No fue un hecho puntual ocurrido en nuestra querida provincia de Salta. También pasó en México en el día de ayer. Y viene pasando hace muchos años, siendo denunciado y resistido particularmente por los fieles de a pié. En efecto, este 8 de marzo un grupo de militantes feministas atacó la catedral de Salta. Justamente, en el llamado “Día de la Mujer”.
Con consignas abortistas, docena de mujeres –en un espectáculo vergonzoso y abominable– coparon la plaza 9 de Julio y atacaron el mayor templo de la ciudad. No es algo nuevo, el año pasado para la misma fecha habían marchado y se habían manifestado públicamente en las calles de la ciudad con sus consignas ideológicas.
Sin embargo, para entender lo que pasó ayer hay que verlo de una forma diferente a la que el común de la gente –incluso, el común de los comunicadores sociales– lo ve. En efecto, la mayoría de ellos lo ve como una “excepción”. Atacar el templo de Salta fue “un desborde”, una acción realizada “por una minoría” que por supuesto estaría lejos de empañar el espíritu del día en general. En realidad, es todo lo contrario.
Esto no fue un accidente: hace años que –desde talleres, textos universitarios, radios, medios de comunicación, etc.– a estas chicas se le machacan todo el día, todos los días, que la Iglesia Católica es “La Gran Culpable”. Lo dijo en su momento la infame Malena Pichot: la catedral es “el símbolo del mal”. Hace décadas que viene creciendo (con apoyo estatal, con apoyo internacional pero también con un trabajo propio) el sector feminista-lesbo-izquierdista-abortero.
El ataque a la Catedral de Salta no es más que la punta del iceberg de toda una campaña ideológica para desnaturalizar a la mujer y a la maternidad. Y, si lo analizamos, en esencia no es menos horroroso que la legalización del aborto que tuvo lugar a fin del año pasado. ¿Por qué no vandalizarían los templos quienes están dispuestos a descuartizar a los bebés? ¿Por qué no gritarían frente a una catedral quienes no tienen problema en sofocar los gritos de los niños en el vientre materno?
Las grabaciones de los hechos circularon en redes sociales: qué ridículo. Qué ridículo ver gente con barbijo “para cuidarse del COVID” mientras observan impávidos la destrucción del orden público en manos del feminismo-lesbo-abortero. Qué ridículo ver policías con barbijo, que deben cumplir mandamientos sanitarios ilógicos –inclusive, estúpidos– mientras las delincuentes feministas pueden incumplir todas las leyes, desde las humanas hasta las divinas. Es una doble vara: muy alta para unos, muy baja para otros. Pero ese mundo hemos venido aceptando hace años. La pregunta es: ¿hasta cuándo lo vamos a aceptar?
La reciente entrevista realizada al Papa Francisco por el periodista y médico argentino Nelson Castro, publicada en el día de hoy por el diario La Nación[1], ilustra una situación anómala a la que Jorge Mario Bergoglio nos tiene acostumbrados. En efecto, a pesar de que el entrevistado ocupa nada menos que la silla de Pedro, toda la entrevista –sin excepción– gira en torno a la persona de Bergoglio. “Bergoglio hombre” desplaza a “Francisco Vicario de Jesucristo”. La dimensión humana de Bergoglio no funciona como un soporte para la misión sobrenatural que los papas tienen sino que –se podría decir– está casi como eclipsando esa misión.
No es que en la entrevista el Papa haya negado la gracia, algún dogma, los misterios o los mandamientos. Pero no habla de ellos, no hace foco en ellos. Bergoglio no se pronuncia sobre aquello para lo cual fue consagrado Pontífice, no habla de lo que tiene que hablar como Papa. El mundo se muere por falta de Dios, y él tiene la posibilidad de calmar esa sed con sus palabras, aprovechando que es entrevistado por uno de los medios de mayor alcance de la Argentina y del habla hispana. Pero no lo hace.
La faz religiosa está como telón de fondo, deslucida, secundaria, anecdótica. Que Bergoglio ocupe un cargo religioso (¡el más alto!) es apenas un detalle en la entrevista. Puesto que el entrevistador enfatiza en la salud del Papa, en su psicología, en si tuvo ansiedad, neurosis… y el Papa consiente con este enfoque periodístico. No hay lugar para Dios porque el papel protagónico de la entrevista es de Jorge Mario Bergoglio.
Es comprensible que Nelson Castro (periodista pro aborto, liberal progresista) no intente elevar la conversación hacia instancias propiamente religiosas. Es comprensible que el entrevistador no formule preguntas que remitan a lo sobrenatural. Es lógico que Castro quede preso de lo puramente humano, horizontal, inmanente. Pero, ¿acaso Francisco no puede elevar –como es su deber– la conversación para que desemboque en aquello para lo cual recibió el poder que tiene: “confirma en la fe a tus hermanos” (Lc. 22, 31-32)? ¿No puede o no quiere? La respuesta es evidente.
A la pasada y hacia el final de su entrevista, el Papa desliza dos bombas: 1) Podría morir como papa emérito. 2) No volverá a la Argentina. Esto significa sólo dos cosas: que la renuncia del Papa Francisco no es un imposible. Y, por otro lado, que Pope Francis nada gana volviendo al país donde todos saben quién es.
La serie “Los favoritos de Midas”: ¿un argumento filosóficamente subversivo?
Acabo de terminar de ver una serie de Netflix denominada “Los favoritos de Midas” con mi esposa. Hemos tenido acceso sin pagar un centavo –como debe ser– a la conocida productora anticristiana. En menos de una semana nos vimos los 6 capítulos, pensando que se venía una segunda temporada. Sin embargo, no fue así. ¿Qué es lo importante en esta serie? ¿Cuál es su mensaje? ¿Qué quiere comunicar el guionista?
A nosotros nos gustan las series policiales, y esto al principio parecía un argumento policial: un empresario llamado Víctor Genovés es chantajeado por una supuesta red de corrupción denominada “Los favoritos de Midas”, que amenaza con llevar a cabo distintos asesinatos si él no accede a entregar una gran suma de dinero. Inicialmente Genovés no cede al chantaje y empiezan a caer los muertos. La serie muestra que Los Favoritos de Midas evitan ser detectados por la policía porque hacen pasar esos asesinatos por “muertes accidentales”. Los fallecimientos no exhiben por tanto ningún cabo suelto y la policía deja de investigar. Hay, sin embargo, un policía –el personaje Alfredo Conte– que cree en Genovés y que da crédito a su denuncia de que él está siendo extorsionado. Sin embargo, aunque se esfuerza en encontrar un vínculo entre las muertes no logra nada. Finalmente, Conte detecta una posible filtración de los datos esenciales y el caso pasa a jurisdicción federal; a los pocos días, los responsables estatales deciden ignorar la investigación por falta de pruebas, y esperar a que Los Favoritos se cansen. Aunque Genovés y Conte rechazaran enérgicamente esta claudicación, legalmente no pueden hacer nada. En efecto, se había invertido mucho tiempo sin ningún avance. Ante la sorpresa de Genovés, Conte renuncia y de algún modo lo deja solo, quien suma –al abandono del Estado– el del detective.
Pasé por distintas opiniones de la serie a medida que la estábamos viendo: una cosa es que como espectador no encuentre indicios del asesino en el primer capítulo, en el segundo, el tercero. Pero a medida que van pasando los episodios, a medida que la serie no te muestra ningún rastro de los asesinos (ni para los personajes ni para el espectador omnisciente), uno comienza a conjeturar si quizás Los Favoritos de Midas no será, al fin y al cabo, una serie policial.
Como se ve en la segunda mitad de la serie, parece que ya no se trata de encontrar a alguien, con nombre y apellido. Sino que se trata de otra cosa, del mensaje que la serie quiere dar con el argumento mismo, y no tanto con las palabras de algún personaje. Se trata de que a quienes guionaron Los Favoritos de Midas no les interesa tanto presentar un culpable, una trama, pistas, posibles sospechosos que el detective a cargo va descartando hasta llegar a la verdad –al estilo Agatha Christie o Chesterton– sino que el objetivo es decir algo. Y el mensaje –dicho brutalmente– es que existe una red de gente mala, perfectamente organizada, que puede eludir la ley, pisotear la moral, matar sin dejar rastro y hasta dejar exhaustos a quienes pretenden ajusticiarla; pero sobre todo, comunicar que el máximo logro de esta gente mala no es obtener dinero simplemente sino volver corrupto a los buenos.
En efecto, la serie termina con un Víctor Genovés que habiendo sido chantajeado –víctima durante la mayor parte de la historia–, comienza a ser victimario. En lenguaje paulino, comienza a devolver mal con mal, empieza a dejarse vencer por el mal. Principia a ganar terreno la sombra en su corazón: lo primero que hace es romper con su propia humanidad, con su sentido de honestidad moral y así entonces ejecuta en una plaza a un transeúnte –un completo desconocido–; en otra escena, se lo verá arrojar con total frialdad un vaso de vidrio sobre las cabezas de una muchedumbre desde la impunidad de estar ubicado en la terraza su edificio. Traiciona a un amigo que le había contado un secreto comprometedor, por el cual éste es arrestado y finalmente fusiona su empresa con otra más poderosa, dando muerte al histórico periódico de su propiedad, que en la ficción se llama ‘El Observador Nacional’: el arquetipo de los medios de comunicación en España, destacado por su sinceridad y valentía para las denuncias, caiga quien caiga.
Todos esos actos lo van perfilando a Genovés en una persona totalmente distinto al que era. Él había hecho lo posible para mantener la subsistencia ‘El Observador’, baluarte de la comunicación periodística al servicio de la verdad. Luego decreta su ejecución por motivos de política económica. Está caminando con paso firme el derrotero de la traición a sí mismo, y la serie nos lo muestra en un tránsito que lo va modernizando, en el peor sentido de la palabra: deja de hablar de principios éticos, utiliza el aberrante “lenguaje inclusivo” y, finalmente, remata uno de sus discursos con la frase “para seguir siendo, tenemos que dejar de ser”, ante un auditorio colmado que lo aplaude como hombre de negocios exitoso, en la cúspide una gloria que le acompaña luego de haber entregado el alma al Diablo.
Finalmente, el protagonista recibe la noticia por parte de Los Favoritos de que su actual amante y cuasi novia, Mónica –periodista estrella de ‘El Observador’, quien es como la reserva moral de la serie–, estaba investigando al propio Genovés y que, de conocerse los resultados de esta pesquisa, él podría ser destruido. Los chantajistas le dicen a Genovés que basta que él no oponga resistencia para que ellos “se encarguen” del problema. Finalmente, Mónica termina asesinada justo cuando estaba a punto de destapar la red de corrupción de Los Favoritos: tan bajo cayó Genovés que pudiendo salvarle la vida a la mujer que él decía que amaba, prefirió no perder poder. El capítulo 6, el último, concluye con un Genovés entrando en la limusina de Los Favoritos de Midas, donde lo recibe alguien cuyo rostro la cámara no enfoca. Así concluye la serie.
