CARTA ABIERTA AL PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMERICA DONALD J. TRUMP
Domingo, 25 de octubre, 2020 Solemnidad de Cristo el Rey.
“Señor Presidente,
Permítame dirigirme a usted en esta hora en la cual el destino del mundo entero está siendo amenazado por una conspiración global contra Dios y la humanidad. Le escribo como Arzobispo, como Sucesor de los Apóstoles, como el ex Nuncio Apostólico para los Estados Unidos de América. Le estoy escribiendo en medio del silencio de las autoridades tanto civiles como religiosas. Acepte mis palabras como la «voz del que llora en el desierto» (Jn 1:23).
Como dije cuando le escribí mi carta en junio, este momento histórico ve las fuerzas del Mal alineadas en una batalla sin cuartel contra las fuerzas del Bien; las fuerzas del Mal que aparecen poderosas y organizadas mientras se oponen a los niños de la Luz, quienes están desorientados y desorganizados, abandonados por sus líderes temporales y espirituales.
A diario sentimos multiplicarse los ataques de aquellos que quieren destruir la base misma de la sociedad: la familia natural, el respeto por la vida humana, el amor por el país, libertad de educación y negocio. Vemos a los líderes de naciones y líderes religiosos complacientes a este suicidio de la cultura Occidental y alma Cristiana, mientras los derechos fundamentales de los ciudadanos y creyentes son negados en el nombre de una emergencia de salud que se está revelando completamente más y más como instrumental al establecimiento de una tiranía inhumana sin rostro.
Un plan global llamado el Gran Reseteo está en marcha. Su arquitecto es una élite global que quiere dominar toda la humanidad, imponiendo medidas coercitivas con las cuales limitar drásticamente las libertades individuales y a aquellos en poblaciones enteras. En varias naciones este plan ya ha sido aprobado y financiado; en otras está aún en una etapa inicial. Detrás de los líderes mundiales quienes son cómplices y ejecutores de este proyecto infernal, hay caracteres inescrupulosos que financian el Foro Económico Mundial y el Evento 201, promoviendo su agenda.
El propósito del Gran Reseteo es la imposición de una dictadura sanitaria apuntando a la imposición de medidas liberticidas, ocultas detrás de promesas tentadoras de asegurar un ingreso universal y cancelando la deuda individual. El precio de esas concesiones del Fondo Monetario Internacional será la renuncia a la propiedad privada y la adherencia a un programa de vacunación Covid-19 y Covid-21 promovido por Bill Gates con la colaboración de los principales grupos farmacéuticos. Más allá de los enormes intereses económicos que motivan a los promotores del Gran Reseteo, la imposición de la vacunación será acompañada de un pasaporte de salud y un ID digital, con el consecuente rastreo de contacto de la población del mundo entero. Aquellos que no acepten esas medidas serán confinados en campos de detención o puestos bajo arresto domiciliario, y todos sus activos serán confiscados.
Sr. Presidente, me imagino que usted ya está consciente de que en algunos países, el Gran Reseteo será activado entre el final de este año y el primer trimestre del 2021. Para ese propósito se han planeado más encierros, los cuales serán oficialmente justificados por una supuesta segunda y tercera ola de pandemia. Usted está muy consciente de las intenciones que han sido desplegadas para sembrar el pánico y legitimizar las limitaciones draconianas a las libertades individuales, provocando ingeniosamente una crisis económica a nivel mundial. En las intenciones de sus arquitectos, esa crisis servirá para hacer irreversible el recurso de las naciones al Gran Reseteo, dando por lo tanto el golpe final a un mundo cuya propia memoria y existencia ellos quieren cancelar completamente. Pero este mundo, Sr. Presidente, incluye personas, afectos, instituciones, fe, cultura, tradiciones e ideales: personas y valores que no actúan como autómatas, quienes no obedecen como máquinas, porque están dotados de un alma y un corazón, que están enlazados por un vínculo espiritual que obtiene su fortaleza de arriba, de ese Dios que nuestros adversarios quieren retar, igual como hizo Lucifer al comienzo de nuestro tiempo con su «non serviam«.
Mucha gente – como bien sabemos – está fastidiada por esa referencia al choque entre el Bien y el Mal y el uso de términos «apocalípticos», los cuales de acuerdo a ellos exasperan los espíritus y agudizan las divisiones. No es sorprendente que el enemigo esté enojado al ser descubierto justo cuando cree que ha alcanzado la ciudad que piensa conquistar sin perturbaciones. Lo que es sorprendente, sin embargo, es que nadie hace sonar la alarma. La reacción del estado profundo a aquellos que denuncian su plan es rota e incoherente, pero comprensible. Justo cuando la complicidad de los Medios Masivos han tenido éxito en la transición al Nuevo Orden Mundial casi sin dolor e inadvertidos, están saliendo a la luz todo tipo de engaños, escándalos y crímenes.
Hasta hace pocos meses, era fácil desprestigiar como «teóricos de conspiración» a aquellos que denunciaban esos planes terribles, los cuales ahora vemos se están llevando a cabo al más pequeño detalle. Nadie, hasta febrero pasado, habría pensado que, en todas nuestras ciudades, los ciudadanos serían arrestados por simplemente querer caminar por la calle, respirar, por querer mantener sus negocios abiertos, por querer ir a la iglesia el domingo. Sin embargo ahora está ocurriendo en todo el mundo, incluso en la pintoresca Italia que muchos estadounidenses consideran ser un pequeño país encantado, con sus antiguos monumentos, sus iglesias, sus ciudades encantadoras, sus características villas. Y mientras los políticos están protegidos dentro de sus palacios promulgando decretos como sátrapas persas, los negocios están fallando, los talleres cerrando, y previenen que la gente viva, viaje, trabaje y ore. Las desastrosas consecuencias psicológicas de esta operación ya se están viendo, empezando con los suicidios de empresarios desesperados y de nuestros niños segregados de sus amigos, compañeros de clases, diciéndoles que sigan sus clases mientras se sientan solos en casa frente a un computador.
En la Sagrada Escritura, San Pablo nos habla de «el que se opone» a la manifestación del misterio de la iniquidad, el kathekon (2 Tesalonicenses 2:6-7). En la esfera religiosa, ese obstáculo al mal es la Iglesia, y en particular el Papado; en la esfera política, son aquellos que impiden el establecimiento del Nuevo Orden Mundial.
Como es claro ahora, el que ocupa la Silla de Pedro ha traicionado su papel desde el mismo inicio para poder defender y promover la ideología globalista, apoyando la agenda de la Iglesia profunda, que lo eligió de sus rangos.
Sr. Presidente, usted ha declarado claramente que quiere defender a la nación – Una nación bajo Dios, libertades fundamentales, y valores no negociables que hoy son negados y contra los que se lucha hoy. Es usted, querido Presidente, quien es «el que se opone» al estado profundo, el asalto final a los niños de la obscuridad.
Por esa razón es necesario que todas las personas de bien sean persuadidas por la importancia de época de las inminentes elecciones: no tanto por el destino de tal o cual programa político, sino debido a la inspiración general de su acción que encarna mejor – en este particular contexto histórico – ese mundo, nuestro mundo, el cual ellos quieren cancelar por todos los medios del encierro. Su adversario es también nuestro adversario: es el Enemigo de la raza humana, El quien es «un asesino desde el principio» (Jn 8:44).
A su alrededor se reúnen con fe y coraje aquellos que lo consideran la guarnición final contra la dictadura mundial. La alternativa es votar por una persona que está manipulada por el estado profundo, gravemente comprometida por escándalos y corrupción, que hará a los Estados Unidos lo que Jorge Mario Bergoglio está haciendo a la Iglesia, el Primer Ministro Conte a Italia, el Presidente Macron a Francia, el Primer Ministro Sanchez a España, y más. La naturaleza de chantaje de Joe Biden – al igual que la de los prelados del «círculo mágico» del Vaticano – lo expondrá para ser usado inescrupulosamente, permitiendo a poderes ilegítimos tanto en política doméstica así como también en balances internacionales. Es obvio que aquellos que lo manipulan ya tienen a alguien peor que él listo, con quien lo reemplazarán tan pronto como se presente la oportunidad.
Y aún así, en medio de esa desolada imagen, de ese aparentemente imparable avance del «Enemigo Invisible», emerge un elemento de esperanza. El adversario no sabe cómo amar, y no comprende que no es suficiente el asegurar un ingreso universal o cancelar las deudas de hipotecas para poder subyugar a las masas y convencerlos de ser marcados como ganado. Esa gente, que por mucho tiempo ha soportado los abusos de un poder tiránico y odioso, está redescubriendo que tiene un alma; está entendiendo que no está dispuesta a cambiar su libertad por la homogenización y cancelación de su identidad; está empezando a comprender el valor de los lazos familiares y sociales, de los lazos de fe y cultura que unen a la gente honesta. Ese Gran Reseteo está destinado a fallar porque aquellos que lo planearon no entienden que aún hay gente lista para tomar las calles y defender sus derechos, para proteger a sus seres queridos, para dar un futuro a sus hijos y nietos. La nivelación inhumana del proyecto globalista se destrozará miserablemente en el rostro de la oposición firme y con coraje de los hijos de la Luz. El enemigo tiene a Satán de su lado, El quién solo sabe cómo odiar. Pero de nuestro lado, tenemos al Señor Todopoderoso, el Dios de los ejércitos arreglados para la batalla, y la Más Santa Virgen, quien aplastará la cabeza de la antigua Serpiente. «Si Dios está con nosotros, ¿quién puede estar en contra nuestra?» (Rom 8:31).
Sr. Presidente, usted está muy consciente que, en esta hora crucial, los Estados Unidos de América son considerados el muro defensor contra el cual la guerra declarada por los defensores del globalismo ha sido desatada. Ponga su confianza en el Señor, reforzada por las palabras del Apóstol Pablo: «Puedo hacer todas la cosas en El, quien me fortalece» (Fil 4:13). El ser un instrumento de la Divina Providencia es una gran responsabilidad, por lo cual usted recibirá todas las gracias de estado que necesita, ya que están siendo fervientemente imploradas para usted, por mucha gente que lo apoya con sus oraciones.
Con esa esperanza celestial y la seguridad de mis oraciones por usted, por la Primera Dama, y por sus colaboradores, con todo mi corazón le envío mi bendición.
¡Dios bendiga a los Estados Unidos de América!”
+Carlo Maria Vigano Título Arzobispo de Ulpiana Ex Nuncio Apostólico para los Estados Unidos de América.
El Seminario de San Rafael y el Día de los Muertos
Por Fray Mikel Armarria (seudónimo)
Quien escribe es sacerdote de la Iglesia Católica Apostólica y Romana (Nota aclaratoria)
Me mueve a escribir este artículo el último párrafo del reciente Decreto de la Penitenciaría Apostólica[1] sobre las Indulgencias Plenarias para los Fieles Difuntos.
En su último párrafo se dice: “se invita encarecidamente a todos los sacerdotes a celebrar tres veces la Santa Misa el día de la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos”. Y se menciona la Constitución Apostólica “Incruentum Altaris” (ver texto italiano aquí[2] y texto latino aquí[3]) del Papa Benedicto XV.
El mencionado Decreto (del 22 de octubre de este pandémico año 2020) no establece nada nuevo, salvo la mayor facilidad que ofrece para ganar las indulgencias en este año, atendiendo las restricciones de las cuarentenas (como lo reporta, por ejemplo, esta nota[4]).
Quizá para muchos sí parecerá novedosa la exhortación que se hace a los sacerdotes a celebrar tres misas el día 2 de noviembre. La Bula o Constitución de Benedicto XV (año 1915) rememora el origen histórico de esta práctica, orgullo de la piedad de los reinos cristianos de Aragón.
La guía para las celebraciones litúrgicas, que actualmente se denomina Calendario Litúrgico, pero todavía se la llama ordo en el lenguaje cotidiano de las comunidades, que cada año publica la Santa Sede, encomendando la responsabilidad de su edición a cada Conferencia Episcopal indica, a su vez, cada año, invariablemente, lo mismo: que ese día todo sacerdote puede celebrar tres misas sin tener que pedir autorización. Porque habitualmente el sacerdote podría celebrar una sola misa, según lo dispone el Derecho Canónico (canon 905), como recuerda este breve artículo[5] escrito con ocasión de la pandemia.
