Piedad sin prudencia, dinamita para el alma – El consejo de Don Cafasso a Don Bosco

Piedad sin prudencia,

dinamita para el alma

El consejo de Don Cafasso a Don Bosco

“La esencia de la virtud reside más en el bien que en la dificultad”

Santo Tomás de Aquino

Por el Lic. Juan Carlos Monedero (h)

Descargue la versión en PDF haciendo click aquí.

Compartimos esta anécdota de la vida de Don Bosco, hecha biografía por Hugo Wast; abajo nuestro comentario filosófico-teológico prudencial al respecto.

 

“¡Ya está! ¡Será oblato de la Virgen María!

Con aquel ímpetu generoso de todas sus resoluciones, destina todos sus minutos libres a estudiar lenguas, español, inglés, francés, instrumentos preciosos para un misionero. Ha consultado a su confesor, Don Cafasso, quien sacude la cabeza irónicamente:

-¿No pensaba también ser sastre? ¿Cómo va la sastrería?

Don Cafasso alude a aquel sueño que Don Bosco le ha narrado, en el cual se veía zurciendo retazos de diversas telas y cortando ropas.

Un día, ansioso de concluir con sus dudas, prepara su maleta y se presenta a Don Cafasso.

-Vengo a decirle adiós.

-¿A dónde va?

-A hacerme oblato de la Virgen María.

-¡Ah, Don Bosco, Don Bosco!… ¿Y la sastrería?… Vaya, deje su maleta y venga a hablar conmigo…

-¡Yo estoy resuelto a ser misionero!

-No, usted no puede ser misionero. No puede andar una milla en un carruaje cerrado, sin marearse y estar a la muerte, y piensa cruzar el océano… ¡No, no! Dios no quiere que usted sea misionero… Déjeme pensar a mí…

Don Cafasso ha adivinado sobrenaturalmente la misión de Don Bosco.

No sólo en el centro del Asia y del África y en las regiones inexploradas de América hay infieles a quienes evangelizar. También en Turín y en Roma, y en todas las grandes ciudades. Esos son los pedazos de telas diversas que debe zurcir. Esa es la sastrería que no puede abandonar.

Con su acostumbrada humildad, Don Bosco renuncia al proyecto”.

 

Las Aventuras de Don Bosco. Hugo Wast. Buenos Aires, Editorial AOCRA Argentina, 1975, págs. 135-136, cap. X.

 

Comentario y análisis

En la mente de algunos lectores, se pudo haber gatillado esta pregunta: “¿Cómo que Don Cafasso desalienta la misión en pro de la salvación de las almas?”.

¡Grave error conceptual de lectura comprensiva! Don Cafasso desalienta una imprudencia: exponerse más allá de las propias fuerzas naturales. Cafasso, el hombre culto, piadoso y prudente (la piedad sin prudencia es una bomba de tiempo), está desaconsejando un acto de temeridad. Para hacerlo, se basa en la lógica más rigurosa (la lógica viene del Logos, Cristo) y formula su juicio a partir de esta premisa implícita: el que no puede lo menos, no puede lo más. En efecto, si para Don Bosco un viaje corto es una tortura en mareos, un viaje a otro continente (Asia, América, África) sería muchísimo peor. Mucho más doloroso, más incómodo.

Dos objeciones saltan al paso:

Nº 1: “¿Acaso con dolor no sería más meritoria la evangelización?”. Visto así, una crítica fácil sería atribuir a Cafasso una idea de espiritualidad cómoda. Sin embargo, se trataría de un grave error. Porque tildar al buen Cafasso de un simple cómodo proviene de la siguiente premisa, totalmente falsa:

  • A mayor esfuerzo, mayor mérito.
  • A menor esfuerzo, menor mérito.

Sin embargo, esta ecuación no siempre es así. Este razonamiento no es una idea propia de la espiritualidad católica.

No señor.

Las dificultades externas, mayores o menos, no son por sí mismas un signo de que la acción es querida por Dios. Una empresa mala o incluso diabólica suele encontrar muchas dificultades (el empujar una mentira choca con la realidad).

Era Kant quien sostenía que “es inherente a la noción de la ley moral que esté en contraposición con el impulso natural. Por tanto, es propio de la misma naturaleza –escribe Josef Pieper– que el bien sea algo difícil y que el voluntario esfuerzo del dominio de sí mismo se convierta en la medida del bien moral; lo más difícil es bien en mayor medida”[1]. Pieper agrega que Schiller, en el mismo sentido kantiano, ha escrito:

“Sirvo con gusto al amigo, pero lo hago, desgraciadamente, porque me siento inclinado a ello –y me lamento con frecuencia de no ser virtuoso”.

Y sentencia Pieper: “El bien sería entonces la fatiga”.

Como hemos dicho, la espiritualidad católica clásica no sostiene tal cosa. Esto no significa por supuesto consagrar que el bien está siempre en lo fácil o en lo placentero, por supuesto. Ni siquiera significa que, en ocasiones, los grandes actos de virtud, de amor o de caridad, no supongan quebrantamientos interiores: ¿acaso no habrá sufrido, no le habrá costado, a la madre que perdona cristianamente al asesino de su hijo? A la virtud se llega con esfuerzo. Ad astra per aspera. Puede resultar penosa la conquista de la virtud pero, al adquirirla, el acto virtuoso se realiza con facilidad, prontitud y deleite. Por eso, aunque la dificultad acompaña o suele acompañar a la virtud, no es de su esencia.

Leamos a Santo Tomás de Aquino: “La esencia de la virtud reside más en el bien que en la dificultad”[2]. Como consecuencia de esto, el Aquinate escribe: “Por tanto, se debe medir la excelencia de una virtud por la razón de bien más que por la de dificultad”. Esto significa que la mayor o menor excelencia está más vinculada al bien, como tal, que al esfuerzo que supone realizarlo.

En otro fragmento de la Suma[3] leemos: “La esencia del mérito y de la virtud está en función más del bien que de lo difícil”. Por lo tanto, dice: “No es, pues, justo afirmar que lo más difícil sea lo más meritorio; el mérito está en que lo más difícil sea también lo mejor”. No es justo, dice Santo Tomás. No debemos afirmar eso.

Por si no entendimos, Santo Tomás agrega en otra de sus obras[4]: “No es la dificultad que hay en amar al enemigo lo que cuenta para lo meritorio…”. ¿Qué es lo que cuenta, pues? Lo que cuenta sería “la medida en que se manifiesta en ella la perfección del amor, que triunfa de dicha dificultad”. ¡Y dice más!:

“si la caridad fuera tan completa que suprimiera en absoluto la dificultad, sería entonces más meritoria”.

Por otro lado, la dificultad interior de la voluntad en realizar una acción suele indicar la falta de virtud del agente: tanto quien obsequia dinero fácilmente como quien lo obsequia con desgarro interior, realizan un acto positivo. Pero hay más virtud en el primero. Porque la virtud implica la rapidez, el gusto y la alegría en la realización del acto.

Por otra parte, si Don Bosco hubiese viajado entre dolores insoportables, al llegar a destino no hubiese podido realizar adecuadamente su tarea de evangelización. Cafasso tuvo todos esos elementos en cuenta.

Nº 2. La objeción del milagro. Esta es más interesante: “Debo arriesgarme e ir igualmente a ese continente, Dios obrará el milagro de mi salud física”. Sin duda que Dios puede obrar ese milagro. Ahora bien, ¿puede usarse el poder de Dios como argumento para provocar una situación de tal naturaleza? Esa es la pregunta importante.

Recordemos el episodio de las Tentaciones de Cristo en el desierto. A los 40 días de ayuno, Nuestro Señor siente hambre y justo en ese momento se aparece el Adversario. Luego de fracasar con su primera tentación, el Demonio lo desafía a arrojarse desde lo alto (Mt 4, 5-7). Jesús responde de manera categórica: “No tentarás al Señor tu Dios”. Por su lado, en Catena Aurea, leemos que unos de los comentaristas (Teodoto) escribe:

“tienta a Dios quien hace algo poniéndose en peligro sin motivo”.

La tentación de arrojarse también aparece en el Evangelio de Lucas 4, 9-13. El comentario de Catena Aurea es también iluminador. San Juan Crisóstomo es aún más duro que el comentarista anterior: “Diabólico es arrojarse a los peligros y tentar si libra Dios de ellos”. San Cirilo agrega que el mismo Jesucristo “no mostraba milagros a los que lo tentaban”. Antes bien, Nuestro Señor decía (Mt 12, 39): “Esta mala raza pide un signo, y no se le dará”.