Pero entonces, ¿de qué se trata Los Favoritos? Arriesguemos algunas hipótesis, totalmente discutibles. En efecto, como toda serie, como toda obra literaria o cinematográfica, la misma está abierta a las interpretaciones.
La serie termina con un Víctor Genovés que se sube a una limusina negra que representa el poder malévolo de Los Favoritos de Midas; es recibido como uno más de esta la “hermandad” de Los Favoritos. El mensaje es desolador: una persona puede resistirse un poco pero al final termina siendo corrompido por esta red perversa y omnipotente. Aquellos que no se quieren corromper, mueren o se rinden, como el detective Conte que de alguna manera lo abandonó en su búsqueda de la justicia pero que –como no se lo podía tragar sin oponer ninguna resistencia– entregó los datos de la investigación y también las pruebas de la culpabilidad de Genovés a su propia amante, Mónica. Para que alguien en algún sitio, al menos, se aproximase a la verdad.
Los cuentos e historias tradicionales hablan de un bien, de un mal, nos colocan ante un drama moral. Conocemos cómo terminan: el malo es vencido, termina muerto o en prisión. En muchas historias algunos malos se redimen. El bueno suele ser impecable, aunque también son muchas las novelas en que algún personaje comete pecados pero luego se redime. La redención de Edmundo en Las crónicas de Narnia nos recuerda que todos caemos y caeremos, pero que podemos alcanzar el perdón de Aslan. La victoria alcanzada por la unidad de distintos reinos en El Señor de los Anillos nos invita a forjar alianzas con nuestros amigos para derrotar a los enemigos comunes. Con Tristán recuperamos el vigor para enfrentarnos a los déspotas. David y Goliat nos inspiran en los desafíos para los que no hay equivalencia.
Este tipo de relatos tenía la no pequeña virtud de estimular nuestro sentido del honor. Estas historias nos hacía mejores, nos dejaba un sabor a heroísmo, nos colocaba ante los dilemas éticos, nos situaba espiritualmente frente a las cuestiones decisivas: la verdad, la mentira, la vida, la muerte, el bien y el mal. Al mismo tiempo, estas historias tenían la cualidad de vituperar el mal, el pecado, el vicio.
En ese sentido, decimos que Los Favoritos de Midas es una serie que tiene algo de filosóficamente subversivo. El mensaje final que se ve –y no hay segunda temporada– es que el mal no puede ser vencido. Los buenos son destruidos, corrompidos, se cansan o simplemente dicen –como el compañero policía de Conte– que eso no es su trabajo.
Hay una frase del personaje del detective que quizás da en el clavo: “¿Y si ‘los favoritos de Midas’ fueran como un virus de la sociedad que puede contagiar a cualquiera, que se ha extendido por todos los órganos?”. En definitiva, estamos ante una serie que hace pensar, excelentemente producida y filmada, pero con un mensaje final bastante sombrío porque de alguna manera, en vez de invitarnos a luchar ante el mal nos disculpa de rendirnos ante él.
Reproducimos un artículo del Dr. Antonio Caponnetto.
PRACTIQUEMOS LA CORDURA
por Antonio Caponnetto
Bajo el lema, presuntamente ingenioso y humorístico, de “Practiquemos la CUIDAdanía, el Gobierno ha lanzado una campaña para prevenirnos de esta extraña pandemia. El propósito de la tal campaña es integrar a los “ciudadanos responsables y con conciencia social”, en su lucha denodada contra “los perejiles e ignorantes” (sic) que osan poner en duda, ya no el real alcance de la peste sino, y sobre todo, el de las medidas que se vienen tomando para combatirla. Medidas que, como todos sabemos empíricamente, han probado con amargas creces y espantosos efectos, la validez de dos dichos populares; que es peor el remedio que la enfermedad; y que no se puede rescatar a quien se está ahogando con un salvavidas de plomo.
Porque la verdad entera y completa sea dicha; si no hubiera, como hay, un cúmulo atendible de razones científicas para cuestionar tanto la etiología, como la naturaleza y los frutos del llamado coronavirus, es innegable por evidente, que hay sí un cúmulo inmenso de testimonios del estropicio descomunal que están provocando las políticas estatales pretendidamente sanitarias. Y decimos estropicio descomunal en homenaje a la síntesis, que a abundantoso análisis daría lugar tamaña atrocidad a la vista.
Pero volvamos a la publicidad precitada. La base de la misma es un sofisma que, en lógica, se conoce como “la falacia de pensamiento de grupo”. Consiste la misma en hacerle sentir orgullo a una persona por pertenecer a determinado sector, emparentado generalmente con alguna ideología. Tal “orgullo” lo habilita a priori y necesariamente a posicionarse en el bando de los despabilados y progresistas, quedando el resto descartado por negacionista, conspirativista, antiderechos, o cualquier voltereta semántica que se les ocurra. Maldito ardid sobre el cual se han expedido personajes insospechados de incorrección política, como el sociólogo Floy H. Allport, ya en 1923, desde The American Journal of Sociology.
El “orgullo” de marras en este caso se retrata a través de dos ejemplos, uno de los cuales cobra significación especial para los argentinos. “Orgulloso de llevar mi barbijo”, dice una caripela anónima embozalada hasta los ojos. Y “orgulloso de no compartir mi mate”, regüelda otro infeliz manojo de soma, a quien se le ven apenas ciertos rasgos, otrora compatibles con lo que se llamaba frente. Se podían haber buscado otros términos más apacibles o afables. Por ejemplo: colaboro llevando el barbijo. Me aguanto el tapabocas por prevención. Lamento no poder compartirte el mate, etc., etc. Pero no; el sofisma reclama imperativamente la apelación al orgullo de la neonormalidad contra natura. Porque ese es el objetivo de fondo de la tiranía: abolir la normalidad e instaurar ya no su perversa contraria sino además la altivez y las ínfulas por perpetrar tamaña acometida. Fue el modus operandi de los sodomitas, que siguen “marchando” convencidos de que su vicio nefando les otorga un descuello tan especial que deben hacerlo público. Lejos todos, ¡ay!, del consejo del cura Castellani a los tanguistas: “¡vaya hombre, está bien que sea cornudo; pero no lo ande cantando!”.
Según la ilogicidad de este sofisma arrojado por el poder político, el número de situaciones de “orgullo” deberían multiplicarse, y en ningún caso se estaría faltando a la verdad. Orgulloso de abandonar a mis padres en el hospital. Orgulloso de que me entreguen sus cenizas en una bolsa de residuos. Orgulloso de no poder velar a mis seres queridos. Orgulloso de obligar a mis hijitos a no abrazar a sus amigos ni a compartir sus juguetes. Orgulloso de aislarme en una burbuja. Orgulloso de que me prohíban celebrar las fiestas de guardar; Orgulloso de que verifiquen mi salud con un estatizado y promiscuo tacto rectal; y la tristísima nómina sería interminable.
A los sofistas que orquestaron esta campaña vejatoria, en la que el vilipendio es el propósito y el cretinismo el instrumento, no les importa otra cosa que no sea doblegarnos colectivamente para ser protagonistas –también orgullosos– de ese programa endemoniado de reingeniería social que se ha dado en llamar “El Gran Reinicio”. Lo dijo desfachatada y literalmente Alberto Fernández, el pasado 29 de enero, en su Discurso ante el Foro de Davos. La meta gubernamental es “avanzar en el Gran Reinicio que tanto pregona Klaus Schwab”; o sea el Foro Económico Mundial, del que el payo Schwab es presidente, junto con el Príncipe Carlos de Inglaterra, que co-lanzó la propuesta en mayo de 2020, cabe la suntuosa oligarquía financiera de los países más poderosos del mundo.
Que sepamos y hasta hoy, los compañeros que combaten al capital (para lo cual lo acaparan como medida precautoria, claro), no le han dicho a Fernandezullón que lo que ha hecho se llama bruta dependencia al Imperialismo, ante el cual se suponía sólo podía tener lugar la liberación y la lucha armada. No le ha dicho nada Kicillof, natural de Stalintrópolis; ni Máximo, hijo de Bisojo y Jaca, ni Cafiero el de las liendres al viento, ni Trotta, el de la tremolante memez, ni Zaffaroni, de broncínea bujarronería. Todos a una callaron ante esta descomunal declaración de sometimiento a la poderosa intromisión imperialista. Sólo resta esperar un motu proprio bergogliano, titulado crípticamente: “Abbassiamo le nostre mutande”.
Hace rato que las cartas están echadas sobre la mesa. Pero tras el Foro de Davos y el nada imaginario próximo paso, cual sería adherir también a la Agenda 2030, nos urge reaccionar con los mejores medios de los que dispongamos. Hoy –contrariando una veintena de estudios académicos y científicos de primer nivel[1]– nos dicen que si no cubrimos bocas, manos y narices con mascarillas y guantes, incurrimos en delito de lesa covididad. Mañana nos dirán que los oídos y los ojos son otros tantos factores de contagio y deberemos andar ciegos y sordos.
A la inicua campaña del “Practicá la CUIDAdanía”, opongámonos con una activa y nunca desmayada campaña de la práctica de la cordura, de la caridad, del sentido común, de las obras de misericordia, de la normalidad. Sintámonos orgullosos de confiar en Dios, de ser virtuosamente prudentes, de saber cuáles son los límites entre el legítimo y necesario recaudo médico y el pánico colectivo. De saber cuál es la frontera que separa el respeto ante la enfermedad de la pusilanimidad mórbida. Sintámonos orgullosos de inspirar en el prójimo y en nosotros mismos un sentido de la responsabilidad terrena que no ahogue el leal abandono a la Divina Providencia. El mayor factor de riesgo que tenemos no es contagiranos, enfermar y morir. Que por supuesto, podemos padecer nosotros o nuestros seres queridos. Sino vivir como cobayos, arrasados por el despotismo pseudosanitarista que nos mata las almas antes que los cuerpos.
Tomo y doy ahora un consejo que me diera hace unos años don Enrique Prevedel: ¡Seamos criollos! Sí; lo seamos. El que tenga su mate, salga a la plaza más cercana, la cara limpia al sol, la palma al cielo, y júntese con los amigos a cebarles mates y Padrenuestros hasta el alba. Será nuestro toque de queda. Nuestro sencilla triunfo, prefiguración de la grande y postrimera victoria que se consumará cuando Él regrese. ¡Cristo Vence!
Dr. Máximo Sandín: una reflexión sobre los virus y la crisis planetaria en torno al COVID-19
La columna del lunes
Por Juan Carlos Monedero (h)
A nadie le sorprendería encontrar un libro y otro y otro más en una gran biblioteca: sería lo más normal del mundo, ¿no es así? Sin embargo, a causa de nuestro grave desconocimiento sobre el mundo microscópico de las bacterias, a la casi totalidad de la población nos sorprende darnos por enterado de un nuevo virus. Pero, ¿y si los virus fuesen una realidad mucho más consuetudinaria de lo que parece a primera vista?