Así como el reciente decreto vaticano se contextualiza “en la actual situación de pandemia”, también estas reflexiones pueden contextualizarse igual, y, además, “en la actual situación de opresión” que padece la diócesis de San Rafael y su Seminario por parte del Obispo Monseñor Taussig.
* * *
Para los seminaristas del Seminario Diocesano de San Rafael (y lo mismo ocurre en el Seminario de los religiosos del Instituto del Verbo Encarnado), cada 2 de noviembre era una experiencia habitual que quien iba espontáneamente a la capilla a rezar era muy probable que se encontrase con alguno de los sacerdotes celebrando “fuera de horario”. Ya se sabía que ese día las misas se multiplicaban.
Esta piedad sacerdotal observada, y compartida, cuando discretamente un seminarista se quedaba a participar de esas misas “extras” también es parte de la formación, que los prepara para el futuro ministerio, cuando muchas veces debe apelarse a la “libertad de espíritu” de tener que celebrar varias misas, sobre todo los días de precepto, con el consentimiento tácito del obispo propio, en atención a la necesidad de los fieles. Varios de los egresados del Seminario “Santa María Madre de Dios” que ejercen su ministerio en lugares en donde les toca estar a cargo de parroquias con decenas de capillas lo hacen. Lo mismo sucede con los sacerdotes del IVE.
Y –adelantémonos a suspicacias y malevolencias– las misas se multiplican no por afán de lucho, para lograr un estipendio que muchas veces –siendo comunidades muy pobres– es muchas veces exiguo e incluso nulo, sino sólo para cumplir lo que dice san Pablo: que su orgullo y recompensa es predicar gratuitamente el Evangelio (1 Cor 9, 18).
Por cierto, que este criterio y esta práctica no es exclusividad de este Seminario y de la diócesis de San Rafael. Al contrario, como se ha dicho, son prácticas que se han haciendo costumbre de toda la Iglesia. Pero, así como la sotana, las preferencias pastorales (misiones populares, ejercicios ignacianos), literarias (devoción por los escritos de los santos), etc. llegan a configurar en su conjunto un estilo. Por eso, Mons. León Kruk, ante quienes objetaban precisamente este estilo sacerdotal, solía repetir: “no somos los mejores… pero tampoco somos los peores”.
La situación de abundancia de clero de que comenzó a gozar la diócesis de San Rafael con la fundación de su Seminario hacía que desde las parroquias no hubiese necesidad de recurrir a la ayuda de los formadores. Más aún: incluso parroquias pequeñas contaban con dos o más sacerdotes. Que en una parroquia hubiese un solo sacerdote era una excepción.
Esto mismo permitía atender con facilidad los requerimientos de la religiosidad popular, que en el culto a los difuntos siempre encontró un estímulo para su piedad, hoy bastante decaída, como lo recuerda el colorido relato del humorista conocido como el “Gato” Peters (para escuchar la narración “Íbamos al cementerio”, aquí[6]). De forma que incluso proveyendo a las misas parroquiales de horario y a las que se disponían en los cementerios, todavía algunos sacerdotes podían celebrar sin horario.
No era raro que algún sacerdote, precisamente por no tener compromisos de horario, celebrase las tres misas seguidas, sin pausa. Para los criticones, esto sería un vestigio del “sacramentalismo”, una de las tantas acusaciones que se ha hecho a la formación sacerdotal de San Rafael.
Siempre puede haber excesos o distorsiones en lo bueno que hacemos: es el lastre de la naturaleza humana caída… Pero lo sustancial es excelente: es la identificación plena con las enseñanzas perennes de la Doctrina Cristiana (los paradigmas de la conciencia eclesial, que podríamos decir en lenguaje modernoso): la tendencia a la Vida Eterna, dogma que sella la profesión de fe del Credo, el recuerdo de los Novísimos (muerte, juicio, infierno, gloria) que sigue mencionando el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (apéndice), las enseñanzas de los santos (“laudato si por la hermana muerte corporal” nos dice san Francisco de Asís en su Cántico de las creaturas[7], añadiendo “ay de los que mueran en pecado mortal”), la verdadera sabiduría cristiana popular: “la ciencia más acaba / es que el hombre bien acabe: / que al final de la jornada / aquel que se salva, sabe, / y el que no, no sabe nada”.
* * *
Esto es verdadera obediencia, es decir, sintonía con lo que la Iglesia, como Cuerpo Místico, vive y siente. El “sentir con la Iglesia” de san Ignacio de Loyola. El cumplir con las disposiciones particulares de la legítima autoridad también forma parte, por cierto, de la obediencia. Pero, para ser virtuosa, ella debe ser criteriosa: debe haber el “discernimiento”, del cual tanto se habla hoy. Ponderar si lo que manda el que manda no se opone al querer de Dios, lo cual si ocurriese, hay que responder como san Pedro a los miembros del Sanedrín: “Juzguen ustedes mismos si está bien a los ojos el Señor que les obedezcamos a ustedes antes que a Dios” (Hechos 4, 19).
En el Seminario de San Rafael se nos ha enseñado a tener siempre una actitud verdaderamente filial ante los superiores, y por este hábito en que se nos formó nos ha resultado estimulante el recibir las enseñanzas y consignas del Papa y sus colaboradores, inmediatos (curia romana) y en cada diócesis, toda vez que hemos visto que se confirmaba la fe que la Iglesia ha profesado siempre (Lc 22, 32). Y podemos decir verdaderamente que “nos adelantamos a sus deseos”, cuando esos deseos (en este caso, el sufragar por las benditas almas) son los de Cristo y lo que enseña la Iglesia.
Este es un pequeño “botón de muestra” de lo que se aprende y se vive en el Seminario Diocesano “Santa María Madre de Dios”, de San Rafael. Este es su legado. Pedimos a Dios que, superada esta tormenta, pueda seguir cultivándolo.
La diócesis de Mar del Plata, a cargo del obispo Gabriel Mestre, ha replicado una transmisión digital el 26 y el 27 de octubre, Youtube mediante, de una actividad de la Pastoral Nacional a cargo de Monseñor Lugones (Obispo de Lomas de Zamora). Los invitados a disertar son Cecilia Todesca (Vice jefa de Gabinete de la Nación), Emilio Pérsico (Movimiento Evita), Martín Lousteau (senador nacional de Juntos por el Cambio) y los ampliamente conocidos Michele Bachelet, Dilma Rousself, Tabaré Vázquez y Ernesto Samper, entre otros. El lema de la actividad reza “Recomenzar la Argentina y la Patria Grande”.
Exhibiremos un repaso de los antecedentes de los ponentes invitados para recomenzar nuestro país. Sin ánimo de ser exhaustivos:
Cecilia Todesca (Vice jefa de Gabinete de la Nación):
Mano derecha del gobierno de Alberto Fernández, activo promotor de la despenalización y la legalización del aborto.
Sostuvo recientemente sobre el proyecto de ley del aborto: “Está listo y podría ser enviado al Congreso cuando nos parezca”
Los siguientes curriculums pertenecen a los ex presidentes de las naciones; todos ellos forman parte del Foro de San Pablo, por lo que reproducimos algunos fragmentos clave del documento matriz del Foro:
“El triunfo rotundo del FSLN en Nicaragua en noviembre del 2016, y la victoria del compañero Lenin Moreno en Ecuador, deben alentar a las fuerzas de izquierda para reflexionar sobre el modelo que debemos impulsar en cada uno de nuestros países con las particularidades propias. Las estrategias implementadas por el Frente Sandinista en Nicaragua, el PSUV en Venezuela, la Alianza País en Ecuador, el Movimiento Al Socialismo en Bolivia, y las particularidades del proceso de acumulación histórica y la consolidación del Frente Amplio de Uruguay, deben ser estudiadas y compartidas con los miembros del Foro, no como una receta sino como un ejemplo de construcción de un modelo transformador en el cual se tiene definido con claridad el sujeto de la transformación y los instrumentos de acción que permiten ir avanzando, accediendo, defendiendo y manteniendo el control de las instituciones”[2].
El llamado Papa Noel Soviético, que pasó a la historia por vetar no la ley del aborto sino un artículo de esa ley que –a juicio del Padre Sanahuja– continuaba siendo contraria al Orden Natural[3].
Integrante del Foro de San Pablo
Primer presidente de izquierda en muchos años de Uruguay
Ernesto Samper (ex presidente de Colombia):
Integrante del Foro de San Pablo
Su candidatura presidencial para 1994-1998 fue financiada con dinero proveniente del narcotráfico, como surgió de los procesos judiciales respectivos (el llamado Proceso Ocho Mil) [4].
Estos son los invitados por la Pastoral Nacional, de la cual el obispo de Mar del Plata -Gabriel Mestre- se hace eco a fin de enseñarnos cómo recomenzar la Argentina. Muchas gracias, excelencia. Muchas gracias Monseñor Lugones, Obispo de Lomas de Zamora, responsable de la Pastoral Nacional.
Hace unos días, he sido atacado y cuestionado públicamente –tomando mi nombre, apellido y foto– por dos personas que manejan redes sociales de cierto alcance, quienes me han desafiado públicamente a debates, con ocasión de una entrevista que me hizo el señor Santiago Alarcón (Rincón Apologético) en la que me pedía razones de *por qué soy católico*. Estas personas son Eduardo Gutiérrez y Carlos Veloz.
Se trata de una pieza de casi dos horas en la que predomina la descalificación personal, la falta de una mínima comprensión auditiva de mis argumentos, una enorme arrogancia personal unida a una gran ignorancia respecto de la historia. El estilo de ambos “comunicadores” es latoso, denso, repetitivo y desde el punto de vista doctrinario muy poco riguroso. Como botón de muestra del lenguaje frívolo y poco serio de estos personajes, me limito a comentar que el supuesto ‘pastor’ Eduardo Gutiérrez se despide enviando “siete y ocho trillones de bendiciones” a quienes lo seguirían por las redes sociales.
Ofrecer una réplica puntillosa de cada dislate que se ha dicho a lo largo de una hora y 47 minutos implicaría darle a estas torpezas una entidad que no tienen. Sin embargo, tratándose de un video con una cantidad no despreciable de vistas, y porque el tema lo amerita, hago uso de mi derecho a réplica dado que también está en juego el nombre de la Iglesia Católica, de la que soy integrante, hijo y no más que bautizado. En relación a eso, respondo a lo que –en el medio de tanta desinteligencia– pude desentrañar como “argumentos”:
NÚMERO 1:“Lo jurídico que vemos hoy en la Iglesia católica comienza en el siglo IV cuando se mezcla lo que era el cristianismo occidental de aquella época, es decir, el cristianismo romano sobre todo que estaba más apegado al Imperio Romano y el Imperio de Roma (…) Esta monarquía religiosa no la fundó Jesucristo” (minutos 4,30 y ss.); “La Iglesia Católica surge en el siglo IV” (minuto 27 y ss.).
FALSO.
Hay una gran confusión histórica y conceptual en torno a la Iglesia Católica y su aspecto jurídico, que habría nacido –según estos “pastores”– a partir del siglo IV.
La Iglesia fue fundada por Jesucristo en el siglo I, hacia el año 33, según los versículos de Mateo 16, 18: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella”. Poco después de la Resurrección, tiene lugar un primer eslabón jurídico: el Primer Concilio de Jerusalén, que por su importancia luego volveré a mencionar.
Por otro lado, en el siglo IV, lo que ocurre es que el emperador Constantino dicta el Edicto de Milán (año 313), en el cual proclama oficialmente la tolerancia del Imperio hacia los cristianos, dando fin a las persecuciones. El documento fue firmado también por Licinio, máxima autoridad del Imperio Romano de Oriente. Constantino, por su parte, era el emperador de Occidente.