 

El sueño del sastre

 Don Bosco soñaba con evangelizar lejanas tierras. Pero Don Bosco también soñó con que ejercía el oficio de sastre. Cafasso, con humor pero bien directo, implícitamente le está diciendo al querido santo italiano: “¿Con qué autoridad rechazas un sueño –pues no te has puesto a ser un sastre– y adoptas otro: la evangelización? ¿Por qué no podría ser al revés: abandona la evangelización y conviértete en sastre?”. Quizás, lo que Cafasso aquí le da a entender al santo es la arbitrariedad de su planteo. En el fondo, Don Bosco no tiene más razones para viajar a otros continentes de las que tiene para ser sastre.

Es cierto que, a veces, en el ser humano late la tendencia a racionalizar, a buscar explicaciones de las cosas, especialmente de los sueños. En ese sentido, nos viene como anillo al dedo la historia de José: el judío preso en Egipto que soñaba con 7 vacas gordas y 7 vacas flacas. Pero Dios no tiene que estar enviando mensajes permanentemente a través de los sueños. Los sueños son, por efecto del Orden Natural dispuesto por Dios, simples reelaboraciones mentales, caprichosas, antojadizas, atravesadas de emociones y recuerdos. No tienen porqué tener, siempre, un significado.

Con buena voluntad pero sin criterio se pueden cometer grandes errores. Las almas más generosas suelen ser víctimas de ese tipo de engaños. Don Bosco tuvo la suerte de tener un Cafasso que le tirara de las orejas; pero no siempre ocurre así. A veces, hay quienes o no se interesan, o no saben, o están tan confundidos como esas almas o -peor aún- se aprovechan de esa generosidad para explotarla a su favor. Los jóvenes, entregados pero también inexpertos, son el blanco preferido de ciertos personajes que no retroceden ante los peligros más evidentes y que exigen, exigen y exigen aprovechándose de almas delicadas pero escrupulosas. Que el ejemplo de Don Cafasso nos sirva de modelo, según el consejo de Santa Teresa en Camino de Perfección: Procurar “confesores letrados” y desconfiar mucho de los “medio-letrados-, los cuales me han engañado hartas veces”.

 

[1] Cfr. Josef Pieper. El Ocio y la Vida Intelectual. Rialp, Madrid, 1998, sexta edición, págs. 26-27.

[2] Cfr. Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica II-II, q. 123, art. 12, ad 2.

[3] Cfr. Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica II-II, q. 27, art. 8, ad 3.

[4] Cfr. Santo Tomás de Aquino. Cuestiones disputadas sobre la Caridad 8, ad 7

Encíclica Humanum Genus – León XIII condena la Masonería (1884)

Encíclica Humanum Genus – León XIII condena la Masonería (1884)

Puedes leer la encíclica haciendo click aquí.

Cabe destacar que un organismo estatal vinculado a los servicios de inteligencia, rebautizado como División de Asuntos Internos durante la Presidencia de Milei, se ha relanzado haciendo uso de inequívocos símbolos masónicos: la pirámide y el ojo. Por eso es importante recordar que la MASONERÍA ha sido condenada por la Iglesia Católica.

Imagen

Más material relacionado:

Otro:

Nicolás Márquez, propagandista y apologista extremo de Javier Milei, en el año 2013 sostuvo en la red Facebook lo siguiente respecto de la Masonería:

“Yo conozco mucho sobre la masonería por infinidad de amigos que participan de ese club…”

“No hay un solo dato de esos supuestos cultos satánicos (atribuidos a la Masonería), por lo demás, hay muchos curas masones en el Vaticano, muchos Presidentes argentinos fueron masones, es bastante ficcionario (sic) el relato católico en torno a esto”

“La masonería es un club social que se dedica a promover los principios de la revolución francesa, no es ni más ni menos que eso, asignarle connotación diabólica es un error (…) es un club al que jamás pertenecería pero no es más que…”

 

 

🗽MILEI y el AB0rt0, insumos TRANS, Cambio Climático y AGENDA 2030 ➕

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Nos hacen una pregunta sobre Milei en el marco de una conferencia dictada por transmisión virtual.

Ahí está nuestra respuesta:

Video completo de la charla, haciendo click aquí.

Fuentes utilizadas en la respuesta:

Entrevista de Andrés Oppenheimer a Diana Mondino (Gobernanza Mundial, Derechos Humanos, Cambio Climático)

Milei y la Agenda2030

Denuncia de El Disenso

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Extraordinario texto del Padre Castellani sobre la Bandera Argentina

EL SIGNIFICADO DE LA BANDERA

(Discurso pronunciado el 20 de Junio de 1944,

en el Instituto Nacional del Profesorado Secundario)

Padre Leonardo Castellani SJ

El significado de la Bandera lo sabéis mejor que yo: es el símbolo de la Patria.

La Patria significa simplemente el bien común de todos, encarnado, aquí y ahora, en una comunidad social determinada en un tiempo y en un espacio.

El amor de la Patria, cualesquiera puedan ser sus falsificaciones, es bueno, porque es el amor de un bien real; es buenísimo, porque es el amor de un bien común, más próximo al bien divino que el bien particular.

El amor a nuestra Patria es obligatorio, porque, siendo seres limitados e históricos, no podemos, sin deshumanizarnos, desligarnos de la comunidad que nos ha dado el ser; es noble, porque nuestra Patria es hermosa; y es transcendental en estos momentos, porque, quizá, es el único cemento capaz de unir, y por lo tanto de salvar, a los argentinos.

No es lícito, pues, pisotear el símbolo del bien patrio que tenéis delante, no es lícito escupirlo, no es lícito ni siquiera desconocerlo ni olvidarlo.

Los usos, los signos y los símbolos son necesarios a la constitución de las sociedades. Cuando yo oigo un hombre que me dice: «Yo no llevo luto porque el dolor no está en los vestidos, el dolor está en el corazón», no puedo menos de pensar: He aquí un corazón insensible, he aquí una cabeza de nihilista, he aquí una palabra de imbécil. He aquí un hombre antisocial, es decir, antihumano.

Los usos y costumbres, los signos y símbolos son la causa eficiente de la convivencia social. Suprimid los usos y los signos, la sociedad se convierte en un amontonamiento de desconocidos; qué digo, toda sociedad queda aniquilada, pues no olvidéis que el primer signo del hombre es la palabra.

Estamos los maestros en este momento en el mundo luchando contra el desecamiento de los símbolos y la falsificación de las palabras.

Por eso, señores, aunque confieso que no me entusiasma esa multiplicación de «días» y de «fiestas» y de «homenajes», que es un sarampión argentino, a despecho del cansancio físico que alegué arriba, acepté la ocasión de plantar una pica con la bandera argentina en este Instituto que me es tan caro y a quien debo tantas atenciones. Es decir: la ocasión de defender como filósofo la racionalidad de esa cosa irracional que es un símbolo, y a proclamar como cristiano que la Bandera azul y blanca es santa, puede ser santa, debe ser para nosotros santa.

Un gran psicólogo contemporáneo, Ludovico Klages, ha buscado en el interior del hombre la raíz de las grandes convulsiones y destrucciones actuales; y ha formulado su hallazgo diciendo que el hombre moderno ha perdido el arte de ver visiones, la facultad de hacer imágenes, el poder de leer los símbolos; y entonces se convirtió en un autómata convulso, repleto de visiones confusas, de imágenes abortadas, de símbolos falsos, que le brindan en cantidad excesiva el cine, la radio y la prensa contemporánea. Quiere decir Klages con esta fórmula un poco críptica: el hombre moderno es desdichado porque no puede crear imágenes, que el racionalismo y el mecanismo de la época han desvitalizado su inteligencia, han desecado el corazón y han agostado sus creencias.

No es que sus manos hayan perdido la habilidad: tenemos la técnica más portentosa, empleada ahora en fabricar monstruos de muerte. No es que su razón haya perdido su aristocracia: tenemos una Babel de sistemas filosóficos, a cual más altanero y atrevido. Ha pasado algo diametralmente contrario a la Encarnación del Verbo: la Palabra se ha desencarnado; y después, como consecuencia, se ha falsificado.

Educado en gran parte para ser explotado como una bestia o para disfrutar de una vida de placeres sensuales como un zángano, el hombre moderno no es capaz de esa continua y jubilosa lectura de lo divino en lo creado, en lo cual consiste su felicidad específica como criatura racional, que Aristóteles llamó contemplación, esa lectura del Universo de que dijo Goethe que todo lo visible no es más que un símbolo: «Alles Vergängliche ist nur ein Gleichnis».

