Cristina Kirchner ya es “Alberto” pero Mauricio sigue siendo “Macri”
Análisis político y el dilema de la ola celeste
Empecemos por lo importante.
Alberto es Aborto.
Pero al menos te lo dice.
Macri celebra un Congreso Eucarístico, se viste de niño de Primera Comunión, y luego te la clava por la espalda. Porque “promueve el debate” pero Alberto Fernández está “decidido” a legalizarlo. La Conferencia Episcopal Argentina aún no ha pronunciado palabra.
El triunfo de F-F parece el resultado de la combinación de la crisis económica y de las alianzas entre Cristina, Alberto Fernández, Sergio Massa, Pino Solanas y Victoria Donda, entre otros. Al poner a sus principales críticos al lado, mejor cerca que enfrente, Cristina restó fundamento a los temerosos del kirchnerismo puro y duro, capitalizando a los votantes de esos frentes. La recesión, la inflación, la suba del dólar y el cierre de pymes hicieron el resto. Al Presidente se lo llama por su apellido y el retador tiene nombre de pila: Alberto.
De manera semejante a Perón –que en el 46 ganó con los diarios en contra y en el 55 fue derrocado con los diarios a favor–, CAMBIEMOS es vencido mientras medios oficialistas o por lo menos anti-K copan el 75% de la audiencia nacional. El kirchnerismo roza el 50% de los votos positivos (no del padrón) con un monopolio potente pero que representa el 20% de esta audiencia. No tenían tan buenas cartas pero las jugaron mejor.
Los últimos dos meses, el kirchnerismo golpeó una y otra vez sobre la economía, siguiendo el principio táctico de martillar al adversario por su flanco más débil. Y acudieron a la virtud cristiana de la templanza: metieron a la posesa de Bonafini en el loquero, la amordazaron, taparon la boca a La Camorra y superaron todas las pretéritas contradicciones (Alberto vs. Cristina, Cristina vs. Massa, Massa vs. Kicillof, Pino Solanas vs. Cristina, Donda vs. Cristina) diciendo “es tan grave lo que está haciendo Macri, que hasta nosotros nos unimos”. Trabajaron en las redes sociales con una disciplina militar, con una voracidad política digna de mejor causa.
Alberto 47, Macri 32. Sumados son 79. Si a este 79 le sumamos los 8 puntos de Lavagna y los 4 de Del Caño, tenemos 91 %. Esto significa que 9 de cada 10 votos positivos (otra vez: no 9 del padrón) apostaron por agendas progresistas; o sea –lo sepan o no– anticristianas y antiargentinas. Si los votaron a causa o a pesar de la agenda, es otro tema.
El 25% del padrón no se presentó a las elecciones. No es un número despreciable aunque los analistas políticos eviten cuidadosamente hablar de él (no quieren darle aire a quienes están hartos de este sistema político). Tampoco se hacen cargo del descrédito de la democracia, y entonces ignoran el dato de que casi 8 millones y medio de personas se ausentaron. A estos 8 millones –descontando a quienes no votaron porque están fuera del país, muchos ancianos, dementes e inhabilitados– el sistema no le merece credibilidad. Sigue siendo verdadera aquella frase según la cual “el poder que ellos tienen es el poder que nosotros le damos”.
Alberto Fernández arrasó en Santiago del Estero con el 75% y ganó por una gran mayoría en Formosa, con casi el 66%. CAMBIEMOS sólo ganó en Córdoba con el 48% y en Capital Federal con casi el 45%.
8 de cada 10 votos positivos votaron ya a CAMBIEMOS, ya kirchnerismo con sacarina: esto es, partidos políticos encabezados por multiprocesados. El 80% de los votos positivos sigue atrapado en esta ecuación binaria, que restringe el pensamiento a dos formas distorsionadas de ver la realidad.
El gobierno recién ahora abre los ojos pero lo cierto es que tuvo la realidad todo el tiempo en la nariz y no quiso, no pudo o no supo. Al igual que un militante verde frente a una ecografía, la cerrazón gubernamental sólo será erosionada por el dolor.
¿Y los provida? Las marchas celestes llegaban al número de millones en las csalles. Aún descontando a los menores de 16, es un hecho que muchos no votaron a los dos partidos celestes: Centurión y Biondini. La constatación de que la causa provida es más fuerte y más dinamizadora de la sociedad fuera que dentro de las urnas debería decirnos algo. La democracia nos volvió raquíticos. Adelgazó nuestro capital numérico y suele algodonizar, quieras que no, nuestro discurso. Si es verdad que somos más poderosos fuera de las urnas que dentro de ellas, ¿por qué no sentar las bases de un movimiento político provida?
En el medio de un engañoso triunfalismo K y del catastrofismo amarillo, no olvidemos las palabras de Rudyard Kipling: «Al éxito y al fracaso, esos dos impostores, trátalos siempre con la misma indiferencia». Y tengamos presente la sentencia de Charles Maurras: en política, la desesperación es una estupidez.