Fragmento del edicto: “Habiendo advertido hace ya mucho tiempo que no debe ser cohibida la libertad de religión, sino que ha de permitirse al arbitrio y libertad de cada cual se ejercite en las cosas divinas conforme al parecer de su alma, hemos sancionado que, tanto todos los demás, cuanto los cristianos, conserven la fe y observancia de su secta y religión… que a los cristianos y a todos los demás se conceda libre facultad de seguir la religión que a bien tengan; a fin de que quienquiera que fuere el numen divino y celestial pueda ser propicio a nosotros y a todos los que viven bajo nuestro imperio. Así, pues, hemos promulgado con saludable y rectísimo criterio esta nuestra voluntad, para que a ninguno se niegue en absoluto la licencia de seguir o elegir la observancia y religión cristiana. Antes bien sea lícito a cada uno dedicar su alma a aquella religión que estimare convenirle”.
La Iglesia existió antes del Edicto de Milán, antes que Constantino, incluso antes de que se escribiese un sólo libro del Nuevo Testamento: precisamente fueron sus integrantes quienes escribieron todos los libros del Nuevo Testamento. La transmisión de la Palabra de Cristo fue primero y fundamentalmente de forma oral: Cristo no escribió ni mandó a escribir. Los apóstoles predicaban primero con su palabra. Más tarde, surgen las distintas cartas apostólicas, los Evangelios y finalmente el Apocalipsis: ¡escrito unos 60 años después de la crucifixión!
Incluso más. Cuando San Pablo redacta su II carta a Timoteo, escribe: “desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Ti 3, 15). ¿De qué Sagradas Escrituras hablaba San Pablo? Sin duda, no de la Biblia tal como la poseemos hoy en día. Algunas cartas apostólicas no se habían enviado todavía. San Pablo se refería, efectivamente, al Antiguo Testamento.
Según San Agustín, en el conocimiento y la predicación primero estuvieron los que siguieron a Cristo presente en la tierra, lo escucharon cuando enseñaba, lo vieron obrar sus milagros y recibieron de su misma boca el mandato de predicar. Al poner por escrito el Evangelio, explica el santo, Cristo eligió a dos de los discípulos elegidos antes de su Pasión: Mateo y San Juan.
Marcos y Lucas no eran de este primer grupo pero habían seguido a Cristo que hablaba por boca de los otros dos: ubicados en el medio de los Cuatro Evangelios, serían defendidos en su autenticidad por Mateo –de un lado– y por Juan –del otro–.
También el conocido apologista católico Fernando Casanova (ex evangélico) populariza estos conceptos: la Iglesia no surgió porque hubo gente que creyera en la Biblia. Al contrario, primero se dio la predicación y la tradición de esa predicación, el apego a esa tradición, primero existió un colegio apostólico de esas personas que recibieron la misión del Señor para definir y establecer esa verdad. Después de eso surgió la Escritura.
Si la Escritura es necesaria, y no la Iglesia –como dicen los evangélicos–, entonces, ¿cómo tenemos a las Escrituras como producto de la Iglesia? Porque la Biblia, sobre todo el Nuevo Testamento, fue escrita en la Iglesia, por hijos de la Iglesia. La escritura transmite y demuestra la fe y el culto de la Iglesia en la cual se escribió esa escritura.
Fue la Biblia la que salió de la Iglesia y no la Iglesia de la Biblia: primeros cristianos siguieron el mandato de “Id, pues, y enseñad a todas las gentes…”. Luego comenzaron a poner por escrito “la tradición” que recibieron, es decir, lo que se iba predicando. En efecto, la variedad de las comunidades, la necesidad de la comunicación y de un texto o textos comunes, etc., fueron exigiendo esta puesta al escrito. Además, los testigos oculares se iban muriendo y convenía redactar recuerdos y esquemas de predicación.
Si la capacidad de leer fuese condición para la salvación, muchos se hubiesen perdido en la historia de la humanidad. Nuestro Señor no mandó a sus discípulos a escribir, les mandó a predicar la Buena Nueva con la palabra (Mt 28,20).
En otro orden de cosas, ¿qué hay de las palabras “Iglesia Católica”? La Iglesia que aparece fundada por Cristo en Mt. 16,18, ¿es la misma Iglesia que en la actualidad se autodenomina “católica”?
“Católico”, en efecto, es palabra castellana que proviene del griego, y su significado es ‘universal’. La Iglesia es Católica porque tiene vocación universal, porque está llamada a predicar a todas las naciones, hasta el término de los tiempos y hasta los confines de la tierra. La Iglesia, por tanto, era Católica ya en Pentecostés; nace Católica del Corazón de Cristo porque la catolicidad es un adjetivo, no un nombre propio.
Mucho antes del edicto de Milán, distintos pontífices (pontífice = puente, puente entre el Cielo y la Tierra) habían gobernado la Iglesia. Esta es la continuidad jurídica. El primero fue San Pedro (mártir hacia 64 o 67) y luego los papas Lino, Cleto, Clemente, Evaristo, Alejandro I, Sixto, etc., llegando hasta Melquíades, quien gobernó la Iglesia entre los años 311-314. Es un hecho histórico indubitable que, antes del edicto de Constantino, más de treinta papas gobernaron la Iglesia Católica. La Iglesia fundada por Cristo está constituida por los apóstoles, quienes fueron transmitiendo el ministerio a otros para perpetuar los oficios sagrados hasta que Cristo vuelva. Así, los obispos actuales son descendientes de los apóstoles.
Los presbíteros y obispos son instituidos en línea directa hasta los apóstoles: nadie se nombraba a sí mismo presbítero, contrariamente a como sucede en muchas iglesias evangélicas. Otra práctica que tampoco está en la Biblia.
La continuidad –no sólo jurídica sino doctrinaria– se refuerza con las cartas de San Ignacio de Antioquía, martirizado en el año 107. San Ignacio, discípulo de San Juan Evangelista, escribió unas cartas mientras era llevado a Roma para ser ultimado. Algunos fragmentos:
“7. Se apartan de la Eucaristía y de la oración, pues no confiesan que la Eucaristía es la carne de nuestro Salvador Jesucristo con la que padeció por nuestros pecados, la cual resucitó el Padre en Su bondad. Así pues, los que contradicen al don de Dios, perecen en sus disquisiciones. Mejor les fuera tener amor, para que pudieran compartir la resurrección. Por tanto, es conveniente apartarse de tales y no hablar de ellos ni en privado ni en público, prestando en cambio atención a los profetas y particularmente al Evangelio, en el cual se nos hace patente su Pasión y vemos cumplida su Resurrección. Huid de toda división como de origen de males.
Seguid todos al obispo, como Jesucristo al Padre, y al colegio de ancianos (presbíteros) como a los Apóstoles. En cuanto a los diáconos, reverenciadlos como al mandamiento de Dios. Que nadie sin el obispo haga nada de lo que atañe a la Iglesia. Sólo aquella Eucaristía ha de ser tenida por válida que se hace por el obispo o por quien tiene autorización de él. Dondequiera que aparece el obispo, acuda allí el pueblo, así como dondequiera que esté Jesucristo, allí está la Iglesia Católica. No es lícito celebrar el bautismo o la eucaristía sin el obispo, pero lo que él aprobare, eso es también lo agradable a Dios, a fin de que todo cuanto hagáis sea firme y válido”[1].
Por tanto, ya en el año 107, un discípulo directo de los apóstoles como lo era San Ignacio de Antioquía utilizaba la expresión “Iglesia Católica”, al igual que los católicos hoy en día.
ERROR NÚMERO 2: Se ha dicho que los católicos creemos en “un hombre llamándose un semi dios, infalible, paseándose en un papamóvil en el Vaticano” (minuto 29 y ss.)
FALSO.
La doctrina católica no considera al Papa un semi dios. No existen semi dioses, existe un Único Dios Verdadero.
En segundo lugar, es preciso aclarar el sentido del lenguaje. La palabra “infalible” significa que “no puede equivocarse”. El Papa, por otro lado, es un ser humano y puede equivocarse como cualquiera. Sin lugar a dudas, el Único infalible es Dios.
Por falta de estudio, ni Gutiérrez ni Veloz conocen (ni siquiera por arriba) la doctrina católica de la infalibilidad papal. Esta doctrina fue expresada ya en los primeros concilios de la historia de la Iglesia y ha sido explicitada (entre otros lugares) en el documento Pastor Aeternus, promulgado por el Concilio Vaticano I.
Según la doctrina oficial, el Papa participa (toma parte) de la infalibilidad de Dios cuando define (no cuando enseña, no cuando habla y no cuando responde preguntas en una entrevista) una verdad de orden dogmático o moral, con la finalidad de enseñar a la grey, para que ésta sea creída y recibida por el resto de la Iglesia.
Por tanto, la infalibilidad no es una cualidad de la persona del Papa; antes bien es un poder que reside en Dios y que Dios mismo participa a la máxima autoridad de la Iglesia, para que defina sobre algún punto de la fe. Leemos en el documento Pastor Aeternus, punto número 4:
“El Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, DEFINE una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, AQUELLA INFALIBILIDAD de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por esto, dichas definiciones del Romano Pontífice son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables”.
Lo que Gutiérrez y Veloz hacen es construir un espantapájaros que no resiste la menor confrontación con la auténtica doctrina de la Iglesia. El problema que plantean no existe.
CONSIDERACIONES
NÚMERO 1: la doctrina protestante no aparece ni en la Biblia ni en la Iglesia Primitiva
Ante todo, digamos algo muy concreto: no existe registro histórico de un cristiano con doctrina protestante en el siglo I en la historia.
Fueron las autoridades de la Iglesia Católica las que definieron qué libros eran inspirados y qué libros no, rechazando incorporar los evangelios apócrifos así como muchos escritos de gnósticos y herejes.
Los textos de San Clemente Romano, San Policarpo, San Ireneo de Lyon, San Justino, entre muchos otros, expresan muchos puntos que los católicos creemos en la actualidad. Ninguno de estos autores apoya la idea de la Sola Scriptura.
NÚMERO 2: anarquía doctrinaria en infinitas iglesias no católicas
En 1968, la Convención Bautista de América sostuvo que aborto debía ser un problema dependiente de una decisión personal. Abogó por una ley del aborto hasta las 12 semanas de embarazo, y peticionó para que sea permitido si la madre corría peligro de muerte, por causa de un defecto en el bebé, por violación e incesto.
Actualmente, la Iglesia Luterana ELCA (Evangelical Lutheran Church in America) acepta abiertamente el aborto mientras la Iglesia Luterana LCMS (Iglesia Luterana, Sínodo de Misuri) lo condena. Como dice el excelente apologista católico José Miguel Arraiz[2], “lo mismo ocurre entre muchas otras denominaciones evangélicas (metodistas, presbiterianas, valdenses, etc.) en donde algunas aceptan el aborto y otras no”. Afortunadamente, la mayoría de denominaciones cristianas no católicas lo rechaza todavía.
Sigamos: la Iglesia Episcopal (una rama del anglicanismo) fue la primera en tener un obispo abiertamente homosexual viviendo con su pareja. La Iglesia Anglicana ha aceptado el matrimonio homosexual. “Lo mismo ha ocurrido –cuenta Arraiz– con varias denominaciones evangélicas luteranas, como la Iglesia Luterana de Suecia que ya en el 2009 comenzó a celebrar matrimonios homosexuales”. En el mismo año, la Iglesia Evangélica Luterana de América aprobaba que los homosexuales pudieran ser pastores. En España se inauguró ese mismo 2009 la primera iglesia evangélica “gay”. Al año siguiente se aprobó que los pastores evangélicos homosexuales de Baviera pudieran convivir con sus parejas según un acuerdo por mayoría absoluta el sínodo de esa iglesia.
Finalmente, redondea Arraiz, en la actualidad “no sólo en países como Estados Unidos, Suecia, Noruega y Dinamarca el matrimonio y ordenación de homosexuales entre evangélicos es ya algo común, sino que también en Latinoamérica comienza a suceder. La Iglesia Evangélica Luterana Unida (IELU) de Argentina ha aceptado recientemente bendecir las relaciones homosexuales de parejas de hombres o de mujeres y ha propuesto a otras iglesias evangélicas de Uruguay hacer lo mismo”.
