Youtube anuncia que censurará contenidos contrarios a la OMS

Youtube anuncia que censurará

contenidos contrarios a la OMS

 

Por Juan Carlos Monedero (h)

            A través del canal “Resistencia Provida Córdoba”, nos ha llegado un fragmento de la entrevista que la CNN le realizó a una CEO de Youtube[1], llamada Susan Wojcicki. Como se sabe, la OMS es una entidad que depende de la Organización de las Naciones Unidas.

Invocando la defensa de la ciencia, ahora Youtube reconoce que va a eliminar y remover de su plataforma “cualquier cosa” que sea contraria a la Organización Mundial de la Salud; de forma tal que, desde ahora, quienes denuncien por ejemplo que la OMS promueve la reducción de la natalidad a través del aborto, la anticoncepción, desalienta las familias numerosas o cualquier otro método de control de la natalidad, serán formalmente y abiertamente censurados, siendo sus publicaciones removidas, por lo que dejarán de circular libremente.

Bien resume el compatriota Eduardo Peralta, de San Juan, que la OMS “lejos de ser una entidad de ‘pura salud’ y con exclusivos fines médicos y sanitarios”, ha “promocionado, favorecido e impulsado políticas de control de la población, antinatalidad y aborto a nivel global dirigidas por la misma ONU”[2], develando que dicha entidad tiene mucho más que ver con propósitos de naturaleza geoestratégica internacional que con cuestiones reales la salud, que funcionan como pantalla.

Si todo el contenido que la OMS difundiese a través de sus portales y declaraciones fuesen falsedades y mentiras; y si la totalidad de sus conductas fuesen notoriamente inmorales, esta entidad no podría subsistir en el tiempo. Es fácil advertir, en cambio, que mejor estrategia es imitar a los mafiosos: un poco de crimen organizado por allí, un poco de beneficencia por allá. Presentar el error y la verdad, actuar bien y actuar mal, promover por allá la salud de la población y por acá el aborto, promover el bienestar por un lado y procurar la reducción poblacional por otro. Pues, como dijo el gran escritor francés Ernest Hello, la mezcla de la verdad y el error produce efectos desastrosos: Da a la verdad apariencia de error y al error apariencia de verdad. En la confusión, termina ganando la falsedad.

Por otro lado, el precitado Peralta también desliza otro dato de capital importancia: “Bill Gates y su fundación es el contribuyente privado más grande de la OMS (ha contribuido con más de 2.500 millones de dólares)” y la fuente de esta información está aquí[3]. Agrega el sanjuanino:

 

“luego de que Donald Trump ordenara retirar los fondos de los Estados Unidos dirigidos a la OMS, fue la Fundación Bill y Melinda Gates quien salió heroicamente llenar el agujero de dinero producido comprometiendo unos US$ 530 millones de dólares, casi el 10% en efectivo”[4].

 

¿Pero acaso la OMS no tiene un criterio independiente? ¿Son médicos quienes deben subordinarse al dictamen de los donantes? A estas preguntas nos responde el propio Jack Chow, ex subdirector de la OMS, quien afirma “son los donantes quienes establecen la agenda que debe seguir la OMS, en lugar de que esta obedezca a su criterio profesional”[5] (entrevista a BBC Mundo).

Mucha gente conoce quién es Bill Gates y qué piensa, pero no vendrá de más recordar su famosa charla TED[6], en la cual él mismo plantea y reconoce expresamente el objetivo de reducir la población, planteando –entre los instrumentos necesarios para este fin– las nuevas vacunas, los programas de “salud reproductiva” (eufemismo de aborto, como dijera Mons. Sanahuja).

En resumen:

  • Bill Gates quiere reducir la población mundial;
  • Bill Gates reconoce que los programas de “salud reproductiva” (aborto) y las nuevas vacunas son herramientas adecuadas para reducirla;
  • Bill Gates es el principal contribuyente privado de la OMS;
  • El ex director de la OMS admite que los donantes establecen la agenda de la OMS;
  • La OMS promueve la reducción poblacional a través del aborto y la anticoncepción;
  • Youtube censurará a quienes objeten la OMS.

 

Finalmente, no puede sorprender realmente a nadie medianamente informado el carácter criminal y engañoso de la OMS, cuyo nacimiento fue bastardo: fundada en 1948 como parte del sistema de la Organización de Naciones Unidas, vio la luz de la mano de las grandes potencias vencedoras de la II Guerra Mundial, quienes habían cometido graves crímenes de guerra contra Japón, Alemania e Italia, tales como: destrucción de la población civil (Hiroshima, Nagasaki, Hamburgo, Dresde) y violación de mujeres en masa (ingleses y estadounidenses dejaron manos libres a la URSS, y los soldados comunistas entraron en Alemania e Italia, violando miles de mujeres). Youtube, como fiel aliado del Poder Mundial, anuncia que ocultará y silenciará a quienes denuncian la verdad. Tomemos nota y preparemos la contraofensiva.

 

 

[1] Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=flDanA3QBEg&feature=youtu.be

[2] Cfr. https://eduardoperaltablog.wordpress.com/2020/05/10/la-otra-pandemia/

[3] Cfr. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52304822

[4] La fuente de esta afirmación es, otra vez, el siguiente link: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52304822

[5] Cfr. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52304822

[6] Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=drUo-oOBC-E

El Manual del Aborto: el Fraude de Las 17

“El Manual del Aborto: El Fraude de Las 17”

Hoy, El Salvador y mañana, Argentina

 

¿Te parece ético presentar ante la opinión pública homicidios agravados contra personas ya nacidas como si fuesen homicidios por abortos?

¿Te parece ético que grupos de presión internacionales giren toneladas de dólares para distorsionar la información pública en otros países?

Bueno, exactamente eso está pasando en la República de El Salvador.

El reciente video de “Faro Films” –resultado de la investigación periodística de Fundación Vida SV (El Salvador), y con la participación en el guión de este humilde servidor– pone al descubierto la estrategia de los grupos aborteros. Es la primera parte del documental “El Manual del Aborto: El Fraude de Las 17”.

Se trata de una serie que narra cómo 17 espantosos homicidios de recién nacidos vienen siendo manipulados con el sólo fin de promover la discusión pública sobre el aborto, y así tarde o temprano legalizarlo en El Salvador.

En efecto, la conocida campaña “Las 17” no es otra cosa que una campaña mediática, jurídica que –con financiación internacional– distorsiona la verdad objetiva de los procesos judiciales, al sólo efecto de promover el crimen del aborto. Una campaña de la que también se hace eco portales de noticias en la Argentina, como por ejemplo Clarín e Infobae[1].

