congreso de la Lengua.

El tema del aborto vuelve, por tanto, a recrudecer, y desde una esfera pretendidamente cultural. La confusión terminológica –efecto del llamado lenguaje inclusivo– es parte de la agenda feminista-abortista, está planificada, en sorprendente coincidencia con los manuales de lavado de cerebro soviéticos, donde se puede leer frases como: “Producir un máximo de caos en la cultura del enemigo es nuestro primer paso más importante”. Por eso, la tarea del escritor hoy en día –de aquel que no quiera ser ni un genuflexo ni un prostituto mental ante lo políticamente correcto– es afirmar la verdad y luchar contra el error, como decía Santo Tomás de Aquino en el comienzo de su Suma contra gentiles. De ahí que se vuelve perentorio rebatir las “razones” de los pañuelos verdes.

Una de las falacias más repetidas es: “en la Argentina tienen lugar 500.000 abortos por año”. Esta falacia es especialmente peligrosa por dos razones: primero, porque apela a la cantidad. Parece como si mientras más abortos tuviesen lugar, más cerca nos hallaríamos del deber de legalizarlo. Como si destruirle la cabeza a un bebé en el vientre de su madre fuese un poco más legítimo por un aborto más, uno menos. Oiga, se hicieron 50 abortos. “No, es poco”. Oiga, se hicieron 250 abortos. “Ah, bueno, vamos a considerar el tema”. Esto es lo que casi nunca se dice. Puede haber millones de aborto o uno sólo, pero siempre estamos ante un asesinato. Rebatir la cifra es importante sin embargo porque la extrema falsedad del número prueba que la mentira es arma habitual de la propaganda verde. Así, el año pasado, quedó en evidencia el Ministro de Salud de CAMBIEMOS –Adolfo Rubinstein– quien expresó tres cifras distintas, y muy dispares, respecto de la cantidad de abortos en la Argentina. Ya decía Bernard Nathanson que los impulsores de estas sangrientas políticas inflaban los números como técnica de manipulación de la opinión pública.

            El recurso tramposo a la violación constituye la falacia Nº 2. “Niñas, no madres” dicen los pañuelos verdes luego de haber estimulado la precocidad sexual en la infancia a través de sus programitas de “Educación Sexual”. ¿Raro, no? Durante décadas, promovieron el libertinaje sexual. No les molesta esas nenas en distintos programas de televisión como Lolitas ni que una preadolescente esté en una descontrolada matiné con sus amigas. No, todo eso está buenísimo. Los ‘conservadores’, los ‘tradicionalistas’, los ‘nostálgicos del pasado’, los que coartan la libertad, se oponen a estas cosas. Crearon o al menos alimentaron el problema y ahora los embarazos adolescentes les explotan en la cara. Y cuando todo falla, cuando van perdiendo los debates, sacan de la galera el tema de la violación. Pero es absurdo que la persona por nacer pague por este crimen ¡cuando ni siquiera existía en el momento en que tuvo lugar! “La pornografía es la teoría, la violación es la práctica”. Y nosotros seguimos alimentando, al amparo de la Sacrosanta Libertad de Expresión –principio sostenido por los pañuelos verdes–, la industria pornográfica: caldo de cultivo de los violadores, como lo prueban numerosos estudios psicológicos. Los pañuelos verdes estimulan los tempranos intercambios sexuales de preadolescentes y luego ponen el grito en el cielo –aunque el cielo no sea lugar de su agrado– cuando tienen lugares estos embarazos. Los pañuelos verdes aplauden la Libertad de Expresión, respaldo legal de la pornografía, y luego gimotean cuando un consumidor de porno quiere llevar a la práctica lo que vio en una película. Sin contar con que invocan “un caso” de violación cuando están a favor del aborto “en todos los casos”, haya o no violación: nueva muestra de su deshonestidad. El aborto no la solución, es parte del problema: colofón de este círculo infernal, que tiene a la Infancia como rehén.

En tercer lugar, se dice que “nadie” cree en la Argentina que el aborto deba ser penalizado, y como prueba se muestra el bajo índice de prisiones efectivas al respecto. Pero todos los delitos –en todos los países– tienen un bajo índice de prisión. ¿Cuántos celulares se roban por día en la Capital Federal? Sin embargo, sólo hay prisión efectiva si 1) se atrapa a la persona; 2) se prueba que esa persona lo robó; 3) si el juez se ve persuadido de su culpabilidad; 4) si el acusado no apela a una instancia superior. Por otra parte, algunos abortos suceden sin que nos enteremos y obviamente no son siquiera denunciados. En ciertas etapas del embarazo, el aborto químico es indistinguible del aborto espontáneo. La baja tasa de condenas sobre el aborto no prueba que las personas ya nacidas no lo consideren un crimen, como tampoco prueba algo la baja tasa de condenas sobre el resto de delitos del código penal –robo, estafa, violación– que tienen condena efectiva en la Argentina en menos del 1% de los casos. El bien jurídico a proteger es la vida de la persona y el Derecho Penal protege esta vida con la persecución de esta práctica. Desproteger a uno sentaría las bases para desproteger a todos.