Retomemos a Fernando Casanova. En sus entrevistas, el ex pastor protestante relata el gran desorden radical de los grupos protestantes y evangélicos. En sus propias y elocuentes palabras:
Me di cuenta de que mi oferta religiosa era una oferta religiosa más, en disputa con otros muy buenos hermanos que se basaban en la misma Biblia, decían estar inspirados por el mismo Espíritu Santo que yo, pero que sin embargo estábamos irremediablemente divididos.
Me confronté con el relativismo religioso, creado por nosotros mismos. “Está bien pastor, me decían, esa es su versión de los textos bíblicos pero casualmente el otro pastor que se acaba de ir tiene una opinión distinta”. Otros decían: “Qué más da, da igual, no es importante, lo importante es que yo me porto bien”.
Entonces, me fui a las estadísticas y descubrí que en este país (Casanova nació en Puerto Rico) había en aquel momento poco más de 34 mil denominaciones cristianas. Una vez más: todas se basaban en la Biblia, todas decían estar inspiradas por el mismo Espíritu Santo. Pero eran poco más de 34.000.
Sin embargo, en el Nuevo Testamento se lee cómo Cristo ha establecido una sola y única Iglesia.
NUMERO 3: la necesidad de un magisterio que defina
No tenemos duda de que todos los que creen en la Biblia como Palabra de Dios quieren ser fieles.
El problema es que para ser fiel se necesita saber –y saber con exactitud– A QUÉ COSA brindarle nuestra fidelidad.
Por otro lado, es un hecho que los textos bíblicos siempre necesitaron de una interpretación. En efecto, ya en tiempos del Antiguo Testamento existía un cuerpo de estudiosos –los rabinos y maestros de Israel– cuyo ministerio sagrado consistía en interpretar las Sagradas Escrituras. Debían conocerlas, comparar fragmentos entre sí, razonar y deducir conclusiones, partiendo de la base de que (siendo Dios el Autor de las mismas) las contradicciones que pudieran detectar en ellas no pueden ser más que aparentes. Así, por medio de una rica tradición oral junto al texto, no sólo se ha podido conservar el texto bíblico sino también salvaguardar su correcta interpretación.
Mientras que el texto es de naturaleza material, la interpretación del texto es de naturaleza teórica. El texto puede ser percibido por los sentidos; la interpretación, en cambio, sólo es accesible a los ojos de la inteligencia.
No es lógico pero tampoco es bíblico el modelo donde el creyente define por sí mismo cada doctrina en base a su interpretación subjetiva de la Biblia. Los señores Gutiérrez y Veloz han reemplazado el magisterio de la Iglesia Católica por el Magisterio de Gutiérrez y Veloz. Por otro lado, la Sola Scriptura tiene un solo problema: no está en la Escritura.
Debe sostenerse, en cambio, que cualquier afirmación que contradiga una verdad expresada por las Sagradas Escrituras no puede ser verdadera. Pero esto nos vuelve a remitir al asunto de la interpretación, dado que tenemos que estar seguros que el parámetro con el que juzgamos es realmente correcto. ¿Cómo saberlo? ¿Cómo saber si aquello que nosotros creemos ser una doctrina bíblica lo es realmente? Lo sabemos –dicen– porque “Dios nos inspira al leer las Escrituras”. Pues bien, todos la interpretan de formas contrarias: a algunos, Dios les inspira aceptar el bautismo de niños, a otros no. A algunos Dios los inspira a aceptar el uso de la fuerza, a otros no. A algunos Dios los inspira a valorar la Patria, a otros les dice que la bandera nacional es una “idolatría”. A algunos, Dios los inspira a aceptar que Cristo es Dios, a otros no. Unos aceptan el diezmo, otros no. Unos aceptan la Maternidad Divina de María, otros no. Las contradicciones son infinitas.
Si adoptamos el principio de la Sola Scriptura –que, como sabemos, no está en la Escritura–, llegamos a un callejón sin salida. Es necesaria una instancia que dirima la cuestión o los debates no terminarán jamás.
¡El modo de proceder de esta instancia está en la Biblia! Nada en la Biblia respalda la idea de que cada creyente define la doctrina por cuenta propia, aislado del cuerpo de la autoridad; antes bien, son las autoridades legítimas las que resuelven los asuntos difíciles, apelando por cierto a argumentos y razones teóricas.
Ya en la Biblia, se relatan discusiones sobre puntos teóricos: los mismos se discutieron, hubo deliberación, pero finalmente fueron resueltos por una acción propia de la autoridad que se inclinaba hacia determinado argumento. Así, en Hechos de los Apóstoles, capítulo 15, los fieles discutían en torno a la circuncisión, punto definido en el Primer Concilio, el de Jerusalén. La necesidad de definir doctrinas es una necesidad evidente, ante las naturales discusiones que surgen entre los creyentes. Así, en Jerusalén se definió que la circuncisión ya no era necesaria para los cristianos.
En el Concilio de Nicea (año 325) se hizo lo mismo que hicieron los Apóstoles en el siglo I, en Jerusalén: Definir. Aunque a los cristianos nos parezca clarísimo que Cristo es Dios, el obispo Arrio enseñaba lo contrario y dio comienzo a la herejía arriana, de enorme influencia.
Así, la pretensión de ser fieles a Cristo es inseparable de la necesidad de una clarificación del sentido e interpretación auténtica de las enseñanzas de Cristo.
La necesidad de un magisterio, de una autoridad, es evidente. La historia lo prueba. La razón lo reclama. La Biblia lo retrata; dice San Pablo “El mismo dió a unos el ser apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelizadores; a otros, pastores y maestros, para el recto ordenamiento de los santos en orden a las funciones del ministerio, para edificación del Cuerpo de Cristo” (Efesios 4,11-12). Y a ese magisterio ejercido por los mandatarios de la Iglesia lo llamamos ‘Magisterio de la Iglesia’.
NÚMERO 4: sobre lo que no está escrito en la Biblia. La Iglesia Católica desarrolla doctrina legítimamente.
En el Evangelio de San Juan, Nuestro Señor les dice a los apóstoles: “Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir.” (Juan 16,12-13). También este versículo: “Otros muchos milagros hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritos en este libro. Mas éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios: y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20, 30-31). Otro: “Este es aquel discípulo, que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas: y sabemos que su testimonio es verdadero. Otras muchas cosas hay, también, que hizo Jesús: y que si se escribiesen una por una, me parece que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir” (Juan 21,24-25).
Hay más verdades por enseñar que las que Cristo enseñó, y el Espíritu Santo se encargará de guiar a los apóstoles hacia ellas. Y hay una Tradición Oral, que también figura en las Escrituras:
“Toma como norma las saludables lecciones de fe y de amor a Cristo Jesús que has escuchado de mí. Conserva lo que se te ha confiado, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros” (II Carta a Timoteo 1,13–14).
“Lo que oíste de mí y está corroborado por numerosos testigos, confíalo a hombres responsables que sean capaces de enseñar a otros” (II Carta a Timoteo 2,2).
“Por lo tanto, hermanos, manténganse firmes y conserven fielmente las tradiciones que aprendieron de nosotros, sea oralmente o por carta” (II Carta a los Tesalonicenses 2,15).
Los protestantes y/o evangélicos que rechacen cualquier desarrollo de la doctrina cristiana (implícito o explícitamente contenido en la Biblia), deberían tener en cuenta que sin darse cuenta también lo hacen. Así, por ejemplo, pasa con la doctrina de la Santísima Trinidad. Sin embargo, la palabra “Trinidad” no está en la Biblia. La definición de este misterio aparece en el Credo Niceno Constantinopolitano, promulgado por el Concilio de Nicea en el año 325. A pesar de eso, los cristianos trinitarios no la rechazan. Así, la Iglesia extrae una conclusión teológica a partir del dato revelado. En esto consiste el desarrollo de la doctrina. Este es el auténtico desarrollo en la doctrina cristiana, que debe ser homogéneo y siempre en el mismo sentido. Por supuesto, este desarrollo no equivale a ningún tipo de “evolución transformista” cambiando el significado de los misterios.
Gran parte de la doctrina católica ha surgido de conclusiones teológicas de lo que la Iglesia interpreta de la Escritura y la Tradición. Un dogma, por tanto, es la definición de manera explícita de una verdad de fe.
CONCLUSIÓN
En definitiva, se observa con toda claridad que los señores Eduardo Gutiérrez y Carlos Veloz han sustituido al Magisterio de la Iglesia Católica por… el Magisterio de Eduardo Gutiérrez y Carlos Veloz.
Ellos son los pontífices de sus propios credos.
Ellos son los papas de sus propias religiones.
Ellos son los árbitros de sus propias creencias.
De todo corazón, deseo que ambos coloquen sus armas a los pies de la Virgen María para librar el buen combate contra el mundo, el demonio y la carne, plenamente insertados en la Iglesia Católica, Columna y Fundamento de Verdad.
Adquirí el primer libro del Lic. Juan Carlos Monedero: “LENGUAJE, IDEOLOGÍA Y PODER”, tomo I, con prólogos del R. P. Alfredo Sáenz y el Dr. Antonio Caponnetto. Ilustraciones: José Antonio Van Tooren.
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SI ALGO HA DEMOSTRADO el reciente debate entre Lucía Ezcurra y Manuel Jorge Gorostiaga (alias ‘Danann’) es la enorme confusión que puede traer al mundo provida las personas influyentes pero con insuficiente o directamente mala formación, más allá de sus méritos o cualidades, que –personalmente– deseamos se pongan al servicio del testimonio de la verdad completa.
Cuando el criterio de “lo sigo porque es famoso y porque tiene más likes” termina prevaleciendo por sobre el criterio doctrinario-militante, no hay restauración posible de la Argentina. Lucía Ezcurra tiene en su canal de Youtube 1170 suscriptores, Danann tiene casi un millón. Ahora bien, estimado lector, lo invito a leer los argumentos de uno y otro. Lo invito a escuchar el debate completo; evalúe usted mismo si la mayor influencia mediática tiene correlación con la mayor potencia argumentativa. Esta tensión entre calidad vs. calidad se vio ayer, clarísimamente, en el debate. El análisis más equilibrado del mismo coloca –en nuestra opinión– los argumentos de Ezcurra en una situación de clara superioridad por sobre los de Danann.
¿Qué planteó Ezcurra? Que todos los agentes aborteros están a favor de la despenalización del aborto, como por ejemplo el propio Presidente Alberto Fernández, quien sostuvo que mandaría una ley “para terminar con la penalización”, consigna que en boca de todos los abortistas, de todos los pañuelos verde. Por tanto, planteó que Danann –quien está a favor de la despenalización– secunda los planes de los abortistas. Ese fue uno de los puntos de Lucía: es contradictorio estar en contra del aborto, como lo está Danann, y expresarse a favor de la despenalización.
¿Qué más planteó Ezcurra? Que la penalización tiene una función pedagógica, dado que el castigo enseña a los demás que el aborto es malo. Si despenalizamos, le restamos gravedad al asesinato del no nacido. A esto, Danann respondía que la pena llega cuando el aborto ya ocurrió, y que él quiere evitar que ocurra proponiendo desviar los fondos que se asignan a la persecución del crimen del aborto y destinarlos a fortalecer la educación, para que la gente no aborte. Danann, en definitiva, proponía disuadir el aborto desde la educación; pero Ezcurra le respondió que la pena “es parte” de esta disuasión. Y que, si se le quita la pena, “la gente pensará que no es tan grave como robar, que sí tiene pena”. Claro que es cierto que “se debe educar para prevenir el aborto”, como dice Danann. Ahora bien, contraargumentó Ezcurra, “¿qué haces con los abortos ya cometidos? ¿Los castigas o no?”. Y remató diciendo que no castigarlos es incoherente con la enseñanza de que el aborto es malo, a semejanza de un padre que –luego de haber enseñado al hijo una norma– no imparte un límite cuando éste la ha quebrantado. En definitiva, en palabras de la propia Ezcurra, “si vos querés que la gente entienda que el aborto es un delito grave, la penalización es una herramienta”. Danann sostiene que la pena “llega tarde, porque llega cuando el aborto ya ocurrió” pero lo cierto es que la pena llega tarde en el mismo sentido en que la educación llega tarde.
