Todo lo que no se puede decir: terraplanistas, antivacunas, antijudíos, antibergoglianos y otras yerbas

 

Es muy útil cacarear en un lado para que no se sepa lo que realmente ocurre en el otro.

Les cuento que Infobae está muy enojado. O mejor dicho, un tal Nicolás Lucca: “una teoría estúpida” son las palabras que usó en su reciente artículo[1], donde empieza mofándose de los terraplanistas para luego dirigir sus dardos a lo que realmente le interesa. Que ya veremos qué es.

Decíamos que Lucca está muy, muy enojado. Está furioso con el canal TLV1, con la tarea historiográfica de Salvador Borrego (a quien le es más fácil descalificar que intentar rebatir intelectualmente), con el revisionismo histórico argentino… Repartió más tortazos que Sylvester Stallone en Rocky IV pero su agresividad tiene un límite y dentro de poco veremos cuál.

Empecemos por el título del artículo: “La tierra es plana, nacionalista y antisemita”. La estrategia es de cajón: vincular el terraplanismo a las denuncias del nacionalismo, condimentar con la palabra clave –antisemitismo– y así provocar miedo, susto. Pero, ¿a quiénes viene denunciando el nacionalismo?

Lucca–Infobae sabe de la mente, y por supuesto de los botones psicológicos que puede activar en los lectores: la gente tiene terror a quedar como “antisemita”. Estamos siendo condicionados para experimentar este miedo ante cualquier crítica (justa o no) de los judíos. Si usted quiere desprestigiar una idea, vincúlela al antisemitismo y listo. Son técnicas. Al igual que el título: desacreditar el nacionalismo asociándolo con la teoría fantástica de la Tierra Plana. En realidad, no interesa la Tierra Plana como tal. Interesa ensuciar la cancha.

La tierra plana es una teoría estúpida, dice Lucca–Infobae. ¿Qué les pasó a los prudentes, mesurados y dialogantes periodistas? ¿Qué pasó con los elogios reiterados a la libertad de expresión, de pensamiento, propios de este glorioso mundo moderno? “Vos si querés no abortes, pero deja que otros piensen lo que quieran”. ¿Cómo que es una teoría estúpida? ¿Por qué no podemos dejar que los terraplanistas piensen “lo que quieran”? Si eso le hace daño a alguien, no me lo han dicho.

Personalmente no tengo idea del debate sobre la Tierra Plana, de cuya existencia me notifiqué hace menos de un año. Pero creo que tengo algo de idea de los debates en general, así como de las técnicas con las que se suele suprimir los debates incómodos. Hay ciertas palabras cuidadosamente elegidas. Ya vimos el término “antisemita”, fijémonos ahora en la palabra “estupidez”.

Al hablar de la Tierra Plana, Lucca-Infobae escribe que se trata de “teorías tan estúpidas como las que sostienen los antivacunas, los que creen que el hombre no llegó nunca a la Luna, que un líder de masas murió de forma extraña y sobrenatural, que las Torres Gemelas fueron volteadas por los propios Estados Unidos, etcétera”. Así, todo junto. Todo da lo mismo. Yo no sé de todos los temas que se mencionan aquí, ni tengo por qué saber. Pero si el mismo Bill Gates reconoció que las nuevas vacunas forman parte de su plan para hacer descender la población[2], al menos me pondría a leer, en vez de pontificar desde la arrogancia, ¿no?

Los periodistas suelen mostrar los dientes en el final del artículo (cuando ya tienen el terreno abonado). Fíjense cómo Lucca pregunta retóricamente a su público si van a seguir ignorando a estos “conspiranoicos” (o si van a hacer algo contra ellos, se supone), rematando con lo siguiente: “En Brasil hicieron lo mismo –mirar para otro lado– y hoy tienen 87 diputados articulados para combatir las políticas que contradigan cualquier igualdad de derechos en razón de orientación sexual”. ¡Al fin! Esto es lo que le preocupa. Ahora sí entendemos: Lucca-Infobae-Hadad (agreguemos) son agentes de la ideología de género (Si lo dudas, entra en este video y míralo a Lucca hablando de la ESI: https://www.infobae.com/deportes/bcf26524-2065-4332-a9d1-9081d0acdf55_video.html). Ahora cierra todo. Por eso, como dice el artículo, acusar a Soros y a la Masonería es de “conspiranoicos”, hábilmente emparentados con “los estúpidos” que sostienen que la Tierra es plana.