En su novela El hombre que fue jueves, Gilbert K. Chesterton pone en boca de uno de sus personajes la descripción del policía filósofo. Dos personajes se encuentran en un muelle y uno le revela el gran secreto que motiva todas sus acciones: “nuestra civilización está amenazada por una conspiración de orden puramente intelectual… el mundo científico y el mundo artístico conspiran, sordamente, contra la Familia y El Estado”. El protagonista, Gabriel Syme, escucha atónito a este integrante de la fuerza del orden, quien le explica su diferencia respecto del policía convencional: mientras el policía común investiga los crímenes pasados, el policía filósofo –haciendo uso de sus razonamientos e inferencias– adivina los crímenes futuros.

El conjunto de pretextos, recursos y mentiras abortistas no son simplemente “una postura”, no son “opiniones” a favor del aborto. Son el caldo de cultivo de futuros crímenes e incluso de genocidios. Tenemos el deber, y usted también estimado lector, de oponernos firmemente a este discurso, a estas políticas y a estos personajes, por el bien de la familia, de la patria, de la Argentina en pleno.

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Sobre el 24 de marzo de 1976: ¿qué es lo más verdadero y menos sesgado que podemos decir?

Sobre el 24 de marzo de 1976: ¿qué es lo más verdadero y menos sesgado que podemos decir?

 

Es difícil condensar lo esencial en un apretado artículo.

Una parte importante de la población está condicionada para interpretar de manera torcida cualquier cosa sobre los años 70’ que se salga del guión de lo políticamente correcto. Es como si las versiones alternativas gatillasen en la mente de estas personas –quizás en la de vos mismo, que me estás leyendo, sí, ahora– una reacción (prefabricada) cristalizada en pensamientos tales como “si hablan de las bombas de los montoneros, justifican a los militares”. ¿O me vas a decir que no? Ey, los desaparecidos eran guerrilleros, leemos o escuchamos, y de inmediato algunos dirán “¡Estás queriendo legitimar la Dictadura!”.

Lo primero que tengo que pedirte es que entiendas que si vos llegás a estos pensamientos de manera espontánea –casi automática–, es porque te vienen manipulando. Como a los perros de Pavlov, te han acondicionado para ese reflejo. Porque en realidad, el tema es mucho más complejo.

 

Controla el pasado y controlarás el presente

 

No cabe duda de que una porción considerable de la población argentina suscribe un determinado relato en torno a los años 70’ que, prácticamente, no se distingue de la narración que el kirchnerismo –con todo el peso del poder del estado– impuso, bajando línea a sangre y fuego. Una cantidad significativa de argentinos ha aceptado esa visión sin pretender cotejarla con las otras partes involucradas. Acríticamente. No conocen las publicaciones de otro signo; no tienen un real interés en conocerlas (eso es peor) y son alarmantemente ignorantes de los puntos débiles de sus propias versiones.

La versión predominante –que ya existía desde los 80’ pero que con el kirchnerismo cobró patente oficial– va mucho más allá del simple repudio a los procedimientos inmorales en la guerra contra el terrorismo por parte de las Fuerzas Armadas. Según esta visión, directamente, “no hubo guerra” (aunque quienes fueron protagonistas afirman que la hubo). Las cosas se dan de tal manera en nuestro país que unos intelectuales ideologizados –10, 20, 30 y hasta 40 años después– pueden decir tranquilamente en todos los medios, revistas, libros, que lo que pasó “no fue una guerra”, cuando los montoneros y erpianos escribían en sus manifiestos “guerra popular revolucionaria”, “lucha armada”, etc.

El escenario de guerra como telón de fondo lo cambia todo, y muchos intereses corren peligro si los hechos históricos se interpretan así.

El segundo recorte lo constituye la calculada y sistemática omisión –por simple que fuese– de los nombres de las víctimas civiles, asesinadas en manos de la subversión. Durante décadas, no se los podía mencionar. ¿No tenían madres esas personas?

Las víctimas civiles de la subversión fueron confinadas al olvido, porque su memoria –¡su simple existencia!– era incómoda para la versión kirchnerista, que elevó a “verdad histórica oficial” la distorsión ya presente en la mente de los militantes de derechos humanos. Amparado en ese escudo de legitimidad moral que le daba enfrentar a “los militares genocidas” (y del que hicieron uso, abuso, y con el que también se enriquecieron), el oficialismo K hizo y deshizo. ¿Estás en contra? Sos un golpista. ¿No apoyás las medidas del gobierno que juzgó a los militares? Sos la derecha. ¿Querés que no le cobremos más impuestos al campo? Escondés tus planteos genocidas detrás de una cuestión económica. El discurso estaba armado para eso (una estructura muy bien pensada de falsas disyuntivas), y muchos cayeron en la trampa.