En efecto, cualquier pena respecto de cualquier acción antijurídica tiene dos efectos: Uno, respecto del aborto ya cometido (provocarle un mal físico a quien provocó un mal moral). Otro efecto, respecto del aborto por cometer, en cuanto disuade a otros para que –a la vista del daño sufrido por el delincuente– se abstengan de realizar ese acto en el futuro. Por tanto, la penalización evita abortos, desalienta que se mate a los bebés aún no nacidos.
Ezcurra también planteó que la despenalización dejaría impune también a los médicos asesinos, los cuales –sin el temor de ir a prisión– verían facilitados sus planes de seguir matando y cobrando por eso.
Danann argumentaba que la promoción del aborto era un asunto cultural, en el sentido de ser una práctica que –a diferencia de otros homicidios, del robo, etc.– se legitima desde la cátedra, desde los medios de comunicación, desde las universidades, los colegios, etc. Y que, por tanto, era allí –en lo que genéricamente llamamos “cultura”– donde debía ser combatida la mentalidad pro aborto. Allí y no con el Derecho Penal, decía Danann. Sin mengua de este combate cultural, que Ezcurra también lleva a cabo, no hay duda de que (siendo verdad que el aborto se estimula desde la cultura) la penalización también es una cuestión cultural. Amén de eso, conviene tener presente el trabajo del Dr. Héctor Hernández al respecto, titulado “Salvar vidas con el Derecho Penal”. En este libro el autor narra, entre otras cosas, las secuencias prejudiciales, judiciales y postjudiciales de una denuncia por aborto que él mismo presentó cuando se desempañaba como Defensor Público Oficial, que afortunadamente acabó en la salvación de varias vidas humanas. En efecto, “nunca sabemos cuántas personas no cometen ciertos delitos al saber que se amenaza el castigo porque lo temen, y esto refuerza la conciencia de lo que está mal. Ahí aparecen la función disuasoria del derecho penal y la función pedagógica del mismo”. Palabras textuales de Hernández, doctor en Filosofía y en Derecho.
Ezcurra mostró también datos estadísticos de España, en donde el aborto no se legalizó –al menos desde el comienzo– sino que se despenalizó (ya en los 80’). Y, en efecto, mostró que el índice de abortos aumentó después de la despenalización.
También presentó datos estadísticos de Chile, donde se logró bajar la tasa de abortos sin despenalizar. A ambas estadísticas, en cuanto tales, nada rebatió Danann sino que intentó cuestionar la interpretación que se hacía de los datos duros presentados por Ezcurra. Su argumento fue que esos países no habían hecho lo que él proponía (despenalizar y educar) sino solamente despenalizar, y remató con la frase: “Mi propuesta nunca ha sido puesto en práctica”. Sin embargo, consideramos que este argumento no es concluyente, dado que Ezcurra plantea hechos que sí ocurrieron y Danann plantea hechos que podrían ocurrir. Como lo fáctico siempre prevalece por sobre lo hipotético, nosotros consideramos que el que se equivoca es Danann. Y que la licitud de la propuesta de educar no salva la ilicitud de la propuesta de despenalizar.
Ezcurra explicó también que el índice de abortos, en la propia Argentina, está relacionado con una suerte de “despenalización de hecho”, producto de fiscales que ya no persiguen los abortos, producto del fallo FAL de la Corte Suprema –el cual exhorta a que las 24 jurisdicciones implementen protocolos para abortos no punibles–, etc. En suma, mientras que Danann hipotetiza que “la despenalización, unida a una política educativa, bajaría el índice de abortos”, se observa en la Argentina que la vigente despenalización de factoguarda correlación con el aumento de abortos. Por otro lado, en todos los países donde se ha despenalizado, el Estado nunca desvió los fondos hacia una educación que desalentara el aborto. Antes bien, la despenalización fue un elemento dentro de la propaganda cultural “pro choice” y una victoria –en el terreno penal– de los movimientos abortistas.
En ese sentido, redonda fue la intervención de Ezcurra al sostener: “Cuando está penado, menos abortos. Cuando se despenaliza, más abortos”.
En todo momento, apreciamos en Danann una suerte de visión utópica de la educación, como si ella pudiera –en el mejor de los casos– eliminar o frustrar la realización del aborto. Tal cosa no ha ocurrido nunca, en ninguna parte del mundo, en ninguna época, donde –por más elevada que sea la calidad educativa– jamás las personas dejaron de cometer algún tipo de delitos o injusticias. Desde ya que una buena educación ordena la persona así como frena, restringe y desalienta el mal. Pero también es cierto que hay personas que sólo pueden ser detenidas con amenazas, y otros a los que sólo los frena la fuerza. El utopismo de Emanuel Danann contrasta con el sobrio realismo de Lucía Ezcurra. Su imposibilidad para superar la falsa dialéctica entre “Educación y Penalización” es realmente llamativa. Asimismo, la calidad educativa no mejora “desviando fondos” asignados a la penalización sino, sencillamente, con mejores docentes, con honorarios decentes, no sobrecargados y con una estructura colegial y familiar que los apoye. No es un problema de más dinero sino de mejor educación.
Pero luego hubo otro debate. O, si ustedes quieren, otra dimensión del debate, que estuvo cargada de manifestaciones y alusiones directamente personales, en la que se dejó entrever –por parte de Danann– cuál es “su juego”, quiénes son “sus aliados”. En efecto, una de las cosas que primero llamó la atención fue que –apenas al principio– sostuviera que él, “junto con Agustín Laje y Nicolás Márquez” fueron los primeros en salir a la palestra contra el aborto. ¿Qué tenía que ver esto con la despenalización SÍ, despenalización NO? Parece como si Danann hubiese querido meterse a los seguidores de Laje y Márquez en el bolsillo, los cuales con toda probabilidad fueron espectadores del debate, y así predisponerlos favorablemente a su propia postura.
Si la afirmación fuese verdadera podríamos discutir si es prudente o modesto decirla o no, pero resulta que es falsa. En efecto, los propios Laje y Márquez reconocen –en el inicio de su libro conjunto, El libro negro de La Nueva Izquierda– a las personas que les han brindado información sobre los temas de batalla y guerra cultural. Entre otros mencionan a Jorge Scala, Roberto Castellano, Gerardo Palacios Hardy, Cristian Rodrigo Iturralde, etc. Asimismo, también se cita nuestro trabajo “Lenguaje, Ideología y Poder” (2016), en apoyo de ciertos conceptos relativos a la guerra semántica. Danann dice que “Laje, Márquez” y él mismo fueron “los primeros” en luchar públicamente contra el aborto, pero los propios Laje y Márquez remiten a otros referentes anteriores a ellos mismos. En ese sentido, hizo bien Ezcurra en recordar a otros referentes provida, como Mónica del Río, quien viene trabajando públicamente por la causa desde mucho antes que Danann. No fue el único derrape de este hombre; otro fue asumir una defensa tácita de Gloria Álvarez, furibunda defensora del aborto, cuyo única cualidad rescatable no responde al orden espiritual precisamente.
Ad Hominem. Danann aduce haber salido a cuestionar el aborto mientras no teme sostener que, cuando él sale, “Lucía estaba escondida debajo de las baldosas”. ¿En qué Tribunal cree Danann que está actuando como juez? ¿Qué importancia tiene, a los efectos de la despenalización, si Danann o Ezcurra estaban escondidos? La prueba fulminante de la enorme cobardía de su adversaria sería la fecha del primer video del canal de Ezcurra, situado en mayo del 2019. Creemos que es aquí donde Danann cae en su propia trampa, creyéndose su propia mentira: el alcance en los medios de comunicación. ¿Tener fama es ser mejor? ¿Tener más likes es más militancia? ¿Dice la verdad porque lo escucha mucha gente? ¿Estar en muchos medios es la señal? Son preguntas que quedan en el aire, pero que Danann parece responder de forma rotundamente afirmativa.
Una tercera dimensión del debate fue la cantidad exorbitante de insultos, descalificaciones y guarangadas emitidas por Manuel Jorge Gorostiaga, quien –entendemos– considera “canchero” y “descontracturado” decir –entre otras cosas– delante de dos mujeres, y al aire, que va a echarse un polvo y vuelve. Dejamos a consideración del lector el grado de educación y buen gusto de Gorostiaga. Antes de educar mujeres para que no aborten, habría que educarlo a él.
El penúltimo punto a considerar es el vínculo entre Danann y la Masonería, otro de los temas que generó enormes fricciones en el debate, que empezó por la despenalización y que luego se precipitó en asuntos personales. En los días anteriores, Ezcurra había sostenido públicamente que Danann era abortista y masón, en base a ciertas placas y capturas de imagen, que –entre enérgicas protestas e insultos de su oponente– ella fue desplegando. Danann acusó a Ezcurra de haberle acusado a su vez de “satanismo”. Hemos revisado los tuits y nos hemos comunicado con Lucía Ezcurra, y ella misma nos ha confirmado que nunca le dijo “satanista” a Danann.
El calificativo de “abortista”, en palabras de Ezcurra, lo infiere ella del hecho de que Danann está a favor de la despenalización.
Por otro lado, Ezcurra le adjudica a Danann difundir información falsa sobre la Masonería, puesto que él le había restado poder e influencia en algunos de sus videos. Es ahí cuando Ezcurra despliega una gran cantidad de imágenes que prueban la vigencia de la Masonería en la actualidad. Finalmente, aunque Ezcurra alteró la adjetivación que hizo de Danann –a quien primero llamó “masón” y, luego de las explicaciones que él dio de sus placas, corrigió su rótulo y lo llamó “servil a la Masonería”–, no se entiende la indignación de Danann. En efecto, si la Masonería “no es hoy como era antes” (Danann sic), ¿a qué viene tanta irritación de su parte? ¿Por qué lo ofendería a Danann ser tildado de “masón” si la Masonería no es algo malo?
Finalmente, Ezcurra calificó ciertas publicaciones de Danann como “blasfemias”, en alusión a una captura de imagen que muestra dos manos sosteniendo una hostia, con el sello de “Misa Danann”. El nombre de fantasía elegido también es llamativo, dado que Emanuel significa –como todos saben– “Dios con nosotros”. Llamativo en una persona que dice ser deísta. Ezcurra pudo haber agregado imágenes subidas a la red por el propio Danann, disfrazado como Jesucristo (pelo largo y corona de espinas). O también su video “Yo soy Cristo”, en donde ridiculiza a Nuestro Señor y al mensaje evangélico. ¿Qué respondió Danann a Ezcurra, quien lo confrontó con esta evidencia? Sencillamente invocó “la libertad de expresión”, la cual –en línea con el estilo León Ferrari– se menciona cada vez que alguien desea ofender a Cristo, burlarse del cristianismo o provocar a los católicos.
En definitiva, anoche Danann confirmó que es un blasfemo, y que además es impenitente, porque lejos de importarle ofender o incomodar, prefiere regodearse en provocaciones a los cristianos. Además, está claro que desinforma sobre la Masonería. Por la vía de la fama, del humor o de la influencia mediática, ha ganado un espacio desde el cual no sólo refuta las contradicciones más groseras del progresismo (lo cual bienvenido sea) sino también difunde peligrosas confusiones: no sólo la idea de despenalizar el aborto sino también, como lo dijo anoche, las drogas.
¿Qué hay detrás de la bandera feminista: “Separación del Estado y la Iglesia”?
ENTREVISTA DE LEANDRO HILARIÓN FURQUE
RESPONDE JUAN CARLOS MONEDERO (H)
¿Qué es lo primero que tenemos que saber sobre el tema?