Pero parece que Lucca se siente obligado a explicar algo, por lo que plantea “¿Y por qué se ponen nerviosos de tener que explicarlo (que la tierra no es plana)?”. Y se contesta: “La respuesta es bastante simple: porque nada enoja más que la estupidez voluntaria”. ¡Epa! Pero sigamos leyendo: “No hay forma de no enojarse cuando vemos a personas con todos los recursos al alcance de la mano –literalmente, si es que tienen 4G o WiFi en sus casas– utilizan esos mismos recursos para cuestionar lo obvio”. Oh, Luquitas. Te cuento algunas cositas. Tenemos todos los recursos a mano y seguimos diciendo que el embrión humano no es persona, seguimos diciendo que es un conjunto de células, seguimos diciendo que si es producto de una violación se lo puede matar, etcétera. Vos mismo, de hecho, has saludado el debate sobre el aborto a pesar de ecografías que te desmienten una y otra vez. Tenemos todos los recursos para saberlo, y muchos siguen porfiando con que el aborto es un derecho. Si te vas a indignar, por favor no lo hagas al calor de lo políticamente correcto.

Pero Infobae–Hadad trae más cosas, y ya al final del artículo leemos: “La pregunta que más se escucha entre los conspiranoicos científicos es: ‘¿Por qué no se puede cuestionar que la Tierra es redonda?’. Por una sencilla razón: la ciencia y la humanidad ha avanzado sobre consensos alcanzados de manera empírica. Si hay que detenerse a revisar miles de años de historia científica para explicarle a cada vago con trastornos emocionales, la humanidad no estaría en este momento explorando Marte”. Es uno de los pocos momentos en que el artículo acaricia cierta racionalidad, por lo que emociona. Fue un buen intento, pero ineficaz.

En primer lugar, “la ciencia y la humanidad” son una generalización absolutamente gratuita. No existen. Existen los científicos y los seres humanos. Por otro lado –como explica acertadamente Thomas Kuhn en su libro La estructura de las revoluciones científicas–, los consensos de los científicos duran hasta que nuevos hechos provocan el quiebre del paradigma dominante. La ciencia –esta vez sí– avanza a caballo de una armoniosa síntesis de estabilidad y crítica, de verdades perennes e hipótesis que se suceden unas tras otras, y el consenso científico (muchas veces provocado y artificial) no pasa de ser un indicador.

En otro orden de cosas, la descalificación que Lucca utiliza llama la atención: “vago con trastornos emocionales”. ¿Por qué alguien usaría esta forma despreciativa? Muy científico, ¿no?

Pero el tema de la Tierra Plana, en sí, no parece interesarle mucho a Lucca-Infobae-Hadad: su único argumento es que si tenes 4G y WiFi, lo podes ver vos mismo. Pero entonces ¿a dónde apuntan en realidad sus dardos? “Lo que realmente ha vuelto preocupante el asunto es un hilo conductor que envuelve a casi todos los conspiranoicos, y ese es una exaltación nacionalista estupidizante”. Eureka. Esto es. A Infobae le preocupa que las personas estén dando un crédito cada vez mayor al discurso nacionalista. Por eso construye muñecos de paja para sus adversarios: argumentos ridículos o mal construidos, que nadie dice pero que son fáciles de voltear. Esta operación de discurso –realizada desde un medio tan poderoso como Infobae– constituye un auténtico lavado de cerebro.

Ahora bien, parece que a estos señores le preocupa en particular el nacionalismo católico, dado que hacia el final de su artículo comenta que todas estas personas (terraplanistas, nacionalistas, críticos del sionismo y del judaísmo)“se dicen defensores de la Fe católica, pero corren atrás de los evangelistas para llenar las calles porque Bergoglio les resulta un comunista, a pesar de que la defensa de la Fe católica incluye la creencia en el dogma de la infalibilidad del Papa”. Mala teología amigo, porque debo advertirle cortésmente que no existe el dogma católico de la infalibilidad del Papa (una persona humana). Si existiera, los católicos estaríamos creyendo en lo absurdo (no en el misterio). No es la persona del Papa la infalible sino la definición solemne que, en contadas ocasiones, el Sumo Pontífice ha realizado. ¿Es mucho pedir que Hadad se asesore bien? Parece que sí. Si no se me ofenden, los invito a leer el documento Pastor Aeternus (1870), art. 4, donde se explican las condiciones de la infalibilidad. Digo, para que no sigan diciendo sandeces.

