Balance sobre el primer debate presidencial – Juan Carlos Monedero y Tomás González Pondal

Balance sobre el primer debate presidencial

 

Juan Carlos Monedero (h)                                                               Tomás González Pondal

Licenciado en Filosofía y escritor                                                     Abogado y escritor

 

Es sabido que un buen polemista no es el equivalente a un buen jefe de estado, sin embargo, escuchar a los candidatos y observar su lenguaje no verbal dice mucho de ellos.

Mientras la moderadora María Laura Santillán no sabía si los candidatos tenían 30 segundos o 30 minutos para hablar en cada bloque, Nicolás del Caño pedía “un minuto de silencio” cuando le faltaban 45 segundos para terminar su intervención. Algo raro estaba pasando con la percepción del tiempo en el recinto de este debate; los expertos en cambio climático están estudiando si la temperatura de Santa Fe ha tenido algún tipo de influencia al respecto.

Uno por uno, el balance de los candidatos, desde una óptica conceptual y técnica:

 

Mauricio Macri

Juan Carlos Monedero: a pesar de jugarse la Presidencia y de la derrota en las PASO, se mostró muy sólido desde las formas, jamás perdió el control y manejó muy bien los tiempos en general. Confrontó directamente con Alberto Fernández en varias ocasiones, se dirigió permanentemente a la gestión kirchnerista y describió los avances de su propia administración. Hizo hincapié en la lucha contra el narcotráfico, dejada de lado por la gestión de Cristina. Eludió olímpicamente hablar del aborto. Metió buenos golpes al kirchnerismo, a veces efectistas, y chicaneó a Kicillof cuando preguntó si acaso él propondría una narcocapacitación en las escuelas, en alusión a las recientes expresiones de Kicillof según las cuales “hay gente que vende droga porque se quedó sin laburo”.

Tomás González Pondal: Tal como quedo dicho, eludió tocar el tema ‘aborto’. No obstante ello, cuidado: hizo clara referencia a la “política exterior de Canadá”. Aunque parezca un tópico, conocemos su relación y simpatía con el perverso de Trudeau y sus ideologías; cuando se hizo el G20, Macri expresó su plan para inocular aún más en la Argentina el veneno de la ideología de género (lo que trae de la mano a la maniobra asesina del aborto). En la línea con lo políticamente correcto, no faltaron expresiones tales como hacer “eje en la diversidad”, respeto a “la pluralidad de ideas”, “terminar los femicidios” y “lo más importante es la libertad”. Son todos giros utilizados en el pasado por el Presidente para referirse a la apertura que hizo del aborto; se trata de justificaciones retóricas para apoyar prácticas asesinas en los llamados casos de “embarazos no deseados”. Anoche no se privó de decir “siempre defendí los derechos de todos”. Muchos, los más indefensos, los que que no nacieron, no sólo no fueron defendidos sino que son atacados por el propio aparato del Estado desde la administración de Macri. Es interesante observar que mientras el Presidente pidió no ser neutro en relación a Venezuela, alegando que la neutralidad (atribuida a Alberto) sería “avalar la dictadura”, desde las filas macristas se aplaude la “neutralidad” del Presidente en relación al aborto, cristalizada en la apertura del debate.

 

Alberto Fernández

TGP: quien descolló en el debate presidencial luciendo mitomanía y una descarada defensa del aborto ha sido Alberto Fernández. Ha dicho que no quiere caer en hipocresía, que hay que “tender a la legalización”. Hipocresía es pasar por alto con total obstinación que desde la concepción hay vida humana. Hipocresía es decir que se apoya el “colectivo feminista” mientras este “colectivo” –al mismo tiempo en que se pronunciaban estas palabras– destrozaba las inmediaciones de la Catedral de La Plata y confrontaba directamente con la policía femenina. Hipocresía es decir que “hay que cambiar las leyes”; claro, no quiere que las normativas le enrostren sus crímenes. Hipocresía es defender la subversión setentista diciendo “parece que hay quienes creen que el genocidio no existió”, al tiempo que no sólo tapa los crímenes de los terroristas sino que él mismo apoya ahora –como buen subversivo– el asesinato de quienes, aún no nacidos, no pueden defenderse.