El Dr. Máximo Sandín es Doctor en Ciencias Biológicas y en Bioantropología, fue profesor titular en el Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid. Será él quien responda a esta pregunta a través de su artículo[1]. En efecto, “en aguas marinas superficiales (en las playas en las que nos bañamos) se han contado 10.000 millones de virus por litro”. Asimismo, distintos estudios en suelos “han dado cifras de hasta 5000 millones por gramo de tierra seca”. Las investigaciones en el aire “en zonas libres de contaminación” arrojan “cifras que compiten con las anteriores”. En definitiva, comenta el especialista, “las bacterias y los virus no sólo son nuestros componentes esenciales, sino que vivimos literalmente inmersos en un mar de bacterias y virus”. De ahí que su blog se denomine www.somosbacteriasyvirus.com
Pero Sandín va más allá, los virus “no sólo nos rodean, sino que se puede decir que trabajan para nosotros”. Entre otras funciones, protegen el organismo de bacterias ajenas. Una cantidad impresionante de virus controlan el “microbioma intestinal” y, por tanto, la salud del organismo; colonias de bacterias controladas por virus están en nuestra piel “protegiéndola de bacterias del exterior”.
Es entonces cuando viene la pregunta del millón: si los virus –como enseña Sandín– están en nosotros, protegen el equilibrio de nuestro organismo y son la mayor parte de nuestro genoma, “¿Cuál puede ser el motivo de que se hayan considerado nuestros peores enemigos?”.
La respuesta debe buscarse en el marco conceptual, en la cosmovisión global, desde la cual se leen e interpretan los datos de la ciencia. ¿Y cuál es ese marco? Responde Sandín: ese marco no es otro que “la concepción competitiva de una Naturaleza poblada de enemigos que domina la biología desde hace 200 años”.
Ahora bien, en este mismo artículo –realmente denso y que su comprensión desafía las posibilidades actuales de este servidor– hay varias perlas más que deben enfatizarse.
Sandín afirma taxativamente que la barrera de especie reduce “la probabilidad de que un virus animal se hibride en la Naturaleza con su correspondiente humano (a pesar de su correspondiente y diferente receptor celular)” llevándola a un número que es “lo más próximo a cero que se puede concebir”. Los virus no saltan de especie a especie, nos dice Sandín. Si esto es así respecto de dos especies, a fortiori lo es si hablamos de tres: tal posibilidad “sería de cero elevado a infinito, es decir, todavía más próxima (a cero)”.
En otro artículo, se pronuncia de forma más clara aún:
La aparición de una forma espontánea en la Naturaleza de un virus ‘híbrido’ de dos especies distintas es prácticamente imposible porque existe la llamada barrera de especie. Los virus considerados patógenos son específicos de cada especie. Pero la aparición espontánea de virus compuestos por partes de tres especies es absolutamente imposible y no comprendo cómo la mayoría de los virólogos expertos no lo ha denunciado, aunque algunos que se pueden considerar ‘independientes’ sí lo han hecho[2].
Pero así como sabemos esto –lo que en términos matemáticos cierra razonablemente toda discusión–, también sabemos que “este tipo de manipulaciones (entre material genético de distintas especies, humanas y otras) se hace comúnmente en laboratorios de alta seguridad”. En efecto, tales investigaciones se realizan, presumiblemente, a los efectos de prever apariciones de nuevos virus e, incluso, para elaborar vacunas.
En otras palabras, sentencia Sandín:
“así como está bastante claro que el paso de virus entre especies en la Naturaleza no es posible, por muchos animales que se hayan comido a lo largo de milenios, la producción de virus híbridos en laboratorio se puede hacer y se ha hecho”.
Pero este especialista tiene aún muchas cosas más para decir. En efecto, Sandín nos cuenta que nada menos que Luc Montagnier, Premio Nobel por su descubrimiento del virus del SIDA, “tiene claro que es un virus de laboratorio”. Se trata de una información que, al menos en la Argentina, la Dra. Chinda Brandolino ya había revelado a comienzos del 2020, entrevistada por Nicole Neumann, en una entrevista que generó un gran revuelo mediático. Buen psicólogo, Sandín también ha observado en detalle cómo reaccionó el entorno a Montagnier:
Las sentencias descalificadoras fueron de un gran nivel, tales como “El parecido con el virus del sida es superficial” o “Todos en la comunidad científica están de acuerdo en que la COVID-19 es un coronavirus” o “Es una visión sobre una conspiración que no se relaciona con la ciencia real”. Pero la desacreditación definitiva fue que “El doctor Montagnier tiene un punto de vista crítico con las vacunas”. Una condición tan terrible que recibe los más graves insultos y descalificaciones por parte de científicos y divulgadores.
¿No es sorprendente que la comunidad científica internacional –que se supone versada en evitar la falacias– caiga tan de llano en la famosa falacia ad hominem? Sin embargo, esto ocurrió. Y sigue ocurriendo.
Comenta Sandín que el doctor Montagnier tiene más cosas para decirnos, entre ellas una que no trascendió ni siquiera dentro del amplio sector internacional que mira con sospecha y con recelo a la OMS. Según Sandín, “el buen doctor Montagnier nos deja un mensaje optimista: El SARS CoV-2 desaparecerá a no muy largo plazo”. ¿Cómo lo sabe?
Parece que, como todo virus de laboratorio, estos virus construidos artificialmente son inestables: “en los procesos de replicación van perdiendo las secuencias introducidas hasta quedar inactivados”. El contraste entre estas predicciones de Montagnier y la palabra de ‘los sabios oficiales’ -que repiten “el coronavirus ha venido para quedarse”, anunciando nuevos rebrotes- es manifiesto.
Sandín conserva aún una reflexión sobre las palabras de Montagnier:
El Doctor Montagnier opina que el virus artificial pudo escapar de un laboratorio por error. Con el debido respeto, yo le preguntaría ¿y el SARS CoV? ¿y el MERS CoV? ¿y el Ébola? ¿y el H1N1? ¿Todos estos virus de origen artificial se han podido “escapar por error” de los laboratorios en que se han elaborado mediante técnicas muy complejas? ¿No son demasiados “errores” en laboratorios de alta seguridad?
Finalmente, Máximo Sandín nos abre el corazón y dice con resolución: “En definitiva, estamos ante unos hechos que hay que afrontar honestamente, valientemente, si queremos que exista una posibilidad de terminar con estas pesadillas”. Pero “resulta más cómodo entrar en la corriente general de ‘la guerra contra este terrible enemigo’”, esto es, sumarse a la corriente general y al discurso oficial respecto del coronavirus.
Reproduciremos algunos juicios de Sandín que, por lo ilustrativo, nos eximen de todo comentario:
“las personas que pueden manejar los virus, tanto en el sentido técnico, como en el mensaje que se emite sobre ellos a la sociedad, disponen de una herramienta extraordinariamente poderosa para el control social. Claro que cuentan con apoyos muy poderosas. Incluso Hollywood contribuye periódicamente (frecuentemente, coincidiendo con alguna campaña de vacunación) a la ‘docencia’ con terribles historias sobre tremendas pandemias. Una muy ‘didáctica’, porque se ajusta plenamente a las explicaciones científicas es la película ‘Contagio’, en la que un murciélago defeca sobre un cerdo que un cocinero chino trocea para cocinarlo, seguramente con salsa agridulce, que es comido por una ejecutiva norteamericana moderadamente promiscua que extiende un virus mortal a la vuelta a su país”.
“tengo que mencionar la importante aportación a la confusión de los ‘periodistas científicos’ o de los ‘científicos periodistas’ más prestigiosos que atacan con inusitada ferocidad (incluso mintiendo en sus argumentos) a los científicos honestos que denuncian estas atrocidades o a las personas brillantes y de honradas intenciones que intentan aportar algo a la sociedad o, simplemente, sacan los pies del tiesto. Sin embargo, son muy comprensivos, incluso lisonjeros, con organizaciones tan entrañables como la gran industria farmacéutica o de los transgénicos o con los ‘negocietes’ de ciertos científicos. Y con la denominación de ‘conspiranoico’ descalifican a cualquiera que aporte alguna información que ponga en riesgo sus creencias o sus intereses. (En este contexto, tengo que decir que no espero, precisamente, aplausos). Es cierto que circulan por la red teorías un tanto ‘imaginativas’, posiblemente, alguna alimentada por los creadores de confusión, pero esto es utilizado para inducir a los lectores a rechazar cualquier información ‘alternativa’ sin molestarse en reflexionar sobre sus fundamentos”.
“Se ha creado, en cierto modo, un ambiente ‘orwelliano’: Existen policías del pensamiento, una especie de ministerio de la verdad que controla que es lo cierto y que no, y los esclavos atacan a quienes quieren defenderles… En fin, quizás esto último sea una exageración”.
“A partir de aquí, todo lo que pueda aportar lo encontrará el lector en informaciones, algunas muy bien documentadas, que circulan por la red. (…) La más terrible de estas informaciones es la existencia de una agenda para la reducción de la población mundial. Supongo que hay que ser un poco malvado para pensar que esto es una intención real, porque las personas bondadosas no parecen querer ni pensar en ello. De lo que nos informan es de que existen personas muy poderosas (pueden encontrar sus nombres en la red) que, ante el imparable aumento de la población y la pobreza mundial no piensan en la posibilidad de cambiar este modelo económico depredador, que sería la solución obvia, sino reducir drásticamente la población mundial”.
“Lo cierto es que hay datos absolutamente fiables, porque se descubrió y se analizaron las vacunas de esterilización mediante vacunas de mujeres en Filipinas y en indígenas mejicanas. También se puede encontrar información sobre el origen del Ébola en campañas de vacunación en África (al parecer, la epidemia del Ébola en África occidental se originó en las instalaciones de NBS-4 de Estados Unidos localizada en Sierra Leona)”.
“se puede encontrar en la red sin dificultad un grupo de científicos queridos y prestigiosos que, a pesar de su brillantez, no han pensado en cambiar el modelo económico pero sí la reducción de población para mantenerlo. Agrupados en la organización ‘Optimunpopulation’, ahora denominada ‘PopulationMatters’, propugnan una población mundial ‘óptima’ de entre 2.700 a 5.100 millones de habitantes. Por eso, a las personas malvadas nos da mucho miedo cuando un famoso psicópata, perteneciente al grupo de los poderosos que propugnan la agenda de reducción de población, disfrazado de, y aclamado por los medios de comunicación como filántropo, y que, al parecer, ha conseguido el control de la OMS, anuncia la necesidad (o la imposición) de una vacunación universal. Una vacuna que, según nos dicen, probablemente ya esté dispuesta, y que es esperada con ansiedad en todo el mundo”.
“Otro factor implicado parece ser el económico. Los enormes beneficios para las compañías farmacéuticas de campañas de vacunaciones masivas son obvios”.
“En cuanto a la economía, disciplina de la que me declaro no sólo ajeno, sino objetor, parece que el sistema económico ha entrado en crisis y le solución sería dejarlo hundirse y comenzar de nuevo (una especie de ‘reseteo’). De paso, se aprovecharía la situación para llevar a cabo una especie de ‘ingeniería social’”.
“La angustia y el miedo a que está sometida la población propicia la legitimación de medidas que atenten contra derechos y libertades y para profundizar en la doctrina económica ultraliberal”.