Concluyo. El problema de fondo es que estos periodistas forman opinión, nos guste o no, y el mensaje –subliminal, subterráneo– que comunican es el siguiente: ellos y sólo ellos son quienes deciden qué “puede” discutirse o no. Son ellos los que deciden el margen de “lo razonable”, quién está dentro y quién fuera. Porque no se trata aquí de “la verdad”. Se trata del status de discusión. ¿Vale la pena discutirlo o no? Ya no lo decidirán las pruebas, lo decidirá el termómetro de lo políticamente correcto, unidad de medida respecto de la cual periodistas serviles hincarán entusiasmados las rodillas. Así, estará dentro de lo políticamente correcto discutir si un bebé debe ser asesinado por el simple hecho de estar dentro del cuerpo de la madre. Estará dentro del margen de razonabilidad discutir el consumo de drogas, la legitimidad de la eutanasia, si Carlos y Rodolfo pueden ser una “familia” y adoptar niños. Sí, todo eso sí. Está “dentro”. Ahora bien… ¿Tierra plana? ¡Afuera! ¿Algunas vacunas pueden quizás ser lesivas para la salud? ¡Afuera! ¿Qué el sionismo y la Masoner…? ¡Fuera! Eh, pero mire que hay evidencia que… NO ME IMPORTA.

Y después, los nazis éramos nosotros.

Se dio vuelta la tortilla.

La única pregunta es si usted, estimado lector –usted que ve esto con claridad–, va a actuar dignamente o va a arrastrarse, colocándose como el tapete de estos déspotas de la palabra. O si va a empuñar la espada, saliendo a pelear por la Realidad.

 

[1] https://www.infobae.com/opinion/2019/03/06/la-tierra-es-plana-nacionalista-y-antisemita/

[2] https://www.youtube.com/watch?v=y0PcT1hPVcE (ver minutos 3,20 a 4,55).

MANIPULACIÓN DEL LENGUAJE Y ABORTO – Entrevista conjunta con el Prof. Lucas Carena

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Caso Tucumán: réplica al comunicado pro-aborto del Colegio de Abogados de San Isidro

Caso Tucumán: réplica al comunicado pro-aborto del Colegio de Abogados de San Isidro

 

Por Juan Carlos Monedero (h)

El documento emanado por el Colegio de Abogados de San Isidro este 1º de marzo del 2019[1] –con ocasión de la cesárea que le fuese hecha en Tucumán a una niña embarazada– está plagado de distorsiones y errores. Por ejemplo, se repudia “lo recientemente acontecido” en esa provincia, tildándolo de “burla a la ley” cuando es lisa y llanamente hablando una mentira que haya ley. No hay ley del aborto, el aborto en la Argentina no está legalizado, está penalizado (art. 85 del Código Penal). La resolución del Ministerio de Salud de la Nación que respaldaría supuestamente el protocolo ILE no existe (una artimaña cuya responsabilidad le cabe en primer lugar a Cristina Fernández de Kirchner y que, a partir de diciembre del 2015, continuó sostenida por Mauricio Macri). El protocolo no constituye más que un puro acto administrativo, carente de vigor para obligar a nada (desarrollado aquí[2]).

Es absurdo que el documento del Colegio de Abogados de San Isidro sostenga que se han vulnerado “derechos” de las mujeres: como todo abogado debería saber, puesto que el aborto está penalizado en nuestro país, no puede un comportamiento contrario al derecho ser “un derecho”. Es hipócrita, por otro lado, pretender que el acto de violación sobre la niña despoje al embrión de su carácter inviolable. ¿La injusticia del padre debe recaer en su hijo? No se quiere entender que, tan pronto una mujer queda embarazada, su cuerpo desencadena una serie de procesos fisiológicos que la Ciencia Jurídica está obligada a contemplar y a respetar. La Ciencia Jurídica no está por arriba de la realidad sino a su servicio, y los fallos judiciales –vengan de donde viniesen– no pueden hacer que lo blanco sea negro, ni lo negro blanco.