Más información sobre el caso R. Lastra: nadie se hace cargo de haber iniciado el aborto
Hoy, pesa sobre el doctor Rodríguez Lastra una sentencia de condena en primera instancia mientras que sobre los responsables de iniciar el aborto no existe ningún proceso en curso.
Se trata de la psicóloga Cufré y la médica Mirenski, del Hospital de Fernández Oro (Cipolletti), las dos profesionales que niegan su responsabilidad en la derivación de la mujer embarazada de 5 meses a una agrupación clandestina. Antes bien, Cufré y Mirenski se echan la culpa mutuamente.
La historia restante es conocida: la joven (una chica con escasa formación educativa) tomó los fármacos que le dieron los integrantes de “La Revuelta”, quienes pusieron en peligro su vida. Luego, volvió al Fernández Oro para ser atendida de urgencia. Sin embargo, se la derivó nuevamente pero esta vez al hospital de Cipolletti, donde fue salvada por el doctor Leandro Rodríguez Lastra.
Por eso, el viernes 24 de mayo, a las 9.30 hs, un grupo de vecinos de Cipolletti, presentaron una denuncia penal ante el Ministerio Publico Fiscal de la Provincia de Río Negro, en la misma ciudad. Se solicitó investigar a Cufré y a Mirenski, quienes -como surgió de las declaraciones en el reciente juicio contra el Dr. Leandro Rodríguez Lastra- derivaron a una mujer con un embarazo de 5 meses de gestación a un centro clandestino de abortos (“La Revuelta”). De esta información dieron fe integrantes de “Unidad Provida Cipolletti” a quien firma este artículo.
Atentos a la gravedad de las testimoniales que surgieron, y no teniendo conocimiento que se haya tomado alguna medida al respecto, se solicitó la urgente intervención.
Difundí esta noticia para que se sepa de estas injusticias, y manifestá tu repudio para con las profesionales que traicionaron su juramento hipocrático, así como también para con la legisladora Marta Milesi que impulsó este indigno juicio contra el doctor Leandro Rodríguez Lastra.
Juan Carlos Monedero (h)
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Adquirí el primer libro del Lic. Juan Carlos Monedero: “LENGUAJE, IDEOLOGÍA Y PODER”, tomo I, con prólogos del R. P. Alfredo Sáenz y el Dr. Antonio Caponnetto. Ilustraciones: José Antonio Van Tooren.
“¡Por la vida de las pibas… Pero este año no, el año que viene”
Si su vida está en peligro, se supone que está en peligro ahora. Ya. Y que no se puede dar del lujo de esperar al año que viene, ¿no es así?
125 diputados y 38 senadores dijeron NO a la legalización el año pasado. Pero hubo 129 diputados y 31 senadores que dijeron SÍ. Y este 28 de mayo se presentó por octava vez el proyecto para la legalización. Sin embargo, este año la mayor parte de los que fueron derrotados en su pretensión de legalizarlo no quieren discutirlo. Ni oficialistas ni oposición. “La discusión se hará en el 2020”, se lee en las noticias.
Saquemos las conclusiones de esta jugarreta.
No quieren discutirlo porque pierden electoralmente.
Porque no les conviene a sus carreras políticas.
Porque evidentemente no existe un peligro real para la vida de las mujeres que abortan. De inmediato, surge la pregunta: ¿Se creen sus propias palabras? ¿Creen en los propios argumentos que vienen pronunciando?
No se discute este año porque la muerte de mujeres que abortan no es en efecto una emergencia social impostergable, dado que se posterga hasta el 2020.
Si yo fuese abortista (Dios me lo perdone) y creyese en ese discurso, estaría protestando y gritando para que el tema se debata cuanto antes… si es que realmente -como repitieron hasta la náusea- la vida de las mujeres que abortan están en peligro. ¿O no?
Quienes ayer presentaron el proyecto de ley tampoco están objetando públicamente a todos aquellos que no acompañaron el proyecto. ¿Dónde quedaron la vida de “las pibas que abortan”? ¿Pueden esperar esas vidas? ¿Mintieron antes o mintieron ahora? La población argentina tiene que ser conciente de la enorme manipulación de la que es objeto. Verdes por acomodo que este año no quieren discutirlo, porque no les conviene; verdes por ideología, odio y resentimiento, que este año consienten en no discutirlo para no dañar la imagen de sus futuros aliados políticos (a quienes no respetan pero usarán), que son a quienes en definitiva deberán visitar en el 2020 para intercambiar ayudas y favores mutuos. Unos y otros, por conveniencia política o ideológica, son convergentes en no discutirlo en el 2019. Aunque luego sostengan, con la cara dura como una piedra, que debe legalizarse “urgentemente” el aborto para salvar “la vida de las pibas”.