Se trata de los casos de 17 mujeres que asesinaron a sus hijos ya nacidos, recibiendo varias décadas de prisión por lo que hicieron. Años después, a esas mujeres se les cambió la pena por otra (conmutación de pena) y salieron de la cárcel. Es entonces que el Centro de Derechos Reproductivos (los abogados de la IPPF), la CIDH, Amnistía Internacional y otros grupos de presión presentan esta liberación como si fuese una liberación de la pena por aborto y no por homicidio de recién nacidos. El video de “Faro Films” –que se apoya en la brillante investigación de la entidad salvadoreña “Fundación Vida SV”– exhibe los fragmentos de los expedientes judiciales que acreditan los horrorosos asesinatos de bebés ya nacidos.

La conmutación de la pena por estos crímenes fue y sigue siendo presentada ante la opinión pública como una victoria del movimiento feminista y abortero. Asimismo, los esfuerzos de los grupos feministas, de derechos humanos y abortistas están dirigidos a retratar la nación de El Salvador como una nación que “odia a las mujeres”, “el peor país del mundo para las mujeres”, presionando aprobar leyes pro aborto.

 

Link: https://www.youtube.com/watch?v=H55YmbkDjL0&feature=youtu.be

Dirección y montaje: Luis M. Piccinali

Investigación periodística: Fundación Vida SV. Link: https://vidasv.org/

Guión: Juan Carlos Monedero (h). Link: www.jcmonedero.ihllgdp6-liquidwebsites.com

 

En Twitter, #Las17 #Docuserie #Aborto #ElSalvador

[1] Cfr. https://www.clarin.com/mundo/liberacion-evelyn-luz-esperanza-mujeres-salvador_0_NR1XDo1yC.html; https://www.infobae.com/america/america-latina/2019/09/08/radiografia-del-aborto-en-el-salvador-por-que-es-una-pelea-estrategica-para-toda-america-latina/

¿Unirnos bajo el término “derecha”?: Respuesta contrarrevolucionaria a Agustín Laje

¿Unirnos bajo el término “derecha”?: Respuesta contrarrevolucionaria a Agustín Laje

 

Por Juan Carlos Monedero (h)

Lic. en Filosofía UNSTA

 

         En una entrevista reciente, Agustín Laje propuso que todas las personas que seamos contrarias al progresismo –hoy dominante en los medios de comunicación, en las leyes, en las cátedras universitarias– nos unifiquemos bajo el término “derecha” para mejor librar el combate.

En efecto, desde un nuevo video[1] sostuvo ciertos conceptos y propuestas en torno al lenguaje que debe utilizarse en la batalla cultural. Por habernos ocupado de estos temas en “Lenguaje, Ideología y Poder. La palabra como arma de persuasión ideológica: cultura y legislación” (ediciones 2015, 2016 y 2019), tomamos el guante que nos ofrece.

         El objetivo de Laje es reunir a una mayor cantidad de personas contrarias al progresismo (o sea: aborto, ideología de género, eutanasia, legalización de la drogas, lobby gay, etc.) bajo el mote de “derecha”, y así poder plantear una mejor batalla a esas nefastas prácticas e ideas.

Respondemos que el fin buscado conspira contra el medio elegido, y por tanto no estamos de acuerdo con esta propuesta de Agustín Laje. Pasamos a detallar.

 

El planteo de Agustín Laje: unirnos en la categoría “derecha”

El punto de apoyo de esta propuesta es una descripción que Laje hace ya al principio del video. Él retrata los distintos grupos “anti progresistas” y explica el origen de sus diferencias de una forma un tanto odiosa y hasta injusta. Según él, se trata de diferencias que califica de “menores” porque a él le parecen menores, a fin de invitarnos luego a dejarlas de lado en aras de un “objetivo común”. ¿Por qué? Porque, según sus palabras, la política sería el arte de “acercar a los similares” y no a los idénticos.

Este es el punto de partida del análisis de Laje.

Así, parecería que tener principios innegociables y buscar asociarse con quienes los sostienen, sería una búsqueda cuasi sectaria “de los idénticos”. Parecería que estos grupos convierten causas opinables en absolutas, parecería que son ellos los grandes culpables de la falta de unidad. Parecería que somos los responsables, por no unirnos, de que el enemigo avance (¡!). Parecería que deberíamos dejarnos de jorobar con diferencias teóricas y allanarnos, unificándonos bajo el paraguas del término DERECHA.

 

¿Cantidad vs. Calidad?

Laje dice que “la política es el arte de acercar a los similares y no a los idénticos”. Pero la política no es esto, no es ni una cosa ni la otra. La política se define por la búsqueda del bien común. Así lo dijo Benedicto XVI: La justicia es el objeto y, por tanto, también la medida intrínseca de toda política. La política es más que una simple técnica para determinar los ordenamientos públicos: su origen y su meta están precisamente en la justicia, y ésta es de naturaleza ética”.

Es un concepto cualitativo, y no cuantitativo. Siendo este el punto de partida de Laje, todo el resto del planteo queda fuertemente afectado por el sesgo de la premisa inicial. El abordaje está herido, desde el vamos, por una análisis cuantitativo del asunto.

Él propone y reivindica la dicotomía “derecha-izquierda”; probablemente sea cierto que la suma de todas las personas anti progresistas bajo el término DERECHA desemboque en una cantidad mayor que esas mismas fuerzas por separado. Sí. ¿Y? La cantidad no es la que dirige el mundo. Adoptar esta dicotomía traería, además, otros problemas. La disyuntiva “derecha vs. izquierda” simplifica los complejos problemas sociales, económicos y políticos. Es un esquema reduccionista, maniqueo, el cual –independientemente de su nacimiento en la sangrienta y criminal Revolución Francesa–, hoy sirve a la causa de la confusión mental. En otras palabras: sería una ventaja desde el punto de vista de la cantidad pero un salvavidas de plomo desde la calidad.

 

¿Hacernos cargo de “la derecha”?

Por otro lado, si nos llevamos de la propuesta de Agustín Laje estaríamos “haciéndonos cargo” de todo el contenido del término Derecha, indiscriminadamente. La confusión sería aún mayor.