Por otro lado, los abogados de San Isidro invocan el fallo F.A.L. de la CSJN sin la necesaria crítica jurídica al respecto. Porque en F.A.L., los jueces de la Corte fallan en abstracto: en efecto, hacía dos años que el aborto en cuestión ya se había realizado. Más aún: con la misma composición de jueces, la Corte había establecido –caso Sánchez (2007)– la doble indemnización para la familia de Elvira Berta Sánchez, reconociendo no sólo la existencia de vida (y vida humana, sofistas) desde la concepción, sino afirmando que el derecho a la vida desde la concepción tenía rango constitucional. Exactamente lo contrario a F.A.L. ¿Estos son los apoyos de los abogados de San Isidro?

El discurso políticamente correcto que informa el comunicado de este Colegio de Abogados los mueve a decir que, como institución, abogan “por el cumplimiento real y efectivo de las leyes vigentes, como es el de la protección y garantía de los derechos de las personas y en particular de quienes son más vulnerables”. Poco les ha importado la vulnerabilidad de la persona humana en el vientre materno, como es evidente. Lo cierto es que no hay razón para creer en el interés por “los derechos de las mujeres” a nadie que no le interese el derecho de un bebé.

Con toda la tradición médica a cuestas, especialmente el Juramento Hipocrático, hay que decir, además, que el aborto –hábilmente denominado “interrupción”– no es un procedimiento médico, por lo que considerar “tortura” a su falta de realización no pasa de ser un artificio retórico de los firmantes del Colegio de Abogados de San Isidro, recurso impropio en quienes deberían trabajar por la vigencia de la justicia.

Por otro lado, escandalizarse ante la opinión pública porque en este caso particular de violación no se haya realizado el aborto cuando en realidad se persigue la liberación y legalización total del aborto por cualquier motivo –por eso apoyan el proyecto del año pasado– constituye un signo de clara deshonestidad.

No hay una sola línea de repudio al acto del violador en este comunicado, que es el verdadero y auténtico causante del drama que esta niña estuvo recorriendo. Pero esta omisión está calculada: hablar del violador enfurece al potencial lector que, naturalmente, es movido a pensar en las víctimas (la niña embarazada y su hijo), descargando su ira en el agresor.

Por último, la defensa de la vida de los inocentes no es un “supuesto imperativo moral” –como odiosamente la retrata el documento de los abogados de San Isidro–, es una exigencia evidente y contundente del carácter sagrado y único de la vida. Es evidente que quienes no tienen problema en matar no valoran ni pueden valorar lo bello que es vivir.

 

[1] http://www.casi.com.ar/content/otro-peligroso-antecedente-una-burla-la-ley

[2] https://jcmonedero.com/mitos-y-verdades-en-torno-al-debate-del-aborto-la-resolucion-inexistente/

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Teísmo, Deísmo y Ateísmo. ¿La ciencia es contraria a la fe?

El punto en cuestión es la existencia de Dios.

El teísta responde que sí, el ateo responde que no.

El deísta responde afirmativamente pero ese Dios al que reconoce no es “Alguien” sino “Algo”. Una fuerza, impersonal, un impulso, una energía, que ha generado todas las cosas.

Y por otro lado, está la ciencia.

Y la fe.

Las contradicciones nunca son entre “ciencia y fe” sino entre los científicos y los creyentes. Entre algunos científicos, debo decir. Pues hay científicos que no sólo no vieron contradicción ni incompatibilidad entre la ciencia y la existencia de Dios –una verdad capital de la fe– sino que, más aún, esa aceptación de la divinidad los impulsaba a investigar más y más. Antonio Fernández-Rañada, catedrático de la facultad de Física de la Universidad Complutense de Madrid y físico, sostiene: “Para una parte de la opinión pública y del mundo intelectual la Ciencia se opone necesariamente a la fe en Dios y los científicos son todos necesariamente ateos. Pero hay quien lo ve de otra manera, asegurando que la Ciencia puede acercar al hombre a Dios pues le permite comprender mejor su obra, del mismo modo que quienes tienen educación musical aprecian mejor un cuarteto de Beethoven”.