Y habiendo sido creado con sed inextinguible de felicidad, no es extraño, pues, que se agite, se inquiete y se desespere, que corra en todos sentidos como un animal enjaulado, que invente herejías y complote revoluciones, que haga toda clase de experimentos políticos, que reclame a gritos la tiranía y la extirpación de sus contrarios, y por último, que se arrojen en manadas inmensas unos contra otros, bañando en sangre las praderas y los océanos, inmolando sus vidas a toda clase de dioses falsos y reclamando con el grito auténtico de su sangre la vuelta urgente de un Dios verdadero.

No podemos conocer a Dios sino a través de las creaturas. Nuestro espíritu, el más débil de los espíritus creados, conoce lo invisible en lo visible, lo universal y necesario en lo concreto, lo eterno en lo mudable y contingente. Por eso la palabra más genuina del espíritu humano es el símbolo, que se define un signo natural, significante en doble plano.

Símbolo no es una metáfora, una comparación, una alegoría, artificios literarios que pueden mentir como cualquier palabra artificial. El símbolo es la palabra natural. El beso es símbolo del amor, el postrarse es símbolo de la adoración, la sangre es símbolo de la vida, y también de la muerte, y de la redención.

He aquí, pues, que donde Klages, espíritu sin sangre, con una inteligencia de diamante, él mismo víctima de la enfermedad que tan bien describe y denuncia, donde Klages no ve más que una desesperada declinación de la Humanidad a un inmenso suicidio colectivo por inanición, por congelación de la vida, surge de golpe el desastre y la providencia, surge el signo que todos los pueblos han considerado siempre el precio de la redención y la materia del sacrificio: la sangre bañando la tierra, el mar y el aire; es decir, he aquí a los hombres racionalistas que a millares dan sus vidas por ese trapo ridículo, como dicen los racionalistas, por su propia nacionalidad, por el grupo humano en que han nacido, aunque tenga errores, aunque esté manchado de pecados, aunque proponga para justificar la guerra motivos confusos; con el apego ciego e instintivo a su gente, a su paisaje, a su lengua, a su clima, a sus brumas, a sus soles, al color de su cielo, proclamando ante el Creador el derecho a sus diferencias nacionales, a ser diferentes de los otros, a realizar una imagen especial de Dios sobre la tierra; y reclamando a la vez del Creador con el grito de la sangre, que recomponga de una vez y rehaga una imagen suya en la Humanidad con estos impotentes y desorientados miembros del hormiguero humano, que por haberlo perdido a Él de vista, ahora no son capaces ni siquiera de convivir decentemente entre ellos.

Si Patria es la convivencia racional, la comunión en la vida virtuosa y la realización de una idea hermosa por medio de una multitud, entonces amar a la Patria es amar a Dios.

Hay un amor a la Patria que es informe y salvaje, y hay otro que es falsificado; uno que es impulso ciego, otro que es idolatría apóstata: pero ellos no suprimen el recto amor a la Patria.

Existe el amor a la Patria que es puro apego salvaje a un clan, con odio y xenofobia a todos los demás clanes. Este apego es instintivo, es la realización del teorema psicológico de que el hombre es un animal social, naturalmente, necesariamente. Este apego no es de suyo ni bueno ni malo, sino natural e informe, porque en el hombre todo lo que no es informado por la razón para volverse virtud, queda informe, o deforme.

Considerando este amor a la tierra que es la raíz del amor a la Patria informe, ciego, apasionado, obscuro como toda raíz, el filósofo Bergson, en su último libro, debilitado por su última enfermedad y aterrado por el ruido de armas que rodaba en Europa, lo anatematizó como malo, y proclamó como remedio y como ideal humano, una superación de la Patria, por un internacionalismo místico de tipo religioso, que prácticamente no creo pueda concretarse sino en la sangrienta y demagógica utopía que llamamos Comunismo.

Pero al invocar a los místicos cristianos en pro de su idea mística errónea, Bergson olvidaba que la más pura y milagrosa mística mujer de Francia, Juana de Arco, es la inventora de la Bandera como símbolo nacional, y la mártir de la idea moderna de «Nación». Contra una raza extranjera que tenía derechos feudales en Francia; contra un Señor legítimo, el borgoñón, que medraba con la guerra civil; y aun contra algunos hombres de Iglesia, quiero decir Judas de Iglesia, que hacían política temporal y también negocios con la religión, la doncella de Orleáns, Santa Juana, hereje, relapsa y mártir, luchó con la espada, dio su sangre y fue quemada viva.

Entendedlo bien, murió por Francia, murió por su Patria y Dios se lo contó como si hubiese muerto por Cristo. Por lo menos la Iglesia la proclamó Santa. Y eso para nosotros significa lo mismo.

Así como existe un amor informe a la Patria, que es el amor del salvaje a su clan (no basta ser independiente para ser Patria, no hay nadie más independiente que el salvaje), así existe un amor falsificado.

Es el amor de los que hacen de su Nación un absoluto, le ponen atributos divinos, idolatran en ella, venden a ella su alma, y le hacen sacrificios humanos, lo cual se llama hoy ultranacionalismo o estatolatría.

El hombre es animal adorante, cuando no adora al Dios Sumo, se adora a sí mismo en las obras de sus manos. «No adorarás la obra de tus manos —dice el Libro Santo—, no te harás ídolos de madera, de marfil y de oro». El Estado es la gran obra de las manos del hombre, es la suprema creación del intelecto práctico, dice Santo Tomás. El dinero es una gran creación del ingenio humano, a él obedecen todas las cosas, es omnipotente y da la felicidad. Entonces, apenas hemos arrojado de Europa a Jesucristo, el más incontestable de sus dioses, surgen en su lugar necesariamente Júpiter, dios griego, el dios del rayo Baal-Moloch, dios semita, el dios de la riqueza, y no hay más remedio que obedecerlos porque son más poderosos que el hombre, son fuerzas naturales como los terremotos, que sólo obedecen a Dios.

Júpiter restablece la esclavitud. Moloch restablece los sacrificios humanos. Así se falsifica el amor patrio y así surgen guerras por el petróleo, por las colonias, por los mercados o por el simple orgullo imperialista. Pero eso no quiere decir que el amor patrio sea malo, sino que lo es su corrupción. Puesto que las peores corrupciones son las corrupciones de las cosas buenas.

Nuestra Bandera nació en un pelado pedazo de Pampa, junto al Río inmenso y melancólico, en tiempo de guerra y de heroico apuro. No es símbolo de ninguna herejía, no es símbolo de ningún capitalismo, de ningún imperialismo, de ningún rencor fratricida; no ha amparado piratería ni conquistas injustas, ni venganzas criminales. «Melancólica imagen de la Patria», la llamó un poeta. Yo quisiera poder decir que los males que sufrimos hoy como pueblo los argentinos no son un fruto de los crímenes nacionales, sino más bien de imprevisión y de ingenuidad, de superficialidad y de ignorancia en último caso.

Pero como la ignorancia también es pecado cuando es culpable, lo mismo que la violencia, y la pereza intelectual es uno de los siete pecados capitales, y uno de los Siete Sabios de Grecia, Pitaco, al lado del «conócete a ti mismo» pone este mandato: «Cultiva tu inteligencia, estudia continuamente, conoce a los dioses» —yo temo justificar delante de Dios a nuestra Patria de toda mancha, porque podría ser posible que, adormecidos por nuestra distancia de Europa, la riqueza de nuestro suelo, una blandura benevolente que es natural en nuestro temperamento nacional, nos hayamos dormido repitiendo que la Bandera Argentina no ha sido atada al carro triunfal de ningún vencedor de la tierra, olvidándonos al mismo tiempo que las banderas se pueden cotizar en las bolsas de comercio internacionales.

Porque existe, por desgracia, un pecado del hombre que es el ser «desmadrado», es decir, ingrato a su madre; y existe un crimen del hombre que se llama ser felón.

El estado real de nuestra Patria en el mundo consiste hoy simplemente en que nuestra Patria no está fuera de este mundo; y el mundo está conturbado por una violenta crisis que consiste en una ruptura total con el pasado inmediato, y la búsqueda angustiosa de un nuevo equilibrio, que supere los grandes problemas del siglo pasado, que son esencialmente tres: el problema de las relaciones entre los pueblos, el problema del Capitalismo Internacional, y el problema de los contrastes de clases, o sea, que hay que crear un derecho internacional, dominar la tiranía de la usura y corporizar el trabajo.

Nuestro siglo es enteramente parecido a aquel curioso siglo XIV, tan estudiado hoy día, que después de convulsionarse en forma que amenazó la misma existencia de Europa, creó el equilibrio inestable y la fugaz maravilla del Renacimiento.