Primero y ante todo, ¿es una bandera “feminista”? Vamos a dejar en suspenso este punto para abordar lo primero que tenemos que saber sobre el tema: ¿Qué entendemos cuando decimos “Separación entre Iglesia y Estado”? ¿Qué entiende la doctrina católica cuando enseña que “deben estar unidos”? ¿Están, hoy, el Estado y la Iglesia unidos, y los feministas intentan separarlos?
¿Qué dice la doctrina católica sobre el tema?
Según la doctrina católica, hay unidad entre la Iglesia y el Estado cuando las leyes, normativas y reglamentos de una nación tienen por parámetro el Evangelio de Cristo, con todas las verdades que este Evangelio supone en el orden religioso, moral, político, económico, social y cultural, materializadas en el pensamiento católico.
Entonces, ¿qué entiende la doctrina católica cuando dice “la Iglesia” debe estar unida al Estado?
“La Iglesia” no se refiere a las personas determinadas, a tal o cual Cardenal o Papa; se refiere a los principios católicos, a los principios intelectuales y morales del pensamiento cristiano. La unidad entre Iglesia y Estado –a la que aspira la doctrina católica– no constituye una subordinación de los mandatarios políticos a los deseos de tal o cual jerarquía, por buena o mala que sea. Que la Iglesia esté unida al Estado no significa que Alberto Fernández le haga caso a todo lo que diga el Cardenal Poli o el Papa Francisco. Es algo mucho más profundo. Los papas han comparado esta unidad entre la Iglesia y el Estado como la unidad entre el alma y el cuerpo: cuando el alma abandona el cuerpo, se produce la muerte; cuando los principios religiosos dejan de influir en la sociedad, la nación comienza a parecerse a un cadáver. Por eso, es bueno que la Iglesia esté unida al Estado.
¿Qué significa, por contraste, esta separación?
Cuando los mandatarios de la cosa pública rechazan al Evangelio –de palabra, a través de reglamentos, leyes, normativas, actos de gobierno, etc.– como norma y punto de referencia de la sociedad, entonces tiene lugar la separación de la Iglesia y el Estado. El Estado ya no reconoce una ley superior a sí misma. Antes bien, se autoproclama Origen y Referencia de todas las demás leyes. Dios ya no es considerado como la Fuente del Poder: ahora es el Pueblo (así, con mayúscula, deificado) el origen y la fuente de la legitimidad política.
Los gobernantes pretenden fundar una legitimidad política al margen y aún en contra de Jesucristo; al margen de los principios católicos.
Históricamente, ¿quiénes han venido impulsando esta separación o, si se quiere, divorcio?
Según los historiadores, este divorcio entre Estado e Iglesia fue impulsado (tanto en Europa como en América) por los integrantes de la Masonería, la cual –a pesar de las recientes y confusas declaraciones de Emanuel Danann, quien pretende defenderla– es una institución absolutamente anticristiana, demoníaca y con pretensiones de dominio internacional, contrarias a toda ética y justicia natural. Así, los masones impulsaron esta separación entre Iglesia y Estado, no sólo en Europa sino en toda América. Convergente con esta separación, no podemos desconocer el papel del liberalismo filosófico, que es la filosofía oficial de la Masonería. En territorio argentino, el primer gran avance de esta idea de separación lo constituye –como explica el Historiador Antonio Caponnetto– la llamada reforma eclesiástica de Bernardino Rivadavia (año 1822 en adelante). Aunque liberales y masones venían impulsando hace tiempo estas ideas, con Rivadavia se realiza el primer gran quiebre.
¿Qué consecuencias produjo en la sociedad y en la cultura el liberalismo filosófico?
Entre las consecuencias, la separación de la fe y la razón, y la separación de la naturaleza y la gracia, por ejemplo. En definitiva, el liberalismo filosófico propició el completo divorcio entre el orden natural y el orden sobrenatural. Cuando este divorcio se lleva al plano de las facultades intelectuales, se llama “racionalismo”. Cuando este divorcio se lleva a la cosa pública, se llama “liberalismo” o “laicismo”. Así, proyectado sobre el orden social, surge la idea separar el Estado de la Iglesia.
Para el liberal, el ser humano no tiene deberes públicos para con Dios. A lo sumo (dirá el católico liberal), tendrá deberes en el orden privado. A lo sumo, algunos liberales podrán llegar a tolerar o admitir una suerte de esfera privada y particular (la conciencia religiosa) en la que el Estado Liberal tolere que la persona, privadamente, rinda culto a lo que subjetivamente considere su divinidad, y siempre a la par de otras divinidades. Pero de ninguna manera ese culto debe ni puede traspasar la esfera privada; si el culto católico se proclama públicamente, se violentaría la ley.
Volvamos a la pregunta inicial. ¿Es o no es una bandera ‘feminista’?
A la luz de estos conceptos y en estricta verdad, nos vemos obligados a decir que la separación entre la Iglesia y el Estado no es sólo una “bandera feminista”. Es una bandera liberal, masónica, que ahora es levantada tácticamente por los feministas.
¿Qué sentido tiene, en la actualidad, la consigna “Separación entre Iglesia y el Estado”?
Para los agentes feministas –mimetizados con la izquierda y los aborteros, y al servicio de la Masonería– esto significa sólo una cosa: que el Estado deje de financiar los colegios católicos, que deje de asignar un dinero a los obispos diocesanos, obispos auxiliares, obispos eméritos, administradores apostólicos y administradores diocesanos, sacerdotes, parroquias de frontera, ciertos institutos de vida consagrada, etc. Asimismo, la Iglesia está exenta del pago de ciertos impuestos. Todo esto, en virtud del art. 2 de la Constitución Nacional, que es otro tema muy complejo en el que nos tendremos que meter. A todo esto se refieren con esa consigna. Pero en realidad, y en un sentido mucho más profundo, la Iglesia ya está separada del Estado. Y esto hace rato.
Por señalar un hito histórico, ¿cuándo comienza a separarse la Iglesia del Estado?
Habíamos hablado de Rivadavia, pero luego del largo gobierno rosista este daño que le hizo el liberalismo a la unidad entre Iglesia y Estado fue notoriamente reparado. El hito es Caseros, 1852. Sin lugar a dudas, a partir de la derrota de Juan Manuel de Rosas, los mandatarios triunfantes en esa guerra se hicieron de todos los resortes políticos de lo que hasta el momento se llamaba “La Confederación Argentina”. Y comenzaron a imponer una Nueva Legitimidad Política, distinta y aún contraria a todo lo anterior, a través de la ejecución, elaboración y dictado de una gran cantidad de leyes, códigos, normas y reglamentos contrarios al Evangelio y al pensamiento cristiano, alterando de ese modo la fisonomía de la población argentina en general con las consecuencias que todos tenemos a la vista. Los mandatarios vencedores en Caseros, liberales y masones, dieron inicio así a un proceso de secularización de la sociedad.
Esta secularización o, mejor aún, DESCRISTIANIZACIÓN de la sociedad viene ganando terreno, con sus más y con sus menos, con avances y retrocesos, desde 1852.
¿Tenemos un estado laicista desde 1852? ¿Es un estado semi confesional?
Hay que distinguir los elementos que configuran al Estado: las personas y los instrumentos (constituciones, leyes, reglamentos, protocolos, etc.).
A nivel de personas, no hay ninguna duda de que los vencedores de Caseros tenían una cabeza laicista, eran liberales, masones, antirosistas y, por tanto, derrocaron a Rosas para instalar otro tipo de gobierno. Ahora bien, entre la coalición victoriosa habían también católicos no rosistas o antirosistas. Había también algunos federales traidores a Rosas, como Urquiza. Todos tenían el mismo enemigo pero no pensaban todos igual, y esas diferencias salieron a la luz tan pronto fue derrotado Rosas.
Así, estas diferencias de concepción brotaron en la famosa discusión en torno al art. 2 de la Constitución Nacional.
Entonces, a nivel de personas, no hay ninguna duda de que históricamente prevaleció el sector liberal masónico por sobre el sector católico.
Y a nivel de instrumentos, terminó siendo aprobada la Constitución Nacional; un verdadero punto de equilibrio entre la posición extrema (Separación Completa y Total entre Iglesia y Estado) y la posición católica (Unidad entre Iglesia y Estado). El instrumento por supuesto perduró y ahí está, las personas cambian, pasan, mueren.
Ahora bien, existen muchos elementos de confesionalidad del estado que, sin embargo, los enemigos de la fe todavía no han podido remover: uno de ellos es el art. 2 de la Constitución. Asimismo, subsisten numerosos vestigios cristianos en nuestra fisonomía política y social, desde los nombres de algunas provincias (Santa Fe, Santa Cruz, San Juan, San Luis) a los nombres de calles, avenidas, algunos colegios públicos.
A modo de resumen, hoy en día tenemos un estado anticatólico –tanto a nivel de personas como de instrumentos– en COEXISTENCIA con vestigios de la Argentina como Nación Católica: la cizaña y el trigo. La substancia política del Estado no es confesional, está intoxicada por elementos ideológicos, artificiales y foráneos que son anti católicos y por tanto anti argentinos. Sin embargo, esos rastros de Nación Católica están ahí. A los masones, liberales, ateos, izquierdistas y feministas le molestan estos rastros, y operan para eliminarlos del mapa. En este contexto se entiende la consigna del pañuelo naranja.
Este proceso de secularización, o mejor dicho descristianización al que hoy asistimos, ¿cómo se dio? ¿Qué eslabones lo configuran?
Mencionemos algunos principales. Vayamos de 2020 para atrás: los protocolos ILE desvalorizan la vida humana del no nacido, otorgando un marco de legitimidad al horrendo crimen del aborto, que sólo en CABA se llevó el año pasado 8388 vidas. La sola propuesta parlamentaria de una ley de “interrupción” del embarazo, impulsada por el entonces Presidente Mauricio Macri en el 2018, también desvaloriza la vida. El Nuevo Código Civil y Comercial –que vio la luz durante el segundo gobierno de Cristina Kirchner– está plagado de ideas y conceptos contrarios no sólo a la fe sino también a la razón natural; como botón de muestra, se ha normalizado la práctica de la fecundación in vitro (personas concebidas fuera del vientre materno), que se venía realizando ya desde antes.
Vayamos más atrás: la ley de Identidad de Género, sancionada hace varios años, distorsiona la identidad de las personas. La ley del llamado Matrimonio Igualitario, año 2010, desfigura la institución matrimonial, creada por Dios. Las llamadas leyes “antidiscriminatorias” (año 1988) desalientan que las personas comuniquen públicamente la verdad. La Ley de Divorcio, durante el Alfonsinato, en 1987, fue otra estocada al bien del matrimonio. Hay muchas más leyes, normativas, reglamentos y códigos oficiales que se podrían citar, pero como botón de muestra es suficiente. En definitiva, cuando los agentes feministas piden por la “separación entre Iglesia y Estado” piden por algo que, de hecho, ya viene ocurriendo hace décadas. Lo que falta, afortunadamente, es que esta separación tenga lugar de forma completa y total dado que hay muchos elementos cristianos que subsisten en el cuerpo de la Nación.
Recién hablabas del art. 2 de la Constitución Nacional. Contanos un poco, decías que era un tema muy complejo.
El art. 2 de la Constitución Nacional dice así: ‘El gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano’. Este artículo, que parece excelente a muchos católicos hoy día y que parece abominable a la izquierda, la masonería, el liberalismo, los anticlericales, los evangelistas, los laicistas, etc., se juzga de manera muy diferente según el tipo de análisis que hagamos. Pues cabe aquí una dimensión del análisis a) histórica-doctrinaria; b) una dimensión actual. En resumen, diríamos que el art. 2 es insuficiente a los ojos de la recta doctrina católica.
Explicanos por favor el primer enfoque, el histórico-doctrinario del art. 2 de la CN
El art. 2 de la CN fue escrito en 1853, un año después de la derrota de Rosas en Caseros. Esta derrota militar tuvo enormes consecuencias políticas, sociales, económicas y culturales. Como vimos antes, la idea era formar una nueva fisonomía de la Nación, y para ello todos querían que el Acta de Nacimiento de ese nuevo país fuese la Constitución Nacional.