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Argumentos para defender al doctor Rodríguez Lastra, perseguido por las pandillas promuerte
Los hechos y el objetivo del caso: escarmentar la defensa de la vida
La vida del médico ginecólogo Leandro Rodríguez Lastra cambió inesperadamente cuando –en el mes de abril de 2017, en la ciudad de Cipolletti, Río Negro– recibió a una joven embarazada de 5 meses que se había intentado practicar un aborto usando un fármaco que le había dado clandestinamente una persona perteneciente a una agrupación verde. Llegó al hospital con riesgo de morir, como relató el Dr. Rodríguez Lastra en una entrevista reciente que le hizo Eduardo Feinmann[1]. La joven peticiona el aborto, y la junta directiva del hospital decide que lo mejor para ella y para su bebé es continuar el embarazo. Hoy, tanto la mujer como el niño están sanos pero el Dr. Rodríguez Lastra será llevado a juicio oral a partir del 13 de mayo.
Ni la chica ni su familia sino la legisladora Marta Milesi impulsa la demanda contra Rodríguez Lastra, acusado de “incumplimiento de los deberes del funcionario público”, como si matar a un inocente pudiese ser un deber. “Lo volvería a hacer… sobre mí no pesa la muerte de ningún chico” fueron las palabras de este hombre en la entrevista.
Se trata de un caso que se pone en la palestra pública procurando seguramente escarmentar a todo aquel médico que quiera cumplir su juramento hipocrático. Están en juego muchas cosas, y tanto los medios como los activistas políticos necesitan de un castigo ejemplarizador. Necesitan condicionar a la gente, al mejor estilo Pavlov, para que a nadie se le ocurra salvar vidas. Meter miedo a uno para que todos los demás se vean aterrorizados: por eso cabe decir que vivimos tiempos de terrorismo.
Declaraciones de la Academia Nacional de Medicina
La Academia Nacional de Medicina ha repetido en numerosas ocasiones su posición contraria al crimen del aborto. Lo dijo ya en 1994, lo ratificó en el 2010 y el año pasado, ni bien comenzó el absurdo y criminal debate sobre si podemos matar a un inocente –y cómo lo haríamos–, sostuvo categóricamente que “destruir a un embrión humano significa impedir el nacimiento de un ser humano”[2]. Entre otras declaraciones, también cabe mencionar aquella sobre las prácticas que “deshumanizan” en Medicina, donde entre otras incluyó el aborto provocado[3].
La acusación contra Rodríguez Lastra
Pero el cuadro es aún más espinoso. Según informaron los medios, “Con su accionar, el médico habría incumplido con lo normado por la Ley Provincial 4796 y el decreto provincial 182/2016, entre otras normativas que regulan el derecho de las víctimas de abusos sexuales que resultaran embarazadas producto de la violación a acceder a la interrupción legal de su embarazo…” fueron las palabras de los fiscales Santiago Márquez Gauna, Rita Lucía y Anabella Camporessi ante el juez Julio Sueldo, según informó un medio de la propia ciudad de Cipolletti[4]. En efecto, la ley 4796 de la provincia de Río Negro sostiene en su art. 3:
Pero ¿y si la resolución no existiera? A veces, los mitos cobran la fuerza de las verdades de puño. Son muchos los que creen –tanto celestes como verdes– en la existencia de una resolución, emanada por el Ministerio de Salud de la Nación en el 2010, que daría vía libre a la práctica del aborto no punible en los hospitales. Se cree que Juan Luis Manzur activó en julio de ese año la Guía Técnica para la Atención Integral de los Abortos no punibles, cuando ejercía el cargo de Ministro de Salud, designado por el kirchnerismo. Es cierto que se realizaron todos los pasos administrativos previos a la creación de la resolución pero también lo es que la guía técnica para matar (colgada en internet) no tiene resolución ministerial. Esto significa que la resolución 1184/2010 del Ministerio de Saludno existe. No está y nunca estuvo en el boletín oficial.
Esto ya había sido dicho por el propio Manzur el 21 de julio del 2010, 24 horas después de que el protocolo para matar inocentes fuese colgado en la página de la cartera del Ministerio de Salud. La portada del sitio, informó Página/12, rezaba: “Los procedimientos previstos por esta Guía son de aplicación establecida por Resolución Ministerial N° 1184 del 12 de julio de 2010”. Pero desde el Ministerio se sostuvo públicamente que tal resolución no había sido firmada, que sólo se había “actualizado” una guía ya existente. Por lo tanto, la guía sigue vigente y la resolución no ha sido ni fue nunca firmada.
El 31 de julio de ese mismo año, Página/12 visibilizó otro reclamo de las verdes, que exigían la firma de la resolución por parte del ministro a fin de obtener el respaldo definitivo:
Sin embargo, Manzur fue denunciado penalmente bajo la acusación de “apología del delito, incumplimiento de los deberes de funcionario público e instigación a cometer delitos”[5], dado que el protocolo instiga a que los profesionales de la salud cometan delitos.
