¿Hacia un clero “gay”? El Padre Cristian Echeverry Sánchez (Colombia) promueve el sacerdocio para homosexuales – Por Carlos Andrés Gómez Rodas

¿Hacia un clero “gay”?

El Padre Cristian Echeverry Sánchez (Colombia) promueve el sacerdocio para homosexuales

 

Por Carlos Andrés Gómez Rodas

Doctor en Filosofía

Licenciado en Filosofía y Letras

por la Universidad Pontificia Bolivariana

 

“La Iglesia, respetando profundamente a las personas

en cuestión, no puede admitir a seminario y órdenes sagradas

a aquellos que practican la homosexualidad,

tienen tendencias homosexuales profundamente arraigadas

o apoyan la llamada cultura gay””

Instrucción de la Congregación para la Educación Católica

sobre los criterios de discernimiento vocacional

con respecto a las personas con tendencias homosexuales

con vistas a su admisión en seminario y órdenes sagradas

 

Para nadie es un secreto que, desde tiempos inmemoriales, han existido personas que se sienten atraídas física y emocionalmente por individuos del mismo sexo. Esta inclinación patológica se conoce como atracción por el mismo sexo (AMS) o, en inglés, same sex attraction (SSA). Usar el término varón homosexual para alguien que experimenta esta atracción o que practica relaciones sexuales con personas de su mismo sexo ya es una derrota ideológica porque da pie a considerar las relaciones homosexuales como igualmente válidas que la conducta heterosexual; es decir, tiende a equiparar la atracción natural entre el varón y la mujer, una patología no culpable y una conducta patológica e inmoral.

Así, muchos, hoy en día, dicen ser homo o hetero como quien habla de su equipo de fútbol favorito o de su partido político. Ahora bien, el término “gay” ya implica un nivel más alto de carga ideológica y manipulación del lenguaje, pues sugiere que todos los homosexuales son felices y que el estilo de vida homosexual es algo feliz. La ideología “gay” transmite –como una especie de axioma irrefutable– que ninguna persona con atracción por el mismo sexo es infeliz o está insatisfecha con su condición. Según el profesor Livio Melina de la Universidad Lateranense, la palabra “gay” “está altamente politizada y no significa simplemente una persona de orientación homosexual, sino alguien que adopta públicamente un estilo de vida homosexual y trata que éste sea aceptado por la sociedad como completamente legítimo”[1].

Estas reflexiones son necesarias para introducir los hechos que siguen. El pasado martes 20 de abril, el Pbro. Cristian Echeverry Sánchez, reconocido sacerdote de la Arquidiócesis de Manizales (Colombia) que se desempeña como asesor de la renovación carismática católica, comunidad María Mediadora y Emaús –además de ser profesor de la Universidad Católica de Manizales y formador del Seminario Mayor de dicha ciudad– presentó ante la comunidad académica de la Universidad Pontificia Bolivariana (Medellín, Colombia) su proyecto de tesis doctoral en Teología, titulado “Razones teológicas que admiten o impiden la ordenación sacerdotal a varones homosexuales. Hacia la construcción de una nueva masculinidad en el clero”, y esto bajo la dirección del Pbro. Dr. Carlos Arboleda Mora. Sus palabras pueden oírse aquí[2].

En la descripción del problema de investigación, el P. Cristian señaló que en 1973 la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) decidió eliminar la homosexualidad del Manual de Diagnóstico de los Trastornos Mentales (DSM II). Este punto de partida omite decir que dicha eliminación tuvo lugar sin ningún fundamento científico ―básicamente, por presión del llamado lobby gay que, ya en la época, era bastante fuerte[3]― así como tampoco menciona que, hasta hoy, existen posturas adversas a esa decisión.

Al mencionado sacerdote doctorando en Teología no le bastó afirmar que la “teología queer” o “teología de género” es un lugar pastoral o locus theologicus. La expresión más polémica del P. Cristian durante su Lectio Coram –momento en que el estudiante presenta su proyecto de tesis– fue:

 

“Debe haber propuestas que ayuden al Magisterio al acceso y la reflexión sobre el acceso de los candidatos y al acompañamiento de aquellos ministros ya ordenados que se reconocen como homosexuales y, aquí, hay que dar pasos hacia la construcción de un nuevo masculino en el clero. Miren, no podemos obviar que, si estamos en un camino de reconstrucción sinodal en la Iglesia, el paradigma del clero masculino –o sea, cómo nos presentamos los clérigos ante el mundo, cómo somos vistos– sí exige una revisión. Si queremos hacer una reconciliación con el mundo laical y, sobre todo, también, con el mundo femenino. Lo que nos proponemos, en definitiva, es dar pistas en la construcción de un camino para el correcto ejercicio del ministerio que lleve a los sacerdotes a vivir plenamente su ministerio, aceptando, si es el caso, su condición homosexual. No es justo, no es cristiano, no es pastoral que un sacerdote se sienta, de alguna manera, avergonzado, si tiene su condición homosexual y si vive su sacerdocio en castidad, si vive su sacerdocio íntegramente”.

 

Palabras como estas hacen caso omiso de las enseñanzas de la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, cuyo punto de partida es que la atracción por personas del mismo sexo es intrínsecamente desordenada. Por otra parte, los actos sexuales entre personas del mismo sexo están condenados por el Catecismo de la Iglesia Católica:

 

“Los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados (CDF, decl. “Persona humana” 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso” (No. 2357).

 

Si bien en su exposición el P. Cristian mencionó la Instrucción de la Congregación para la Educación Católica sobre los criterios de discernimiento vocacional con respecto a las personas con tendencia homosexuales con vistas a su admisión en seminario y órdenes sagradas de la Congregación para la Educación Católica[4] y la Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la Atención Pastoral a las Personas Homosexuales[5] de la Congregación para la Doctrina de la Fe, no profundizó en su contenido ni en las prohibiciones explícitas que en estas aparecen.

Por el contrario, una inspiración y base teórica del Pbro. Echeverry Sánchez para este proyecto investigativo resulta ser –como él mismo lo dijo– el teólogo y confeso homosexual holandés Henri H. Nouwen. Además, el P. Cristian en la Lectio Coram dice que en su investigación él “debate” con autores como James B. Nelson, Xabier Picaza, Marciano Vidal, John J. McNeil, Juan Pablo Mantilla, Juan José Tamayo, Kevin Flaherty Duffy, Donald B. Cozzens, Geoffrey Robinson, André Manaranche, William César Castilho Pereira, Juan María Uriarte, Roberto Noriega, Stefano Guarinelli, Giovanni Cucci, Eugen Drewerman, James Martin, Krzystof Charamsa, Luis Correa Lima, James Alison, Adriano Oliva e Isidor Baumgartner, entre otros. La línea de estos autores es, esencialmente, favorable a la promoción de la llamada vida gay y, por lo tanto, a la ordenación sacerdotal de homosexuales.

Sólo aludió a tres autores de la línea contraria: Mons. Fernando Chomali, Amedeo Cencini y Alexandre Awi. Tampoco se refirió a grandes expertos en el tema de la atracción por el mismo sexo (AMS) como Joseph Nicolosi, Linda Ames Nicolosi, Aquilino Polaino, Tony Anatrella, Jokin de Irala y Richard Cohen. Esta es tan solo una evidencia más de la inclinación teórica del P. Cristian, lo cual –además de ser inadmisible académicamente porque revela un sesgo inicial en la investigación– deja mucho que desear en un sacerdote católico con tan graves responsabilidades como las que le han sido encomendadas.

La Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la Atención Pastoral a las Personas Homosexuales, ya referida, emite una directriz para este tipo de casos que la Conferencia Episcopal de Colombia, la Arquidiócesis de Manizales y, especialmente, el próximo arzobispo, deberían tener muy en cuenta, sobre todo, porque el P. Cristian adelantó que iba a solicitar al nuevo obispo el tiempo necesario para una pasantía académica que le permita terminar su tesis doctoral. En esta Carta a los obispos, leemos:

 

“Se deberá retirar todo apoyo a cualquier organización que busque subvertir la enseñanza de la Iglesia, que sea ambigua respecto a ella o que la descuide completamente. Un apoyo en este sentido, o aún su apariencia, puede dar origen a graves malentendidos” (No. 17).

 

No se trata sólo de la Lectio Coram del 20/04/2021. La trayectoria en general del P. Cristian sirve para entender el sentido último de sus palabras. En una homilía pronunciada el 11 de noviembre de 2019[6], el Padre tergiversó el Magisterio de la Iglesia respecto a las personas con atracción por el mismo sexo a fin de promover la tolerancia al lobby LGTBI, confundiendo dos realidades muy distintas, a saber: la de quien, teniendo dicha atracción, desea vivir según las directrices morales de la Iglesia Católica y la de un grupo ideológico que, continuamente, agrede a la Iglesia y reivindica de muchas maneras un modo de vivir intrínsecamente malo y desordenado, lo cual es signo de impenitencia y obcecación en el pecado. El P. Cristian, pues, incurrió en una típica falacia ad misericordiam, ya que –utilizando el sufrimiento de las personas que experimentan atracción por el mismo sexo– sugiere abrir las puertas de la Iglesia a un lobby que se declara su enemigo y que la agrede siempre que puede. Apelando a la emoción de los fieles y a una comprensión bastante amañada de la misericordia, intenta rebatir los principios morales de siempre y sembrar la confusión.