JCM: premio al chicanero del debate (apeló demasiadas veces a giros tales como “el presidente no sabe que…”), en constante tira-afloje con Macri, como es lógico, acusándolo ya desde el principio de mentir. No parecía el candidato que va ganando: no exhibió la tranquilidad de la que supuestamente gozan los que llevan ventaja. Se lo vio menos sólido que en las innumerables entrevistas del último semestre. Cada vez que pudo, deslizó datos que desmentían las palabras vertidas por Macri segundos o minutos antes. El manejo de las cifras y porcentajes fue el punto más fuerte de la estrategia de Fernández. Los tópicos más difíciles para él –tema Venezuela y el aborto– fueron resueltos apelando a un “Todo el mundo sabe lo que pienso…”, lo que le permitía despachar el tema rápidamente y utilizar el poco tiempo disponible para hablar de otras cosas. Fue el candidato que más alusiones directas e indirectas recibió, dado que todos los demás cuestionaron de una forma u otra al kirchnerismo. Acusó a Macri de haber llevado el riesgo país a 2000 cuando ese riesgo estaba en 800 antes de su victoria en las PASO. Manejó muy bien los tiempos de intervenciones. Luego de que Nicolás del Caño se definiese a favor del aborto, él también lo hizo.

 

José Luis Espert

JCM y TGP: desde el punto de vista técnico, el más sólido de todos. Equilibrado, administró muy bien el tiempo y utilizó varias frases sólidas, concretas y contundentes: “Basta de paros, Baradel”. También atacó directamente a Moyano y destruyó la partidocracia, acusándola de subir los tributos a la población para engordar sus propias rentas. Le pegó bastante a los sindicatos, especialmente en temas de remedios para jubilados. No se privó de hablar, directamente y en dos ocasiones, de “el curro de los Derechos Humanos”. Sorprendió peticionando directamente que volviesen los exámenes de ingreso en las facultades públicas y defendió con toda racionalidad estas medidas. Es el único candidato que no viene de la Política. Sin embargo, evitó cuidadosamente hablar del aborto (se había declarado a favor), probablemente por la enorme cantidad de críticas que desde las redes sociales recibió al respecto. Sobre Malvinas, dijo que son argentinas, contrariando sus posiciones públicas del pasado.

 

Juan José Gómez Centurión

JCM y TGP: sostuvo con toda claridad la defensa de la vida del niño por nacer, y se tomó unos segundos para recordar al doctor Rodríguez Lastra, condenado judicialmente por haber salvado dos vidas. Al principio del debate dejó establecida una fuerte acusación a la gestión de Cristina Kirchner: un acuerdo con la República China que comprometería seriamente nuestra soberanía nacional. A pesar de las varias oportunidades que Alberto Fernández tuvo para responder a este punto, jamás lo hizo. En el plano técnico, por momentos le faltó tiempo para redondear la formulación de algunas de sus ideas y en otros momentos le sobró. Criticó alternativamente al kirchnerismo y al macrismo. Una de sus mejores frases, redonda, fue la que dirigió al kirchnerismo: “nadie dice la verdad (…) Mienten los que dicen que van a luchar contra la corrupción y tienen una candidata a vicepresidente con ocho procesamientos”. Hizo también una defensa del Estado Argentino, según la cual la política migratoria de nuestro país debía imitar a la de otros países de la región y del mundo. Sostuvo con toda claridad que la educación pública debía dejar de sufrir los embates de los paros docentes y ser llevada a un calendario no menor a los 190 días. En dos ocasiones dijo con toda claridad que desde los hospitales públicos se estaba entregando misoprostol como si fuesen caramelos, así como también sostuvo que los protocolos eran “atajos legales” para propiciar el aborto, delito en la Argentina. También habló de “las víctimas de la subversión” en los 70’ y de los “delincuentes terroristas”, en clara alusión a Montoneros y al ERP. En referencia a la palabra “hipocresía”, con la que había martillado una y otra vez Alberto Fernández unos minutos antes, Centurión dijo con toda claridad que la verdadera hipocresía era plantear que una mujer tiene “derecho a decidir” sobre la vida de otra persona, en clara alusión al aborto.