Con “hacernos cargo” no nos referimos al contenido que el periodismo progremarxista le asigna a la palabra “derecha”. No: nos referimos al contenido que los propios derechistas reivindican. ¿Por qué tenemos que asumir como propias decisiones del Gobierno de los Estados Unidos respecto de las Guerras en el Medio Oriente? ¿Por qué tendríamos los argentinos que incorporar a Ronald Reagan o a la cínica Margaret Thatcher, a quien no le tembló el pulso para hundir al Crucero General Belgrano, aquel 2 de mayo de 1982, donde perdieron la vida 323 tripulantes argentinos? ¿Por qué debemos hacernos cargo de las decisiones de la Administración Bush y el apoyo norteamericano a Israel? ¿Por qué tenemos que hacernos cargo de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, o la masacre de las ciudades alemanas de Hamburgo y Dresde, donde murieron decenas de civiles en una noche? ¿Por qué debemos entregarnos maniatados a la tiranía de un término en nombre del cual el Gobierno Militar, en la Argentina de 1976-1983, desfinanció las empresas nacionales, hostigó publicaciones verdaderamente patriotas como Cabildo, y entregó el capital nacional a empresas extranjeras?

¿Tenemos que hacer este “harakiri mental”, pasando por alto todo esto, porque el progresismo hoy prevalece en los medios de comunicación? Más que una propuesta, parece un chantaje: suena a como estamos perdiendo y estamos de rodillas, no les queda otra que aceptar lo que sin duda no aceptarían si estuvieran de pie.

Es un hecho que los que somos adversarios del progresismo estamos desunidos y dispersos; es un hecho que tenemos enemigos comunes, rechazos en común y pocos principios positivos compartidos. Pero el remedio no puede ser peor que la enfermedad.

Si borramos todas las denominaciones y nos quedamos con “Somos de Derecha, ¿y qué? ¿Qué problema tenés?” nos estaríamos haciendo cargo de muchas injusticias (presentes y actuales) y de muchas ideas equivocadas. No sólo personajes y hechos históricos.

Así, por ejemplo, estaríamos asumiendo (implícita o explícitamente) que la intervención del Estado es siempre nefasta, que el mercado no puede jamás ser regulado sin injusticia moral –por mencionar algunas– y asumir esto sería contrario a la Doctrina Social de la Iglesia. En la Argentina, concretamente, consideramos que sería un suicidio intelectual asumir como propias las críticas (menores, accidentales o circunstanciales) del “gorilismo de derecha” al peronismo, por ejemplo.

No se puede enfrentar el error del progresismo lesbomarxista abortero desde el error de la derecha liberal pro-norteamericana. En otras palabras, unirnos para mejor luchar contra un enemigo común pero abandonando otras verdades no es honorable. Y a la larga, ni siquiera será práctico.

 

Hablarle “al taxista”

 Laje sostiene que no podemos usar –o que, al menos, sería tonto hacerlo– un lenguaje más elevado, y que “tenemos que hablarle al taxista”; o sea, al hombre común. Esta suposición que él desliza no está comprobada: ¿de dónde saca que “la causa” de que el hombre común, el taxista como él le dice, no se suma a la lucha contra el progresismo por culpa del lenguaje con que se le habla del tema? ¿No puede haber acaso otros motivos? ¿No puede existir un conjunto de motivos? ¿Cómo saberlo? ¿Por qué dar por sentado que el problema es ese? ¿A título de qué?

Al ser una presuposición gratuita, puede ser gratuitamente rechazada.

En este punto, esta idea de bajar el lenguaje para hablarle “al taxista” hace acordar precisamente al planteo católico-progresista de los años 60’: “bajemos el lenguaje para que la gente nos entienda y retorne a la Iglesia”. Lo hicieron: bajaron el nivel del lenguaje pero la gente se siguió yendo de los templos.

Ahora bien, primero tenemos que deshacer el equívoco. ¿A qué se refiere Laje cuando dice “su lenguaje”? Si por “el lenguaje del taxista” nos referimos al sentido común, estamos de acuerdo. Pero si en cambio nos referimos a las palabras desgastadas y engañosas de los medios de comunicación, mil veces no. Esto no queda claro en la entrevista.

Ahora bien, en última instancia lo que tenemos que hacer, en realidad, no es hablarle “al taxista” en su lenguaje sino elevar al hombre. Darle la oportunidad. Darle la oportunidad de descubrir por sí mismo todas las grandes mentiras del mundo moderno, confiando en que la inteligencia del taxista ES CAPAZ de comprender; confiando que en última instancia lo mejor de ese taxista está secreta pero indudablemente hermanado con la verdad de las cosas.

No podemos subestimar al taxista. Al contrario: tenemos que elevarlo, y considerar que SÍ ESTÁ capacitado para entender cuestiones complejas, propias de las Humanidades, y que si no las conoce será por falta de tiempo pero no por falta de capacidad. Tenemos que elevar al taxista, no achatar el discurso.

 

Más problemas del término “la derecha”

En recta filosofía, el pensamiento humano se define por su relación con la verdad, no por una posición locativa.

El discernimiento político se vuelve imposible con las palabras derecha e izquierda: en efecto, es fácil cuando hablamos de Stalin y Franco. Claro: Franco está a la derecha y Stalin a la izquierda. Pero el que no es tan marxista como Stalin, está a la derecha de Stalin, aunque siga siendo marxista. ¡Esto históricamente ocurrió, señores! El que es menos derechista que Franco, está a la izquierda de Franco, aunque sea de derecha. ¡También tuvo lugar! ¿Nos damos cuenta? Son categorías que no resuelven ni aclaran, al contrario. Confunden.

En ese sentido, ¿cómo no recordar aquella frase joseantoniana, según la cual la izquierda es nefasta porque quiere cambiarlo todo, incluso lo bueno, pero la derecha tampoco es una opción válida, porque quiere dejar todo como está, incluso lo malo?

 

No queremos ser “la derecha”, queremos ser fieles a la verdad

El criterio cuantitativo que Laje propone para la formación y unificación de los sectores anti progresistas es contrario no sólo a la mentalidad metafísica –que juzga las cosas según el paradigma de verdad vs. falsedad, bien vs. mal– sino contraria… ¡al mismo Laje!

En efecto, en TODOS los debates que Laje ha librado –generalmente acompañado por Nicolás Márquez– él apela a una mentalidad muy diferente a la del video que comentamos. En este video que habla de la organización del sector antiprogresista, Laje sostiene criterios utilitaristas. Pero en sus debates invoca argumentos propios de una visión metafísica de la realidad:

  • cuestiona a la ideología de género por anticientífica;
  • cuestiona el aborto como algo inmoral;
  • señala el feminismo como una falsedad,
  • critica el lobby gay como sostenedores de mentiras, etc.

 

En suma, utiliza palabras propias de la mentalidad metafísica.

Inexplicablemente, a la hora de procurar estrategias de asociación y unificación entre quienes resistimos el progresismo, Agustín Laje muta de criterio y abraza opciones utilitaristas.