En la Arquidiócesis de Manizales ya hay antecedentes importantes sobre este tema. En 2007, el arzobispo de Manizales, Mons. Fabio Betancur Tirado, estuvo a punto de ir a la cárcel por negarse a ordenar un seminarista abiertamente homosexual que, a su vez, lo demandó. El obispo estuvo a punto de ir preso pero no declinó y, heroicamente, defendió la moral católica como era su deber. Hoy, a poco más de una década, un sacerdote de la misma arquidiócesis intenta llevar a cabo lo que bien se puede llamar un manifiesto que aboga por la ordenación de hombres homosexuales en la Iglesia Católica. Decepcionante, ¿no?

Si tú, que estás leyendo este artículo, amas de verdad a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, difunde este artículo todo lo que puedas, hazlo llegar a los católicos fieles que conozcas y, especialmente, a las personas que siguen a este sacerdote y lo consideran idóneo para los cargos que tiene asignados. Esto va, especialmente, para los fieles de la Arquidiócesis de Manizales, reconocida históricamente como un ejemplo de fidelidad a la recta doctrina, celo pastoral y amor a la verdad. Esta es la ocasión para sentar un precedente de resistencia activa a los intentos modernistas y revolucionarios que pretenden adulterar la fe de siempre y asestarle el golpe definitivo al ministerio sacerdotal.

 

Más sobre el tema aquí:

 

  • Documental recomendado: «El deseo de los collados eternos», película-testimonio de Dan y Paul, dos hombres, y Rilene, una mujer, que dejaron la vida homosexual. Link: https://bit.ly/3tFHVtN
  • Libro recomendado: Comité TFP de Asuntos Americanos. (2004). En defensa de una Ley Superior. ¿Por qué debemos oponernos al pseudo “matrimonio” y al Movimiento homosexual? Santiago de Chile: Acción Familia. Link: https://bit.ly/3gy8gpK
  • Artículo recomendado: Revista de cultura católica Tesoros de la Fe / ¿Puede la psicoterapia procurar siempre el bien del alma?  Link: https://bit.ly/32EaSu6

[1] Melina, Livio. (12 de marzo de 1997). Christian Anthropology and Homsexuality: Moral Criteria for evaluating Homosexuality. L’Osservatore Romano (weekly English edition), p. 5.

[2] Cfr. https://bit.ly/3xiLGHJ

[3] “Ronald Bayer, investigador del Centro Hastings de Ética, en Nueva York, resume todo este proceso: ‘La Asociación de Psiquiatría ha caído víctima del desorden de la era tumultuosa, cuando tantos elementos disruptivos amenazaban con politizar todos y cada uno de los aspectos de la vida social americana. Un furioso igualitarismo… obligó a los psiquiatras e intelectuales a negociar el estatus patológico de la homosexualidad con los propios homosexuales’”. Nicolosi, Joseph y Nicolosi, Linda Ames. (2009). Cómo prevenir la homosexualidad. Los hijos y la confusión de género. Madrid: Palabra, p. 21.

Robert Leonard Spitzer, presidente de la APA por aquel entonces, mantuvo posiciones contradictorias sobre esta decisión a lo largo de su vida y lamentablemente desmintió sus propios estudios en los que defendía la efectividad de la terapia reparativa de la identidad sexual, actitud que delata la existencia de presiones sobre su persona por parte de organizaciones pro gay.

Otros libros que pueden revisarse sobre el tema de la homosexualidad son:

Anatrella, Tony. (2008). La diferencia prohibida. Madrid: Encuentro.

Cohen, Richard. (2004). Comprender y sanar la homosexualidad. Madrid: LibrosLibres.

Cohen, Richard. (2013). Abriendo las puertas del armario. Lo que no sabías sobre la homosexualidad. Madrid: LibrosLibres.

Mattson, Daniel. (2017). Why I don´t call myself gay. San Francisco: Ignatius Press.

Nicolosi, Joseph. (2009). Quiero dejar de ser homosexual. Casos reales de terapia reparativa. Madrid: Encuentro.

Polaino, Aquilino. (1998). Sexo y cultura. Análisis del comportamiento sexual. Madrid: RIALP.

Reilly, Robert R. (2015). Making Gay Okay. How Rationalizing Homosexual Behavior Is Changing Everything. San Francisco: Ignatius Press.

Schlatter, Francisco Javier; de Irala, Jokin y Escamilla Canales, Maria Inmaculada. (2005). Psicopatología asociada a la homosexualidad. Revista de Medicina de la Universidad de Navarra 49(3): 69-79. med y person.p65 (unav.edu)

[4] Cfr. https://bit.ly/32FnHnS

[5] Cfr. https://bit.ly/3xffFjT

[6] Cfr. https://bit.ly/3gw3PvM

Vacunas COVID: no saben por cuánto tiempo durará la protección. Lo dicen ellos

Vacunas COVID: no saben por cuánto tiempo durará la protección. Lo dicen ellos

 

Por el Lic. Juan Carlos Monedero (h)

 

Un perspicaz amigo nos desliza un dato que, como una auténtica “confesión de parte”, habilita la consabida sentencia: “relevo de prueba”. Es decir, todos los que venimos descubriendo las distintas fisuras del discurso de la OMS en torno a la pandemia, los que constatamos los estragos producidos por la cuarentena en la Argentina y en todo el mundo, los que denunciamos la manipulación de las cifras de muertos y contagiados (y un largo etcétera que en atención a la brevedad omitiremos), obviamente no guardamos ningún tipo de confianza para con las vacunas contra el COVID. En efecto, nos parece que en base a las distorsiones mencionadas se ha creado la necesidad de una vacuna y ahora se vende la solución a esa falsa necesidad con las campañas masivas de vacunación.

No nos detendremos en lo embarazoso que resultó para Axel Kicillof anunciar en estas últimas horas la suspensión de la vacunación en La Plata bajo el poderoso argumento de que River tenía que jugar un partido de fútbol[1], para luego dar marcha atrás con la medida, una vez advertido el escándalo producido.

Nos referimos a algo más fino y que por el momento no ha tomado conocimiento público: en efecto, como en una película de terror que nunca se acaba, mientras más escarbamos en el tema de las vacunas más datos turbios surgen. Y esta vez, nuestro amigo D. nos acerca un dato verdaderamente “esencial” sobre tres vacunas: Sputnik, Sinopharm y Covishield.

La Vacuna Sputnik

 

El dato es terriblemente simple y sencillo: las autoridades científicas del gobierno argentino no saben durante cuánto tiempo protegen estas tres vacunas contra el COVID. En efecto, según el propio pdf emanado por la Dirección de Control de Enfermedades Inmunoprevenibles (dependiente del Ministerio de Salud de la Argentina), ellos mismos afirman en relación a la Vacuna Sputnik:

 

“Actualmente se desconoce el título de anticuerpos considerado protector y la duración de la protección” (pág. 11)[2].

La Vacuna Sinopharm

 

También desconocen por cuánto tiempo protege la Vacuna Sinopharm. En efecto, si hacemos click aquí[3] seremos dirigidos a una plataforma en la cual podremos descargar el pdf del manual del vacunador. Directo a la pág. 8:

 

“Actualmente se desconoce el título de anticuerpos considerado protector y la duración de la protección otorgada por dicha vacuna”.

 

En la pág. 18 se recalca que Dado que existe información limitada en relación a la efectividad de la vacuna en la población; su capacidad para reducir la enfermedad, la gravedad o (fundamentalmente) la transmisión; y a cuánto tiempo dura la protección que confiere, las personas vacunadas deben seguir respetando todas las pautas actuales de cuidado, para protegerse a sí mismos y a los demás. Entre ellas se incluyen…” y luego enumera todas las medidas, barbijo y distanciamiento incluido. Comentemos el párrafo, poniendo la lupa en esta frase que ellos apenas dicen como a la pasada:

 

  • Existe información limitada en relación a la efectividad de la vacuna en la población;
  • Existe información limitada en relación a la capacidad de la vacuna para reducir la enfermedad;
  • existe información limitada en relación a la capacidad de la vacuna para reducir la gravedad;
  • existe información limitada en relación a la capacidad de la vacuna para reducir la transmisión.

 

Pero hay más, estimado lector. En la pág. 14 de este manual del vacunador Sinopharm leemos: “No se recomienda en ningún caso el dosaje de anticuerpos post-vacunación para evaluar la inmunidad contra la COVID-19 proporcionada por la vacuna”. ¿Qué significa esto? El dosaje de anticuerpos post-vacunación es un procedimiento que determina si la persona recién vacunada debe recibir un refuerzo o no. Es algo habitual, y se hace con otras vacunas. En el dosaje, se mide el sistema inmunológico de la persona para conocer si este sistema tiene la capacidad de defensa. Ahora bien, ¿cómo que el propio manual no lo recomienda? ¿Por qué se recomienda no conocer esto? ¿Acaso porque se teme el impacto que tendrá este dato en los vacunados?