 

Nicolás Del Caño

JCM: el primer bloque sobre el debate de la situación política-económica-social en la Argentina no dejó de hablar de los trabajadores en Ecuador. Se notó que fue a sacarle votos a su principal adversario, que por supuesto es Alberto Fernández. Fue el candidato más claro en la apología del aborto. Por momentos, completó los ataques de Macri al kirchnerismo sumando más elementos confirmatorios y, en ese sentido, terminó por ayudar al macrismo. Todo lo dijo desde el punto de vista de los trabajadores y sin intentar, ni por un momento, un análisis o balance que también incluyese el interés de los jefes: o sea, dialéctica marxista de enfrentamiento puro. Entre los golpes más contundentes que le dio a Alberto, se destaca la crítica de Del Caño al peronismo de izquierda (kirchnerismo) dado que –según él– sus aliados impidieron la legalización del aborto el año pasado.

TGP: El impresentable de Del Caño sin rodeos y muy ufano ha dicho estar “100% a favor del aborto”. Habló contra toda verdad de “derecho al aborto legal”, de “derecho elemental” y de que es algo de “salud elemental”. Llevaba en su mano izquierda un pañuelo verde atado. Personalmente, en otras publicaciones ya hemos refutado todos los engaños argumentativos deslizados anoche sobre el aborto. Aconsejaríamos a Del Caño que lea los avances científicos y que mire muchos abortos por internet, pero parece empresa inútil cuando el verde enceguece tanto. En una de sus intervenciones televisivas, lanzó el siguiente epíteto contra Macri: “Lame botas de Trump”. Estamos frente al caso de un zurdo que hace gala de su zurdaje y no sólo lame sino que chupa y acaricia a la mega internacional del aborto, la IPPF: un fariseo, ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Lo más lúcido por parte de este presidenciable fue cuando se llamó al silencio.

 

Roberto Lavagna

 JCM y TGP: de contenido interesante pero lento de respuestas, sin un completo dominio de los tiempos. Hizo hincapié en el tema del hambre. En todo momento evitó pelearse y entrar en la arena de la disputa ideológica. Premio al “pacifista” del debate. La dinámica del debate, que supone fuerte argumentación, dominio del lenguaje no verbal y algo de show, no le favoreció.

 

Guerra cultural provida en Suncho Corral (conferencia CIDEPROF) – PARTE 1

Fragmento de la conferencia titulada “Lenguaje, Ideología y Poder”, organizada por CIDEPROF el 24.08.2019 en Suncho Corral, Santiago del Estero.

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La sanción social: cómo los ideólogos moldean a las masas

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Cristina Kirchner ya es “Alberto” pero Mauricio sigue siendo “Macri” – Análisis político y el dilema de la ola celeste

Cristina Kirchner ya es “Alberto” pero Mauricio sigue siendo “Macri”

Análisis político y el dilema de la ola celeste

 

Empecemos por lo importante.

Alberto es Aborto.

Pero al menos te lo dice.

Macri celebra un Congreso Eucarístico, se viste de niño de Primera Comunión, y luego te la clava por la espalda. Porque “promueve el debate” pero Alberto Fernández está “decidido” a legalizarlo. La Conferencia Episcopal Argentina aún no ha pronunciado palabra.