Si es verdad, como lo es, que tenemos que luchar por imponer una categoría en los debates –o al menos popularizarla–, debemos restaurar el binomio verdad-falsedad, bien-mal.

Esto es auténticamente CONTRARREVOLUCIONARIO.

Son estos los términos que deben primar en toda conversación o discusión pública: restaurar las categorías propias del hombre metafísico. Recomponer estas categorías es la tarea que debemos hacer. Por eso, el gran ideólogo marxista Mao Tsé Tung –en su ensayo Sobre la contradicción– escribió:

“Es tarea de los comunistas denunciar esta falacia de los reaccionarios y de la metafísica, divulgar la dialéctica inherente a las cosas y acelerar la transformación de las cosas, a fin de alcanzar los objetivos de la revolución”.

 

También lo dijo uno de los intelectuales y referentes del abortismo, Darío Sztajnszrajber, al defender en el 2018 la práctica infame del aborto:

“Política, no metafísica”.

 

Agustín Laje, lamentablemente, en este punto al menos está diciendo lo mismo. Sólo que Darío es un zurdo desarreglado y Agustín es un hombre higiénico de derecha. Pero veamos lo que dice Darío: según él, no sirve discutir metafísica “ya que nunca nos vamos a poner de acuerdo”. Otra: “Saquemos a la verdad de la cuestión pública, pongámosla entre paréntesis”. Pero Laje también plantea este agnosticismo al menos en el nivel de organización del movimiento para combatir la progresía; por eso nos urge a que todos los anti progresistas nos unifiquemos –dejando de lado las diferencias teóricas y de principios– por un motivo de fuerza mayor: “enfrente tenemos al marxismo, al lobby gay, al feminismo, al abortismo”, o sea, a los orcos de Tolkien.

No dudamos de que enfrente estén esos orcos repugnantes, pero preferiríamos que nos urja a procurar conocer la verdad sobre los principios y sobre los temas que generan discusión, para librar así el buen combate. No a dejar de lado los principios en pos de la unidad. Se trata de algo parecido a lo que les decían los embajadores de Estados Unidos a los países no comunistas durante la Guerra Fría: “somos diferentes pero tenemos un enemigo en común: los soviéticos. Dejemos de lado las diferencias menores frente al enemigo mayor”. ¿Recordamos cómo terminó esa historia?

Y entonces, para Laje, “hay que unirse” porque eso es lo más práctico; estar discutiendo para llegar a la verdad sería como debatir el sexo de los ángeles mientras el Titanic se hunde. Esto es lo que parece decirnos en el video.

Pero no es así. Primero, porque debatir si vamos o no aceptar todas las injusticias históricas realizadas por personajes reivindicados por la derecha –y las ideas erróneas de la derecha– no es “debatir el sexo de los ángeles”. Es ser coherentes, es procurar la verdad y la justicia.

Y en segundo lugar, tengamos presente las palabras de Gilbert K. Chesterton: lo más práctico y útil es empezar discutiendo los principios, lo más operativo es empezar por los principios. Porque las preguntas mal contestadas no se esfuman. Porque lo que se patea para adelante, termina apareciendo después y es peor. Y porque, como dejó escrito Sun Tzú, el primer factor para valorar en una guerra es “la doctrina”[2].

Por tanto, aunque la actitud contestataria de Agustín Laje –cristalizada en “Soy de Derecha, no tengo miedo a que me lo digan, me la banco”– nos guste, y nos parezca necesaria como correctivo del complejo de inferioridad frente al progresismo, lo cierto es que tenemos que reunirnos en la Verdad. No en la Derecha.

Tenemos que sentir el orgullo de poder auto-afirmarnos como hijos y fieles custodios de la verdad, y no como derechistas.

Tenemos que salir de la dialéctica izquierda-derecha, no formar parte activa y gustosa de uno de sus elementos.

 

Objeciones al planteo contrarrevolucionario

Se podrá objetar a nuestra contra-propuesta –que quiere ser contrarrevolucionaria– que luchar por hacer prevalecer la disyuntiva “verdad vs. falsedad” y “bien vs. mal” es cándida e inconducente.

Se podrá objetar también que “es muy fácil decir: nos reunimos en la Verdad”, pero puesto que la Verdad no está tan clara en todos los temas, las discusiones seguirán indefinidamente.

Respondemos diciendo que esta contra-propuesta no es más cándida que la propuesta de Agustín Laje. Pero tiene esta diferencia esencial: no es utilitarista. Está basada en una posición, si se quiere, idealista, pero que intenta ser fiel a las esencias y a todas (no algunas) de las verdades en juego. En ese sentido es superadora porque no pretende ignorar las consecuencias injustas que, en la actividad económica, acarrea la primacía del capital por sobre la dignidad humana. Es superadora porque pretende salir de la dialéctica “liberalismo vs. colectivismo”, “derecha vs. izquierda”, y resolver las injusticias que el predominio del dinero ha traído al mundo. No resolverlas con una injusticia de signo contrario –como hace el marxismo– sino con la justicia propia que debe reinar en la política, cuyo objetivo es el bien común completo.

Y en su favor, esta propuesta se encuentra también apoyada por la experiencia histórica de los fracasos que fueron producto de dejar de lado la doctrina para concentrarse en la pura cantidad. Cuando los hombres dejaron de lado la teoría para unificarse, terminaron perdiendo no sólo la teoría sino también la unidad:

 

  • Así ocurrió en 1891, cuando León XIII decidió habilitar la formación de partidos políticos de católicos. Fracturó la resistencia a la democracia masónica y laicista. ¿Logró la unidad entre los católicos? No.
  • Así también pasó con algunos documentos del Vaticano II (1962-1965), que fueron redactados en forma deliberadamente ambigua (lo reconoce el cardenal Walter Kasper[3]), buscando soluciones de compromiso verbales, porque el deseo de Pablo VI era no presentar ante el mundo a una Iglesia dividida[4]. Los textos se aprobaron así, y luego los católicos se sacaron los ojos los unos a los otros, intentado determinar el significado de esos textos. Una batalla campal que dura hasta el día de hoy. Se prefirió la unidad a las definiciones doctrinales, y se terminaron perdiendo las dos.
  • Así ocurrió también en la Argentina con el peronismo a comienzos de los 70’. La derecha peronista, el peronismo de izquierda y el peronismo sindical se unificaron en el FREJULI. Sí, ganaron las elecciones de 1973 con el 63% de los votos. Sí, ganaron con la mayor ventaja numérica de la historia argentina. Pero el gobierno fue un caos, un caos político, social y económico. La etiqueta del peronismo los había unificado pero eso dejó de servir un minuto después de ganar las elecciones presidenciales.