Entonces, ¡oh jóvenes argentinos que me escucháis!, nuestro deber es cerrar filas al lado de nuestra bandera, abrir los ojos y los corazones, renunciar a todo odio excesivo y a todo particularismo, lidiar nuestras luchas internas, que son necesarias, sin pecar jamás gravemente contra la concordia nacional, sin faltar a la caridad social y a la justicia fundamental, sin hacer de ningún hermano argentino un enemigo irreconciliable; odiar al error sin odiar a los que yerran, al pecado sin odiar a los pecadores; «poner al lado de la necesaria rigidez de los principios la más sincera buena voluntad hacia las personas» (J. B. Genta)

Tomado de Castellani por Castellani,

C. Biestro (ed.), Mendoza, Jauja, 1999, pp. 227-232.

La Guerra Semántica (conferencia en Youtube)

Conferencia “La Guerra Semántica”

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El escarabajo bombardero (o la refutación de la teoría de la evolución) – Réplica al gradualismo de Darwin

El escarabajo bombardero (o la refutación de la teoría de la evolución)

Réplica al gradualismo de Darwin

Si se pudiese demostrar que existió un órgano complejo que no pudo haber sido formado por modificaciones pequeñas, numerosas y sucesivas, mi teoría se destruiría por completo; pero no puedo encontrar ningún caso de esta clase.

Charles Darwin.

El origen de las especies.

Por Juan Carlos Monedero (h)

ÍNDICE

–Introducción

–La teoría de la evolución: el gradualismo

–La realidad: la maravilla del escarabajo bombardero

–El contraste entre la realidad y la teoría

–Conclusión

Introducción

No sería justo comenzar este artículo sin un expreso agradecimiento al Padre Carlos Baliña por habernos enseñado sobre este simpático insecto: el escarabajo bombardero.

La difusión de la película Dios no ha muerto hizo renacer en algunos círculos el debate sobre la enseñanza de la ciencia, el origen del hombre y el papel de la religión en torno a estos temas tan pero tan discutidos. Hablaremos en este artículo, pues, de los seres vivos, de los insectos, de la ciencia de la Biología y de la teoría de la evolución. Como introducción al tema, cabe explicar ciertos conceptos fundamentales.

Se trata de ideas clave que hacen posible entender de qué estamos hablando y dónde estamos parados.

Toda teoría o formulación científica es, en primer lugar, una explicación; en segundo lugar, una explicación de ciertos hechos. Se conocen ciertos hechos y luego se elaboran argumentaciones a fin de explicarlos. Explicarlos no es otra cosa que “darles razón de ser”. En el campo de la ciencia experimental, las teorías pueden pasar por distintas etapas. Una vez formulada, la teoría puede ser:

Confirmada: lo que se observa en la realidad corresponde de manera positiva con lo que se afirma en la teoría;

No confirmada: lo que se observa en la realidad no corresponde con la teoría;

No refutada: lo que se observa en la realidad no contradice lo que la teoría estipula;

Refutada: lo que se observa en la realidad contradice lo que la teoría dice que debería pasar;

Una misma teoría puede ubicarse en estas etapas durante momentos distintos[1]. Una teoría puede estar confirmada, al principio, respecto de algunos sucesos y, al mismo tiempo, puede ser categóricamente refutada en relación con otros. Y ahí se impone reformular la teoría o, sencillamente, abandonarla. A su vez, una teoría puede no estar corroborada y, al mismo tiempo, no haber sido refutada.

La idea del artículo es contrastar uno de los elementos principales de la teoría de la evolución con la realidad; veremos si este elemento capital se encuentra confirmado, no confirmado, no refutado o refutado.

Pues bien, este elemento capital de la teoría evolutiva es el gradualismo. Pasaremos a demostrar que así es.

La teoría de la evolución: el gradualismo

A continuación, explicaremos que tanto Charles Darwin como sus continuadores y objetores entienden por “evolución” un proceso extremadamente gradual. La idea de un proceso evolutivo de tales características fue denominada “gradualismo”. Este gradualismo es la piedra angular de la teoría.
Se llama “gradualismo” a la idea de que el proceso evolutivo ocurre de manera extremadamente lenta. La evolución es concebida como un proceso que acumula millones de cambios a lo largo de millones de años; modificaciones tan pequeñas que no podrían ser registradas si estuviésemos frente a ellas. Cambios imperceptibles. Un proceso extremadamente lento que se atribuye a la “selección natural”. Dice Darwin:

Admitimos por completo que la selección natural obra generalmente con lentitud extrema, y que puede funcionar solamente cuando existen lugares en la economía natural de un distrito que pueden ser mejor ocupados por la modificación de algunos de sus habitantes existentes, y cuya existencia depende con frecuencia de cambios físicos que por lo general se verifican de un modo muy lento, siendo imposible la inmigración de formas mejor adaptadas.

Continúa nuestro autor:

Como algunos pocos de los habitantes antiguos se modifiquen, las relaciones mutuas de los otros se perturbarán, creando así lugares aptos para ser ocupados por formas mejor adaptadas, lo cual, sin embargo, se irá verificando muy lentamente.

Por lo tanto, las diferencias entre los seres vivos no siempre han sido de inmediata captación a diferencia de lo que sí ocurre ahora:

Aunque todos los individuos de la misma especie se diferenciasen entre sí en algún pequeño grado, pasaría mucho tiempo antes de que pudiesen ocurrir diferencias ventajosas en varias partes de la organización.

Concluye el párrafo Darwin:

la selección natural obrará generalmente con mucha lentitud, sólo por grandes intervalos de tiempo y en pocos habitantes de la misma región, así como no dudamos que estos resultados lentos e intermitentes concuerdan muy bien con lo que la geología nos dice de la manera y velocidad con que han cambiado los habitantes del mundo[2].

El capítulo VI del libro “El origen de las especies” está titulado Dificultades de la teoría. Allí, Charles Darwin vuelve a subrayar el carácter gradual del proceso evolutivo. Dice, al comienzo:

Con la teoría de la selección natural podemos entender claramente el sentido completo de aquel antiguo canon de historia natural: “Natura non facit saltum”, el cual no es estrictamente exacto si miramos sólo a los actuales habitantes del mundo; pero si incluimos a todos los de los tiempos pasados conocidos y por conocer, dentro de nuestra teoría debe ser perfectamente verdadero.

             Natura non facit saltum significa “La naturaleza no da saltos”Ausencia de saltos es una manera de decir, con otras palabras, GRADUALISMO.

Por estas razones, no hay científico evolucionista que no sostenga que la tierra y el universo tienen millones de años de edad. Estos millones de años empalman perfectamente con la idea de un proceso extremadamente lento. Pues bien, esto es lo que deseábamos demostrar: no hay evolución sin gradualismo. No sólo Darwin[3] sino los neodarwinistas actuales defienden la teoría de la evolución como un proceso causado por una enorme sucesión de micromutaciones, cada una de las cuales produce un pequeño cambio por vez. Las mutaciones genéticas aleatorias (que son un hecho indiscutible, observable) son identificadas por los neodarwinistas como el mecanismo que impulsa la evolución de las especies (lo cual ya es una inferencia en base a esos hechos). Esta identificación es clave para la teoría evolutiva en la actualidad.

Uno de los neodarwinistas más famosos es el conocido militante ateo Richard Dawkins, quien sostiene que la evolución:

debe ser gradual cuando está siendo usada para explicar la venida a la existencia de objetos complicados y aparentemente diseñados, como los ojos. Porque si no es gradual en estos casos, ella deja de tener todo poder explicativo. Sin gradualidad en esos casos, estamos de vuelta en el milagro, lo cual es simplemente un sinónimo de la total ausencia de explicación[4].

No sólo Darwin y los más conocidos evolucionistas actuales son gradualistas. También es relevante hacer notar que quienes han criticado con mayor rigor el evolucionismo reconocen que la teoría tiene –en su núcleo esencial– un elemento gradualista. Pongamos el ejemplo del notable intelectual Phillip E. Johnson, para quien evolución y gradualismo están inseparablemente unidos:

Darwin se sentía particularmente ansioso por evitar la necesidad de ningún «salto» –por el cual aparece un nuevo tipo de organismo en una sola generación. La mayoría de los científicos creen que los saltos (…) son teóricamente imposibles, y ello por buenas razones. Los seres vivos son conjuntos extremadamente intrincados de partes interrelacionadas, y las partes mismas son también complejas. Es imposible imaginar cómo las partes cambiarían al unísono como resultado de una mutación al azar.

En una palabra (y es palabra de Darwin), un salto es equivalente a un milagro[5].

Agrega Johnson:

Darwin rechazó de forma enfática toda teoría evolucionista de este tipo, escribiendo a Charles Lyell que “Si yo llegase a quedar convencido de que necesitaba tales adiciones a la teoría de la selección natural, las rechazaría como basura… No daría un céntimo por la teoría de la selección natural, si se precisa de adiciones milagrosas en cualquier etapa de descendencia”[6].