“Una sociedad en la que estén prohibidas las reuniones y en la que los ciudadanos estén recluidos en sus casas conectados a internet o a la televisión y que sólo salgan para realizar su trabajo con la menor comunicación humana directa posible sería el sueño húmedo de cualquier tirano ultracapitalista” (aquí Sandín cita a Naomi Klein).
“no ha existido en la historia de la Humanidad una ‘uniformación’ (que sería uniformidad forzada) de pensamiento como el que se ha producido con esta crisis”.
“Parece claro que no es necesario ser un experto para pronosticar que el daño psicológico producido por esta situación va a ser tremendo. Nada será igual en las relaciones humanas cuando acabe ‘la lucha contra este virus asesino’”.
“Finalmente, otro aspecto del que habla Naomi Klein y que me ha resultado interesante y espero que al lector también es que, según afirma, ‘la puerta para suprimir el papel moneda y legitimar herramientas de geolocalización y seguimiento de los ciudadanos está abierta. Algunos de esos aspectos que ciertos sectores hemos estado criticando como la pérdida de privacidad, el control por parte de las herramientas informáticas, el efecto en las capacidades cognitivas y en la salud por el abuso de los dispositivos electrónicos, pueden verse acentuados o normalizados tras este escenario de epidemia global’”.
El debate ideológico y político, un tablero de Ajedrez.
Verdad y Poder
Por Juan Carlos Monedero (h)
Los debates y controversias ideológicas nunca son ideológicas. Quienes nos aproximamos a la filosofía sabemos -de la mano de Santo Tomás de Aquino- que la razón nunca actúa sola; sabemos que los sentidos, las pasiones, los impulsos e inclusos los instintos no son autónomos, y que todo en el hombre es “humano”. Esto quiere decir que el mismo aprendizaje -que tiene su centro en la inteligencia, que es inmaterial- es un suceso emocional. Aprendemos más fácilmente cuando tenemos la disposición emocional de aprender: todos recordamos a esas señoritas encantadoras de la Primaria que nos hacían sentir como coches de Fórmula Uno. Los debates participan de este carácter propiamente humano: no son dos fríos intelectos los que discuten ni son dos puras animalidades las que entran en pugna. Son dos hombres, con su inteligencia, su razón pero también sus emociones, sus pasiones y hasta sus miedos.
Como en el Ajedrez.
En el juego-ciencia, la práctica, la habilidad, la inteligencia aplicada, el manejo de las estrategias es determinante. Pero no es lo único. Porque en el Ajedrez se refleja quién es uno; primero por las características propias del Ajedrez en cuanto tal pero también porque en todos los juegos de alguna manera nos revelamos. En los juegos nos mostramos como somos.
Asimismo, quizás el Ajedrez nos permita una aproximación a la compleja realidad social y política en nuestro país.
La Argentina está atravesada por varios discursos, por complejas ideologías y por robustas doctrinas. Todas ellas tienen un elemento teórico, sincero o no, realista o no. Sin embargo, al ser éstas encarnadas por personas de carne y hueso, cada uno de ellas le imprime a estas ideas la marca especial de su propia individualidad. Al igual que cuando movemos los peones tosca o elegantemente. De la misma manera que cuando adelantamos un alfil blanco para amenazar el campo de las negras, las doctrinas tienen un planteo que consideran verdadero y repugnan lo que entienden falso. Ý en el día a día de la guerra ideológica, ¡cuántas veces, envalentonados por una buena jugada, nos confiamos, nos desbocamos en el ataque y terminamos perdiendo una buena posición o fichas clave!
También pasa lo mismo en la política y en las controversias ideológicas. No son robots los que discuten, los que tejen alianzas partidarias, los que se asocian para lograr sus propios fines. Son personas, somos personas que al tomar una decisión involucramos elementos tanto conscientes como ocultos. Jürgen Klaric, uno de los especialistas mundiales en ventas, dice que la acción de vender -para ser eficaz- debe apuntar a cubrir “la necesidad antropológica inconsciente” de una persona. ¿Y no es verdad que nosotros “compramos” una idea, una ideología, un discurso, una doctrina? ¿No hay acaso algún tipo de alineación entre aquello que está en lo recóndito de nuestro corazón y la teoría que sostenemos?
Hasta aquí, cualquier lector podría estar de acuerdo. Ahora bien, trascendamos el plano psicológico dado que la salud de la persona no se define por la alineación de sus actos con sus ideas, lo cual es condición necesaria pero no suficiente. Esas ideas deben estar alineadas con la verdad de las cosas, con la veritas rerum, como dice la tradición filosófica realista. Es el momento de decirlo con todas las letras, aunque pueda sonar antipático para los oídos de cierta gente intoxicada por el indiferentismo. Antonio Machado podrá ser muy eufónico con su “Caminante, no hay camino”, podemos sentirnos gigantes escuchando a Serrat interpretando estos versos, pero estos versos no nos inspiran a ser mejores. Si se sabe ver, estos versos nos transmiten desesperación, indiferencia doctrinal; nos transmiten un espíritu resabiado de relativismo, con dosis calculadas de escepticismo. Porque si no hay un camino mejor que otro, un camino preferible a otro, un camino objetivamente bueno, entonces no hay verdad. Y estaríamos en el Reino de la Opinión donde las ideas y posiciones no valen en función de su correspondencia con la realidad sino en virtud del poder que me den.
Lewis Carrol en Alicia en el País de las Maravillas lo retrata nítidamente:
–Cuando yo uso una palabra –dijo Humpty Dumpty con un tono burlón– significa precisamente lo que yo decido que signifique: ni más ni menos.
–El asunto es –dijo Alicia– si usted puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.
–El asunto es –dijo Humpty Dumpty– quién es el amo. Eso es todo.
Pero esto, ¿no establece el despotismo más abyecto? Amparados en el puro ejercicio poder, sin norte ni brújulas éticas objetivas, ¿qué lugar queda para la Justicia?
¿Dónde está más protegido el débil? ¿En la Ciudadela de la Verdad y la Justicia absolutas (así, con mayúscula) o en el Reino de la Utilidad, el Interés, donde predomina la cantidad como criterio de orden y la conveniencia como indicador del obrar?
Es esta, efectivamente, una posición cómoda para los libros pero impracticable en la realidad: ¿aceptaríamos acaso que nuestro jefe no nos pague nuestro sueldo? Si nuestro empleador se negase a hacerlo, seguramente le diríamos que debe abonar los honorarios “porque es lo que corresponde”. Ahora bien, lo que corresponde es lo justo. ¿Y si nuestro jefe nos escupe en la cara la perversa filosofía de Machado, según la cual no hay justicia verdadera sino puntos de vista? ¿Qué le impide decirnos “Lo que corresponde está sujeto a cambios y pautas culturales, válidas para ciertas épocas y ciertos lugares de la humanidad, y casualmente mi empresa no es uno de ellos”? ¿Por qué debería pagarnos si la verdad no existe, si la justicia es una convención, si no hay “un camino” éticamente bueno?
El debate sobre el aborto, impulsado por el oficialismo macrista en el 2018 y por el oficialismo kirchnerista en el 2020, es el escenario más descarnado de esta mentalidad. El débil es el niño por nacer, el máximamente desprotegido, ni gritar puede. Se decide -se decidió- su vida en base a criterios de interés, de utilidad: serán las cifras las que deciden si es legal o no descuartizarlo.
Este relativismo está en los tuétanos de nuestro sistema político: y ahí tenemos a diputados y senadores falibles por separado que, por arte de magia, se vuelven “infalibles” en las Cámaras del Congreso de la Democracia Argentina, argumento agudamente señalado por esa gran cabeza que fue Juan Donoso Cortés. Estos políticos sólo sirven para contar cuántos porotos les reditúa presentarse celeste o verdes. Así, Cristina Fernández de Kirchner “descubriendo” que estaba a favor del aborto en el 2018; Juan Manuel Urtubey apuesta al progresismo luego de varios años de administración conservadora; Sergio Massa tejiendo alianzas políticas donde las ideas, los conceptos, los principios se subordinan a la acumulación de capital político. Mauricio Macri habilitó en el 2018 -al mejor estilo Poncio Pilatos- debatir sobre si el bebé en el vientre materno puede ser asesinado (o no), luego de haber sostenido -durante el Congreso Eucarístico Nacional, en Tucumán, junio 2016- las siguientes palabras: “Defiendo la vida desde la concepción hasta la muerte”. El 10 de diciembre del 2019, Alberto Fernández pronunció estas palabras en solemne Juramento Presidencial:
“Yo, Alberto Ángel Fernández, juro por Dios, la Patria y sobre estos Santos Evangelios, desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo de Presidente de la Nación. Y observar y hacer observar fielmente la Constitución de la Nación argentina. Si así no lo hiciere, Dios y la Patria me lo demanden”.
La Verdad, la Justicia y el Poder parecen ir por caminos distintos. La pregunta es qué camino va a tomar usted, lector. ¿Se va a convertir en parte de la solución o en cómplice del problema?
***
Adquirí el primer libro del Lic. Juan Carlos Monedero: “LENGUAJE, IDEOLOGÍA Y PODER”, tomo I, con prólogos del R. P. Alfredo Sáenz y el Dr. Antonio Caponnetto. Ilustraciones: José Antonio Van Tooren.
–Muy bien, alumnes… Buenos días–dijo el Profesor, frotándose las manos, visiblemente entusiasmado.
–Buenos días.
–Tengo noticias importantes para ustedes, que seguro les van a sorprender. Como saben, esta es la primera clase de nuestra materia: “Introducción a la Filosofía”. Y quiero decirles, desde el vamos, que no voy a enseñar como se enseñaba antes. Antes, el profesor decidía lo que se le antojaba y los alumnes obedecían ciegamente, imponía su punto de vista al alumnado como ‘verdad absoluta’, no escuchaba a los chiques ni le interesaba su opinión.
Los alumnos escuchaban, algunos visiblemente descolocados de que el primer acto del docente sea criticar a otro docente hipotético, ausente en ese lugar. A Inés se le retorcían los oídos por el mal uso del castellano.
–Pero ahora –continuó– todo va a cambiar: en nuestra clase, ¡sólo será válido lo que se decida por mayoría! ¡Este es el nuevo principio! Basta de las imposiciones de uno sobre todos… Estamos por una nueva educación. Una nueva escuela, una escuela del siglo XXI, del cambio, moderna, inclusiva. En una palabra –¡y miren qué palabra, chicos!– democrática. ¿Por qué tema les gustaría empezar? Vamos, votemos todos.
Desgraciadamente había un aguafiestas en ese aula.
–Disculpe profesor, ¿cómo… cómo podríamos llamar a este principio?–dijo un alumno, levantando la mano.
–No hace falta que levantes la mano –repuso el Profesor guiñando el ojo, con tono cómplice–, como si estuviésemos en el Liceo Militar… Simplemente hablá, fluí. ¿Qué decías?
–Pregunté cómo podríamos llamar a este principio.
–Eh… llamémoslo… ¡Principio Mayoritario! ¿Te gusta? Yo siempre tuve a los nombres de las cosas un poco como fajas que restringen la vitalidad del pensamiento, que es un río, pero si querés podríamos llamarle así.