Los elegidos para opinar, intervenir, redactar el texto de la Constitución fueron llamados “constituyentes”. Ahora bien, no todos pensaban igual. Para empezar, como dijimos, estaba la Masonería. Dentro de ella, había masones “ultra” y había masones moderados. Entre los constituyentes no masones pero que habían colaborado con la Masonería en la derrota de Rosas, había –como dijimos– un sector católico conformado por dos alas: el ala dura y el ala liberal.
Si bien el ala dura era antirrosista, procuraban la sanción de una Constitución en donde la religión católica fuese presentada como religión del estado. Hubo discusiones, y terminó ganando una fórmula que constituyó una suerte de “punto de equilibrio” entre las dos posturas más extremas: la masónica liberal (completa separación) y la católica (confesionalidad).
La fórmula es la que ya conocemos: “el Estado sostiene el culto católico”. Esta fórmula (el famoso sostiene) significó en los hechos un sostenimiento económico y, según la opinión de una escuela de juristas posteriores, alguna fórmula velada de confesionalidad.
Vayamos al segund enfoque, el actual, sobre el art. 2
Hoy, el feminismo marxista abortero va incluso por este último vestigio católico de la Constitución, y exige que el Estado Argentino –que en los hechos, y desde hace rato, viene descristianizando oficialmente la sociedad– avance un paso más, y retire la financiación estatal al culto católico, así como la exención del pago de ciertos tributos.
En síntesis, los grupos feministas –que también son aborteros, financiados y apoyados por magnates como George Soros, completamente alineados a la mentalidad de la OMS-ONU– pretenden acabar con uno de los últimos vestigios de la Argentina como Nación Católica: la financiación estatal.
Cinco enseñanzas del Caso Taussig: ¡cerraron el seminario de San Rafael, Mendoza!
“Taussig quería ahorcar una gallina a escondidas en el fondo del patio,
y de repente se vio con todos los reflectores encima en la cancha de River”.
Por Juan Carlos Monedero (h)
Primera Enseñanza
Al igual que el acoso moral, psicológico y laboral, el hostigamiento de Mons. Taussig al laicado, seminaristas y sacerdotes sólo tiene eficacia en tanto sea desconocido por la opinión pública. Tan pronto comienza a ventilarse, su poder se erosiona; y se debilita más mientras más se ventile.
Esto vale para todo tipo de acoso: el acosador necesita de la oscuridad, del ocultamiento. Esto pasa con el mobbing laboral, con los hostigamientos escolares y laborales. En este caso, lo que más nervioso pone a Monseñor Taussig y a todo su séquito es que sus actos hayan salido y estén saliendo a la luz. ¿En qué nos basamos para semejante acusación? En la convergencia de numerosísimos testimonios y testigos. Hemos intentado contrastar las versiones. La presunción de inocencia siempre guió los pasos de nuestra investigación y nos hemos permitido dejarla de lado ante la acumulación de evidencia concordante.
Segunda enseñanza
En el blog Infovaticana, un comentarista anónimo reproduce una anécdota de Santo Tomás Moro en relación a su glorioso martirio. Al negarse a asistir a la coronación de Ana Bolena, Moro sostuvo: “Un emperador romano, que tenía gran admiración por la virginidad, dictó un decreto por el cual los delitos que se regulaban con la pena capital no serían aplicables a las vírgenes. Pero al tiempo, cuando una virgen cometió uno de estos delitos, el emperador se vio ante una disyuntiva. No castigarla produciría inseguridad jurídica y castigarla significaba contradecirse. El caso se trató en el Senado. Luego de varios dimes y diretes, sin arribar a conclusión alguna, algún patricio arriesgó: “¿Para qué armar tanto alboroto por tan poca cosa? ¡Que la desfloren primero y luego que sea devorada por las fieras!”.
Luego de contar esto, nuestro santo sostuvo:
“Lo mismo opino yo. Aunque los obispos se han mantenido hasta el presente con integridad en el asunto del matrimonio del Rey, deben prestar atención para seguir manteniendo la virginidad. Hoy, solicitan su presencia en la coronación; mañana, que prediquen en favor del nuevo matrimonio y, más adelante, que escriban libros en su defensa; y así terminarán siendo desflorados y, después de haber sido desflorados, serán devorados. Por mi parte no está en mí evitar que me devoren; pero, con la gracia de Dios, procuraré que nunca me desfloren…”
Entonces, hay que tener conciencia de que el laicado católico –y el sanafaelino no es la excepción– viene siendo cocinando lentamente por sus enemigos. Como decía Moro, un día los esbirros de Enrique VIII solicitaron a las autoridades presenciar una farsa, otro día les indicaron que prediquen en favor de esa falsedad, otro día que defiendan racionalmente la mentira… Y así las fuerzas se van mellando y el ánimo se va debilitando.
Hay que saber, entonces –y con perfecta lucidez– que los demoledores atacan las verdades religiosas, las piadosas tradiciones, los fundamentos de la fe, pero que lo hacen de a poco, con pocos sobresaltos (al mejor estilo gramsciano). Como el ataque no es total, sólo una porción de los católicos (no todos) reacciona y una gran cantidad de gente prefiere quedarse cómodamente en el molde, consolándose con el pensamiento de que “todavía conserva algo bueno”. En vez de contraatacar para ir “a por todas” –como dicen los españoles–, se consuelan con mantener algunas cosas, consintiendo que les roben otras.
El problema es que el ladrón sigue robando.
Evidentemente, todos los que no reaccionan cuando el ataque es suave restan apoyo a la resistencia ante el mal. El enemigo siempre quiere ir por todo, aún cuando –por estrategia– en un momento determinado ataque sólo un punto. Reproduzco las palabras de un sacerdote mendocino al respecto: “El enemigo viene por todo, y nosotros siempre vamos por una partecita. El enemigo viene degollando y nosotros queremos dialogar. Hay que presionar hasta la raíz en donde se encuentra el hueso y la carne”.
Tercera enseñanza
Todos los que conocen o han tratado con Monseñor Taussig coinciden en que él sólo busca –o buscaba– el poder. Buscaba escalar. ¿Y qué se necesita para escalar hoy? Se necesita fundamentalmente de una situación diocesana sin turbulencias, mediocre, chata. Es la ley de los términos medios: la vida tiende al equilibrio, y los extremos tienden a ser eliminados. Es una especie de ley salvaje darwinista: permanecen los que hacen la plancha, los que no son ni muy-muy, ni tan-tan. Un obispo tradicional es resistido, y más temprano que tarde será desplazado. Un obispo que no puede gobernar su diócesis tampoco puede permanecer mucho tiempo, aún cuando no tenga culpa en eso.
En otras palabras, Taussig quería –¿quiere?– ascender y para ascender necesita tranquilidad. El levantamiento que se produjo –tanto en las calles como en las redes sociales– es justamente lo que está vedando sus posibilidades de ascenso, y él lo sabe. Lo grave es que muchos otros obispos –nos consta– también restringen las prácticas tradicionales de su diócesis. Pero como lo hacen con mayor disimulo y astucia, no levantan tanta resistencia.
Cuarta enseñanza: los tentáculos del pulpo
El “Caso Taussig” pone de manifiesto que ninguna tiranía –o, si prefieren, despotismo– puede subsistir en el tiempo sin cooperadores. No puede subsitir en el tiempo sin cooperadores del despotismo, quienes ejecutaban las absurdas normas de Mons. Taussig, como tomar los datos de los asistentes a misa.
Son también cooperadores del despotismo quienes niegan su apoyo a los laicos que vienen enfrentando al Monseñor.
Son cooperadores del despotismo quienes llevan y traen comentarios.
Son cooperadores del despotismo los que trabajan en “Productora San Gabriel”, quienes realizan los videos para Monseñor en Youtube.
Cooperó con el despotismo el cameraman que –con astucia pero tarde– desvió la cámara para que no se apreciara en detalle que Monseñor Taussig le estaba negando la comunión en la boca a un señor mayor de edad, con bastón para más señas.
Son cooperadores del despotismo los que defienden a Taussig en las redes sociales.
Son cooperadores del despotismo, por omisión, quienes sabiendo que es perverso no lo atacan.
Son cooperadores del despotismo quienes –para cuidar su fuente de trabajo– se ponen en contra de sus propios hermanos. Al igual que los policías que (por esta “pandemia”) criminalizan a la gente que camina por la calle.
Entonces, esta es la lacra que nos asfixia y agobia. El problema no sólo es este descendiente de los Apóstoles. No nos confundamos. Hay también un intrincado sistema, un tejido social, un conjunto de alcahuetes, de cristianos excelentemente formados y llenos de excusas, los que hacen posible el despotismo.
Colofón final: ¿Dios o las obras de Dios?
Hay un último sector de laicos y sacerdotes, que no puede ser colocado al lado de los cooperadores del mal. La reflexión final corresponde a este espacio. Lo constituyen aquellos que veían –y ven– con toda claridad las maniobras despóticas del obispo, juzgándolas negativamente. Pero que mantuvieron, hasta donde pudieron, una suerte de pacto de no agresión con el déspota. Ellos querían conservar el favor del Obispo, quería conservar ventajas legítimas para sus obras –sus buenas obras que dan gloria a Dios, y que queremos que sigan adelante– y por tanto no arremetieron públicamente contra él.
Ahora bien, Mons. Taussig –que sabe que ellos amaban esas obras– les concedía migajas a estos sacerdotes y laicos, con tal de que ellos siguieran adelante con las mismas. Y así, ellos quedaban “prisioneros” dentro del favor recibido, inhabilitados para cuestionar a la misma autoridad de la que recibían auxilio. Chantaje. Extorsión.
Decía el Cardenal Van Thuan: “Las obras de Dios no son Dios mismo; hay que cuidarlas, pero son las obras de Dios, y no Dios mismo”. A veces Dios pide que se sacrifiquen las obras de Dios para que brille más la Gloria de Dios. Este apego de muchos laicos y sacerdotes a las obras de Dios frenaba y terminó por sofocar, durante mucho tiempo, la resistencia de máxima a la tiranía del obispo. Tomemos nota de esta última enseñanza: el adversario no puede enfrentar a una diócesis si la totalidad de la misma se decide a ponerse decididamente de pié. Estamos seguros de que si se hubiese resistido hace años, todos y en bloque, a los abusos de autoridad –ya existentes– de Taussig, la historia en San Rafael hubiese sido distinta.
Deploramos al murmurador, al que habla mal de otro a sus espaldas, al que difunde versiones no confirmadas, al que revela lo privado sin necesidad pública. Pero hay otro cáncer de la sociedad que es el profesor, el periodista, el abogado, el docente cuando hablan desde un lenguaje contaminado e intoxicado por la ideología. Incluso el médico.
La pragmática es aquella rama de la lingüística que estudia el significado de las palabras, los textos, discursos y argumentaciones, en un contexto determinado, considerando sobre todo cómo los elementos extralingüísticos y “las situaciones comunicativas” determinan o influyen notoriamente sobre la interpretación de esas palabras.
Así, por ejemplo, desde la pragmática se puede analizar el efecto que –dado determinado contexto– los vocablos tienen en las personas.
Ese efecto puede ser en la mente (moviendo a quien lee o escucha a incorporar determinada afirmación) o en la conducta, moviendo al otro a realizar una acción.
Pongamos el caso de lo que pasa con la locución Muerte Digna. El impacto que tenga estas palabras en nuestros oídos será muy distinto según el contexto: si tenemos un familiar postrado muy probablemente no sentiremos ni entenderemos las mismas cosas. Por supuesto, a pesar de todo, “muerte digna” suena mejor que “eutanasia”, y escuchar la primera opción de boca de un médico –nada menos– es más tranquilizante para la pobre familia que hace meses, quizá años, tiene postrado a un ser querido, amigo o pariente.