En el capítulo III, Johnson cita a Darwin sobre este punto:

La selección natural puede actuar sólo mediante la preservación y acumulación de modificaciones infinitésimas que se heredan, cada una de ellas provechosa para el ser que se preserva…[7].

Por lo tanto, no hay duda de que -para Darwin, para importantes neodarwinistas y para los críticos- el gradualismo era un elemento capital y no accidental de la teoría de la evolución.  Clarificado y expuesto el presente punto, ya podemos dejar el plano del pensamiento e ir directamente a la biología.

 

La realidad: la maravilla del escarabajo bombardero

Hablaremos ahora, concretamente, de las ciencias naturales. Descendamos en la escala biológica y vayamos a los insectos. Veamos el escarabajo bombardero.

Conozcamos a este pequeño escarabajo, verdadero “pionero” de la utilización del armamento químico. Es un insecto que habita la región del sur de Inglaterra, cuyo nombre guarda relación con la particular forma de defenderse: cuando se acercan sus depredadores, el bombardero les rocía en forma sorpresiva un líquido a más de 100° C. Su defensa requiere de cuatro sustancias químicas.

Veamos en detalle su mecanismo, descubierto en 1961 por un químico alemán llamado Hermann Schlidnecht. Este hombre descubrió la intimidad del insecto: advirtió que el escarabajo bombardero tiene dos glándulas que producen una mezcla líquida, dos cámaras de almacenamiento conectadas, dos cámaras de combustión y dos tubos externos que pueden ser dirigidos como armas flexibles en la cola del insecto. Al analizar el líquido almacenado, Schlidnecht encontró que contenía 10% de hidroquinona y 23% de peróxido de hidrógeno (agua oxigenada). La mezcla de estas dos sustancias produce una reacción explosiva, que rápidamente supera los 100 grados centígrados.

Hemos dicho que eran cuatro las sustancias y sólo hemos mencionado dos. A esta mezcla, el escarabajo bombardero agrega otra sustancia que se denomina inhibidor. Esta sustancia tiene la función de impedir la explosión dentro del cuerpo del propio escarabajo. Y por último, una cuarta sustancia denominada anti inhibidor. Como su nombre lo indica, neutraliza la acción de la anterior y permite que se desencadene la reacción química –ya fuera del cuerpo del escarabajo– impactando al enemigo con este líquido hirviendo.

Cuando el depredador se acerca al escarabajo, se activa el siguiente circuito:

1) se genera la mezcla –es decir, la reacción química– al mismo tiempo que el inhibidor se pone en funcionamiento, impidiendo la explosión dentro del escarabajo;

2) luego, la mezcla circula por los dos tubos de combustión;

3) finalmente, entra en juego sólo en el momento preciso –aquel instante en que se siente más vulnerable– el anti inhibidor. De esta manera, el escarabajo se protege de sus depredadores pudiendo disparar hasta 50 chorros sucesivos, con un alcance de 5 cm, distancia cuatro veces mayor que su propia longitud.

Un video sobre este insecto se puede ver aquí:

El contraste entre la realidad y la teoría

Veamos ahora si el elemento clave de la teoría de la evolución –el gradualismo– es confirmado, corroborado o refutado por la realidad. En este caso, por una realidad representada por el mecanismo de defensa del escarabajo bombardero.

Para determinar si la teoría se ajusta a la realidad, supongamos verdadera la teoría. Es decir, supongamos que los hechos ocurrieron tal como la teoría de la evolución dice que pasaron. Viajemos con nuestra imaginación varios millones de años y pensemos en el escarabajo bombardero. Imaginémoslo en pleno proceso evolutivo: imaginemos su mecanismo de defensa evolucionando.

¿Podría semejante mecanismo maravilloso y complejo evolucionar gradualmente a través de millones de años? El evolucionista tiene que responder “sí”.

Pues bien. Nos hacemos esta pregunta: ¿qué pasaría si este insecto produjese el peróxido de hidrógeno y la hidroquinona, mezclándonos en la cámara, pero sin producir todavía el inhibidor, por hallarse en trance evolutivo? Forzosamente, en algún momento el escarabajo debió hallarse en ese trance sumamente lento, imperceptible, extremadamente gradual.

Si así fuera, estamos forzados a admitir una consecuencia. Si no genera el inhibidor antes, el escarabajo estallaría. Se destruiría a sí mismo. No podría sobrevivir.

La pregunta que se impone es: ¿cómo se llegó al inhibidor? Dice el Dr. Scott M. Huse: “No hay ninguna necesidad de desarrollar un inhibidor a menos que ya se tengan los dos químicos que se están intentando inhibir”. Como el mismo nombre lo indica, el inhibidor inhibe. Inhibe algo. ¿Qué cosa inhibe? Inhibe la mezcla de los químicos. Por lo tanto, el inhibidor guarda una relación con esa mezcla.

En otras palabras, si ya se tienen los dos químicos sin el inhibidor ya es demasiado tarde porque se ha volado a sí mismo en pedazos.

Pensemos una segunda posibilidad: ¿y si fuese al revés? Imaginemos al escarabajo produciendo el inhibidor pero sin, todavía, producir el anti inhibidor. ¿Qué pasaría? Nos los dice el mencionado autor:

La solución resultante no ofrecería ningún beneficio en absoluto al escarabajo, porque simplemente residiría en él como una mezcolanza inofensiva. Para que tenga algún valor para el escarabajo, el anti inhibidor debe agregarse a la solución[8].

Si el orden en que el mecanismo del escarabajo evolucionó fue éste, no pudo haber reacción química ni dentro ni fuera del insecto. En ese caso, arrojaría simplemente un líquido frío e inofensivo a sus depredadores. No los lastimaría, no se podría defender. Acabaría muerto.

Debemos considerar algo más; algo que, de entenderlo, podría hacernos caer de rodillas. Nos referimos nada más ni nada menos que al factor tiempo. El escarabajo opera con una precisión fabulosa: los dos instantes más comprometedores para él son aquéllos en que agrega el inhibidor y el anti–inhibidor.

Una demora siquiera de un segundo sería fatal.

¡Un segundo! Si por una millonésima de segundo la reacción química tuviese lugar dentro del cuerpo del escarabajo antes de que actuara el inhibidor, el escarabajo ya no podría controlarla. Nuestro insecto explotaría si demora en aplicar el inhibidor, incluso aunque lo produjese. Por la misma razón, si por un pequeñísimo instante demorase en reaccionar ante los depredadores, podría experimentar una consecuencia letal. Hay producción de la sustancia pero también coordinación y articulación de la misma.

Sin embargo, sucede exactamente lo contrario.

Ni demora el escarabajo en reaccionar ni se explota a sí mismo.

Se impone una conclusión: el mecanismo de defensa tiene sentido como un todo, sin que pueda faltar ninguna parte. Todas deben estar presentes desde el comienzo. El escarabajo bombardero es una obra maestra de la coordinación. No hay orquesta de ópera que se le pueda comparar.

Si el escarabajo no puede existir ni medio segundo sin contener la reacción química (ni puede sobrevivir en su medio sin ser capaz de desactivarla), entonces se impone –a nuestro juicio– la siguiente conclusión: el origen del escarabajo bombardero no puede ser pensado en términos gradualistas.

Muchos órganos exigen una intrincada combinación de partes complejas para llevar a cabo sus funciones. El ojo y el ala son las ilustraciones más conocidas, pero sería engañoso dar la impresión de que se trata de casos especiales; el cuerpo humano y los de los animales están literalmente cargados de maravillas similares. (…) El primer paso hacia una nueva función (…) no daría necesariamente ninguna ventaja a no ser que las otras partes precisas para la función apareciesen simultáneamente[9].

Postular un proceso evolutivo para todos los seres existentes implica desconocer y pasar por alto no sólo a este insecto sino a todos aquellos sistemas poseedores de este mismo tipo complejidad. Tendríamos que creer que “durante miles de generaciones estos pobres escarabajos mezclaron y guardaron estos químicos sin ninguna razón en particular o ventaja”[10]. Es decir, tendríamos que admitir que este insecto guardaba elementos letales para su propia existencia.

Por lo tanto, nos sentimos autorizados a desacreditar o al menos a considerar sumamente debilitada la idea de que el escarabajo bombardero surgió según la supuesta ley del gradualismo evolucionista.