–Mmmm… ¿y a quiénes se le aplica?– continuó el alumno.
–¿A quiénes, m’ hijo? Ahora, en este momento, se aplica a ustedes… ¡a esta misma aula de la facultad de Buenos Aires! A todes nosotres, yo también me someto a este criterio, yo el primero, por supuesto.
–Profesor…–volvió a la carga el alumno, sintiendo repugnancia por el martirio que estaba sufriendo el idioma castellano, pero no obstante levantó nuevamente la mano.
–Sí… ¡decime!–respondió el docente, notando que el alumno de nuevo recaía en costumbres arcaicas.
–Usted dice que quiere aplicar el Principio Mayoritario…
–¡Sí, así es!
–… que consiste en que sólo será válido lo que se decida por mayoría…
–¡Sí, eso mismo! Me alegra que lo recuerdes tal cual lo dije… ¡Eres bueno…!–Ok, gracias. Pero… en realidad, yo no quería hablar de mí. Yendo al punto…. Hay algo que me llama la atención… ¿sabe?
–Decilo ya, no temas, no des tantas vueltas, acá todos somos iguales, ¡ahora rige el Principio Mayoritario y tu opinión es MUY importante!–contestó el docente, y el rostro se le iluminó al pronunciar estas palabras.
Los demás alumnos se sentían halagados, aunque otros sospechaban. “Mucha miel, demasiada”, sentenció Inés para sus adentros. “El profesor se hace el buenito pero en cualquier momento muestra los dientes”. Sin embargo, luego se autocensuró: “No puedo ser taaan mal pensada. Esperemos a ver cómo le contesta a este chico”.
–Lo que me llama la atención –respondió el alumno– es que Usted nunca acordó con nosotros aplicar ese principio –dijo casi como suspirando ante el peso de tamaña obviedad.
A veces lo más sencillo de ver es lo más difícil de entender. Nunca sabremos si el docente se hizo el tonto o si realmente no captó el punto.
–¿Eh? No entiendo.
–Digo que, por un lado, Usted dijo recién que sólo será válida una decisión mayoritaria… pero, por otro lado, EL HECHO ES que los 30 alumnos de esta aula no hemos decidido mayoritariamente aplicar el Principio Mayoritario…
–Eh…
–Nunca preguntó al curso si queremos aplicar el Principio Mayoritario–repuso el muchacho, que comenzaba a envalentonarse, en tono más directo.
Inés, que no había perdido detalle de la conversación, sintió la frase como estocada en un torneo de justas del siglo XIV. O, si el lector lo prefiere, como Exocet sobre navío inglés en 1982. Nunca lo admitiría, pero en su interior saboreó el poder del argumento.
–Eh…
–Usted nunca preguntó si la mayoría del curso estaba de acuerdo con el Principio Mayoritario. Simplemente, ¡lo impuso!
–Querido, querido… no importa. ¿Sabés qué? –dijo, cambiando el tono. Estaba nervioso– Lo vamos a aplicar igual. A partir de ahora, rige el Principio Mayoritario. Rige la democracia. Se acabó la dictadura del docente, la dictadura “del que sabe más”. Todo por mayoría y…
Como quien suelta una frase imposible de postergar, desde el fondo del alma el aguafiestas dijo, “completando” la frase del profesor:
–Todo lo decidiremos, todo… ¡pero hay una cosa que no! ¡No decidiremos si queremos tomar todas las decisiones en base al Principio Mayoritario…!
El docente perdió la compostura y fuera de sí levantó la voz.
–Volvimos al Medioevo. ¡Esto es fascismo! ¿Lo ven? ¿Lo ven, chicos? Este alumno no quiere la democracia. ¡Nos quiere imponer sus ideas a nosotros! Este alumno es un retrógrado. ¡No quiere el Principio Mayoritario, quiere la escuela vieja!
Un incómodo silencio se apoderó de la clase. El hombre había perdido el control. Su mismo rostro se desfiguraba, airado por haber quedado al desnudo. Y finalmente arremetió.
–Este alumno quiere los métodos obsoletos del pasado. ¡Quiere el autoritarismo del docente! ¡Quiere la obediencia ciega del alumno! Eso ya se acabó. Ahora, todos debemos manejarnos en la escuela moderna con principios de mayoría. Basta de imposiciones del docente, hay que dar lugar al alumno. Quiero que votemos el tema a desarrollar. Había dejado de mirar al aguafiestas, y posaba su mirada en el resto.
–Chicos, ¿se dan cuenta? ¿Se dan cuenta?
Inés se había dado cuenta.
***
Adquirí el primer libro del Lic. Juan Carlos Monedero: “LENGUAJE, IDEOLOGÍA Y PODER”, tomo I, con prólogos del R. P. Alfredo Sáenz y el Dr. Antonio Caponnetto. Ilustraciones: José Antonio Van Tooren.
Las causas de la Legalización del aborto en la Argentina
Por Juan Carlos Monedero (h)
La sanción de la ley de aborto durante los 9 meses de embarazo (y no 14 semanas, como dicen tantos periodistas) tiene sus causas, antecedentes y explicaciones profundas.
¿Por qué se sancionó esta ley en la Argentina?
En primer lugar, por la tenacidad de los alfiles del abortismo. Estos agentes de la iniquidad merecerán tenebrosos puestos en el Infierno, pero no el sector reservado a los tibios. Estos, como dice el Dante, ocupan el “lugar más oscuro” en el Hades por no haber tomado parte en las contiendas decisivas. Enumeremos algunas de las acciones más conocidas de esta nefasta militancia: los aborteros vienen realizando encuentros nacionales de “mujeres” autoconvocadas hace 35 años. Hace décadas que organizan ateneos, cenáculos, conferencias, escriben artículos, publican libros, organizan y van a marchas, asisten a los debates en radio, televisión, etc. No tenemos ninguna duda de que es una militancia antipatria y anticristiana. Pero militancia al fin y al cabo, Dios no le niega al impío el fruto de su propio trabajo como dice Jean Ousset en su libro La Acción.
Los enemigos del Orden Natural se han estructurado en distintas facciones, han sacrificado parte de su tiempo personal para la conquista de sus objetivos ideológicos. Aunque una gran parte de la masa crítica feminista-abortera-progre no lea ni estudie (Malena Pichot decía no tener tiempo para estudiar…), es evidente que los principales agentes aborteros estudian, leen, asisten a distintas conferencias, se la pasan informándose en el tema, discuten, debaten, se empapan. Las trayectorias de Paola Bergallo, Andrés Gil Domínguez, Aída K. de Carlucci, Marisa Herrera, Alberto Kornblihtt y otros no se explican de otra manera, más allá de lo oscuridad que reina en sus inteligencias. Lo mismo se diga de otros agentes de la subversión mental, cultural y jurídica, como Eugenio Raúl Zaffaroni en el campo del Derecho, Darío Sztajnszrajber en el área de Filosofía, e incluso un Jorge Lanata o Luis Novaresio en el periodismo. Pacientemente nos han metido en la Ventana de Overton.
En segundo lugar, la legalización se explica por el apoyo sostenido de poderosísimos empresarios y entidades internacionales globalistas, como también de algunos gobiernos. El Fondo Monetario Internacional, la Banca Mundial, la Organización de las Naciones Unidas y su brazo, la Organización Mundial de la Salud; la UNFPA, Amnisty International, IPPF, UNICEF, Open Society (Soros), Fundación Ford, Fundación Rockefeller, Fundación Gates, etc.
Como bien hacía notar el blog Kontrainfo, inmediatamente después de la legalización IPPF salió a festejar, reconociendo al menos 15 años de financiación suya de los grupos aborteros[1]. Viene bien recordar que, como también informó Kontrainfo, la IPPF recibe dinero del Gobierno Británico[2]. En otro orden de cosas, vale la pena apuntar que el principal contribuyente de la OMS es Bill Gates como explicó Eduardo Peralta[3]. En la Argentina, distintas sucursales con otro nombre actúan en nuestro país, como por ejemplo CASA FUSA, Católicas por el Derecho a Decidir, CELS, Universidad de Palermo, Centro de Estudio de Estado y Sociedad (CEDES), Fundación Huésped, FEIM Argentina. Millones y millones de dólares, provenientes de las altas finanzas así como también de los tributos que los gobiernos de distintas naciones manejan. Según el diario La Nación, al menos Suecia, Noruega, Dinamarca, Holanda, Australia e incluso EEUU[4].
En tercer lugar, ha sido determinante el poder de los medios de comunicación. Solemos hablar de “los medios” cuando deberíamos en realidad personificar y decir los periodistas, los articulistas, los editores del diario, las personas que pagan propagandas en ellos, los dueños de los medios. Porque, en efecto, lo que ocurre en los medios no ocurre “por necesidad física” o fatalismo alguno, ocurre por voluntad libre de alguien con poder. En ese sentido, los kirchneristas tienen razón y por eso se han esforzado al máximo al enfatizar que detrás de Clarín está Magnetto. Es un hecho indiscutible que la casi unanimidad que se pudo apreciar entre los comunicadores sociales ha sido una de las principales causas de que los slogans pro aborto hayan calado hondo en una gran porción de personas. Asimismo, quedó probado que no hay ninguna correlación entre el pensamiento dominante en los MMCC y el resto de la población, ni siquiera si tomamos los dos distritos más progresistas: Provincia de Buenos Aires y Ciudad de Buenos Aires. La sensación de mayoría progresista-abortera en TV, radio, etc. solamente es eso: una sensación artificial.
Otro factor de peso que podemos señalar fue la presión del Presidente de la Nación. En efecto, Alberto Fernández tomó este tema como una bandera de su campaña, lo dijo en sus debates presidenciales previos a las elecciones, todos sus aliados políticos eran pro aborto, su segunda línea lo es también (Vilma Ibarra, su ex novia, por ejemplo) y en su militancia de base predomina el apoyo al aborto. Sólo un sector peronista se mantuvo celeste –con José Mayans a la cabeza–, no obstante este sector trabajó para que Alberto llegara al poder (por eso hablamos de la perversión democrática). Por otro lado, entre estos peronistas celestes parece que habría senadores (Sergio Leavy, Tucumán, y Silvina García Larraburu, Río Negro) que fueron “persuadidos” por el Presidente; al menos, según lo que dice La Nación. ¿Bajo qué argumento? Según Clarín, Alberto habría apelado a esta razón: Si no sale la ley, el gobierno cae. Tanta fue la presión del Presidente que la propia senadora Silvia Elías de Pérez lo acusó de presionar como nunca se vio en el Senado[5].
En quinto lugar, la legalización del aborto está íntimamente conectada al papel deshonroso de la jerarquía católica, tanto por acción como por omisión. Excede el espacio de este artículo un análisis completo al respecto, pero lo mínimo que se debe decir es que la ley del aborto pudo ser aprobada porque los mandatarios católicos hace décadas vienen entregando a sus ovejas. El Presidente y todo el gobierno encabezó un frontal ataque contra la vida humana y los pastores sólo manifestaron tibias reacciones, semejantes a aquellas que tuvieron lugar cuando Mauricio Macri lanzó el proyecto de ley en 2018; un lenguaje vacuo, un discurso light, sin aceros, sin referencia al asesinato ni al genocidio, muy políticamente correcto. Una conducta anticristiana, característica del Episcopado por lo menos desde el 2003 cuando –habiendo chocado Mons. Basseotto y Ginés González García por el tema del aborto– este ilustre prelado quedó prácticamente solo, sin apoyo de sus pares, especialmente del entonces Cardenal Primado Jorge Mario Bergoglio.