Hasta tal punto subsiste el equívoco (algunos creen que deliberado[6]) en gran parte de la opinión pública –tanto celeste como verde– que la misma ley 4796 de la provincia de Río Negro adhiere a esta guía alegando en su art. 3 la vigencia de una resolución que nunca se firmó, como vimos al comienzo. Ahora bien, la ciudad de Cipolletti está en Río Negro. ¿Se puede creer que es la misma provincia donde el médico Leandro Rodríguez Lastra está siendo procesado por no haber ejecutado a un bebé mediante un aborto?
Rodríguez Lastra será llevado a juicio oral en una semana… por no haber realizado una práctica que el sentido común reprueba como asesinato, que la Academia Nacional de Medicina condena como anti médica, que la ley Argentina castiga como delito, en el marco de una situación que no provocó él sino la propia mujer, cuando intentó abortar… ¡Acusado de violentar una ley provincial cuyo art. 3 invoca una resolución que jamás fue firmada!
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Lavado de cerebro en IPC (Introducción al Pensamiento Científico, U.B.A.)
IPC es la sigla de “Introducción al Pensamiento Científico”, parte del Ciclo Básico Común (CBC), extendido a todas las carreras ofrecidas por la Universidad de Buenos Aires, en el marco del programa UBA XXI.
No es ninguna novedad que la UBA está en manos non sanctas, pero en esta ocasión –y gracias a que un alumno despierto y sagaz, que está soportando estos contenidos, se tomó la molestia e invirtió su tiempo– podemos detallar con precisión cómo –en el espacio titulado IPC y bajo la responsabilidad de las autoridades de la Universidad de Buenos Aires– se va deformando la mente de los jóvenes que se acercan a esta alta casa de Estudios. Así pueden matar sin dejar rastros, porque siempre pueden invocar que se trata de meros ejemplos didácticos.
Los manuales están bien pensados, la mayoría de las cosas no son malas: “La práctica argumentativa es un elemento central de la práctica científica” dice el archivo 2 de IPC. Estamos de acuerdo. Y más abajo, escribe con toda razón: “Ser crítico respecto de los otros –pero también de nosotros mismos– nos puede conducir a revisar nuestras creencias: es altamente factible que nos encontremos con que nuestra posición es insostenible a la luz de nueva información o de mejores razones”. Ahora bien, ¿serán capaces los autores de revisarse a sí mismos o pretenderán dejar la gloria de esta hermosa tarea sólo a los demás? Ya lo veremos. Mientras tanto, estimado lector, le comento que la refutación a los errores, distorsiones e imprecisiones que se irán comentando están ubicadas al final de este artículo. Primero veremos cómo se meten en la mente de los chicos.
Página 5 del módulo 3:
La UBA pretende ilustrarnos sobre la historia y así, como si nada, se desliza que los cristianos mataron brutalmente a una mujer a causa de que ella enseñaba ciencia y filosofía pagana. La ecuación cierra perfectamente: los cristianos odian la ciencia, odian la razón, odian el conocimiento y la filosofía… y encima, ¡son “femicidas”!
En la página 6 del mismo módulo, se desliza otro ejemplo completamente inocente:
El módulo 4 contiene algunas sorpresas sobre el tema del aborto. Página 3:
Al final del artículo, como dijimos arriba, explicamos por qué esto es incorrecto. Pero nótese, como nos advirtió el alumno que destapó esta manipulación, como meten siempre el tema del aborto para ejemplificar de modo de que estas expresiones se vayan naturalizando, volviéndose comunes, habituales, acostumbradas. Lo que no pudieron lograr en el Congreso y en los medios de comunicación lo quieren hacer en la cabeza de los chicos. Como si fuera poco, en la página 5 del mismo módulo podemos leer:
En la página 7 del módulo 5, los autores del IPC introducen con hipocresía otro ejemplo:
En efecto, los abortistas ya se dieron cuenta de que la mortalidad materna en la Argentina viene bajando hace años. Pero el aborto no está legalizado, ni siquiera despenalizado. Y entonces, tienen que volver a revalidar el argumento desde lo puramente formal y deductivo (dado que la realidad les es francamente contraria). ¿Y dónde van a experimentar con esas armas de destrucción masiva? En la cabeza de los jóvenes.
En la página 11 del módulo 6, ilustran “casualmente” un argumento débil… Y adivine qué: la conclusión sostenida en el argumento débil ¡es una conclusión provida! Miren:
En fin, esto es lo que nosotros estamos pagando con nuestros impuestos. Pagaríamos contentos y felices si los docentes fuesen hombres del talento de Sócrates, Platón, Aristóteles, San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Blas Pascal, Etienne Gilson, Josef Pieper, el Padre Leonardo Castellani o el Padre Julio Meinvielle. También pagaríamos gustoso esos tributos si los profesores fuesen talentosos discípulos de esos colosos del pensamiento, docentes a quien no mencionaré porque –dado que están vivos– podría ultrajar en su modestia. Pero sin dudas, tributar para que estos SOFISTAS le laven el cerebro a nuestra juventud es una indignidad que clama al cielo.