 

Conclusión

Ahora debemos determinar qué consecuencias extraemos de haber contrastado la realidad y la teoría de la evolución. ¿Cómo queda esta teoría? ¿Queda no confirmada? ¿Refutada? Tal vez ahora cobre mayor sentido la cita que encabeza este artículo:

Si se pudiese demostrar que existió un órgano complejo que no pudo haber sido formado por modificaciones pequeñas, numerosas y sucesivas, mi teoría se destruiría por completo; pero no puedo encontrar ningún caso de esta clase[11].

Las hipótesis y teorías científicas tienen “predicciones”. Una predicción, en ciencia, es una afirmación que la teoría hace en base a sus supuestos. En este caso, en base al gradualismo, se pueden extraer ciertas predicciones atribuibles a la teoría de la evolución.

Quedó demostrado que el escarabajo bombardero no pudo jamás haber surgido por un mecanismo gradual: su mecanismo de defensa es esencial para su conservación y no puede surgir “en diferentes pasos”.

Sin embargo, según el neodarwinismo, los seres evolucionan por un proceso lento y gradual; que todos los seres evolucionan por un proceso gradual. Por lo tanto, esta teoría queda refutada o, como mínimo, gravemente debilitada.

Podría intentarse “salvar” la teoría aduciendo que el escarabajo sería el único ser vivo sobre la tierra que no ha evolucionado. El escarabajo no “pero el resto de los seres, ”.

Pero este salvataje implicaría paradójicamente “hundir” a la teoría de la evolución, puesto que la teoría postula que todos –absolutamente todos– los seres existentes están sometidos a las leyes de la evolución. No algunos seres sino la totalidad de los que existen.

Queda demostrado lo que el mismo Charles Darwin reconocía ya en su libro: existen órganos complejos que no pueden ser formados mediante numerosas modificaciones, sucesivas y leves.

Por lo tanto, citando a Darwin, puede pensarse –con todo derecho– que la teoría está destruida por completo.

Publicado el 6 de enero de 2015. Epifanía del Señor

 

 

[1] Cfr. El origen de las especies, capítulo IV: La selección natural o la supervivencia de los más aptos. Darwin dirá –en el Cap. VI (Dificultades de la teoría)– lo siguiente: “Primero: creemos que las especies llegan a ser muy definidas, y que en ningún momento presentan caos intrincado de lazos variables e intermedios, porque las nuevas variedades se forman muy lentamente, pues la variación es un procedimiento lento, y la selección natural nada puede hacer hasta que ocurran diferencias o variaciones favorables individuales, y hasta tanto pueda ser mejor ocupado un lugar en la economía natural del país, por alguno o algunos de sus habitantes modificados. Estos nuevos lugares dependerán de lentos cambios de clima o de la inmigración accidental de nuevos habitantes, y probablemente en un grado todavía más importante, de que alguno de los habitantes antiguos se modifique poco a poco con las nuevas formas de este modo producidas y las antiguas, obrando por acción y reacción las unas sobre las otras, de modo que en cualquier región y en cualquier tiempo debemos solamente ver unas pocas especies que presenten pequeñas modificaciones de estructura en algún grado permanentes, y esto es lo que vemos. La selección natural puede actuar sólo mediante la preservación y acumulación de modificaciones infinitésimas que se heredan, cada una de ellas provechosa para el ser que se preserva…” (la negrita es nuestra).

Extracto de http://centros.edu.xunta.es/ceipcondesadefenosa/bibliocondesa/proxectos/darwin/documentos/orixe.pdf

[2] Los cambios rápidos fueron, por el contrario, descartados ya desde el comienzo por el mismo Darwin. En el mencionado cap. VII de El origen de las especies, explica las razones por las que considera que los cambios bruscos y repentinos no pueden ser causa del origen de las especies. Admite que tienen lugar en la realidad pero afirma que su puesto es ínfimo y que, por tanto, no pueden generar otras especies.

[3] Aserto de Richard Dawkins citado por Michael Behe en La caja negra de Darwin, pág. 40, citado a su vez por Daniel Iglesias Grézes, bloggista de InfoCatólica, en http://infocatolica.com/blog/razones.php/1201070342-la-caja-negra-de-darwin-2. La negrita es nuestra.

[4] Cfr. Phillip E. Johnson en su Proceso a Darwin, cap. III: Mutaciones, grandes y pequeñas. Ver la web Sedin de los cristianos evangélicos: http://www.sedin.org/ID/Proceso_a_Darwin_03.html

[5] Phillip E. Johnson… ídem, cap. II: Selección Natural. Cfr: http://www.sedin.org/ID/Proceso_a_Darwin_02.html

[6] Citado por Phillip E. Johnson en Proceso a Darwin, cap. III: Mutaciones grandes y pequeñas. Ver: http://www.sedin.org/ID/Proceso_a_Darwin_03.html. La negrita es nuestra.

[7] Extractos del libro El colapso de la evolución, de Scott M. Huse, citados en un artículo que circula por Internet en diferentes formatos, titulado: El pequeño bicho que a los evolucionistas les gustaría olvidar. Lamentablemente, el link en el cual lo leímos ya no existe.

[8] Phillip E. Johnson… ídem, cap. III: Mutaciones grandes y pequeñas.

[9] Ídem nota al pié N° 9.

[10] Cfr. https://www.marxists.org/espanol/darwin/1859/origenespecies/06.htm. Cap. VI: Dificultades de la teoría.

 

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El aberrante Milei – Por Juan Manuel de Prada

El aberrante Milei

Por Juan Manuel de Prada

Con ese tonito orate y baladrón que lo caracteriza, Milei ha afirmado durante su visita reciente a España que «la idea de la justicia social es de resentidos, envidiosos, algo aberrante, porque implica un trato desigual ante la ley, porque implica violencia, porque para hacer una política redistributiva se lo tienen que robar a otro». Son afirmaciones repugnantes que, al parecer, triunfan entre la derechita valiente. Pero la justicia social es un instrumento necesario para alcanzar el bien común, que es el fin y la razón de ser de la política verdadera. Y el bien común –que no debe confundirse, por supuesto, con el bien de la mayoría, ni con el «interés general»– exige la conservación de la armonía social; exige la búsqueda constante del bien de los demás como si fuese el bien propio.

Por ello, como señala Pío XI en su encíclica Quadragesimo Anno, es «necesario que la partición de los bienes creados se revoque y se ajuste a las normas del bien común o de la justicia social, pues cualquier persona sensata ve cuán gravísimo trastorno acarrea consigo esta enorme diferencia actual entre unos pocos cargados de fabulosas riquezas y la incontable multitud de los necesitados». Y, por supuesto, cuando se dan circunstancias de injusticia, el Estado tiene la obligación de intervenir allá donde el principio de subsidiariedad no alcance, para asegurar una justa distribución de los recursos que atienda a los méritos y necesidades de cada uno, incluida la recaudación de impuestos, que debe regirse por los criterios de solidaridad, racionalidad y equidad, así como por el rigor e integridad en la administración y en el destino de los mismos (algo que, desde luego, en regímenes políticos inicuos como el que padecemos no está garantizado).

Naturalmente, la justicia social no justifica el intervencionismo enfermo del Estado, que disminuye la iniciativa creadora y, aunque pueda parecer favorable a la masa, es a la postre contrario al bien común, por condenar a la ruina a las generaciones venideras. La justicia social deja de serlo cuando pretende extender la igualdad en aquello que los hombres son naturalmente desiguales; pues, además de desanimar la iniciativa privada, produce una mentalidad mezquina y perezosa entre sus beneficiarios.

La justicia social, a la postre, sólo la pueden llevar a cabo gobernantes que dan ejemplo de justicia en todas sus actuaciones; pues de lo contrario se llega a esa situación propia de nuestro inicuo régimen político, en donde todos reclaman justicia sin que nadie tenga la obligación de ser justo (exactamente la situación que favorece a los demagogos).

Nada favorece tanto el ascenso de los demagogos, sin embargo, como estas machadas aberrantes de la derechita valiente. «Estamos incomodando a los rojitos de todo el mundo», ha aseverado petulantemente Milei; no, pobre bocazas, lo que estáis haciendo es fabricarlos en serie, lo mismo que a resentidos y envidiosos, con vuestras machadas.

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Denuncia y dolor

del Cardenal Sarah

“Si dices la verdad y la defiendes,

te quemaran los pies adonde pises”

(P. Leonardo Castellani)

Por el Padre Luis Jardín Lahetjuzan

 

El Cardenal Sarah, de Guinea, quien fue Prefecto para la Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, dice en su libro “Se hace tarde y anochece”: ¿Por qué tomar de nuevo la palabra?

 

………………………………

 

Transcripción íntegra de texto original publicado por INFOVATICANA – 18 marzo, 2019:

 

«La Iglesia se muere porque los pastores tienen miedo de hablar con toda verdad y claridad».