Asimismo, predominaron vergonzosas omisiones: no recordar que el aborto es un pecado que tiene pena de excomunión, no levantar al pueblo contra esta ley anticristiana, no llamar a la resistencia, no denunciar que la Salud Pública se está poniendo al servicio de la matanza de inocentes. Los obispos tampoco cruzaron frontalmente a los senadores que –diciéndose católicos– votaron a favor del aborto, no cruzaron al Presidente cuando sostuvo ser “un católico que no considera el aborto un pecado”, no se pusieron al frente del combate.
También tomamos conocimiento de acciones inicuas: la línea de obispos –a lo largo de varias décadas– viene obstaculizando a los católicos que intentamos proponer una buena formación. Han removido a los párrocos de buena doctrina sustituyéndolos por los famosos curas pasteleros, más propensos al diálogo que a la lucha por la verdad y la justicia; primero con Mons. Zecca y luego con Víctor Manuel Fernández, han hecho de la UCA una universidad cada vez menos confesional; no sólo la UCA sino también la USAL se han convertido en universidades en donde no se forma en la recta doctrina, antes bien, los buenos profesores fueron paulatinamente siendo reducidos, siendo sustituidos por otros de pésima formación, sin dogma, sin coraje, sin hambre de gloria, sin vocación de heroísmo. Y ellos han formado generaciones de alumnos y egresados, muchos de ellos absolutamente ausentes en la lucha contra el aborto.
Los obispos pusieron más empeño en exterminar la tradición católica que en combatir a los aborteros. Lo prueba el cierre ominoso y criminal del seminario diocesano de San Rafael (Mendoza), el más fecundo de todo el país.
Han utilizado constantemente el lenguaje del enemigo; el último ejemplo lo constituye la propia declaración de la CEA, en la que simplemente “lamenta” el aborto, utiliza el término interrupción del embarazo además de adoptar el llamado lenguaje inclusivo. Se ha legalizado formalmente, con aprobación de las dos cámaras, el crimen abominable del aborto –tal como lo llama el Concilio Vaticano II, al que supuestamente los obispos valoran–, se ha establecido el “derecho al aborto”, imponiendo la práctica como parte “del orden público” y lo que tenemos es un comunicado miserable.
Militantes celestes nos han contado cómo levantaron un programa en una radio de cierto obispo “por no estar en comunión” con el Santo Padre. Se lo dieron al Chino Navarro del Movimiento Evita, el mismo que dice que el aborto es un tema de salud pública.
Por otro lado, lamentablemente es cierto que el Episcopado colaboró con la victoria electoral de Alberto y Cristina en el 2019 (en un país con enorme cantidad de bautizados, el Frente de Todos sacó más de 12.000.000 mientras que Cambiemos sacó más de 8.000.000 de votos). ¿Dónde está la Iglesia Católica? Como católicos nos duele constatar que innumerables bautizados e incluso practicantes apoyan agendas políticas contrarias al Evangelio, como lo son tanto la de Alberto-CFK como la de Macri.
La victoria de Alberto responde a una férrea estrategia que viene obviamente de mucho más arriba, esto es, del propio Papa Francisco. Su segunda línea dice lo que él no puede aparecer diciendo, pero que quiere que se deslice. Por ejemplo, decir –como sostuvo Mons. Sánchez Sorondo en febrero del 2018– que la China Comunista es “la mejor realizadora de la Doctrina Social de la Iglesia”[6]. Recordemos que Sánchez Sorondo ostenta el cargo de Canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias, como también recordemos que China actualmente fuerza los abortos para impedir que su propia población se reproduzca, habilitando sólo 2 hijos por familia[7]. En la lógica de la geopolítica mundial, Alberto y Cristina son aliados del Papa Francisco. No en vano, el brillante escritor uruguayo Daniel Iglesias Grézes (InfoCatólica) ha rastreado los vínculos de Francisco con la izquierda a nivel mundial, resumiéndolo en su artículo: “El Papa Francisco y la Izquierda internacional”[8]. A principios del año pasado, este mismo Sánchez Sorondo les “organizó una Misa” al Presidente de la Nación y a su concubina, dándoles de comulgar la Sagrada Comunión en el Vaticano, a pesar de que varias veces había declarado su postura pro aborto[9]. Creemos que está claro el asunto.
El aborto se legalizó porque tenemos un sistema político que hace posible la sanción de leyes en base al totalitarismo de las mayorías, relegando a un último plano las verdades de fondo, sean científicas, médicas, jurídicas o morales. En honor a la verdad, desde el Nacionalismo Católico –con la Revista Cabildo y Antonio Caponnetto a la cabeza– se ha venido diciendo “oportuna e inoportunamente” esta verdad hace décadas. Nosotros mismos, allá por 2011, escribimos un artículo[10] en esa línea el cual hoy resulta tristemente profético, del cual repetiremos algunos conceptos clave: el sistema democrático hace posible que una decisión mayoritaria, aunque injusta, se convierta en ley. En este sistema, las mayorías determinan el contenido de leyes, algo que –desde el lado del adversario– han reconocido los propios Juan Jacobo Rousseau, Hans Kelsen, Gianni Vattimo y hasta el mismo Darío Z.
Hans Kelsen, el famoso jurista judío austríaco (paradigma del positivismo en el siglo XX) sostuvo que el relativismo está detrás del sistema democrático. En su libro Esencia y valor de la democracia, estampa lo siguiente: “en efecto, si se cree en la existencia de lo absoluto –de lo absolutamente bueno, en primer término–, ¿puede haber nada más absurdo que provocar una votación para que decida la mayoría sobre ese absoluto en que se cree?”.
El nervio del asunto yace en el mismo punto de partida: “La cuestión decisiva es si se cree en un valor y, consiguientemente, en una verdad y una realidad absolutas, o si se piensa que al conocimiento humano no son accesibles más que valores, verdades y realidades relativas”. Kelsen remite a los pensadores que han defendido la democracia y a quienes la han rechazado: “En efecto, todos los grandes metafísicos se han decidido por la autocracia y contra la democracia; y los filósofos que han hablado la palabra de la democracia, se han inclinado casi siempre al relativismo empírico”.
La cita continúa: “Así vemos en la Antigüedad a los sofistas que, apoyados en los progresos de las ciencias empíricas de la Naturaleza, unieron una filosofía radicalmente relativista en el dominio de la ciencia social con una mentalidad democrática. El fundador de la sofística, Protágoras, enseña que el hombre es la medida de todas las cosas, y su poeta Eurípides ensalza la democracia y la paz”.
¿Y los tradicionales enemigos de la democracia?: “A su vez, Platón, en quien renace la metafísica religiosa contra el racionalismo de la ilustración, declarando contra Protágoras que la medida de todas las cosas es Dios, es el mayor enemigo de la democracia y un admirador y aún propugnado de la dictadura. En la Edad Media, la metafísica del Cristianismo va unida, naturalmente, a la convicción de que la mejor forma política es la Monarquía, como imagen del gobierno divino del universo. Santo Tomás constituye un testimonio culminante en este sentido”.
La democracia tiene lugar cuando la razón como conocedora de la verdad es cuestionada, relegando los grandes temas al terreno de lo irresoluble. Cuando el ocaso de la razón es un hecho, entonces se alza el sistema que pone como categoría fundamental al número: “si se declara que la verdad y los valores absolutos son inaccesibles al conocimiento humano, ha de considerarse posible al menos no sólo la propia opinión sino también la ajena y aún la contraria. Por eso, la concepción filosófica que presupone la democracia es el relativismo”.
Si “ha de considerarse posible al menos” no sólo la propia opinión sino también la contraria, en Democracia no nos queda otra salida que aceptar como posible que un partido se presente como partidario del crimen silencioso del aborto. Debemos admitirlo y, con lógica democrática, no podemos negarle derecho a existir a esa posición. Por eso todos los políticos bien pensantes y periodistas bien pensantes celebraron la existencia del debate democrático sobre el aborto: porque el sólo hecho de debatir ya era, en sí mismo, el comienzo de su victoria. Por eso también los mejores provida repudiaron la existencia misma de esta falsa discusión.
Ahora bien, si no podemos negarle derecho a existir a la postura pro aborto dentro de la democracia, entonces estamos nivelando a la verdad con el error, a lo bueno con lo malo. Estamos nivelando el derramamiento de sangre inocente –que clama al cielo por justicia– con el derecho del niño a nacer, como si fueran ambas posiciones igualmente admisibles.
Intentar ganarles la votación sobre leyes injustas termina consolidando la legalidad que permite estas atrocidades.Perdida la votación sobre el aborto, estaremos obligados en virtud del principio democrático a admitir como válida dentro del sistema la postura pro abortista. De nada servirá la apelación al derecho natural, a los principios no negociables: su mención no podrá pasar de un intento verbal, en el contexto de un sistema que se desentiende por principio de la verdad y del bien objetivos. La última ratio de las decisiones no es la realidad sino el número, la mayoría. Esta ley ni siquiera respeta las propias constituciones provinciales o al mismo Código Civil, que reconocen a la persona humana desde la concepción. La mayoría parlamentaria no respeta ni la ley no escrita ni la propia ley escrita.
Nivelar la verdad con el error no es, como puede pensarse, algo accidental al sistema. Es de su misma esencia: esta nivelación está fundada en la reducción de todo lo que se discute a su condición numérica. Si el escepticismo y el relativismo mandan, como admite con honestidad intelectual Kelsen, entonces ninguna opinión es más verdadera que otra. Ninguna opinión es más falsa que otra. Sólo queda guiarse por la mayoría.
“La democracia concede igual estima a la voluntad política de cada uno, porque todas las opiniones y doctrinas políticas son iguales para ella, por lo cual les concede idéntica posibilidad de manifestarse y de conquistar las inteligencias y voluntades humanas en régimen de libre concurrencia. Tal es la razón del carácter democrático del procedimiento dialéctico de la discusión, con el que funcionan los Parlamentos y Asambleas populares”.
Lo dice Kelsen, nada menos que en un libro que lleva por nombre Esencia y valor de la democracia. Quien quiera defender la vida desde la concepción, el derecho a la educación de los hijos, el bien común, el matrimonio, etc., en primer lugar debe rechazar de plano el sistema político que hace posible la legalización del aborto, que hace posible el totalitarismo educativo, que hace imposible el ordenamiento al bien común, que hizo posible la ley del divorcio. ¿Cuántas leyes abominables fueron promulgadas por vía del sufragio? Estas fueron votadas y sancionadas a través de la voluntad de la mayoría de Diputados y Senadores. Así, en Diputados hubo 131 votos a favor, 117 en contra y 6 abstenciones. Mientras que en Senadores, hubo 38 votos a favor, 29 en contra y 1 abstención.