Mientras muchos temían ser tildados de golpistas, derecha y genocidas, las víctimas civiles cayeron en el olvido. Asesinadas dos veces. Olvidada quedó Paula Lambruschini, también la hija de tres años del Capitán Viola, David Kraiselburd (bebé de meses), María G. Cabrera Rojo (3 años), Juan Barrios (3 años), Guillermo Capogrossi (6 años), Claudio Yanotti (9 años), Gladys Medina (13 años), Laura Ferrari (18 años), y tantos otros desaparecidos de los discursos oficiales.

También fueron suprimidos los soldados argentinos –no meras “víctimas civiles” sino guerreros de la Patria– que cayeron en combate contra el terrorismo. Formosa (1975), Monte Chingolo (1975) y Tucumán (1975). No se podía hablar de ellos sin ser tildado de “sospechoso”. Se condicionó a la población, durante años y por todos los medios, para que toda acción militar contra la guerrilla marxista oliese mal a priori, con independencia de un balance histórico equilibrado. Así, operaciones militares en los montes tucumanos como el Operativo Independencia eran demonizadas. ¿Que hubo abatidos y no desaparecidos? No importa: “no podemos decir nada bueno del adversario y no podemos decir nada malo de nuestro propio bando”. Esta era la consigna implícita, hilo conductor en todos los ideólogos y militantes de la izquierda: como no podían festejar los asesinatos cometidos, señalaban –mintiendo, exagerando, diciendo la verdad, quién sabe– lo malo que habrían hecho sus adversarios, las Fuerzas Armadas.

En su mentalidad y en sus actos, “el delito del oponente extinguía el propio”. Es decir: yo maté, fui montonero o erpiano, yo puse una bomba, yo pasé información para que mataran al Coronel Tal. Yo le pegué un disparo a traición a un cabo de la Policía, yo metí un explosivo en un edificio. Pero como luego vinieron los milicos y me torturaron para que diga dónde estaba la bomba o para que denuncie a mis otros compañeros terroristas, listo. Como luego los milicos me hicieron desaparecer, ya está, yo automáticamente quedo blanqueado y soy un joven idealista.

Esta técnica de lavado de cerebro se describe como la habilidad de esconder una verdad detrás de otra. Escondieron los asesinatos y operaciones terroristas detrás de la desaparición de personas. En el discurso de la izquierda y los organismos de derechos humanos primero, y en el kirchnerismo después, los integrantes del ERP y Montoneros fueron reducidos discursivamente a la condición de simples desaparecidos. Pero, ¿de dónde saca este articulista semejante cosa? ¿Cómo va a decir que los desaparecidos eran parte de estructuras terroristas?, puede pensar algún lector. Pues bien: lo saco del propio Mario Firmenich, cabecilla de Montoneros: “Habrá alguno que otro desaparecido que no tenía nada que ver, pero la inmensa mayoría eran militantes y la inmensa mayoría eran montoneros (…) A mí me hubiera molestado muchísimo que mi muerte fuera utilizada en el sentido de que un pobrecito dirigente fue llevado a la muerte”[1] (1991).

Pero, podría algún lector dudar y preguntarnos: ¿es cierto que los organismos de derechos humanos primero y el oficialismo después, tanto durante el período de Néstor como el de Cristina Kirchner, fueron mucho más allá de la condena de la desaparición de personas? ¡Porque yo no estoy a favor de la guerrilla pero tampoco de que hubiese desaparecidos! Respondo con hechos: el gobierno contaba entre sus aliados a piqueteros como Luis D’ Elia, quien justificó –en el programa de Jorge Lanata[2]– el asesinato del ex presidente Aramburu, diciendo que su familia “brindó” con “asado y con vino” cuando lo mataron. Por la responsabilidad de Aramburu en los fusilamientos de José León Suárez, todo el peronismo (no sólo el peronismo de izquierda) odiaba a Aramburu y una parte sustancial de él pensaba que debía ser castigado. Otra de sus aliadas fundamentales fue Hebe de Bonafini, quien siempre alentó la ejecución de actos subversión –antes, durante y después del apoyo que recibió del kirchnerismo–, promoviendo que se tomen las armas y fomentando la lucha armada y la guerrilla[3].

Más datos: hasta julio del 2012, una placa colocada al frente del edificio de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional en Buenos Aires, recordaba el nombre del juez Jorge Quiroga, quien había condenado a guerrilleros, siendo más tarde asesinado por el ERP el 28 de abril de 1974. En julio de 2012, esta placa fue retirada por orden del camarista Gustavo Bruzzone. ¿Qué tenía que ver el juez Quiroga con la desaparición de personas? ¿Por qué removieron su placa? El oficialismo kirchnerista aplaudió la medida, como así también los organismos de derechos humanos. Si te mató una bomba montonera o si fuiste abatido por una bala erpiana, no podés ser recordado en este país.