 

El triunfo de F-F parece el resultado de la combinación de la crisis económica y de las alianzas entre Cristina, Alberto Fernández, Sergio Massa, Pino Solanas y Victoria Donda, entre otros. Al poner a sus principales críticos al lado, mejor cerca que enfrente, Cristina restó fundamento a los temerosos del kirchnerismo puro y duro, capitalizando a los votantes de esos frentes. La recesión, la inflación, la suba del dólar y el cierre de pymes hicieron el resto. Al Presidente se lo llama por su apellido y el retador tiene nombre de pila: Alberto.

 

De manera semejante a Perón –que en el 46 ganó con los diarios en contra y en el 55 fue derrocado con los diarios a favor–, CAMBIEMOS es vencido mientras medios oficialistas o por lo menos anti-K copan el 75% de la audiencia nacional. El kirchnerismo roza el 50% de los votos positivos (no del padrón) con un monopolio potente pero que representa el 20% de esta audiencia. No tenían tan buenas cartas pero las jugaron mejor.

 

Los últimos dos meses, el kirchnerismo golpeó una y otra vez sobre la economía, siguiendo el principio táctico de martillar al adversario por su flanco más débil. Y acudieron a la virtud cristiana de la templanza: metieron a la posesa de Bonafini en el loquero, la amordazaron, taparon la boca a La Camorra y superaron todas las pretéritas contradicciones (Alberto vs. Cristina, Cristina vs. Massa, Massa vs. Kicillof, Pino Solanas vs. Cristina, Donda vs. Cristina) diciendo “es tan grave lo que está haciendo Macri, que hasta nosotros nos unimos”. Trabajaron en las redes sociales con una disciplina militar, con una voracidad política digna de mejor causa.

 

Alberto 47, Macri 32. Sumados son 79. Si a este 79 le sumamos los 8 puntos de Lavagna y los 4 de Del Caño, tenemos 91 %. Esto significa que 9 de cada 10 votos positivos (otra vez: no 9 del padrón) apostaron por agendas progresistas; o sea –lo sepan o no– anticristianas y antiargentinas. Si los votaron a causa o a pesar de la agenda, es otro tema.

 

El 25% del padrón no se presentó a las elecciones. No es un número despreciable aunque los analistas políticos eviten cuidadosamente hablar de él (no quieren darle aire a quienes están hartos de este sistema político). Tampoco se hacen cargo del descrédito de la democracia, y entonces ignoran el dato de que casi 8 millones y medio de personas se ausentaron. A estos 8 millones –descontando a quienes no votaron porque están fuera del país, muchos ancianos, dementes e inhabilitados– el sistema no le merece credibilidad. Sigue siendo verdadera aquella frase según la cual “el poder que ellos tienen es el poder que nosotros le damos”.

 

Alberto Fernández arrasó en Santiago del Estero con el 75% y ganó por una gran mayoría en Formosa, con casi el 66%. CAMBIEMOS sólo ganó en Córdoba con el 48% y en Capital Federal con casi el 45%.

 

8 de cada 10 votos positivos votaron ya a CAMBIEMOS, ya kirchnerismo con sacarina: esto es, partidos políticos encabezados por multiprocesados. El 80% de los votos positivos sigue atrapado en esta ecuación binaria, que restringe el pensamiento a dos formas distorsionadas de ver la realidad.

 

El gobierno recién ahora abre los ojos pero lo cierto es que tuvo la realidad todo el tiempo en la nariz y no quiso, no pudo o no supo. Al igual que un militante verde frente a una ecografía, la cerrazón gubernamental sólo será erosionada por el dolor.

 

¿Y los provida? Las marchas celestes llegaban al número de millones en las csalles. Aún descontando a los menores de 16, es un hecho que muchos no votaron a los dos partidos celestes: Centurión y Biondini. La constatación de que la causa provida es más fuerte y más dinamizadora de la sociedad fuera que dentro de las urnas debería decirnos algo. La democracia nos volvió raquíticos. Adelgazó nuestro capital numérico y suele algodonizar, quieras que no, nuestro discurso. Si es verdad que somos más poderosos fuera de las urnas que dentro de ellas, ¿por qué no sentar las bases de un movimiento político provida?