Max Planck, padre de la Teoría Cuántica y Premio Nobel de Física en 1918, sostuvo: “a partir de lo que la Ciencia nos enseña, en la naturaleza hay un orden independiente de la existencia del hombre, un fin al que la naturaleza y el hombre están subordinados. Tanto la religión como la Ciencia requieren la fe en Dios. Para los creyentes, Dios está al principio y para los científicos al final… Entre Dios y la Ciencia no encontramos jamás una contradicción”.

Por otra parte, la dificultad principal para el ateo –quien afirma que Dios no existe– es precisamente que, al afirmarlo, está diciendo que SABE que Dios no existe. ¿Cómo puede saberlo? Es mucho más lógico sostener que ignora su existencia.

El deísta no está en mejor posición porque –si bien admite la divinidad– incurre en una contradicción con el principio de causalidad. En efecto, en la visión deísta, el universo es producido por algo. Sin embargo, dentro de este universo, hay personas. Nosotros. Hay alguien, no solamente existen “cosas”. No sólo hay objetos, hay personas. Hay un yo–tú. ¿Cómo podría un proceso impersonal generar seres personales?

El teísta, finalmente, al inferir la existencia de una Mente Inteligente a partir de la inteligencia que observa en la realidad –la naturaleza, en efecto, está inteligentemente diseñada–, infiere asimismo que esta Mente es una Persona. Y resuelve el dilema del deísta: porque no es contradictorio que un ser personal genere seres personales.

Las certezas racionales del teísta son perfectamente congruentes con las verdades de la fe, la cual –rectamente entendida– no humilla la razón del hombre ni compromete en nada la actividad de la inteligencia, que (en esencia) sigue siendo la contemplación desinteresada de la verdad de las cosas, la admiración por el ser, el deleite por saborear la racionalidad ínsita en el universo. Antes bien, la fe –que llega a la persona por el oído– purifica y eleva la razón natural del hombre.

 

Artículos y/o videos relacionados:
  • La fe católica, el ateísmo y la teoría del Big Bang
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·        La teoría evolucionista y la creación del hombre – Análisis del conocido fragmento 29 de la encíclica Humani Generis de Pío XII
https://apologetica-argentina.blogspot.com/2016/05/la-teoria-evolucionista-y-la-creacion.html
  • Ciencia, Filosofía y Fe

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El debate ideológico y político, un tablero de Ajedrez. Verdad y Poder

Los debates y controversias ideológicas nunca son ideológicas. Quienes nos aproximamos a la filosofía, quienes nos animamos a filosofar, sabemos de la mano de Santo Tomás de Aquino que la razón nunca actúa sola, que los sentidos, las pasiones, los impulsos e inclusos los instintos no son autónomos, y que todo en el hombre es “humano”. Esto quiere decir, ni más ni menos, que el mismo aprendizaje -que tiene su centro en la inteligencia, que es inmaterial- es un suceso emocional. Aprendemos más fácilmente cuando tenemos la disposición emocional de aprender (todos recordamos a esas señoritas encantadoras de la Primaria que nos hacían sentir como coches de Fórmula Uno). Los debates y controversias también participan de este carácter humano: no son dos fríos intelectos los que discuten ni son dos puras animalidades las que entran en pugna. Son dos hombres, con su inteligencia, su razón pero también sus emociones, sus pasiones y hasta sus miedos.

Como en el Ajedrez.

En el juego-ciencia, la práctica, la habilidad, la inteligencia aplicada, el manejo de las estrategias es determinante. Pero no es lo único. Porque uno juega al Ajedrez y ahí refleja quién es; primero por el Ajedrez mismo, pero también porque en todos los juegos de alguna manera nos revelamos. En los juegos nos mostramos como somos, y es quizás el Ajedrez uno de los que nos permita entender mejor la compleja realidad social y política en nuestro país. Porque la Argentina está atravesada por varios discursos, por complejas ideologías y por robustas doctrinas. Todas ellas tienen un elemento teórico, sincero o no, realista o no, pero al ser encarnadas por personas de carne y hueso, cada uno de ellos le imprime a estas ideas la marca especial de su propia individualidad. Al igual que cuando movemos los peones. De la misma manera que cuando adelantamos un alfil blanco para amenazar el campo de las negras. ¡Cuántas veces, envalentonados por una buena jugada, nos confiamos, nos desbocamos en el ataque y terminamos perdiendo una buena posición o fichas clave! Como dice mi santa madre, menos es más.