REFUTACIONES
Caso 1. Sobre Hipatia de Alejandría
Según los registros, Hipatia de Alejandría fue asesinada hacia el año 415-416 d. C. Se sabe que murió en Alejandría y los historiadores mantienen la opinión, en común, de que fue asesinada por los cristianos. El tema es por qué: ¿por qué motivo tomaron la vida de Hipatia? ¿Fue, realmente, porque ella enseñaba ciencia y filosofía pagana? ¿La misma ciencia y filosofía que San Agustín (354-430), contemporáneo a Hipatia, alababa en Platón? ¿Y por qué no tomaron la vida de San Agustín?
Si el cristianismo fuese incapaz de ver elementos positivos en la ciencia y filosofía pagana, ¿cómo Santo Tomás de Aquino –ya en el siglo XIII– bautizó el pensamiento de Aristóteles?
Lo cierto es que Hipatia contaba con cristianos entre sus alumnos, como dice acertadamente el historiador Antonio Caponnetto[1], de quien tomamos todos los datos que a continuación exhibimos. Entre estos alumnos, se contaba el obispo Sinesio de Irene, el sacerdote Teotecno y los prestigiosos Olimpio, Herculiano e Isión. El precitado historiador también nos informa que Hipatia mantenía buenas relaciones con el curial Amonio y el Patriarca Teófilo. También están acreditados los nombres de otros cristianos, contemporáneos con los sucesos, que defendieron a Hipatia: Timoteo, en su Historia Eclesiástica, y Sócrates Escolástico, en su Historia Eclesiástica (VII, 15), datos traídos por José María Martínez Blázquez, de su libro “Sinesio de Cirene, intelectual”.
San Cirilo de Alejandría suele ser acusado como autor intelectual del crimen pero Bryan J. Whittield sostiene que el origen de esta mentira está en Damascio, último escolarca de la Academia de Atenas. Lo ha escrito en su libro “The Beauty of Reasoning: A Reexamination of Hypatia of Alexandra” (La Belleza del Razonamiento: un reexamen de Hipatia de Alejandría). Habría sido Damascio quien le atribuyó a Cirilo la muerte de Hipatia. Y de ahí la toma acríticamente la Universidad de Buenos Aires (ellos recomiendan que nosotros seamos críticos con lo que pensamos pero ellos son dogmáticos con lo propio, claro está).
Contra Damascio y su acusación a San Cirilo, hay elementos. Está el juicio de Filostorgio, arriano. Está también Juan de Éfeso, el sirio. Se oponen los jansenistas Le Nain de Tillemont y Claude Pierre Goujet. Tampoco está de acuerdo Christopher Haas, quien escribió Alexandria in Late Antiquity: Topography and Social Conflict (2006). Thomas Lewis discrepa también con Damascio; en 1721, Lewis impugnó el cargo, en defensa de San Cirilo. Tampoco coincide Miguel Ángel García Olmo.
El mismo Gonzalo Fernández, quien escribió en 1985 La muerte de Hypatia, a pesar de calificar de “tiránico” al ministerio de San Cirilo, afirma que “ninguna de las fuentes sobre el linchamiento de Hipatia alude a la presencia de parabolani entre sus asesinos”. Los parabolani eran miembros de una hermandad de monjes que respondía de manera incondicional a San Cirilo. San Cirilo, por su parte, en su homilía pascual del año 419, reprobó el asesinato de Hipatia. Esos populachos también dieron muerte a dos obispos cristianos, Jorge y Proterio, en el año 361 y 457 respectivamente.
Pero hay otra hipótesis: una noche, pocos días antes del asesinato de Hipatia, los judíos habían asesinado a un buen número de cristianos. Como respuesta a esta masacre, el obispo Cirilo expulsó a la población hebrea de la ciudad. La economía local se resintió, y surgió una enemistad entre el gobernador y el obispo. Según algunos historiadores, unos cristianos de Alejandría atribuían a Hipatia una influencia anticristiana sobre el gobernador y por eso tomaron su vida. Fue asesinada por cristianos, pero no porque ella enseñase ciencia y filosofía pagana. Los autores de IPC no pueden ignorar que están conectando hechos en virtud de coincidencias, pero las coincidencias no prueban una causalidad. Sócrates fue sentenciado a muerte por los griegos, a Julio César lo mataron los propios romanos. Juana de Arco fue ultimada por los franceses, Tomás Moro por los ingleses. Los mismos cristianos, antes y después de Hipatia, fueron asesinados en grandes cantidades. La UBA lo que hace es tomar y enseñar como “historia” el prejuicio cientificista: Hipatia sería la “prueba” de que los cristianos estamos contra la ciencia y contra la filosofía.