 

En el medio de un engañoso triunfalismo K y del catastrofismo amarillo, no olvidemos las palabras de Rudyard Kipling: «Al éxito y al fracasoesos dos impostores, trátalos siempre con la misma indiferencia». Y tengamos presente la sentencia de Charles Maurras: en política, la desesperación es una estupidez.

Durísima confesión en “Intratables”: el establishment progresista domina el 95% de la audiencia nacional

Durísima confesión en “Intratables”:

el establishment progresista domina

el 95% de la audiencia nacional

 

            Hace muy poco, desde la cuenta de Revolución Popular 2, YouTube alumbró un video titulado “Ceferino Reato destrozó a Clarín y se trenzó duro con Vilouta”[1], donde se exhiben algunos minutos de la discusión entre dos panelistas de Intratables: Ceferino Reato y Pablo Vilouta.

            Mientras discutían temas vinculados al periodismo y la política, Reato sostuvo que Marcelo Longobardi era un periodista “militante” –y no un periodista independiente, se entiende– porque nunca realizaba una crítica al Presidente Macri ni al macrismo en su programa de radio y sólo decía de los kirchneristas cosas negativas. Reato llegó incluso a espetarle a sus compañeros, además, su incapacidad para criticar a “ningún periodista importante” a causa del “miedo” como también de las posibles complicaciones laborales que les podría suponer esa crítica.

           Griterío, bullicio, pase de facturas mutuas, etc.

           La discusión en el video está abreviada (no tiene más de 5 minutos, editados) pero se puede escuchar con toda claridad cómo Vilouta –a fin de equilibrar lo dicho sobre Longobardi– enumera una cantidad de medios “ultrakirchneristas”: Página/12, Ámbito Financiero, Crónica, Bae (sic), Tiempo Argentino, Minuto Uno, Caras y Caretas, C5N, Radio del Plata, AM 750. A esto responde Reato hábilmente: “Son el 20% de la audiencia”. Para luego agregar que el grupo Clarín y La Nación tienen “el 75% de la audiencia nacional”.

           No sabemos, ni importa ahora, cómo siguió el resto del programa. Pero mastiquemos un poco estos datos: en términos generales, el 75% de la audiencia nacional escucha una campana antikirchnerista y el 20% restante de esta misma audiencia una campana antimacrista. Por lo tanto, el 95% de la audiencia en la Argentina está influenciada, irreductiblemente, por periodistas que discuten encarnizadamente por el partido político X o Z al calor de un mismo y nefasto horizonte cultural: el progresismo, el liberalismo de izquierda, la ideología de género, la cultura de la muerte, la Revolución Mundial Anticristiana. Llámelo como quiera, estimado lector, pero usted me entiende. La única diferencia apreciable sería el tono menos belicoso de algunos periodistas de La Nación, medio que igualmente no logra disimular su simpatía por las aberraciones modernas (cosa que se aprecia tanto en el espacio que les brinda como en la benévola cobertura que les suele dar). En definitiva, el diario de Mitre seduce con la sensación de que “al menos ahí” es posible disentir respecto de las ideas en boga. Pero en el fondo, lo que los asusta de la revolución cultural es su brusquedad.

            Noventa y cinco por ciento: número que no fue cuestionado por ningún periodista de todo el panel, y revelado en uno de los programas de mayor rating del país.

            La cultura y el pensamiento están, por tanto, secuestrados por un nutrido ejército de sofistas. Poco importa si son sofistas M o K. Lo decisivo es su adhesión –salvo honrosas y limitadísimas excepciones– al sistemático programa gramsciano de sabotear el sentido común. ¿Cómo? Mediante la promoción indiscriminada del aborto, la anticoncepción, el consumo de drogas, el homosexualismo, la eutanasia y, ahora también, la pedofilia y el veganismo.