 

La Vacuna Covishield

 

Vayamos por último a la Vacuna Covishield. En la página 15 del manual del vacunador (que puede consultarse aquí[4]) leemos, otra vez:

 

“Actualmente se desconoce el título de anticuerpos considerado protector y la duración de la protección otorgada por dicha vacuna”.

 

Asimismo, otra vez leemos: “No se recomienda en ningún caso el dosaje de anticuerpos post-vacunación para evaluar la inmunidad contra la COVID-19 proporcionada por la vacuna” (pág. 25).

Ahora bien, dejamos la pregunta para que responda el lector: ¿esta es la solución que tanto el gobierno como el periodismo adicto nos dibujan como si fuera la última Coca Cola del desierto?

[1] Cfr. https://bit.ly/3t3wfRi (noticia del 7 de abril del 2021).

[2] Cfr. https://bit.ly/3sXEwWR (pág. 11). Fecha de publicación: 10 de febrero del 2021.

[3] Cfr. https://bit.ly/3t263GN (pág. 8). Fecha de publicación: 28 de febrero del 2021.

[4] Cfr. https://bit.ly/3uxzK2E. Fecha de publicación: 18 de febrero del 2021.

Nuevo confinamiento: única manera de que políticamente les hagan caso

Nuevo confinamiento: única manera de que políticamente les hagan caso

Por Juan Carlos Monedero (h)
Si el gobierno argentino manda algo respecto de temas económicos, la mitad del país se lo discute y cuestiona duramente.
Si el gobierno manda o designa un asunto en temas políticos, se discute y se cuestiona a fondo. Lo mismo si manda sobre jubilación, seguridad, temas sociales, impuestos, etc.
Pero si manda algo sobre COVID, mucha gente acata. Si impone confinamientos, una porción de gente -aterrorizada por los medios de comunicación- obedece.
¡Abramos los ojos!
Señores: el gobierno ejercita el mando en el tema COVID porque no tiene otro mejor. Para subsistir políticamente. En otro tema nadie les hace caso, o le hacen caso sólo los obsecuentes que tiene dentro. Ahora quieren encerrar a todo el mundo otra vez. No lo hacen por “la salud pública”. No lo hacen por tu salud. No te quieren cuidar. Es supervivencia política. Es conveniencia. Es interés. Y es la única manera de ejercitar su autoridad y de mantener dominada una población ya harta que, si estuviese organizada y enfervorizada, los sacaría a las patadas de la Casa Rosada.

Sobre la profanación de la Catedral en Salta: no fue un hecho puntual

Sobre la profanación de la Catedral en Salta:

no fue un hecho puntual

Por Juan Carlos Monedero (h)

 

No fue un hecho puntual ocurrido en nuestra querida provincia de Salta. También pasó en México en el día de ayer. Y viene pasando hace muchos años, siendo denunciado y resistido particularmente por los fieles de a pié. En efecto, este 8 de marzo un grupo de militantes feministas atacó la catedral de Salta. Justamente, en el llamado “Día de la Mujer”.

 

Con consignas abortistas, docena de mujeres –en un espectáculo vergonzoso y abominable– coparon la plaza 9 de Julio y atacaron el mayor templo de la ciudad. No es algo nuevo, el año pasado para la misma fecha habían marchado y se habían manifestado públicamente en las calles de la ciudad con sus consignas ideológicas.

 

Sin embargo, para entender lo que pasó ayer hay que verlo de una forma diferente a la que el común de la gente –incluso, el común de los comunicadores sociales– lo ve. En efecto, la mayoría de ellos lo ve como una “excepción”. Atacar el templo de Salta fue “un desborde”, una acción realizada “por una minoría” que por supuesto estaría lejos de empañar el espíritu del día en general. En realidad, es todo lo contrario.

 

Esto no fue un accidente: hace años que –desde talleres, textos universitarios, radios, medios de comunicación, etc.– a estas chicas se le machacan todo el día, todos los días, que la Iglesia Católica es “La Gran Culpable”. Lo dijo en su momento la infame Malena Pichot: la catedral es “el símbolo del mal”. Hace décadas que viene creciendo (con apoyo estatal, con apoyo internacional pero también con un trabajo propio) el sector feminista-lesbo-izquierdista-abortero.

 

El ataque a la Catedral de Salta no es más que la punta del iceberg de toda una campaña ideológica para desnaturalizar a la mujer y a la maternidad. Y, si lo analizamos, en esencia no es menos horroroso que la legalización del aborto que tuvo lugar a fin del año pasado. ¿Por qué no vandalizarían los templos quienes están dispuestos a descuartizar a los bebés? ¿Por qué no gritarían frente a una catedral quienes no tienen problema en sofocar los gritos de los niños en el vientre materno?

 

Las grabaciones de los hechos circularon en redes sociales: qué ridículo. Qué ridículo ver gente con barbijo “para cuidarse del COVID” mientras observan impávidos la destrucción del orden público en manos del feminismo-lesbo-abortero. Qué ridículo ver policías con barbijo, que deben cumplir mandamientos sanitarios ilógicos –inclusive, estúpidos– mientras las delincuentes feministas pueden incumplir todas las leyes, desde las humanas hasta las divinas. Es una doble vara: muy alta para unos, muy baja para otros. Pero ese mundo hemos venido aceptando hace años. La pregunta es: ¿hasta cuándo lo vamos a aceptar?

Un Papa que no habla como Papa

 

Un Papa que no habla

como Papa

Por el Lic. Juan Carlos Monedero (h)

 

La reciente entrevista realizada al Papa Francisco por el periodista y médico argentino Nelson Castro, publicada en el día de hoy por el diario La Nación[1], ilustra una situación anómala a la que Jorge Mario Bergoglio nos tiene acostumbrados. En efecto, a pesar de que el entrevistado ocupa nada menos que la silla de Pedro, toda la entrevista –sin excepción– gira en torno a la persona de Bergoglio. “Bergoglio hombre” desplaza a “Francisco Vicario de Jesucristo”. La dimensión humana de Bergoglio no funciona como un soporte para la misión sobrenatural que los papas tienen sino que –se podría decir– está casi como eclipsando esa misión.

 

No es que en la entrevista el Papa haya negado la gracia, algún dogma, los misterios o los mandamientos. Pero no habla de ellos, no hace foco en ellos. Bergoglio no se pronuncia sobre aquello para lo cual fue consagrado Pontífice, no habla de lo que tiene que hablar como Papa. El mundo se muere por falta de Dios, y él tiene la posibilidad de calmar esa sed con sus palabras, aprovechando que es entrevistado por uno de los medios de mayor alcance de la Argentina y del habla hispana. Pero no lo hace.

 

La faz religiosa está como telón de fondo, deslucida, secundaria, anecdótica. Que Bergoglio ocupe un cargo religioso (¡el más alto!) es apenas un detalle en la entrevista. Puesto que el entrevistador enfatiza en la salud del Papa, en su psicología, en si tuvo ansiedad, neurosis… y el Papa consiente con este enfoque periodístico. No hay lugar para Dios porque el papel protagónico de la entrevista es de Jorge Mario Bergoglio.

Es comprensible que Nelson Castro (periodista pro aborto, liberal progresista) no intente elevar la conversación hacia instancias propiamente religiosas. Es comprensible que el entrevistador no formule preguntas que remitan a lo sobrenatural. Es lógico que Castro quede preso de lo puramente humano, horizontal, inmanente. Pero, ¿acaso Francisco no puede elevar –como es su deber– la conversación para que desemboque en aquello para lo cual recibió el poder que tiene: “confirma en la fe a tus hermanos”  (Lc. 22, 31-32)? ¿No puede o no quiere? La respuesta es evidente.

 

A la pasada y hacia el final de su entrevista, el Papa desliza dos bombas: 1) Podría morir como papa emérito. 2) No volverá a la Argentina. Esto significa sólo dos cosas: que la renuncia del Papa Francisco no es un imposible. Y, por otro lado, que Pope Francis nada gana volviendo al país donde todos saben quién es.

 

[1] Cfr. https://www.lanacion.com.ar/opinion/entrevista-con-el-papa-a-las-neurosis-hay-que-cebarles-mate-nid26022021/

La serie “Los favoritos de Midas”: ¿un argumento filosóficamente subversivo?

La serie “Los favoritos de Midas”: ¿un argumento filosóficamente subversivo?

 

Acabo de terminar de ver una serie de Netflix denominada “Los favoritos de Midas” con mi esposa. Hemos tenido acceso sin pagar un centavo –como debe ser– a la conocida productora anticristiana. En menos de una semana nos vimos los 6 capítulos, pensando que se venía una segunda temporada. Sin embargo, no fue así. ¿Qué es lo importante en esta serie? ¿Cuál es su mensaje? ¿Qué quiere comunicar el guionista?