Caso 2. El aborto en el Código Penal Argentino
Las palabras deben ser usadas con precisión. El Código Penal no “permite” el aborto en tal o cual caso. Al igual que otros hechos antijurídicos –antijurídicos, no derechos–, nuestro Código Penal simplemente estipula en qué casos dicho comportamiento no será punible.
“Punible” quiere decir “pasible de ser penado”. Lo cierto es que el Código Penal estipula –en su art. 34– distintos casos de no punibilidad. Así, por ejemplo, quien realizase un robo bajo amenaza de ser asesinado, obra violentado por “amenazas de sufrir un mal grave e inminente”, y tal acción no es punible. Tampoco son punibles el robo, el asesinato o la estafa realizada por menores de 18 años. Tampoco es punible el robo entre personas que viven en una misma casa.
La confusión entre “permitir” y “no perseguir una acción antijurídica” es simplemente inaceptable desde el punto de vista intelectual y abre la puerta a dos conclusiones: estos señores de la Universidad de Buenos Aires son deshonestos o no son idóneos. En ambos casos, que renuncien.
Caso 3. Sobre mortandad materna y aborto
Las declaraciones emanadas por el Plenario Académico de la Academia Nacional de Medicina, Sesión Privada, 28 de julio de 1994, revelan el carácter altamente cuestionable del argumento según el cual “la despenalización del aborto reducirá la muerte materna”. Dice la Academia: “También se utiliza para promover el aborto legalizado, la mayor morbimortalidad materna del aborto clandestino. Se debe puntualizar que, si bien la morbimortalidad materna es mayor en estos últimos, no es exclusivo de ellos, pues el daño también es inherente al procedimiento mismo por la interrupción intempestiva y artificial del embarazo”[2].
El argumento, por tanto, también es vulnerable desde el punto de vista de la conexión entre medios y fin. En efecto, el fin no justifica los medios. No puede ser deseable legalizar el asesinato de una persona, y eso con independencia de las consecuencias de ese acto.
Por último, quienes invocan este argumento persiguen la legitimación social del aborto y no el bienestar de las mujeres: son muchísimas más las que mueren como consecuencia de la desnutrición, por ejemplo, que en la Argentina se cobra la vida de una mujer cada 10 horas[3]. Esas no les importan, claro, porque no mueren matando a sus hijos en el “altar” de la autonomía del cuerpo de la mujer.
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Soy provida y te cuento tres falacias habituales sobre el aborto
El diario Clarín del día de ayer contaba de la preocupación, materializada en el Congreso de la Lengua, en Córdoba, de uno de los alfiles culturales que milita por el aborto. Nos referimos a Soledad Gallego Díaz, quien –según interpretación del periodista Ezequiel Viéitez– habría conjeturado en voz alta: “¿Qué se está diciendo cuando a un grupo se lo define como ‘provida’? (…) ¿Que quiénes están en la vereda de enfrente rechazan la vida?”. Y luego, citándola textualmente a Gallego-Díaz, concluye: “Hay una especie de guerra de las palabras, por eso las palabras son más importantes que nunca”.
Es muy relevante que desde un prestigioso congreso se baje esta línea, dando a entender a todos los oyentes cómo deben hablar. Se trata de la misma reunión en donde se deslizó como tema el “lenguaje inclusivo”. La conclusión emana fácilmente: cuidado con decir los provida somos “provida” (porque eso implicaría deslizar la gran verdad de que los pro-aborto desean la muerte, oh) pero no hay problema con darle a los términos chiques, todes el status suficiente como para discutirlo nada menos que en el Congreso de la Lengua.
El tema del aborto vuelve, por tanto, a recrudecer, y desde una esfera pretendidamente cultural. La confusión terminológica –efecto del llamado lenguaje inclusivo– es parte de la agenda feminista-abortista, está planificada, en sorprendente coincidencia con los manuales de lavado de cerebro soviéticos, donde se puede leer frases como: “Producir un máximo de caos en la cultura del enemigo es nuestro primer paso más importante”. Por eso, la tarea del escritor hoy en día –de aquel que no quiera ser ni un genuflexo ni un prostituto mental ante lo políticamente correcto– es afirmar la verdad y luchar contra el error, como decía Santo Tomás de Aquino en el comienzo de su Suma contra gentiles. De ahí que se vuelve perentorio rebatir las “razones” de los pañuelos verdes.