Este tema presenta, sin dudas, graves dificultades. La historiografía de los años 70’ está signada por muchas, y entre ellas puntualizaré como primordial el hecho de que la mayor parte de lo que circula a través de los MMCC manifiesta única y exclusivamente lo que dicen los críticos de la acción de las Fuerzas Armadas. Pero la credibilidad de estos críticos está muy desgastada a causa de sus habituales mentiras en torno a la cifra de los desaparecidos (ya todo el mundo sabe que no fueron 30.000) y un observador imparcial no puede aceptar su visión interesada de los hechos.

Se olvida asimismo una distinción clave. La distinción entre “subversión” y “terrorismo”. En los años 70’, en efecto, grupos guerrilleros desencadenaron en nuestro país el fenómeno terrorista. Varias siglas y nombres circularon en su momento, pero los más representativos fueron sin dudas las organizaciones denominadas ERP y Montoneros.

En nuestro país, la mayoría de las personas solamente advierten –y con horror– el terrorismo: bombas, asesinatos, secuestros, extorsiones, torturas, despliegues armados, etc., pero ignoran lo que se conoce como “subversión”. La subversión no pertenece al orden físico sino al campo de la inteligencia y la psique: el terrorista que jala el gatillo o coloca el explosivo en la casa de un general es el último eslabón de la gran cadena revolucionaria. Pero hay muchos otros eslabones anteriores que cooperaron con ese acto, desde el vendedor de diarios que informaba los horarios en que generales y coroneles salían de sus hogares hasta el docente universitario que fomentaba resentimiento clasista en sus alumnos y era integrante de células guerrilleras, como Silvio Frondizi. Desde los dueños de departamentos en donde estaban guardadas las armas hasta los periodistas que escribían benévolas coberturas de los atentados. Como ocurrió en Argelia con el FLN, miles de personas colaboraban con la guerrilla en tareas de superficie. Todas estas acciones (incruentas) formaban de la subversión y no propiamente del terrorismo, siendo apoyadas y financiadas –entre otros– por el Estado Cubano.

Tampoco se entienden los años 70’ sin una dramática y criminal contradicción: por un lado, las fuerzas del orden reaccionan contra el terrorismo (muchos guerrilleros eran apresados o abatidos) y por otro, desde otras esferas oficiales, se alentaba y establecía una complicidad con el terrorismo. Sólo esta ecuación explica que –habiendo ganado las elecciones el FREJULI– el primer día del entonces presidente de la nación, Héctor Cámpora, el Congreso de la Nación aprobase una amplia amnistía liberando a todos los “presos políticos”, lo que sucedió el 25 de mayo de 1973 (El Devotazo). 276 detenidos, procesados o condenados por acciones terroristas fueron puestos en libertad: en un abrir y cerrar de ojos, las fuerzas de seguridad y los jueces vieron desvanecerse sus esfuerzos.

Con la amnistía, la carcajada guerrillera volvió a resonar y, por supuesto, los primeros que tenían que temer eran los mismos policías y jueces que los habían mandado a la cárcel. Asimismo, la puja entre la izquierda y la derecha peronista llegaba a su clímax el 20 de junio del 73’, con la Masacre de Ezeiza. Violencia política, derramamiento de sangre, contexto que explica frases como: “Rucci, traidor, a vos te va a pasar lo mismo que a Vandor” (amenaza materializada el 25 de septiembre del mismo año). El asesinato de José Ignacio Rucci –referido como alfil del peronismo de derecha– es otro botón de muestra de esta lógica de violencia inaudita pero también de cinismo: tomando la propaganda de unas famosas galletitas, con sus “23 agujeritos”, se denominó Operación Traviata a la maniobra guerrillera que tuvo por objeto su asesinato, dado que el sindicalista había recibido 23 tiros. Según algunos, precisamente en el entierro de Rucci habría tenido lugar la petición del ya presidente Perón de acabar con la guerrilla usando todos los medios (“Somatén”), y algunos piensan que es aquí donde surgen los grupos para-policiales que, por izquierda, salen a “ajusticiar” a los subversivos. Como ya lo había hecho años anteriores, Perón ponía varios huevos en distintas canastas.

El 28 de abril de 1974 es asesinado el precitado juez Quiroga, que había impuesto la prisión para algunos terroristas. Su sangre rubrica una certeza que la sociedad argentina percibió de inmediato: su propio estado de indefensión.