A nosotros nos gustan las series policiales, y esto al principio parecía un argumento policial: un empresario llamado Víctor Genovés es chantajeado por una supuesta red de corrupción denominada “Los favoritos de Midas”, que amenaza con llevar a cabo distintos asesinatos si él no accede a entregar una gran suma de dinero. Inicialmente Genovés no cede al chantaje y empiezan a caer los muertos. La serie muestra que Los Favoritos de Midas evitan ser detectados por la policía porque hacen pasar esos asesinatos por “muertes accidentales”. Los fallecimientos no exhiben por tanto ningún cabo suelto y la policía deja de investigar. Hay, sin embargo, un policía –el personaje Alfredo Conte– que cree en Genovés y que da crédito a su denuncia de que él está siendo extorsionado. Sin embargo, aunque se esfuerza en encontrar un vínculo entre las muertes no logra nada. Finalmente, Conte detecta una posible filtración de los datos esenciales y el caso pasa a jurisdicción federal; a los pocos días, los responsables estatales deciden ignorar la investigación por falta de pruebas, y esperar a que Los Favoritos se cansen. Aunque Genovés y Conte rechazaran enérgicamente esta claudicación, legalmente no pueden hacer nada. En efecto, se había invertido mucho tiempo sin ningún avance. Ante la sorpresa de Genovés, Conte renuncia y de algún modo lo deja solo, quien suma –al abandono del Estado– el del detective.

Pasé por distintas opiniones de la serie a medida que la estábamos viendo: una cosa es que como espectador no encuentre indicios del asesino en el primer capítulo, en el segundo, el tercero. Pero a medida que van pasando los episodios, a medida que la serie no te muestra ningún rastro de los asesinos (ni para los personajes ni para el espectador omnisciente), uno comienza a conjeturar si quizás Los Favoritos de Midas no será, al fin y al cabo, una serie policial.

Como se ve en la segunda mitad de la serie, parece que ya no se trata de encontrar a alguien, con nombre y apellido. Sino que se trata de otra cosa, del mensaje que la serie quiere dar con el argumento mismo, y no tanto con las palabras de algún personaje. Se trata de que a quienes guionaron Los Favoritos de Midas no les interesa tanto presentar un culpable, una trama, pistas, posibles sospechosos que el detective a cargo va descartando hasta llegar a la verdad –al estilo Agatha Christie o Chesterton– sino que el objetivo es decir algo. Y el mensaje –dicho brutalmente– es que existe una red de gente mala, perfectamente organizada, que puede eludir la ley, pisotear la moral, matar sin dejar rastro y hasta dejar exhaustos a quienes pretenden ajusticiarla; pero sobre todo, comunicar que el máximo logro de esta gente mala no es obtener dinero simplemente sino volver corrupto a los buenos.

En efecto, la serie termina con un Víctor Genovés que habiendo sido chantajeado –víctima durante la mayor parte de la historia–, comienza a ser victimario. En lenguaje paulino, comienza a devolver mal con mal, empieza a dejarse vencer por el mal. Principia a ganar terreno la sombra en su corazón: lo primero que hace es romper con su propia humanidad, con su sentido de honestidad moral y así entonces ejecuta en una plaza a un transeúnte –un completo desconocido–; en otra escena, se lo verá arrojar con total frialdad un vaso de vidrio sobre las cabezas  de una muchedumbre desde la impunidad de estar ubicado en la terraza su edificio. Traiciona a un amigo que le había contado un secreto comprometedor, por el cual éste es arrestado y finalmente fusiona su empresa con otra más poderosa, dando muerte al histórico periódico de su propiedad, que en la ficción se llama ‘El Observador Nacional’: el arquetipo de los medios de comunicación en España, destacado por su sinceridad y valentía para las denuncias, caiga quien caiga.

Todos esos actos lo van perfilando a Genovés en una persona totalmente distinto al que era. Él había hecho lo posible para mantener la subsistencia ‘El Observador’, baluarte de la comunicación periodística al servicio de la verdad. Luego decreta su ejecución por motivos de política económica. Está caminando con paso firme el derrotero de la traición a sí mismo, y la serie nos lo muestra en un tránsito que lo va modernizando, en el peor sentido de la palabra: deja de hablar de principios éticos, utiliza el aberrante “lenguaje inclusivo” y, finalmente, remata uno de sus discursos con la frase “para seguir siendo, tenemos que dejar de ser”, ante un auditorio colmado que lo aplaude como hombre de negocios exitoso, en la cúspide una gloria que le acompaña luego de haber entregado el alma al Diablo.

Finalmente, el protagonista recibe la noticia por parte de Los Favoritos de que su actual amante y cuasi novia, Mónica –periodista estrella de ‘El Observador’, quien es como la reserva moral de la serie–, estaba investigando al propio Genovés y que, de conocerse los resultados de esta pesquisa, él podría ser destruido. Los chantajistas le dicen a Genovés que basta que él no oponga resistencia para que ellos “se encarguen” del problema. Finalmente, Mónica termina asesinada justo cuando estaba a punto de destapar la red de corrupción de Los Favoritos: tan bajo cayó Genovés que pudiendo salvarle la vida a la mujer que él decía que amaba, prefirió no perder poder. El capítulo 6, el último, concluye con un Genovés entrando en la limusina de Los Favoritos de Midas, donde lo recibe alguien cuyo rostro la cámara no enfoca. Así concluye la serie.

Pero entonces, ¿de qué se trata Los Favoritos? Arriesguemos algunas hipótesis, totalmente discutibles. En efecto, como toda serie, como toda obra literaria o cinematográfica, la misma está abierta a las interpretaciones.

La serie termina con un Víctor Genovés que se sube a una limusina negra que representa el poder malévolo de Los Favoritos de Midas; es recibido como uno más de esta la “hermandad” de Los Favoritos. El mensaje es desolador: una persona puede resistirse un poco pero al final termina siendo corrompido por esta red perversa y omnipotente. Aquellos que no se quieren corromper, mueren o se rinden, como el detective Conte que de alguna manera lo abandonó en su búsqueda de la justicia pero que –como no se lo podía tragar sin oponer ninguna resistencia– entregó los datos de la investigación y también las pruebas de la culpabilidad de Genovés a su propia amante, Mónica. Para que alguien en algún sitio, al menos, se aproximase a la verdad.

Los cuentos e historias tradicionales hablan de un bien, de un mal, nos colocan ante un drama moral. Conocemos cómo terminan: el malo es vencido, termina muerto o en prisión. En muchas historias algunos malos se redimen. El bueno suele ser impecable, aunque también son muchas las novelas en que algún personaje comete pecados pero luego se redime. La redención de Edmundo en Las crónicas de Narnia nos recuerda que todos caemos y caeremos, pero que podemos alcanzar el perdón de Aslan. La victoria alcanzada por la unidad de distintos reinos en El Señor de los Anillos nos invita a forjar alianzas con nuestros amigos para derrotar a los enemigos comunes. Con Tristán recuperamos el vigor para enfrentarnos a los déspotas. David y Goliat nos inspiran en los desafíos para los que no hay equivalencia.

Este tipo de relatos tenía la no pequeña virtud de estimular nuestro sentido del honor. Estas historias nos hacía mejores, nos dejaba un sabor a heroísmo, nos colocaba ante los dilemas éticos, nos situaba espiritualmente frente a las cuestiones decisivas: la verdad, la mentira, la vida, la muerte, el bien y el mal. Al mismo tiempo, estas historias tenían la cualidad de vituperar el mal, el pecado, el vicio.

En ese sentido, decimos que Los Favoritos de Midas es una serie que tiene algo de filosóficamente subversivo. El mensaje final que se ve –y no hay segunda temporada– es que el mal no puede ser vencido. Los buenos son destruidos, corrompidos, se cansan o simplemente dicen –como el compañero policía de Conte– que eso no es su trabajo.

Hay una frase del personaje del detective que quizás da en el clavo: “¿Y si ‘los favoritos de Midas’ fueran como un virus de la sociedad que puede contagiar a cualquiera, que se ha extendido por todos los órganos?”. En definitiva, estamos ante una serie que hace pensar, excelentemente producida y filmada, pero con un mensaje final bastante sombrío porque de alguna manera, en vez de invitarnos a luchar ante el mal nos disculpa de rendirnos ante él.

Practiquemos la cordura – Por Antonio Caponnetto

Reproducimos un artículo del Dr. Antonio Caponnetto.

PRACTIQUEMOS LA CORDURA

por Antonio Caponnetto

 

Bajo el lema, presuntamente ingenioso y humorístico, de “Practiquemos la CUIDAdanía, el Gobierno ha lanzado una campaña para prevenirnos de esta extraña pandemia. El propósito de la tal campaña es integrar a los “ciudadanos responsables y con conciencia social”, en su lucha denodada contra “los perejiles e ignorantes” (sic) que osan poner en duda, ya no el real alcance de la peste sino, y sobre todo, el de las medidas que se vienen tomando para combatirla. Medidas que, como todos sabemos empíricamente, han probado con amargas creces y espantosos efectos, la validez de dos dichos populares; que es peor el remedio que la enfermedad; y que no se puede rescatar a quien se está ahogando con un salvavidas de plomo.