Una de las falacias más repetidas es: “en la Argentina tienen lugar 500.000 abortos por año”. Esta falacia es especialmente peligrosa por dos razones: primero, porque apela a la cantidad. Parece como si mientras más abortos tuviesen lugar, más cerca nos hallaríamos del deber de legalizarlo. Como si destruirle la cabeza a un bebé en el vientre de su madre fuese un poco más legítimo por un aborto más, uno menos. Oiga, se hicieron 50 abortos. “No, es poco”. Oiga, se hicieron 250 abortos. “Ah, bueno, vamos a considerar el tema”. Esto es lo que casi nunca se dice. Puede haber millones de aborto o uno sólo, pero siempre estamos ante un asesinato. Rebatir la cifra es importante sin embargo porque la extrema falsedad del número prueba que la mentira es arma habitual de la propaganda verde. Así, el año pasado, quedó en evidencia el Ministro de Salud de CAMBIEMOS –Adolfo Rubinstein– quien expresó tres cifras distintas, y muy dispares, respecto de la cantidad de abortos en la Argentina. Ya decía Bernard Nathanson que los impulsores de estas sangrientas políticas inflaban los números como técnica de manipulación de la opinión pública.
El recurso tramposo a la violación constituye la falacia Nº 2.“Niñas, no madres” dicen los pañuelos verdes luego de haber estimulado la precocidad sexual en la infancia a través de sus programitas de “Educación Sexual”. ¿Raro, no? Durante décadas, promovieron el libertinaje sexual. No les molesta esas nenas en distintos programas de televisión como Lolitas ni que una preadolescente esté en una descontrolada matiné con sus amigas. No, todo eso está buenísimo. Los ‘conservadores’, los ‘tradicionalistas’, los ‘nostálgicos del pasado’, los que coartan la libertad, se oponen a estas cosas. Crearon o al menos alimentaron el problema y ahora los embarazos adolescentes les explotan en la cara. Y cuando todo falla, cuando van perdiendo los debates, sacan de la galera el tema de la violación. Pero es absurdo que la persona por nacer pague por este crimen ¡cuando ni siquiera existía en el momento en que tuvo lugar! “La pornografía es la teoría, la violación es la práctica”. Y nosotros seguimos alimentando, al amparo de la Sacrosanta Libertad de Expresión –principio sostenido por los pañuelos verdes–, la industria pornográfica: caldo de cultivo de los violadores, como lo prueban numerosos estudios psicológicos. Los pañuelos verdes estimulan los tempranos intercambios sexuales de preadolescentes y luego ponen el grito en el cielo –aunque el cielo no sea lugar de su agrado– cuando tienen lugares estos embarazos. Los pañuelos verdes aplauden la Libertad de Expresión, respaldo legal de la pornografía, y luego gimotean cuando un consumidor de porno quiere llevar a la práctica lo que vio en una película. Sin contar con que invocan “un caso” de violación cuando están a favor del aborto “en todos los casos”, haya o no violación: nueva muestra de su deshonestidad. El aborto no la solución, es parte del problema: colofón de este círculo infernal, que tiene a la Infancia como rehén.
En tercer lugar, se dice que “nadie” cree en la Argentina que el aborto deba ser penalizado, y como prueba se muestra el bajo índice de prisiones efectivas al respecto. Pero todos los delitos –en todos los países– tienen un bajo índice de prisión. ¿Cuántos celulares se roban por día en la Capital Federal? Sin embargo, sólo hay prisión efectiva si 1) se atrapa a la persona; 2) se prueba que esa persona lo robó; 3) si el juez se ve persuadido de su culpabilidad; 4) si el acusado no apela a una instancia superior. Por otra parte, algunos abortos suceden sin que nos enteremos y obviamente no son siquiera denunciados. En ciertas etapas del embarazo, el aborto químico es indistinguible del aborto espontáneo. La baja tasa de condenas sobre el aborto no prueba que las personas ya nacidas no lo consideren un crimen, como tampoco prueba algo la baja tasa de condenas sobre el resto de delitos del código penal –robo, estafa, violación– que tienen condena efectiva en la Argentina en menos del 1% de los casos. El bien jurídico a proteger es la vida de la persona y el Derecho Penal protege esta vida con la persecución de esta práctica. Desproteger a uno sentaría las bases para desproteger a todos.
En su novela El hombre que fue jueves, Gilbert K. Chesterton pone en boca de uno de sus personajes la descripción del policía filósofo. Dos personajes se encuentran en un muelle y uno le revela el gran secreto que motiva todas sus acciones: “nuestra civilización está amenazada por una conspiración de orden puramente intelectual… el mundo científico y el mundo artístico conspiran, sordamente, contra la Familia y El Estado”. El protagonista, Gabriel Syme, escucha atónito a este integrante de la fuerza del orden, quien le explica su diferencia respecto del policía convencional: mientras el policía común investiga los crímenes pasados, el policía filósofo –haciendo uso de sus razonamientos e inferencias– adivina los crímenes futuros.
El conjunto de pretextos, recursos y mentiras abortistas no son simplemente “una postura”, no son “opiniones” a favor del aborto. Son el caldo de cultivo de futuros crímenes e incluso de genocidios. Tenemos el deber, y usted también estimado lector, de oponernos firmemente a este discurso, a estas políticas y a estos personajes, por el bien de la familia, de la patria, de la Argentina en pleno.