 

Conclusiones

 La propuesta de Agustín Laje, más allá de sus intenciones, responde a un esquema pensado en términos de poder y eficacia. Entendámonos: no está mal buscar la eficacia. Es un deber pretender ser eficaces. No está mal tener o buscar poder. Está bien buscar poder para hacer el bien, y es un deber hacer un buen uso del poder que se tiene.

Pero no a cualquier precio. No al precio de sepultar la teoría para alcanzar la unidad. Porque vamos a perder la teoría y, tarde o temprano, perderemos también la unidad. De ahí que sea un deber para todos los contrarrevolucionarios procurar la unidad en la Verdad, y no sólo hacer la cómoda: plantear reparos al planteo derechista de Agustín Laje.

Porque Laje señala algo que indudablemente es cierto: el fraccionamiento de los grupos anti progresistas. Si los que somos partidarios de la contrarrevolución no nos unimos ACTIVA Y ORGANIZADAMENTE en los ideales contrarrevolucionarios, tarde o temprano los antiprogresistas van a confluir (de buena o mala gana) hacia la derecha. Y no los podremos culpar, máxime cuando el enemigo rabiosamente progresista no deja de crecer. Será inevitable que eso pase, será lógico que eso pase y en un sentido será culpa nuestra, por la falta de unidad en el campo contrarrevolucionario. El momento de actuar es hoy.

 

Más para leer sobre el tema:

Entrevista a Juan Carlos Monedero sobre el verdadero rostro de la nueva derecha liberal. Por Carlos Quequesana

 

NOTAS AL PIÉ DE PÁGINA

[1] Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=AxOTz08hW_4

[2] Cfr. https://www.biblioteca.org.ar/libros/656228.pdf

[3] Cfr. https://infovaticana.com/blogs/info-caotica/conversion-de-kasper-al-filo-lefebvrismo/

[4] Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=1-oYVgTnRvs (minutos 4 y ss.)

 

 

 

 

Guerrilleros del lenguaje, corruptores de la gente

Guerrilleros del lenguaje,

corruptores de la gente

 

Deploramos al murmurador, al que habla mal de otro a sus espaldas, al que difunde versiones no confirmadas, al que revela lo privado sin necesidad pública. Pero hay otro cáncer de la sociedad que es el profesor, el periodista, el abogado, el docente cuando hablan desde un lenguaje contaminado e intoxicado por la ideología. Incluso el médico.

La pragmática es aquella rama de la lingüística que estudia el significado de las palabras, los textos, discursos y argumentaciones, en un contexto determinado, considerando sobre todo cómo los elementos extralingüísticos y “las situaciones comunicativas” determinan o influyen notoriamente sobre la interpretación de esas palabras.

Así, por ejemplo, desde la pragmática se puede analizar el efecto que –dado determinado contexto– los vocablos tienen en las personas.

Ese efecto puede ser en la mente (moviendo a quien lee o escucha a incorporar determinada afirmación) o en la conducta, moviendo al otro a realizar una acción.

Pongamos el caso de lo que pasa con la locución Muerte Digna. El impacto que tenga estas palabras en nuestros oídos será muy distinto según el contexto: si tenemos un familiar postrado muy probablemente  no sentiremos ni entenderemos las mismas cosas. Por supuesto, a pesar de todo, “muerte digna” suena mejor que “eutanasia”, y escuchar la primera opción de boca de un médico –nada menos–  es más tranquilizante para la pobre familia que hace meses, quizá años, tiene postrado a un ser querido, amigo o pariente.

“Creo en la calidad de vida y no en la extensión” puede decir el doctor, y no yerra al pronunciar esas palabras. No al menos si se las toma literalmente. En efecto, hay que tener mucha maldad para desear a alguien una muerte sin dignidad. Pero lo cierto es que, en la actualidad, hay que tener cuidado con estos “buenos deseos”, hay que filtrarlos, hacerlos pasar por un examen. Porque de lo que se trata no es sólo “de las palabras” en su comprensión literal e inmediata sino de aquello a lo que estas remiten; de lo que se trata sobre todo es de aquellas acciones a donde –por poner un ejemplo– quien pronuncia “muerte digna” nos quiere llevar.

El indicio más claro de que algo huele mal con “muerte digna” es que médicos y abogados no explican casi nunca las cosas con claridad, y apelan a frases o giros que, cual anestesias morales, simplemente consuelan a la familia –ya de por sí vulnerable ante una situación extrema– de que así será mejor para que la persona “no sufra más”. Por eso al toro hay que tomarlo por las astas mucho antes, cuando no estamos todavía en esa situación dramática, e informarnos debidamente.

Vayamos a eso, y el lector mismo podrá comparar este artículo con lo que haya oído por parte de los médicos o del abogado que le contó que hoy, por fortuna, en la Argentina existe “la muerte digna”.

Empecemos definiendo con claridad las palabras.

Provocar la muerte de una persona inocente es un asesinato, y los dolores extremos que pueda estar sufriendo –dolores que no le deseamos a nadie– no cambian esta verdad, dura como la piedra. Ahora bien, tampoco negaremos que vivir postrados por una enfermedad durante meses es algo espantoso para la persona y, sobre todo, para la familia y sus amigos. Cuando las perspectivas de recuperación son tan escasas, cuando el tiempo de internación no deja de extenderse, cuando el desgaste del cuerpo de nuestro ser querido y el impacto de la enfermedad o malestar lo resiente tanto, por la cabeza de cualquiera puede pasar el pensamiento de que Dios se lo lleve en paz y cuanto antes.

Pero por otro lado está el valor de la vida, no somos los dueños de ella, ni de la propia ni de la ajena. No podemos matar, mucho menos el médico quien expresamente juró abstenerse de utilizar su ciencia para provocar la muerte: acabar con su sufrimiento acabando con la persona no es una alternativa, dado que un fin bueno no justifica el uso de medios criminales.

Estos casos límite, sin embargo, pueden ser resueltos a la luz de otro principio –propio de la ética y, concretamente, de la ética médica– que permite vislumbrar la salida a este atolladero: el principio de la proporcionalidad. En efecto, si para alargarle la vida apenas unas semanas a mi abuelo, que ya tiene varios meses de internación, debo consentir que se le realice un tratamiento que lo hará sufrir indescriptiblemente y que arrojará una pequeña extensión de la vida, ¿no estaremos acaso fallando con los medios? El medio es muy cruento y el fin que se obtendrá es, con toda probabilidad, magro. En circunstancias así, desde la ética médica se considera lícito no procurar el sostenimiento de la vida más allá de sus posibilidades naturales que el propio cuerpo pueda ofrecer. Como consecuencia, no es obligatorio procurar el mantenimiento de la vida más allá de sostener las funciones vitales.