Porque la verdad entera y completa sea dicha; si no hubiera, como hay, un cúmulo atendible de razones científicas para cuestionar tanto la etiología, como la naturaleza y los frutos del llamado coronavirus, es innegable por evidente, que hay sí un cúmulo inmenso de testimonios del estropicio descomunal que están provocando las políticas estatales pretendidamente sanitarias. Y decimos estropicio descomunal en homenaje a la síntesis, que a abundantoso análisis daría lugar tamaña atrocidad a la vista.

Pero volvamos a la publicidad precitada. La base de la misma es un sofisma que, en lógica, se conoce como “la falacia de pensamiento de grupo”. Consiste la misma en hacerle sentir orgullo a una persona por pertenecer a determinado sector, emparentado generalmente con alguna ideología. Tal “orgullo” lo habilita a priori y necesariamente a posicionarse en el bando de los despabilados y progresistas, quedando el resto descartado por negacionista, conspirativista, antiderechos, o cualquier voltereta semántica que se les ocurra. Maldito ardid sobre el cual se han expedido personajes insospechados de incorrección política, como el sociólogo Floy H. Allport, ya en 1923, desde The American Journal of Sociology.

El “orgullo” de marras en este caso se retrata a través de dos ejemplos, uno de los cuales cobra significación especial para los argentinos. “Orgulloso de llevar mi barbijo”, dice una caripela anónima embozalada hasta los ojos. Y “orgulloso de no compartir mi mate”, regüelda otro infeliz manojo de soma, a quien se le ven apenas ciertos rasgos, otrora compatibles con lo que se llamaba frente. Se podían haber buscado otros términos más apacibles o afables. Por ejemplo: colaboro llevando el barbijo. Me aguanto el tapabocas por prevención. Lamento no poder compartirte el mate, etc., etc. Pero no; el sofisma reclama imperativamente la apelación al orgullo de la neonormalidad contra natura. Porque ese es el objetivo de fondo de la tiranía: abolir la normalidad e instaurar ya no su perversa contraria sino además la altivez y las ínfulas por perpetrar tamaña acometida. Fue el modus operandi de los sodomitas, que siguen “marchando” convencidos de que su vicio nefando les otorga un descuello tan especial que deben hacerlo público. Lejos todos, ¡ay!, del consejo del cura Castellani a los tanguistas: “¡vaya hombre, está bien que sea cornudo; pero no lo ande cantando!”.

Según la ilogicidad de este sofisma arrojado por el poder político, el número de situaciones de “orgullo” deberían multiplicarse, y en ningún caso se estaría faltando a la verdad. Orgulloso de abandonar a mis padres en el hospital. Orgulloso de que me entreguen sus cenizas en una bolsa de residuos. Orgulloso de no poder velar a mis seres queridos. Orgulloso de obligar a mis hijitos a no abrazar a sus amigos ni a compartir sus juguetes. Orgulloso de aislarme en una burbuja. Orgulloso de que me prohíban celebrar las fiestas de guardar; Orgulloso de que verifiquen mi salud con un estatizado y promiscuo tacto rectal; y la tristísima nómina sería interminable.

A los sofistas que orquestaron esta campaña vejatoria, en la que el vilipendio es el propósito y el cretinismo el instrumento, no les importa otra cosa que no sea doblegarnos colectivamente para ser protagonistas –también orgullosos– de ese programa endemoniado de reingeniería social que se ha dado en llamar “El Gran Reinicio”. Lo dijo desfachatada y literalmente Alberto Fernández, el pasado 29 de enero, en su Discurso ante el Foro de Davos. La meta gubernamental es “avanzar en el Gran Reinicio que tanto pregona Klaus Schwab”; o sea el Foro Económico Mundial, del que el payo Schwab es presidente, junto con el Príncipe Carlos de Inglaterra, que co-lanzó la propuesta en mayo de 2020, cabe la suntuosa oligarquía financiera de los países más poderosos del mundo.

Que sepamos y hasta hoy, los compañeros que combaten al capital (para lo cual lo acaparan como medida precautoria, claro), no le han dicho a Fernandezullón que lo que ha hecho se llama bruta dependencia al Imperialismo, ante el cual se suponía sólo podía tener lugar la liberación y la lucha armada. No le ha dicho nada Kicillof, natural de Stalintrópolis; ni Máximo, hijo de Bisojo y Jaca, ni Cafiero el de las liendres al viento, ni Trotta, el de la tremolante memez, ni Zaffaroni, de broncínea bujarronería. Todos a una callaron ante esta descomunal declaración de sometimiento a la poderosa intromisión imperialista. Sólo resta esperar un motu proprio bergogliano, titulado crípticamente: “Abbassiamo le nostre mutande”.

Hace rato que las cartas están echadas sobre la mesa. Pero tras el Foro de Davos y el nada imaginario próximo paso, cual sería adherir también a la Agenda 2030, nos urge reaccionar con los mejores medios de los que dispongamos. Hoy –contrariando una veintena de estudios académicos y científicos de primer nivel[1]– nos dicen que si no cubrimos bocas, manos y narices con mascarillas y guantes, incurrimos en delito de lesa covididad. Mañana nos dirán que los oídos y los ojos son otros tantos factores de contagio y deberemos andar ciegos y sordos.

A la inicua campaña del “Practicá la CUIDAdanía”, opongámonos con una activa y nunca desmayada campaña de la práctica de la cordura, de la caridad, del sentido común, de las obras de misericordia, de la normalidad. Sintámonos orgullosos de confiar en Dios, de ser virtuosamente prudentes, de saber cuáles son los límites entre el legítimo y necesario recaudo médico y el pánico colectivo. De saber cuál es la frontera que separa el respeto ante la enfermedad de la pusilanimidad mórbida. Sintámonos orgullosos de inspirar en el prójimo y en nosotros mismos un sentido de la responsabilidad terrena que no ahogue el leal abandono a la Divina Providencia. El mayor factor de riesgo que tenemos no es contagiranos, enfermar y morir. Que por supuesto, podemos padecer nosotros o nuestros seres queridos. Sino vivir como cobayos, arrasados por el despotismo pseudosanitarista que nos mata las almas antes que los cuerpos.

Tomo y doy ahora un consejo que me diera hace unos años don Enrique Prevedel: ¡Seamos criollos! Sí; lo seamos. El que tenga su mate, salga a la plaza más cercana, la cara limpia al sol, la palma al cielo, y júntese con los amigos a cebarles mates y Padrenuestros hasta el alba. Será nuestro toque de queda. Nuestro sencilla triunfo, prefiguración de la grande y postrimera victoria que se consumará cuando Él regrese. ¡Cristo Vence!

 

 

[1] cfr. http://syllabus-errorum.blogspot.com/2020/12/uso-de-mascarillas-18-estudios.html?m=1

Dr. Máximo Sandín: una reflexión sobre los virus y la crisis planetaria en torno al COVID-19

Dr. Máximo Sandín: una reflexión sobre los virus y la crisis planetaria en torno al COVID-19

 

La columna del lunes

Por Juan Carlos Monedero (h)

 

            A nadie le sorprendería encontrar un libro y otro y otro más en una gran biblioteca: sería lo más normal del mundo, ¿no es así? Sin embargo, a causa de nuestro grave desconocimiento sobre el mundo microscópico de las bacterias, a la casi totalidad de la población nos sorprende darnos por enterado de un nuevo virus. Pero, ¿y si los virus fuesen una realidad mucho más consuetudinaria de lo que parece a primera vista?

             El Dr. Máximo Sandín es Doctor en Ciencias Biológicas y en Bioantropología, fue profesor titular en el Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid. Será él quien responda a esta pregunta a través de su artículo[1]. En efecto, “en aguas marinas superficiales (en las playas en las que nos bañamos) se han contado 10.000 millones de virus por litro”. Asimismo, distintos estudios en suelos “han dado cifras de hasta 5000 millones por gramo de tierra seca”.  Las investigaciones en el aire “en zonas libres de contaminación” arrojan “cifras que compiten con las anteriores”. En definitiva, comenta el especialista, “las bacterias y los virus no sólo son nuestros componentes esenciales, sino que vivimos literalmente inmersos en un mar de bacterias y virus”. De ahí que su blog se denomine www.somosbacteriasyvirus.com

            Pero Sandín va más allá, los virus “no sólo nos rodean, sino que se puede decir que trabajan para nosotros”.  Entre otras funciones, protegen el organismo de bacterias ajenas. Una cantidad impresionante de virus controlan el “microbioma intestinal” y, por tanto, la salud del organismo; colonias de bacterias controladas por virus están en nuestra piel “protegiéndola de bacterias del exterior”.

            Es entonces cuando viene la pregunta del millón: si los virus –como enseña Sandín– están en nosotros, protegen el equilibrio de nuestro organismo y son la mayor parte de nuestro genoma, “¿Cuál puede ser el motivo de que se hayan considerado nuestros peores enemigos?”.

            La respuesta debe buscarse en el marco conceptual, en la cosmovisión global, desde la cual se leen e interpretan los datos de la ciencia. ¿Y cuál es ese marco? Responde Sandín: ese marco no es otro que “la concepción competitiva de una Naturaleza poblada de enemigos que domina la biología desde hace 200 años”.