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Caso Tucumán: réplica al comunicado pro-aborto del Colegio de Abogados de San Isidro
Por Juan Carlos Monedero (h)
El documento emanado por el Colegio de Abogados de San Isidro este 1º de marzo del 2019[1] –con ocasión de la cesárea que le fuese hecha en Tucumán a una niña embarazada– está plagado de distorsiones y errores. Por ejemplo, se repudia “lo recientemente acontecido” en esa provincia, tildándolo de “burla a la ley” cuando es lisa y llanamente hablando una mentira que haya ley. No hay ley del aborto, el aborto en la Argentina no está legalizado, está penalizado (art. 85 del Código Penal). La resolución del Ministerio de Salud de la Nación que respaldaría supuestamente el protocolo ILE no existe (una artimaña cuya responsabilidad le cabe en primer lugar a Cristina Fernández de Kirchner y que, a partir de diciembre del 2015, continuó sostenida por Mauricio Macri). El protocolo no constituye más que un puro acto administrativo, carente de vigor para obligar a nada (desarrollado aquí[2]).
Es absurdo que el documento del Colegio de Abogados de San Isidro sostenga que se han vulnerado “derechos” de las mujeres: como todo abogado debería saber, puesto que el aborto está penalizado en nuestro país, no puede un comportamiento contrario al derecho ser “un derecho”. Es hipócrita, por otro lado, pretender que el acto de violación sobre la niña despoje al embrión de su carácter inviolable. ¿La injusticia del padre debe recaer en su hijo? No se quiere entender que, tan pronto una mujer queda embarazada, su cuerpo desencadena una serie de procesos fisiológicos que la Ciencia Jurídica está obligada a contemplar y a respetar. La Ciencia Jurídica no está por arriba de la realidad sino a su servicio, y los fallos judiciales –vengan de donde viniesen– no pueden hacer que lo blanco sea negro, ni lo negro blanco.
Por otro lado, los abogados de San Isidro invocan el fallo F.A.L. de la CSJN sin la necesaria crítica jurídica al respecto. Porque en F.A.L., los jueces de la Corte fallan en abstracto: en efecto, hacía dos años que el aborto en cuestión ya se había realizado. Más aún: con la misma composición de jueces, la Corte había establecido –caso Sánchez (2007)– la doble indemnización para la familia de Elvira Berta Sánchez, reconociendo no sólo la existencia de vida (y vida humana, sofistas) desde la concepción, sino afirmando que el derecho a la vida desde la concepción tenía rango constitucional. Exactamente lo contrario a F.A.L. ¿Estos son los apoyos de los abogados de San Isidro?
El discurso políticamente correcto que informa el comunicado de este Colegio de Abogados los mueve a decir que, como institución, abogan “por el cumplimiento real y efectivo de las leyes vigentes, como es el de la protección y garantía de los derechos de las personas y en particular de quienes son más vulnerables”. Poco les ha importado la vulnerabilidad de la persona humana en el vientre materno, como es evidente. Lo cierto es que no hay razón para creer en el interés por “los derechos de las mujeres” a nadie que no le interese el derecho de un bebé.
Con toda la tradición médica a cuestas, especialmente el Juramento Hipocrático, hay que decir, además, que el aborto –hábilmente denominado “interrupción”– no es un procedimiento médico, por lo que considerar “tortura” a su falta de realización no pasa de ser un artificio retórico de los firmantes del Colegio de Abogados de San Isidro, recurso impropio en quienes deberían trabajar por la vigencia de la justicia.
Por otro lado, escandalizarse ante la opinión pública porque en este caso particular de violación no se haya realizado el aborto cuando en realidad se persigue la liberación y legalización total del aborto por cualquier motivo –por eso apoyan el proyecto del año pasado– constituye un signo de clara deshonestidad.
No hay una sola línea de repudio al acto del violador en este comunicado, que es el verdadero y auténtico causante del drama que esta niña estuvo recorriendo. Pero esta omisión está calculada: hablar del violador enfurece al potencial lector que, naturalmente, es movido a pensar en las víctimas (la niña embarazada y su hijo), descargando su ira en el agresor.
Por último, la defensa de la vida de los inocentes no es un “supuesto imperativo moral” –como odiosamente la retrata el documento de los abogados de San Isidro–, es una exigencia evidente y contundente del carácter sagrado y único de la vida. Es evidente que quienes no tienen problema en matar no valoran ni pueden valorar lo bello que es vivir.
Adquirí el primer libro del Lic. Juan Carlos Monedero: “LENGUAJE, IDEOLOGÍA Y PODER”, tomo I, con prólogos del R. P. Alfredo Sáenz y el Dr. Antonio Caponnetto. Ilustraciones: José Antonio Van Tooren.
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