Pero atención: esto no es eutanasia. Porque eutanasia es matar, y matar es una acción positiva contra la vida de un individuo, es hacer algo para que muera. Ahora bien, no procurar el mantenimiento de la vida con instrumentos excesivos es una cosa; realizar una acción positiva contra la vida es otra. La primera es un “no hacer”, la segunda es un “hacer”. Cuando el médico deja a Dios ser Dios, entonces simplemente procura sostener las funciones vitales de la persona, sin lo cual moriría irremediablemente. Quitar lo vital es el equivalente a matar (porque el nexo es necesario), pero no procurar aquello que sobrepasa lo vital no es matar aunque se pueda prever un desenlace fatal que, sin ser buscado, es tolerado en atención a las circunstancias extraordinarias. Pero tampoco es eutanasia, no es un asesinato. Es dejar que la naturaleza siga su curso, luego –por supuesto– de que se hayan agotado todos los medios lícitos y proporcionadamente eficaces.

Pero a los guerrilleros del lenguaje no les importa esto.

No les importa entenderlo, ni explicarlo, ni traer a las familias la paz de la verdad en la justicia.

Actúan, y se nota, como simples repartidores de anestesias: venga, pase, y le doy gratuitamente un comprimido de retórica vacía sobre muerte digna, para que yo pueda matar a su familiar, usar la cama para otra persona y usted se vaya tranquilo a su casa creyendo que es bueno.

Cuando no explican claramente, atención, porque es muy posible que estén engañando.

El complejo drama moral que acabamos de describir es barrido de un plumazo por el uso sistemático y a-lógico de la palabra “muerte digna”. Queremos que los pacientes no sufran, queremos que mueran dignamente. Nobles palabras que pueden esconder una oscura intención: la de convertir al médico en un dios, con potestad suficiente para decidir sobre cuánto debe vivir esa madre, ese abuelo, ese joven. Con el Poder sobre la Vida y la Muerte, sustrayendo –una vez más– el fruto del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal.

Así, deificados ya el médico asesino y el abogado sofista, uno puede aplicar la eutanasia y quitarle la vida a una persona en estado terminal, indefensa. El abogado, por su lado, invoca el nuevo Código Civil y Comercial, etiqueta esta acción con el molde de “muerte digna” en vez de “eutanasia” para –conocedor de la pragmática– suprimir las dudas de conciencia y que no suene mal. Las películas o series de Netflix hacen el resto, y entonces tenemos un asesinato que se realiza en nombre de la misericordia. Se ha manipulado la culpa de esa hija doliente, de ese hermano que sufría por ver a su hermano en coma, y se la ha asestado el golpe mortal al enfermo. Se ha adelantado la muerte de un inocente, y las perversas racionalizaciones están a la orden del día.

Ese es el poder de la palabra cuando obedece al Reino de las Tinieblas.

Afortunadamente, la Iglesia misma definió –con autoridad infalible– que la eutanasia es un pecado mortal, y basta. Así consta en el documento Evangelium Vitae, de Juan Pablo II, n° 57 y, especialmente, en el n° 65: “de acuerdo con el Magisterio de mis Predecesores y en comunión con los Obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana”. Los fieles ya tienen la respuesta por adelantado, por fe en Dios –el único Infalible– pero luego deben ejercitar su razón, estudiar, para llegar a la misma conclusión pero por el laborioso camino del raciocinio. Porque lo que Dios revela a través del Magisterio de la Iglesia nunca contradice –no puede contradecir– aquellas verdades racionales.

La realidad del dolor, consecuencia del pecado, por momentos desafía ciertamente nuestra razón porque la inteligencia humana tiene por objeto el bien, el ser. Pero el pecado, el mal y en cierta medida también el dolor son un no-ser, reacios a la captación intelectual directa. Sin embargo, Nuestro Señor con su Dolor le da sentido al dolor humano. Esta es la salida a las encrucijadas en las que la falsa ciencia médica o jurídica nos ha colocado: aceptar el dolor como voluntad de Dios, y entender que éste no tiene la última palabra.

 

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Ginés contra Ginés: una entrevista de 1994 desmiente al actual Ministro de Salud Abortista

Ginés contra Ginés: una entrevista de 1994 desmiente al actual Ministro de Salud Abortista

Ginés González García tiene una sola obsesión: el aborto.

¡Claro! Es evidente que –desde el punto de vista de la salud y la vida de los argentinos– el “principal problema” en la Argentina es el aborto. No importa que a los residentes de algunos hospitales no se les pague, eso no importa. No importa que no haya dinero para pagar médicos en formación, que ellos sean explotados con docenas de horas extra que se pagan tarde, mal y nunca. No importa que los residentes, a quienes no se les paga, deban cubrir los huecos que dejan los médicos de Planta. No: la prioridad es el aborto. Tampoco importa a Ginés que en algunas provincias que falten medicamentos oncológicos, o medicamentos contra el HIV. No hay cargos en blanco para médicos ya formados a quienes se negrea con contratos truchos: contratos que no dan antigüedad, ni obra social ART ni jubilación. No hay suficientes camas en hospitales cabeceras para los enfermos pero para Ginés dictar un protocolo criminal es la prioridad.

Para todo esto no habrá grandes anuncios ni conferencias de prensa, no habrá protocolos. Para deshacer a un bebé producto de la calentura o producto de la violación de un degenerado que debería estar en la cárcel (y no dando vueltas fuera, por obra y gracia de jueces garantistas), sí hay conferencias de prensa, sí hay protocolos. Y esto lo prueba que la primera medida del Ministerio es reponer el protocolo abortista.

Así lo atestigua el recorrido público de Ginés en los últimos 15 años: desde su nombramiento como Ministro de Salud de la Nación por parte de Néstor Kirchner hasta la actualidad. Sus entrevistas, sus exposiciones en el Congreso[1] y en el Senado[2] el año pasado, y especialmente su última conferencia de prensa del 12.12.2019[3], tienen como eje machacar una y otra vez con “las muertes evitables”. Se refiere a los decesos de aquellas mujeres que pierden la vida en el mismo acto en que se la quitan a sus propios hijos. El repetido argumento de ‘la mortandad materna por abortos’.