El 1° de mayo del 74’ tenía lugar el célebre discurso de Perón, ese famoso y repetido discurso donde llama “imberbes” a los Montoneros, probablemente en respuesta a unos cánticos críticos. El 11 de mayo es asesinado el padre Carlos Mugica, sacerdote que formó parte del MSTM (Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo), quien había influido notoriamente en Montoneros, muerte cuya responsabilidad es discutida hasta el día de hoy. El padre Mugica encabezaba un importante sector, dentro del peronismo de izquierda, que había decidido no seguir promoviendo la “lucha armada” (o sea, el asesinato) dado que el gobierno militar (1966-1973) había llegado a su fin. Había ganado Perón con el 62% de los votos y, por tanto, “ya no había razón” para oponerse. Pero los peronistas de izquierda más revolucionarios no pensaban lo mismo, actitud que se cristalizaba en acciones políticas, declaraciones públicas y hasta en cánticos que seguían repitiendo como “FAR, FAP y Montoneros son nuestros compañeros” o también “Duro, duro, duro, vivan los Montoneros que mataron a Aramburu”.

El 1º de junio, las exportaciones argentinas a los países de la órbita socialista se incrementaron de 60 a 475 millones de dólares. El 8 de junio asume como diputado suplente Rodolfo Ortega Peña, famoso intelectual de Montoneros. El 12 de junio, último acto peronista con Perón presente, una multitud se convocó en Plaza de Mayo y estaba presente los Montoneros. Todo esto, luego del cortocircuito donde “los echó de la plaza”. Apoyos, gestos y guiños para la izquierda, convalidación tácita de los atentados. Y muchos pensaban: si el mismo presidente Perón, si el mismo poder político recibe y está aliado con los guerrilleros, ¿quién nos va a proteger? Los montoneros también estuvieron presentes en su despedida final, ante el féretro.

Muerto Perón el 1° de julio de 1974 –quien primero alentó la guerrilla y luego intentó frenarla– y gobernando “Isabelita”, era evidente que la victoria contra el terrorismo no estaba cerca: moría gente todos los días, la policía estaba sobrepasada, los terroristas se mimetizaban entre la población, la sensación de “desgobierno” era total, y las bandas para-policiales seguían “ajusticiando” supuestos o reales agentes del marxismo. Así, el 27 de septiembre de 1974, es asesinado Silvio Frondizi, ideólogo del PRT-ERP, en una acción realizada por lo que se conoce como “Triple A” (Acción Anticomunista Argentina). Más tarde, el 27 de octubre y el 22 de diciembre respectivamente, los erpianos toman la vida de dos profesores católicos y nacionalistas de enorme influencia: Jordán Bruno Genta (de indudable influjo en las Fuerzas Armadas, especialmente en Fuerza Aérea) y Carlos Alberto Sacheri.

El país entero seguía bajo el permanente hostigamiento de células guerrilleras. Los mismos líderes de los partidos políticos reconocían puertas adentro su impotencia: el Estado de Derecho era impotente, había fracasado. Y uno de los responsables de este caos era, sin dudas, el propio Perón, que había fomentado a la guerrilla desde España, pensando que podía controlarla una vez que se hiciera del poder en las elecciones. Muchos piensan que Montoneros ya había advertido la traición de “El General”, cristalizada en el mencionado Somatén. En efecto, no parecía el mismo Perón que, enterado de la muerte del Che Guevara, había escrito el 24 de octubre de 1967: “Hoy ha caído en esa lucha, como un héroe, la figura joven más extraordinaria que ha dado la revolución en Latinoamérica: ha muerto el Comandante Ernesto Che Guevara. (…) El peronismo, consecuente con su tradición y con su lucha, como Movimiento Nacional, Popular y Revolucionario, rinde su homenaje emocionado al idealista, al revolucionario, al Comandante Ernesto “Che” Guevara, guerrillero argentino muerto en acción empuñando las armas en pos del triunfo de las revoluciones nacionales en Latinoamérica”.

Los testimonios de quienes vivieron esa época –personas de distintas posiciones políticas– confluyen en una sola cosa: la situación del país era un caos total. En los 70’, el cuadro era el siguiente:

 

–una Argentina debilitada económicamente;

–una insurgencia revolucionaria–terrorista, dispuesta a derrocar el malhadado orden democrático vigente;

–una contrainsurgencia que, desde el campo policial y militar, luchaba contra el terrorismo (pero que no veía la acción psicológica de la subversión, o que al menos la subestimaba).

 

Como parte de su enfrentamiento con la URSS, Estados Unidos fogoneó los golpes militares cuidándose muy bien de apoyar a los sectores nacionalistas en las Fuerzas Armadas. ¿Por qué motivo? Los nacionalistas rechazaban toda injerencia extranjera en nuestro país, no sólo la soviética sino también la representada por los imperialismos financieros. Resultado: los militares de perfil profesionalista, generalmente cercanos a cierta derecha liberal, fueron los que efectivamente recibieron el apoyo norteamericano para conducir la nación en 1976, continuando –con todo el poder del estado– la guerra contra el terrorismo marxista.

La formación liberal de las Fuerzas Armadas a lo largo de generaciones dificultó que fuesen plenamente conscientes del sometimiento económico–político de la Argentina. Atrapados, como lo estaban, dentro del esquema de la Guerra Fría, muchos creían que para salvar a la Patria del Comunismo había que pactar con los Estados Unidos, y que volviera “la Santa Democracia”.