            Ahora bien, en este mismo artículo –realmente denso y que su comprensión desafía las posibilidades actuales de este servidor– hay varias perlas más que deben enfatizarse.

            Sandín afirma taxativamente que la barrera de especie reduce “la probabilidad de que un virus animal se hibride en la Naturaleza con su correspondiente humano (a pesar de su correspondiente y diferente receptor celular)” llevándola a un número que es “lo más próximo a cero que se puede concebir”. Los virus no saltan de especie a especie, nos dice Sandín. Si esto es así respecto de dos especies, a fortiori lo es si hablamos de tres: tal posibilidad “sería de cero elevado a infinito, es decir, todavía más próxima (a cero)”.

            En otro artículo, se pronuncia de forma más clara aún:

 

La aparición de una forma espontánea en la Naturaleza de un virus ‘híbrido’ de dos especies distintas es prácticamente imposible porque existe la llamada barrera de especie. Los virus considerados patógenos son específicos de cada especie. Pero la aparición espontánea de virus compuestos por partes de tres especies es absolutamente imposible y no comprendo cómo la mayoría de los virólogos expertos no lo ha denunciado, aunque algunos que se pueden considerar ‘independientes’ sí lo han hecho[2].

 

            Pero así como sabemos esto –lo que en términos matemáticos cierra razonablemente toda discusión–, también sabemos que “este tipo de manipulaciones (entre material genético de distintas especies, humanas y otras) se hace comúnmente en laboratorios de alta seguridad”. En efecto, tales investigaciones se realizan, presumiblemente, a los efectos de prever apariciones de nuevos virus e, incluso, para elaborar vacunas.

            En otras palabras, sentencia Sandín:

 

“así como está bastante claro que el paso de virus entre especies en la Naturaleza no es posible, por muchos animales que se hayan comido a lo largo de milenios, la producción de virus híbridos en laboratorio se puede hacer y se ha hecho”.

 

            Pero este especialista tiene aún muchas cosas más para decir. En efecto, Sandín nos cuenta que nada menos que Luc Montagnier, Premio Nobel por su descubrimiento del virus del SIDA, “tiene claro que es un virus de laboratorio”. Se trata de una información que, al menos en la Argentina, la Dra. Chinda Brandolino ya había revelado a comienzos del 2020, entrevistada por Nicole Neumann, en una entrevista que generó un gran revuelo mediático. Buen psicólogo, Sandín también ha observado en detalle cómo reaccionó el entorno a Montagnier:

 

Las sentencias descalificadoras fueron de un gran nivel, tales como “El parecido con el virus del sida es superficial” o “Todos en la comunidad científica están de acuerdo en que la COVID-19 es un coronavirus” o “Es una visión sobre una conspiración que no se relaciona con la ciencia real”. Pero la desacreditación definitiva fue que “El doctor Montagnier tiene un punto de vista crítico con las vacunas”. Una condición tan terrible que recibe los más graves insultos y descalificaciones por parte de científicos y divulgadores.

 

¿No es sorprendente que la comunidad científica internacional –que se supone versada en evitar la falacias– caiga tan de llano en la famosa falacia ad hominem? Sin embargo, esto ocurrió. Y sigue ocurriendo.

Comenta Sandín que el doctor Montagnier tiene más cosas para decirnos, entre ellas una que no trascendió ni siquiera dentro del amplio sector internacional que mira con sospecha y con recelo a la OMS. Según Sandín, “el buen doctor Montagnier nos deja un mensaje optimista: El SARS CoV-2 desaparecerá a no muy largo plazo”. ¿Cómo lo sabe?

Parece que, como todo virus de laboratorio, estos virus construidos artificialmente son inestables: “en los procesos de replicación van perdiendo las secuencias introducidas hasta quedar inactivados”.  El contraste entre estas predicciones de Montagnier y la palabra de ‘los sabios oficiales’ -que repiten “el coronavirus ha venido para quedarse”, anunciando nuevos rebrotes- es manifiesto.

Sandín conserva aún una reflexión sobre las palabras de Montagnier:

 

El Doctor Montagnier opina que el virus artificial pudo escapar de un laboratorio por error. Con el debido respeto, yo le preguntaría ¿y el SARS CoV? ¿y el MERS CoV? ¿y el Ébola? ¿y el H1N1? ¿Todos estos virus de origen artificial se han podido “escapar por error” de los laboratorios en que se han elaborado mediante técnicas muy complejas? ¿No son demasiados “errores” en laboratorios de alta seguridad?

 

            Finalmente, Máximo Sandín nos abre el corazón y dice con resolución: “En definitiva, estamos ante unos hechos que hay que afrontar honestamente, valientemente, si queremos que exista una posibilidad de terminar con estas pesadillas”. Pero “resulta más cómodo entrar en la corriente general de ‘la guerra contra este terrible enemigo’”, esto es, sumarse a la corriente general y al discurso oficial respecto del coronavirus.

            Reproduciremos algunos juicios de Sandín que, por lo ilustrativo, nos eximen de todo comentario:

 

  • “las personas que pueden manejar los virus, tanto en el sentido técnico, como en el mensaje que se emite sobre ellos a la sociedad, disponen de una herramienta extraordinariamente poderosa para el control social. Claro que cuentan con apoyos muy poderosas. Incluso Hollywood contribuye periódicamente (frecuentemente, coincidiendo con alguna campaña de vacunación) a la ‘docencia’ con terribles historias sobre tremendas pandemias. Una muy ‘didáctica’, porque se ajusta plenamente a las explicaciones científicas es la película ‘Contagio’, en la que un murciélago defeca sobre un cerdo que un cocinero chino trocea para cocinarlo, seguramente con salsa agridulce, que es comido por una ejecutiva norteamericana moderadamente promiscua que extiende un virus mortal a la vuelta a su país”.

 

  • “tengo que mencionar la importante aportación a la confusión de los ‘periodistas científicos’ o de los ‘científicos periodistas’ más prestigiosos que atacan con inusitada ferocidad (incluso mintiendo en sus argumentos) a los científicos honestos que denuncian estas atrocidades o a las personas brillantes y de honradas intenciones que intentan aportar algo a la sociedad o, simplemente, sacan los pies del tiesto. Sin embargo, son muy comprensivos, incluso lisonjeros, con organizaciones tan entrañables como la gran industria farmacéutica o de los transgénicos o con los ‘negocietes’ de ciertos científicos. Y con la denominación de ‘conspiranoico’ descalifican a cualquiera que aporte alguna información que ponga en riesgo sus creencias o sus intereses. (En este contexto, tengo que decir que no espero, precisamente, aplausos). Es cierto que circulan por la red teorías un tanto ‘imaginativas’, posiblemente, alguna alimentada por los creadores de confusión, pero esto es utilizado para inducir a los lectores a rechazar cualquier información ‘alternativa’ sin molestarse en reflexionar sobre sus fundamentos”.

 

  • “Se ha creado, en cierto modo, un ambiente ‘orwelliano’: Existen policías del pensamiento, una especie de ministerio de la verdad que controla que es lo cierto y que no, y los esclavos atacan a quienes quieren defenderles… En fin, quizás esto último sea una exageración”.

 

  • “A partir de aquí, todo lo que pueda aportar lo encontrará el lector en informaciones, algunas muy bien documentadas, que circulan por la red. (…) La más terrible de estas informaciones es la existencia de una agenda para la reducción de la población mundial. Supongo que hay que ser un poco malvado para pensar que esto es una intención real, porque las personas bondadosas no parecen querer ni pensar en ello. De lo que nos informan es de que existen personas muy poderosas (pueden encontrar sus nombres en la red) que, ante el imparable aumento de la población y la pobreza mundial no piensan en la posibilidad de cambiar este modelo económico depredador, que sería la solución obvia, sino reducir drásticamente la población mundial”.

 

  • “Lo cierto es que hay datos absolutamente fiables, porque se descubrió y se analizaron las vacunas de esterilización mediante vacunas de mujeres en Filipinas y en indígenas mejicanas. También se puede encontrar información sobre el origen del Ébola en campañas de vacunación en África (al parecer, la epidemia del Ébola en África occidental se originó en las instalaciones de NBS-4 de Estados Unidos localizada en Sierra Leona)”.

 

  • “se puede encontrar en la red sin dificultad un grupo de científicos queridos y prestigiosos que, a pesar de su brillantez, no han pensado en cambiar el modelo económico pero sí la reducción de población para mantenerlo. Agrupados en la organización ‘Optimunpopulation’, ahora denominada ‘PopulationMatters’, propugnan una población mundial ‘óptima’ de entre 2.700 a 5.100 millones de habitantes. Por eso, a las personas malvadas nos da mucho miedo cuando un famoso psicópata, perteneciente al grupo de los poderosos que propugnan la agenda de reducción de población, disfrazado de, y aclamado por los medios de comunicación como filántropo, y que, al parecer, ha conseguido el control de la OMS, anuncia la necesidad (o la imposición) de una vacunación universal. Una vacuna que, según nos dicen, probablemente ya esté dispuesta, y que es esperada con ansiedad en todo el mundo”.