Hacia el final de su propio libro, Kelsen explica: “En el capítulo XVIII del Evangelio de San Juan se describe un episodio de la vida de Jesús. El relato sencillo, pero lapidario por su ingenuidad, pertenece a lo más grandioso que haya producido la literatura universal, y, sin intentarlo, simboliza de modo dramático el relativismo y la democracia”.
No perdamos el detalle: “Es el tiempo de la Pascua, cuando Jesús, acusado de titularse hijo de Dios y rey de los judíos, comparece ante Pilato, el gobernador romano. Pilato pregunta irónicamente a aquel que ante los ojos de un romano sólo podía ser un pobre loco: ‘¿Eres tú, pues, el rey de los judíos?’. Y Jesús contesta con profunda convicción e iluminado por su misión divina: ‘Tú lo has dicho. Yo soy rey, nacido y venido al mundo para dar testimonio de la verdad. Todo el que siga a la verdad oye mi voz’. Entonces Pilato, aquel hombre de cultura vieja, agotada, y por esto escéptica, vuelve a preguntar: ‘¿Qué es la verdad?’. Y como no sabe lo que es la verdad, y como romano está acostumbrado a pensar democráticamente, se dirige al pueblo y celebra un plebiscito”.
Se cosechó lo que se sembró. Mientras los adversarios aborteros y feministas bebían la ideología por todos sus poros, no faltaron integrantes del sector provida que decían que “el tema doctrinario era secundario”. Mientras ellos leían a Foucault, Marx, Engels, Gramsci, muchos católicos provida postergaban la lectura del Padre Castellani, Julio Meinvielle, Jordán Bruno Genta y Carlos Alberto Sacheri. Ellos primero trabajaron “ad intra” y luego salieron a buscar apoyos “ad extra”. Nuestro sector, salvo honrosas excepciones, en la Ciudad de Buenos Aires hizo exactamente lo contrario y así fuimos objeto de la propaganda conductista celeste: movimientos bienintencionados pero de nula formación. Se agitaba una banderita celeste mientras deliberadamente se silenciaba la fundamentación política, ideológica y religiosa que explica a fondo este tipo de leyes. Nos consta que en el interior del país hubo marchas y movilizaciones donde los oradores tuvieron mejor doctrina, pero lamentablemente en Provincia de Buenos Aires y en la capital federal predominó otra cosa.
Mientras ellos militaban con agresividad las peores causas, desde el sector celeste se bailaba cumbia frente al Congreso. Mientras ellos invocaban explícitamente al demonio[11], desde nuestro sector algunos decían: “No hablemos de Dios”. Mientras ellos forjaban militantes con un claro perfil ideológico, muchos actos provida se caracterizado por animadores repletos de slogans vacíos.
El colmo de esta negligencia tuvo lugar el 28 de noviembre, acto provida desperdiciado, en el que los animadores se limitaron a repetir ad nauseam la consigna de “Somos la mayoría celeste”, en una orfandad de contenidos que resultó lamentable. Eso sí: no faltaron las reconvenciones sanitarias de barbijo y aislamiento social[12]. Hasta eso hicieron.
Jamás procedió así el enemigo: antes bien, nutre a sus núcleo duro de una robusta ideología, y luego sale a la conquista de la opinión pública. En nuestro sector, por el contrario, aquellos que una y otra vez intentaron relanzar la poderosa doctrina católica y provida fueron constantemente discriminados, dejados de lado, su influencia fue eclipsada. Sólo a regañadientes –y por pocos minutos– se aceptó en ocasiones que hablase personajes como Chinda Brandolino o Roberto Castellano, puesto que su influencia era innegable. El despotismo de “yo pagué el escenario, yo elijo quién sube” fue indisimulado. Los que tenían dinero para la logística hacían subir a ignorantes del Derecho a hablar de leyes. ¡Macristas como Rodrigo Fernández Madero, al frente del movimiento provida! Los que realmente saben y vienen militando hace décadas, al margen. Los sacerdotes católicos de visible sotana, evitados como si tuviesen sarna.
Fuimos testigos del surgimiento de incontables líderes cayendo del cielo con un paracaídas celeste; referentes tan vacuos como poco profundos, que habían estado callados hasta el 2018 y el 2019 y que –de repente– querían capitanear un ejército al cual nunca habían apoyado. Sólo eso explica que intelectuales serios de la causa provida como Mónica del Río, Ricardo Bach, Héctor Hernández, Jorge Scala y Tomás González Pondal –entre otros– sean menos conocidos que Alfredo Olmedo, Amalia Granata, Cynthia Hotton, J.J. Gómez Centurión, Mariano Obarrio o Guillermo Moreno.
Atrapados en un infantilismo espiritual, cientos de miles de católicos provida siguen sin poder ver cómo los propios descendientes de los Apóstoles los han entregado al enemigo. Así, se han puesto en contra de los católicos tradicionales, que denuncian la cobardía y complicidad del clero, y han terminado por apoyar a quienes han entablado indigna alianza con los poderes públicos anticristianos. Salvo honrosas excepciones –como Mons. Aguer–, los obispos han estupidizado a sus diócesis, les han castrado su vocación militante, suprimido a los buenos maestros y colocado al frente de sus parroquias a auténticos improvisados, cuando no payasos que denigran la doctrina y la liturgia.
Cientos de miles de católicos, a lo largo de décadas, fueron entrenados para dialogar y fraternizar con el enemigo, para tender la mano al adversario que destruía iglesias. Se los ha educado para la esclavitud y la humillación, y ahora muchos tienen mermadas sus fuerzas intelectuales y espirituales. ¿Tendrá esta pastoral de la obsecuencia buenos frutos? Llegó la hora de oponerse a una ley visiblemente inmoral. Ley injusta no obliga, dice Santo Tomás de Aquino. ¿Habrá la fuerza interior para la desobediencia? De quienes tienen lavado el cerebro por los malos pastores, poco se puede esperar.
Los efectos de esta mala catequesis también se dejan ver en el quietismo de tantos que –incluso desde el sector provida– apoyan la falsa disyuntiva oración vs. acción: “hay que rezar y ayunar más” pero la sola idea de plantar cara al adversario los aterroriza. No podemos ser tan voluntaristas, y no podemos suscribir una espiritualidad basada en ilusión y romanticismo.
Por otro lado, tampoco podemos dejar pasar la falta de organización de muchísimos católicos bien formados pero que no quieren o no logran estructurarse.
Conclusión
El combate sigue, la lucha continúa. Acá nadie se rinde, esto recién empieza. Pero no podemos darnos el lujo de cometer los mismos errores. La legalización del aborto nos tiene que servir para no volver a tropezar con la misma piedra.
La historia demuestra que los Imperios del Mal han caído: más poderosa que la coalición de Alberto y Cristina era la URSS, y en 1989 comenzó a resquebrajarse por sus profundas heridas internas. Dejemos de pensar lo que hace el enemigo, y comencemos a pensar cómo nos vamos a organizar nosotros para vencerlo. Quiera Dios que –luego de la legalización– muchos se despierten y así procuren formarse, organizarse, y salir al combate. Empezar a hacer justicia en nombre de tantos inocentes sin voz y de todos los que fueron pisoteados y maltratados. Desobediencia y levantamiento civil. Las FFAA de la Nación deben cooperar para la restauración de un orden social cristiano. Lo juramos cuando hicimos el Juramento a la bandera: la resistencia legal está agotada. Tengamos el coraje de ser argentinos y católicos. Eso, o la nada misma.
[4] Cfr. diario La Nación, Los intereses económicos detrás del aborto (10.07.2018): “Según surge de sus últimos balances a 2017, publicados en su página oficial (www.ippfwhr.org), IPPF se financia con 84 millones de dólares provenientes de gobiernos de distintos países, sobre todo de Estados Unidos, el Reino Unido, Suecia, Noruega, Dinamarca, Holanda y Australia, y 19 millones provenientes de fundaciones como las mencionadas”. Es llamativo que el autor del artículo, cuyo nombre no aparece al menos en la edición virtual, incluye al Gobierno de EEUU entre los financistas de IPPF, cuando hacia 2018 gobernaba Donald Trump.
Adquirí el primer libro del Lic. Juan Carlos Monedero: “LENGUAJE, IDEOLOGÍA Y PODER”, tomo I, con prólogos del R. P. Alfredo Sáenz y el Dr. Antonio Caponnetto. Ilustraciones: José Antonio Van Tooren.
11 de dezembro de 2020,hoje o amanhecer, por 131 votos a favor e 117 em contra, Deputados aprovam projeto de lei do aborto na Argentina. Trata-se da meia sançao de projeto que poderá ser aprobado em Senadores, o 28 de dezembro, precisamente o dia dos Santos Inocentes.
Muitas são as reflexões e comentarios sobre isso:
Uma lei de aborto gratuito foi aprobada (por qualquer motivo) e durante 9 meses de gravidez, isso é disfarçado por um texto fraudulento que supostamente permite o aborto em até 14 semanas (o que ainda seria horrível). No entanto, toda mulher pode fazer um aborto após este período apelando um conceito tão elástico como “saúde integral”. “A saúde é um conceito integral que possui três dimensões: física, mental e social, de acordo com o que é estabelecido pela OMS”. “O perigo para a saúde deve ser entendido como a possibilidade de danos à saúde. Não exige a verificação de doença e, nesse sentido, também não deve ser exigido que o perigo seja de determinada intensidade. Será suficiente, com o potencial de comprometimento da saúde, determinar o cenário como uma causa não punível com aborto. O conceito de perigo não exige a configuração do dano, mas sim a sua possível ocorrência” (Resolução 3.158 / 2019, Ministério da Saúde da Nação).
Os políticos argentinos usam mulheres pobres e meninas estrupadas como pretexto para o aborto, quando são responsáveis por terem levado milhões de pessoas à pobreza, também são responsáveis pelo aumento da taxa de criminalidade. A verdade, pelo contrario, é que o poder político é um instrumento dócil das organizaçoes globalistas como o FMI, o Banco Mundial, a OMS-ONU entre outros, eles não fazem isso pelas meninas estrupadas ou pelos pobres, eles fazem esso sob pressão –ou suborno- de organizaçoes internacionais. Esses políticos causaram há décadas uma verdadeira desordem social e moral em que vivemos os argentinos, e agora trazem a receita criminosa do aborto.
Os lideres argentinos não trabalham para eliminar as diferençs entre ricos e pobres em termos de saúde, educaçao, oportunidade de trabalho,etc.Isso só trabalha para igualar ricos e pobres quando se trata do crimen de aborto.
Não importa que as evidencias científicas sejam conclusivas quanto ao início da vida humana na concepção. Eles não se mportan que a Academia Nacional de Medicina afirmou que “destruir um embrião humano significa evitar o nascimento de um ser humano”. Os políticos viram as costas para a realidade cient´fica mais básica.
Oficiliasmo e oposição são iguais: Alberto Fernandez, Cristina Kirchner e as forzas que responderam a Mauricio Macri, junto com o Partido Radical e a ultraesquerda têm notáveis conicidências em relação ao aborto e outras questões morais. O que elles discutem são apenas minúcis administrativas quando se trata de cumprir os mandatos criminosos globalistas como poucas exceções, eles actuam como un bloco.