La suma de todas estas circunstancias explica que, a mediados de los 70’, la sociedad argentina entera haya pedido a gritos “Que vuelvan los militares y hagan algo”. Los días de 1975 y principios del 76’ fueron muy intensos, recrudecieron los operativos guerrilleros y era prácticamente cuestión de tiempo para que las Fuerzas Armadas se hicieran del gobierno. Son meses de enérgicas discusiones en los que los militares debatían los pasos a seguir, una vez que se tomara el poder político. Isabel Perón es derrocada sin resistencia alguna y el Gobierno Militar que viese la luz el 24 de marzo de 1976 es recibido con entusiasmo. Radicales y hasta los mismos peronistas –volteados– prestaron numerosos intendentes, ya desde el inicio del golpe: 310 y 192 respectivamente. El mismo 24 a la mañana los rumores corrían por todas partes y mucha gente susurraba “hoy no salgas, los militares van al tomar el poder”.

La mayor parte de la población repudiaba el terrorismo y festejó el golpe de estado. Los mismos diarios saludaron a las nuevas autoridades[4]. Otra porción, sin duda menor, repudiaba el accionar terrorista pero no desconocía ni la importancia de los temas económicos ni lo que hemos ya caracterizado como subversión. Una inmensa mayoría, sin embargo, advertía solamente la acción terrorista pero subestimaba o sencillamente desconocía la enorme influencia del imperialismo norteamericano en nuestro país. Estimaban suficiente que el Proceso Militar acabase con los guerrilleros, “llamaran a elecciones democráticas y ya está”. Carecían por completo de sensibilidad alguna por cualquier ideal de justicia social.

No es cierto (pero te lo quieren hacer creer) que la totalidad de las voces fueran complacientes con el Proceso. Muy por el contrario, tanto sus políticas económicas anti-argentinas –la toma de deuda externa, por ejemplo– como sus métodos para combatir la subversión fueron duramente criticados y denunciados en el mismo momento en que ocurrían. El tiempo reveló lo desastroso de sus consecuencias: se cerraron fábricas, se endeudó aún más el país, regalándose la soberanía económica. La Revista Cabildo, pero también otras voces nacionalistas, no dejaron de criticar las políticas del Proceso Militar. Mientras tanto, otros actores políticos que tampoco eran de izquierda aplaudían y celebraban que las FFAA hubieran tomado el poder para así librar, de manera más eficaz, el combate contra el terrorismo erpiano–montonero, sin entender, sin apreciar o peor aún convalidando que el gobierno militar estuviese debilitando –en el plano económico– al país cuando el efecto de estas medidas empezó a hacerse sentir.

La guerra antisubversiva fue la respuesta a la guerra revolucionaria. El apoyo del imperialismo norteamericano no cambia esto: el hecho de que Estados Unidos apoyase el Proceso Militar no extingue nuestro derecho a defendernos del terrorismo. Más allá de esta influencia, está fuera de toda discusión que estas fuerzas tenían el deber de defender a la Nación. Ahora bien, en honor a la verdad, pocos hombres de guerra advirtieron que el peligro no sólo estaba en La Habana o en Moscú sino también en Washington.

La observación y el análisis de este contexto arrojan varios resultados. En efecto, no cabe duda de que el discurso atravesado por los vocablos “terrorismo de estado”, “genocidio”, “dictadura”, “plan sistemático”, simplifica de manera arbitraria e irracional un conjunto de hechos históricos que –de conocerse en su totalidad– resisten cualquier reducción. Es, por otro lado, absolutamente inaceptable reducir la legítima defensa de la nación respecto de la guerrilla a las acciones injustas que los militares hayan cometido contra los subversivos.

Ningún argentino de bien, que realmente ame la verdad histórica y la justicia, justifica procedimientos inmorales en la lucha contra el terrorismo. Y así como no lo justifica, precisamente porque quiere la justicia –que es inseparable de la verdad– tampoco acepta la novela rosa de los desaparecidos. Un relato que, por otra parte, fue resistido por Martín Caparrós y Eduardo Anguita, dos integrantes de relieve de ERP y Montoneros.

Develar la verdad sobre este tema no lava las políticas liberales del Proceso, ni blanquea el procedimiento de desaparición de personas. Destapar la verdad, por el contrario, desenmascara las mentiras que se vienen diciendo. Lo cierto, lo dramáticamente cierto, es que fue una guerra.