 

  • “Otro factor implicado parece ser el económico. Los enormes beneficios para las compañías farmacéuticas de campañas de vacunaciones masivas son obvios”.

 

  • “En cuanto a la economía, disciplina de la que me declaro no sólo ajeno, sino objetor, parece que el sistema económico ha entrado en crisis y le solución sería dejarlo hundirse y comenzar de nuevo (una especie de ‘reseteo’). De paso, se aprovecharía la situación para llevar a cabo una especie de ‘ingeniería social’”.

 

  • “La angustia y el miedo a que está sometida la población propicia la legitimación de medidas que atenten contra derechos y libertades y para profundizar en la doctrina económica ultraliberal”.

 

  • “Una sociedad en la que estén prohibidas las reuniones y en la que los ciudadanos estén recluidos en sus casas conectados a internet o a la televisión y que sólo salgan para realizar su trabajo con la menor comunicación humana directa posible sería el sueño húmedo de cualquier tirano ultracapitalista” (aquí Sandín cita a Naomi Klein).

 

  • “no ha existido en la historia de la Humanidad una ‘uniformación’ (que sería uniformidad forzada) de pensamiento como el que se ha producido con esta crisis”.

 

  • “Parece claro que no es necesario ser un experto para pronosticar que el daño psicológico producido por esta situación va a ser tremendo. Nada será igual en las relaciones humanas cuando acabe ‘la lucha contra este virus asesino’”.

 

  • “Finalmente, otro aspecto del que habla Naomi Klein y que me ha resultado interesante y espero que al lector también es que, según afirma, ‘la puerta para suprimir el papel moneda y legitimar herramientas de geolocalización y seguimiento de los ciudadanos está abierta. Algunos de esos aspectos que ciertos sectores hemos estado criticando como la pérdida de privacidad, el control por parte de las herramientas informáticas, el efecto en las capacidades cognitivas y en la salud por el abuso de los dispositivos electrónicos, pueden verse acentuados o normalizados tras este escenario de epidemia global’”.

 

 

[1] Cfr. http://somosbacteriasyvirus.com/estrategiascoronavirus.pdf

[2] Cfr. http://www.somosbacteriasyvirus.com/virusquimera.pdf

El debate ideológico y político, un tablero de Ajedrez. Verdad y Poder

El debate ideológico y político, un tablero de Ajedrez.

Verdad y Poder

 

Por Juan Carlos Monedero (h)

 

              Los debates y controversias ideológicas nunca son ideológicas. Quienes nos aproximamos a la filosofía sabemos -de la mano de Santo Tomás de Aquino- que la razón nunca actúa sola; sabemos que los sentidos, las pasiones, los impulsos e inclusos los instintos no son autónomos, y que todo en el hombre es “humano”. Esto quiere decir que el mismo aprendizaje -que tiene su centro en la inteligencia, que es inmaterial- es un suceso emocional. Aprendemos más fácilmente cuando tenemos la disposición emocional de aprender: todos recordamos a esas señoritas encantadoras de la Primaria que nos hacían sentir como coches de Fórmula Uno. Los debates participan de este carácter propiamente humano: no son dos fríos intelectos los que discuten ni son dos puras animalidades las que entran en pugna. Son dos hombres, con su inteligencia, su razón pero también sus emociones, sus pasiones y hasta sus miedos.

            Como en el Ajedrez.

             En el juego-ciencia, la práctica, la habilidad, la inteligencia aplicada, el manejo de las estrategias es determinante. Pero no es lo único. Porque en el Ajedrez se refleja quién es uno; primero por las características propias del Ajedrez en cuanto tal pero también porque en todos los juegos de alguna manera nos revelamos. En los juegos nos mostramos como somos.

             Asimismo, quizás el Ajedrez nos permita una aproximación a la compleja realidad social y política en nuestro país.

               La Argentina está atravesada por varios discursos, por complejas ideologías y por robustas doctrinas. Todas ellas tienen un elemento teórico, sincero o no, realista o no. Sin embargo, al ser éstas encarnadas por personas de carne y hueso, cada uno de ellas le imprime a estas ideas la marca especial de su propia individualidad. Al igual que cuando movemos los peones tosca o elegantemente. De la misma manera que cuando adelantamos un alfil blanco para amenazar el campo de las negras, las doctrinas tienen un planteo que consideran verdadero y repugnan lo que entienden falso. Ý en el día a día de la guerra ideológica, ¡cuántas veces, envalentonados por una buena jugada, nos confiamos, nos desbocamos en el ataque y terminamos perdiendo una buena posición o fichas clave!

              También pasa lo mismo en la política y en las controversias ideológicas. No son robots los que discuten, los que tejen alianzas partidarias, los que se asocian para lograr sus propios fines. Son personas, somos personas que al tomar una decisión involucramos elementos tanto conscientes como ocultos. Jürgen Klaric, uno de los especialistas mundiales en ventas, dice que la acción de vender -para ser eficaz- debe apuntar a cubrir “la necesidad antropológica inconsciente” de una persona. ¿Y no es verdad que nosotros “compramos” una idea, una ideología, un discurso, una doctrina? ¿No hay acaso algún tipo de alineación entre aquello que está en lo recóndito de nuestro corazón y la teoría que sostenemos?

              Hasta aquí, cualquier lector podría estar de acuerdo. Ahora bien, trascendamos el plano psicológico dado que la salud de la persona no se define por la alineación de sus actos con sus ideas, lo cual es condición necesaria pero no suficiente. Esas ideas deben estar alineadas con la verdad de las cosas, con la veritas rerum, como dice la tradición filosófica realista. Es el momento de decirlo con todas las letras, aunque pueda sonar antipático para los oídos de cierta gente intoxicada por el indiferentismo. Antonio Machado podrá ser muy eufónico con su “Caminante, no hay camino”, podemos sentirnos gigantes escuchando a Serrat interpretando estos versos, pero estos versos no nos inspiran a ser mejores. Si se sabe ver, estos versos nos transmiten desesperación, indiferencia doctrinal; nos transmiten un espíritu resabiado de relativismo, con dosis calculadas de escepticismo. Porque si no hay un camino mejor que otro, un camino preferible a otro, un camino objetivamente bueno, entonces no hay verdad. Y estaríamos en el Reino de la Opinión donde las ideas y posiciones no valen en función de su correspondencia con la realidad sino en virtud del poder que me den. 

              Lewis Carrol en Alicia en el País de las Maravillas lo retrata nítidamente:

 

–Cuando yo uso una palabra –dijo Humpty Dumpty con un tono burlón– significa precisamente lo que yo decido que signifique: ni más ni menos.

–El asunto es –dijo Alicia–  si usted puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

–El asunto es –dijo Humpty Dumpty– quién es el amo. Eso es todo.

 

                Pero esto, ¿no establece el despotismo más abyecto? Amparados en el puro ejercicio poder, sin norte ni brújulas éticas objetivas, ¿qué lugar queda para la Justicia?

               ¿Dónde está más protegido el débil? ¿En la Ciudadela de la Verdad y la Justicia absolutas (así, con mayúscula) o en el Reino de la Utilidad, el Interés, donde predomina la cantidad como criterio de orden y la conveniencia como indicador del obrar?

                 Es esta, efectivamente, una posición cómoda para los libros pero impracticable en la realidad: ¿aceptaríamos acaso que nuestro jefe no nos pague nuestro sueldo? Si nuestro empleador se negase a hacerlo, seguramente le diríamos que debe abonar los honorarios “porque es lo que corresponde”. Ahora bien, lo que corresponde es lo justo. ¿Y si nuestro jefe nos escupe en la cara la perversa filosofía de Machado, según la cual no hay justicia verdadera sino puntos de vista? ¿Qué le impide decirnos “Lo que corresponde está sujeto a cambios y pautas culturales, válidas para ciertas épocas y ciertos lugares de la humanidad, y casualmente mi empresa no es uno de ellos”? ¿Por qué debería pagarnos si la verdad no existe, si la justicia es una convención, si no hay “un camino” éticamente bueno?

                  El debate sobre el aborto, impulsado por el oficialismo macrista en el 2018 y por el oficialismo kirchnerista en el 2020, es el escenario más descarnado de esta mentalidad. El débil es el niño por nacer, el máximamente desprotegido, ni gritar puede. Se decide -se decidió- su vida en base a criterios de interés, de utilidad: serán las cifras las que deciden si es legal o no descuartizarlo.