            Cualquier análisis de cómo se viene induciendo a la opinión pública a aceptar estas prácticas no puede descuidar estos datos objetivos e incontrovertibles. Ya es evidente que no tienen más razón sino sólo más poder: la aparente uniformidad de tantas cabezas progresistas es, simplemente, el resultado de la presión psicológica que se ejerce sobre oyentes y televidentes; ese “todos piensan así”, tan repetido, no es más que el resultado de debates tendenciosos y livianos, donde todo está preparado para que la ideología y la confusión prevalezcan; no hay casi descripción de hechos sino que –básicamente– el espectador está ante un teatro. Lo estamos viendo, por ejemplo, en el tratamiento mediático de los gauchos que, a rebencazo limpio, hicieron correr a quienes pretendieron boicotear su acto: la gente común, sencilla, espontáneamente aplaude esta acción gauchesca mientras la KGB progresista llora, se rasga las vestiduras y aprovecha para bajar línea.

             La homogeneidad en cierta clase intelectual, periodística y cultural no es, de ninguna manera, el fruto de un convencimiento auténtico. Antes bien, es la condición para el éxito, la fama y la notoriedad pública: un gigante con pies de barro, que se desmoronaría ante el interrogatorio riguroso de los auténticos guerreros de la palabra.

            Esta íntima convicción de la extrema debilidad intelectual del establishment nos debe dar fuerzas para seguir sosteniendo, en este mundo tan enfermo, que 2 + 2 siguen siendo 4. Ser cristiano hoy en día es creer que, a pesar de todo esto, la Verdad terminará por triunfar ante el poder de la Mentira. Dios y la Virgen nos asistan.

 

[1] Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=jJlPYzEBuR8

 

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¿Qué hay detrás del episodio en el Colegio Nacional Buenos Aires con los Veteranos de Malvinas?

¿Qué hay detrás del episodio en el Colegio Nacional Buenos Aires con los Veteranos de Malvinas?

No puede pasar desapercibido lo de los veteranos de Malvinas en el Colegio Nacional Buenos Aires (CNBA). Tomemos como válida –por una vez– la versión de Página/12[1], según la cual: primero, los veteranos fueron a hablar a los alumnos de su desempeño en Malvinas; segundo, se pasó un video de 20 minutos, que mostraba cómo los pilotos se entrenaron, las operaciones militares en que intervinieron, los caídos en la guerra, respaldado por música épica, cerrando con el Ave María; tercero, los VGM proponen la metodología de la pregunta-respuesta; cuarto, un alumno los interpela. Según el diario kirchnerista, un alumno “se paró”  y preguntó qué opinaban los veteranos sobre dos temas puntuales. No es casual que esos temas fuesen “los colimbas y los 30 mil desaparecidos”. En una palabra, el alumno fue a meter el dedo en el ventilador. Fue a provocar.

100 padres (es decir, 50 alumnos) son los que fueron llevando adelante distintas acciones mediáticas de quejas y protestas, arrogándose una representatividad que no tienen. Cientos de alumnos presentes, en cambio, no apoyaron la crítica a los VGM. Miles de ex alumnos del CNBA tampoco están de acuerdo ni con las forma ni con el planteo de fondo.

Arriesguemos un análisis psicológico, todo lo discutible que se quiera. Pero muy verosímil. ¿Por qué el alumno intenta cambiar de tema? ¿Por qué la pregunta del alumno? ¿Por qué no le interesa la preparación de los luchadores argentinos, los patriotas, los episodios de heroicidad, el sacrificio, reconocidos por los mismos británicos? ¿Por qué no profundiza en eso y profundiza en lo otro? ¿Por qué todo su esfuerzo va dirigido a procurar que la atención se desvíe de las anécdotas y hazañas en la batalla contra los ingleses?