También pasa lo mismo en la política y en las controversias ideológicas. No son robots los que discuten, los que tejen alianzas partidarias, los que se asocian para lograr sus propios fines. Son personas, somos personas que al tomar una decisión involucramos elementos tanto conscientes como ocultos. Como dice Jürgen Klaric, especialista mundial en ventas, la acción de vender debe apuntar a cubrir -para ser eficaz- “la necesidad antropológica inconsciente” de una persona. ¿Y no es verdad que nosotros “compramos” una idea, una ideología, un discurso?

Hasta aquí, creo que todos podemos estar de acuerdo en el 100% de lo anterior. Pero trascendamos el plano psicológico. Porque la salud de la persona no se define por la alineación de sus actos con sus ideas, lo cual es condición necesaria pero no suficiente. Porque esas ideas deben estar alineadas con la verdad de las cosas, con la veritas rerum, como dice la tradición filosófica realista. Porque digamos algo con todas las letras, aunque pueda sonar antipático para los oídos píos de cierta gente. Antonio Machado podrá ser muy eufónico con su “Caminante, no hay camino”, podemos sentirnos gigantes escuchando a Serrat interpretando estos versos, pero estos versos no nos inspiran a ser mejores. Si se sabe ver, nos transmiten desesperación, indiferencia doctrinal; nos transmiten un espíritu resabiado de relativismo, con dosis calculadas de escepticismo. Porque si no hay un camino mejor que otro, un camino preferible a otro, un camino objetivamente bueno, no hay verdad. Y estaríamos en el Reino de la Opinión donde las ideas y posiciones no valen en función de su correspondencia con la realidad sino en virtud del poder que me den. Pero eso, ¿no establece el despotismo más abyecto? Amparados en el puro ejercicio poder, sin norte ni brújulas éticas objetivas, ¿qué lugar queda para la Justicia?

¿Dónde está más protegido el débil? ¿En la Ciudadela de la Verdad y la Justicia absolutas (así, con mayúscula) o en el Reinado de la Mayoría, donde predomina la Sacrosanta Cantidad?

Una posición cómoda para los libros pero impracticable en la realidad: ¿o acaso aceptaríamos que nuestro jefe no nos pague nuestro sueldo? Si nuestro empleador se negase a hacerlo, seguramente le diríamos que debe abonar los honorarios de nuestro trabajo “porque es lo que corresponde”. Ahora bien, lo que corresponde es lo justo. ¿Y si nuestro jefe nos escupe en la cara la perversa filosofía de Machado, según la cual no hay justicia verdadera sino puntos de vista? ¿Qué le impide decirnos “Lo que corresponde está sujeto a cambios y pautas culturales, válidas para ciertas épocas y ciertos lugares de la humanidad, y casualmente mi empresa no es uno de ellos”? ¿Por qué debería pagarnos si la verdad no existe, si la justicia es una convención, si no hay “un camino” éticamente bueno?

El debate sobre el aborto, impulsado por el oficialismo a principios del año pasado, es el escenario más descarnado de este Relativismo. El débil es el niño por nacer, el máximamente desprotegido, ni gritar puede. Los números deciden si es legal o no descuartizarlo: las cantidades. Las cifras. Diputados y senadores falibles por separado que, por arte de magia, se vuelven infalibles en conjunto, como agudamente señaló esa gran cabeza que fue Juan Donoso Cortés. Y los políticos, del otro lado, contando cuántos porotos les reditúa presentarse de tal o cual manera. Cristina Fernández de Kirchner “descubriendo” que estaba a favor del aborto; Juan Manuel Urtubey apostando al progresismo luego de varios años de administración conservadora; Sergio Massa tejiendo alianzas políticas donde las ideas, los conceptos, los principios se subordinan a la acumulación de capital político. Mauricio Macri habilitando -al mejor estilo Poncio Pilatos- debatir sobre si el bebé en el vientre materno puede ser asesinado (o no), luego de haber sostenido -durante el Congreso Eucarístico Nacional, en Tucumán, junio 2016- las siguientes palabras: “Defiendo la vida desde la concepción hasta la muerte”.

La Verdad, la Justicia y el Poder parecen ir por caminos distintos. La pregunta es qué camino va a tomar usted, lector. ¿Se va a convertir en parte de la solución o en cómplice del problema?

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