                 Este relativismo está en los tuétanos de nuestro sistema político: y ahí tenemos a diputados y senadores falibles por separado que, por arte de magia, se vuelven “infalibles” en las Cámaras del Congreso de la Democracia Argentina, argumento agudamente señalado por esa gran cabeza que fue Juan Donoso Cortés. Estos políticos sólo sirven para contar cuántos porotos les reditúa presentarse celeste o verdes. Así, Cristina Fernández de Kirchner “descubriendo” que estaba a favor del aborto en el 2018; Juan Manuel Urtubey apuesta al progresismo luego de varios años de administración conservadora; Sergio Massa tejiendo alianzas políticas donde las ideas, los conceptos, los principios se subordinan a la acumulación de capital político. Mauricio Macri habilitó en el 2018 -al mejor estilo Poncio Pilatos- debatir sobre si el bebé en el vientre materno puede ser asesinado (o no), luego de haber sostenido -durante el Congreso Eucarístico Nacional, en Tucumán, junio 2016- las siguientes palabras: “Defiendo la vida desde la concepción hasta la muerte”. El 10 de diciembre del 2019, Alberto Fernández pronunció estas palabras en solemne Juramento Presidencial:

 

“Yo, Alberto Ángel Fernández, juro por Dios, la Patria y sobre estos Santos Evangelios, desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo de Presidente de la Nación. Y observar y hacer observar fielmente la Constitución de la Nación argentina. Si así no lo hiciere, Dios y la Patria me lo demanden”.

 

                La Verdad, la Justicia y el Poder parecen ir por caminos distintos. La pregunta es qué camino va a tomar usted, lector. ¿Se va a convertir en parte de la solución o en cómplice del problema?

 

***

 

Adquirí el primer libro del Lic. Juan Carlos Monedero: “LENGUAJE, IDEOLOGÍA Y PODER”, tomo I, con prólogos del R. P. Alfredo Sáenz y el Dr. Antonio Caponnetto. Ilustraciones: José Antonio Van Tooren.

Conseguilo en Amazon:

https://amzn.to/3FKFVHm

Adquirí el tomo II también en Amazon:

https://amzn.to/3PknkXd

El tomo I contiene trabajos publicados entre 2010-2015, mientras que el tomo II incluye aquellos entre los años 2016-2019.

Diálogo entre docente y alumno en una facultad de la UBA

DIÁLOGO ENTRE DOCENTE Y ALUMNO EN UNA FACULTAD

DE LA UBA

 

Por Juan Carlos Monedero (h)

 

–Muy bien, alumnes… Buenos días–dijo el Profesor, frotándose las manos, visiblemente entusiasmado.

–Buenos días.

–Tengo noticias importantes para ustedes, que seguro les van a sorprender. Como saben, esta es la primera clase de nuestra materia: “Introducción a la Filosofía”. Y quiero decirles, desde el vamos, que no voy a enseñar como se enseñaba antes. Antes, el profesor decidía lo que se le antojaba y los alumnes obedecían ciegamente, imponía su punto de vista al alumnado como ‘verdad absoluta’, no escuchaba a los chiques ni le interesaba su opinión.

 

Los alumnos escuchaban, algunos visiblemente descolocados de que el primer acto del docente sea criticar a otro docente hipotético, ausente en ese lugar. A Inés se le retorcían los oídos por el mal uso del castellano.

 

–Pero ahora –continuó– todo va a cambiar: en nuestra clase, ¡sólo será válido lo que se decida por mayoría! ¡Este es el nuevo principio! Basta de las imposiciones de uno sobre todos… Estamos por una nueva educación. Una nueva escuela, una escuela del siglo XXI, del cambio, moderna, inclusiva. En una palabra –¡y miren qué palabra, chicos!– democrática. ¿Por qué tema les gustaría empezar? Vamos, votemos todos.

 

Desgraciadamente había un aguafiestas en ese aula.

 

–Disculpe profesor, ¿cómo… cómo podríamos llamar a este principio?–dijo un alumno, levantando la mano.

–No hace falta que levantes la mano –repuso el Profesor guiñando el ojo, con tono cómplice–, como si estuviésemos en el Liceo Militar… Simplemente hablá, fluí. ¿Qué decías?

–Pregunté cómo podríamos llamar a este principio.

–Eh… llamémoslo… ¡Principio Mayoritario! ¿Te gusta? Yo siempre tuve a los nombres de las cosas un poco como fajas que restringen la vitalidad del pensamiento, que es un río, pero si querés podríamos llamarle así.

–Mmmm… ¿y a quiénes se le aplica?– continuó el alumno.

–¿A quiénes, m’ hijo? Ahora, en este momento, se aplica a ustedes… ¡a esta misma aula de la facultad de Buenos Aires! A todes nosotres, yo también me someto a este criterio, yo el primero, por supuesto.

–Profesor…–volvió a la carga el alumno, sintiendo repugnancia por el martirio que estaba sufriendo el idioma castellano, pero no obstante levantó nuevamente la mano.

–Sí… ¡decime!–respondió el docente, notando que el alumno de nuevo recaía en costumbres arcaicas.

–Usted dice que quiere aplicar el Principio Mayoritario…

–¡Sí, así es!

–… que consiste en que sólo será válido lo que se decida por mayoría…

–¡Sí, eso mismo! Me alegra que lo recuerdes tal cual lo dije… ¡Eres bueno…!–Ok, gracias. Pero… en realidad, yo no quería hablar de mí. Yendo al punto…. Hay algo que me llama la atención… ¿sabe?

–Decilo ya, no temas, no des tantas vueltas, acá todos somos iguales, ¡ahora rige el Principio Mayoritario y tu opinión es MUY importante!–contestó el docente, y el rostro se le iluminó al pronunciar estas palabras.

 

Los demás alumnos se sentían halagados, aunque otros sospechaban. “Mucha miel, demasiada”, sentenció Inés para sus adentros. “El profesor se hace el buenito pero en cualquier momento muestra los dientes”. Sin embargo, luego se autocensuró: “No puedo ser taaan mal pensada. Esperemos a ver cómo le contesta a este chico”.

 

–Lo que me llama la atención –respondió el alumno– es que Usted nunca acordó con nosotros aplicar ese principio –dijo casi como suspirando ante el peso de tamaña obviedad.

 

A veces lo más sencillo de ver es lo más difícil de entender. Nunca sabremos si el docente se hizo el tonto o si realmente no captó el punto.

 

–¿Eh? No entiendo.

–Digo que, por un lado, Usted dijo recién que sólo será válida una decisión mayoritaria… pero, por otro lado, EL HECHO ES que los 30 alumnos de esta aula no hemos decidido mayoritariamente aplicar el Principio Mayoritario…

–Eh…

–Nunca preguntó al curso si queremos aplicar el Principio Mayoritario–repuso el muchacho, que comenzaba a envalentonarse, en tono más directo.

 

Inés, que no había perdido detalle de la conversación, sintió la frase como estocada en un torneo de justas del siglo XIV. O, si el lector lo prefiere, como Exocet sobre navío inglés en 1982. Nunca lo admitiría, pero en su interior saboreó el poder del argumento.

 

–Eh…

–Usted nunca preguntó si la mayoría del curso estaba de acuerdo con el Principio Mayoritario. Simplemente, ¡lo impuso!

–Querido, querido… no importa. ¿Sabés qué? –dijo, cambiando el tono. Estaba nervioso– Lo vamos a aplicar igual. A partir de ahora, rige el Principio Mayoritario. Rige la democracia. Se acabó la dictadura del docente, la dictadura “del que sabe más”. Todo por mayoría y…

 

Como quien suelta una frase imposible de postergar, desde el fondo del alma el aguafiestas dijo, “completando” la frase del profesor:

 

–Todo lo decidiremos, todo… ¡pero hay una cosa que no! ¡No decidiremos si queremos tomar todas las decisiones en base al Principio Mayoritario…!

 

El docente perdió la compostura y fuera de sí levantó la voz.

 

–Volvimos al Medioevo. ¡Esto es fascismo! ¿Lo ven? ¿Lo ven, chicos? Este alumno no quiere la democracia. ¡Nos quiere imponer sus ideas a nosotros! Este alumno es un retrógrado. ¡No quiere el Principio Mayoritario, quiere la escuela vieja!

 

Un incómodo silencio se apoderó de la clase. El hombre había perdido el control. Su mismo rostro se desfiguraba, airado por haber quedado al desnudo. Y finalmente arremetió.

 

–Este alumno quiere los métodos obsoletos del pasado. ¡Quiere el autoritarismo del docente! ¡Quiere la obediencia ciega del alumno! Eso ya se acabó. Ahora, todos debemos manejarnos en la escuela moderna con principios de mayoría. Basta de imposiciones del docente, hay que dar lugar al alumno. Quiero que votemos el tema a desarrollar. Había dejado de mirar al aguafiestas, y posaba su mirada en el resto.

–Chicos, ¿se dan cuenta? ¿Se dan cuenta?

 

Inés se había dado cuenta.

***

 

Adquirí el primer libro del Lic. Juan Carlos Monedero: “LENGUAJE, IDEOLOGÍA Y PODER”, tomo I, con prólogos del R. P. Alfredo Sáenz y el Dr. Antonio Caponnetto. Ilustraciones: José Antonio Van Tooren.

Conseguilo en Amazon:

https://amzn.to/3FKFVHm

Adquirí el tomo II también en Amazon:

https://amzn.to/3PknkXd

El tomo I contiene trabajos publicados entre 2010-2015, mientras que el tomo II incluye aquellos entre los años 2016-2019.