En primer lugar, digamos ante todo que es mentira que en la Argentina  hubo 30 mil desaparecidos. Quien nos ataque por decir lo hace desde el prejuicio y no desde la racionalidad. Si un desaparecido, uno sólo, es un hecho deplorable, entonces se supone que no es necesario exagerar la cifra, ¿o no? Bien, entonces, que no nos corran con eso. Siempre se supo –y hace décadas– que la cifra era falsa; lo novedoso es que en los últimos años hay gente desde la izquierda –como el ex montonero Labraña– que lo ha admitido, o el mismo Jorge Lanata, al que hoy podemos categorizar más bien como liberal de izquierda. Lo mismo ha tenido que reconocer la propia Graciela Fernández Meijide, son tres testimonios clave que rápidamente se pueden encontrar en internet. Si se van a enojar, busquen a quienes vienen mintiendo hace 40 años.

Entonces, volviendo, ¿por qué el alumno intenta desenfocar? Evidentemente, porque NO PUEDE aceptar que haya heroicidad en Malvinas. No puede, se le atraganta. No quiere hacer foco en lo bueno, quiere seguir poniendo la nariz sobre lo malo, sobre el estiércol, exagerado o no, distorsionado o no. Este alumno está siendo víctima de un discurso –que él no armó– que necesita que el pasado sea visto como espantoso para justificar o al menos disculpar a este presente de latrocinio, de coima, de corrupción, de alianzas infames, de partidocracia maloliente. Malvinas, como esa perla preciosa que resplandece, les duele a los corruptos, a la partidocracia, a la izquierda y también al liberalismo.

No les gusta Malvinas. No lo dicen siempre, porque saben que existen muchos malvineros dispuestos a repudiarlos (y al repudio social no lo pueden manejar; como buenos cobardes, le tienen terror), pero no les gusta. No les gusta una historia donde haya militares buenos. No les gusta que los militares tengan el ideal de Dios, la Virgen y la Patria. No. No lo pueden soportar, son como el diablo con el agua bendita. Y entonces, ese alumno realiza una pregunta que no está animada por el deseo de obtener más conocimiento sino con la pretensión de descolocar y que NO SE OLVIDE NADIE que los militares son patatín y patatán.

Es que esta gente no busca la justicia sino la venganza. Hace décadas que por lo menos el 85% de los MMCC se arrodilla ante estas versiones; décadas, y todavía cualquier resquicio, cualquier versión ligeramente distinta a lo “políticamente correcto” los pone nerviosos. ¿Tienen acaso menos control de la opinión pública de lo que nosotros creemos? ¿Es tal la fuerza de la verdad, es tan grande la fuerza de la verdad (Dios mismo) que al puñadito de alumnos ideologizados del CNBA les espanta, actuando como murciélagos dispersados por la luz?

Dejamos estos interrogantes planteados. El tiempo dará sus respuestas.

[1] Cfr. https://www.pagina12.com.ar/206338-malvinas-escandalo-en-el-nacional-buenos-aires

Más información sobre el caso R. Lastra: nadie se hace cargo de haber iniciado el aborto

Más información sobre el caso R. Lastra: nadie se hace cargo de haber iniciado el aborto

Hoy, pesa sobre el doctor Rodríguez Lastra una sentencia de condena en primera instancia mientras que sobre los responsables de iniciar el aborto no existe ningún proceso en curso.

Se trata de la psicóloga Cufré y la médica Mirenski, del Hospital de Fernández Oro (Cipolletti), las dos profesionales que niegan su responsabilidad en la derivación de la mujer embarazada de 5 meses a una agrupación clandestina. Antes bien, Cufré y Mirenski se echan la culpa mutuamente.