“La Iglesia, que debería ser un lugar de luz, se ha convertida en una madriguera de tinieblas “. “No busco ni el éxito ni la popularidad. ¡Este libro es el grito de mi alma!”.

 

Hoy se ha dado a conocer un extracto del nuevo libro del cardenal guineano Robert Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, y el sitio web Dominus est lo ha traducido del francés original. El libro tiene como título ‘Le soir approche et déjà le jour baisse’.

He aquí los fragmentos:

 

¿Por qué tomar de nuevo la palabra? En mi libro anterior, os invito al silencio. Sin embargo, no puedo callarme. No debo callarme. Los cristianos están desorientados. Cada día, recibo de todas partes las llamadas de auxilio de quienes ya no saben qué creer. Cada día, recibo en Roma a sacerdotes desanimados y heridos. La Iglesia atraviesa la experiencia de la noche oscura. El misterio de iniquidad la envuelve y la ciega.

Diariamente nos llegan noticias cada vez más aterradoras. No pasa ni una semana sin que un caso de abuso sexual se nos revele. Cada una de estas revelaciones lacera nuestro corazón de hijos de la Iglesia. Como decía san Pablo VI, el humo de Satanás nos invade. La Iglesia, que debería ser un lugar de luz, se ha convertido en una madriguera de tinieblas. Ésta debería ser una casa familiar segura y apacible, y ¡he ahí que se ha convertido en una cueva de ladrones! ¿Cómo podemos soportar que, entre nosotros, en nuestras filas, se haya introducido predadores? Numerosos sacerdotes fieles se comportan cada día como pastores solícitos, en padres llenos de dulzura, en guías firmes. Pero ciertos hombres de Dios se han convertido en agentes del Maligno. Estos han buscado profanar el alma de los más pequeños. Han humillado la imagen de Cristo en cada niño.

Los sacerdotes del mundo entero se han sentido humillados y traicionados por tantas abominaciones. Después de Jesús, la Iglesia vive el misterio de la flagelación. ¡Su cuerpo está lacerado. ¿Quiénes son los que golpean? ¡Aquellos mismos que deberían amarla y protegerla! Sí, me atrevo a tomar prestadas las palabras del Papa Francisco: el misterio de Judas se cierne sobre nuestro tiempo. El misterio de la traición transpira por los muros de la Iglesia. Los abusos sobre los menores lo revelan de la manera más abominable. Pero se necesita tener el valor de mirar nuestro pecado a la cara: esta traición ha sido preparada y causada por muchos otros, menos visibles, más sutiles pero al mismo tiempo profundos. Vivimos después de mucho tiempo el misterio de Judas. Lo que ahora sale a la luz tiene causas profundas que es necesario tener el valor de denunciar con claridad. La crisis que vive el clero, la Iglesia y el mundo es radicalmente una crisis espiritual, una crisis de la fe. Vivimos el misterio de la iniquidad, el misterio de la traición, el misterio de Judas.

Permítanme meditar con ustedes sobre la figura de Judas. Jesús le había llamado como a todos los apóstoles. ¡Jesús le amaba! Él lo había enviado a anunciar la Buena Nueva. Pero poco a poco la duda se apoderó del corazón de Judas. De manera insensible, se puso a juzgar la enseñanza de Jesús. Se dijo a sí mismo: este Jesús es demasiado exigente, poco eficaz. Judas quiso hacer venir el Reino de Dios sobre la tierra, enseguida, por medios humanos y según sus planes personales. Sin embargo, había escuchado a Jesús decirle: «No son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni mis caminos son vuestros caminos» (Is 55, 8). Judas se alejó a pesar de todo. Ya no escuchó a Cristo. Ya no le acompañó en aquellas largas noches de silencio y de oración.

Judas se refugió en los asuntos del mundo. Se ocupó de la bolsa, del dinero y del comercio. El mentiroso continuaba siguiendo a Cristo, pero ya no creía. Él murmuraba. La tarde del Jueves Santo, el Maestro le había lavado los pies. Su corazón debió estar bien endurecido para no dejarse tocar. El Señor estaba ahí frente a él, de rodillas, servidor humillado, lavando los pies de aquel que debía entregarlo. Jesús posó sobre él una última vez su mirada llena de dulzura y de misericordia. Pero el diablo ya se había introducido en el corazón de Judas; él no bajó la mirada. Interiormente, debió pronunciar la antigua palabra de la revuelta: «non serviam», «no serviré». En la Última Cena, él comulgó mientras que su proyecto esperaba. Aquella fue la primera comunión sacrílega de la historia. Y él traicionó.

Judas es para la eternidad el nombre del traidor y su sombra se cierne hoy sobre nosotros. Sí, como él, ¡hemos traicionado! Hemos abandonado la oración. El mal del activismo eficaz se infiltró por doquier. Buscamos imitar la organización de las grandes empresas. Olvidamos que sólo la oración es la sangre que puede irrigar el corazón de la Iglesia. Afirmamos que tenemos tiempo para perder. Queremos emplear ese tiempo en obras sociales útiles. Aquel que ya no reza, ya ha traicionado. Ya está listo para todos los compromisos con el mundo. Camina sobre el camino de Judas.

Toleramos todas las puestas en causa. La doctrina católica es puesta en duda. En nombre de posturas llamadas intelectuales, los teólogos se divierten deconstruyendo los dogmas, vaciando la moral de su sentido profundo. El relativismo es la máscara de Judas disfrazada de intelectual. ¿Cómo asombrarse cuando nos enteramos que tantos sacerdotes rompen sus compromisos? Relativizamos el sentido del celibato, reivindicamos el derecho a tener una vida privada, lo que es contrario a la misión del sacerdote. Algunos llegan incluso a exigir el derecho a conductas homosexuales. Los escándalos se suceden, entre los sacerdotes y entre los obispos.

El misterio de Judas se extiende. Quiero entonces decir a todos los sacerdotes: Permaneced fuertes y rectos. Ciertamente, por causa de algunos ministros, seréis etiquetados como homosexuales. Se arrastrará al lodo a la Iglesia católica. Se la presentará como si estuviera compuesta por completo de sacerdotes hipócritas y ávidos de poder. Que vuestro corazón no se turbe. El Viernes Santo, Jesús fue acusado de todos los crímenes del mundo, y Jerusalén gritaba: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!» No obstante las encuestas tendenciosas que os presentan la situación desastrosa de eclesiásticos irresponsables con una anémica vida interior, al mando del mismo gobierno de la Iglesia, permaneced serenos y confiados como la Virgen y San Juan al pie de la Cruz. Los sacerdotes, los obispos y los cardenales sin moral no empañarán en nada el testimonio luminoso de más de cuatrocientos mil sacerdotes a través del mundo que, cada día y en fidelidad, sirven santa y alegremente al Señor. A pesar de la violencia de los ataques que pueda sufrir, La Iglesia no morirá. Es la promesa del Señor, y su palabra es infalible.

Los cristianos tiemblan, vacilan, dudan. He querido este libro [‘Le soir approche et déjà le jour baisse’] para ellos. Para decirles:

¡No duden! ¡Mantengan firme la doctrina! ¡Mantengan la oración! He querido este libro para reconfortar a los cristianos y a los sacerdotes fieles.

El misterio de Judas, el misterio de la traición, es un veneno sutil. El diablo busca hacernos dudar de la Iglesia. Quiere que la veamos como una organización humana en crisis. Sin embargo, ella es más que eso: ella es Cristo continuado. El diablo nos empuja a la división y al cisma.

El diablo quiere hacernos creer que la Iglesia ha traicionado. Pero la Iglesia no traiciona. La Iglesia, llena de pecadores, ¡ella misma es sin pecado! Habrá siempre bastante luz en ella para quienes buscan a Dios. No seáis tentados por el odio, la división, la manipulación. No se trata de crear un partido, de dirigirnos los unos contra los otros: «El Maestro nos ha puesto en guardia contra estos peligros al punto de tranquilizar al pueblo, incluso respecto a los malos pastores: no era necesario que a causa de ellos se abandonara la Iglesia, este púlpito de la verdad […] No nos perdamos entonces en el mal de la división, por causa de aquellos que son malvados», decía ya San Agustín (carta 105).

La Iglesia sufre, ella es burlada y sus enemigos están al interior. No la abandonemos. Todos los pastores son hombres pecadores, pero llevan en ellos el misterio de Cristo.

¿Qué hacer entonces? No se trata de organizar y poner en obra estrategias. ¿Cómo creer que podríamos mejorar por nosotros mismos las cosas? Ello sería entrar todavía en la ilusión mortífera de Judas.