Não importa que o Código Civil Argentino (art. 19) reconheça o início da pessoa humana no concepçã Não importa que a Constitução Ncional (art.75,inc 22) incorpore tratados internacionais onde a pessoa humana é reconhecida desde a concepção. Não importa que a Argentina tenha aderido ao Pacto de San Jose de Costa Rica em 1984, que reconhece a pessoa desde sua concepção.Não importa que em 1990 a Argentina adiriu à Convenção sobre os Dereitos da Criança, que reconhece como criança “todo ser humano desde o momento da concepção até os 18 anos de idade”. Os políticos dão as costas as leis escritas…por si próprios!
O Estado Argentino já está forçando o aborto para mulheres de baixa renda, conforme uma denuncia recenté a que nos referimos[1].
A principal armadilha neste debate é aceitá-lo. Mantener o debate pelo bem do principio da liberdade de idéias já é uma primeira capitulação moral. Nós, argentinos de bem, não só denunciamos –antes o sobretudo- a própria existencia deste falso debate. Um debate de outra forma desigual e desonesto, a partir do memento em que a condiçao humana das pessoas é debatida, a pesar da rotunda evidênicia científica em contrario. O aborto não é debatido, é combatido.
A legalização do aborto levará a um aumento da taxa de aborto, como mostram as estadístics em todos os países, onde foi aprobado[2] tenta-se pulverizar essa práctica com os rótulos de “dereitos reprodutivvos”, “saúde pública” ou “interrupção da gravidez”, como operações de guerra lingüística. São ficções de linguagem que só tornam o feto invisível.
Os políticos argentinos invocaram repetidamente o arguento de que “os pises do primerio mundo legalizaram o aborto”. Esta é uma falacia argumentativa grosseira: os Estados Unidos emergiram como uma superpotencia mundial em 1945 sem legalizar o aborto, que chega a alguns de seus estados quase 30 anos depois. A Espanha na década de 1970 era uma das dez maiores economías do mundo. Mesmo dentro dos países do chamado primeiro mundo existem diferenças[3]: Alabama condena todo aborto; Giorgia, Ohio, Kentucky, Mississippi e Lousiana condenam o aborto depois de seis semanas, o que na práctica equivale à proibiçao quase total. Arizona, Arkansas e Carolina do Norrte estão retrocedendo nas políticas de aborto. O mesmo Dakota do Norte e D. do Sul. Indiana e Texas também. Estão voltando Missouri e Nebraska também. Pelo contrario, estados como California, Washigton, Nova York e Oregón estão se movendo em uma direçao pró-aborto. Isso mostra que não ha correlação entre ser um país de “primeiro mundo “ e legalizar o aborto.
Com esta lei, os lideres argentinos estão dando mais um passo na destruição da população deste país. Ë um verdadeiro genocidio, configurando o Estado Argentino como um estado terrorista. Se as crianças podem ser desembradas então ¿Por qué estaríamos interesados em proteger outros tipos de dereitos, como liberdade, a propriedade? Hoje os bebes estão à mercê da mulher porque ela é mais forte, amanhã tod fraco será esmagado pelo forte. Argentina esta depondo a lei como esta meia sanção criminosa.
Os políticos argentinos compraram as mentiras dos grupos de aborto, como a falsa cifra de meio milhão de abortos por ano. Nathanson[4] já revelou, há muito tempo, como os ativistas do aborto enflaram os números do aborto, bem como o número de mulheres mortas em aborto clandestinos.
O ministro da saúde da naçao chegou a afirmar que a pessoa por nascer era apenas “um fenómeno” e em um ato fracassado , ele disse: “não há duas vidas aquí como dizem alguns (…) se não fosse assim, estaríamos diante do maior genocidio universal.
Finalmente, a Argentina luta por sua independencia de um grupo de homens de terno e gravata que – das usinas do Poder do Dinheiro Internacional- financiam uma gangue de políticos traiçoeiros para que seja a própria liderança do país que ponha a corda no pescoço da naçao, acabando com a soberanía.
A meia sanção deste projeto e –se Deus permitir- sua futura aprovação configurará uma derrota plítica e moral para a Argentina, sacrificado por seus próprios líderes no altar de Moloch, a antiga divinidade negra em cujas mãos os cananeus ofereceram crianç
Convocamos amigos do tod o mundo para divulgar o que está acontecendo na Argentina. Precisamos de você: precisamos que você se torne um agente multiplicador dessa noticia. A maioria de nossos líderes quer legalizar esse genocidio, fazer negocios com os cadáveres de fetos abortados e colocar o país de joelhos perante a Nova Ordem Mundial. Eles só podem realizar essa massacre se desumanizarem o pessoas por nascer: é por isso que os sonografias são o terror dos abortistas.
Amigos estrangeiros: pela Argentina, pelas famílias argentinas, Ajuden-nos!
Argentina one step away from approving the greatest
universal genocide
Preliminary support for abortion
By Juan Carlos Monedero (h)
December 11, 2020: at dawn, by a margin of 131 to 117 votes, the Chamber of Deputies approved the draft of the abortion law in Argentina. This is the preliminary support of a project that could be approved by Senators, probably on December 28, precisely the day of the Holy Innocents.
Many are the reflections and comments in this regard:
In reality, a bill to allow abortion for any reason or cause, up to the 9 months was passed; disguised in a fraudulent text that supposedly allows abortion only up to 14 weeks (which would still be horrifying). However, every woman may have an abortion after this period claiming “danger to her “integral health””, a concept so elastic that it encompasses anything. “Health is an integral concept that has three dimensions: physical, mental and social, according to what is established by the WHO”. “The danger to health must be understood as the possibility of health damage. It does not require the verification of a disease and, in this sense, it should not be required that the danger be of a specific intensity. It will suffice with the potential for health effects to determine the setting as a cause of non-punishable by abortion. The concept of danger does not require the configuration of damage, but rather its possible occurrence” (Resolution 3158/2019, Ministry of Health of the Nation)
Argentine politicians use poor women and raped girls as a pretext for legalizing abortion, when they are responsible for having led millions of people into poverty as they are also responsible for the increase in crime rates. The truth is that political power is a docile instrument of global organizations such as the IMF, the World Bank, the WHO-UN, among others. Politicians don’t do it for the raped girls or the poor, they do it under pressure -or bribery- from international organizations. These politicians caused a real social and moral disorder, decades ago, a chaos in which we, Argentines, live; and now they bring the criminal “recipe” of abortion as a solution.
Argentine leaders do not work to eliminate the differences between rich and poor in terms of health, education, job opportunities, etc. They only work to equalize the rich and the poor in the crime of abortion.
It does not matter that scientific evidence is conclusive regarding the beginning of human life at conception. They do not care that the National Academy of Medicine has declared that “destroying a human embryo means preventing the birth of a human being”. Politicians turn their backs on the most basic scientific reality.
Officialism and opposition are the same: Alberto Fernández, Cristina Kirchner and the forces that responded to Mauricio Macri, along with the Radical Party and the far-left- wing parties have noticeable coincidences regarding their stands on abortion and other moral issues. What they discuss are just administrative minutiae: when it comes to fulfilling the criminal globalist mandates, with few exceptions, they act as a bloc.
It does not matter that the Argentine Civil Code (art. 19) recognizes the beginning of human personhood at conception. It does not matter that the National Constitution (art. 75, inc. 22) incorporates international treaties, where by the human person is recognized from conception. It does not matter that Argentina has adhered to the Pact of San José de Costa Rica in 1984, which also recognizes human personhood at conception. It does not matter that in 1990 Argentina adhered to the Convention on the Rights of the Child, which recognizes the child as “every human being from the moment of conception to 18 years old”. Politicians turn their backs on laws written… by themselves!
The Argentine State is already forcing abortion for low-income women, as stated in a recent complaint to which we refer[1].
The main trap in this debate is accepting it. Holding the debate for the sake of the principle of “freedom of thought” is already a first moral surrender. Not only do we, Argentines of goodwill, denounce the result of this first approval, but also– and first and above all– the very existence of this false debate; an unfair and dishonest one, whereby the personhood status of embryos is debated despite the fact that there is resounding scientific evidence proving it. Abortion is not debated, it is fought against.
The legalization of abortion will lead to an increase in the abortion rate, as statistics show in all the countries where it has been legally allowed [2]. An attempt is made to spread this practice under the labels of “reproductive rights”, “public health” and “termination of pregnancy”, as operations of linguistic warfare. They are fictions of language that only make the unborn child invisible.
Argentine politicians repeatedly claim that “first world countries have legalized abortion.” It is a vicious argumentative fallacy: the United States emerged as a world superpower in 1945 without having abortion legalized, which only reached some of its states almost 30 years later. Spain in the 1970s was one of the top ten economies in the world. Even within the so-called first world countries there are differences[3]: Alabama condemns all abortions; Georgia, Ohio, Kentucky, Mississippi and Louisiana condemn abortion after six weeks, which in practice amounts to almost total prohibition. Arizona, Arkansas, and North Carolina are stepping back on abortion policies. The same in North and South Dakota. Indiana, Missouri Nebraska and Texas are also retreating. Conversely, states like California, Washington, New York and Oregon are moving in a pro-abortion direction. This shows that there is no correlation between being a “first world” country and legalizing abortion.
With this bill, the leaders of Argentina are taking another step into the destruction of the population of this country. It is a true genocide, designating the Argentine State as a terrorist state. If children can be dismembered, then why would we be interested in protecting other rights such as freedom, property? If babies today are at the mercy of women because they are the strongest, then tomorrow anyone considered a weak person could be also crushed by the strong. Argentina is violating the rights with this preliminary approval in Congress.
Argentine politicians have bought into lies of abortion groups, such as their false figure of half a million abortions per year. Nathanson[4] already revealed, long ago, how abortion activists inflated the abortion numbers, as well as the numbers of women killed in clandestine abortions.
The National Health Minister, Ginés González García, went as far as affirming that the unborn child is only “a phenomenon”. And in a Freudian slip, he said: “Some say that there are two lives in here, this is not the case (…) If it were not so we would be facing the greatest universal genocide”.
Finally, Argentina is fighting for its independence against a group of men in suits and ties who –from the power plants of the International Money Power– finance a gang of treacherous politicians so that it is the country’s own leadership that puts the rope around the neck of the nation, finishing national sovereignty.
The preliminary approval of this bill and -God forbid- its future approval will entail a political and moral defeat for Argentina, sacrificed by its own leaders on the Altar of Moloch, the ancient demonic divinity, in whose honor the Canaanites offered children.
We call on friends from all over the world to spread the word about what is happening in Argentina. We need you: we need you to become multiplier agents of this news. Most of our leaders want to legalize this genocide, do business with the corpses of aborted fetuses and bring the country to its knees before the New World Order. They can only carry out this carnage if they dehumanize the unborn person: that is why ultrasounds are the terror of abortionists. Friends, from abroad: for Argentina, for the Argentine families, help us!