“Creo en la calidad de vida y no en la extensión” puede decir el doctor, y no yerra al pronunciar esas palabras. No al menos si se las toma literalmente. En efecto, hay que tener mucha maldad para desear a alguien una muerte sin dignidad. Pero lo cierto es que, en la actualidad, hay que tener cuidado con estos “buenos deseos”, hay que filtrarlos, hacerlos pasar por un examen. Porque de lo que se trata no es sólo “de las palabras” en su comprensión literal e inmediata sino de aquello a lo que estas remiten; de lo que se trata sobre todo es de aquellas acciones a donde –por poner un ejemplo– quien pronuncia “muerte digna” nos quiere llevar.
El indicio más claro de que algo huele mal con “muerte digna” es que médicos y abogados no explican casi nunca las cosas con claridad, y apelan a frases o giros que, cual anestesias morales, simplemente consuelan a la familia –ya de por sí vulnerable ante una situación extrema– de que así será mejor para que la persona “no sufra más”. Por eso al toro hay que tomarlo por las astas mucho antes, cuando no estamos todavía en esa situación dramática, e informarnos debidamente.
Vayamos a eso, y el lector mismo podrá comparar este artículo con lo que haya oído por parte de los médicos o del abogado que le contó que hoy, por fortuna, en la Argentina existe “la muerte digna”.
Empecemos definiendo con claridad las palabras.
Provocar la muerte de una persona inocente es un asesinato, y los dolores extremos que pueda estar sufriendo –dolores que no le deseamos a nadie– no cambian esta verdad, dura como la piedra. Ahora bien, tampoco negaremos que vivir postrados por una enfermedad durante meses es algo espantoso para la persona y, sobre todo, para la familia y sus amigos. Cuando las perspectivas de recuperación son tan escasas, cuando el tiempo de internación no deja de extenderse, cuando el desgaste del cuerpo de nuestro ser querido y el impacto de la enfermedad o malestar lo resiente tanto, por la cabeza de cualquiera puede pasar el pensamiento de que Dios se lo lleve en paz y cuanto antes.
Pero por otro lado está el valor de la vida, no somos los dueños de ella, ni de la propia ni de la ajena. No podemos matar, mucho menos el médico quien expresamente juró abstenerse de utilizar su ciencia para provocar la muerte: acabar con su sufrimiento acabando con la persona no es una alternativa, dado que un fin bueno no justifica el uso de medios criminales.
Estos casos límite, sin embargo, pueden ser resueltos a la luz de otro principio –propio de la ética y, concretamente, de la ética médica– que permite vislumbrar la salida a este atolladero: el principio de la proporcionalidad. En efecto, si para alargarle la vida apenas unas semanas a mi abuelo, que ya tiene varios meses de internación, debo consentir que se le realice un tratamiento que lo hará sufrir indescriptiblemente y que arrojará una pequeña extensión de la vida, ¿no estaremos acaso fallando con los medios? El medio es muy cruento y el fin que se obtendrá es, con toda probabilidad, magro. En circunstancias así, desde la ética médica se considera lícito no procurar el sostenimiento de la vida más allá de sus posibilidades naturales que el propio cuerpo pueda ofrecer. Como consecuencia, no es obligatorio procurar el mantenimiento de la vida más allá de sostener las funciones vitales.
Pero atención: esto no es eutanasia. Porque eutanasia es matar, y matar es una acción positiva contra la vida de un individuo, es hacer algo para que muera. Ahora bien, no procurar el mantenimiento de la vida con instrumentos excesivos es una cosa; realizar una acción positiva contra la vida es otra. La primera es un “no hacer”, la segunda es un “hacer”. Cuando el médico deja a Dios ser Dios, entonces simplemente procura sostener las funciones vitales de la persona, sin lo cual moriría irremediablemente. Quitar lo vital es el equivalente a matar (porque el nexo es necesario), pero no procurar aquello que sobrepasa lo vital no es matar aunque se pueda prever un desenlace fatal que, sin ser buscado, es tolerado en atención a las circunstancias extraordinarias. Pero tampoco es eutanasia, no es un asesinato. Es dejar que la naturaleza siga su curso, luego –por supuesto– de que se hayan agotado todos los medios lícitos y proporcionadamente eficaces.
Pero a los guerrilleros del lenguaje no les importa esto.
No les importa entenderlo, ni explicarlo, ni traer a las familias la paz de la verdad en la justicia.
Actúan, y se nota, como simples repartidores de anestesias: venga, pase, y le doy gratuitamente un comprimido de retórica vacía sobre muerte digna, para que yo pueda matar a su familiar, usar la cama para otra persona y usted se vaya tranquilo a su casa creyendo que es bueno.
Cuando no explican claramente, atención, porque es muy posible que estén engañando.
El complejo drama moral que acabamos de describir es barrido de un plumazo por el uso sistemático y a-lógico de la palabra “muerte digna”. Queremos que los pacientes no sufran, queremos que mueran dignamente. Nobles palabras que pueden esconder una oscura intención: la de convertir al médico en un dios, con potestad suficiente para decidir sobre cuánto debe vivir esa madre, ese abuelo, ese joven. Con el Poder sobre la Vida y la Muerte, sustrayendo –una vez más– el fruto del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal.
Así, deificados ya el médico asesino y el abogado sofista, uno puede aplicar la eutanasia y quitarle la vida a una persona en estado terminal, indefensa. El abogado, por su lado, invoca el nuevo Código Civil y Comercial, etiqueta esta acción con el molde de “muerte digna” en vez de “eutanasia” para –conocedor de la pragmática– suprimir las dudas de conciencia y que no suene mal. Las películas o series de Netflix hacen el resto, y entonces tenemos un asesinato que se realiza en nombre de la misericordia. Se ha manipulado la culpa de esa hija doliente, de ese hermano que sufría por ver a su hermano en coma, y se la ha asestado el golpe mortal al enfermo. Se ha adelantado la muerte de un inocente, y las perversas racionalizaciones están a la orden del día.
Ese es el poder de la palabra cuando obedece al Reino de las Tinieblas.
Afortunadamente, la Iglesia misma definió –con autoridad infalible– que la eutanasia es un pecado mortal, y basta. Así consta en el documento Evangelium Vitae, de Juan Pablo II, n° 57 y, especialmente, en el n° 65: “de acuerdo con el Magisterio de mis Predecesores y en comunión con los Obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana”. Los fieles ya tienen la respuesta por adelantado, por fe en Dios –el único Infalible– pero luego deben ejercitar su razón, estudiar, para llegar a la misma conclusión pero por el laborioso camino del raciocinio. Porque lo que Dios revela a través del Magisterio de la Iglesia nunca contradice –no puede contradecir– aquellas verdades racionales.
La realidad del dolor, consecuencia del pecado, por momentos desafía ciertamente nuestra razón porque la inteligencia humana tiene por objeto el bien, el ser. Pero el pecado, el mal y en cierta medida también el dolor son un no-ser, reacios a la captación intelectual directa. Sin embargo, Nuestro Señor con su Dolor le da sentido al dolor humano. Esta es la salida a las encrucijadas en las que la falsa ciencia médica o jurídica nos ha colocado: aceptar el dolor como voluntad de Dios, y entender que éste no tiene la última palabra.
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Adquirí el primer libro del Lic. Juan Carlos Monedero: “LENGUAJE, IDEOLOGÍA Y PODER”, tomo I, con prólogos del R. P. Alfredo Sáenz y el Dr. Antonio Caponnetto. Ilustraciones: José Antonio Van Tooren.
¿Qué hay detrás del episodio en el Colegio Nacional Buenos Aires con los Veteranos de Malvinas?
No puede pasar desapercibido lo de los veteranos de Malvinas en el Colegio Nacional Buenos Aires (CNBA). Tomemos como válida –por una vez– la versión de Página/12[1], según la cual: primero, los veteranos fueron a hablar a los alumnos de su desempeño en Malvinas; segundo, se pasó un video de 20 minutos, que mostraba cómo los pilotos se entrenaron, las operaciones militares en que intervinieron, los caídos en la guerra, respaldado por música épica, cerrando con el Ave María; tercero, los VGM proponen la metodología de la pregunta-respuesta; cuarto, un alumno los interpela. Según el diario kirchnerista, un alumno “se paró” y preguntó qué opinaban los veteranos sobre dos temas puntuales. No es casual que esos temas fuesen “los colimbas y los 30 mil desaparecidos”. En una palabra, el alumno fue a meter el dedo en el ventilador. Fue a provocar.
100 padres (es decir, 50 alumnos) son los que fueron llevando adelante distintas acciones mediáticas de quejas y protestas, arrogándose una representatividad que no tienen. Cientos de alumnos presentes, en cambio, no apoyaron la crítica a los VGM. Miles de ex alumnos del CNBA tampoco están de acuerdo ni con las forma ni con el planteo de fondo.
Arriesguemos un análisis psicológico, todo lo discutible que se quiera. Pero muy verosímil. ¿Por qué el alumno intenta cambiar de tema? ¿Por qué la pregunta del alumno? ¿Por qué no le interesa la preparación de los luchadores argentinos, los patriotas, los episodios de heroicidad, el sacrificio, reconocidos por los mismos británicos? ¿Por qué no profundiza en eso y profundiza en lo otro? ¿Por qué todo su esfuerzo va dirigido a procurar que la atención se desvíe de las anécdotas y hazañas en la batalla contra los ingleses?
En primer lugar, digamos ante todo que es mentira que en la Argentina hubo 30 mil desaparecidos. Quien nos ataque por decir lo hace desde el prejuicio y no desde la racionalidad. Si un desaparecido, uno sólo, es un hecho deplorable, entonces se supone que no es necesario exagerar la cifra, ¿o no? Bien, entonces, que no nos corran con eso. Siempre se supo –y hace décadas– que la cifra era falsa; lo novedoso es que en los últimos años hay gente desde la izquierda –como el ex montonero Labraña– que lo ha admitido, o el mismo Jorge Lanata, al que hoy podemos categorizar más bien como liberal de izquierda. Lo mismo ha tenido que reconocer la propia Graciela Fernández Meijide, son tres testimonios clave que rápidamente se pueden encontrar en internet. Si se van a enojar, busquen a quienes vienen mintiendo hace 40 años.
Entonces, volviendo, ¿por qué el alumno intenta desenfocar? Evidentemente, porque NO PUEDE aceptar que haya heroicidad en Malvinas. No puede, se le atraganta. No quiere hacer foco en lo bueno, quiere seguir poniendo la nariz sobre lo malo, sobre el estiércol, exagerado o no, distorsionado o no. Este alumno está siendo víctima de un discurso –que él no armó– que necesita que el pasado sea visto como espantoso para justificar o al menos disculpar a este presente de latrocinio, de coima, de corrupción, de alianzas infames, de partidocracia maloliente. Malvinas, como esa perla preciosa que resplandece, les duele a los corruptos, a la partidocracia, a la izquierda y también al liberalismo.
No les gusta Malvinas. No lo dicen siempre, porque saben que existen muchos malvineros dispuestos a repudiarlos (y al repudio social no lo pueden manejar; como buenos cobardes, le tienen terror), pero no les gusta. No les gusta una historia donde haya militares buenos. No les gusta que los militares tengan el ideal de Dios, la Virgen y la Patria. No. No lo pueden soportar, son como el diablo con el agua bendita. Y entonces, ese alumno realiza una pregunta que no está animada por el deseo de obtener más conocimiento sino con la pretensión de descolocar y que NO SE OLVIDE NADIE que los militares son patatín y patatán.
Es que esta gente no busca la justicia sino la venganza. Hace décadas que por lo menos el 85% de los MMCC se arrodilla ante estas versiones; décadas, y todavía cualquier resquicio, cualquier versión ligeramente distinta a lo “políticamente correcto” los pone nerviosos. ¿Tienen acaso menos control de la opinión pública de lo que nosotros creemos? ¿Es tal la fuerza de la verdad, es tan grande la fuerza de la verdad (Dios mismo) que al puñadito de alumnos ideologizados del CNBA les espanta, actuando como murciélagos dispersados por la luz?
Dejamos estos interrogantes planteados. El tiempo dará sus respuestas.