Ante la avalancha de pecados en las filas de la Iglesia, estamos tentados a querer tomar las cosas en nuestras manos.

Estamos tentados a querer purificar la Iglesia por nuestras propias fuerzas. Esto sería un error.

¿Qué haríamos nosotros? ¿Un partido? ¿Una corriente? Tal es la tentación la más grave: el oropel de la división. Bajo pretexto de hacer el bien, nos dividimos. No reformamos la Iglesia por la división y el odio. ¡Reformamos la Iglesia comenzando por cambiarnos a nosotros mismos! No dudemos, cada uno en nuestro lugar, en denunciar el pecado comenzando por el nuestro.

Tiemblo ante la idea de que la túnica sin costuras de Cristo corra el riesgo de ser desgarrada de nuevo. Jesús sufrió la agonía viendo por adelantado las divisiones de cristianos. ¡No le crucifiquemos de nuevo! Su corazón nos suplica: ¡tiene sed de unidad! El diablo teme ser nombrado por su nombre. Él ama envolverse en la niebla de la ambigüedad. Seamos claros. «Mal nombrar las cosas, es sumar a la desgracia del mundo», decía Albert Camus.

En este libro no dudaré en tener un lenguaje firme. Con la ayuda del escritor Nicolas Diat, sin quien pocas cosas habrían sido posibles y que ha estado desde que escribí ‘Dios o nada’ con una fidelidad sin falla, quiero inspirarme en la palabra de Dios que es como una espada de dos filos. No tengamos miedo de decir que la Iglesia tiene necesidad de una reforma profunda y que ésta última pasa por nuestra conversión.

Perdonen si algunas de mis palabras os incomodan. No quiero adormecerlos con palabras tranquilizantes y mentirosas. No busco ni el éxito ni la popularidad. ¡Este libro es el grito de mi alma! Es un grito de amor por Dios y por mis hermanos. Os doy, a vosotros cristianos, la única verdad que salva. La Iglesia se muere porque los pastores tienen miedo de hablar con toda verdad y claridad. Tenemos miedo de los medios de comunicación, miedo de la opinión, ¡miedo de nuestros propios hermanos! El buen pastor da la vida por sus ovejas.

Hoy, en estas páginas, os ofrezco lo que es el corazón de mi vida: la fe en Dios. Dentro de poco tiempo, compareceré ante el Juez eterno. Si no os transmito la verdad que he recibido, ¿qué le diré entonces? Nosotros obispos deberíamos temblar al pensar en nuestros silencios culpables, en nuestros silencios de complicidad, en nuestros silencios de complacencia con el mundo.

A menudo me preguntan: ¿Qué debemos hacer? Cuando la división amenaza, es necesario reforzar la unidad. Ésta no tiene nada que ver con una atención del cuerpo como existe en el mundo. La unidad de la Iglesia tiene su fuente en el corazón de Jesucristo. Debemos mantenernos cerca de él. Ese corazón que ha sido abierto por la lanza para que podamos refugiarnos en él, será nuestra casa. La unidad de la Iglesia reposa sobre cuatro columnas. La oración, la doctrina católica, el amor a Pedro y la caridad mutua deben convertirse en las prioridades de nuestra alma y de todas nuestras actividades.

 

Cardenal Robert Sarah

 

Fragmento del libro ‘Le soir approche et déjà le jour baisse’ del Cardenal Robert Sarah.

Traducción al español por Dominus Est.

Texto original en francés.

(Hasta aquí el artículo de INFOVATICANA)

……………………………………

Sabemos que la unidad de la Santa Madre Iglesia se constituye en la fidelidad a la Sagrada Escritura, coronada por el Santo Evangelio, fidelidad a la Sagrada Tradición, fidelidad inquebrantable a la doctrina, fidelidad a los santos sacramentos, fidelidad a Pedro cuya misión es gobernar, enseñar y santificar sin alterar aquella fidelidad a lo anterior.

Difícilmente se podría ser fiel a quien alterase gravemente alguna de las cosas que hacen a la verdadera unidad de la Santa Madre Iglesia. Recordemos que unidad no es estar afectivamente unidos callando los errores. Eso es complicidad. La unidad se realiza en la adhesión inquebrantable a la verdad.

Padre Luis Jardín Lahetjuzan

Un ex evangélico pregunta: “¿Por qué sos católico?” (Juan Carlos Monedero y Santiago Alarcón)

Un ex evangélico pregunta: “¿Por qué sos católico?” (Juan Carlos Monedero y Santiago Alarcón)

 

Hacia 2021, Santiago Alarcón (@rinconapologetico) –por ese entonces, evangélico- me entrevistó con el fin de preguntarme por las razones para ser católico. Puesto que la fe no surgió en mi caso como el fruto de un silogismo frío sino como resultado de una combinación de experiencias, tradición, razonamientos, etc. preferí responder contando cómo es que llegué a tener esta fe.

Espero que este testimonio pueda servir a quienes nos escuchen. La fe es una gracia; la catolicidad es algo que recibimos de Dios, no un mérito propio, ya que por nuestra parte no hay otra cosa que pecados y miserias. Pero la fe y la gracia, que vienen de Dios, nos ayudan para ser mejores y con ellas esperamos alcanzar la vida eterna.

 

Todo trabajo contrarrevolucionario necesita de un 𝘀𝘂𝘀𝘁𝗲𝗻𝘁𝗼. Por eso, 𝘀𝗶 𝗾𝘂𝗲𝗿𝗲́𝘀 𝗰𝗼𝗹𝗮𝗯𝗼𝗿𝗮𝗿 ($2000, $ 4000, $8000, $ 15.000…), podés hacerlo con los siguientes datos. 𝘓𝘰𝘴 𝘢𝘱𝘰𝘺𝘰𝘴 𝘦𝘤𝘰𝘯𝘰́𝘮𝘪𝘤𝘰𝘴 𝘴𝘰𝘯 𝘥𝘦 𝘮𝘶𝘤𝘩𝘢 𝘢𝘺𝘶𝘥𝘢, 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘦𝘯 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘪𝘨𝘢 𝘰𝘧𝘳𝘦𝘤𝘪𝘦𝘯𝘥𝘰 𝘮𝘢𝘵𝘦𝘳𝘪𝘢𝘭 𝘥𝘦 𝘤𝘢𝘭𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘨𝘳𝘢𝘵𝘶𝘪𝘵𝘰 𝘺 𝘴𝘦 𝘢𝘨𝘳𝘢𝘥𝘦𝘤𝘦𝘯 𝘮𝘶𝘤𝘩𝘰, especialmente porque YouTube no sólo no apoya estos contenidos sino que los obstaculiza.

𝗗𝗼𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀

– En pesos argentinos (desde cualquier banco o billetera virtual): alias ansia.bidon.beben.mp

– En moneda extranjera (vía PayPal): juancarlosm_82@hotmail.com

Milei Presidente: la derogación del aborto “no fue parte de las promesas de campaña”

Milei Presidente: la derogación del aborto “no fue parte de las promesas de campaña”

En una reciente entrevista a la BBC Londrés, a cargo de una periodista no complaciente -inusual, la mayoría de periodistas que lo entrevistan al Presidente Milei no escarban tanto-, el presidente libertario sostiene que “la derogación del aborto” no fue parte “de la promesa de campaña”.

Fragmento de la entrevista:

Milei hablando del aborto durante la campaña presidencial (agosto 2023). Minuto 1:38 en adelante:

Con ocasión de la caída del fallo Roe vs Wade, en EEUU, Milei se compromete a terminar “con la aberración del aborto” si llega a la presidencia:

Tuit de Milei hablando de la derogación del aborto:

Antes de la votación para Presidente, el Padre Javier Olivera Ravasi presta su canal para que Agustín Laje y Nicolás Márquez realicen una apología absoluta de Milei, y usan el tema del aborto como argumento clave para justificar el voto al libertario:

 

El vocero del gobierno, Manuel Adorni, sostuvo que la derogación de la ley del aborto “no es parte de la agenda del presidente” dado que hay otros temas “muchísimo más urgentes” y “más relevantes”:

 

Declaraciones del diputado Alberto Benegas Lynch:

Francisco Sánchez, Secretario de Culto: “Quienes promueven el aborto están promoviendo el asesinato”

Alida Mónica Ferreyra, diputada por La Libertad Avanza, jura en el Congreso “por los niños que crecen en el vientre materno, y por aquellos que no han visto la luz por el aborto”:

Milei y Villarruel, durante la campaña presidencial, contra el aborto:

En un colegio, ya Milei como Presidente, sostiene que “el aborto es un asesinato agravado por el vínculo” y que “los pañuelos verdes” son asesinos:

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