Fue una guerra. Ahora bien, ¿es necesario decir que, sobre todo durante una guerra, no vale todo? ¿Es necesario decir que no existe luz verde para cualquier acción en épocas de guerra? La moral de los guerrilleros, la moral marxista, obedece a este principio: “Todo su ser tiene que estar dominado por una meta, un pensamiento, una pasión: la revolución… Debe romper, con cuerpo y alma, de palabra y por el acto, toda relación con el orden existente, e incluso con el mundo civilizado y sus leyes, sus buenos modales, sus convenciones y su moral. Es su enemigo despiadado y vive en él con el único fin de destruirlo. Odia y desprecia la moral social de su época. Todo lo que favorezca la revolución es moral…, todo lo que la impida, es inmoral”[5]. El Che Guevara lo dijo bien claro: “El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría  máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así[6]. Es, por el contrario, la moral católica la que enseña que el fin no justifica los medios.

Quienes no quieren hacer las necesarias precisiones son sospechosos de arbitrariedad y parcialidad ideológica. En el Evangelio de San Juan leemos que Cristo dijo: “la verdad os hará libres”. Abracemos definidamente la Verdad y todo lo demás se dará por añadidura.

 

 

[1] Cfr. Página/12, 17 de marzo de 1991, entrevista a Mario Firmenich por parte del periodista Jesús Quinteros.

[2] Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=fX6yrg0DX_k (minutos 8 y ss.).

[3] Como botón de muestra, ver: Discurso de Hebe de Bonafini, en el acto por los 49 años del asalto al Cuartel Moncada (Cuba), realizado en la Facultad de Medicina, el 26 de Julio de 2002. Link: http://www.madres.org/navegar/nav.php?idsitio=5&idcat=96&idindex=173

[4] Cfr. http://www.infobae.com/2009/03/24/438267-que-decian-los-diarios-del-24-marzo-1976/

[5] Cfr. Catecismo del revolucionario, Bakunin.

[6] Mensaje a la Tricontinental. Bolivia, mayo de 1967.

Comenzaron las clases… ¿qué tengo que hacer por el bien de mis hijos?

Porque esa es la pregunta que todo buen padre se hace. ¿Qué tengo que hacer por el bien de mis hijos? Personalmente, dudo de que un padre ame realmente a sus hijos si no está pensando en esto varias veces al día. Hay algunos criterios básicos que los padres no pueden ignorar y considero que, habiendo formado parte del cuerpo docente–tanto en Primaria como en Secundaria–, puedo compartirles. Así que, ¡adelante!

En primer lugar, los chicos tienen que tender hacia una creciente autonomía. No haga usted por su hijo lo que él está en condiciones de hacer, porque ahí está inoculando el germen del asistencialismo. Si su hijo no lee Ciencias Sociales, si no lee el manual de Historia, no tiene “un problema de lectura comprensiva”. Su problema es no leer. Es otra cosa. ¡Cuántas veces nos ha tocado alumnos en clases particulares que no tienen absolutamente ninguna dificultad de comprensión! Suelen experimentar (aunque no siempre) cierta falta de voluntad, y esto no puede confundirse con un desorden psicopedagógico.

En segundo lugar, los chicos –y a cualquier edad– deben saber que los actos traen aparejadas sus consecuencias. Un acto bueno debe venir acompañado de consecuencias positivas, y a un acto malo debe seguir una consecuencia negativa. No hay otra forma. ¿Que protestan los demagogos de la pedagogía? Que protesten. ¿Qué alguien por allí diga que se está deslizando el castigo como posibilidad? Pues tiene razón. El castigo y el premio. Los padres deben premiar y castigar, deben con claridad dejar establecido a sus hijos que todos sus actos –y también, la ausencia de ellos– tienen consecuencias. Que quede firme que no da lo mismo todo; cuando no se educa así, se entrena –quieras que no– al hijo en el relativismo. No en el relativismo ideológico, de corte intelectual, claramente. Pero sí en un relativismo conductual al menos, en donde las cosas dejan de tener sentido porque todo da lo mismo. Si su hijo le gana la pulseada a los 10 años, usted tiene un problema como padre. No puede ser, algo no está haciendo bien y lo tiene que corregir. Por el bien suyo, pero especialmente por el de su hijo.

En tercer lugar, a la hora de ordenar la esfera del hogar, hay que tener en cuenta que los premios y los castigos deben ser mantenidos con consistencia en el tiempo. Las metas deben ser diseñadas con realismo, y entonces –permítame que me ponga en primera persona– tengo que saber si efectivamente puedo premiar y puedo castigar (de ahora en adelante) tal o cual conducta de mi hijo. Lo peor que me pueda pasar es plantearme un objetivo, comunicarlo a mi hijo y luego no poder cumplirlo. Asimismo, los premios y castigos deben ser calibrados teniendo en cuenta distintas variables: edad, personalidad, facilidades propias de mi hijo, dificultades…

Pero, ¿no íbamos a hablar de las clases? ¿No íbamos a hablar de qué puedo hacer para que mi hijo, en la escuela, en el colegio, esté bien? Lo cierto es que ambas cosas están conectadas: la persona es una unidad. Los niños, los pre-adolescentes y los adolescentes resienten su conducta y su rendimiento intelectual cuando HOGAR y ESCUELA no están alineados. Y lo determinante seguirá siendo el hogar. No se debe criticar al docente delante del hijo –salvo que esté enseñando algo verdaderamente escandaloso, como la ideología de género, por ejemplo– y si hay fundamento para creer que el docente se está equivocando (cosa que puede pasar) deben agotarse los cauces de acción privada, tratando de no mancillar la imagen del docente.