Pero una reveladora entrevista de 1994[4] desmiente al flamante Ministro de Salud de la Nación. No siempre fue un abortista militante. Alguna vez fue bastante bueno Ginés, quien en esta ocasión es preguntado por el tema de las muertes evitables en la Argentina. Ante todo y en primer lugar, señala que “el 70% de las razones por las que morían argentinos” responden a tres causas. En primer lugar, las muertes por enfermedades cardiovasculares. En segundo lugar, menciona el cáncer. Y en tercer lugar, los accidentes automovilísticos. Pero hay algo más: según Ginés, la formación de los argentinos en los buenos hábitos haría descender estas cantidades, que son –repetimos sus palabras– las responsables del SETENTA POR CIENTO de las muertes.

Por tanto, para evitar las muertes, Ginés recomendó simplemente… ¿Despenalizar o legalizar el aborto? No. Como en esa época le importaba realmente la vida –y su enfoque era científico-estadístico, sin alinearse con las sesgadas y distorsionadas descripciones de la ONU–, sostuvo que la práctica del deporte, una buena alimentación, una vida sana y sin stress sería el cóctel ideal para salvar vidas. Respecto del cáncer, el actual Ministro verde sindicó al tabaquismo como el tipo predominante (30%, en palabras del propio Ginés), por lo que “una estrategia nacional profunda para modificar el hábito de fumar” –según sus propias y elocuentes palabras– debería ser una política de estado. Por último, los accidentes. “Nos matamos como moscas”, sostenía en 1994 el actual Ministro abortista 2019. Se trataba de “una verdadera epidemia” y para enfrentarla sería necesario “un cambio de conducta, individual y colectiva”. La muerte por accidentes era tan elevada que Ginés González García –quien ya a esta altura ya no parece un funcionario de Alberto Fernández sino un pulido académico de la Sorbona– sostuvo que el gran problema eran las “actitudes absurdamente suicidas que tenemos nosotros al manejar o al cruzar una calle”; ellas, en efecto, “son parte de esto que es una gran patología”.

1º Enfermedades cardiovasculares. 2º Cáncer. 3º Accidentes. No aparece el aborto por ningún lado, no se lo menciona, no hay ninguna referencia al aborto. ¿Tanto cambió el país en 25 años? ¿O el que cambió fue usted?

[1] https://www.youtube.com/watch?v=jhcMYZMdQHg

[2] https://www.youtube.com/watch?v=zFDJkrNpfRI&t=1s

[3] https://www.youtube.com/watch?v=8mCrbe4inxE

[4] https://youtu.be/s8h2TrVKt7Q (visto el 13 de diciembre de 2019, 12.54 pm)

Kornblihtt vs. Kornblihtt – Esconden de Youtube un video que prueba la mentira del científico abortista Nº 1 de la Argentina, aunque se puede ver en otros sitios

Kornblihtt vs. Kornblihtt – Esconden de Youtube un video que prueba la mentira del científico abortista Nº 1 de la Argentina, aunque se puede ver en otros sitios

Para quienes no lo conozcan, Alberto Kornblihtt es: -Biólogo; -Profesor Titular de la UBA en las Facultad de Ciencias Exactas y Naturales; -Doctor en Ciencias Químicas; -Investigador Superior del CONICET; -Miembro de la Academia Nacional de Ciencias (Córdoba); -Miembro de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales; -Miembro de la National Academy of Sciences (fundada por Abraham Lincoln); -Miembro de la European Molecular Biology Organization; – Academia de Ciencias de América Latina (ACAL, 2017), entre otras cosas. Su curriculum puede verse aquí: https://www.conicet.gov.ar/wp-content/uploads/CV-KORNBLIHTT.pdf.

Hoy por hoy, Alberto Kornblihtt es el científico número 1 de los abortistas.

El año pasado, para justificar el aborto, sostuvo en el Senado que la vida humana era un concepto cultural, sujeto a acuerdos, etc.  Sin embargo, varios meses antes, había dicho:

“Vida humana en el sentido de la organísmica, del organismo, como dije antes, es un proceso continuo que comienza con la FECUNDACIÓN en el seno materno o también podría comenzar con una fecundación in vitro…”. (Programa “Tarde para Nada”, Radio Con Vos. Entrevista de María O’ Donell). Esta revelación, que contrasta con sus expresiones en el Senado, se pudo escuchar durante meses por YouTube.

El año pasado, en el mes julio, publiqué un artículo periodístico donde ponía de relieve la gruesa contradicción de Kornblihtt, citando la fuente. En su momento, nadie cuestionó la fuente. Sin embargo, hoy ya no se puede escuchar el link que cité mediante YouTube, que es el principal medio a través del cual se escuchan las entrevistas como estas.

Afortunadamente un integrante de Muralla Celeste me pasó el video; en efecto, se escucha claramente a Kornblihtt sostener que la FECUNDACIÓN marca el comienzo de la vida humana.

La entrevista tampoco aparece en el FB de “Tarde para Nada”. Donde sí aparece, además de en algunos canales de YouTube que lo copiaron antes de que sea bajado, es aquí: https://radiocut.fm/audiocut/entrevista-a-alberto-kornblihtt-1/

El canal de YouTube de la radio donde se escuchó la entrevista niega acceso al video. ¿Por qué ya no se puede tener acceso a un video mencionado , precisamente, en un artículo crítico de Kornblihtt? ¿Cuál era la necesidad de impedir que se lo escuchara? Era tan concluyente lo que decía, y tan contradictorio con su propias palabras, que tuvieron que IMPEDIR que la opinión pública tuviera acceso a ese video. Para conseguir sus fines, han escondido de este canal de YouTube la confesión del científico abortista número 1 de la Argentina.

 

Fuentes

Entrevista de María O’ Donell a Kornblihtt (removida): https://www.youtube.com/watch?v=-mUOHYkWFyw

Exposición de Kornblihtt en el Senado: https://www.youtube.com/watch?v=sLsg8JCP48M

Artículo crítico de la exposición de Kornblihtt: https://apologetica-argentina.blogspot.com/2018/07/no-hay-un-absoluto-pero-el-embrion-noes.html

Fragmento rescatado: https://www.youtube.com/watch?v=_PvoOg6mOTA&feature=youtu.be

 

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Los puntos débiles del aborto – Comprobado luego de escuchar más de 100 horas de debates

LOS PUNTOS DÉBILES DEL ABORTO

Por Juan Carlos Monedero (h)

Comprobado luego de escuchar más de 100 horas de debates en redes sociales y televisión:

  1. No saben qué hacer ante una ecografía.
  2. Se ponen nerviosos ante imágenes de bebés abortados;
  3. Explican innecesariamente que la legalización del aborto no lo volvería obligatorio, como si alguien alguna vez los acusara de eso. Sin embargo, el proyecto del 2018 obligaba a los hospitales a realizarlo;
  4. No tienen respuesta respecto del Juramento Hipocrático;
  5. No pueden mantener un debate serio uno vs. uno. Siempre debaten 2 contra 1, 3 contra 1 e incluso 4 contra uno. En el 90% de los debates, cuentan con la complicidad del “moderador” del debate, que termina debatiendo con los provida;
  6. Dicen “Anticonceptivos para no abortar”. ¿Por qué no quieren que la mujer aborte, si es un derecho? No pueden explicarlo. También repiten que “el aborto es una decisión trágica, traumática” pero nunca explican por qué, y cambian de tema cuando se les insiste por ese punto;
  7. Necesitan instalar la disyuntiva “aborto legal vs. aborto clandestino”; se alteran cuando en los debates prevalece la alternativa “aborto no, aborto sí”;
  8. Necesitan mentir con la cifra de 500.000 abortos por año.
  9. Al mencionar las cifras de mortandad materna, no pueden explicar cómo es que existen madres pero no “hijos”;
  10. Los proyectos de ley no dicen una palabra sobre los restos de fetos abortados, no quieren contar qué pretenden con eso;
  11. Dicen que hay vida humana recién a partir de las 12 semanas pero no repudian los abortos realizados después de ese término;
  12. Al discutir temas económico-sociales repudian el FMI pero promueven una de las principales políticas del FMI: el aborto.
  13. No saben qué hacer con el tema del comienzo de la vida, y evitan por todos los medios entrar en ese tópico.

(aporte de Eduardo Peralta)

14. Cuando no pueden responder a los argumentos, recurren a la conocida falacia ad hominem, es decir, contra la persona.

15. Cuando se los presiona con que el aborto es un crimen porque se mata una persona, incurren en la falacia de cambio de asunto, diciendo que los que se oponen lo hacen por “principios de fanatismo religioso”.

 

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La propaganda abortista y la psicología: tapar la culpa con slogans verdes

La propaganda abortista y la psicología: tapar la culpa con slogans verdes

El corazón de la propaganda pro aborto aspira a la justificación de los abortos ya realizados.

La pura verdad es que la postura sobre el aborto se define mucho más en el corazón que en el cerebro, y por eso hay personas brillantes que están a favor así como también quienes –no habiendo tenido acceso a una gran formación académica– tienen un instinto y un sentido común provida, que resiste todo slogan ideológico.

En ese sentido, la propaganda verde no escapa a las leyes de toda racionalización humana; se trata de un fenómeno psicológico que puede ser visto en el contexto más amplio del acomodo de datos para justificar una acción del pasado o del presente. O más simplemente, se trata de no querer ver –o de ver sólo lo que se quiere– para no sufrir, para no hacerse cargo de una realidad que se vislumbra como demasiado dura, demasiado insoportable. En este sentido, muchas de las verdes no quieren –efectivamente– que haya más abortos. Antes bien, quieren tapar, disimular, esconder los que ya hicieron. Ellas o sus amigas, sus conocidas, alguien de su familia por quien guarden afecto.

Por su finalidad práctica-emocional, la batería de argumentos verdes presenta –y seguirá presentando– una enorme cantidad de incongruencias y absurdos. Justamente porque no pretende ser un cuerpo teórico sino una pátina relativamente defendible (mientras el adversario no las arrincone)  en la arena pública. El objetivo no es convencer la inteligencia, es doblegar la voluntad: ¡venceréis pero no convenceréis! Se trata de anestesiar las conciencias, haciendo creer a los demás –y a ellas mismas, sobre todo– que no mataron a sus hijos y suprimir claro está las voces disidentes que desde el llano siguen martillando con la odiosa verdad. ¡Callen a los celestes, tápenle la boca a los provida, no nos dejan dormir en paz con nuestro error!

Vivir con ese oscuro secreto es algo muy duro. Además, hace años que las personas respiran una moral líquida, incapaz de aceptar la reciedumbre de la realidad. La pared no se va a mover pero si cierro los ojos “al menos no la veo”. Sólo Dios y la confesión sacramental pueden dar las fuerzas para seguir adelante, y son muchos los arrepentidos a lo largo del siglo XX y comienzos del XXI que recorren este camino.

Se ha analizado argumentativamente el discurso pro aborto, martillando sobre él desde todos los ángulos: científico, médico, filosófico, legal, moral… Innumerables veces. Por ejemplo, recientemente llegó a nuestras manos el libro Suma Elemental contra Abortistas, de Tomás González Pondal. A lo largo y ancho de la obra, el autor –pluma en ristre– desarma muchas de las falacias verdes. Otro ejemplo sería la argumentación de la Dra. Chinda Brandolino. También nosotros nos hemos ocupado de desmontar los errores, sofismas y mentiras de las verdes.

Hoy proponemos un enfoque no contrario pero sí distinto: el eslogan verde no como una idea a defender sino como una forma de eludir la responsabilidad ante el propio acto sexual. Separar el placer sexual de la reproducción, dijo textualmente Dora Barrancos (“historiadora” feminista, llegada al poder este domingo, al calor del kirchnerismo y el albertismo) en el Congreso. Antes del aborto, ahí tiene usted la anticoncepción para evitar las responsabilidades ligadas al ser padre y ser madre. Una vez embarazada, la propaganda verde operará despersonalizando al bebé; y un marco mental justificativo de la acción que se pretende realizar va cobrando viabilidad en la cabeza de esas mujeres. Después, y para sepultar a esa conciencia que todavía grita y se retuerce, una cantidad de “razones” que todos ya conocemos.

Este es el mecanismo oculto de la narrativa pro aborto, su ventaja competitiva. Es emocional, no racional. Es afectiva, no intelectiva. No busca ni le interesa “convencer” sino superar obstáculos: por eso, como dijo Sztajnszrajber en el Congreso el año pasado, saquemos a la verdad de la cuestión pública. Ellos quieren sacar a la verdad del medio porque la verdad es molesta, incomoda, estorba, jode.  La verdad de siempre es la pornografía de hoy. No puede IPPF ganar tanto dinero con la verdad, no pueden las personas desembarazarse  (nunca mejor usado el término) de la responsabilidad de ser padres  desde la verdad. Nosotros, al contrario, y por esto mismo, debemos apoyarnos en ella. Y la Verdad no es otra cosa que Dios mismo. Por eso debemos confiar y seguir dando testimonio de lo que es, de lo que las cosas son, dado que –como ha dicho el gran filósofo alemán Josef Pieper– “cada vez que decimos una verdad, el Reino de la Mentira retrocede”.