La historia restante es conocida: la joven (una chica con escasa formación educativa) tomó los fármacos que le dieron los integrantes de “La Revuelta”, quienes pusieron en peligro su vida. Luego, volvió al Fernández Oro para ser atendida de urgencia. Sin embargo, se la derivó nuevamente pero esta vez al hospital de Cipolletti, donde fue salvada por el doctor Leandro Rodríguez Lastra.

Por eso, el viernes 24 de mayo, a las 9.30 hs, un grupo de vecinos de Cipolletti, presentaron una denuncia penal ante el Ministerio Publico Fiscal de la Provincia de Río Negro, en la misma ciudad. Se solicitó investigar a Cufré y a Mirenski, quienes -como surgió de las declaraciones en el reciente juicio contra el Dr. Leandro Rodríguez Lastra- derivaron a una mujer con un embarazo de 5 meses de gestación a un centro clandestino de abortos (“La Revuelta”). De esta información dieron fe integrantes de “Unidad Provida Cipolletti” a quien firma este artículo.

 

Atentos a la gravedad de las testimoniales que surgieron, y no teniendo conocimiento que se haya tomado alguna medida al respecto, se solicitó la urgente intervención.
Difundí esta noticia para que se sepa de estas injusticias, y manifestá tu repudio para con las profesionales que traicionaron su juramento hipocrático, así como también para con la legisladora Marta Milesi que impulsó este indigno juicio contra el doctor Leandro Rodríguez Lastra.
 
Juan Carlos Monedero (h)
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Elecciones postergan legalización del aborto: “¡Por la vida de las pibas… Pero este año no, el año que viene”

Elecciones postergan legalización del aborto

“¡Por la vida de las pibas… Pero este año no, el año que viene”

 

Si su vida está en peligro, se supone que está en peligro ahora. Ya. Y que no se puede dar del lujo de esperar al año que viene, ¿no es así?

125 diputados y 38 senadores dijeron NO a la legalización el año pasado. Pero hubo 129 diputados y 31 senadores que dijeron Y este 28 de mayo se presentó por octava vez el proyecto para la legalización. Sin embargo, este año la mayor parte de los que fueron derrotados en su pretensión de legalizarlo no quieren discutirlo. Ni oficialistas ni oposición.
“La discusión se hará en el 2020”, se lee en las noticias.

Saquemos las conclusiones de esta jugarreta.
No quieren discutirlo porque pierden electoralmente.
Porque no les conviene a sus carreras políticas.
Porque evidentemente no existe un peligro real para la vida de las mujeres que abortan. De inmediato, surge la pregunta: ¿Se creen sus propias palabras? ¿Creen en los propios argumentos que vienen pronunciando?
No se discute este año porque la muerte de mujeres que abortan no es en efecto una emergencia social impostergable, dado que se posterga hasta el 2020.
Si yo fuese abortista (Dios me lo perdone) y creyese en ese discurso, estaría protestando y gritando para que el tema se debata cuanto antes… si es que realmente -como repitieron hasta la náusea- la vida de las mujeres que abortan están en peligro. ¿O no?
Quienes ayer presentaron el proyecto de ley tampoco están objetando públicamente a todos aquellos que no acompañaron el proyecto. ¿Dónde quedaron la vida de “las pibas que abortan”? ¿Pueden esperar esas vidas? ¿Mintieron antes o mintieron ahora? La población argentina tiene que ser conciente de la enorme manipulación de la que es objeto. Verdes por acomodo que este año no quieren discutirlo, porque no les conviene; verdes por ideología, odio y resentimiento, que este año consienten en no discutirlo para no dañar la imagen de sus futuros aliados políticos (a quienes no respetan pero usarán), que son a quienes en definitiva deberán visitar en el 2020 para intercambiar ayudas y favores mutuos. Unos y otros, por conveniencia política o ideológica, son convergentes en no discutirlo en el 2019. Aunque luego sostengan, con la cara dura como una piedra, que debe legalizarse “urgentemente” el aborto para salvar “la vida de las pibas”.

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