Los chicos están solos. No todos, por cierto, pero una porción cada vez mayor de niños y jóvenes experimentan ese alejamiento del adulto. El logos entra por el oído, dice Aristóteles. Logos, es decir, verdad, razón, discurso. Tenemos que hablar con nuestros hijos, tenemos que leerles cosas. Tienen que conocer ante todo las Sagradas Escrituras. Leerle el relato de la Creación del Mundo, palabras de Nuestro Señor Jesucristo. Ir acostumbrando su oído. Leerles literatura. Cuentos y narraciones clásicas: Narnia o El Principito, por ejemplo. Debemos fomentar la lectura y la conversación, dos habilidades fundamentales, que se ejercitan permanentemente en las escuelas y colegios. Los docentes transmiten hablando: ¿cómo puede captar mi hijo al docente si no sabe escuchar, si no sabe entender? Ustedes, los padres, deben fomentar que su hijo escuche, que piense, que razone.

Sin esta capacidad, sufrirá un Calvario –lo hemos visto en tantos alumnos, especialmente los que están en riesgo de repetir– y su autoestima se caerá a pedazos porque realmente la pasará mal en el colegio. Es realmente espantoso sentir que no se entiende lo que se debería entender, sentir que uno “no es lo suficientemente bueno”, sentirse “tonto”, y además –como esto se repite varias veces en el día– ir configurando un concepto negativo de uno mismo en relación al Conocimiento. Y luego, estas personas (¿cómo no?) quedan resentidas con el Conocimiento, con la Escuela, resentidas con el Aprendizaje. Esto no puede pasar, es inaceptable que mi hijo no ame saber. Porque la sabiduría debe ser amada, y conocer algo en sus causas –he aquí la gran enseñanza del mundo medieval– genera un deleite en la inteligencia de la persona. ¡Los colegios no fueron concebidos como cárceles! No son lugares de tortura para los chicos, no deben serlo, pero es imposible que nuestros hijos puedan disfrutar si no entienden. Y es imposible que entiendan si no han desarrollado el hábito auditivo –cuya raíz es el espíritu, por supuesto– de atender, escuchar, comprender.

Los padres me dirán que sus hijos deben poner también su parte en este proceso, y tienen toda la razón. Pero no nos equivoquemos: los padres deben mejorar para que el hijo mejore. Nadie influye en el hijo más que ellos.

Hablábamos del poder de la atención, y hay que subrayar que ese poder se ejercita. Por ejemplo, con la lectura, que fortalece la atención de la persona. Como en otros casos, aquí no hay vuelta de tuerca: debo ser un padre lector para inculcar hábitos de lectura en mis hijos. Traer el libro a la mesa: leer algo, comentarlo, pedir opinión a mis hijos, conversarlo entre todos mientras se almuerza o se cena. Soy de la opinión de que el celular es algo absolutamente nocivo para un pre-adolescente (no digamos ya un niño). La validación que se obtiene a través de los chats convierte a mis hijos en adictos a esa validación. La imagen, por otro lado, atrae de tal manera a la mente que los vuelve dependientes. Somos menos libres con esas pantallas.  “¡Pero todos sus compañeros lo usan!” ya puedo escuchar desde aquí a tantos padres angustiados, que en el fondo saben que algo de razón tengo. Sin embargo me permito contraargumentar: “¿Ustedes quieren que sus hijos sean como todos?”.

Debo ser un padre lector, porque de lo contrario mi hijo percibirá la contradicción. Y ocurrirá el fenómeno conocido como el “asco psíquico”, traducido en este pensamiento que martillará su cabecita una y otra vez: Mis padres me dicen que lea, pero no leen. Mis padres me dicen que la educación es lo más importante pero no siguen educándose. Usted no dejará de ser amado, dejará de ser respetado. Y su palabra valdrá cada vez menos. ¿Eso quiere? El futuro de sus hijos está en sus manos. Si cree que se ha equivocado, sepa también que aún está a tiempo de reconducirlo. Pero debe tener en claro la meta y los medios a utilizar. Según la experiencia, lo que otorga la fuerza interior para llevar a cabo esto es fundamentalmente el profundo convencimiento interno de que este tipo de cosas es lo que su hijo verdaderamente necesita.

Lea, estudie, profundice, para llegar a la posesión de este profundo convencimiento. Ame primero la sabiduría y podrá comunicar ese amor. Entusiásmese usted primero, y transmitirá entusiasmo. Le recuerdo que el origen de la sabiduría es Dios mismo.

 

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